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Iturriaga: “El Real Madrid vive buenos tiempos”

Iturriaga: “El Real Madrid vive buenos tiempos”

Escrito por: José Luis Llorente Gento18 enero, 2021
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De aquella generación de baloncestistas con la que creció la generación de la movida madrileña, unos son inolvidables por su condición de mitos imperecederos (Fernando), y otros porque a su carácter de leyendas de la sección se une el hecho de que nunca han terminado de salir de nuestras vidas. Su notoriedad pública lo ha impedido. En este sentido destacan las barbas más famosas del panorama mediático del baloncesto en nuestro país, que no son otras que las del legendario Juanma López Iturriaga. Tan popular ahora como en su época de jugador, y tanto como en su etapa de maestro de ceremonias en aquel icónico Inocente Inocente, sigue desgranando sus opiniones sobre el baloncesto y sobre la vida en el programa Colgados del Aro junto a Siro López, Pablo Lolaso y Antoni Daimiel. Al otro lado de la plataforma de reuniones nuestra de cada día nos aguarda ya el incomparable Itu, the one and only Palomero.

 

Vamos a empezar hablando de tu llegada y de tu salida del Madrid. ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros tiempos de palomero en el club? Llegaste en el 76. Todavía estaban Bernabéu y Saporta.

Así es. Saporta es una de las claves del éxito del Madrid. Si no hubiera habido un Saporta, la sección no sería lo que es hoy. En aquellos momentos la sección estaba en tela de juicio. Su contribución fue fundamental. En cuanto a Bernabéu, le traté muy poco. Murió apenas dos años después de mi llegada. Recuerdo que el primer viaje que hice con el equipo fue a Argentina para disputar una Intercontinental. Íbamos en el avión y Lolo le dijo: “D. Santiago, ¿qué le parece este vasco que hemos fichado?” La respuesta fue: “Muy bien, pero que se corte el pelo”. Yo tenía un buen pelucón. Era una época donde, por ejemplo, no te podías dejar barba. Bigote sí, barba no. Era un Madrid muy jerarquizado. La veteranía era un grado. Al poco de llegar, tenias muy claro qué se podía hacer y qué no. Eso, cuando tienes 17 años, pues viene muy bien. En el vestuario había tíos muy veteranos a los que se respetaba mucho aunque ya jugaran poco (en mi caso eran Paniagua, Cristóbal Rodríguez...). Todo era muy educativo. Yo me alegro de esos comienzos.

Tu final, en cambio, no fue color de rosa...

Si me coloco en el momento en el que pasó (1988), me sentó a cuerno quemado. Yo estaba feliz en el Madrid. Llevaba 12 años y me quedaba uno de contrato. Se iba Corbalán y yo iba a ser capitán. Y de repente, sin verlo venir, en mitad del verano, me llama Lolo (Sainz) y me dice que no cuenta conmigo. Quedamos en una cafetería. Las formas no fueron las adecuadas ante un jugador con mi trayectoria. Tampoco es que yo quisiera que abriesen el palco del Bernabéu para despedirme, pero hombre, yo era un jugador emblemático por los años en la institución y el palmarés cosechado. Estuve muy enfadado durante mucho tiempo.

Pero ¿se te llegó a pasar?

Lo cierto es que luego los dos años que pasé jugando en Bilbao me hicieron entender que había vida más allá del Madrid, y eso apaciguó mi ira. Empecé a entender el asunto desde un punto de vista deportivo y a comprender que Lolo tenía todo el derecho del mundo a prescindir de mis servicios. Te duele, coges la maleta y te vas. En ese sentido se me ha pasado, pero lo que sigue ahí es el convencimiento de que le podían haber dedicado cinco minutos, tanto Lolo como el equipo directivo, a preparar un adiós más edificante.

Iturriaga Real Madrid

Esto sucede en la época de Mendoza. ¿Le guardaste un rencor personal a él?

No, porque Mendoza no se enteraba de mucho. La sección estaba un poco dejada y el presidente no tomaba parte en las decisiones. Antes de irme, fui a despedirme de Jaquotot, y me dice: “oye, si quieres pasa a despedirte también de Ramón”. Total, que paso al despacho de Mendoza y me espeta: “Pero ¿cómo es que te vas? No te irás por dinero, ¿no?” (Risas). Fue acojonante. Y yo: “No, no, que me echan, joé”. No estaba al tanto de nada.

Pero ¿no estaba al tanto o fingía no estarlo?

Nah, no estaba al tanto. Se enteró en ese momento.

Total, que paso al despacho de Mendoza y me espeta: “Pero ¿cómo es que te vas? No te irás por dinero, ¿no?” (Risas). Fue acojonante. Y yo: “No, no, que me echan, joé”. No estaba al tanto de nada.

El otro día entrevistamos a Brian Jackson, que fue compañero de habitación tuyo mucho tiempo en los desplazamientos del equipo, y nos confesaba que habíais tenido algunas discrepancias respecto a cuál era la mejor hora para ir a dormir...

No lo dirá por mí. Nadie planchaba la oreja mejor que yo. Brian es otro cuya marcha tampoco entendí.

Él también sigue sin saber por qué se fue.

Con el tiempo, Lolo me terminaría explicando un poco, pero vamos, seguí sin entender. Habíamos ganado Liga y Copa. Es verdad que perdimos la Final de la Copa de Europa del 85 ante la Cibona de Petrovic. Pero parece que el problema fue más del agente. Terminaron trayendo a Linton Townes. Pero Brian era un gran jugador que además ya estaba adaptado al baloncesto europeo. Es verdad que en aquella época pagabas un coste mayor por la falta de éxitos. Cuando nos fuimos Corbalán, Del Corral y yo fue porque habíamos perdido dos Ligas seguidas contra el Barça. Era una especie de “algo tenemos que hacer”. Y fíjate la travesía del desierto que vino después.

¿Se cortó demasiado pronto la trayectoria de un equipo histórico?

Corbalán, Alfonso (Del Corral) y yo teníamos un peso en el equipo. Y encima venía Petrovic, que tenía que adaptarse y habría agradecido el apoyo de más veteranos. La poda fue excesiva.

Juan Manuel López Iturriaga Real Madrid

¿Eso se debe al proverbial histerismo del madridismo sociológico, y en algunas fases institucional, a esa necesidad compulsiva de ver caras nuevas?

Claro, es esa urgencia por ganar ya mañana es lo que posibilitó la tremenda travesía del desierto de la institución, que pasaría un par de décadas ganando solo de pascuas a ramos. “Es que el ganar es el ADN del Madrid”. Claro, pero para eso necesitas cierta paciencia también. Tiene que haber una idea, un proyecto. Mira lo que pasó con Messina, que trajo sus jugadores (con el consiguiente desembolso económico), y a los ocho meses ya no estaba Mesina. Espero que con el paso de Pablo Laso ya haya calado la idea de que puede haber entrenadores y jugadores que vengan y van, pero existe una idea de juego que ha hecho grande al Madrid, que tiene tropecientos años y hay que mantener esas señas de identidad. El Barça de baloncesto está haciendo ahora lo que hizo el Madrid durante esa travesía del desierto: dar bandazos y gastarse una pasta en jugadores. El Madrid mantiene un estilo definido, y el resultado de eso es que -pese a haber perdido a jugadores esenciales- sigue ganando títulos y llegando a la Final Four.

“Es que el ganar es el ADN del Madrid”. Claro, pero para eso necesitas cierta paciencia también. Tiene que haber una idea, un proyecto.

Tú fuiste crítico con Florentino en su momento. Viendo ahora la gestión de la sección, donde según tú mismo dices predomina la estabilidad traída por Laso, ¿podemos decir que ha cambiado algo tu percepción?

Creo que de Florentino, como de cualquiera, hay que decir las cosas buenas pero también las malas. Modernizó el club, le hizo ganar mucho dinero... Ahora bien, hubo una época en que, quizá ante el terror inspirado por el éxito del Barcelona, como club se nos fue el oremus.

¿Te refieres a la época de Mourinho?

Sí. Se cruzaron líneas que no se deberían haber cruzado. La búsqueda de la victoria debe estar limitada por unas reglas. Me dolió la radicalización del club, aquel “estás conmigo o estás contra mí”. Escribí varios artículos sobre eso, y por ello se me llegó a tachar de antimadridista. Y dices “¿pero qué pasa? ¿Cualquier opinión distinta a la oficial te convierte en un anti?” Nunca agradeceré lo suficiente lo que el Madrid hizo por mí, pero eso no implica que todo lo que haga el presidente de turno me tenga que parecer fenomenal. ¿Cómo me va a parecer fenomenal que el entrenador del Real Madrid acabe abrazado a los Ultras Sur en mitad del Bernabéu? O algunas cosas que pasaron por entonces con la sección de baloncesto.

aquel “estás conmigo o estás contra mí”. Escribí varios artículos sobre eso, y por ello se me llegó a tachar de antimadridista. Y dices “¿pero qué pasa? ¿Cualquier opinión distinta a la oficial te convierte en un anti?”

Ahora volvemos a Florentino. Pero eso que decías de que te llamaban antimadridista enlaza con algo que te quería preguntar. ¿Por qué los que han jugado en el Madrid son muchos menos forofos que los que sólo han sido seguidores? Cosa que seguramente puede aplicársete.

Quizás, al haber sido deportistas, asumimos mejor las reglas del juego. Asumimos que la derrota es consustancial al deporte, que no siempre que pierdes es por culpa de los árbitros ni de una conspiración judeomasónica. Por eso al final tenernos una visión más normal de las cosas. Una cosa que me pasaba cuando escribía aquellos artículos críticos es que me venían: “vale, pero ¿y el Barça?” Pues oiga, el Barça tendrá sus propios problemas pero a mí me dan igual. Yo estoy opinando sobre lo que a mí me importa de lo que hace mi club, que es el Madrid. A mí el “y tú más” no me gusta nada, ni en la política ni en el deporte. El “y tú más” no es un buen camino.

Decías que criticaste a Florentino, pero hace mucho tiempo de eso. ¿Cómo ves la institución ahora?

Creo que son buenos tiempos. Baloncestísticamente, desde luego, es muy destacable el llevar tantos años compitiendo en la cumbre de la mano de Pablo. Ojalá esto sirva para no volver a cometer los errores del pasado y apostar siempre por la estabilidad, que siga habiendo una filosofía más allá traer al entrenador de moda y unos cuantos jugadores. Se ha recuperado ese estilo más festivo y más a campo abierto. Creo que esa forma de jugar ha vuelto para quedarse.

¿Y el fútbol?

Pues creo que también va bastante bien, ¿no?, sobre todo para lo volcánico que es ese mundo, donde un día Zidane es un genio y al siguiente es un paquete. Siguen cayendo los títulos y el club tiene una gran estabilidad. El Madrid siempre ha generado muchísimo ruido, y yo siempre he pensado que así era imposible trabajar, pero parece que las cosas están calmadas.

Iturriaga

Perteneces a una generación de baloncestistas llena de hombres que acabaron siendo destacados profesionales de otros campos. Corbalán o Del Corral en la medicina, Antonio Martín como directivo, tú mismo en los medios de comunicación... ¿A qué lo atribuyes?

Es que en aquella época no ganábamos como para pensar que, currándonoslo en aquellos años, luego nos valdría. La idea de hacer una carrera estaba muy presente. Además la cosa se retroalimentaba. Cuando llegué yo, había cinco o seis universitarios en la plantilla. Montábamos salas de estudio allá donde íbamos a jugar, y eso te animaba. Ahora supongo que es distinto. El dinero que ganan les hace tener menos prisa. Ahora no necesitan estudiar.

Cuando llegué yo, había cinco o seis universitarios en la plantilla. Montábamos salas de estudio allá donde íbamos a jugar, y eso te animaba. Ahora supongo que es distinto. El dinero que ganan les hace tener menos prisa. Ahora no necesitan estudiar.

Pero no era solo una cuestión profesional. Se os adivinaban inquietudes intelectuales. Algunos habéis tenido notoriedad en los medios.

Nosotros llamábamos la atención por ser gente normal. La gente estaba acostumbrada al ambiente más futbolero, con deportistas que tenían más limitaciones en materia de comunicación.

En tu caso, no pasó mucho tiempo entre el día en que dejaste el baloncesto y tus primeros programas en Telemadrid...

Fue cuestión de suerte. Yo ya había escrito algún artículo, y pensaba pasar un tiempo sin hacer nada después de retirarme, pero surgió un programa de baloncesto en Telemadrid y Brotons, a quien conocía hace tiempo, me lo ofreció. Ahí empezó todo. Lo que no estaba en mi imaginación era que acabaría haciendo cosas en la tele que no tenían nada que ver con el deporte, como Inocente Inocente.

De los jugadores actuales, ¿con cuál te compararías?

Conmigo explotábamos a saco el contraataque, ¿no? No sé, no me gustan mucho estas comparaciones, pero tal vez Rudy pueda ser, es posible.

Vamos con la última, que es a la vez la más importante. De aquellos jugadores, ¿cuál era el que mejor jugaba al mus?

Dejándome aparte a mí mismo, me atraía la forma de jugar de Juanito Corbalán. Los de Bilbao jugamos de un modo muy sobrio, así que flipaba mucho con aquellos charlatanes de feria que te aturdían. En los viajes jugábamos mucho, y casi todo el equipo participaba, con la excepción del aburridísimo Joe Llorente.

 

 

Entrevista: Joe Llorente, Jesús Bengoechea, Athos Dumas

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Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.
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