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Presentes prosaicos

Presentes prosaicos

Escrito por: Antonio Escohotado23 septiembre, 2018
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A veces procede ganar despacio, como tras el gran partido del miércoles, y eso fue haciendo el Real hasta que la pelota entró. Ante equipos de primera eso siempre tiene sus riesgos, empezando por verse ante un marcador en contra; pero no solo es humano sino razonable jugar sin meterle la última velocidad, y por eso el cada vez más claramente sensato Lopetegui dejó en el banquillo entre otros a Bale, cuyo compromiso con el equipo –antes era como si solo lo pretendiera, mediando cierta desconfianza- podría ser uno de los logros decisivos para la actual temporada.

Otro de los progresos es que se acabaron los centros a la olla, una constante del fútbol colegial que Zidane consintió durante sus años como entrenador, y ahora se dirían prohibidos salvo casos excepcionales.  Nada es más cómodo para una defensa que repeler semejantes envíos al bulto, cuando uno o dos hombres deben recibir de espaldas o de perfil ante cuatro o cinco contrarios que juegan de frente, y suelen ser más altos. Así vimos al eximio Marcelo lanzar centenares de pelotas infructuosas, cuando ahora trenza encajes por norma, y abundan triangulaciones en los bordes del área, que serían letales si dicho progreso no topara en los últimos tiempos con empalmes a las nubes y episodios de no acertarle siquiera al balón.

Es de esperar que esa anomalía cese, y -a despecho del comportamiento reservón desplegado anoche- me parece que el equipo está mostrando maneras imponentes, capaces de aplastar a rivales con menos capacidad combinativa, en última instancia gracias a creerse y no creerse ser quien es, como los egos amenazados por ataques de autoimportancia, pero movidos también a asumir responsabilidad por el magisterio de un oficio. Se diría que el tiempo decidió quedar en suspenso, atónito ante quien pierde lo pequeño pero gana lo grande año tras año, y todavía aguarda el partido grandioso ante un rival grandioso, con YouTube de mediador para el planeta entero.

Llorente, que salió para asegurar el resultado, exhibió fuerza, elasticidad y hasta un espléndido pase al hueco, sin perjuicio de chutar como un alevín llegada la ocasión. Al Real de hoy quizá le pasa lo mismo, llamado a cada día a dar el golpe de gracia cuando se viene hartando de darlo, aunque la excelencia sea siempre un paso más allá de todo lo conocido.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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