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Fichar en enero

Fichar en enero

Escrito por: Antonio Valderrama7 enero, 2019
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Es un clásico leer o escuchar que el Madrid no ficha en enero. Que no ficha porque no sale rentable salir a buscar en ese mercado, donde, se argumenta, sólo quedan retales. Y ciertamente, por lo normal, esto es verdad. Todo lo que no se ha fichado o vendido durante el verano suele ser lo que está de vuelta, lo devaluado, lo malo, en resumen, lo que no es demasiado interesante. Pero siempre hay excepciones. El Madrid no ficha en enero desde que se trajo a Lucas Silva en 2015. El tiempo demostró la veracidad del axioma que parece guiar la política de fichajes del club en este caso: fichar en enero no es recomendable porque la probabilidad de que te cuelen un pufo es alta. No obstante el anterior fichaje invernal fue Adebayor, una necesidad coyuntural que resultó de interesante impacto futbolístico y emocional tanto en el equipo como en la hinchada. Claro que también es verdad que Mourinho pareció ser el único entrenador capaz de imponer su criterio al de la dirección deportiva del club, es decir, al de Florentino.

Sin embargo, como decía antes, siempre hay excepciones. Hay veces en que el invierno ofrece jugosas gangas, ofertas que, por un cúmulo de circunstancias, sólo sería posible encontrar de ordinario en verano. Como Hazard este año, por ejemplo. No sé si el Madrid necesita a Hazard particularmente pero los números de los delanteros y atacantes del Madrid revelan que, en efecto, un jugador de su naturaleza se hace necesario en este momento para relanzar a un equipo que marca poco y mal; que no sólo mete pocos goles sino que recibe fácilmente, recibe muchos para los que debería recibir un equipo que cuenta con Ramos, Varane, Courtois o Casemiro como referentes defensivos.

Referentes defensivos que llevan media temporada rindiendo a un nivel asombrosamente bajo, impropio de su condición de jerarcas, de animales competitivos.

Lo que sí que creo es que el Madrid tiene que fichar algo en enero y que esta necesidad es tanto cuantitativa como cualitativa e ítem más, emocional. No hay que despreciar el valor de lo emocional en este juego: ahora mismo, tras el desastre no sólo futbolístico sino escenográfico, moral por así decirlo, contra la Real Sociedad, emocionalmente el Madrid y el madridismo es un bono basura, hablando en términos de deuda y Estados.

No digo que el Madrid necesita fichar lo que sea porque eso suena bastante mal pero el equipo tiene unas carencias que ya eran notables en verano y que ahora se insinúan por momentos como de efectos catastróficos. El transcurso de la temporada desde este extraño verano revela que fichar en enero no sólo es preciso sino que además es urgente, apremiante. Por ejemplo, el Madrid necesita fondo de armario. Banquillo, segunda unidad, pelotón de reemplazo. Si algo demostró el doblete de 2017 es que la competición contemporánea requiere casi veinte jugadores disponibles habitualmente para llegar hasta el final en todo. Y hay jugadores del Madrid que sencillamente son hologramas. Como Vallejo, por ejemplo.

el real madrid tiene unas carencias que ya eran notables en verano

Se puede hablar de que el Madrid necesita como poco un lateral izquierdo suplente o alguien capaz de jugar como central y como lateral, capaz, digo, de jugar y de sentar a Ramos, a Varane o a Marcelo, es decir, otro Nacho; que también se hace perentorio incorporar a un atacante contrastado, no digo ya un Neymar o un Hazard (aunque la disponibilidad de éste es muy atractiva, teniendo en cuenta que acaba contrato con el Chelsea y que está lampando por vestir de blanco algún día y así lo exhibe públicamente cada vez que puede) sino alguien que encare, regatee, llegue a línea de fondo, “active” como se dice ahora a los delanteros, marque, asista, en fin, todo eso, revolucione y ofrezca alternativas al engrudo ofensivo que es actualmente el Madrid. Todo lo que atisbó por ejemplo Vinicius el domingo por la tarde, pero con más, digamos, calado, un jugador más hecho, al que se le pueda pedir por tanto más, exigir ese puntito de responsabilidad y fiabilidad competitiva que al excitante flacucho brasileño no se le puede reclamar todavía. Se puede hablar de lo que se quiera, pero hay una realidad muy cruda en este momento concreto de la temporada.

Acercándose el ecuador de la Liga, el Madrid está más cerca de pelear por mantener su posición de acceso a la Copa de Europa y no caer en el pozo de la Europa League el año que viene que de luchar por el campeonato. El campeonato, la Liga en suma, es ya una quimera, es utópico pensar siquiera en disputarle al Barcelona lo que se presume otro título doméstico ganado sin el esfuerzo que debería requerir ganarle toda una Liga al equipo que más Ligas tiene de todos. Esto es demoledor, inasumible no ya para cualquier madridista, sino para un equipo que es el actual campeón de Europa, que viene completando un ciclo histórico único. El Madrid tiene al décimo clasificado más cerca que al líder, navega por un verdadero mar de los Sargazos en el que la opinión pública madridista empieza a fermentar. Y esto es como los interregnos, como los períodos de incertidumbre: cuando el pueblo comienza a no entender las decisiones del poder, cuestiona la legitimidad del poder mismo. Florentino ya tuvo que salir huyendo una vez, hace no demasiado tiempo, si se piensa.

No obstante nada de todo esto parece alterar el aparente plan director de la política de fichajes del club, al menos en lo que se puede inferir de las diversas informaciones que van goteando desde ese búnker que es la zona noble del Bernabéu, el sanctasanctórum protegido por el velo detrás del cuál Florentino toma las decisiones. Se dice que va a venir un centrocampista (¡otro!) argentino, de River, Exequiel Palacios, y Brahim, del que dicen que era perla del Manchester City, fue anunciado precisamente anoche. Se vuelve al mismo punto límite que con Vinicius: no se les puede pedir que saquen a flote al equipo, justamente ahora, a dos niños recién llegados. Sería un completo sin sentido.

Es difícil imaginar de qué modo estos dos, en teoría, prometedores futbolistas jóvenes pueden de algún modo alterar la inercia competitiva inmediata del Madrid. Se entiende sin embargo la idea última: la mejor alternativa a un mercado cada vez más convertido en embudo por culpa de los clubes-Estado (los sustentados por las petromonarquías del Golfo Pérsico y por qué no decirlo, el Barcelona, un club a un establishment paraestatal regado por los presupuestos generales del Estado español pegado, més que un club en efecto, el brazo propagandístico de una aspiración nacional al que nunca le falta el dinero pero que siempre está bordeando la bancarrota) es una estrategia a largo plazo articulada en torno a la captación de los mejores talentos jóvenes mundiales. En la compra en vivero, en una palabra.

No hay mucho que decir a esto y también se entiende bien la idea de ahorrar para invertir en vista de un panorama mundial en el que los grandes talentos, los talentos auténticamente determinantes, son pocos y caros. Sin embargo el Madrid superó su mayor crisis de identidad en los tiempos modernos, seis años sin pasar de octavos de final y el Leviatán guardiolista-messiniesta empujándolo al basurero de la Historia, comprando futbolistas formidables y diseñando el vestuario más ganador del último lustro. La consecuencia ha sido una cosecha de Copas de Europa que sólo puede compararse con el Madrid de Di Stefáno. Es decir, había una grave escasez (de títulos, de reputación y repercusión internacional, el riesgo de bajar a un peligroso escalón de donde algunas legendarias instituciones ya no han vuelto, véase Benfica o incluso ahora el Milan) y se solventó apostando por el talento. Puede que el Madrid como club e institución afronte la misma coyuntura en esta temporada.

el mercado se ha convertido en un embudo por culpa de los clubes-estado

Es natural pensar que dos fichajes terapéuticos, de efecto inmediato, en enero, no arreglen una tendencia más profunda, para la que se antoja cada día más necesaria una reforma estructural de una plantilla de la que no es descabellado pensar que ya se ha saciado del todo. Pero hacerlo es una apuesta y una afirmación ante el mundo: aquí estamos, dispuestos a no entregar la cuchara antes de tiempo y también corregir el efecto perverso de la necrosis liguera antes de la eliminatoria contra el Ajax. Para esto último parecen más necesarios futbolistas con poso y fondo en Europa que Vinicius o Rodrygos, por así decirlo niños todavía que en algunos casos aún no han pisado Europa. En una palabra, el Madrid necesita electroshock instantáneo, algo que sólo puede dar un Van Nistelrooy (¿existen todavía los de esa estirpe?).

Luego está la cuestión del dinero. Se dice que un Neymar vale 300 millones o más, y seguramente sea cierto. Pero uno se pone a sumar lo que han costado Vinicius, Rodrygo, lo que se dice que el Madrid va a pagar por Exequiel Palacios, por Brahim, por el chico de Melilla, en fin, y por la diferencia está aquí el tercer jugador que más dinero mueve, que más patrocinios y audiencia televisiva atrae en el mundo, o el otro, el gran príncipe del fútbol contemporáneo, Mbappé. Que ya es mala suerte que en mitad de la implementación (ahora alguie