Las mejores firmas madridistas del planeta

“¡La nueva era! ¡La nueva era!” –exclamaban desmesuradamente eufóricos algunos de los jugadores del FC Barcelona, con un júbilo más propio de aquellos que acaban de proclamarse campeones de Europa que no de la supercopa de España que acababan de conseguir en Arabia el año pasado frente al Real Madrid. Dice el sabio refranero patrio que quién escupe hacia arriba alberga bastantes posibilidades de que el gargajo le caiga justo encima, de pleno y sin miramientos, que es exactamente lo que sucedió en este caso cuando tras el 0-4 en la vuelta de Copa del Rey en el Camp Nou, algunos de los jugadores blancos devolvieron a los azulgranas las palabras que estos habían proferido inicialmente.

Barcelona, 0 - Real Madrid, 4

Con todo el respeto que puedo sentir hacia el club que ha mantenido podrida la competición liguera que he seguido desde que tengo uso de razón (ninguno), tengo que reconocer que me hallo hartamente confundido ante ese lema que promulgaron orgullosos los jugadores culés (y que me han vuelto a recordar los anuncios del documental del Barcelona en ESPN) y elijo atribuirle el único significado que no desembocaría en una posterior carcajada mía más llena de condescendía y vergüenza ajena que de humor.

Entiendo que se referían a una nueva era DENTRO del Barcelona, representada por los jóvenes como Pedri, Gavi, Araujo o Balde como máximos estandartes de la misma; y no a que esta plantilla culé pudiera ser capaz de instaurar una nueva era de dominio del fútbol europeo estableciendo una dinastía similar a la de equipos históricos como los Chicago Bulls de Jordan en la NBA o, por qué irnos tan lejos, el Real Madrid de las 4 Champions en 5 años. El tiempo ha acabado siendo el soberano juez que ha impuesto la cordura en este asunto y si ha establecido que existe una plantilla actual con la juventud y, sobre todo, con la calidad necesaria para establecer una era de reinado glorioso en Europa, esa es la del Real Madrid en la que me gusta denominar la “tercera era de Florentino Pérez”.

 

Era de los Galácticos

 

Florentino Pérez ha presidido el Real Madrid durante 20 años separados en dos etapas (no confundir estas etapas con las etapas asador y caudillo del ciclo kármico de Pepe Kollins). La primera, iniciada en el año 2000 tras batir a Lorenzo Sanz en unas ajustadísimas elecciones que el empresario madrileño desniveló gracias a la promesa electoral del fichaje de Luis Figo, por entonces capitán del equipo corruptor. Esta primera etapa coincide con el mandato completo de Florentino hasta su dimisión en 2006 y fue mundialmente conocida como la “Era de los Galácticos”.

Nuestro majestuoso presidente y su equipo de trabajo trazaron una brillante estrategia que tenía como objetivo devolver al club blanco la grandeza que siempre le ha correspondido y colocar al Real Madrid en el centro de los focos mundiales realizando las contrataciones de jugadores legendarios, auténticas superestrellas de las que ya no quedan, de las que llenaban estadios con su mera presencia y las arcas del club mediante sus contratos publicitarios y derechos de imagen.

Florentino arrimó la galaxia a nuestro planeta, bajó a las mismísimas estrellas del cielo y las plantó en el césped del Santiago Bernabéu

Florentino Pérez consiguió lo que hasta entonces parecía una gesta imposible, propia de un club acostumbrado a hazañas de este tipo, por otra parte. Florentino arrimó la galaxia a nuestro planeta, bajó a las mismísimas estrellas del cielo y las plantó en el césped del Santiago Bernabéu para que toda persona de bien (los madridistas) pudieran gozar de ellas con la admiración que despertaban su talento y grandeza. En definitiva, lo que hizo el “Ser superior”, en su infinita magnanimidad, fue bajar el cielo a la tierra y permitirnos al resto de indignos humanos que lo tocáramos con nuestras propias manos. Desde que Prometeo ofreciera el fuego de los dioses a los hombres no se apreciaba en este planeta una gesta similar.

El madridismo se mordía las uñas con la llegada del período estival mientras sentía un mariposeo recorrerle no ya el estómago sino el cuerpo entero, pues sabía lo que se avecinaba en cada verano. Primero fue Figo, al año siguiente le siguió Zidane. En 2002, tras el Mundial de Corea con el Negreira egipcio de turno, los ojos del rey se posaron en Ronaldo Nazario y aquel fichaje se celebró como un título más, no sólo por la emoción que despertaba el brasileño y las ganas de verle desenvolverse en el campo con los Figo, Zizou, Roberto Carlos y Raúl, sino también por la manera en la que se produjo aquella contratación: épica, in extremis, casi con el tiempo de juego ya cumplido y marcando el gol de la victoria con más suspense que en las eliminatorias de la última Champions que conquistamos. Aquel día fueron Florentino, Valdano… ¡y Sandro Rosel! los que se vistieron de corto para hacer las delicias del público blanco con aquella mítica fotografía lejana de los tres en plena acción desde las entrañas de la T4.

Florentino T4

El último galáctico en llegar, un año más tarde, fue David Beckham, que supuso la guinda perfecta de aquel proyecto a nivel económico, elevando al Real Madrid a los altares financieros tan sólo 6 años después de que el club se viera obligado a desprenderse de jugadores como Clarence Seedorf para poder pagar las fichas (a nadie se le ocurrió por entonces vender el 49% de los derechos de “Madridvisióndefuturo” por 200 millones a una empresa de dudosa capacidad financiera, lastimosamente).

No tuvo el mismo éxito en lo deportivo, pues aunque se consiguió la novena Copa de Europa en 2002 (de una manera vergonzante, todo ha de ser dicho), la sensación general de la afición vikinga siempre fue que ese equipo que seguramente haya sido el más virtuoso y técnico que jamás se haya visto sobre un campo de fútbol nos dejó a deber al menos una Champions con todos o la mayoría de los galácticos sobre el campo.

Mirandolo con la perspectiva aquel "los he malcriado" de Florentino, todavía no sé con certeza si se refería únicamente a los jugadores o nos incluía a nosotros, los aficionados, en esa cesta

Especialmente dolorosas fueron las derrotas en las eliminatorias frente al Mónaco o la Juventus (aquel penalti errado por Figo y que debió tirar Zidane, ¿por qué diantres no lo tiró Zidane?). Aquel equipo que triunfó como ningún otro en lo publicitario, nunca terminó de ser lo suficientemente sólido en el campo debido a evidentes fallas estructurales como la marcha de Makelele y la ausencia de un sustituto de corte y nivel similar, la calidad física del equipo, la dificultad para encajar a todos los galácticos en un sistema de juego sin que estuvieran incómodos en el campo y la edad y mala elección de los centrales del equipo.

Finalmente, los resultados y (según se dice) las tensiones del vestuario derivaron en la dimisión del presidente, que cerró la puerta con una última y demoledora frase que todavía retumba como un eco lejano en nuestros oídos: “los he malcriado”. Mirándolo con la perspectiva que sólo el tiempo proporciona, hoy, en 2024, todavía no sé con certeza si se refería únicamente a los jugadores o nos incluía a nosotros, los aficionados, en esa cesta.

 

Era de los jerarcas

 

Presentación de Cristiano Ronaldo con el Real Madrid

Afortunadamente, Florentino volvió a su cargo escasos años más tarde con la lección bien aprendida y en su segunda etapa, desde 2009 hasta la marcha del principal estandarte de esta gloriosa época de las 4 Champions en 5 años (Cristiano Ronaldo), supo confeccionar una plantilla también repleta de jugadores históricos, pero esta vez con una estructura óptima, dotada de un mayor sentido deportivo.

En esta segunda era —para cuya denominación podríamos acudir a esa que se susurra en determinadas áreas de las profundidades de las redes sociales: la “era de los jerarcas”— Florentino Pérez comenzó su segundo mandato trayendo de una tacada a estrellas de renombre como Cristiano Ronaldo, Kaká o Benzema, pero también a otros jugadores como Xabi Alonso, imprescindible en el comienzo de esta etapa y futbolistas de rol como Arbeloa, que acabarían teniendo tan buen desempeño en el campo como en su labor de grupo dentro del vestuario.

Y como para demostrarse a sí mismo que no iba a malcriar(n)los de nuevo, trajo para comandarlos a un sargento al que concedió, por primera vez en cualquiera de sus mandatos, plenos poderes: el entrenador portugués José Mourinho. Un entrenador tan defensivo que cogió a esta plantilla y no se le ocurrió mejor cosa que pulverizar el récord de puntos y goles (que, por supuesto aún sigue vigente, a pesar de haber pasado por la liga no pocos entrenadores de corte ofensivo y fútbol más vistoso).

Mourinho, Cristiano, Arbeloa y Callejón

Sólo la suerte y pequeños detalles impidieron que el equipo que acabó con la hegemonía blaugrana de Negreira, Guardiola y Messi (in that order) alcanzara la gloria en Europa, tan esquiva y caprichosa como solo puede serlo la de una competición tan indómita y salvaje como la Champions League. Sin embargo, el equipo había recuperado la grandeza y la competitividad, y apenas sí restaban detalles para recuperar el amor perdido de nuestra eterna amante.

Florentino volvió a su cargo con la lección bien aprendida y en su segunda etapa, desde 2009 hasta la marcha del principal estandarte de esta gloriosa época de las 4 Champions en 5 años (Cristiano Ronaldo), supo confeccionar una plantilla también repleta de jugadores históricos, pero esta vez con una estructura óptima, dotada de un mayor sentido deportivo

Lejos de aquellos veranos en los que se realizaban 7 u 8 ventas y otras tantas compras, se mantuvo la cabeza fría y la estructura del equipo, a la que tan sólo le faltaban algunos retoques y fichajes para mantenerse en lo alto y dar ese último paso adelante en su camino de vuelta al trono. Así llegó el fichaje de Bale, que junto a los fichajes de Modric (petición de Mourinho), Kroos y Casemiro definieron a la perfección la estrategia de fichajes de la nueva dirección deportiva de Florentino: un galáctico o fichaje de gran inversión como máximo por temporada, aproximarse a los grandes jugadores que finalizan su período de contrato para convencerles de no renovar y abaratar su fichaje y la firma de jóvenes prometedores a los que hacer crecer dentro del equipo o cesión mediante. El resultado fue inmejorable y las 4 Champions en 5 años sirven como aval de la estrategia seguida por el nuevo Florentino, que, lejos de dormirse en los laureles o regodearse en la autocomplacencia ya estaba oteando en el horizonte el nuevo reto que se aproximaba: los clubes-estado.

 

Tercera era de Florentino Pérez

 

Presentación de Vinícius con el Real Madrid

Su tercera era es más meritoria si cabe, pues si bien en la “era de los jerarcas” el Real Madrid estaba en una posición económica privilegiada gracias precisamente a su gestión económica realizada en la primera, ahora el Real Madrid se ha encontrado en territorio desconocido: ha dejado de ser capaz de ofrecer las mayores cantidades en materia de traspasos y salarios a equipos y jugadores debido a la inflación de mercado derivada de la aparición de grupos de inversión con aparentemente dinero infinito procedente de los países petroleros de oriente que dotan a sus equipos (PSG, Manchester City, ahora también el Newcastle) de fondos que les permiten pagar auténticas barbaridades fuera de mercado.

Que Florentino Pérez haya sabido reinventarse para ser capaz no sólo de plantar cara a estos equipos de inagotables recursos sino incluso de ganarles en su propio terreno arrebatándoles Copas de Europa o fichajes es seguramente la más titánica de las obras de nuestro presidente. Por las obras precisamente comenzó su nueva estrategia: las que han convertido nuestro anciano templo en un nuevo mausoleo de arquitectura vanguardista que ha colocado al estadio en la cima del mundo, esa a la que desean subir los artistas y deportistas a exhibir sus talentos. El nuevo Bernabéu, amén de los conciertos y eventos deportivos ya anunciados, ha demostrado que será una fuente de ingresos extra que permitirá al Real Madrid mantener una potente posición económica incluso frente a los clubes gobernados en la sombra por los jeques.

Que Florentino Pérez haya sabido reinventarse para ser capaz no sólo de plantar cara a los clubes-estado de inagotables recursos sino incluso de ganarles en su propio terreno arrebatándoles Copas de Europa o fichajes es seguramente la más titánica de las obras de nuestro presidente

En cuanto a la estrategia deportiva y de fichajes, el diseño de la misma se ha ido adaptando a los tiempos y circunstancias actuales para ceñirse a lo que siempre ha deseado el Madrid de Florentino: tener a los mejores jugadores. El mejor es Mbappé, el gran anhelo del empresario madrileño desde 2017 y que parece que por fin, esta vez sí, recalará en el club blanco el próximo verano, pero mientras el francés daba calabazas al Real Madrid en favor del dinero catarí, Florentino seguía a lo suyo, construyendo su tercera y más loable obra.

Fiel a su estrategia de realizar una gran inversión en un sólo jugador por año, estudiar a los cracks cuyo contrato estaba cerca de expirar y fichar no a jóvenes promesas sino más bien a futuros “galácticos” a los que moldear en madridismo desde benjamines, Florentino, JAS y Juni Calafat han conseguido, casi sin que el aficionado se diera cuenta, ir llenando la plantilla con las estrellas de esta década que nos abarca: Vinicius, Rodrygo, Camavinga, Valverde, Militao, Tchouaméni y Bellingham. Todos ellos jugadores jóvenes que ya a día de hoy son estrellas mundiales tremendamente competitivas en la máxima competición continental de los cuales varios son estrellas mediáticas con contratos publicitarios de importantes marcas que les convierten en íconos.

Vini fotografía a Bellingham

Si ya las cifras por las que se obtuvieron a la mayoría de estos jugadores son ridículamente bajas en comparación a lo que le costaría al Real Madrid la inversión de ficharlos en este preciso momento, no digamos el verdadero gran mérito de esta nueva gestión de Florentino: sus salarios. Florentino ha preservado en esta época, así como en la anterior, su famosa “escala salarial”, esa que le valió no pocas burlas y chistes y que ha resultado ser en la actualidad el gran valor estructural del club vikingo. Prácticamente la gran mayoría de la plantilla podría obtener un mejor contrato si marcharan a la Premier League o a un club-estado, pero entra en juego otro factor que el presidente madrileño ha puesto en valor durante sus mandatos y que Valdano esculpió en una frase que suena (o debe sonar) en las cabezas de los jugadores con voz de ultratumba: “el Madrid paga en gloria”.

Sí, los jugadores podrían ganar más dinero en otros equipos en los que también ganarían títulos, pero el Real Madrid es otro mundo. El mundo donde las remontadas imposibles son algo casi rutinario. El mundo en el que la grandeza del fútbol alcanza su máximo exponente. La última Champions del Madrid no sólo demostró al mundo del fútbol que la estrategia de Florentino era la adecuada. También hizo que la próxima generación de estrellas se muera por jugar en el club que desafío a los clubes-estado y las leyes de la lógica para imponerse en la Copa de Europa más épica de todos los tiempos mostrando al fútbol que la gloria de este club es más grande que la vida misma.

La escala salarial es una genialidad que hace que a día de hoy el Madrid pueda permitirse tener a dos de los cinco mejores jugadores del mundo cobrando menos que el portero del equipo vecino

La escala salarial es la fórmula que descubrió Florentino para controlar los egos del vestuario y conseguir que el respeto y el estatus de los jugadores sea algo que se vaya adquiriendo de manera natural a lo largo de las temporadas conforme los méritos deportivos de cada uno lo vayan estipulando. Una genialidad que hace que a día de hoy el Madrid pueda permitirse tener a dos de los cinco mejores jugadores del mundo cobrando menos que el portero del equipo vecino. Y una genialidad que, por supuesto, le ha permitido a Florentino acceder al fichaje de su eterno deseo en esta penúltima etapa, Mbappé, al que parecer haber conseguido rebajar sus pretensiones económicas en favor de la preservación de la escala salarial y del ambiente en el vestuario.

Sé que muchos guardarán resentimiento contra el jugador francés y serán contrarios a su fichaje, mas deben entender dos aspectos: uno, es el deseo de Florentino, y ¿quiénes somos nosotros para interponernos en el anhelo de la persona que más ha hecho por este club y, sobre todo, la persona que mayor visión ha demostrado tener en este país y en este siglo?; y dos, no hay más que oír en el eco que arrastra el viento el deje de pánico con el que el antimadridismo está recibiendo la noticia del posible fichaje del francés para saber que estamos haciendo lo correcto.

Mbappé

No sé cómo denominar esta tercera era, lo de los nombres se lo dejo a gente con más arte que este servidor en dicha materia, ni cuánto durará. Tampoco sé si la retirada de Florentino bastaría para dejar de atribuirle títulos y méritos, pues los cimientos que ha dejado en esta penúltima etapa (nuevo estadio, plantilla, organigrama del club, ingresos…) son tan sólidos que van a dar para mucho.

De igual manera que Nico Almagro dijo que Nadal iba a tener 50 años e iba a seguir ganando Roland Garros, Florentino se irá del Madrid y seguirá ganando títulos, pues muchos de los que se ganen en su ausencia seguirán siendo achacables a su inconmensurable labor. Lo único que sé es que esta nueva era ya ha comenzado, las semillas fueron plantadas hace tiempo, se acerca la primavera y, con ella, la recogida del fruto. Disfrutemos de esta penúltima gran era de Florentino. Larga vida al mejor presidente que hemos tenido jamás. Y hala Madrid.

 

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Buenos días, amigos. Que el mundo actual va más rápido que la prensa tradicional escrita ya lo sabíamos, cualquier noticia se consume ipso facto vía internet varias horas o un día antes de que se plasme en los periódicos. Cada medio tiene su nicho y su función, no pasa nada, es como comerse un yogur caducado del día anterior. Pero hoy la prensa no sufre la demora habitual, sino un retardo mayor.

Portada Marca

«Ya está firmado», titula Marca sobre el pómulo izquierdo de Mbappé del cual desciende una lágrima, esperemos que de felicidad, con forma de escudo madridista. El rostro de Kylian se asoma por un roto hecho en el panel de portadas marquistas dedicadas al culebrón.

Lo cierto es que Ramón Álvarez de Mon dio la primicia de que estaba firmado el pasado jueves. La noticia caducó hace cinco días.

Portada As

As utiliza otro participio, en lugar de firmado, «atado», y afirman que la fuente es Al Khelaïfi, quien curiosamente tiene más querencia a aparecer en Marca, ya sabéis que la afición por el pádel une mucho, no son pocos los cuñados que no se aguantan ni entre sí ni a sus parejas y el vicio de la pala los emparenta cada fin de semana y cada fiesta de guardar. As, por tanto, también obvia que la fuente original fue Ramón.

Que esté firmado Mbappé es un paso indispensable para que juegue en el Real Madrid, aunque ya sabéis que en esta historia cualquier giro de guion es posible. Sin embargo, incluso más que la obligatoria firma, el hecho que incrementa las posibilidades es el sarpullido generado por la noticia en el antimadridismo.

Ya sabéis que de repente Mbappé es más dañino que comerse un pollo después de una semana fuera de la nevera en el Sáhara, que su llegada se debe a una confabulación judeo-masónica y el Madrid le pagará la ficha con el dinero que robará a los pobres y al convento de las Carmelitas Descalzas de San José (Malagón), y Fabrizio Romano incluirá en el monto de la contratación hasta el impuesto de basuras y la suscripción a Netflix del futuro jardinero de Kylian.

¿Y la prensa cataculé?

Sport también da la noticia caducada del acuerdo cerrado entre Mbappé y el Madrid, sin embargo, Mundo Deportivo afirma que dicho acuerdo aún no está firmado.

Las cuatro portadas dedican un espacio al partido de anoche a las 21 horas. Muchos estaban rayados por el empate en Vallecas y resulta que ha servido para afianzar el liderato del Real Madrid merced a la derrota anoche del Girona por 3-2 frente al Athletic, club que eliminó al Barça de la Copa y además es el único junto al Madrid que se mantiene firme en su lucha contra el tongo de CVC defendido por Tebas.

A principios de febrero, los aficionados y medios de comunicación del Girona entonaban el «así gana el Madrid» tras empatar a cero frente a la Real, aunque en realidad ya sabíamos y dijimos todos (salvo los cegados por la lacra del antimadridismo) que el peligro cierto para ellos era el Barça, recién eliminado de la Copa y fuera de los puestos que dan acceso a la Supercopa de España, lo que supondría que gente con poder perdiese dinero, precisamente lo último que tolera esta clase de personas.

El tiempo está confirmando tal deducción. Los del entrenador dimitido en diferido se encuentran a un soplido de los de Míchel, tan solo los separan dos puntos. Un par de penaltis más para el Barça y arreglado.

Nos despedimos lamentando la prematura muerte a los 63 años de Andreas Brehme, mítico lateral izquierdo alemán campeón del mundo en Italia 90 y exjugador, entre otros equipos, del Real Zaragoza. Descanse en paz.

Pasad un buen día.

Un domingo a las dos alguien decide que debe jugarse en Vallecas un Rayo-Real Madrid. Ese alguien cobrará un sueldo de ministro, por lo menos. Debe ser muy listo, en Linkedin seguro que tiene muchos cargos en inglés que lo describen. La decisión se habrá tomado seguramente por aquello del producto global que quieren hacer de la Liga. Se entiende que internacionalizar el campeonato doméstico español ha de hacerse a costa del interés genuino de los propios españoles, pues bien es sabido que a esa hora, un domingo, ¿quién ha comido ya? Ni que fuéramos noruegos.

Bien es verdad que llevamos treinta años empeñados en una loca carrera por ser más europeos que nadie pero, por ahora, aunque eso moleste a unos cuantos amargados, la tradición de las comidas y los horarios sigue siendo españolísima y sagrada. La mayoría nos vemos obligados a adelantar o a acelerar el aperitivo, que es una cosa cultural como dijo el otro día un locutor de ESPN, o a sacrificar el partido mientras almuerza. En definitiva, a malcomer o a malver el fútbol. ¡Todo sea por lo global!

Seguro que el patrón Tebas nos saca mañana unas métricas y nos dice que en efecto las audiencias del Rayo-Real Madrid en Oslo, Tokio, Pekín o Los Ángeles fueron extraordinarias. Pero el español, se jode. Un domingo de cuaresma a las 2 de la tarde, en Vallecas, como mucho se puede empatar. Otra cosa es impensable, un pecado de hybris. Todo lo sórdido y todo lo mezquino se concentra en ese pedazo inverosímil de tela verde abierto en mitad del paisaje suburbano de Vallecas, visto a ojo de dron como un eccema en la piel maltratada de la ciudad.

Estadio Vallecas

Debe ser listo de cojones el que pone un partido así un domingo a las dos porque desde luego condena a millones de criaturas a sobrevivir hasta la noche como zombis, rumiando un ensordecedor empate, atónitos durante larguísimas horas ante la mismísima Nada, haciéndose preguntas inquietantes sobre la propia existencia.

Un domingo de cuaresma a las 2 de la tarde, en Vallecas, como mucho se puede empatar. Otra cosa es impensable, un pecado de hybris

Ganar ligas es estresante y antihumano, una cosa completamente contranatura. Está estrechamente vinculado con el sufrimiento, lo cual no es del todo malo porque, en realidad, constituye una inmejorable escuela para la vida. Y para el resto de competiciones. Pero es fácil desconectar de las Ligas en cuanto empiezan a ponerse peligrosamente cuesta arriba. El historial del Madrid contemporáneo está ahí, no voy a descubrir nada que no se sepa ya. Ni el trabajo dignifica ni ganar Ligas ennoblece. Aunque, claro, igual que hay que trabajar para vivir, hay que ganar ligas para seguir siendo el que tiene más y, sobre todo, para que no las ganen los otros.

La verdad es que los madridistas estamos hechos para las praderas infinitas llenas de bestias salvajes y tesoros de la Copa de Europa. En esos lugares volvemos a ser los cazadores originales, los nómadas que hostigan a las bestias en tribu, que cruzan ríos y desiertos, atraídos por el imán permanente del más allá: siguiendo la manada de bisontes, más allá del horizonte, a nuevas tierras, lejanas; los niños a la espalda y expectantes, los ojos en alerta, todo oídos, olfateando aquel desconcertante paisaje nuevo, desconocido, como canta Jorge Drexler. Sin embargo, la Liga es un lunes permanente pensando en la pensión de jubilación. Incluso después de ganar una Liga, sigue siendo domingo. Ganar la Copa de Europa es una eyaculación feroz, sentirse por un momento Napoleón follándose el mundo, pero la Liga no llega ni a una mala paja: todo el año penando, haciendo fútiles cábalas, si mañana el Girona empata entonces no pasa nada y a descontar una jornada menos, si gana, bueno, tenemos el goal average a favor, es como un punto más, una bola extra, ¿qué salidas de mierda quedan todavía?, no tenemos defensas, no pasa nada, estamos en uno de los valles de Pintus.

Vinícius en Vallecas

En fin, todo el año penando, digo, para llegar un domingo de finales de mayo a un campo de la España atroz y, sin ningún glamour, respirar aliviado, golpear la mesa del salón con asco y furia, y decir: ea, ya hemos ganado otra Liga. ¿Merece la pena? Seguramente no, pero es otra de las servidumbres a las que nos condena esta pasión irreflexiva y prerracional a la que llamamos todavía fútbol.

La Liga es un lunes permanente pensando en la pensión de jubilación. Incluso después de ganar una Liga, sigue siendo domingo

El Madrid está hecho para la anticipación de la alegría. Como le dice una señora canaria muy sabia llamada Juver, abuela de una buena amiga de La Palma, a su nieta, si vas a venir a verme el viernes avísame el lunes, para que yo esté contenta hasta entonces, esperándote. Nos llevamos todo el año soñando con la primavera porque ese, el camino a Ítaca de Kavafis, es el verdadero goce. Pedimos que el camino hasta ella sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. El capillita sevillano auténtico es el que se pone triste cuando llega el Domingo de Ramos: es cuando exclama con pesadumbre que esto ya se ha ido. Hasta entonces, cada vez que miraba el calendario, pensaba con ilusión de niño la víspera de Reyes: esto está aquí ya. Por eso la Liga es un continuo anticlímax, lección estoica circular de lo que cuesta ganar algo y de lo poco que, en realidad, vale.

Joselu en Vallecas

En la Liga española no hay cíclopes ni tampoco lestrigones, no está el colérico Poseidón ni emporios fenicios llenos de nácar, ámbar, coral y ébano. Hay Deburgobengoetxeas y Raíllos y Maffeos, que son la prosa antipoética de la existencia. Hay Mestallas supurantes de portadas superdeportivas con las que hasta el pescado, envuelto en ellas, se pudre. Es lo del vídeo de Kevin Killeen sobre febrero: un intento desesperado de huir de algo que ya no es cierto.

El Madrid tiene ya 35 y la sigue compitiendo como si no tuviera ninguna, honrando el fútbol español como, por otra parte, nadie ha hecho ni hará igual jamás, y eso que el Estado-nación español está en vías no sólo de subdesarrollo sino de liquidación y el sentido de jugar una liga contra el resto de equipos españoles cada vez es más vago. Sin embargo la Liga y el fútbol patrio, que serían una minúscula nota al pie de página de la Historia universal del deporte sin el Real Madrid, le devuelven semejante esfuerzo de clemencia con oprobio, rencor y envidia, lo que aumenta el desconcierto y la sensación que le embarga al madridista en domingos como el pasado de que en realidad sigue jugando la Liga para hacer feliz a un montón de gente muy mala y muy fea cuyo motivo para seguir viviendo es el odio al color blanco puro.

Omnia fui, nihil expedit, dijo Septimio Severo antes de doblar la servilleta. Al menos, en estos trece episodios sinuosos y desagradables de otra probable conquista liguera, al madridista le queda el raro consuelo de que en cada campo, siquiera por vergüenza torera, España aplaudirá (¿por última vez?) a Luka Modric.

 

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Hola, me llamo Javier y soy el orgulloso dueño de la última franquicia de Blockbuster que permanece abierta en España. Resistimos y estoy seguro de que seremos muy fuertes en el futuro. Nuestro negocio sigue siendo tan sólido como cuando lo abrimos en los años 90; cobramos por alquilar durante unos días cintas de vídeo y, sobre todo, te clavamos jugosas multas si las devuelves tarde. El producto es para nosotros lo de menos. No necesitamos grandes estrenos, ni películas de calidad. Vamos tirando con chapucillas locales de bajo presupuesto y recordando grandes éxitos del pasado. Dónde esté cualquiera de ‘Loca Academia de Policía’ o una del Oeste, que se quite toda la bazofia actual.

En realidad, tenemos un estudio que, a regañadientes, nos sigue mandando cintas actuales con superestrellas de Hollywood y el mejor cine de autor. Lo que los expertos consideran lo más destacado del séptimo arte. Casi todos nuestros ingresos, que van decayendo, proceden de las pelis de este estudio. Aun así, no me caen nada bien (aunque suelo decir en público que me encantan). Se creen más listos que yo y cuestionan que el dinero que ellos generan se reparta entre aquellos que tienen una o dos cintas alquiladas al año. Y encima dicen que están trabajando en algo llamado streaming, sea lo que sea. O streaming o alquiler de vídeos, pero las dos cosas no se puede, ¡hombre ya!

Netflix streaming

Una de nuestras ventajas es que salimos muy bien de precio. Echando unas cuentas rápidas encontré un dato increíble; nuestros servicios cuestan más o menos lo que un cubata cada día. ¿Quién no tiene dinero para un cubata en España? Yo al menos me lo gasto encantado. Algunos maldicientes aseguran que se me nota.

Había olvidado comentaros que me considero a mí mismo un gestor genial. De hecho, estoy pensando en subirme el sueldo otra vez, como he hecho varias veces en los últimos años, aplaudido por mis socios y esos pequeños estudios locales que están locos de contentos conmigo. Si el negocio no crece, es obvio que no es por mi culpa y sí por otros factores que nada tienen que ver conmigo.

O streaming o alquiler de vídeos, pero las dos cosas no se puede, ¡hombre ya!

Hace poco, gracias a otra de mis ocurrencias magistrales, conseguí que casi todos los estudios medianos y pequeños cedieran a un banco sus futuros ingresos por el alquiler de cintas para poder contratar a algún actor o guionista medianamente decente, arreglar algún foco o pintar las paredes de sus sets de rodaje. Como premio, me llevé una pequeñísima comisión del banco, sin duda menor de la que merezco por darle un impulso decisivo a la cinematografía española.

Últimamente me dicen mucho que hay una cosa que se llama Netflix y en la que se pueden ver las películas y series en tu ordenador, en tu tele o en tu móvil, cuando quieras y todas las que quieras, por una suscripción mensual. Algunos anticipan que se va a llevar por delante el negocio sólido de los videoclubs de toda la vida. Me suelo carcajear cuando lo escucho. Hay que ser incauto para pensar que la gente prefiere películas y series con los mejores actores y directores antes que magníficos VHS que se pueden rebobinar y visionar de nuevo en unos cinco minutillos de nada.

Cinta VHS

Eso de Netflix o como se llame es un proyecto que parece haberse gestado en la barra de un bar. Cómo va a tener futuro esa tontería. Seguro que los clientes se cansan de ver a los mejores directores y actores trabajando juntos una y otra vez. En ocasiones hablo con mi amigo Alex, el gerente de Blockbuster en Europa, y nos reímos juntos de Netflix. Nos acordamos de cuando hace algunos años quisieron colaborar con nosotros e incluso que compráramos su idea y el descojone que nos provocó aquello. Además, somos muchos directivos de Blockbuster, todos con nuestros buenos sueldos, que nos ha costado mucho ganar.

Eso de Netflix o como se llame es un proyecto que parece haberse gestado en la barra de un bar. Cómo va a tener futuro esa tontería. Seguro que los clientes se cansan de ver a los mejores directores y actores trabajando juntos una y otra vez

Mi socio Miguel Ángel, un poco más dramático, va diciendo por ahí que los niños que sueñan con ser actores, guionistas o directores de mayores, no tendrán las oportunidades de cumplir sus sueños en eso que llaman Netflix. Necesitamos proteger a toda costa el patrimonio que son nuestras cintas de VHS, la magia que envuelve esa imagen que no para de deteriorarse con cada visionado, la facilidad para acabar grabando encima una novela turca o a Trancas y Barrancas y la nostalgia de pulsar los botones de fast forward y rewind.

Vídeo VHS

Por suerte, gran parte de los medios de comunicación están con nosotros, comparten nuestra visión. Aunque es cierto que algo apoyamos con publicidad. Es una ayudita sin malicia, nunca para que hablen bien de nosotros y fatal de Netflix. Tenemos a un amigo en la radio, Axel se llama, que se pone como loco cuando alguien menciona el tema. “¡Esto va a acabar con las películas de países nórdicos y con la ilusión de pequeños estudios!”, grita airado. Incluso ha amenazado con dejar su profesión si Netflix acaba triunfando. El único problema es que su amenaza ha provocado un total de cero reacciones entre nuestros clientes. Axel, te apreciamos mucho, pero si cuelgas las gafas y lo dejas tampoco es como si se acabara la carrera de Scorsese.

Gracias por leer esta tribuna abierta en la que quedan muy claras las poderosas razones que yo, Javier, esgrimo para estar completamente convencido de que la Superliga Netflix nunca va a poder con nosotros.

Muchas gracias, larga vida a Blockbuster y ‘ganátelo en el cine’.

 

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Vincent Kylian y los 61 de Florentino

 

No sé si ustedes sufrieron con lo del baloncesto. Que es excitación pura muchas veces. Yo lo seguí fumándome un puro y atendiendo obligaciones radiofónicas. Con decirles que no me moví apenas… Vi de reojo a mi mujer espía. Teme mi silencio. Sacaba la cabeza y se volvía. Y volvía a sacarla. En mi casa soy el Liverpool: nunca camino solo.

Lo normal es irme tres o cuatro veces a la nevera, siempre dije que el Madrid engorda. Y es también un antídoto para la retención de orina, esa cosa mala. Pues el baño lo visito compulsivamente. Pónganle los guasaps de rigor, alguna llamada al fijo ofreciendo cualquier cosa. Esta vez, nada. Hasta me dio tiempo a ver el final del partido del Bayern que palmó. Le di cera al mando, sí. Que el Madrid ganaba la Copa lo tenía claro: no hace el canelo dos veces el mismo día.

Que el Madrid ganaba la Copa lo tenía claro: no hace el canelo dos veces el mismo día

Lo hizo en Vallecas a la hora de comer. O sea que se trataba de saber por cuantos puntos ganaba. Dos veces en cuatro horas, imposible. Fue una faena para el Barça de la canasta el empate en Vallecas. Al de fútbol le da oxígeno para seguir con el big data y sus cosas. Pero sí. Desde que dan tres puntos por victoria, hacerte con uno sabe a poco, normalmente. Estas fueron unas tablas a poca cosa, además.

Joselu

Ah, quiero corregir a muchos, incluso a Bengochea y Dumas, esas gentes extraordinarias pero en esto confundidas. El de anoche no fue el título número 60 de Florentino, fue el 61. 33 de fútbol, 27 de baloncesto —los mismos que Llull, por cierto— más Kylian. 33+27+1 = 61.

El de anoche no fue el título número 60 de Florentino, fue el 61. 33 de fútbol, 27 de baloncesto más Kylian. 33+27+1 = 61

Pieza maestra de esta conquista fue otro francés, Vincent Poirier, en adelante Vincent Kylian. Más de medio partido ganó el tío. El momento francés del Madrid es la 'lait'. Le vi hablando con el presidente, también a Caseur y Yabusele, y juraría que le dieron la enhorabuena por el fichaje paisano que se avecina. La cosa pudo ir así:

—Felicidades, presi. Vive la France!

—Gracias. Cuento con vosotros.

—¿Para el año que viene? (Los tres).

—Mon Dieu! Para que me ayudéis a contarle a vuestro paisano lo que es el Madrid, lo que le espera.

—Vale. Y nos llevaremos a Campazzo y a Deck que definen bien la cosa, son argentinos como Messi, le harán gracia. Y a Llull con unas sobrasadas. Arte y trabajo.

—Reservo mesa.

Deck, Campazzo y Llull

Volvamos al fútbol y admitámoslo. El Madrid no estuvo bien. Sí salió como debía, 0-1 en un plis plas, pero se fue diluyendo. ¿Penalti a Camavinga? Déjenlo. Esa jugada no se la cobran se ponga Eduardito como se ponga. Eso no se puede esperar. Tampoco que el Madrid marque y se vaya apagando. Ni un gol más entre el minuto 4 y el 90 y no sé cuántos. Un partido entero. Quizá no le sentó bien adelantarse tan pronto visto lo visto. No sé. Sí sospechaba que le iba a pasar. Ha vivido, y vivirá, en el alambre. Mucho partido, mucha exigencia, muchas bajas. Llegaría el día que le pasarían factura pues a tope de arte y eficacia no se está siempre. Llegó.

¿Y pasa algo? No mucho, la verdad. Si acaso, y más si el Girona gana hoy en San Mamés, que le obligará a no distraerse mucho, margen tiene. Le ayudaría algo que no puede controlar, una tregua por parte de las lesiones. Con un mes de cara en esto amarra la Liga. Tan seguro como tenía yo que iba a ganar esta Copa. Pero...

Soñé que al Madrid le pitaban penalti a favor en el 99, lo paraba el portero y mandaban repetirlo. No pasó. Bien mirado, mejor. Si pasa eso, la final de Copa de baloncesto no se habría disputado. Ni escrutadas las elecciones gallegas

El asunto ahora es verse obligado a remangarse más de lo que le hubiera tocado de tomar Vallecas. Carvajal y Camavinga serán baja ante el Sevilla, acumulación de amonestaciones. El alambre que no cesa. Otro partido, presumo, como este último, con el rival más atento a impedir que juegues que a jugar él, en el plan que siguieron Leipzig y Girona por fijarnos en los dos últimos. Gente extraña esa que sale a jugarle al Madrid.

Ancelotti Rayo

En el ambiente que vivimos, la enfermería propia y las cosas ajenas, no era razonable pensar que le sobraría media docena de jornadas a esta Liga. Lo normal es que le cueste algo más. Pues sigo pensando que acabará siendo el campeón. Sí es verdad, y termino, que soñé que al Madrid le pitaban penalti a favor en el 99, lo paraba el portero y mandaban repetirlo. No pasó. Bien mirado, mejor. Si pasa eso, la final de Copa de baloncesto no se habría disputado. Ni escrutadas las elecciones gallegas. España habría explotado definitivamente y tampoco es eso. Mejor, sí.

Total. Otro título del Madrid. Felicidades al baloncesto, con él ya se sabe: si el fútbol no llega, aparece. Recuerden el año pasado: se escapó la Champions, se disparó le euforia anti. A la semana llegó la Euroliga. Vincent Kylian y sus cosas. Aquella noche fue Llull. Y sus 27, ya digo. Tiene por delante a Luyk (33), Rullán (32), Corbalán (30) y Brabender (29). A Wayne puede que le empate en mayo.

 

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Buenos días, amigos. En el consejo de redacción de La Galerna somos la mayoría bastante talluditos (alguno diría falobsoletos, vulgo pollaviejas). Sin embargo, pocos de nosotros han cumplido ya tantos años como títulos acumula a sus espaldas el Presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Desde ayer, con la extraordinaria consecución de la Copa del Rey de baloncesto, en un sensacional partido ante el Barcelona (96-85), son 60.

60. Se dice pronto. 33 en fútbol y 27 en baloncesto. La cosecha es absolutamente sobresaliente. En el contexto del actual fútbol mundial, donde en Europa campan por sus respetos intereses geopolíticos que nada tienen que ver con el deporte, mientras en España se impone un sistema corrupto y ruin (en la pinza ejercida contra el Madrid por Federación, Liga y medios), es una cosecha que aguanta la mirada a la de D. Santiago Bernabéu, por no decir que la supera. La gestión específica en el área de baloncesto no puede ser más exitosa. La actual plantilla, comandada en la cancha por un hombre de club de perfil sólo aparentemente bajo, como Chus Mateo, y en los despachos por un fuera de serie como Juan Carlos Sánchez Lázaro, es una de las más completas que jamás haya tenido la sección, y todo apunta a que las mieles de la victoria les seguirán acompañando.

Enhorabuena, pues, al máximo mandatario blanco, y enhorabuena al madridismo en su conjunto. Qué suerte tenemos al no haber sido presa de desviaciones innecesarias en el sendero que conduce a la felicidad, y haber perseverado en el madridismo.

Esta brillante Copa del Rey es como decimos el resultado de un partido majestuoso de los hombres de Chus. De las cuatro portadas que tradicionalmente comentamos en esta sección, sólo la de As está a la altura a la hora de otorgar a la vigésimo novena Copa del Rey de baloncesto blanca los honores de argumento principal del día, como debe ser.

Portada As

"Rey de Copas", reza As, y tiene toda la razón, pues el Madrid arruinó ayer las ilusiones culés de empatar a número de Copas las logradas por los vikingos, ampliándose en cambio la ventaja.

Los hombres de Chus se escaparon en un último cuarto memorable, después de sostener el pulso en los tres primeros a un espléndido Barça. Todas las facetas del juego fueron tan satisfactorias como atinados estuvieron los encargados de ejecutarlas, cada uno cuando le tocó, en el plan maestro de Chus, eminentemente coral como suele serlo. El MVP del partido fue Campazzo según la organización, Poirier según el patrocinador del equipo. Ambos tienen razón. Poirier es el genio francés feo —de la estirpe de Gainsbourg y Depardieu— que toda película europea de culto necesita, y el Facu es la garra encarnada en la anatomía fibrosa de un héroe de tebeo.

Por supuesto, no son sólo ellos. Está Musa. Está Yabusele. Está Deck, a quien alguien calificaba ayer como el Fede Valverde de la sección basket. Y Tavares. Y Hezonja. Y los Space Cowboys (Rudy, Llull y el Chacho), impartiendo magisterio precisa y exactamente cuando se les demanda. Qué admirable conjunción de astros humildes hemos juntado ahí para darnos alegrías.

En la orilla opuesta a dichas alegrías se sitúan las lamentables quejas culés al término de la final, con un Laprovittola lacrimógeno y un Grimau que transmite exactamente las mismas vibraciones que su homólogo balompédico Xavi Hernández. Hosti, tú, no saben perder.

Portada Marca

Marca opta en cambio por la fórmula de la portada-collage, no vaya a ser que alguien piense que el baloncesto les importa demasiado, o (peor aún) que el Real Madrid les importa demasiado. Un poquito de Copa del Rey, sí, pero compartiendo protagonismo con el triunfo de Topuria en UFC y el desdichado empate del Madrid de fútbol en Vallecas.

Aparte de sufrir un nuevo arbitraje infame, que aportó connivencia a la táctica rayista de truncar con falta todo intento blanco de armar una jugada de ataque, hay que reconocer que los de Carlo emiten ahora algunas señales preocupantes. Llevamos dos partidos consecutivos jugando a lo que quiere el rival. El martes dio para ganar en Leipzig. Ayer, no se afrontó con inteligencia el partido trabado que planteó el Rayo en el segundo tiempo. Urge que el equipo recupere el pulso del excelente fútbol que estaba practicando.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Sportivo (ya sabéis que es el apócope con el que designamos la conjunción de los casi siempre intercambiables Sport y Mundo Deportivo) apunta a Nápoles como la meca de la hipotética resurrección culé. Van a jugar allí en Champions ante un equipo en horas bajísimas cuyo entrenador está deportivamente desahuciado. A ver si por ahí tiene por donde salvarse un Barcelona que nunca, en la memoria de este portanalista falobsoleto o pollavieja, ha perseverado tanto en jugar horriblemente al fútbol como este de Xavi Hernández.

Lo que más nos llama la atención, con todo, es la manera en que Sport resume la derrota de los suyos en la final de la Copa del Rey de los canastos. "El Madrid le birla la Copa al Barça". Birli y Birloque eran aquellos dos cascarrabias permanentemente enojados en el palco de aquel teatro de los Teleñecos. Cualquiera de los dos superaba a Lluís Mascaró en fresca apostura, lozanía y joie de vivre.

Pasad un buen día.

Hace algunos años se hizo viral una imagen obtenida de un documental de Canal Plus Francia sobre Zidane. El diario Marca sacó una captura del técnico francés apuntando algo en una libreta escolar de doble anilla, supuestamente en medio del análisis de un rival. El resto de los utensilios de trabajo eran un ordenador en cuyo escritorio se hallaba abierta la web del propio Marca, un teléfono móvil y una gorra del Real Madrid. El titular recogía unas declaraciones que, a mi juicio, pretendían ser un punto caricaturescas: “el fútbol no es tan complicado”.

Es sabido que a Zidane, poco dado a refugiarse en discursos excesivamente elaborados, se le atribuyó una imagen un tanto amateur desde que se sentó en el banquillo blanco. Al fin y al cabo, en esta sociedad de apariencias la sencillez siempre ha resultado sospechosa, y todos somos en cierta medida esposas del César. De manera que algunos incluso juguetearon frívolamente con la idea de que, mientras las cámaras inmortalizaban aquella postal, el entrenador del Real Madrid en realidad estaba dibujando, ejem, garabatos en el cuaderno.

Evidentemente se trataba de una absurdez malévola, pero a mí, como hincha alejado de la idolatría gafapasta, debo reconocer que dicha hipótesis pretendidamente denostadora me hubiera parecido gloriosa. No solo porque no ofende quien quiere sino quien puede —y Zidane demostró con creces en repetidas ocasiones que su reino no es de este mundo—, sino porque el éxito de Zizou siempre conllevó, además de la victoria del Madrid, la derrota de los enteraos. Una doble satisfacción.  

Zidane respect

Me vino esto a la memoria cuando, tras el solvente triunfo del equipo merengue de baloncesto en Málaga, los periodistas entrevistaron a Chus Mateo. Vaya por delante que la comparación entre deportes tan diferentes como el fútbol y el baloncesto siempre constituye un exceso —cuando no una muestra de ignorancia—, especialmente al valorar el impacto potencial que tiene el entrenador durante el desarrollo de un encuentro. Sin embargo, ambos mundillos comparten la sospecha de la tertulianada acerca de los perfiles bajos y de las soluciones simples. De ahí que, incluso tras la victoria en la Euroliga, el técnico madridista no haya adquirido un crédito directamente proporcional al logro. ¡Se atrevió a jugar una Final Four plantando una defensa en zona durante treinta minutos, como si fuera una liga municipal! Qué más da que funcionase que ni pintado: ¡eso es lo de menos! Habrase visto.

De igual modo, algunos ayer se echaron las manos a la cabeza por la apuesta de afrontar la segunda parte de la final con apenas siete jugadores en la rotación. Por lo visto, el sota-caballo-rey solo debe valer para la brisca, y la prudencia de no querer estropear lo que funciona pertenece a algún tipo de astucia campesina incompatible con el baloncesto moderno. Quién sabe, quizá haya que comprarle otra libreta de doble anilla a Chus Mateo. Al menos tendrá la ventaja de que podrá utilizar el trofeo de Copa como pisapapeles.

El ataque francés y la defensa argentina apabullaron al Barcelona en un último cuarto que dejó el trofeo resuelto sin necesidad de recurrir a la épica emocionante que tantas veces requieren estas citas

Si me permito alargarme con estas reflexiones es porque la final tuvo menos historia de la que se esperaba. Es cierto que el Barcelona salió dispuesto a dar guerra, probando algunas opciones interesantes: la titularidad de Da Silva —llegó a estar emparejado contra Campazzo en algunos momentos, al inicio—, la colocación de dos generadores para intentar hacer daño al Madrid, el truco de sacar a Tavares de la cueva con Vesely… En el segundo cuarto, los porcentajes de acierto exterior amagaron con una posible ruptura del encuentro a favor de los culés, y en ese instante decisivo el equipo se sostuvo con unos buenos minutos de Hezonja —no debe enfadarse por su menor protagonismo en el choque: aquí queda escrito que volverá a ser decisivo en el resto de títulos de la temporada— y en la colosal actuación de Poirier, probablemente el auténtico MVP.

Poirier

En el primer cuarto, un renqueante Tavares había conseguido ganar el duelo defensivo ante Willy Hernangómez, pero sufría más de lo deseable con su némesis checa. Con la entrada de Vincent, Willy continuó siendo un caramelito —los rebotes ofensivos a la postre resultarían decisivos para la victoria— y Vesely dejó de tirar tan solo. El propio Grimau fue plenamente consciente de que con la neutralización del pívot de Ostrava desaparecían sus opciones de ganar, de ahí que en la rueda de prensa centrase el foco en las faltas personales que lo echaron en el último período. No crean que no tiene su mérito encontrar en cada ocasión la coartada adecuada. El barcelonismo es como un calamar con ínfulas de artista que jugase a hacer arte figurativo cada vez que suelta un chorro de tinta. Bien está; como se dice ahora, son sus costumbres y hay que respetarlas.

El barcelonismo es como un calamar con ínfulas de artista que jugase a hacer arte figurativo cada vez que suelta un chorro de tinta. Bien está; como se dice ahora, son sus costumbres y hay que respetarlas

Bastante antes de todo eso, el partido se había decantado ya del lado blanco. Concretamente, cuando tras el descanso Chus Mateo —¡Penitenciagite!— consiguió ajustar la defensa, con Deck sobre el base y Facundo emparejado frente al que hiciese las labores del segundo generador, fuese Laprovittola o Brizuela. Por otro lado, Musa, al que también habían castigado con alguna personal tiquismiquis, mantuvo meritoriamente el acierto en su duelo, a priori desigual, contra un desaparecido Kalinic, y la monumental exhibición de Poirier estuvo bien escoltada por los tiros liberados de Yabusele, que en esta ocasión compensaron con creces sus puntuales despistes atrás.

Facu Campazzo

El ataque francés y la defensa argentina apabullaron al Barcelona en un último cuarto que dejó el trofeo resuelto sin necesidad de recurrir a la épica emocionante que tantas veces requieren estas citas. En definitiva, se trató de un partido aprobado hasta por las sociedades de Cardiología. Aunque es cierto que seguramente no por los puristas del minutaje medido, los excels y las estadísticas. En cualquier caso, me aventuro a predecir, mientras aparto el confeti del teclado antes de enviar la crónica, que a los madridistas no nos importa demasiado. Felicidades, y a por la próxima.

 

Fotografías: realmadrid.com

Lunin: notable. El penalti fue imparable, el resto de trabajo lo resolvió con solvencia y evitó una clara oportunidad del Rayo.

Lucas Vázquez: suficiente. Activo, aunque no muy atinado.

Tchouaméni: suficiente.  La primera mitad del primer tiempo compaginó su labor de central con ayudas puntuales a los medios. Después bajó sus prestaciones, como el resto, y emborronó su actuación con un error al inicio del segundo tiempo que bien pudo costar un gol vallecano.

Nacho: suficiente. Sigue trabajando para alcanzar su forma.

Fran García: suficiente. Mejorable labor defensiva.

Camavinga: bien. Cometió un penalti innecesario que lastra su calificación.

Valverde: bien. Trabajó como siempre y pudo marcar.

Modric: bien. Buen desempeño del croata con algunos cambios de juego meritorios.

Brahim: bien. No excesivamente brillante, pero siempre crea peligro.

Vinícius: suficiente. No dejó de intentarlo, pero sin éxito.

Joselu: notable. Llevó a cabo lo que se le pide a un 9 y además anotó.

Kroos: notable. Con la diligencia y sensatez habituales.

Rodrygo: suficiente. Falló más que acertó.

Carvajal: insuficiente. Salió un rato y fue expulsado.

Güler: sin tiempo.

Ancelotti: suficente. No fue su mejor día ni en la confección del once, ni en el planteamiento del partido, ni en los cambios.

 

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Arbitró Alejandro Muñiz Ruiz del comité gallego. En el VAR estuvo Melero López.

Partido correcto en lo disciplinario del pontevedrés. Sin embargo, en las dos jugadas clave del choque necesitó asistencia del VAR. La segunda en su debe y la primera la de la linier, Eliana Fernández, que dejó claro con más decisiones que no tiene nivel para la élite.

Marcó Joselu y la línea muy por detrás de la jugada levantó la bandera. El VAR le sacó de su claro error. Luego, en el 24, Camavinga cometió penalti por una mano cristalina en la que Melero le hizo ir al monitor porque se lo perdió. También se anuló un gol a Joselu en el 18' tras salir claramente el balón por la línea de fondo. Además, se pidieron tres penaltis. Uno en la entrada de Brahim a Lejeune en la primera parte y otro en la acción Balliu-Vinicius en la segunda que no fueron nada. El de Rodrygo en los últimos minutos tampoco pareció, pero la retransmisión nos escamoteó más tomas.

En el tema de las tarjetas Isi y Balliu fueron los primeros amonestados en la primera parte por faltas a Modric y Vinicius respectivamente. En la segunda se sumaron Camavinga por protestar, Álvaro y RDT por perder tiempo y una doble a Carvajal por protestar y golpear a Kike Pérez en el rostro, lo que conllevó su expulsión.

Muñiz Ruiz, DISCRETO.

 

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Tropiezo en Vallecas de un Madrid que no supo sobreponerse al empate del Rayo en la primera mitad.

Estas jornadas sin Jude Bellingham la duda es si Ancelotti optará por Modric o por Brahim, y hoy se decidió por ambos, no obstante, el Madrid no salió a jugar con 12, ya que Kroos descansó de inicio y sería Camavinga quien ocupase el puesto de pivote. Además del alemán, el técnico transalpino también dejó recargando baterías en el banquillo a Carvajal, Mendy y a Rodrygo Goes, sus puestos los ocuparon Lucas Vázquez, Fran García y Joselu, que se antojaba importante para un encuentro de estas características.

El partido comenzó animado, un error defensivo del Madrid a punto estuvo de aprovecharlo RDT, pero el delantero perdió el balón y propició el contraataque blanco que culminó en un centro raso de Fede desde la derecha y un remate a la red con la izquierda de Joselu. Gol de matador. Pero la asistente dijo que era fuera juego. Raro, no lo parecía. La repetición corroboró la legalidad, incluso los comentaristas de Movistar lo apreciaron. Aun así la resolución del VAR no fue inmediata. Finalmente no tuvieron más remedio que conceder validez al tanto. 0-1.

Gol Joselu en Vallecas

El Madrid prosiguió dominando sin agobios pero sin ocasiones claras hasta que en el minuto 19 Mato volvió a colocar el balón en el fondo de las mallas a centro de su paisano Lucas Vázquez, pero al lateral madridista se le había escapado el balón y este sobrepasó la línea de fondo. Sin lugar a la polémica.

Camavinga, Modric y Valverde controlaban el juego con el apoyo puntual de Tchouaméni subiendo de la defensa al centro del campo, pero los ataques cada vez eran menos verticales. En el minuto 23, un ataque del Rayo finalizó con un remate de Trejo que golpeó en la mano de Camavinga, que la tenía (la mano) bastante despegada del cuerpo. Al igual que el equipo arbitral no había apreciado el gol legal de Joselu, tampoco vio la mano de Eduardo. Tras consultar al VAR, decretó el claro penalti. Lo lanzó Raúl de Tomás y la reventó. 1-1 en el minuto 26.

Los franjirrojos se animaron con el empate y comenzaron a pisar el área madridista poniendo en algún brete a la defensa hoy color azul extraño. Eran los mejores momentos del Rayo.

Tropiezo en Vallecas de un Madrid que no supo sobreponerse al empate del Rayo en la primera mitad

En el minuto 35, un saque botado por Luka y despejado por la defensa vallecana fue empalmado por Fede desde fuera del área, mas el violento golpeo del charrúa rebotó en el poste derecho de Dimitrievski y salió escupido hacia fuera. No obstante, era el Rayo quien dominaba ahora el partido, el Madrid se mostraba desdibujado, sin la confianza ni el acierto ni el empuje inicial.

En el minuto 42, un robo de balón de Óscar Valentín culminó con una gran intervención de Lunin que evitaba de ese modo que el conjunto vallecano se adelantase en el marcador.

Se trató de la última ocasión de peligro de una primera mitad con dos partes bien diferenciadas: hasta el gol del empate fue para el Madrid y después, para los locales. Los de Ancelotti estaban echando de menos a Toni Kroos.

La segunda parte comenzó como la primera, con un error defensivo, en esta ocasión de Tchouaméni, que a punto estuvo de aprovechar Álvaro para marcar. El propio Aurélien enmendó su fallo desviando a córner el remate del jugador rayista.

El Madrid respondió cinco minutos después con un remate franco de Brahim que fue despejado a córner. Tchou se encargó de rematar de cabeza fuera el posterior saque.

Tchouaméni

En el 58', buena acción de Brahim, que recibió de espaldas al borde del área, se giró y asistió a Joselu, cuyo disparo lo atajo Dimitrievski sentándose sobre el cuero.

El Madrid lo intentaba, pero no se mostraba especialmente acertado salvo destellos muy aislados de Modric, Brahim o Camavinga. El Rayo, por su parte, jugaba con mucha intensidad, probablemente el cambio de entrenador, además del hecho de enfrentarse a los blancos, fuese la causa. Los merengues seguían sin encontrarse a sí mismos tras haberse perdido después del empate del Rayo.

Cuando el cronómetro señalaba el minuto 69, Ancelotti creyó oportuno introducir los primeros cambios. Rodrygo y Kroos ocuparían el lugar de Brahim y Camavinga, entonado a pesar del evitable penalti cometido, aunque lastrado con una cartulina. Precisamente Rodrygo, apenas cuatro minutos después de saltar al campo, falló un claro pase a Vinícius que dejaba solo al siete blanco. Acto seguido, Carvajal sustituyó a Lucas Vázquez.

Cuando restaban diez minutos para el final del partido, Kroos, que se había adueñado del centro del campo, obligó a lucirse a Dimitrievski tras lanzar magistralmente una falta fuera del área cometida sobre Modric.

En el 86', Carlo retiró a Luka y dio entrada a Güler. A partir de ese momento el Madrid se volcó sin tino sobre la meta rayista.

La última ocasión del Madrid fue un disparo lejano, centrado y flojo de Carvajal, que en la siguiente jugada vio la segunda amarilla y dejó al equipo con diez.

No hubo tiempo para más, empate a uno. El Rayo fundió los plomos del Madrid.

 

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