Mi padre Paco falleció el pasado 7 de junio después de padecer los últimos años una enfermedad neurodegenerativa. La familia lo acompañamos hasta su último suspiro, para que sintiera el amor que le tenemos, y lo digo en presente porque este perdurará aunque él ya no esté.
Ante un momento tan duro, sobre todo por la forma tan terrible y dolorosa en la que ha sucedido, tienes un auténtico torbellino de sensaciones en las siguientes horas y días. Y no sólo se mezcla el dolor por la pérdida y los recuerdos que ha dejado la enfermedad, sino que también recuerdas los buenos momentos y las enseñanzas que te ha dejado, y me di cuenta de que todos los valores que me ha transmitido a lo largo de la vida han sido los mismos que tiene el madridismo.
Nació en un pequeño pueblo del Bierzo, Villadepalos, cerca de Ponferrada. Desde pequeño jugaba con la pelota, le gustaba mucho y se le daba bien. Estaba muy interesado en el fútbol, pero como muchos niños de esa época (él era del 49) no tenía televisión en casa, y en nuestro pueblo ni tan siquiera había luz cuando él era pequeño.
Me comentaba que entró una vez de niño a un bar en Ponferrada con mi abuelo y estaba jugando el Real Madrid contra el Barcelona. Era la famosa eliminatoria de Copa de Europa en la que se hizo popular Mr. Ellis y que perdió el Madrid con polémica en la ida y en la vuelta. Él no era de ningún equipo, porque no veía fútbol en la tele. Si acaso era del equipo del pueblo y de la Ponferradina, poco más, por lo cual era totalmente neutro en aquel partido.
La gente de aquel bar era culé. Me contaba que no paraban de insultar al Madrid, llamándoles ladrones, sinvergüenzas, franquistas y mil barbaridades más, y que decían que tenían que aprender a jugar como hacían ellos. Le llamó la atención porque, según él, el Madrid estaba dando un baño al Barça, y el árbitro les perjudicó terriblemente. No era capaz de entender, con 11 años, cómo era posible que la gente lo viera al revés, pues no comprendía la visceralidad con la que el rival veía el fútbol. Siempre contaba lo mismo: “me hice inmediatamente seguidor del Real Madrid, pues me parecía injusta la forma en la que se referían a él aquellas personas viendo lo que veían mis ojos. Era una aberración”.
Además, sabía que, en esos años, el Madrid había ganado Copas de Europa y Ligas, aunque no tenía televisión, y que jugaba Di Stéfano. No entendía que los culés fanfarronearan tanto diciendo que tenían que aprender a jugar, porque él lo que veía era muy claro: el Madrid era mucho mejor equipo, y aquella gente sabía lo justito de fútbol. Él era un chaval alto y fuerte, y con 12 años ya jugaba con gente mayor de edad en el campo, así que entendía demasiado de aquel deporte pese a su corta edad.
Con el tiempo, vino a vivir a Madrid, e iba al campo bastantes veces a ver partidos del Madrid, porque en aquella época el fútbol, a diferencia de ahora, era mucho más barato, hasta el punto de que me contaba que le salía más barato ver al Madrid que a la Ponferradina. Siempre me transmitió lo mismo: “desde que tengo uso de razón, el Barça siempre ha sido favorecido y ha llorado. Es su forma de ser, exactamente igual que la de Cataluña. Son su arma perfecta”.
Él llegó a jugar en el Atlético Leonesa, en la 3ª División de entonces, en el puesto de central, pero con un toque excelente de balón. Lanzaba las faltas y era capaz de embocar a puerta un córner lanzado con el exterior del pie. Yo jugué alguna vez con él en el campo de fútbol que tenemos en el pueblo, y era una maravilla verle jugar.
Por su forma de ser, jamás fue anti de ningún equipo. De hecho, contaba que en el 74 estaba viendo con mi madre, su hermano (culé) y su cuñada la final de la Copa de Europa del Atleti contra el Bayern e iban con los colchoneros. Y en el 92, cuando vimos la final de Wembley del Barça, íbamos con los culés, porque él decía que iba siempre con los equipos españoles, aunque a su pesar ellos pensaran que no lo eran. Dos años después, yo muté mi forma de ser, pasé de celebrar el gol de Koeman en Wembley a los 4 del Milán en Atenas contra el Barça en la final de la Champions del 94.
Papá, estaba escrito en las estrellas que serías madridista, porque siempre habéis defendido lo mismo
Él no tenía ningún tipo de maldad ni doble intención, le gustaba el fútbol como pocas cosas en este mundo y era capaz de ver cualquier partido que echaran por la televisión, aunque fuera de 1ª Federación. Y me decía: a mí no me produce placer que le vaya mal a otro equipo. Sí es cierto que con el escándalo Negreira ya decía que había algo, porque era muy descarado todo. Terminó hasta las narices del Barça y del antimadridismo.
Cuando yo era pequeño y empezaba a ver fútbol por la tele, no sabía de qué equipo era él, porque no veía partidos como loco. Teníamos un vecino, que ya falleció también (Celso), que ha sido parte de nuestra familia por el trato que tuvimos siempre, y sus hijos (mayores que yo) lo siguen siendo a día de hoy. Este vecino era culé y, teniendo yo en torno a 5 años, decidió bajar a una tienda del barrio con mi hermano y conmigo, y nos dijo que nos compraba una equipación de fútbol. Mi hermano pidió la de Santillana, ya que él es mayor que yo y, por entonces, ya le gustaba más el fútbol y hablaba con mi padre de ello. Nuestro amigo le dijo que sí, pero le compró la equipación de la selección española, no la del Madrid. Yo no tenía ni idea y no pedí nada, y él me compró la del Atlético de Madrid y me dijo: “estos tienen a un jugador que se llama Rubio, y tú eres rubio, así que te compro su equipación”. Y me hizo del Atleti.
Mi padre no dijo ni mu, y yo siendo mayor le pregunté que cómo pudo quedarse callado viendo que me habían comprado la equipación del Atlético de Madrid. Me dijo que era muy pequeño y se me veía avispado, que no dudaba que cuando entrara en razón las cosas volverían a su sitio. Y así sucedió finalmente. Si algún amigo mío hubiera regalado a mi hijo la equipación del Atleti o del Barça…
Durante toda su vida mi padre me ha transmitido grandes valores innegociables. Uno es la honestidad, rasgo que definió siempre su vida. Era una persona que, dado su puesto de trabajo, podría haberse aprovechado de muchas cosas para él mismo, pero jamás lo hizo porque se lo impedía su honestidad y sentido del deber, y era incapaz de hacer nada ilegal, inmoral o injusto.
También me enseñó que en la vida había que luchar, que nada viene dado de antemano, y que uno no puede esperar a que caigan las cosas del cielo. No entendía quedarse sentado y quejarse de las cosas, siempre entendió que había que luchar para conseguir los objetivos. Además, durante el franquismo, cuando vivías en un pueblo y venías a la capital, veías la vida de otra forma muy distinta, y él nunca se amedrentó a la hora de luchar por sus derechos.
Asimismo, me enseñó que las cosas bien hechas lo están las haga quien las haga, y las mal hechas también, independientemente de ideologías políticas o amiguismos. Uno tiene que ser capaz de diferenciar siempre, no guiarse por las vísceras. Decía que el voto de una persona sólo le pertenece a él, que no hay por qué darlo a ningún partido si no cumple con lo que tú consideras correcto. De hecho, igual que corrió delante de los grises por reuniones con la CNT en pleno franquismo, le rompió el carnet de CC.OO en la cara de los responsables de la sección donde trabajaba, en RENFE, al sentirse profundamente decepcionado por su forma de actuar. No se casaba con nadie, y le gustaban las cosas bien hechas y justas.
Me enseñó perfectamente lo que era la valentía y cómo enfrentarse a los miedos. Cuando yo era pequeño, me contaba ciertas historias en las que yo le veía como un héroe, cosa natural en todos los niños con sus padres. Siendo un adolescente, me dijo que es normal tener miedo y que si no lo tienes eres un inconsciente. Me explicó que se puede tener miedo a infinidad de cosas, que algunos miedos son infundados, a lo que no existe, pero que los que tenemos a lo que existe, es lo que nos hace tener cuidado y actuar como debemos con los pies en el suelo. Nos enseña a ser realistas.
Tener miedo es humano y lógico, pero hay que tener valor para enfrentarse a ello y saber levantarte todas las veces necesarias cuando vienen mal dadas para poder hacer frente a ello.
Me enseñó que hay que tener humildad y no falsa modestia, que cuando no sabes hacer algo o no tienes información de un tema es mejor admitirlo que hacer ver que sabes, que la única forma de madurar es equivocarte y aprender, pero, sobre todo, a no mentir ni ser pretencioso, y admitir hasta donde puedes llegar para poder aprender lo máximo posible y seguir creciendo.
Vuela alto, papá. Te he querido, te quiero y te querré siempre
No sólo me lo enseñó con palabras, sino con hechos. A lo largo de toda mi vida, he ido viviendo situaciones con él en las que he visto cómo se comportaba y encaraba los problemas, y la prueba más grande de todo fue la asunción de su enfermedad, que sabía que terminaría acabando con él. Nunca le vimos desfallecer ante nosotros ni llorar siquiera por ello. Simplemente siguió intentando cada día superarlo, aun cuando su mente seguía lúcida y era esclavo de un cuerpo que no respondía.
Era una persona muy generosa, que siempre que podía y estaba en su mano te hacía un favor. Le molestaban mucho las injusticias y hacía lo imposible por ayudar, por eso siempre ha sido muy querido en todos los sitios que ha estado.
Analizando todas y cada una de las experiencias vitales que he tenido con él, lo único que veo es que su forma de entender la vida es madridismo en estado puro. Su forma de ser es exactamente la que tiene el Real Madrid.
Papá, estaba escrito en las estrellas que serías madridista, porque siempre habéis defendido lo mismo.
En su duro final, igual que él me ayudó a dar mis primeros pasos y me sostuvo para ayudarme a iniciar la vida, yo le sostuve a él junto a mis hermanos y mi madre, para que pudiera irse de este mundo en paz, sosteniendo su mano, acariciando su cara, hablándole cariñosamente y besándole hasta que el último suspiro nos indicó que su vida se había ido, que se había ganado el descanso eterno.
Vuela alto, papá. Te he querido, te quiero y te querré siempre. Te voy a echar de menos hasta que yo abandone este mundo y pueda abrazarte de nuevo en el otro pero, tal y como enseñaste, jamás bajaré los brazos y lucharé hasta el final. Tú me inspiraste siempre para ser mejor y ayudar a todos, y seguiré celebrando cada triunfo madridista contigo como si estuvieras aquí conmigo.
Getty Images y archivo Sergio Yebra















Mi más sentido pésame Yebrita tanto para ti como para toda tu familia
Que un abrazo te ayude a superar esta lamentable perdida
D.E.P.
Un abrazo.
Las Personas no mueren mientras haya alguien que los recuerde....
D.E.P.
¡¡¡ HALA MADRÍ ¡¡¡
Mucho ánimo Yebrita
Un abrazo
Gracias amigos
Nacemos, crecemos, nos reproducimos y permanecemos para siempre en el corazón de quien nos quiere.
Mil besos al cielo ❤️
Muy bonito homenaje gran Sergio. ♥️
Tu padre entonces, era el Madrid: cerebro, honestidad y lucha hasta el final. Descanse en paz. Un abrazo
Mi más sentido pésame, Sergio.
Cómo lector de la Galerna desde hace mucho tiempo, os siento a muchos muy cercanos.
Un abrazo enorme
Gracias. Me hacéis sentir arropado
Mucho ánimo ❤️