Estoy contento. La selección española ha ganado el Mundial de fútbol. Los futbolistas españoles me representan. Los deportistas son lo único bueno del fútbol, a pesar de numerosísimas excepciones, como Leandro Paredes, Enzo Fernández, Giuliano Simeone, Nahuel Molina, Emiliano Martínez, Alexis Mac Allister, Rodrigo de Paul o Lionel Messi. Pandilleros de barrio, ventajistas y tramposos, que han preferido disfrutar de los privilegios otorgados por la FIFA durante todo el campeonato que jugar al fútbol, para lo que están obviamente dotados.
Entrar en la psique del seguidor fanatizado argentino, el motor que inspira a este grupo de deportistas fallidos, es descender a una sima donde se mezclan demasiadas patologías como para hacer un análisis serio en un artículo de La Galerna. No tengo formación en psiquiatría pero, como dice Pérez Reverte, tengo biblioteca, que es el único antídoto conocido para la estulticia. He asistido estupefacto a historias personales devastadoras contadas en el minuto de tiktok o de X que los generación Z son capaces de aguantar sin hacer scrolling.
Hijos que han hipotecado a sus padres o sableado a familiares y amigos para pagar 8-9000 dólares por una entrada, que se han ido a Nueva York con lo puesto, sin saber dónde dormirían. Gente que se ha despedido de sus trabajos para cobrar la indemnización, que ha vendido coches y enseres domésticos para presentarse en los alrededores del estadio Metlife con la esperanza de conseguir una entrada, trapicheando con cualquier cosa. En el peor caso, algunos han podido arrumbarse en cualquier acera de Times Square para sentir que estuvieron más cerca de sus futbolistas.
¿Qué les pasa a los argentinos? ¿Qué tipo de angustia existencial puede llevar a una persona a poner el fútbol en semejante nivel de la pirámide de Maslow? En mi memoria no guardo registros con este ansia, con este grado de desesperación relacionado con el fútbol. Da para una tesis.
El fútbol opera en Argentina como la vía de escape de un pueblo deprimido. Lo que hemos visto después de la final es la reacción identitaria de una nación separada de su gobierno y de sus instituciones, frustrada por la corrupción y por lo que los sucesivos gobernantes han perpetrado durante décadas. Recordemos que, tras la victoria de 2022, Scaloni y Messi decidieron no acudir a ningún acto protocolario. Simplemente se entregaron a la celebración popular con más de cinco millones de personas en las calles de Buenos Aires.
En 2019 Argentina cayó en la Copa América, en semifinales, contra Brasil, acusando de corrupción a la organización. Ahí fue cuando Infantino decidió rehabilitar a un Messi crepuscular y poner la FIFA a sus pies
La preciosa camiseta albiceleste es el único símbolo que unifica transversalmente a todas las clases sociales, partidos políticos y geografías. Es lo que genera identidad en medio de la inestabilidad cotidiana que ha empujado a millones de emigrantes a buscar oportunidades fuera. Argentina, su gente, su psicología colectiva, arrastra un trauma de "paraíso perdido". Fueron una potencia mundial en el siglo XX, una de las naciones más ricas del planeta, ahora sumida en la pobreza, la apatía, la delincuencia. Tienen su propia depresión, similar a la nuestra del 98 con la pérdida definitiva del sueño de ser Imperio.

El fútbol es la revancha. Es el deporte más popular. Han tenido la fortuna de incubar dos iconos planetarios, aunque no sin polémica y disenso (Maradona por sus problemas con las drogas, Messi por ser un "pecho frío" en los partidos de selección hasta 2021).
En 2019 Argentina cayó en la Copa América, en semifinales, contra Brasil, acusando de corrupción a la organización. Ahí fue cuando Infantino decidió rehabilitar a un Messi crepuscular y poner la FIFA a sus pies para exprimir su brutal tirón comercial. Lionel ganó la Copa América de 2021 en Maracaná frente a Brasil, después de haber amagado con retirarse del equipo nacional. El ciclo se completó con el incalificable Mundial de Catar 2022, en invierno, absolutamente embadurnado por una corrupción tan flagrante que sólo los argentinos soslayaron, negando la evidencia, después de demasiadas victorias polémicas.
Argentina ha recibido continuas y desvergonzadas ayudas arbitrales y organizativas en el Mundial de 2026. El paralelismo con las dos décadas de la corrupción Barcelona - Negreira (con un único protagonista común, el propio Messi, todo hay que decirlo) es estremecedor. La selección de Argentina, y la FIFA por extensión, han ensuciado de nuevo su maltrecha imagen de forma obscena e irresponsable. Los ojos del mundo han podido ver el favoritismo, la manipulación tecnológica y arbitral a calzón quitado, con la única intención de tratar de sostener artificialmente en la élite a un futbolista enorme, pero acabado. No quedó ni una gota de Messi, el caminante, que explotar comercialmente. Hizo lo que pudo, fue quien llevó a golpe de centros venenosos y de goles a una pobre Argentina hasta el altar del sacrificio.
Messi representa al "genio humilde y familiar". Ganar apostando todo al ídolo produce una inyección de autoestima colectiva: la ilusión transitoria de que, al margen de la realidad, siguen siendo los mejores en algo
La final fue el gato jugando con el ratón moribundo, atontado por los golpes previos del felino. El conglomerado comercial - arbitral FIFA hizo lo que pudo, anulando un gol limpio como las ropas del Papa y cancelando otro por un fuera de juego milimétrico, de esos que requieren una fe inquebrantable e inmerecida en el VAR. El partido fue un abuso. La desigualdad entre un equipo de peloteros de clase mundial y un equipo de convictos, encabezados por una vieja gloria incapaz de correr y respirar al mismo tiempo, fue dramática. Las estadísticas lo dijeron todo esta vez.
Desde un ángulo literario Messi arrastra una narrativa que rinde culto a la victoria del "débil" contra el "poderoso". El futbolista argentino encarna al héroe que, salido de la pobreza extrema (el "potrero"), conquista el mundo usando la astucia y la rebeldía, incluso la violencia de su clan (entendida paradójicamente como inteligencia táctica o como "hombría") por encima de la disciplina o el juego ordenado de las potencias del primer mundo (como nosotros).
Ante el colapso recurrente de las instituciones formales (gobierno, justicia, economía), el argentino traslada su fe y necesidad de victoria a figuras infalibles, casi dioses. Maradona cumplió el rol del "dios imperfecto y humano". Messi representa al "genio humilde y familiar". Ganar apostando todo al ídolo produce una inyección de autoestima colectiva: la ilusión transitoria de que, al margen de la realidad, siguen siendo los mejores en algo. El golpe, la frustración, todos los gestos finales del partido contra España, la violencia, son signos de la desesperación de un pueblo. Dejaron de ser alguien en el fútbol de la peor manera.
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Es evidente que el tirón comercial de Messi ha tenido mucho que ver en este mundial. Interesaba que Argentina avanzase, igual que interesaba que ganase el mundial de Qatar. Nadie dice que no sea un gran jugador, pero las anomalías estadísticas y los escándalos arbitrales son innegables.
Esas lágrimas suyas al no conseguir acercarse a la portería española y que el árbitro ni siquiera les pitara dos o tres penaltis para que él, hormonado de categoría, consiguiera su ansiada bota de oro, fueron óleo sobre lienzo en mis retinas.
que bueno querido amigo, y que cierto todo. Muy recomendable lectura.
Creo, humildemente, aunque esté feo decirlo por mí, que tu artículo y el mío de hoy son un buen resumen de la final, que nadie va a hacer en otro sitio que no sea La Galerna.
Un abrazo.
Has hecho un retrato buenísimo de ese país. Conozco a muchos y más allá del fútbol son gente muy maja y se integran estupendamente en España
A veces, solo a veces, hay justicia en el mundo, aunque infinitamente menos de la que debería.
Salve, Mr Pogue, te saludo!!! Magnífico, soberbio y superlativo artículo, que suscribo al 99%, je, je... Desde luego lo habéis bordado Sergio y tú en este doble tratamiento y análisis de la "performance" Argentina -FIFA en este Mundial que habéis hecho en La galerna con vuestras consideraciones tan argumentadas, explicadas y refkexionadas. Muy bien, carajo, je, je...!!!
Gracias Rompehielos. Yo también lo creo