No es la raza. ¿A quién coño le importa la raza hoy? Si apenas quedan cuatro blancos en la Europa del suicidio demográfico y a nadie parece importarle lo más mínimo. No, no es racismo. Es antimadridismo. Es negreirismo. Solo eso. Podemos comprar la mercancía averiada de los debates ficticios posmodernos, y llenarnos de brazaletes, de spots bienintencionados, de iconitos cojoneros en las retransmisiones, y de todo lo demás, pero estaremos poniendo la solución donde no está el problema. A Vini Jr. no le insultan por negro, le insultan por ser el mejor jugador del mundo y por ser del Real Madrid, el mejor club del mundo y, por tanto, el más admirado fuera y el más odiado dentro de nuestras fronteras, en buena parte gracias a las campañas de odio que durante años han impulsado los del Negreira Fútbol Club, pero no quiero desviarme.
Se trata de un problema exclusivo de la Liga española. No de España, ni del Real Madrid, ni —por supuesto— del jugador. Antes de empezar todo este lío, los que consintieron que hubiera carta blanca para atizar a un futbolista impunemente, vaya usted a saber por qué, fueron los árbitros. Los que provocaron que partido a partido se caldeara el ambiente dentro y fuera del césped fueron ellos, negándole la protección del reglamento a nuestro crack. Los primeros en faltarle al respeto a Vini Jr. fueron los colegiados españoles, que lograron sacarlo de quicio a base de poner un listón diferente al que reciben el resto de los jugadores. Que alguien se lo repita a los del VAR, por si ven la repetición: solo le ocurre en España, solo aquí.
Después vinieron los insultos, las protestas, las tanganas, y la sucia estrategia de muchos rivales que vieron la oportunidad de vencer a un equipo invencible a base de machacar física y verbalmente a su jugador más desequilibrante. A menudo la afición es una correa de transmisión de lo que ven en su campo, en su entrenador, y en el árbitro, que a veces también es su árbitro. Hemos visto a entrenadores basando su estrategia exclusivamente en romperle las piernas a Vini Jr y provocarle todo el partido.
No, no es racismo. Es antimadridismo. Es negreirismo. Solo eso
En el Madrid, antes que Vini Jr. fue Cristiano Ronaldo. “Ese portugués, hijoputa es” no era un insulto racista. Ronaldo habría recibido el mismo insulto si fuera de Talavera de la Reina, de París, o de la Aconcagua. Y, al igual que nuestro 20, no habría recibido ninguna agresión verbal si no hubiera sido el mejor. Y si Vini Jr. fuera blanco como su camiseta, o hubiera nacido en Buenos Aires, o fuera el mismísimo Toni Kroos, estaríamos en la misma situación, cambiando un insulto por otro.
Sé que algunos madridistas no compartirán mi opinión. Pero estoy convencido de que reducir toda esta situación surrealista a una suerte de racismo nacional subyacente es dar la espalda al verdadero problema, y permitir que quienes tienen la responsabilidad de lo que ocurre puedan lavarse las manos, carraspear un poco, y darnos la turra con discursos grandilocuentes sobre lo intolerante que es España, y que hay que ver, en el siglo XXI y racismo, cuanto reaccionario suelto, para terminar finalmente echándole la culpa a Franco, a don Pelayo, o al sursum corda. Y problema resuelto. Los cojones.
Los insultos en los estadios no han empezado ahora. Desde Míchel hasta Vini Jr., hemos crecido escuchando atronadoras barbaridades en cada estadio, algunas incluso divertidas e ingeniosas, y otras llenas de odio, o de una grosería insoportable, como todas las que aluden al aspecto físico de un futbolista o a sus circunstancias personales. Pero de hecho, cosas mucho peores que lo de nuestro Vini Jr. hemos vivido, por ejemplo en el Camp Nou en los últimos treinta años. Ocurre que ahora hay más sensibilidad y supongo que eso es una buena noticia. La pregunta es dónde poner la frontera. ¿De qué vale que se pare el juego si el estadio corea “mono” y no se si el estadio corea “hijo de puta”? Es todo de una hipocresía cósmica. O se permiten todas las faltas de respeto o ninguna. Pero incluso eso es un problema aparte que tal vez deberían analizar los propios clubes, igual que en su día los decentes optaron por acabar con los ultras y los indecentes no. A propósito: en los campos que lo hicieron, hay mucho mejor ambiente y muchos menos insultos desagradables desde entonces. En los otros siguen ahorcando muñecos con figuras de futbolistas.
Pero lo de Vini Jr. es otra cosa que unos cuantos insultos. Contra él ha valido todo esta temporada, que es en la que definitivamente llamó a las puertas del Balón de Oro. Si uno de los pocos jugadores que le ponen sal al fútbol moderno, de los pocos que encara e intenta locuras con el balón, de los pocos que aún pueden entusiasmar con este deporte a las nuevas generaciones —cada vez más alejadas del fútbol, como ha dicho mil veces Florentino—, si la mayor estrella de la Liga Española está pensando en largarse a jugar a otro país, no es porque tengamos un problema de racismo sistémico en las calles. A otro perro con ese hueso. Sino porque tenemos una liga de mierda. Corrupta y devaluada. Una Liga que genera un grave problema y después intenta ocultar su responsabilidad escondiéndose detrás de las banderitas de “Stop Racismo” y que todos nos unamos de la manita, y aquí no ha pasado nada. No cuela. Están acosando a un jugador en todos los campos de España porque ustedes, los que mandan, lo hicieron primero. Asuman su responsabilidad de una vez y no nos den más el coñazo.
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El quizz de esta semana versa sobre Vini.
¿Eres de los que crees que sabes todo sobre el valiente futbolista del Real Madrid?
¡Demuéstralo!
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Buenos días. El matón recula. El matón tiene miedo. El matón ha visto las orejas al lobo. El matón quiere arrogarse ahora el papel de defensor de la víctima y de adalid en la lucha contra los matones. Pero es muy tarde para creer al matón.
Después de poner a Vinícius en el foco, después de ser corresponsables del acoso sufrido por el jugador, después de no mover un dedo en ninguno de los casos de acoso racial sufrido por Vinícius Junior en los diferentes campos de España, Marca pretende erigirse ahora en la bandera del antirracismo.
Esta tardía portada de Marca no responde a un convencimiento propio, a una obligación moral, sino que es consecuencia del miedo, del miedo que tiene Marca a no subirse al barco de Vini tras el apoyo internacional sin precedentes recibido por el jugador del Real Madrid y la condena unánime de todos los que no son racistas en el mundo.
Marca sabe que ha estado alimentando a la bestia y ahora se arredra después de que el presidente de Brasil, la CBF, Infantino, Ronaldo Nazario, Mbappé, Neymar, Xavi Hernández, Rio Ferdinand, Kaká, Lineker, Casemiro, Roberto Carlos, New York Times, The Mirror, Washington Post, L’Equipe, etcétera condenaran sin peros el racismo, y pretende subirse a última hora al barco de Vini, de la ley y de la moral.
Y lo hace apenas un día después de haber equiparado la discriminación racial con las reacciones de un chaval de 22 años al que miles de personas le han gritado “negro de mierda”, “Vinícius, muérete” y lindezas del estilo. “Intolerable (todo)” decían ayer en pequeñito. Mejor dicho: “intolerable” en pequeñito y “(todo)” en un cuerpo de letra mayor, para situarse no solo en un punto de intolerable equidistancia, sino para regañar MÁS a Vinicius que a sus xenófobos agresores.
Es tarde, Marca, muy tarde.
Peor es no rectificar, como Superdeporte. Ayer publicaban en portada: “Ancelotti, no mientas. Vinícius, no provoques” después de que cualquier adulto funcional comprobara que ni Ancelotti mentía (hay innumerables vídeos en los que se escuchan los insultos racistas) ni Vini provocaba (comenzaron a llamarle mono nada más bajarse del autobús). Luego le desearon la muerte, miles de personas, pero lo grave es que él, desesperado, en un acto censurable pero comprensible como reacción, les respondiera “A segunda”. Es como si te ponen una navaja en el cuello para robarte y después te acusan de haber empujado al atracador para zafarte.
Hoy titulan “¡BASTA YA!”. En un primer momento, ilusos, pensamos que se referían al racismo, pero se refieren a una supuesta campaña que hay desde Madrid, que las víctimas son ellos y que Mestalla no es un estadio racista. ¿Qué demonios consume esta gente?
Sí, es una campaña desde Madrid en la que participan el New York Times, el Mirror, L’Equipe, el Gobierno de Brasil, los mejores futbolistas del planeta, el presidente de la FIFA. Alipori.
En el punto 3 acusan a Ancelotti de denunciar en falso que todo Mestalla cantase “mono, mono” a Vini, porque, según ellos, coreaban “tonto, tonto”. Debe de ser la primera portada de la historia que defiende el llamar tonto a un jugador rival.
Veamos el vídeo en el que se escucha cómo gran parte de Mestalla corea insultos racistas. Hasta los tontos entienden lo que dicen.
A cada rodada fora de casa uma surpresa desagradável. E foram muitas nessa temporada. Desejos de morte, boneco enforcado, muitos gritos criminosos... Tudo registrado.
Mas o discurso sempre cai em “casos isolados”, “um torcedor”. Não, não são casos isolados. São episódios… pic.twitter.com/aSCMrt0CR8
— Vini Jr. (@vinijr) May 22, 2023
¿Es Mestalla racista o no lo es?
Con respecto a esta cuestión conviene poner en su lugar a los que culpabilizan al propio Vinícius de los insultos racistas que recibe con el argumento de que le pasa en todos los campos, pero acto seguido dicen que ESPAÑA NO ES RACISTA. ¿Dónde está la coherencia? ¿Cómo podemos afirmar por un lado que EN TODOS LOS CAMPOS DE ESPAÑA VINI RECIBE INSULTOS RACISTAS y luego negar que en España haya racismo? Lo que ocurre es que duele reconocer la verdad cuando esta nos pone delante del espejo.
No podemos olvidar el papel que ha jugado El Chiringuito. Llevan años acosando mediáticamente a Vinícius, siendo instigadores del odio que recibe. Pedrerol mantiene en su programa a un racista llamado Pedro Bravo que dijo que “Vinícius tenía que dejar de hacer el mono”. Pues bien, Josep también dio un saltito vergonzoso para subirse al carro del antirracismo. Siempre bajo el sol que más calienta.
https://twitter.com/MadridXtra/status/1660641803815583747?s=20
El resto de colaboradores necesarios que hasta ahora también habían callado hoy, movidos por la reacción internacional de apoyo al 20 madridista, también se han vuelto de repente antirracistas y condenan el acoso a Vini, incluida (sí) la prensa cataculé, que ayer mismo ponía el foco en Vini. “Follón Vinicius y KO merengue”, “¡Escándalo Vinicius en Mestalla!”, titulaban miserablemente ayer. Hoy, hipócritas como ellos solos, se vuelvan con el brasileño.
As destaca que Florentino se reunió con Vinícius para mostrarle su apoyo y asegurarle que el club va a ir hasta el final en su defensa. El Real Madrid emitió ayer dos comunicados. En el primero mostraba su repulsa y condenaba los ataques sufridos por Vinícius en Valencia y anunciaba las pertinentes acciones legales. En el segundo agradecía las solidaridad internacional recibida y ponía en su lugar a Rubiales y al estamento arbitral.
A este respeto, también leemos en As que la Federación despide a seis árbitros de VAR, incluido Iglesias Villanueva, que privó a De Burgos de las imágenes en las que se apreciaba cómo Hugo Duro estrangulaba a Vinícus antes de que este se zafase y resultase expulsado por tal motivo.
La Federación y el estamento arbitral también tienen miedo, sus gerifaltes ven peligrar las poltronas que ocupan, los Rolex, los suculentos emolumentos, las prebendas, y han decidido comenzar a cargarse a los de abajo con la esperanza de mantenerse en el poder.
Vinícius está harto, como bien publicó ayer en sus redes sociales, “no es fútbol, es inhumano”. Hay que ser miserable no solo para proferir insultos racistas, sino para no tomarlos en serio, para fomentarlos, para no condenarlos y también para recular cuando ves que tienes a todo el mundo civilizado en contra y temes por tus habichuelas, no porque tengas la convicción moral de ello.
No sabemos si toda esta reacción habrá llegado tarde. No es descartable que Vinícius haya llegado a un límite insalvable y que ya todo esfuerzo sea vano. Si se llegase a esa situación, no se le podría reprochar nada.
Vinícius ya ha hecho lo que nadie en lo deportivo: sobreponerse a las burlas de todos y darle una Champions al Real Madrid. Ahora va a ser (está siendo) clave en lo social, un antes y un después en la lucha contra el racismo en España. 22 años.
La Galerna siempre ha estado con Vinícius, desde el principio, no nos hemos subido al carro a última hora. Le hemos criticado futbolísticamente cuando hemos entendido que correspondía, pero jamás hemos dejado de apoyarle frente al racismo, la ignominia, la violencia física y verbal que sufre jornada tras jornada en esta liga corrupta de Maffeos, Raíllos, Negreiras, Roures, Rubiales, Tebas y demás personajes de medio (o ningún) pelo.
Pasad un buen día.
#TodosConVini
“Lo lamento por los españoles que no están de acuerdo, pero hoy, en Brasil, España es conocida como un país de racistas”. Ante estas palabras de Vinicius Jr. puedes reaccionar de dos maneras: dolido e indignado con el brasileño o asintiendo dándole la razón amargamente. En cualquiera de los casos estás colocado ante un espejo y su cruel pero demoledora realidad. Para hablar de todo lo que está pasando en las últimas horas apelaremos a Yoshinori Noguchi, autor de «La Ley del Espejo» que viene a profundizar en las teorías del psicoanalista Jacques Lacan. Básicamente se resumen en que “el mundo exterior actúa como un espejo, reflejando tanto nuestra luz como nuestra sombra, siendo un retrato de nuestro mundo interior”.
Mucho más sencillo y resumido en 4 claves:
Partiendo de esto vamos a analizar el problema. España es un país racista. Nos dolerá, pero es así. No es que sea el único país racista del mundo, pero es el nuestro y es el que nos debe preocupar. No es sólo racista, es un país enfermo de violencia y desprecio a los demás, a los que son diferentes, al que consideramos enemigo. Ahora que estamos en campaña electoral esto es una constante. No sé, tal vez sea herencia de nuestros ancestros que llevaron sus ideas al campo de batalla hasta la muerte. Yo iría más allá del racismo. España es un país que sería permanentemente finalista en el Mundial del bullying.
“Lo lamento por los españoles que no están de acuerdo, pero hoy, en Brasil, España es conocida como un país de racistas”. Ante estas palabras de Vinicius Jr. puedes reaccionar de dos maneras: dolido e indignado con el brasileño o asintiendo dándole la razón amargamente. En cualquiera de los casos estás colocado ante un espejo y su cruel pero demoledora realidad
Estoy hasta el gorro de escuchar que el fútbol es así, que el jugador tiene que acostumbrarse al ambiente hostil, que no hay que responder a las provocaciones, que hay que ignorarlos, que son cuatro gatos…Mire no. ¿Usted le diría eso a su hijo que es continuamente acosado en su colegio? ¿Metería el problema debajo de la alfombra? ¿Se lavaría las manos como hacen muchos directores para evitar la mala prensa? Pues sí, sí lo harían porque es la respuesta que damos como sociedad a estos comportamientos. Hablamos de racismo, pero se llama también xenofobia, homofobia, acoso…Y la consecuencia de poner todo el foco en la víctima, en este caso Vinicius Junior, es la siguiente:
-Denuncian insultos machistas contra la portera de un equipo infantil de fútbol que salió llorando del campo: “está soltera, por dónde se la quieres meter”.
-"En España se suicidan 25 niños menores de 15 años al año": las cifras de la dramática situación en España.
-Lamentable: insultos y agresión a un árbitro de 14 años en un partido de niños de 9 años.
-Denuncian insultos racistas y homófobos a niños de categoría alevín en Zamora.
-Los insultos de un niño de nueve años a un árbitro: "Maricón, feo de mierda...".
-Kira López se quitó la vida con 15 años: así es la lucha de sus padres contra el bullying.
Ésta es la sociedad que tenemos y a mí me produce una vergüenza ajena terrible. Y sí, todo tiene el mismo origen. Lo mismo da que sea Vinicius la víctima, que un niño alevín de Zamora. La repercusión, la fragilidad del torturado, el contexto, el mediatismo. Todo puede cambiar, pero la razón es la misma. Un niño ve que está “de moda” insultar a un jugador por su color de piel y lo imita. Nuestra sociedad está enferma. ¿Le diría a la guardameta (su hija) que no hiciera caso de los insultos? ¿Le diría a su hijo, árbitro de 14 años, que aguantara estoicamente? ¿O tal vez que abandonaran sus sueños?
Un niño ve que está “de moda” insultar a un jugador por su color de piel y lo imita. Nuestra sociedad está enferma
Cualquiera que haya presenciado un partido de fútbol en directo, sea en la élite o en el último campo de tierra del pueblo de su cuñado. Sea de adultos o de niños pequeños, ha debido de sentir este bochorno en algún momento. Insultos gratuitos, amenazas constantes, gritos, acoso, toxicidad. ¿La respuesta? Rebuznos que se suman, risas y silencio. Sí, silencio. Y aquí me sumo yo y tantos otros. Un silencio que, no por ser prudente, deja de ser cómplice. Nos callamos para “no meternos en líos”, no avivar el fuego, ignorar al acosador. Pero ese silencio nos hace parte del problema y no de la solución. Vinicius fue un ejemplo en algo muy concreto que hizo en Mestalla: señalar al culpable. Si todos hiciéramos lo mismo cada vez que vamos al fútbol, no habría tantos comemierdas en los campos. Sí, comemierdas, porque es lo único que sueltan por su boca y que tienen en su podrida mente retorcida. Estoy harto de escucharles agredir a los rivales, a los árbitros e incluso a sus propios jugadores: “que se mueran tus hijos”, “muérete”, “hijo de puta”, son algunas de las cosas que yo mismo he escuchado y que muchos de los que estáis leyendo esto habréis oído alguna vez. Seguro. Y en nuestro propio campo, de gente que viste nuestra propia camiseta, reconocedlo. Pero callamos.
Así que dejemos de desviar la mirada del problema. Leemos y escuchamos demasiado “Vinicius tiene que”, consejos al brasileño para mejorar su comportamiento para que, “lleve mejor”, los insultos y reaccionar de otra manera. ¿Quién ha sufrido racismo para dar esas lecciones? Y, sin embargo, hablamos muy poco de lo que tienen que hacer los racistas y las instituciones para ponerles freno. El jugador, su club, su entorno, harán lo que consideren, pondrán las herramientas necesarias para intentar mejorar por su lado, pero lo demás, que es lo más importante y preocupante, es responsabilidad de todos y no sólo del jugador del Real Madrid.
¿Vinicius tiene que hacer autocrítica? ¿Sólo Vinicius?
Mírate al espejo y responde.
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El Real Madrid vive acomodado en las gestas como modo de vida. Y le da igual hacerlo sobre tapetes verdes que encima del parqué. No se trata de hazañas puntuales de plantillas esporádicas, sino que responde a un intangible que caracteriza la razón de existir de toda una entidad, a la veneración por unos valores que han inspirado a la institución más exitosa del Viejo Continente deportivo desde su creación en 1902. Veinticinco entorchados europeos contemplan al club creado por el eterno Don Santiago Bernabéu (once en los aros y catorce en las porterías) y, por si eso fuera poco, con el más difícil todavía como punto de partida en cada ocasión. Rizar el rizo parece el modus vivendi de la 'Casa Blanca', una sociedad cuyo secreto ganador hace correr ríos de tinta y construir sesudas disquisiciones acerca del ADN, el carácter, la resiliencia, la fe, el esfuerzo inquebrantable, la grandeza, el compromiso y una larga serie de epítetos que siempre encajan con la idiosincrasia del escudo, pero que, por sí solos, no alcanzan a definir la condición etérea, aunque terrenal, de un espíritu admirado a escala planetaria.
Hace apenas un año, los blancos levantaban una Liga ACB descomunal frente al Barcelona, el eterno rival que el sábado se interponía entre la tropa de Concha Espina y la final de la Euroliga en el Zalgirio Arena de Kaunas, la ciudad natal de otro mito madridista de las canastas, Arvidas Romas Sabonis, 'El Zar', líder del equipo que en 1995 rompió quince años de sequía europea en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, precisamente, ante el Olympiakos, el mismo adversario al que doblegó en la ciudad del Ebro liderado entonces por el rey de los técnicos a este lado del Atlántico, el magnífico Zeljko Obradovic.
Rizar el rizo parece el modus vivendi de la 'Casa Blanca', una sociedad cuyo secreto ganador hace correr ríos de tinta y construir sesudas disquisiciones acerca del ADN, el carácter, y una larga serie de palabras que siempre encajan con la idiosincrasia del escudo, pero que, por sí solos, no alcanzan a definir la condición etérea, aunque terrenal, de un espíritu admirado a escala planetaria
Pues bien, del mismo modo que los 2,20 metros del pívot lituano, MVP de aquella inolvidable noche zaragozana, reinaron entonces, los del caboverdiano Walter Samuel Tavares da Veiga han conquistado los cielos para añadir el undécimo título continental al palmarés blanco y, de paso, apuntarse también la distinción como jugador más valioso de la gran cita, la anhelada Final Four. Sin embargo, el Real Madrid puede entender que, además de ganar este certamen, ha vuelto a hacer lo que nadie había logrado nunca: rubricar el triunfo en una Final Five, porque antes de que Sergio Llull se levantara a falta de tres segundos para anotar una 'mandarina' marca de la casa y sentenciar el título contra la formación griega, este equipo -del primero al último, de los que llevan chándal a los que visten corbata- ha tenido que superar cuatro finales previas, cuatro duelos a todo o nada, ni más ni menos que en la efervescente serie con el Partizan de Belgrado y, ya en semifinales, en un Clásico. Y todo en el corto plazo que discurre entre el 27 de abril (0-2 en Madrid ante los chicos de Obradovic) y el 21 de mayo (78-79 en el choque por el trono europeo).
La maravillosa parábola del '23' blanco, tocado por el mismo número que Michael Jordan y émulo del mito estadounidense en el sexto anillo de los Bulls contra Utah Jazz, no había anotado en todo el encuentro, un duro episodio cuando el marcador señalaba doce de ventaja para los chicos de El Pireo. Hasta ese lanzamiento, mezcla de experiencia, valor, deseo, clase, calidad y fe ciega en que para el Real Madrid no existe lo imposible, solo algunas cosas un poco más difíciles, la tropa madridista ha demostrado que se merece el mayor elogio al que se puede aspirar.
Porque el Real Madrid ha dejado claro que es un EQUIPO, no una mera adición de grandes jugadores, capaz de sobreponerse a todo agarrado al liderazgo, el carisma, la humildad, la altura humana y la excelencia técnica de Chus Mateo, un entrenador que lleva el baloncesto en las venas, que ha gestionado situaciones límite a través de la tranquilidad y la confianza en el trabajo diario y la capacidad de quienes le acompañan; que ha tenido que escuchar a muchos 'entendidos' decir que no estaba a la altura; que ha sabido ocupar el puesto del gran Pablo Laso sin estridencias; que ha demostrado la confianza en lo que hace; que no ha temblado pese a las ausencias de tres pilares como Deck, Yabusele y Poirier; que ha sabido despachar el desagradable incidente en el fragor de la batalla contra el Partizan a fuerza de sentido común; que ha dado el respaldo a Eli Ndiaye (18 años) a pecho descubierto; que ha hecho de la zona, una suerte casi extinta en el juego actual, un cuchillo de carnicero; que ha mantenido a los más experimentados ('Chacho' -37 el 12 de junio-, Llull -35-, Rudy -38-, Causeur -35-) a tono para los momentos decisivos; que ha insuflado el convencimiento a Hezonja para ser una de las claves; y, no por último, porque la justicia exige un reconocimiento mucho más extenso a Jesús Mateo Díez, todo lo anterior instalado en una especie de comunión con su compañero en el banquillo del Santiago Bernabéu, el italiano Carlo Ancelotti, paradigma de educación, prudencia, caballerosidad y.......madridismo.
los blancos han estado en ocho de las diez últimas fases decisivas de la Euroliga. Han levantado tres veces la copa. es el equipo más dominante de Europa en la última década
El estratega de Reggiolo tumbó el año pasado al Chelsea, al City, al PSG y al Liverpool, siempre aferrado a la épica. Este año se ha quedado a las puertas de la final de Estambul, aunque ha peleado hasta el último suspiro. No siempre se puede ganar. Ahora bien, solo el Real Madrid llama sin parar a la puerta de los títulos y solo el Real Madrid gana más que nadie. Los blancos han dejado por el camino al Partizan, al Barcelona y a los helenos del viejo Microlimano en este curso y han estado en ocho de las diez últimas fases decisivas de la Euroliga. Han levantado tres veces la copa (2015, 2018 y la de este domingo) desde que perdieron, también con el Olympiacos, en Londres (2013). Por detrás aparecen CSKA Moscú y Efes, con dos torneos por barba, en una lista que completan Fenerbahce, Maccabi y el propio bloque de Georgios Bartzokas. O sea, que es el equipo más dominante de Europa en la última década.
Chus Mateo ha liderado la conquista de la undécima como entrenador debutante. Antes, ha sabido extraer de la fuerza del escudo, del conocimiento, del compromiso de los suyos y de un carácter forjado a fuego por los valores del club el impulso necesario para ganar no una, sino cuatro finales oficiosas y una oficial, por cosas tan extraordinarias como la omnipresente figura de Tavares, la inacabable cuerda de la 'Vieja Guardia', la impregnación de ese carácter madridista tan indefinible a los nuevos en el grupo y, muy importante, el manejo de recursos como la zona 2-3. Son enormes sus méritos.
Tavares ha firmado un tratado de inteligencia y baloncesto, algo a lo que ha contribuido de manera determinante esa disposición defensiva zonal y el instinto de hombres como Sergio Rodríguez, una enciclopedia de recursos y un delicioso instinto natural para hacer fluir las cosas. La torre africana se perdió la mitad del primer encuentro de la eliminatoria ante el Partizan y se perdió el segundo por lesión. Pese a todo, nada le iba a detener. En el tercer lance de la eliminatoria rubricó 26 puntos y 11 rebotes para terminar con una valoración de 41; en el cuarto completó su tarjeta con 15+7 (30 créditos de nota) y, en la final, se despachó con 13+10 (20) pese a no ser su mejor prestación del recorrido hasta el trono continental. En resumen, MVP de la Final Four (Five en el caso del Madrid) y, como remate, hombre de justicia que, antes que celebrar la epopeya europea de Kaunas, reclamó reconocimiento y disculpas para el artífice de toda esta aventura: Chus Mateo.
Chus Mateo ha liderado la conquista de la undécima como entrenador debutante. Antes, ha sabido extraer de la fuerza del escudo, del conocimiento, del compromiso de los suyos y de un carácter forjado a fuego por los valores del club el impulso necesario para ganar no una, sino cuatro finales oficiosas y una oficial
El técnico madrileño, que se une al grupo de los campeones blancos de los banquillos en la entrañable Copa de Europa (Obradovic, Pedro Ferrándiz, Lolo Sáinz, Pablo Laso y el pionero Joaquín Hernández en 1964), puede disfrutar de un equipo que, marcado por ese gen indefinible que eleva por encima del resto al Real Madrid, aún seguía sobre el parqué del Zalgirio Arena y ya avisaban de sus intenciones sin llegar siquiera a saborear tan magna ocasión: la Liga ACB también está en el objetivo. Así se ha forjado la leyenda madridista. Parece irreal, pero es así. El Real Madrid es insaciable.
Posdata: NO AL RACISMO.
El finde blanco empezó con el 25 aniversario de la Séptima, ¡Pedja Mijatovic, lará, lará, lará! y terminó con ¡Sergi Llull, loró, loró, loró! Y la Euroliga de los niños. Esa carita feliz de Hugo González en el partido de los mayores. Su colega Jan Vide, otro esloveno en la vida blanca, y todos. En un mismo día, el Madrid fue campeón de Europa dos veces. Cosas.
Es la leyenda que engorda. Mario Hezonja, que lleva tres días por aquí, lo explicó al final del partido allá en Kaunas: “Estas cosas solo las hace el Madrid”. Se refirió a:
1.- Ganar copas de Europa como churros.
2.- Hacerlo desafiando todas las leyes de la física, la química y la magia.
3.- Creyendo en lo que nadie cree.
Así gana el Madrid. Eso es lo que tiene loco al mundo. Ese embrujo único del imposible que deja de serlo. Una y otra vez. La noticia no es que gane el Madrid, lo ha hecho toda la vida. Es cómo gana: como nadie.
Esta Euroliga ha sido el último ejemplo. La final iba a ser un show, estaba escrito. La semifinal supo a poco. ¿Que era el Barça? ¿Y qué? La chicha es lo que hace el Madrid, el rival es un acompañante. Ganarle por 12 puntos fue bueno para el sistema nervioso blanco, faltó la brujería. Una auto canasta final de Mirotic, por ejemplo.
Le han pegado mucho a este muchacho en Barcelona, le acusan de rajarse en Europa. Bueno, por esa regla de tres a ocho o diez afamadísimos futbolistas del mismo Barça debieron ponerles en la frontera. 4-0 y 1-4, PSG. 3-0, Juventus, Liverpool, Roma y Benfica, aquella cosa del 2-8 con el Bayern, los últimos números ante Eintracht y United en la Europa League, no sé si me dejo algo. No me parece que lo de Mirotic sea peor.
Sí conviene destacar que el equipo del simpático Jasikevicius no ha sido campeón, pero sí el más regular: los dos partidos los perdió por el mismo resultado, 78-66. Con el Madrid y en la noble pelea por el tercer y cuarto puesto versus Mónaco. Muy meritorio.
La final iba a ser un show, estaba escrito. La semifinal supo a poco. ¿Que era el Barça? ¿Y qué? La chicha es lo que hace el Madrid, el rival es un acompañante. Ganarle por 12 puntos fue bueno para el sistema nervioso blanco, faltó la brujería. Una auto canasta final de Mirotic, por ejemplo.
Total, que el pueblo esperaba rock and roll en la final. Era imposible ganar plácidamente. El rival era de tronío, favoritísimo, y a los blancos les seguían faltando Deck, Yabusele y Poirier. Y otros varios estaban tiernecitos, salidos de lesión. La primera canasta del Madrid fue un triplazo de Ndiaye, en plan "tranquilos, que en el futuro seguiremos por aquí".
Y pasó. El Madrid acudió a la cita con otra remontada para la historia. Llull la firmó con todos de pie, corazón a mil, el reloj corriendo desbocado, 12 segundos uno abajo: ¿será posible? Lo fue. Y ganó. Como hace 25 años. Bueno, desde 1955, la Primera. Esta Copa de Europa es una de las más meritorias de la historia del club. Es para ponerles una calle. O 25, una por Copa de Europa.
Lejos de Kaunas jugó el equipo de fútbol. Perdió en Valencia. La Liga y el Madrid no se llevan. No fue un buen partido madridista, pero le birlaron un penalti, hizo internacional FIFA al portero rival, otro más, y por fin fue expulsado Vinicius.
Hubo tangana y el VAR sólo enseñó al árbitro la imagen del brasileño quitándose de encima a un rival que le tuvo rato agarrado del cuello. Casualmente, eso no se lo enseñaron a De Burgos. Casualidad con las imágenes, ya digo. A Vinicius le llamaron mono cuando llegó al estadio y luego mono, malo y tonto.
Tela con el racismo, nos están poniendo a caldo sobre todo en Brasil. Pero no pasa nada, dice con razón Ancelotti. De un puente en Madrid han colgado un muñeco representando a Vinicius. Jueces y fiscales no ven nada raro. La policía catalana no supo dar con uno de los pioneros, el tipo que hace dos años vejó al brasileño en el Camp Nou. ‘Tutto archivatto’, Carlo.
Es racismo asqueroso, claro. Conviene añadir que es también un ataque permanente al mejor del Madrid. A Cristiano, blanco como la leche, le pasaba parecido. Fue costumbre lo de ¡ese portugués, qué hijoputa es! y demás lindezas.
Preguntan por qué no a Benzema, a Modric… Muy sencillo: consideran que hay uno más peligroso, más enemigo, más dañino. Que va y se revuelve, fíjense. Eligen un objetivo y no lo sueltan. Los demás tienen esa suerte. Blanco o negro, es el considerado bueno del Madrid por la chusma, la pieza a cobrar.
No, no es casualidad. Es de coña: Vinicius, la víctima, es estigmatizado. El bueno del Madrid no tuvo nunca vida fácil. Ahora es negro. Y hay lío, claro. Continuará.
El domingo por la noche se sucedieron en el tiempo, casi a la vez, dos acontecimientos. El primero tuvo lugar en Valencia. En el estadio de Mestalla, hogar del Valencia Club de Fútbol, el Madrid hizo acto de presencia para cumplir con el fastidioso trámite de jugar otro partido de Liga más. En él, entre la vileza habitual -mucha, cuando se trata del Madrid, por lo general, y elevada a niveles paroxísticos cuando se trata del Madrid y la ciudad de Valencia, antaño amable capital de provincia filomadridista gracias, fundamentalmente, a Di Stéfano- se pudo disfrutar de otro espectáculo pura raza española: una turba enloquecida humillando al mejor futbolista del Madrid de las formas más rastreras y primitivas posibles, jaleada por la actitud violenta y antideportiva de los futbolistas del equipo local y fomentada por la complicidad de los árbitros (gremio bajo sospecha, ya con razones prejudiciales por así decirlo), que terminaron expulsando a Vinicius.
El segundo tuvo lugar en Kaunas. Allí, en Lituania, el equipo de baloncesto del Real Madrid lograba una victoria hermosa y literaria en la final de la Copa de Europa. Los dos hechos ocurrieron, como digo, prácticamente a la vez, como una feliz coincidencia que sirve para ilustrar la naturaleza actual del Madrid: una civilización en sí misma hecha para trascender fuera de la pocilga nacional a la que, sin embargo, permanece atada como Gulliver en Liliput por circunstancias ajenas a su voluntad y su telos. Mientras el mundo admiraba a los gigantes madridistas que se impusieron al Olympiakos, los españoles se ensañaban mezquinamente con un muchacho de veinte años cuyo delito es ser el mejor futbolista del mundo, jugar en el Madrid y enorgullecerse por todo ello.
En una cosa tiene razón Tebas: el problema no lo puede gestionar la Liga, porque es un problema que supera con creces la capacidad administrativa de una organización tan ridícula. Es algo que va mucho más allá y que no tiene, en realidad, mucho que ver con el racismo, sino con el odio. El odio a la existencia física, material, del Real Madrid Club de Fútbol. Es un problema general de un país llamado España.
Con Vinicius se están superando todas las fronteras morales, si es que queda alguna en este país amoral en donde los terroristas están mejor vistos que sus víctimas y en el que se considera una victoria de la democracia la paz de los cementerios. Los muertos, se ve, no tienen derechos políticos, y a los negros no se los insulta si se comportan como muchachos modositos. ¿O no es eso lo que le están diciendo a Vini cuando lo comparan con Mendy, Camavinga o cualquiera de sus compañeros negros del Madrid? “A los demás no se les insulta”, se dice, y se dice además como lugar común, y a nadie se le cae la cara de vergüenza al decirlo. A los demás negros del Madrid se les perdona la vida si se portan bien, pero con Vinicius hay barra libre de palos, insultos, agresiones y humillaciones porque tiene los cojones de mirar a la cara a sus ofensores y de retarles a duelo.
¡Qué provocador! Las cosas están desbarrando tanto que estamos muy cerca de ver y de escuchar cómo se valida que le metan mano un día. Al fin y al cabo ya han ahorcado a un monigote con su camiseta, su nombre y su color de piel, de un puente en una carretera de Madrid. Y se sabe, quien lo sepa, claro, porque en España no sé si hay más energúmenos hinchados por el odio, o analfabetos, que el primer paso para aniquilar físicamente a alguien es hacerlo en efigie, igual que quien empieza quemando libros acaba quemando gente. Pero aquí no pasa nada porque en España nunca pasa nada: se pueden comprar árbitros durante décadas, se puede lanzar de todo a los jugadores en el campo, se puede exaltar a ETA junto a los lugares donde asesinaron a sus víctimas, se puede denigrar a la mayoría de los españoles con impunidad, e incluso se puede agredir a padres de familia que van a ciertos campos con banderas españolas. Pero que a ningún jugador del Madrid se le ocurra proclamar a los cuatro vientos que es el mejor del mundo y que juega en el mejor equipo del mundo. Entonces todo es gesto contrito y lección moral de las almas bellas. El ejército de las almas bellas.
“A los demás no se les insulta”, se dice, y se dice además como lugar común, y a nadie se le cae la cara de vergüenza al decirlo. A los demás negros del Madrid se les perdona la vida si se portan bien, pero con Vinicius hay barra libre de palos, insultos, agresiones y humillaciones porque tiene los cojones de mirar a la cara a sus ofensores y de retarles a duelo
Digo que España no es un país racista aunque en España sí que hay racistas. Menos, creo, que en casi todos los países desarrollados que nos rodean, pero por supuesto demasiados para lo que uno desearía. Por desgracia, hay cosas que, mientras el mundo sea mundo y el hombre, homo sapiens, existirán siempre, aunque se avance colectivamente en muchos aspectos. Pero lo de Vini no es racismo, es odio visceral por lo que Vinicius representa: la alegría de querer ser el mejor, el vivir desacomplejado sin pedir perdón por lo que uno es. Vinicius es la metáfora perfecta del daño que causa la mera existencia del Real Madrid en la conciencia colectiva de un país podrido por dentro. Vinicius les resulta intolerable, su alegría y su talento, que no se sujeta a un código moral, que no quiere parecer amable, que ni siquiera concibe atenerse al estrechísimo concepto moral de la mayoría de los españoles, es, literalmente, un agravio con patas: para los mediocres, para las insignificantes criaturillas, para las polillas que revolotean por el techo de este palacio en ruinas que todavía sigue llamándose España. Como no pueden pararlo a hostias en el campo, le gritan mono porque han aprendido que insultarlo despreciando el color de su piel le hace daño a su corazón salvaje y generoso de niño brasileño. Como ya pasó con Roberto Carlos, como bien traen a colación hoy en Twitter. Entonces, Guardiola, que tiene la extraordinaria habilidad de expresar con sutileza la voz interior del pueblo (por eso, en Cataluña, es un poeta mesiánico) decía que, bueno, al 3 del Madrid le llamaban mono porque algo habría hecho.
Vinicius es la metáfora perfecta del daño que causa la mera existencia del Real Madrid en la conciencia colectiva de un país podrido por dentro. Es literalmente un agravio con patas para los mediocres, para las insignificantes criaturillas, para las polillas que revolotean por el techo de este palacio en ruinas que todavía sigue llamándose España. Como no pueden pararlo ni a hostias en el campo, le gritan mono porque han aprendido que insultarlo despreciando el color de su piel le hace daño
A Cristiano, ¿recuerdan?, le llamaban maricón y portugués, pero portugués dicho con asco: ese portugués, qué hijo de puta es. La gente tiende a olvidarlo todo en este paraíso de la desmemoria que es la España contemporánea. Hubo incluso un chupatintas del AS o de la SER, ya los confundo, que le invitó a salir del armario en una columna infame que se publicó en los periódicos. Todo vale contra el líder del Madrid, da igual quién sea en cada momento. Si se niega a doblegarse, si no se arrodilla, entonces a saco: todo el país se transforma en inmunda turba y los madridistas han de callarse y tragar, porque la razón moral siempre está del otro lado, del lado de los envidiosos.
Vinicius se cansará y aceptará algún día alguna megaoferta de algún jeque. Fuera de España ya tienen claro su condición de superestrella mundial. Fuera de España no ven la Liga ni por Pedri ni por Gavi ni por Maffeo, tampoco la ven por el Valencia o el Mallorca, sino por el Madrid y por Vini. Por el Madrid de Vini. A Messi “había que protegerlo” y a Ujfalusi, del Atlético, casi lo deportan a su país por atreverse a no ponerle la alfombra roja cuando jugaba contra él. Pero Messi era otra cosa, claro, porque no era del Madrid. Por un insulto racista indemostrable que jamás se aclaró, suspendieron un Valencia-Cádiz, y una vez que llamaron negro de mierda a uno de los Williams, ardió Troya. Pero, naturalmente, Iñaki Williams juega en un equipo vasco, y entonces, también, es otra cosa: a los vascos, que nadie los toque, pero a los demás que les den por culo. Es verdad lo que dice Tebas, ni él ni nadie tiene la capacidad de cambiar o frenar esto, porque esto está en la masa de la sangre y España siempre, siempre, preferirá a Barrabás. Qué país, qué ciénaga.
El domingo 21 de mayo de 2023, Vinícius sufrió insultos racistas en Valencia, porque no fueron solo en Mestalla, sino que los ataques comenzaron fuera del estadio, en las calles de la ciudad, como puede comprobarse en multitud de vídeos en los cuales se escucha con nitidez cómo los racistas congregados en la calle le llamaron mono —que no tonto— y emitieron sonidos simiescos de manera continuada. Además de desearle la muerte: “Vinícius, muérete”.
"No le dicen mono, le dicen tonto"
Subid el volumen del video a ver que dicen. pic.twitter.com/q33qA7TSA3
— Mario (@Mario___RM) May 21, 2023
https://twitter.com/DirectoGol/status/1660393225079619584?s=20
No es la primera vez que ocurre y tampoco el único sitio de España donde sucede, aunque es significativo que ni en Champions ni durante el mundial Vini recibió insulto racista alguno. Tampoco es cierta la falacia de que el 20 del Madrid es el único jugador que los sufre, ahí están los casos de Eto’o, Roberto Carlos, Marcelo —hola, Busquets— o el mismo Rüdiger, a quien llamaron “negro cabrón” recientemente en Cádiz cuando se dirigía a la grada para entregar una camiseta a un aficionado.
“Antes de Vini no había estos problemas de racismo de esta magnitud”, “La seguridad de los estadios tiene un problema como Vinícius continúe así” dice Pedro Morata en Directo Gol.
https://twitter.com/DirectoGol/status/1660368264864710658?s=20
Ahí radica el problema, Pedro Morata emana ese racismo tan asentado que defiende que el negro tiene que comportarse de manera ejemplar, tiene que agachar la cabeza y acatar todo lo que se le diga sin protestar para encajar en la sociedad —la sociedad que defiende Morata, la de los racistas— y no generar disturbios.
El antimadridismo tiene su papel indudable, quizá como catalizador, en esta ecuación deleznable, pero hay un problema, la discriminación racial es una ignominia varios órdenes superiores de magnitud que el odio a un equipo de fútbol. Los principios de igualdad y no discriminación están consagrados en el derecho internacional, incluida la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Carta de Naciones Unidas.
Por este motivo, equiparar el comportamiento de un joven de 22 años con la conculcación de sus derechos fundamentales solo tilda de racista a quien lo hace. Justificar los cánticos racistas con la actitud mostrada por Vinícius —tras haberlos sufrido— no hace más que señalar a quien esgrime esos nauseabundos argumentos.
Frases como “No soy racista, pero es que Vinícius…”, “Condeno que le llamen mono, pero él había provocado”, “Se pasan mucho con él, pero tiene que calmarse, se lo busca con su actitud” definen al emisor de las mismas. En España hay muchos racistas que están convencidos de que no lo son. Un ejemplo es —una vez más— Marca.
“Intolerable (todo)”. Equiparan la discriminación racial con los gestos de Vinícius, muchos en legítima defensa incluso física tras ser casi estrangulado por Hugo Duro.
Traemos a colación, a modo de recordatorio, portadas de Marca cuando el racismo era contra personas ajenas al Real Madrid.
Fuera de España las sociedades parecen haber alcanzado un grado superior de evolución y no dudan en condenar SIN PEROS los ataques raciales de los cuales es objeto Vinícius.
Queria fazer um gesto de solidariedade ao @vinijr, um jovem que certamente é o melhor jogador do Real Madrid, e que sofre repetidas ofensas. Espero que a Fifa e outras entidades tomem providências, para não deixar que o racismo tome conta do futebol.
— Lula (@LulaOficial) May 21, 2023
“No podemos permitir que el racismo se apodere del fútbol”. Lula da Silva, presidente de Brasil.
Até quando ainda vamos vivenciar, em pleno século XXI, episódios como o que acabamos de presenciar, mais uma vez, em La Liga?
Até quando a humanidade ainda será apenas espectadora e cúmplice de atos cruéis de racismo?
Até quando vamos precisar lembrar que é crime?
Até quando… pic.twitter.com/S8LfAYhpiD
— CBF Futebol (@CBF_Futebol) May 21, 2023
“¿Cuánto tiempo vamos a vivir, en pleno siglo XXI, episodios como el que acabamos de presenciar, una vez más, en LaLiga?”. Federación brasileña de fútbol.
How many times do we need to see this young man subjected to this shit? @LaLiga @UEFA @FIFAcom pic.twitter.com/FsEJUZuvMY
— Rio Ferdinand (@rioferdy5) May 21, 2023
“¿Cuántas veces necesitamos ver a este joven sometido a esta mierda, Liga, UEFA, FIFA?”. Rio Ferdinand, exfutbolista de élite.
Mais uma vez um episódio de racismo na @LaLiga. Mais uma vez com o @vinijr. Até quando? Enquanto houver impunidade e conivência, haverá racismo. É inadmissível que árbitros, Federação e autoridades também fiquem sem ação e que torcedores aplaudam tamanho absurdo. Basta. Vini,… pic.twitter.com/s92Xq8K4XV
— Ronaldo Nazário (@Ronaldo) May 21, 2023
“Una vez más un episodio de racismo en la Liga. Nuevamente contra Vinícius. ¿Hasta cuándo? Mientras haya impunidad y connivencia, habrá racismo. Es inaceptable que los árbitros, la Federación y las autoridades no actúen y que gran parte de la afición lo aplauda. Basta. Vini, cuenta conmigo en tu lucha. En nuestra lucha”. Ronaldo Nazario, no necesita presentación.
“No estás solo. Estamos contigo y te apoyamos, Vinícius”. Mbappé.
These are @LaLiga partners.
I am surprised these brands are involved with a sporting organization that tolerates racism. @PUMA @EASPORTSFIFA @Microsoft @bancosantander @Sorare @socios @PaniniAmerica @LaLigaGolazos @SanMiguel_UK pic.twitter.com/jJLEWkejIV— Ricardo Fort (@SportByFort) May 21, 2023
“Estos son los socios comerciales de la Liga. Me sorprende que estas marcas estén relacionadas con una organización deportiva que tolera el racismo”. Ricardo Fort, exdirector global de patrocinios de Visa y Coca Cola.
La Liga TV co-commentator: "We must stand against the racial abuse of Vinicius. But he is not saint. He is provoking fans and that is not right."
Sorry, this is absolutely shocking stuff. Victims of racial abuse are victims of racial abuse. There is no further context required.
— Colin Millar (@Millar_Colin) May 21, 2023
“Comentarista de LaLiga TV: ‘Debemos estar en contra del abuso racial a Vinicius. Pero él no es un santo. Está provocando a los fanáticos y eso no está bien’. Lo siento, esto es algo absolutamente impactante. Las víctimas de abuso racial son víctimas de abuso racial. No se requiere más contexto”. Colin Millar, Daily Mirror.
Lors de la défaite du Real Madrid à Valence ce dimanche (0-1), Vinicius Jr aurait de nouveau été victime d'insultes racistes de la part de supporters adverses. Après la rencontre, l'entraîneur des Merengues Carlo Ancelotti est monté au créneau. https://t.co/BOwBeKigZp pic.twitter.com/WFbsfcKHWo
— L'ÉQUIPE (@lequipe) May 21, 2023
“Durante la derrota del Real Madrid en Valencia, Vinícius Jr. volvió a ser víctima de insultos racistas por parte de la afición contraria”. L’Equipe.
El ámbito internacional condena los ataque racistas a Vinícius. Pero en España, Javier Tebas, presidente de la Liga Profesional, opta por atacar —con altas dosis de cinismo y condescendencia— a Vinícius, la víctima.
Ya que los que deberían no te explican qué es y qué puede hacer @LaLiga en los casos de racismo, hemos intentado explicártelo nosotros, pero no te has presentado a ninguna de las dos fechas acordadas que tú mismo solicitaste. Antes de criticar e injuriar a @LaLiga, es necesario… https://t.co/pLCIx1b6hS pic.twitter.com/eHvdd3vJcb
— Javier Tebas Medrano (@Tebasjavier) May 21, 2023
Tuit miserable al que respondió como merecía el propio Vini Jr.
Mais uma vez, em vez de criticar racistas, o presidente da LaLiga aparece nas redes sociais para me atacar.
Por mais que você fale e finja não ler, a imagem do seu campeonato está abalada. Veja as respostas do seus posts e tenha uma surpresa...
Omitir-se só faz com que você se… https://t.co/RGO9AZ24IA
— Vini Jr. (@vinijr) May 21, 2023
“Una vez más, en lugar de criticar a los racistas, el presidente de La Liga aparece en las redes sociales para atacarme.
Por más que hablas y finges no leer, la imagen de tu campeonato se estremece. Mira las respuestas a tus publicaciones y llévate una sorpresa...
Omitirlo solo te hace igual a los racistas. No soy tu amigo para hablar de racismo. Quiero acciones y castigos. El hashtag no me mueve”. Vinícius Jr.
No solo es un problema de la Liga y de su presidente Tebas, sino que en España existe dejación de funciones por parte de todos los estamentos a la hora de perseguir el racismo. El propio Estado, por medio de la Fiscalía, no quiso investigar los ataques racistas sufridos por Vinícius contra el Atlético de Madrid porque sucedieron en un entorno de máxima rivalidad y durante poco tiempo.
¿Cómo no van a llamarnos racistas a los españoles?
El Madrid debe plantarse, no puede tolerar ni un segundo más que no se cumpla la ley ni se respeten los derechos humanos. Y ha de llegar hasta el final antes de que sea demasiado tarde.
Getty Images.
Buenos días. Nadie (ni siquiera el antimadridismo, hermanado ahora con el racismo más deleznable en la figura del odio a Vinicius) va a arruinar la fiesta que llevamos dentro. Del acoso xenófobo a Vini, que está dando la vuelta al mundo, hablaremos en mayor profundidad en otros contenidos del día de hoy.
El Real Madrid de baloncesto logró ayer la Undécima en Kaunas, haciéndolo además con obediencia estricta a los cánones de la marca Real Madrid, es decir, sobreponiéndose a los obstáculos, a las derrotas momentáneas, y consagrando la emoción del deporte de la canasta con la misma lealtad al código genético que mostró el equipo de fútbol el año pasado. Dios es madridista, y la obra de arte que la temporada previa quiso facturar usando al Madrid de fútbol la ha replicado este año sosteniendo en sus manos el denuedo y el talento de un puñado de hombres altos y buenos, comandados por un señor calvo y aparentemente anodino que es, en realidad y como ahora glosaremos, el más gigante de todos ellos.
Sí, amigos. Hay que frotarse los ojos para creerlo pero, al mismo tiempo, y dado que les hemos acompañado en esta singladura épica, y hemos vivido de cerca sus hazañas previas a la nueva hazaña de ayer, conocemos de primera mano la autenticidad de su milagro. Nadie de la Santa Sede (aunque nuestra Santa Sede está en Valdebebas, con todos los respetos) tiene que venir a verificar lo genuino de sus imposibles conseguidos.
Los hemos presenciado con los ojos humedecidos por lágrimas de orgullo: la presencia imponente de Tavares, MVP de la Final ante Olympiakos y torre hercúlea por excelencia del baloncesto europeo; el resurgir de los Space Cowboys (los veteranos inflamados de ese mismo orgullo Chacho, Llull, Rudy, Causeur incluso); la solidez de toda una serie de piezas de auténtico lujo, de Hezonja a Musa pasando por Hanga o Ndiaye o Randolph, o Williams-Goss, o los ayer lesionados Poirier y Deck, que también aportaron en las rondas previas.
Primero fue la eliminatoria frente al Partizan, una epopeya en cinco entregas, una saga mitológica. El equipo remontó un 0-2 en contra, una afrenta a la estadística, una declaración de guerra a la resignación. Nadie jamás lo había hecho antes, alguien tenía que ser el primero y el primero solo podía ser el Madrid. Ganó dos veces en Belgrado para igualar la eliminatoria. Ganar en Belgrado es imposible, como todo el mundo sabe. Ganar dos veces consecutivas, por tanto, entra dentro del terreno de la utopía redomada, aquella cuya sola mención desata una carcajada de cinismo.
Lo hicieron, y se llevaron el último partido de la serie al Wizink para ejecutar allí la penúltima cabriola, la vuelta de tuerca de la excelencia, la remontada dentro de la remontada. Ganaba por 18 puntos el Partizan de Obradovic, pero eso no arredró a los blancos, que en una noche inolvidable de todos, pero sobre todo del Chacho Rodríguez, desafiaron de nuevo el curso natural de las cosas para entronizar en su lugar el curso sobrenatural de las cosas del Madrid.
Luego vino la Final contra el Barça, no menos heroica, con un último cuarto para el recuerdo merced a una defensa implacable que dejó a los blaugranas en 11 puntos, en una tremenda labor colectiva dirigida con mano maestra por Chus Mateo, que ayer volvió a impartir toda una lección táctica.
Chus Mateo es, a nuestro juicio, el auténtico hombre del momento, el hombre del año. Hablábamos de imposibles, y para imposibles la tarea de llenar los zapatos de una leyenda como Pablo Laso. En medio de las críticas más feroces, batallando contra la desconsideración y hasta el insulto, Mateo ha triunfado más allá de lo permitido en los sueños de celuloide de un Hollywood que ama el baloncesto, pero no tanto como Chus. Como, sentado junto a él en rueda de prensa postpartido expuso Tavares, muchos deberían disculparse ante el triunfador del momento, un hombre tranquilo, serio, aparentemente imperturbable que ha empapado ese vestuario de su saber y su talante calmado. Se ha ganado a ese grupo de estrellas de la canasta desde la trastienda y los ha conducido a la gloria. No os perdáis esa rueda de prensa de entrenador y pupilo. Es oro puro, es deporte y es humanismo.
Junto a Chus Mateo, es de justicia reivindicar la figura de (posiblemente) la única persona más denigrada que él por periodistas especializados (¿?) y fans alterados en las redes sociales. Hablamos de Juan Carlos Sánchez y su equipo, tan criticado desde que concluyó traumáticamente la gloriosa etapa de Laso. Sánchez es sin duda el otro triunfador del día. Su buen hacer en los despachos es lo que tienen en común los triunfos de Laso y este de Chus Mateo. Ha sido vilipendiado y sometido a juicios exaltados, sin atención alguna al matiz. Hoy tiene todas las razones del mundo para sentirse reforzado. Es también su triunfo, como lo es el del presidente Florentino Pérez, de quien se decía que no le gustaba el baloncesto y ha aupado a la sección a su segunda era dorada, igual que ha hecho con el balompié.
As también otorga la debida importancia al triunfo en Kaunas. Ojalá a partir de ahora As y todos los demás procedan a dar más cancha al baloncesto blanco. Hablan en portada de la canasta salvífica de Llull a falta de tres segundos (¿cuántas de estas lleva?, ¿qué lugar ocupa en la historia del Real Madrid quien ha resuelto tantos partidos cruciales en los últimos estertores?, ¿cuánto hay que querer al primer Premio Forja de la Gloria de La Galerna?), como podían traer a portada el triple no menos decisivo del Chacho muy poco antes, o la omnipresencia tavaresca, o la excelencia de Hezonja, o la efectividad de Randolph, o… o…
Disfrutemos este momento. Ya hablaremos de lo de Vinicius en otro momento, como hablaremos si os apetece de las fantasías messiánicas que trae la prensa cataculé.
Nosotros hoy, aquí, solo estamos para celebrar lo que no merece mácula alguna.
Ya sabéis, porque ya lo dijo el sabio: “No hay un Real Madrid de fútbol y otro de baloncesto. Hay un solo Real Madrid. Un escudo redondito y un montón de Copas de Europa”.
Pasad un buen día.
Hola de nuevo:
Hace un año, cuando el Madrid encaraba la final en la que conquistaría su decimocuarta Copa de Europa, quise arengarte en la previa del encuentro contra el Liverpool recordando la precisa identificación de nuestro club con el estilo de los Rolling Stones. Lo recordarás: aquello de la voracidad, la letra de Sympathy for the Devil y todo eso. Este curso tan accidentado e inusual, tras las victorias contra los de Klopp, contra el Chelsea y contra el Barcelona en la Copa, y aun a pesar del triste desempeño en la liga doméstica a partir de ese condenado Mundial y de que el sorteo nos emparejase con el rival más poderoso de los últimos lustros, unos pocos llegamos realmente a creer en la posibilidad de un nuevo doblete. Hubiera sido, ay, glorioso. Aunque, al final, la temporada ha elegido para su banda sonora conclusiva un tema menos idílico del repertorio de los Stones: You can’t always get what you want, obra maestra que te recomiendo escuchar mientras lees el resto de la carta.
Llegados a este punto, y antes de que el sabor agridulce nuble nuestro juicio, conviene no escatimar en loas a esta generación de futbolistas. Ni tampoco, por cierto, a los dos capitanes de navío, a menudo tan ingratamente tratados. Hablo, por supuesto, de Zidane y de Ancelotti, ese par de líderes flemáticos que, a pesar de mostrar personalidades tan diferentes -un taciturno con pintas de místico y un bon vivant que derrocha joie de vivre-, han compartido como entrenadores madridistas dos guiones tan repletos de similitudes que asusta.
cuando el antimadridismo balbucea la sonrojante memez de “ser del Madrid es muy fácil”, solo está haciendo gala de su supina ignorancia. La fatua desfachatez de un trapecista que señalase desde su mullida red a otro que se atreve a cruzar la cuerda a pelo
Te refrescaré la memoria. Ambos coincidieron en sendas primeras etapas en el banquillo blanco poderosas y exuberantes, caracterizadas incluso por una cierta anarquía y en las que el desenlace feliz parecía asegurado en cada partido. Ambos coincidieron en dejar, tras sus respectivas marchas, ese aroma nostálgico que caracteriza a las decisiones apresuradas. Ambos coincidieron también en la forma de enfocar sus segundos periplos, regando con confianza a las promesas brasileñas y mientras tanto exprimiendo a los veteranos hasta las últimas gotas, retrasando inevitablemente la transición en la delantera y el centro del campo. Esta última circunstancia, acaso más hija de la necesidad que de la convicción auténtica, redujo por momentos la simpatía de algunos aficionados hacia su labor. Sin embargo, tanto ZZ como Carlo demostraron ser capaces de alcanzar éxitos excepcionales y, los años en que esto no fue posible, supieron retrasar el naufragio hasta la misma orilla. Una hazaña mucho más laudable de lo que suena en primera instancia.
Decía Ortega que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Supongo que algo de eso hay en el arreón postrero de nuestros exhaustos jerarcas, quienes, tras una Champions llena de actuaciones solventes, en la ida de la semifinal dejaron escapar vivo al City y en Manchester no pudieron aguantar el ritmo propuesto por los celestes, siendo incontestablemente arrasados. Me dirás que, dado que yo siempre sostengo que el Madrid es el equipo más literario de la historia, imposible mejor final simbólico que este. Murieron con las botas puestas, etcétera. Pero me temo que el carácter literario del Madrid no se reduce a la coquetería derrotista del “Un bel morir tutta una vita onora”; no, la condición poética del Real se debe a otras causas, y ni constituye un refugio autocompasivo ni se trata de un cliché monotemático. Precisamente por eso las derrotas son tan duras en el conjunto merengue: no existen los asideros retóricos ni nada a lo que aferrarse cuando pierdes. Es el todo o la nada, sin la venda identitaria con la que se autoprotegen muchos otros. De modo que, cuando el antimadridismo balbucea la sonrojante memez de “ser del Madrid es muy fácil” solo está haciendo gala de su supina ignorancia. La fatua desfachatez de un trapecista que señalase desde su mullida red a otro que se atreve a cruzar la cuerda a pelo.
Sobre los antimadridistas habría algo más que decir, por otro lado. Esta semana tuvieron, al fin, el instante de felicidad demasiado tiempo postergado para su salud. La olla exprés soltó el vapor poco antes de explotar, tras dos años de cocción a fuego lento. En uno de esos programas que ilustran la reacción de los aficionados se vislumbraban numerosas caras de júbilo y se escuchaban gritos histéricos. Había expresiones insultantes, de puro odio, que sin embargo no me escandalizaron demasiado: al fin y al cabo, soy consciente de que ese sentimiento circula cotidianamente por sus cuerpos de manera soterrada, intestinal.
Más desagradable me resulta el antimadridismo de los ejemplares menos viscerales, esa gama de comentaristas semicultos que, desde los medios y las redes sociales, aseguran observar la realidad con distancia y disimulan su apasionamiento. Su media sonrisa los delataba, claro. Sus bromas y pullas suelen ser más ingeniosas que las del hincha medio, y además siempre se hallan revestidas de un halo de pretendida ironía. Pero, como Foster Wallace denunció, la ironía a menudo es una coartada, una máscara usada para poder expresar los bajos sentimientos sin sentirse culpable. Por ejemplo, uno difícilmente podría justificar el ver telebasura por puro entretenimiento y solaz; no obstante, si afirma hacerlo desde una distancia irónica, dicha postura cínica mágicamente lo sitúa por encima de esa plebe a la que se desprecia por su ingenuidad conmovida. Del mismo modo, los chistes y la ironía sirven de calzador para las mayores muestras de odio antimadridista, que no tendrían aceptación si se tratasen de colar de forma puramente literal: así, entre guiños, risas y ocurrencias, se popularizan términos deleznables como el de nacionalmadridismo y otras múltiples lindezas de similar calado. En cualquier caso, ni a los viscerales explícitos ni a los antis apenas semiocultos conviene atribuirles demasiado protagonismo. No solo porque representan un rol menor en este resumen de la temporada 2022-23. Sino porque, además, el destino les ha reservado una postrera y dolorosa sorpresa que les ha helado la risa en los labios.
Creo que ya intuyes a lo que me refiero. En efecto, cuando ya se relajaban y se las prometían muy felices, habiendo evitado el pánico de ver coronarse continentalmente de nuevo al Madrid, llegó el fin de semana de la Final Four. No hace falta que te explique cómo se relamían ante la predecible puntilla para un aciago año blanco, en el que otro grupo de achacosos jerarcas veteranos, mermados entre bajas y sanciones, poco menos que acudían al matadero. Y, de repente...
No sé si hiciste caso a mi recomendación y estabas simultaneando la lectura de la carta con la canción de Jagger, Richards y el London Bach Choir. Si es así, te habrás percatado de la sutileza, que no es tal. Y si por si acaso te pierdes, te indico con placer.
You can’t always get what you want. But if you try, sometimes you might find you get what you need.
El Madrid y los Stones, redundancia.
Nos vemos el año que viene. Saludos afectuosos.
Pablo