Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Como titulaba ayer su crónica Francisco Sánchez Palomares, Vinícius destrozó el pasillo. Como el niño travieso que es. A balonazos. Dos, concretamente. Dos balonazos que acabaron con los cuadros hechos añicos en el suelo, el retrato de la abuela resquebrajado y un par de desconchones en la pared. Hay balones que ni las piquetas.

No es que el Real Madrid haya tenido nunca remilgos en reconocer y homenajear al justo vencedor, incluso cuando ese vencedor ha sido nuestro máximo rival, que ya tiene seis Copas de Europa y está luchando por la séptima. Ni siquiera en el supuesto de que el justo vencedor fuera el Barcelona, en el hipotético caso -nos puede nuestra inocencia- de que el Barcelona haya ganado a lo largo de la historia alguna competición nacional sin hacer trampas.

Tampoco es que el hecho de amargarle al Barcelona la posibilidad de ser homenajeado por el Real Madrid nos produzca particular felicidad. A los madridistas, a diferencia de a los culés, nos motiva perseguir la gloria propia, y no nos produce ninguna satisfacción la alegría de vuelo bajo y de mala ley, emponzoñada y mezquina, que nace no del éxito propio sino del mal del rival. Nosotros preferimos centrarnos en nosotros mismos, con exigencia y espíritu crítico cuando las cosas no han salido bien, y dejar que la planta venenosa de la envidia siga creciendo en tierras más propicias por más mediocres.

Pero eso es una cosa y otra que no sintamos alivio por habernos ahorrado una semanita de polémica sobre si el Real Madrid debería o no hacer pasillo al Barcelona en caso de haberse éste proclamado ya campeón de Liga. En La Galerna, digámoslo claro, habríamos estado en contra de dicho pasillo. Pero no porque nos pareciera inoportuno, sino porque se nos habría antojado manifiestamente insuficiente.

Un pasillo, por lo general, es un lugar angosto, largo y generalmente oscuro. Un lugar de paso, una vía de comunicación concebida para el tránsito más o menos apresurado y no para el descanso, la celebración y el agasajo. Un espacio ciertamente inadecuado para acoger a tanto homenajeado como la ocasión habría requerido.

Se nos ocurre, por tanto, que hacerle un patio al Barcelona habría estado más puesto en razón. Un patio con sus paredes renegridas por el humo y la lluvia, sus ventanas enrejadas y su aire espeso de fritanga del VAR, de orines arbitrales y de las inagotables y fétidas flatulencias de esta liga putrefacta. Qué mejor, se nos ocurre, que el patio de Monipodio, donde se encontrarían como en casa el Barcelona, Negreira, el CTA con su jefe Fran Nadie al frente, los culegiados, Tebas y la inmensa humanidad de Laporta. O, ya puestos, el patio de Alcalá-Meco, aunque sólo sea para dar a nuestros homenajeados la posibilidad de disfrutar por unas horas de la lujosa residencia que inmerecidamente les hurta la falta de justicia en España.

Marca y As traen en portada al niño travieso Vini, y mientras Marca afirma que evita el alirón y el pasillo, As se decanta por el titular “Vinicius cancela el alirón”. Pretender a estas alturas que los dos diarios deportivos madrileños respeten la semántica, siquiera en su titular de portada, es pedir peras al olmo, lo sabemos. Pero hombre, incluso en Marca debería ser capaces de entender que lo que Vinícius evitó ayer fue el pasillo; el alirón, mucho nos tememos, sólo lo retrasó. Y en cualquier caso, difícilmente Vini pudo evitar ayer algo que hoy sigue siendo una posibilidad rayana con la certeza. En cuanto al As, lo más que habría podido cancelarse ayer son los actos de celebración del título de Liga, en caso de estar programados. Y esa cancelación, como es natural, sólo podría haberla efectuado quien los hubiera organizado; circunstancia que, casi con toda probabilidad, descarta a Vini como autor de la cancelación.

Por otro lado, el diario de Gallardo de nombre nos revela en primicia, y como quien no quiere la cosa, que Sinner toca la Quinta Sinfonía. Desconocíamos esta faceta del excepcional tenista italiano, que también se nos revela -gracias a Marca- como melómano y hombre-orquesta, tocando él solito toda una sinfonía, desde los primeros violines hasta los timbales… Vale, es una metáfora. Pero, amigos de Marca, ya que decidís recurrir a una metáfora propia de redacción escolar de cuarto de Primaria, curráoslo un poquito más. ¿Qué Quinta Sinfonía toca Sinner? ¿La de Beethoven y su famoso y apócrifo destino llamando a la puerta? ¿La de Mahler y su declaración de amor a Alma, con el adagietto popularizado por Visconti? ¿Acaso la de Chaikovski, segundo capítulo de esa trilogía trágica que desemboca en la Patética? ¿La de Sibelius y sus cisnes nórdicos? ¿O la pesimista y antibelicista de Prokofiev? ¿O es por ventura la genial Quinta de Shostakovich, acto heroico de rebelión contra el estalinismo de un hombre temeroso, cuyo éxito obligó a Stalin a adoptar como loa al régimen una pieza que lo parodiaba? Sacadnos de dudas, amigos de Marca, que esto es un sinvivir.

La prensa cataculé, por su parte, está a sus cositas. Os dejamos las portadas aquí por si hubiera o hubiese alguien a quien le interesa verlas. Que hay gente pa’ tó.

Pasad un buen día.

 

Le quisimos y le odiamos cuando no lo pudimos tener. Florentino le comprendió, le esperó y le perdonó como se perdona a un hijo. Y nos lo trajo. Y lo celebramos a pesar de todo, a pesar de creer que no lo necesitábamos. Porque es el mejor del mundo. Pero el debate sobre Mbappé vuelve a estar sobre la mesa. El equipo se desnorta con él en el campo. Lo hemos visto. Por otra parte, un Arbeloa acorralado por la prensa admitió por fin una verdad incómoda en la previa del partido frente al Espanyol: la táctica se ignora. Perdemos la capacidad de desordenar al rival. Cada uno hace la guerra por su cuenta. Añado yo: se evapora la inteligencia colectiva, el juego se espesa y se hace insistentemente previsible. Desaparecen los espacios y el equipo muestra síntomas de impotencia y de frustración sobre el césped. No es sólo por Mbappé, seguramente, pero muchos aficionados ya le señalan. Su viaje romántico por Italia, fotos de paparazzi incluidas, mientras se recupera de una lesión, no ayudará a calmar los ánimos.

Se analizará poco el partido contra el Espanyol en Cornellá. A fin de cuentas, es una victoria irrelevante. El rival no ofreció nada. Cierto. Pero es que rivales como este nos han ganado partidos este año. La primera parte fue plomiza. Al menos no encajamos gol y generamos algunas oportunidades. El arbitraje estuvo muy alineado con "El Método Negreira", perfeccionado por el CTA durante tres décadas: contundente con las protestas de unos (tarjeta a Vinicius) y tolerante con la reiteración de faltas y provocaciones de otros (también a Vinicius). Gil Manzano está en caída libre desde hace años. Una organización arbitral profesional en plenas facultades le habría apartado hace al menos tres temporadas, como a otros fenómenos que todavía andan por ahí pateando el reglamento y el sentido común cada fin de semana. Pero hablamos del crimen organizado. Hay que cuidar a los sicarios del silbato. Mejor tenerlos dentro calladitos que poner a alguno en la calle y que le entren unas incontenibles ganas de hablar. A fin de cuentas son los que hacen el trabajo sucio mientras otros se reparten las chistorras en algún puticlub.

Las notas del Espanyol - Real Madrid

La segunda parte fue otra cosa. Vini volvió a ser un martillo neumático por su banda. Desbocado, generoso y constante en el esfuerzo. En días así es imposible pararle. Un hombre de fe, una roca. Una pesadilla para los defensas. Fue abatido innumerables veces fuera de lo permitido en el reglamento, pero la reiteración de faltas no conllevó sanciones disciplinarias, para sorpresa de nadie. Vimos a Bellingham laborioso. A Valverde contenido pero atento. A Tchouameni en su sitio. La defensa no sufrió con los delanteros del Espanyol, al que le faltó el gol de Puado y calidad en el último tercio. Brahim no brilló. Mendy duró diez minutos sin lesionarse, pero el pequeño manchego que le sustituyó cumplió con creces, echándole ganas y energía. Jamás pondría en el mercado a Fran García. Es Nacho. Es Joselu. Un jugador de plantilla siempre listo para una emergencia. Arbeloa hizo pleno con los cambios. Gonzalo puso un balón de gol a Vini a los dos minutos de saltar al césped y Bellingham le dejó solo frente al portero un poco después. El brasileño ejecutó dos golazos, uno de ellos tras tumbar a media defensa en su slalom hacia el punto de penalti. El otro por la escuadra con un golpeo finísimo desde dentro del área. Imparable Vini.

La reflexión es pertinente: tenemos dos delanteros top 5 mundial, pero ni Ancelotti, ni Alonso ni Arbeloa han conseguido que mezclen. Diferentes entrenadores, diferente método, mismo resultado. Buena producción individual, imagen colectiva lamentable y sequía de títulos. ¿Ha vuelto a cometer Florentino su error de los galácticos, acumulando en el once una enormidad tal de talento que sólo puede funcionar en la PlayStation? En el mundo real, lo que vemos es que Mbappé y Vini se estorban. Se dan pases a dos metros. Ocupan demasiadas veces el mismo espacio. Facilitan la vida a las defensas, que pueden protegerse acumulando efectivos en una sola banda y descuidando la otra sin temor a que la manta se quede corta.

Sabemos que Mbappé no es un delantero centro, que no tiene envergadura para ir al choque, que no va a ir nunca a buscar remates de cabeza, que nunca entrenó movimientos de nueve para fijar a los centrales. Más bien, los centrales le esperan cómodamente para recibirle de frente. Lo hemos visto en infinidad de partidos desesperantes. Tampoco juega de espaldas ni es capaz, a pesar de que se desentiende de defender, de aguantar la pelota cuando le buscan en recuperaciones. Sin embargo, es un extremo de cualidades extraordinarias: tiene una letalidad cristianesca de cara a portería, un regate imparable a alta velocidad y arrancada de moto GP. Puede ponerse en frente del portero en un pis pas cuando el rival concede espacios. Pero los rivales ya no conceden espacios. Conocen nuestras carencias y repiten con efectividad lo que funciona. Ninguno de los tres últimos entrenadores supo dar con el antídoto. No debe ser fácil resolver esta ecuación. Esta temporada sólo tuvimos un rendimiento decente contra rivales élite, pero casi todos los que se nos cerraron tuvieron premio.

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Florentino cometió un error catastrófico en su primera etapa. Dicho por él mismo. Por eso se fue. Tras el interregno bochornoso de Calderón, en su segundo período puso a un general al mando del vestuario que fue capaz de elevar la ambición de los jugadores y de convertirlos en una falange espartana, hasta el extremo de triturar todos los registros de la liga contra el Barcelona más potente de su historia, tanto en el campo como en el CTA. Un Barcelona dopado por los pagos a un jefe arbitral. Hasta el corrupto CTA tuvo que claudicar ante la gesta inolvidable de 2012: 100 puntos y 121 goles. Fuimos campeones en San Mamés el 2 de mayo.

La reflexión es pertinente: tenemos dos delanteros top 5 mundial, pero ni Ancelotti, ni Alonso ni Arbeloa han conseguido que mezclen. Diferentes entrenadores, diferente método, mismo resultado

Mourinho transformó un equipo en decadencia en una escuadra con un ansia enfermiza de victoria. Sin duda, juntar personalidades ganadoras como las de Modric, Cristiano, Pepe, Ramos, Marcelo, tuvo algo que ver. Después del portugués, Florentino siguió construyendo el equipo legendario (Kroos, Keylor, Valverde, Courtois, Vinicius, Mendy, Militao, Rodrygo) que hemos visto dominar Europa durante una década y sostener un ciclo inimaginable de títulos, que podría haber sido aún mayor si el fútbol español no fuera una fosa séptica.

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El epílogo de esa generación de jugadores se cerró con las salidas de Kroos y Modric, en 2024 y en 2025, respectivamente, habiendo digerido antes las salidas de Cristiano, Ramos, Varane, Casemiro, Isco, Marcelo, Bale o Benzema sin dejar de ganar. Visto con perspectiva, un éxito incuestionable en la gestión de la plantilla, incluso soportando lesiones tremendas de titulares. ¿Quién habría apostado por nosotros en la Champions de 2022 después de la salida de Cristiano, Ramos y Varane? ¿Y en la de 2024, con las salidas adicionales de Benzema y de Casemiro? Pues los trofeos están en las vitrinas del Bernabéu. Pueden pasar a verlos cuando tengan un rato o cuando visiten Madrid.

Cuesta trabajo escribir que un tío que mete 50 goles al año es un problema. Pero lo cierto es que, sin Mbappé, el equipo pierde el 9.1% de los partidos, y con Mbappé la cifra llega al 21.7%

Ahora es diferente. Ya sabemos que, cuando no se gana, la prensa y recientemente tuiter, se incendian. Empiezan a surgir rumores: Carreras era el cierrabares, no los sospechosos anteriores; Bellingham, Valverde y Vini se aliaron para echar a Alonso; Arbeloa no se habla con los jugadores españoles y le ha fastidiado el mundial a Carvajal. Pero lo cierto es que el equipo corre sistemáticamente diez kilómetros menos que los rivales en cada partido. Como si jugásemos con uno menos. Las estadísticas de Mbappé sobre kilómetros, presiones a rivales, etc. se parecen a las del Messi del Inter de Miami. Si han visto algún partido del argentino recientemente, pueden observar que juega caminando y se limita a mirar a los rivales cuando pasan a su lado. Veo difícil que un entrenador arregle eso, se llame Klopp, Mourinho o Luis Enrique, quien, por cierto, no lo solucionó tampoco en el PSG.

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Cuesta trabajo escribir que un tío que mete 50 goles al año es un problema. Pero lo cierto es que, sin Mbappé, el equipo pierde el 9.1% de los partidos, y con Mbappé la cifra llega al 21.7%. Demasiado para mí. Se me viene a la mente que con 22 años le llevaron a ver al emir de Catar y al presidente de su país y le dieron las llaves del PSG. Recuerdo oírle decir a Florentino que “este no era el Mbappé que queríamos traer…” pero es el que trajimos, me temo. La opción milagrosa de encontrar un encaje para los dos mejores extremos del mundo nos daría un once imparable, pero desafortunadamente, yo no creo en milagros. Y Luis Enrique (no saben cómo me repatea darle la razón), tampoco.

 

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Pues uno de los come-come de la semana se quedó en . No habrá pasillo en el Spoty, mi más sentido pésame a los desmemoriados que gozaban esperando el momento. Desmemoriados pues esa costumbre se liquidó entre Madrid y Barça cuando a estos se les ocurrió no hacerlo tras uno de los triunfos del Real en el Mundialito.

Lo he comentado por tierra, mar y aire, pues no he leído ni escuchado nada al respecto. Gritos de ¡pasillo, pasillo! Y nada más. Un descuido que conviene corregir, como todos. Porque fue un descuido, claro. Es nuestra labor evangelizar capullos mal que nos pese.

Tomás Guasch

Que ellos no felicitaban éxitos en torneos en los que no participan, fue le explicación del Barça. Al Mundialito se va como campeón de Europa y muchos no ha disputado el gran club culé: en concreto han sido cinco en toda su historia. La reacción del Madrid fue no hacerlo tampoco la primera vez que su rival ganó un título, naturalmente doméstico, por orden de Zidane, entrenador entonces.

Pero no sólo de pasillos futbolísticos vive el hombre. Este domingo 3 de mayo está en la historia por la sensacional actuación de Mario Hezonja, suena Jésonia. 40 puntos, 6 asistencias y 11rebotes para un 53 de valoración… ¡en 30 minutos!

Cabe recordar que un partido de baloncesto dura 40 y este, además, tuvo una prórroga. Fue en el inolvidable partido Real Madrid-UCAM de Murcia, que terminó 131-123 en un palacio enloquecido. La anotación más alta en la historia de la Liga española: como la patrocina Endesa se explica que ambos equipos estuvieran tan enchufados. El Madrid llegó una vez a 132, fue en 1985 ante el Caja Álava, he leído.

Pasillo para el croata, paisano de Modric. Déjenme, lo hablo con el Chacho y el jugador y vemos cómo, cuándo y dónde. O uno aquí y otro en Croacia. No llegan a cuatro millones, la mitad de Madrid así, a ojo. ¡Qué tíos!

Total, que el Madrid volvió a dar la vuelta al mundo como acostumbra a pasar tan a menudo. Sobre tamaña proeza el entrenador Scariolo dejó una reflexión la mar de interesante y oportuna sobre Hezonja.

Dijo que sí, que está muy bien meter esa cantidad de puntos y destacar en la faceta que más brillo te da, la anotación. Pero más valorable es ser útil al equipo cuando no ves aro, el día espeso, dedicando tu esfuerzo a la tarea gris, la defensiva por descontado. “Eso -aseguró el italiano- te ayuda a crecer y también al equipo”.

Una reflexión aplicable a todo deporte, por supuesto el fútbol, y que los muchachos y muchachas madridistas deberían tener escrita en la cabecera de sus camas. De haberse aplicado ese cuento toda la temporada y no sólo en Europa, y al equipo masculino de fútbol me refiero, otro gallo le hubiera cantado aquí. Árbitros al margen, por supuesto.

Pues eso, que el Madrid jugó un partido histórico con los murcianos, gran obra, una más, del gran José Luis Mendoza que debió gozarla desde el cielo. Recuerdo aquel día que me convocó a una charla en su UCAM y al final me invitó a almorzar en el comedor de una de las facultades; allí fueron llegando los jugadores y cuerpo técnico del equipo de baloncesto, integradísimos en la universidad y en los valores, estos sí, de la gran obra mendociana. Fue una experiencia preciosa.

El crecimiento de su equipo de baloncesto es admirable. Desde ayer están en los registros del baloncesto y en el recuerdo de todos por su partido con el Madrid. Con la única pega para ellos de que perdieron. No es el primero ni será el último que vivirá esa experiencia: jugar como nunca y que gane el Madrid. Como casi siempre.

Momentazo pues en el baloncesto madridista, a la espera del tercer partido con el Hapoel y el sueño de la Final Four. Que será en Atenas con Panathinaikos y Olympiakos en el ajo, probablemente. Saquen ustedes conclusiones, a mí me da la risa.

 

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Lunin: bien. Intervino con acierto cuando fue requerido.

Trent: aprobado. Grandes centros y fragilidad defensiva.

Rüdiger: bien. Otro día en la oficina.

Huijsen: bien. Comenzó errando por alto. Jugó un encuentro correcto.

Mendy: sin calificar.

Valverde: bien. Arrancó ejerciendo de delantero centro de facto. Cuando Arbeloa colocó un nueve, mejoró.

Bellingham: bien. Como en los últimos años, mucho trabajo y poco fruto. Asistió, eso sí, de manera deliciosa a Vinícius en el segundo gol. Pudo marcar el tercero al final del encuentro. Falló el mano a mano con Dmitrovic.

Tchouaméni: notable. Aplicado y acertado. Gran encuentro del galo fuertote. Como de costumbre.

Thiago: bien. Roba, se ofrece, toca rápido y hace cosas de centrocampista. También comete errores inherentes a su bisoñez.

Brahim: aprobado. Jugó poco más de medio partido. Tiempo durante el cual el Madrid se mostró insípido. Él no fue una excepción.

Vinícius: sobresaliente. Anotó dos goles descomunales. Determinante.

Fran García: bien. Partido muy potable del lateral blanco.

Mastantuono: aprobado subterráneo. La falta de ritmo no ayuda. Su desacierto, tampoco. No controlar la pelota, menos. Al final del encuentro tocó bien un balón. Muy bien, de hecho. Asistió a Jude, pero Bellingham falló solo frente al portero.

Gonzalo: bien. Asistió a Vini. También falló oportunidades.

Camavinga: sin calificar.

Palacios: sin calificar.

Arbeloa: notable. Los cambios al comienzo de la segunda mitad fueron el punto de inflexión a partir del cual el Madrid ganó el partido. Gonzalo asistió a Vini en el primer gol. Mastantuono no se sabe muy bien en qué ayudó, pero también coincidió su salida con los tantos blancos.

 

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Arbitró Jesús Gil Manzano del Comité extremeño. En el VAR estuvo Jorge Figueroa Vázquez.

Calamitoso y espantoso en sus decisiones. Mal en el criterio de las faltas, en las tarjetas mostradas y en la dirección del partido.

El choque comenzó con varias faltas sobre Vini, pero ninguna conllevó tarjeta. Para eso estaba esperando la primera entrada fuerte de un merengue, que fue de Brahim a Urko con un pisotón. Amarilla en el 21'. Dos minutos después la vio Vinícius por un leve agarroncito a El Hilal. De risa. A continuación, fue el marroquí quien hizo una entrada dura al brasileño. A menos de cinco metros, Gil Manzano lo expulsó. Le salvó el VAR porque era una acción solo de amarilla. Antes del descanso, otro tarjeteado fue Expósito por agarrar a Pitarch.

En la segunda mitad, se unieron a la nómina de amonestados Trent, Gonzalo y Urko. El inglés por un pisotón a Dolan. Fue justa. El canterano por una acción que no fue ni falta en otro error del trencilla extremeño. Mientras que el periquito sujetó a Palacios cuando el delantero blanco se escapaba.

Durante el choque, en un par de ocasiones, aplicó la ley de la ventaja de manera absurda. Como cuando Bellingham y Brahim recibieron faltas, la perdieron y no se echó para atrás. O cuando la pelota le dio dos veces en la espalda en dos jugadas parecidas de ambos equipos y dejó seguir en lugar de señalar un balón a tierra para que el equipo atacante volviera a tener el cuero.

En las áreas, solo al final, en una acción entre Jofre y Fran García, los locales pidieron tímidamente penalti. Lo cierto es que el lateral madridista tocó balón y no había nada punible.

No gustó a nadie el árbitro extremeño. Su bajón de nivel cada campaña es notable.

Gil Manzano, SUSPENSO CATEDRALICIO.

En la vida hay multitud de asuntos de interés, bastantes de peso y pocos importantes de verdad. El pasillo no está en ninguna de esas categorías. Menos si es al Barça. Es una deferencia hacia quien gana limpiamente, por lo que no ha lugar. Entre los asuntos importantes se encuentran mantenerse en Primera y ganar, para Espanyol y Madrid respectivamente. Aunque los de Arbeloa no tengan el aliciente de los títulos, la dignidad del club es un motivo de entidad más que suficiente para salir a por todas.

De todos modos, por si quedaban dudas, Vinícius se encargó de destrozar el pasillo con dos golazos. El oprobio tendrá que esperar.

La primera ocasión del partido fue del Espanyol, Roberto marró un disparo franco. El segundo acercamiento también fue blanquiazul. Esta vez Rubén Sánchez disparó desde lejos desviado.

Tchouaméni recuperó un buen balón y Bellingham se lo apropió y lo introdujo hasta el corazón —o quizá el pulmón, no lo tengo claro— del área en acción meritoria. La jugada concluyó con disparo de Vini que El Hilali rozó lo suficiente para que el balón se estrellase contra el poste.

Mendy cayó lesionado a los 10 minutos. Su lugar lo ocupó Fran García.

Jude estaba con ganas en este inicio de partido y Aurélien volvió a firmar otra buena acción, en esta ocasión un estético taconazo. El inglés ha de adentrarse más cuando no está Mbappé. Aunque quien se mostraba más adelantado era Fede. El Madrid había tomado las riendas del partido, con un Thiago muy presente, tras el pujante comienzo de los pericos.

El Hilali comenzó dando cera y provocando a Vini. Cuando el brasileño se lo quitó de encima, vio amarilla. Cosas. El trío de Movistar, casualmente, cargó las tintas contra el siete del Madrid. Cosas. Un poco más tarde, fue el espanyolista quien zancadilleó a Vinícius. De primeras, Gil Manzano lo expulsó. Se trató de una decisión desproporcionada que corrigió tras revisar la jugada en el VAR. La sanción se quedó en amarilla. Ambos jugadores cargados con todo el partido por delante.

El encuentro siguió su curso y durante unos minutos no sucedió nada digno de mención. Mientras, Carlos Martínez decía que estaba incluido algo en el paquete. Una interferencia impidió saber si se refería a algún contenido audiovisual o simplemente a un mechero.

Vinícius se encargó de destrozar el pasillo con dos golazos. El oprobio tendrá que esperar

Fede no entraba mucho en juego colocado arriba y se dejaba caer a la banda. Aunque precisamente la mejor oportunidad la tuvo en un remate de cabeza cercano en la posición de nueve. Fran García había servido un buen centro.

A Vini lo seguían friendo a patadas y empujones. En una incursión por la derecha, directamente lo arrollaron a escasos metros del colegiado. Dijo que se levantara. Ja. Esta vez fue el asistente quien tuvo que corregir otra mala decisión de Gil Manzano. Además de estar todo corrompido, son malos de solemnidad.

La primera mitad concluyó con una buena oportunidad local desbaratada al alimón por Trent y Tchouaméni, seguida de un cabezazo a bocajarro de Cabrera despejado acrobáticamente por Lunin.

Descanso.

El Espanyol volvió a salir enchufado. El Madrid bajó un escalón en cuanto a prestaciones, y eso que parecía difícil, en esta segunda mitad. Arbeloa pronto movió el banquillo. Thiago y Brahim dejaron su lugar a Mastantuono y Gonzalo.

Los cambios no tardaron en surtir efecto. Vinícius penetró y pudo apoyarse en Gonzalo —principalmente porque había alguien ahí— para firmar un gran gol. 0-1. Por lo que sea, parece que la posición de delantero centro la ocupa mejor un delantero centro que un centrocampista.

A Vini lo estaban abucheando con intensidad. Reaccionó con otro golazo. Esta vez se apoyó en Bellingham, asistencia de tacón del inglés y golpeo ingrávido del siete que alojó el balón en la red blanquiazul con tanta eficacia como belleza. Aplausos en Cornellà. 0-2. Ambos tantos más bonicos que un San Luis.

En el minuto 75, a Romero le llegó un balón inmejorable que no acertó a chutar con peligro al llegarle a su pierna diestra, que en su caso es la menos diestra. Los de Manolo González lo intentaban también aprovechando el buen pie de Pere Milla, que había salido hacía pocos minutos.

En los instantes siguientes, Dmitrovic repelió un duro disparo de Mastantuono y Gonzalo chutó a las nubes desde el flanco derecho.

Arbeloa cambió al determinante Vinícius y al espléndido Tchouaméni por Palacios y Camavinga. Restaban siete más el añadido.

Poco más salvo un gol errado por Jude al final. Mastantuono le había asistido de maravilla en el único balón que controló y tocó bien.

Vinícius acalló la estupidez del pasillo con dos puñetazos sobre la mesa. Ganar al Barça el domingo en el Nou Camp también se encuentra dentro de los asuntos importantes. Por exigencia y por higiene.

Toda la suerte para el Espanyol en lo que resta de liga.

 

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Imaginad una empresa como RENFE o como la EMT de cualquier ciudad grande. Suponed que cuenta con una buena parte de los mejores conductores de vehículos del mundo. Unos tipos que manejan el tren o el autobús con maestría. Sin embargo, en su plantilla cuentan con pocos mecánicos para el mantenimiento de máquinas e infraestructuras, con poco personal administrativo, de limpieza y, en general de otras áreas.

A este Madrid le ocurre algo similar. La plantilla está trufada de conductores. No de convoyes ni de buses, sino de balón. Los blancos disponen de varios de los mejores futbolistas de los cuales se puede disponer, pero muchos de ellos tienen características que hacen más difícil que la maquinaria del equipo funcione si no se mezclan con otro tipo de jugadores. Concretamente con aquellos que piensan y mueven rápido el balón.

Más allá de momentos de forma y la coyuntura —no vivimos la mejor—, en el once conviven Vini, Mbappé, Bellingham, Valverde, Tchouaméni… entre otros. Su calidad es indiscutible, pero en muchos casos comparten habilidades que dificultan la compatibilidad si no se incluyen elementos lubricantes en la ecuación.

Vinícius Junior es una rara avis en el fútbol actual, encara una y otra vez hasta lograr su objetivo. Es como un pájaro carpintero percutiendo un árbol de chapa hasta taladrarlo. Su principal virtud es el desborde con el balón en los pies. Es un conductor, no es un recurso que asegure la circulación de balón y la combinación, como delanteros del perfil de Benzema.

El madrid cuenta con muchos de los mejores conductores del mundo, pero carece de mecánicos que afinen la transmisión para que el equipo carbure

Mbappé es distinto a Vinícius, es un tipo que asegura un baúl de goles cada año, muchos de ellos anotados tras una carrera y un chut. Si tenemos en cuenta que en fútbol gana quien más marca, no viene mal. Pero su presencia tampoco sirve como aglutinante. Es el picante, no aquello que liga la salsa.

Bellingham ya ha demostrado de lo que es capaz. En forma cubre campo, llega, marca, roba, asiste y conduce el balón constantemente. Jude no es un futbolista que juegue al primer toque ni imprima velocidad al juego. Tiene otras virtudes muy necesarias, pero esa no.

Contar con Valverde es como disponer de un soldado que puede ganar una batalla él solo, ya sea lanzando un misil desde su propia trinchera, o bien avanzando en pocas zancadas hasta la enemiga hasta aniquilarla. Mas Fede no es tipo Kroos, para entendernos, sino el futbolista ideal para complementar a uno así, porque ambos se mejoran.

Tchouaméni se ha vuelto imprescindible. Es una viga sólida que sustenta al equipo. Pero no es de recibo exigir a un futbolista que sea sobresaliente en todos los aspectos del juego. El francés no destaca por su velocidad a la hora de recibir, girarse y repartir el balón.

El exceso de circulación lleva a la falta de circulación

Esta abundancia de jugadores que conducen magníficamente la pelota implica que haya menos futbolistas que no la conduzcan tanto pero en cambio aporten en la distribución, el toque y el dinamismo en el juego.

Güler sí tiene esa virtud, hemos visto cómo su asociación con Kylian a menudo es fructífera. Sucede que Arda aún no es ese centrocampista estructural que pedimos. Quizá porque es muy joven y ese tipo de jugador suele ser más veterano, quizá porque no es su sitio realmente, aunque por condiciones pueda ocuparlo mejor que otros compañeros.

Tal vez por estas características de la plantilla blanca el equipo suele carburar mejor cuando cuenta con centrocampistas menos conductores como, por ejemplo, Thiago. ¿Thiago es mejor que Bellingham? No, pero aporta algo que el inglés no puede. ¿Significa que debe jugar Pitarch y no Jude? Tampoco. Pero sí que el club debe hacer un esfuerzo por contar con más futbolistas de ese estilo para que sirvan como catalizadores del funcionamiento global que deseamos y ayuden a que los conductores brillen más.

El exceso de circulación lleva a la falta de circulación. Un coche con muchos volantes no funciona bien si no cuenta con una buena transmisión.

 

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Buenos días. Hoy hemos comenzado el domingo con una pieza de Ice Landic tan lógica como poco compartida por ciertos sectores de la sociedad. Recomendamos su lectura. Si no os apetece, o bien debéis emplear ese tiempo para hacer alguna tarea ingrata después de la cual vuestras probabilidades de yacer aumenten considerablemente, o bien sois un ficus, que leen con más dificultad que las personas, os lo resumimos en un chispazo: «El derecho a la justicia reglamentaria es inalienable y no depende del porcentaje de posesión ni de los disparos a puerta». Lo que en lenguaje más básico viene a ser que jugar mal, o menos estético, no justifica que te roben un partido.

Fuera del ámbito del fútbol, es esa cosa tan loca de ser iguales ante la ley. Es como si el que llevara el coche sucio mereciera que se lo arañaran, le robaran el casete y le rompieran las lunas.

El tema de las portadas de hoy guarda relación con esta idea. La temporada se encuentra en el ocaso. El Madrid ha firmado una campaña inolvidable. Pero no por lo buena, sino porque ha de tenerse presente para evitar volver a caer en los mismos errores. Justificar o no criticar lo que se ha hecho mal carece de sentido. Lo que ocurre es que no es incompatible con reclamar justicia.

Sucede que no competir conforme al potencial de uno no infringe ninguna norma ni es un acto delictivo. A diferencia de lo que pasa cuando se corrompen de manera sistémica las competiciones —según sostienen la Guardia Civil y un juez—, cuando se incumplen de forma continuada los reglamentos de las competiciones en las que se participa o cuando se incurre en flagrantes conflictos de intereses incompatibles con la limpieza del fútbol.

Después de todo esto, y tras la victoria del Barça frente a Osasuna, el club cliente de Negreira se encuentra a punto de alzar otra liga contaminada. Motivo que regocija a la prensa tanto de Barcelona como de Madrid. Porque ya no importa el lugar donde se imprima un diario o la tendencia del mismo, sino los intereses de quienes lo mantienen a flote. Y, curiosamente, son los mismos en los cuatro casos que solemos analizar.

«Lewandowski y Ferran dejan el título visto para sentencia». Afirmar que dos goles dejan esta liga vista para sentencia es como responsabilizar a la última copa de una resaca de dos días. Los títulos nacionales de la temporada 2025-2026 comenzaron dirigidos desde arriba, como en las últimas décadas. Aun así, a poco que el Madrid se hubiese aplicado, probablemente habría sido capaz de alzarse con esta liga. A poco que el equipo se hubiese empleado más a menudo como ha hecho frente a los equipos grandes con Arbeloa al mando, habría cosechado un puñado de puntos considerable. Pero, como decíamos antes, jugar mal contra el Mallorca no justifica la podredumbre del CTA, de la RFEF, de la Liga y de todo lo que guarda relación con el cortijo balompédico español.

«El Madrid, o gana al Espanyol o se ‘garantiza’ el pasillo y la fiesta en el Camp Nou». Imaginamos a Gallardo observando su portada con orgullo, con la tranquilidad del deber cumplido y, en un ejercicio de mera fantasía, lo visualizamos diciéndose a sí mismo: «Le va a gustar mucho a Javi, eso es lo importante. Y Miguel Ángel lo mismo me invita a otra barbacoa. La verdad es que los jefes no pueden tener queja de mí, cocino un relato con el que se relame la gente, incluido un sector del madridismo. Ahora toca hacer parecer al Barça un ganador deportivo, seguir hacer creyendo que el Madrid no merece ganar ser juzgado con las mismas reglas porque ha jugado mal y meter cizalla con lo el pasillo de marras. Jajajaja. Cuando el pasillo nos lo tendrían que hacer a los medios, y a los árbitros, y a Javi, y a Fran, y a Óscar, y a Carlitos, y a los del VAR, y al CSD, y al mismísimo…, jajajaja, ¡si supieran! En realidad, la mayoría lo sabe, pero, bien su odio al Madrid, bien sus complejos, les llevan a comprar la mercancía averiada que les vendemos».

Se nota que As modula más el mensaje, pero en el fondo es el mismo: Barça campeón sin nada raro y Madrid abocado a hacerle pasillo. La prensa o la eterna gota malaya sobre la cabeza del Real Madrid. El pasillo es un acto realizado en honor del vencedor de una competición deportiva disputada bajo las mismas reglas. En este caso no concurre ninguna condición para realizarlo.

Si la prensa madrileña cumple con su papel, de la catalana, qué vamos a esperar. Mundo Deportivo se contiene un poco en público, pero Sport es tan poco decoroso como el propio Barça.

El hecho de contemplar al FC Barcelona celebrar con antelación esta liga es como ver a un sátrapa celebrar la victoria en sus enésimas elecciones amañadas antes de cerrar el colegio electoral.

La prensa, como aparenta tratar las competiciones futbolísticas españolas como si fueran torneos deportivos, y de bien nacidos es ser agradecidos, no dicen una palabra sobre la infame competición ni sobre el pútrido fútbol ni sobre los caciques que engordan gracias a él ni sobre el innombrable club en torno al cual gravitan todas las tramas infectas. La prensa está demasiado ocupada en tocar las narices al único club que aboga por la limpieza en este circo. Porque, además, juega mal, con lo cual tiene merecida cualquier injusticia o agravio.

Pasad un buen día.

En el Real Madrid se convive con una circunstancia que a menudo me resulta incomprensible, y que a la vez define con precisión la exigencia, a veces autodestructiva, de su masa social. Existe una corriente de opinión entre el madridismo, azuzada por la prensa, claro, según la cual, en un alarde de purismo ético o quizás por un exceso de fatiga emocional frente a esa misma prensa incansable, tiende a vincular la justicia arbitral con el rendimiento estético sobre el césped. Es un argumento que se escucha con demasiada frecuencia en las redes sociales y también en el aficionado de a pie tras un resultado adverso: "no nos podemos quejar del árbitro porque hemos jugado fatal".

Esta premisa, que minimiza la importancia del error arbitral bajo la excusa de la mala praxis futbolística, es una falacia que atenta contra la propia naturaleza competitiva del club y, sobre todo, contra la lógica más elemental del deporte. El fútbol es un deporte resultadista, como todos aquellos que no necesitan un jurado ni criterios de evaluación. Vamos, que lo que cuenta son los goles. Parece mentira que haya que resaltar lo obvio; pero, por algún motivo, es necesario recordarlo: los méritos artísticos, sean estos del gusto que sean, no cuentan. Afirmar que el Real Madrid merece un atraco arbitral por no haber hilvanado tres pases seguidos o por haber sido sometido por el rival es comprar el relato al enemigo y, lo que es peor, validar la injusticia como herramienta de castigo. Si el fútbol fuera un deporte donde solo el que juega bien tiene derecho a que se cumpla el reglamento, la vitrina del Santiago Bernabéu estaría significativamente más vacía.

Afirmar que el Madrid merece un atraco arbitral por no haber hilvanado tres pases seguidos o por haber sido sometido por el rival es comprar el relato al enemigo y, lo que es peor, validar la injusticia como herramienta de castigo

Al revés que en otros clubes, la historia del Real Madrid no se ha escrito (únicamente) a través de la excelencia en el juego, sino mediante una capacidad de resistencia mística, un desorden hipnótico en momentos clave que le permite sobrevivir cuando el desodorante de la belleza le abandona. Cuando peor estamos, ahí es cuando aparece un tuerto, un cojo, un feo, es decir, Mendy bajo los palos, para ganarnos otra Champions. Pensemos, por ejemplo, en la Decimoquinta lograda en 2024.

La final de Wembley contra el Borussia Dortmund fue, durante una hora larga, un monólogo de ocasiones alemanas. El Madrid estaba siendo superado, se veía lento, desbordado y falto de ideas. Según la lógica del autoflagelo, si en ese tramo el árbitro hubiera concedido un gol ilegal al Dortmund o escamoteado un penalti clamoroso a favor de los blancos, el aficionado debería haberse callado por la pobre imagen ofrecida. En la rueda de prensa, la corrección política habría obligado a decir: "sí, era penalti, pero hemos perdido por nuestra culpa". La realidad es que habríamos perdido por el árbitro.

Afortunadamente, el fútbol, cuando no está corrompido, no funciona así. El Madrid resistió, mantuvo la portería a cero por pericia propia y falta de puntería ajena (que también cuenta), y terminó golpeando con la contundencia de quien sabe que los partidos duran noventa minutos. Y con la sobriedad de quien ya ha ganado 14, que estas cosas se retroalimentan. Ganar jugando mal es la mejor virtud del Madrid, lo que nos diferencia. Casi es lo que nos define y lo que nos separa... del Arsenal, con perdón. Gracias a la no injusticia tenemos 15 y no 14.

Pero es que este fenómeno alcanzó su cénit en la Champions de 2022, la de las remontadas imposibles. Si analizamos valdanísticamente los enfrentamientos contra el Manchester City o el Paris Saint-Germain, hubo tramos larguísimos en los que el Real Madrid fue inferior en el plano táctico y físico. Parecía que el City nos iba a arrasar, faltaba el remate que iba a jubilar definitivamente a Modric y Kroos. Si en aquel momento, previo al manicomio del Bernabéu, con el City teniendo ocasiones clamorosas cada minuto, se hubiera producido una injusticia arbitral flagrante contra el Madrid, ¿habría sido justo aceptarla solo porque Guardiola olía a colonia (aceptando el clásico) y propuso un fútbol más "efectista" durante 170 de los 210 minutos de la eliminatoria? Rotundamente no. El derecho a la justicia reglamentaria es inalienable y no depende del porcentaje de posesión ni de los disparos a puerta. Si no, en vez de 14, tendríamos 13.

Benzema City

Lo mismo sucede con aquel episodio icónico del penalti de Benatia sobre Lucas Vázquez en 2018. La Juventus había logrado igualar un 0-3 de la ida, y el Madrid estaba ofreciendo una imagen paupérrima, al borde de una de las mayores humillaciones de nuestra historia moderna. El penalti fue penalti, por mucho que el ruido mediático intentara convertirlo en un robo. De errar el árbitro y no pitarse, la narrativa de ciertos aficionados habría sido que "no merecíamos pasar por lo mal que habíamos jugado". Es un planteamiento absurdo porque ignora que el fútbol también es saber sufrir. De hecho, en la Champions, sobre todo se trata de saber sufrir. Si aquel día el árbitro no pita lo que vio por miedo a las consecuencias o por castigar el mal juego madridista, se habría cometido una injusticia que habría alterado el curso de la historia. Y otra Champions desaparecida. Ya no tendríamos 13, sino 12. Así podemos seguir hacia atrás lo que queramos, porque yo rara vez he visto al Madrid ganar sin sufrir.

Si retrocedemos a los años 80, a la mística de las grandes remontadas de la Quinta del Buitre, encontramos el mismo patrón. Las remontadas solo eran necesarias porque en el partido de ida se había jugado rematadamente mal. Eran la consecuencia directa de un mal día, de un planteamiento fallido o de una superioridad temporal del rival. Si aceptamos que el equipo que "no hace los deberes" en la ida merece ser atracado por su incompetencia previa, estaríamos eliminando de un plumazo la épica, el espíritu de superación y la posibilidad de redención que hacen del Real Madrid un club único. De nada habría servido el "en la vuelta les metemos cinco" de Camacho y Santillana tras perder contra el Anderlecht si un autoflagelador hubiera asumido con resignación un penalti injusto en el minuto uno de la vuelta, y nuestra eliminación. Y es que el fútbol permite corregir errores sobre el campo, pero no debería verse obligado a corregir injusticias arbitrales bajo el pretexto de que "no jugamos a nada".

El derecho a la justicia reglamentaria es inalienable y no depende del porcentaje de posesión ni de los disparos a puerta

Al final, creo que este discurso de la autocrítica mal entendida revela una inseguridad profunda. Inseguridad que, tengo la sensación, se ha creado desde la prensa, indicando al aficionado cómo se debe ganar y cómo no. El Real Madrid ha ganado algunas veces siendo superior de principio a fin, pero su leyenda viene de los días en los que, estando contra las cuerdas y sin fútbol en las botas, ha sabido mantenerse en pie. Nadie sabe cómo, pero hemos ganado. El reglamento debe ser el mismo para el que da una exhibición que para el que achica balones en su área pequeña. No hay una cláusula en las leyes del juego que diga que el derecho a un arbitraje justo se pierde al fallar un pase o al recibir diez saques de esquina.

Además, es una deriva peligrosa, porque si lo estético, que por definición es subjetivo y manipulable, empieza a entrar en juego, ya sabemos hacia dónde se van a dirigir los elogios y hacia dónde las críticas, porque todos sabemos que lo importante no es el qué, sino el quién. En la acera contraria, hemos visto atracos siderales a equipos pequeños, justificados porque, de todas formas, el rival había tenido más ocasiones (aunque, por supuesto, las habían fallado). Exigir justicia no es incompatible con reconocer que el equipo ha estado mal; de hecho, es en los días malos donde más se necesita que el juez sea imparcial, porque es cuando el margen de error es mínimo. El madridismo debe entender que se puede ser crítico con el entrenador y los jugadores sin por ello entregar las armas ante la injusticia externa, venga esta de árbitros, televisiones o comités. Porque, al final, los trofeos se levantan por saber ganar cuando no se puede jugar bien, no por jugar como... el Arsenal, con perdón.

 

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Analicemos por qué el Barça comienza a pagar a Negreira. ¿Qué les lleva a hacerlo? ¿Qué análisis de situación hacen?

El promotor de todo fue José Luis Núñez, presidente culé posteriormente condenado por cohecho, al haber sobornado a inspectores de Hacienda. Estamos hablando, por tanto, de una persona convencida de que todo se puede comprar. Hablamos de un corrupto de tomo y lomo, alguien que pensó: y ¿por qué no? ¿Por qué voy a tener que atenerme al reglamento?

Salut i força al Canut

Ya en los 80 tuvo el escándalo del intento de compra de Mayoral Cedenilla, y además Lluis Canut desveló como Núñez pagó las cuotas de la hipoteca del piso de un árbitro en función de cómo les arbitraba. También ha contado Minguella en la radio como se intentó amañar la final de la Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest en Sevilla, y que el Barça se echó atrás. Otros han contado que no se presentó el árbitro a recoger el dinero en el sitio requerido.

También influyó el hecho de la idiosincrasia catalana, que interioriza como nadie un victimismo de odio de toda España hacia ellos, y se educan en esa creencia de que les roban desde Madrid. El Estado opresor. El Barça es su mejor herramienta política, y llevan alimentando un relato falaz desde los años 50, que ya he desmentido aquí en la Galerna (https://www.lagalerna.com/propaganda-y-relato-cule/)

Núñez, junto a Negreira, idean el plan, y la forma en que hay que ejecutarlo. No se puede pagar a árbitros, no se puede amañar un partido. Hay que hacerlo de otra forma. Así, nombran internacional a Gracia Redondo quince días después de comerse tres penalties en el trascendental partido que el Madrid juega en Tenerife perdiendo, de tal modo, la liga. Solo llevaba dos meses en el cargo Negreira, y ya estaba aleccionando a sus pupilos. No es necesario explicar, después de tanta bibliografía sobre ello, aquí en La Galerna y fuera, que sobre esto hay informes de la UCO y la CNP en la instrucción judicial. Podéis acceder a toda la información online (www.negreiragate.com)

núñez Sabía que los madridistas, llevados de un concepto autodestructivo basado en un falso señorío, jamás atenderían a sus manejos, a los del Barcelona, sino que se contentarían con culparse a sí mismos, consagrando la autoprohibición de hablar de los árbitros. Los madridistas señalarían solo al propio Madrid y sus déficits de juego

Pero Núñez tuvo otro factor más en cuenta, y le ha funcionado hasta el día de hoy. El famoso relato del Barça no sólo adoctrina a culés y antimadridistas, sino que es comprado hasta por muchos madridistas. Han conseguido implantar desde tiempos inmemoriales una máxima: el madridismo no se puede quejar. Y eso ha calado dentro de nuestra propia afición. Mis primeros recuerdos futbolísticos, de principios de los 80, siempre van de la mano con esta frase que te repetían a todas horas, pero lo más preocupante: lo decían, y dicen, muchísimos madridistas. Es el caballo de Troya que tiene la estrategia Negreira, y perdura hasta nuestros días.

El sistema fue ideado para que la tostada siempre cayera por el mismo lado, para que los árbitros supieran siempre qué hacer en caso de duda. ¿Que diría la sociedad ante la evidencia de los datos? Nada, porque los antimadridistas mantienen que el Madrid siempre roba, y la mayor parte del madridismo no ve correcto protestar. Ambas premisas, como he dicho antes, nacen del relato culé.

Analizad todos vuestros recuerdos durante los años del negreirato. Recordad qué se decía de Maketolari y Juanpa Frutos cuando nos enseñaban las estadísticas. Aquí entra también la tercera pata del relato culé: la prensa. Ahora hemos sabido, con el caso Barçagate, que el Barça ha pagado a medios de comunicación, y también cómo han pagado de forma principal, junto a otros clubes, la deuda de la empresa de Tebas con el fisco. También sabemos cuánto dinero paga LaLiga a la prensa. Así que desde el cuarto poder se ninguneaban los datos estadísticos tan raros que mostraban tuiteros como Maketo y Juanpa,, y la mayoría de aficionados madridistas te llamaban conspiranoico cuando hablabas de ello. Te repetían el mantra: el Madrid no habla de árbitros.

La idea de Núñez era brillante: sabía que ningún presidente después de él se negaría, porque "el Madrid siempre roba", y si no hacemos esto nos arriesgamos a que no se nos tenga en cuenta. Sabía de sobra que el resto de dirigentes después de él, educados en esa Cataluña victimista, no pondrían en duda el pago. Todos lo verían como un acto de justicia, una forma de competir en igualdad de condiciones. Con lo que no contó Núñez es la impericia de sus sucesores, quienes no tendrían mejor ocurrencia que hacer facturas y tratar de desgravarse el IVA.

¿Que diría la sociedad ante la evidencia de los datos? Nada, porque los antimadridistas mantienen que el Madrid siempre roba, y la mayor parte del madridismo no ve correcto protestar

Como decimos, Núñez conocía el relato: nadie señalaría al Barça, porque es el Madrid el que roba, así, por definición. Conocía cómo funciona el madridismo en masa, que no se queja porque no se puede, ya que eso de quejarse está muy feo. Era un plan sin fisuras, y lo estamos viendo en las últimas ligas.

En esta exigencia que nos autoimponemos todos los madridistas, no concebimos que jugando tan rematadamente mal se pueda achacar perder un título a los árbitros. Lo estamos viendo con acaloradas discusiones en redes. Se ve aquí mismo, en La Galerna, entre los lectores. También en X, habiendo “dos equipos”: los que lloran porque las ligas son robadas, y los que no se esconden detrás de arbitrajes. La mayor victoria del diablo es hacer creer al mundo que no existe, y la mayor victoria de Núñez, fallecido en 2018, es hacer creer al madridismo que los árbitros no influyen en la competición cuando su equipo juega mal.

Allá donde esté, Núñez debe estar encantado anta su herencia: el Madrid tiene dos años completamente desastrosos. El cumplimiento inexorable de su plan permanece inexorable, pero ajeno a la gente ante la avalancha de informaciones sobre los malos del Madrid (algunos existen, cuidado con esto): niñatos consentidos, entrenador sin poderes, malas planificiaciones, lesiones excesivas, Florentino odiando la figura del entrenador, la gente pegándose por defender a uno u otro jugador, culpando a un clan mientras otros culpan al contrario, al entrenador, a Florentino, a la Directiva, al cuerpo médico. En medio de este relato, con el que el viejo presidencte culé ya contaba, decir el Madrid pierde en alguna medida por los árbitros es motejado de disparate. ¿Quién va a comprar ese discurso? El madridismo es muy exigente, de manera que nadie dirá que se pierden estas ligas por los árbitros. El madridista que lo haga será señalado por sus correligionarios.

La mayor victoria del diablo es hacer creer al mundo que no existe, y la mayor victoria de Núñez, fallecido en 2018, es hacer creer al madridismo que los árbitros no influyen en la competición cuando su equipo juega mal

Sentaos y analizad todos los partidos del Madrid y Barça, no solo atendiendo a los puntos que los colegiados quitan al Madrid, sino a los que facilitan a los culés. Cuando ellos necesitan una ayuda, les suele acabar llegando. Así fue en Mallorca, Vallecas, Cornellá, Metropolitano... e infinidad de veces en el Camp Nou. Parece que nadie recuerda que han hecho partidos de pena, y los han ganado. Nadie ha reparado en que, desde que jugaron el clásico, han hecho 21 victorias y dos derrotas en liga, y entre esos partidos ganados hay muchos jugados de pena. No cuenta, ¿por qué? Porque "el Madrid está mal, juegan de pena, así no se va a ninguna parte". ¿La realidad? Deberían tener menos puntos que el Madrid, y el año pasado también, y en la liga de Xavi también.

Núñez sabía que el plan era perfecto, no sólo por ser un mafioso, sino también por una doble ¨sabiduría¨. No sólo conocía la idiosincrasia catalana y que cuando él no estuviera todos seguirían con su plan (Laporta de hecho lo mejoró con creces): también conocía a la masa social de su rival. Sabía que los madridistas, llevados de un concepto autodestructivo basado en un falso señorío, jamás atenderían a sus manejos, a los del Barcelona, sino que se contentarían con culparse a sí mismos, consagrando la autoprohibición de hablar de los árbitros. Los madridistas señalarían solo al propio Madrid y sus déficits de juego (siempre los hay). Ideó un sistema perfecto, sabedor de que ese absurdo sentido del fair play acomplejado, típico de la afición blanca, actuaría como su caballo de Troya dentro del madridismo, como antes indicábamos.

El diablo ha ganado. España entera clama por el mal estado del Madrid, nadie mira cómo ganan los títulos ellos. Como dice Teleco calvo: tiki taka, tuya mía.

 

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