Las mejores firmas madridistas del planeta

Apunten estas jornadas en su agenda:  27, 29, 32, 35 y 38. En esas fechas el Real Madrid tiene que jugar con la Real Sociedad (27) y FC Barcelona (29) en casa; Sevilla (32) y Atlético de Madrid (35) fuera del Santiago Bernabéu y el Real Betis (38) en la jornada que cierra la Liga en el coliseo del Paseo de la Castellana, en un partido que promete tener mucha miga porque ambos equipos podrían jugarse todo en un duelo a 90 minutos.

Con este ‘mapa de acción’ por delante, estamos ante un auténtico envite a grande. El conjunto de Carlo Ancelotti tiene el campeonato encarrilado y acaricia el título con una ventaja sustancial sobre el Sevilla, segundo clasificado a cinco puntos (y un partido más), pero la cantidad de enfrentamientos directos que quedan por delante con los equipos que ocupan las seis primeras posiciones de la clasificación alertan de que el peligro es máximo.

Casemiro Real Sociedad

Entramos en la ‘Zona Cesarini’ de la competición y en cinco de las doce jornadas que restan el Madrid se tiene que medir con sus dos rivales históricos, Barcelona y Atleti; con el Sevilla, con el que se está jugando el título en la caldera del Sánchez-Pizjuán; además de con la Real Sociedad este mismo sábado y con el Real Betis, con los dos clubes peleando por entrar en la Champions League. Un camino de espinas.

Por si fuera poco, hay dos partidos más señalados en rojo y con un alto grado de dificultad: Balaídos, donde espera el Celta de Vigo, y El Sadar, contra el siempre hostil Osasuna con el cuchillo entre los dientes.

El calendario, por tanto, ha sido caprichoso y ha concentrado en el tramo final del torneo una serie de enfrentamientos directos entre los equipos que se están jugando todo y esa circunstancia sube los decibelios de lo que resta de Liga.

El calendario ha sido caprichoso y ha concentrado en el tramo final del torneo una serie de enfrentamientos directos entre los equipos que se están jugando todo

Como diría un clásico, todos los puntos son importantes, la Liga se gana o se pierde en cualquier campo, pero con cinco duelos directos por delante frente a los rivales que están en los seis primeros puestos de la tabla y con todo en juego, la clave es hacer un replanteamiento mental y tomarse esos encuentros como una especie de ‘Liguilla a Seis’ en la que el objetivo no es otro que proclamarse campeón. De lo contrario, el título se complicará. Liderar esa liguilla a seis es la clave para levantar el título de Liga número 35.

Además, hay otros factores que dibujan un escenario de dificultades y que obligan a extremar la atención. La condición física de la plantilla está por determinar aún. La baja de Kroos es una ausencia más que sensible. Es un golpe directo a la medular del equipo, la línea de flotación de cualquier conjunto, y más en el sistema que el entrenador Ancelotti ha establecido como base esta temporada y que, prácticamente, no ha variado ni un ápice en todo este tiempo.

Valverde Betis

También hay que tener en cuenta cómo llegan físicamente otros jugadores clave al tramo final liguero. Hay síntomas de que algunos de los futbolistas ya están tirando del carrito del helado. Son los casos de hombres como Alaba, Benzema o Mendy, además del alemán. De que el ‘Método Pintus’ aguante en buen estado tres meses más dependerá gran parte del éxito de la temporada.

El partido ante el Paris Saint-Germain de la próxima semana es clave. Es Copa de Europa y eso, cuando se habla del Real Madrid, son palabras mayores, pero hoy por hoy el título más factible que tiene el equipo es la Liga. Y en ese objetivo hay que concentrarse. La Liga da y quita, y ganarla este año, tras la temporada a cero pasada, es fundamental para mantener al club en el espacio de donde nunca debe salir y que diferencia al Real Madrid del resto de clubes del mundo: la zona donde se ganan los títulos. Ganar la Liga este año debe ser un objetivo innegociable. Toca arremangarse para lo que queda por delante.

 

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Si febrero permitió a los seguidores del Real Madrid femenino disfrutar de una tranquila racha de victorias que ya se alarga a cinco partidos consecutivos, con tres victorias en Primera Iberdrola y una en la Copa de la Reina, poco tendrá que ver lo que aguarda con el cambio de mes. Los triunfos ante Real Sociedad, Real Betis, Eibar y Alhama dejarán paso a cuatro semanas en las que la plantilla de Alberto Toril se jugará la temporada. Y no es una exageración.

El calendario recuerda a una etapa reina –de décadas pasadas, eso sí– del Tour de Francia o Giro de Italia: recorrido por encima de los 200 kilómetros y encadenado de puertos legendarios sin margen para tomar oxígeno. En liga, el Madrid jugará cinco partidos y todos, a excepción de un Levante sin rumbo, serán ante rivales directos que se sitúan inmediatamente por encima de las blancas en la tabla. En orden de choque: Athletic Club, Atlético de Madrid, FC Barcelona y Granadilla Tenerife, lo que se traduce en que en menos de treinta días el aficionado madridista sabrá casi con toda seguridad si el equipo volverá a disputar la Women’s Champions League durante la próxima temporada.

El asunto podría quedar ahí y de por sí sería suficiente para demostrar la importancia y dificultad del horizonte inminente pero, como suele ocurrir con el Real Madrid, el reto siempre puede ser mayor. Y es que, intercalado entre los duelos ligueros, el Real disputará los cuartos de final de la Copa de la Reina y, como colofón, la eliminatoria, también de cuartos, de Champions League ante el Barça. En total, ocho partidos comprimidos en veinticinco días y que podrían dejar sentenciadas las tres competiciones.

Athletic Club, Atlético de Madrid, FC Barcelona y Granadilla Tenerife, lo que se traduce en que en menos de treinta días el aficionado madridista sabrá casi con toda seguridad si el equipo volverá a disputar la Women’s Champions League durante la próxima temporada.

Si seguimos un razonamiento lógico, la conclusión debería ser que la manta es todavía demasiado corta para la plantilla actual del Madrid y será casi imposible mantenerse con vida en los tres frentes abiertos en paralelo. A partir de ahí, las preferencias personales de cada madridista establecerían el orden de prioridad a asignar a cada torneo, asumiendo que no se podrá llegar a un punto de consenso total. En cualquier caso, y dado que La Galerna me brinda este espacio, es de rigor ofrecer mi visión para abrir el debate.

Considerando la bisoñez del proyecto deportivo del Real Madrid femenino, creo que la prioridad ha de ser la de consolidar al equipo como uno de los tres mejores de España. Esa es la posición que delimita el acceso a la Champions League y, en consecuencia, permite al club seguir forjándose la imagen de destino atractivo para las jugadoras. Se trata de un objetivo al alcance de la plantilla, como ya se demostró el curso pasado, y la dinámica ascendente de las últimas semanas hace pensar que las de Toril pueden volver a conseguirlo.

Como ocurre en el contexto del primer equipo masculino, la copa no parece ser una guerra que ilusione, pero es fundamental recordar que, para la sección femenina, quizás sea el único trofeo al alcance de la mano a corto plazo.

El principal obstáculo apunta a ser el efecto imán que ejercerá la eliminatoria europea ante el FC Barcelona. Ante cualquier otro rival tan manifiestamente superior, tanto club como cuerpo técnico o aficionados podrían aceptar una derrota honrosa que no haga descarrilar el tren liguero. Sin embargo, ante un Barça con motivación extra –la apertura del Camp Nou no es casualidad– el Madrid se encontrará con el peor de los escenarios. Deshacerse del actual campeón jugando a doble partido es una quimera en el contexto actual del fútbol femenino, por lo que el aficionado blanco haría bien en disfrutar de la ya de por sí histórica disputa de sus primeros cuartos de final en la competición. Y quizás desde esa posición algo más relajada, pensando en la borrachera de Clásicos que supondrán los dos de Champions unido al de liga, el Madrid pueda pescar en río revuelto y vencer en alguna de las batallas individuales.

La Copa de la Reina, es cierto, palidece en comparación con los retos anteriores. El Real Madrid se limitó a cumplir expediente eliminando al Alhama, equipo de segunda división, en los octavos de final disputados esta semana y ahora espera rival para la siguiente ronda. Como ocurre en el contexto del primer equipo masculino, la copa no parece ser una guerra que ilusione, pero es fundamental recordar que, para la sección femenina, quizás sea el único trofeo al alcance de la mano a corto plazo. Por ello, y si la fortuna acompaña en los cruces, seguir avanzando rondas y llegar lejos en esta edición de la Copa de la Reina sería un gran complemento con el que dar lustre a la temporada del Real.

En resumen y con total honestidad, creo que el balance del Real Madrid femenino el 31 de marzo sería positivo si por entonces el equipo ha escalado hasta la tercera posición en Primera Iberdrola, ha quedado fuera de la Champions League y ha accedido a las semifinales de la Copa de la Reina. Aunque para muchos aficionados y lectores no será suficiente, creo que sobrevivir de esa forma a un mes tan exigente repercutiría para bien en los aún frágiles cimientos de la estructura que el club está construyendo para su equipo femenino. Si enero y febrero fueron meses de barbecho en los que apenas pudo rodar el balón, el maratón de marzo permitirá recuperar y con creces todo el tiempo perdido.

 

 

 

Buenos días, amigos. Consternados aún (e indignados) por el tenebroso episodio de los cánticos racistas y asesinos del Frente Atlético en el Di Stéfano, a los que se refería Jesús Bengoechea en su nueva sección Diario Galérnico en Tiempos de Guerra, iniciamos el repaso a las portadas del día en la esperanza, casi en la certeza, de que alguna, al menos una sola de las primeras planas del día harán referencia a un asunto tan grave. Hay que recordar que hablamos de un partido de juveniles que fue aprovechado por las huestes pronazis que el Atleti aún ampara entre su público para gritar consignas xenófobas, proferir cánticos simiescos al paso de un niño como es Peter Federico, acordarse de Juanito con canciones propias de escoria desalmada y demás lindezas.

Dado el inequívoco y durísimo posicionamiento del que el principal de los diarios deportivos de España, Marca, ha hecho gala en otras ocasiones, teníamos fe (y ya decimos, casi certeza) en que nos encontraríamos con una portada similar a esta.

 

Si Marca defendió tan frontalmente al central del Valencia Diakhaby en aquel presunto insulto racista de Cata, que por cierto nunca pudo demostrarse, no nos cabía duda de que en un caso de insultos racistas generalizados, y fácilmente demostrables acudiendo a las simples imágenes del partido, y con el agravante además de tener por sujeto pasivo a un menor de edad, Marca haría el mismo ruido. Bueno, mentimos, alguna duda nos quedaba. Al fin y al cabo, tanto Marca como el resto de medios deportivos en España pasaron de puntillas por encima de los igualmente demostrables insultos xenófobos a Vinicius en el último Clásico en el Camp Nou, al ser sustituido.

Salgamos ya de dudas. Vamos a ver cuánto espacio dedica hoy Marca a los incalificables sucesos del Di Stéfano, protagonizados por aficionados del único de los clubes grandes (¿?) de España que aún no han hecho nada para frenar la lacra de los violentos entre su afición (es más, los siguen auspiciando, sponsorizando y dando carácter de interlocutores con la primera plantilla). Sí, veamos por fin cuánto espacio dedica Marca a esta fechoría de los cafres del Frente Atlético.

¿Qué? ¿Veis algo? A ver si es que vais a estar utilizando un microscopio que no tiene el aumento adecuado. O a ver si, sencillamente, va a resultar que las barbaridades xenófobas proferidas contra Peter Federico (acompañadas de amenazas de muerte a los madridistas y cánticos contra los ecuatorianos residentes en España) pertenecen para Marca -y para el conjunto de la prensa deportiva española- a un rango de racismo menos grave que el del incidente de Diakhaby. ¿Se atreverán algún día, por lo demás, Cerezo y Gil Marín a expulsar a ultras con dos delitos de sangre a sus espaldas? ¿Tendrán los arrestos que en su día tuvieron Florentino y Laporta? ¿Fiscalizará la prensa el que lo hagan, se lo exigirán alguna vez, o seguiremos indefinidamente con este ominoso laissez faire con el club del pueblo? ¿Hasta cuándo seguirá esta situación de perpetua tolerancia sociológica y mediática con la basura frenteatlética? Se diría que hay dos clases de racismo: el general, que merece justa condena; y el que afecta al Real Madrid, que es más permisible y sobre el cual no pasa nada por hacer la vista gorda. ¿No está ahí el Madrid para recibir estacazos? ¿Por qué no incluso este tipo de estacazos?

Por lo demás, leemos en las redes sociales quejas de muchos madridistas que no entienden cómo es posible que semejante horda de bárbaros pudieran colarse en nuestras instalaciones para denigrarnos desde dentro. Honestamente, pensamos que el club debe explicarlo, porque no se entiende y duele. Duele mucho que esto haya podido suceder.

Eso en lo concerniente a lo que NO dice la portada de Marca. En cuanto a lo que SÍ dice, más o menos ya sabéis. El argumento central es para la clasificación del Betis para la Final, tras un partido vibrante frente a un gran Rayo, pero en el frontispicio se da cuenta de la lesión de Kroos, que le apartará con seguridad del partido de mañana ante la Real y con toda probabilidad de la gran cita del día 9 frente al PSG. A las bajas por tarjetas, ya conocidas, de Mendy y Casemiro, se une esta nueva tragedia deportiva. “Más difícil todavía”, dice Marca. En algún chat de whatsapp se bromeaba con la opción (no lo quiera Dios) de que se produzca alguna baja más para que el Madrid tenga más opciones todavía de pasar, conocida como es la querencia madridista a crecerse ante la dificultad. Desde aquí apostamos mejor por un mantenimiento de la situación. Incluso, si cabe rezar por una recuperación milagrosa de Toni, rezaremos.

En esta portada de Marca en la que no hay hueco para el asqueroso incidente de los radicales atléticos, sí lo hay sin embargo para Javier Tebas y unas declaraciones suyas solo un punto menos asquerosas que la actitud del Frente. Que el presidente de la Liga se atreva a comparar a las cabezas visibles del proyecto de la Superliga ni más ni menos que con Putin, en el momento histórico en que nos encontramos ahora mismo, roza lo delictivo y desde luego es insultante cuanto menos. No hay derecho a que un tipo como Tebas falte de ese modo tan grosero al Real Madrid y su presidente. No está de más recordar que sin los clubes Tebas no sería nadie, Real Madrid incluido. No está de más recordar que Tebas debe respeto a los clubes porque, Madrid incluido, son sus clientes y, aunque esté por demostrarse que el cliente tenga siempre la razón, lo menos que merece en todo momento y lugar es respeto.

¿Y qué más deciros? Que Xavi se ha reunido con Haaland para hablarle de las bondades de su proyecto y para darle un adelanto de doscientos veinticinco euros de su bolsillo, con lo que ya está todo prácticamente atado con el Barcelona. “Ofensiva total”, le llama a eso Sport, aunque deja la duda de si se refiere a la del Barça por Haaland o a la de Koeman contra Laporta.

Pasad un buen día.

El 30 de enero de 2010, Guti hizo una de esas jugadas que sólo se le ocurrían a Guti y que definen -o definían- muy a las claras la clase de genio que portaba el dorsal 14 del Real Madrid. Si os digo la fecha seguramente no sepáis de qué día o partido os hablo, pero si os recuerdo lo del “Tacón De Dios” de Marca o que el lugar fue Riazor, lo más probable es que el 99% de los que estéis leyendo esto os hayáis trasladado a aquella noche, aquella jugada y la recordéis con una nitidez maravillosa. El 1% restante son mis padres y algunos familiares.

No estoy aquí para repasar algo que todos habéis visto o para explicaros algo que vosotros mismos habéis vivido. Recuerdo estar viendo ese Deportivo de La Coruña-Real Madrid con mi amigo Pitu y gritar un profundo y sostenido “NO” cuando vi a Guti hacer ese taconazo para que Benzema marcase un gol en el que la foto no fue su remate, sino el truco de uno de los genios con más talento que han vestido la elástica blanca a lo largo de su historia. 

 

No me quiero liar más, así que volvamos donde lo dejé. Lo que no sabéis de aquella noche es que ese taconazo sirvió para que el Real Madrid rompiera una de esas maldiciones que, de vez en cuando, azotan a un club acostumbrado a ganar y ser él quien inflige las maldiciones o las rachas imposibles a sus rivales. 

El Deportivo de La Coruña, que ahora camina por el infierno de la antigua 2ªB, fue, durante un tiempo, uno de los equipos punteros de España. Campeón de Liga, de Copa -cómo olvidar el centenariazo- y semifinales de una Champions League en la que únicamente José Mourinho le separó de una cita para la historia, aquel equipo solía ser un dolor de muelas para el Real Madrid, sobre todo cuando tocaba visitar el estadio de Riazor. 

La maldición nació ahí, en el estadio coruñés, a principios de los noventa. El 2 de noviembre de 1991, el Real Madrid ganó 0-3 al Deportivo con goles de Hierro, Míchel y Butragueño, todos ellos en la segunda mitad. Lo que nadie sabía es que el equipo blanco iba a tardar casi veinte años en volver a conseguir un triunfo en Riazor. 

El real madrid estuvo casi veinte años sin ganar en riazor

A partir de la temporada 1992/1993, el Real Madrid se vio incapaz de vencer en suelo coruñés. De hecho, y durante los siguientes años, se cosecharon algunas derrotas muy dolorosas, como un 4-0 en la campaña 1993/1994, otro 4-0 en la 1998/1999 y hasta un 5-2 en la 1999/2000. Eran noches aciagas y llegó a un punto en el que Real Madrid saltaba al césped sintiéndose pequeño, inferior, moralmente acomplejado y emocionalmente incapacitado para ganar. Daba igual que el Deportivo estuviera luchando por la Liga, por Europa o por evitar caer a la zona de descenso. El Real Madrid abrazaba aquella maldición con una regularidad abrumadora y parecía imposible cambiar la suerte.

Por allí pasaron jugadores como Zidane, Ronaldo Nazario, Beckham, Redondo o Arjen Robben, por citar algunos. Todos ellos se fueron con la cabeza agachada, formando parte de un capítulo negro dentro de la historia Del Real Madrid. Tuvo que llegar un jugador díscolo, diferente y atrevido para poner el punto de locura que necesitaba el equipo para decirle al destino, y al fútbol, que hasta ahí había llegado la condena. Fue el partido de un taconazo para la historia, pero también el adiós a una maldición que muchos no recordaban. 

Veo el Real Madrid-Atleti de la Youth League, donde fuimos superados con alguna claridad por los rojiblancos pese a la buena actitud de nuestros chicos. Lograron engancharse al partido hacia el final, muy estilo Real Madrid, dejando el marcador en 2-3 y embotellando al estupendo equipo colchonero. Fue una lástima que la Estrella, Bruno, no apareciese en demasía. Sí lo hizo Peter Federico, que además fue sujeto pasivo de la triste noticia que marcó el partido.

El que en un encuentro de juveniles se registren cánticos racistas es ya el colmo de la ignominia. Pero eso es el ser humano. Capaz de ennoblecer lo más alto del espíritu humano a través del deporte y de inculcarlo en los menores, pero también de proferir cánticos simiescos al paso de un niño negro o de causar miles de víctimas civiles en la invasión desnortada de una nación. No son cosas comparables, lo sé, pero ¿no está una en el germen de la otra, de forma más o menos patente?

Cuando se producen incidentes de este tipo, y en función de los colores del agresor, suele tenderse a diluir la culpa. Leo un tuit de Mr. Chip encaminado a exculpar al Atleti.

Tuit Mr Chip

No va de estadios ni de clubes, dice. Va de gilipollas, agrega, y no descartamos que la gilipollez entre en juego en la ecuación, si bien no del modo que Mr. Chip da a entender. Si esto no va de estadios ni de clubes, será entonces que lo que hicieron el Madrid y el Barça, echando de sus estadios a los racistas y violentos, tiene el mismo valor que lo que ha hecho el Atleti, es decir, seguir patrocinando un grupo neonazi como el Frente Atlético, y no solo patrocinando, sino dándoles cancha como interlocutores con la primera plantilla rojiblanca, con la que se reúnen con alguna regularidad y a la que se permiten aleccionar cuando el Atleti pierde, como se mostró en esta noticia casi inverosímil que pasó prácticamente desapercibida.

Frente Atlético

Siempre he sido ochentero pero para lo bueno, a ser posible. Si ponernos retro va a suponer que vuelve la amenaza nuclear, y que las barras bravas siguen campando por sus respetos, prefiero quedarme tranquilamente en el siglo XXI. Cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor, y si no que le pregunten a Cerezo que es quien consiente todo esto tan apestosamente vintage, a saber, grupos ultra apretando las clavijas a los jugadores propios, cánticos ofensivos, gentuza tratando de humillar a un niño por el color de su piel. Claro que esto va de gilipollas, Mr. Chip, pero hay diferencias clarísimas en el modo en que gestionan la gilipollez (y el vandalismo) de sus aficionados gilipollas y vándalos por parte de unos clubes y otros. Si alientas y das cobijo (y no solo cobijo, sino categoría de interlocutor con la plantilla) a un grupo de descerebrados con muertes a sus espaldas como el Frente, sois directamente responsable de lo de ayer os guste o no, Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil, y el Atleti no será un club institucionalmente digno de respeto mientras no pongáis remedio a esta lacra. ¿Cuesta? Nos ha jodido, claro que cuesta. Preguntad a Florentino qué precio ha pagado. Preguntad a Laporta. Preguntad, reflexionad y tened coraje de una puta vez.

¿Qué hay de nuevo? Lo viejo. Ultras en los fondos y Rusia avanzando en el frente. Se está quedando un mundo tan parecido al de siempre que aterra. No, no todo tiempo pasado fue mejor. No nos afanemos en recuperarlo.

 

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Día 1

Día 2

 

 

 

Buenos días. Jueves lluvioso en Madrid. Seguimos con el corazón en un puño, es imposible abstraerse del horror creado por Putin, que ha dejado en carne viva nuestra parte más solidaria, esa que nos empuja a preocuparnos y ayudar al pueblo ucraniano de cualquier manera, por nimia que sea, y nuestro lado más egoísta, el que nos hace temer por el bienestar y seguridad propios. Ambos sentimientos son lícitos y compatibles. Urge descabezar al monstruo que lo ha desatado para, primero, que la vida de millones de personas deje de estar en peligro, y, segundo, para que nuestras preocupaciones desciendan muchos peldaños y se centren en si Haaland o Mbappé finalmente jugarán en el Madrid la temporada que viene.

Portada As

Ayer la portada de As fue para Kylian y hoy es para Erling Haaland. Actualmente hay dos clubes con más opciones que el resto para contratar a Erling: Manchester City y Real Madrid. No tengáis ninguna duda de que el City pondrá sobre la mesa una oferta económica mayor, en ese aspecto, juegan en la liga del dinero casi ilimitado. Para ellos, el fútbol es como un Monopoly gigante con trampas. La ficha que los blancos pueden ofrecer a Haaland es menor en términos comparativos, pero igualmente muy elevada en términos absolutos. Vamos, que si el noruego viene a Concha Espina no tendrá problemas ni siquiera para desayunar con toda tranquilidad en un bar del aeropuerto sin que eso suponga un bocado considerable a su nómina. Será, por tanto, una operación complicada debido al músculo financiero del City.

En una situación así, siempre es primordial la decisión del futbolista, y parece que Haaland quiere jugar en España, y más concretamente en el Madrid, pero veremos, no es fácil. Si ayer pedíamos un monumento a Mbappé —si viene— en el propio Bernabéu, a Erling podríamos recibirlo al son del himno, el de las mocitas:

¡Haaland Madrid!

¡Haaland Madrid!

El noruego ya está aquí

para marcar otro gol.

Portada Marca

Marca se decanta para su portada por el pase a la final de Copa del Rey del Valencia. Imaginamos que los de Bordalás estarán contentos, la posibilidad de ganar un trofeo no es tan importante para ellos como ganar al Madrid, pero algo de ilusión les hará. En el otro lado, Marcelino decidió tenderle una alfombra al Barça el domingo y reservar energías para el encuentro de ayer. Al final, Marcelino se quedó sin pan ni vino y deja al Athletic sin la posibilidad de ser de nuevo subcampeón.

El Barça vuelve hoy a los entrenamientos después de tres días de descanso concedidos por Xavi tras golear al autodebilitado Athletic. Tal vez esta sea una estrategia del club para atraer a los jóvenes talentos, ¿a qué muchacho no le gusta que le den muchos batidos y después muchos días libres sin trabajar? Buen ardid.

Portada Sport

Si comenzamos a leer la portada de Sport como si fuese un texto cualquiera, es decir, por arriba a la izquierda, el primer sobresalto con el cual nos topamos es que Lluís Mascaró dice que Riqui Puig se queda sin sitio en el Barça. ¡Pero cómo, si era el nuevo Iniesta! No sabemos qué ha podido pasar para que el enésimo nuevo [inserte aquí Messi, Iniesta, Xavi, Puyol o similar] haya fracasado. Seguro que es culpa del Madrid. O tal vez fuera por firmar un autógrafo sobre un cerdo. O tal vez por las escalofriantes imágenes en las cuales posaba en su casa entre cojines bordados con sus propias iniciales. Quién sabe. Cosas.

El cogollo del frontispicio del medio que tiene el deshonor de contar en sus filas con Iván San Antonio es para las renovaciones de Gavi y Araújo. Dicen que el acuerdo podría producirse de forma inmediata para a continuación especificar: después del clásico. O ha cambiado el significado de la palabra inmediata o una renovación que podría firmarse dentro de 17 días no puede calificarse como tal. Cercana hubiera sido un término más adecuado. A modo de ejemplo, escribimos una frase en la cual se emplea correctamente la palabra inmediata: “Cuando atisbo a Iván San Antonio en Sport u otro medio, se produce en mí una repulsión instintiva e inmediata”.

Portada Mundo Deportivo

Llegamos al final de este Portanálisis no sin antes recordaros que el Chelsea está en venta, lo resalta Mundo Deportivo su parte superior. Mirad a ver si tenéis unos ahorrillos, lo mismo lo podéis comprar.

Pasad un buen día.

Me despierto con la noticia de que el Ministro de Exteriores ruso ha anunciado que la III Guerra Mundial será “nuclear y destructiva”. Lo primero que me llama la atención es que ya dé por hecho que estamos ante la III Guerra Mundial. Mira que estoy pendiente de las noticias sobre la crisis de Ucrania, y mira que lo estoy con el corazón en un puño, pero ese anuncio me lo ha perdido. Será que me pilló en un momento en el que andaba distraído con el fútbol, que es de lo que se supone que escribimos en La Galerna, quizá viendo el último vídeo de Ramón Álvarez de Mon, en el que muestra su optimismo sobre la llegada de Mbappé. Nosotros, como dice hoy el Portanálisis, ya no podemos más con el tema Mbappé. Que si ya está hecho, que si el PSG le ofrece cientos de millones y se lo podría pensar… Ya dije en otro texto en La Galerna que lo normal sería que Mbappé no viniese, pero que aun así yo sigo pensando que va a venir, preferentemente antes de que caiga la gran bomba.

Una vez que, tras buscar en Google, decides que en realidad el ministro ruso asume la III Guerra Mundial como una realidad antes incluso de que nadie la haya anunciado (¿se anuncian las guerras mundiales?, me falta perspectiva histórica para saberlo), tratas de discernir qué querrá decir con eso de “nuclear y destructiva”. Si “nuclear y destructiva” quiere decir exactamente lo que todo indica que quiere decir, no encontramos por qué no ha añadido a continuación “valga la redundancia”. Ya decía ayer que esto de volver al miedo a la gran bomba me retrotrae, bien es cierto que siniestramente, a mi más tierna juventud. Todo lo que está pasando es de un ochenterismo que tira para atrás. Para esto sí tengo perspectiva histórica. La amenaza nuclear a mí me suena a canción AOR o plagada de sintetizadores moog. De hecho, hay una música ochentera directamente ligada a la amenaza nuclear, desde el Hammer To Fall de Queen (For those who grew up tall and proud / in the shadow of the Mushroom Cloud…) al Russians de Sting, con aquel apunte lleno de ingenuidad estereotipada en el que se preguntaba si los rusos amarán también a sus hijos.

Mi amigo Roy es americano pero tiene un hijo ruso. El propio Roy puede considerarse a la vez yanqui, ruso y ucraniano, por extraño que parezca. Con dieciocho años se fue a Rusia desde su Long Island (New York) natal para ver qué encontraba. Encontró una chica rusa, un matrimonio precoz, un hijo ruso que sigue viviendo en Moscú. Tras quince años en Rusia se fue a vivir a Ucrania, donde discontinuamente vivió casi el mismo tiempo que en Rusia. Nadie puede darme una impresión más certera de la situación. Llamo por teléfono a Roy, que ahora vive en Turín.

Me dice que está desolado. Que ve en las noticias cómo vuelan por los aires edificios frente a los que cruzó cada mañana, durante lustros, en su camino al trabajo. Que tiene amigos ucranianos ahora mismo en el frente.

No, no se lo esperaba. ¿Quién podía esperar esto? Las claves están en el impenetrable cerebro del perpetrador de esta carnicería. ¿Cree el propio Putin las razones que esgrime (desnazificación, Donbass) para actuar así? Cuando las esgrime, ¿está genuinamente equivocado o simula creer motivos inventados? Roy no lo sabe, aunque se inclina por lo segundo. Se inclina por un plan imperialista, solo ligeramente soterrado, para recuperar repúblicas de la antigua URSS que creen pertenecerle.

Entonces ¿está loco, o es un hijo de puta perfectamente cuerdo? Roy duda. Si está loco, entonces puede optar por la gran bomba. Roy vuelve a dudar. ¿Tienen algo de razón quienes esgrimen el Donbass como un argumento para frenar (no así, claro, pero frenar de algún modo) al gobierno de Zelensky? Suelta una risa seca, eso es completamente ridículo, ha habido conflicto en esa zona, pero una broma considerar que Zelensky estuviera llevando a cabo un genocidio, como dicen algunos, en la zona. Roy se ha pasado media vida entre un país y otro y en ningún lado, ni rusos ni ucranianos, le hablaron jamás de nada de esa escala en la región, como tampoco lo vio jamás en ningún medio de uno ni de otro lado. Añade que Hitler utilizó argumentos similares para tratar de legitimar la invasión de Austria.

Cuenta Roy que incluso su hijo, ya un joven puramente ruso residente en Moscú, y que siempre simpatizó con el carácter aguerrido del dictador, ha experimentado una epifanía a resultas de la invasión, y se ha dado de bruces con la realidad de lo que es Putin. Ahora Roy Jr. solo piensa en salir del país, y aprovechar su doble nacionalidad para establecerse en Estados Unidos. Roy teme que su hijo es una excepción, y que la sociedad rusa carece en general de las fuentes de información a las que sí acude Roy Jr., por lo que es prisionera inexorable de la propaganda.

Alguien que no es Roy, pero que también sabe mucho de esto, me advierte de la necesidad de dejar una salida airosa a Putin cuando comprenda, merced a la oposición internacional, que debe terminar desistiendo de sus propósitos. El que no encontrara una salida personal airosa podría terminar por desatar su enajenación, y las consecuencias serían funestas. Desgraciadamente, falta mucho para llegar allí.

En cuanto a Daryna, la mujer que nos acogió en Kiev cuando fuimos allí con ocasión de la Final de la Decimotercera, he sabido que ha decidido llevar a cabo lo necesario para que sus ancianos padres se le unan en su huida. Daryna y su hija forman parte del éxodo de no menos de 700.000 kievitas que han huido de la ciudad, empavorecidos ante el impío ejército ruso. Está junto a la frontera polaca. Sus padres, que apenas se valen por sí mismos, se encuentran a 400 kilómetros de esa localidad. El plan es que lleguen donde están Daryna y su hija y, ya los cuatro juntos, crucen la frontera polaca. El plan es tan conmovedor como abundante en dificultades. Seguiremos informando.

Cuando estoy a punto de cerrar estas líneas, Pedro Sánchez anuncia en el Parlamento español que finalmente sí se enviará arsenal ofensivo para la resistencia ucraniana. Ha dicho, poco más o menos, que lo hace para dar en las narices a la oposición, que le recriminaba la postura contraria. Hay cosas que están bien incluso cuando se hacen por las razones más peregrinas.

También leo a Joaquín Maroto, justo antes de cerrar definitivamente, que merced a la eliminación del doble valor del gol en campo contrario la probabilidad de que el Madrid elimine al PSG pasa del 38 al 55%. Lo han estudiado dos catedráticos de economía, de los que Maroto se hace eco. Todo esto volverá a importarme cuando llegue el momento. Ahora mismo, estoy más allá incluso de los ochenta. Que vienen los rusos es una gloriosa comedia de 1966. He vuelto al Madrid ye-yé.

 

Anteriores entregas del Diario Galérnico en tiempos de guerra:

  1. https://www.lagalerna.com/diario-galernico-en-tiempos-de-guerra-1/

 

Buenos días. Ya sabíamos que lo del tema Mbappé iba a ir para largo y que los rumores de hoy no valdrán de nada mañana y que mañana será otro día. En realidad lo que no sabemos es lo que acabamos de decir, pero seguro que nos habéis entendido. ¿Por qué? Porque estáis tan hartos del tema como nosotros. Y es normal, ojo. No hay que alarmarese.

La última sobre Mbappé es que el PSG le ofrece tantos millones que decir que no es casi un acto homérico. Una morterada por firmar -como lo que tuvo Messi en el Barcelona antes de la ruina más grande de todos los tiempos- y morterada y media por cada una de las temporadas que quiera estar en la entidad parisina. Un absoluto disparate que, además, haría saltar por los aires cualquier tipo de 'Fair Play Financiero' y todas las leyes habidas y por haber que existen en el mundo del fútbol.

De momento, Mbappé sigue diciendo que no con una elegancia y un saber estar que sólo se ve cuando declaras tu amor a alguien y esa persona te responde que sí, que te quiere, pero que como amigo nada más. Ha rechazado tantas ofertas que nuestra única duda está en saber si es más madridista que nosotros o no. Sea como fuere, y si finalmente ficha por el Real Madrid este verano, desde La Galerna pedimos un monumento a este chico en el mismísimo Santiago Bernabéu. Es (será) justo y necesario.

Por lo demás, en 'Mundo Deportivo' volvemos a encontrar rumores sobre futuribles del Barcelona, aunque esta vez suena más realista que cuando imaginaban a Haaland, Rashford y Sterling juntos en el Camp Nou. Laporta ha aprendido a filtrar y los nombres de hoy van asociados a operaciones muy baratas o directamente de coste cero por finalización de contrato. Evidentemente no llegarán todos, pero no reírse de los culés ya es un avance. Lo aplaudimos.

Para terminar os dejamos con 'Sport' y 'Marca'. En el diario cataculé nos presentan a Ángelo, una joven promesa que podría vestir la camiseta del Barcelona próximamente, y hablan sin ruborizarse de una nueva estrategia para renovar a Ousmane Dembele, ese chico al que le dijeron que se iba a pasar las tardes en la grada si no se marchaba o firmaba a la baja. Estos son mis principios y el resto de la frase ya os la sabéis. Y si no te gusta la frase, pues tenemos otra.

'Marca', por su parte, nos traslada hasta Mestalla, donde hoy se juega uno de los clásicos del fútbol español en busca de un lugar en la final de la Copa del Rey. Nos encantaría estar ahí o, al menos, optar a ese último escalón del torneo, pero tendremos que conformarnos con verlo por la tele. Otro año será. O eso esperamos, claro. Pasad un buen miércoles, queridos galernautas.

 

Antes de empezar el partido de Vallecas del otro día mi padre me escribió una frase que me dejó reinando mientras veía a “los chicos”, como decía Di Stéfano, saltar de azul al viejo Teresa Rivero: “este año habrá que conformarse con la Liga”. ¡Conformarse! Me hizo gracia pero también me pareció ilustrativo de un modo muy particular de state of mind madridista, absolutamente transversal, intergeneracional, que sigue considerando la Liga como una pedrea. Luego recordé la de canas que tengo en la cabeza por culpa de los siete campeonatos nacionales que le he visto ganar al Madrid en el siglo XXI.

Porque las Ligas cuestan años de vida. Desde 1998 el Madrid ha ganado las mismas Ligas que Copas de Europa, un dato asombroso que habla de lo intensa que se ha vuelto la competición en España y de cómo ese fenómeno ha repercutido favorablemente en el aumento del nivel del Real en las competiciones internacionales. La prensa antimadridista se llevó los tres años del ciclo zidanesco jurando que era más difícil ganar la Liga que la Champions, pero lo cierto es que esa es una falacia del tamaño del cimborrio de la catedral de Sevilla, porque la Liga española se ha nivelado en los últimos veinte años por el medio, y por ello los campeones salen a Europa con un ritmo y una intensidad mayores. Se ha cumplido la máxima clásica del capitalismo: a mayor competencia, mejores oportunidades y mejores productos, aunque haya tenido como contraindicación el generar la sensación entre la gente de que lo nacional no tiene valor.

Porque las Ligas cuestan años de vida. Desde 1998 el Madrid ha ganado las mismas Ligas que Copas de Europa

Esta sensación, hay que decirlo, se agranda con el desprecio patológico de muchos españoles por el Madrid y por lo madridista. Además, por supuesto, hay que contar con la muy deficiente organización de la propia Liga, con el fuego de artillería propagandístico, continuo e inmoral, al que Movistar y Mediapro someten al madridista de a pie, y con la prostitución videoarbitral que ha reducido al VAR español a un artilugio grotesco que sólo sirve para legitimar el atraco. La tecnotiranía chusquera del fútbol español obliga en cierto modo al madridista a refugiarse en la calidez majestuosa de la Copa de Europa porque la Copa de Europa es un lugar feliz para el Madrid. También influye que Ligas se han ganado treinta y cuatro y que no te deja el mismo cuerpo ganarla en La Rosaleda un domingo al filo de la medianoche sin que medie entrega de trofeo o ceremonia especial alguna, que ganar una orejona en un estadio deslumbrante ante los ojos del mundo, un sábado por la noche, después de una liturgia sagrada en la que uno se siente elevado a regiones celestiales con sólo escuchar el himno.

Zidane Ramos campeones de Liga

Pero las Ligas tienen valor, diría que un valor incalculable, porque las Ligas “hacen nación”. Los indepes catalanes decían todo el tiempo aquello de fer país y la expresión, futbolísticamente hablando, me parece un hallazgo. Las Ligas hacen país porque afianzan el núcleo esencial del Madrid, consolidan la seguridad en sí mismo de un equipo en tránsito hacia alguna parte (eso es para mí el Madrid de Ancelotti) y ensanchan la universalidad del club afianzando lo nacional. En cierto modo ganar una Liga hoy es también un acto de patriotismo subversivo, porque es ganársela a esta España zafia que escupe al Madrid enfadada porque el brillo de la corona les deslumbra, y es ganarla honrando el esfuerzo de los padres fundadores, de todos los pioneros que quisieron proyectar el fútbol en España desde la plataforma estupenda y maravillosa que habían fundado en su capital, bandera de enganche de hombres libres (blanco nieve, blanco pureza), el Madrid Foot-Ball Club.

En cierto modo ganar una Liga hoy es también un acto de patriotismo subversivo, porque es ganársela a esta España zafia que escupe al Madrid enfadada porque el brillo de la corona les deslumbra

Carletto es el menos ganaligas de los grandes entrenadores que han triunfado en el Madrid. Su naturaleza como técnico parece hecha a medida del Madrid del siglo XXI: un hombre de noches grandes, un hombre de vocación universal al que lo local se le empina como una rampa del Alpe d´Huez. Esta Liga está teniendo muchas cosas especiales, primero porque Carletto regresó al Madrid sin que no se lo esperase ni él y segundo porque el Madrid está imponiéndose en una fase de reorganización del fútbol español. Empezado marzo le saca seis puntos al segundo, que no es ni el Barcelona, ni el Atlético de Madrid ni tampoco el Valencia; los grandes dominadores de lo doméstico en España a lo largo del siglo XXI están lejísimos y el pelotón que lo persigue está compuesto por representantes de la clase media que al calor del duelo Messi-Cristiano, Guardiola-Mourinho, Madrid-Barcelona, han crecido elevando el nivel colectivo de la Liga hasta llevarse once de las veinte UEFAS disputadas desde 2001 (con un subcampeón extra y dos finales totalmente españolas por el camino).

Carletto

La Liga es un pulso cotidiano, en la Liga no hay lustre. Las ocasiones de lucirse son pocas, casi siempre se trata de sobrevivir. Pero en la lucha por la vida hay una belleza muy literaria. La Liga endurece, envejece, desgasta, es una metáfora perfecta de la existencia humana. La satisfacción es breve y amarga. La Liga no da tregua: uno puede presumir de una Copa de Europa toda la vida pero la felicidad liguera se agota en lo que tarda el MARCA es sacar una portada veraniega con el siguiente bombazo del calciomercato. La Liga es una amante ingrata que exige mucho y ofrece poco, pero doblegarla es doblegar la dureza intrínseca de la vida. La Liga es la prueba del verdadero tipo duro, como aleccionaba De Niro a su hijo en Una historia del Bronx: para paladear la sensación irreal de fantasía, de cosa fabulosa y sublime, que tienen las noches de la Copa de Europa, uno tiene que desbrozar a diario el páramo de la vida, hacerse un hueco a machetazos y merecerse el regalo de mirar por la ventana de la eternidad cada vez que en el estadio resuena esa versión del Zadok el sacerdote de Haendel.

La Liga endurece, envejece, desgasta, es una metáfora perfecta de la existencia humana. La satisfacción es breve y amarga

Ganar una Liga también aporta esa felicidad reposada del deber cumplido. El Madrid, compitiendo por la Liga, se honra a sí mismo, honra su nombre y honra el nombre de quienes lo construyeron, fundamentalmente en ligas poco brillantes, pero necesarias. La Liga no tiene nada que ver con la explosión de euforia tan adictiva que supone coronarse de inmediato como el mejor de todos, en las barbas de los equipos más poderosos del mundo. De esa droga es difícil quitarse pero el Madrid siempre cimentó su éxito en Europa ganando antes la Liga. Es un proceso de un sólo sentido: Fernández y Villalonga en 1953 y 1954; Capello en el 97, Del Bosque en 2001, Mourinho en el 2012, Zidane en 2017. El valor extraordinario de la Liga no radica solamente en la acumulación per se de metales sino de la consolidación de los méritos de un grupo heterogéneo: esta, de ocurrir, sería más que la tercera Liga de Modric, Kroos y Casemiro, la segunda Liga del Madrid de Courtois, Militao, Valverde y Vinícius, que son el tallo que crece hacia el futuro. Endulzar una transición generacional tampoco es cosa de broma porque a pesar de la evidente inferioridad del campeonato español respecto del inglés, las Ligas cosechadas en épocas de vacas flacas sostienen ese sentido de continuidad histórica, de tradición y de permanencia, nociones todas ellas que alimentan la leyenda del Madrid tanto como la memoria de Europa. El mundo se desmorona, nosotros nos enamoramos, las golondrinas retornan proclamando la primavera y el Madrid, naturalmente, sigue ganando como siempre.

 

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Empiezo este diario sumido en un estado de depresión incipiente y franco desconcierto. Supongo que pretendo hacer de él un cajón de sastre en que el que quepan todas las ideas deslavazadas y aciagas que se me agolpan ante lo que está pasando en Ucrania.

Pretendo además, supongo, que a alguien pueda interesarle. Ni siquiera, ahora que lo pienso. Interés no es la palabra. Me basta con que alguien se sienta identificado con el momento de triste perplejidad y aprensión vulnerable que me asola. O acaso solo pretendo excusarme de manera continuada y preventiva ante la dificultad de sacar adelante un diario madridista como La Galerna en estos tiempos.

Kiev guerra

Lo llamaré “Diario galérnico en...” porque el Real Madrid tendrá inevitable cabida pero, si os soy sincero, desde que esto se ha desatado, tengo que recordarme cuánto me importa lo que le sucede al Madrid. En algún punto temporal nos llega a todos, incluso a La Galerna, la necesidad de escribir con todas las palabras que existen cosas infinitamente más relevantes que los resultados de nuestro equipo. Incluso con esta idea habría sido capaz de jugar conceptualmente en otro momento, desembocando en alguna broma en sentido contrario. Ahora no puedo, porque una de las preguntas es esa: ¿qué hacemos ahora con la ironía, seña distintiva de La Galerna? A lo mejor este diario improvisado es solo una petición de ayuda, un SOS para que la ejerzan quienes estén con ánimo para ello. No hay ninguna razón para que los portanálisis, por ejemplo, dejen de destilar sarcasmo, ya que sigue existiendo abundancia de situaciones y sujetos que ameritan su uso. Pero no me sale. Creo que en general no nos sale. La enormidad de los acontecimientos, y de la amenaza global que traen consigo, atenaza el sarcasmo contra situaciones y sujetos cuyos desatinos antimadridistas se nos presentan ahora con una pátina de completa irrelevancia. Habría que no comparar relevancias, porque en ese caso estamos jodidos. Habría que olvidar lo que está pasando por allí y seguir con las rotaciones de Carletto o la falta de ellas, el fichaje de Mbappé, el fichaje de Haaland o las hipérboles de los exegetas de un túnel azulgrana pegado a la cal. Y a mí qué me importa ahora todo eso. No lo puedo expresar más descarnadamente, espero que nadie se enfade por esta dejación sentimental de funciones. La Galerna está herida de guerra en su esencia, en su filosofía. Sé que saldremos adelante, pero aún no sé cómo.

En algún punto temporal nos llega a todos, incluso a La Galerna, la necesidad de escribir con todas las palabras que existen cosas infinitamente más relevantes que los resultados de nuestro equipo

La invasión (¡invasión!) de Ucrania por parte de un enloquecido Putin ha puesto patas arriba mi vida, al menos la interior. No pretendo ejercer ningún monopolio en ese sentido. Estoy seguro de que muchísimas otras personas sienten algo parecido. Hay un lúgubre rejuvenecimiento también: hemos vuelto a los ochenta, cuando temíamos la bomba. “Cómo dejé de preocuparme y empecé a amar la bomba”. El macabro, satírico subtítulo del Dr. Strangelove de Kubrick cobra de pronto un cariz lóbrego. Es una película que he disfrutado mucho durante décadas. Ahora, con este ochentero sentimiento nuclear reeditado, produce miedo acercarse a ella. Claramente, habíamos encontrado un confort excesivo en la asunción de que, si bien sigue existiendo, nadie va a usar la bomba. ¿Nadie? Alguien que ya habíamos aceptado como un miembro responsable (con sus cosas, pero responsable) de la comunidad internacional podría hacerlo. Y, si él puede, otros también. Margallo habla en la prensa de “apocalipsis” y nosotros tenemos que hablar del túnel de Pedri o las alineaciones de Ancelotti. Miren: no.

Escribí este texto, “Daryna”, pensando en nuestra anfitriona en Kiev, cuando el Madrid jugó la Final de la Champions en el 18 y miles de ucranianos abrieron desinteresadamente sus puertas a tantos y tantos madridistas. Daryna (en realidad no se llama Daryna) y tantos otros quisieron mostrar su hospitalidad en respuesta a los precios prohibitivos de los hoteles. Querían contrarrestar esa imagen de Ucrania. La del 18 había sido mi segunda visita a la capital ucraniana. Solo tengo magníficos recuerdos de esas gentes. Es una tontería, porque hay razones infinitamente más poderosas que esa anécdota para estar con Ucrania, pero dado que esta es una publicación madridista se me antoja una percha apropiada. Aunque la solidaridad, por supuesto, no precise de perchas.

Stop it, Putin!

Daryna está en una localidad ucraniana cercana a la frontera con Polonia. Sé de ella por su hija, que habla inglés y me manda audios de whatsapp. Están asustadas pero a salvo. Han dejado toda su vida atrás, y la gran disyuntiva es si deben o no cruzar la frontera. Para ello, deben dejar atrás no ya su casa o su vida como la conocían (esa ya ha quedado arruinada), sino a los padres de Daryna también, que viven en otra localidad ucraniana, a unos 400 kilómetros de donde ellas están ahora. Los padres de Daryna son demasiado viejos y están demasiado cascados como para acompañarles en la aventura. ¿Qué hacer? Imagino que usaré este diario que hoy empieza, también, para ir poniendo al día su suerte, la suerte de Daryna y la de su hija, que existen en su especificidad pero también son otros miles de ucranianos. Serán mi símbolo de ese éxodo en este diario que hoy empiezo sin saber dónde iré a parar.

Si el mundo no sabe dónde irá a parar, no sé qué me hace pensar que yo, individualmente, puedo llegar a albergar la pretenciosidad de saberlo.

Por lo demás, el Madrid juega el sábado contra la Real y sé que, cuando llegue el momento, me importará. Dios bendiga al Real Madrid.

 

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