Buenos días. Todo lo que emana del Fútbol Club Barcelona y su entorno comienza a desprender un olor nauseabundo como el de las aguas putrefactas de un pantano trufado de cadáveres de animales desecándose al sol. No se trata ya de la tradicional distinta vara de medir con la que es juzgado el club y gracias a la cual disfruta de prebendas que no están al alcance de los demás, sino que la institución, o quienes la dirigen, comienzan a actuar de una manera turbia.
“Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar” le dijo Marlon Brando a Johnny Fontane en El Padrino. El pasado 14 de julio, el Barça llegó a un acuerdo económico con el Manchester United para traspasar a Frenkie de Jong, pero el jugador no aceptó su marcha, prefirió respetar el contrato que tiene firmado por el club que le emplea, ya veis qué cosas más raras hacen a veces los profesionales. Un día después, el 15 de julio, el Barcelona le comunicó al holandés que veía indicios claros de criminalidad en la renovación que firmó con Bartomeu en 2020 y amenazó con emprender acciones legales contra todas las partes implicadas si no volvía a su anterior contrato.
Sacad vuestras propias conclusiones.
El contrato de Frenkie de John fue aprobado por los servicios jurídicos y compliance del club, fue validado por la auditora EY, tuvo el visto bueno de la Liga. Luego llegó Laporta a la presidencia y auditó, llevó a cabo una due diligence y el forensic y no observó problema alguno con el mismo. Pues justo 24 horas después de que el holandés rechazara irse al United, el club de los valors le dice que tiene que renegar la renovación que firmó porque sus abogados ven indicios de criminalidad.
La sucesión de acontecimientos invita a pensar que todo es mero fruto de la casualidad (?).
El Barcelona dice que el Barcelona ha detectado indicios de criminalidad en los contratos que firmó el Barcelona. Los mismos contratos que fueron validados por el Barcelona y empresas contratadas por el Barcelona antes de que le propio Barcelona los hiciera efectivos. Viva Groucho.
¿Insinúa el Barça que al renovar Frenkie de Jong sabía que estaba cometiendo un delito (pongamos que desfalcar al club, porque no se han molestado en explicarlo)? Si fuese así, la nulidad solo podría declararse tras sentencia condenatoria en proceso penal, y entonces con lo que se encontraría De Jong no sería con su antiguo contrato, sino con una condena. Es tremendo.
Es decir, el Barça ve indicios de delito en una renovación que difiere el cobro del salario para pagar menos en un principio y saldar la deuda más adelante. ¿Entonces qué ha firmado Laporta con Umtiti? Pero De Jong no fue el único que rubricó una renovación de ese tipo con Bartomeu, también lo hicieron Alba o Piqué entre otros. Sin embargo la amenaza ha sido solo para Frenkie.
Estamos buscando una lógica legal a todo esto, pero nos cuesta horrores encontrarla.
Después del escándalo, pensaréis que aficionados y medios de comunicación estarán poniendo el grito en el cielo, ¿verdad? Sería lo lógico, desde luego. Pero va a ser que no, que los únicos medios que no dan crédito al comportamiento del Barça son los extranjeros, que ven más como una extorsión que como una negociación el comportamiento blaugrana. Aquí sin embargo se les jalea. En su día aplaudieron con las orejas aquellas renovaciones y titulaban “¡Renovados!” y “Póker de renovaciones”. Todo era maravilloso.
Y hoy aplauden con las orejas el comportamiento de Laporta y de repente aquellas renovaciones se han convertido en “renovaciones de la vergüenza”, en ampliaciones de contratos efectuadas “con premeditación y alevosía”.
Hoy son “Contratos bajo sospecha”, “Cuatro renovaciones bajo sospecha”.
Tal vez seamos unos ilusos que no se enteran de nada, o quizá unos paranoicos, pero a nosotros lo que nos parece es que el que está bajo sospecha es el Barça. Como diría Pazos en Airbag: “A los hechos me repito”. No nos olvidemos que también les han pillado con el carrito del helado con el tema de las palancas, el Barcelona preveía contabilizar 667 millones de euros con las dos primeras, pero el control económico de la Liga contabilizará 517, es decir 150 millones menos. ¿Por qué? Porque esos 150 millones son del propio Barcelona. Es de locos, parece una parodia.
Aunque también es cierto que tenemos que reconocer la coherencia de la prensa culé en un aspecto; siempre está del lado del que manda en el club. Ya se encargó Xavi de recordarles públicamente que tenían que apoyarlos, no se les fuera a olvidar. Los aficionados, por su parte, parece que prefieren poner a los pies de los caballos a los jugadores y seguir espoleando la activación de palancas.
Os dejamos con el resto de las portadas a la espera de lo que nos interesa de verdad, la Supercopa de Europa que disputará mañana el Madrid frente al Eintracht.
Pasad un buen día.
Vuelve el Madrid, es decir, vuelve el fútbol y por supuesto vuelve un necesario sentido del orden a la vida. Por no decir que vuelve la vida misma. El otro día caí de repente en la cuenta de que se cumplían dos meses justos de la final de París y me sorprendí de lo mucho que lo echo de menos. No al fútbol, Dios me libre. El fútbol es una cosa cada vez más aburrida e insulsa, un circo infantilizado por el late capitalism. Echo de menos al Madrid. El fútbol se está convirtiendo, perdón, del fútbol están haciendo un negocio espurio para niños grandes cuando siempre fue un juego que hacía sentir como hombres a los niños. Por suerte todavía nos queda el Madrid para evocar algo de la majestuosidad de aquel mundo perdido y por suerte todavía nos hace regalos como es poder ver esta Supercopa de Europa en agosto.
El fútbol se está convirtiendo, perdón, del fútbol están haciendo un negocio espurio para niños grandes cuando siempre fue un juego que hacía sentir como hombres a los niños
Hay madridistas, muchos, que toman por cosa menor este torneo. Lo desprecian como si fuera, en una palabra, un souvenir. Estuve en la final de la Copa de Europa y me acordé de ti. Estuve y la gané, claro, pues eso es lo que significa poder jugar la Supercopa. Tampoco es cuestión, naturalmente, de exhibir las Supercopas en la sala de trofeos con toda la fanfarria como hace el entrañable Atlético de Madrid, pero hay que tener en cuenta, como atenuante en este caso, que el Atlético exhibe hasta placas con los subcampeonatos de Europa: son sus costumbres y hay que respetarlas. Tampoco viene al caso usar las Supercopas para inflar el palmarés y proclamarse el club più titolato dell mondo, como hace el AC Milan. Al que por cierto deberían descontarle su séptima Copa de Europa, pues ese año la jugaron y al cabo la ganaron cuando debían estar castigados en la Serie B por su implicación en el MoggiGate. Pero eso, supongo, no lo mencionarán en el museo de Milanello, si es que lo tienen. Dios los castigó después de eso, no obstante, con cuarenta años vagando por el desierto, pero conservo como ven una memoria prodigiosa para el agravio. Sea como fuere, hay que respetarse.
Pero antes de desdeñar la Supercopa como una pachanga veraniega de tronío es mejor recordar que souvenir, en latín, es “lo que viene de debajo de la memoria”, o sea, lo que nos hace recordar. Recordar, claro está, lo que somos, lo que fuimos y lo que hemos caminado. También, lo que queremos ser. Recordar es vivir. Si algo somos es sobre todo los pasos que hemos dado en nuestra vida para llegar hasta aquí. Los pasos del Madrid a lo largo de 120 años lo han llevado hasta Helsinki, que es una ciudad de hielo, favorita de los zares, y allí lucirá en su pure white shirt como dice el comentarista inglés Peter Drury un parche en el que un 14 de plata corona la silueta de un ánfora griega. Por eso nos traemos souvenirs de los lugares que visitamos y que nos gustan, para regalar y regalarnos. Cada vez que miramos uno un día cualquiera en nuestras casas, cruzando el pasillo, cogiendo un libro de la estantería o abriendo la puerta de la nevera, regresamos por un instante feliz a aquel sitio y a aquel día en el que fuimos felices y lo pasamos bien. Recordamos a la persona que nos acompañaba y sonreímos. Eso nos da fuerza para continuar en el combate cotidiano.
Antes de desdeñar la Supercopa como una pachanga veraniega de tronío es mejor recordar que souvenir, en latín, es “lo que viene de debajo de la memoria”, o sea, lo que nos hace recordar. Recordar, claro está, lo que somos, lo que fuimos y lo que hemos caminado. También, lo que queremos ser. Recordar es vivir
El Madrid viaja hasta la capital de Finlandia para traerse otro souvenir con el que completar su memorabilia. Los anglosajones tienen esta palabra para llamar a todo eso que acumulamos y coleccionamos sobre algo que nos apasiona: “las cosas memorables”. Las Supercopas, las Intercontinentales y los Mundialitos son las cosas memorables de la leyenda madridista y aunque en el madridismo existe cierta pulsión iconoclasta, las imágenes de la propia grandeza sirven para configurar una propia idea de uno mismo además de consuelo y de guía en los tiempos turbulentos. Son importantes.
El Báltico no es un mar propicio para el Madrid. En Gotemburgo, que está entre el Mar del Norte y el Báltico, perdió el Madrid con el Aberdeen de Ferguson una de las dos finales de la Recopa, título nefando. En Tallín, capital de veraneo para la aristocracia rusa de toda la vida, incluida la soviética, perdió con el Atlético de Simeone la última Supercopa, la de 2018, el debut de Lopetegui. Si es que estaba escrito en el Libro del Destino, aquello tenía que salir mal de todas las maneras. La final que se jugó el 28 de mayo de este año en París tenía que haberse jugado en San Petersburgo, la capital báltica de Pedro el Grande. Quién sabe si el cambio de sede no fue uno de los buenos augurios que condujeron a la victoria. Ancelotti rehuyó el mal fario báltico y agrandó su figura en el retablo de la gloria blanca, lo que no pudo Lopetegui. En Tallín empezó su Madrid con los mismos que completaron el threepeat en Kiev pero sin Cristiano. Y con la panza llena los jerarcas, exhaustos tras el Mundial, se echaron a dormir el sueño de los justos, aunque el Madrid estuviera cerca de ganar ese partido con una tijera de Marcelo en el minuto 93 (el minuto totémico). Marcelo estaba en la posición más adelantada del equipo en el último minuto del partido por el mismo absurdo designio por el cual Dios puso al torero Fortuna en la Gran Vía de Madrid la mañana de invierno de 1928 en la que se escapó un toro junto al Casino Militar. Como ven, también tengo buena memoria para las tonterías.
De aquella Supercopa de 2018 no puedo no acordarme por muchas razones. Tenía la sensación entonces de estar viviendo algo por última vez y no me equivocaba. Por el mismo modo lo inesperado de la 14 me hace aguardar la Supercopa de este miércoles con un gozo inverso al desánimo que había hecho presa en mí aquel día de hace cuatro agostos. Yo estaba en Puerto Sherry celebrando una reunión de buenos amigos que resultó ser la última ya que el tiempo es un cabrón insensible e indiferente. Vi el partido medio borracho en un bar lleno de sevillistas que sin duda se vengaron de lo bien que me lo pasé dos años antes cuando el Madrid de Zidane les remontó a ellos la Supercopa de Trondheim con otro cabezazo dadaísta de Sergio Ramos. Aquel Madrid continuaba en un éxtasis místico y disfruté levitando en el salón de la casa de mis padres cuando Carvajal rompió la pared del laberinto en el último minuto de la prórroga, embistiendo como el Minotauro. Aquel gol fabuloso inauguró la extraordinaria temporada que acabó en Cardiff con el doblete y con el mejor fútbol que han visto mis ojos.
Ese año tuvo un epílogo precioso en Skopje, Macedonia, la vieja estación de los Balcanes. Allí el Madrid de Zidane le ganó la Supercopa de Europa de 2017 al Manchester United de Mourinho con gol, claro, de Isco, que acaba de fichar por el Sevilla. Isco estuvo también en la Supercopa de Cardiff de 2014 que se le ganó otra vez al Sevilla. De aquello se cumplen cinco y ocho años. Ríe y bebe mirando a la luna, cantaba Omar Jayyam, porque quizá mañana la luna te busque en vano.
Quizá mi afición a la Supercopa de Europa viene de aquel tiempo luminoso en que yo era un niño. En agosto de 1998 vi al Madrid perder la primera final de la Supercopa de Europa de su historia (treinta y dos años antes, cuando el Real estaba echando los cimientos del mundo, el torneo no existía) con el Chelsea en el Luis II de Montecarlo. Fue con un gol de Poyet, al que yo recordaba jugando en el Zaragoza. No entendía por qué tenía que suceder aquello tan terrible si el Madrid le había ganado dos meses antes a la Juventus el partido más grande e importante de todos y la Juve de Zidane y de Del Piero era poco menos que el ejército de Lucifer. ¿Por qué tenía que perder con el Chelsea, cuyo único mérito había sido ganar una ridículamente competición en la que dejaban participar hasta al Betis? Dos años después, en el mismo sitio, Jardel, con el Galatasaray, me reveló la honda y vieja crueldad que escondía la ley del gol de oro. Tuvo que ser ya con los galácticos cuando pude por fin disfrutar de esa copa. Esa noche empero derrotar al Feyenoord no acalló el destemple de los capitanes españoles del Madrid, que se enfadaron con Florentino por querer fichar a Ronaldo y mandar a Morientes al ostracismo. Florentino lo acabó fichando y la cuenta se la cobró a Hierro diez meses después, pero algo de aquella magia sagrada se había roto para siempre. Me estaba convirtiendo en un adolescente.
La Supercopa nos aporta un horizonte en el calendario y nos rescata del ocio veraniego, que tiene un poco de súcubo. Que sea contra el Eintracht devuelve al fútbol una nota de circularidad temporal. El juego regresa a su casilla mítica, al día dorado que glosan los libros de Historia. Los dos equipos de la final de Glasgow, el partido de todos los tiempos, se ven las caras por primera vez en más de sesenta años, quizá para recordarnos a todos que tenemos la suerte de estar aquí y poder ver un reflejo de lo que vieron nuestros mayores, disfrutándolo con ese momentismo absoluto que canta Alaska.
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El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una afección de salud mental que algunas personas desarrollan tras experimentar o ver algún evento traumático. Este episodio puede poner en peligro la vida, como la guerra, un desastre natural, un accidente automovilístico o una agresión sexual. Pero a veces el evento no es necesariamente peligroso.
El trastorno de estrés post-Marianático es el síndrome que sufren los altos ejecutivos de los equipos deportivos, desencadenado tras el traumático fracaso de una adquisición mercantil, siendo la mayoría de los casos debido a la adquisión de un jugador con altas expectativas y por mucho dinero y/o sueldo. Los ataques de pánico y ansiedad son frecuentes, así como los intentos de suicidio.
Dicen que desde aquel fatídico verano del 2018, en los pasillos de la T4, se pueden experimentar situaciones aterradoras que se exacerban cada verano. Directores deportivos gritando y corriendo con expresiones de puro pánico, exclamando “¡Mariano, Mariano!”, “¡cinco millones al año!” o “¡al Sevilla, al Sevilla!”. Secretarios técnicos, gestores de finanzas y contables arrodillados en esquinas, extenuados y paralizados. Lloros desgarradores y miradas al vacío. Uno de los ejecutivos que estamparon aquella firma sufre crisis habituales con ataques compulsivos que consisten en firmar el papel de las paredes de sus despacho hasta que no queda un centímetro sin la rúbrica.
–Tenemos que cambiar el papel dos o tres veces al año –afirma la limpiadora de la planta de la T4–. Un año lo sustituimos por papel negro, pero utilizó un Tipp-Ex–.
Se conoce la potencial utilidad de las drogas psicodélicas como el LSD para el tratamiento de esta enfermedad y se ha llegado a plantear su uso en las altas esferas de la ejecutiva, por lo menos de manera preventiva cada verano.
Todo comenzó con esto:
29/08/2018
El Real Madrid C. F. y el Olympique Lyonnais han acordado el traspaso del jugador Mariano, que queda vinculado al club durante las próximas cinco temporadas.
El jugador será presentado este viernes 31 de agosto, a las 13:30 h, en el palco de honor del estadio Santiago Bernabéu.
Posteriormente, Mariano pisará el césped del Santiago Bernabéu con la camiseta del Real Madrid C. F. y atenderá a los medios de comunicación en la sala de prensa.
El Real Madrid había sufrido la marcha de Cristiano Ronaldo tras aquellas decepcionantes declaraciones en Kiev. Zinedine Zidane dejó al equipo blanco por desmotivación y lo sustituyó Lopetegui. Ese verano sonaron para los merengues Rodrigo del Valencia, Hazard del Chelsea e Icardi del Inter, entre otros, pero llegó Mariano procedente del Lyon tras hacer una más que buena temporada en Francia. La delantera sería Benzema, Bale, Asensio, Mariano y Lucas Vázquez. Lo que vino después desencadeno el brote entre varios de los directivos. Tras cuatro años en el club, el hispanodominicano ha encadenado veintiún partes de baja, se ha perdido más de sesenta partidos y se levanta cinco millones anuales sin parpadear.
–Lo que más angustia ha creado a los directivos es la situación de parálisis respecto al jugador. No ha querido salir del club ya que no le interesa. Encontró su burbuja de confort en Madrid y en esos cinco millones –nos confirma la Dra. Montero, Doctora en Psiquiatría encargada de tratar a los afectados.
–Estamos consiguiendo grandes avances con los enfermos. Lo primero, las crisis van disminuyendo. Pese a que se incrementaron tras los fallidos fichajes de Jovic y Hazard, la explosión de Vinicius y los títulos conseguidos la temporada pasada han generado tranquilidad y las crisis son menos recurrentes. Lo segundo, y más gratificante, es que han aprendido mucho del error. Lo estamos observando este verano.
–Pero, ¿no deberían aumentar esas crisis de pánico, precisamente, este verano?. No tienen delantero suplente, Mariano sigue aquí y se asoman al precipicio de volver a repetir un verano como el del 2018 –preguntamos a la Doctora.
–No, al revés, este verano, junto con el anterior, son los primeros que hemos empezado a obtener progresos. Han aprendido a mantener el control, no dejarse llevar por la presión del entorno y a tomar decisiones pausadas. Este verano se están haciendo bien las cosas. No hay urgencias, se fichará sólo si existen jugadores con la proyección y el nivel que se requiere para suplir a Benzema. Además, el daño del fichaje de Mariano ya está hecho y les enseñamos a valorar las decisiones positivas que se tomaron en 2018.
–¿Decisiones positivas?
–Por supuesto, ese verano se fichó a Courtois. Ya tuvimos algún intento de inicio de síndrome la noche del burofax de De Gea, pero al final se acertó con la portería. También fue el verano de la llegada de Vinicius y Rodrygo. Han comprendido que han tomado decisiones de alta calidad y hemos reforzado su autoestima.
–Y este verano, ¿ha cundido el pánico por lo de Mbappé?
–Eso es uno de los grandes avances que hemos logrado. Tras la decepción con el francés no hemos registrado ningún brote del síndrome y, además, se ha conseguido que el equipo continúe siendo funcional con fichajes positivos como el de Tchouaméni, este año, y Camavinga el anterior. Hemos reforzado el sistema de decisiones. Ahora, ante un traspiés, la decisión siguiente debe que ser de mayor calidad y templanza.
–¿Te sientes parte del éxito?
– Me siento parte del equipo. El éxito es de todos. Ya no hay tanto sufrimiento en los despachos y eso me genera orgullo. ¿Quieres que te comente una curiosidad?. Este síndrome tiene otro nombre y antecedentes, se llamaba el Síndrome Elvir Baljic.
– ¿En serio?. No tenía ni idea.
– En efecto. Los primeros brotes de pánico en las altas esferas del Real Madrid se observaron a partir de aquel verano de 1999. Tres mil quinientos millones de pesetas, el fichaje más caro hasta la fecha, quince partidos, una lesión, etc.… El jugador acabó en el Rayo Vallecano donde no se ganó el sitio.
–Fue incluso más impactante, ¿no?
–Por supuesto, de aquella crisis, ninguno de los directivos afectados se pudieron recuperar.
Han transcurrido meses sin escucharse esos gritos, las miradas vacías ahora se encuentran repletas de optimismo, pero todavía quedan dudas, el proceso se puede reactivar. Existen Marianos acechando a la vuelta de la esquina, representantes con videos de Youtube en la mano, periodistas Panenkitas con teorías sobre la gestión de pases progresivos de jugadores balcánicos y aficionados sedientos de sangre goleadora buscando rellenar el vacío que ha dejado Mbappé.
La Dra. Montero seguirá protegiendo los intereses de todos los madridistas, desde la sombra.
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Tras unos días de asueto me enfrento a la tarea de escribir un artículo sobre Isco, y resulta que lo siento ya tan lejano como las pesetas. Isco parece ese sueño que al despertar se va borrando según se intenta recordar. Isco tiene el poso de un futbolista de otro tiempo, que compitió en un fútbol distinto, que formó parte de una escuadra de leyenda, y sin embargo apenas es un joven de 30 años y acaba de fichar por un equipo español de élite, el Sevilla.
Resulta paradójico recordar a Isco y sin embargo vivir a Modric, a Benzema, a Kroos. A veces uno tiene la sensación de que Isco se acabó para el Madrid cuando Luka aún estaba haciendo la primera comunión entre bombas, y no fue así, pero el cerebro no es un órgano que se caracterice por la fidelidad de sus recuerdos. Es más fiable una rodilla maltrecha, que recuerda que tiene que doler cuando cambia el tiempo, o una hernia discal, que se queja siempre que le pides ese esfuerzo del cual ya no eres capaz, o aquella cicatriz que cada vez que la tocas te recuerda que no debes hacerlo más. Hay partes del cuerpo que sí recuerdan fielmente y sin embargo el cerebro, órgano encargado de dicha tarea, no es capaz.
Resulta paradójico recordar a Isco y sin embargo vivir a Modric, a Benzema, a Kroos. A veces uno tiene la sensación de que Isco se acabó para el Madrid cuando Luka aún estaba haciendo la primera comunión entre bombas, y no fue así, pero el cerebro no es un órgano que se caracterice por la fidelidad de sus recuerdos
La sesera está más capacitada para evocar sensaciones, esencias, inercias en el ánimo, aunque según a qué sujeto pertenezca la materia gris coloreará las remembradas con azúcar, con vinagre o quizá con angostura. Por lo que tampoco sirve de mucho ni se puede tomar demasiado en serio, como todo en la vida.
Mi memoria guarda a un Isco que se dejó llevar durante sus últimos años como madridista sin hacer mucho por revertir la situación, entre pasota y enfadado, como el adolescente que ya no quiere ir de vacaciones con sus padres pero tampoco hace nada por evitarlo y se pasa quince días en Gandía de morros tumbado en el sofá. Mi memoria recuerda a un Isco visiblemente fuera de forma durante temporadas enteras sin que desde fuera pareciera importarle mucho. Pero mi memoria también tiene registrado a un Isco que aportó melodía al Madrid más estético de los últimos tiempos; con Zidane, con el primer Ancelotti. Un Isco que fue importante en un equipo que ganó todo lo que se le puso por delante. Era como el acorde menor del puente de una canción que al escucharlo produce en el estómago la misma sensación que al precipitarse raíles abajo por una montaña rusa. Mi memoria alberga a un Isco que fue invencible durante cuarto de hora. Fue el mejor durante un instante. Un destello fugaz tan brillante que su propio fogonazo acabó fulminándolo en apenas unos segundos.
Pero no es útil ni es el momento de recriminar nada a alguien que ya no está, que además se marchó como correspondía. Carece de sentido, ya hubo un tiempo para ello y así se hizo. Es más práctico recordar sus buenos momentos. Como madridista no me sale nada más que desearle lo mejor en su vida personal y profesional, salvo cuando juegue contra el Madrid, porque realmente Isco se me olvidó hace mucho tiempo.
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El 21 de mayo de 2015 vio la luz La Galerna y con ella el primer texto de Antonio Valderrama, más conocido como Fantantonio. Es el más leal de los colaboradores de esta casa, amén de uno de los más brillantes (algunos dicen que el más brillante, directamente, y no es ningún desatino). Rara vez ha faltado a su cita semanal con el lector desde aquella ya lejana fecha. Ahora escribe los martes, que no se lo merecen pero lo trincan puntualmente, como hacía Di Stéfano con todas las distinciones que recibió. Su escritura es continuo hallazgo, resplandor incontenible, luz que restalla. Su erudición —casi borgiana, inaudita en un hombre de su todavía corta edad— llena sin abrumar. Su prosa cuaja siempre. Es un genio cuando escribe sobre fútbol, metáfora de la vida misma, o cuando escribe sobre Belmonte, como ha hecho ahora en La Hora Azul.
¿Qué es La hora azul?
Es un libro en donde novelo las últimas veinticuatro horas de la vida del gran mito de la tauromaquia, don Juan Belmonte, a modo de dietario personal.
Es decir, que en el libro es el propio Belmonte el que habla al lector en primera persona.
Efectivamente. Por eso, más que una novela, es lo que los franceses llamarían una nouvelle, una novelita corta. A partir de todos los datos que he recopilado sobre lo que hizo Belmonte a lo largo de aquel domingo 8 de abril de 1962 y, también, a partir de todo lo que he leído sobre su personalidad, psicología y forma de pensar, he recreado libremente unos hechos y les he puesto su voz. Belmonte escribe en un cuadernito lo que hace, sueña, ve y piensa, y ese cuadernito es esta novela que ahora presento.
¿Por qué Belmonte como tema de un nuevo libro?
Porque me parece un personaje verdaderamente fascinante, no sólo como torero, sino como personalidad. Era un hombre misterioso, contradictorio, ciclotímico, bohemio. Hijo de un quincallero que tenía a todos sus hermanos pequeños viviendo en hospicios y que aprendió a torear a la luz de un candil de noche en el campo, junto al Guadalquivir, que cruzaba nadando para alcanzar el sitio donde apartaban a los toros que se iban a lidiar en Sevilla. ¡Como para no parecerme interesante! Tenía un aura muy literaria que Chaves Nogales supo ver muy bien, por eso nos regaló aquella biografía novelada suya que más bien es novela de aventuras, retrato costumbrista e inmersión en aquella época. Que es una época de transformaciones monstruosas en España y en el mundo.
Belmonte me parece un personaje verdaderamente fascinante, no sólo como torero, sino como personalidad. Era un hombre misterioso, contradictorio, ciclotímico, bohemio
Es la época, por ejemplo, en la que nace el Real Madrid.
Eso es. El mundo está cambiando a toda velocidad y Belmonte representa, con Joselito, la apoteosis de una tauromaquia nueva, como arte y como negocio, justo en los albores de la sociedad de masas. El libro de Chaves, que es una de las joyas de la literatura en español de todos los tiempos, despierta una curiosidad voraz en mí y quise saber mucho más sobre Juan, sobre José, sobre aquellos dos héroes antiguos, héroes de tragedia griega.
¿La hora azul es, pues, una especie de epílogo de la obra de Chaves?
Quien lo ha leído me dice que sí. Dios me libre de compararme con un maestro pero por supuesto la influencia de ese libro en la concepción de este proyecto es decisiva. Yo creo que mi libro tiene personalidad propia porque es una introspección en la vejez y en la muerte de alguien que vivía mucho, según lo que han escrito de él, mirándose por dentro. Pero lo que me movió definitivamente a escribir La hora azul y además a hacerlo como si fuera una suerte de testamento belmontino fue la noticia que sacó ABC hace unos años del hallazgo de una carta del pintor Andrés Martínez de León a un amigo mexicano en la que le contaba los pormenores de la muerte de Belmonte.
Para los lectores galernautas que no lo sepan, Belmonte se suicida.
Se pega un tiro en su finca de Utrera justo antes de cumplir 70 años. Aquella carta de Martínez de León es un lamento crepuscular. Describe cómo los funerales por el ídolo muerto pasan casi desapercibidos en una Sevilla ya embriagada por completo por el fútbol. ¡Qué diferencia con el entierro de Joselito, cuarenta años antes! Uno había muerto con 25 años cumplimentando la “muerte heroica” de manual, en el cénit de su gloria, joven, en combate con el toro, que es el animal totémico de los españoles, y el otro muere por su propia mano ya viejo, lleno de achaques, en la soledad de su despacho, tras haber gozado de una vida plena de reconocimiento a la que sin embargo le faltó ese instante dramático para el que viven al final todos los artistas. Ese contraste es una fuerza que intento aprovechar en La hora azul. En esa carta también se menciona el último amor de Belmonte. Aquello me decidió a rendirle tributo en su última hora a aquel hombre icónico componiendo de alguna manera una elegía por el mundo que desaparecía con él.
¿Por qué devolver a la actualidad de 2022 a un torero muerto hace 60 años y además en su último día?
Me obsesiona ese instante decisivo que es el momento en que alguien muere o decide qué va a morir o sabe que va a morir. La hora de la verdad como se dice en los toros. Belmonte encarna una España que precedió y configuró por ejemplo el país en el que nacieron y vivieron mis abuelos. Su muerte es el final de muchas cosas y toda la última jornada de su vida tiene un halo de misticismo que recuerda a la vida y muerte de muchos santos místicos o de los grandes estoicos. Es sobre todo la antítesis de una vida de triunfo y popularidad como fue la suya a lo largo de su juventud. Cuando muere el antiguo ídolo está solo y prácticamente olvidado, como un trasto viejo. Ese año el Madrid ya ha ganado 5 Copas de Europa, el fútbol es el principal espectáculo de masas y no los toros. Hasta Hemingway, que glosó la Edad de Oro de la tauromaquia, se había quitado de en medio después de volver a España y escribir sobre los nuevos toreros y los nuevos toros que se lidiaban, todos tan diferentes a lo que fue Belmonte. Envejecía y sabía que le aguardaban dolores y amarguras en un mundo desconocido donde ya no había ninguna posibilidad de grandeza. Belmonte, que era un hombre que tenía tendencia a la extravagancia y un temperamento saturnal, siempre había aspirado a un cierto tipo de ideal heroico o literario, y con su edad era ya un fantasma en ese lugar en el que vivía. Además muere con un acto soberano de su propia voluntad, que es un gesto también clásicamente español, el “irse como uno quiere” como última libertad que uno puede concederse. Por eso no me resistí a escribir sobre él precisamente en su última hora.
Escribir sobre el Madrid es tan excitante como hacerlo sobre Homero o sobre cualquier héroe antiguo o moderno. En la España y en el mundo de hoy, el Madrid es la certeza de que hay algo más grande y más hermoso que la bajeza que impregna y alcanza todo lo que nos rodea
¿Era un fin de raza?
A esas alturas lo era. De él decían cuando empezó que había que verlo pronto en los ruedos porque por su forma de torear lo iba a matar un toro en cualquier momento. Y resultó que a quien mató un toro fue a Joselito, que tenía un conocimiento enciclopédico de los toros. Llegó a los 70 sin saber muy bien cómo y a su alrededor todo era ya distinto. La España de la Edad de Plata de la cultura, que empieza cuando él nace, que es cuando perdemos lo que nos queda de las colonias ultramarinas, muere en la Guerra Civil. Todas esas grandes figuras con las que vivió y se codeó, los intelectuales del 98, los modernistas, los novecentistas, Sánchez Mejías, Joselito, Unamuno y Valle-Inclán, que lo invitaban a comer en El Retiro cuando era novillero y que dijeron de él que sólo le faltaba morir en la plaza…no había nadie ya de todo ese mundo y él estaba vivo como una pieza de museo.
Belmonte era una figura trágica y alguna vez has escrito que el Madrid es una tragedia griega.
¡Es que lo es! Escribir sobre el Madrid es tan excitante como hacerlo sobre Homero o sobre cualquier héroe antiguo o moderno. En la España y en el mundo de hoy, el Madrid es la certeza de que hay algo más grande y más hermoso que la bajeza que impregna y alcanza todo lo que nos rodea. Creo que por eso la gente vendía hasta el colchón por ver en su momento torear a Joselito y a Belmonte, porque es tener delante una puerta abierta a otra vida más bella y superior, aunque sea por un par de horas.
Esta temporada que terminó en mayo pasado, en París, sí que fue, desde luego, una epopeya.
Fue una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida, además en un año en el que no me esperaba que el Madrid rindiera así en absoluto, ni de lejos. Estaba muy deprimido por la salida de Zidane, muy triste sobre todo por la manera en que se había ido, y en general me parecía que afrontábamos una temporada incierta en la que los grandes dragones del petróleo y la corrupción UEFA semejaban más grandes que nunca. Pero el Madrid del maravilloso Carlo y sus maravillosos veteranos y noveles los mató a todos realizando además proezas que rinden tributo al espíritu histórico del club. Creo que la 14 es una redención del fútbol, un regalo que ha limpiado a modo de lluvia el barro de la vileza en que han convertido el negocio.
Qué esperas, pues, de esta nueva temporada.
Disfrutar. Una cosa que me ha enseñado el Madrid es que esa circularidad que los castizos expresan con aquello de “él Madrid siempre vuelve” es verdad y es eterna. En los momentos en los que por alguna razón he sentido más desapego emocional el Madrid ha llevado a cabo uno de sus prodigios. Ya no tiene sentido ni lógica sulfurarse porque no viene éste o que si Florentino aquello. El Madrid es la Historia, y la Historia no se ha acabado, refutando a Fukuyama. Me da pena Mbappé por que no sabe lo que se está perdiendo.
El Madrid del maravilloso Carlo y sus maravillosos veteranos y noveles los mató a todos realizando además proezas que rinden tributo al espíritu histórico del club. Creo que la 14 es una redención del fútbol, un regalo que ha limpiado a modo de lluvia el barro de la vileza en que han convertido el negocio
El fútbol sucede a los toros como la mayor obsesión popular de los españoles. En términos futbolísticos, ¿es posible comparar a Belmonte con algún virtuoso del balón?
Diría que con Zidane, por esa cualidad prácticamente taumatúrgica de convertir un instante en poesía inolvidable, en un conjunto escultórico eterno porque se fija en la memoria de los hombres para el resto de sus vidas. Por ejemplo, Joselito sería Cristiano Ronaldo, por lo obsesivo de su ambición por ser el mejor, por ser el primer gran torero que lo sacrifica todo por estar preparado para la lidia, por su afán de gestionar todo lo relacionado con el toreo según su inteligencia natural y su punto de vista. Fue uno de esos hombres dotados de una capacidad asombrosa de intuir el futuro, como Santiago Bernabéu. Por eso como él concibió plazas de toros monumentales donde pudiera entrar mucha más gente por mucho menos dinero, así el pueblo podría disfrutar del espectáculo y los toreros serían económicamente independientes de quienes hasta entonces habían gestionado el negocio. Eso es lo que hace luego Bernabéu en cuanto llega a la presidencia de, Madrid y esa es la base de la autonomía del club todavía hoy, de ahí el Nuevo Bernabéu que está levantando Florentino. Belmonte tenía, por todo lo que he leído sobre él, ese ensimismamiento místico de Zidane, esa cosa sufí de comportarse en ocasiones como si una voz interior les hablara y tomaran decisiones incomprensibles para los demás guiados únicamente por su espíritu. Era un artista que inaugura el linaje de toreros estéticos que, aprovechando la revolución técnica de Joselito, cambia la tauromaquia desde entonces.
Dónde es posible hacerse con un ejemplar de La hora azul, y hasta cuándo.
Pues hay un crowdfunding en marcha en la página de Verkami, que es una plataforma española que ayuda a cualquiera que quiera sacar adelante algún proyecto. Ahí se puede elegir alguna de las recompensas que he puesto a disposición del que quiera colaborar y ayudar a conseguir el objetivo, que es costear la primera edición, unos 200 ejemplares. Se pueden adquirir ejemplares junto con libros como el de Chaves Nogales o la biografía de Joselito que escribió Paco Aguado. Creo que no hace falta ser taurino para acercarse a estas figuras tan interesantes. Ojalá mi libro no sólo entretenga a quienes apuesten por él sino que contribuya a recuperar el brillo de un personaje tan literario como el de Juan Belmonte en la España de nuestro tiempo.
Entrevista: Jesús Bengoechea.
Esta semana arranca la Liga. Pronto jugaremos a los favoritos. Ahora mismito, tras cascarle seis al Pumas, la ‘pole’ es azulgrana. El multicampeón Real pues estará, imagino. Además de lo mal que jugará, eso seguro, está la amenaza de la panza llena. El Madrid, nos cuentan, no tendrá el afán de hace unos meses: ganar es malo, distrae, atonta. Ahora mismo, ojito con la plaza de Champions. Vía Liga digo, que estos recuperan el apetito y te ganan la 15 en tres meses.
Muy cerca andará el Atleti por una simple ecuación lógica: si le ha metido cuatro a la Juve, a la que el súper Barça solo empató, bien que en América donde nada es lo mismo, horario, alimentación, latitudes y tal, pues eso. 0-4 y tres de Morata.
Esta semana arranca la Liga. Pronto jugaremos a los favoritos. Ahora mismito, tras cascarle seis al Pumas, la ‘pole’ es azulgrana
Lo del Barça también tiene que ver con lo razonable. Si con lo que compitió el curso pasado —nada— acabó segundo, bien que a mil puntos del líder todo el año, 200 millones de inversión después, habrá más, a poco que se esmere le veo muy en condiciones de repetir éxito. Pero ojo que no le vale ser segundo: peligro. Luego me explico.
Sí, claro. Es agosto y todo está por confirmar. El Atleti era el favorito hace un año, la Europa League tendría final española en Sevilla, el Madrid iba a abandonar la Champions en marzo, a la vuelta de su viaje a París Saint Germain, octavos de final del torneo, y así. Pero las sensaciones ahora son las que son: el Barça es el rival a batir.
Por cierto y puesto que se me coló París. Ha dicho Pochettino que aquella noche de vuelta en el Bernabéu, Benzema le hizo falta a Donnarumma. En el primer gol, imagino. Neymar opina diferente. Se sigue cagando en las muelas del portero italiano con el mismo énfasis que lo hizo la noche de autos sobre el verde madridista. Le subleva, y a servidor, que un portero de casi dos metros y 90 kilos se caiga como una maleta ante el acoso de un rival. ¡Qué papelón!
Donnarumma, por cierto, se tomó la revancha con Neymar cuando perdió primero la pelota y luego la persecución a Modric en la primorosa acción que dio lugar al 2-1. Le abroncó en el campo y sigue bramando convencido de que si el brasileño hubiese ido a por Luka I de Croacia y V Champions, y ganado la pelea, su error no hubiera tenido la trascendencia que tuvo. Total: el PSG sigue siendo lo que es, una chufla.
¡Ah! Florentino será llamado a declarar en el caso Neymar. Investigan lo que sucedió para que el jugador, fichado como estaba por el Madrid, acabara en el Barça de Rosell. Bueno: si cierto notario brasileño de manos mágicas sigue vivo, ojalá que sí, el juicio durará lo que el alargue de aquel Madrid-PSG. Cinco, seis minutos. Del resto de implicados espero sólo amnesia. Será divertido seguirlo.
Investigan lo que sucedió para que Neymar, fichado como estaba por el Madrid, acabara en el Barça de Rosell. Bueno: si cierto notario brasileño de manos mágicas sigue vivo, ojalá que sí, el juicio durará lo que el alargue de aquel Madrid-PSG. Cinco, seis minutos
Volvamos a la Liga. Tengo la sospecha de que se necesitarán 110 puntos para quitársela al Barça. ¿110, una exageración? Vemos. Del Barça cuentan que tiene un equipazo luego se va a hinchar a ganar partidos. Que es lo que necesita como el comer: ganar, oigan (*). Su palanquismo está necesitado de éxitos, el que más la Champions donde regresará como uno de los máximos aspirantes si no el que más. La Liga no te saca el vientre de penas en plan cataplasma a la ruina, pero ayuda. Intuyo que el teléfono de Rubiales empezará a sonar acabada la tercera jornada. O antes.
—Rubi, soy Geri.
—Dime bro.
Y a continuación, ese árbitro, ese VAR, ese linier, ese horario… Uff. Y lo entenderé, ¿eh? Se juega mucho. Su apuesta ha sido la que es y necesita entre otras cosas éxitos deportivos, últimamente escasos allí. “Ganar, ganar y volver a ganar” que diría el gran Luis Aragonés.
Piénsenlo. De un equipo que le ganará los seis puntos al Madrid, que eso nadie lo discute, no vamos a esperar que se deje muchos por ahí. Algunos será inevitable, pero muchos... La Liga tiene 38 jornadas, 38 x 3 = 114 puntos. De ahí mi cavilación: pueden ser necesarios 110 para arrebatar la Liga al equipo de Xavi que va a ser un rodillo y también por si los telefonazos, errores humanos y tal. 110… y no te aseguraría nada. Sí, uff, uff. Recontrauff. Lo que hay diría Koeman.
(*) Estas líneas las escribí el sábado pasado y rematé anoche tras el apoteósico 6-0 del Camp Nou. Horas antes, El Periódico publicó un magnífico y muy recomendable artículo de mi amigo Emilio Pérez de Rozas —¿Será, de verdad, otro círculo virtuoso?— en el que dice entre otras cosas: “Respecto a los ingresos futuros nadie piensa ni verbaliza que el club está vendiendo algo a 25 años y se lo está gastando ahora. Es decir, el Barça se gestionará los próximos años con un 25% menos o se verá obligado a ingresar un 25% más que ahora, cosa sólo posible si se ganan títulos grandes”. ¡Ojo!
También esto: “Estas mismas fuentes, las favorables (a lo hecho por Laporta) y las críticas con esta actitud de riesgo enorme, creen que al nuevo Barça sólo le queda una solución al reto lanzado por Laporta, Yuste, Alemany, Cruyff y Xavi, que ha estado detrás de la inversión, de momento, de 200 millones de euros, cuando el club estaba en quiebra: ganar, ganar y ganar. (Aclaración mía: los 200 millones incluyen los 55 por Ferran Torres el pasado enero). De lo contrario, la ilusión (57.300 aficionados acudieron el viernes a la presentación de Lewandowski) la esperanza y motivación que se ha generado (dicen que se han agotado las existencias en la tienda del Camp Nou) no será suficiente para evitar el desastre total si no se conquista, al menos, la Liga y se pelea hasta el final por la Champions, metas que el míster de Terrassa sí cree ahora posibles”.
La Champions, pues seguramente. Los 110 puntos aquí, lo que yo les diga…
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Buenos días, amigos. En el marco eléctrico del Trofeo Gamper, allá donde al más pintado le temblaría las piernas por el alto voltaje de la ocasión, los jugadores del Barça ofrecieron ayer una exhibición de fútbol a cuyo lado palidecen catorce Champions, o cuatrocientas catorce si se nos apura.
La poderosa alquimia de los hombres de Xavi con su competición fetiche volvió a hacer acto de presencia y el fútbol tomó la palabra. El 6-0 al todopoderoso Pumas brindó la ocasión perfecta para que las masas culés acudieran enfervorizadas a Canaletas, aprovechando sus aguas para resarcirse del calor al grito de “Campeones Campeones Oe Oe Oe” y “¿Dónde está Mbappé, Mbappé dónde está?” (A este último cántico le falla la métrica pero qué importa la métrica cuando hay palancas, cantera vs cartera, palancas vs balanza).
“Espectacular”, resume Sport, sobre una foto de los canteranos Gavi, Pedri y Robert Lewandowski, nombres todos finalizados en -i como mandan los cánones de pureza del ADN culé (nos faltan en la instantánea Busi, Geri, Jordi, Abi y su hígado, que no acaba en -i pero también era canterano).
Este nuevo chico de la Masía, Robert Lewandowski, nació en Esplugas de Llobregat. Sus padres le pusieron Robert en honor al antiguo director deportivo culé Robert Fernández, conocido como Roberto en sus tiempos de futbolista durante la oprobiosa transición, lo que da una idea del barcelonismo acrisolado de su cuna (la de Robert, no la de Robert, bueno, sí, la de los dos Robert).
No exageran un ápice los amigos de Mascaró al tildar de “espectacular” el encuentro. Ya ha dicho Xavi que son, literalmente, “el mejor equipo del mundo”, y siendo como son el que más Trofeos Jan Gamper acumulan en sus vitrinas a ver quién es el guapo que le niega la mayor. Afortunadamente, con ese palmarés no se ven obligados a propiciar que la prensa infle hasta el infinito el valor de sus triunfos, como artificialmente hace con el Madrid la prensa mesetaria. Por cierto, en la misma rueda de prensa en la que dijo lo de que son “el mejor equipo del mundo” apeló al apoyo de “los aficionados, los socios y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN” para el nuevo proyecto, como si alguna vez no hubieran tenido el apoyo de los medios de comunicación —catalanes y de fuera—, como si hubiera algo honorable en pedir a la prensa no que informe y opine libremente, sino que apoye sin fisuras. Prietas las filas, como la prensa catarí. Así los quiere Xavi (otro que acaba en -i).
Mundo Deportivo habla de “exhibición”, y resalta el “partidazo” de “Frenkie”. Le llaman por el nombre y no por el apellido, De Jong, en la esperanza de que esa familiaridad mueva al neerlandés a perdonar la pasta que le deben, y la estrategia va más allá: Laporta afirma ahora, como vemos en el frontispicio, que “Queremos que De Jong se quede”. Mejor llamarle Frenkie, Jan, no estropees la estrategia del cariño iniciada por Mundo Deportivo. Es más: ¿por qué no FRENKI? Esa -e del final no sirve más que para obstaculizar la Operación Amor, aquella que ha de hacer prevalecer el afecto sobre el vil metal.
Se diría que Laporta ha entendido que, si quiere vender a un jugador, máxime si aspira a sacar por él 80 millones de lereles, es conveniente ocultar al planeta entero que ya no sabes cómo deshacerte de él, que para ti es un estorbo porque no podrás inscribir si se queda. Sucede que es demasiado tarde y el planeta entero lo sabe perfectamente. Buena suerte, Jan, y no tengas jeta: paga al chico lo que le debes antes de pedirle que cierre por fuera. Activa para ello, si hace falta, la enésima palanca.
No parece fácil. Tú le mandas a Laporta el hombre del frac y lo sienta a cenar junto a él en los restaurantes, se lo presenta con orgullo a la concurrencia y le da cinco muy palanqueros euros antes de despedirse de él en el portal.
Qué infinita pereza da pasar de la poesía cataculé a la cosa prosaica del mesetarismo, de la gloria sempiterna del Gamper al asunto ramplón ese de la Champions. Dice Vinicius que, ante la improbabilidad de hacerse jamás con un Gamper, se confirma con ganar cuatro o cinco Orejonas de esas que no gustan a casi nadie. Son objetivos modestos de ese chico brasileño que al final de la temporada pasada, las cosas como son, dejó atisbar ciertos brotes verdes en su evolución.
Marca, por su parte, loa a Morata a través de un juego de palabras que hombre, la verdad… El que estuvo bien ayer fue Iñako Díaz-Guerra comentando lo astuto de la estrategia seguida por la cúpula atlética: amenazan con fichar a Cristiano para que las masas rojiblancas cojan algo de cariño a Morata.
Pasad un buen día.
Ayer se enfrentaron Los Angeles FC contra el Real Salt Lake, justo el día en que el mundo fútbol se estremeció de placer por la primera chilena marcada por Leo Messi, contra un equipo con nombre de denominación de origen quesera.
He de decirles que aquí en USA, no obstante, lo de Messi no les ha impresionado tanto como merece. Al ver la imagen del lance, la mayoría no identifican a un jugador marcando de chilena sino a un argentino tratando de parecerse a una mesita para el café. Los John y Jane Doe que pueblan esta bendita tierra, al ver la chilena de Messi alzan la ceja, sonríen de medio lado y ponen cara de Cocodrilo Dundee cuando decía aquello de “¿eso es un cuchillo? No. Esto es un cuchillo”. Luego te sacan una foto de Gareth Bale en la final de Kiev.
En el fondo me parece algo cruel. Cuando mi sobrina de 6 años dibuja monigotes de dudosa corrección anatómica, yo no le muestro a continuación fotos de la Capilla Sixtina para deprimirla. Pero aquí en USA son brutalmente honestos. Hombres sencillos a los que les gustan los coches rápidos, la cerveza fría y las chilenas que parecen chilenas y no resbalones en un suelo recién fregado. Qué le vamos a hacer.
Aye, en el partido que enfrentó al Real Salt Lake contra el LAFC, no se vieron chilenas pero sí muchos goles. Fue un partido entretenidísimo. Una gozada.
aquí en USA son brutalmente honestos. Hombres sencillos a los que les gustan los coches rápidos, la cerveza fría y las chilenas que parecen chilenas y no resbalones en un suelo recién fregado
El Real Salt Lake es el equipo de la capital de Utah. Dave Cheketts, antiguo presidente y refundador del club, era un vikingo furibundo y añadió lo de “Real” en el nombre de su equipo como homenaje al Madrid. Cheketts admiraba tanto al club de Chamartín que quería imitarlo en todo, hasta en el nombre. Un bello ejemplo para todos aquellos directivos futbolísticos que ansían copiar al mejor club del mundo. Desde aquí invitamos a Laporta y a Al Khelaifi a superar sus complejos, imitar los pasos de Dave Cheketts y reunir el valor necesario para emprender juntos una nueva singladura deportiva a la que podrían bautizar como Real Qatarlona Fútbol Club. Dineros y palancas unidos al fin en un homenaje al equipo que les obliga a derrochar los unos y activar las otras.
El Real Salt Lake ha logrado, en efecto, parecerse en algo a su club referente. Son como la versión vinagre del Real Madrid: les falta gol, laterales derechos y no juegan a nada. Pero disfrutan como chiquillos. Creo que fue Winston Churchill quien describió una sesión en el Parlamento de esta forma: “sus señorías no hacían nada, pero lo hacían muy bien.” Algo así podría decirse de los jugadores del Real Salt Lake ayer.
Salt Lake City es la capital del estado mormón de Utah. Mi conocimiento sobre los mormones es escaso, como el que tenía el antiguo primer ministro de Australia Billy Hughes. En 1919 Hughes le pidió al presidente americano Woodrow Wilson, apelando a su humanidad, que impulsara el envío de predicadores mormones a los indígenas de Nueva Guinea porque, según dijo, “mucha de esa pobre gente no tiene siquiera la mitad de misioneros que necesitan para comer”.
Chiellini te para el balón y te levanta a la novia, pero lo hace de frente, en tu cara; luego te invita a unas cañas, que también acabas pagando tú, y te vas a casa pensando que te ha timado un tío cojonudo
Como soy un periodista serio, intento recabar información sobre este peculiar movimiento religioso. Le pregunto a un aficionado del Salt Lake que me hable de mormones famosos y me cuenta aspectos del reinado de Felipe V. Mi pronunciación en inglés es muy mejorable. Pruebo con otro tipo y, esta vez, me aclara que los mormones son en realidad fieles del Movimiento de los Santos de los Últimos Días, y que el apelativo “mormones” viene de su libro sagrado donde se recogen las revelaciones hechas por un ángel al profeta Mormón en el siglo IV.
Estoy seguro de que el peinado de “Chicho” Arango, delantero del LAFC, tuvo que ser fruto también de un mandato angélico. No me explico que alguien desee llevar esos pelos de forma voluntaria. A “Chicho”, sin duda, se le apareció el ángel más hortera del mundo y le ofreció inspiración para marcar goles en el partido de ayer a cambio de hacerse cargo de su horrendo estilismo capilar. Arango aceptó el pacto y vio portería dos veces. Tengo la esperanza de que sea el mismo ángel que se le ha aparecido a Fede Valverde este verano para ponerle las mechas del abuelo Munster. Un ángel peluquero que, a cambio del destrozo, ha prometido a Fede que se va a aburrir de marcar goles.
Chicho marcó un gol de tacón en el minuto 8. El Real Salt Lake empató el partido poco después con gol de Córdova. En menos de cinco minutos, Acosta, del LAFC deshizo el empate. Entre medias, Chiellini vio tarjeta amarilla por mano.
Siendo rigurosos con el lenguaje, a Chiellini debieron pitarle “manos”, en plural. Porque usó ambas para interceptar un pase alto del Salt Lake que tenía muchas opciones de terminar en gol. Sí, he dicho ambas. Y, sí, he dicho pase alto. Cuando la pelota voló varios centímetros por encima de la cabeza de Chiellini, este, sin ningún pudor, levantó los brazos y la remató con las manos. El árbitro dudaba entre sacarle amarilla o darle un punto de set. Chiellini es un figura que está de vueltas de todo. Chiellini es un as del Voley-Fútbol. Chiellini es un hacedor de pagafantas. Chiellini es la pesadilla de los novios en la playa de Gandía. Chiellini vuelve cuando tú vas. Y mientras el abate Guardiola hace sesudos planes cabalísticos sobre cómo “mediapuntizar” a Haaland, Chiellini, sin tanta mística, ha decidido “porterizarse” por su cuenta y riesgo. Genio absoluto.
Cuando Piqué hacía lo mismo en la liga española —lo de parar balones con la mano—, resultaba ofensivo porque lo hacía de forma artera, sibilina y mentirosa; pero cuando lo hace Chiellini no puedes enfadarte con él: es un honesto tramposo. Te para el balón y te levanta a la novia, pero lo hace de frente, en tu cara; luego te invita a unas cañas, que también acabas pagando tú, y te vas a casa pensando que te ha timado un tío cojonudo. Ese es Chiellini, que ha ido a Los Ángeles a mostrar a los americanos las maravillas del “mediterranean way of live”.
En el minuto 59 “Chicho” Arango marcó otro gol y el partido empezó a ser un entretenidísimo despiporre de patio de colegio. Fue entonces cuando Cherundolo, entrenador del LAFC, decidió poner algo de serena nobleza sobre el terreno de juego y sacó a Gareth Bale. Vestido de blanco, que es un color que al galés le sienta de lujo.
Hacia el minuto 80, en el otro extremo del mundo, a Marc Bartra le temblaron los isquios, que es una especie de sentido arácnido desarrollado por el jugador y que se activa siempre que Bale hace cosas de Bale. El galés volador recibió el balón en el medio campo, echó a correr hacia la portería y marcó un golazo que puso el 4 a 1 en el mercador. Eso sí que es un cuchillo, hijos de Utah.
Hacia el minuto 80 a Marc Bartra le temblaron los isquios, que es una especie de sentido arácnido desarrollado por el jugador y que se activa siempre que Bale hace cosas de Bale. El galés volador recibió el balón en el medio campo, echó a correr hacia la portería y marcó un golazo que puso el 4 a 1 en el mercador. Eso sí que es un cuchillo, hijos de Utah
Cuando el balón asaetó la red del Salt Lake, un montón de mormones alucinaron recordando el carrerón de Mestalla. Siendo justos, ambos goles se parecen, pero no son iguales. Lo de Mestalla fue una obra maestra, lo de ayer en Utah el boceto que hace el artista para pagar la cuenta del café cuando no tiene dinero. En Saint Paul de Vence, Provenza, hay un restaurante llamado “La Colombe D’Or” donde tienen expuesto un dibujito que les hizo Picasso en una servilleta a cambio de una cena. El gol de ayer de Gareth Bale fue algo parecido, un gol marcado en servilleta. Para él, algo sencillo que podría hacer sin apenas esfuerzo. Para los aficionados del LAFC, un tesoro.
El quipo de Los Ángeles es ahora mismo el primero en la clasificación de la MLS. Aún queda mucha liga por delante y puede ocurrir de todo. Pero nadie duda de que, gracias a las cosas que hacen sobre el campo un galés y un italiano, ningún aficionado del LAFC se va a aburrir viendo a su equipo.
Devolvemos la conexión.
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Entregas anteriores de L. A. Is My Lady:
I. Previa del Nashville SC v. Los Ángeles FC: El clásico de las Artes
II. Un debut, un coyote y un abogado real: crónica del Nashville SC vs. Los Angeles FC
III. Sporting KC vs. Los Angeles FC. Hotter than the wather
En lo que respecta a noticias sobre el Real Madrid, varios términos marinos podrían definir este periodo estival previo al arranque de las competiciones futbolísticas. Me refiero a tópicos como “balsa de aceite” o “calma chicha”.
Por lo tanto, disfrutemos de esta calma chicha, que tanto pánico daba a los marineros del siglo XVII, cuando el viento dejaba de soplar y no había forma de mover un ápice sus galeones y sus carabelas. Lo bueno llega de nuevo en breve.
Laporta tenía un cadáver, un equipo muerto, abocado a su desaparición, a la quiebra, a la suspensión de pagos y a la conversión en sociedad anónima. Lo sabía él, lo sabía su junta directiva, los acreedores, los bancos, los patrocinadores, la Liga, la UEFA y todos los prestamistas y usureros, legales e ilegales, del mundo. La temporada había terminado, deportivamente hablando, con su equipo eliminado de la Champions, de la Europa League, de la Supercopa, de la Copa y a 15 puntos de un pletórico Real Madrid, campeón de la Liga y de la, al menos si nos ceñimos a la opinión de los aficionados, más emocionante Champions de la historia. La salida de Messi, posiblemente el mayor error de su gestión, el único jugador que se pagaba su sueldo y el de varios Umtitis que cobraban como Balones de Oro, había reducido sus patrocinadores de forma drástica, de unos 45 se había pasado a menos de 20. Ese golpe a la línea de flotación, después de la caída de ingresos por la pandemia y la nefasta gestión de Bartomeu, terminó por hundir el barco. Messi, a pesar de estar presente en todos los ridículos europeos de los últimos años, seguía sujetando, gracias a la maestría para el relato del Barcelona y el poder de atracción que el argentino generaba entre los aficionados y patrocinadores, una gran parte de la economía del club. ¿Alguien piensa, conociendo la forma de actuar de Laporta, que sus cantos de sirena pidiendo la vuelta de Messi, un jugador de 34 años, son fruto de su remordimiento por haberlo echado a la calle? ¿No será que se ha dado cuenta de que su estratosférico sueldo se lo pagaban, con creces, los patrocinadores que el rosarino generaba?
Laporta, salvando las (enormes) distancias, está haciendo un Florentino marca blanca, un galácticos low cost, un Figo sin Figo. Necesita volver a la vida y la competición. Ha empezado a pedalear porque, igual que sucede en una bicicleta, o pedaleas o te vas al suelo. Ha fichado a Lewandowski (su franquicia) y a varios jugadores de renombre para intentar que el cadáver resucite. ¿Qué patrocinadores iban a apostar por un equipo liderado por Pedri, Gavi, Eric, Bom y otros chicos del montón? Ninguno. Nadie. Los números del cacareado Spotify, que financia desde el nombre del estadio hasta los calzoncillos del equipo, son una filfa, muy inferiores a los del Real Madrid y al de los equipos más punteros. Laporta ha hecho lo único que podía hacer, aplicar un electroshock al cadáver con la esperanza de que suceda algo, lo que sea, que resucite, que empiece a caminar, que el tiempo corra y la Superliga sea una realidad o que se convierta en sociedad anónima. No tenía otro camino, apostar por la cantera y la austeridad era alargar la agonía, luchar por la Europa League y convertirse en un nuevo Milán o en una pajarera gigante llena de excrementos de paloma.
Y sí, lo ha hecho (no hay rosas sin espinas) troceando el club y vendiéndolo a pedazos. Ha hipotecado su futuro porque NO TENÍA PRESENTE.
Según la información aportada por la Cope esta misma semana, en las dos primeras operaciones (la venta del 25% de los derechos de TV a Sixth Street) “el Barcelona puso de su propio dinero (concretamente del mismo dinero que acababa de recibir de esa compañía de inversión) 150 millones de euros para hinchar contablemente, a través de una sociedad filial, el precio de venta de las dos primeras palancas. Es por ello por lo que el Barcelona dice oficialmente haber vendido las dos primeras palancas por 667 millones, cuando Sixth Street solo ha pagado 517”.
Esta diferencia de 150 millones, que ellos consideraban una plusvalía, era a efectos del fair play la solución a todos sus males. Podían escribir a todos sus fichajes sin tener que activar nuevas palancas. Laporta, sabedor de que esa diferencia, creada artificialmente, podría no pasar el filtro, ya advirtió de “que esperaba que no hubiese diferencias de interpretación con LaLiga”. No ha sido, desgraciadamente para sus intereses, así. LaLiga solo les ha contabilizado los 517 millones, que es el dinero que realmente habían recibido.
La tercera palanca, la venta del 25% de Barça Studios a la plataforma Socios.com, una empresa dedicada a la creación de “tokens” (algo parecido a las criptomonedas) y NFT, ya se ha formalizado. 100 millones más para las arcas que, a tenor de las palabras del propio Laporta, no serán suficientes para inscribir a todos los fichajes antes del inicio de la competición.
Las cuarta palanca, tan opaca, al menos para la mayor parte de los aficionados, como las tres anteriores, ya está en camino. La transparencia, esa de la que presumió Laporta al inicio de su mandato, ha quedado, al menos en todo lo que a esta venta de activos se refiere, muy tocada.
Los futuros ingresos, adelantados en todas estas operaciones, serán insuficientes para hacer frente a un gasto desbordado que deberán reducir la temporada que viene en unos 400 millones. La venta de entradas, si se concreta su salida al Estadio Olímpico Lluís Companys para la remodelación del Camp Nou, bajará a la mitad y los activos para vender, ya consumidos en este loco verano de palomitas, habrán desaparecido. Necesitan urgentemente competir y que los patrocinadores vuelvan.
A pesar de este reverso (tenebroso) creo que Laporta está jugando muy bien sus cartas. Vender y vender para sobrevivir. Es muy posible que el destino final sea, a no ser que la Superliga acuda al rescate, la conversión en una sociedad anónima. Ninguna de esta palancas, que hipotecan seriamente el futuro del club, les garantizan salir del profundo pozo en el que se encuentran, pero la inactividad, la austeridad, el no atraer nuevos patrocinadores y repetir una temporada como la anterior, era asegurar la quiebra.
Hacen lo correcto.