Las mejores firmas madridistas del planeta

Los clásicos hablan de ‘Zona Cesarini’, tramo final de cada partido donde las cosas que suceden ya no tienen remedio. Es el momento de la sentencia. Lo de la ‘Zona Cesarini’ viene por Renato Cesarini, jugador de la Juventus que tenía una especial habilidad para marcar goles decisivos al final de los partidos, cuando el cronómetro se acercaba al minuto 90. La expresión quedó acuñada definitivamente cuando Cesarini marcó el 3-2 que daba la victoria a Italia ante la selección de Hungría en un duelo que ambos combinados libraron en diciembre del año 1931. Los húngaros, por aquel entonces, eran cabeza de león en el fútbol mundial y el gol del italiano se vivió como una proeza. Casi cien años después, sigue formando parte del imaginario del fútbol en forma de tópico. Así de grande fue aquel gol para los italianos.

Cesarini

Sin duda alguna, Cesarini hizo sus méritos para que el fútbol le recordase como un hacedor de milagros, pero si hay un equipo que debería tener acuñado un término parecido ese es, sin ningún lugar a dudas, el Real Madrid.

No hay institución deportiva en el planeta con la capacidad del club blanco para hacer imposibles. El último de ellos, este mismo miércoles, en la primera jornada de la Champions, y ante el Union Berlin, equipo debutante en la máxima competición continental, poseedor de una historia singular y que soñó con una proeza en forma de empate hasta que apareció el Real Madrid de siempre, ese equipo que pase el tiempo que pase, vistan la camiseta jugadores de hace sesenta años o de hoy en día y juegue quien juegue es capaz de cualquier cosa, sobre todo cuando el tiempo se acaba.

¡Hasta el final, vamos, Real!, dice uno de los cánticos más famosos y emblemáticos de la hinchada del Bernabéu. El cántico se ajusta plenamente a la realidad. Al Madrid hay que matarle varias veces para verle completamente derrotado. De lo contrario, lo más posible es que suceda lo imposible y que el Madrid se levante de la lona, emulando aquella frase del Don Juan Tenorio de Tirso de Molina en la que el protagonista apuntaba aquello de ‘Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”.

Al Madrid hay que matarle varias veces para verle completamente derrotado. De lo contrario, lo más posible es que suceda lo imposible

Lo cierto es que no hay nada de sobrenatural en la sucesión incompresible de remontadas que protagoniza el Madrid en los aledaños del minuto 90 y posteriores. Es consecuencia de no rendirse nunca, de seguir atacando, de seguir provocando saques de esquina, de seguir rematándolos, de seguir embotellando al rival, de seguir acosando, de seguir creyendo en la victoria…eso es algo que ningún otro equipo del mundo tiene. Donde los demás bajan los brazos, en el Madrid suena la corneta de al ataque y los resultados son lo que son.

Y en todo este maremágnum del último minuto, de buscar con denuedo al Zona Cesarini, aparece de repente y como por ensalmo un nuevo inquilino del Santiago Bernabéu: Jude Bellingham.

El inglés ha hecho seis goles en seis encuentros y dos de ellos los ha marcado más allá del minuto 90 y han servido para ganar partidos. Puro ADN madridista.  Bellingham se viste de Cesarini y además juega en el Real Madrid, el equipo más indomable del planeta fútbol. Por tanto, Territorio Bellingham-Territorio Real Madrid. Nada es casualidad.

 

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Así funciona la máquina del blanqueamiento mediático

 

No se puede decir que la corrupción sistémica creada por el Barça fuera un proyecto puntual, un breve instante delictivo en una eternidad de honorabilidad. Más bien al contrario, se trata de una labor concienzuda, de un proceso de putrefacción perfeccionado con el paso de los años hasta alcanzar el grado de precisión de un reloj atómico. Su origen está en la corrupción institucional, federativa y patronal, y alcanza todos sus resortes, especialmente el arbitral, de donde mana todo el hedor. Pero dentro del sistema hay un puntal esencial para asegurar la pervivencia del mismo; la vertiente mediática. Me gustaría detenerme en ella y explicar tanto su desarrollo, como los principales intervinientes.

1.- Retransmisiones

 

Como lo que no se ve, no existe, es importante encauzar el relato desde su propio origen. El tenedor de los derechos de TV, que además sirve las imágenes al VAR y que lo ha controlado durante varias temporadas no solo es socio del Barcelona, además es avalista de la actual junta directiva y, según sus propias palabras, “la persona que más ha beneficiado al Barça”, siendo esta sentencia muy creíble.

Roures consigue los derechos televisivos en cada concurso. Y su connivencia con el jefe de la patronal desprende un tufo insoportable. Las retransmisiones del Madrid y su máximo rival son todo lo opuestas que cabría imaginar. Más allá de las ideas que fijan los comentaristas y de la vehemencia antimadridista de algunos muy concretos (como Gerard o De Lucas) lo crucial es lo que se muestra durante los partidos y después de los mismos.

Roures Tebas

Sabemos que el que toma estas decisiones es un aficionado del Barça, que los jefes de deportes de las TV con derechos también lo son y tenemos innumerables ejemplos de momentos en los que se han escamoteado lances en una dirección y exagerado en otra. Un ejemplo muy sencillo; los partidos contra el mismo rival, el Getafe, de Barça y Real Madrid esta temporada. En los resúmenes del primero lo que más se destacó fue un supuesto penalti no pitado sobre Araujo en el descuento, por una mano previa de Gavi que, al menos en las imágenes, parece evidente. No se mostró en cambio una mano bastante clara que habría perjudicado a los catalanes. Ni repetición, ni presencia en el resumen. Es decir, fue eliminada en los soportes físicos y borrada de la realidad en un movimiento ‘stalinista’.

Lo imposible solo ocurre cuando está el Madrid por medio, también para lo malo

Lo máximo que vamos a conservar de esta jugada, igual de determinante de la de Araujo, es la captura de un frame de TV hecho por algún madridista. Poco menos que nada. En cambio, en el encuentro Real Madrid-Getafe, lo más repetido es un fuera de juego de Joselu que acaba en gol. Aunque el reglamento deja clarísimo que, tras el rechace de un defensa azulón, la jugada es otra y no hay polémica alguna, se ha intentado denodadamente convertir esta acción en un ‘robo’. Poco se comentó en cambio de la clara expulsión perdonada al meta del Getafe por tocar el balón con la mano fuera del área en una acción de peligro, o de dos posibles penaltis a Jude Bellingham. De hecho, uno de ellos se pitó y fue corregido por el VAR, a pesar de que se había especificado desde el CTA que el videoarbitraje jamás entraría a valorar una jugada de este tipo en la que hubiera contacto. Lo imposible solo ocurre cuando está el Madrid por medio, también para lo malo.

2.- Analistas

 

Es una subespecie muy particular la de los analistas arbitrales. El mejor circo del planeta debería considerar seriamente su contratación por sus habilidades malabares y contorsionistas. Solo así se puede defender —a base de retórica digna del político menos escrupuloso o de circulares e interpretaciones de lo más flexibles— una cosa y la contraria en función de lo que hayan determinado los colegiados, y de la camiseta del equipo afectado. Así, una semana a Kepa le sujetaron, no siendo suficiente para pitar falta, y la siguiente a Lewandowski le agarraron, siendo merecidos los subsiguientes penalti y tarjeta roja.

Su exquisito dominio del lenguaje les permite distinguir los levísimos matices entre los verbos sujetar y agarrar, que de hecho la RAE considera sinónimos. Además, todos ellos coinciden en algo; la intachable honorabilidad de los árbitros, colectivo al que muchos de estos analistas pertenecieron durante los años de plomo del ‘negreirato’. El férreo corporativismo y el enfado con el Madrid y su televisión son habituales en este gremio, que no detectó ninguna tendencia extraña en que a un club no se le pitaran penaltis en contra en dos años, por ejemplo.

3.- Prensa

 

Que el Madrid es el equipo más beneficiado por los árbitros es algo que nos llevan diciendo en los medios toda la vida. Aunque los números señalaran lo contrario, hubiera decenas de errores en la misma dirección o incluso tras ver pruebas evidentes de una corrupción sistémica. De hecho, lo más que se ha conseguido cuando se ha sabido que el Barça ha pagado para que se le pitara a favor al menos durante 17 años es aquello de que ‘los dos grandes no se pueden quejar’.

Los supuestos vigilantes, aquellos que se dedican a contarle al público lo que ocurre, no vieron nada a lo largo de varias décadas con un trato arbitral escandalosamente distinto. O no quisieron verlo, lo que supone una alternativa aún peor. Ahora que el elefante ha aparecido en medio del salón, se dedican a apuntar los focos a otra parte, a ir poniendo mantas sobre él y, en definitiva, a intentar que se regrese a la situación anterior, cuando cada mínima polémica del Madrid se masticaba una y otra vez, mientras que las de sus rivales quedaban en pequeñas y residuales anécdotas. Si antes no colaba para el madridismo, imaginad lo que va a ocurrir ahora. La credibilidad del periodismo deportivo español murió para siempre el día que se destapó el escándalo Barça-Negreira. Unos meses después, son zombies en busca de cerebros que seguir devorando.

La credibilidad del periodismo deportivo español murió para siempre el día que se destapó el escándalo Barça-Negreira. Unos meses después, son zombies en busca de cerebros que seguir devorando

Al final de la cadena están los seguidores, antis o simplemente de otros equipos, receptores del mensaje y tontos útiles del mismo. Resulta verdaderamente llamativo que apenas un par de aficiones hayan protestado por el mayor escándalo de la historia del fútbol patrio, y quizás mundial. Es un recurso manido el de imaginar qué habría sucedido de haber existido las mismas palmarias pruebas de que fue el Madrid quien pasó décadas untando a directivos arbitrales, pero hagan el ejercicio. No habría un solo estadio en España donde no se hubiera montado un conato de rebelión en ese supuesto… Esta y no otra es la mejor prueba de que la lavadora industrial que es la pata mediática que sostiene a la corrupción sistémica funciona a la perfección. Es capaz de emplearse a fondo con un club que soborna a un directivo arbitral durante muchos años y que el resultado sea ese equipo sin sanción alguna, con muy pocos reproches y prácticamente limpio de sospechas. Mientras su máximo rival, principal damnificado de la trama, sigue siendo diana de insinuaciones, prejuicios y sospechas sin ningún tipo de fundamento. Nada lava más blanco que la maquinaria del relato.

 

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Buenos días. En clave madridista hoy hay poco que rascar en las portadas de la prensa deportiva del día. Faltan sólo dos días para el derbi, pero hay cosas que contar sobre la Selección Femenina de Fútbol, y ya sabemos que este tema, por necesidades genuinas o artificiales del guion (eso ya forma parte de la opinión de cada cual), tiende últimamente a monopolizar atenciones mediáticas.

Perdón. Nos disculpamos. En el párrafo inicial hemos escrito “Selección Femenina de Fútbol”, y no debiéramos haberlo hecho. Al parecer una de las peticiones de las jugadoras, por las cuales han estado negociando con el CSD, es que la Selección Femenina de Fútbol ya no se llame así ni un minuto más, sino que se hable de una única Selección Española de Fútbol, sin distinguir entre la masculina y la femenina.

Selección femenina

—Hoy juega la Selección.

—¿Cuál de ellas?

—(…)

—(…) Cuál de ellas, insisto. Hay dos. Una de hombres y otra de mujeres.

—La pregunta no procede. Si quieres busca en internet el cartel anunciador del partido y, en función de la foto, podrás dilucidar el detalle. O no. Tal vez no proceda dilucidarlo.  Tal vez solicitar saber de entrada si el partido es de hombres o mujeres sea una forma implícita de “discriminación sistemática”, como dice Alexia Putellas en la portada de As, aunque sospechamos que quiso decir “sistémica”, como la corrupción de su club según el auto del juez instructor del BarçaGate.

Creemos que todas las reivindicaciones procedentes del EACCSFF (Equipo Anteriormente Conocido Como Selección de Fútbol Femenina) son absolutamente pertinentes. Y decimos bien “creemos” porque la fe es creer sin ver, y hasta el momento no hemos podido ver con claridad en qué consisten dichas reivindicaciones una vez expulsados de la Federación el cafre del presidente y el seleccionador.

El hecho es que las aguas parecen haber vuelto a su cauce, las jugadoras (esto creemos que sí se puede decir) se sienten ahora escuchadas y hoy juegan la Nations League, competición que no se nos tachará de discriminatorios si decimos que nos interesa más bien poco, habida cuenta de que ya hemos declarado en La Galerna que nos interesa también un culo cuando la juegan los hombres (en el supuesto de que, en efecto, haya una Nations League masculina y otra femenina, cuando lo más probable es que el propio desinterés de la competición actúe en este caso de agente social de igualdad y haya que hablar de una única Nations League sin hacer distingos sexistas que nos apresuramos a rechazar tajantemente).

Parece que las exigencias de las o tal vez los profesionales de la Selección (de cuál de las dos hablamos habrá de dilucidarse por el contexto) han arrasado con un par de cargos más en la RFEF, lo cual no dudamos que fuese necesario, sin que sin embargo dichas exigencias se hayan llevado por delante ni a Medina Cantalejo ni a Clos Gómez, este último investigado por la Guardia Civil por su sospechoso incremento patrimonial durante el negreirato y sin embargo ahí sigue, al frente del VAR como si no pasara nada. Es una pena que, ya puestos/as a cobrarse cargos federativos los/las jugadores/as (dedúzcase de nuevo por el contexto) hayan optado por detenerse en la puerta de entrada del CTA sin llevarse por delante a nadie de ese departamento.

El caso es que hoy a las 18:30 juega la Selección de Fútbol, una de ellas, y que si eres una persona como Dios manda no preguntarás cuál de las dos y te sentarás a ver el partido sin rechistar.

—Oiga, pero es que yo la Nations League no la veo, sea de hombres o de mujeres.

—Haga el favor.

Nosotros os hacemos el favor de traeros también la prensa cataculé, como cada día.

Sport dice que Putellas “habla claro” y Putellas añade “somos transparentes”. Nosotros también creemos que lo son, y que quien duda que lo sean probablemente pertenezca a la misma estirpe de personas que anhelan saber si el partido es de fútbol masculino o femenino antes de sentarse a verlo.

Mundo Deportivo es el único rotativo que en el día de hoy relega a un segundo plano uno de los dos, el fútbol masculino o el femenino (dedúzcase por la imagen cuál de los dos, suponiendo que no sean uno solo), y otorga la mayor parte del protagonismo al Barça, ya sea el masculino o el femenino, a nosotros no nos preguntéis y mirad la portada también para salir de dudas.

Pasad un buen día.

Decía Arrigo Sacchi que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes y no conozco a nadie en su sano juicio capaz de contradecir las sabias palabras del entrenador italiano. En una semana como esta en la que los madridistas tenemos partido de Copa de Europa y derbi liguero contra el Atlético de Madrid dicha afirmación se fortalece. Para los que nos gusta el fútbol, una semana así justifica cualquier tiempo de espera. Y ya era hora.

Tras dos semanas de privación de esa actividad placentera que es el Real Madrid, había mono de fútbol. Vivimos rodeados de polémicas en nuestro país. Polémicas interminables y a la carta de una prensa obsoleta y al servicio de una agenda que tiene sus propios intereses oscuros. La polémica de Luis Rubiales y sus terminales, crisis incluida en el seno de la selección femenina, y el Caso Negreira que cada tanto nos va brindado nuevas noticias nos sumen a todos en un plancton difícil de digerir. Y en ese ambiente viciado, solo el Real Madrid parece flotar inalterable y ajeno. Por eso, entre otros motivos, necesitábamos la vuelta a la normalidad futbolística.

Más Jude, menos Mbappé

El pasado domingo fuimos esquivos al célebre virus FIFA. Fue un buen partido. En líneas generales, bastante equilibrado. Incluso podríamos decir que la primera parte fue para la Real Sociedad y la segunda, nuestra. Una vez más tuvimos que remontar. Llevamos 5 victorias en 5 partidos, pleno total. Las dos últimas victorias en casa tuvimos que remontar a dos equipos difíciles en estos menesteres. Los dos laterales del equipo están muy bien. Fran García se coronó con dos asistencias y Dani Carvajal sigue siendo un puñal. El arranque de temporada del madrileño está siendo un recital.  Lástima que la mañana del martes supiéramos que nuestro lateral derecho sufre una lesión muscular y es duda para el derbi frente al Atlético de Madrid.

En caso de victoria, el Real Madrid daría un golpe en la mesa este domingo. Sacar 11 puntos al Atlético de Madrid sería casi descartar a los pupilos del Cholo Simeone de la pelea por el campeonato

Si hay una jugada que resume a la perfección al Real Madrid actual es la del gol del empate frente a la Real.  Sacamos de centro y se produce la magia. Es de admirar cómo se producen todos los movimientos en esa jugada de gol. La dinámica perfecta entre los jugadores coordinados y cómo estos van creando triángulos de superioridad. Digno de alabar la trascendencia de Federico Valverde de principio a fin flotando por todo el campo hasta el golpeo final. Mención especial para Fran García. El segundo gol fue fruto de un centro espectacular del canterano para un remate de cabeza de Joselu. Dos goles seguidos lleva el gallego. Importantísimo jugador de rol.

Rodrygo gol Atleti

Un derbi siempre es importante pero el de este domingo puede tener un significado especial. En caso de victoria dejaríamos al Atlético de Madrid a 11 puntos y tal ventaja puede ser letal a pesar de llevar tan poco tiempo de campeonato. El equipo del Cholo Simeone padece una falta de talento total en el centro del campo. Arriba depende de la profesionalidad de Álvaro Morata si tiene un día inspirado de cara al gol y del único talento nivel élite que posee, el francés Antoine Griezmann. Así pues, una victoria en el Metropolitano supondría un antes y un después para un Real Madrid sólido. Todos sabemos que en un duelo de esta características el que se proclama vencedor deja bastante tocado al otro y más si caes en casa y sales del derbi a 11 puntos de tu máximo rival.

En caso de victoria, el Real Madrid daría un golpe en la mesa este domingo. Si bien es cierto que con apenas 6 partidos jugados no podemos lanzar las campanas al vuelo, sacar 11 puntos al Atlético de Madrid sería casi descartar a los pupilos del Cholo Simeone de la pelea por el campeonato. No conozco un precedente histórico así y salvar una ventaja tan significativa con el Madrid es misión imposible. El domingo saldremos de dudas.

 

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Se ha anunciado que, en el próximo mal llamado clásico, y en virtud del acuerdo de esponsorización de Spotify, el Barça lucirá el nombre de los Rolling Stones en la camiseta. Se ha anunciado con total naturalidad, como quien te cuenta sin pestañear que Javier de la Rosa es muy amigo de Chomsky. Las noticias, al fin y al cabo, son así: te llegan de manera aséptica y te las tienes que repetir. En el próximo mal llamado clásico, y en virtud del acuerdo de sponsorización de Spotify, el Barça lucirá el nombre de los Rolling Stones en la camiseta.

La pregunta es directa y apremiante: ¿por qué? Lo más grave es que este tipo de acuerdos publicitarios suelen ser biyectivos, por lo que no solamente vamos a ver al Barça presumiendo de ser el equipo de los Stones (o algo parecido), sino que llegarán a nuestros ojos, a nuestros ojos ya de por sí exasperados, vídeos de Instagram, Facebook y TikTok de Mick Jagger diciendo Visca Barça, Ronnie Wood envuelto en la senyera junto a un póster de Pedri, Keith Richards emborrachándose en La Torrada mano a mano con Laporta. Lo cual es muchísimo peor.

Keith Richards

Los Rolling Stones no deberían tener nada que ver con el deporte. La sola idea de relacionarlos con cualquier actividad salubre es ofensiva para sus millones de seguidores, de varias generaciones, en todo el mundo. Pero, puestos a patrocinar via Spotify a un equipo de fútbol, habría sido deseable que dicho equipo estuviera vinculado al deporte sin trampas. Sus Satánicas Majestades pueden ser balas perdidas tal vez, cantos rodados por supuesto, tarambanas sin remedio, apóstoles del sex, drugs and rock’n’roll (aunque Wood cambiara el orden en una entrevista reciente). Pero no son una panda de sinvergüenzas, o no lo son en el sentido en que lo son en Can Barça. Para entendernos: los Rolling Stones no han pagado durante 17 años a la empresa responsable de los charts de ventas para que les sitúe en el número uno con cada nueva edición de un disco suyo, y si lo hubieran hecho jamás, ni ciegos de tripis, habrían tratado de desgravarse las facturas ante la British Tax Authority. El canallismo se hace con clase o no se hace, y entre una cosa y otra se abre un abismo mayor aún que el que separa al FC Barcelona de la decencia.

¿Quo vadis, Mick Jagger? Sympathy for the devil vale, pero for Negreira me parece demasiado

¿Quo vadis, Mick Jagger? ¿Por qué nos haces esto, cuando incluso desde La Galerna, concretamente a través de la docta pluma de Athos Dumas, os hemos postulado como la banda ideal para el concierto que ha de inaugurar el nuevo Bernabéu? Nos sentiremos legitimados para hacer campaña en sentido contrario, y defender la candidatura de Paul McCartney (aunque ya sé que toca en vuestro nuevo disco), como veamos a Keith —o Keithi, como sin duda será rebautizado— de azulgrana. La sola idea de que Keith Richards tenga algo que ver con Gavi es un sindiós de proporciones estratosféricas. Pon remedio a esto, ahora que aún estamos a tiempo.

The Rolling Stones

Spotify es sólo un canal comercializador de vuestra música. No debería tener la potestad de ligaros a causas moralmente perversas. Esta gente cree que unos rockeros borrachos y drogadictos pueden ser alineados con una panda de chorizos sobre la misma línea de falta de virtud. Aclaradles que no tiene nada que ver. Esto es imposible de tragar para vuestros fans, con la excepción quizá de vuestros fans culés, que por haber los habrá, pues hay culés que aún no se han enterado de que deben elegir entre el bien y el mal. Sympathy for the devil vale, pero for Negreira me parece demasiado.

 

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Hola de nuevo:

El madridismo y la victoria son dos conceptos que se hallan inexorablemente unidos. Incluso en esta época de relativismo, por lo general descreída de la verdad factual, la amplitud del palmarés blanco constituye un antídoto eficacísimo frente a cualquier menosprecio al respecto. Ante semejante realidad, tan indiscutible, el elitismo antimadridista —valga el pleonasmo—, incapaz de negar el “qué”, intensifica sus ataques hacia el “cómo”. Y lo hace aferrándose a dos leitmotivs, no por manoseados menos efectistas. Por un lado, a la ilegitimidad arbitral de los triunfos —el fiscal siempre es implacable: si hay un saque de esquina señalado erróneamente a favor, el partido se convierte inmediatamente en impugnable— y, por el otro, a la inferioridad estética —y por lo tanto moral— del juego desplegado para obtenerlos, que se decanta en el consabido estribillo popular: “El Madrid no juega a nada”.

El madridismo del siglo XXI se construyó en buena medida contra el antimadridismo, y no al contrario, como creen los ignorantes

Del primer punto poco se puede sacar. Incluso después de todo lo acontecido estos meses, uno podría hacer un esfuerzo y hasta debatir sobre tal o cual jugada concreta. Mas desengañémonos: resulta imposible convencer al borracho que, pese a que las llaves se le cayeron a una alcantarilla, las busca debajo de la farola porque allí “ve mejor”. Sin embargo, la segunda cuestión ofrece mayores aristas. El Madrid ha tenido períodos de brillantez futbolística indudable, pero también ha conseguido numerosos títulos aferrado al aprovechamiento anárquico de la calidad de sus jugadores, sin que medie una estructura tan reconocible como la de otras escuadras. Se me argumentará que también existe belleza en una carga desordenada y potente. O las ventajas de la flexibilidad y la adaptación. Cierto. Pero habrá que conceder que, lo que es condición necesaria —aunque no suficiente— para la victoria de la mayoría —es decir, un estilo definido y coral que se traduzca en automatismos y garantías— en el Madrid supone un extra tan agradable como accesorio. Algo prescindible en múltiples ocasiones. Circunstancia aprovechada por sus enemigos para el mencionado desmerecimiento. El eco de la legión azulgrana de unamunillos, empleado como último detente-bala, persiste en el ambiente tras cada triunfo del Real. Venceréis, pero no convenceréis.

Gol Bellingham Union Berlin

Todos los madridistas, pero muy especialmente los millennials —máximos sufridores del messi-guardiolismo—, hemos crecido bajo una hegemonía discursiva que siempre dejaba una nota al pie de página de cada victoria del Madrid. “No jugáis a nada, no jugáis a nada”. En ese contexto hostil, aprendimos medio obligados a reivindicar la excepcionalidad madridista en los instantes de descuento como un don antes que como una deshonra, convirtiendo en orgullo el pretendido desdoro. De la misma manera que las burlas sobre el acento andaluz refuerzan la identidad fonética del ofendido, encontramos casi mayor placer en una victoria en el minuto noventa, de rebote y producto de la insistencia, que en un 3-0, que parece hasta casi funcionarial y dolería menos a nuestros odiadores. No en vano el madridismo del siglo XXI se construyó en buena medida contra el antimadridismo, y no al contrario, como creen los ignorantes. Aunque, por otro lado, también quizá debamos admitir que nos gusta más el Madrid en sí que el fútbol. No existe otra explicación para la inmensa alegría con que celebramos el gol de Bellingham al Unión Berlín, incomparable a la que habríamos sentido con un contundente 5-0. Me dirás que disfrutar más de una victoria postrera, sufrida y vibrante que de tres puntos cómodos implica una cierta deriva patológica. Sin duda tienes parte de razón. No es la primera vez que te comento que una cosa es hacer de la necesidad virtud, y otra hacer de la necesidad vicio. De modo que habrá que instar a los muchachos a que, si pueden, cambien el guion en el próximo partido en el Metropolitano. Como medida de desintoxicación, y, por qué no admitirlo, de prevención del infarto de miocardio.

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

 

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Buenos días, amigos. Ayer por fin comenzó la Champions, porque hasta que no debuta el Madrid no empieza realmente, como la raíz de este adverbio indica. Se presuponía un choque no sencillo, pero propicio para ganarlo sin necesidad de recurrir a la épica, pero este Real Madrid se ha empeñado en llevar al límite la resistencia de nuestro corazón como si contase con acciones de alguna farmacéutica especializada en medicamentos para tratar la insuficiencia cardiaca.

El Union Berlin resultó una suerte de funcionario de la Agencia Tributaria que se sacudía de encima todas las alegaciones presentadas por el Madrid en forma de disparo, cabezazo o tijera, ya fuese por vía postal, electrónica, burofax o, mayormente, vía Joselu. El principal responsable de desbaratar cualquier ocasión de gol de los de Ancelotti fue, como es habitual, el portero, cuyo nombre, Rönnow, recuerda a una estantería de Ikea diseñada para apoyar cubalibres. Quien no contento con sacar manoplas como la que evitó un tanto antológico de Modric, dio orden a sus postes para que repelieran cualquier chut al cual él no llegase, como el remate ciclista de Rodrygo.

Esto fue en la segunda parte, porque la primera fue entretenida como contar el número de abultamientos pictóricos de un paramento vertical enlucido con gotelé. Plomiza es la palabra. Durante el segundo periodo, Carlo introdujo en la ecuación a Kroos y Valverde en sustitución de Tchouaméni y Camavinga y las ocasiones se sucedieron como se suceden las decepciones en una relación de amor no correspondida.

En el 93, minuto totémico, el 0-0 parecía inamovible, pero la fuerza del destino nos hizo repetir —no pretendemos que se os inserte la pegajosa canción en la cabeza—, y, en el 94 y como homenaje al portero de la Lazio, un gilicórner, como denominó Genaro Desailly en su crónica, propició el remate de Valverde que terminó con el balón botando plácido en miércoles en boca de gol, en el lugar donde por instinto se ubican los elegidos, para que Lord Bellingham empujase el esférico adentro de la meta de berlinesa.

El Madrid parece una novela romántica del Duque de Rivas. Al igual que don Álvaro no podía evitar acabar con todas aquellas personas que salían a su paso, Lord Jude no puede rehuir la fuerza del sino que le impele a marcar goles decisivos que derrotan rivales y suponen partidos, prestigio y dinero. Así lo reconocen las portadas madrileñas, hoy alegres y risueñas.

Portada As

«El Madrid de siempre». Salir, remontar, el rollo de siempre, golito al final, flipar a la gente (tampoco pretendemos que se os cuele esta melodía extrema en el cerebro). Los compañeros de As no han resistido y han sucumbido a utilizar la palabra «muro» en su portada, si bien no la han empleado en el titular ni la han acompañado con «de Berlín». De paso, nos informan que el gol de Jude sucedió en el remate número 32 sobre la portería alemana. Ha habido temporadas enteras en las cuales no ha llegado a rematar 32 veces entre todas las competiciones el Atlético de Madrid.

Portada Marca

«Se bautiza en milagros» titula Marca en alusión a Bellingham. Creemos que Jude se cayó en la marmita de los milagros al nacer y desde entonces está impregnado por la Providencia. Está dándole la razón a quienes sostienen que el Madrid contrató a Jude con la intención de que fuese el Benzema del equipo. Karim era un delantero bastante centrocampista y Bellingham es un centrocampista bastante delantero. Lo que no esperaban es que las cualidades de Raúl González también adornasen al cinco merengue.

Sea como fuere y más allá de la crítica necesaria y razonable de la cual no debe estar exento el Madrid —ni nadie—, por su propio bien, no conviene olvidar que este equipo, vilipendiado por propios y ajenos, suma seis victorias en seis partidos con las bajas del mejor portero del mundo, el mejor central del planeta y su futbolista más determinante. Pleno de partidos ganados sin Courtois, Militao ni Vinícius. Y sin nueve.

Portada Mundo Deportivo

En Mundo Deportivo también catalogan lo de Jude como milagro. Lo hacen en chiquitito porque el Madrid ganó. Su portada es para los Joãos, Félix y Cancelo, de quienes dice que hablan. Entendemos que hablarán de cómo inscribir jugadores cuando no se cumplen, un año más, las normas que rigen la inscripción de futbolistas.

Portada Sport

Sport opta por hablar del presente y del futuro sobre una fotografía de Xavi con el mismo aspecto que luce un bohemio el domingo por la mañana tras una jornada de catorce horas de fiesta. Frontispicio autárquico para consumo interno con las cuentas de la lechera hechas en base a los jóvenes de la plantilla. Ya sabéis que siempre se dice que la cantera del Barça es maravillosa, sobre todo en comparación con la del Madrid, y luego uno observa que, pasados los años, solo aguanta Sergi Roberto, el resto de canteranos sufren el efecto gaseosa, debutan por todo lo alto y pasados dos o tres años desaparecen. Mientras en el Madrid perduran más.

En la tragedia romántica del Duque de Rivas, muere hasta el apuntador de una película de Tarantino, incluida doña Leonor, amada de don Álvaro, el cual decide quitarse la vida reconociendo el destino trágico que se cierne sobre él. En el Madrid romántico de Ancelotti, sucumben los rivales, a veces como por ensalmo, ante la presencia de Jude. Esperemos que esta ansiedad no acabe con la amada afición. Pero a diferencia de don Álvaro, Lord Jude está encantado con su sino.

Pasad un buen día.

Hay retornos que despiertan nostalgia. Y eso ha sucedido con la vuelta de Sergio Ramos, aunque no haya sido a Chamartín. La trayectoria del sevillano como jugador blanco, por su talento y corazón, terminó por recordar a uno de los mitos con mayúsculas del madridismo: José Martínez, Pirri. Ambos llegaron al Bernabéu con 19 años, los dos procedentes de un club andaluz (Sevilla y Granada) y tanto uno como otro protagonizaron una gesta europea que, en el caso del ceutí, merece la pena recordar. No en vano, fue el protagonista indiscutible de la primera gran remontada europea del Real Madrid.

Corría la temporada 75/76, primera completa después de Miguel Muñoz (9 Ligas, 2 Copas de Europa, 1 Intercontinental y 2 Copas). Pirri ya era uno de los estandartes de un vestuario en el que, entre otros, estaban Santillana, Camacho, Benito, Breitner, Del Bosque, Netzer, Amancio y Miguel Ángel. Oro puro. Era el Madrid de Miljanic, pionero en mostrar a los jugadores el camino del gimnasio. Hasta ese momento, la preparación física era un atrezzo de los entrenamientos con balón.

Vigente campeón de Liga, la Copa de Europa del Madrid de ese año siempre será recordada. Y eso que no se pudo conquistar. Superado el primer escollo, el Dinamo de Bucarest (4-1 y 1-0), llegó la eliminatoria clave, la que puso la primera piedra de la catedral del ADN madridista. El simple hecho de mencionar Derby County ya agita los corazones. Y con toda la razón.

Derby County-Real Madrid

Por aquellos años, salir a Europa era un trago amargo. Los equipos alemanes e ingleses, más que otros, practicaban otro juego. Uno más veloz, más físico, más prosaico, si quieren. Llevarte un saco de goles estaba casi asegurado. Y no sería diferente contra el Derby. Los ingleses habían sido semifinalistas de la Copa de Europa dos años antes, por lo que no admitían ninguna broma.

La ida, celebrada en un Baseball Ground que registró la mejor entrada de su historia, fue una hecatombe blanca. Todo lo que pudo salir mal, aconteció peor. Cuatro goles furiosos, arrebatados, inapelables. Entre el desconcierto y la confusión, sólo un hombre del Real Madrid quedó de pie. Lo han adivinado. Pirri no era impresionable y un gol suyo mantuvo el hilo de la esperanza. Incluso anotó un segundo tanto, pero juez de línea prefirió salir vivo de allí y levantó el banderín por un fuera de juego de cartón (no se le ha encontrado ninguna filiación con Negreira, descuiden).

Pirri fue el protagonista indiscutible de la primera gran remontada europea del Real Madrid

Habría que vencer por al menos tres goles de diferencia en el Bernabéu para superar la eliminatoria. Todo parecía perdido. Pero las gestas viven de negar lo imposible. Y ahí es donde el Real Madrid se encuentra cómodo. A lomos de un Camacho alentador y de un Pirri enarbolando la bandera y el alma, el fútbol estaba a punto de contemplar un momento histórico: la primera conjura del Bernabéu.

La afición llegó inflamada. Las pancartas, los gritos, el empuje… pero, al descanso, los ánimos llegaron a apagarse: sólo 1-0 en el marcador. Dos goles en cinco minutos (Roberto Martínez en el 51’ y Santillana en el 56’) volvieron a incendiar el estado. Ya estaba hecho. Pero no, restaba el último giro en el guion. Un gol de Charlie George pareció derrumbar lo conseguido. La gloria, a dos goles. Era el momento de Pirri.

Real Madrid-Derby Conty

Minuto 83. Amancio, la finta y el arrebato, provocó un clarísimo penalti y el Bernabéu enmudeció. De convertirlo, al menos se provocaría la prórroga. Era ahora o nunca y el silencio se hizo más ruidoso que nunca. ¿Quién tendría el arrojo suficiente para acallarlo? El 7 blanco lo tuvo claro y le cedió el balón a Pirri, que no dudó y marcó. Después llegó el tiempo extra y uno de los tantos más bellos de Santillana culminaron la remontada. Pero la clave estuvo en aquellos once metros y largos segundos expresados por el centrocampista del Madrid años después: “Cuando lo tiré sólo pensaba en que lo metía seguro y que nos íbamos a la prórroga. Pero después de abrazarme a mis compañeros y de ver a alegría de la grada del Bernabéu me entró un sudor frío, me quedé casi helado. Noté que había podido ser terrible si llego a fallarlo. Curiosamente me entró el miedo cuando ya había pasado todo. Eso nos salvó. Fue una sensación rarísima, pero por suerte pasó rápido porque todavía teníamos treinta minutos por delante y necesitábamos otro gol”.

Tras superar al Derby, el Madrid eliminó al Borussia Mönchengladbach, pero cayó en semifinales contra el Bayern de Múnich, por aquel entonces todavía un Bestia muy Negra. Pero no importó. Derby y el papel de Pirri, que mostró a su sucesores el camino, quedaron para siempre en la memoria del madridismo como la remontada fundacional. Fue el inicio de un mito interminable.

 

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Kepa: APROBADO. Poco exigido. Algo nervioso en algún lance.

Lucas Vázquez: APROBADO. Peleón pero desafortunado, aunque puso algún buen centro.

Alaba: APROBADO. Algo perdido en el lateral, pero lo compensó con algún quite providencial en los contragolpes del Union en el segundo tiempo.

Rüdiger: NOTABLE. El mejor de la defensa.

Nacho: SUSPENSO. Calamitoso partido. No dio una a derechas.

Tchouaméni: APROBADO. Buenos detalles, sobre todo defensivos, pero poco convincente en general y con alguna entrada innecesariamente fea.

Camavinga: APROBADO. Le salva alguna jugada aquí y allá, pero muy desdibujado. Este cronista comete a veces el sacrilegio de pensar que debe volver al lateral.

Modric: APROBADO. Flojo en el primer tiempo. Mucho mejor en el segundo, mientras le duró el combustible.

Bellingham: APROBADO. Su partido menos inspirado no impidió que volviera a ser el héroe. Tiene el don.

Rodrygo: APROBADO. Inoperante en el primer tiempo, bullicioso (como todos sus compañeros) en el segundo.

Joselu: NOTABLE. El equipo ahora juega demasiado a meterle balones a la olla, pero esa no es su culpa. Se exhibió como un rematador fabuloso, aunque la fortuna del gol se le escapara, casi nunca por demérito propio.

Valverde: NOTABLE. Trajo nuevos bríos desde el banquillo.

Kroos: NOTABLE. Puso orden y clarividencia viniendo del banquillo.

Fran García: APROBADO. Aportó.

Brahim: NOTABLE. ¿Por qué no juega más?

Ancelotti: APROBADO. Tocó las teclas apropiadas para la revolución de juego del segundo tiempo, aunque por supuesto él también es responsable del primero.

 

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Arbitró el noruego Andreas Eskås. En el VAR estuvo el italiano Massimiliano Irrati.

El choque comenzó con una de las amarillas más tempranas que se recuerdan en mucho tiempo. A los 38 segundos Tousart fue amonestado por agarrar a Modric en un ataque prometedor. El noruego quiso poner autoridad al partido aunque más tarde bajó el listón, porque Lucas, que enseñó los tacos a Laidouni, y Gosens, tras un pisotón a Modric, pudieron ver también la amarilla. El que no se libró, y de forma justa, fue Tchouaméni con una acción bastante dura, fuerte y aparatosa ante el checo Kral en el minuto 36.

En la segunda mitad no tuvo tampoco excesivos problemas. La jugada polémica fue un disparo de Joselu en el 76' interceptado por Doekhi entre el pecho y el brazo. Sin embargo, la mano no era punible porque es una acción de las que el brazo está en contacto con el césped. Por lo demás, dejó seguir el juego en una posible falta de Kroos sobre Aaronson en la frontal del área y en una acción de Gosens sobre Lucas Vázquez cerca del pico del área en las que pudo haber hecho sonar su silbato.

La única amarilla del segundo tiempo fue para un miembro del banquillo teutón que no pudimos identificar debido a la falta de imágenes en la televisión.

Eskås, BIEN. Para ser su debut en el Bernabéu estuvo muy correcto y pasó bastante desapercibido.

 

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