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Crónica del U.D. Granadilla Tenerife, 2 - Real Madrid, 1

Crónica del U.D. Granadilla Tenerife, 2 - Real Madrid, 1

Escrito por: F. Alcalá-Zamora12 noviembre, 2020
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El Real Madrid femenino perdió (2-1) ante la U.D. Granadilla Tenerife en la sexta jornada de la Primera Iberdrola. Las canarias remontaron el gol inicial de la pichichi Kosovare Asllani gracias a los tantos de Patri Gavira y Clare Pleuler.

 

Sin tiempo para pensar, debido a la maratón de partidos que atraviesa el fútbol femenino con una doble jornada intersemanal, las situaciones del juego no terminan de borrarse de la retina de las jugadoras y los aficionados entre cita y cita. Apenas tres días antes, en Eibar, el Real Madrid tuvo la fortuna de encontrar dos penaltis rivales para desatascar un choque gris. Ayer en Tenerife, en el extremo opuesto de la geografía española, las blancas se encontraron con una situación calcada y debieron de pensar que ya conocían el camino hacia la victoria.

No fue así. De un lado, las madridistas siguen siendo un equipo en proceso de ensamblaje —como el Bernabéu— con tornillos y piezas aún por ajustar. Del otro, el sendero que creían conocido no era sino un espejismo, pues poco tenía que ver el rival; como el verdor del interior vasco frente al paraje árido del sur de Tenerife. El Granadilla, una entidad sin hermano mayor en el deporte masculino, es una de las excepciones positivas del futfem. Año tras año parece llamada a evitar el descenso y a cada envite responden con lo que tienen: garra y experiencia.

Para contrarrestarlo, el Real partió con Teresa Abelleira y Thaisa Moreno en el centro del campo, mientras que por delante se concentraron Kosovare Asllani, Sofia Jakobsson, Marta Cardona y Chioma Ubogagu. El plan de David Aznar, como ocurriera en Eibar, no terminó de funcionar. La salida de balón blanca quedó bloqueada por el rigor de las líneas locales y, ante el atasco, optaron por la solución que venía determinada por el perfil esbozado en el XI titular: velocidad, demasiada velocidad.

Real Madrid femenino

Las isleñas no se inmutaron y al descanso se llegó con el 0-0 en el marcador. El triángulo defensivo local conformado por las centrales Jackie Simpson y Patri Gavira, más Natalia Ramos por delante, no sufrió más allá de lo habitual y sólo una situación de juego les creó problemas. Teresa Abelleira, frustrada en una posición muy retrasada, apenas trenzó jugadas en profundidad durante la primera mitad. La única oportunidad que tuvo en tres cuartos de campo, eso sí, le permitió filtrar un balón que Asllani mandó al palo.

Tras la pausa, Aznar pareció dar con la tecla al reforzar la sala de máquinas con la entrada de Aurélie Kaci. Con Thaisa por delante de la zaga (ahora sí) Abelleira se liberó y el agua comenzó a brotar de la nada. Pronto intervino la fortuna, buscada y hallada gracias a la insistencia de Marta Cardona desde los costados. En una de sus internadas, su centro tocó en el codo de la central Simpson y Asllani, bendecida, no falló desde los once metros. Con el gol llegaron los mejores minutos del Real Madrid, en los que la centrocampista gallega multiplicó sus apariciones y aportó calma e intención a las triangulaciones del equipo.

En ese momento, el Madrid tuvo la oportunidad de mecer el partido hasta adormilarlo, pero un golpe seco soliviantó el guion. El Granadilla botó una falta frontal desde el centro del campo, favorable al trabajo de la defensa, pero la rocosa Cristina Martín-Prieto tocó el balón para activar la peligrosísima segunda jugada en el área y, como suele ocurrir en estos lances, allí apareció la central Patri Gavira para rematar a gol. Una acción tan antigua como el propio fútbol, y no por ello menos efectiva.

Corría la hora de juego y el empate —en honor a la verdad— era justo. También el reparto de puntos lo habría sido llegado el minuto 90, pero las tinerfeñas demostraron por qué están aquí en 2020, disputando los tres puntos al nuevo proyecto del Real Madrid. Al contrario de las blancas, el Granadilla es un equipo muy reconocible, fruto de años de brega compartidos por un núcleo de jugadoras que juegan de memoria. Sin excesos ni virtuosismo, pero con conceptos claros.

Teresa Real Madrid femenino

La figura de la delantera referencia Martín-Prieto es ejemplo de ello. Su mano a mano con la capitana madridista Ivana Andrés fue, probablemente, lo mejor del partido. Ambas chocaron, se retaron, ganaron y perdieron, con y sin balón. Una oda al fútbol sin maquillaje ni escondite. La diminuta y fulgurante Koko, en papel de revulsivo, fue el segundo ejemplo de manual servido desde el banquillo local. Apenas un minuto después de su ingreso en el césped la atacante aprovechó su velocidad, se internó por la banda y centró al área en un gesto automático. El cuero llegó sin dueño al punto de penalti y allí mató el partido Clare Pleurer.

Aún quedaban quince minutos y había tiempo, pero no remedio, para las blancas. La única respuesta fue un redoble en la velocidad, que derivó en errores no forzados, y un intento por colgar balones al área para que la sólida defensa local practicase la acción de despeje. Un juego de niñas para un Granadilla que interrumpió la dinámica positiva del Real Madrid para sumar su quinta victoria consecutiva, y la segunda conseguida remontando a un teórico candidato a la tercera plaza.

Para el equipo de Tenerife, el 2-1 final es ya un nuevo hito en su particular historia a contracorriente. Y para el Real Madrid, un recordatorio de su estatus y posición actual. Por ahora, el aspirante a todo debe aprender del alumno sin pretensiones.

 

Fotografías Getty Images.