Las mejores firmas madridistas del planeta

Hoy el Real Madrid y el madridismo han despedido a otro de sus héroes de los años 50 y 60 que ayudó a engrandecer el palmarés y la historia del club blanco. También fue un hombre importante en el fútbol español con su periplo en otros equipos como entrenador y por haber acudido al Mundial de Chile’62 con la selección.

Enrique Pérez Díaz, nació en Torrelavega el 28 de diciembre de 1938. Su apodo de ‘Pachín’ como él mismo reconoció en MARCA en 1960 “venía de familia”. En su Cantabria natal dio los primeros pasos como futbolista en el Besaya, el Vicintor y el juvenil del Sniace hasta que aterriza en las filas de la Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega en 1956. Tras una cesión al primer equipo del Snice pasa al Burgos de Tercera división en 1957 y más tarde al Osasuna. Es en el club rojillo donde se da a conocer y debuta en la Primera división en un choque ante el Real Betis. Un cuadro pamplonica que cuenta con varios ilustres como el portero Ignacio Eizaguirre, Adolfo Pérez Marañón o Félix Ruiz, que también será merengue años después. Todos ellos entrenados por Sabino Barinaga, una antigua estrella blanca de la década de los 40.

Pachín

Las grandes intervenciones de Pachín en la defensa llaman la atención del Real Madrid que se hace con sus servicios en el verano de 1959. Lo hace tras aprovechar una sanción al torrelaveguense por parte de la Federación después de una reclamación del Celta por sus derechos a Osasuna que le hizo tener ficha a la vez con ambas escuadras. Como admitió años después en ABC “llegar entonces al Real Madrid era un sueño para mí y me parecía increíble poder sentarme en el vestuario al lado de jugadores como Gento, Puskas o Di Stéfano, futbolistas que me parecían intocables en un primer momento y que luego fueron compañeros míos”.

Sus primeros meses en la capital Fleitas Solich solo le puede utilizar para partidos amistosos o en trofeos veraniegos como el Carranza por la sanción de un año que arrastra que le impide disputar la Liga. En una entrevista en MARCA Pachín se presenta para los que no le han visto jugar e indica que “desde mis comienzos actué como defensa izquierdo, aunque también ocupé el centro de la defensa y la línea media. Pero mi puesto es defensa izquierdo. Allí empecé de pequeño y creo que es el que mejor me va”. Con esa versatilidad y polivalencia se convertiría en una pieza clave del equipo los años venideros. Y es que el cántabro era un futbolista rapidísimo, poderoso físicamente, sobrio, noble, duro y luchador.

Pachín

Los hechos en su carrera deportiva se precipitan en abril de 1960 con la llegada de Miguel Muñoz al banquillo madridista. Pachín, recientemente internacional con la sub21 española debuta como blanco de forma oficial en la ida de las semifinales de la Copa de Europa. El rival, nada más y nada menos que el Barcelona de HH. En el Bernabéu ocupando el defensa izquierdo tiene que lidiar principalmente con Coll por su costado pero cumple con nota y además el Real Madrid se impone por 3-1. Una semana después repite en el Camp Nou con otro miura enfrente como Eulogio Martínez. Los blancos dan una exhibición en Barcelona y con otro 1-3 se clasifican a la final donde espera el Eintracht de Frankfurt. Una final legendaria en la historia del fútbol que supuso la ‘Quinta’ Copa de Europa consecutiva con un fútbol de altos kilates en Glasgow. Un 7-3 memorable. Como premio, el cántabro había debutado tres días antes con la selección frente a Inglaterra en Madrid.

La carrera de Pachín despegaba y el siguiente lustro fue un gran comodín para Muñoz que lo ubicaba indistintamente como defensa o como medio cierre. Y es que como declaró en una ocasión solo tenía “una táctica preferida, y que, además, es la que conforman las tres ‘ces’: comportamiento, casta y calidad”. La Intercontinental ante Peñarol y la Liga de 1961 son sus siguientes entorchados en una campaña donde se desempeña más en la media con gran compenetración con Vidal.

La renovación del glorioso equipo de los 50 al ‘ye-yé’ de los 60 se va confirmando paulatinamente y Pachín en 1962 renueva su contrato (tras un periodo en rebeldía al recibir una oferta más baja de lo que esperaba), después de otra Liga, su única Copa del Generalísimo y de su primer tanto oficial frente a la Real Sociedad. La espina: caer en la final de la Copa de Europa contra el Benfica de Eusebio. En las tres siguientes temporadas prosigue como pieza importante para el equipo alternando la media con Isidro o Müller como pareja hasta 1963 o la defensa junto a Isidro/Miera y Santamaría hasta 1965. Y llega el año 1966, la temporada de la ‘Sexta’ donde el cántabro actúa en cinco encuentros. Su desempeño es notable en la vuelta de cuartos contra el Anderlecht y en la ida de las semifinales ante el Inter. Pero es en la vuelta contra los nerazzurri cuando probablemente completa su mejor partido como merengue y el equipo se venga la derrota de la final en 1964. Los blancos se adelantan con gol de Amancio y durante 70 minutos tienen que aguantar las embestidas de un ataque demoledor formado por Bedin, Peiró, Domenghini, Mazzola y Jair. Ahí emerge Pachín junto a De Felipe y Sanchis para sostener al Real Madrid y tras un empate a uno llegar a la final de Bruselas. En Heysel se vuelve a repetir la zaga y con dianas de Amancio y Serena tras remontar el gol de Vasovic la ‘Sexta’ Copa de Europa cae en manos de su principal huésped.

La temporada posterior de 1966-1967 pierde la titularidad aunque siempre que sale cumple y el cuadro merengue levanta la Liga tras aventajar en cinco puntos al Barcelona. La última campaña de Pachín en la entidad será la de 1967-1968 donde una hernia discalen la espalda apenas le permite jugar dos encuentros oficiales, el último de la Liga y el primero de la Copa ante el Calvo Sotelo. Por esa razón no se le renueva y con 30 años se marcha al Real Betis que milita en Segunda donde no consigue el ascenso. Más tarde también jugaría en el modesto CD Toluca cántabro junto a algunos exmadridistas como Marquitos, Atienza, Mateos o Pantaleón y allí colgaría las botas.

Retirado, decide no abandonar el fútbol y se convierte en entrenador. Primero pasa por la casa blanca en categorías juveniles y luego continúa su camino por el Pegaso, el Getafe, el Osasuna o el Ceuta hasta que da el salto a la Segunda división en las filas del Valladolid. En 1979 ficha por el Levante donde entrena a Johan Cruyff y después se mantiene en la categoría de plata entrenando a otros conjuntos como la AD Almería, el Hércules o el Albacete. En otras dos etapas vuelve al Levante y también toma las riendas del Granada o de nuevo el Pegaso antes de finalizar su periplo como técnico. Más tarde, monta una zapatería con su nombre en las inmediaciones del estadio Santiago Bernabéu, fue miembro directivo de la Asociación de Veteranos del Real Madrid y era habitual verle representando al club en distintos actos con las peñas.

Pachín en la selección española fue internacional en ocho ocasiones. Se estrenó gracias a la convocatoria del trío formado por Costa, Lasplazas y Gabilondo en 1960 frente a la Inglaterra de Charlton que se fue del Bernabéu con un 3-0. Ese mismo año estuvo en la gira por Sudamérica de la selección y jugó los choques ante Perú y Chile. Su cuarto encuentro con España fue un amistoso ante Francia en 1961 y en el verano de 1962 estuvo en la lista para el Mundial de Chile confeccionada por el dúo Hernández Coronado y Helenio Herrera. En el torneo solo actuó contra Brasil en el último encuentro del grupo donde España cayó pero zarandeó a la campeona del mundo. Unos meses más tarde sumó dos partido más en la clasificación para la Eurocopa de 1964. El primero contra Rumania en noviembre de 1962 y el segundo en su despedida de la selección contra Irlanda del Norte en San Mamés.

En unas declaraciones a ABC Pachín dijo que “para jugar en el Madrid se precisa una personalidad fuerte, de nacimiento y consustancial al individuo” y eso “lo transmitían muy bien Santiago Bernabéu y Antonio Calderón que sabían inculcarnos el estilo de los campeones”. Ese rasgo de su carácter junto a su polivalencia (jugó de lateral derecho, izquierdo, central, líbero y centrocampista) fueron las razones principales para su larga y exitosa carrera como merengue.

 

DEP

 

 

 

A Franco, ese extremo derecha que tantos éxitos le dio al Real Madrid, se le podía reconocer de dos formas: por su bigotico y su traje de militar, cuando estaba de faena, y por las dos insignias de oro y brillantes del F. C. Barcelona que decoraban su ropa cuando iba de paisano.

Si veías a alguien con esas dos insignias podías decir sin temor a la duda: ¡Mira, ahí va Paco!

Ya es hora de que el madridismo reconozca las afrentas sufridas por nuestros amigos culés durante el franquismo, esos beneficios que nuestro equipo recibió en detrimento de los azulgranas. Una reivindicación que realizan cada pocos meses desde hace 70 años, una constancia en la queja (que viene desde su nacimiento), sólo digna de la paciencia china, capaz de realizar esa muralla que ningún español hubiera extendido más allá de un tabique.

Francisco Franco Bahamonde, ese madridista de pro, no tardó, impaciente él, en ponerse manos a la obra para beneficiar al club de sus amores y orgullo de nuestra patria. 14 añitos de nada. Ha de notar el lector madridista la urgencia casi enfermiza, la impaciencia nerviosa de Franco por rellenar las vitrinas de su adorado estadio de Chamartín. Apresuradamente, a los 14 años de iniciarse el Régimen, nos regaló la primera Liga. Él solito, demostrando la incompetencia de esos jugadores que no lo lograban por más que él insistiera…

Quejámonos los madridistas, una tendencia de herencia culé a extirpar, porque a diferencia de aquellos siempre es en sentido autodestructivo, de que llevamos una Liga en 7 años, pero con la proverbial ayuda del Generalísimo nos pasamos más de 14 gloriosas temporadas de patriotismo sentido y orgulloso sin olerla. La época más larga sin que el Real Madrid conquistara una Liga. Sí, amigos, ¡14 años de gobierno franquista sin ganar la Liga! (1933/1939-1953). Justo en la época más dura del régimen, en la que se estaban sentando las bases.

No hubo manera de ganar, incluso en la temporada 44/45 nos quedamos a un punto, pero tuvimos la mala suerte de que en el momento decisivo el general Franco estaba inaugurando un pantano… Lo único que tengo que reprochar a los culés y todos estos equipos antimadridistas, es que sabiendo que éramos el equipo del régimen ellos no reconocieran ni reconozcan nuestra generosidad, ¡porque es evidente que nos merecíamos tal reconocimiento!

No queda ahí el altruismo y la hidalguía madridista con sus rivales. En ese tiempo, el ultrajado Barcelona conquistó cinco títulos, el sometidísimo Athletic Aviación conquistó cuatro (2 con esa denominación y otros dos con la de Atlético de Madrid), y el vilipendiando Athletic de Bilbao ganó otro. Además, Athletic de Bilbao y Barcelona fueron los clubes que más Copas del Generalísimo lograron, 9 cada uno. La afrenta infame es evidente, pero ahí estuvimos nosotros demostrando nuestra bonhomía y dadivosidad.

Copa Generalísimo (Foto Blog Im-Pulso)                                                                                                                        Foto: Blog Im-Pulso

Y no se crean que no ganábamos porque Franco no hiciera de todo, no ganábamos porque los madridistas somos así, generosos y altruistas, y aún con el apoyo del Generalísimo decidimos no ganar. Sin un mal gesto, ni una queja.

Nosotros, que seguramente también éramos el equipo de la República, al menos ganamos dos titulillos antes de la llegada de Franco…

Di Stéfano, Kubala, el Pacto de Lima y otras aventuras.

¿Y qué ocurrió en 1953 para que empezáramos a ganar todo? No deben achacar ni por un momento, estimados lectores, que la causa del éxito fuera que don Santiago Bernabéu lograra hacer el mejor equipo del mundo: Marquitos, Rial, Miguel Muñoz, Gento, Di Stéfano, Zárraga, Atienza… Kopa, Mateos, Joseíto… Santamaría, Didi, Puskas… La culpa de esta transformación la tuvo Franco. ¡Menudas carreras por esa banda derecha!

En la pequeña lista de jugadores habrán observado que he incluido el nombre de Di Stéfano, la leyenda madridista más incontestable. En su rocambolesco fichaje el mundo culé vio la posibilidad de rezongar con la idea de la manipulación franquista, la ufana y maquiavélica mano del Generalísimo más descarado. Y para ello crearon una historia de mentiras, medias verdades y mitologías.

Buena nota tomaron en Barcelona cuando Bernabéu se fijó en Di Stéfano y dijo que ese jugador debía estar en Chamartín.

Di Stéfano no jugó en el Barcelona porque se negaron a pagar 27 mil pesetas a Millonarios. No hablaré de la tacañería catalana por tópico, pero ahí queda eso.

- Una huelga en la liga argentina mermó la relación de Di Stéfano con River Plate, su equipo, ya que se pasó 2 años sin jugar (de 1947 a 1949), por lo que finalmente terminó marchándose a Colombia. La liga colombiana estaba escindida y con múltiples problemas federativos y burocráticos, se creó una Asociación colombiana paralela a la Federación del país que empezó a fichar jugadores sudamericanos. Uno de ellos fue Di Stéfano, que recaló en Millonarios. En un principio la FIFA no reconoció a los equipos de esta nueva asociación, pero finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo en el conocido “Pacto de Lima”. Un jaleo, vamos.

En este pacto, la FIFA reconocía la propiedad de los jugadores que habían fichado hasta el 15 de octubre de 1954, ampliable al 31 de diciembre. Una vez cumplido el plazo los jugadores volverían a sus equipos de origen. Es decir, Di Stéfano pasó a ser propiedad de Millonarios hasta el 31 de diciembre, momento en el que volvería a River Plate.

En 1952, Di Stéfano se declara en rebeldía y decide no volver a Colombia (a Millonarios), planteándose dejar el fútbol incluso. Esta situación, con denuncias de por medio, impedía cualquier operación con el jugador.

En ese momento interviene el Barcelona. Samitier inicia negociaciones con River Plate, aunque en esos momentos no tenía los derechos del jugador. Llegan a un acuerdo: 4 millones por el jugador a partir del 1 de enero de 1955. Todo sin contar con Millonarios, dueño del jugador en ese momento. El presidente Enrique Martí en persona gestionó el cabo suelto de Millonarios, entrevistándose con el presidente del equipo colombiano, Alfonso Seniors, que pidió 27 mil pesetas para ceder sus derechos sobre el jugador, algo a lo que el dirigente catalán se negó. Nos salió pelín agarrado por culpa de Franco, claramente. Nótese que el espíritu de Franco lo va sobrevolado todo.

El Real Madrid entra en acción. Saporta es enviado a Bogotá con las 27 mil pesetas para la cesión de los derechos de Di Stéfano, operación que se ejecutó sin problemas. El siguiente paso era ir a Buenos Aires y convencer a River Plate, pero el equipo argentino ya había recibido la mitad del pago por parte del Barcelona (2 millones de pesetas), con lo que no se pudo llevar a cabo la operación, aunque sí logró Saporta la neutralidad de River. Di Stéfano se sintió utilizado por el club azulgrana, que estaba dispuesto a dejarle un año sin jugar si hacía falta. Saporta se reunió con Di Stéfano e incluso adelantó un pago por sus servicios, lo que estimuló al jugador. Así el Real Madrid tenía los derechos del jugador hasta el 31 de diciembre de 1954, mientras que el Barcelona había pagado la mitad por los derechos del jugador a partir de esa fecha. Esa era la situación. La FIFA dejó claro que los derechos federativos correspondían a Millonarios hasta el 31 de diciembre de 1954 y que el Real Madrid era el único que había llegado a un acuerdo, por lo que exigió a la Federación española que ambos clubes llegaran a un pacto.

La histeria azulgrana se puso en funcionamiento. Ofrecieron a la Juventus sus derechos sobre Di Stéfano; pidieron la anulación del trato a River de malos modos, a lo que los argentinos se negaron; el jugador estaba indignado con esa actitud…

La FIFA nombró mediador a Armando Muñoz Calero, que fue el ideólogo de una salomónica decisión. Di Stéfano jugaría en el Madrid en las temporadas 53-54 y 55-56, mientras que en el Barcelona lo haría las temporadas 54-55 y 56-57. Luego deberían ponerse de acuerdo sobre el futuro de Di Stéfano.

Los dos equipos aceptaron en primera instancia, pero tras la dimisión de Martí por firmar el acuerdo salomónico en el caso Di Stéfano, la junta gestora que se hizo cargo del club catalán decidió renunciar a sus derechos sobre Di Stéfano previo pago de los gastos que la gestión del asunto ocasionó al Barcelona (los millones abonados a River), a lo que el Madrid accedió gustoso.

La única intervención gubernamental se produjo cuando se aplicó una excepcionalidad a la ley que había entrado en vigor el 24 de agosto de 1953, por la cual se prohibía el fichaje de extranjeros desde aquella fecha. Esta excepcionalidad de la Delegación Nacional de Deportes consistió en que se permitió contratar a los jugadores cuya operación se estuviera negociando antes de la entrada en vigor de aquella ley. Esto permitió el fichaje de Di Stéfano… como el de muchos otros, ya que su ámbito era general y lógico. Es más, esa medida beneficiaba tanto al Real Madrid como al Barcelona.

El Real Madrid se limitó a cumplir los trámites y comportarse conforme a la ley, dirigiéndose en primer lugar al equipo que poseía en ese momento los derechos sobre Di Stéfano. Fue clave que el rendimiento de Di Stéfano en pretemporada con el Real Madrid fuera decepcionante. Los azulgranas no sólo despreciaron a Di Stéfano, sino que se sentían superiores al poder contar con Kubala, que lideraba al equipo en aquellos años, y logrando títulos. Además veían al argentino conflictivo y caro, lo que no convertía su contratación en algo prioritario.

Ladislao Kubala (Foto futbolprimera.es)

Tras los éxitos madridistas con Di Stéfano las mentiras azulgranas se multiplicaron. Hablan de teléfonos pinchados, de que pagaron al dueño de los derechos del jugador, cosa que es falsa como se ha explicado, ya que los derechos eran de Millonarios en ese momento... Hablan de cesión a Millonarios, cuando en realidad era un traspaso. Hablan de Di Stéfano como jugador del Barcelona, cuando en aquella fecha no lo era en absoluto… Hablan de la imposibilidad de contar con el jugador por argucias estatales, cuando la realidad es que los derechos del jugador correspondían en esa fecha al Real Madrid…

La pataleta culé (por supuesto con toda razón, ¡válgame Dios!), que les dura 70 años después, viene de los posteriores éxitos logrados por el Real Madrid con Di Stéfano al frente. Un hecho difícil de olvidar y que, por supuesto, no previeron en su momento. Así, que sublimando el bendito arte de la fabulación, crearon estas edificantes, embriagadoras y evocadoras historias para regocijo de todos nuestros compatriotas.

- De lo que no oirán hablar a un culé es del caso Kubala y las asombrosas ayudas que el gobierno franquista le proporcionó al Barcelona para que se hiciera con sus servicios, negadas al Real Madrid. Como mucho algún radical verá ciertos dejes franquistas y “fascistoides” en el hecho de que la asombrosa rapidez con la que proporcionaron su ayuda y realizaron las operaciones burocráticas, saltándose procedimientos y plazos, no fuera aun más rápida y contraria a la ley, pero poco más. Un fichaje, este sí, ad hoc a favor de los azulgranas. El régimen silbó la melodía de “El puente sobre el río Kwai” mientras se saltaba la legalidad vigente por una causa mayor, y los madridistas, primeros en interesarse por el húngaro, protestaban…

Armando Muñoz Calero fue vital para la llegada de Kubala. Él fue también el que propuso la medida salomónica sobre Di Stéfano (fue Presidente de la Federación Española de Fútbol y Vicepresidente del Atlético de Madrid)… ¿Por qué ayudaron a esta contratación? Pues porque con el fichaje de este “mediocre” jugador mermaban el potencial de los culés, está claro, con lo que nos beneficiaban a nosotros, el equipo del régimen. O más bien por pura propaganda. El régimen usó este hecho como propaganda anticomunista, lo que supondría un beneficio para ellos. ¡Si hasta le hicieron una película de propaganda al régimen, “Los ases buscan la paz” (Arturo Ruiz Castillo, 1954)!

- Ante estas afrentas e injusticias que el egregio e insigne Caudillo de España y Generalísimo de los ejércitos produjo en los culés, estos entraron en grave crisis. Sin perder ocasión y ante la oportunidad de terminar con el club culé, el Caudillo de esta nuestra España no dudó un segundo en recalificar los terrenos de Les Corts hasta en tres ocasiones en 15 años, reduciendo plazos y burocracias, terminando con la deuda del club culé, que ascendía a 230 millones de pesetas de la época, y posibilitando la creación de Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo. La primera recalificación fue en 1951, la segunda en 1962 y la última en 1966. Con esto, el régimen impidió la ruina y desaparición del Fútbol Club Barcelona.

Como es de recibo, en el Boletín Oficial del Estado número 228, fechado el 23 de septiembre de 1965, aparece el Decreto 2735/1965, de 14 de agosto, con las firmas de Martínez y Sánchez Arjona (Ministro de la Vivienda) y Francisco Franco.

Tanto a José María de Porcioles, alcalde de Barcelona, como a Torcuato Fernández Miranda y Hevia y el mismísimo Francisco Franco les hicieron Socis d'honor blaugranas.

Nosotros, el equipo del régimen, no tuvimos tanta suerte y nunca logramos este tipo de ayudas, negadas sistemáticamente. Así podemos decir orgullosos que el estadio de Chamartín fue construido y ampliado con el esfuerzo de los socios y simpatizantes del club. Sin más apoyo. Esto Franco lo hizo por nuestro bien, para que supiéramos lo difícil que es lograr las cosas y no convertirnos en un club mimado. Y es que Franco se levantaba todas las mañanas con la intención de ayudarnos y perjudicar a los culés, pero le salían estas genialidades tácticas…

- Todos estos desmanes del régimen contra los culés fueron censurados por el club catalán de forma contundente. La denodada lucha antifranquista del Barcelona se escenificó con la entrega de dos medallas de oro del club al Generalísimo. Estos luchadores de la libertad y la democracia hincaban con saña las insignias en el pecho del Caudillo, haciendo gala de su descontento. Es notorio que Franco recibía estas condecoraciones con desdén y a regañadientes, frunciendo su dictatorial gesto, incómodo con toda la pompa ofertada, ya que a él le gustaría recibirlas de su equipo, o sea el del régimen, ya saben, el Madrid…

La primera fue otorgada en 1971, en agradecimiento a lo que supuso la financiación del Palau Blaugrana y el Palau de Gel. La segunda en 1974, cuando el equipo azulgrana visitó el Pardo en la celebración del 75º aniversario del club catalán. Vamos, por salvarles la existencia.

- Los árbitros siempre fueron el principal mecanismo de manipulación del franquismo y donde los culés centraron sus quejas especialmente. Todos ustedes habrán oído hablar de Guruceta, ese maquiavélico árbitro que dedicó su profesión a beneficiar al Real Madrid y perjudicar al Barcelona. El régimen franquista, para ayudarnos en todo lo posible, dio satisfacción al veto pedido por los culés al colegiado, al fin de que no los arbitrara más. Fueron muchos los ultrajes cometidos por este colegiado contra el Barcelona, al que arbitró la friolera de 1 partido de Liga en Riazor, partido que concluyó con empate. La causa de la desazón azulgrana fue un penalti injusto pitado a favor del Real Madrid en la Copa del Generalísimo, ya saben, esa que ganaban tanto los culés en aquella época. La recusación a Guruceta duró hasta 1985. También fue recusado Ortiz de Mendíbil por conceder un gol en el tiempo de descuento al Real Madrid en otro enfrentamiento contra los culés.

Guruceta (Foto AS)

Extrañamente los culés no se quejaron del reconocido árbitro antimadridista Antonio Rigo (no lo digo yo, lo dijo él), que llegó a arbitrar hasta en 13 ocasiones a los azulgrana en una temporada sin que perdieran un solo partido, con arbitrajes demenciales que llevaron al Real Madrid, junto a otros ocho clubes, a recusarle. Lo de las recusaciones era algo habitual en aquella época. La famosa “Final de las Botellas” fue la sublimación de la manipulación del relato de los árbitros para ayudar al Madrid y perjudicar al Barcelona. Una final con un desastroso arbitraje que perjudicó a los madridistas y que ya venía precedido de las quejas atléticas en semifinales, donde los culés también fueron beneficiados en los dos partidos arbitrados por… Antonio Rigo. Franco no impidió su designación porque estaba viendo una de sus series favoritas, “Juego de Tronos”.

- Debe recordarse que el Caudillo de nuestra gran España también lo era de Europa, y bien que nos beneficiamos los madridistas, que conquistamos cinco Copas de Europa consecutivas y luego otra más en 1966. Todo el mundo sabe que la influencia franquista en Europa era absoluta, especialmente en asuntos futbolísticos, clave estratégica en la época… Extrañamente a partir de 1966 no ganamos ninguna más, en otra generosa demostración del dictador, magnánimo con los rivales, ante los que no quería escenificar un abuso tan grande. Nadie en su sano juicio podía imaginar que el equipo creado por Bernabéu y que se paseaba por Europa lo hiciera también por España, otro signo inequívoco del madridismo del régimen. Es mucho más lógico y sensato achacar todos esos éxitos, europeos y nacionales, a la mano bienhechora del Caudillo. Lástima que la designación de los árbitros Ellis y Leafe (anularon hasta 4 goles) en nuestra primera eliminación europea le pillara a Franco ejercitando la noble actividad de la caza… Y es que seis seguidas eran muchas, pero pelillos a la mar.

- Conocidas son las trifulcas de Bernabéu con miembros del régimen. Un Santiago Bernabéu que no se mezclaba en políticas y que su única obsesión era defender al Real Madrid ante UEFAS, FIFAS o políticos. El caso del “palco de invierno” con Millán Astray, fundador de la Legión española, es conocido. Astray andaba por el Bernabéu como Pedro por su casa. Solía propasarse con las muchachas, lo que le llevó a besar a la mujer de un diplomático, con el consiguiente escándalo y pelea. Por este hecho Bernabéu cerró ese palco, por lo que cuando Astray intentó volver al siguiente partido le fue impedida la entrada. Al no recibir explicación retó a un duelo a pistola a Bernabéu, que tuvo que recurrir a su amigo personal Muñoz Grandes para que Astray entrara en razón.

Cuando Moshé Dayán, general israelí y reconocido madridista, fue condecorado con la insignia de oro que portaba el propio Santiago Bernabéu durante un partido entre el Madrid y el Maccabi, se montó un escándalo tremendo, ya que Israel no era un estado reconocido por el régimen franquista, lo que acarreó bastante problemas al presidente, ya que muchos miembros del régimen lo tomaron como un desafío.

A estas cosas, siendo como éramos el equipo del régimen, Franco no les daba importancia. Pequeñas travesura de Santiago, él tiene estas cosas, nada que no se resuelva con unas cañas, aseveraría, jovial y risueño, el Generalísimo.

Lo que sí ocurrió es que el régimen, una vez vinieron los éxitos madridistas, se benefició mucho de esa marca a la cual podían vender al extranjero. Nada nuevo bajo el sol, lo hacen todos los políticos de todo régimen, pero no fue hasta que esos éxitos vinieron cuando la política se interesó por el fútbol.

Resulta increíble que todo un Real Madrid haya sido incapaz de forjar un discurso para tirar por tierra todas estas zarandajas, algo que podría hacer fácilmente, propiciando que esas mentiras repetidas miles de veces se convirtieran para muchos en verdades. Tendrá que ser desde estas páginas desde donde demos la tabarra a tal misión.

Se antoja muy complicado que los equipos “perjudicados” por el régimen logren explicar estos extraños sucesos paranormales…

Pueden ver documentación y las fuentes originales por internet, son documentos que rulan por ahí.

ALGUNAS FUENTES: 'A puerta';  Prouespeculacio;  El Confidencial Digital.

 

Hoy en día, pronunciar el nombre de Amancio puede sin duda hacer pensar a bastantes personas en el fundador de Inditex y dueño de miles de tiendas de ropa por todo el mundo. Cuando yo era niño -y ya ha llovido bastante desde entonces-, decir Amancio era pronunciar el nombre de pila del mejor jugador español del momento, y de uno de los mejores del mundo. Para mí, desde luego, Amancio sólo ha habido y habrá uno. Mi gran ídolo de la infancia.

Amancio Amaro Varela, como rezaban los cromos de la época. Con los dos apellidos, como era menester. Nacido el 16 de octubre de 1939. Un jugador mítico que tuvo el enorme mérito de sostener durante años buena parte del fabuloso legado del Real Madrid de las 5 Copas de Europa seguidas. Él llegó justo después de esa época de oro al club, en 1962, tras un fichaje en aquel momento faraónico, 10 millones de pesetas más cuatro jugadores cedidos -entre ellos Antonio Ruiz y el enorme guardameta Antonio Betancort-, a cambio de sus servicios en el equipo merengue, que ese mismo año acababa de perder -por primera vez- una final de Copa de Europa por 5-3 ante el Benfica de Eusebio en Amsterdam, y que empezaba a dar síntomas de decadencia en el continente, que no en la liga doméstica. Alfredo estaba ya en los 36 años, Del Sol acababa de fichar por la Juventus de Turín… Había que renovar sí o sí la primera plantilla.

Aquel verano de 1962, a Don Santiago Bernabéu se le puso entre ceja y ceja fichar al prodigio coruñés, de 22 años, y reciente ganador del Pichichi de 2ª División con el Deportivo, 27 goles aquel año y pilar fundamental de los herculinos para lograr el ascenso a Primera División. Dicen las crónicas de la época que Don Santiago fichó a Amancio en contra del criterio de la mayoría de su junta directiva. También que, dada la escasez de recursos en las arcas madridistas, tuvo que ser el directivo Muñoz Lusarreta, propietario de teatros y de cines por toda España, quien ayudase a financiar el carísimo fichaje, propio de un “crack” de la época, casi comparable con lo que pagó ese mismo año la Juventus al Madrid por Luis del Sol o el año anterior el Inter al FC Barcelona por el también coruñés Luis Suárez.

Fue la mejor decisión para todos. Para el Real Madrid, porque pudo contar con la fortuna de tener en sus filas al Brujo durante 14 temporadas, y también para Amancio, que jamás se arrepintió de haber venido al Madrid o de no haber escuchado cantos de sirenas desde Italia. Amancio sostuvo, junto con el gran capitán Paco Gento y el recio navarro Ignacio Zoco, al Madrid en la década de los sesenta, junto a una serie de jóvenes que se fueron incorporando a la plantilla (Pirri, Velázquez, De Felipe, Grosso…), consiguiendo entre otras la inmensa proeza de volver a reinar en Europa en 1966, con el equipo yé-yé -aunque Amancio siempre dice que él no era yé-yé, ni Gento tampoco-, además de dominar como nunca en la competición liguera española. De esta forma, llegó a conquistar 9 ligas en 14 temporadas, además de 3 Copas de España, amén de la ya reseñada y altamente meritoria Sexta Copa de Europa, en la que, además, fue artífice del gol del empate a 1 ante el Partizán de Belgrado -tras jugada embrujada-, preludio de la remontada que culminó Fernando Serena de zapatazo desde fuera del área y que resultó ser el 2-1 definitivo. Un historial impecable en una época en la que no existían ni Supercopas (de España o de Europa), ni Copas de la Liga, por ejemplo, que sin duda habrían “engordado” su palmarés.

Durante aquellos años, Amancio fue sin duda el jugador español más conocido a nivel internacional (sobre todo tras el declive de Luis Suárez en el Calcio), un interior derecho que comenzó jugando con el 8 y que acabó con el 7 cuando él nunca fue un extremo en estado puro. Interior de calidad, famoso por sus fintas, o como él mismo dice, por sus amagos (como la anécdota del Mundial de 1966 en Inglaterra en la que Del Sol decía que Amancio amagaba a su propia cama antes de irse a dormir), él siempre se consideró más cercano a un media punta con gol que a un extremo. De hecho, en su currículum hay, además de su Pichichi en el Deportivo de la Coruña, otros dos trofeos al máximo goleador en Primera División, ambos compartidos por el elegante ariete colchonero José Eulogio Gárate, y el segundo compartido también con Zapatones, Luis Aragonés.

Amancio, ya en los años 70, siguió liderando al Real Madrid hasta su retirada en 1976, años finales en los que su palmarés siguió aumentando mientras adaptaba su juego a su edad, hasta el punto en que en sus dos últimas temporadas alcanzó cerca de los 30 partidos jugados por temporada, cifra meritoria entre otras cosas porque sufrió en 1974 una larguísima lesión de 6 meses fruto de una terrorífica lesión provocada por un defensa del Granada CF apellidado Fernández. Como el propio Amancio dice, si le hubiesen hecho esa entrada 10 años antes, quizás su carrera habría quedado truncada para siempre.

amancio ganó la copa de europa en 1966

No hay que dejar de mencionar, por supuesto, la gran trayectoria de Amancio con la Selección Nacional, con la que ganó la Eurocopa de 1964, y en la que fue titular indiscutible en los dos partidos de la fase final, marcando el gol de la victoria en la semifinal ante Hungría -la Hungría post-Puskas pero con figuras de talla como Bene o Albert-, y aportando un enorme partido ante la poderosa Unión Soviética de Lev Yashin. Además, jugó también la fase final del Mundial de 1966 en Inglaterra y no fue convocado -aunque sí estuvo en la preselección- al Mundial de 1962 en Chile, posiblemente porque aún era un jugador de un equipo recién ascendido a la Primera División.

Precisamente, si de un jugador habla con admiración Amancio -aparte del gran Alfredo- es de su gran amigo Pancho Puskas, del que siempre dice que “al hablar de Pancho, me pongo de pie”, con gran respeto y amago -como en su forma de jugar- de lágrimas. “En su metro cuadrado, con la bola al pie, Pancho era lo más letal que ha habido nunca”. Lástima, digo yo, que haya tan pocas imágenes del gran Puskas, en especial de su época gloriosa en los 50 de la selección de Hungría y del mítico Honved de Budapest… Amancio Amaro, un mito del fútbol mundial (llegó a jugar en la selección FIFA junto a Yashin, Beckenbauer, Overath, Dzajic, Marzolini contra el Brasil de Pelé, Jairzinho, Rivelino y Tostao en 1968), un verdadero sabio y una persona extremadamente cordial con un finísimo sentido del humor y de la ironía elegante, y que a sus 78 años se conserva espléndidamente y con un cerebro privilegiado, tal y como jugaba en sus tiempos.

Muchísimas gracias, Amancio, por esos momentos que tuviste a bien de compartir conmigo, junto con otros amigos, y así poder cumplir la ilusión de un niño cuyo mejor regalo de cumpleaños fue una camiseta blanca inmaculada con el 7 a la espalda y que estrené en el segundo partido de homenaje que se le brindó a Paco Gento allá por 1972 ante el Os Belenenses lisboeta. Nota: Mil gracias, Manuel, “Churro”, por haber hecho realidad un sueño de hace mucho tiempo.

 

El primer parentesco entre un tío y un sobrino en el cuadro blanco se produjo en los años 40 y los 50. Chus Alonso fue un interior nacido en Cuba que volvió con sus padres a España -Asturias concretamente- para desarrollar su trayectoria futbolística. Jugador de enorme recorrido, dinamismo y físico privilegiado, firmó por el Madrid antes de la Guerra Civil, aunque fue después cuando se hizo insustituible. Permaneció hasta 1948, tiempo en el que actuó en 160 partidos y anotó 68 goles. En su palmarés figuran las Copas de 1946 y 1947, aunque no disputó ninguna de las dos finales. Justo diez años después de su marcha fichó por el Real Madrid su sobrino Chus Herrera. Futbolista malogrado, que falleció por un cáncer a los 24 años, era un extremo diestro fabuloso. Hábil, rápido, fogoso y con un gran ‘dribbling’ se hizo con la titularidad en la banda tras la marcha de Kopa y en tres temporadas pudo alzar una Copa de Europa, una Liga y una Copa Intercontinental, donde anotó una diana en el encuentro de vuelta ante Peñarol.

La década de los 50 fue muy prolífica en cuanto a familiares, y hubo tres dinastías en el cuadro blanco: los Alonso, los Atienza y los Gento. Juanito Alonso aterrizó en la capital en 1949 tras militar en el Racing de Ferrol. Guardameta fabuloso, sobrio, seguro, valiente y ágil, hizo una carrera extraordinaria de once años defendiendo el marco blanco. En ese tiempo llegó a casi 300 partidos pese a que compitió durante varias campañas con el fenomenal arquero argentino Rogelio Domínguez. En su estancia obtuvo cuatro Ligas, cuatro Copas de Europa y dos Copas Latinas, al tiempo que coincidió con su hermano durante tres cursos. Gabriel Alonso fue un defensa lateral que firmó el Real Madrid procedente del Celta en 1951. Jugador polivalente que también se desenvolvía en la banda siniestra, tenía potencia, agilidad, fogosidad, un buen sentido de la colocación y gran espíritu de lucha. Logró un Campeonato de Liga y la curiosidad entre hermanos es que Gabriel tenía los apellidos de su madre, que le tuvo como soltera mientras que Juan disponía Adelarpe como primer apellido, el de su progenitor.

Adolfo Atienza era un extremo ambidiestro, fino y escurridizo que llegó al conjunto de Chamartín en 1953. Antes había destacado en el Celta o el Berbés, pero en Madrid gozó de pocas oportunidades. Apenas 25 encuentros oficiales, aunque con un buen bagaje goleador: ocho tantos hasta su marcha en 1955. Su hermano Ángel, sin embargo, sí se consolidó en una de las etapas más gloriosas del club. Jugó un año junto a Adolfo al firmar en 1954, y se mantuvo hasta 1960. Su posición original era la de volante, pero Villalonga le bajó al lateral, donde hizo una carrera magnífica. Rápido, fuerte, con un buen dominio del cuero y complicado de superar en el uno contra uno, formó en el once de la primera final de la Copa de Europa ante el Stade de Reims y luego alzó otros tres títulos continentales, además de tres Ligas y una Copa Latina. Tras su retirada fue un afamado pintor y escultor.

Por último, la saga de los Gento la formaron tres hermanos, Paco, Julio y Antonio. El primero en entrar a formar parte de la institución capitalina fue Francisco en 1953. Con 19 años, fichado del Racing de Santander, haría historia en la entidad y en el fútbol mundial. Un extremo izquierdo legendario gracias a su velocidad, verticalidad, desborde, técnica y precisos centros desde la banda. Casi dos décadas como jugador en las que aglutinó un palmarés maravilloso de doce Ligas, seis Copas de Europa, dos Copas o una Intercontinental y más de 600 encuentros oficiales. A continuación, Julio, que se formó en el Plus Ultra, ascendió a la primera plantilla en 1957. Sin embargo, el extremo diestro tenía muy complicado hacerse con un puesto, dada la competitividad existente, y únicamente jugó amistosos y los típicos partidos de los jueves entre suplentes. Tras cinco años en Madrid decidió irse y se enroló en las filas del Deportivo de la Coruña. Mientras, el tercer hermano, Antonio, era un interior diestro que, en los albores de los 60, sí pudo debutar de forma oficial y completar tres partidos de Liga contra el Zaragoza, el Betis y el Atlético de Madrid en el curso 1961-1962. Meses más tardes tomaría el mismo camino que Julio, aunque con destino al Levante de la división de plata. Una de las pocas ocasiones en que los tres disputaron un partido con el Real Madrid tuvo lugar el 28 de enero de 1959 en un amistoso contra el Zurich suizo al que derrotaron por 5-2. Celebrado en el Santiago Bernabéu, los tres, además, consiguieron al menos una diana, siendo las otras dos anotadas por Enrique Mateos.

Paco Gento ganó doce Ligas, seis Copas de Europa y una Intercontinental

Contemporáneo de los Gento fue el defensa Marquitos Alonso Imaz. Un defensa también cántabro y noble, valiente, luchador, fuerte, poderoso en todo su juego y que se dejaba hasta la última gota de sudor en cada partido. Actuaba como defensa por la derecha aunque su versatilidad le permitía desempeñarse en el centro de la zaga. Procedente del Racing estuvo ocho campañas en el Real Madrid (1954-1962). Otro de los héroes del gran equipo madridista que levantó cinco Copas de Europa. El santanderino además en sus 228 partidos amplió el palmarés con cinco Ligas, una Copa, una Copa Latina y una Intercontinental. Su nieto Marcos Alonso Mendoza continuó la saga casi medio siglo más tarde. Formado en las categorías inferiores del cuadro merengue, pasó varios años en el Castilla hasta que en 2010 le llegó la oportunidad de debutar en la tierra de la familia, Santander. Pellegrini en un choque de Liga le sacó en el minuto 88 por Higuaín en un duelo que los visitantes se llevaron por 0-2 en El Sardinero.

La gran siguiente generación de futbolistas blancos fue conocida como los ‘ye-yé’. En ese plantel se encontraban Manuel Sanchís cuyo hijo del mismo nombre forjaría otra dinastía en los 80 y 90 y Ramón Grosso, cuya familia lleva el ADN del Real Madrid en las venas al haber formado parte del club su yerno, el hermano de este y un nieto. Manuel Sanchís Martínez era un lateral infatigable, fibroso, de enorme recorrido, eficiente en la marca y muy rápido. Titular en los años 60 cuajó una gran carrera con más de 200 encuentros en el Real Madrid y la sexta Copa de Europa, cuatro Ligas y una Copa como trofeos de más prestigio. Su hijo Manuel Sanchís Hontiyuelo debutó en 1983 con gol ante el Murcia tras formar parte del equipo juvenil y del Castilla. Defensa central su trayectoria fue más larga que la de su padre al acumular 18 campañas consecutivas. Zaguero con gran intuición, sentido de la anticipación, buenos conceptos tácticos, muy seguro en el corte y notable físico logró un récord de 708 partidos oficiales que solo ha sido batido por Raúl y Casillas. En esas casi dos décadas sumó dos Copas de Europa al final de su carrera, además de ocho Ligas, dos Copas, dos Copas de la UEFA o una Copa Intercontinental.

Sanchís padre e hijo

Grosso fue un falso delantero que también merodeaba por la zona interior del terreno de juego en una época donde empezaban a desaparecer los cinco atacantes. Versátil, dinámico, muy peligroso en sus llegadas al área y gran bregador retornó al Real Madrid tras una cesión en el Atlético. Estuvo desde 1964 a 1976 disputando 365 partidos y adornando su palmarés con una Copa de Europa, siete Ligas y tres Copas. Su yerno es Paco Llorente que se casó con una de sus hijas y que también es sobrino de Francisco, Julio y Antonio Gento al ser su madre hermana de los tres jugadores de los años 50 y 60. Paco era un extremo muy veloz, eléctrico y con buen desborde que comenzó a ser valorado por los blancos tras pertenecer al Atlético de Madrid. Mendoza lo recuperó y acabó disputando siete temporadas con los merengues. Inolvidable por su partido en Oporto le costó afianzarse aunque dispone de un estupendo palmarés con tres Ligas, dos Copas y dos Supercopas de España. Su hermano Julio era un lateral polivalente, fuerte y corpulento que terminó haciendo carrera en el Tenerife. Dos cursos entre 1988 y 1990 con el club de Concha Espina y apenas 31 partidos le ayudaron a tomar esa decisión. En ese periodo tuvo la oportunidad de coincidir con su hermano en el terreno de juego en 19 duelos, diez de la campaña 88-89 y nueve de la 89-90. El último integrante de una familia muy deportiva es Marcos Llorente. Mediocentro actualmente cedido en el Alavés es una de las joyas de la cantera del Real Madrid. Inteligente, técnico, resistente, astuto, con una gran calidad en sus botas y muy sacrificado ya debutó con el conjunto blanco en Liga en la temporada 2015-2016 con dos actuaciones ante el Levante y Las Palmas, y también en la Copa en el famoso partido contra el Cádiz. Se espera que regrese a la disciplina madridista próximamente y tenga una carrera larga y exitosa al igual que buena parte de la saga con la que comparte apellido.

En los 60 también perteneció al Real Madrid el defensa Isidro Sánchez. Un medio jerezano que cuando llegó a la capital se retrasó unos metros para jugar como lateral diestro donde destacaba por su firmeza en defensa, su buen trato de balón y su estilo defensivo. En cuatro temporadas desde 1961 a 1965 obtuvo cuatro Ligas, participó en más de 100 encuentros y anotó un gol contra el B1913 danés en Copa de Europa. Casado con Carmen Flores, hermana de la ‘Faraona’ Lola Flores, tuvo como primogénito a Quique Sánchez Flores que se formó en los infantiles del cuadro blanco y que firmaría ya como profesional en 1994. También un lateral diestro rápido, profundo y con calidad su papel se resumió en dos campañas como merengue donde conquistó la Liga en el curso de su estreno.

Después de la conquista de la sexta Copa de Europa uno de los fichajes blancos se incorporó desde Argentina. Del Sportivo Italiano se fichó a Miguel Pérez, un extremo veloz, técnico y con clase que poco después se nacionalizó español. Estuvo en dos etapas en el conjunto blanco, una campaña en 1966-1967 y luego cuatro años tras volver de una cesión en el Mónaco. No fue un fijo en ese periodo pero si tuvo bastantes oportunidades sobre todo en la Liga donde jugó 53 partidos y marcó 10 dianas. Entre sus entorchados destacan dos Ligas y una Copa hasta que hizo las maletas para irse al Zaragoza. Tras retirarse se estableció en Madrid y por eso uno de sus hijos Alex comenzó a jugar en ‘La Fábrica’. Centrocampista zurdo con buena punta de velocidad y toque en su pierna izquierda vio su sueño cumplido de debutar con el primer equipo en enero de 2003. El Real Madrid visitaba al Terrassa en la competición del KO y Alex Pérez jugó un minuto tras entrar por Tote. Dos años más tarde y en el mismo torneo gozó de más tiempo en el choque frente al Leganés donde el conjunto blanco se impuso por 1-2 y el medio disfrutó de 52 minutos al salir de titular.

En la década de los 90 una saga de hermanos delanteros se crió en la cantera blanca y pudo debutar en la primera plantilla: los Pérez Muñoz. El mayor Alfonso subió con los mayores en 1990 para una trayectoria de cinco temporadas. Delantero con una técnica fantástica, olfato de gol, excelente dominio de las dos piernas y enorme clase su progresión se cortó tras una grave lesión de ligamento ante el F.C. Barcelona. Después de ese contratiempo no consiguió hacerse con un hueco en el once habitual y en 1995 tras una Liga, una Copa y dos Supercopas abandonó la entidad con 22 dianas en su haber. Su hermano pequeño Iván debutó con el Real Madrid un año más tarde de marcharse Alfonso. También delantero intuitivo, buen rematador y astuto dentro del área se estrenó en 1996 en la jornada 37 de Liga frente al Espanyol. Semanas después jugaría con gol incluido ante el Mérida y en la última jornada del Campeonato liguero contra el Zaragoza.

La última familia en incorporarse a este selecto club han sido los Zidane. Zinedine actual técnico del club fue un fichaje galáctico de Florentino Pérez en 2002. Fino, elegante, con una técnica sublime, poseedor de una gran visión de juego y un dominio extraordinario de ambos pies, fue el hombre que dio al Real Madrid la novena Copa de Europa con una volea de ciencia ficción en la final ante el Bayer Leverkusen. Después también lograría una Liga, una Supercopa de Europa, una Intercontinental o una Supercopa de España y enamoraría al Santiago Bernabéu con su estilo de juego hasta su retirada del balompié en el año 2006. Su hijo Enzo, un centrocampista ofensivo habilidoso y con notable calidad entró muy pequeño en la cantera del equipo madrileño y tras varios amistosos le llegó la oportunidad del debut de la mano de su padre en la Copa del Rey. El 30 de noviembre de 2016 saltó al césped por Isco y logró uno de los tantos en la goleada por 6-1 a la Cultural Leonesa.

Hermanos Callejón

Otras tres sagas a mencionar aunque de menor repercusión al participar solo en amistosos alguno de sus miembros son: los González López, los González y los Callejón. José Manuel González López fue un defensa izquierdo de la cantera que únicamente disputó un partido de Liga. Se produjo ante la Real Sociedad en San Sebastián en la campaña 1951-1952. Su hijo del mismo nombre que triunfó en el Real Zaragoza no pudo hacerlo en el conjunto blanco al compartir posición en la defensa con Santamaría o de Felipe a mediados de los 60. Por ello se tuvo que conformar con disputar duelos de carácter amistoso. Curiosamente el primero es abuelo de Lucas Alcaraz, actual entrenador del Granada, y el segundo es su tío.

Mientras que en los González el gran protagonista de la familia ha sido Michel. Dueño de la banda diestra durante 12 años fue un futbolista sobresaliente, con desborde, calidad técnica, elegancia y un guante en su diestra que le permitía poner centros muy precisos a los delanteros. Su palmarés es envidiable con seis Ligas, dos Copas de la UEFA, dos Copas o una Copa de la Liga en su estancia en el cuadro de Chamartín. Su legado lo continuó su hijo Adrián, actual futbolista del Eibar. Centrocampista ofensivo zurdo, con buena llegada al área contraria, dinámico y visión se formó en la cantera merengue desde muy joven pero su papel se limitó a amistosos, uno en el II Memorial Jesús Gil, un partido por la paz en Tel Aviv, un choque contra el Stoke City en la pretemporada de 2007 y la final del Trofeo Teresa Herrera del mismo año.

Por último en los Callejón si sobresale un nombre es el de José. Su hermano Juanmi también creció en la cantera blanca pero jamás pudo enfundarse la casaca del primer equipo. Por su parte el inteligente, hábil, rápido y goleador extremo diestro regresó al conjunto blanco tras una cesión en el Espanyol para pasar dos temporadas en las que marcó 20 dianas en 77 partidos. Utilizado como revulsivo en muchos partidos con José Mourinho estuvo en la plantilla que alzó la Liga en 2012 y la Supercopa de España.

 

El Real Madrid, tras su lustro mágico en Europa a finales de los 50, comenzó con un proceso de renovación en el equipo en los albores de la siguiente década. El club blanco se fijó en Osasuna, que militaba en Segunda División, y de allí firmó a Ignacio Zoco y a Félix Ruiz, que anotó 21 tantos en la categoría de plata. Bastó una llamada de Raimundo Saporta a ambos para saber de primera mano si querían vestir la zamarra merengue.

Félix Ruiz nació en Olite un 14 de septiembre de 1940 y pronto entró a formar parte de la cantera de Osasuna. En el cuadro rojillo le dio la alternativa el técnico Sabino Barinaga, antiguo jugador madridista en los años 40. Se desempeñaba como interior y entre sus cualidades destacaban su gran resistencia, la fortaleza física, la entrega, la lucha, una enorme personalidad y una notable habilidad con el balón en los pies. De casta le venía al galgo puesto que su padre también fue jugador de Osasuna y uno de los integrantes del primer ascenso del cuadro navarro a la élite del balompié español en el curso 1934-1935.

El olitense se incorporó a la disciplina blanca en la temporada 1961-1962, un año antes que Zoco que se quedó cedido en su club de origen para continuar fogueándose. Aún se encontraba en la plantilla Luis del Sol con el que coincidió una campaña y que le cerraba el paso en el once titular. Sin embargo fue el jugador número doce para Miguel Muñoz y disputó un total de 17 partidos de Liga, dos de Copa y tres de Copa de Europa. Debutó de forma oficial ante el Elche en la primera jornada de Liga y sumó cuatro dianas entre todas las competiciones, estrenando además su palmarés con el Campeonato liguero que conquistó el Real Madrid por delante del F.C. Barcelona y con la Copa conseguida ante el Sevilla.

En el curso posterior Del Sol fue vendido por 22 millones de pesetas de la época a la Juventus y Bernabéu no puso demasiados reparos en su marcha ya que confiaba en las enormes posibilidades del interior navarro. Muñoz le asignó un puesto en la delantera y los aficionados blancos empezaron a recitar de carrerilla una gran línea ofensiva formada por Amancio, Félix Ruiz, Di Stéfano, Puskas y Gento. El navarro cuajó su mejor actuación anotadora con 13 tantos en Liga y algunos fantásticos partidos ante el Zaragoza, el Valladolid o el Atlético de Madrid el día del alirón donde hizo el definitivo 4-3 a falta de cinco minutos para el final.

En la campaña 1963-1964 siguió siendo una pieza básica hasta el día en el que comenzó su mala fortuna en forma de lesión. En cuartos de la Copa de Europa el Madrid se midió al Milan y en el Bernabéu en la ida le apabulló por 4-1, sin embargo tras una zancadilla de Gianni Rivera cayó mal al césped y se produjo una rotura de clavícula que le tuvo parado varios meses. Desde ese momento y hasta su retirada sufriría otra fractura de clavícula, dos roturas del menisco, una del ligamento cruzado e innumerables lesiones fibrilares.

Muñoz era un enamorado de su juego y cuando estaba sano le ponía sin dudar en el once, pero el año de la sexta Copa de Europa aunque disputó la sensacional semi contra el Inter no formó en la alineación inicial de la final al ocupar Serena su lugar. Tras las Ligas que conquistó el Madrid en 1964 y 1965 donde jugó 17 y 11 choques respectivamente su siguiente gran año llegó en 1967, cuando disputó 20 partidos ligueros y anotó ante el Zaragoza, el Valencia, el Pontevedra, el Español y el Hércules en otra temporada donde los merengues se alzaron con la competición doméstica.

Su última campaña en el Real Madrid tuvo lugar entre 1967 y 1968 pero con una aportación testimonial en tres duelos de Liga de un torneo que se anotaron por delante del Barça. En verano sin llegar a cumplir 29 años tomó la decisión de retirarse harto de las lesiones que le impedían competir con regularidad. Fumador empedernido, en una ocasión incluso llegó a perder un vuelo de Copa de Europa al esconderse en el aeropuerto para encender un cigarrillo. En sus ocho temporadas en el club de Chamartín jugó 144 encuentros oficiales y logró un bagaje personal de 44 dianas, seis Ligas, una Copa y una Copa de Europa. En 1970 se calzó de nuevo las botas junto a otros excompañeros blancos como Marquitos, Pachín, Pantaleón, Casado, Mateos o Atienza en una breve experiencia en el Toluca cántabro que militaba en Tercera División.

Con la selección española también tuvo protagonismo a principios de los 60. Internacional con la sub18 y participante en los Juegos del Mediterráneo de Barcelona del año 1955 jugó con España B ante Francia en Grenoble en un amistoso en abril de 1961. Su debut con el primer combinado fue en diciembre del mismo año y contra idéntico rival, esta vez en un choque celebrado en Colombes y que terminó empate a uno con un gol suyo tras gran asistencia de Gento. Tuvo que esperar hasta 1963 para volver a enfundarse la elástica roja ya con Villalonga al mando de la selección. España comenzaba la clasificación para la Eurocopa del año siguiente y el navarro fue titular en la eliminatoria de octavos contra Irlanda del Norte. En Bilbao se firmaron tablas pero en Windsor Park un tanto de Gento dio el pase al equipo hispano. Ruiz disputaría su último encuentro internacional en diciembre contra una Bélgica que se llevó la victoria de Mestalla. Su célebre lesión de clavícula le hizo perderse la fase final del torneo que levantó España y su posible inclusión en la lista del seleccionador.

Después de colgar las botas tan joven rehizo su vida y en primer lugar fue vendedor de electrodomésticos y también de carteras. Pero el trabajo que más satisfacciones le dio fue la fábrica de pan de molde que montó junto a su ex compañero José Emilio Santamaría y el cantante Miguel Ríos.

Falleció de un infarto el 11 de febrero de 1993 a los 52 años.

La llegada casi a la par de Francisco Gento y Alfredo Di Stéfano en el año 1953 cambió la historia del Real Madrid. En ese momento el club blanco era el quinto en número total de Ligas con dos (conseguidas en la República), por detrás del F.C. Barcelona, el Athletic Club, el Atlético de Madrid y el Valencia. Ahí arrancó el periodo más esplendoroso de la entidad de Chamartín.

La primera delantera que conformaron el porteño y el cántabro tuvo como socios a Joseíto, Roque Olsen y Molowny en la temporada 1953-1954. Joseíto era un extremo diestro versátil que también podía ejercer de interior y que tenía en su técnica y su magnífico olfato de gol dos características fundamentales. Por su parte, el argentino Olsen figuraba como interior derecho, donde descollaba fuerza, potencia, trabajo y enorme eficacia de cara a puerta, mientras que Molowny continuaba jugando agarrado a sus mangas y destilando finura y elegancia desde el perfil izquierdo. La ‘Saeta Rubia’ ocupaba el puesto de delantero, aunque aparecía por cualquier parte del campo para robar el cuero, construir la jugada, regatear, conducir el balón y marcar. La banda siniestra tendría en Gento su dueño durante casi dos décadas, ala por la cual el guarnicense brillaba por su increíble velocidad, su regate en seco, su gran disparo y sus precisos envíos.

Aquel curso el Real Madrid volvió a levantar el título liguero tras 21 años de sequía y el estreno de la vanguardia coincidió con el debut de Di Stéfano en la competición doméstica ante el Racing. Era la jornada tres y los blancos se impusieron a los santanderinos con un doblete de Olsen y una diana de Molowny y otra de Di Stéfano. Desde ese momento la delantera también fue de la partida en los triunfos por 0-4 ante el Oviedo, con goles a pares de Molowny y Joseíto, un 2-1 en casa contra el Deportivo de la Coruña o la victoria frente al Real Jaén.

Joseíto, Olsen, Di Stéfano, Molowny y Gento

El siguiente frente de ataque importante fue el único que repitió presencia en una final de la Copa de Europa, concretamente en el segundo y el cuarto título del equipo capitalino en los años 1957 y 1959. En liza continuaban Gento y Di Stéfano con Kopa, Mateos y Rial a su lado. Al francés le echó el ojo Bernabéu tras la primera Copa de Europa conquistada ante el Stade de Reims y se lo trajo a Madrid. El galo se tuvo que amoldar a la posición de extremo diestro pero lo hizo a la perfección dada su virtud para el regate y el desborde, su dinamismo, su astucia y su clase. En la zona interior Mateos conocido como ‘Fifirichi’ era un futbolista rápido, luchador, excepcional rematador, pícaro y muy listo. Por último Rial fue una petición expresa de su compatriota Di Stéfano. Firmado desde el Nacional charrúa tuvo una especial conexión con Gento desde el principio. El de Pergamino poseía un fenomenal dominio del esférico con las dos piernas, una gran calidad técnica, mucha inteligencia, gran visión de juego y un duro chut.

José Villalonga optó por este quinteto principalmente para el torneo europeo. En la Liga aparecieron solo en el alirón de la penúltima jornada. A mediados de abril viajaron a Zaragoza para imponerse en La Romareda a los maños en una tarde fabulosa de Enriquito Mateos que decidió el triunfo con dos goles. Mientras que el estreno en la Copa de Europa fue en la ronda de semifinales. Enfrente un sensacional Manchester United de Sir Matt Busby que hincó la rodilla ante los merengues. En la ida se ganó por 3-1 con tantos de Rial, Don Alfredo y Mateos y en la vuelta en un encuentro memorable se empató a dos después de una lección de fútbol madridista. La final se celebró en el Santiago Bernabéu y aunque costó derribar el muro defensivo de la Fiorentina, primero Di Stéfano y luego Gento dejaron el trofeo en casa.

En el curso siguiente de 1957-1958 se revalidó el entorchado liguero y la delantera colaboró con algunos triunfos de mérito. Cabe destacar por ejemplo las victorias ante el Osasuna, el Granada en Los Cármenes con un doblete de Rial, la Real Sociedad, el RCD Español o el Real Valladolid con un ‘hat-trick’ de la ‘Saeta Rubia’ en el Bernabéu.

El año de la tercera Copa de Europa sus apariciones juntos disminuyeron aunque resultaron clave. En la Liga se les pudo ver en un apabullante 6-1 a la Real Sociedad recién entrada la primavera y en la Copa de Europa se estrenaron en cuartos de final. Ante el Wiener SC austriaco igualaron a cero en el Prater pero en la vuelta masacraron a su rival por un extraordinario 7-1 con Di Stéfano como gran héroe del choque. En semifinales se vieron con el Atleti de Madrid aunque estuvieron presentes en la derrota del partido de vuelta. Tras ganar el desempate en Zaragoza repitieron once en la final al estar Puskas lesionado. De nuevo con el Stade de Reims como adversario Mateos hizo el primero y erró un penal después y Di Stéfano ejecutó la sentencia en la segunda mitad.

En 1958 el Real Madrid había incorporado a Puskas completando el conjunto merengue una línea ofensiva de ensueño integrada por Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Sin embargo no tuvo tanta perdurabilidad como parece y los cinco únicamente coincidieron en nueve partidos oficiales de la campaña 1958-1959, al marcharse a final de dicha campaña el “Pequeño Napoleón” francés.

Eso si, en las oportunidades que concurrieron sobre el césped dejaron una huella imborrable a los hinchas madridistas. Primero con Carniglia y luego con Miguel Muñoz en el banquillo los blancos quedaron por detrás del F.C. Barcelona en Liga y conquistaron la 4º Copa de Europa de forma consecutiva ante el Stade de Reims. Durante el año la delantera gozó de algunos momentos mágicos como el doble 8-0 a Osasuna y el Sevilla en Liga en casa (Di Stéfano consiguió un triplete en ambos choques), la victoria a domicilio contra el Betis o el 2-0 en el Santiago Bernabéu frente al Besiktas en octavos de la máxima competición continental.

El fichaje de Puskas obligó a Rial a pasarse al interior diestro donde no pudo sacar lucimiento a todas sus grandes virtudes. El magiar por su parte pese a aterrizar pasado de kilos y entrado en años deleitó gracias al guante de su zurda, a una poderosa arrancada en la corta distancia, a su calidad en el pase, a una magnífica visión de juego y por su alianza sublime con el gol.

Kopa Rial Di Stéfano Puskas Gento

Con el inicio de los años 60 el equipo merengue completó su epopeya europea con un quinto título continental memorable. La baja de Kopa y el declive de Rial obligaron a la entidad a acudir al mercado y Bernabéu firmó a un brasileño y a un soriano. El sudamericano fue Darcy Silveira conocido como ‘Canario’, un extremo derecho potente, sacrificado, de mucho carácter y con un buen desborde. Mientras que el de Arcos de Jalón de nombre Luis del Sol y llegado del Betis se desempeñaba como interior siendo la calidad, su poderoso físico, el sentido táctico, la inteligencia, la resistencia y una enorme brega sus principales cualidades.

Los dos se unieron a la ‘Santisima Trinidad’ blanca que formaban Di Stéfano, Puskas y Gento y conquistaron la Copa de Europa de aquel año y las Ligas de 1961 y 1962. Del Sol llegó como refuerzo en el mes de abril casi recién terminada la Liga como refuerzo para la Copa del Generalísimo y la Copa de Europa, lo que unido a la condición de extranjero de ‘Canario’ (no podía jugar el torneo del KO), hizo que a los cinco no se les viese por primera vez sobre el césped hasta la vuelta de la semifinales de la competición continental. Pero aquel partido fue mítico por todo lo que supuso. Enfrente estaba el Barcelona al que ya se había ganado en casa y al que de nuevo se doblegó de forma extraordinaria en el Camp Nou. En un choque fabuloso de los hombres de Miguel Muñoz bailaron a los culés y les derrotaron por 1-3 con doblete de Puskas y un gol de Gento.

Tres semanas más tarde la vanguardia fue la titular en la histórica final contra el Eintracht de Frankfurt. Un duelo que está reconocido como el mejor que se ha visto en la lucha por el cetro europeo. La línea ofensiva blanca resultó imparable para la zaga germana que encajó siete tantos pero que pudieron ser varios más. Puskas hizo un póker de dianas y Di Stéfano logró un triplete pero la actuación también de Canario y Gento por las bandas y de Luis del Sol asistiendo, robando y distribuyendo fue realmente magistral.

En la campaña siguiente fueron una de las claves para conseguir una Liga que se resistía desde 1958. En la jornada 11 se cobraron en el Real Oviedo su primera gran víctima al endosarle un 7-0 en el Bernabéu con tres tantos de Del Sol y dos de Puskas y Gento. Una semana más tarde se exhibieron ante el Barça en su estadio al que vencieron por 3-5 con un papel determinante de Gento y a continuación también vencieron al Real Valladolid, al Real Betis por 0-5, a la Real Sociedad por 0-4, al Valencia, al Elche por ocho dianas (cuatro de Puskas) al Athletic Club o al Sevilla entre otros. Mientras que en los dos grandes partidos del año en el coliseo merengue tomaron buena cuenta de Atleti y Barcelona. A los colchoneros se les ganó con un Puskas en su habitual eficacia goleadora y los culés se les derrotó con nitidez pese al 3-2 final con dos tantos encajados en los últimos instantes. Por su parte en la Copa de Europa disputaron el fatídico encuentro de vuelta en el Camp Nou contra el conjunto blaugrana donde el colegiado inglés Mister Leafe no permitió a los madridistas que continuasen en el camino de su 6º entorchado consecutivo.

Un año después el cuadro blanco revalidó el título aunque la inclusión de Tejada por Canario impidió que el gran quinteto se viese con frecuencia en las alineaciones de Muñoz. Ese curso de 1961-1962 dejaron para las estadísticas un único triunfo importante contra el Real Oviedo en casa por 4-1 con goles de Gento (2), Di Stéfano y Puskas.

El proceso de renovación del conjunto madrileño tras su época dorada dio a mediados de la década de los 60 con una generación que también conocería el éxito nacional e internacional. Estaba compuesta por jugadores españoles y varios canteranos y les bautizaron como los ‘ye-yé’. Gento fue el nexo de unión entre las dos épocas y al cántabro le acompañaron en la delantera durante unos años fantásticos Serena, Amancio, Grosso y Velázquez.

Serena, Amancio Grosso, Velázquez, Gento

Serena fue un extremo diestro hábil, veloz, fino en el regate y buen toque de balón para poner centros con rosca. Criado en el club desde infantiles aprovechó las numerosas lesiones del fenomenal interior Félix Ruiz para hacerse un hueco en el once. Cuando jugaba él Amancio partía desde dentro para llegar a posiciones de delantero. El gallego fue un jugador majestuoso, un futbolista desequilibrante, imprevisible, muy habilidoso y buen rematador y magnífico de cara a gol. En la punta estaba Grosso que heredó el dorsal de Di Stéfano aunque no era un ariete al uso puesto que retrasaba su posición para abrir huecos en la zona del nueve. El capitalino destacaba por su astucia, su dinamismo, su llegada a gol desde atrás y su enorme esfuerzo y sacrificio. En la zona izquierda acompañando a Gento se ubicó Velázquez, un interior con gran clarividencia, elegancia, inteligencia y con una calidad y precisión en el pase maravillosa.

Miguel Muñoz les dio la alternativa en la jornada liguera número 15 cuando visitaban el Luis Sitjar. Velázquez entró en el once y la vanguardia arrasó a los baleares por 2-5 con un doblete del interior y dianas de Amancio, Serena y Grosso. Su buen hacer les permitió continuar en la cresta de ola y demostraron su calidad y eficiencia derrotando al Real Betis, el Pontevedra, el Valencia, el Atlético de Madrid en el Bernabéu por 3-1 o el Real Zaragoza. Por su parte en la Copa de Europa aparecieron en las semis contra el Inter de Helenio Herrera. En la ida en Chamartín un tanto de Pirri dio alas para la vuelta donde se igualó a uno con un gol de Amancio. En la final de lo que supondría la 6ª Copa de Europa para las vitrinas merengues el frente ofensivo se encargó de remontar al Partizan de Belgrado con un tanto repleto de calidad y habilidad del gallego y con un trallazo desde la lejanía de Serena.

Después de un curso donde el Atlético cortó la racha de victorias ligueras merengues el Real Madrid encadenó otros dos Campeonatos domésticos en 1967 y 1968. El eje ofensivo de la 6ª Copa de Europa siguió causando estragos en las defensas contrarias y obtuvieron triunfos destacables ante el Elche, Córdoba, y Sabadell en casa o el Sevilla lejos de la capital.

Con la llegada de los 70 varios componentes del plantel ‘ye-yé’ dejaron paso a los fichajes y además se produjo la retirada de Paco Gento tras 18 temporadas en el club. Procedentes del Racing de Santander llegaron dos sensacionales atacantes, Ico Aguilar por casi 16 millones de pesetas y Carlos Alonso ‘Santillana’. El primero fue la incorporación estrella y se trataba de un extremo veloz, técnico, refinado, habilidoso, con una gran precisión en su bota pero algo frío y miedoso. Mientras que el segundo actuaba como nueve siendo sus mejores habilidades la potencia en el salto y el remate de cabeza, el oportunismo, la garra y la astucia dentro del área. Los dos junto a Amancio que seguía a un nivel altísimo formaron un tridente atacante con grandes resultados entre 1971 y 1975.

Aguilar Amancio y Santillana

La retirada de Gento supuso un trauma en la banda izquierda blanca que no dio con un sustituto de garantías pese a pasar por allí zurdos como los argentinos Anzarda y Guerini o el murciano Macanás. Por ello Muñoz decidió cambiar de costado en numerosas ocasiones a Aguilar que era diestro y jugaba como ala por esa banda. En su primer año conquistaron la Liga tras aventajar al Valencia en dos puntos y después de brillantes partidos de los tres en la segunda vuelta como ante la Real Sociedad, el Español y la UD Las Palmas en casa o lejos de la capital frente al Sabadell y el conjunto che en un choque clave gracias a un tanto fundamental del extremo cántabro.

Después de un mal año en la temporada 1972-1973 y una Copa en 1974 accedió al cargo Miljanic para cosechar un gran doblete en la campaña 1974-1975. El trío formado por el gallego y los dos cántabros siguió contando para el yugoslavo logrando entre otros triunfos para el Campeonato liguero ante el Betis en el Bernabéu y en el Villamarín, el Elche con un doblete de Santillana o el RCD Español. Además en la final de Copa contra el Atlético de Madrid volvieron a reunirse en el césped en los últimos minutos de la prórroga tras entrar Aguilar al campo por Roberto Martínez. El resultado de 0-0 no se movió y en los penaltis Amancio y el ‘wing’ santanderino con el definitivo tanto ante Reina dieron el entorchado al equipo merengue en la tanda por 4-3.

La siguiente gran tripleta que surgió en 1979 y duraría hasta 1982 estuvo formada por Juanito, Santillana y Cunningham. El malagueño se volcaba a la derecha para desplegar su enorme talento, velocidad, habilidad, picardía, intuición, personalidad ganadora, carácter arrollador y eficacia goleadora. Por su parte el extremo zurdo británico fue un futbolista técnicamente sublime, muy elegante en su juego, rápido, elástico, con gran dominio del balón y un disparo poderoso y preciso.

Cunningham Santillana y Juanito

Un nuevo inquilino se sentó en el banquillo de la entidad capitalina para la temporada 1979-1980, Vujadin Boskov. Junto a él firmó el inglés tras abonar 123 millones de pesetas (según el presidente Luis de Carlos) por su traspaso al West Bromwich Albion. Esa campaña fue la mejor de la delantera que se hizo con otro doblete nacional. En el torneo liguero dominaron con su talento y eficacia anotadora quedando como víctimas un Valencia que encajó dos goles de Cunningham y uno de Santillana en el Bernabéu, el F.C. Barcelona que sucumbió por 3-2, el Hércules que se llevó cinco en una gran noche del ariete cántabro, el CD Málaga que recibió cuatro tantos en su feudo, la UD Las Palmas que vio como Juanito le firmaba un ‘hat-trick’, el conjunto culé en el Camp Nou que vivió un partido antológico de Cunningham que desquició a Zubiría o el Athletic Club que presenció el alirón merengue después de un 3-1 en el mes de mayo.

En la Copa no se les pudo ver hasta las semifinales pero fue en un duelo decisivo contra el viejo rival capitalino. El encuentro llegó a la prórroga y en la tanda de penaltis el Real Madrid venció a los rojiblancos errando el inglés pero acertando sus dos socios de ataque. Quince días después en la mítica final contra el Castilla el trío de ataque cuajó un excepcional papel con Juanito marcando en dos ocasiones y Santillana en una.

Un año más tarde su decepción fue tremenda en la final de la Copa de Europa contra el Liverpool donde formaron el eje ofensivo pero no consiguieron batir al guardameta red Ray Clemence. Su última gran actuación fue en la final de la Copa del Rey de 1982 en la que el conjunto madridista se impuso en Valladolid por 2-1 al Sporting de Gijón de los Maceda, Jiménez, Joaquín o Ferrero.

A Álvaro Peláez llegar al Madrid le había costado un triunfo. Por eso le supo a muy poco poder disputar sólo dos temporadas en el equipo de sus sueños. Desde su llegada en 1922, Peláez había alternado la titularidad con la suplencia en la delantera del conjunto blanco. Una desafortunada lesión, en 1924, le apartó de la práctica de fútbol en la élite. Para él era especialmente difícil de asumir que fuera su físico lo que le apartase de su mayor afición, ya que se le apodaba el Musculitos por el grosor de sus cortas piernas. Pese a lo amargo de una despedida tan prematura, Peláez se llevaba de la experiencia una amistad realmente sincera. Santiago se había convertido en lo más parecido a un hermano y sin duda su amistad se mantendría a pesar de dejar de compartir equipo. Por ello, en los años posteriores era frecuente que Álvaro y Santiago entrenasen juntos en el antiguo campo de Felipe II. Su amistad, ya entonces, resistía el antagonismo político que se daba entre ellos. Santiago, moderado ante todo, y Álvaro irredento y, ya entonces, militante comunista.

En paralelo con su irrupción en el partido comunista, Álvaro, junto a su mujer Lorenza, acometía el reto de formar una familia. Fruto del matrimonio vinieron al mundo Álvaro y Rosario. Pero realmente la vocación real de Álvaro era la política, por tanto, la desocupación de su familia iba derivando en cierto distanciamiento hacia la misma. Durante la segunda República, Álvaro ya era un popular miembro del partido. Desde su puesto de Comisario de Estado, tenía una frecuente presencia en los noticieros. Aparte de su domicilio familiar, tenía otra vivienda dimanante de su cargo. Su fuerte amistad con Santiago Carrillo le espoleaba como una figura cada vez más relevante. En aquella época se decía que Álvaro Peláez "se entendía" con la Pasionaria, sin estar este extremo confirmado. Lo que sí era ya un hecho es que su matrimonio con Lorenza se encontraba en lo que hoy se conoce como separación de hecho.

Tras el estallido de la Guerra, el domicilio familiar era uno de los lugares predilectos para la celebración de reuniones clandestinas hasta altas horas de la madrugada. El Musculitos no vacilaba en su implicación en la lucha armada. Muy lejos quedaba aquel chaval cuyo sueño era triunfar en su Madrid. Lo cierto es que tenía mucho que perder. Su situación económica era muy privilegiada: a su empresa de gaseosa unía lo que había recibido por herencia: medio barrio de Usera, pero tal era su vocación por el partido que no dudó en donar gran parte de sus bienes al PC.

Tras la derrota del bando republicano, Álvaro logró salir de España sin mirar atrás. Su primer destino fue México. En Madrid se quedaba una familia completamente desestructurada: Lorenza, su mujer, condenada a muerte por ser la esposa de un peligroso comunista; Álvaro hijo fue enviado a la familia del chófer de la familia (esas cosas pasaban entonces), mientras Rosario se quedó en el domicilio de unos tíos. Lorenza aguardaba en la cárcel de Las Ventas su ejecución, de la que finalmente se libraría gracias a la intermediación de José Antonio Girón de Velasco, amigo íntimo de un familiar de derechas. Su condena definitiva fue a un penitenciario de Mallorca durante diez años y un día.

Mientras, Álvaro conseguía llegar a Londres, lugar que utilizaría como escala para alcanzar Moscú. Una vez que se encontró en "zona segura" decidió estabilizarse en Varsovia. Aparte de a su familia, en España había dejado seis condenas a muerte, por lo que la vuelta pacífica era toda una utopía.

Rosario, ya estable junto a sus tíos, aún recordaba con espanto cómo en una visita a su madre a la cárcel de Las Ventas se encontró a la cocinera de su casa, que entre lágrimas le pidió un recuerdo que agarrar en el momento de su ejecución. Se hizo el firme propósito de nunca volver a pisar una cárcel. La lejanía de sus padres y los amargos recuerdos de aquella época no desmoronaron nunca a una Rosario que logró auto imponerse un reseteo de cerebro para volver a empezar. Además, Rosario también había asumido que estaría siempre lejos de su madre. Tras cumplir condena, ésta se había ido a vivir a Francia junto a su hijo Álvaro.

Poco a poco, Álvaro se fue forjando su carrera en Varsovia. Su matrimonio con una periodista alemana le ayudó a abrirse camino organizando espectáculos artísticos. Álvaro era toda una referencia para los artistas latinos que viajaban a Varsovia. El conocimiento de ocho idiomas y su don de gentes le hacían especialmente apto para aquel trabajo.

El único contacto que tenía con España era a través de su relación de amistad incondicional con Santiago, que tras convertirse en presidente del Real Madrid, ahora era más conocido como Bernabéu. Gracias a los viajes del club -tanto para partidos de fútbol, como de baloncesto- los dos amigos tenían la oportunidad de reencontrase. Con motivo de esos viajes, Álvaro forjó otra gran amistad con Raimundo Saporta.

Lo cierto es que a Álvaro algo le pesaba por encima de todas las cosas. Había dejado una familia atrás y, aunque su entrada en España parecía inviable, tenía que intentarlo. Así fue como, en un viaje de Bernabéu en 1967, le entregó una carta cuya destinataria era su hija Rosario. Fue el propio Bernabéu el que se presentó en la casa de una Rosario que ya había formado una familia junto a su marido Julio. Al recibir la carta, Rosario se estremeció. Santiago era una persona que formaba parte del recuerdo de su más tierna infancia, no era él el que provocaba la crisis, sino el deseo de su ya casi olvidado padre de hablar con ella por vía telefónica. La llamada más especial que haría Rosario en su vida tuvo como resultado un día, una hora y un punto de encuentro: las doce de la mañana de un 20 de marzo de 1967, en el puente de Hendaya.

La logística era la siguiente: Julio y Rosario se establecieron durante una semana en San Sebastián. Cada mañana, Julio acercaba al puente a su esposa Rosario, que lo cruzaba para encontrarse con su padre y así pasar el día entero con él. El primer día, Álvaro le tuvo que avisar sobre la vestimenta que llevaría, puesto que el reseteo auto impuesto por Rosario se había llevado el recuerdo de su padre de su cabeza. Pese a que seguía siendo totalmente fiel a sus ideales políticos, Álvaro le reconocía a su hija que en su balance vital pesaban más las cosas negativas que había hecho que las positivas. Tanto sufrimiento, tanto desapego forzoso, pero provocado, de su familia no había merecido tanto la pena. Ya era un hombre relativamente mayor y ahora sólo quería vivir, no pelear.

Pese a que difícilmente podían mantener una conversación política que no acabase en disputa, Bernabéu volvió a mojarse por su amigo de toda la vida y le consiguió un pasaporte temporal para venir a España. Gracias a su venida, pudo conocer a sus nietas Mercedes y Belén. Junto a su hija Rosario y el matrimonio Bernabéu, hizo una visita al estadio y al museo del club. Aquel modesto Madrid en el que había tratado de triunfar acababa de ser por sexta ocasión campeón de Europa y sus instalaciones estaban por encima de las expectativas que su mente habría podido imaginar en sus días en Varsovia, en los que dibujaba un pasado en el que, sin lesión, hubiera triunfado en su Madrid.

Durante esa primera visita, en el domicilio ahora de Rosario, se presentó la policía con la intención de interrogar en sus dependencias a Álvaro. Rosario le acompañó en todo momento, pero antes tuvo la prudencia de llamar a Santiago Bernabéu, que, a su vez, avisó a Saporta para que se presentase en la comisaría. El objetivo del interrogatorio era claro: saber cómo se encontraba la resistencia opositora fuera de España. Sin embargo, Álvaro les hizo entender que ya sólo era una persona que deseaba pasar tiempo con su familia. Su vinculación con esa resistencia ya había quedado en el olvido.

Tras esos momentos de tensión, Álvaro Peláez, Rosario y su marido Julio aceptaron gustosos la invitación a pasar unos días en Santa Pola, donde los Bernabéu tenían una segunda residencia.

Tras esta primera visita a España, y siempre por la intermediación de Bernabéu, vendrían muchas visitas más. Álvaro tenía dos familias y ya no quería dejar a Rosario de lado. Por ello, con periodicidad anual visitaba a su hija en España acompañado de su hijo José Luís, fruto de su matrimonio con su esposa alemana.

Tras una larga vida, Álvaro Peláez murió en Varsovia a los noventa y seis años. Su tumba fue profanada porque, pese a ya llevar muchos años en paz, Álvaro había dejado enemigos. Durante muchos años, su único punto de conexión con su tierra fue ese amigo del equipo de fútbol que terminaría por convertirse en el personaje más relevante en la historia del Real Madrid. La amistad surgida a partir del fútbol había sobrevivido a todo lo demás.

Gracias abuela Rosario por contarme la historia de tu padre, Álvaro Peláez, el Musculitos.

El nombre de Paco Gento está ligado a la banda izquierda del terreno de juego, a la conquista de innumerables títulos y a la historia del Real Madrid y del fútbol mundial. Un jugador legendario del deporte rey.

Su idilio con el balón comenzó en su Cantabria natal jugando en las filas de La Montaña, el Rayo Cantabria y el Racing de Santander. Precisamente con el cuadro santanderino debuta en Primera División frente al F.C. Barcelona en febrero de 1953. Apenas diez encuentros ligueros y cuatro de Copa son su bagaje antes del que el Real Madrid se fije en él y le contrate tras pagar un millón y medio de pesetas y las cesiones de Espina y Urcelay.

Nacido en Guarnizo el 21 de octubre de 1933, fue un extremo zurdo de una velocidad asombrosa, convirtiéndose en una auténtica pesadilla para las zagas rivales, que se veían desbordadas cuando arrancaba a correr. Además tenía una pierna izquierda muy precisa con la que realizaba excelentes centros y disparos, y un regate en seco que sorprendía a los laterales contrarios.

Sus comienzos en la Casa Blanca no fueron sencillos y en primera instancia se rumoreó una cesión al Celta o incluso un regreso al Racing en trueque con Espina. Sin embargo Di Stéfano, su nuevo compañero recién llegado esa campaña, convenció a Bernabéu de que Gento estaba por explotar. En la temporada de su debut levantó su primera Liga en un curso en el que compartió delantera con Joseíto, Olsen, ‘La Saeta Rubia’ y Molowny.

Di Stéfano Gento

En el verano de 1954 llegó al club Rial, lo que supuso una gran noticia para el cántabro. El interior argentino entendió a las mil maravillas el estilo de juego del extremo y con sus pases en profundidad maximizó todas las virtudes de Gento. Comenzaba así el período glorioso del club merengue, que se convertiría en los siguientes años en el mejor equipo del país, de Europa y del planeta.

El extremo siempre se caracterizó por su regularidad y apenas se perdía partidos por lesión. Uno de los grandes damnificados fue Manolín Bueno, otro futbolista zurdo de enorme calidad que se vio a la sombra de Gento durante muchos años. El de Guarnizo siempre completaba temporadas con más de 30 partidos en sus piernas y una media de 10 tantos por campaña.

Resultó fundamental en la conquista de las cinco Copas de Europa seguidas del Real Madrid de 1956 a 1960, pero sobre todo en dos de ellas, en la edición de 1957 cuando marcó el tanto de la tranquilidad en la final en el Bernabéu ante la Fiorentina y un año después, cuando el Milan de Giuseppe Viani les puso en serias dificultadas y una diana suya en la prórroga dio el tercer entorchado continental a los merengues.

Su extensísima carrera se prolongó también durante la década de los 60, en la que ya no estaba Rial pero sí Puskas, que con su prodigioso pie izquierdo le siguió surtiendo de balones para que Gento galopara por la banda. Con el magiar en el plantel, el cántabro cuajó probablemente su mejor temporada entre 1959 y 1960 al conseguir 14 tantos en Liga, desarbolar al F.C. Barcelona en un choque liguero disputado en el Camp Nou que finalizó 3-5 (dos goles llevaron su firma) y brillar con luz propia en la legendaria final contra el Eintracht en Hampden Park.

Además, Gento también figura como nexo de unión entre dos generaciones, la que había logrado llevar al Real Madrid a la gloria a finales de los 50 y una nueva repleta de jugadores españoles bautizada como ye-yé con ganas de comerse el mundo. Ese equipo, en el que destacaban Amancio, Pirri, Zoco, Grosso o Velázquez, se coronó campeón de Europa por sexta vez en 1966, siendo capitaneados por el extremo zurdo en Bruselas contra el Partizan de Belgrado.

Fijo para todos los entrenadores que tuvo en el Madrid -Enrique Fernández, Villalonga, Carniglia, Fleitas Solich y Miguel Muñoz- con los años perdió velocidad, pero continuó siendo constante su presencia en el once. En sus últimos tiempos como profesional prosiguió adornando su palmarés con tres Ligas entre 1967 y 1969 y una Copa en 1970 contra al Valencia en el Camp Nou. Sin embargo, una pequeña espina se cruzó en su camino al despedirse de forma oficial con la camiseta blanca en la derrota de la final de la Recopa contra el Chelsea en 1971 en el duelo de desempate.

El club, como no podía ser menos, le organizó en diciembre de 1972 un homenaje a la altura y, coincidiendo con el 25 aniversario del Santiago Bernabéu, se enfrentaron a Os Belenenses, el rival que inauguró el coliseo blanco. Gento marcó uno de los goles de la victoria y se despidió de la parroquia, que le tributó una gran ovación. Curiosamente ese fue el segundo homenaje a ‘La Galerna del Cantábrico’, puesto que en 1965 ante River Plate Bernabéu le impuso la Medalla al Mérito Deportivo por sus 12 años en la institución madrileña.

Paco Gento

Con la selección española también tuvo gran protagonismo durante más de una década, disputando 43 partidos y marcando cinco tantos. La primera oportunidad se la dio Ramón Melcón en el año 1955 cuando le convocó para un partido ante Inglaterra. El choque se jugó en un Chamartín a reventar y concluyó empate a uno. Un par de años después participó activamente en la clasificación para el Mundial de Suecia. Sin embargo, el equipo nacional, pese a tener un plantel de lujo, fracasó en la lucha por el billete mundialista tras tropezar en casa frente a Suiza.

El primer gol de Gento con España se hizo esperar y no llegó hasta 1959, en un duelo clasificatorio para la Euro del año siguiente contra Polonia. El zurdo aprovechó un buen centro de Olivella tras gran pase previo de Kubala para batir al arquero Stefaniszyn, según cuentan las crónicas de la época. Por problemas extradeportivos en la eliminatoria frente a la URSS los hispanos no llegaron a la fase final del torneo europeo, pero sí lo harían dos años más tarde al Mundial de Chile. El cántabro fue importante en los partidos contra Gales y Marruecos y posteriormente fue incluido en la lista de Helenio Herrera y Pablo Hernández Coronado.

En territorio chileno España cayó en el debut ante Checoslovaquia y estuvo cerca de tropezar también contra México si Gento no realiza una cabalgada maravillosa de área a área sorteando rivales para asistir a Peiró en el último minuto. Restaba la contienda contra el Brasil de Garrincha, Vavá o Didí y pese a que se jugó como nunca, dos dianas de la nueva perla brasileña Amarildo y una discutible actuación arbitral les apartaron de cuartos de final.

En 1964 el cuadro nacional vivió un gran momento de gloria con la conquista de la Eurocopa de Naciones en casa, pero para Villalonga el futbolista de Guarnizo no fue uno de sus fijos. Sí fue de la partida en eliminatorias previas, como ante Rumania o Irlanda del Norte en Belfast, en cuyo choque Gento resultó clave al anotar el tanto del triunfo, pero en la fase final Lapetra le arrebató el puesto. En la siguiente cita internacional el técnico cordobés sí premió su excelente año blanco donde ganó la 6ª Copa de Europa y fue titular en dos partidos del Mundial de Inglaterra actuando como capitán. Primero en la derrota contra Argentina y posteriormente en la victoria contra Suiza, que no sirvió para pasar de ronda.

Delantera ye-yé

Los últimos choques del extremo defendiendo a su país tuvieron lugar entre 1968 y 1969, contra Inglaterra en el Bernabéu en cuartos de final de la Eurocopa y Finlandia en La Línea en un encuentro de clasificación para el Mundial de México respectivamente.

Otro momento inolvidable de su carrera tuvo lugar en 1963, cuando fue convocado por la FIFA para una selección mundial que se enfrentó a Inglaterra en el centenario de su federación. El partido se disputó en Wembley y pudo compartir vestuario con otras leyendas del fútbol mundial como Yashin, Law, Masopust, Seeler o el luso Eusebio que llegó a decir de él que “era sin duda el mejor extremo izquierdo del mundo”.

En su vida posterior al césped Paco Gento ejerció como entrenador durante varios años. Dirigió a los juveniles del Real Madrid, al Castilla, al Castellón, al Palencia durante tres años y al Granada. Ya con la llegada del nuevo siglo fue nombrado Embajador del Madrid en Europa, lo que le hizo viajar con el primer equipo a numerosos partidos de Champions y mañana mismo -23 de octubre de 2016- los socios darán el sí para que sea anunciado como nuevo Presidente de Honor de la entidad merengue.

Un auténtico mito del balompié que vistió en 605 ocasiones la camiseta blanca, logrando 181 dianas y con un palmarés irrepetible en el que figuran 12 Ligas, 6 Copas de Europa, 2 Copas, 2 Copas Latinas, 1 Copa Intercontinental y un largo etcétera de trofeos individuales.

palmarés Gento

En la actualidad el club blanco cuenta con dos grandes disciplinas activas: el fútbol y el baloncesto. Sin embargo, a lo largo de su historia han sido numerosos los deportes que han tenido cabida, desde el tenis y el ping-pong al ajedrez, el balonmano o el voleibol.

En orden cronológico y tras la fundación de la institución futbolística en 1902, el siguiente deporte en formar parte de la idiosincrasia blanca fue el rugby. Uno de los impulsores a mediados de los años 20 fue un antiguo jugador de fútbol, el medio ala hispano-argentino Eulogio Aranguren y hermano de Sotero, que falleció en 1922 causando un enorme impacto en el mundo deportivo madrileño.

Durante casi una década compitieron en categoría regional, pero ya en la década de los 30 llegó el mejor momento cuando conquistaron la Copa de España frente al Universitario de Valencia en 1934. Tras algunos vaivenes, la sección desapareció en 1948 y cerca estuvo de volver en 2007 cuando con Ramón Calderón en la presidencia se firmó un acuerdo con el Club de Rugby CRC Madrid Pozuelo Boadilla. Sin embargo, las elecciones y la entrada de nuevo a la presidencia de Florentino Pérez hicieron que finalmente no se materializase la negociación.

Sección de Rugby del Real Madrid, 1925

Sección de Rugby del Real Madrid, 1925

Otros deportes de equipo destacables fueron el voleibol, el balonmano, el béisbol, el hockey, el baloncesto femenino y el fútbol sala. El voleibol es, tras el fútbol y el baloncesto, la sección que más éxitos y alegrías dieron al club. Creada en 1954 por Manuel Díez Serrano, en su primer año de vida ya logró la Copa de España. Jugadores importantes nacionales como De la Fuente, Escobar, Izquierdo, Feliciano Mayoral o Jaime Fernández Barros junto a los polacos Swieboski, Bogdam o Tylko impregnaron de un carácter ganador a un equipo que alcanzó siete Ligas, 12 Copas del Rey, un Campeonato Regional y llegó a semifinales de la Copa de Europa en el curso 1977-1978, la mejor participación de una escuadra española hasta el día de hoy. Lamentablemente, un lustro después, con la presidencia de Luis de Carlos, la sección dejó de existir.

Real Madrid voleibol

En balonmano la sección apareció justo con las Bodas de Oro de la entidad merengue y tuvo un total de siete años de vida. Había equipo en las modalidades de once y siete, y ambas tuvieron gran éxito. En balonmano once se ganaron dos Campeonatos Nacionales en 1952 y 1955, mientras que en el siete, con la aportación de Espinosa, Abad, Félix Sánchez, Pérez Mínguez o el sueco Forsberg, se derrotó en la final de la Liga al San Gervasio catalán en 1953.

Real Madrid balonmano

Real Madrid balonmano

Por su parte, el equipo de béisbol surgió un año después de la creación de la Federación Española. Conquistó su primer campeonato frente al F.C. Barcelona y luego repitió en siete ocasiones más. Además, también cosechó sendos títulos de la Liga Nacional en 1959 y 1961, y antes de su extinción en 1963 sobresalieron en esa disciplina George Young, Jacinto y sus hijos Rafael y José Luis Barrios, Roberto López y sobre todo el capitán Cecilio Gandul.

Real Madrid beisbol

Real Madrid beisbol

En hockey existió equipo en las cuatro modalidades: hielo, hierba, patines y sala. El hockey hielo arranca con la pista construida en la Ciudad Deportiva en 1969, pero el nulo interés de los aficionados hizo que desapareciese con rapidez. En el estilo de hierba la eclosión se produce en los años 20 con numerosas participaciones en el Campeonato Regional Centro. El hockey sobre patines, con una cantera envidiada en el resto de España, vive luchas muy intensas con el F.C. Barcelona en la categoría de plata, mientras que en hockey sala, aunque compite con las siglas de A.D. Plus Ultra, se proclama en una oportunidad campeón de Liga.

El deporte de la canasta también tuvo su división femenina. Apenas unos años después de crearse la masculina las mujeres mostraron interés por practicar el deporte y la sección de baloncesto femenino comenzó con un primer equipo y un filial en 1934. A diferencia de los hombres, además en ese momento se jugaba con seis jugadoras en la cancha.

Real Madrid baloncesto femenino

Real Madrid baloncesto femenino

Hasta mediados de los 40 se lograron dos Campeonatos de Castilla y en el Campeonato Nacional de Copa del año 1943 se queda en segunda posición. Unos meses más tarde se confirmó la desaparición de la sección hasta que un acuerdo con el Colegio Reunidos de Educación Física Femenina, con la dirección de Raimundo Saporta e Ignacio Pinedo, hizo que la disciplina volviese de forma oficiosa a la entidad de Chamartín. El equipo vestía uniforme blanco y utilizaba la cancha de la Ciudad Deportiva para disputar sus choques. Hasta que la escuadra quedó desvinculada totalmente del Real Madrid en 1977 consiguieron nueve Ligas, cuatro Copas y participaron sin éxito en la Copa de Europa, cuya hegemonía pertenecía a los equipos soviéticos.

Por último, el fútbol sala emergió con la edificación de la Ciudad Deportiva en 1963. En su interior se construyeron varias canchas para acoger este deporte con una principal techada que daba cobijo a 4.000 espectadores. Pero más que destacar por sus triunfos y victorias, sirvió para sacar a muchos talentos nacionales gracias a una labor de cantera extraordinaria en la década de los 70 y 80.

Por otra parte, en otras disciplinas muy populares como el ajedrez, el atletismo o el tenis grandes figuras nacionales en la historia del deporte hispano han vestido los colores del Real Madrid. Las instalaciones del club blanco acogieron varias ediciones de un prestigioso Torneo Internacional de Ajedrez en el que participó por parte del Madrid el maestro internacional Arturo Pomar.

Arturo Pomar

Arturo Pomar

El atletismo se fundó en 1930 con Heliodoro Ruiz (profesión de Educación Física de la infancia del Rey Juan Carlos I) a la cabeza en una etapa que dura tres años. Tras la guerra, de nuevo Heliodoro refunda la sección y décadas más tarde con la pista de atletismo situada en la Ciudad Deportiva el deporte da un gran impulso. Son tiempos en los que figuran en la entidad el maratoniano Agustín Fernández, Bernardino Lombao, el ‘milqui’ José Luis González o Miguel de la Quadra-Salcedo. El famoso aventurero, que durante muchos años apareció en la televisión española recorriendo el planeta, fue en sus tiempos mozos un atleta extraordinario. Se proclamó en nueve ocasiones campeón de España, seis en disco, dos en peso y una en martillo, aunque su verdadera especialidad fue la jabalina. En esta disciplina llegó a batir el récord del mundo pero con una técnica llamada “a lo vasco” que la IAAF no homologó al calificarla de peligrosa. La desaparición de la sección de atletismo después de casi 30 años de servicio al club merengue tuvo lugar en los primeros meses de la década de los 80.

Miguel de la Quadra-Salcedo

Miguel de la Quadra-Salcedo

En tenis todo gira en torno a una persona: Manolo Santana. El tenista de la capital fichó muy joven por la institución merengue, concretamente en 1960 con apenas 22 años. Con el escudo en su camiseta levantó el mítico trofeo de Wimbledon en 1966, dos ediciones del Conde de Godó y dos Campeonatos de España. Para Santiago Bernabéu fue una sección muy importante, sobre todo en el sentido amateur y las pistas ubicadas en la antigua Ciudad Deportiva eran una de las atracciones de la zona hasta los años 80.

Santana

En cuanto a otras disciplinas de menor rango hay que destacar la sección de bolos, la de boxeo con victorias en Europa de ‘Young’ Martin o Fred Galiana en los 50, la de ciclismo antes de la Guerra Civil con Vicente Carretero y Julián Berrendero como protagonistas, la de gimnasia, en la que también tuvo mucho que ver Heliodoro Ruiz, y donde una hija de Alfredo Di Stéfano destacaba de manera excepcional, la de halterofilia con el famoso actor Jacinto Molina Álvarez, artísticamente conocido como Paul Naschy en primera línea, la de lucha grecorromana con siete entorchados nacionales, la de natación en un primer periodo en los años 30 con una piscina al lado de Chamartín y posteriormente en los 60 con el complejo ubicado en la actual “Esquina del Bernabéu”, la de patinaje sobre hielo, la de pelota, la de petanca, la de remo, la de ping-pong o la de tiro con arco.

Paul Naschy

En la actualidad son muchas las voces que piden que el Real Madrid amplíe su catálogo de secciones con un equipo de fútbol sala y además conjuntos femeninos tanto en fútbol como baloncesto. Sin embargo, a corto plazo no parece que vaya a haber novedades al respecto.

Pedro de Felipe no fue un dechado de virtudes técnicas pero suplió sus deficiencias con esfuerzo, pasión, entrega y amor a unos colores. Nacido en la capital de España el 18 de julio de 1944, fue un defensa central sobrio, eficiente, contundente, con un buen juego aéreo y gran sentido de la anticipación.

Su llegada al club se produce con apenas 16 años. Pedro es un chaval que vive cerca del estadio Metropolitano donde juega el Atleti pero por sus venas corre sangre blanca. Entra a formar parte del equipo aficionado y allí el técnico Pedro Eguíluz se queda prendado de sus condiciones, informando a la parcela técnica del club de que tiene en su plantel al posible sustituto de Santamaría para la primera plantilla.

Tras una cesión al Rayo Vallecano con el que juega en Segunda División, debuta con el Real Madrid a principios de la campaña 1964-1965, en un duelo liguero en el Santiago Bernabéu con victoria frente al Real Oviedo. Unos días después también disputa sus primeros minutos en la Copa de Europa contra los daneses del B1909, aunque su presencia esa temporada sólo se extiende en tres choques más de la competición doméstica que acaba conquistando el Madrid con cuatro puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid.

Al año siguiente el declive de Santamaría era evidente y Muñoz le dio la alternativa en la zaga titular. Un curso que fue histórico al cosechar la sexta Copa de Europa con un equipo repleto de jugadores españoles en la final y buenos momentos en las eliminatorias previas de Puskas y el central uruguayo. De Felipe jugó en el choque de ida de dieciseisavos ante el Feyenoord y en el de vuelta de octavos frente al Kilmanock escocés para no dejar el once en el resto del torneo.

Pedro De Felipe

En cuartos tocó remontar contra el Anderlecht en el Bernabéu al caer 1-0 en Bruselas, y en semis llegó el rival más duro, el Inter de Milán de Helenio Herrera. El primer partido acabó con una victoria mínima de los blancos gracias a un tanto de Pirri que hubo que defender en el Giuseppe Meazza. Allí emergió Pedro de Felipe junto a Pachín y Sanchís para detener a los Peiró, Mazzola, Jair, Luis Suárez y compañía. Con un empate a uno, el Madrid accedió a la final. En Heysel y con mucho emigrante hispano en la grada, el Partizan se adelantó por medio de Vasovic pero dos tantos en pocos minutos de Amancio y Serena dieron el título continental a los merengues.

En el trienio siguiente, que abarca desde la temporada 1966-1967 al curso 1968-1969, el Real Madrid fue imbatible en el Campeonato de Liga. De Felipe fue el cacique de la defensa en el primer y el tercer título formando pareja ya con Zoco mientras que en el segundo entorchado obtenido en 1968 apenas jugó seis partidos. La razón fue que en su primera convocatoria con la selección española, en el homenaje a Ricardo Zamora, se rompió el menisco contra un combinado mundial, lesión que le tuvo apartado de los terrenos de juego durante varios meses. Años después se quitó la espina al ser internacional en un duelo contra Turquía, pero su mejor recuerdo con el equipo nacional fue el triunfo en el Mundial de selecciones militares de 1965.

Con la llegada de la década de los 70 añadió a su palmarés el único trofeo que le restaba, la Copa. Sólo tuvo participación en el estreno de la competición frente al Castellón y desde el banquillo observó la victoria madridista en la final contra el Valencia por 3-1 en el Camp Nou. Había comenzado el curso como titular, pero la aparición fulgurante de Goyo Benito le iba a ir apartando del once paulatinamente.

En su última temporada (1971-1972) apenas disfrutó de continuidad, pero si ayudó en once encuentros de Liga a que el equipo superase al Valencia y el Barça en la lucha por el Campeonato Nacional. La relación que mantenía con Miguel Muñoz no era la misma desde hacía un año cuando criticó al técnico por su suplencia, y en el verano del 72 Bernabéu le concedió la carta de libertad. Acababa de esa forma una etapa en la entidad de Chamartín que duró ocho temporadas y en las que no marcó ningún tanto en 169 partidos oficiales.

Por entonces tenía 28 años y aún le quedaba fútbol en sus piernas. Firmó por el Español donde fue clave por su experiencia en la defensa perica. Tuvo como socios en la zaga a Ochoa, Ortiz Aquino, ‘Pepito’ Ramos o Verdugo y completó seis años a buen nivel hasta que colgó las botas en 1978.

En su vida posterior al balompié, ejerció como secretario técnico del Espanyol o secretario general del Almería, y en los últimos tiempos fue muy conocido además por ser el representante de Vicente Del Bosque.

Pedro de Felipe ha muerto a los 71 años, rubricando una negra racha de fallecimientos de leyendas del Madrid yeyé.  Betancort, Zoco y Velázquez le han precedido reciente y tristemente.

 

 

 

 

 

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