Marruecos eliminó a España en octavos después de una tanda de penaltis finiquitada por Achraf, madrileño y canterano del Real Madrid, que chutó a lo Panenka y al celebrar, imitó el torpe gesto del pingüino, acordándose de su compañero del PSG, Sergio Ramos.
¿Quién? ¿Sergio Ramos? Sí, aquel que fue titular en la Euro 2008, en el Mundial 2010 y en la Euro 2012, el jugador que más veces ha vestido la camiseta de la selección absoluta y capitán de esta, al menos hasta que alguien lo desterrara.
¿Quién? ¿Luis Enrique tal vez? ¿Ese seleccionador que nunca repite alineación porque su equipo es de autor? ¿Ese seleccionador que prefiere que haya un solo líder en el banquillo antes que varios liderazgos distribuidos sobre el terreno de juego? ¿El que prefiere monopolizar toda la atención y la presión mediática, para eximir así a sus futbolistas de dicha responsabilidad? ¿El seleccionador que no se llevó a Catar a los mejores, sino a los más fieles?
Sí, el seleccionador que a escasos minutos de que concluya la prórroga prescinde del jugador que mejor había entrado de refresco (Nico Williams) para meter un auténtico especialista desde los 11 metros, pese a que este especialista no había disputado ni un solo minuto en el presente torneo. Sorprendió que fueran elegidos para afrontar el punto fatídico dos jugadores que apenas habían tenido protagonismo.
¿Quién? ¿Sarabia? En efecto, nunca había fallado una pena máxima en partido oficial. Sin embargo, la substitución vino pronto porque, antes de pasar a la lotería de los penaltis, tuvo en sus botas la última ocasión del encuentro. Recién ingresado al campo, pidió un balón al segundo palo que le llegó, pero dudó entre centrar o disparar y lo mandó fuera rozando el poste, en una de las únicas oportunidades claras que tuvo España en el tiempo extra.
¿La lotería de los penaltis? Pues sí. Hay infinidad de factores que escapan al control, empezando por el sorteo de campo y de lanzador. En este caso, el hecho de haber desbaratado una ocasión tan clara al final del partido le hizo flaco favor a Pablo Sarabia, que antes de golpear el balón desde el punto fatídico parecía estar viendo fantasmas. Pasó lo que pasó.
Tampoco convertirían su penalti los otros dos lanzadores españoles que le sucedieron (Carlos Soler y Busquets), asimismo designados por el indiscutible dedo que partía y repartía en la selección. Se desconoce si Luis Enrique les sugirió también por dónde tirarlos. Sea como fuere, la intuición de un inspirado Bono fue suficiente para atajarlos y España se va de una gran competición, por tercera vez consecutiva, en tandas de penaltis.
La España de los mil pases, la España de Luis Enrique y sus marionetas que cumplieron con el 99,9% de lo que él les pidió, vuelven todos para casa sin conseguir mejorar el resultado de Rusia. En la otra cara de la moneda están los portugueses que siguen vivos gracias, entre otras cosas, al notable rendimiento de Pepe, capitán ante la suplencia de Cristiano. A sus 39 (3 años mayor que su otrora socio en el Madrid, Sergio Ramos) el zaguero oriundo de Maceió (Brasil) rompió el récord como jugador más veterano en anotar en la fase final de un Mundial (lo ostentaba Roger Milla, el camerunés) con un portentoso e imperial testarazo que significó el segundo gol de Portugal frente a Suiza.
No es el único veterano que sigue vivo en la lucha por el título y destacándose con su selección. Modric, Thiago Silva, Leo Messi… son algunos de los coetáneos de Sergio Ramos que tratan de compensar el inevitable y paulatino declive físico con cualidades brindadas por la experiencia, como la jerarquía y los galones. Dos atributos que en el esquema de Luis Enrique durante este mundial no han tenido hueco.
“Extremo derecho rápido, fino, con una pegada perfecta y que sabe colocar la pelota ante el marco. Clase, entusiasmo y alegría en su juego no le falta”. “Jugador que efectúa la fuga aislada para abrirse camino por los trechos de campo que el adversario deja libres. Más que marcar tantos, sirve goles en bandeja o crea situaciones para realizar…que no siempre son aprovechadas”. Así definían a Mario Durán en su época de futbolista en el diario MARCA y Pueblo respectivamente.
Nacido el 14 de Octubre de 1933 en Balaguer (Lérida), es el actual Decano de los jugadores del Real Madrid, es decir, el exfutbolista vivo que ha disputado el partido más antiguo con el Real Madrid.
Su pasión por el fútbol le viene a Mario Durán desde muy pequeño, ya que su padre fue presidente varios años del Balaguer CF. Jugando en su localidad natal le surgió la oportunidad de irse al gran club de la zona, el Lérida con el que llegó a disputar dos temporadas en Segunda división, la 1951-1952 y la 1952-1953. En aquellos años, Ipiña, secretario técnico del Real Madrid, guardaba una excelente relación con el club catalán y pidió probar a varios jugadores del equipo ilerdense con la camiseta blanca en diferentes amistosos. De este modo, Pepe Granés, Mario Durán, Félix García, Félix Carrillo o Luis Pellicer disputaron duelos de prueba para ver si convencían al antiguo capitán madridista de su valía.
El primero tuvo lugar el 20 de noviembre de 1952 en Chamartín ante el Sabadell. En aquel choque destacó Granés y el Real Madrid se hizo con sus servicios pocos días después. Los otros dos que acabaron pasando la prueba fueron Durán y Carrillo. El extremo volvió a actuar contra el Real Jaén el 30 de noviembre y más tarde frente a los neerlandeses del Sittardia VV el 20 de mayo de 1953. Mientras que su compañero defensa solo disputó el partido ante los jienenses. Al término del curso 1952-1953 el Lérida que tenía problemas económicos saneó sus cuentas con el traspaso de Durán y Carrillo al conjunto blanco. El de Balaguer había cumplido con nota esa temporada en Segunda y sumó cuatro tantos en su cuenta particular.
Durán aterrizó en la capital el mismo verano que Alfredo di Stéfano y Francisco Gento. En la pretemporada se le pudo ver en tres amistosos contra el Alcalá en el Municipal del Val, la UD San Lorenzo en El Escorial o el CD Tarancón en la localidad conquense. Logró dos goles, uno frente a los alcalaínos y otro con los escurialenses demostrando su efectividad de cara al marco contrario. Sin embargo, la competencia en su puesto era atroz y en la plantilla blanca se encontraban Adolfo Atienza, Joseíto, el uruguayo Britos o Juan Vázquez. Así, el club blanco decidió cederlo al Hércules que estaba en Segunda junto a otros dos compañeros: Marsal y Roth.
En el equipo herculano fue un indiscutible para el técnico Amadeo Sánchez y Durán correspondió esa confianza con una temporada sobresaliente a nivel individual. Jugó 24 de los 30 partidos, aportó asistencias y marcó tres dianas que ayudaron al ascenso del Hércules a Primera tras haber bajado ocho años antes. El presidente blanco Santiago Bernabéu tenía una casa en Santa Pola y la cercanía con Alicante fue importante para que observase varios partidos de los blanquiazules en el Rico Pérez. Pudo contemplar en directo el notable papel de Durán, que retornó a la disciplina blanca en el verano de 1954 para establecerse en la primera plantilla.
En la presentación del equipo blanco el 5 de septiembre de 1954, contra el Hércules, el extremo diestro gustó en la primera parte como describió Pueblo: “Corre la línea con seguridad, sentido práctico y serenidad y hasta tira a puerta con dirección y dureza. Tiene además la valiosa cualidad de no ‘pensar’ en el tiro. Tira sin pensar las consecuencias cuando cree que su deber es ‘intentar el gol’”. Compartió delantera con Rial, di Stéfano, Mateos y Gento y se compenetró muy bien con el interior derecho argentino recién fichado de Nacional de Montevideo. Consiguió el tercer tanto de los madridistas en la victoria por 9-1 y una semana después salió en el once del debut liguero.
El Valencia se llevó el triunfo de Chamartín por 1-2 y para MARCA Durán “no hizo honor a su promesa del domingo pasado”. En la segunda jornada el Real Madrid venció en Atocha y en la tercera llegó el estreno goleador del catalán. El conjunto blanco pasó por encima de la UD Las Palmas y Durán anotó el 4-0 en el triunfo por 7-0. Así fue el gol según la crónica de Lorenzo Pérez Sancho en ABC: “Avanza toda la delantera blanca, falla Verde, se descoloca Juanono y Durán llega antes, tira y hace gol”. El jugador de Balaguer era ya un fijo para el entrenador uruguayo Enrique Fernández que lo siguió alineando los siguientes tres partidos. En la cuarta jornada volvió al Rico Pérez en un choque que terminó en tablas y en la quinta fecha del campeonato sumó su segunda diana contra el CD Málaga. La delantera blanca formada por Durán, Rial, Di Stéfano, Joseíto y Gento rayó a gran altura y los merengues vencieron por 4-1. El segundo gol de Durán en Primera fue tras “disparo de Muñoz desde fuera del área que rechaza el poste, lo recoge Durán y este nuevo tiro va a la red”, según escribió Gilera en Pueblo. A mediados de octubre, el balagariense no podía imaginar que disputaría su último partido en Primera y también oficial con la zamarra blanca. El Real Madrid visitaba Nervión contra un Sevilla que disponía de grandes jugadores como Campanal, Ramoní, Arza o Araujo. Los locales ganaron por la mínima y Durán cayó lesionado en un choque con el defensa Campanal. El impacto fue durísimo y le produjo al extremo derecho una fractura de mandíbula que le tuvo un tiempo de baja.
A su regreso no recuperó más la titularidad en el once y solo saltaría a la cancha para dos amistosos. Uno el 8 de diciembre de 1954 en el homenaje a Amorós ante el CD Villena, y el otro el 2 de enero de 1955 en la final de la Copa Ramón Triana frente al Atlético de Madrid en el Metropolitano. Las jornadas discurrieron y veía los partidos en la grada mientras que su puesto en el equipo iba a parar a Luis Molowny o Joseíto, ya con José Villalonga como entrenador blanco tras el cese de Enrique Fernández por su mala relación con Ipiña. Fue entonces cuando cambió el chip en su cabeza y empezó a pensar más como profesional. Su objetivo era jugar y también ganar dinero aunque fuese en otro destino. En una entrevista para Pueblo declaró que “prefiero la cesión antes de seguir en las gradas” y contó que Valencia, Las Palmas y Hércules se habían interesado por sus servicios.
Finalmente su destino fue el Real Oviedo, con el que quedó enrolado por tres temporadas en el mes de agosto de 1955. En el cuadro asturiano estuvo a las órdenes de Luis Casas Pasarín, el Dr. Toba, Argila o el argentino Picabea. Su mejor año fue el primero en el que llegó a una importante cifra de 11 goles. En la temporada 1957-1958, el Real Oviedo consiguió subir a Primera, pero Durán se marchó al curso siguiente al Cádiz. Antes de colgar las botas también pasaría por el Condal catalán o el Nàstic de Tarragona, al que llegó a entrenar.
Casado con la célebre actriz Marisa de Leza, se centró más tarde en su labor profesional como abogado y en participar en torneos de tenis de veteranos en los que logró diferentes trofeos.
Viva Mario Durán, el nuevo Decano.
Buenos días, amigos. El mundial de Catar no es ni más ni menos denigrante, moralmente hablando, desde que la selección española no forma parte de él. Nos merece la misma pésima opinión, desde una perspectiva ética, hoy que el martes por la mañana, cuando la roja aún estaba en la competición. No han resucitado, por desgracia, miles de obreros muertos en la construcción de los estadios, como tampoco se han añadido más afortunadamente.
Las reacciones al adiós de los de Lucho, eso sí, copan las portadas del día, lo que nos obliga a referirnos a ellas, y la primera que encontramos nos parece un soterrado (¿involuntario incluso?) homenaje a la escatología propia de la descomunal cagada de la llamada roja.
Sí, amigos. Mundo Deportivo ha captado a Luis Enrique en perfecta disposición de deponer un mundial. La postura es inequívoca, y la hemos atestiguado en numerosas ocasiones durante el desarrollo del torneo que ya no disputa. En cuclillas, con la mirada perdida y el gesto severo. Los carrillos se hinchan de aire por efecto de la fuerza intestinal puesta en práctica en pos de la feliz consecución del desalojo, y hasta el más discreto coincidirá en reconocer la inexorabilidad biológica del instante: ya no hay marcha atrás.
La foto tiene el valor descarnado de lo anatómico. Madre Natura obra con una determinación que para sí quisiera Busi cuando se encamina a chutar un penalti, y adivinamos de forma inequívoca que, en el instante infinitesimal que la foto retrata, ya no hay posibilidad de pensárselo. Pasa como con dejarte en Madrid a Nacho y Lucas, en Sevilla a Canales, en París a Ramos o en Liverpool a Thiago: una vez que das la lista no hay posible rectificación. Hay cosas que no vuelven a su origen una vez son presentadas al mundo, trayectorias unidireccionales, caminos solo de ida. Hay senderos que solo pueden recorrerse en un sentido, si bien nunca falta quien se avienta a experimentar con recorridos inversos. En este sentido, durante el mundial, Luis Enrique ha experimentado una barbaridad con los hinchas de la selección.
El todavía seleccionador, en la foto, parece concentrado en obtener el máximo partido del juego de esfínteres que ha de procurarle el desahogo buscado. Hay tensión en el escorzo luisenriquil (tensión competitiva, diríamos casi), y es que tiene que ser así. También había tensión cada vez que Unai Simón tenía que jugar el balón con el pie, pero ni punto de comparación, y no era en esa tesitura el asturiano quien se hacía de vientre.
O no solo él.
Esta portada de Mundo Deportivo es inalcanzablemente simbólica, amigos. Quedará en los anales, nunca mejor dicho. Aunque una imagen vale más que mil palabras, los amigos del diario de Godó la complementan con un texto llamativo.
“Dilema Lucho”, reza el titular. En un primer momento, resolvemos que el dilema ha de consistir en echar a Lucho o no hacerlo. Con sorpresa comprendemos que en realidad hablamos de la disyuntiva que para el propio técnico existe entre dejarlo o seguir. No os lo perdáis: decide ÉL. Él y (con perdón) sus santísimos cojones también. O sea, como siempre. ¿De qué nos sorprendemos?
Luis Enrique debe ahora consultar con sus sacrosantos dídimos si sigue al frente del equipo de todos, sin que a “todos” nos corresponda tener voto o tan siquiera voz en el dilema. Somos españoles pero no tanto. Es cosa de Lucho, claro que sí. Que lo vea él. Que lo vea él tranquilamente además, no vayamos a meterle prisa como si el chico hubiera hecho algo mal o algo. Ya le vimos tremendamente orgulloso y ufano en la rueda de prensa posterior a la debacle. Donde no le vimos fue en el stream. Ahí se le presentó otro dilema, y optó por no streamear (con perdón otra vez), no por nada sino por lo que sea. Lucho es un tipo que streamea de pie, prefiriendo en cambio ponerse en cuclillas cuando se trata de posar para Mundo Deportivo.
Si Luis Enrique no siguiera (insistimos: es SU decisión, no algo que Rubi deba consultar con Geri), hay alternativas. La de Luis De la Fuente es tan sumamente ilusionante que MD debe explicar quién es con un gentil paréntesis (“sub-21”), y la posibilidad de Marcelino pues ahí está, como la puerta de Alcalá o su homónimo Juan Antonio, que ya no tendrá que manipular más audios de Luis Enrique.
O si. Depende de él (de Luis Enrique, no de Alcalá). Dejemos al chico que decida tranquilamente, sin apremiarle. Se ha ganado el derecho, qué duda cabe. Si Lucho ha defendido siempre el derecho a decidir de Cataluña, ¿cómo no va a defender el suyo propio? Sport insiste en que mandarlo a la calle no compite a Rubi sino al propio seleccionador. “Luis Enrique decide”. Pero por supuesto, hombre, faltaría más.
De todos modos, lo que de verdad nos pirra de la primera plana de Sport es el faldoncillo optimista sobre los jóvenes. “La Roja tiene futuro en su apuesta por los jóvenes”. Así, como dogma de fe. Habréis de procesarlo como verdad revelada, hermanos. Acaban de pegarse el costalazo del siglo en Catar, pero “la Roja tiene futuro”, junto a una foto de los manidísimos Pedri y Gavi, que solo están en las fotos de lo promisorio o en las que tratan de salvar los restos del naufragio. Nunca en las fotos de la responsabilidad. Flaquísimo favor el que se le hace a la formación de estos dos juguetes rotos, estos dos árboles arrancados de cuajo antes de brotar en el artificio de que eran los nuevos Xavi y Pedri. De momento, todas las evidencias van en sentido contrario, pero “la Roja tiene futuro” ha de continuar como mantra. Recítese en lo oscuro, como la letanía de un rosario interminable y lacerante.
Que sigan así, amigos. Que sigan prisioneros de sus propias fantasías. Nada mejor puede sucederle a tu envidiado rival de la capital.
En cuanto a Pedri y Gavi, ojalá sean capaces de abstraerse de la monstruosidad que han hecho con ellos y puedan aún desarrollar carreras fructíferas en Primera División. Tienen calidad para ello.
Os dejamos con el resto de portadas del día. Pasadlo bien.
Esta entrevista es más que una entrevista. Es el hallazgo del Santo Grial. Tras el fallecimiento de Rafael Verdú, a quien también tuvimos el privilegio de entrevistar en esta misma página por medio de Fantantonio, quedaba pendiente descubrir quién es el nuevo Decano de los futbolistas blancos, es decir, aquel exfutbolista vivo que ha disputado el partido oficial más antiguo vistiendo la camiseta del Real Madrid.
En esta pieza os hacíamos partícipes de nuestros desvelos en la búsqueda, de igual manera que en esta que ahora leéis os comunicamos la buena nueva. Ya en el último párrafo de la pieza de la busca, maliciábamos la identidad que ahora confirmamos. Mario Durán es el nuevo Decano, y no solo del Madrid, como pronto le revelaremos también al interesado.
Solo hay una cosa más bonita que descubrir al nuevo Decano del Madrid, y es descubrir al propio interesado que él es el Decano. Nos enorgullece que Mario y su familia lo hayan sabido a través de nosotros. Mario Durán tuvo una relativamente corta carrera balompédica y una larga y muy exitosa carrera en el campo de la abogacía. Se casó con la extraordinaria actriz Marisa de Leza (la casa está repleta de fotos futboleras, pero sobre todo de daguerrotipos y cuadros de la actriz), de la cual enviudó D. Mario hace apenas dos años. Mario Durán tiene 89 años y una agilidad asombrosa. Contará en la entrevista que aún juega al tenis con sus nietos.
Don Mario, no solo es usted el nuevo Decano de los jugadores del Madrid. También es el Decano de los campeones de Liga de España, puesto que no queda con vida ningún futbolista que ganara las dos Ligas con el Barcelona entre 1951 y 1953, ni del Real Madrid en el año en que a usted le cedieron al Hércules (1953-1954). ¿Qué se siente?
Pues estoy muy sorprendido. Me descubristeis vosotros que soy el Decano de los del Madrid, pero si encima me cuentas que lo soy de los campeones de Liga… Bueno, muy bien. Eso significa que hay vitalidad y que espero seguir aquí contando anécdotas. Ahora que soy el Decano espero seguir siéndolo mucho tiempo. Que hubiera pronto otro Decano sería una mala señal. (Risas). No demos paso todavía al siguiente. En serio, es un orgullo muy grande.
Nos costó concluir que era usted el Decano del Madrid. Investigamos mucho. Un posible candidato al puesto era Pepe Granés.
¡Pepe Granés! (Se le ilumina la mirada).
Era un candidato, pero lamentamos comunicarle que hemos comprobado que ha fallecido, D. Mario. Llamamos a la residencia donde averiguamos que vivía, y nos confirmaron que había muerto hace unos meses.
Qué pena. Era un figura. Lo fichó el Madrid del Lleida junto conmigo, llegamos a la vez al club, pero no sé si él llegó a disputar algún partido oficial con el Madrid.
Le confirmamos que sólo amistosos. El Madrid (merced a la buena relación que Ipiña, el secretario técnico, tenia con el Lleida) fichó en 1953 a tres puntales del equipo catalán: Pepe Granés, Carrillo y usted mismo, pero solo usted jugó en competición oficial. Otros candidatos al puesto de Decano eran Arturo Seoane y Antonio Serrano.
Hombre. Seoane era un defensa muy majo. Serrano también. Entonces sabéis que ambos han muerto, claro. Qué lástima.
Así es, por desgracia. Ninguno jugó en partido oficial. La última duda que nos quedaba era un argentino, Antonio María Imbelloni.
Hombre, claro, Imbelloni.
Su pista se perdía en Angola, donde estuvo entrenando. Pero dimos con alguien que llegó a tratarlo y que nos comunicó su fallecimiento, hace ya años, en Luanda. En este punto sí que supimos que era usted el hombre, definitivamente. El hombre vivo que ha jugado el partido oficial más antiguo con el Madrid.
Imbelloni. (Recuerda, musitando ese nombre como quien recuerda una letanía olvidada). Extremo derecha, como yo. Gran jugador.
Háblenos de sus comienzos en el balompié. En su familia, siendo usted un niño, ya se respiraba fútbol, según hemos podido saber. Su padre fue presidente del Balaguer.
Mi padre era jefe de estación, concejal del Ayuntamiento de Balaguer (Lleida) y presidente del club de fútbol. Así que empecé a jugar desde muy pequeño. Me descubrieron cuando jugaba en el colegio de los hermanos maristas de Lleida, a cuyo internado llegué porque a mi padre le advirtieron que nunca llegaría muy lejos en el fútbol si me quedaba en Balaguer. Allí hay ojeadores y te verán, me decían. Y en efecto. Me vio el ojeador del Madrid, que se llamaba Peralba, y me firmaron por tres años, aunque el primero lo pasé en el Hércules, a donde fui cedido. Era la temporada 52/53.
Su temporada en el Hércules fue enormemente exitosa. No extraña nada que el Madrid le quisiera recuperar para la siguiente.
Así es. La mejor temporada de mi vida. Logramos el ascenso. Y daba la casualidad de que D. Santiago tenía casa al lado de Alicante, en Santa Pola, con lo cual me vio muchas veces en directo. El Madrid tenía otros dos futbolistas cedidos en el Hércules. Y dijo: “Este chaval que tenemos cedido aquí nos lo llevamos para Chamartín”. Fue una orden de Bernabéu a Ipiña (secretario técnico) y Villalonga (entrenador).
O sea, que usted fue una apuesta personal de D. Santiago, casi como Benzema lo fue de Florentino.
(Risas). En otro orden de cosas, sí. D. Santiago era el que mandaba. Allí mandaba hasta Doña María, su mujer. Nos tenía a todos controlados en la residencia aquella de Narváez 70. Estaba siempre al pie del cañón.
¿Tan involucrada estaba?
Controlaba nuestras idas y venidas y se preocupaba de que estuviéramos siempre bien.
Increíble. A su vuelta al Madrid, al comienzo de la 54/55, compartiendo usted vestuario con monstruos como Di Stéfano, Molowny, Muñoz o Gento, encadena seis titularidades seguidas, con dos goles además, uno a Las Palmas y otro al Málaga.
¿En Málaga o en Madrid?
Ambos goles, Las Palmas y Málaga, en Chamartín.
Ah, eso es. Si es que todo iba rodado.
Así es. En una entrevista que le hicieron, en uno de esos momentos fugaces en la cumbre, agarran por banda a D. Alfredo, que andaba por allí, y le preguntan por usted. “Está muy bien el chico”, responde la Saeta (ver captura abajo). Ya ve. Tenía usted hasta las bendiciones de Di Stéfano.
Alfredo nos tenia mucha estima a los que íbamos allí a la guerra, poco más o menos, a abrir brecha contra los defensas rivales, que por entonces eran durísimos. Por eso nos apreciaba mucho a mí, a Joseíto, a Paco (Gento)… Bueno, Paco tenía una velocidad tan increíble que se salvaba de esas entradas brutales. Todo iba rodado hasta aquello…
Hasta el partido de Sevilla. Campanal II, ¿verdad?
Sí. Me rompió la mandíbula. Y ese fue el fin de mi carrera en el Madrid. Me recuperé, pero para entonces ya se habían hecho con el puesto Molowny (estaba ya en el declive pero seguía teniendo calidad) o Atienza.
¿Fue un golpe con dolo por parte de Campanal?
No, en absoluto. Un choque sin mala intención. Era un atleta, una roca. Me pegó un trompazo y me mandó a la grada. La lesión me marcó psíquicamente también. El resto del año con el Madrid no volví a jugar, y al término de la 54/55, justo cuando el Madrid se disponía a ganar cinco Copas de Europa seguidas, me traspasaron al Oviedo. Me quedaba aún algo de ilusión, pero con el trompazo decaí bastante. Mentalmente, el incidente me hizo decidir que lo del fútbol estaba bien para un rato, pero había que pensar en el porvenir. Había que ser prácticos.
doña maría, esposa de d. santiago bernabéu, Controlaba nuestras idas y venidas y se ocupaba de que estuviéramos bien
¿Por eso, por el porvenir, empezó usted ahí a estudiar Derecho?
Por eso y por mi suegro. Cuando Marisa le dijo que queríamos casarnos, el que iba a ser mi suegro declaró que, mientras de él dependiera, su hija no se iba a casar con futbolistas, toreros o gente así. “Mi hija se va a casar con un señor que tenga una carrera”. ¡Y en tres años y medio acabé la carrera de Derecho! Me presenté con el título en su casa y le dije: “¿Y ahora qué hacemos?” (Risas). Todo esto formaba parte de un plan, porque me fui al Oviedo sabiendo que en la Universidad de allí sacar el título era un poquito más factible.
Todo esto por amor, claro.
Por supuesto. Total, que podía haber jugado más años al fútbol, pero fui practico y tuve una carrera corta. Me dediqué al derecho en Tarragona y luego terminé entrando en política de la mano de Óscar Alzaga y su PDP (Partido Democrático Popular). Fui concejal del Ayuntamiento de Tarragona.
Volvamos a esos seis partidos mágicos de titularidad en el Madrid. Retornemos aquel vestuario del que usted formó parte, con la Saeta, con la Galerna, con Muñoz…
Fue una época de ensueño que ahora mismo no te puedo analizar al detalle porque se me han olvidado muchas cosas. Teníamos como expliqué antes mucha exigencia y vigilancia, pero de eso me doy cuenta ahora, porque entonces sólo pensábamos en ganar.
Usted no solo jugó con D. Alfredo sino que, como hemos dicho, tenías todas sus bendiciones. ¿Cómo era D. Alfredo?
Por entonces había un futbolista que técnicamente me gustaba más que él: Kubala. Pero, a la hora de la verdad, el número uno era Alfredo. En los entrenamientos, con nosotros sus compañeros, era implacable. Había días que a lo mejor habías salido un poco y estaba regular, y él te cogía por banda y te decía: “Eh, que hoy también nos pagan. Esto es como si fuera un partido. Hay que sudar la camiseta”. Era un profesional como la copa de un pino. Con muy mal carácter, pero deportivamente para quitarse el sombrero.
Un líder absoluto.
¡Un líder absoluto! Con un carácter argentino muy duro. Llevaba poco tiempo en el club, apenas un año, pero por su forma de correr, de azuzarnos, de analizar cada situación, se erigió inmediatamente en nuestro líder.
alfredo era implacable. te cogía por banda y te decía: “Eh, que hoy también nos pagan. Este entrenamiento es como si fuera un partido. Hay que sudar la camiseta”. Era un profesional como la copa de un pino. Con muy mal carácter, pero deportivamente para quitarse el sombrero
¿Se podía entrever que iba a marcar una época en el fútbol mundial? ¿Usted lo intuía?
Sin duda. Como te digo, era más bonito ver jugar a Kubala o a Kopa, pero Alfredo tenía calidad a raudales y era un luchador nato. Fue el primero en darse cuenta de que un delantero no puede quedarse ahí arriba esperando que le lluevan centros de los extremos y ya está. Él apostaba por bajar a recoger el balón, desde la defensa si era preciso, para construir el juego desde atrás. Imponía un ritmo infernal que tú tenías que seguirle. Y decías: “¿Cuándo parará este hombre?” Tenía algún pulmón escondido o algo así. Si no, no se explica. Todo lo que tenía de mal carácter lo tenia de excelente jugador.
También coincidió con Molowny.
Molowny era técnicamente genial. Escondía la pelota. Jugué con él pero no en partidos oficiales, sólo amistosos.
De hecho, competía con él por el puesto.
Y con Joseíto, Atienza…
Y Britos, aquel uruguayo.
¡Hombre, Britos, claro! Muy bueno. Pero yo ya no me acuerdo si hablamos del mismo año.
Sí, sí… Todos estos competían con usted. Tenga en cuenta que entonces las plantillas tenían entre 25 y 30 jugadores. Aunque la mayoría no jugaban casi nunca. También jugó usted con el mítico Héctor Rial, aunque él era interior y no extremo derecho. Hay crónicas de alguno de esos partidos en Chamartin que dan buena cuenta de las diabluras que trazaron entre los dos; parece que, aunque aquello fuese fugaz, se complementaban bien.
Correcto. Nos entendíamos muy bien. Rial era una excelente persona, un gran compañero. Nos apoyaba constantemente a todos.
di stéfano Imponía un ritmo infernal que tú tenías que seguirle. Y decías: “¿Cuándo parará este hombre?” Tenía algún pulmón escondido o algo así. Si no, no se explica
Muchos dicen que gran parte del éxito de la carrera de Gento es debido a los balones que le metía Héctor Rial. Usted, que jugó con ambos, ¿refrenda esa idea?
Totalmente. Aquellos pases en profundidad al primer toque fueron esenciales para el crecimiento como jugador de Paco. Hector le ponía el balón en largo exactamente a donde Paco tenía que llegar, y a donde solo Paco podía llegar. Sabía que ahí Paco cogía la directa y ya no había manera de agarrarle.
¿Gento era tan callado e introvertido como dicen?
Sí, mucho. Era difícil sacarle cuatro frases a Paquito Gento. Claro, en un contexto de familiaridad y cercanía, en la intimidad, la cosa cambiaba. También puede ser que con el fútbol no tuviera tiempo de avanzar en sus estudios y no se sentía muy seguro para hablar mucho. Pero era una persona absolutamente fabulosa.
¿Y el mejor extremo izquierda que ha existido?
¡Hombre! Qué rapidez. Inalcanzable.
En algunas entrevistas de la época, para ese mismo puesto, usted destaca también la excelencia del rojiblanco Collar.
Eran los dos mejores de España en esa posición. De hecho, para que pudieran jugar ambos en la selección, ponían a Collar por la derecha. Lo de Enrique Collar era de una técnica superlativa. Estaba Gento y, a poca distancia, Enrique. A Enrique le faltaba luchar un poco más, como suele pasar con los futbolistas muy virgueros. Es lo que nos ha faltado a muchos, que éramos muy buenos pero nos faltaba morder más. Como mordía Alfredo.
Ya que habla de sus condiciones, la prensa de la época describe a Mario Durán como “un extremo derecha fino, rápido, con una pegada perfecta. Clase y entusiasmo no lo faltan. Más que marcar goles, los sirve en bandeja”. ¿Se reconoce?
Sí, pero es lo que te digo, yo era un poco frío. Algunos jugadores éramos capaces de hacer cosas que los demás no pueden. Pero luego hay que morder, como Alfredo, y correr la banda, como Gento o Collar. Solo con la técnica no había manera de defender un puesto, porque los defensas eran prodigios físicos. Ya te digo que Campanal, el que me lesionó, era un atleta, cien metros en doce segundos.
Sigamos con algunos de sus compañeros de la época, que son de aúpa. Usted jugó con la media Muñoz-Zárraga, nada menos.
Así es. Muñoz dirigiendo la orquesta y Zárraga corriendo arriba y abajo, cubriendo todos los huecos posibles. Era el peón de Muñoz, que sabía situar muy bien al equipo. Zárraga era imprescindible, no en vano ganó cinco Champions.
Jugó usted, durante esos seis partidos, con algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos.
(Se queda pensativo y empieza a repasar los ya enumerados): Alfredo… Paco… Rial… Muñoz… Zárraga… Y en la defensa estaban Lesmes, Oliva…
Y Joaquín Navarro…
¡El Fifo! (Sonríe). Le recuerdo muy bien, así, calvete…
Y en aquella temporada, sí hablamos de entrenadores, comenzó el uruguayo Enrique Fernández, a quien después sustituyó Villalonga, que tomó las riendas desde el apartado de preparador físico…
Es verdad, pasó de preparador físico a entrenador, no me acordaba.
Es un tránsito que suena muy raro hoy en día. ¿Significa eso que el entrenador no contaba por entonces gran cosa? En lo táctico, por ejemplo.
Ahí el que tenia carácter era Ipiña. El primer entrenador que tuve, Fernández, no mandaba mucho, y Villalonga era un señor, más bien callado, y prestando mucha atención al apartado físico, con su eterno cronómetro, como correspondía a alguien que venía de esa especialidad.
Pero entonces ¿no intervenía mucho en lo táctico? Nos habla usted de personalidades de jugadores muy fuertes, da la sensación de que se imponían a la del propio entrenador.
Es que las tácticas son muy relativas. A mí dame once tíos que corran y déjate de tácticas.
A usted le entrenaron dos hombres que después serían seleccionadores nacionales. En el Madrid, Villalonga. En el Oviedo, Eduardo Toba.
Toba en cambio sí era un estudioso, muy metódico.
Usted en el Condal coincidió con Manuel Sanchís padre, campeón de Europa con el Madrid en el 66. ¡Ha jugado con muchos ilustres!
¡Hombre! Qué bueno era Sanchís padre. Rapidísimo. Y en el centro del campo, en aquel Condal, jugaba un húngaro estupendo, Peter, así como el defensa Rifé.
Con técnica tenemos a Benzema, Modric y otros. Hay que complementar con fuerza física, y el Madrid eso, de momento, lo está haciendo muy bien. Tenemos una gran plantilla. Quizá yo sea un poco subjetivo porque yo soy muy del Madrid, pero es lo que pienso
Hay un jugador, Arsuaga, que fue el predecesor de Gento en la banda izquierda, y creo que también coincidieron. Padre del ilustre paleontólogo y antropólogo Juan Luis Arsuaga, muy amigo de La Galerna.
Le recuerdo, sí.
Vamos a la actualidad un poco, D. Mario. ¿Cómo ve al equipo?
Pues no es que yo sea madridista, que lo soy. Es que juegan muy bien. Tenemos un equipo fabuloso. Es una gran época. Ya no es solo el maravilloso Benzema, sino toda la plantilla.
¿Y el Barça?
El Barça lo que tiene es un plan de juventud que en dos o tres anos le puede dar fruto. Es un proyecto de futuro muy bueno el de estos chicos.
El Madrid tampoco es manco con sus jóvenes. ¿Le gusta Valverde?
Claro. Es buenísimo. Hace una labor fabulosa en el medio campo.
¿Tienes la sensación de que aquella ansia de ganar que veía en D. Alfredo, de la que nos hablaba antes, sigue presente en la actual plantilla?
Por supuesto. Eso en el Madrid es fundamental. Es la esencia de la institución. Eso y el aspecto físico, cada vez más importante. Me da la sensación de que los ojeadores buscan ahora futbolistas con un 60% de capacidad física, y un 40% de habilidad técnica. Es el fútbol moderno. Con técnica tenemos a Benzema, Modric y otros. Hay que complementar con fuerza física, y el Madrid eso, de momento, lo está haciendo muy bien. Tenemos una gran plantilla. Quizá yo sea un poco subjetivo porque yo soy muy del Madrid, pero es lo que pienso.
¿Cuál es su secreto para mantenerse tan bien? Se me ve muy ágil y vital.
Nunca he dejado el ejercicio. Al abandonar el fútbol, seguí jugando con los veteranos un tiempo, pero mis gestos técnicos me provocaban esguinces. Tuve que dejarlo. Sin embargo, empecé con el tenis y fenomenal. Jugué muchos campeonatos internacionales de tenis de veteranos. Ahora en resistencia he bajado, como es normal, pero cuando juego con mis nietos, y me hacen una dejada, todavía llego a la red. Conservo el arranque. En esa estantería puedes ver todos mis torneos de tenis.
Entrevista: Alberto Cosín, Jesús Bengoechea
A casa. En Octavos. Otra vez.
Podríamos decir que sabíamos que esto iba a pasar. Que a la selección española de fútbol no le daba para más. Es más, decir lo dijimos muchos. Se nos acusó de simplemente ser madridistas y por ende “odiar” a Luis Enrique y a la selección porque sí. Pues no.
Mi crítica, que no odio hacia Lucho, siempre la he hecho desde un punto de vista futbolístico. Lo dije desde que salió la convocatoria: con ese equipo no vamos a llegar a ningún lado. Para mí, faltaba experiencia y jugadores contrastados que no estuvieran a dos pasos de la jubilación. Nunca entendí para qué llevó a Eric García por ejemplo, cuando (digamos) no está ni para jugar en el FC Barcelona, para que luego no jugase ni un minuto. Como tampoco entiendo que lleve a Ferran Torres cuando no es ni titular en su equipo. Lamentablemente, dejó a muchos jugadores en casa que habían hecho méritos para estar en Catar. Jugadores como Aspas, que quizás el martes hubieran tirado a puerta.
Es totalmente INTOLERABLE que en 120 minutos, España tirase UNA vez entre los tres palos. Que lances tres penaltis y falles los tres. Imposible ejecutar penaltis peor que lo que hicieron Soler y Busquets.
La desidia era total, y en los rostros de los jugadores se veía plasmado el miedo y derrotismo ANTES de lanzar las penas máximas. Con un entrenador sentado de brazos cruzados. ¿Dónde estaba la casta, la garra, la sangre? Se puede caer derrotado, pero así es VERGONZOSO.
Más vergonzoso aún es que salgan el entrenador y jugadores a las entrevistas y digan que están orgullosos y se van con la cabeza “bien alta” por el trabajo hecho. Pero ¿se están riendo de nosotros? ¿Cómo vas a estar orgulloso de lo que se ha visto plasmado en el césped? Vergonzoso es que salga Luis Enrique en rueda de prensa y se enfade con un periodista por las críticas al juego de la selección. La falta de autocrítica es vergonzosa y preocupante. Está muy bien que se haya querido acercar a la afición a través de los streams en Twitch, pero su primera tarea es la de entrenador, la de preparar los partidos, corregir errores y saber contra quién juegas.
Me gustaría que la eliminación no me doliera, pero no lo consigo. Estoy jodida desde el martes. Muy jodida.
¿Por qué? Pues porque, ante todo, soy española y quiero que España gane SIEMPRE. Sea quien sea el entrenador, y sea quien sean los jugadores. En el momento que se enfundan la camiseta de España, voy con ellos a muerte. Porque aunque haya un sector que se quiere “apropiar” de la selección diciendo que es el Barça etc, el himno que suena antes de los partidos, es el de ESPAÑA, y el escudo en la camiseta es el de ESPAÑA. Me jode ser un meme internacional. Perder, puedes perder; dar vergüenza mientras lo haces…NO.
Luis Enrique, gracias por llevar a los jugadores de tus amigos, gracias por no llevar a los que habían hecho méritos deportivos, gracias por aburrir a las ovejas. GRACIAS POR NADA.
A esta fecha, ningún jugador ha logrado en las Copas del Mundo de fútbol lo que Edson Arantes do Nascimento, el incomparable Pelé para todos. Triple corona tras las victorias de Brasil en 1958 (Suecia), con tan solo 17 años, 1962 (Chile) y 1970 (México). Pasarán algunos lustros hasta que alguien le llegue a igualar. Para ello, por ejemplo un Mbappé o un Varane o un Griezmann deberían ganar este año en Qatar y repetir en 2026, lo cual parece bastante improbable.
Pelé está siendo noticia estos días por el empeoramiento de su estado físico, aunque ayer nos tranquilizó saber desde su cuenta oficial de Twitter que se encuentra algo mejor y que sigue con pasión el camino de Brasil por tratar de lograr su sexta corona en los Mundiales.
Quien les narra, por motivos de edad, apenas pudo disfrutar del fútbol de Pelé, aunque sí recuerda una tarde de junio (debían de ser las 7 o las 8 de la tarde, ya que el partido comenzó a las 13:oo hora local de México D.F.) de 1970, en el viejo televisor familiar, blanco y negro, por supuesto, una exhibición brutal de fútbol entre Brasil e Italia por el cetro mundial.
Un niño de apenas 8 años quedó embelesado por el partido, y por el gol que marcó Pelé de gran cabezazo para inaugurar el marcador (1-0) mediada la primera parte. Italia era un equipo poderoso, una mezcla de las glorias del Inter (el capitán Facchetti, el duro defensa Burgnich, el elegante Sandro Mazzola, el delantero Boninsegna, autor del único tanto transalpino) y del recién proclamado campeón de Italia, el Cagliari de Cerdeña, con el inmenso Gigi Riva, Angelo Domenghini y el meta Albertosi, que le arrebató la titularidad al gran Dino Zoff, la mayoría de ellos campeones de la Eurocopa de 1968.
La selección canarinha, irrepetible, con Gerson, Carlos Alberto y Jairzinho (los tres anotaron para el 4-1 final), más los magos Rivelino y Tostao, todos ellos conocidos en España gracias a las colecciones de cromos de la editorial Fher, y liderados por el Lobo Zagallo en el banquillo (compañero de éxitos de Pelé en el terreno de juego en 1958 y en 1962) y, por supuesto, por quien entonces era ya nombrado en todos los rincones del planeta como O Rei.
Pelé maravilló a aquel niño, que recuerda curiosamente tres jugadas fabulosas en aquella Copa del Mundo que no acabaron en gol: el célebre no gol en la fase previa ante Checoslovaquia y su guardameta Viktor (un lanzamiento desde el centro del campo), el paradón (considerada como la mejor atajada jamás hecha por un portero) del inglés Gordon Banks a disparo a bocajarro de Pelé y una jugada preciosa en semifinales ante Uruguay y su arquero Mazurkiewicz, al que amagó increíblemente O Rei, sin lograr batirlo.
Le mandamos toda la fuerza del mundo al gran Pelé, admirador de Alfredo Di Stéfano y del Real Madrid (pese a que don Santiago Bernabéu trató de ficharlo varias veces, pudo más el no querer salir de Brasil del astro, ya que, además, abandonar su país era una cuestión de estado) y posiblemente, el mejor jugador de toda la historia, junto a su admirado Di Stéfano y a Diego Armando Maradona.
Getty Images
España se ha ido del Mundial de Qatar como lo hizo hace cuatro años en Rusia: llevando al extremo el ridículo el concepto de la posesión. Tener el balón se ha convertido en un dogma sin sentido cuando entrenadores como Luis Enrique Martínez lo convierten en la principal razón de ser.
La pregunta es ¿para qué quiere un equipo el balón? Se supone que la respuesta es sencilla: para atacar y tener más posibilidades de hacer gol al rival. Curiosamente, eso no sucede cuando de esta selección española se habla.
España ha caído eliminada del Mundial de Qatar tras no tirar prácticamente entre los tres palos en 130 minutos de juego y no ser capaz de hacer un gol ni tirando tres penaltis. Se dice pronto. Eso sí, hemos goleado en posesión y en capacidad de pasar el balón de forma horizontal durante dos horas largas de partido ante un rival de menor entidad como es Marruecos, pero hipermotivado y con buenas individualidades. Tiene mérito lo hecho por España. Como tiene mérito irte de un Mundial tras haber jugado contra una Alemania menor y, sobre todo, contra Costa Rica, Japón y Marruecos. Es, sencillamente, alucinante.
La roja ha retrocedido de golpe hasta la década de los años setenta del siglo XX, cuando fuimos incapaces de clasificarnos para los Mundiales de Brasil 70 y Alemania 74 y caer a las primeras de cambio en Argentina 78 y haciendo un ridículo glorioso en España 82. Desde entonces, hubo luces y sombras, pero de repente, tras el trueno del título levantado en Sudáfrica 2010, hemos encadenado una eliminación en grupos en Brasil 2014 y dos eliminaciones calamitosas en octavos en Rusia 2018 y Qatar 2022.
La Roja ha retrocedido de golpe hasta la década de los años setenta del siglo XX, cuando fuimos incapaces de clasificarnos para los Mundiales de Brasil 70 y Alemania 74 y caer a las primeras de cambio en Argentina 78 y haciendo un ridículo glorioso en España 82
Si he de ser sincero, no tenía ilusión ninguna con esta selección de Luis Enrique. Vi el partido ante Marruecos en la Cala del Moral, en Málaga, en casa de mi amigo Carlos, malaguista de pro y nada sospechoso de ser antiluisenriquista. En el descanso ya estábamos convencidos de que esta España no iba a ningún lado.
Luis Enrique se empeñó en hacer un equipo de autor, seleccionando futbolistas más allá de su titularidad o no en sus clubes, dejando en España a jugadores con mejores prestaciones y números que muchos de los convocados para Qatar.
El técnico asturiano ha apostado por dos conceptos fundamentalmente. Jugadores fieles a su idea de entender el fútbol y, a ser posible, que jueguen en el FC Barcelona. Laporta sacó pecho tras el 7-0 a Costa Rica y la cara, se la han terminado partiendo metafóricamente hablando.
Esta selección tenía a los dos laterales izquierdos del Barsa (Alba y Balde); el central (Eric García); el medio centro (Busquets) los dos ‘maradonas’ del momento (Pedri y Gavi); el extremo Ferrán Torres, yerno de Luis Enrique y suplente habitual en el Barsa, y Ansu Fati, recuperándose de una lesión eterna. No sé si me dejo alguno en el tintero.
Esta base de la selección es la misma que la del Barsa eliminada en la fase de grupos de la Champions League y que lleva dando pena, futbolísticamente hablando, en las últimas ediciones de la Copa de Europa. Con ellos, más Morata y Unai Simón, que tiene gravísimas dificultades para jugar con los pies como quiere Luis Enrique, queríamos ganar el Mundial. Luego nos dicen que los Reyes Magos son los padres y nos sorprendemos.
Buenos días. Fin del stream. Lo que no puede ser no puede ser, y además es de todo punto imposible.
No es que el Mundial le venga grande a España, Marca. Es que se hincharon las expectativas al alimón con las que supuestamente habían de generar las nuevas estrellas (¿?) del Barça, sin reparar en que eran esas mismas estrellas (¿?) las que estaban hinchadas. Luis Enrique entró en el cotarro de los intereses de una firma de representación con mano en el ámbito blaugrana, que por lo demás es el del propio Luis Enrique. Así llegaron pseudocracks culés manejados por amigos de Lucho, pseudocracks aún no salidos del cascarón pero seleccionados con prisas para aumentar alegremente su cotización (es inevitable pensarlo) y favorecer de este modo a dicha agencia, al propio Barça y no se sabe de qué modo al propio Lucho, que es (paradójicamente) un magnífico entrenador pero un seleccionador no sólo pésimo: es un seleccionador cuyos criterios están bajo sospecha no por haber fracasado miserablemente como lo ha hecho, sino que ya venía bajo sospecha de casa. A Eric García ya no hubo cómo sostenerlo de manera decorosa y perdió su titularidad, pero ahí aguantaron el sobreexcitado Gavi y el sobravaloradísimo Pedri, futbolistas que no tienen la culpa de haber sido artificialmente elevados al pedestal que no les corresponde, y a los que de corazón deseamos -porque son jóvenes y tienen cierta calidad- que sean capaces de descender del mismo de la forma más decorosa posible y sin descalabros morales irreparables. Junto a ellos, para terminar de edificar las sospechas, ni más ni menos que el yerno del propio Luis Enrique.
Brutal.
Entretanto, en Madrid, y a pesar de la denuncia de unos pocos, a los que se nos tildaba de antipatriotas por no apoyar a la selección, se quedaban tipos con todo el callo del mundo en competiciones de tanto voltaje como la Champions, léase Nacho Fernández y Lucas Vázquez, ese que en Milán daba vueltas al balón en la cúspide del índice antes de lanzar un penalti incandescente, mostrando el cuajo que ninguno de los elegidos para lanzar ante Marruecos, tras 120 minutos de frustrante 0-0, fue capaz de poner en el césped para transformar al menos uno de los lanzamientos. Y se quedaron también en España Canales y Iago Aspas y Borja Iglesias, como se quedó en Liverpool Thiago Alcántara. Ninguno entraba en los planes del inefable Lucho. No tuvieron la suerte de caer en su networking.
el sobreexcitado Gavi y el sobravaloradísimo Pedri, futbolistas que no tienen la culpa de haber sido artificialmente elevados al pedestal que no les corresponde, y a los que de corazón deseamos -porque son jóvenes y tienen cierta calidad- que sean capaces de descender del mismo de la forma más decorosa posible y sin descalabros morales irreparables.
No solo es evidente que Luis Enrique ha fracasado, sino que habrá que analizar si no se ha tratado de un fracaso doloso. Pese a ello, en un triunfalismo insultante, el asturiano declaraba que estaba muy contento del trabajo realizado. Enhorabuena pues, y lo mismo para jugadores jóvenes que se manifestaban encantados de haberse conocido al término del partido, de manera pasmosa. No dejaron entrever ni un ápice de autocrítica, ni mucho menos un apunte de rabia. ¿Qué fue de aquello de quedarse sin dormir tras una derrota sonora? No descartamos que aquí haya algo generacional: un meme genial, sobre la fotos de Xavi-Iniesta y Gavi-Pedri, nos recordaba que hemos pasado de la generación del tiki-taka a la del tik tok.
No solo es evidente que Luis Enrique ha fracasado, sino que habrá que analizar si no se ha tratado de un fracaso doloso
Decíamos que no fueron capaces de marcar un solo gol en 120 minutos de juego ni en uno solo de los penaltis, y la cosa trae reminiscencias de un pasado culé que recordarán los más viejos del lugar. Tanto quiso Luis Enrique que su selección se pareciera con calzador a su amado Barça que la retrotrajo al 7 de mayo de 1986, cuando los azulgrana remataron 120 minutos sin goles, ante un equipo rumano, con un pleno de errores desde los once metros. Tanto quiso Lucho hacer una roja a imagen y semejanza de lo culé que le transmitió sus traumas.
Steaua de Marrakech.
Claro, As, claro que sanseacabó. Un gran papel en un Mundial de selecciones (incluso en este mundial en minúsculas tan éticamente repugnante) equivale para clubes a un gran papel en la Champions. Pues bien: España se presentaba con una escuadra de Europa League, en el mejor de los casos. Así no se llega lejos en un mundial. Es de cajón, aunque nadie quisiera verlo. Thiago Alcántara jugaba una final de Champions hace poco más de seis meses, mientras Pedri y Gavi llevan dos años seguidos siendo expulsados a las primeras de cambio de esa competición y relegados a la Europa League, de la que luego también son expulsados.
Qué enormemente significativa es la foto recogida por Mundo Deportivo para ilustrar el batacazo. Ni ascendiendo a Marte habrían dado con una vista más aérea. Desde las alturas, la responsabilidad se diluye. Recuerda a la escena de la noria de El Tercer Hombre, con Orson Welles y Joseph Cotten teorizando en el nihilismo acerca de las pobres vidas de aquellas miniaturas allá abajo. ¿Dónde están ahora los primeros planos de Pedri o de Gavi, juguetes rotos (esperemos por su bien que no) de la infame propaganda culé, comprada (cuidado) por casi todos, no solo por la prensa cataculé? ¿Dónde están ahora los primeros planos de Lucho? Y sobre todo ¿dónde está ahora Laporta? ¿No aseguraba Jan que el éxito (pero qué éxito) de la selección española había que atribuirlo en gran medida a Xavi? ¿No habrá entonces que achacar también en parte al ilustre Hernández esta sonrojante hecatombe?
Sport sí tiene, por lo menos, el detalle de personalizar, en la foto, en la figura del técnico, pero se muestra incapaz de salir de sus dogmas posesivos para explicar el costalazo: “La selección dominó totalmente, lo intentó todo, pero le faltó gol”. Ojalá sigan para siempre presos en el Barça de sus apriorismos tikitakescos, pero sería igualmente de agradecer que no trasladaran a la selección sus obsesiones de iluminados. Algunos tenemos cariño al equipo nacional español, y anhelamos aquellos tiempos en que los seleccionadores no sólo ganaban, sino que no se tomaban el lujo de despreciar al principal equipo de la península.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigos. Hoy es el día de la Constitución española, por lo que felicitamos a nuestros lectores españoles, que son la mayoría pero ni muchísimo menos los únicos. De lo que no tenemos estadísticas es del porcentaje de lectores de La Galerna para quienes el partido de hoy, España-Marruecos, representa algo importante también. No todo español tiene por qué estar pendiente de ese partido, no es obligatorio, puesto que un español puede sentirse representado por esa selección de futbolistas, o no. Es una opción. Ocurre exactamente lo mismo que con la propia Constitución (qué buen ejemplo nos da el destino), con la diferencia de que la Constitución hay que cumplirla por mandato legal, se sienta uno representado por ella o no, sin que por el momento se haya promulgado ninguna ley que obligue a apoyar a un grupo de señores que dicen representar a España jugando a la pelota. ¿Te representan como español? Bien. ¿No te representan? Es igualmente legítimo.
También es una opción pasar de este mundial corrupto y manchado de sangre en señal de humilde protesta, si bien también lo es (y respetable) el separar la cuestión ética del disfrute de los partidos, y sentarse ante el televisor a gozarlos (o a intentarlo, dado que el nivel deja por el momento bastante que desear).
El partido de Brasil, por contra, con el que Mundo Deportivo abre su frontispicio, fue muy disfrutable. Los brasileños se gustaron, firmando jugadas para el recuerdo, incluido un tanto de Richarlison fruto de una combinación de ensueño. Estuvo casi sin trabajo Militao y muy bien Vinicius, autor de un gol y una asistencia que catapultaron a la pentacampeona. Los jugadores de Tite (¡y el propio Tite!) dieron también una verdadera lección de baile en cada gol que marcaban. Nadie les acusó de provocar. El propio Vinicius bailó a destajo, y no se le echó encima ningún sanedrín de indignados, acusándole de excitar la ira de las masas. No concitó su danza insultos racistas, y no salió a la palestra ningún fiscal para certificar que el racismo en realidad no es racismo cuando recae sobre Vini. No hizo falta porque no hubo racismo, ni gradas hostiles, ni carniceros coreanos dispuestos a rebanar la tibia del astro. Qué raro. A ver si el problema no van a ser los bailes de Vinicius sino el antimadridismo de algunas gradas de España, de algunas instituciones en España, de casi todos los periodistas en España.
Sin embargo, el asunto crucial de la portada de Mundo Deportivo es la llamada roja (le quitamos la mayúscula a Mundial como modesta protesta ética, y le hemos quitado la mayúscula a Roja por puro aburrimiento), que hoy se la juega en octavos ante Marruecos. El elegido para presuntamente representar a ese equipo que presuntamente nos representa es Gavi. Antes casi de que podamos volver a preguntarnos con quién ha empatado este chaval, nos fijamos en que ocupa el mismo lugar de honor en As, si bien esta vez abrazado a Busquets, jugador este que, en cambio, y por muy discutible que nos resulte su deportividad, sí ha ganado unas cuantas cosas. Pero ¿qué pasa con Gavi? ¿Por qué tanta portada?
La respuesta no tiene nada que ver (suponemos) con la penúltima noticia del corabalón, pero no tenemos la menor duda de que dicha noticia va a poner todavía más en el foco a un chico recién nacido al fútbol (no lo practica mal, aunque le sobran patadas e histerismo) que por lo visto hay que tratar como si estuviese ya consagrado.
Ay.
Sí, amigos: ay. Si ya teníamos al zagal hasta en la sopa, ahora lo vamos a tener en la sopa, el gazpacho, el puré de lentejas y el borsch polaco (con perdón). Si ya nos parecía artificial el bombo que recibía este centrocampista resultón aunque bastante marrullero, preparaos para lo que está por venir. Si al parecer la princesa Leonor forraba sus carpetas del cole con fotos del chico, lo que ha terminado desembocando en romance (siempre según Marca, que al parecer ha consultado con la Casa Real), ahora van a ser Lluís Mascaró y Carme Barceló quienes van a forrar las suyas con la bandera de España. Si ya estamos viendo fenómenos paranormales de ese tipo (indepes furibundos que apoyan febrilmente a la roja para ver triunfar el ADN Barça), el supuesto emparejamiento real va a incrementar todavía más la raruna alianza proculé/prorroja.
El mundo se va a poner definitivamente boca abajo. Vamos a ver a amas de casa de rancio españolismo hacerse de un Barça manifiestamente secesionista a causa de este presunto amorío adolescente. Lo culé se va a volver a emparentar, paradójicamente, con lo nacional, pero no con lo nacional catalan: CON LO NACIONAL ESPAÑOL. Pero ¿de qué nos extrañamos? ¿No es esto mismo lo que pasó en 2010, sin figurar por medio ningún esplendor hormonal borbónico? ¿No se hizo del Barça hasta el señor más de derechas de Zamora en 2010, a cuenta del Mundial, mientras el Barça mostraba al mundo su independentismo catalán en pancartas gigantes y marchas secesionistas? Esta vez no va a hacer falta que España gane ningún mundial para que triunfe la propaganda azulgrana. La jugada de marketing (que no invalida la pureza de los sentimientos, sino que se acoge a la suerte de contar con ellos) va esta vez por otros derroteros.
Lo que parece claro es que en la roja, a día de hoy, cunde el yernismo. Si protegido debe sentirse el yerno del seleccionador, imaginaos lo protegido que se sentiría (caso de ser cierto todo) el yerno del Jefe del Estado, jugadores ambos que (oh) militan en el FC Barcelona. Claro es que nos tomamos con la debida cautela la noticia. No sería de extrañar que la Corona, en contra de lo que dice Marca, respondiera con fuerza ante los rumores. La última vez que la Casa Real emparentó con lo blaugrana no salió demasiado bien parada.
Y qué más. Pues que mucha suerte para España a pesar de que su seleccionador, ayer mismo, en rueda de prensa, al referirse a un episodio de su estancia en el Real Madrid (porque jugó en el Real Madrid), no fue capaz de pronunciar esas dos palabras, Real Madrid. "Un equipo en el que jugué" es el nuevo "Esa persona de la que usted me habla". El rajoyismo no solo ha llegado a El Debate, sino también al fabuloso mundo del stream.
Os dejamos con las otras dos portadas. No os perdáis la de Marca, que cita a Quevedo para excitar los ánimos del choque ante Marruecos. Pero no a Francisco de Quevedo y Villegas, infelizmente.
Pasad un buen día.
Continuando con el juego propuesto en las últimas semanas, que pretende una identificación entre colores deportivos y películas, en esta ocasión nos metemos en un jardín bastante complicado. La filmografía de Allen, inclasificable de puro variopinta, se caracteriza por obras de carácter fragmentario, por lo que resulta difícil establecer un encaje perfecto con una cinta completa. Sería más preciso aludir en cada caso a momentos dispersos de un puñado de ellas. No obstante, intentaremos respetar en la medida de lo posible el espíritu del planteamiento inicial de las anteriores entregas.
“Acabo de conocer a un hombre maravilloso; es de ficción, pero no se puede tener todo.”
Cuando me paré a reflexionar acerca de la película a la que iba a enfundar la zamarra rojiblanca, inmediatamente pensé en Annie Hall. No en vano su título original iba a ser Anhedonia, que más o menos viene a describir una incapacidad patológica para disfrutar de la vida. Realmente se podría resumir gran parte de la esencia colchonera en el chiste que Allen atribuye a esas dos señoras de un lujoso hotel; una le dice a la otra que la comida es realmente espantosa, a lo que esta responde que está muy de acuerdo, y encima las raciones son muy pequeñas. “Básicamente, así es como me parece la vida. Llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza… Y sin embargo se acaba demasiado deprisa”.
Sin embargo, acaso en un ejercicio de piedad ante semejante crudeza, creo que el ejemplo más ajustado podría corresponder a La rosa púrpura de El Cairo. La protagonista es una camarera torpe que acude habitualmente al cine para escapar de su rutina alienante y del matrimonio sin amor en el que languidece. Tras visionar en varias ocasiones la misma cinta, uno de los personajes rompe de manera súbita la cuarta pared e inicia un romance con ella. El sueño de todo atlético: que ese relato simbólico en el que a menudo se refugian para sobrellevar los malos tiempos y las derrotas reales deje de constituir una simple fantasía reconfortante para transformarse en el guion auténtico de sus vidas. El final, ay, también es puro Atleti. Una mala elección en el momento crucial deja a la pobre Cecilia compuesta y sin amante, trabajo o casa. Ante lo que, evidentemente, recurrirá, como siempre, a la opción del escapismo ficcional. No se molesten: no lo podemos entender.
“Aquí todos somos listos, pero él lleva gafas”
He de confesar que, en un primer momento, la tentación de despachar al Barça con la facilona adjudicación de Vicky, Cristina, Barcelona fue muy grande. Tanto por el pleonasmo manifiesto como por la condición propagandística de la ciudad que comparten el club y la película -la segunda, por cierto, carece en mi opinión de cualquier otro interés-. Pero, como en la ocasión anterior, una lectura posterior me permitió encontrar un paralelismo mucho más acertado.
Conviene aclarar que el palmario juego de palabras con el título no supone la principal motivación para la elección de Granujas de medio pelo. No se trata de denunciar supuestos pillajes arbitrales o federativos, sino que verdaderamente el argumento encaja como un guante en el estatus del Barcelona de los últimos años. Compruébese: el protagonista posee un plan para atracar un banco, consistente en un artesanal túnel excavado desde el edificio contiguo. Mientras se lleva a cabo, el azar actúa y ofrece a los sinvergüenzas un regalo inesperado: el negocio pastelero que habían estado usando como tapadera de repente sube como la espuma y se hacen millonarios legalmente. La suerte les cae del cielo, como si el destino hubiese puesto en una cantera afanada en sacar mediocentros para el 4-3-3 a un extraterrestre argentino capaz de tiranizar el fútbol europeo durante un par de lustros.
La segunda parte de la trama no desmerece la identificación. Woody Allen y su mujer se ven aupados a la clase alta neoyorquina, como ejemplo perfecto de nuevos ricos. ¿Acaso no es lo que le ha sucedido al Barcelona en este siglo XXI? A partir de ese instante, el difícil acoplamiento con los usos y costumbres sociales de la nueva posición se convierte en el leitmotiv de la comedia, con escenas descacharrantes y con un final más o menos predecible. Al fin y al cabo, en la vida la figura del advenedizo suele resultar antipática, tanto más si uno se ufana a la hora de dar lecciones o de camelar sin disimulo a los jugadores de los clubes rivales. Se generan enemistades inesperadas, tus iguales te acaban poniendo la cruz y terminan atreviéndose a hacer chanzas con tus derrotas en Twitter; alguno hasta se jacta públicamente del disfrute que le producen -¿quién ha mencionado a Thomas Müller?-.
“Una noción de que un período de tiempo diferente es mejor que el que estamos viviendo. Es una falla de la imaginación romántica de esas personas, que encuentran difícil lidiar con el presente.”
Una película que trata del encanto de la nostalgia, aunque sin caer en el peligroso embrujo de la nostalgia. Bastaría esta sentencia para justificar la elección, pero uno se puede extender un poco más. El protagonista, Gil -Owen Wilson-, es un joven escritor ingenioso, desilusionado y bastante perfeccionista que trata de construir una obra honrada, alejada de retóricas petulantes basadas en las apariencias. Su adversario Paul, por el contrario, consigue arrebatarle el interés de su prometida Inez por medio de soliloquios pretendidamente cultos que, cuando no son cháchara vacía, directamente constituyen un relato plagado de inexactitudes y mentiras. ¿Les suena? Accidentalmente y sin saber bien cómo, Gil viaja en el tiempo a otras décadas esplendorosas de la capital de Francia, y acaba codeándose con lo más granado de los integrantes de la Generación Perdida y de la Belle Époque, descubriendo las falsedades de su rival y a la vez reafirmando las convicciones que cimentan su estilo literario: “ningún tema es malo si la historia es real. Si la prosa es limpia y honesta y si afirma el valor bajo presión”.
No hace falta un excesivo alarde de imaginación para emparentar las distintas épocas brillantes de París con las etapas de oro del Real Madrid histórico. Una alineación con Hemingway, Stein, Fitzgerald, Buñuel y Picasso solo podría resistir la comparación con un Kopa, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento. Por otro lado, el personaje de Adriana, interpretada fabulosamente por Marion Cotillard, representa la inevitable tentación de rendirse al cálido tópico de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Del mismo modo que un antimadridista suele recrearse en una ficción escogida para tratar de dar sentido a su frustración, un madridista siempre tiene a su alcance ceder ante la sugerente complacencia de la añoranza. Hay tantos ejemplos de temporadas o eliminatorias donde uno podría quedarse a vivir...
Sin embargo, Gil vuelve al presente y afronta con valentía la infidelidad de su novia. La determinación ha atemperado las tribulaciones de su carácter –“todos tememos la muerte y nos cuestionamos nuestro lugar en el universo. El trabajo del artista no es sucumbir a la desesperación, sino encontrar un antídoto para el vacío de la existencia. Tiene una voz clara y viva, no sea tan depresivo”-, y el destino parece recompensar su osadía con la grata compañía de Gabrielle. Algún cínico reprochará el optimismo de un final que, si bien algo abierto, ofrece bastantes visos de felicidad. Resultan comprensibles los bufidos del descreído. Pero no puedo más que encogerme de hombros y sonreír; qué quieren que les diga, al fin y al cabo, esto es el Madrid.