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Paisajes del Real Madrid (V)

Paisajes del Real Madrid (V)

Escrito por: Athos Dumas31 mayo, 2019
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El estadio Santiago Bernabéu (2ª parte)

 

Como ya comenté en el capítulo 4 de esta serie, mi primera visita para asistir a un partido en el glorioso templo de Chamartín fue en 1972, con motivo del segundo homenaje a Don Paco Gento. Tengo en mi mente algún chispazo de memoria de haber asistido antes, ya que recuerdo haber visto sobre el césped jugar a Antonio Betancort, a Verdugo, a Planelles, a Rafa Marañón y a Eduardo Anzarda, por ejemplo. Pero no logro fijar a ninguno de ellos en un partido o contra un rival concreto. A partir de 1973, cuando se volvieron a abrir las fronteras para jugadores extranjeros (los “oriundos” como Touriño o Fleitas sí estaban permitidos), ya iba asiduamente al estadio casi cada domingo, en aquel año en que se fichó a Günter Netzer y al extremo Oscar “Pinino” Mas.

Las temporadas solían empezar con homenajes a jugadores que se retiraban y recuerdo el del 3 de septiembre (como regalo de cumpleaños) de 1975 al gran Amancio Amaro (ante Peñarol) o el de Manolo Velázquez (ante el Eintracht Braunschweig) en agosto de 1977, todo ellos, por supuesto, antes de que se instaurara el Trofeo Santiago Bernabéu. Los partidos eran los domingos poco después de la hora de comer (4 de la tarde), y muchos espectadores llevaban radios (las llamábamos “chicharras”) para poder seguir el resto de los encuentros de la jornada (ya que todos los partidos se jugaban a la misma hora), normalmente sintonizando aquel espléndido - nada que ver con los de ahora - Carrusel Deportivo conducido magníficamente por el maestro Vicente Marco y animado por el mítico Juan de Toro, el que proclamaba a los cuatro vientos las bondades del Anís de la Asturiana “su presencia siempre agrada”. Era práctica habitual en las familias - al menos en la mía - los domingos que el Madrid no jugaba en casa escuchar el Carrusel, mientras que en otra habitación los no futboleros solían ver “La casa de la pradera” en la televisión. Inolvidables eran aquellas conexiones con los estadios de Altabix, Pasarón, Castalia o con la Creu Alta de Sabadell, “el hogar del equipo arlequinado”.

Dentro del estadio, quienes no llevaban los pesados transistores podían seguir los demás partidos por medio del “Marcador simultáneo Dardo”, en el que varias empresas esponsorizaban el campeonato nacional de Liga: para poder enterarse de algo,  había que llevar al estadio las claves de ese domingo – salían en todos los periódicos del domingo, como en ABC o en el “Ya” -  de tal manera que el partido “Camisas IKE” era el Córdoba-Atlético de Madrid y “Relojes Radiant” correspondía al Valencia-Oviedo.

 

Al atravesar por la puerta 23 del Fondo Norte, se accedía a las gradas y me llamaba mucho la atención la palabra “vomitorio” escrita en todas partes. Obviamente le preguntaba a mi padre qué significaba esa fea palabra y me hablaba de su origen en los circos romanos. Luego había que posicionarse en la grada de pie, mejor no llegar con el tiempo muy justo, y también mejor no colocarse detrás de las barras que poblaban el fondo ya que en caso de “avalanchas” cuando se sacaba un córner o una falta lateral con cierto peligro, había un claro riesgo de clavarse el pecho con la barra y por lo tanto hacerse bastante daño. No olvidemos que más del 70% de las localidades del estadio eran entonces de pie.

En los meses de primavera, tanto en el lateral de Padre Damián como en el Fondo Norte, solía dar el sol durante todo el encuentro por lo que las gradas se poblaban de viseras de cartón, sujetas a las cabezas de los espectadores por medio de un hilo de goma. Había algunos vendedores que ofrecían refrescos y altramuces a los asistentes. En invierno, la oferta se ampliaba a “copas de coñac”, en diminutos vasos de plástico y que los vendedores despachaban al grito de “¡su calorcillo!”, mientras servían unas pequeñas dosis de brandy “103” o de “Fundador”. Muchos espectadores fumaban en la grada, especialmente pequeños puros tipo Farias que apestaban bastante el ambiente. Y cómo no, quien más quien menos llevaba sus bolsas de pipas – especialmente en las localidades sentadas – y las devoraban compulsivamente mientras abroncaban al trencilla de turno o a algunos de los jugadores del Madrid (en eso poco ha cambiado en el Bernabéu). Recuerdo que ciertos jugadores como Del Bosque, Guerini, el propio Netzer, “Ico” Aguilar, Macanás o Manolo Velázquez (este último caso a mí me dolía particularmente, ya que siempre fue de mis favoritos) solían ser la diana predilecta de los aficionados que los colmaban de insultos y de conciertos de viento en forma de silbidos en cuanto marraban un pase o llegaban tarde a un balón.

 

Normalmente, en días de liga, se solían llenar, por supuesto ambos fondos. Más el fondo sur ya que, como se sabe, tradicionalmente es donde suele atacar el Madrid en los segundos tiempos. Y también porque, a diferencia de hoy en día, los socios sin entrada de asiento podían desplazarse libremente de un fondo a otro, con lo que era bastante habitual empezar viendo el partido en el fondo norte y acabar de verlo en el fondo contrario. Bueno, en algunos casos, “verlo” era una ironía ya que el sur se abarrotaba de córner a córner. Los banquillos estaban donde están actualmente, pero en cambio el palco presidencial se encontraba entonces en el lateral de la Castellana. No se me olvidará nunca que durante la temporada 1973-74, de nefasto recuerdo en la liga, las iras del público por los malos resultados y el mal juego se dirigían claramente a la zona del banquillo local y contra el histórico y exitosísimo entrenador Miguel Muñoz, pero que el día del 0-5 del Barcelona de Cruyff y del Cholo Sotil, las protestas, los pitos y el afloramiento de  pañuelos blancos iban dirigidos al lado contrario y cuyo destinatario era el palco presidencial con Don Santiago Bernabéu allí presente y mordisqueando más que nunca su enorme puro habano.

Las lluvias de almohadillas eran una práctica bastante habitual en el estadio y plasmaban de forma fehaciente el descontento de la grada, normalmente tras una mala actuación arbitral. Eran unas pesadas almohadillas de lona que lanzaban los espectadores de las localidades de  asiento (obviamente) y, más de una vez, sobre todo en los fondos, los propios socios de a pie recibíamos el impacto de dichos objetos ya que desde las tribunas de los fondos la distancia para que las almohadillas cayeran al césped era demasiado grande y había que esquivarlas para no ser golpeados en la espalda o en la cabeza.

 

El partido que más me marcó de niño fue la vuelta de los octavos de final de Copa de Europa ante el Derby County inglés, en noviembre de 1975. En la ida, el Madrid recibió un severo correctivo en las islas británicas (4-1), con un soberano partido del delantero Charlie George que anotó 3 tantos. La alineación que presentó en la vuelta Miljan Miljanic fue la formada por Miguel Ángel; Sol, Benito, Pirri, Camacho; Breitner, Del Bosque, Netzer, Amancio, Santillana y Roberto Martínez. Fue un partido intensísimo desde el primer momento, que acabó 1-0 al descanso, y en cuya segunda parte asistimos a un verdadero ciclón merengue, llegando a ganar 3-0 hasta que en el minuto 60 cae un jarro de agua fría con un nuevo gol de George que eliminaba a los blancos. Pirri transformó un penalti a falta de 10 minutos y el partido se fue a la prórroga. En el tiempo extra, Santillana marcó el 5-1 con su pierna zurda, lo cual llevó al éxtasis a los casi 100.000 espectadores que asistimos al nacimiento de las remontadas en el Bernabéu. Años después llegarían las del Oporto (jamás vi tanta gente en el Bernabéu como aquella noche, apenas pude ver el excelente cabezazo ganador del gran Goyo Benito), el Celtic de Glasgow, el Inter de Milán y las muchas que hubo en los años 80, que permitieron al club volver a conquistar títulos europeos desde la ya lejana Copa de Europa “yé-yé” de 1966.

 

 

La noche de noviembre de 1979 ante el Oporto nos juntamos 120.000 espectadores en el estadio. Pocos meses después empezarían las obras para remodelar el coliseo madridista de cara a organizar la fase final del Mundial de 1982 en España y, por supuesto, la gran final que disputarían Italia y la República Federal de Alemania (inolvidable la celebración del presidente italiano, Sandro Pertini). Se eliminaron muchas de las localidades de pie ya que la normativa FIFA exigía que más de la mitad de las localidades fueran de asiento y que dos tercios de las de asiento fuesen cubiertas. De tal forma que la capacidad del estadio se redujo a 90.800 espectadores. También hubo diversas reformas en la fachada principal, instalación de nuevos vídeo-marcadores en ambos fondos y rehabilitación de las zonas de prensa, vestuarios y diversos accesos.

Bien es cierto que el recinto blanco merecía una modernización ya que desde los años 50 prácticamente nada había sido reformado. Poco antes del gran cambio en el estadio, un hecho luctuoso de enorme importancia había sucedido el 2 de junio de 1978, cuando se anunció en todos los medios el fallecimiento del gran patriarca y patrón de la nave blanca, Don Santiago Bernabéu. Aún recuerdo las interminables colas - que casi daban la vuelta al estadio – de socios y aficionados que quisieron dar su último adiós al dirigente más importante de toda su historia (y posiblemente de la historia universal del fútbol). La capilla ardiente estuvo situada en el antepalco del estadio y miles de personas desfilaron ante el féretro. Por primera vez en la historia, la FIFA declaró un minuto de silencio en todos los partidos del recién comenzado Mundial de Argentina de 1978.

Aún hube de vivir muchos partidos de pie, especialmente en los años 80, hasta que me pude permitir pagar una localidad de asiento. Así que todas las grandes gestas de aquellos años, empezando por la inédita – y ya para siempre irrepetible – final de la Copa del Rey de 1980 que se jugó entre el Real Madrid y su filial el Castilla, en un día inolvidable de fiesta madridista que terminó con una goleada de 6-1 a favor del primer equipo. Aquel año, el Castilla jugó las eliminatorias en Chamartín, con espectaculares entradas, y eliminó consecutivamente a cuatro equipos de Primera: Hércules, Athletic, Real Sociedad y Sporting de Gijón. También hay que mencionar las dos copas de la UEFA ganadas en 1985 y 1986, con remontadas ante el Rijeka, el Anderlecht, el Inter (2 veces) y el Borussia de Mönchengladbach, posiblemente en el mejor y más emocionante encuentro vivido en aquella década, con el gol agónico de Santillana para el 4-0 que desactivaba el vergonzante 5-1 de la ida. Y cómo no, la gestación de la Quinta del Buitre, que previamente a conquistar 5 ligas consecutivas (1986-1990), enamoró, como componentes del Castilla que conquistó el campeonato de 1983-84 de Segunda División – otro dato insólito y único – a los mandos de Amancio Amaro y jugando varios partidos de la segunda vuelta los domingos por la mañana en el Bernabéu y con una media de más de 55.000 espectadores por partido.

A las numerosas alegrías ligueras de la Quinta acompañaron en aquellos años los constantes sinsabores en Copa de Europa, con varios partidos mágicos (Bayern, Oporto), derrotas estrepitosas (Bayern y Milán en dos ocasiones) y una enorme y profunda decepción en la temporada 87-88 ante el PSV Eindhoven, cuando el Madrid era sin ninguna duda el mejor equipo europeo (acababa de eliminar al Oporto y al Bayern, los finalistas de 1987, con gran autoridad), pero que sin embargo fue incapaz de perforar la puerta de Van Breukelen en Madrid (aparte del gol de penalti de Hugo Sánchez) en un partido de dominio absoluto, en el cual el gol afortunado de Linskens (1-1) dejó la semifinal para jugárselo todo en el estadio del PSV y ante la mejor defensa de Europa. El partido en Eindhoven acabó 0-0 con un avasallador dominio nuestro e innumerables ocasiones de gol, y aún hoy en día constituye para mí la noche más triste y frustrante de mis 50 años como madridista. No lo olvidaré nunca: fue un 20 de abril de 1988.

En los años 90 hubo sucesivas modificaciones en el estadio, hasta que, finalmente, y para cumplir con la normativa UEFA, en 1997 todo el aforo pasó a ser de localidades de asiento y la capacidad disminuyó prácticamente a la que hay actualmente, a poco menos de 80.000 potenciales espectadores. La historia de nuestro coliseo desde entonces es más que conocida por la mayoría de nuestros lectores, empezando por la reconquista, 32 años después, de la Copa de Europa, y cuyo hecho más destacado, relacionado con el recinto deportivo, fue la ida de semifinales ante el Borussia de Dortmund, con la caída de la portería sur por el vandalismo de los ultras de dicho fondo, y con la figura destacada del heróico Agustín Herrerín que, con su audacia y su valentía, consiguió evitar la eliminación del Madrid al arreglar el desaguisado que se había producido.

Próximamente asistiremos a una nueva remodelación del estadio, con el que entraremos, una vez más, como en los años 40 y en los 80 – curiosamente, cada 40 años aproximadamente – en la vanguardia absoluta de los estadios del mundo. Esperemos llegar a su inauguración dentro de 4 años para poder contárselo, en un nuevo salto adelante del club, en La Galerna.

 

CAPÍTULOS PAISAJES DEL REAL MADRID:

Capítulo 1: El Palacio de los Deportes de Madrid

Capítulo 2: La antigua Ciudad Deportiva

Capítulo 3: El pabellón Raimundo Saporta

Capítulo 4: Estadio Santiago Bernabéu (1ª parte)

Capítulo 5: Estadio Santiago Bernabéu (2ª parte)

7 comentarios en: Paisajes del Real Madrid (V)

  1. Qué buenos recuerdos y qué bien contados.
    Doy fe de que todo lo que cuenta en su artículo, fue tal cual.
    La viserita de cartón con la gomita, para quitar el sol, y las almohadillas arrojadizas, que por ser tan pesadas, muchas no llegaban al cesped y caían sobre los socios que estabamos de pie en la planta baja.
    Recuerdo partidos con tremendo calor, y otros con tremendo frío. Entonces no había techo, ni calefacción ern el estadio. Así, un partido con nieve contra la Unión Deportiva Las Palmas, que acabó tres a uno, en el que los aficionados en los fondos de pie, hacían hogeras con periódicos para calentarse.
    La verdad, prefiero el estadio actual.
    Saludos cordiales, como decía aquel.

    1. Muchas gracias Cillios. Yo también recuerdo aquel frío polar contra la UD Las Palmas, así como otro partido en invierno, televisado, un domingo por la noche, ante el Real Oviedo de Marianín, Galán y Tensi, en el que apenas había un cuarto de entrada en el Bernabéu.

  2. ¡Vaya un viaje al baúl de los recuerdos! Leyendo el artículo,, revivían esos momentos mágicos. Guardo un cariño particular a la memoria del partido contra el Derby County, la primera remontada increíble y la que más honda huella me dejó. Yo era estudiante de bachillerato y vivía en una pensión (eso aún sucedía en las ciudades de provincias a mediado de los setenta), donde seguí el partido por la radio. Yo creo que sólo me acuerdo de dos cosas de esos años: el 5-1 al Derby y que se murió Franco y no tuvimos clase.

  3. Ya lo he comentado en anteriores Pasajes, estos artículos son una verdadera maravilla, una joya para degustar tranquilamente y sin las urgencias del fútbol del día a día. Menudos recuerdos, qué suerte haber podido presenciar en vivo algunas de aquellas grandes gestas, el partido del Derby County o las remontadas de los ochenta.
    Coincido con el autor en la tristeza que me supuso la eliminación en Eindhoven en el 88, aquel día pensé que nunca vería al Madrid ganar la Copa de Europa. Me parecía algo tan difícil, tan insólito (viví la primera al borde de la treintena), que ni siquiera pudimos lograrlo con el mejor equipo de la competición de largo, y ahora tengo que recordárselo a los más jóvenes de mi entorno, a esos que piensan que haber ganado 7 en los últimos 20 años convierte un triunfo en Champions como algo normal, no tan complicado.
    Esperamos el siguiente capítulo, un saludo.

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