Las mejores firmas madridistas del planeta

Septiembre es un mes disruptivo. La llegada de septiembre tiene algo de obligado balance. Para algunos, señala el auténtico comienzo de año. Septiembre marca la línea divisoria entre temporadas profesionales e incluso afectivas. Amores de verano que se quedaron en ese camión blindado de la memoria. El gran Rod Stewart, reconocido futbolero, hizo fortuna con esa mítica canción llamada Maggie May. Más allá de ser un célebre retrato de una despedida crepuscular, para mí Maggie May habla del fin de la inocencia y del sentimiento de orfandad que deja la primera gran ausencia en la vida sentimental de un joven. Algo así sigo sintiendo cada septiembre cuando un obligado parón liguero por fútbol internacional me arranca de cuajo mi cita con el Real Madrid.

La sensación de orfandad es inevitable con cada parón liguero. El vacío es real con cada interrupción. Y es aún más desesperante cuando la temporada acaba de empezar y todavía no hemos conseguido coger velocidad. Ni siquiera queda el triste consuelo de disfrutar del fútbol de selección cuando éste es percibido con disgusto y lejanía. En mi caso particular ya ni recuerdo la última vez que acogí con regocijo ver un partido de España. Supongo que desde aquel mundial de 2010 me es indiferente. Para el fútbol de selecciones debes tener un espíritu cándido que yo no tengo para el fútbol. Indiscutiblemente hay algo de inocencia en el aficionado que cree que su selección representa a su país en la contienda internacional.

Modric Croacia

Buscando el lado positivo, todo parón sirve como bombona de oxígeno para el jugador que se está recuperando. En el caso de Vinicius Jr. es fabuloso tener unos días de margen para su recuperación. El reloj está detenido a su favor. Y además, no contamos con ninguna baja por selección nacional. Esto ya es una victoria clara. Todos los nuestros vuelven a casa sanos y salvos. Aurélien Tchouaméni marcando un golazo y Jude Bellingham en modo estrella total de Inglaterra. Hasta el bueno de Luka Modrić ha disputado partidos completos, cosa buena en su situación actual. Por otro lado,  todos los parones sirven para hacer obligatorio balance de lo acaecido hasta ahora. Si bien es cierto que llevamos casi nada de campeonato, ya podemos observar patrones de comportamiento, dinámicas internas. En fin, podemos hacernos una idea de este Real Madrid 2023/2024. Por ahora las sensaciones son buenísimas y el equipo roza el sobresaliente.

No ha transcurrido ni un tercio del campeonato pero tenemos suficientes motivos para estar ilusionados. Así pues, es hora de volver al fútbol con mayúsculas. Es hora de volver a gozar de nuestro Madrid

A la vuelta del parón internacional, tendremos un partido cada tres días. La primera piedra de toque será la Real Sociedad. Partido grande en el Santiago Bernabéu. El equipo donostiarra entrenado por Imanol Alguacil siempre es un rival duro. Luego, el miércoles 20 debutamos en Champions frente al F. C. Union Berlin. Y a la vuelta de la esquina el Atlético de Madrid el siguiente domingo 24. En definitiva, en esta nueva fase de la temporada con partidos tan seguidos es cuando se demuestra la amplitud de plantilla y todos los recursos que tenemos en la recámara.

Decía al principio de este artículo que en estos últimos días he sufrido una especie de orfandad al no poder disfrutar de mi Madrid. Por supuesto que todos nosotros somos más que el día que juega nuestro equipo pero esa ausencia resulta insoportable. Nuestro día a día construye una rutina con final feliz los fines de semana en los que religiosamente nos sentamos a ver jugar al Madrid. No ha transcurrido ni un tercio del campeonato pero tenemos suficientes motivos para estar ilusionados. Así pues, es hora de volver al fútbol con mayúsculas. Es hora de volver a gozar de nuestro Madrid.

 

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En la presente campaña se cumplirán diez años de una de las mayores gestas de la competición europea, la conquista de la Décima; para muchos, entonces y ahora, una Copa de Europa al nivel de la Séptima. Palabras mayores.

Existen momentos destinados a permanecer en la eternidad. Del mismo modo que cruce del Rubicón, el asalto a la Bastilla o la toma de Normandía alteraron la historia, el salto de Ramos en el minuto 93 habita en el pedestal del imaginario madridista. Aquel gol agitó como pocos el corazón blanco (bordeando el ataque) y modificó el destino de un partido clave, costumbre arraigada en Chamartín.

En el verano de 2013, el Real Madrid cambió el dedo de Mourinho (con todo lo que ello significaba) por la ceja apaciguadora de Ancelotti. Fue el segundo entrenador italiano que pisaba la Casa Blanca, aunque no podría mediar más distancia con la filosofía y maneras de su predecesor, Fabio Capello. También llegaron Carvajal, Isco y Bale, además de la incorporación de Casemiro del Castilla. El equipo llevaba más de una década sin alzar la Champions, por lo que la tradicional obligación histórica de los blancos comenzaba a virar hacia la obsesión.

Ancelotti y Butragueño presentación 2013

El mayor acierto de Carletto fue su solución ante el mayor de sus desvelos: el equilibrio. Con Benzema, Cristiano y Bale como punta de lanza, tenía que encontrar una fórmula de compensación en el centro del campo. Y vaya que si lo hizo. Retrasó a Di María como interior izquierdo, con lo que ganó músculo, toque y recorrido, y colocó a Modric como interior diestro, lugar donde el croata comenzaría a practicar el mejor fútbol de su carrera. Ancelotti convirtió el problema en genialidad.

La Juventus le dio picante a la liguilla de aquella Champions. Era el vigente campeón de Italia y por ahí andaban Buffon, Tévez, Chiellini, Pirlo… ninguna broma. Una victoria por la mínima en el Bernabéu (2-1) y un meritorio empate en Italia finiquitó el asunto. Los otros dos rivales, el Galatasaray de Drogba y Sneijder, y el Copenhague, contaron por derrotas sus enfrentamientos contra los blancos.

Del mismo modo que cruce del Rubicón, el asalto a la Bastilla o la toma de Normandía alteraron la historia, el salto de Ramos en el minuto 93 habita en el pedestal del imaginario madridista

Las eliminatorias previas a la final hablaron alemán. Primero fue el Schalke 04, equipo simpático desde el paso de Raúl por sus filas. Huntelaar, Draxler y Farfán poco pudieron hacer ante el vendaval en la ida (1-6) y la suficiencia en la vuelta (3-1). El Borussia Dortmund subió el nivel en los cuartos. Todavía coleaba la eliminatoria del año anterior en la que Lewandowski se lució con cuatro goles. Tocaba afilar los cuchillos. La ida (3-0) resultó clave, pues la derrota en el Signal Iduna Park por 2-0 fue dolorosamente insuficiente para los germanos. Fue el típico paseo por el precipicio que siempre sufre el campeón en su camino a la cima.

Los tambores de guerra llegaron en semifinales, nada menos que contra el Bayern de Guardiola, defensor del título y de la idea del fútbol (léase la ironía). Su alineación, es cierto, provocaba cierto temblor de piernas a poco que fueras sensato. Los teutones contaban con Neuer, Alaba, Kroos, Ribery, Robben y Mandzukic, un delantero que siempre parecía tener alguna cuenta pendiente. La ida dejó todo abierto (1-0) y Rummenigge, un tipo al que no le hace falta corneta para acudir a cualquier trinchera, aprovechó para soltar aquello de “Arderán hasta los árboles de Múnich”. Y vaya que si ardieron. El Madrid, en un partido casi perfecto, endosó un 0-4 al equipo de Guardiola, que tuvo que mandar a la basura el libreto de aquella noche.

Modric y Cristiano Bayern 0-4 2014

Y entonces llegó la final, un partido histórico desde el comienzo, pues, por primera vez, dos equipos de la misma ciudad se jugarían la Champions League. Los rojiblancos tenían el sello del primer Simeone. Era un equipo incómodo, difícil de jugar, de los que te hacían preferir el dentista antes de vértelas con ellos en un terreno de juego. Y así resultó el partido. Disputado, de rompe y rasga hasta el final… con el pequeño detalle de que el Madrid llegó a los noventa minutos por detrás en el marcador merced a un estrepitoso fallo de Casillas.

El resto es historia. Sólo el Real Madrid es capaz de bailar sobre la cuerda, de enarbolar la fe cuando los suyos comienzan a dudar y los contrarios ya celebran. Al Madrid nunca lo puedes dar por muerto, porque entonces hace lo que mejor sabe: volver del inframundo para golpearte y alzarse con la victoria.

El gol de Ramos, un cabezazo rematado con la fuerza de todo el madridismo, fue el triunfo del ADN blanco. Tres goles más, en la prórroga, coronaron a un Real Madrid que ese año volvió donde le corresponde, la cúspide de Europa, y demostró que remontar también es una forma de vida.

 

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Buenos días. Aunque el rival fuera endeble, la selección española de fútbol se esforzó anoche por contentar a sus seguidores con una agradecible goleada granaína, y vive Dios que lo logró. 6-0 a Chipre en el camino de clasificación para la Eurocopa, que ese era el fin del encuentro, o al menos eso nos dicen quienes justifican que las competiciones de clubes se paren ¡en septiembre! para hacer hueco a estas pachangas.

Viene bien que los resultados sean aparatosos (a Georgia también le metió España una buena tunda) para que los medios deportivos tengan una excusa más sonora para seguir sin brindar sus portadas a las investigaciones de la Guardia Civil sobre el enriquecimiento sorprendente de algunos colegiados durante el negreirato o el auto del juez instructor de dicho caso, que habla de “corrupción sistémica” en el fútbol español, corrupción con unos ejecutores (los colegiados) y un beneficiario (cierto club que viste de azulgrana).

Si los de Luis-No-Me-Reconozco-En-Las-Imágenes-De-La-Fuente endosan goleadas por doquier, la prensa lo tiene más fácil para ignorar aquello que ya no saben cómo ignorar, el descomunal elefante en la habitación que además se ha cagado en el parquet, y cuyo monumental tordo humea al amor de las moscas más sonoras del otoño incipiente.

“Nos gusta España”, sentencia Marca, y aunque a nosotros nadie nos ha preguntado lo cierto es que la llamada Roja acumula elementos que legítimamente pueden ilusionar a quien desee sentirse ilusionado. Más allá de las hinchadísimas expectativas que, como siempre, llegan de Can Barça, es evidente que Lamine Yamal es un futbolista especial. Así lo subraya la portada de Marca en su letra pequeña y hace bien, como también enumera correctamente los goleadores. Bien ahí. (Cada día nos conformamos con menos).

Entre los goleadores figura Joselu, que además de marcar con un cabezazo canónico dejó una excelsa asistencia de tacón a Álex Baena, quien no desaprovechó el regalo, debutando y marcando por el mismo precio. Cuando no está ocupado en desear la muerte de familiares de compañeros de profesión, Baena no juega mal.

Joselu es precisamente el elegido para la portada de As, en una maravillosa foto en la que aparece abrazando a su cuñado, costumbre que no es preceptivo reservar para las fechas navideñas. Testigo del abrazo es una miniatura de Peter Cech con bastante peor leche que el exguardameta checo, aunque en la foto sonría engañosamente.

El motivo del abrazo entre Joselu y su cuñado Carvajal es el referido gol del delantero blanco, logrado a centro del lateral del mismo equipo, que cuajó un partido sensacional a despecho del olvido de las portadas. Dani Carvajal está de dulce, y los informes lo atribuyen a unos cambios dietéticos que al parecer pasan por la eliminación del gluten. Quite el gluten de su vida y substitúyalo por un cuñado. No encontrará más que ventajas.

Esta foto de afecto cuñadil es nuestra favorita de las primeras planas del día. La conexión familiar está rindiendo buenos frutos en el Real Madrid, y parece susceptible de ser traducida en los mismos términos en el equipo nacional. El amor fraterno es cosa buena y, si bien pertenece quizá a una categoría menor, el amor fraterno con vínculos estrictamente legales no le anda a la zaga. Qué sabio es el idioma de Yeats denominando brother in law a tu cuñado, porque es de ley (law) que esta pareja rinda buenos réditos en el ámbito blanco (el rojigualda, con el debido respeto, nos incumbe menos).

Mundo Deportivo, como es habitual, arrima el ascua a su sardina y habla de “mucho protagonismo de los azulgrana”. La foto del Peter Cech jibarizado al que antes aludíamos deja clara la importancia de una buena higiene bucal, a ser posible desde la más tierna infancia. Las fotos de fotomatón de perlas de la Masía que coronan el frontispicio son inenarrables. Tienen un punto siniestro, como recién despinchadas del corcho de alguien muy creepy. Nos viene un nombre a la cabeza, pero no queremos que le vuelvan a contratar y Jan es muy capaz. Mejor no demos ideas.

Sport arrima exactamente el mismo ascua a exactamente la misma sardina que Mundo Deportivo. Ve lo rojigualda color blaugrana, que ya son ganas de ver. Ferran Torres se lleva dos dedos a la frente, no sabemos si tal vez porque carece de ellos de manera natural, pero nos alegra en todo caso que el Yernísimo sea capaz de brillar lejos de la protección de los vínculos legales de los que antes hablábamos.”Pon un cuñado en tu vida” es lema que parece funcionar para Joselu y Carvajal. “Quita un suegro de la tuya” es otro que parece ir bien, en este caso y contra todo pronóstico, al bueno de Ferran. Nos congratulamos.

Por lo demás, allá arriba, en lo alto de la portada de Sport, tanto Cancelo como João Félix hablan de la Champions como “un objetivo real”. ¿Objetivo Real Madrid, quieren decir?

No lo descartamos.

Pasad un buen día.

El domingo vuelve a jugar el Real Madrid tras otro infame parón de selecciones, y lo hace frente a la Real Sociedad. Se trata de un enfrentamiento clásico de nuestra liga que ha deparado no pocas curiosidades, anécdotas e historias que probablemente muchos no recordéis.

 

Nuestros amigos de fcQuiz han diseñado ocho preguntas acerca de la relación entre ambos clubes, ¿podréis hacer pleno de aciertos?

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Ocurra lo que ocurra, esta temporada será recordada por dos inolvidables sucesos: la primera temporada de Jude Bellingham, futura leyenda del club blanco, y la temporada sin el dorsal 9. Ganemos o perdamos, lloremos o sonriamos, será imposible librarse de esa última acepción. Me imagino con 93 años contándole a mis bisnietos aquella temporada en los años veinte en la que nadie tenía un nueve a la espalda y batimos todos los récords. Siempre he sido un optimista. Mi nonagenario yo del futuro lo seguirá siendo, eso seguro.

“Negligencia”, “dejación de funciones”, “conservadurismo” y “mala praxis”, son algunas de las palabras lanzadas hacia los que toman decisiones. “Obsesión por Mbappé” ha sido uno de los temas más divulgados en las redes sociales. No secundo esos calificativos pero sí utilizaría la palabra “improbable” o quizás “anómalo” ya que son las que mejor describen lo que ha ocurrido este verano. Que en la plantilla del Real Madrid no haya habido una asignación de la camiseta con el número 9 a ningún jugador era improbable y, ahora mismo, una anomalía, ya que es la primera vez en la historia del club que no se asigna dicho dorsal. El resto de las palabras usada no me parecen muy apropiadas, si acaso “conservadurismo” puede ser la más acertada pero no se debe tomar como algo peyorativo, sobre todo en época post-Bartomeu, presidente que ha conseguido que la palabra “conservadurismo” sea uno de los tributos más preciados en el fútbol español.

La única temporada de los últimos 30 años que se me viene a la cabeza en la que hubiese una situación parecida, sin un delantero centro puro, es en la 2000/2001, año I de Luis Figo, en la que Morientes era el nueve pero se lesionó, y se jugó gran parte de la temporada con Raúl y Guti de delanteros.  Se ganó una Liga y se llegó a semifinales de Champions. En la actualidad, podríamos decir que Bellingham estaría posicionándose como ese Gutiérrez que acabó con más de una decena de goles, aunque no se parezcan en nada, desde la melena rubia hasta los muebles en la cabeza.

Guti gol 2001

Pero, ¿qué es lo que ha llevado al club a tomar esta decisión? ¿han perdido la cabeza?¿se han acomodado tras ganar tantas Copas de Europa? Sin juzgar si la estrategia ha sido correcta o no, voy a intentar meterme en la cabeza de los responsables. Eso sí, sin mencionar la “causa Mbappé”, porque sí, porque me aburre el tema. Esta claro que ha influido en todas las decisiones, pero voy a intentar superar ese nivel de discusión.

 

1- Un mercado sin perfiles

 

La Directiva decidió hace cuatro o cinco años restringir mucho el casting de jugadores válidos para el Real Madrid. Y en el puesto de delantero centro, vital para cualquier proyecto, no quieren dar un paso en falso. El jugador que venga tiene que ofrecer un claro valor añadido al club, deportivo y económico, a poder ser a largo plazo. A Kane se le descartó por precio y edad; a Kolo Muani o Havertz, por ejemplo, por precio y falta de certidumbre. Solo hay dos jugadores que cumplen dicho perfil, pero ya se ha hablado demasiado de ellos.

 

2- Errores pasados

 

Con Hazard se ha aprendido que no debes fichar a una gran figura de edad media, aunque no se haya lesionado nunca, si ese jugador no es un obseso del entrenamiento y la recuperación. Con Mariano, a no dar un contratazo a un chaval que sólo ha brillado un año, por muy canterano que sea. Y con Jovic, que los inadaptados no se adaptan.

Hay muchos items que JAS y Juni deben rellenar ya que, ante la economía actual, uno o dos fallos caros seguidos te pueden dejar en el dique seco durante cinco años.

Jovic y Hazard

3- Economía

 

El Real Madrid tiene una economía saneada, pero el Mundo, Europa, España y el fútbol no. El negocio del fútbol en España presenta una enorme contracción impulsada por unos gestores lamentables. Una Europa en precrisis junto con la amenaza de los clubes-estado y Arabia Saudí obligan a dar pasos sólidos y sin florituras. No es época de bonanza y gastarse 100 millones en un jugador sin plenas garantías es negligente. Estamos ante un mercado hiperinflacionado donde un jugador que ha marcado 10 goles en la liga italiana cuesta 80 millones y, si no le pagas lo suficiente, se va a Arabia.

El Nuevo Bernabéu permitirá dar un paso hacia delante pero, aún así, el tablero ha cambiado, la estrategia se ha modificado y se seguirá modificando para poder luchar contra los países golfos del Golfo.

 

4- Jude Bellingham y los brasileños

 

En esta revista se apostó por un Bellingham más goleador y con una posición más adelantada. Como sabemos que Ancelotti lee La Galerna cada mañana, captó el mensaje. 5 goles y 1 asistencia gracias a La Galerna. Fuera de bromas, Jude tiene gol y se mueve en el área cual Raúl González. El movimiento del último gol frente al Getafe sólo lo hicieron Joselu y él. Para eso se nace, el diente no te sale con veinte años. Esto en el club se intuía y se fue confirmando en el verano, lo que les ha ido reafirmando en el conservadurismo.

Por otro lado, los brasileños han sido señalados indirectamente y deben dar un paso al frente. La confianza es plena en ellos. Vinicius se tiene que adaptar a jugar menos pegado a la cal para hacer más daño en el área y Rodrygo debe ganar contundencia y elevar sus guarismos en Liga. El vacío de Benzema tiene que ser ocupado con un granito de cada uno de estos tres jugadores que deben marcar el porvenir del club los próximos diez años.

Un buen inicio de campaña

5- La plantilla

 

En la cúpula se cree que se tiene una plantilla excepcional y mejor que la del año pasado, algo que fue truncado por las lesiones graves de Courtois y Militao. Se ha limpiado a los jugadores que no sumaban y se han añadido futbolistas más profesionales y que aportan mayor valor. Pero lo más relevante para la mejora de la plantilla son los pasos adelante que tienen que dar cada uno de los jugadores jóvenes. Tchouaméni lo está dando, Valverde tiene que recuperarse de sus últimos meses, Camavinga va a seguir evolucionando, Joselu, Brahim y Güler sumarán más que Mariano, Hazard y, puede que, Asensio.

A veces las plantillas no evolucionan por los fichajes, evolucionan por estar repleta de jugadores jóvenes que serán mejores cada año. Puro Darwinismo.

 

6- Urgencias

 

Cuando has elevado al cielo 5 copas de Europa en 10 años la palabra urgencia se mira con soslayo y jocosidad. Aunque en el mundo madridista urge hasta el color de los banderines del córner, la palabra “tranquilo” procedente de la cúpula no se ha repetido en vano. Se busca siempre la excelencia, pero la excelencia no suele ser muy amiga de la urgencia.

 

7- Riesgo

 

Dudo que los responsables de estas decisiones desconozcan el nivel de riesgo que están tomando al no sustituir kilo por kilo a Karim Benzema. El riesgo es claro pero no se puede tildar de negligencia. Vinicius, Bellingham y Rodrygo no tienen ningún problema en mirarle a la cara a cualquier delantera del mundo. Estos tres jugadores están dentro del TOP 15 mundial. El riesgo asienta en que ninguno de ellos ha llegado a la cifra de 30 goles por temporada, pero estoy seguro que en el seno del club se espera que uno o dos de ellos se acerquen a dicha cifra.

“Anomalía”, “arriesgado”, “conservadurismo” son palabras que puedo aceptar pero siempre que se acepte previamente “cinco Copas de Europa en diez años”. Confianza plena en esta Directiva. La suerte está echada.

 

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Era siempre por estas fechas. Recién arrancada la Liga, a media tarde, mi abuelo extendía periódicos sobre la mesa del comedor: clasificaciones, noticias deportivas, y datos históricos. Yo me sentaba a su lado con mis guías de la temporada, mis cromos, los álbumes con todos los equipos. Era el ritual de la Quiniela. Y la discusión habitual. “¿Por qué antes de empezar a hacer la Quiniela ya has vuelto a poner que gana el Madrid y pierde el Barcelona?”, me preguntaba sonriente, “hay que hacerla con la cabeza, no con el corazón”. Y por supuesto, asentía, pero en esto no le hacía ni caso. Siempre ha habido dos casillas fijas en mi Quiniela: palma el Barça y gana el Madrid.

En la tarde templada del domingo, la radio cantaba los goles, yo los apuntaba en la copia de una quiniela, y se los iba a contando a mi abuelo, que leía en el salón: “Necesitamos gol del Albacete, empate del Valencia, y tres goles del Osasuna”. Si el gol era del Real Madrid, la Quiniela daba igual, gritaba por el pasillo anunciando al vecindario coruñés tan feliz circunstancia, y mi abuelo no me juzgaba por ello, porque compartía la alegría.

Quiniela

Al llegar el lunes, la recaudación y el premio para los de once. Sin once, el premio era bueno, pero cuando lo sacábamos, no llegaba ni para comprar unas golosinas en el quiosco. Pero obviamente, no era el dinero, era la pasión por el fútbol, la emoción de jugar. Que no faltábamos a la cita con los programas deportivos, ni los del domingo noche, ni los del lunes, ni al resumen de los goles, ni a las tertulias de la radio; y luego a quemar los campos de fútbol en el recreo, intentando emular todas las virguerías que habíamos visto la noche anterior en televisión.

Allá por el 93, cuando falleció mi abuelo y me quedé sin compañía para ver los partidos del Real Madrid, el ritual futbolero se fue replicando con mi padre: desde la Quiniela compartida hasta las escapadas al bar, ya existía Canal Plus, a ver los partidos del Madrid, Coca-Cola y pincho de tortilla.

Hay algo que nos conecta al niño que fuimos, que vivía a dos ocupaciones: entre el colegio y el Real Madrid, entre el aroma a los libros recién forrados y el nuevo póster de Emilio Butragueño en la habitación

El inicio de temporada traía también una emoción especial: ver a los nuevos fichajes. Sus primeros minutos podían ser motivo de entusiasmo o decepción, y rara vez levantaban más tarde las cosas después de un comienzo pobre. Hoy sabemos hasta la marca favorita de macarrones de la tía abuela de cada nuevo jugador, pero entonces teníamos que ceñirnos a un par de comentarios en la radio y alguna columna aventurera en la prensa sobre lo que se podía esperar de él; en otras palabras: la única manera de salir de dudas era verlo de blanco y en acción.

Álbum cromos Real Madrid

En aquellos lejanos días en que se nos hacía pesado abandonar la rutina estival y volver a los madrugones, al trayecto tedioso del bus escolar, y a las clases, obligaciones, horarios, y tareas, el comienzo de la temporada de fútbol resultaba una ilusión, un aliciente, una compensación a todo lo que representaba la vuelta al cole. Y el Real Madrid, con muchos de los jugadores mejor pagados de la Liga, además, encerraba una pequeña lección: esos chicos que lo tienen todo también vuelven al cole, se esfuerzan, y se les nota que, por más que les entusiasme su trabajo, disfrutaron de lo lindo durante el verano y dudo que quisieran regresar tan pronto. De algún modo la vuelta al cole nos igualaba a los niños y a nuestros ídolos de blanco, en el hastío de la rutina y en la ilusión por el nuevo curso.

Es cierto que hoy el regreso del fútbol es más tempranero, que se mezcla el fin de temporada y la pretemporada, y los encuentros oficiales y no oficiales se confunden, es cierto que ya casi nunca hago la Quiniela, que a través de las redes lo sabemos todo de los futbolistas incluso cuando están de vacaciones, y que raras veces escucho ahora los partidos en la emoción de la radio, pudiendo verlos en directo o en televisión. Pero hay algo que se me aparece y aún me pone la piel de gallina en estas noches de septiembre, en estos días de vuelta al cole, algo que nos conecta al niño que fuimos, que vivía a dos ocupaciones: entre el colegio y el Real Madrid, entre el aroma a los libros recién forrados y el nuevo póster de Emilio Butragueño en mi habitación.

 

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Buenos días, amigos. Hoy es martes y doce, tradicional día de mal fario para quienes detestan las matemáticas y puntualmente para quienes disfrutamos con el fútbol del Real Madrid en un entorno limpio libre de podredumbre. «Corrupción no, gracias» podría ser el eslogan. Podéis decir que no es muy ingenioso. Cierto, pero es válido.

«Corrupción no, gracias» es también la directriz de los cuatro Jinetes del Apocalipsis y por ende de toda la prensa deportiva española y de parte de la generalista. Pero hay un pequeñísimo problema, un quebranto sin importancia: la interpretación del eslogan. La prensa no lo entiende como una soflama en contra de la corrupción, sino como una orden de vaya usted a saber quién (aunque no es muy difícil saberlo). Es decir, los medios deportivos se rigen por la norma que indica que hablar de corrupción no, gracias.

¿Qué queda del fútbol español si lo despojamos de corruptelas y del Real Madrid porque la competición de clubes está interrumpida? La nada. Y la nada es lo que entienden por puro fútbol los compañeros de pádel de Al-Khelaïfi, representante deportivo en la Tierra de Catar, uno de los estados totalitarios sin apego por los derechos humanos que se están comprando occidente mediante la utilización de equipos europeos de fútbol a modo de caballo de Troya ante la inacción de quienes tienen responsabilidades, que prefieren poner la mano y recoger lo que les cae. Ya vendrán los lamentos, pero los problemas con el bolsillo lleno son menos problemas.

Portada Marca

España-Chipre a las 20:45 en La 1. Puro fútbol, según Marca. Esto sí es fútbol for the fans, y no un Real Madrid-Bayern, o un Liverpool-Milan, ¿a quién puede interesarle un choque europeo del más alto nivel pudiendo disfrutar un martes crepuscular de un España-Chipre? Es que algunos no tenemos criterio.

Y además podemos admirar al enésimo niño prodigio. El de esta campaña es Lamine Yamal, lo conoceréis por haber jugado bien en la élite un puñado de partidos contables con los dedos de una mano. ¿Qué más méritos se necesitan? Ninguno. Perdón, hay una condición: ser del Barça.

El sistema funciona así: un jugador del FC Barcelona —el club que propició la corrupción sistémica arbitral concluida por el juez Aguirre, para los despistados que no lo ubiquen— debuta de manera precoz en el primero equipo, realiza dos o tres buenas actuaciones, las portadas se refieren a él como el nuevo Messi, el nuevo Ronaldinho, etc. Se da la casualidad de que esos jugadores suelen estar representados bien por agentes cercanos al club, bien próximos al seleccionador de turno. El niño prodigio debuta, juega unos buenos encuentros y como consecuencia aumenta su caché y su valor de mercado, de lo que se benefician jugador, representante y club de cara a una futura venta. Pasado un tiempo, el nuevo Messi-Balón de Oro-Superstar acaba llenando su casa de cojines con sus iniciales y jugando en la MLS o emigrando a clubes potentísimos como el Brighton. Pero mientras tanto los implicados han obtenido el beneficio buscado.

Muchos dirán, pero es que el Barça, gracias a La Masía, se nutre de canteranos, a diferencia del Madrid, y eso tiene su reflejo en la selección. Hay dos tipos de canteranos, los canteranos bengala, que prenden rápido, debutan de manera fulgurante y al cabo de un breve lapso de tiempo se apagan; y los canteranos antorcha, que de entrada lucen menos, pero poco a poco su llama se hace más grande y alumbran, y a menudo deslumbran, durante años en sus clubes. Decidnos algún canterano, aparte de Sergi Roberto, que haya perdurado hasta la madurez (con protagonismo) en la actual plantilla del Barça.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

La prensa cataculé no viene muy diferente a Marca (¡oh, sorpresa!). Sport titula «¡No pares Lamine!». ¿Falta la coma del vocativo o se encuentra opacada por el cogote del niño prodigio? La experiencia nos hace inclinarnos por la primera opción.

Se da otra de estas curiosidades propias de los culés. Sport dice que ahora el Barça quiere blindar a Frenkie de Jong. ¿Recordáis cuando utilizaban estos mismos tentáculos mediáticos para hacerle mobbing y que se fuera?

En las alturas del diario que cobija a Iván San Antonio, otro personaje de catadura moral similar al perseguidor de familiares de árbitros, Rubiales, insiste en que «el beso a Jenni fue como el que le puedo dar a mis hijas». A uno se le revuelven las tripas, más aún si tiene hijas. Pero en este caso se cumple una vez más la directriz periodística de «corrupción no, gracias»: el beso lo tratamos, pero las corruptelas acumuladas durante años, no.

Corrupción no, gracias, hay que dejarlos crecer (a los corruptos), como cantaba aquel anuncio de los pezqueñines. Y algunos de esos corruptos han crecido tanto que no caben en la pecera.

¿Que el juez Aguirre concluye corrupción sistémica arbitral para favorecer al Barça por primera vez en la historia del deporte en España? Lo ignoramos en las portadas.

¿Que el presidente de la RFEF negocia comisiones personales de enjundia económica con el capitán en activo de un club que participa en las competiciones objeto de negociación? Pasamos de puntillas y, por supuesto, no clamamos por su dimisión debido al flagrante conflicto de intereses.

¿Que Rubiales, siempre supuestamente, desvía fondos federativos para organizar orgías, viajes de placer y pagar inmuebles? No es importante, no merece atención informativa, donde esté un Georgia-España con algún canteranos random del Barça que se quite todo lo demás.

¿Que entregan a un tribunal federal de EEUU datos de supuestos pagos del mundial de Catar a Tebas, Villar y Sánchez Arminio? Nada, de eso no se habla, no vayamos a reducir ingresos por publicidad, que la información es importante, pero las lentejas más.

Portada As

As hoy va por libre y habla del casting del Madrid por el 3. Fran García tiene un problema de bisoñez, Mendy de ausencia involuntaria y del resto de jugadores no específicos que podrían desempeñar esa función, aunque nos duela en el alma, porque es como preparar calimocho con Pago de Carraovejas, quizá el que mejor hace de 3 es Camavinga. Aunque no falta quien lo propone como nuevo presidente de la RFEF. Seguro que lo haría mejor que los últimos en el cargo.

Pasad un buen día.

El Gatopardo, la novela que escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa y que publicó la Feltrinelli en 1958, es quizá más conocida por el concepto de filosofía política a que dio lugar (el gatopardismo) que por su extraordinaria dimensión literaria y artística. Así son las cosas, qué le vamos a hacer. La expresión está ya tan asentada en la lengua que hablan los españoles (o que hablaban) que, a pesar de no haber sido recogida aún por el Diccionario de la Real Academia, sí está, por ejemplo, en la FUNDEU: “término con el que se alude al principio expuesto a menudo como cambiar todo para que nada cambie”. Me acordé de esto el otro día cuando vi la alineación con la que el Madrid empezó su partido contra el Getafe.

En el equipo titular que Ancelotti dispuso sobre la capa verde que recubre el fabuloso hipogeo del Nuevo Santiago Bernabéu sólo había tres futbolistas que también partieron de inicio en la final de la Copa de Europa jugada en París en mayo del año pasado, es decir, solamente quince meses antes. Están, por supuesto, las obvias salvedades de Courtois y Militao, lesionados de larga duración y que sin duda habrían formado parte del equipo si hubieran estado en condiciones, y de Vinicius, temporalmente fuera de servicio. No obstante la cuenta sigue resultando asombrosa, pues el equipo que se coronó contra el Liverpool hace, por así decirlo, dos telediarios, ha renovado más de la mitad de sus efectivos titulares en un tiempo récord y sin que, como suele pasar casi siempre, haya mediado ninguna catástrofe deportiva. Todas las líneas contemplan cambios sustanciales: el lateral izquierdo, la media al completo y lo nuclear del ataque son completamente nuevos. ¿No es excepcional?

Alineación Real Madrid Getafe

El centro del campo más dominador del fútbol europeo contemporáneo, es decir, Casemiro, Modric y Kroos, ya no existe. Se dice pronto. Era, grosso modo, lo que quedaba del increíble mecano de naturaleza histórica del Madrid de los Jerarcas, que empezó con Mourinho, maduró con Ancelotti y culminó con Zidane. Sin Ramos y sin Cristiano Ronaldo, sin el alfa y sin la omega, quedaban Benzema y los triunviros, que no es moco de pavo: quedaba el mecanismo de tracción de un equipo legendario. Con eso solo ya está dicho todo: la sala de máquinas del tirano de la Copa de Europa en la última década se ha renovado en un abrir y cerrar de ojos. La FUNDEU, que también habla de lampedusismo, debería ampliar la definición integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador. O sea, de inmovilista, según la acrisolada prensa deportiva patria, tan estúpida, por lo general, como miope.

La FUNDEU debería ampliar la definición de gatopardismo integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador

Mendy, los tres emperadores del centro del campo, más Benzema, no son cualquier cosa. En particular, la ausencia de los cuatro últimos implica una reformulación absoluta de la idea de juego, tal es el peso de estos futbolistas en el movimiento global del equipo. Su presencia en el terreno de juego conduce a todo el equipo en un sentido u otro. Son figuras determinantes. Sus apogeos, declives y regularidad han establecido pautas. Movieron al 4-3-3, las ausencias de unos u otros llevaron al 4-3-2-1, a sistemas más audaces o de mayor contención. Su liderazgo va mucho más allá de lo deportivo, es una cuestión espiritual, una jefatura. Que no estén remueve los cimientos. Es como cambiarle la identidad al grupo, resetearle el cerebro, obligarlo a hablar en otro idioma. Como no hay otro Benzema, ni otro Kroos, ni otro Modric ni tampoco, verbigracia, otro Carlos Henrique Casemiro, la reinvención ha tenido que pasar por fichajes de “perfiles” parecidos, complementarios y sobre todo, modernísimos, que respondan también al estado de cosas del mercado internacional, plagado de petrotiburones con los que no se puede competir, y de la liga nacional, competición en evidente degeneración. Camavinga, Tchouaméni, Valverde y Bellingham constituyen los ejemplos perfectos de la lamarckiana adaptación al medio del entrenador más experimentado del fútbol de élite actual: chicos muy jóvenes y llenos de talentos cuya principal virtud es la polivalencia. Como la versatilidad es buena pero peligrosa, pues siempre acecha la ambigüedad y, en último término, la terrible indefinición, el scouting del club, origen y rector de este proceso iniciado en la dirección deportiva desde hace algunos años, pone en manos de un viejo zorro con un palmarés inigualable la fase final de la formación de las futuras estrellas.

JAS y Florentino

Esto es algo revelador. Desde siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo, esas nociones vaporosas con las que la prensa enemiga del club ha pretendido siempre ensuciar los éxitos del Real, sobre todo desde que está Florentino. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador. Un sentido de las cosas, una lógica empresarial que en fútbol suele denominarse “cultura de club” y que, decían, el Madrid nunca tenía: el Madrid ganaba a dentelladas absurdas de un Leviatán fatal, acaparador de títulos sin entrañas, devorador de las ilusiones de los pueblos. Sin embargo este es un proceso no azaroso ni aleatorio, sino guiado, orientado por una idea clara de qué tipo de equipo de fútbol quiere tener el Madrid en el corto, medio y largo plazo. El proceso es evidente que funciona: que en quince meses el Madrid ha reemplazado a la mitad de su equipo titular es un facto, como lo es que por el camino ha cambiado su manera de jugar, ha recuperado el rombo, añoranza vintage de un fútbol hoy obsoleto, ha cambiado de estrella y además ha seguido ganando.

Siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador

La renovación de un grupo eminentemente ganador es siempre una mar embravecida, una cuestión delicada que a menudo acaba en tragedia. Los grandes difícilmente tienen recambio, es algo natural, la vida misma. El Madrid galáctico, el Barcelona de Messi, la primera SuperFrancia mestiza, la España del “Tikitaka”, son algunos ejemplos de extraordinarios equipos ganadores a los que siguió el abismo. Lo ideal es renovarse cuando uno está en la cresta de la ola, pero las cosas casi nunca se acercan a lo ideal. El Madrid lo intentó cuando Zidane se fue de improviso tras el threepeat pero entonces todo descarriló. Este tipo de procesos siempre están expuestos a riesgos no calculados y a inopinadas tormentas. Con todo, a pesar de los errores, la dirección parece clara. Hoy a Casemiro lo sustituye el pivote de la selección subcampeona del mundo y a Modric y Kroos, dos de los centrocampistas con más proyección del fútbol mundial. De Benzema se ha puesto a hacer un chaval inglés que con 19 años se mueve como si fuera Di Stéfano y parece llevar lo madridista tan en la sangre que, se diría, encarna la esencia de todos los carismas que han ejercido el liderazgo moral del club en 120 años.

Jude Belllingham

Ancelotti, mientras tanto, articula, en este inicio de temporada, una suerte de capellismo champán que ha puesto líder al equipo, con sólo dos goles encajados a pesar del baile de defensas y porteros y no muchos más a favor, sino los justos. Sin Benzema el Madrid necesitaba otro punto de apoyo para mover el mundo y Carletto lo está encontrando pues esa es la razón de que, desterrado de la primera línea de la élite mundial, alguien pensara en él cuando Zidane, en mayo de 2021, decidió volver a irse. En un panorama desolador, mientras que el fútbol pierde a chorros el simbolismo inherente a su naturaleza y sin que se diera cuenta ninguno de nuestros listos, tan atentos a las majaderías de nuestro tiempo, el Madrid tardoflorentinista lleva un lustro implementando una singular kulturkampf con la que está resignificándose a sí mismo con el objeto elemental, único, de que todo siga, claro, como siempre. Con él por encima de todos los demás.

 

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El cuarto día del quinto mes del año rozaba su fin. Haberlo aguardado con el fervoroso anhelo de una novia que en el altar accede a formar una eterna comunión con su amado me había abocado a la extenuación. Desde mi asiento aún era posible apreciar los últimos estertores de la claridad vespertina. Desvié por un momento mi vista del verde y la fijé, con gesto grave, en el cartel de Feygon que corona el número 144 de la Castellana. Recuerdo mi cabeza repetir para sí una y otra vez: "No muramos en la orilla", como si de una jaculatoria para espantar un mal se tratase. Lo cierto es que el temor se empezaba a apoderar de un cuerpo que, durante varias jornadas, había sido una secreción hormonal constante presidida por la adrenalina. Tal respuesta bioquímica me había inhibido el apetito, incluso el sueño y, con todo, me sentía un ente pletórico. Lo que generaba esa paradoja a nivel físico no era otra cosa que la ilusión de disponer de una nueva ocasión para aupar a un fiel y admirable compañero de vida hacia otra cita con la gloria. Y es que mi buen amigo, el Real Madrid, no podía dejar sin culminar su trepidante labor de conquista de aquella edición de la Copa de Europa. De ser así, la acción de la historia, que, fulminante, no atiende a méritos para determinar qué trasciende y qué no, acabaría, más pronto que tarde, erosionando la hazaña, hasta hacerla caer en los dominios del olvido colectivo. Sería como si La Niña, La Pinta y la Santamaría hubieran naufragado una vez divisada tierra firme.

Cartel Feygon Castellana Bernabéu

La cuenta atrás de los últimos diez minutos del tiempo reglamentario con el marcador inmóvil en el 0-1 presagiaba un final propio de Chazelle en La La Land que, pese a haber sido de mi agrado en su día, cuando acudí al cine a ver el largometraje, no quería de ningún modo que quedara transpuesto en esta historia. El realismo, que quede para las películas, mientras que el idealismo, con sus finales felices, para la realidad. Así pues, el intento de digerir la idea de que un villano como el Manchester City cada segundo tuviese más probabilidades de impedir la reunión del Madrid con “la niña de sus ojos” me generaba un profundo rechazo. Sin embargo, por muy inconcebible que me hubiese resultado hasta poco antes, parecía que la ingente belleza epopéyica de la que había participado como espectadora en cada embestida iba a ser en vano, así que, en un acto de debilidad supina, me resigné a convencerme de tal aberración.

Mientras contemplaba el campo desde el tercer anfiteatro como encaramada a un abismo, en mi pecho, al igual que hacía una década en aquella semifinal contra el Bayern de Múnich, se batían la incredulidad, la amargura, así como la gratitud hacia esos once burladores del destino fatal de la derrota que tanto me habían hecho disfrutar. Pero, de pronto, creí decrecer unos centímetros y tener unas facciones más redondeadas. La equipación que llevaba puesta parecía, asimismo, algo distinta y más pequeña. El Bernabéu ya no era el Bernabéu, sino el Estádio da Luz retransmitido por la televisión del salón de su casa, y ahí, sentado a mi derecha, estaba él, ese que tuvo que esperar hasta la senectud para poder vivir su madridismo plenamente por no haber tenido hasta entonces allegado con quien compartir la pasión por un escudo. Su presencia me imponía y enternecía a partes iguales. Había pasado mucho tiempo. Entonces, desolada como aquella niña que, a escasos instantes del pitido final, veía cómo se escapaba su sueño de celebrar por primera vez el laurel de mayor prestigio junto a ese hombre que tan feliz le había hecho desde que tenía uso de razón, repetí una pregunta del pasado en busca de certezas: "—Abuelo, ¿tú todavía crees?"; y él, con su serenidad característica, replicó su sempiterna respuesta: "—Hija mía, el Madrid es lo más grande". Acto seguido, un vuelco del destino en forma gol desató la euforia.

Orgullo y esfuerzo

Pensaba seguir fundida en el abrazo más intenso que jamás había dado —el que provocó aquel cabezazo de Ramos bajo el cielo lisboeta— cuando volví en mí. Tanto la estructura ósea de mi abuelo, como su terso rostro y cabello liso y cano se habían desvanecido repentinamente del cuerpo que todavía asía con fuerza. Instintivamente, clavé una mirada cargada de tintes de extrañeza y decepción en los ojos de aquel septuagenario desconocido y, a la vez, cómplice de tal júbilo, que resultó ser el ocupante de la localidad inmediatamente de debajo. La aparté al instante, en cuanto noté que se empañaba. No diré que desconociera el motivo de mi discreto llanto, ni que fuera sólo una forma de desahogar en aquel momento el compendio de emociones que había acumulado. En su lugar, seré sincera y admitiré que la lágrima que serpenteó por mi mejilla después del 1-1 de Rodrygo Goes en el minuto 90 de aquel partido se debía a un amor del ámbito terrenal desaparecido, pero que, a través del legado del Real Madrid, me acompañará eternamente.

 

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Rubiales y la 15

 

Estaba siendo un finde raro. No había jugado el Madrid y me faltaba la deliciosa ración de cosas mal hechas que sea sábado, domingo, incluso viernes hace este peculiar club. La última resultó especialmente enternecedora: Bellingham mete muchos goles, mal asunto. Lo escuché tras el partido con el Getafe.

Resulta intolerable para algunos que un futbolista que no es 9 decida los últimos partidos del equipo con remates en posición de 9 a lo Hugo Sánchez, Suker, Morientes, Ronaldo, Van Nistelrooy, esas gentes. Mal hecho.

Jude Bellingham

Vamos, que si el goleador llega a ser un defensa situado en tal posición, Carvajal, por ejemplo, piden la anulación de sus dianas con carácter retroactivo. Lo correcto en Bellingham sería marcar desde el centro del campo, incluso más atrás si pensamos que lleva el 5. ¿Que fue de Zidane? Ya. Y de Goyo Benito que en gloria está. Pero ojo: si marcara desde 30, 50 metros, habría fallado el portero…

Otra cosa magnífica fue escuchar que el Bernabéu, cerrado, recuerda un pabellón lo mismo: cerrado. Pelo más grande, eso también. Otro error del Madrid: puede cerrar el estadio, pero cuando eso pasa, que lo cierra, no está abierto. Una estafa.

La última cosa mal hecha del Madrid resultó especialmente enternecedora: Bellingham mete muchos goles, mal asunto. Lo escuché tras el partido con el Getafe

En estas fue y dimitió Rubiales. Luego les comento. Antes apareció Van Gaal manifestando que el triunfo de Argentina en el Mundial fue ‘premeditado’ pues Messi debía ser campeón. Teoría que expuso antes Ibrahimovic, otro culé casualmente. Quizá influye en ellos que el expelirrojo Infantino, presidente de la FIFA, manifestara avant torneo que era una injusticia a reparar que el astro argentino no hubiera ganado la Copa del Mundo.

No sé. Me cuesta creer que pasen cosas raras en el fútbol y más a alto nivel. Diecisiete años pagando al número 2 de los árbitros no es nada, nos cuentan. Por poner un ejemplo, digo. Ibra, Van Gaal… Ya lo dijo el torero: hay gente p’a to.

Y en ese ambiente, en domingo por la noche, desde Inglaterra y ante un periodista local muy curioso, nos dimitió Rubiales. Porque sí, nos ha dimitido a todos. Ya nos contarán por qué y a cambio de qué. El asunto estaba cantado y se trataba de saber cuándo tiraría el hombre la toalla. Es como la 15 del Madrid: acabará cayendo. Y como Rubiales, más pronto que tarde.

Rubiales y Pîers Morgan

El asunto me sugiere una pregunta sobre todas: ¿seremos capaces de dar con un ser normal y sentarlo en la presidencia de la Federación, existe el personaje?

Admitiría un extranjero, por supuesto. Incluso para el cargo de seleccionador, masculino y femenino. Este caso, el femenino, es el de mejor arreglo: se trata de poner a quien prefieran las jugadoras, será la mejor manera de evitar líos. Habrá otros, pero no este. Como si piden a Scariolo. Total, sin con un piernas ganamos el Mundial, con un bendecido, cinco seguidos.

Una federación no deja de ser una empresa de servicios, una cosa normalita que han convertido en un gigante que no existe. Empezando por el salario del presidente y elementos cercanos. Parece más complicado dirigir la RFEF que Inditex, Mercadona, la misma ACS. Se necesita un talento, una dedicación y un arrojo tan especiales que, en realidad, no hay dinero que lo pague. Y el fútbol lo genera, otra broma.

Desde Inglaterra y ante un periodista local muy curioso, nos dimitió Rubiales. Porque sí, nos ha dimitido a todos. Ya nos contarán por qué y a cambio de qué. El asunto estaba cantado y se trataba de saber cuándo tiraría el hombre la toalla. Es como la 15 del Madrid: acabará cayendo

También para las territoriales. Máquinas de regalar nóminas a gentes sin las cuatro letras en muchos de los casos. No hace tanto tiempo los presidentes de nuestro fútbol lo eran ‘gratis et amore’. Gente de cierto o gran prestigio en este deporte que dedicaba alguna de sus tardes a pasarse por la federación de su zona y organizar la cosa con cuatro empleados. Lo mismo pasaba en los demás deportes.

¿Existe eso, un paisano capaz de normalizar esta parte de nuestro fútbol? He citado ACS, Inditex, Mercadona. Florentino, don  Amancio o Juan Roig dirigirían la cosa los miércoles. En el caso del primero si el Madrid no tiene partido de Champions. Un señor preparado en cosas de gestión dirige una federación con la gorra.

Rubiales gorra

Ya les conté que esto me pareció un sainete desde el primer día. Y sigo. La última de Rubiales la contó su tío. El dimitido presidente maniobró hasta conseguir que Busquets no fuera sancionado y pudiera jugar un clásico. Ese partido. Contra el Madrid, fíjense. Rajó el hoy cerebro del Inter de Miami al estilo de lo que pocos días antes hizo el valencianista Gayá y le cascaron cuatro partidos. Rajó Busquets ¡de los árbitros! No se puede tener más arte.

De lo demás, Arabia y otras fruslerías les supongo enterados. De su silencio y maniobras para tapar lo de Negreira, por supuesto. Me pareció que Villar era imbatible: me equivoqué. Este lo ha superado. En domingo dimitió. Lo que les vengo diciendo. Su final empieza cuando le da un beso a una jugadora. No sabe en el mundo que vive. Ni en el día.

 

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