Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. El ritmo desquiciado de partidos al que obliga ese mundial que cercena a partes iguales los derechos y la vida de las personas es frenético y absurdo, un sprint ahora para después detenerse durante dos meses, para truncar el momento de forma de un Madrid que da alas y la ilusión de los aficionados al fútbol para regocijo de quienes sí sacan provecho del vergonzante campeonato de Catar.

Apenas estamos haciendo la digestión del partido del Sevilla, de la nueva exhibición de Federico Valverde —a quien Antonio Valderrama ve jugar y le recuerda a aquellos titanes uruguayos de los libros—, del postre amargo con el que un mediocre Papu Gómez quiso envenenar el final de la cena, del regusto de este Madrid de Ancelotti que ha devenido en fuente inopinada de placer, decíamos que apenas estábamos haciendo la digestión de todo esto cuando ya tenemos en la puntera de nuestros zapatos otro partido, de Champions, contra un RasenBallsport que en realidad se llama Red Bull y juega en Leipzig, Alemania, no en Legazpi, de modo que no vayan a coger la línea 3 de Metro para acudir al estadio.

En el choque frente a los alemanes no estarán Valverde, Benzema y Modric, que se cayó de la convocatoria ayer, lo que aumenta las posibilidades de titularidad para Asensio.

Portada As

Ante esta perspectiva, As titula: “Por fin Asensio”. Ese “por fin” parece traslucir malestar porque no haya participado más, pero realmente ¿por fin qué, As? Ya nos hemos dado cuenta de que As es el principio de Asensio, pero si el balear no juega más es responsabilidad única y exclusivamente suya, lleva años dilapidando oportunidades para afianzarse en el equipo, ora con Zidane, ora con Ancelotti. Regala momentos sublimes con periodos de apatía que provocan en el aficionado pereza. Los últimos partidos en los que ha participado ha jugado bien, pero mucho nos tenemos que es lo de siempre: juega bien, se gana una oportunidad y cuando la tiene defrauda. La historia de su vida en el Madrid. Dicho lo cual, ojalá nos equivoquemos y rompa en aquello que llevamos años esperando. Tal vez el problema sea nuestro y de nuestras elevadas expectativas, como todo en la vida.

Portada Marca

Marca también opta por Asensio para su portada, a quien el choque contra el Red Bull parece darle alas. El Madrid con un punto se aseguraría el primer puesto del grupo, no hay mucha más historia, y se ve que hoy no han estimado oportuno hacer el caldo gordo en su primera plana a Tebas, como ayer, pero a no mucho tardar reincidirán, el capo de La Liga utiliza todo lo que tiene a su disposición para sacar beneficio propio. Si el Madrid te da alas, Tebas pretende cercenárselas a quien intente volar de su jaula. Y parece que no le va mal, si tenemos en cuenta que ha pasado de un sueldo de 360.000 euros anuales a más de 3,6 millones. No dudamos que todos los clubes que participan en su competición habrán experimentado una mejora semejante de su situación económica, ¿verdad?

El diario de Gallardo también destaca otra frase lapidaria de Ancelotti: “El que no quiera lesionarse que se quede en casa”. Nos recuerda a aquel chiste de Chiquito en el que un hijo le pedía a su padre que le llevara al circo y este le respondía que quien quisiera verle que viniese a casa.

Si gana el Madrid, Carlo batirá el récord de victorias en Champions, actualmente se halla empatado a 102 con Alex Ferguson. El entrenador del Everton le decían con retintín.

Tiene un hueco Marca para la marcha de Emery al Aston Villa. A tenor del aumento de salario de Tebas durante estos años pensábamos que La Liga habría recortado la distancia que le separa de la Premier, pero este movimiento parece indicar lo contrario. Para que se comprenda mejor, que el Aston Villa se lleve a Emery del Villarreal es equivalente a que el Almería le birlase el entrenador al United, por ejemplo, en caso de que la liga española fuese una competición fuerte.

La posible buena noticia de la salida de Emery del conjunto amarillo sería que se concretase el supuesto interés del club por contratar a Quique Setién. Más que por el técnico vasco, nos alegraríamos por sus vacas, sobre todo por Rubia y por Centella. Si las vacas de Setién no han cobrado del Barça, al menos que lo hagan del Villarreal.

Portada Sport

En Barcelona siguen con sus cosas, ahora están con el estado de forma de Dembélé como un niño con un juguete nuevo, a pesar de que ese niño quiso romper el juguete valiéndose de prácticas arteras solo meses atrás. Pero son sus costumbres.

La portada de Sport llegó a inquietarnos por unos brevísimos instantes, junto al sello de “Sport confidencial” leímos: “Dembélé explota” y temimos por la integridad del francés. Afortunadamente es en sentido figurado y con cierto retraso en el tiempo.

Pasad un buen día.

Portada Mundo Deportivo

El Real Madrid visita la ciudad alemana de Leipzig para enfrentarse en Champions al gran equipo de la ciudad, el Red Bull. Sin embargo, no se trata de su primera vez, sino que hay que remontarse a 1931, cuando jugó un amistoso en dicha localidad germana.

El equipo blanco, llamado entonces Madrid FC con la declaración pocos meses antes de la República, realizó una gira por pretemporada que le llevó por Centroeuropa. La expedición pisó diferentes países como Hungría, Checoslovaquia, Alemania, Yugoslavia e Italia, y el 30 de agosto concertó un partido en Leipzig.

El Madrid en Leipzig

Aquel verano, el club realizó una de las más fuertes apuestas de su historia en materia de fichajes. El mercado, como se comprobó con los éxitos que vinieron, fue majestuoso. Se incorporaron el dúo defensivo célebre de Ciriaco y Quincoces, además de Olivares, Bestit, Ateca, Hilario y el artista del balón Luis Regueiro. La gira era una magnífica forma para evaluar a los nuevos jugadores (sobre todo Regueiro, que firmó al regresar a España) en lo deportivo y humano por parte del secretario técnico Hernández Coronado y del técnico que llevaba las riendas en el banquillo, el magiar Lippo Hertzka.

Fichajes Real Madrid 1931-1932

Leipzig fue la cuarta parada tras Budapest, Praga y Berlín y los jugadores comenzaban a notar la fatiga. Viajes largos por entonces y un cuarto partido en apenas ocho días. El bagaje era de una victoria en el Mommsenstadion ante el Tennis Borussia Berlin, un empate frente a la selección de Praga y una derrota contra la selección de Budapest.

Real Madrid en Berlín 1931-1932

La comitiva merengue llegó de Berlín (donde jugó el día anterior) por la mañana en tren y fueron recibidos en el estadio por representaciones de todas las sociedades deportivas de la ciudad y miembros de la colonia española. El rival por la tarde iba a ser una selección con jugadores de diferentes equipos locales. Este partido formaba parte de una serie de actos de propaganda española relacionados con la inauguración de la feria de otoño en esta ciudad alemana. En dicha feria se encontraba una sección española con instalaciones de sus productos agrícolas y diversas manufacturas.

El Real Madrid visita Leipzig para enfrentarse en Champions al gran equipo de la ciudad, el Red Bull. Sin embargo, no se trata de su primera vez, sino que hay que remontarse a 1931, cuando jugó un amistoso en dicha localidad germana

La sede del encuentro fue el Probstheidaer Stadion, pero que la mayoría llamaba VfB-Stadion porque allí disputaba sus encuentros el VfB Leipzig. Algunas crónicas explicaron que la asistencia fue de 8.000 espectadores, mientras que otras hablaban de 12.000, pero el gran interés y expectación de todos ellos era ver a Ricardo Zamora en la portería. Junto al 'Divino' se alinearon en el equipo blanco Ciriaco y Quincoces en defensa, Prats, Esparza y Leoncito en la media y Eugenio, Bestit, Olivares, Luís Regueiro y Luís Olaso en la delantera. En la segunda mitad, además, saltó al campo Hilario sustituyendo a Eugenio que se lesionó.

Zamora Leipzig Zamora Leipzig periodistas

El encuentro se jugó de poder a poder con una selección de Leipzig muy dura y con un Madrid FC de juego rápido y animado. Sin embargo, la energía duró una parte, ya que los madridistas acusaron el viaje y el desgaste del partido del día anterior y exhibieron profundas señales de agotamiento en la segunda mitad. Al descanso los alemanes vencían por 1-0 y al término de los 90 minutos el resultado fue de 3-2, con goles de Feneraun, Krausz y Nöckel por la selección de Leipzig y de Luis Olaso y Luis Regueiro por el cuadro blanco. La crónica de ‘El Sol’ formada por el extremo izquierda Olaso habla de un “balón grande que excedía las medidas reglamentarias (Hernández Coronado lo comparó con una sandía), un campo enorme y una manifiesta parcialidad por parte del árbitro a favor de los locales”. El trencilla tuvo mucha permisividad a los defensas a los que permitió toda clase de brusquedades, anuló un tercer tanto a los merengues, expulsó a Bestit a falta de diez minutos y sobre todo concedió el tanto de la victoria a Nöckel, que marcó después de un descarado empujón a Zamora. En el Madrid FC el jugador que más destacó para los cronistas fue Quincoces, seguido de Esparza y Leoncito para unos medios y Prats y Bestit para otros. Ricardo Zamora estuvo brillante realizando varias paradas de mérito y se llevó calurosas ovaciones por sus intervenciones.

Zamora y Hernández Coronado Leipzig 1931

En ‘ABC’, Hernández Coronado escribió sobre el amistoso que “el equipo ha sido muy obsequiado y la prensa dedica largos comentarios a la actuación individual y general”. Mientras que unos días más tarde, concluida la gira y ya con los expedicionarios en España, ‘El Divino’ declaró sobre aquel partido que fue “el más difícil porque nos echaron un verdadero equipo nacional con la consigna de ganar a toda costa”. También fue entrevistado el técnico Hertzka en ‘El Heraldo de Madrid’, aunque quiso comentar poco del choque en Leipzig limitándose a decir que el árbitro “era un pobre diablo, del que echaron mano a última hora y carecía de categoría para juzgar el partido. Nos venció él, no el equipo adversario”.

 

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Recuerdo cuándo fue la primera vez que en mi vida me topé con la palabra “obús”. Si no me falla la memoria, me la encontré en un suplemento que el diario MARCA sacó en 1998, en verano, un mes antes del Mundial de Francia. Era una Historia de la Copa del Mundo por fascículos. En ella venía el relato de todas las finales hasta ese momento disputadas. La más interesante de todas, como cabe imaginar, era la del Maracanazo. El 16 de julio de 1950, Uruguay remontó a Brasil el 1-0 inicial y ganó por 1-2 su segunda Copa del Mundo ante doscientos mil brasileños congregados en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro. El gol del empate lo metió Schiaffino, “con un obús”. Yo busqué lo que significaba esa palabra en mi diccionario revisado y corregido por la RAE que aún hoy conservo aunque se le hayan saltado todas las tapas (eran tiempos en los que todavía los niños se compraban diccionarios para ir al colegio) y quedé maravillado al descubrir que un obús era una bomba, un proyectil que se lanza en la guerra. Es decir, un pepinazo, algo arrojado con una fuerza tremenda. Jamás olvidé ni la palabra ni los dos nombres de los uruguayos goleadores: Schiaffino y Ghiggia. Tampoco se me fue nunca de la cabeza nada de aquella epopeya extraordinaria llevada a cabo por unos tipos que en mi imaginación, de inmediato, pasaron a ser héroes, individuos celestes, capaces de imponerse a una muchedumbre atronadora, de silenciar el mundo y de conquistar la posteridad con un partido de fútbol.

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Alcides Ghiggia

En este comienzo de temporada, viendo a Valverde y los goles que mete, no paro de recordar a aquellos ídolos uruguayos del Maracanazo. Los dos goleadores de aquel partido y el capitán uruguayo, Schiaffino y Ghiggia, y también Obdulio Varela, El Negro Jefe, eran de Peñarol. Federico Santiago Valverde Dipetta entró con doce años en la cantera del Club Atlético Peñarol, el club más grande de Uruguay y uno de los más legendarios de América del Sur. El Peñarol, por ejemplo, tiene tres Copas Intercontinentales. Es uno de los escasos equipos que pueden presumir de haberle ganado una final internacional al Real Madrid, de haber derrotado por un título oficial al Benfica de Eusebio y al Madrid de Gento. Peñarol es solera, tradición, grandeza. En Peñarol estuvo hasta que fue mayor de edad y pudo volar al Madrid, que se lo había arrebatado en una puja al Arsenal, al Chelsea y al Barcelona. Valverde es centrocampista como Varela y tiene apellidos italianos como Schiaffino y Ghiggia. Sobre todo, lo que comparte con aquellas tres leyendas de Peñarol es su carácter.

Federico Santiago Valverde Dipetta entró con doce años en la cantera del Club Atlético Peñarol, el club más grande de Uruguay y uno de los más legendarios de América del Sur. El Peñarol, por ejemplo, tiene tres Copas Intercontinentales. Es uno de los escasos equipos que pueden presumir de haberle ganado una final internacional al Real Madrid, de haber derrotado por un título oficial al Benfica de Eusebio y al Madrid de Gento

Enric González escribió una vez en El País que “ya no existen hombres como el Negro Varela”. Bueno, ahora, en el Madrid, tenemos a Valverde, que es lo más parecido. En Uruguay, por entonces, al mediocentro lo llamaban centrojás, traducción fonética de centre-half. Valverde hereda un poco de eso pero también es más forward como Schiaffino, la posición que Ancelotti ha encontrado para él y donde ha cuajado del todo, donde ha hallado territorios libres y praderas extensas por las que galopar como un caballo salvaje, se asemeja más a la de Ghiggia, right-winger. Valverde es un mixto de todo eso tamizado por la época, por la nuestra, una era de fútbol total. El carácter de Varela es tan definitorio de lo que significaba antes jugar al fútbol, antes de la playstation y de las stats y de los mapas de calor, antes del Big Data y del hiperanálisis, que el modo en que enfrió Maracaná justo después de que Brasil metiera el 1-0 debería estudiarse en las escuelas y en los clubes de formación, en esas en los que los niños aprenden, ahora, antes a celebrar goles con bailes del Fortnite que a entender cómo hay que ganar los partidos. “El Negro Jefe tomó el balón bajo el brazo y se dirigió al árbitro inglés para reclamar, con todo respeto, un fuera de juego. El árbitro no le entendió y hubo que llamar a un intérprete. Pasaron varios minutos. El Negro Jefe sabía lo que hacía: ganar tiempo, calmar el ambiente, iniciar una guerra de nervios”.

Obdulio Varela

Osvaldo Soriano, uno de los escritores hispanoamericanos que crearon el subgénero del fútbol, argentino, escribió que “Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie, y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido —y el rival—, fueran otros. Hubo un intérprete, una estirada charla —algo tediosa— entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo”.

Veo jugar a Valverde y es como si estuviera viendo en directo a aquellos titanes celestes que me asombraron de pequeño en la historia del Maracanazo. En él no hay nada o casi nada de la tontería contemporánea. Es el carisma, la gracia concedida

Varela ganó el partido, en ese instante. Se lo explicó él mismo a Soriano en “El reposo del centrojás”, que es una pieza bellísima de crónica homérica. “El jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme”. Eso fue, exactamente, lo que les dijo a sus compañeros antes de saltar al campo al principio del partido. El presidente de la federación uruguaya había bajado a la caseta para decirles que estupendo, chicos, habían llegado a la final, pero con eso era suficiente, tampoco era plan de ponerse a disputar el partido, de todos modos aquella era la fiesta de los brasileños, ellos no eran más que unos convidados de piedra. Varela los miró a todos y les dijo: no pasa nada, si ganamos, no va a pasar nada. Nunca pasa nada.

Valverde Mallorca

Veo jugar a Valverde y es como si estuviera viendo en directo a aquellos titanes celestes que me asombraron de pequeño en la historia del Maracanazo. En él no hay nada o casi nada de la tontería contemporánea. Maneja con soltura esa dimensión “intangible” del fútbol, tan importante como la capacidad de hilvanar pases, de tirar desmarques de apoyo o de hacer buenas coberturas. Quizá más. Es el carisma, la gracia concedida. Valverde Celebra los goles como se han celebrado toda la vida. Electrifica la grada. Le mete un chutazo descomunal al Mallorca y lo festeja como Tardelli en la final del Bernabéu contra Alemania. Es el epígono de esa tradición rioplatense en la que también se injerta Alfredo Di Stéfano, un venero de sangre italiana que fertiliza el espíritu gaúcho y la sabiduría heterodoxa de la calle, ánfora donde se ha ido vertiendo la sangre mezclada de un millón de emigraciones. Valverde sacrifica cada gota de sudor, cada gramo de energía, como si jugara en la calle, como si cada minuto del recreo contase y la alarma del patio estuviese siempre a punto de sonar, poniéndole fin al juego. Grita, corre y alza los brazos, salta, sin pensar las cámaras que lo están enfocando ni tampoco tener en la cabeza el Instagram, el TikTok, los mensajes estúpidos a través de los gestos, toda esa parafernalia estrambótica y vulgar en que ahora se ha convertido el acto tan puro y tan vivo, por espontáneo, por eléctrico y vibrante, que es siempre el de celebrar un gol, es decir, que es siempre el que sucede a la explosión imprevista y deseada del gol, que es la quiebra de la linealidad del tiempo, la ruptura, lo extraordinario.

Valverde grita, corre y alza los brazos, salta, sin pensar las cámaras que lo están enfocando ni tampoco tener en la cabeza el Instagram, el TikTok, los mensajes estúpidos a través de los gestos, toda esa parafernalia estrambótica y vulgar en que ahora se ha convertido el acto tan puro y tan vivo, por espontáneo, por eléctrico y vibrante, que es siempre el de celebrar un gol, es decir, que es siempre el que sucede a la explosión imprevista y deseada del gol, que es la quiebra de la linealidad del tiempo, la ruptura, lo extraordinario

 

En Valverde hay sencillez y naturalidad y lo que en este principio de curso lo está poniendo en boca de todos, más allá de su magnífico desempeño como box-to-box esencial para el fútbol moderno, amplio, absoluto y hermoso que está jugando el campeón de Europa, también es un aspecto del fútbol un poco desterrado en lo que llevamos de siglo: el chut. Es un regreso al principio, al primer momento, cuando el fútbol son unos niños en torno a un objeto esférico al que hay que patear. El golpeo, el trallazo, el obús. Chutar es un acto de afirmación ante el mundo, es una forma de ser y de vivir, de resolver las cosas. Es desenvainar y darle un tajo al nudo gordiano. Si el éxtasis del fútbol español se alcanzó, en 2010, con la apoteosis de la “aproximación indirecta” al gol, femenina, sensual, preliminar, que luego fue copiada y emulada por todas las grandes selecciones que vinieron después y hasta el hartazgo por cualquier mequetrefe en el fútbol de clubes, el chutazo es lo contrario: es un regreso a lo masculino, a lo dionisíaco, al escopetazo, el puñetazo encima de la mesa. El “defenderse uno mismo con dignidad” de Obdulio Varela. En un tiempo en el que el fútbol ha alcanzado la quintaesencia de la corrupción y de la putrefacción ajena a la esencia del juego que ya denunciaba el propio Negro Varela en El reposo del centrojás, Valverde evoca la calle y la verdad limpia de atrezzo, limpia de bastardías, de intereses y de anillos concéntricos donde hozan todos los que se arriman al fútbol con chalanería: la verdad del zurriagazo, que es un poco la verdad de Jesucristo expulsando a los mercaderes del templo. La verdad desnuda del chut seco desde la frontal del área, una verdad que sigue impulsando al Madrid de Ancelotti como un viento fuerte de popa que hincha sus velas y lo dirige con rumbo firme hacia la historia.

 

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A pesar de haber engendrado en sus entrañas a un pedorro como Bono, Irlanda tiene cosas buenas. Y una de ellas es su gusto por las tradiciones. Cuentan que estaba en cierta ocasión Theodore Roosevelt, a la sazón presidente del Partido Republicano, pronunciando un discurso electoral, cuando un irlandés comenzó a interrumpirle una y otra vez desde el fondo de la multitud al grito de "¡yo soy demócrata!". Cansado de tan fastidioso espontáneo, Roosevelt, que era famoso por su lengua rápida y afilada, decidió dejar de ignorarlo. "Vamos a ver, ¿por qué es usted demócrata?" le interpeló. "Porque mi bisabuelo era demócrata, mi abuelo era demócrata y mi padre era demócrata" contestó el bravo irlandés, incapaz de disimular su orgullo por tan entusiasta tradición familiar. "Y si su bisabuelo hubiera sido idiota, su abuelo hubiera sido idiota y su padre hubiera sido idiota, ¿qué sería usted?", replicó Roosevelt. "¡Republicano!" atajó sin dudar nuestro hombre.

A los madridistas, irlandeses o no, también nos gustan mucho las tradiciones, sobre todo la de ganar. Los madridistas ganamos la Copa de Europa porque nuestros bisabuelos la ganaron, porque nuestros abuelos la ganaron y porque nuestros padres la ganaron. Y si nuestros bisabuelos nunca la hubieran ganado, nuestros abuelos tampoco y nuestros padres la hubieran perdido, ¿qué seríamos nosotros? Del Atleti, naturalmente.

El Real Madrid ha recuperado una tradición largo tiempo perdida, y de una importancia tan incuestionable como habitualmente preterida: la de contar con unos centrales feos como el demonio, capaces de negar con sus rasgos faciales toda la pretendida belleza de la Creación

Sirva esta pequeña excursión por los cerros de Eire como preámbulo para mostrar mi alegría porque el Real Madrid haya recuperado una tradición largo tiempo perdida, y de una importancia tan incuestionable como habitualmente preterida: la de contar con unos centrales feos como el demonio, capaces de negar con sus rasgos faciales toda la pretendida belleza de la Creación. Desde que el mundo es mundo, un central ha de infundir miedo con su sola presencia. Ha de contar con una mirada torva, el gesto huraño, la mandíbula prominente, el rostro asimétrico, los ojos a contratempo, y el cabello hirsuto y desaliñado. Un central que se precie ha de anunciar con su sola presencia, y desde que se viste de corto, la contundencia áspera que constituye su ser, de tal manera que su imagen, atisbada a hurtadillas por el delantero rival desde el túnel de vestuarios, se clave en el subconsciente de éste con sonido a huesos astillados.

Rüdiger loco

Nuestro club llevaba ya demasiado tiempo abandonado a la degenerada costumbre de alinear centrales apolíneos, que lo mismo podían optar al Balón de Oro que a la Semana de la Moda de Milán. Hombres bien parecidos, de rasgos simétricos, conscientes de su propia imagen, metrosexuales. Incluso los ha habido —¡nefanda herejía! — espigados. Poner de central a un chico espigado es como incluir en el menú una hamburguesa de soja: una trapacería, una tomadura de pelo, una estafa, un contradiós. Es imposible sentirse intimidado por una espiga dorada por el sol, cuyo sitio está junto al racimo que corta el viñador y a la guitarra de María Ostiz, y no en el territorio comanche que es el centro de la defensa. Alinear de central a un muchacho espigado sólo se explica en esta época de decadencia moral, de veganismo de ajonjolí y semillas de chía, que nos ha tocado vivir.

Nuestro club llevaba ya demasiado tiempo abandonado a la degenerada costumbre de alinear centrales apolíneos, que lo mismo podían optar al Balón de Oro que a la Semana de la Moda de Milán

A todos esos apuestos centrales los hemos querido mucho, y algunos de ellos son incluso leyendas del club. Pero fallaba algo. Piensen, si no, en ese Raphael Varane de nuestras entretelas, a quien deseamos una pronta recuperación. Un central elegante (primera señal de alarma), fino (segunda señal), con dominio del balón (alerta roja) y, lo que es todavía peor, de porte aristocrático. Varane parecía siempre recién llegado de un salón de Versalles, y a menudo diríase que jugaba con una peluca empolvada sobre su cabeza. Tenía por añadidura la mirada del buen hijo que, desde los nueve años de edad, nunca fue al colegio sin haber dejado la cama hecha. Imaginen por un momento a qué cotas no habría llegado como central si su aspecto hubiera infundido un terror insuperable en Messi, en lugar de invitarle a pedir que le explicara en el descanso las restas con llevada.

Varane, Messi y Nacho

O reparen en Ramos, con una belleza más expansiva, arrabalera, de aluvión, regordía. Una guapura cani y algo canalla, sí, pero guapura al cabo. Una imagen adornada de metales y de dorados, de tatuajes y de guitarras, desmesurada y barroca, pagada de sí misma y a menudo aparatosa y esperpéntica, pero en todo caso diametralmente opuesta a la fealdad arisca y abandonada exigible a todo jugador que ocupe el centro de la defensa. Fíjense incluso en el inmenso Nacho, nuestro querido Nacho, quien quizás se halle preguntándose a estas horas por qué a pesar de sus innumerables virtudes futbolísticas nunca ha conseguido adueñarse de la plaza de central. No, no se debe ello a su condición de canterano, como algunos afirman con mala intención, sino a ese aspecto de yerno perfecto, de opositor a notarías, de ducharse rápido después del partido para llegar a casa corriendo y repasar el tema del censo enfitéutico antes de cenar unas croquetas de pollo y un vaso de leche con galletas que le ha preparado su solícita madre. Si Nacho quiere disputar definitivamente la titularidad en el centro de la defensa, desde aquí le sugerimos, humilde pero encarecidamente, que se someta a una operación de cirugía antiestética. Es lo único que le falta para romper en estrella mundial.

cada vez que veo las feas caras de Militao y de Rüdiger presidiendo la defensa, me invade el orgullo inefable de ese madridismo de sólidos cimientos y ausencia de complejos, ese madridismo de zapa y sudor, de esa feliz acuñación de don Santiago sobre la camiseta manchada de sangre y de barro pero nunca de vergüenza, que constituye la esencia del madridismo

Así que, efectivamente, yo celebro que hayamos recuperado la tradición de los centrales feos, interrumpida desde los ya lejanos tiempos del nunca suficientemente ponderado Iván Campo, cuya imagen debería presidir la taquilla de todo defensa que porte el escudo del Real Madrid. La tradición del gran Gregorio Benito, cuyo mote de Hacha Brava no obedeció precisamente a su inexistente afición a anunciar perfumes en televisión, y de tantos otros. Cada vez que veo las feas caras de Militao y de Rüdiger presidiendo la defensa, me sobreviene la tranquilidad, la paz de espíritu que da el saber que no serán nuestros árboles, sino los del rival, los que caigan al suelo; cada vez que veo las feas caras de Militao y de Rüdiger presidiendo la defensa, sé, sin asomo de duda, que se aplicará a rajatabla el "o pasa el balón o pasa el hombre, pero nunca los dos" que constituye el primer mandamiento del catecismo futbolístico; cada vez que veo las feas caras de Militao y de Rüdiger presidiendo la defensa, me invade el orgullo inefable de ese madridismo de sólidos cimientos y ausencia de complejos, ese madridismo de zapa y sudor, de esa feliz acuñación de don Santiago sobre la camiseta manchada de sangre y de barro pero nunca de vergüenza, que constituye la esencia del madridismo.

Porque, amigos, el madridismo es triunfo y es éxito y es grandeza. Pero esa grandeza sería imposible si no estuviera edificada sobre los cimientos de la tradición de fealdad intimidante de nuestros centrales, de ese aspecto siniestro, hosco, fiero, que amedrenta al rival aun antes de comenzar el partido. Como cualquier militar sabe, las guerras comienzan a ganarse antes de que suene el primer disparo. Con Militao y Rüdiger en el centro de la defensa, sólo la gloria puede esperarnos.

 

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La serie televisiva de HBO, House of the Dragon, basada en el libro Fire and Blood de George R. R. Martin, nos ha mostrado a lo largo de su primera temporada, entre tras cosas, la obsesión del rey Viserys I Targaryen por su sucesión para ocupar el ya famoso trono de hierro de Poniente tras su muerte, y a los esfuerzos por mantener el concilio entre los suyos tras su decisión de que fuera su hija Rhaenyra la elegida para tal empresa es a lo que ha acabado dedicando Viserys la mayor parte de sus años de reinado. Si hay una casa en todo Poniente que pueda asemejarse al Real Madrid, aquella es sin duda la casa Targaryen. No sólo por su historia, su épica, su grandeza y esa casi justificada sensación de que están más cerca de lo divino que de lo terrenal, sino porque además fueron ellos los primeros en conquistar y unificar los siete reinos, arrasando a sus rivales sin posibilidad de réplica de una manera similar a como el Real Madrid conquistó y arrasó Europa en los inicios de la máxima competición continental. Al igual que al Madrid se le resistió la conquista de la nueva edición de la Champions League tardando 32 años en levantar la Séptima, también la casa Targaryen tardó lo suyo en incorporar el séptimo de los reinos, Dorne, a su territorio. Las similitudes están ahí, no hay más que buscarlas. Pero para el texto que nos atañe hoy, nos centraremos en el tema sucesorio. Y es la sucesión del gol blanco lo que nos lleva a reflexión.

De la misma manera que el Consejo Verde de Desembarco del Rey ha estado planificando la sucesión de Viserys durante años anticipándose al momento de su defunción, el club blanco sabe que la herencia del 9 es un tema que no debe tardar demasiado en ser abordado

En el Real Madrid, tras la marcha de Cristiano Ronaldo, la ocupación del trono del gol blanco siguió la línea sucesoria lógica cuando Karim Benzema, haciendo bueno el 9 que portaba en su espalda, surgió sin demora a tomar una mayor responsabilidad en el ataque blanco para cumplir con la cuota goleadora que se le presupone al delantero centro del mejor club del mundo. Sin embargo, y para desgracia no sólo del madridismo sino de cualquier amante del mundo del fútbol, Karim Benzema, Balón de oro desde el pasado lunes, no es eterno y dentro de poco el club blanco tendrá que afrontar el delicado asunto de quién será el próximo goleador del equipo vikingo. A pesar de que su estado físico no está tan deteriorado como el del rey Viserys en los últimos capítulos que le hemos visto, Karim ya está empezando a mostrar ciertos problemas físicos que no le están permitiendo rendir al máximo nivel en este comienzo de temporada (nada excesivamente preocupante, pues lo primordial en esta temporada vendrá a partir de enero y la verdadera pretemporada tendrá lugar nada más comenzar el próximo año). Los años pasan y en el caso de Karim se suma el hecho de que el delantero francés ha vuelto a ser llamado con su selección, lo cual puede contribuir a que su rendimiento no raye la excelencia de los últimos 3 años como principal estandarte del ataque merengue.

Benzema remontada PSG

De la misma manera que el Consejo Verde de Desembarco del Rey ha estado planificando la sucesión de Viserys durante años anticipándose al momento de su defunción, el club blanco sabe que la herencia del 9 es un tema que no debe tardar demasiado en ser abordado. Un asunto delicado no sólo por tratarse de la despedida de una auténtica leyenda del club y del fútbol, sino porque de las decisiones que se tomen al respecto dependerá el futuro del gol blanco de los próximos años. Los candidatos (o las opciones) que pueden ser barajados desde la T4 son muy variados:

Haaland City

Rodrygo Goes

La sucesión de Benzema es un asunto delicado no sólo por tratarse de la despedida de una auténtica leyenda del club y del fútbol, sino porque de las decisiones que se tomen al respecto dependerá el futuro del gol blanco de los próximos años

Endrick

El Juego del Trono del gol está servido, queridos galernautas. Hagan sus apuestas.

 

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Buenos días. Winston Churchill observó que la política hace extraños compañeros de cama. Se nota que Sir Winston no andaba especialmente pendiente del fútbol. Eso sí que mete en el mismo sobre a gentes dispares. Marca, diario perteneciente a un grupo editorial que en general se puede enmarcar en lo políticamente conservador, se abraza al podemismo cuando observa que dicho partido de extrema izquierda está en contra de lo mismo que Marca, es decir, de ese demonio sobre tres patas que responde al nombre de Superliga. Unidas Podemos contra un enemigo común.

Portada Marca

El diario deportivo de Unidad Editorial siempre se ha mostrado radicalmente en contra de la Superliga, y por ello parece que apoya el cierre patronal (que no huelga) que los clubes de la Liga, comandados por Tebas, propugnan en caso de que la Ley del Deporte salga adelante como se pretende, es decir, sin la introducción de enmiendas que imposibiliten la creación de otras competiciones diferentes a la que mangonean a su antojo Tebas, Roures y el fondo usurero CVC. Por eso se hace eco (sin hacer del todo suyas, pero dándoles un espacio preponderante en la parte superior de la portada, así como en el propio diario) a las opiniones de un partido que, salvo error u omisión, está a años luz del posicionamiento general de la empresa editora.

"La Ley del Deporte va a destrozar a todos los clubes, salvo dos o tres". Demagogia en vena, que Marca parece querer hacer suya, y si no lo quiere que lo aclare. Por encima se informa de la autoría de la frase, que es como decimos ni más ni menos que Podemos, partido que urge al PSOE a "no legislar en beneficio de unos pocos". Llama la atención el histerismo que a este respecto están mostrando Podemos, Tebas, Marca y prácticamente todo el mundo. Quieren imponer el monopolio rourista y extenderlo por doquier, hasta el punto de exigir al gobierno que prohíba por Ley el ejercicio de la libertad de asociación y de creación de otras competiciones por parte de algunos clubes que resultan ser los clubes cuya sola presencia, encima, permiten que se produzcan ingresos televisivos decentes. Miren los rankings de audiencias y vean, con todos los respetos, la diferencia entre los visionados que generan Madrid y Barça y los que produce un Valladolid-Osasuna. Se sorprenderán.

La amenaza de parón es ridícula, como pasmosa es la fiereza del rechazo a una Superliga que además está en pleno lavado de rostro y con un espíritu más dialogante que al principio, en busca de la sintonía con todos los agentes del fútbol europeo. Tebas está contra la libertad, y quien está con Tebas lo está también, por extensión.

Como la primera plana de Marca habla de "destrozar a los clubes" y a la vez de que "Valverde la rompe", da la sensación casi subliminal de que es el chut que recoge la foto el que manda la Liga a tomar viento. Imaginamos que no es la intención de Marca el culpar al Halcón de la pésima salud del fútbol español, estado comatoso al que ha llegado él solito (el fútbol) sin la ayuda de nadie.

Y os dejamos con el resto de portadas. El Atleti ganó con un renacido Griezmann, que jugó a ser Toni Kroos metiendo goles olímpicos, y el Barça destrozó (esta vez sí que sí) al Athletic pese a la férrea defensa de sus intereses por parte de los del Txingurri.

Es un decir. Lo de férrea, no lo de Txingurri.

Pasad un buen día.

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17 días y adiós Madrid

Se acerca la cosa de Qatar y se percibe cierta excitación. Jesús Bengoechea decía ayer que no se resigna a quedarse sin ver a este Madrid por “el Mundial ese”. No es el único.

Al madridista le queda lejos el torneo. Y le preocupa. De jugarse en junio estaría más tranquilo. Ahora ve un interruptus engorroso y una amenaza gorda lo que pueda suceder allí y sus consecuencias. Vive un momento dulce y, oigan, ni Mundial ni Liga. El hombre blanco palpita por la 15. Lo demás, pues bueno, vale.

Abrazo gol Real Madrid Sevilla

Hace años escribí que la selección española es el Madrid pues es quien mantiene a nuestro fútbol en la élite una década sí y la siguiente también. Me reí mucho con las reacciones: pones el trapo y aparecen 500 santacolomas, qué manera de embestir. ¡Suráfrica, gritaban! Pues claro. Una locura. Y las dos Eurocopas. Tres locuras. El Madrid es una tras otra.

Que Luis Enrique y el madridismo no se lleven influye en que este no vea la llamada Roja como cosa propia. Habrá mucho encantado si España se la pega pues se la pegará el seleccionador. Que está cumpliendo, vamos a ser sensatos. Como este equipo no defiende teorías extrañas se aplica a lo de los resultados y no están siendo malos, ¿eh?

Al madridista le preocupa el Mundial. Ahora ve un interruptus engorroso y una amenaza gorda lo que pueda suceder allí y sus consecuencias. Vive un momento dulce y, oigan, ni Mundial ni Liga. El hombre blanco palpita por la 15.

Tan cierto todo esto como el otro punto filipino del asunto: no es culpa del asturiano ni de nadie, sólo de la vida, de la exigencia de cada cual, que los mejores jugadores del Madrid no sean españoles. Cosa que al madridismo le importa nada. Para el merengue, Valverde es de Móstoles. Modric, de Langreo. Vinicius, canario. Rodrygo, catalán. Kroos, ceutí. Courtois, extremeño. Y Carvajal, alemán. Y Nacho, lituano. Porque todos tienen el verdadero pasaporte: el del Real Madrid. Lo de siempre desde Bernabéu y René Petit. Al Mundial, Carvajal irá y Asensio me supongo. Ayudarían  Nacho y Lucas Vázquez, entiendo. No hay más jugando.

¿Y? Fácil: es el Madrid y con una base de jugadores españoles no se ganan 5 Champions de 9 y demás conquistas de estos años. Ni en broma. Contéstense que futbolistas de la selección serían titulares en el Madrid. Ninguno. En la plantilla podría caber uno. O dos. Titulares, ninguno.

Carvajal con España

Tomemos este ejemplo. Unai Simón, Azpilicueta, Eric Garcia, Pau Torres, Alba, Gavi, Busquets, Pedri, Ferran Torres, Morata y Sarabia. ¿Son malos? No. Ni Rodrigo, Llorente, el chico Olmo, el joven Williams y tal. Los hay hasta estupendos. Pero no serían titulares del Madrid. Lo más parecido es Ansu Fati que parece volver. De ser cantera del Madrid estaría en el primer equipo y la mar de contentos todos. Él, el primero. Hay un nivel y es el que es.

Asoma el Mundial la patita y al madridista le joroba que se despedirá de su equipo y sus virguerías el 10 de noviembre —partido con el Cádiz— y no le volverá a ver…. ¡hasta el 15 de enero! Dos meses y cinco días, visita del Valencia. Antes, 31 diciembre, viajará a Pucela con el espantasuegras en la maleta y el 8, a Villarreal.  Es normalísimo que el Mundial le pille a contrapié. No se dan las condiciones para que suceda lo contrario. 24 de octubre-10 de noviembre: 17 días y adiós Madrid. Sí, por mucho menos hay gente denunciada.

 

Getty Images.

Papu Gómez (¿qué clase de nombre es ese?) quiso ayer entrar en la historia por su reverso oscuro. Hay gente que se sabe incapaz de rozar la posteridad como no sea utilizando la vía de Judas, Mark Chapman o Lee Harvey Oswald. Goicoechea, al fin y al cabo, tiene su pedazo de gloria dudosísima por contacto tangencial con Maradona: un segundo de barbarie y un apunte eterno en los márgenes siniestros de la Historia.

A la hora en que escribo esto, no sabemos si Valverde tiene algo serio a consecuencia de la pulsión criminal del Papu. (El Papu, qué pedazo de nombre de delincuente arrabalero). Eran los últimos segundos de un partido ya decidido por la excelencia blanca, y el sujeto, que en las fotos de plantilla del Sevilla debería ponerse de perfil, quiso su instante de gloria wharholiana a punta de salvajismo. No le rompió el tobillo al Halcón porque Dios solo premia a los cafres cuando tienen algo de talento. A cambio, estamos a la espera de saber si el brutal bocadillo de clavos que le arreó en el muslo ha propiciado alguna ruptura en el cuádriceps. Hay quien quiere ver ecos de la vieja rivalidad argentino/uruguaya en esta agresión injustificada y vil, y suenan trompetas de venganza en las redes sociales.

Valverde golpe Papu

En los ochenta y tantos minutos de juego que precedieron a ese segundo de furia torpe, Valverde volvió a ser el mejor. Se zafó de rivales con maniobras como la que el orgullo del Papu (¡El Papu, qué nombre de película de Eloy De la Iglesia! ) consideró inaceptable, defendió, se internó por la derecha, se vino de ese lado hacia el centro con el furor de una locomotora en trance, combinó, se ofreció, hizo que se le ofrecieran, y sobre todo chutó como un condenado en el tercer gol. Ningún jugador del Madrid, ninguno, nos había deparado antes los highlights que nos está dando el Halcón. Parecen fogonazos noventeros de la Premier, por asir una referencia terrenal reconocible, solo que en esta recopilación todos los zambombazos llevan la misma firma, ya los produzca su diestra o su zurda. Steve Gerrard, dicen muchos, Paul Tenorio el primero, Bengoechea después, todo el mundo ahora. Más quisiera Steve Gerrard, señores. Ya es máximo goleador del equipo junto a Vini el que llaman centrocampista, y nada debe temer Ancelotti por su licencia de entrenador. Prometió que la entregaría a los perros callejeros si Fede no marcaba diez goles este año. Suba la apuesta: diga diez goles antes de que llegue el Mundial, si es que la canallada sin nombre de un futbolista anecdótico no le obliga a guardar reposo y armas con el ánimo de un Águila enjaulada (es la próxima metáfora ornitológica).

Tweet Kroos Valverde

Toni Kroos tuiteó que Valverde es Top3 mundial en este momento. Se quedó corto. No hay absolutamente nadie que le haga sombra. Nadie más completo, nadie con más impacto en juego y resultados. El Madrid puede tener al mejor jugador del mundo para el próximo lustro y estamos aquí, como si nada.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. Debemos empezar reconociendo que anoche fuimos ingenuos. Debemos reconocer que lo fuimos incluso mucho y que no tiene ningún mérito que ahora escribamos estas líneas de manera cabal y analítica, como quien ha abierto los ojos a la verdadera realidad, como quien se ha caído del caballo camino de Damasco, como quien ha tenido la alumbradora fortuna de encontrarse al despertar y como despertar con la portada de Mundo Deportivo.

Portada Mundo Deportivo 23-10-22

No podemos más que agradecer al citado medio informativo (?) nuestro actual estado de consciencia tras haber vivido horas atolondradas en la noche de ayer. Podría disculparnos aquello de la fiebre del sábado noche, en la que Tony Manero se acicalaba frente al espejo para brillar y olvidar por unas horas su proletaria vida de empleado de ferretería. Pero es bueno que llegue el domingo por la mañana tras las luces de neón y los mejores bailes de tu vida. Es sano que esto ocurra para evitar el embeleso permanente y la caída en un mundo de lentejuela que suponga a la postre la pérdida de sentido, la errancia y el descalabro.

Anoche vimos a Vini no parar de intentarlo y de conseguirlo (sus dos asistencias de gol fueron brillantes, especialmente la primera). Anoche vimos a Modric inaugurar el baile, vimos a Tchouaméni pedir el carné en la entrada del local a todo aquel que no llevara invitación, vimos a Kroos pinchar la mejor música del momento, vimos a Valverde en esmoquin concitando de nuevo todas las miradas, vimos en suma a un Real Madrid pleno de vigor y talento, bien es cierto que con alguna desconexión en los minutos iniciales de la segunda parte para ir al baño o hacer cola en la barra para pedir otra ronda.

Y ese haber visto nos ofuscó la mirada. Tanto, que fuimos también nosotros al baile y nos olvidamos de nuestra prosaica vida cotidiana, esa que se impone en la resaca de esta mañana de domingo, en la que el café ayuda menos que la portada de Mundo Deportivo, gracias a la cual hemos sabido que todo aquello que anoche brillaba no fue más que "el típico triunfo merengue", jalonado por un "penalti obviado" y un mero "arreón final". Eso y nada más, amics. Ni ética ni estética. Nada de lo que enorgullecerse, nada que contar a nadie, incluso algo de lo que avergonzarse fue lo de anoche. Un error, una falta de todo lo que debería caracterizar a las personas de bien. No hubo virtud alguna. Fue todo un defecto disfrazado, un trampantojo, una burla, el típico triunfo que esconde una derrota severa, más o menos como viene ocurriendo desde que el Real Madrid gana algo, allá por el siglo XX, época aciaga que forjó la leyenda de un club con triunfos típicos y arreones finales.

Portada Marca 23-10-22Portada As 23-10-22

La prensa madrileña sigue de fiesta. Han sacado sus portadas desde el after más cercano y aún no han visto la luz del sol sus hacedores. Qué pena da pensar ahora en ellos cuando hemos alcanzado a saber que todo lo que reluce no es oro sino pintura de carnaval, confeti, atrezo, máscara y fachada. Lo que As llama "fiesta interminable" no es más que el pretexto del iluso para no afrontar la vida de verdad. Lo que Marca define como trueno no es más que el resonar en los oídos de los altavoces de la discoteca cuando ya todos se han ido y toca limpiar los baños y fregar los vasos y encender la luz amarilla que ciega y duele.

Válganos Mundo Deportivo como esa luz, que luego, tras el impacto primero, apacigua el ánimo y reconforta con el relato real, con la salida de la caverna, con la pastilla roja de lo que no hemos querido saber y sin embargo hemos sabido (siempre con nosotros Javier Marías). Allí sí que saben hacer bien las cosas, ver bien las cosas, ganar bien los partidos incluso cuando los pierden.

Porque ganar no tiene nada que ver con ganar, amics. Ganar es más que ganar. A veces perder es la mejor (o la única) manera de ganar. Es la posesión, estúpidos. Es el balón, el césped, el toque, el ADN, el estilo y los valors. Salvo cuando no lo es, y entonces lo que es, lo que vale, lo que dicta el sumo sacerdocio de la realidad más real y de la verdad más verdadera es todo lo contrario. Porque ganar es lo que diga Mundo Deportivo y Mundo Deportivo dice que el Real Madrid tiene triunfos típicos y penaltis obviados y arreones finales. Punto.

Portada Sport 23-10-22

Poco más hay que decir, salvo que haga lo que haga hoy el Barcelona contra el Athletic todo será para bien. No habrá nada típico en ello. Todo será excepcional, como todas las portadas de Mundo Deportivo, como todo lo que diga y haga Xavi, como todo lo que venga de la luz y hacia la luz vaya. Koeman sonríe al fondo. Nosotros vamos a por otro café. No volveremos a salir otro sábado noche hasta el próximo sábado noche. Es lo que tiene una vida de triunfos típicos y arreones finales. Rezad por nosotros.

 

Ya me pongo a dudar si todo esto es azar o genialidad. Si JAS es un gurú o si de repente se han encontrado con este equipo de 19 jugadores, capaz de ganar el partido del 1' al 60' pero, sobre todo, del 60' al 90'. Lo dije hace meses: sacar a Camavinga en el 60' a estrenar es hacer trampa; poder tener a Tchouaméni 60 minutos frenando casi todo lo que pasa por ahí yo diría que también.

Voy por partes, como lo ya anticipado. Del 1' al 60' tuvimos a Vinicius volviendo locos a los defensas del Sevilla. La sensación con este chico es que le queremos como es, porque el fallo más inoportuno lo acompaña con algo que parece indicar que acabará el año con una suma de goles más asistencias similar a la de los partidos que juegue.

Nada que reprochar. Todo es mentalidad, todo actitud. Da igual cuán grande sea la piedra que haya que subir, el Sísifo brasileño sabe que él es un hombre con una misión. Camus lo describió a la griega, no hay que buscarle el sentido, solo analizar la situación como es, de ahí el mito; es la realidad la que nos explica la circunstancia y no al revés. Florentino fichó al niño por 45 y ahora disfrutamos del hombre, que ya vale ¿200?

¿Y del 60' al 90'? Pues Valverde para explicarlo y poco más. A Bono le quedó cara de Trent Alexander Arnold cuando vio pasar el balón, con una mezcla de sorpresa y admiración. Nadie representa mejor los valores y el estilo del Real Madrid. El Madrid y el Pajarito, imposibles de atrapar cuando están a punto de doblar las campanas.

 

Getty Images

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