El juez del mal llamado Caso Negreira ha imputado al FC Barcelona por cohecho. Hay más derivadas de la noticia, incluidas las imputaciones personales de presidentes como Laporta y Rosell, además de los propios Negreira padre e hijo, pero importan poco en relación a la trascendencia de esta novedad en el caso, como tiene también una importancia relativa el hecho de que, en el momento en que escribo estas líneas, la RFEF esté precintada por la Guardia Civil. Han tenido meses y meses para destruir pruebas y, salvo que la propia ausencia de algún elemento determinado de la investigación pueda constituir indicio de delito, no es muy previsible que este registro conduzca a grandes revelaciones. A veces, más importante que hacer las cosas bien es hacerlas rápido.
De todos modos, ¿qué otras grandes revelaciones hacen falta para que todo el mundo sin excepción concluya que nos hallamos ante el caso más grave de corrupción de la historia del fútbol mundial, amén del más prolongado en el tiempo (dos décadas que sepamos, probablemente mucho más si atendemos al testimonio en La Galerna de Juanjo Maqueda y a lo que dicta el sentido común). La corrupción culé, en su interacción con el CTA, comienza probablemente allá por comienzos de los 90, allá cuando parecía existir una contradicción insoportable (y que había que arreglar por lo civil o lo criminal, nunca mejor dicho) en el hecho de que fuese el equipo rival del de la flamante ciudad olímpica el que, en fútbol, lo ganase todo en el ámbito nacional.
El auto del juez es tan devastador que los recientes intentos del panbarcelonismo (mediático y sociológico) por blanquear esta mierda casi producen ternura.
“El delito está consumado al haberse realizado el pago, independientemente de que se demuestre o no la corrupción sistémica del arbitraje español a causa de tales pagos”, reza el auto en un momento dado. Es decir, no hace falta demostrar que el Barça obtuvo fruto (es decir, arbitrajes favorables) a consecuencia de sus transferencias a la estructura arbitral, dado que la mera tentativa de corrupción ya es constitutiva de un delito de corrupción
¿Puede haber administración desleal de los altos funcionarios culés, en el sentido de que dieron un mal uso (arbitral) a recursos de la institución? Puede ser que también la haya, pero no es ese el tema.
¿Puede ser que parte de los fondos destinados a Negreira terminaran al bolsillo de algún dirigente blaugrana? Pues a lo mejor también, en pequeña medida, pero no es eso lo que se juzga.
¿Es posible que todo esconda una trama de blanqueamiento de dinero? No se adivina cómo, pero no es descartable que algo de eso haya, si bien no es esta la acusación principal.
La acusación principal es la de cohecho. O sea, la de soborno. O sea, la de pagar a la cúpula arbitral para garantizarse arbitrajes proclives disfrazados de “neutrales”, como el mismísimo Negreira admitió ante la Hacienda Pública cuando sus funcionarios comprobaron estupefactos que la institución catalana había tratado de desgravarse fiscalmente los gastos de compra de colegiados.
Ya no caben, pues, ninguna de las piruetas dialécticas antes reseñadas como favoritas del barcelonismo. No debería quedar un solo barcelonista sensato y cabal que no reconociese que esto es un delito gravísimo y ominosamente prolongado en el tiempo.
“El delito está consumado al haberse realizado el pago, independientemente de que se demuestre o no la corrupción sistémica del arbitraje español a causa de tales pagos”, reza el auto en un momento dado. Es decir, no hace falta demostrar que el Barça obtuvo fruto (es decir, arbitrajes favorables) a consecuencia de sus transferencias a la estructura arbitral, dado que la mera tentativa de corrupción ya es constitutiva de un delito de corrupción.
La pregunta entonces es: ¿qué más hace falta investigar? Pregunta que por supuesto armoniza con el tono demoledor del auto, que es en sí mismo una sentencia, aunque no sea a este juez al que corresponda tomar la decisión definitiva.
Los absurdos remilgos de la opinión pública culé sobre el poder (o falta del mismo) de Negreira para influir en las carreras de los árbitros quedan asimismo desbaratadas en este párrafo devastador.
El cerco se estrecha, y de qué manera. Seguiremos informando.
Violencia. Ya. Eduardo Iturralde González, ex árbitro de primera división, sostiene que denunciar los errores de bulto de Alberola Rojas en el partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, equivocaciones que, casualmente, siempre perjudicaron al último, es generar violencia. Esa queja viene del canal oficial de televisión del Real Madrid, y, como tal, no sólo expone los hechos sino que opina sobre los mismos y los cataloga como escandalosos, tanto por su entidad como hechos aislados como por su dimensión en el contexto de corrupción sistémica judicialmente reconocida en que nos hallamos.
A la vista de la altura a la que pone el listón Iturralde González, veamos qué más es violencia. Esgrimir o blandir las cartulinas que sacaba a los jugadores madridistas cuando los arbitraba, también debería considerarse de tal suerte, ¿no? Cada vez que don Eduardo tenía que amonestar o expulsar a un futbolista del Real Madrid, desenfundaba con mayor celeridad que Lucky Luke, del que se decía que era más rápido que su propia sombra. El bolsillo de su camiseta de colegiado siempre era holgado en extremo si las cartulinas iban en contra del equipo blanco. El relampagueante gesto era culminado con un conato de agresión con la susodicha tarjeta, como si fuera a atizar con ella a Roberto Carlos, Sergio Ramos, Hierro, Cristiano Ronaldo o Xabi Alonso. Tal ritual era acompañado siempre con un gesto no ya adusto, sino de ira sin tasa, con los ojos muy abiertos y la mandíbula muy apretada. Llámenme suspicaz, pero me parece que todo ello era una mera tapadera, pues, especialmente al leer u oír sus declaraciones, considero muy probable que paladeara esos momentos de perjuicio al Real Madrid hasta el punto de licuarse, de alcanzar un raro clímax cuya externalización habría resultado sospechosa. Quizá es por eso que disfrazaba con impostada violencia de histrión de Arrancudiaga el éxtasis que embargaba cada célula de su anatomía.
No descarto en absoluto que, en esta manera de conducirse, el pobre Iturralde no se viera aquejado del efecto Pigmalión, obsesionándose en cumplir o superar las expectativas de sus padres. Desde luego su progenitor, trencilla él, ya machacó bastante al Madrid durante sus años en activo, poniendo el listón realmente alto para el pobrecito Eduardo, que siguió los pasos de papá en la cosa arbitral. Así, es normal que Iturralde sintiera más presión que un artificiero a la hora de pitar a nuestro club, pues tenía expectativas no ya que cumplir, sino que superar. En su favor hay que decir que lo logró, consiguiendo también reconocimiento del órgano supervisor de los árbitros en España, el CTA, presidido por Victoriano Sánchez Arminio y, bondad graciosa, Enríquez Negreira. Sí, ESE Enríquez Negreira. El que quiera entenderlo, que lo entienda. Otros no lo pueden entender.
Buenísimos días. Un sujeto que no está en la cárcel únicamente porque prescribió su delito de apropiación indebida de un club de fútbol se ha permitido difamar al Real Madrid. Miguel Ángel Gil Marín, Gil II el Prescrito, que se quedó con el Atleti sin pagar por él, pero que no ha sido aislado de sus semejantes (como el peligro social que es) simplemente porque la justicia tardó algo más de lo debido en sentenciarlo, se ha permitido -y no es la primera vez- dar lecciones de moral y fair play al Real Madrid, de quien dice que “adultera la competición”.
Lo podéis leer ahí arriba, en el frontispicio de Marca, encima de Brahim, goleador y destacado en la victoria ayer ante Las Palmas, sobre la cual podéis saber todo lo que queráis merced a la crónica de Ramón Álvarez de Mon.
El caso es que Gil Marín considera como veis que el Madrid crea “un clima irrespirable para los árbitros” a través del cual se produce la susodicha adulteración de la competición. No la adultera el que un club (otro, muy otro al Madrid) pague durante mínimo dos décadas al vicepresidente de los colegiados españoles, en lo que la fiscalía llama “corrupción continuada del fútbol español”. No.
No la adultera el que tres colegiados que ya pitaban en esa época y siguen en activo estén siendo investigados por la Guardia Civil por haber incrementado sospechosamente su patrimonio en la época de Negreira. No.
Lo que convierte el ambiente en “irrespirable” para los trencillas no es, qué va, que el jefe del videoarbitraje, Clos Gómez, fundamental en el organigrama del CTA, esté también siendo investigado por la Benemérita por la misma razón que los otros tres árbitros. No, no y no.
No. En absoluto.
Lo que mantiene con el oxígeno bajo a los árbitros y a la competición adulterada es que el Madrid, a través de su canal de TV, haga vídeos para defenderse de toda esta cochambre. (Suponemos que, al acusar al Real Madrid, Gil II El Prescrito -un saludo, Richard Dees- se refiere a su televisión, ya que hasta la fecha ni Butragueño ni Ancelotti ni el lucero del alba han dicho jamás que esta boca sea suya ni se han quejado en modo alguno).
As destaca de las palabras del Prescrito más o menos lo mismo, además de constatar que Ancelotti le replicó en rueda de prensa que se equivocaba “a lo grande”. Sólo para responder, jamás para atacar, abre de vez en cuando el pico el italiano, y lo mismo puede decirse sobre Real Madrid TV, que se limita a tomar nota de las afrentas arbitrales y mostrarlas en toda su crudeza, afrentas que por supuesto son consecuencia de la tendencia implantada por Negreira, y continuada por Medina Cantalejo y Clos Gómez, para que el cliente esté siempre satisfecho.
Esas afrentas del sistema hacia el Real Madrid a Gil no le importan, aunque pueda parecer que el negreirato también perjudicó y perjudica al Atleti. Es más: las disfruta, porque de vez en cuando, cuando el Barça está muy flojo, la animadversión arbitral contra el Madrid favorece a los colchoneros, que pueden así recoger algunas migajas del pastel, dicho sea sin desmerecer sus méritos deportivos. Gil no tiene nada en contra de Negreira: los criminales (unos aún sin condenar en firme, otros con sus condenas ya prescritas) tienden a solidarizarse los unos con los otros. Gil Marín y Negreira: amigos para siempre.
Gil Marín ya emitió un comunicado absolutamente marciano tras aquella eliminatoria copera, a cuenta de una supuesta segunda amarilla perdonada a Ceballos, y ahora vuelve a atizar al Madrid como si este hubiera sido el beneficiario del negreirato en lugar de la víctima principal.
¿Que por qué sacude tanto Gil Marín al Madrid, y tan sin ton ni son? Pues precisamente porque piensa que, acudiendo al bajísimo común denominador del odio al Madrid de la psique atlética, podrá hacerse perdonar algún día lo de haber afanado el Atleti, pero no perdonar por la Justicia, que ya sabemos que ha dejado prescribir su culpa como el gobierno dejó prescribir la culpa del Barça con Negreira, sino por la masa social colchonera, en particular por ese entrañable grupo de amigos de los niños llamado Frente Atlético. Esa gente no se anda con chiquitas: si no llevas las camisetas que les gustan te agreden, y si no les dejas mangonear dentro del club como quieren, auspiciando sus actividades neonazis, a lo mejor empiezan a recordarte cualquier día que el club realmente no es tuyo, por cuanto nunca pagaste por él. Eso no tendría ninguna gracia, ¿verdad, Miguelín? Esa gente no se anda con chiquitas, no, y entre tus magras virtudes tampoco se halla la valentía. Ni la decencia, Miguelín.
Ni la decencia.
La prensa cataculé, por su parte, viene hoy especialmente gerundense. Felicitamos al Girona por lo bien que le va y a Roures por su gran tino como profeta: auguró que dicho club sería pronto el segundo de Cataluña, y su empeño va por muy buen camino. De hecho se le está yendo la mano, y el Girona va primero de Cataluña y de España, mientras el que debería ir primero, que para eso lo hemos avalado y apalancado, es adelantado en la tabla por el Maligno, o sea, por el Madrid. It’s a bittersweet symphony, que cantaba The Verve, cuando vosotros aún no habías nacido pero el Barça ya pagaba a Negreira.
Pasad un buen día.
Arbitró José Luis Munuera Montero del comité andaluz. En el VAR estuvo González Fuertes.
Partido sin demasiados problemas para el jienense al que le faltó algo más de severidad en un par de entradas claras de cartulina amarilla.
El primero que se libró fue Camavinga en el 8' con una patada fea por detrás a Jonathan Viera. En la segunda mitad, en el otro bando, se fue sin amonestación Kaba en el 48' tras pisar a Camavinga de forma temeraria en la espinilla. La única tarjeta del choque fue para Coco en el 78' que llegó tarde ante Valverde y pisó al charrúa.
Además, en el minuto 24 algunos madridistas reclamaron penalti de Valles en una acción con Brahim. El portero saca el balón y con la inercia del movimiento del pie derribó a continuación con la planta al jugador malagueño. Jugada complicada y que entra en la interpretación porque hay árbitros que hemos visto que señalan falta y otros que no. Al ser un movimiento natural tras despejar previamente de forma clara el esférico pensamos que acertó dejando seguir.
Munuera Montero, CORRECTO.
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Kepa: 6. Paró lo que tocaba parar.
Nacho: 6. Primero de lateral y después de central se mostró seguro.
Rüdiger: 6,5. Enérgico y decidido.
Alaba: 6. Estable hasta su lesión.
Mendy: 6,5. Su mejor partido en bastante tiempo. Mucha seguridad.
Tchouaméni: 6. Limitó mucho las incursiones de Las Palmas por su zona.
Camavinga: 6. Algo impreciso, pero importante en el dominio del Madrid.
Valverde: 7,5. Gran primera parte. Movió al equipo.
Brahim: 6,5. Muy móvil. Siempre ofreciéndose e inauguró el marcador.
Rodrygo: 6. Está sin suerte de cara al gol, pero dio una gran asistencia.
Joselu: 6. Tuvo varias ocasiones y acertó en la última de cabeza.
Lucas: 6,5. Buena asistencia.
Ceballos: 6. A veces se complica un poco de más, pero siempre presente.
Vinicius: 6. Una vuelta placentera.
Kroos: sin tiempo relevante.
Fran García: sin tiempo relevante.
Ancelotti: 6. Alineación lógica y cambios oportunos.
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El Real Madrid ganó 2-0 a Las Palmas con goles de Brahim y Joselu.
Ancelotti decidió que tocaba dar descanso a Bellingham y esta vez Kroos y Modric estarían en el banquillo junto a unos recuperados Vinicius y Carvajal. La gran novedad era Brahim, que jugaría en la punta del rombo escoltando a Rodrygo y Joselu. Valverde y Camavinga estarían en los volantes intercambiando sus posiciones. Nacho, lateral, igual que Mendy.
La primera parte sólo tuvo un dominador que no fue otro que el Real Madrid que sometió a conjunto canario con muchas novedades en su once.
Las ocasiones se sucedían con bastante asiduidad. Joselu tuvo varias jugadas claras, pero el balón casi siempre le caía en la izquierda y el portero visitante hacía la actuación de rigor de los porteros en el Bernabéu. También Brahim y Rodrygo las tuvieron. En el caso del brasileño se topó siempre con una pierna del rival. Con Brahim falló la previsión en el último control en una ocasión en la que encaraba la portería.
El Real Madrid ganó 2-0 a Las Palmas con goles de Brahim y Joselu
La lesión de Alaba fue la peor noticia de la primera parte. Salió Lucas y Nacho dejó el lateral y pasó al centro. El Madrid contenía perfectamente a Las Palmas, que no tuvo ocasiones en todo el primer tiempo, pero el gol madridista no llegaba.
El mejor estaba siendo un Valverde omnipresente. Precisamente el uruguayo inició la última jugada de la primera parte abriendo el balón a Lucas. El gallego puso un buen centro atrás y Brahim no perdonó el gol. 1-0 y final de la primera parte.
El segundo periodo empezó con un Madrid más contemplativo. Las Palmas no llegaba con peligro, pero sí tenía más el balón. Faltaba el gol de la tranquilidad, que afortunadamente llegó tras un gran centro de Rodrygo y remate preciso de Joselu de cabeza.
En el minuto 58 la fiesta fue completa. Se retiraban los goleadores Brahim y Joselu y entraban Ceballos y Vinicius, que recibió la ovación de la noche.
El Madrid dominaba sin demasiados apuros, apenas algún disparo de los canarios. En el 75’ entraron Kroos y Fran por Mendy y Camavinga.
Poco más pasó hasta el final de un partido tranquilo para el Madrid.
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¿La plantilla, dice usté? Pues sí, seguramente. Al final, lo que son las cosas, se les ha dado la tormenta perfecta allí arriba, en la periferia del estado de derecho y de sus derechas —las buenas—, entre Waterloo y el Penedés sin pasar por Andorra, reducto del maquis youtuber filoespañol, ergo filomalo. Un poquito de lesiones propias y un muchito de corrupción ajena, junto con otro poquito —por qué no reconocérselo— de audacia, han pergeñado un escenario en el que, de repente, nos vemos preguntándonos quién de los nuestros jugaría con ellos, en lugar del quién de los suyos jugaría con nosotros al que los últimos años de vino y rosas nos habían acostumbrado
Y sí, hombre sí, ya sé que esto es coyuntural. Y que además nosotros somos de nosotros y no de una interminable e inextricable red de usureros con sede en la isla de Man o en el culo de una mona de Gibraltar. Y que nuestro presidente no pide postre. O postres. Y todo eso que además yo me lo creo porque sin eso todo, empezando por mí mismo, tendría algo menos de sentido.
Duele sentir la escasez de una plantilla a la que el tiempo depaupera a una velocidad superior a aquella con la que dirigencia y entrenador tratan de rejuvenecerla
Y sin embargo duele sentir la escasez de una plantilla a la que el tiempo depaupera a una velocidad superior a aquella con la que dirigencia y entrenador tratan de rejuvenecerla. Es así siempre, ¿no? Que los años caen y no se levantan más. Pero se esperaría algo —mucho, muchísimo— más de Ancelotti. Y un poco también de Florentino, perdóname, Señor, el atrevimiento. Es como si, amenazado ante portas el imperio ante el embate de las hordas bárbaras —léase catalanas—, se hubiese optado por suspender todo juicio y decisión ante el advenimiento, pues eso dicen las Escrituras, del divino Mbappé el año próximo. Y mientras tanto, todo es penar. Y rezar por que las vías de agua en forma de laterales, centrales o delanteros no terminen por tragarse el barco entero.
Se juega mal. Por sistema (o por falta de él). Los brotes verdes se convierten en vergeles por obra y gracia de la prensa o se cortan de raíz por obra y gracia del entrenador. Si en algo somos exuberantes —el centro del campo—, nos ponemos una hoja de parra que nos tape los atributos, que, a su vez, ya no lo son más, sino vergüenzas. Nuestro entrenador parece más interesado en no perder amigos que en no perder partidos. Jugar parece ser más cosa de llegar primero al patio, digo al club, que de lo bueno o bien que uno sea o esté. Y desde arriba se acaricia el gato o la bola del mundo o el último informe económico que nos refuerza la idea. Yo estoy con esa idea. Fanáticamente, que además es un adverbio tan feo que solo los que creemos en él podemos escribirlo sin vomitar. Pero me aburro. Me desespero. Y además vivo fuera de España desde hace muchos años.
Nuestro entrenador parece más interesado en no perder amigos que en no perder partidos
¿Que a ti qué te importa? Pues nada, claro, pero para quienes estamos fuera, el Madrid sublima muchas cosas, es la misa de doce de antes, la reunión de esa Casa de España en la que solo vives tú, el mejor momento de la semana, vamos, la sensación de pertenencia, de identidad, cuando estás solo y rodeado de extranjerías. Y por eso, entre otras muchas cosas, no soporto la idea de la luna creciente de Xavi y la nuestra menguante. Y no la soporto porque estaba —¿está?— en nuestra mano detener ese proceso, no era irreversible. Crímenes y negreiratos incluidos. Pero se lo estamos permitiendo, les estamos dejando arrancarse la estaca, quitarse de un manotazo la ristra de ajos y levantarse de nuevo de la tumba.
Pues en fin, que el entrenador reaccione. Y si no, que el presidente accione.
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Buenos días. Tras la derrota en el Metropolitano (que algunos achacan exclusivamente al indudable mal partido del Madrid, mientras otros tenemos el atrevimiento de atribuirla TAMBIÉN a un arbitraje que habría firmado cualquier discípulo de Negreira —perdón, que FIRMÓ un discípulo de Negreira, un cliente de su academia para ser exactos—), llega una noche a priori propicia para restaurar el honor mancillado recibiendo a la UD Las Palmas. La visita del equipo insular se produce además cuando el Madrid tiene la oportunidad de recuperar el terreno perdido con el Barça, dado que los azulgrana no pudieron ayer pasar del empate en Mallorca.
La risa va por barrios, amigos. Y el partido de esta noche tiene además el aliciente del retorno de Vinicius, a quien hemos echado de menos y a quien van dedicadas las dos primeras planas de la prensa deportiva madrileña. No sabemos si entre As y Marca hay topos que informan de los titulares ideados por las respectivas redacciones de ambos rotativos, pero cualquiera diría que sí, o que la desidia creativa en ambas instancias es tan notoria que coinciden en el lugar común.
Por lo menos la foto no es la misma, demos gracias a Dios. “Vinicius al rescate”. Se han dejado las meninges pensando, y además puede que haya un topo, como sugeríamos. De haberlo, deberían usarlo para enterarse del titular del otro y tratar de evitarlo, no para replicarlo.
—Niño, bájate al quiosco y tráete el As o el Marca, el que tenga el titular más atractivo. (…) Pero niño, si me has traído el “Semana”.
—Ya, papá, es que me he puesto nervioso porque eran iguales y al final he traído el primero que he visto con un titular distinto, yo qué sé.
—Pero niño. ¿”Carmen Borrego, feliz en su papel de abuela”?
—Yo qué sé, papá, me he puesto nervioso.
—Bueno, por lo menos no me has traído el Sport o el Mundo Deportivo.
Los dos periódicos deportivos barceloneses no titulan igual y, de hecho, aportan (?) perspectivas muy diferentes de lo acontecido ayer en el empate del club por el que beben los vientos, que no es otro que el FC Barcelona por si la acrisolada objetividad que muestran día a día no os hubiera permitido llegar a esta audaz conclusión todavía.
Como notaréis, Mundo Deportivo parece más satisfecho con la “reacción joven” que Sport con el “insuficiente” empate. Nosotros (pero qué sabremos nosotros) estamos más en la línea de considerar que un empate en Mallorca no puede nunca ser un buen resultado para las huestes de Xavi, suponiendo que pueda llamarse “huestes” a un colectivo de nombres mayormente en diminutivo. Empatar en Mallorca es un fracaso, hablando pronto y claro, y la mejor prueba es que el Madrid tiene esta tarde la ocasión de recuperar el liderato, con permiso de lo que haga el Girona, de quien Roures ya ha dicho que tiene que ser el segundo equipo de Cataluña y a buen seguro lo logrará, como ya dijo que el Barça al que avala y apalanca tenía que ser el primero de España (ejem) y a fe nuestra que lo viene logrando con las imágenes que suministra al VAR y el relato futbolístico que crea en España.
Lo llamativo de Sport, no obstante, no es su portada sino el siguiente tuit, que ha llamado poderosamente nuestra atención.
Como el árbitro ACERTÓ acudiendo al VAR para anular el presunto penalti a Yamine que había decretado, Sport concluye que “la presión del Madrid a los árbitros ya da sus frutos”. ¿Acaso alguien en el organigrama del Madrid se ha quejado de algo, incluyendo el latrocinio de Alberola Rojas en el Metropolitano? No, nadie ha dicho nada. Ni Butragueño. Ni Ancelotti. Ni ningún jugador. Nadie.
Si acaso, cabe que Sport se refiera a los vídeos de Real Madrid TV, que tan nervioso ponen cíclicamente al personal, unos vídeos en los cuales la televisión oficial del club defiende al mismo de los ataques del negreirato y del postnegreirato de la misma calaña que sufrimos ahora. A esa defensa, legítima y necesaria, lo llama Sport “presión a los árbitros”, de igual modo que periodistas del propio Sport se permiten decir que dicho canal hace “terrorismo informativo” y sujetos legendariamente antimadridistas como Iturralde González se toman la libertad de acusar a Real Madrid TV de “crear violencia”.
Estas insidias tendrán cumplida respuesta en La Galerna muy pronto.
Atentos.
Pasad un buen día.
Es la primera derrota de la temporada y ya hay quien quiere meter otra vez las excavadoras por Padre Damián, como si no nos quedase aún todo por delante. La inmediatez del fútbol actual y la dimensión planetaria del Real Madrid (sus hostias también lo son) hace que muchas veces perdamos el sentido de la proporción y la noción del tiempo.
En semanas así conviene recordar que uno de los motivos por los que el fútbol es un deporte tan arraigado y popular es su escala, totalmente humana. Al igual que en la vida, el tiempo en el fútbol es irregular y está fraccionado de forma muy manejable. En lo que dura un partido cabe casi cualquier experiencia vital, sin quedarse corta y sin que llegue a cansar.
La inmediatez del fútbol actual y la dimensión planetaria del Real Madrid (sus hostias también lo son) hace que muchas veces perdamos el sentido de la proporción y la noción del tiempo
A nivel macro, los cuatro años que existen entre un Mundial y otro establecen un paso regular del tiempo que marcan los grandes cambios de nuestra vida: el campeonato que viste siendo niño, el de tu adolescencia, el de la retirada de tu ídolo, el primero de tus hijos. Y entre medias, el ciclo perpetuo de las temporadas, bien acomodadas a las estaciones, dando frutos en forma de trofeos y marcando con precisión el avance de cada edad. Vázquez Montalbán dejó dicho que lo que más le iba a joder de morirse era no saber quién ganaría la Liga ese año. He aquí una idea con la que todos podemos simpatizar, aunque sea triste leer semejantes palabras de un culé universal en los tiempos negreiros que vivimos ahora. Seguramente aún no podemos comprender el daño irremediable que ya ha causado el desprestigio de la competición a la que entregamos las tardes de domingo con la idea de iluminarlas.
Quien tiene costumbre de ver fútbol sabe que el tiempo siempre termina por acabarse, que siempre se escapa. Igual que se ha dado por bueno el campo de fútbol —y el Bernabéu en particular— como medida comparativa de superficie y de demografía, hay quien no puede evitar medir la realidad en intervalos de cuarenta y cinco minutos con descansos de quince (“Ya estaríamos terminando la primera parte...”). Lo sorprendente es que esta medida se aproxima sospechosamente al óptimo de la productividad en muchas actividades. Y, apurando hasta el final, los madridistas sabemos mejor que nadie que el rendimiento siempre debe medirse contando con el colofón, porque unos pocos minutos de descuento pueden volverse eternos.
Frente a toda esta cultura e intuición, el actual manoseo del cronómetro y de las reglas está matando el fútbol hasta el punto de que ya se puede aventurar que la muerte del fútbol es cuestión de tiempo. Con el VAR nos estamos acostumbrando poco a poco a la suspensión de la euforia, a la interrupción del vértigo, a la doma del nervio. A celebrar los goles, pero sólo preventivamente. El videoarbitraje, que venía a salvar este deporte, nos hurta los minutos trepidantes del galope y nos los reemplaza por planos de un señor mirando una pantalla (¿Puede haber emoción en ser el espectador de un espectador?) o por trigonometría ejecutada por trileros.
Como se ha vuelto muy evidente el perjuicio para el aficionado, desde esta temporada se nos presenta una supuesta solución que sólo ha servido para demostrar que el arreglo de un problema generado por uno mismo es algo que siempre conviene pensar dos veces. Ahora tenemos partidos que se extienden en delirantes descuentos, larguísimos, que están sacando al fútbol de las hormas donde había crecido y a las que estábamos felizmente acomodados. Se supone que la cuenta de la vieja es un minuto por gol, lo que en algunos partidos claramente decantados sólo sirve para enfriar al equipo triunfador y para desmoralizar tanto al goleado como al espectador.
Con el VAR nos estamos acostumbrando poco a poco a la suspensión de la euforia, a la interrupción del vértigo, a la doma del nervio. A celebrar los goles, pero sólo preventivamente
Por culpa de este absurdo, ahora convivimos ya con una estadística estúpida más, el tiempo efectivo de juego, que se añade a todas las demás sin que ninguna haya ayudado a desvelar los misterios del juego, sino a degradarlos. Otro ejemplo: ¿para qué diablos existe la expectativa de gol? ¿Alguien recordará mañana alguna de esas cifras? ¿Llegaremos a ver delanteros que presuman de sus porcentajes doblegados?
Resulta que habitamos un mundo fanático de los datos y, sin embargo, cada vez debemos dudar más de la pervivencia y la importancia de todo lo que nos pasa. Para llegar al momento actual hemos atravesado un periodo prolongado que, grosso modo, se resume en Champions del Madrid, Ligas del Barça y cholismo (¿?) rampante. Temporadas en las que han ido sucediendo pequeños cambios que están transformándolo todo hasta hacerlo, tal vez, irreconocible. Lustros de degradación del fútbol español condensados en un agarrón al borde de una línea invisible, en la evanescencia de los límites salariales o en el suspiro de un piquito.
Algún día alguien tendrá nostalgia de los tiempos en los que el fútbol profesional aún se parecía al juego callejero de la infancia. Cuando para jugarlo no hacían falta tantos comités, tantos árbitros y reárbitros, tantos torneos sobrevenidos que no responden a la cuestión fundamental de dejar establecido quién fue el mejor en buena lid. Ni tantas superestructuras parasitarias que, a fuerza de sorber, están terminando por secar la sangre de su huésped.
Quizás tengamos que pasar fuera de la nebulosa actual unos veinte o treinta años para entender de verdad en qué consistió esta época. Mientras tanto, déjennos apurar los minutos en los que el fútbol aún nos recuerda, en una carrera desbocada o en una carambola ingobernable, por qué demonios nos volvía locos este juego.
No sólo porque de vez en cuando todavía algún jugador logre el milagro de suspender el tiempo, sino precisamente por lo contrario, pues el fútbol nos dejó tanta huella como para medir nuestro paso por el mundo —ni más ni menos— que en las finales que pudimos llegar a ver. Alégrense: las de esta temporada aún quedan lejos.
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Séptima jornada de Liga y partido intersemanal después del derbi ante el Atleti y antes de visitar Girona el próximo fin de semana. La UD Las Palmas es un recién ascendido que logró su primera victoria esta campaña el pasado domingo contra el Granada y pese a jugar con diez durante la última media hora. Al ser un choque entre semana se esperan rotaciones en el conjunto amarillo, que cuenta con la baja por sanción de Mika Mármol y por lesión de hombres como Moleiro, Sandro y Benito. Un posible once del cuadro amarillo en el Bernabéu sería el formado por Valles en portería, Julián Araujo de lateral derecho, Sergi Cardona en el izquierdo, Saúl Coco y Alex Suárez como centrales, el argentino Perrone de pivote, Loiodice y Kirian en los interiores, Vieira volcado a la banda izquierda, el canterano madridista Marvin en la derecha y el atacante africano Kaba como delantero centro.
En casa el conjunto canario presiona arriba e intenta dificultar la salida del cuero del adversario. Fuera y en un escenario como el coliseo blanco se posicionará muy probable en un bloque medio. García Pimienta pide a sus jugadores orden, decisión y gran intensidad en los duelos. No poseen futbolistas de mucha fuerza y músculo, por lo que los robos vienen más por el colectivo, el posicionamiento, la lectura y la acumulación de hombres que por la agresividad o energía.
Pocos balones rifa la UD Las Palmas, que siempre intenta una salida académica del balón. A García Pimienta le gusta tener el control desde la base de la jugada y el jugador capital es Mármol, que sienta cátedra en este sentido, por lo que su baja se antoja fundamental en este apartado. El central catalán es un futbolista con un gran trato del balón, clarividencia, visión y precisión en el pase. Otros jugadores básicos en el sistema de funcionamiento del equipo para salir jugando son el otro central Suárez, el medio Perrone y el lateral izquierdo Cardona. El centrocampista argentino Perrone baja a recibir y es el que conecta con los interiores, o con Viera si recula unos metros para recibir en posiciones interiores. Los laterales, por su parte, se sitúan altos, a la altura de los medios y desde ahí intentan progresar por banda ya que tienen un perfil ofensivo. Por último, si se confirmase la presencia de Kaba en lugar de Munir, los amarillos ganan un jugador potente y muy alto (1,90 m) con el que luchar los balones por arriba, pelear con los defensas o bajar el cuero para abrir a banda o descargar de cara a los centrocampistas.
La UD Las Palmas se ha mostrado sólido y convincente en este aspecto en el inicio liguero. Apenas ha concedido cuatro goles en seis partidos, lo que le convierte en un conjunto que defiende bien, con orden, disciplina, buenas ayudas y solidaridad en todas sus líneas. Los tres partidos en los que ha caído fuera de casa lo ha hecho por la mínima y en salidas nada sencillas como fueron Valencia, Girona y Sevilla. Los dos laterales se despliegan bien arriba, pero en defensa sufren algo más, por lo que es un día para que Vinicius o Rodrygo hagan daño por los carriles. En la defensa es posible que se note la baja de Mármol, aunque Coco también es un zaguero expeditivo y rocoso. La media también ayuda mucho a su defensa, sobre todo en el caso de Perrone, que se mete entre los centrales. Por arriba no es un conjunto demasiado poderoso y solo Coco tiene altura y potencia con su 1,88 m. Un punto débil son los centros al segundo palo cuando a los laterales les cuesta más cerrar. Es un día que Joselu puede aprovechar por su excelente capacidad cabeceadora, superior a sus pares en la batalla aérea.
El punto negro de los canarios en este primer mes y medio de Liga. Han incorporado delanteros como Munir, Kaba o Herrera pero les está costando mucho ver puerta. Es el equipo menos goleador de la competición con dos tantos, aunque esas dos dianas les han valido cuatro puntos, tres ante el Granada el pasado sábado y uno contra el RCD Mallorca en el debut liguero. Ninguno de los tantos fue a domicilio, donde sigue seco. En las bandas aúnan velocidad y despliegue por la derecha mientras que por la izquierda está más presente la calidad técnica, visión y combinación. En la punta Kaba, de Guinea Conakry, es un punta fuerte, rápido, potente al espacio y que maneja las dos piernas. Sin embargo, no ha estado fino de cara a puerta y tampoco en varios cabezazos en posiciones francas que ha logrado por su salto y altura. A balón parado tampoco está sobresaliendo el equipo en córners o jugadas a balón parado y sufren más atrás que lo que generan en ataque. Alternativas en el banquillo con Munir o Herrera tendrá García Pimienta si decide sacar más pólvora en algún tramo del encuentro.
Un equipo atrevido, valiente, con mucho gusto por la pelota, la posesión, el dominio del juego y el control del tempo del partido. García Pimienta es canterano del Barça y por tanto tiene ese ADN culé de querer ser protagonista con la pelota y ser un conjunto con triangulaciones, combinaciones y asociaciones de pases cortos, precisos y a ras de césped. Si el rival les arrebata el cuero, cuentan con una versión algo más directa, con Viera de lanzador de contras para la velocidad de Kaba, Marvin o Pejiño. Los laterales son ofensivos y utilizan las bandas con pocos toques, maximizando la velocidad para hacer daño por los costados. Cardona está siendo uno de los mejores laterales de la Liga en su debut en Primera y es un arma a tener en cuenta por su capacidad de ida y vuelta y su enorme recorrido. En cuanto a las estadísticas, a estas alturas de la campaña es el equipo con más faltas recibidas porque guardan y conservan bien la pelota, lo que hace que el adversario tenga que recurrir a las faltas en los duelos. Además, es el tercer equipo con más posesión media por partido (58%), solo por detrás de Barça y Real Madrid. Otros apartados en los figuran en el top 3 son en el de balones disputados (1º) que se acaban llevando la posesión, en duelos uno contra uno (1º) que resultan victoriosos, en pases buenos (2º) en campo contrario y en número total de pases (3º) por choque.
Jonathan Viera es uno de los pocos jugadores con experiencia en Primera del equipo insular en la actual plantilla. El futbolista de Las Palmas de Gran Canaria ya está en la treintena pero mantiene esa técnica, finura y calidad individual típica de la escuela canaria que tantos referentes dejó en la historia del fútbol español. Viera es el faro ofensivo de la Unión Deportiva y el hombre por el que pasa el fútbol del equipo. Es el lanzador de los jugadores de ataque, el creador del fútbol ofensivo y el hombre al que miran sus compañeros porque nunca le quema el balón. Tiene capacidad de último pase, disparo desde la larga distancia y un guante en su pie derecho. Juega en la posición de extremo izquierdo pero realiza muchas diagonales, se mete en zonas interiores y goza de libertad para asociarse entre líneas, apoyar y combinar. Una buena temporada suya aumentará las opciones de los canarios de mantener la categoría, su gran objetivo de la campaña.
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