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El Madrid de la posguerra (años 40)

El Madrid de la posguerra (años 40)

Escrito por: Manuel Matamoros24 marzo, 2020
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Mi Real Madrid favorito

El Real Madrid de la posguerra (años 40)*

 

PARTE I

Al cronista de Madrid Pedro Montoliú le contó Carlos Mingote que antes de la guerra había sido encargado de ventas en la Sociedad Metalúrgica de la calle Méndez Álvaro. Terminando el mes de abril del 39, se acercó con el director a comprobar cómo estaba la empresa. Había funcionado durante la guerra, y no la encontraron mal. Tres personas que vivían en una casita aneja la habían vigilado, y dentro había lo suficiente para reabrir. Se pusieron, entonces, a buscar a su gente. De los 400 que trabajaban con ellos antes de la guerra, más de la mitad estaban muertos, o presos, o huidos.

No os traigo noticias de un gran palmarés. Durante las trece temporadas siguientes al final del la guerra, el palmarés del Madrid sólo crecerá en un par de títulos oficiales. Pasarán hoy desapercibidos, probablemente, entre las decenas que abarrotan las repletas vitrinas del Tour del Bernabéu. Buscad dos copas del Generalísimo, cuyas finales de 1946 y 1947 ganó en Montjuic al Valencia, y en Riazor al Español. Antes, sólo había alcanzado la final del 43, que perdió en la prórroga frente al Athletic Club, más conocido como “el Bilbao” por aquél entonces. Y sus clasificaciones en Liga son, en general, mediocres. Sólo en dos ocasiones fue segundo. La temporada 44-45 quedó a un punto del Barcelona, que había ganado la Liga la jornada anterior. Y la 41-42 había terminado a 7 puntos del Valencia, con 52 puntos en disputa. Pero la temporada siguiente terminó 10º, raspando la promoción de permanencia. Y en el 48 obtuvo la peor clasificación de su historia, al terminar 11º de 14 equipos, jugándose el descenso hasta la última jornada.

Campeón de Copa 1946

Tampoco os podré recitar alineaciones largamente recordadas, formaciones de magníficos e inolvidables futbolistas, a los que se dedica un minuto en las gradas del Estadio. No ocurre así, es verdad, pero sólo porque somos injustos, que no por falta de mérito. Si éste es uno de mis Madrid más admirados, lo es por protagonista de la época más exigente para el club —los socios, los directivos, los jugadores— desde los días, entonces no tan lejanos, de su fundación. Serán equipos poco relevantes en las salas del Tour del Bernabéu, pero afirmad, sin riesgo a equivocaros, que sin el heroísmo de esta generación hoy nadie haría ese Tour. El Madrid estaba forjando victorias más decisivas. La temporada que os he dicho que terminó al borde del descenso había inaugurado el Estadio del Real Madrid, conocido como Nuevo Chamartín, cuyo marcador abrió a la gloria futura Sabino Barinaga, elemento destacado en esa fecunda relación del Madrid con los futbolistas vascos, interrumpida por la guerra y el exilio, que tendrá continuidad durante esta década. Comencé rememorando el dolor de 1939, porque aprender a apreciar el Madrid que me toca contaros exige prestar mucha más atención que de costumbre al entorno social del tiempo en que existió.

equipos poco relevantes en las salas del Tour del Bernabéu, pero afirmad, sin riesgo a equivocaros, que sin el heroísmo de esta generación hoy nadie haría ese Tour.

Vamos, pues, a viajar a Madrid, la ciudad donde los guardias multan con 10 pesetas a las parejas que encuentran besándose, y acaba de prohibirse el tango, un baile decadente. El alimento, racionado, solo puede comprarse con los cupones semanales de una cartilla de abastecimiento por familia, o se busca, a precios inasequibles para la mayoría, en el mercado negro; alguno se las apaña para criar gallinas en su piso, y mira, come huevos, en vez de puré de San Antonio, como dicen a la harina de almorta que salvará a tantos de morir de hambre, hasta que las autoridades la prohíban hacia mitad de la década, aunque desde el 40 se conociera que su consumo continuo causa una enfermedad neurotóxica. Ahora, para divertirse hay que llevar encima la chapa del Auxilio Social, que acabará siendo de cartón, porque se cambia cada quince días. Te la piden para entrar en el cine, la kermés, o el fútbol que, por fin, ha vuelto.

El primero de mayo, en Vallecas, empataron a uno el Alavés y el Athletic Aviación. El Metropolitano está destruido, pero como ahora son el equipo de los militares, ningún problema tendrán para ampliarlo incluso. El fútbol está de regreso, y los madrileños llenarán los campos, con más pasión aún que antes de la guerra, para vaciar en ellos sus ganas de vivir, que son tantas y más, son infinitas, porque vienen de sufrir atrocidades, asesinatos, bombardeos, de vivir tanta muerte; y en Europa los jóvenes están matándose por millones, y la tuberculosis y la bronquitis nos arrancan más de tres mil vecinos cada año; y la higiene es tan mala, y la alimentación peor, que otros tantos se nos mueren de diarrea y enteritis; y hay tanta gente en la calle, que se ha quedado sin hogar, viviendo entre ruinas, miles y miles, sesenta mil contará la oficina técnica del plan; y el Retiro ha perdido diez mil árboles, muertos para que los madrileños no mueran de frío.

Es tal el estado de las cosas que la censura, normalmente ocupada en que no se publiquen malas noticias, tendrá que ocuparse de que tampoco se publiquen las que parecen buenas. El 6 de noviembre del 40, por ejemplo, prohibirá a los diarios dar cualquier «noticia relativa a una comida que tendrá lugar en un restaurante de Madrid, organizada por los redactores de deportes de la Prensa madrileña». Y cuando los redactores de deportes cronifiquen su voluntad de socializar en forma de banquete, el 7 de febrero de 1941 reiterará la consigna de que los madrileños no tengan noticia de la «comida o cena mensual de cronistas deportivos». Lo que quiera hacer el Madrid sucederá en medio de esta ciudad rota, y se representará, o no, lo que diga la censura, en un escenario en el que casi todo es mentira. Pero a lo largo de esta década larga, el color de la vida cotidiana irá virando imperceptiblemente al blanco sucio de mi infancia, desde el más siniestro de los negros, en esa capital de España lóbrega y gris, donde nuestro Madrid renace con voluntad de ser, y será, a veces candil, a veces acuarela.

a lo largo de esta década larga, el color de la vida cotidiana irá virando imperceptiblemente al blanco sucio de mi infancia, desde el más siniestro de los negros, en esa capital de España lóbrega y gris, donde nuestro Madrid renace con voluntad de ser, y será, a veces candil, a veces acuarela

Preside los tiempos una decidida voluntad rebelde a la extinción, representada en el rito bautismal del órgano provisional de gobierno que constituyen entre veteranos dirigentes: Junta de Salvación, lo designan. Su primer acto será reivindicar la identidad y proteger la independencia del Madrid, al rechazar la fusión con el Aviación Nacional, a que apremia la Superioridad. Sagaces, eligen presidente un general, el mejor interlocutor con el Mando, porque han decidido que vamos a reconstruir Chamartín, con nuestros propios recursos. Es primavera. Y el fútbol que empieza a recuperarse en mi ciudad, la del Madrid, la nuestra, viene preñado de voluntad romántica.