Rodrygo subió ayer a sus redes sociales una fotografía posando junto a Mbappé. Como es natural, una parte del madridismo interpretó la publicación como un mensaje de optimismo sobre la llegada del delantero francés al club blanco. Kylian Goes to Madrid. La frase se dibujaba sola en el cerebro.
Tan cierto es el hartazgo que produce el asunto Mbappé como la importancia extraordinaria que tendría su llegada para el club de Concha Espina, tanto en el ámbito deportivo como en el económico e institucional, sin olvidar la muestra de poder que supondría en una guerra en la que el Madrid no cuenta con el armamento de los clubes estado y/o de la Premier.
La publicación de Rodrygo genera ilusión en muchos aficionados. Parece poco probable que ni Kylian ni el 11 blanco desconociesen la interpretación que se le iba a dar a la instantánea y las expectativas que originaría. También es difícil pensar que la imagen no se haya subido sin consensuarlo con el equipo de comunicación de Mbappé.
https://twitter.com/RodrygoGoes/status/1687780530798956544?s=20
No se trata de la confirmación de nada, pero tampoco es una de esas señales absurdas que abundan por la red social antes conocida como Twitter, donde cada pocos minutos alguien ve un indicio del fichaje de Kylian porque apareció en una foto con un reloj igual al que portaba un ancestro de Bernabéu en un daguerrotipo precolombino, o porque acuario tiene ascendencia sobre piscis cuando hay marea baja en Conil de la Frontera.
A buen seguro que si el plano de la fotografía de Goes y Mbappé fuese más abierto, esta horda de paranoicos e insiders habría encontrado mil y una evidencias científicas de la llegada o no de Mbappé al Madrid. Sin duda no menos de las que pululan sobre la llegada o no del hombre a la Luna.
La fotografía subida a las redes sociales por Rodrygo junto a Mbappé se interpreta como un mensaje optimista de cara a la posible llegada del francés
Afortunadamente, la tecnología permite ampliar esa fotografía gracias a la inteligencia artificial de Photoshop y, del mismo modo que George Leigh Mallory respondió a la pregunta de por qué quería escalar el Everest con un “Porque está allí”, yo voy a valerme de la existencia de este avance para ver qué sucede si ampliamos el cuadro de la imagen.
He de advertir que esta tecnología aún no ha alcanzado un grado de funcionamiento óptimo y a menudo las imágenes obtenidas parecen creadas por Picasso en su fase cubista bajo los efectos del consumo habitual de fentanilo.
La herramienta de Photoshop que genera la estampa cuenta con un campo en el que podemos introducir un texto para orientar en un sentido esta generación y la primera petición es obvia: «Mbappé viene al Real Madrid». El resultado es el siguiente:
Cualquier cuartomilenialista del fútbol esgrimirá que Mbappé viene al Madrid sin ningún género de dudas porque el algoritmo ha generado un Roberto Carlos en la imagen, con su número 3 y todo. La verdad es que no era de esperar una prueba tan irrefutable (?).
Es necesario proponer al programa que alumbre una nueva imagen, pero esta vez con la indicación: «Mbappé se queda en París»:
El resultado crea cierto pavor en el observador, el algoritmo ha engendrado una criatura antropomórfica algo dantesca junto a Goes que bien podría ser Inés Rau, quien dicen que mantiene una relación de pareja con Kylian en París, por lo que el acierto de la herramienta, una vez más, le deja a uno anonadado. A continuación, una fotografía de Inés Rau para que juzguen el parecido:
Sin duda no se les habrá pasado por alto el color propio de la segunda equipación del Real Madrid que la inteligencia artificial ha empleado para tapizar los abundantes cojines de la imagen. Otra señal para los conspiranoicos.
Más allá de bromas, nadie puede aventurar el desenlace del culebrón Mbappé, porque es probable que ni el propio Kylian lo sepa, y no sería la primera vez que unas negociaciones prácticamente cerradas se van al traste porque en la ecuación se encuentra Catar, una variable de comportamiento impredecible desde el punto de vista de la civilización occidental, sin restar la cuota de responsabilidad correspondiente al propio futbolista.
No obstante, para terminar con el juego, introducimos una última indicación al algoritmo para que genere la última imagen: «no viene»:
«Parece que el mensaje está en un idioma no admitido en este momento». Ni siquiera la inteligencia artificial contempla la posibilidad de que Mbappé no venga al Real Madrid. ¿Necesitan más pruebas?
Buenos días, amigos galernautas. Vaya por delante, nobleza obliga, nuestra alegría por la histórica clasificación de las chicas del balompié en el Mundial de las Antípodas. Hacemos extensible además nuestra felicitación estival a los hacedores de primeras planas deportivas que ayer pudieron disfrutar de chiringuitos vespertinos, tapitas de boquerones, neveras playeras y tardes de piscina. Cerrar la portada del día a las 9 am no tiene precio. No en vano el España-Suiza femenino de las pelotas se disputó nada menos que a las 7 de la mañana; todo un vergel para el arte y confección de portadas en secarrales informativos veraniegos. Un día sin Mbappé, que cada día se parece más a Teo, el de los rizos pelirrojos —Mbappe con chándal verde, Mbappé se para a saludar, Mbappé en la rotonda, Mbappé firma autógrafos, Mbappé tuitea, Mbappé en la disco, Mbappé con Goes— pues, qué quieren que les digamos, también se agradece.
Lo que ya nos gusta menos es la misantropía.
Lo apuntábamos en líneas precedentes y lo volvemos a reseñar para que nuestros habituales haters, aquellos que gustan de chapotear en fosas sépticas, no nos tilden ipso facto de antipatriotas, subversivos o golpistas. Desde La Galerna nos alegramos por el triunfo de la selección femenina de fútbol ante Suiza y por su histórica clasificación para los cuartos de final del Mundial de Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, nobleza obliga de nuevo, creemos justo recordar, precisamente en momento de euforia y algarabía, las maledicencias y pérfidas intrigas palaciegas que ha venido a soportar la internacional Misa Rodríguez sólo por el hecho de guardar el arco de un Real Madrid Femenino que tanto molesta en el cortijo que se habían montado por allí en Las Rozas blaugranas y colchoneras, tan amiguis como siempre. Tras el harakiri ante Japón, con Misa de portera, encuentro en el que las niponas golearon con un póker de manos a manos ante la arquera madridista, el inefable seleccionador Jorge Vilda obsequió a su futbolista con un banquillazo de los que hacen época. Gestión de grupo lo llaman. Psicología inversa, quizás. Vendetta a lo mejor. Bajada de pantalones, incluso. Todo un detalle para quien ha aguantado carros y carretas por posicionarse ante “Las 15” amotinadas… precisamente contra Vilda. Pura Vilda.
El caso es que ayer la muchacha, desplazada de la portería, no debió celebrar la clasificación con suficiente alegría y las redes sociales del antimadridismo underground se cebaron sobremanera sobre ella. Tal y como afirmaba nuestro galernauta Alcalá Zamora en Twitter —o en X o en ElonLand— y suscribimos punto por punto: el nivel delirante de acoso que recibe es proporcional a su valor como jugadora-símbolo del Real. Es mediática, conecta con el aficionado en el plano sentimental y, para colmo, su progresión es de ¿top-5? porteras de la década que viene. Es precisamente ahora, en tiempo de jolgorio patrio por la clasificación de las chicas, cuando reivindicamos a Misa. Sí, a Misa. La misma que ha padecido desplantes muy poco deportivos de Aitana Bonmati, una de “Las 15” amotinadas que curiosamente dejó de serlo en cuanto llegó el Mundial. O la misma que padeció infumables burlas de las blaugranas Mapi Leon e Irene Paredes tras sufrir una goleada con el Madrid en Barcelona.
Valors, lo llaman. Los mismos que Vilda parece.
Nuestro abrazo galernauta para Misa.
En Can Barça, cómo no y como siempre, se apuntan el tanto de la clasificación de la selección española —sí, española— en un mundial australiano. Lo hicieron con la testosterona, no lo harán con la progesterona. Todo lo que sea medianamente decente para erosionar cualquier cosa que tenga que ver con lo merengue, bienvingut sea, ya lo saben ustedes.
Tal día como hoy, así lo hacen, pero al menos tienen el bonito detalle de encerrar dos chistes para que nos desorinemos este domingo de buena mañana. Al parecer, dice el diario de Godó, grande de España, que Bernardo Silva espera movimiento. Debe de estar jugando al parchís con Pep. Por otro lado, dice Sport, que “Máxima Tensión con Dembelé” por falta de entendimiento. Es curioso, llevan siete años sin entenderse con él. Por no enterarse, en el club ni se enteraron de su boda-sorpresa. Los que si son unos buenos enteraos son sus representantes que tan productivos contratos firman, no con Bartomeu, sino con El Joker y Padremany.
Así nos vamos de otro tórrido portanálisis no sin antes enviar un fuerte abrazo a Ricky Rubio y desearle una recuperación plena de la ilusión por jugar.
¡Força, Ricky!
Buenos días. A diferencia de los YouTubers y otros hierbas de reciente floración, este verano los medios tradicionales, considerando que todavía puede venir, están hablando relativamente poco del asunto Mbappé. Eso sí: el asunto Mbappé está hablando volúmenes y volúmenes de libros sobre los medios tradicionales.
Por ejemplo, está Marca. Marca tiene una postura ambivalente al respecto. Mientras sus redactores más conspicuos niegan taxativamente, en tertulias de aquí y de allá, la posibilidad de que venga, el diario como tal flirtea con la idea en sus portadas. Pero atención al ángulo desde el cual se acerca al tema, invariablemente, el diario dirigido por Juancho Gallardo: es el ángulo catarí.
Rotas las relaciones con el Real Madrid, toda la información relativa al affair Kylian le llega a Marca desde el lado opuesto de la orilla, es decir, desde el PSG. Recordemos que las relaciones del periódico más vendido de España con Al Khelaifi son espléndidas desde que se convirtieron en compañeros de pádel hace ya bastantes meses. Si os fijáis, veréis que toda la información que Marca publica en torno al astro francés es inequívocamente procedente de los aledaños de la Torre Eiffel, por no decir de las proximidades del Golfo Pérsico. Lo que Marca sabe suministrarnos al pie de la letra en estos días son las amenazas que Al Khelaifi esgrime contra Mbappé para que haga una de estas dos cosas: renovar su contrato o aceptar un traspaso a algún club que no sea el Real Madrid, dado que Nasser tiene su orgullo y su corazoncito. No le gusta perder ni al pádel, y el que la estrella termine recalando en Valdebebas supondría una derrota ignominiosa para él y para el régimen catarí, deseoso de marcar paquete geopolítico en la escena internacional, con el fútbol como excusa.
Las amenazas de Nasser, de las que Marca se hace eco puntualmente porque las conoce muy de cerca, son tan tenebrosas como en ocasiones risibles. Hoy es un buen ejemplo. Marca (o el jeque hablando por su boca) interpreta la contratación ya segura de Dembélé (y la más que probable de Gonçalo Ramos) por parte del PSG como “más presión” para Mbappé.
¿Cómo que más presión para Mbappé? Será al contrario. Nasser ya se ha lanzado a tumba abierta a la tarea de sustituir a Kylian, y eso decanta la balanza del lado del jugador en caso de hacerlo hacia algún lado. El club parisino tiene serios problemas de FPF, de suerte que nuevas incorporaciones han de verse compensadas con nuevas ventas, siendo la de Mbappé la más evidente y siendo el Real Madrid, en principio, el único destino apetecido por el jugador. Por tanto, la presión cae cada vez más sobre la cabeza del dirigente, al tiempo que la sartén cada día está más aferrada por el mango por parte del delantero.
As, en cambio, es consecuente con la línea personal de sus directores, que afirman que no va a venir, y pasan del tema Mbappé. Asumen un riesgo que les puede salir bien o mal, aunque lo que les sobra en todo caso son las puyas tuiteras a los comunicadores que, legítimamente y con arreglo a sus informaciones, que no tienen por qué coincidir, consideran que Kylian llegará.
As escoge un argumento muy distinto como el principal de su portada, y es ciertamente un tema muy digno de ser tenido en cuenta, aunque yerra en el enfoque. Los clubes de la liga, en efecto, sólo han gastado 253 millones en lo que va de mercado veraniego, correspondiendo la contratación de Bellingham por el Real Madrid 2/5 partes de esa cifra. De hecho, el mercado español se ha convertido en vendedor en lugar de comprador, y ya no es solo el petroclub y/o la Premier quien nos quita jugadores, sino que lo hace hasta México (con todos los respetos), como muestra el ejemplo de Canales que también sale en la portada de As.
Bellingham al Madrid mientras del resto de equipos patrios huyen los futbolistas. Esto habla muy bien de la solvencia del Madrid y fatal de la ruina en que se encuentra la liga española. ¿A qué viene entonces eso de que “El mercado (español) se pone a dieta”? No es que se ponga a dieta, es que está famélico. No es que se acoja voluntariamente a un régimen Dukan para perder michelines, sino que no tiene un triste mendrugo de pan que llevarse a la boca.
¿A qué se debe este eufemismo para referirse a los escombros de campeonato español que nos quedan? Muy sencillo: a que exponerlo con la crudeza que el tema requeriría enemistaría a As con Tebas, que es el principal responsable de la ruina, y Tebas riega con publicidad (explícita o encubierta) las arcas del medio del Grupo Prisa, como las del resto de grupos editoriales, a fin precisamente de que oculten la hecatombe financiera del fútbol español, con la iniciativa CVC a la cabeza.
Ved como ejemplo este publirreportaje que Tebas insertó ayer en la web de As, con una desvergüenza ciertamente apelotante.
Lo del Diario AS publicitando LA LIGA IMPULSO - CVC y que gracias a ello se estan cambiando los estadios, utilizando la imagen del Bernabeu me lo van a tener que explicar detenidamente
JAVIER TEBAS PAGANDO PUBLICIDAD Y USANDO EL NUEVO BERNABEU pic.twitter.com/YrxnBpMDOc
— VikingoBlanco (@VikingBlancoRM) August 4, 2023
¿Cómo lo veis, amigos? Para ilustrar la “modernización y lavado de cara” de CVC, Tebas utiliza con jeta mayestática una imagen de no otro estadio que el Santiago Bernabéu, obra mayor en la historia de los recintos deportivos del planeta que no ha sido precisamente financiada por CVC sino por la solvencia financiera del Real Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza. Y el Real Madrid representa, justamente, la más fiera oposición a CVC que se ha registrado desde la puesta en marcha de esa nefanda operación de usura.
Volviendo al tema Mbappé, ¿es a esta liga a la que pretendemos que se sume el delantero francés? ¿A la liga de Tebas? Si Florentino logra la hazaña de incorporar al astro, habrá llevado a cabo un tour de force en la misma cara de los petroclubes mayor aún que el de Bellingham. Pero además habrá logrado demostrar que jugar en el Madrid sigue siendo para las estrellas del balompié un reclamo tan inexcusable que compensa incluso, por terrible que sea el desincentivo, la obligatoriedad de jugar la pútrida liga española que jugar en el Madrid trae consigo.
Os dejamos con la prensa cataculé, que se aferra a la esperanza de Bernardo Silva tras perder a Dembélé.
Pasad un buen día.
Contacto con tacto era un programa de televisión que se emitía en Telecinco en la época de los robos arbitrales que sirvieron en bandeja dos ligas al Barça en Tenerife en el cual aparecía Bertín Osborne repantigado en el sofá con aspecto de venir de tomarse unos gin-tonics con los colegas y cuyo objetivo era formar una pareja heterosexual entre varios aspirantes de ambos sexos con una mecánica en la que abundaban frases con doble sentido y corazones de peluche. La pareja en cuestión ganaba un viaje a Benidorm —o algún destino de glamour similar— con los gastos pagados.
A Rubiales, como además de Motril es abstemio, no lo imaginamos arrellanado en un sofá después de tomarse unos gin-tonics, pero sí repanchigado tras negociar unas comisiones con el capitán en activo de algún equipo de primera división con prebendas para celebrar algún trofeo fuera de España. Lo imaginamos sin gorra y sin perder ripio de lo que Medina Cantalejo —acompañado por Clos Gómez y Undiano Mallenco, porque el CTA es uno y trino— soltó por su boquita de piñón en rueda de prensa durante la habitual reunión con árbitros de primera y segunda previa al inicio de campaña.
El heredero de Sánchez Arminio nos deleitó con varias perlas. Una de ellas fue que no se iban a señalar penalti en contactos con baja intensidad. Es decir, cuando se produzca un contacto con tacto, ya sea el delantero Bertín, María del Monte o cualquier otro. También abogó porque los árbitros tengan mayor capacidad para tomar determinaciones porque cuando el VAR interviene mucho es que algo pasa (no necesariamente con Mary).
Si relacionamos ambas reflexiones, no parece paranoico concluir que lo que pretende Cantalejo es aumentar la discrecionalidad de las decisiones arbitrales y limitar el uso de la herramienta tecnológica que aporta objetividad: el VAR. Tras estas declaraciones, ante un penalti de libro no señalado, podrán esgrimir que se trató de un contacto de baja intensidad y el VAR no lo revisó porque se busca que los árbitros tengan mayor capacidad de decisión.
El tufo institucional en España canta de lejos, y el arbitral no digamos. Con los roles perfectamente claros, cada pieza del engranaje desempeña el papel que tiene asignado para que el tinglado funcione como un reloj
No cuesta mucho imaginar que un maffeazo con los tacos en la espinilla a Vinícius en el área pequeña con el portero batido tiene todas las papeletas de ser un contacto de baja intensidad, y que una carga legal a Gavi dentro del área será siempre un penalti catedralicio.
Durante su homilía, Medina, sin aparente rubor, defendió mantener el rigor sancionador en las acciones que pongan en peligro la integridad física de los jugadores. Se refiere al rigor sancionador que tradicionalmente ha permitido agredir, en ocasiones de gravedad, a Vinícius en todos los campos de España con total impunidad mientras hordas de aficionados exaltados proferían insultos racistas al otrora veinte del Real Madrid.
Estas palabras fueron adornadas con una petición explícita de respeto para los árbitros y para la institución del arbitraje, como si esos árbitros y esa institución no fueran los mismos, o sus herederos, que recibieron durante lustros millones de euros de parte del FC Barcelona y ningún miembro haya tenido la decencia de asumir responsabilidades por ello, porque sabemos que el mayor delito cometido en la historia del deporte español quedará sin las consecuencias judiciales que merece.
Ni Federación, ni Liga, ni ministro de Deportes, ni presidente del Gobierno, ni líder de la oposición, ni aparato mediático están por la labor de respetar al fútbol español, a sus aficionados y a la ley, y la compra arbitral quedará en una estantería junto al cochinillo y otros delitos y faltas impunes del club mimado de este país.
El tufo institucional en España canta de lejos, y el arbitral no digamos. Con los roles perfectamente claros, cada pieza del engranaje desempeña el papel que tiene asignado para que el tinglado funcione como un reloj, con precisión germánica, pero no por su propias capacidades, sino por el ecosistema de impunidad en el que nadan debido a que precisamente han sido ellos mismos quienes se lo han proporcionado.
Getty Images.
Se ha acabado la pretemporada y el madridismo de las redes anda colérico, valga la redundancia. Ganamos dos partidos pero perdimos otros dos, o sea, fatal. El madridismo se encabrona cuando los del peto de suplentes (o de titulares) palman contra otros once en los partidillos de entrenamiento, sin que el hecho de que los ganadores formen también parte de la plantilla sirva de consuelo alguno.
Dentro del histerismo injustificado, empero, hay razones para un razonable grado de preocupación. Las áreas se han dado mal. Hemos generado miles de ocasiones que no hemos sido capaces de materializar. Por el contrario, los rivales no han tenido que generar apenas juego para hacer fructificar sus muy escasas oportunidades de gol. Son datos irrefutables y no solo deben dar para pensar, sino que Ancelotti ya lo está haciendo, y en voz alta.
Ha admitido el técnico que los fallos defensivos pueden ser resultado de falta de adaptación al famoso rombo, que sin embargo ha funcionado muy bien en fase ofensiva. Este rombo lleva camino de superar al célebre cuadrado mágico de Luxemburgo en popularidad, aunque sea popularidad negativa. Están el Triángulo de las Bermudas (Casemiro-Kroos-Modric), el Cuadrado Mágico de Luxemburgo y el Rombo de Carletto, con muy diversos grados de aceptación. La gente echa pestes del Rombo. La gente echa pestes de todo.
Para mí, el Rombo arroja un saldo ambivalente tras estos cuatro partidos. La necesidad de adaptarse a él en fase defensiva tomaría tiempo, y en el Madrid nunca hay tiempo para nada (de ahí el uso del condicional en perjuicio del futuro). TOMARÍA tiempo. Carlo lo sabe —Carlo lo sabe casi todo, aunque reaccione con aparente lentitud a lo mucho que sabe— y por eso ya ha declarado que, si no lo ve claro, reculará. De hecho, no confirmó que vaya a formar con un Rombo en el primer choque donde de verdad importa el resultado, o sea, en el estreno liguero en San Mamés. Mi predicción es que el Rombo no será nunca ni completamente aceptado ni definitivamente proscrito. Se usará como un sistema más y convivirá con otras alternativas dentro de la línea de absoluta falta de dogmatismo que caracteriza a un entrenador cuya labor, sí nos atenemos a las redes sociales blancas, no pasa por su mejor momento de valoración.
Se ha acabado la pretemporada y el madridismo de las redes anda colérico, valga la redundancia. Dentro del histerismo injustificado, empero, hay razones para un razonable grado de preocupación. Las áreas se han dado mal
El asunto de Brasil ha hecho daño en la visión que la gente tiene de Carletto. Hay menor predisposición a acoger de buen grado sus ideas por parte del pueblo soberano. “Que se vaya a Brasil”, se espeta, como si él hubiera priorizado en sus afectos la selección carioca al club blanco. No lo ha hecho. Ha faltado comunicación en este terreno. Si se publica que el presidente de la Federación brasileña ha dicho que te tiene fichado, urge que alguien lo desmienta para que las aguas vuelvan a su cauce, porque el pueblo es muy suyo, y en este caso hace muy bien en serlo. La realidad es que el máximo mandatario del fútbol brasileño nunca dijo públicamente que tuviera a Ancelotti en el bote, pero se ha creado la falsa asunción de que lo hizo. Fake news y orgullo crean un mal caldo de cultivo, y se está notando. Nuestros jugadores brasileños no han ayudado. Tuvo que ser Casemiro, quien sigue siendo brasileño pero no ya nuestro, quien saliera a poner orden. “Un respeto a Ancelotti y sobre todo al Madrid”. Casemiro es Real Madrid desde el United o desde Saturno.
Mucho se ha escrito y dicho del daño que el Rombo hace al juego de Vinicius. Son críticas legítimas, pero deberían pasar por el filtro de actualización del encuentro ante la Juve. Ante la Juve brilló Vini, y de qué manera, en un contexto de Rombo, lo que pasa es que perdimos y eso, en la mente ultraexigente del vikingo, nubla la aceptación de todo logro. Se vio que, con el Rombo, nuestra (por el momento) máxima estrella puede encontrar nuevas vías para hacer añicos las defensas rivales sin por ello renunciar a la senda tradicional, o sea, la que marca la cal de la banda izquierda. Sembró el pánico por allí, pero apareció por otras zonas de modo igualmente amenazante. Un repaso a las jugadas de mérito de Vinicius en los últimos tiempos nos conduce a la conclusión de que, si bien el desborde por la izquierda sigue siendo su principal cualidad, está ampliando el abanico de prestaciones deslumbrantes. No conviene minusvalorar eso. El Rombo lo explota, y ya ha revelado su técnico que Vini acoge de buen grado la variante.
Bellingham también parece feliz con el Rombo, sin perjuicio de que un eventual arrinconamiento de la figura nos devuelva al Jude-interior que tan buen resultado es capaz de ofrecer también. El inglés ha encantado en sus primeros compases como madridista, aunando virtuosismo y físico como pocos jugadores hacen en el fútbol moderno. Necesita que el mercado se cierre para conocer su puesto en la jerarquía de grandes estrellas del equipo. En realidad, todos necesitamos que el mercado se cierre para saber si estas valoraciones, y tantas otras, tienen sentido. “No hase falta disir más”, como sentenciaría ese apóstol del nihilismo que es Bern Schuster.
Por lo demás, la línea del trabajo físico del equipo en la pretemporada parece óptima, lo que constituye un pleonasmo cuando el responsable de la misma es Pintus. Hay futbolistas que parecen decididos a abandonar el papel secundario que tuvieron hasta ahora. Ahí destacan Rüdiger y Tchouaméni, muy convincentes en los minutos de los que disfrutaron.
El Athletic Club espera, como lo hacen las primeras conclusiones serias tras el primer encuentro con puntos en juego.
Getty Images.
Buenos días, amigos. El verano es época de esparcimiento, de necesario relajo y toma de distancia con los quehaceres habituales, aunque no los perdamos del todo de vista, como hace Benito Floro en la imagen destacada de este portanálisis. Pero para los clubes de fútbol es tiempo de hacer los deberes, tanto en los despachos como en el campo. As lo refleja en su portada.
“El Madrid cierra la gira americana con dos victorias, dos derrotas y sensaciones encontradas. La fragilidad defensiva y la falta de pegada son aspectos a corregir. Ancelotti le pone un ‘6’ al equipo”. Sin que sirva de precedente, no podemos decir que estemos en excesivo desacuerdo con este análisis. El Madrid ha mostrado otra cara esta pretemporada, presiona más arriba, crea muchas ocasiones, pero es innegable que es una verbena defensiva y que el acierto en la definición es pobre.
Uno puede quedarse con la cantidad de ocasiones generadas, con que la pretemporada está precisamente para afinar estos aspectos y probar soluciones diferentes sin que cada alineación sea examinada como si de una final de Champions se tratase, o bien puede quedarse con que es intolerable que Kroos juegue de pivote cuando se cuenta con Camavinga y Tchouaméni, con que el alemán y Modric no son capaces de frenar al rival, que es inadmisible la cantidad de goles recibidos o que como no venga un nueve de garantías no jugamos ni la desaparecida Intertoto. Es decisión de cada cual darse al avinagramiento preventivo o no ante un futuro que aún no ha sucedido. Lo que objetivamente no existe es una crisis ni deportiva ni institucional.
Pero, como decíamos, es verano y el Madrid siempre está muy a mano y es el recurso ideal para alarmar a los fieles de la secta y recolectar clics de los acólitos. Es la opción habitual de Sport, que hoy desembarca en los quiscos con un compendio de títulos de película de Steven Seagal: “Prioridad lateral”, “Saltan las alarmas en el Madrid” o “Crisis en el PSG con Luis Enrique por Mbappé”.
Para los que dan cobijo a Iván San Antonio saltan las alarmas porque el Madrid ha perdido dos amistosos, hecho sin duda mucho más grave que hallarse en quiebra, no respetar ninguna normativa económica ni moral, no decirle la verdad ni al médico, contar como avalista al proveedor de imágenes del VAR o comprar al estamento arbitral.
Y como el Madrid es el mal vestido de blanco, también influye negativamente sobre los exculés de pro como Luis Enrique, incluso por los que aún no son madridistas, como Mbappé. El adoctrinamiento no debe parar para seguir formando generaciones de seguidores del Barça fieles al sistema y sin capacidad crítica.
Mundo Deportivo también opta por el cine para su primera plana de hoy, aunque no hay rastro de la película del mismo nombre de Billy Wilder o Howard Hawks u otros. Se decanta por dos películas: “Operación Bernardo Silva” y “Dembélé, en París”, aunque ambos films nos recuerdan a otro titulado: “El último tongo en París”, dirigido por otro Bernardo, que no sabemos si silbaba o no, pero se apellidaba Bertolucci.
El último tongo en París es una coproducción de Mundo Deportivo y Sport y narra la historia de un club que vende al PSG a un futbolista al que tiempo atrás hizo mobbing para que se marchase, pero cuando es el jugador el que cambia de club, rabia y patalea y su reacción es acusarlo de desestabilizar al equipo. Además, le pide que le regale dinero porque está en una situación económica calamitosa debido a una gestión pésima después de lustros de sueldos fuera de mercado, la entrega de más de 500 millones de euros a Messi y el gasto de más millones para pagar al vicepresidente de los árbitros.
El tongo en sí consiste en que el club arruinado, que recibirá unos 25 millones por el traspaso del Dembélé y que aún no ha podido inscribir a casi ningún jugador porque está en la quiebra y además ha sufrido un palancazo, pretende hacernos creer que puede comprar e inscribir (lícitamente) a Bernardo Silva y a Joao Cancelo. Es como si uno vende un Ford Fiesta blanco y un jersey amarillo e intenta adquirir un Porsche 911 y un polo Ralph Lauren. Durante la película, y en aras de facilitar el tongo, se recurre a la mantequilla institucional, aplicada en los lugares apropiados para conseguir colar lo que en condiciones normales no cuela y lograr que todos los actores implicados hagan la vista gorda ante posibles irregularidades en estas operaciones realizadas en la zona trasera de la legalidad.
Mientras tanto, y para amenizar la película, se desarrolla una subtrama onanista con Messi como actor principal, glorificando gestas tan heroicas como anotar un doblete al Orlando mientras Mickey Mouse come macarrones con tomate en una florida tarde.
A nosotros, sinceramente, El último tongo en París nos parece una fraude más que añadir a la filmografía fraudulenta del FC Barcelona, aunque mucho nos tememos que nos la volverán a colar, con o sin lubricante.
Lo más destacado de Marca lo hallamos en su faldón. Tilda de autocrítica arbitral la declaración de Medina Cantalejo en la que afirma que “La temporada pasada no fue buena. Habrá menos empleo del VAR”, cuando de manera prístina está abogando por fomentar la discrecionalidad arbitral en detrimento del empleo de medios más objetivos.
Pasad un buen día.
Hola de nuevo:
Era 2014 y nos entrenaba Ancelotti. El Madrid venía de sacudirse doce años de obsesiones gracias a la reciente consecución de la Décima y, de repente, con el inicio del curso escolar rompió a jugar de manera excepcional. Si no pareciera un alarde desmesurado se podría decir que la racha de veintidós victorias consecutivas, récord de la historia del club, fue incluso lo de menos. Ese reguero de trequartistas que poblaba el mediocampo blanco y que hilvanaba combinaciones hasta llevar el balón al mazo de Madeira con guante de seda del Ródano constituía un extraordinario disfrute. Desde el Basilea hasta el equipo del Papa, pasando por el Liverpool o el Barcelona, todos hincaron la rodilla, sometidos. Con la guinda final de la proclamación del Madrid como campeón del mundo en Marruecos. Como sucede con todos los instantes felices, en el momento uno nunca lo sabe, siempre es necesario que transcurra el tiempo, pero para los madridistas millennials quizá fue el mejor otoño de nuestras vidas.
A menudo me adviertes, sin duda con ánimo protector, de que la fatalidad se esconde en cada esquina y, según nos enseñó Nassim Nicholas Taleb, la sucesión de días apacibles no garantiza que las cosas no puedan torcerse de forma imprevista. He ahí el cristalino ejemplo del pavo, acostumbrado a que el granjero lo alimente cada jornada, que peca fatalmente de exceso de confianza cuando de nuevo lo ve aparecer, tan alegre como de costumbre, la mañana de Nochebuena. Algunos aprendimos una cruel lección similar en aquel final de una temporada que prometía magnífica. Con la entrada del 2015, aquel Madrid de Ancelotti fue acusando el exceso de kilómetros de sus jugadores fundamentales, las lesiones y el cansancio hicieron mella y, pese a los encomiables esfuerzos por llegar a la orilla, se acabaron entregando todos los títulos en bandeja al Barça. Semejantes experiencias dejan secuelas inevitables: curten el ánimo hasta el punto de no permitirte contemplar un partido del todo tranquilo hasta el pitido final, a pesar del cinco a cero en el marcador.
Con la entrada del 2015, aquel Madrid de Ancelotti fue acusando el exceso de Km de sus jugadores fundamentales, las lesiones y el cansancio hicieron mella y, pese a los encomiables esfuerzos por llegar a la orilla, se acabaron entregando todos los títulos en bandeja al Barça
Quizá te preguntes a qué viene remover este lacerante asunto ahora, y sin duda tienes derecho a una explicación. Recordarás que hay una frase muy manoseada del 18 de brumario de Luis Bonaparte de Marx, según la cual la historia se repite dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa. Es probable que la analogía no sea perfecta, pero el columnista siempre está obligado al esfuerzo. Acompáñame y demos, pues, un salto en el tiempo.
Llegó 2022 y también nos entrenaba Ancelotti. El Madrid venía de sacudirse la obsesión de la salida de Ronaldo gracias a la reciente consecución de la Decimocuarta y, de repente, con el inicio del curso escolar rompió a jugar de manera excepcional. Si no pareciera un alarde desmesurado se podría decir que la racha de partidos consecutivos invicto fue incluso lo de menos. Esa pareja de brasiniños que culebreaba en la delantera blanca y que hilvanaba combinaciones, escoltada por un mazo uruguayo supuestamente destapado del todo al fin, constituía un extraordinario disfrute. Desde el Celtic hasta el equipo del pueblo, pasando por el Eintracht de Fráncfort o el Barcelona, todos hincaron la rodilla, sometidos. Con la guinda final de la proclamación del Madrid como campeón del mundo en Marruecos. Con la entrada del 2023, este Madrid de Ancelotti fue acusando el exceso de kilómetros de su jugador fundamental, las lesiones y el cansancio mundialista hicieron mella y, pese a los encomiables esfuerzos por llegar a la orilla...
Llegados a este punto, te confieso que me veo obligado a detener la comparativa. No solo porque la herida sea más próxima que la de 2015 y continúe escociendo demasiado. También porque, objetivamente, el tramo postrero de la temporada 2023 ofreció los suficientes alivios, a diferencia de su homóloga, como para evitar considerarla un derrumbe total. No en vano han sido las goleadas en Anfield, en el Camp Nou y el título de Copa lo que probablemente ha otorgado una vida extra a Ancelotti, evitando calcar al dedillo el desenlace del cuento. De momento, claro. No te sorprenderás si te señalo que el Madrid 2023-24 no solo está condenado a evocar a Sísifo, como acostumbra; el curso próximo comienza combinando este mito con el de Damocles.
No te sorprenderás si te señalo que el Madrid 2023-24 no solo está condenado a evocar a Sísifo, como acostumbra; el curso próximo comienza combinando este mito con el de Damocles
Antes de que me reproches falta de agradecimiento, te adelanto que me limito a describir la realidad, la cual no necesariamente coincide con mis anhelos. Bien sabes que, desde el punto de vista estético, considero imposible detestar a Ancelotti en su papel de técnico del Real Madrid. Su elegante carisma de bon vivant. Su carácter flemático y discreto. Su mano izquierda, no exenta de ironía. Aunque también reconozco que la paz y el respeto que nos inspira a sus partidarios nos hacen pasar indulgentemente por alto sus inclinaciones esporádicas al conservadurismo y sus posibles errores en la dirección de campo de partidos concretos. En cualquier caso, desengañémonos, ni siquiera Ancelotti podría soportar un segundo despeñamiento definitivo del equipo sin que esto tenga consecuencias en la impronta que ha dejado en nuestros corazones. Conviene que el italiano lo tenga presente ante la llegada de una temporada aún más comprometida de lo habitual. Al fin y al cabo, otra frase de Marx hace referencia a que lo sólido se desvanece en el aire. Y qué duda cabe de que este Madrid de la transición eterna entre los vestigios de los jerarcas y el liderazgo nunca asumido del todo por los jóvenes —especialmente por ese joven innombrable que vive en París, cuya palabra bastaría para sanarnos—, todavía no ha terminado de cuajar.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.
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Me pasa Bengoechea un vídeo de Tchouaméni tocando el piano y vestido de corto, en lo que parece el vestíbulo de un hotel. No hay más contexto y no he querido averiguar nada más sobre ese vídeo. Para qué contaminar ese momento con el ruido del mundo. Es mejor así: Tchouaméni, el uniforme del Real Madrid, el móvil apoyado sobre el piano y las manos, grandes y negras, escribiendo poesía en el aire. No importa de qué música se trate, ni quién sea su autor. Es Tchouaméni convertido en Glenn Gould, tocando para sí mismo y regalándonos unas Variaciones Goldberg premiosas, calladas, palpitantes de vida y de melancolía. Un momento de hermosa languidez, puro, desconectado de la realidad, casi como salido de un sueño.
Tchouaméni es un morrosko de imponente presencia, pero hay algo en él que es cálido como la primera luz del alba. Un poco a lo William Munny, un justiciero implacable con las botas manchadas del polvo del camino y con el alma llena de cicatrices, pero capaz de transmitir ternura —concisa, seca, profunda— a la prostituta vejada. Tchouaméni vino a reemplazar a Casemiro, que no es empresa pequeña, y puede que no tenga la mirada noble de Nadal que caracterizaba al brasileño, pero le sobra calidad, mando y —antes lo intuíamos, ahora lo sabemos— sentimiento. Tchouaméni convierte el centro del campo en su jurisdicción y su presencia en la ley, pero también interpreta Canciones sin palabras con su fútbol de toque preciso, viril y refinado, temible y distinguido. Tchouaméni juega como toca ese piano del que nada sabemos, y alumbra insospechadamente la posición de medio centro defensivo con su fútbol recio y delicado. Y al hacerlo, convierte esa demarcación de brega, oscura y sombría, en una oportunidad para la belleza, que brota, improbable y risueña, de la honda negrura camerunesa, deshaciendo la oscuridad como el rayo de luz que se cuela por una rendija. Si algo nos enseña el piano de Tchouaméni, es que el francés está destinado a ser no sólo el puntal defensivo del rombo ancelottiano, sino el faro cuya luz habrá de guiar al Madrid a nuevas cotas de grandeza.
Tchouaméni juega como toca ese piano del que nada sabemos, y alumbra insospechadamente la posición de medio centro defensivo con su fútbol recio y delicado
Hay, así, mucho madridismo reconcentrado en esos breves segundos de vídeo lacónico, sencillo y sin pretensiones. Ahí está, para quien quiera verlo, la promesa de glorias futuras, el acierto de un fichaje cuya luz acabará imponiéndose (ya lo está haciendo esta pretemporada) a la alargada sombra de Casemiro, el eje que habrá de dar equilibrio a nuestro equipo durante los próximos años, y que lo hará sin renunciar a la belleza, a la luz y a la elegancia, porque qué es todo eso sino la esencia última del Real Madrid. Ya lo cantaba Gazebo: Remember that piano so delightfully unusual... I like Tchoupin.
Así es, galernautas. Uno de los más grandes escritores que ha dado este planeta en general y este país en particular, el célebre poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca también es madridista. Y no lo digo yo por decirlo, porque se me antoje o porque desee que así lo fuera. Lo dicen las pruebas, irrefutables como el sol que se asoma cada mañana y se marcha a su reposo en cada ocaso. Y lo dijo el propio poeta granadino cuando definió al Real Madrid como, y cito textualmente palabras de Federico, “lo más elevado, lo más profundo, lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad universal.” Una parte de mi malograda memoria trata sin éxito de recordarme que a lo mejor Lorca no se estaba refiriendo con estas palabras al club blanco, pero viendo una definición tan precisa, elegante y acertada del club de nuestra vida, opto en cambio por fiarme de mi instinto, pues ¿a qué otra cosa podría referirse Lorca al emplear estas palabras si no al Real Madrid?
Afortunadamente no tenemos que fiarnos de la memoria de este humilde servidor que les escribe, ya que existen pruebas gráficas que demuestran de manera fehaciente el ferviente madridismo de Federico. En la siguiente imagen pueden ustedes ver a Lorca, como un madridista más, posando ante nuestra diosa Cibeles, símbolo inequívoco de cada título blanco.
Existen pruebas gráficas que demuestran de manera fehaciente el ferviente madridismo de Federico García Lorca
Por supuesto, este hecho puede no ser más que una mera casualidad, pues al fin y al cabo, ¿cuántas personas no se habrán hecho una foto con la diosa Cibeles de fondo sin tener que ser necesariamente seguidores del club blanco? Podría ser una casualidad si no fuera por la fecha de la que data esta fotografía, que fue realizada el 6 de junio de 1932. ¿Y qué pasó ese año apenas un par de meses antes de la realización de esta instantánea? Pues nada más y nada menos que el histórico hecho de que el Real Madrid, bueno, el Madrid Football Club —ya que era el primer año en el que la liga se celebraba bajo la recién proclamada Segunda República Española y esta no permitía los títulos de realeza— consiguió su primer título liguero de la mano (o manos) de su portero Ricardo Zamora (el equipo consiguió aquella liga de manera invicta). De modo que no sólo Lorca fue acérrimo madridista sino que probablemente fuera la primera personalidad que instauró la costumbre de acudir a la diosa Cibeles a presentar cada trofeo que obtenía el club madridista hasta que, pasados los años 70, el resto del madridismo comenzara a hacer buena dicha tradición.
Pero Federico García Lorca no se conformó únicamente con ser madridista. Lorca era puro madridismo. Tan universal como el sentimiento blanco que arraiga en cualquier zona geográfica del planeta, Federico no se acomodó en nuestras tierras sino que viajó a otras partes del mundo, inspirándose e inspirando, dejando imborrables letras, recuerdos y amistades allá por dónde pisaba. Desde Granada hasta La Habana. Desde Santiago de Compostela hasta Montevideo. Desde Barcelona hasta Buenos Aires. Desde Madrid hasta Nueva York. Como si de una pretemporada del club galáctico se tratara.
Federico entendía mejor que nadie la exigencia que requiere un club de tal grandeza como el Real Madrid y de ahí que incluso se tomara la molestia de dedicarle al soberano del templo blanco esta pequeña oda a las pañoladas que han hecho célebre a nuestra afición:
“¡Ay qué trabajo me cuesta
Quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire,
El corazón
Y el sombrero.
¿Quién me compraría a mí
Este cintillo que tengo
Y esta tristeza de hilo
Blanco, para hacer pañuelos?
¡Ay qué trabajo me cuesta
Quererte como te quiero!”
Casi eternamente incomprendido en vida, como el Real Madrid, que ya saben ustedes que siempre lo hace todo mal, Lorca fue una rara avis de lo suyo. Un maestro poeta de rima asonante, que en un principio puede poseer una menor musicalidad que la consonante salvo en el caso del granadino, que consigue que cuando se lee en voz alta un poema suyo, el lector se quede embelesado e hipnotizado cuál espectador madridista contemplando una contra del Real Madrid de Mourinho y sencillamente no pueda dejar de leer con admiración. Dos pases en corto, una sola rima asonante en los versos pares, un veloz desmarque de Di María que lee astutamente Özil, una pregunta retórica y cargada de ironía, un balón al que se adelanta y remata Cristiano, un estribillo que se repite y la obra maestra queda completa y sólo mejorable por una partitura de James Newton Howard.
No solo era madridista, sino que Lorca instauró la costumbre de acudir a la diosa Cibeles a presentar cada trofeo que obtenía el club madridista
A nivel poético, Lorca era un autor con una habilidad pasmosa para mezclar un nivel cultural muy alto con elementos más castellanos o tradicionales como el flamenco de una forma muy natural. Poetizaba con esa cultura humilde de pueblo de tan pulcra manera, con un uso tan bello de sus metáforas más habituales (mención especial a la luna y la sangre) que podía parecer que estaba trasladando al lector ambientes de la más alta aristocracia. En eso, Federico también nos evoca al Madrid de Zidane (entrenador), que sobaba y sobaba la bola durante minutos (“no juega a nada”—esbozaban indignados los agoreros, perdón, los periodistas—), pareciera que con parsimonia, casi hasta con simpleza y sin intención asesina, pero nada más lejos de la realidad. Cambiaba el juego de un lado a otro. Iba encontrando espacios y jugadores. El rival basculaba de un lado a otro y cuando uno de ellos giraba la cabeza, de repente se encontraba contemplando a su propio cancerbero recogiendo el balón de su red y a los blancos celebrando el pertinente gol. Lo mismo ocurre con un Lorca al que uno empieza a leer pensando que no tiene gran cosa de especial hasta que uno mira el reloj y se da cuenta de que lleva 3 horas leyendo sin poder soltar el libro.
Como maestro dramaturgo, Lorca siempre destacó por adentrarse como nadie en la tragedia humana, siendo capaz de transmitir los sentimientos de sus personajes a través de la potencia de sus diálogos; y pocos pueden dudar que si Federico hubiera vivido en esta época, no le habría faltado inspiración para sus obras en ese continuo drama que parecer acechar al Real Madrid. Los veranos sin fichajes, las derrotas en octubre, la falta del 9 o el culebrón Mbappé, por mencionar algunos ejemplos, hubieran dado al granadino no ya para su obra cumbre sino incluso para una decalogía que dejaría casi en comedias obras como La casa de Bernarda Alba o Bodas de sangre. De hecho, la última Champions que conquistó el Real Madrid bajo el mando de Carletto fue una historia con tintes lorquianos, cuyos en un primer momento crueles giros de guion parecieran trazados maliciosamente por la pluma del mismísimo Federico, y en la que el Madrid supo moverse como pez en el agua en la más oscura de las tragedias, manteniéndose siempre en el lado correcto del abismo para superar cada momento dramático que se le presentó hasta alcanzar un desenlace, esta vez sí, diferente a los que nos tenía acostumbrados el trágico autor andaluz.
Casi eternamente incomprendido en vida, como el Real Madrid, que ya saben ustedes que siempre lo hace todo mal, Lorca fue una rara avis de lo suyo
La vida de Lorca está cargada de paralelismos con la historia del Real Madrid. Si bien siempre fue un autor exitoso, sus obras fueron desde un principio mal entendidas o cuestionadas. Algunas de sus obras fueron recortadas o prohibidas en su estreno (Amor don Perlimplín con Belisa en su jardín) tanto por la República como posteriormente por la dictadura, que directamente las censuró. No hace falta ni explicar cómo el Madrid ha sido capaz de ganar Champions pese a no jugar cómo los cánones de los eruditos mandaban o sin fichar a los jugadores que la prensa demandaba. Además, el autor granadino demostró una gran polivalencia literaria al no encorsetarse en un solo género, sino ser capaz de mostrar su talento innato tanto en poesía como en teatro o prosa, de igual manera que el club blanco ha sido capaz de obtener sus triunfos más destacados adaptándose a diferentes estilos. Incluso se podría hallar cierta semejanza en esa turbulenta relación de Lorca y el imponente artista catalán Salvador Dalí, que influyó de gran manera en su vida y obra con la relación del Real Madrid y el FC Barcelona, condenados a la ruptura pese a los intentos de Florentino Pérez por mantener una mayor cordialidad. Quizá sea algo exagerado comparar el episodio de El perro andaluz (supuesta broma conjunta de Buñuel con Dalí a costa de Lorca) con respecto a la traición de Laporta en 2004 (no sólo al Real Madrid sino también al resto de equipos de la liga, que esto acostumbra a caer en el olvido) o incluso con la próxima y esperada puñalada trapera de Joan en el asunto de la Superliga, pero ahí quedan esos episodios.
Otro aspecto en el que convergen el Real Madrid y Lorca es en el político. Ambos han sido continuamente utilizados como arma arrojadiza por diferentes bandos que los han tildado de abanderados políticos pese a la incomodidad que esto producía a Federico y produce al Real Madrid. Es cierto que Lorca estuvo relativamente vinculado a la República (fue funcionario de la Junta Nacional de Música y Teatro Lírico). Tan cierto como que los círculos sociales en los que se movía realizaban la circunferencia completa del espectro político a raíz de la gran mentalidad abierta y sociable de Federico: desde Jose Antonio Primo de Rivera (extrema derecha) hasta su colega Rafael Alberti (izquierda radical). Sin embargo, Lorca no se consideraba político como tal sino un artista, como él mismo defendió con cierto malestar en una entrevista posterior a la presentación de una de sus obras: “Yo nunca seré político. Yo soy un revolucionario porque no hay verdadero poeta que no sea revolucionario. Pero político no lo seré nunca. ¡Nunca!”.
Al Madrid, por su parte, le han recriminado injustificadamente ser el equipo del régimen franquista y atribuido sus éxitos deportivos y títulos internacionales al imaginario poder que poseía el caudillo español sobre el deporte europeo. Independientemente de las pruebas y documentos gráficos que se aportan y que demuestran no sólo que el Real Madrid no era el equipo con el que mejor relación tenía Francisco Franco, ni el que más ayudas recibió; sino que incluso la relación del régimen franquista con el Real Madrid no era precisamente la más cordial, la etiqueta del equipo de Franco parece ser una de esas que nos va a acompañar a lo largo de la historia.
En cuanto a una comparación con jugadores de la amplia historia blanca, intuyo que a muchos les pedirá el cuerpo comparar a un poeta con otro y establecer una convergencia lírica y futbolística entre Federico García Lorca y Zidane. Es inevitable pensar en el vocablo “poesía” e impedir que la primera imagen futbolística a la que les catapulten sus cerebros sea la de Zidane realizando uno de esos controles imposibles, una de sus célebres ruletas con las que se escabullía de sus rivales o su mágica volea en la final de Glasgow. Sin embargo, en mi caso se me antoja más natural establecer una comparación con otro jugador con una menor historia en el conjunto blanco pero que dejó una huella inolvidable amén de su inconfundible y especial talento: Mesut Özil.
Y lo hago por un motivo en concreto a raíz de unos comentarios del propio Federico acerca de su infancia en los que comentaba que se consideraba a sí mismo un gran observador, dado que creció paseando y observando diferentes paisajes que escrutaba con meticulosidad para posteriormente escribir precisa y detalladamente sobre ellos. Lorca siempre se preció de cuidar su visión y fijarse en cada detalle de cuanto le rodeaba, lo cual le ayudó también a conocer la intimidad de la naturaleza humana de quienes le circundaban. Si hay algún jugador blanco que se haya caracterizado por una visión de juego infinita, con permiso de José María Gutiérrez, ese ha sido el germano Mesut Özil. El alemán tenía un verdadero don para visualizar la posición de sus compañeros, por lejana que fuera, y otro don que terminaba de complementar y perfeccionar al mismo con esa precisión que le permitía dar unas asistencias impredecibles a un compañero que se encontraba absolutamente desmarcado y al que lo único que le podía urgir ya era pensar en cómo celebrar ese gol inesperado que le acababa de regalar nuestro Mesuto. Su capacidad de asistir de la manera más inverosímil posible, sumada a su elegante y grácil zancada hicieron de Özil un verso tan libre en el campo como lo fue escribiendo Federico García Lorca.
Si queda algún aspecto que resalte lo mucho que comparten Lorca y el Real Madrid es sin duda el más importante: y es que siempre vamos a poder disfrutar de ambos y recordar con mimo y cariño sus obras más importantes. Porque por mucho tiempo que haya pasado y por muchas vicisitudes que atravesaran club y escritor, si algo tiene Lorca del Real Madrid es que es eterno. Les deseo un buen día mientras me marcho recitando ese otro poema que Lorca le dedicó al Madrid y que decía: “Blanco, que te quiero blanco…” ¿O era verde? No, estoy casi seguro de que era blanco.
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Nacho Fernández es el nuevo capitán del Real Madrid. En el Madrid no es baladí ser el gran capitán. En un club castizo y generoso que se rige por valores a la antigua usanza, ser el máximo baluarte de la capitanía es tener mando en plaza. El señor Fernández será el primus inter pares. Así pues, para la temporada 2023/2024 los portadores del brazalete son: Nacho, Modric, Carvajal y Kroos. Así queda la capitanía: dos madrileños y dos leyendas foráneas. Dos canteranos que aman a su Madrid con locura y dos figuras estelares del centro del campo. Los cuatros son jugadores queridos por la afición y que conocen a fondo el vestuario del primer equipo. Síntesis perfecta del espíritu universal del Real Madrid.
Nuestro nuevo capitán bien merece que nos ocupemos de él. Para mí, el capitán de un vestuario es el prócer del equipo. Un sabio. Un padre para los chavales. Un espejo donde han de mirarse los canteranos. Un reflejo del madridismo dentro y fuera del campo. Por todo ello, me gustaría loar su figura. Procedo.
Ser capitán nunca es fácil. Y menos en el Real Madrid. Es un vestuario plagado de estrellas y de jóvenes promesas. El capitán debe mediar, balancear egos y estatus
Don José Ignacio Fernández Iglesias, natural de Madrid, nació un 18 de enero de 1990. Con 33 años, acumula a sus espaldas doce temporadas. Fue don José Mourinho quien le hizo debutar un 23 de abril de 2011. El escenario fue el Estadio de Mestalla, marco incomparable, plaza de tronío. Es decir, el defensa matritense debutó como debutan los grandes: al más alto nivel y con la afición rival en contra. El mariscal de Setúbal conocía perfectamente al canterano. Lo había estudiado y sabía de su potencial y versatilidad. El mariscal de Setúbal ponderaba la valía del defensa. Las espadas en todo lo alto. La afición de Mestalla rugiendo en plena mascletá emocional. Y ahí, en mitad del ruedo nacional, don José Ignacio Fernández Iglesias. Plantado, en su sitio. Sin miedo alguno, con toda la valentía del mundo. Seguro de sí mismo. Concentrado. El canterano sabía que era su gran oportunidad y la iba a aprovechar. Porque Nacho Fernández, parafraseando a Jaime Gil de Biedma, como todos los jóvenes vino al mundo para llevarse la vida por delante.
Aquel partido en Valencia acabó con un 3-6 a favor del Madrid y Nacho, a pesar de unos calambres que casi le cuesta no acabar el encuentro, aguantó como el Cid Campeador hasta el final del mismo. Creo que este espíritu estoico simboliza al jugador y a la persona. A Nacho nadie le ha regalado nada. Ni en la vida ni en el fútbol. Es un hombre hecho a sí mismo. Es un tío por derecho. Por derecho, levantó una carrera espectacular en el mayor club de la historia del fútbol. Y todo esto lo hizo contra todo pronóstico. Pues, como usted y yo sabemos, en el Madrid siempre llega en verano algún fichaje de última hora que relega al canterano al banquillo. ¿Quién sale adelante? El canterano capaz de sobreponerse a la adversidad. Es decir, Nacho el estoico.
Ser capitán nunca es fácil. Y menos en el Real Madrid. Es un vestuario plagado de estrellas y de jóvenes promesas. El capitán debe mediar, balancear egos y estatus. En ese vestuario, es cosa fina erigirse capitán pues el Madrid es el Madrid y nada más. Al igual que no existe ni existirá un club de la dimensión del Madrid, no existe otro capitán como el del Madrid. Nacho sabe que ser capitán del club de Concha Espina es asumir mucho peso sobre sus espaldas porque, como todos aprendimos gracias a Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Nacho será un gran capitán. Una figura sana y sabia. Un veterano laureado que narrará los entresijos del club a los noveles que llegan al Madrid
A lo largo de su carrera, Nacho ha tenido a muchos capitanes. Primero, Casillas. Segundo, Ramos. Y, por último, monsieur Benzema. ¡Qué trilogía! Cada cual de su madre y de su padre. Casillas, el ponderado. Ramos, el pura sangre. Benzema, el tranquilo. Intuyo que de los tres habrá sacado muchas cosas. A su vez, el defensa madrileño tomó como guía otros segundos y terceros capitanes como Casemiro o Modric, por citar grandes nombres que en las últimas temporadas han ejercido en el campo la capitanía.
Como aficionado y conocedor del Real Madrid estoy encantado con la capitanía de Nacho Fernández. Estoy seguro, como lo estamos todos, de que Nacho será un gran capitán. Una figura sana y sabia. Un buen hombre que le dará los mejores consejos del mundo a los jóvenes. Un veterano laureado que narrará los entresijos del club a los noveles que llegan al Madrid. Porque Jude Bellingham o Brahim Díaz necesitan ese gran Faro de Alejandría que es Nacho Fernández. Porque la afición del Madrid quiere y admira al seis del Madrid. Oh, capitán, mi capitán, en usted confío.
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