Buenos días, amigos galernautas. Por decir algo. Ocurre que cuando paladeas el bouquet del mejor partido moderno del viejo continente balompédico, el postmodernismo guardioliano de un Pep de disseny frente al costumbrismo folk y socarrón del viejo zorro de Reggiolo, un Manchester City del sirimiri constante y jeques con paraguas contra un Madrid floreciente y florentino, recibir a un Getafe liguero, perdido en el desván mugriento de un campeonato maloliente resulta como llevar Flores en el Ático.
Si a la visita del desdichado Getafe —pobre, ellos no tienen culpa de nada, salvo de padecer a Ángel Torres— le añadimos el poso semanal de una épica desbordante en el Palacio de los Deportes, la guinda de una de las mejores series de playoffs de la historia del baloncesto europeo, tanganas incluidas, teatro del bueno, Chus contra Zeljko y Tavares contra todos, lo de esta noche en el Santiago Bernabéu nos resulta descafeinado y lo de esta mañana en las primeras planas de la prensa deportiva cañí constituye todo un Jardín Sombrío. 
Pensando en el City, dice Marca. Si les parece nos ponemos a pensar en Barto. O en Negreira. O en Padremany. O en Joan Kennedy Laporta. Si algo ha caracterizado al Real Madrid a lo largo de su historia es en poner el foco en sí mismo, en sus conquistas, en la Historia que tú hiciste, en la Historia por hacer. Otros clubes funcionan, precisamente, al contrario; alimentándose del odio al vecino, envidiando sus logros, celebrando sus derrotas y olvidando sus propios (y escasos) triunfos. Así andan los Mossos, que no saben aún si acordonar Canaletas, ante la previsión de que el Madrid pudiera cargarse al City y fastidiarles la rúa. El Atleti ni qué decir tiene. Su brazo intelectual, el Frente deprimente, estará evaluando a qué muñeco ahorcan de un puente próximamente.
A propósito de la visita del Getafe esta noche, otro de nuestros adversarios instalado en el rencor —y ofendidito habitual— es el Valencia, su afición y su trompetero aparato mediático levantino encarnado en ese periódico de bajos vuelos llamado Superdeporte. Andan los Pulitzers que por allí anidan soliviantados por la posible alineación que dispondrá Carletto esta noche ante sus vecinos madrileños, en tanto que se trata de un rival directo del equipo valenciano con sede en Singapur en la lucha por evitar el descenso.
Tanto es así que no se han cortado un pelo con escatológicos titulares como “Ancelotti se la juega al Valencia”, coronadas con encuestas online como la de ayer en su página web. Cemento armado. Hormigón duro. El que les falta, parece, para levantar el nuevo Mestalla.
Está el Valencia, su afición y sus medios para pedir favor alguno al Real Madrid, ¡al Real Madrid! Sí, al mismo al que se le niega el pan y la sal a las orillas del Turia, el mismo al que un futbolista che le sale por un testículo y parte del otro mientras que si el comprador viste de blaugrana el comprado viaja a ciudades condales envuelto en papel celofán con lacito multicolor y dos gotas de Chanel Nº5. A ese le pide favores Superdeporte.
Que no se preocupen que el Madrid saldrá a por todas esta noche, aunque juegue Mariano. Diaz, que no Rajoy, aunque es posible que no notáramos excesiva diferencia entre ambos.
Así que como diría la Pantoja flanqueada por inefable Cachuli, dientes, dientes que eso es lo que les jode. Por tanto, nos quedamos con la sonrisa de los incansables que propone el diario As en su portada. Y lo hacemos por varios motivos. El primero, sonreír a la vida como hace Vini con su fútbol. El segundo, por lo de La Pantoja y Cachuli. El tercero, para olvidar a la recua de envidiosos y malintencionados que acaban de palmar más de cien boniatos haciéndose con la camiseta de un club inglés sufragado por dinero de un emirato teocrático. Español y mucho español, ya saben, que diría Mariano. La primera plana nos resulta refrescante en tanto que en cuanto viajemos a la esquinita de allí arriba a la derecha se nos va aflojar la risa.
No parecen en Can Barça ni en absoluto escandalizados por el execrable Caso Negreira, ni tampoco excesivamente entusiasmados por el inminente título de Liga que habrían de celebrar en Canaletas, incluso, es posible, Dios del balompié no lo quiera, en el campo del Real Club Deportivo Espanyol mañana mismo.
Sin embargo, por lo que sea, la prensa de combate culé no parece estar para mucha fiesta, quizás porque en el fondo saben que todo esto ya es una mierda.
Así se entretienen, palanca, palaquita, palanbirurí, barajando fichajes a cada cual más random, a ver si sopla la flauta, cae alguno, Messi se forra con los sauditas y Laporta con turbio agente FIFA. Todo esto si no se les cae antes el estadio, claro.
Llegados a este punto, amics galernautas, disfrutemos de nuestro Madrid esta noche, incluso del Getafe, y si el valencianismo nos da permiso —buena victoria de los de Chus Mateo anoche en la Fonteta por cierto— preparemos el partidazo del miércoles contra el Manchester City de Dubai.
¡Hala Madrid!
El fútbol está lleno de subespecies pintorescas y peligrosas. El gran Fred Gwynne, colaborador de esta santa Galerna, ya catalogó en su día al AIC, Analista Internacional Calvo, que es un experto futbolístico cuya capacidad de acierto a la hora de hacer diagnósticos deportivos suele ser directamente proporcional a su frondosidad pilosa craneana.
Otro intrigante miembro de la fauna futbolera es el “Periodista Experto Arbitral” de los medios de comunicación, que suele ser un señor con aspecto de figurante de película de Ozores y cuyo principal mérito para sentar cátedra en lo suyo es que en tiempos de Maricastaña expulsó a Fernando Hierro en un Madrid-Sevilla y los “biris” le hicieron la ola; o algo por el estilo.
La variante del Periodista Experto Arbitral (Arbiter Rabilius Oculae) es la del Árbitro Incorruptible o “Tronista con Pito” (Burgalensis Baengoetxeus Egomaniacus). El desmedido afán de protagonismo de esta subespecie la hace muy peligrosa e impredecible; salvo que seas el Real Madrid, que en tal caso puedes predecir sin ningún temor que va a putearte siempre que pueda. Otra especie de la zoología futbolística con la que conviene guardar distancias es el Representante Comisionista (Latro Maximus Maximus), y, si se da la circunstancia de que dicho Representante Comisionista es, además, pariente del representado, lo mejor es echar a correr sin mirar atrás.
Según Linneo, el Pariente Representante Comisionista se divide en dos subespecies: por un lado, el Hermano Representante (Minus Ramus Hispalensis), y por el otro, el Padre Representante (Latro Pater Impressentabilis)
Según Linneo, el Pariente Representante Comisionista se divide en dos subespecies: por un lado, el Hermano Representante (Minus Ramus Hispalensis), del cual el único que debe tener miedo es su propio representado, ya que acostumbran a liársela parda; para el resto de personas son inofensivos. Por el otro lado está el Padre Representante (Latro Pater Impressentabilis), más dañino que una mamba negra.
Le tengo mucha manía al Padre Representante (vulgarmente conocido como “Pai”). Cuando meten la zarpa de por medio, normalmente para llevarse una cantidad obscena de dinero, nunca hacen prisioneros. Al Pai lo único que le interesa es la pasta gansa y no conoce escrúpulos a la hora de llenarse los bolsillos. No tendrá problema en cargarse la carrera de su cliente si con eso logra un buen porcentaje de comisión, lo cual resulta especialmente terrible en la medida en que el cliente es su propio hijo. Pero eso al Pai le da lo mismo: cuando mira a su vástago ve más bien una herramienta para satisfacer su resentimiento vital.
En el Real Madrid tuvimos a Mesut Özil, que era un grandísimo jugador. Pero su padre, un tipo cuyo único talento fue sangrar a su hijo hasta dejarlo seco, consideró que el Madrid le pagaba poco dinero y, en consecuencia, decidió reventar la carrera profesional de su cliente. Por una cochina comisión. Creo que por eso le tengo tanta tirria a los Padres Representantes, porque Özil me gustaba mucho y hacía cosas muy bonitas y divertidas cuando jugaba de blanco.
Con la marcha de Özil el Madrid perdió a un gran jugador, pero también se libró de su representante. No hay mal que por bien no venga. Un Padre Representante sin escrúpulos es una de las mayores lacras del mundo fútbol, y pueden incluso llevar a la ruina a clubes de gran solera. Que se lo digan al Barça de Jorge Messi. En el Madrid, por suerte, nuestros jugadores son huérfanos de cara al público. Nadie tiene ni idea de quienes son ni a qué se dedican los padres de Vinicius, Valverde, Toni Kroos o Camavinga.
Erling Haaland, que no juega en el Real Madrid, tiene un Padre Representante llamado Alfie. De Alfie Haaland no tengo un gran conocimiento ya que era futbolista en la época en la que a mí el fútbol me importaba un pimiento. Me cuentan que jugaba en el Manchester City hasta que una entrada criminal de Roy Keane lo retiró por las bravas de los terrenos de juego. De modo que el señor Haaland es exfutbolista del City (strike uno) con carrera prematuramente rota (strike dos) y además representante de su hijo (strike tres). Lo que se llama una tormenta perfecta.
Alfie Haaland es exfutbolista del City (strike uno) con carrera prematuramente rota (strike dos) y además representante de su hijo (strike tres). Lo que se llama una tormenta perfecta
A Alfie Haaland lo invitaron el martes pasado al palco del Bernabéu y su comportamiento no fue, digamos, ejemplar. El estado de Alfie era similar al de Agustín de Foxá en aquella fiesta de la embajada, cuando quiso sacar a bailar un vals a una bella señorita y esta le respondió:
—No, señor Foxá, no voy a bailar con usted por tres razones. La primera, porque está usted borracho. La segunda, porque esto no es un vals sino el himno nacional del Paraguay. Y la tercera, porque yo no soy una “hermosa señorita” sino el nuncio de su Santidad el Papa.
Sospecho que Alfie Haaland en el Bernabéu portaba un tablón nivel Agustín Foxá, con la diferencia de que el señor Haaland no tenía la gracia del escritor madrileño y en vez de sacar a bailar a un clérigo se puso a insultar y a tirar cacahuetes a sus vecinos de palco. Lo de tirar frutos secos es muy de primate; lo de comportarse como un impresentable en el palco del Madrid ignoro si es una costumbre noruega. Los madridistas ya estábamos familiarizados con los piperos del Bernabéu, pero lo de los cacahueteros es un fenómeno nuevo y fascinante que merece catalogarse.
Gracias a Alfie Haaland podemos colegir que el cacahuetero es el asistente al palco del Bernabéu que, en vez de respetar la sacralidad del espacio, se conduce como un salvaje hasta que las fuerzas de seguridad tienen que desalojarlo. El primer cacahuetero ilustre sería Millán Astray, al cual el 23 de mayo de 1950, el propio don Santiago le mostró la puerta del estadio debido a su comportamiento inadecuado. En fin, que como no sabemos si Millán Astray se hizo un Alfie Haaland o Alfie Haaland se marcó un Millán Astray, lo mejor es que inventemos un término (“cacahuetero”) para describirlos a ambos y a todos los que decidan imitarlos en el futuro, que esperemos que sean pocos.
Alfie Haaland no sé qué méritos reúne para creerse con derecho a portarse como un animal cuando le invitan al palco del Bernabéu
Millán Astray fundó la Legión y tradujo el Bushido al castellano. Simpatías o antipatías aparte, es una figura histórica. Alfie Haaland no sé qué méritos reúne para creerse con derecho a portarse como un animal cuando le invitan al palco del Bernabéu. Tampoco sé si algún día su talentoso hijo acabará vistiendo de blanco, pero mucho me temo que, desde el pasado martes, sus posibilidades de hacerlo se han visto reducidas por culpa del comportamiento de un mal representante. Llámenme quisquilloso, pero no me gusta que en mi equipo haya jugadores cuyos padres se dedican a tirar cacahuetes al respetable. Eso indica o falta de modales o enajenación mental, rasgos que no me parecen los mejores para gestionar la carrera de un futbolista cuyo pecho ha de lucir el escudo de las 14 Copas de Europa.
Llámenme quisquilloso, pero no me gusta que en mi equipo haya jugadores cuyos padres se dedican a tirar cacahuetes al respetable
Me encanta Erling Haaland. Es un jugadorazo, un monstruo goleador con motosierra. Un vikingo que por lógica pura debería vestir de blanco. Es probable que este año se convierta en campeón de Europa, siempre y cuando Antonio Rüdiger y el Real Madrid se lo permitan el próximo miércoles. Pero su padre no me cae nada simpático. Si el precio para que Haaland sea madridista es dejar que su representante se pasee por Valdebebas como Alfie por su casa, no sé hasta qué punto compensa. El Madrid ya tiene a Vinicius, a Valverde y a Rodrygo; y prefiero mil veces al padre de Rodrygo, que es Luka Modric, que tener que soportar al cacahuetero noruego.
Prefiero mil veces al padre de Rodrygo, que es Luka Modric, que tener que soportar al cacahuetero noruego
Jesús Bengoechea, fundador de esta santa Galerna, cuenta que el día de la final de Cardiff tuvo la suerte de compartir unas pintas con doña Debbie, la madre de Gareth Bale. Esta le dijo que, naturalmente, le gustaría que su hijo jugara aquel partido, pero que lo más importante, por encima de todo, era que ganase el Real Madrid con o sin Gareth en el césped.
Alfie Haaland debería aprender bastantes de cosas de doña Debbie, que es una señora cojonuda. Puede que, de esa forma, algún día vea a su hijo ganar cinco copas de Europa.
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Buenos días. Seguimos demasiado embelesados por el recuerdo reciente de la hazaña del Real Madrid de baloncesto como para facturar hoy un portanálisis normal. Nos vais a disculpar.
Por lo demás, las portadas del día son estas. Pasadlo bien.
Hola de nuevo:
Para aquellos a los que en demasiadas ocasiones nos supera la incertidumbre propia de la vida, los rituales constituyen un asidero necesario. Más de una vez hemos comentado cómo ofrecen una lenitiva ilusión de orden en medio del caos cotidiano. Si ocurre, además, que estos rituales se concentran periódicamente en unas fechas específicas, en ese caso la sensación de equilibrio aportado, de punto de referencia, se convierte en mucho mayor. Esta es la razón por la que mayo es uno de mis meses preferidos, no en vano se trata de la hoja del calendario que acumula mayor cantidad de ritos reiterados. A estas alturas de nuestra relación epistolar, no creo que haga falta que te detalle a cuáles me refiero. Eres el primero que sabe que, en mayo, la eterna condición de oasis y refugio que supone el Real Madrid alcanza sus mayores cotas. Son los días del todo o nada, en los que se afrontan los instantes cruciales que marcan el destino de la temporada. Los días en los que se apunta el balance final de resultados, único sentido admisible para el eterno retorno de ese fénix blanco condenado a renacer perennemente de sus cenizas con idéntica hambre.
A priori, puede parecer paradójico tratar de buscar la felicidad a través de la reincidencia en la máxima exigencia. Así considerado, en frío, posiblemente nueve de cada diez psicoanalistas estarían tentados de aludir al comodín de la neurosis. Sin embargo, el misterio no es tal: la armonía nos la da la rutina, ese reconocimiento de un paisaje familiar. El desenlace importa, desde luego, pues el Madrid nunca se permite las coartadas retóricas para justificar el fracaso; pero eso viene después. Durante este mes, su afición se alimenta de un mientras tanto mil veces repetido. De ahí que la presión no suponga un peso fatigoso sino el panorama acostumbrado y, por tanto, reconfortante. Ni siquiera novedades menos frecuentes como la Copa del Rey, torneo históricamente tratado con cierta condescendencia por parte del club, y cuya final fue colocada un poco con calzador, perturban el estado de serenidad. Como pudo comprobar Osasuna, se les despachó con la ambición propia de estas fechas, más allá del inevitable plan de administración de los esfuerzos que Ancelotti no negocia jamás.
En mayo se apunta el balance final de resultados, único sentido admisible para el eterno retorno de ese fénix blanco condenado a renacer perennemente de sus cenizas con idéntica hambre
Las rondas finales de la Copa de Europa en el Bernabéu son otro de los principales lugares comunes de mayo. Resulta poco relevante que el rival sea asequible o, como este año, el equipo más poderoso de la década en Inglaterra, comandado por el estratega más maquiavélico imaginable y apuntalado por un arma de destrucción masiva made in Noruega. La emoción de los días previos se mantiene intacta, y uno puede recordar todas las ocasiones que le permitieron construir un refugio inesperado a partir de convertir lo extraordinario en lo cotidiano. Una vez entrados en faena, el ritual puede acabar en medio de la apoteosis o la decepción, o incluso con las espadas en todo lo alto si acaso queda el encuentro de vuelta. Pero todos los mayos empiezan con esa sensación vitalizante y rejuvenecedora, there was something in the air that night, the stars were bright, Fernando, they were shining there for you and me. Por cierto, aunque los que cantaban eso son más de tu época que de la mía, creo que no me equivoco si atribuyo su salto definitivo al estrellato a una participación en un festival de Eurovisión. Ritual que, casualmente, ahora también suele celebrarse en mayo.
Por último, no quisiera acabar esta carta sin mencionar que los ritos de mayo no involucran meramente al equipo de fútbol. Hace ya más de diez años que un madridista añorado acuñó aquello de “no hay Madrid de fútbol o baloncesto. Hay Real Madrid. Una camiseta blanca, un escudo redondito y muchas copas de Europa”. Convendrás conmigo en el carácter inapelable de la sentencia. Así como en considerar las eliminatorias de cuartos y la Final Four de la Euroliga como citas decisivas comparables a las que enfrentan sus homólogos del césped. Tan propicias para la épica como has podido comprobar este puñado de noches históricas frente al Partizan de Belgrado. Liturgias compartidas que se vinculan en una emoción común.
Pasará lo que tenga que pasar, pero nadie podrá impedirnos disfrutar de este mes.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo
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La patada y huída hacia delante como forma de vida. La mentira, el engaño, la triquiñuela y la impostura como recursos rutinarios para hacer de la frase “el fin justifica los medios” una seña personal para conseguir cualquier objetivo. La trampa, la improvisación y el ardid como herramientas naturales para salirse continuamente con la suya ante cualquier situación que se presente. Todos estos elementos son, más que necesarios, imprescindibles para describir las aventuras y desventuras del personaje principal de la película “El talento de Mr. Ripley”, que aunque no se lo crean, no es Joan Laporta, por mucho que el argumento y los sucesos de esta obra adaptada puedan parecer estar aludiendo constantemente al presidente del club más negreiro de España y sus peripecias por los despachos de las competiciones españolas.
Estrenada en 1999, la película del legendario director Anthony Minguella, The talented Mr. Ripley, narra la historia de cómo un joven cuyo mayor talento es la imitación (de voces, gestos y firmas, entre otros) conoce a un magnate empresarial que, confundiéndole con un compañero de universidad de su hijo, le encarga la misión de viajar a Italia para convencerle de que vuelva a casa a hacerse cargo del negocio familiar y estar presente en los últimos momentos de vida de su madre. Ripley, en cambio, viaja con una idea muy diferente: aprovecharse de sus talentos para construir una forma de vida en Italia a través de engaños y mentiras. Y es aquí donde comienza el baile de personajes y sus semejanzas con Laporta y compañía.
El personaje principal de la película “El talento de Mr. Ripley” no es Laporta, por mucho que el argumento y los sucesos de esta obra puedan parecer estar aludiendo constantemente al presidente del club más negreiro de España y sus peripecias por los despachos de las competiciones españolas
En Italia, conoce (o más bien finge conocer) a Dickie Greenleaf (la Liga) y a su novia Marge Sherwood, que vendría a ser el Real Madrid de esta historia, representando la pureza y los sentimientos más pulcros que aparecen en toda la película. Como sucede con el equipo blanco (ganador del mayor número de títulos) y la máxima competición nacional, la relación es turbulenta, pues si bien inicialmente se muestran como la pareja perfecta, poco a poco se va descubriendo que Dickie la engaña con prácticamente medio pueblo italiano y que sus escarceos con las lugareñas son parte de la rutina diaria del joven playboy americano. Pero volvamos a Joan, digo, a Ripley.
Como todo buen impostor, lo primero a lo que dedica sus esfuerzos Ripley es a averiguar todo lo posible acerca de la vida y los intereses de Dickie para poder amoldarse a ellos y sacarle todo el partido posible. Algo semejante a lo que vino a hacer Laporta cuando preguntó aquello de “¿a qué candidato apoya Florentino para la presidencia de la RFEF? Pues nosotros al contrario”. De manera similar a cómo Ripley se acercó a Dickie (y al dinero y poder de su familia), Joan Laporta hizo lo propio con los estamentos de poder de las competiciones futbolísticas españolas, fingiendo intereses comunes y entrando en el juego de favores. Hoy ya sabemos que hizo mucho más que eso.
Ripley se acercó a Dickie (y al dinero y poder de su familia), Joan Laporta hizo lo propio con los estamentos de poder de las competiciones futbolísticas españolas, fingiendo intereses comunes y entrando en el juego de favores
Se suele decir que las mentiras tienen las patas muy cortas pero los charlatanes las tienen muy largas, de manera que, conforme va avanzando la trama, Dickie va descubriendo poco a poco la verdadera naturaleza de Ripley y sus auténticos intereses. A pesar de los esfuerzos de Ripley y su habilidad para crear un entramado cada vez más elaborado de mentiras, resulta imposible mantener en pie su particular castillo de naipes, principalmente porque el problema de contar tantas mentiras es que luego hay que tener muy buena memoria para acordarte de todas ellas y mantenerlas (esto también va por ti, Joan). La solución de Ripley ante el enfrentamiento con Dickie nos lleva de nuevo tanto al inicio de este texto como a la actitud habitual de Laporta ante cualquier contratiempo que se le interponga: patada hacia delante y a seguir. Ripley y Laporta saben que la gente hará preguntas cada vez más insidiosas e incómodas respecto a lo acontecido, pero en fin, son preguntas que requerirán de las soluciones de los futuros Ripley y Laporta. Algo se les ocurrirá y la suerte estará de su parte, como siempre.
Tras quedar Dickie fuera de la ecuación, la solución de Ripley es la más evidente dentro de su retorcida mente: suplantarlo. Y para ello le basta con mentir, seguir inventando historias cada vez más rocambolescas y falsificar cartas y documentos de identidad de su amigo sin ningún tipo de pudor. La bola de nieve se va haciendo cada vez más grande. No importa que la mirada del amigo de Dickie o de Marge (que empezó como Florentino, mantenido una buena relación con Joan y acaba la película siendo la única que lucha en voz alta contra las mentiras de Ripley) sean suficiente prueba de que su falacia no es creíble. Sólo importa esta historia que ha creado y en ella que se sumerge y se esconde, creyendo que nadie va a ser capaz de verle debajo del agua cristalina, y que cuando salga de ella, todo habrá pasado.
La solución de Ripley ante el enfrentamiento con Dickie nos lleva de nuevo tanto al inicio de este texto como a la actitud habitual de Laporta ante cualquier contratiempo que se le interponga: patada hacia delante y a seguir
Es imposible no acordarse en este momento de la famosa rueda de prensa de Joan y sus infinitos informes arbitrales del hijo de Negreira, que con tal orgullo agitaba en su mano y que nada tenían que ver con aquellos por los que se le preguntaba realmente, que eran los del padre. Lo importante para Laporta nunca ha sido la verdad, sino su historia. Porque él vino a hablar de su libro. Y de los DVD. Esos DVD ordenados tan meticulosamente en las cajas y que a día de hoy no podemos descartar que no fueran más que atrezo. No es por dudar de la palabra de Joan, faltaría más, pero es que resulta que para poder ir a realizar grabaciones de este tipo de partidos, a los que se acogió Laporta para justificar el aumento de los emolumentos de Negreira, se precisa del permiso y la acreditación de la FIFA. Es una pena que no hubiera ningún periodista en la sala al que se le ocurriera preguntarle al presidente por esos emails de FIFA concediéndoles esos permisos, o por los gastos de viaje y entrada para dichos partidos (deducibles ante Hacienda). No digamos ya por la existencia de programas y herramientas digitales de los que disponen prácticamente todos los equipos de élite desde hace casi 20 años para poder acceder a todos los partidos, así como descargarlos, sin necesidad de enviar a nadie de manera presencial.
Pero eso nos lleva a la última pieza del entramado creado por Ripley: la complicidad de la policía, la prensa española en esta película, aprovechada al máximo de sus posibilidades para dar rigor y credibilidad a las mentiras del joven impostor. A la ineficacia inicial de la policía italiana se suma un pequeño filón que halló Ripley en el mal inglés del agente italiano que llevaba su caso. Ripley finge sentirse ofendido por una expresión mal utilizada del pobre policía, incómodo e indefenso en un idioma que no es el suyo, y tira de la carta del victimismo con un descaro tal que sería capaz de dibujar un gesto de profunda y sincera admiración en la cara del mismísimo Joan Laporta y del barcelonismo en general. A la complicidad de la policía italiana se le une la de los detectives americanos que llegan a investigar el caso, contratados por el padre de Greenleaf. Estos últimos, con la familiaridad propia de la prensa culé, directamente no sospechan en ningún momento de Ripley, ni valoran siquiera la posibilidad de que pueda haber un atisbo de maldad en el alma del joven, que se escapa de esa manera de entre los dedos de la justicia, dispuesto a seguir inventando la historia que sea necesaria y pasando por encima de quien haga falta para sobrevivir. No sabemos cómo continuará la historia de Joan, de la misma forma que tampoco sabemos cómo continúa la de Ripley. Sólo sabemos que seguirán huyendo hacia delante, como siempre han hecho, tratando de no volver nunca la vista atrás, sin comprobar de esa manera que de lo que nunca podrán escapar es de los fantasmas de su pasado.
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Tras muchos minutos de titubeo, el asombro se apoderó una vez más del palacio madridista. Un encuentro sufriente, una muestra de grandeza que añadir a la hazaña de Belgrado por parte de un Real Madrid desangrado paulatinamente en cada batalla. Sin Yabusele, Deck ni Poirier, con Tavares entre algodones, la vieja guardia no sólo resistió, sino que contraatacó con la fiereza de la juventud de su espíritu. Plenos de autoridad después de tantas victorias morales, lúcidos como nunca, exhibiendo su clase inagotable y su conocimiento de los partidos vitales, Sergio Rodríguez, Sergio Llull y Rudy Fernández, tanto monta, dictaron una lección magistral de valor deportivo, del deseo ferviente que instalaron hace setenta años Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. El que fuera replicado por los yeyés, por la generación de Luyk y Vicente Ramos, y que tiene continuidad prodigiosa hoy, por esa concatenación de voluntades que lubrica la querencia por un club de arraigo universal: el Real Madrid de los prodigios.
Sin Yabusele, Deck ni Poirier, con Tavares entre algodones, la vieja guardia no sólo resistió, sino que contraatacó con la fiereza de la juventud de su espíritu
Ocurra lo que ocurra en la Fase Final de la Euroliga, estos años serán recordados por las hazañas continuas, por la cantidad de ocasiones en las que el Real Madrid está replicando sus principios. Esta circunstancia establece la medida de un apogeo, la estabilidad de una dimensión. Y, cada vez que acontece, los principios arraigan entre los socios, entre los recién llegados, entre los niños que ven por primera vez escenas que parecen extraídas de relatos fantásticos. Y, por supuesto, entre aquellos que visten la camiseta blanca como novatos, aunque su experiencia en otros ámbitos —Musa, Hezonja— ya sea consistente.
Mientras, los que ya vamos peinando canas sonreímos henchidos de satisfacción y de cierto asombro al comprobar cómo el Real Madrid continúa representando el nuevo milagro en cada ocasión que lo requiere. Como si respondiera a un guion establecido en el que sólo alterna el elenco, actores de nuevo cuño que recuerdan por uno u otro matiz y de forma inevitables a sus antecesores. Este humilde cronista no puede dejar de percibir la quintaesencia del juego canario que floreció en manos de Carmelo Cabrera y brotó exultante, colorida, en el genio de Sergio Rodríguez. Ni de plantearse la equivalencia del carácter entre Emiliano, Brabender y Sergio Llull, con Fernando Martín como relevista intermedio. Podría seguir ilustrando mis sensaciones, aunque no creo que sea necesario aportar más ejemplos que trascienden las épocas y se hermanan con el deporte que dio vida al club: el fútbol.
Rodríguez, Llull y Rudy dictaron una lección magistral de valor deportivo, del deseo ferviente que instalaron hace 70 años Berrnabéu y Di Stéfano. El que fuera replicado por los yeyés, por la generación de Luyk y Vicente Ramos, y que tiene continuidad prodigiosa hoy, por esa concatenación de voluntades que lubrica la querencia por un club de arraigo universal: el Real Madrid de los prodigios
La muestra del trío mágico fue conmovedora por reflotar una nave que se hundía, al principio con más coraje que acierto. Después, con una sucesión de genialidades del Chacho; con el marcaje decisivo a Punter de Llull —que adornó con el aroma de unas cuantas mandarinas que estoquearon al Partizán—, y con el instinto de Rudy, ese talento en la lectura que le conduce a llegar antes que nadie a balones imposibles, a defender a varios atacantes en la misma acción. Una exhibición de baloncesto en los lugares comunes madridistas, una actuación para el recuerdo de sus anales.
No estuvieron solos ni mucho menos. El resto respondió con el coraje necesario para completar una tarea que parecía imposible cuando la desventaja en el tercer cuarto era de dieciocho puntos. El Partizán maniobraba con destreza, con la seguridad que otorga la fiabilidad en los triples y en los tiros libres, atrincherados en una defensa dura que maniataba las maniobras blancas.
No estuvieron solos ni mucho menos. Hay que romper una lanza en favor de Chus Mateo, al que hay que reconocer que ha mantenido el pulso con Obradovic. Sus alternancias defensivas terminaron colapsando a un inconmensurable Punter que terminó por claudicar, fallando sus últimos lanzamientos.
En la refriega, más notas positivas. El debut de un crío, Ndiaye que sorprendió al Palacio y a Europa. El virtuosismo de Musa, veinte puntos. La consistencia de Hezonja, al que sólo le queda templar el ánimo para convertirse en una leyenda madridista. La paciencia de Tavares, cargado de faltas. Sin excepción, todos los componentes de la plantilla fueron desgranando su esfuerzo en aras de un triunfo colectivo, de la fascinación de una noche iniciática.
Y perdonen que termine con un apunte personal. Allí estuve, asistiendo a la ceremonia del nuevo portento ante la ocasión requerida. Rodeado de amigos (Jesús Vega a mi lado; Tomás Roncero, justo delante; Eduardo Hernández-Sonseca e Higinio Alonso, como guardaespaldas), ayer fui feliz en el Palacio, compartiendo con ellos los pormenores del rito y observando el éxtasis de la afición que, en realidad, era el éxtasis de un equipo maltrecho. ¡God save the kings!
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Acompáñame en esta triste historia: ayer fue mi particular Día D, un cincuentón calvo que ya ha jugado sus mejores 20 partidos, apostado en la Playa de Omaha. Un día de mierda en el trabajo, problemas sobre problemas, quise enfrentarlo con senderismo (del deporte también se sale). Solo recuerdo a mi hija llamando a mi esposa, mi tobillo hinchándose como un globo y yo en medio del campo aguantando la lágrima. Al llegar a casa, perdíamos de 16. Ducha, ibuprofeno y a dormir con la pierna estirada.
Como con el gato de Schrödinger, siempre juego a ser yo quien averigüe un resultado incierto, como si, plenipotenciario, tuviera el poder de decidir sinos y destinos. Esta vez la radio me recordó mi poca fe. El Real Madrid me reservaba una sonrisa antes de dormir, en la que no creí. Ser madridista es eso, un puto estado de felicidad metido en una caja. Ábrase.
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Buenos días, amigos. Nadie había dado la vuelta a un 0-2 en unos playoffs de la Euroliga, Obradovic solo había perdido una eliminatoria de las 21 que había disputado y el Madrid se encontraba 18 abajo (41-59) y repleto de bajas remando contra el arbitraje, la historia y el raciocinio. La nave blanca se encontraban en medio de una galerna perfecta, pero el Madrid no sufre las galernas, sino que se beneficia de ellas desde tiempos inmemoriales.
Entre lesiones y sanciones, a punto estuvo Chus Mateos de tener que recurrir a Sabonis y Arlauckas para enfrentarse al Partizan. Cuando no habíamos terminado de acoplarnos en nuestros asientos, los colegiados habían cargado con tres faltas a Tavares y Punter dejaba al Madrid con el aspecto de un boxeador tras un vendaval de golpes de Mike Tyson.
Para cualquier otro equipo habría sido el fin, pero para el Madrid nada tiene su fin, aunque tal afirmación contradiga a los Módulos. La paliza se quedó en conato porque hicieron acto de presencia los Space Cowboys blancos —Chacho, Rudy y Llull— para salvar una misión dirigida por Chus Mateo, ninguneado por muchos como a un profesor sustituto de una High School del Bronx.
Nostradamus Bengoechea lo vaticinaba en Twitter:
Mala pinta lo del Wizink, con poca inspiración, nervios, Tavares cargado de faltas y un arbitraje infame. Catorce abajo al descanso. En resumen: ganará el Madrid.
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) May 10, 2023
Debajo del tuit de Jesús, os mostramos este de Míster Chip para que saquéis vuestras propias conclusiones.
RMA 39-55 PAR (HT) - Estamos a 20 minutos de presenciar algo histórico y sin precedentes y es ver a un equipo ganar un quinto partido fuera de casa en una serie de #Euroleague.
El Real Madrid JAMÁS ha ganado un partido de Euroleague tras llegar al descanso con 16+ puntos de…
— MisterChip (Alexis) (@2010MisterChip) May 10, 2023
No sabemos si el Chacho leyó a nuestro editor, pero cargó la metralleta y liquidó la ventaja serbia a triplazo llimpio secundado por Rudy —al que probablemente ya le faltaban partes del cuerpo, pero que está en todas y nunca se rinde— y Llull, que apareció cuando tenía que aparecer. La nueva gesta de estos tres mosqueros a los que muchos habían ya inscrito en el IMSERSO, sin olvidar el papel del resto de compañeros, la narra como nadie nuestro querido Athos Dumas en esta crónica.
En el portanálisis de ayer decíamos que nos hallábamos al borde un ataque de serbios, contando los minutos que quedaban para el quinto partido contra el Partizan y acertamos, el ataque se quedó al borde y no llegó a desarbolar nuestras líneas.
El Madrid se impuso a la estadística, a la historia, a la lógica y hasta al —para otros— inexorable paso del tiempo. Incluso tuvo que remontar dentro de la propia remontada.
El Real Madrid amerita otro cantar de gesta. La epopeya es un relato épico que consiste en la narración de las acciones trascendentales obradas por el Real Madrid. Homero fue el primer cronista madridista.
El escudo redondito en el pecho infunde eneryía y grandeza, da igual en fútbol, baloncesto o gestión, porque el Madrid es uno y trino. De hecho, el propio Vinícius estuvo en el partido protagonizando un crossover de gloria, animando como el que más porque Vini ha entendido desde el minuto uno lo que es el madridismo y pertenecer al club de los milagros, que es el titular de la portada de Marca.
Están acertados los de Gallardo porque el Madrid es el CLUB, que no equipo, de los milagros. Nos chirría, eso sí, que ahora se suban al carro de Vinícius, porque uno puede equivocarse y no apreciar el potencial de un jugador, pero no faltarle al respeto como ha hecho Marca con algunas portadas.
“Histórico y heroico” es como cataloga As al Madrid de baloncesto sobre una fotografía del equipo celebrando el triunfo frente al Partizan que lo catapulta a la Final Four que se celebrará en Kaunas entre el 19 y el 21 de mayo.
As dedica un espacio al “Antídoto” Rüdiger, que vacunó al Madrid contra la Haalandtitis, y en lugar de loarlo, se decanta por sembrar la inquietud y apunta que ahora se abre un debate con la vuelta de Militao. Lo de siempre. Si mal, mal; y, si bien, mal también.
Los diarios catalanes, como no podía ser de otro modo, dedican sus frontispicios a Busquets tras anunciar que deja el Barça. Sus indudables sombras y el hecho de haber formado parte del Barça negreiro no impiden reconocerle la importancia y calidad futbolística a Sergio.
Nos despedimos aún con la sonrisa que se nos fijó anoche gracias, de nuevo, al Real Madrid, el club de los cantares de gesta.
Pasad un buen día.
Al descanso, el Partizan se iba con un +16 que parecía irremontable. Los tiros imposibles de los serbios, con un Punter imperial, y las tres faltas -la tercera de ellas absolutamente delirante- de Tavares sumían al equipo en un pesimismo total, máxime cuando el Madrid carecía absolutamente de jugadores en la pintura. El chaval Ndiaye se había batido como un jabato, eso sí.
Pero pasó un relámpago por el Wizink. Al salir para empezar el tercer cuarto, Chacho Rodríguez dio la señal: no iba a haber prisioneros. Encendió a un Wizink que parecía cloroformado por la exhibición de las camisetas negras del Partizán.
Fue Chacho, pero fueron también unos tipos irrepetibles como Tavares, aguantando más de 14 minutos con 4 faltas; como Musa, infalible en los tiros libres; como Hezonja, en su mejor partido como blanco, reboteando, llevándose dos luchas decisivas y anotando de 3; como el capitán Llull, con dos triples, sobre todo el segundo, absolutamente increíbles. Como Hanga, como Nigel. Como Rudy, partiéndose la cara sin parar, destrozado su hombro una vez más, en esta ocasión por un salvaje salto de Exum.
Un equipo, un alma, con arraigo absoluto, esa palabra que tan mal se está usando por ciertos antimadridistas que han adquirido protagonismo por hablar de algo que desconocen y que confunden con un pueblerismo ya pasado de moda.
Y todo empezó con el Chacho, madridista de ida y vuelta, a punto de cumplir 37 años, con más energía que muchos veinteañeros. La vieja guardia (Chacho, Rudy, Llull -un autentico Red Llull, te da alas, ya saben-) se puso en primera fila de ataque. Luego fueron secundados por todos sus compañeros y, por fin, por el propio Wizink Center, que llevó en volandas a los suyos, y eso pese a una dantesca actuación del trío arbitral, que, ante cualquier duda, barría del lado de los discípulos del gran Zeljko Obradovic.
Una vez más, el Madrid abre camino, y es el primer equipo de la historia que remonta un 0-2 adverso en cuartos de final de Euroliga. Dos batallas inolvidables en el Stark de Belgrado, y la batalla definitiva de Madrid, con emoción adicional tras remontar una diferencia que llegó a ser de 18 puntos en el tercer cuarto.
No busquen más allá: el único equipo capaz de hacer estas machadas es el Real Madrid, de baloncesto o de fútbol, de cadetes o de profesionales.
“El horror, el horror”, decía el coronel Kurtz en “El corazón de las tinieblas”, aka “Apocalypse Now” en cine. Hoy habría que decir “El arraigo, el arraigo”, ya saben, lo de echar raíces profundas en un corazón inmenso. ¿Acaso hay otras raíces que de verdad importen?
Ángel Del Riego Anta (@la_meseta_uber) dice de sí mismo, en su bio de Twitter, que es un rey desafortunado. Leonés, es decir, emperador destronado, escribe como juega Vinicius, o sea, haciendo que crezcan flores sobre el pavimento de hormigón. En una entrevista que le hicieron para un medio de su tierra dijo de sí mismo que “no sabe vivir” y que por eso, escribe. Con su hermana Marta, que también escribe, firmó La Biblia blanca (Córner), un éxito editorial que lleva reimprimiéndose desde 2018 y que constituye el inicio de una tradición literaria madridista comme il faut. Ahora, justo un año después de la Copa de Europa que resume todas las Copas de Europa y que el Madrid ganó, en gran medida, gracias al Santiago Bernabéu, regresa a las librerías junto a su hermana con La historia íntima del Bernabéu (La Esfera de los Libros), un intento de ponerle palabras a lo inefable. Charlo con él a través de Skype en una tarde del mes de mayo, que no sólo es el mes de María, sino también el que suele determinar el estado de ánimo de millones de personas en todo el mundo: los madridistas.
Después de La Biblia Blanca, que es la historia sagrada del Madrid, La historia íntima del Bernabéu, es decir, del Templo. Los judíos se llevaron siglos rezando de cara a Jerusalén cuando les destruyeron el templo, pero Florentino parece decidido a fijar el Bernabéu a la piel de Madrid como si fuera un fósil eterno. ¿La fuerza del Bernabéu en la imaginación de los hombres se debe a su ubicación física en La Castellana y a sus gradas verticales que caen a pico sobre el césped, o es un espacio de fuerza simbólica, un no-lugar semejante a los agujeros negros?
Mi parte racional me diría: pongas donde pongas el Bernabéu, el Real Madrid va más allá del Bernabéu. Pero la realidad es que el Real Madrid no sé si va más allá del Bernabéu. Esto es así ya en el 43, sabemos la historia, ahora la conocemos bien. Yo, por ejemplo, hace diez años no la conocía. Y la mayor parte de los madridistas la desconocía. El Real Madrid está unido a la construcción del templo por parte de Santiago Bernabéu, que hace que casi descienda el Madrid. Pero luego empieza a administrar bien el dinero, trae primero a Molowny, luego a Alfredo Di Stéfano y luego pasa lo que pasa. La idea del Real Madrid, tal y como la concibe Bernabéu, está muy unida con el templo ahí en La Castellana, que es un sitio fundamental en la nación española, porque en realidad, es lo que le queda: yo empiezo a tener dudas de que salga un buen jugador español en los próximos doscientos años, tal y como se educa a los chavales en las escuelas de fútbol, que se les castra absolutamente.
Se han abandonado los campos de albero, incluso los campos de futbito, y ya es todo academia.
Todo academia, sí. Es una cosa asquerosa. Por eso Florentino, que tiene buenas intuiciones, se va a Brasil y lo peina con ocho mil personas, que deben recorrer cada campo…
El ejército de Juni Calafat.
Sí, y ya ves lo que nos ha dado, dos joyas tenemos ahí y seguramente otras, no sé. Algunas siempre se quedan en el camino. De Reinier ya no sabemos nada, estará en alguna guerra africana…
Hemos hablado muchas veces de que hay momentos en que Florentino parece que hace cosas que no tienen sentido, pero su intuición a largo plazo es asombrosa, como por ejemplo, con Vinicius o Rodrygo.
Alguien multimillonario que no estaba destinado para eso, porque era de clase media, tiene que tener algo especial. Tiene que tener una visión que no tenemos el resto, porque si no, no llegas ahí.
¿Entonces la fuerza telúrica del Bernabéu está ligada al sitio?
Hay una parte mía que es más mística que sí cree que son muy importantes los lugares. Por ejemplo, cuando estuve en Cuba, conocí a algunos cubanos que se dedican a contar su historia. Como visten tan mal, porque el comunismo de allí los ha igualado a todos en la pobreza, no es un cliché, realmente es así, de repente te los encuentras y no tienen esa pinta, pero son tíos muy sabios, y te cuentan, por ejemplo, que es que Cuba está en un sitio, entre el paralelo, el meridiano y no sé qué, en donde hay unas energías y tal, y por eso hay algo especial en la vida, en la creatividad. Eso puede que pase también en alguna parte de España, quizá en Andalucía, quizá en Cádiz. Efectivamente, Cádiz capital, que es un sitio muy especial, sólo puede estar en Cádiz capital. Por estar, por un lado, mirando a África, por el otro, por ser una isla que mira a Europa, o sea, tiene todas las corrientes del Mediterráneo que van por ahí. Entonces, claro, el Bernabéu está en un sitio muy especial. Un sitio que, cuando el estadio se construye, no era tan especial, pero que ahora sí lo es.
Entonces era un pueblo al lado de Madrid. Ahora es una arteria en la que toda España está reflejada, como por estratos: los burócratas, los curritos, los oficinistas, todos ahí mezclados.
Sí, estaba totalmente desértico alrededor. Ahora, encima, empieza en Atocha, que es un punto con un entorno muy siniestro a su alrededor, pero muy divertido. Yo no lo movería de ahí porque nunca sabes después lo que puede pasar. Es como los matrimonios. Hay felicidad, tocas algo y, después, ya nada es lo mismo.
entre toda la gente de Twitter, los blogs, etcétera, le hemos escrito el relato al Madrid
La Biblia Blanca está siendo un éxito editorial yo creo que sin precedentes en la literatura deportiva en España. No sé cuántos ejemplares habéis vendido.
La primera edición fueron dos mil y las siguientes, novecientos. Debemos andar por los diez mil ejemplares o una cosa así. Que en los 80 o 90 estas cifras no eran nada, y ahora esto es un bestseller.
Desde luego no se parece a nada de lo publicado antes, pues es un manual de historia y un tratado de sociología escritos con la fuerza y el talento de una novela del siglo XIX. Yo creo que los hermanos Del Riego estáis comenzando la tradición literaria madridista en sentido estricto, que no sólo el Madrid sino el fútbol necesitaba para alcanzar por fin las cotas del boxeo o la tauromaquia en el arte. ¿El Madrid como organización se ha dado por enterado de algo de esto? Porque lo que escribís despega al Madrid del asfalto pegajoso del vodevil periodístico de cada día, lo convierte casi en una disciplina artística.
Ellos lo saben. Crucé palabras con Arbeloa y con José Ángel Sánchez, por ejemplo, y sí que conocían el libro. Realmente, entre toda la gente de Twitter, los blogs, etcétera, les hemos escrito el relato al Madrid.
Dices que el Bernabéu es “una bestialidad en medio de la ciudad” que no pega con el entorno, “amontonamiento, lo inesperado, torres que emergen de la nada sin ton ni son”. Que sea en efecto una nave espacial en mitad de un barrio de clase media-alta de los 70, ¿es un reflejo del accidente histórico que es el Madrid en la historia moderna de España?
Sin duda. Es como un galeón del pasado que de repente ha hendido por en medio la historia de España desde los años 60 y que sigue, sigue y sigue sin parar. Para los que somos del Madrid ya es algo natural, pero los que no, siguen, después de cincuenta años, frotándose los ojos. En cada victoria del Madrid es como si se cayeran de un guindo. Siguen diciendo las mismas cosas, para ellos es un accidente que no para, como el día de la marmota o una película de Nolan.
¿Cómo puede ser algo sorprendente cuando se repite con tanta regularidad?
No tiene ninguna lógica, pero fíjate que eso está hasta en las casas de apuestas. El Madrid no ha sido favorito en ninguna final, en ninguna de las eliminatorias, desde hace muchísimos años. Contra la Juve, que teníamos posiblemente el mejor equipo de la historia del fútbol, porque no sé si ha habido alguno parecido, no sé, el Milan de Sacchi, quizá, y las cosas estaban como 3 a 1 a favor de ellos. Los corresponsales extranjeros hicieron una porra y todos decían que ganaba la Juve. La media de lo que decían era que ganaba 3-1 la Juve. Y eran extranjeros.
Es curioso porque, como tú dijiste en tu artículo sobre Vini, la admiración hacia el Madrid parte siempre del extranjero. A las grandes estrellas del Madrid las admiran de forma inmaculada fuera de España, pero luego nunca nos tienen en cuenta en los pronósticos. Es un mecanismo mental que no logro entender.
Será porque el Madrid es algo así como el todo. No es fácil entenderlo. Lo de Vinicius, por ejemplo, decía Hughes que es muy diferente cómo le pitan fuera de España a cómo le pitan dentro. Fuera, le gritan, cuando se iba a banda así un poco burlón, le hacían un “boooh” como de cachondeo. Aquí, no. Aquí le gritan “hijo de puta, ojalá te mueras, cabrón” y no tiene nada que ver una cosa con la otra. Aquí, el aparente poderoso tiene que parecer humilde. Por eso, a Butragueño se le respetaba. A Raúl, que era como serio y tal, se le respetaba. Tienes que ser como una mezcla entre Butragueño e Iniesta. Si no, te machacan. Pero si eres poderoso de verdad, entonces no: de Franco nadie se burlaba así como así. Del aparente poderoso te puedes reír. A mí me ha contado mi padre que la única persona que tenía tierras de verdad, por entonces, era el marqués de Hinojos. El caso es que, en los 70, el hombre era prácticamente pobre, porque como buen hidalgo, no trabajaba. Trataba muy bien a la gente y si tratas muy bien a la gente, te roban. Y después de tratar muy bien a la gente, cuando venía a La Bañeza, la gente le escupía y lo echaban de los bares, lo trataban como a un apestado. Había una inquina contra él impresionante.
Por ser un símbolo antiguo del poder.
Claro, del que te puedes reír, porque de un guardia civil en los años 50 no se reía nadie.una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid: la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid.
una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid es que la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid. ¿Nos quieren quitar la nación? Nos queda el Real Madrid
En los estertores del franquismo, al Madrid se le prohibió vender el solar de La Castellana para hacerse un estadio futurista en Valdebebas y con el Nuevo Bernabéu las obras estuvieron paradas porque la Unión Europea frunció el ceño unas cuantas veces. Sin embargo, el Barcelona, que está quebrado, encuentra dinero mágico para hacerse un Camp Nou nuevo. En la mente de la gente el Madrid siempre ha estado asociado al poder, “por eso gana tanto”, pero quien realmente ha estado cerca del poder siempre, sea cual sea su forma (Franco, el PSOE, el nacionalismo) es el Barcelona. A pesar de esto, el equipo del poder, el que sea, seguirá siendo el Madrid, sobre todo para los corresponsales anglosajones que viven de contarnos cómo somos los españolitos. ¿Quién tiene en realidad la culpa de esta percepción?
Esa es toda una pregunta en España. Porque se puede hablar igual de los nacionalistas, mismamente, los vascos, que parecen contrarios al poder. Te lo encuentras en la gente de izquierda, que te dicen: ya nos gustaría ser como en el País Vasco. Y el País Vasco es el puro poder. Iberdrola es la empresa más poderosa que hay. Mira, yo tengo por ahí el libro de Historia de España de BUP, que es de una editorial que es Vicens Vives, catalana. Todas las editoriales fueron siempre catalanas. León era la segunda provincia de España con más editoriales. Ahora ya no, y Madrid estaba muy lejos de eso. Pero el relato siempre vino de Cataluña. Siempre. No es que lo hayan contado mal, hay cosas muy interesantes en esos libros. Pero lo cuentan a su manera, claro. El centro de España, la Castilla histórica, que siempre incluyó también desde Cantabria hasta Andalucía, quedó fuera del relato, aunque fuera el centro. El relato se contaba desde la periferia. Y eso es España. Ya no es tanto, pero todavía los que contamos el relato, no desde el centro, pero tampoco desde la periferia, parecemos heterodoxos. Lo cual es una cosa curiosísima. Y creo que esa es una de las razones de la gran fuerza que tiene el Madrid: la gran provincia española, la gente que no tiene sus nacionalismos y sus cosas, es furibundamente del Madrid.
Se acoge al Madrid como a un paraguas.
Sí, sí, sí, absolutamente. ¿Nos quieren quitar la nación? Nos queda el Real Madrid. Y eso pasa incluso en Andalucía, en los pueblos, en los que muchas veces el señorito es del Sevilla, pero luego llega el del pueblo, al que quizá desprecia, porque eso lo he visto yo cuando estaba haciendo la mili, y llega con el Madrid y dice “ahora os vamos a meter una bien gorda”. La gente dice: nosotros, lo que tenemos para agarrarnos es el Madrid, no tenemos otra cosa. Y ya no digamos en León y en Castilla, excepto en Valladolid capital y una parte de León que es bastante del Barça, yo creo que por César, el único jugador importante de aquí que ha habido, y también por la emigración a Cataluña y al País Vasco. Un día me contaba Jambrina, que es muy amigo de Rafa Lahuerta, que escribió un libro con los de Libros del KO, un tío muy majo y sincero, que en Valencia despreciaban a los madridistas, que iban allá con el porrón y tal, por palurdos, y sin embargo veían que era una gente con una fuerza tremenda. Se preguntaban: y por qué nos ganan estos tíos. Y es precisamente por eso. El desprecio les daba exactamente igual.
Por eso decías antes que Raúl sí que podía ser ese humilde aparente que se hiciera respetar. Pero Raúl era un ganador, un tío hipercompetitivo, además muy altivo.
Lo que pasa es que era listo. Al principio era un poco chulito y le dieron algunos palos, y aprendió. Yo sí confío en Raúl como entrenador. Quiero verlo como entrenador, a pesar de todos los que hablan.
Dices, y lo comparto, que el Madrid es una gran realidad que vertebra España. Pero sin embargo España es, desde el franquismo, el país del “niño, no destaques”, todo lo contrario del espíritu que impulsa constantemente al madridismo. ¿Cómo se explica entonces el éxito extraordinario de algo como el Madrid, mastodóntico y altivo, la espada de Dios partiendo en dos el Universo, en un país de trajes grises y mentalidad oficinista? ¿Nos alimentamos del deseo oculto de millones de autómatas?
Primero porque conecta instintivamente con algo del pasado español que no tiene nada que ver con eso. Conecta también, a través de Di Stéfano, que tampoco tenía que ver con el “niño, no destaques”. Pero, aun así, Bernabéu tuvo que inventarse lo del señorío, que era una forma de decir bueno, somos el Madrid pero somos educados, en la victoria y en la derrota, bla, bla, bla. Educaba así un poco a la gente. Lo primero que le dijo a Di Stéfano, creo que fue a él, cuando se compró un coche le dijo: lo devuelves ahora mismo, no puedes dar envidia a la gente de esa forma, que en España la gente lo pasa muy mal.
En España no se perdona la demasía.
No, no, yo creo que eso también es muy de la España castellana. Creo que en Andalucía es diferente. Aquí mismo, en León, me contaba aquí uno de los grandes sabios madridistas que hay, mi amigo Manolo, el panadero, que una vez se compró un Mercedes y lo aparcaba fuera de La Bañeza, porque si lo aparcaba en la puerta de la panadería no volvería a entrar nadie nunca más, pues pensarían que seguro que les engañaba y que a ver de dónde sacaba tanto dinero. En España, también, es normal que la gente sea desconfiada del poderoso, porque el poderoso no se puede decir que fuera nunca muy justo y generoso. En España, para ganar dinero siempre había que estar cerca del poder, había que tener apellidos sin mácula. De ahí viene lo de los “ocho apellidos vascos”, porque eran los que podían meterse en la administración. Los cristianos viejos.
El punto de apoyo fundamental para el crecimiento histórico del Madrid ha sido siempre el estadio. Con el primer Chamartín el Madrid afianzó su independencia y se hizo el primer equipo galáctico con el que lideró el fútbol durante la República. El segundo sirvió para pagar el Madrid de Di Stéfano y la leyenda europea. En este tercero, sin embargo, el foco y las perspectivas económicas están puestas más que en el “fútbol a peseta” de Sánchez Guerra y luego Bernabéu, en la explotación de cosas diferentes: del espacio y de la marca en sí, y no del espectáculo deportivo. ¿No es esto un síntoma de decadencia del fútbol?
Sí, sí que lo es. Pero es que el fútbol ya no es el centro de todo como era en los 70 y en los 80, el centro de los deseos infantiles, sobre todo. El fútbol es una cosa más que hay dentro de la oferta pero, igual que ha llegado la decadencia del rock y de otras muchas cosas, tenemos la del balompié. Realmente toda la cultura que conocimos en Europa occidental está en decadencia. Está mutando en otra cosa completamente diferente. De hecho, en los últimos tres meses estamos viendo por todos lados que la inteligencia artificial está haciendo cuadros y muchas cosas que parecen superiores a las del hombre. Ahí ya no es que haya decadencia, es que no se sabe lo que es. Casi todo lo que conocimos, casi todo en lo que crecí yo, los dogmas culturales, etcétera, ahora o son cenizas o no existen. O son algo minúsculo dentro del gran marasmo de todo, ese marasmo heterogéneo de Internet y las redes sociales. El fútbol, bueno, todavía es importante, desde luego, pero ni mucho menos lo que fue. Empezando porque los jugadores se hacen en academias.
Como en laboratorios.
Sí, tenemos un fútbol del que sólo sobrevive el Real Madrid. Sobrevive el que más gana, pero también es el único que tiene un fútbol en el que el azar se convierte en emoción y en belleza, en esas cosas que buscábamos siempre en el fútbol.
Hay una paradoja: lo que triunfa en el fútbol es esa verdad que viene de Sudamérica, cuyo símbolo es Vinicius, como escribes en El Confidencial, pero lo que lo envuelve es previsible y artificial, como casi todo en Europa occidental.
Sí, porque en todo se busca la seguridad. Es como el nuevo feminismo, que busca la seguridad absoluta en todo. Y eso es imposible, porque la vida tiene un punto de azar. Para buscar la seguridad absoluta en todo le tienes que quitar a las cosas del juego lo mágico, la pasión, tienes que ir reduciendo muchísimo eso. Lo que ha hecho Guardiola, por ejemplo, es una automatización de la espontaneidad, que al principio era bonito pero ahora a mí me parece horrible. Pero claro, ha fascinado a una generación entera.
tenemos un fútbol del que sólo sobrevive el Real Madrid. Sobrevive el que más gana, pero también el único que tiene un fútbol en el que el azar se convierte en emoción y en belleza, en esas cosas que buscábamos siempre en este deporte
La fascinación que produce Guardiola está basada, curiosamente, en el recuerdo de su Barcelona, donde era Messi, el rayo imprevisible, lo contrario al sistema, lo que precisamente conquistaba la victoria.
Eso lo vimos muy bien en aquel Real Madrid-Bayern de 2014. Teníamos todavía un miedo terrible a Guardiola y en dos partidos nos hizo una ocasión de gol. Ellos tenían un fútbol de alta gama, sin duda, pero no penetraban en el Madrid, que salía y, en cuatro combinaciones, metía gol.
Hablamos de ese Bernabéu del que trata vuestro nuevo libro. El Bernabéu es un sitio muy particular. Durante muchos días, casi toda la temporada, es lo que antes eran los vestíbulos y los palcos de la ópera: el sitio donde ir y ser vistos, un escenario en el que los peces gordos hablan sus cosas en los reservados y en el que la plebe posturea en Instagram. Pero llega la Copa de Europa y en los momentos verdaderos, en los que el fútbol es de todo menos fútbol, entonces el estadio se convierte en un volcán. ¿Cómo es posible esta transmutación?
Yo creo que eso no se puede explicar. Hay cosas que no se pueden explicar y esa es una de ellas. Y encima, no siempre fue así. Nosotros vivimos los años de ayuno del raulismo en los que el Bernabéu daba lástima. La facultad que sí que tiene el Bernabéu y el madridismo es la de transmitirle su emoción fundamental al jugador. Y yo creo que eso no lo tienen muchos clubs. Entonces, si el Bernabéu tiene miedo y da lástima, el jugador acaba teniendo miedo. Y si el Bernabéu está convencido, el jugador termina convencido. En 2014, el Bernabéu todavía no estaba convencido. Igual si se hubiera jugado aquella final en el Bernabéu, la hubiéramos perdido. Por eso son tan importantes los jugadores que van más allá de la Historia. Y los dos jugadores que fueron más allá de la Historia en el Madrid reciente fueron Fernando Hierro y Sergio Ramos, centrales los dos. Centrales andaluces. En el 98, que estaba todo perdido, Fernando Hierro es el que gana el partido. Y en el 14, Sergio Ramos es el que gana el partido. A partir de ahí, el Bernabéu cree y el Madrid cree. Se transmuta el plomo en oro. Pero no es fácil de explicar. Se necesita de una retroalimentación de equipo-grada. Esto nos volverá a pasar. El Madrid volverá a caer y el estadio volverá a tener miedo. Y necesitaremos a otro jugador que vaya más allá, porque por ejemplo Modric era buenísimo pero fue más allá después del 14. En el 14, el que fue más allá era Ramos. Vamos a ver, porque hasta ahora son sólo jugadores andaluces, y Andalucía está un poco seca ahora. No sé qué otro sitio puede ser que dé jugadores muy muy buenos y con esa fuerza mental.
Quizá Militao, que tiene cosas de Hierro y de Ramos.
Brasil sí que es un sitio que está dando esas cosas. Quizá sea la dureza del país. Ellos no son fáciles de entender para los europeos. Coraje y casta, para un español, un alemán o un italiano, tienen que ver con eso del puño cerrado. Y ellos no, ellos tienen una alegría indestructible. No han perdido el placer del juego. Eso es lo que les jode de Vinicius, que se ría.
El Madrid es un galeón del pasado que de repente ha hendido por en medio la historia de España
Escribisteis en la Biblia Blanca: el Bernabéu es el estadio más poderoso del mundo porque somete a sus futbolistas hasta doblegarlos y convertirlos en madridistas. Los que no lo soportan, no valen: los engulle la niebla de la que habláis en el primer capítulo. No hay otro cedazo igual, ni siquiera comparable. ¿Es por que Cristiano se resistió siempre a ser doblegado? ¿Fue Cristiano alguna vez madridista de verdad o sólo cristianista?
Desde luego, le costó. De primeras no se dejó doblegar. El Bernabéu tardó tres o cuatro años en cantarle. Fue sobre el 2013 o así, después de unos ataques bestiales, de la burla de Blatter, en un partido normal y corriente en el que le dieron cuarenta mil patadas, cuando la gente empezó a cantarle. Él se sintió muy bien en el Madrid, desde entonces. Yo creo que algo madridista es, no es un autista, tiene pasiones de verdad. No pone, cuando habla, al Manchester por encima del Madrid. Es un tío muy especial, desde luego.
¿A quién impresiona más el Bernabéu, a los madridistas o a los antimadridistas? Durante años pareció que aquello de Valdano del “miedo escénico” se había convertido en un cuento de viejas, especialmente durante la era Messi. Pero ahora resulta que los rivales vuelven a jugar en el Bernabéu con plomo en la barriga y en los tobillos. ¿Ha destruido este estadio más carreras propias o ajenas?
Por ejemplo, en el libro hablamos de los exquisitos, de gente como Didí o de Özil. Özil es un jugador tan especial al que la luz del Madrid deslumbra de tal manera que, luego, fuera, ya no encuentra sabor en nada. La vida es de segunda categoría para él, fuera del Madrid. Y no es que el Bernabéu o el Madrid le jodieran la carrera: ha tenido una buena carrera, sobre todo en la selección alemana, pero si no pasa por el Madrid habría sido un jugador diferente. Desde luego, no hubiera tenido esos tres años que tuvo, tan fantásticos. Luego, Higuaín es otro caso. De Higuaín se habla en el libro. No sabemos qué jugador habría sido de no pasar por el Madrid. En el Madrid, mamando raulismo, viendo cómo se dio cuenta de que era muy inferior a varios jugadores del Madrid, se convirtió en uno de los jugadores más latosos de la historia del fútbol. Los errores que comete, sobre todo aquel en la final de la Copa del Mundo…es que es alucinante el fútbol: te quita todas las máscaras, es aquello que hacía John Ford, de un grupo humano en peligro para decantar todas las personalidades. El fútbol siempre decanta todas las personalidades. Higuaín es un cenizo increíble. Habría sido un gran delantero del Atlético de Madrid. Llegó a tener gol, buen disparo, pero ha pasado a la historia como un jugador absolutamente menor. No le hizo bien el Madrid al pobre Higuaín.
A Benzema también le ha costado muchísimo.
Pero Benzema tiene espíritu. ¿Qué es el espíritu? A veces se dice que un jugador tiene mucho espíritu, pero esos jugadores que parece que van con el corazón en la boca son muchas veces los que antes se queman. Benzema nunca lo demostró, llegó a jugar un muy buen fútbol, y cuando tuvo que demostrarlo estaba tan blindado y preparado que ha hecho cosas asombrosas en los últimos tres años. Él siente una gran pasión por el fútbol, a él le gusta el Madrid. Es muy madridista, está muy emocionado con el Madrid, se le nota. Él disfruta yendo hacia adelante, hacia atrás, metiendo goles, disfruta y aprende cada día. Cuando dijo aquello de que jugaba para los que sabían de fútbol, es verdad. Yo creo que hay muchos jugadores que todo eso no lo disfrutan. Quizá Asensio esté volviendo a disfrutar y esté recuperando sus capacidades.
El Bernabéu es un lugar que templa los espíritus, es implacable.
Es absolutamente darwinista, por eso los jugadores que sobreviven son tan grandes. Y por eso los entrenadores como Ancelotti son tan importantes, porque los huelen. No sólo es importante que sean los mejores, sino que no flaqueen. Camavinga, por ejemplo. Ancelotti vio que, a pesar de los muchos errores que cometía, no flaqueaba en el momento de la verdad, y ya está, y ahora tenemos un jugador que es dominante en Europa.
Por último, hazme un pronóstico de futuro: ¿quedarán de él, dentro de mil años, los restos de un enorme sarcófago egipcio al que vendrán a hacerse fotos los chinos o será una lanzadera de la humanidad desde donde despeguen las naves a conquistar Marte como imaginó Ray Bradbury?
Las ruinas modernas no son como las antiguas. Tienen una cosa herrumbrosa y oxidada, casi letal. A mí me gustan, como todas esas cosas que vemos en Estados Unidos o en China. Las ruinas antiguas, no. En las ruinas antiguas, por ejemplo, la piedra, el musgo, la naturaleza, se enredan con mucha facilidad y nace otro paisaje. Las ruinas modernas son hirientes, siempre. Desde un punto de vista poético, no sé qué puede ser el Bernabéu. Desde el punto de vista práctico, Madrid cambia continuamente y la piel del Bernabéu, también. Sería bonito que quedara este Bernabéu, el último.
Entrevista: Antonio Valderrama