Se dice a menudo que el fútbol es el último refugio de la pasión genuina. Incluso nuestro querido Jorge Valdano dijo: “El futbol es lo mas importante de las cosas menos importantes”, y el fútbol es lo que nos reúne en este portal; pero lo que estamos presenciando es su progresiva mutación hacia algo oscuro y artificial. Lo que antes era un deporte de hombres, de sudor y de jerarquías naturales se ha transformado en una suerte de droga sintética digital, una anestesia colectiva diseñada para embotar el sentido crítico de las masas. Estamos asistiendo a un funeral en directo: el del fútbol como deporte de valores. Lo que se nos vende como el Mundial 2026 no es más que una coreografía de intereses donde la pelota es lo de menos; un "pan y circo" de dimensiones globales.
El plan del señor calvo fue brillante en su perversidad. Llegó tras el FIFA Gate, prometiendo limpiar una institución que se desnudó como un nido de traficantes de influencias. Pero el cambio no fue de ética, sino de estrategia. Mientras la FIFA se "lavaba la cara", un protagonista argentino —aquel que por esos mismos días renunció a su selección acusando a la Conmebol de corrupción en favor de Brasil— se convertía en el eje gravitacional de un sistema que huele exactamente igual que el Negreirato. Corrupción hasta el tuétano.

No podemos separar ambos mundos. Mucho menos nosotros, madridistas. Mientras ese club de la esquina norte de España pagaba millonadas a un directivo del Comité Técnico de Árbitros durante- al menos- 17 años, sin dudas el mayor caso de corrupción deportiva de la historia, un jugador de ese club disparaba su carrera internacional mediante un ecosistema de ayudas perfectamente engrasado. Las estadisticas del palmarés de su selección pre y post Infantino son lapidarias. Se le crearon torneos hasta que los ganó, se metió forzadamente a su club en el primer mundial de clubes, porque sí. La inmundicia del 2022 ya se nos olvidó.
La sátira se vuelve realidad: el "índice corruptor" de Negreira, aquellas anotaciones a mano alzada que sumaban o restaban puntos a los árbitros para decidir quién ascendía (es decir, quién recibía cientos de miles de euros o quién se quedaba rezagado en su carrera) tiene su equivalente en el "índice amenazante" del mismo jugador argentino que vimos hace unos días, con la impunidad de quien sabe que el sistema no permite que se le lleve la contraria. Las casualidades, como en el caso español, se han acumulado hasta convertirse en causalidades.
Mientras ese club de la esquina norte de España pagaba millonadas a un directivo del Comité Técnico de Árbitros durante- al menos- 17 años, sin dudas el mayor caso de corrupción deportiva de la historia, un jugador de ese club disparaba su carrera internacional mediante un ecosistema de ayudas perfectamente engrasado
Y es aquí donde el madridista, con el colmillo retorcido por años de sufrir esta metodología, debe disparar sus preguntas al vacío, aquí es donde nos volvemos socráticos o mouriñísticos:
• ¿Por qué el polaco Marciniak le pita cuatro veces en tres mundiales a esa selección?
• ¿Por qué el árbitro del reciente duelo contra Inglaterra, es un colegiado de la MLS y tiene un historial de decisiones polémicas siempre favorables a ese equipo rosado donde juega el argentino?
• ¿Por qué, entre cientos de árbitros, el patrón de elección es tan... estadísticamente improbable?
• ¿Por qué esta selección jugó casi siempre de noche, evitando el desgastante sol abrasador del verano estadounidense, mientras el resto se cocía al mediodía, y cuando esta selección jugó temprano fue en estadios climatizados y techados?
• ¿Por qué recorrió menos kilómetros que nadie mientras sus rivales pasaban horas en aviones, aeropuertos y traslados?
• ¿Por qué el VAR, esa supuesta justicia absoluta, pareciera que tiene una cláusula de exclusión cuando se trata de ellos? También, en este caso, las estadísticas no mienten, como ya se ha hecho un slogan: “Dato mata relato”.
• ¿Por qué ahora un sorteo se convierte en un "sistema tipo tenis" para evitar cruces incómodos, rompiendo la aleatoriedad por decreto?
• ¿Por qué cada partido de esta selección termina en polémica, siempre con el mismo beneficiado? El mismo arbitraje sibilino, casi imperceptible (no para los madridistas, entrenados rigurosamente cada fin de semana en la exigente y Mugrienta Liga Negreira).
• ¿Por qué la FIFA no sanciona a esta selección luego de mostrar carteles alusivos a guerras y conflictos geopolíticos, acción que esta prohibida y sancionada?

• ¿Por qué esa selección se cansa de dar patadas, golpes, codazos, empujones y no solo no reciben tarjetas, sino que no pitan esas faltas?
• ¿Por qué los criterios para penaltis son tan distintos? ¿Por qué siempre favorecen al mismo?
Una de las respuestas a estas preguntas es el retorno de inversión. Si seguimos el rastro del dinero, el Mundial ya no es un torneo deportivo donde acuden las mejores selecciones del planeta para competir e intentar demostrar qué equipo es mejor. No. Ya se convirtió en una oportunidad de negocio, en una optimización financiera para quien quiera participar. Es un engranaje donde la marca deportiva global que viste tanto a la selección campeona como a la subcampeona (esa, la de las tres rayas), la cadena de hamburguesas (la de los arcos) que tiene como imagen al extremo derecho español, la marca de cerveza americana que patrocina el adulterado premio MVP y que tiene al argentino como imagen, igual a la reconocida marca de patatas fritas, dictan el destino de los partidos. Todo se mide en ratings y exposición digital. Todas estas marcas son socios globales y patrocinadores principales de la Copa del Mundo. Sus contratos tienen cláusulas variables de alcance; si el protagonista cae, la inversión pierde valor. Lo mejor que puede pasarle a estas marcas es que esas dos selecciones, justo esas dos, lleguen a la instancia final. Voilá.
Al igual que la UCI protegió a su héroe Lance Armstrong durante mucho tiempo, pues su gesta deportiva hizo multiplicar la venta de bicicletas en el mundo e hizo crecer el negocio del ciclismo, ahora la FIFA protege y mima al pibe que genera dinero, protagonista de una historia bonita, épica; y ante nuestros ojos van a pasarle el cetro al extremo español. Esto es así, quien no lo quiera ver allá el.
Mientras el balón rueda, hay una investigación del FBI que involucra a la Federación de ese país y la FIFA, por unos pagos de mas de 300 millones de dólares. Empresas de maletín, altas comisiones, poca transparencia. Tu cara me suena.
Todas estas marcas son socios globales y patrocinantes principales de la Copa del Mundo. Sus contratos tienen cláusulas variables de alcance; si el protagonista cae, la inversión pierde valor
El fútbol trasciende fronteras, generos, y razas. La FIFA tiene mas miembros que la ONU. Su poder es inconmesurable. La codicia y la ambición aterrizan en el fútbol como campo fértil para sus tretas. Tal como han hecho con la política, con el cine y la prensa. Entran, se alojan, tejen y cobran. Dejan todo podrido a su paso, se van con el bolsillo lleno.
Están matando al fútbol. Mi deporte favorito. Mi pasión. Mi lugar seguro.
Creo que Florentino, sabio y visionario como nadie, se dio cuenta hace tiempo de esta nefasta situación, intentó desde su ámbito crear un torneo élite, la Superliga, donde se enfrentarían los mejores (los de verdad) y cuya transmisión sería abierta en streaming, sin intermediarios, sin trafico de influencias, sin votos. Una propuesta transparente, para que el dinero generado se devuelva a los clubes participantes, quienes son los que verdaderamente gestionan el día a día del futbol mundial.
Así que no me importa quién gane hoy. Y, desde ya, no me importa quien gane el Mundial 2030.
Viendo redes sociales estos días, pareciera que nosotros, el pueblo, nos estamos debatiendo entre un futbol limpio y un oscuro negocio de entretenimiento: nos estamos debatiendo entre el Real Madrid y el resto.
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Pan y circo
Lo que en Roma era pan y circo se ha convertido en terracitas y futbol
Lo del cartel de las Malvinas es grave, está clarísimo que no se puede mostrar ninguna reclamación política que eso es sanción, dos jugadores de la selección española hicieron unos cánticos en la celebración de la última Eurocopa y los sancionaron, que aquí no se haga con un cartel hecho con premeditación es acongojante.
Pero bueno, con que el var no haga nada raro y el árbitro sancione las faltas como dice el reglamento me conformo.