Las mejores firmas madridistas del planeta

El Real Madrid femenino desembarcó en la temporada 2020-21 tras la absorción completada al CD Tacón. La temporada pasada fue realmente positiva en todas lo sentidos, en especial en cuanto a resultados, obteniendo una muy meritoria segunda posición, con clasificación incluida a la UEFA Women’s Champions League.

Todo hacía pensar, en el verano pasado, que el proyecto se iba a consolidar y que incluso los resultados podían mejorar, y, en particular, a todos los madridistas nos estimulaba sobre todo el poder reducir las diferencias con respecto al referente del fútbol femenino, que no es otro que nuestro encarnizado rival, el FC Barcelona.

Para ello, hubo bastante movimiento en el mercado de fichajes, con salidas, algunas dolorosas como las de Sofia Jakobsson o la brasileña Thaisa, compensadas con varias interesantes llegadas, fundamentalmente de jugadoras españolas: Nahikari y Lucía Rodríguez, procedentes de la Real Sociedad; la goleadora Esther González, la defensa Rocío Gálvez y Claudia Zornoza, del Levante; Athenea del Castillo, del Depor y dos danesas, Caroline Möller y Sofie Svava (esta última se incorporó en el mercado invernal para reforzar el lateral izquierdo, debido al embarazo de la veterana Marta Corredera). También llegó para competir la titularidad con Misa Rodríguez bajo palos la portera francesa Méline Gérard, titular del Betis.

El Real Madrid femenino ha llegado para quedarse

Con estos mimbres, más algunas esporádicas apariciones de jóvenes canteranas, todo hacía pensar en un indudable paso hacia adelante del grupo dirigido por David Aznar. Más aún cuando en la previa de la Champions, el equipo hizo una gesta en Manchester, eliminando al City y clasificándose para la fase final de grupos.

Pero nada más empezar la liga regular, comenzaron los problemas en forma de lesiones. Cayeron una tras otra piezas fundamentales del grupo: en particular hubo que lamentar lesiones prolongadas como la de nuestra adorada Queen Kose Asllani y una lesión muy grave de la que para este escribidor había sido la mejor futbolista de la 2020-21: la extremo aragonesa Marta Cardona. El equipo había perdido mucho gol con las ausencias de Jakobsson, Asllani y Cardona, y las nuevas incorporaciones, obviamente, tardaban en acoplarse al equipo. De tal forma que se sucedieron varias derrotas en liga, contra equipos de las zonas medias e incluso bajas de la tabla, y el Real Madrid estuvo incluso varias jornadas habitando la zona de descenso (1 punto de 15 tras las primeras 5 jornadas).

Todo hacía pensar, en el verano pasado, que el proyecto se iba a consolidar y que incluso los resultados podían mejorar, Pero nada más empezar la liga regular, comenzaron los problemas en forma de lesiones

Ya para entonces se veían las plazas punteras de la tabla con catalejo y ni siquiera el más optimista pensaba ya en repetir la clasificación para puestos de Champions, un hecho fundamental para el crecimiento y el futuro a corto y medio plazo del equipo.

En Champions se logró el pase a cuartos de final, ya que en el grupo nos enfrentamos contra dos equipos muy flojos (el Kharkiv de Ucrania y el Breidablik de Islandia), pero en los dos partidos contra un rival de verdad, el Paris Saint Germain, las nuestras fueron claramente superadas por las galas (4-0 en el Parque de los Príncipes y 0-2 en el Di Stéfano). Precisamente, tras este último resultado (finales de noviembre) fue destituido David Aznar, y reemplazado por el que fuera antiguo jugador del primer equipo y entrenador del Castilla, Alberto Toril.

El cambio poco a poco resultó siendo un revulsivo, y empezaron a llegar las victorias, muchas veces por la mínima, en competición liguera. Seguía habiendo una alarmante falta de gol (este problema no llegó a resolverse en toda la campaña) pero, al menos, Toril logró una mayor consistencia defensiva dando más minutos a las jóvenes Rocío y Lucía, en detrimento de minutos para veteranas como la mexicana Kenti Robles y la alemana Babett Peter.

Reinas y coronas

En el centro del campo también hubo que jugar con la baza de la lesión prolongadísima de nuestra “Casemiro”, la francesa Aurélie Kaci, y en muchas convocatorias Toril tuvo que armar un mediocampo de circunstancias, con poquísimas piezas, ya que también cayeron Tere Abelleira y Maite Oroz. Hubo convocatorias de apenas 2 o 3 centrocampistas, Claudia Zornoza y poco más, por lo que Athenea, Olga, Nahikari e incluso Caroline tuvieron que jugar en puestos que no eran específicamente los suyos.

El equipo de Toril emocionó a todos los madridistas cuando allá por el mes de enero jugó un espléndido partido en semifinales de la Supercopa, aguantando las embestidas del Barcelona hasta que en el minuto 92 cayó finalmente el gol de la victoria del lado culé. Ahí fue cuando realmente más de un pesimista pensó que se podía hacer remontada en liga, ya que el espíritu pesimista y de perfil bajo de Aznar había dado paso a la consistencia de los métodos de Toril.

Se logró una gran racha de victorias en liga, Esther González tomó el bastón de liderar al equipo con su actitud indomable, rápidamente seguida por, personalizando, Athenea, Tere, y un gran final de temporada de Zornoza y de la sevillana Olga Carmona, bien protegidas atrás con la capitana Ivana Andrés y la portera Misa. La Champions se veía cerca, aunque un par de tropiezos (3-1 en Huelva o un empate a 0 en Valencia) casi acabaron por malograr la gesta.

Con Toril, se logró una gran racha de victorias en liga, Esther González tomó el bastón de liderar al equipo con su actitud indomable

Entre medias, las nuestras nos brindaron una primera parte antológica en la ida de cuartos de final de la Champions, donde pasaron claramente por encima del FC Barcelona (todo fue interrumpido por un penalti inventado a favor de las azulgranas, que aprovecharon para meterse en el partido con el 1-1) y unos minutos imperiales en el Camp Nou, donde 91.000 espectadores vieron, atónitos, que el Madrid llegó a adelantarse aquella tarde (1-2) tras un golazo espectacular de Claudia Zornoza desde casi 40 metros, que dejó sentada a Sandra Paños.

Pese a la crudeza del resultado final de la eliminatoria (8-3), Toril y las suyas se reafirmaron y pudieron hacer un sprint final liguero que fue premiado con un tercer puesto final (y premio de Champions) en una foto finish contra el Atlético de Madrid en una jornada final donde el Madrid jugó con cabeza y criterio, y a quien acompañó una victoria culé ante las colchoneras para lograr un pleno de 30 victorias en 30 encuentros disputados.

Real Madrid femenino

Interesante analizar las estadísticas finales de la Liga Iberdrola, en donde se puede comprobar que las nuestras fueron tan solo el 8º equipo más realizador (41 goles en total), siendo mucho más firmes en defensa (la tercera mejor marca, con 31 tantos recibidos). Diferencias abismales entre la primera vuelta (23 puntos conseguidos) frente a la segunda (37 de 45).

Tras las despedidas de Babett Peter y de Kose Asllani (honor a ambas, estrellas europeas que quisieron empezar la aventura merengue en el fútbol femenino, además nuestra Queen marcó el penalti decisivo al Villarreal en la última jornada), se abre una nueva etapa. La consolidación en la élite se hace necesaria, y tenemos que quemar el retraso que llevamos con respecto al Barcelona de forma rápida, ya que el madridismo no puede aceptar, por definición, que nuestro rival nos cruja una y otra vez en el terreno de juego, pese a la dignidad que muestran nuestras jugadoras.

Se necesitan refuerzos inmediatos, sobre todo en ambos laterales, en el centro de la defensa, más potencia y envergadura en el centro del campo, y, sobre todo, mucho más gol: Esther ha logrado 17 en total este año, pero nuestras siguientes goleadoras (Athenea, Olga, Claudia) apenas han logrado entre 5 y 6. Tenemos que hacer en dos años lo que otros clubs han hecho en 15 o 20. Esto es el Real Madrid y la única forma de crecer en este club es empezando a luchar claramente por títulos y colocando los primeros trofeos en nuestro glorioso museo. Por entendernos: el Madrid en su sección femenina no puede limitarse a ser un meritorio o una comparsa de relleno. Ya falta menos para llegar, pero todavía falta mucho: “Tan lejos, tan cerca”, como en aquella película del alemán Wim Wenders, la secuela de la maravillosa “El cielo sobre Berlín”.

 

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Buenos días, amigos. Parece que Mbappé vuelve a cerrar el acuerdo que le unirá con el Real Madrid durante las próximas temporadas. No sé vosotros, pero este portanalista ha perdido la cuenta de las veces que esto ha sucedido. Afortunadamente, no queda tiempo para que ocurra muchas más veces, dado que ya se extingue el contrato que vincula a Kylian con el PSG. Por suerte, en cuanto se anuncie el fichaje de Mbappé por el Real Madrid, todos estos meses (o años) quedarán olvidados y los madridistas nos veremos inundados por una ilusión que parece tener una fecha de caducidad muy lejana.

Las últimas informaciones sobre las cifras del contrato que firmarán Real Madrid y Mbappé apuntan a que tendrá una duración de cinco años, que el francés controlará entre el 75-80 % de sus derechos de imagen, que cobrará 30 millones de euros netos por temporada y que el Madrid le pagará una prima de fichaje de 120 millones de euros.

Este último punto, el de los 120 millones, a buen seguro que abrirá las compuertas de la demagogia antimadridista (y madridista). ¿Cómo se puede pagar esa cantidad por un jugador libre?, preguntarán muchas con intenciones aviesas. Haremos varias consideraciones al respecto.

La prima de fichaje que se abone a Mbappé no servirá para reforzar a ningún rival

Que el jugador acabe contrato, a efectos del Madrid, solo significa que ha de ponerse únicamente de acuerdo con el futbolista, y no con el PSG y Mbappé. Es decir, las partes se reducen de tres a dos.

Que el jugador acabe contrato no significa que sea gratis ficharlo. Ese paradigma ya no es así. El futbolista actual controla más su carrera y decide su futuro de manera mucho más autónoma que hace años, de modo que es él mismo quien exige las condiciones económicas —que luego habrán de ser negociadas con el club en cuestión— para vender sus servicios a quien considere oportuno.

El año pasado, el Madrid ofreció 200 millones de euros por Mbappé, oferta que, con la educación que les caracteriza, no fue ni contestada por los mandamases del PSG. Este año le cuesta 80 millones menos.

Es preferible pagar 120 millones a Mbappé que 200 al PSG —es decir, a Catar—, con los que a buen seguro intentarían desestabilizar al Madrid tentando a algún jugador, aunque solo fuese para fastidiar. Ellos son así. La prima de fichaje que se abone a Kylian no servirá para reforzar a ningún rival.

El punto más espinoso del contrato que ha salido a la luz es el de los derechos de imagen, de los que se dice que el Madrid solo tendría en torno al 20%. Si la enormidad del fichaje amerita o no esta excepción es lo que nos resulta más opinable

Y, si nos ponemos a bordear la demagogia, ¿es caro pagar 120 millones de euros por Mbappé, el mejor jugador del mundo, cuando se han pagado 160 por Coutinho, 222 por Neymar o 150 por Dembelé?

El punto más espinoso del contrato que ha salido a la luz es el de los derechos de imagen, de los que se dice que el Madrid solo tendría en torno al 20%. Esto rompería el paradigma del fichaje galáctico típico de Florentino, con los derechos tradicionalmente a dividir a partes iguales entre futbolista y club. Si la enormidad del fichaje amerita o no esta excepción es lo que nos resulta más opinable. Ramón Álvarez de Mon pasará más tarde por La Galerna para dar su opinión al respecto.

Portada Marca

Marca superpone un SÍ y un escudo del Real Madrid a la cara sonriente de Mbappé y afirma, como ya hemos comentado, que está ultimado el acuerdo para convertir en madridista a Mbappé. Nosotros especificaríamos que ya es madridista, lo que hará el contrato será convertir a Mbappé en jugador del Real Madrid Club de Fútbol.

Portada As

As se centra más en los tiempos del fichaje. Asegura que el delantero francés anunciará que no renueva con el PSG la próxima semana y que el Madrid tiene previsto anunciar su contratación después de la final de la Champions del día 28 frente al Liverpool.

Sin embargo, hay una noticia de ayer que hoy no recogen las portadas:

Tuit El Confidencial Rubiales pintora mexicana

Rubiales, retratado.

El Confidencial afirma que Rubiales pagó con dinero de la RFEF un viaje de placer —tal vez para darle uso a la brocha— a Nueva York con una pintora mexicana. Sin embargo, Rubi habría dicho a su entorno que el viaje era para mantener reuniones de trabajo con representantes de Naciones Unidas y la Major League Soccer. Siempre según El Confidencial, Rubiales habría pensado que la ocasión la pintan calva y habría disfrutado de la ciudad norteamericana junto a la pintora, con quien al parecer mantenía una relación sentimental. Los gastos los pasó a la RFEF como si estuviesen relacionados con el trabajo y este hecho podría ser constitutivo de un delito de administración desleal.

La RFEF, que no quiere ver estas noticias ni en pintura, emitió este comunicado para desmentir la noticia, que tilda de falsa.

De todos modos, tras la anterior tanda de filtraciones con Geri y después de esta con la artista mexicana, parece que la ética no pinta nada, ya que Rubiales sigue tan fresco.

Pasad un buen día.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

No existe ninguna razón en la tierra ni en el espacio exterior por la cual Nacho Fernández no pueda estar en la Selección Nacional. Lo puedo decir con una frase más elaborada o más sencilla, pero no sé decirlo de manera más taxativa, por la sencilla razón de que estoy cien por cien seguro de la validez de la idea que estoy defendiendo y eso es raro en mí, que no suelo tener claras muchas cosas y menos en materia de fútbol.

No existe ninguna razón en la tierra ni en el espacio exterior por la cual Nacho Fernández no pueda estar en la Selección Nacional

Pero resulta que Nacho está haciendo un final de temporada soberbio, muy por encima del nivel de cualquier potencial competidor para su puesto, lo que elimina de cuajo cualquier duda a la hora de emitir la afirmación. Nacho tiene que ir a la a Selección, y todo lo que no sea eso es un fraude al ciudadano que pone su ilusión en el equipo que representa al país, o que se supone que lo hace. No soy yo uno de esos ciudadanos, y muchos menos si la ocasión para defender a España se da en un Mundial manchado de sangre como será el de Catar. No soy por tanto uno de esos españoles a quienes tiene en vilo el próximo gran reto internacional de la llamada Roja. Hablo por tanto en nombre de otros a quienes pueda importarles, y que se ven justificadamente engañados por el hecho de que Luis Enrique les hurte la posibilidad de contar con el que a día de hoy es de largo el mejor defensa nacional junto a Carvajal, que en cambio sí cuenta para el llamado Lucho. Se ve que con el lateral ya cubre la exigua cuota de buenos jugadores no representados por amigos, así como la exigua cuota de madridistas en sus listas.

Nacho

A Nacho no le representa nadie con quien haya amistad por parte del exazulgrana. Donde digo amistad léase cualquiera de las cosas que pueden acompañar a la amistad entre personas con dinero y personas que toman decisiones relevantes. Luis Enrique ha seleccionado recientemente al portero del Barça B. ¿Es posible que Luis Enrique entienda que dicho portero es objetivamente mejor que cualquiera de los que ocupan las porterías de todos los equipos de Primera? Es raro. Es rarísimo, diría yo. Pero posible es. Es matemáticamente posible que Luis Enrique tome sus decisiones de manera honrada. ¿Es sin embargo inevitable que la gente piense mal cuando llama a filas a jugadores prácticamente desconocidos con vínculos de representación con sus amigos, así como jugadores pertenecientes al Barça con opciones de revalorizarse en el mercado a raíz de su convocatoria? Sí, es completamente inevitable.

Se ve que con Cavajal Luis Enrique ya cubre la exigua cuota de buenos jugadores no representados por amigos, así como la exigua cuota de madridistas en sus listas

Estas sospechas alcanzan de lleno al puesto de central de la Selección, es decir, al puesto de Nacho (o a uno de ellos, entendido que los laterales están bien cubiertos). ¿Es físicamente posible que Luis Enrique considere de verdad que Eric García es mejor jugador que Nacho? Es extraño. Es extravagante. Pero sí, posible es. Tengo un amigo que afirma categóricamente que Bad Bunny supera a Wolfang Amadeus Mozart en categoría musical. Son sus opiniones y hay que respetarlas. Lo que pasa es que, afortunadamente, mi amigo no tiene que hacer una lista de músicos en la cual ponen su ilusión millones de personas. El debate no debería estar en si Eric García es mejor que Nacho. El debate debería estar en si es mejor que Vallejo.

Nacho frente al City

España va a jugar un Mundial. Un Mundial podrido a mi juicio por jugarse en Catar, pero Mundial al fin y al cabo. Una Copa del Mundo es en principio una ocasión solemne, una cita crucial. A una ocasión solemne, a una cita crucial, tú debes en principio llevar a tipos que hayan demostrado su fiabilidad en escenarios de alto rango. ¿Qué tal unas semifinales de la Champions League? Lucho, repase usted el vídeo del partido entre el Madrid y el City en el Bernabéu. Ese que impone su ley ante estrellas del fútbol mundial como Gabriel Jesús, Foden, Mahrez o Grealish es Nacho Fernández. Ese muro de contención que no se arruga ni por un momento, y que ejerce sobre sus compañeros el liderazgo necesario para no dejar jamás de creer, ni siquiera cuando las cosas se han puesto imposibles, es el futbolista de Alcalá de Henares. Es el hombre de ese momento y de ese lugar, entendiéndose por ese lugar aquel cuya contemplación haría temblar las piernas de cualquiera, y por ese momento aquel en el que se arrugan los que no están hechos de la madera de los héroes.

Luis Enrique, convoque a Nacho de una maldita vez y atenúe de este modo las sospechas.

Al menos un poco.

 

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En la primavera del año 1981 ocurrieron varias cosas excepcionales en el mundo. La primera fue que el Madrid perdió la final de la Copa de Europa contra el Liverpool, en París. La segunda, que un sicario de los Lobos Grises, Alí Agca, le pegó tres tiros al papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano. La tercera, que en un pueblo pequeño de la costa noroeste de la provincia de Cádiz, mis padres se conocieron. El Real, que no jugaba una final como aquella desde 1966, había perdido a Santiago Bernabéu tres años antes. En el palco del Parque de los Príncipes estaba Luis de Carlos, cuyo perfil, en la foto que salía de aquel partido en la crónica gráfica de la historia del club que sacó el AS en 1997, era muy semejante al del patriarca: senatorial, patricio, hombre de Estado. Aquel ejemplar de tapa dura fue mi primer libro, mi primer coleccionable madridista. La historia llegaba hasta el principio de la temporada 97/98, la temporada de la Séptima. Había algo de esa historia abierta, sin final, en las últimas hojas de aquel libro que todavía hoy conservo. “La Séptima pudo llegar con Luis de Carlos”, o algo así, escribo de memoria, rezaba en el capítulo de aquella final del 81, completado con una foto que nunca se me ha ido de la cabeza, la de varios de los miembros de la plantilla madridista serios y cariacontecidos, todos de gabardina y casi todos con enormes bigotazos ochenteros, sentados en el aeropuerto Charles de Gaulle, esperando embarcar de regreso a España tras haber perdido la final. Era una foto que yo podía oler: a Ducados negros, a silencio de velatorio roto de vez en cuando por alguna blasfemia. Desde entonces conservo dentro de mí algo de esa impronta como de noche en un tanatorio que envuelven las derrotas del Madrid en Europa. Desde entonces me pregunto cómo debe ser perder una final de la Copa de Europa.

Stielike Real Madrid Liverpool

No quiero saberlo, pero me lo imagino. Debe ser como que te rocíen de plomo a quemarropa, como al papa, y sobrevivir. El fin del mundo. Hay madridistas adolescentes cuya vida ha sido una sucesión de finales de la Copa de Europa, chavales que creen que llegar a este partido es lo más normal del mundo, niños para quienes la mediocridad y la grisura, el anhelo y la lamentación hebraica por el pasado perdido, son cosa de ciencia-ficción. Cuando a veces les deseo que vivan una derrota pienso que la viviré yo también y entonces me siento un egipcio del tiempo de las Siete Plagas. Para quien sólo vive con los ojos en la gloria eterna, alcanzarla es la razón de la existencia y perderla, una ruina de la que cuesta años levantarse. La final es un partido fuera de las leyes del tiempo y del espacio, un partido que vive para siempre en una dimensión cuya energía es la memoria de todos los que lo recordamos una y otra vez. Te sé decir la alineación de la Juve en Amsterdam, te sé decir los cambios de Toppmoller en Glasgow, te sé decir a quién le hizo aquella falta Cristiano en la prórroga de Milán para cortar un contragolpe del Atlético que dejaba al equipo descubierto. La final es el territorio de los sueños. Una final sólo se disfruta cuando pita el árbitro el final y se han espantado todos los demonios. Una final es esa pesadilla en la que sueñas que el cabezazo de Ramos en Lisboa da en el palo y sale fuera. Una agonía y un éxtasis, esquelas en mármol alrededor de las cuales uno va ordenando su vida y el paso del tiempo, un núcleo luminoso en la memoria que sirve para que se enrosque y crezca lo que luego será una perla. Perderla es inconcebible, es peor que no jugarla, es peor que morirse.

El Madrid vuela a París como voló a Amsterdam hace 24 años: con una convicción irracional, con el pecho descubierto, como el Quijote cabalgando con la lanza en astillero, directo hacia los molinos de viento

Mis padres se conocieron ese año de 1981 y algunos pocos después, en 1987, se casaron. En 1988, nací yo. Diez años después el Madrid ganó, por fin, la Séptima. Desde entonces he visto al Real jugar el partido de todos los partidos, el partido uno y trino, la madre de todas las noches, seis veces más. Todas las veces con el mismo resultado: la victoria, la eternidad. París es para el Madrid lo que Bogart le dijo a la Bergman entre la bruma y los aviones del aeropuerto de Casablanca, un lugar feliz en el que siempre podrá refugiarse para encontrar la raíz de todas sus fantasías, la Babilonia de todos sus deseos. En París, el Madrid, con L´Equipe, fundó esta competición y ganó la primera. En París perdió la última vez y a París regresó para conquistar La Octava. A París vuelve ahora a matar un fantasma rojo de hace 41 años.

Raúl octava

El Real Madrid-Liverpool es el partido más veces disputado en una final de la Copa de Europa, el clásico de las finales. Diecinueve orejonas, una detrás de otra, puestas sobre el tapete verde del barrio de Saint-Dennis: 19 de 65 títulos jugados, el 30% de todas las Copas de Europa. El Real puede doblar a su inmediato perseguidor, el Milan, y el Liverpool puede ponerse a la altura del coloso lombardo en ruinas. Es una final histórica en plena era del petro-fútbol. El año del infame Mundial de Qatar, el partido más importante del torneo más importante lo juegan dos campeones de la tradición. Hay un pero: el Liverpool no es propiedad de un jeque teocrático pero sí de un holding norteamericano cuyo arraigo balompédico es parecido. En ese sentido, el equipo de Klopp, tantas veces loado por lo bien que ficha, es otro representante más de ese fútbol pervertido por el dinero extraño al linaje antiguo de un deporte-guerra ancestral cuyas claves operan básicamente en el marco civilizatorio de la Europa mediterránea, latina y centroeuropea. En París se van a medir un club que sigue siendo de sus socios y una inversión internacional de Fenway Sports Group, un conglomerado de Sports Investments radicado en Boston cuyo patrimonio asciende hasta los siete billones americanos.

En el Stade de France, el Madrid embiste de nuevo a la modernidad. Embiste al campeón de las modas, embiste al panenkismo, embiste al totalitarismo racionalista que pretende explicar la vida y el fútbol como si el mundo fuese un laboratorio esterilizado

Es un choque cultural, cosmogónico. El Madrid es el príncipe de un mundo en extinción, el baluarte aún en pie del mundo de ayer. Ese sentimiento de cruzada lo ha acompañado a lo largo de su tremendo camino hacia la final, que ha sido una epopeya de Gilgamesh. Si el Madrid llega siempre a este partido envuelto en una túnica sagrada, aupado sobre los hombros de los gigantes del pasado que lo convirtieron en el símbolo metafísico que hoy es, a París vuela como voló a Amsterdam hace 24 años: con una convicción irracional, con el pecho descubierto, como el Quijote cabalgando con la lanza en astillero, directo hacia los molinos de viento. El Liverpool es como aquella Juventus. Un equipazo, una máquina total y perfecta, una bestia imbatible que juega a otra cosa, a otro fútbol, al fútbol del futuro, mientras que el Madrid, sin orden ni concierto, sin “ortodoxia” como gritaba Carlos Martínez en Movistar a la vez que cantaba el segundo gol de Rodrigo al Manchester City, juega al fútbol del pasado. En el Stade de France, el Madrid embiste de nuevo a la modernidad. Embiste al campeón de las modas, embiste al panenkismo, embiste al totalitarismo racionalista que pretende explicar la vida y el fútbol como si el mundo fuese un laboratorio esterilizado.

Vinicius,Benzema y Nacho

Es interesante leer las crónicas del partido de hace 41 años. Aquel día, el Liverpool, que ya había ganado las Copas de Europa del 77 y del 78, era un equipo “robotizado”, según lo describía José María Almela en ABC. Un equipo con “una arquitectura con mucha más solidez” que la de aquel Madrid de Agustín, García Cortés, García Navajas, Camacho, Stielike, Juanito y Santillana. Era un equipo con poso de campeón que luego volvería a ganar en el 84 y al que sólo la catástrofe que provocaron sus aficionados en Heysel privó de más cumbres. El Madrid no había jugado una final europea desde hacía justo 10 años, cuando la generación anterior, en la que todavía estaban algunos de los últimos campeones de Europa Yé-Yé de Bruselas, perdió la Recopa en Atenas contra el Chelsea.

El Madrid toreó en Kiev a un equipo bravo pero novato. En París lidiará a un miura experimentado y sabio, además de fuerte

Ahora se enfrentan en París dos equipos campeones. Hay una diferencia notable entre los equipos que han probado la sangre y los que no, como la que hay entre los toros que han sido lidiados y conocen al hombre, y los que salen por primera vez a una plaza. El Madrid toreó en Kiev a un equipo bravo pero novato. En París lidiará a un miura experimentado y sabio, además de fuerte. Pero aquí no hay matemáticas, en el fútbol no existen las fórmulas perfectas. El fútbol es caos e imprevisión, surrealismo y magia. En París fue donde se desdibujaron los límites entre la realidad y la fantasía a principios del siglo, donde las vanguardias destruyeron los códigos antiguos del arte occidental y reescribieron la percepción de las cosas. París es un eterno retorno freudiano y el Madrid tiene en su piel todo ese misticismo parisino, es el avant-garde de todo. Allí fundó la sociedad aristocrática que daría forma a su mito posterior, allí devoró el siglo XX y allí abrió el XXI con un 3-0 al Valencia. La semana antes de aquella final de hace 22 años le dije a mi abuelo que el Madrid la perdería, que el Valencia era muy fuerte, un equipo tremendo. Él me dijo una cosa que nunca olvidaré: El Madrid es el Madrid, el Madrid es España. Los abuelos siempre saben las cosas antes de que ocurran, no en vano ellos estuvieron siempre al otro lado del tiempo, como el Real Madrid.

 

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Esto acaba con gol de Hazard, ese hombre

Lo primero, oigan, es tranquilizarles: el Liverpool no tiene camiseta amarilla esta temporada. Pregunté y  me lo aseguraron. OK. De ‘yellow’, a lo sumo, irá el árbitro Turpin. Un tipo afortunado pues ha visto locuras del Madrid muchas veces y a dos metros, delante de sus narices. Debería pagar por eso. Salir de negro en París sería lo suyo. El Madrid de blanco, el Liverpool de rojo y el árbitro de negro: poesía.

Es que lo amarillo y el Madrid… No le ha ganado un partido a un equipo así esta temporada. Ni en Liga ni en Europa. Cuatro empates aquí con Cádiz y Villarreal y el glorioso 2-3 versus Chelsea. Horror. Pues eso: que el Liverpool será, es, muy bueno… pero no tiene amarillo que ponerse. Y no les veo fabricando camisetas a lo loco. Bien.

Yo creo en estas cosas. En los guiños. Me fijo y veo el próximo: esto acaba con gol de Hazard. Gol victorioso. El colmo sería que a pase de Bale, pero no vamos a pasarnos de rosca. Gol de Hazard y 14. ¿A que les pone? El hombre volvió y estuvo bien. Me pareció más delgadito, encaró y dio la patada del partido al pobre Akapo que pasaba por allí. Extraordinario este fútbol donde las trompadas las dan los delanteros. De los defensas hablamos luego.

Hazard

Ancelotti dijo la víspera que Hazard no se irá. Me parece bien. Tiene dos años más de contrato, lejos del Bernabéu hace mucho frío, debe de ser muy amigo de Mariano y le ha convencido de que aquí como en ninguna parte. Pago una pasta gansa por un tío muy bueno, vive lesionado, parece que por fin se cura y pide árnica. Pues se la doy.

Eso supone también que la plantilla del año que viene tendría en ataque a Rodrygo, Benzema, Vinicius, Hazard y Asensio. Y dicen que viene Mbappe. Y habrá un 9 por si: tiene pinta el joven Latasa. Rodrygo, por cierto, hizo casi el gol del Buitre al Cádiz en el Bernabéu. Dribló hasta su sombra y la diferencia estuvo en que Butragueño marcó y él le dio el gol a Mariano. Que se estrenó en la Liga.

hazard debe de ser muy amigo de Mariano y le ha convencido de que aquí como en ninguna parte

Total que pienso en lo de Haaland y quizá hubiesen sido muchos delanteros, dinero y cláusulas mediantes al margen. Desde agosto problemas de gol no parece que vaya a tener el Madrid, pero nunca se sabe. Puede ganar tres de los cuatro títulos que ha disputado y hace nada muchos firmaban plaza Champions, a lo Sevilla, Barça y Atleti. No. De esto no sabe nadie.

Nacho

Y sí, la última salida liguera dejó una cierta preocupación con el partido de Militao y Casemiro, sobre todo el del primero. Ahora, en materia de centrales, el mejor es Nacho Fernández, el más entonado. Tiene materia de reflexión ma non troppo este Carletto que no engaña. Del medio en adelante estarán Casemiro, Kroos, Modric, Valverde, Benzema y Vinicius. Y ya puestos, Courtois, Carvajal, Militao y Mendy. La incógnita si acaso es el otro central. Veremos cómo estará de ritmo Alaba. Sano, por descontado. ¿De ritmo? Es eso. Once sanos y once con piernas. Rodrygo y Camavinga para el segundo tiempo. Y Asensio y Ceballos. Y Hazard, recuérdenlo…

Ahora, en materia de centrales, el mejor es Nacho Fernández, el más entonado. Tiene materia de reflexión ma non troppo este Carletto. Nacho no es un crío, pero tiene tiempo para mejorar y llegar a la internacionalidad internacional

El Madrid está aquí por muchas cosas, una de ellas, por sus piernas. En el histórico de las piernas, Marilyn Monroe y el Madrid. Ver a Valverde y otros. Mendy, por ejemplo. Por su zona estará, esperemos, Salah. El francés, gran antídoto. El llamado Mo se averió. Ojalá juegue. Los buenos deben estar en estos partidos. Klopp sabrá si arriesga con él. Como aquí con Alaba.

Pero lo que hay es el espectacular momento de Nacho, probablemente el mejor español en su puesto. No para la selección donde coleccionamos muchachos excepcionales y no digo nombres para que no se crezcan. Magníficos en el cuerpeo, la anticipación, la contundencia y colocación. Y del toque ni hablemos: excelsos. Nacho no es un crío, pero tiene tiempo para mejorar y llegar a la internacionalidad internacional.

Y Lunin. Le pitan un penalti en contra por partido. Esta vez lo detuvo, a Negredo y le puede costar la categoría al Cádiz. Bueno, ese no acierto y los de 36 partidos anteriores. Lunin es un buen portero. Idóneo guardaespaldas de Courtois. Una alegría para el ucraniano, la continuidad de lo de Eurovisión. Se lo merecen.

¿Cómo entretener los minutos y los días que quedan hasta la final de París? Es difícil conciliar el razonable interés porque la vida no se acabe rápido con la necesidad de que llegue ya un día que todavía está lejos. Habrá que entretenerse escribiendo, leyendo y recordando.

Analizo todo lo pasado desde la semifinal contra el City y constato que el partido de vuelta es ya el encuentro del que más repeticiones he visto en mi vida. La coincidencia entre un desenlace increíble y la era de las redes sociales nos ha permitido asistir en directo a la creación de un mito. En los minutos locos del Bernabéu de esta Champions se han forjado instantes eternos, en los que uno se quedaría a vivir. El abismo de la portería propia y el vértigo ante la contraria, el rugido al anunciar el descuento. Todos recordaremos de qué forma celebramos hasta los saques de puerta.

Ahora todo eso ya es pasado. Pluscuamperfecto, pero pasado. Para que todas esas cosas que jamás creeríamos no sean arrastradas como lágrimas en la lluvia, al Madrid le falta coronarse otra vez. Restan noventa minutos (o los que sea) que hubiéramos deseado que empezasen en cuanto el árbitro pitó el final del último partido, porque para entonces el equipo ya era invencible, sin importar los calambres. Cuando llegó el pitido del árbitro vivimos una alegría incontenible, pero al mismo tiempo nos sumimos en la pausa tensa donde nos hemos quedado a vivir de verdad mientras nos queden días por delante.

Este es, por lo tanto, un momento propicio para pensar en la trascendencia de lo que viene. En principio puede considerarse que el Madrid juega siempre con el objetivo de ganar, pero eso es una vulgaridad porque es lo mismo que podría decir cualquiera con un mínimo de ambición. Pero hay jornadas trascendentes en las que, además, lo hace por algo que nadie más puede hacer: para elevar el listón un poquito más.

esta década europea del Madrid en que vivimos ha sido, hasta hoy, los años de Cristiano Ronaldo. pero nada puede hacerse frente a ello, dada la evidencia de que la racha de victorias termina con su adiós. Nada, claro está, excepto volver a ganar

Al igual que los plusmarquistas en las olimpiadas, cuando el Madrid consume el final de la competición, en realidad ya solo compite contra sí mismo. La misión es ensanchar un poco más la brecha, ser partícipe de una mole de gloria que ya no le pertenece a nadie más que al escudo. En ese sentido, es pertinente recordar que para el grupo que conforma la actual plantilla del Madrid la ocasión tiene un particular interés reivindicativo. Pase lo que pase en la final, el periodo portentoso del Madrid ganando cuatro Champions de cinco (y tres de ellas seguidas), será revisitado en el futuro. Y como quiera que el Real Madrid es reincidente en la victoria, habrá quien tenga la tentación de darle un nombre, pues no podrán ser en ningún caso "los años del Madrid" porque, como está demostrado, el Madrid lo que atesora son siglos enteros.

Para el planeta fútbol, esta década europea del Madrid en que vivimos ha sido, hasta hoy, los años de Cristiano Ronaldo. Esa consideración es imprecisa –pese a la envergadura histórica del astro portugués–, pero nada puede hacerse frente a ello, dada la evidencia de que la racha de victorias termina con su adiós. Nada, claro está, excepto volver a ganar.

Memento mori

El partido de París puede suponer la confirmación definitiva del impulso que ha enamorado a los madridistas en la época post-Cristiano. La rebeldía frente al fatalismo, la convicción de que, como dice en el túnel de vestuarios, ningún jugador es mejor que todos juntos (sin que debamos olvidar, además, qué clase de jugador era quien lo dijo). Si el Madrid sale triunfante, existirá la tentación de darle nombre a este periodo de gloria europea que parece resistirse a desaparecer. Y lo cierto es que será imposible, no por falta de candidatos, sino porque hay algo que trasciende a cualquier individualidad y se regenera en cada nuevo jugador que se enfunda la camiseta blanca. ¿Cómo se recordará este tiempo? Como parte de una historia que ya existe hace muchos años y que no va a detenerse.

El Madrid va a París y llegados a este punto de las cosas solo cabe ganar. Pero no solo por esa confianza suicida del equipo y del club, capaz de encargar camisetas conmemorativas teniendo un resultado en contra "por si remontamos" o grabar un nuevo himno y dejarlo en un cajón "por si ganamos la Décima". No, no es solo la fe ciega en el triunfo. Ahora solo cabe ganar, porque incluso aunque se perdiese la final, en el saldo continental nada cambiaría. Primero el Madrid, segundo nadie, tercero nadie y luego todos los demás.

Esta es la dimensión del mejor club de fútbol de Europa y la única fuente de estímulo que necesita quien ya es el más grande. Serlo un poco más y vivir para ser parte de ello.

Vinícius es nuestro niño bueno con sonrisa pícara a lo Jean Paul Belmondo. Vinícius es nuestro brujo insondable, el orixá de danzas festivas que convierte al juego del Real Madrid en un ritual indescifrable y gozoso. Madera negra de ébano, o acaso palo santo, santo y enhiesto, siempre en estado de excitación casi efervescente. Vinícius es la chispa y la burbuja, el double bubble que es mas bien triple o cuádruple, pura ebullición. Vinícius encara, valga la redundancia, y galopa, no a la manera de aquella estampida de búfalos que hacía retumbar la pradera y que conocíamos como Cristiano Ronaldo, sino en una carrera tan veloz como ligera, ingrávida, grácil, limpia, como un vuelo, como el vuelo del águila lanzada sobre su presa.

Cartas de un madridista millennial: de parecidos razonables y simpatías por el diablo

Vinícius hace la revolución a lomos de una sonrisa, sí, de esa sonrisa tan suya, sonrisa blanca de niño travieso pero al cabo inocente. Sonrisa que hechiza e hipnotiza, porque a través de ella asoma la criança divirtiéndose en la playa, haciendo diabluras con el balón por el mero placer de la belleza. Sospecho que a menudo el rival siente ganas de unirse a la diversión, de jugar con él, sólo para despertar del breve ensueño en el momento mismo en que Vinícius interrumpe de golpe su veloz carrera, en el instante fugaz en que el tiempo se detiene expectante, impaciente, y al rival le sobreviene -súbitamente, fatalmente, con la fuerza de lo inevitable- la certeza del gol inminente, o de esa asistencia que es puro arte, que humilla el toro para que el maestro Benzema ejecute la estocada certera y mortal.

Esos ojos grandes, inmensos, hambrientos de luz, que no pierden detalle y que no aciertan a ocultar la ambición divina que sacude y propulsa cada arrancada de Vinícius

El fútbol de Vinícius tiene el esmalte de lo único, de lo inimitable e intransferible. Y si el niño que aún es aflora en su sonrisa, en su mirada despuntan los dioses del candomblé que animan su fútbol. Esos ojos grandes, inmensos, hambrientos de luz, que no pierden detalle y que no aciertan a ocultar la ambición divina que sacude y propulsa cada arrancada de Vinícius. Esa ambición jovial, jocunda, impermeable a la frustración y a las críticas, que sospecho es el alimento que nutre su carácter único. Y es que si, como dicen los clásicos, la elegancia empieza por los pies (por los pies de Modric, naturalmente), la victoria termina pero también empieza por la alegría, por la alegría que restalla en cada movimiento de Vinícius sobre el terreno de juego.

Vinícius es, así, el arquetipo del futebol brasileiro. Es como si Vinícius jugara descalzo, o quizás calzando havaianas. Su fútbol es agua de coco y un balón en la playa y el guiño dulzón de la caipirinha y un puesto de bananas en la carretera, la alegría africana con su puntito de saudade portuguesa. El fútbol de Vinícius es el hoy que jamás piensa en mañana, las curvas promíscuas del bunda apenas enmarcado por el tanga, el colorido rebosante de la bahiana y el ritmo embriagador del samba. Por eso su fútbol, como el fútbol brasileño, es alegría o no es; por eso sería un sindiós intentar contenerlo en el corsé del rigor táctico y de la disciplina militar. Vinicius, como Brasil, es un arará que muere cuando lo enjaulan.

Cuando Vinícius galopa, la hierba crece a su lado en una eterna consagración de la primavera. Cuando Vinícius caracolea felinamente, el fútbol es un poco más bello, y esa belleza hace del mundo un lugar mejor. Es como si la Canzonetta sull’aria cantada por aquellas dos damas italianas volviera a derribar por un instante los ominosos muros de Shawshank, y nos bebiéramos tanta belleza hasta la última gota, y también a nosotros  nos hiciera libres for the briefest of moments.

Buenos días. El Barça, a través de su terminal mediática el diario antaño conocido como Sport (hoy Sportify), honra en esta bella mañana a Faemino y Cansado, el genial dúo humorístico que tantas risas nos ha arrancado siempre con sus desopilantes sketches. Más en concreto honra este sketch, específicamente al final, cuando ambos cómicos llegan a la concienzuda conclusión de que ser subcampeón es mucho más que ser campeón.

-Faemino: ¿Tú que eres?

-Cansado (con las orejas gachas y voz acomplejada): Yo campeón...

-Faemino: Vale. Ahora pregúntame a mí.

-Cansado: ¿Y tú?

-Faemino (eufórico, con el dedo índice en alto): ¡¡¡Yo SUBcampeón!!! ¿Ves? Mola mucho más.

A fin de controlar la hilaridad, que a estas horas de la mañana puede hacernos derramar el café sobre la selección de periódicos, es preciso comprender que lo de la "Liga perfecta" que aparece en el frontispicio se refiere a la Liga femenina, donde en efecto el FC Barcelona ha logrado la hazaña de ganar absolutamente todos sus partidos. Pero vamos, que el homenaje a Faemino y Cansado sigue en todo lo alto con lo de "SUBCAMPEONES" a cinco columnas, con todos los caracteres de los grandes éxitos. Hacen muy bien, claro que sí. Desde que Faemino y Cansado nos enseñaron que la segunda plaza es preferible, por sonoridad y molonez intrínseca, a la primera, no hay razón alguna para no presumir de ella con todos los medios a nuestro alcance.

Es por ello que el Barça debería (pese al declarado madridismo de Cansado) honrar a estas dos estrellas de la comedia como honró a Franco, por ejemplo, es decir, imponiéndoles la insignia de oro y diamantes del club. El caudillo salvó a la honrosa institución catalana de la quiebra con la recalificación de Les Corts, y la dupla cómica madrileña ha dejado claro que lo conseguido esta temporada por los pasajeros de la xavineta vale mucho más (dónde va a parar) que lo logrado por los discípulos de Ancelotti. La verdad, no sabemos cuál de las dos cosas merece una distinción más elevada, lo de generalísimo o lo de los genios.

Lo que nos cuesta entender, en cambio, es la contención de Mundo Deportivo, que en lugar de convocar a toda la masa social culé a Canaletas para celebrar el subcampeonato (cuidado, no campeonato, ¡¡¡SUBcampeonato!!!, que mola mucho más), como debería ser, se limita a soltar un "Bala de plata" francamente sosaina, casi lacónico. Si hemos perdido la capacidad hasta de celebrar, ya no sé que nos queda, de verdad. 

En su frontispicio, por otra parte, asegura Mundo Deportivo que el Bayern "se cierra en banda" (como el Lobo Carrasco cuando se iba a la esquina prefigurando a su epígono Thierry Henry) y que Lewandowski no se va (al Barça). Francamente, no vemos por qué el gran delantero polaco no puede seguir los pasos de Lautaro, Neymar, Haaland, Mbappé, Salah, Mané y otras grandes estrellas para incorporarse al club azulgrana, como todos ellos hicieron ya en sucesivas portadas de Mundo Deportivo y de su hermano Sportify.

Marca, por su parte, divide la atención de su primera plana entre el partido de ayer en Cádiz y la decisión de Mbappé sobre su propio futuro. El crack francés la anunció ayer como inminente. Todos sabemos cuál es, o todos esperamos saberlo. Se especula mucho con el futuro de Mbappé, pero se dice poco hasta qué punto supondría un éxito inigualable el arrancar a esta estrella de las garras del petrofútbol para depositarlo en el regazo del campeón de campeones, allá donde el dinero cuenta también, pero está subordinado a la gloria eterna de un escudo que sigue brillando como nunca. Si se confirma lo de Kylian, significará para la marca Real Madrid un espaldarazo tan definitivo como varias Champions. Significará que ni siquiera con todo el dinero del mundo, casi literalmente, se puede sustituir el ansia de gloria deportiva, y que esa gloria la sigue encarnando el Real Madrid. Estamos atentos, y con la confianza de que el anuncio oficial es cuestión de semanas o días.

Por otra parte, Marca resume bien en su titular el brillante partido de ayer en Cádiz, donde un Madrid de circunstancias empató pero pudo ganar y también perder. La mejor noticia fue la excelente actuación de Lunin, penalti parado a Negredo incluido, así como los brotes verdes vistos en la media hora disputada por Eden Hazard. Por lo demás, cada minuto que pasa sin que Luis Enrique convoque a la selección a Nacho es un insulto a la inteligencia y a la honradez, y Rodrygo firmó la jugada del año en el gol de Mariano. Podéis leer la crónica del encuentro por parte de Ramón Álvarez de Mon.

Os dejamos con la portada de As, que querréis verla porque tenéis estas cosas.

Pasad un buen día.

 

Arbitró Antonio Mateu Lahoz del Comité valenciano. En el VAR estuvo González González.

No gustó demasiado el trencilla. En honor a la verdad lleva más de una década gustando a poca gente porque su librillo es único e inexplicable.

Una de las primeras decisiones fue pitar una mano de Rodrygo estando a tres metros de la jugada cuando le da en el pecho. Por descontado, no sacó dos amarillas claras a Espino por una patada en la rodilla a Rodrygo en el 34' y a Fali por parar a Asensio cuando se iba en el 39'. Sí la vio Sobrino en el 41' tras entrada a Kroos. Antes de irse los protagonistas a la caseta hubo una mano de Sobrino en el área. Hay falta previa de Rodrygo, pero creemos que Mateu ni siquiera la cobró.

La segunda mitad fue una acumulación de tarjetas en ambos equipos. Nacho por pisar a Sobrino en el 47' y Hazard por una planta escalofriante a Akapo en el 73' en el cuadro blanco. La del belga, por cierto, debió ser roja. Y en el equipo amarillo las vieron Negredo por pisar a Casemiro en el 80', Iza por agarrar a Hazard en el 83', Alcaraz por derribar por detrás al belga en el 85' y tanto Luis Hernández como Fali y Choco Lozano por protestar en el descuento.

En el 59' Mateu acertó al decretar penalti sobre Negredo de Lunin que derribo al vallecano. En la última jugada se pidió pena máxima de Carvajal sobre Fali, pero el lateral sacó claramente el cuero.

Mateu Lahoz, REGULAR.

Lunin: 9,5. Difícil estar mejor. Paró un penalti que no fue y dejó varias paradas de élite.

Vallejo: 7. Partido muy meritorio jugando de lateral derecho.

Militao: 3. Partido repleto de errores impropios. Lleva un mes de bajón. Fundamental que se recupere.

Nacho: 7,5. Jugó por él y por Militao. Muy oportuno siempre.

Lucas: 5,5. De lateral izquierdo no desentonó.

Casemiro: 6. Sólido en los balones divididos.

Valverde: 6,5. Sus transiciones destrozan al rival a estas alturas de la temporada.

Kroos: 7. Más entonado que en los últimos partidos.

Asensio: 4. Muy flojo en las ocasiones que tuvo.

Mariano: 6. Marcó su primer gol de la temporada y tuvo alguna ocasión más.

Rodrygo: 7,5. Hizo una de las jugadas de la temporada. Muy fino.

Carvajal: 5,5. Buenos minutos para coger ritmo.

Ceballos: 6,5. Con personalidad.

Hazard: 7. Entró muy bien al partido.

Latasa: sin tiempo relevante.

Ancelotti: 6. movimientos lógicos ante la intrascendencia del partido.

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