Hoy se cumple un año de la primicia en el Què t’hi jugues de LaSer de Barcelona, gracias a la cual supimos que “la Fiscalía investiga a la sociedad de un exvicepresidente de los árbitros que recibió pagos del Barça por asesoramiento mientras ejercía su cargo”. Nos hablaron entonces de José María Enríquez Negreira, de sus empresas, de una cifra de 1,4 millones de euros durante el período 2016 a 2018, de una inspección de Hacienda… y que de asesoramiento no había nada de nada. En estos doce meses transcurridos hemos sabido que el importe, las empresas, el período y las mentiras eran mucho más enormes que las que inicialmente se publicaron. Creo que pocas veces como en este año ha tenido tanto significado la expresión “preso de sus palabras”.
La justicia española no tiene nada que ver con la estadounidense. Para bien o para mal. Para bien, porque no todo se resuelve teniendo poderío económico. Para mal por los plazos, por la exasperante lentitud. Por desgracia, los tribunales españoles resuelven con tanta demora que, cuando llegan las sentencias, ya ni es justicia, ni hay resarcimiento a las víctimas, ni tampoco condena suficiente para los delincuentes. Todavía no se ha iniciado el juicio por el caso Soule, el cual llevó dos semanas a prisión preventiva al anterior presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar. Conviene recordar que cuando aquello ocurrió en verano de 2017, ¡verano de 2017!, el Real Madrid tenía solo 12 Champions y el Barça aún pagaba las facturas de Dasnil, Nisdal, o “nisdalomismo”.
En lo que sí que no cabe ninguna duda es en el hecho ciertamente incontrovertible de que la justicia norteamericana, especialmente la que conocemos gracias a Hollywood, es infinitamente más cinematográfica que la española. Abre muchas posibilidades escénicas, se juega con el enérgico “¡protesto!”, con las reprimendas del juez en directo o con las miradas a un jurado de ciudadanos que se ven inmersos en un espectáculo para el que seguramente no estén preparados.
Todavía no ha arrancado el juicio por el Villarato, y no sabemos cuándo se producirá el del Negreirato, si es que algún día llega, así que, mientras eso ocurre, y a modo de ficción “totalmente inventada” (sí, claro…) en la que “cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia” (por supuesto que sí…), vamos a traeros a La Galerna el especial Anatomía de un Negreirato, de varios capítulos de duración. La gravedad del caso lo merece. Llevará el subtítulo El juicio que no veremos, no solo porque versará sobre un hipotético juicio que he situado en septiembre de 2025, como podría decir en marzo de 2031 o… nunca. Porque parece que hay más interés en darle carpetazo que en sentenciar acerca de este escándalo sin precedentes. El Moggigate es un bebé en pañales al lado de este anciano culé.
Hoy se cumple un año de la primicia en el Què t’hi jugues de LaSer de Barcelona, gracias a la cual supimos que “la Fiscalía investiga a la sociedad de un exvicepresidente de los árbitros que recibió pagos del Barça por asesoramiento mientras ejercía su cargo”
El serial combinará dos mundos tan diferentes como el sarcasmo galernauta y la parafernalia judicial hollywoodiense, entre cuyos mejores ejemplos se encuentra la obra maestra de Otto Preminger Anatomía de un asesinato, estrenada en 1959. Con James Stewart y George C. Scott en los papeles de defensor y fiscal del estado, respectivamente. Como tenemos el privilegio de elegir, intercambiaremos ambos papeles y el fiscal que llevará la acusación de este juicio al Negreirato se llamará Jaime Estuardo, mientras que el defensor de los acusados responderá al improbable nombre de Jorge Carlos Scotto. El Real Madrid se personará en la causa por medio de la figura de la prestigiosa abogada Luisa Ramírez, iniciales de la espléndida Lee Remick, por seguir con la obra de Preminger.
¿Por qué el humor para contar algo tan dramático como la constatación de que todos los campeonatos españoles de fútbol de las últimas décadas han estado adulterados y contaminados por un club? Quizás porque no se nos ocurra otra. O quizás como mecanismo de autodefensa. Siendo vomitivo lo ocurrido, resultan peores las reacciones posteriores al conocimiento del hecho. Las autoridades del deporte y las de la política, los organismos federativos, la mayoría de los clubes, el CTA, el Consejo Superior de Deportes… y la prensa. Una prensa cómplice con la defensa de lo sucedido o con el silencio. Las respuestas de unos y los argumentos de otros darán mucho juego cómico en este serial, porque, aun habiendo recibido asesoramiento profesional, son de auténtica coña marinera. “Si no se pitaron penaltis en 78 jornadas, será porque no se los hicieron” es mi favorita.
Somos conscientes de que cometeremos muchos errores “procesales”, pero si aquí todo bicho viviente ha tragado con esta aberración deportiva/económica/ética, no habrá problema alguno para aceptar nuestras meteduras de pata jurídicas, por ignorancia o conscientes, todo sea por el interés del relato. Optamos por la vía del humor porque quizás la parodia haya retratado la corrupción y la podredumbre moral de los personajes mejor que otras alternativas. O porque preferimos el humor al cóctel molotov para reventar de una vez todo lo reventable en las estructuras futbolísticas de este país.
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Buenos días, amigos. Como a estas horas ya sabréis, el Real Madrid cosechó un magnífico resultado (0-1) en Leipzig, merced sobre todo a un gol estratosférico de Brahim y a una serie de salvíficas paradas (tantas que no se pueden contar con los dedos de un solo guante) de Lunin.
Aunque podéis leer la crónica de Ramón Álvarez de Mon para saber cómo lo vio él, a nosotros nos pareció un loable esfuerzo de los jugadores para salvar un mal planteamiento táctico de Ancelotti, que no pudo o no quiso impedir que el encuentro fuera un continuo correcalles donde la velocidad en la salida de los alemanes les deparó demasiadas ocasiones claras. Por suerte, ahí estaba Lunin, que se consagró en Champions como un portero top, para impedir que fructificaran.
Marca destaca a Brahim como lo que probablemente es, "un genio", y lo muestra con esa celebración encantadora de falso niño bueno que el chico se gasta cuando marca un gol, abriendo los brazos y encogiendo los hombros como el emoji de la perplejidad. "¿Yo qué culpa tengo si he tenido que marcar un golazo maradoniano en plena Champions y cuando más falta nos hacía?", parece querer decirnos, con lo cual le queremos más aún.
Marca destaca también que Lunin realizó "su mejor partido en el Madrid", lo que es muy cierto pero se queda corto ponderando el ascenso a la élite, el punto de inflexión absoluto que este partido va a suponer en la carrera de este guardameta. Buenísima noticia para el Madrid que Lunin se asiente. Se ve al ucraniano muy seguro, sobrio y de una sola pieza. Sus intervenciones fueron muy meritorias.
As comparte foto de portada con Marca. Brahim merece aparecer por duplicado, y mucho más. Además de alabar también a Lunin, As pone el acento en el "partido gris" del Madrid.
No sabemos si "gris" es la definición adecuada. Como indicábamos, los jugadores compensaron plausiblemente la escasez de armas tácticas mostrada por Ancelotti para impedir que el partido fuese exactamente lo que el Leipzig quería. El Madrid jugó el partido que deseaba el Leipzig. Y lo ganó, sí, aunque aun así cabe preguntarse por qué quiso jugarlo. Carletto no alineó el suficiente número de centrocampistas puros necesarios para frenar el correcalles. Bellingham es dos, centrocampista y delantero, pero era la primera faceta la que más se antojaba necesario cubrir ayer. No lo hizo, y sus jugadores remaron río arriba todo el partido, lo mejor que pudieron. En ese sentido, además de Brahim y Lunin, cabe destacar el crecimiento de Tchouaméni como central y el estupendo segundo tiempo de Vini, que estuvo a punto de marcar un gol tan sensacional como el de Brahim.
Mundo Deportivo solo habla del partido de los blancos en su frontispicio, y con eso de "El árbitro da alas al Madrid", manida alusión a Red Bulls, se refiere a la jugada del minuto dos, cuando un gol de cabeza de Sesko fue anulado por un fuera de juego posicional en la que un delantero alemán estorbaba visiblemente a Lunin. Esto, que acabamos de explicar sin el menor esfuerzo, a Mundo Deportivo le parece "inexplicable". "Anuló INEXPLICABLEMENTE un gol local". Tan inexplicable como nosotros acabamos de explicar. Kundera lo llamaría "la insoportable inexplicabilidad del reglamento".
Los mismos que ayer y hoy pusieron el grito en el cielo por esta jugada (incluyendo la retransmisión de Movistar) no apreciaron nada digno de mención cuando se anuló un tanto a Camavinga en el Metropolitano por un fuera de juego posicional absolutamente intrascendente de Rüdiger. Sí ese gol se anuló, este otro, donde sí hay molestia patente sobre el movimiento del portero, debe anularse un millón de veces más.
En fin, amigos. Que el Madrid encarriló la eliminatoria de Champions con muchas bajas importantes (entre ellas el mismísimo Bellingham) y tenemos derecho a sonreír, aunque el partido de vuelta será duro si volvemos a jugar a lo que quieren los alemanes.
Os dejamos con la portada de Sport, pues bien sabemos que no podéis vivir sin ella. Su protagonista es Lamine Yamal, futbolista que, a diferencia de otras motos averiadas que la propaganda culé ha tratado de vendernos como epítome de la excelencia, sí es una verdadera joya de la Masía.
Pasad un buen día.
Arbitró el bosnio Irfan Peljto. En el VAR estuvo el neerlandés Paul Van Boekel.
Muy justito de nivel el bosnio para la Champions. No gustó. Bastante irregular y con imprecisiones al marcar faltas o fueras de banda. En lo disciplinario, directamente mal.
Perdonó varias amarillas como a Carvajal, Kroos y Orban por acciones claras de tarjeta. El lateral madrileño acabó viéndola por cortar una contra ante Simmons. También en el Real Madrid fue amonestado Vinicius por no guardar la distancia en un córner. En los locales Simakan por una entrada a Carvajal, Poulsen por pisar a Camavinga y Sesko por juego peligroso ante Tchouaméni se marcharon con amarilla.
La jugada polémica fue en el minuto 2. Schlager disparó y Sesko remató de cabeza a gol. Parecía fuera de juego, pero Rodrygo lo habilitaba. En más repeticiones se vio a Henrichs por detrás de Lunin y desplazándole por la espalda con su antebrazo. Interferencia de un futbolista en offside posicional. Seguramente la regla requiera un cambio o modificación, pero a día de hoy es lo que prevalece en el reglamento. Muy bien el línea. No es una jugada en la que el árbitro deba acudir al VAR.
Peljto, DEFICIENTE.
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Lunin: 9. Posiblemente, su mejor partido en el Madrid.
Carvajal: 7. Nueva demostración de oficio.
Tchouaméni: 7,5. Imperial.
Nacho: 5. Mejoró en la segunda parte tras un pésimo inicio.
Mendy: 6. Sobrio.
Camavinga: 8. Un continuo derroche de calidad y potencia.
Kroos: 7. De menos a más.
Valverde: 7. Le dio solidez al equipo.
Brahim: 9. Exhibición con golazo incluido. Se fue lesionado.
Rodrygo: 4. Desdibujado.
Vinicius: 7. Creó mucho peligro.
Lucas: sin tiempo relevante.
Joselu: sin tiempo relevante.
Ancelotti: 7. Alineación lógica. El Madrid mejoró tras sus indicaciones en el descanso.
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El Madrid ganó un encuentro bastante alocado con un golazo de Brahim y una actuación portentosa de Lunin.
La gran incógnita del partido, dando por hecho que Nacho llegaría para acompañar a Tchouaméni en la defensa, era quién sustituiría a Bellingham. Ancelotti optó por la solución más natural y la que había predominado en las anteriores ausencia del inglés: Brahim.
El partido comenzó con muchos sustos. En los primeros quince minutos el Leipzig marcó un gol anulado por fuera de juego por interferencia sobre Lunin y tuvo dos o tres ocasiones claras que resolvió el portero ucraniano. Eran momentos de sofoco dada la imprecisión madridista y la intensidad alemana.
Las cosas se calmaron con el paso de los minutos y, al ritmo de Kroos, comenzó primero a tocar y después a llegar a la portería. Hubo varios acercamientos bastante peligrosos y en los que Rodrygo pudo adelantar al Madrid. Se le vio algo tibio al brasileño.
El arbitraje estaba siendo permisivo con las tarjetas y eso incrementó el ritmo del partido. El colegiado dejaba jugar en las faltitas. La sensación al final de la primera parte es que el Madrid comenzada a estar cómodo, pero Nacho, de nuevo dubitativo, seguía siendo la principal puerta de entrada del peligro del RB.
El Madrid ganó un encuentro bastante alocado con un golazo de Brahim y una actuación portentosa de Lunin
La segunda parte empezó más tranquila. El Madrid había tomado nota del comienzo y comenzó tratando de controlar más. Sin embargo, nada tranquiliza más que adelantarte en el marcador. El Madrid lo hizo a través de un Brahim que estaba en trance e hizo una jugada a lo Messi, sorteando a varios rivales y clavándola por la escuadra.
El Leipzig reaccionó con bravura inquietando la portería de un sobrio Lunin y posibilitando el contragolpe del Madrid. Los locales llegaban por oleadas. Con más fuerza que precisión.
En el 63 la tuvo muy clara el Madrid tras un robo de Valverde. Rodrygo en su disparo se encontró con la oposición de un defensa alemán que actuó in extremis.
Los contragolpes se sucedían y la sentencia de la eliminatoria estaba al alcance del Madrid, pero siempre fallaba algún toque en la jugada de turno.
En el 71 la ocasión fue inmejorable. Brahim condujo el contragolpe y cedió a Vinicius, quien hizo un gran quiebro, pero su remate se fue al palo. El rechace no lo pudo aprovechar Brahim.
En el 80, Brahim pidió el cambio en medio de una jugada, pero el RB no dudó en no parar y un Lunin heroico tuvo que resolver el mano a mano de nuevo ante Sesko. Entró Lucas por Brahim y Joselu por Rodrygo.
Los alemanes seguían apretando. Era encomiable su esfuerzo e insistencia. El Madrid, mientras tanto, buscaba contemporizar, pero Vinicius no dejaba de buscar su gol. La última del partido la tuvo Joselu.
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Inmersos en la vorágine diaria que provocan las acciones delictivas del Fútbol Club Barcelona y el estupor por la observancia del Relato en toda su amplitud (con personajes cada vez más cercados, como Iturralde o Medina, a quienes les queda poco por “calentar” antes de convertirse en verdaderos protagonistas judiciales), nos apartamos e ignoramos los grandes valores de nuestro Club.
Podríamos escribir miles de páginas o artículos de lo que es una realidad indiscutible, salvo para los fanáticos antimadridistas, y es que el Real Madrid está muy por encima de esta lamentable Liga española.
No me refiero sólo al ámbito puramente deportivo, en el que la superioridad se plasmó contundentemente en el encuentro disputado en la última jornada ante el segundo mejor equipo de la —adulterada— competición.
Dani Carvajal es puro Real Madrid
En el plano institucional, el Madrid es el Club de referencia, y salvo alguna honrosa excepción, el resto de equipos patrios se abrazan a la envidia y se dejan llevar por los cantos de sirena de Tebas, CVC y similares. Ruina segura.
Pero estos valores de nuestro Club los fomentan y soportan personas excepcionales, representadas a la perfección por nuestro querido presidente.
Y ya en el terreno de juego, Dani Carvajal es puro Real Madrid.
Su foto poniendo la primera piedra de la Ciudad Deportiva ya fue un aviso de que estaba llamado a ser historia del Real.
Lleva años instalado en la máxima exigencia de guardar el ala derecha defensiva del equipo, y lo ha hecho de manera tan sobresaliente que sus 5 Champions, con sus 5 titularidades en finales, lo dicen todo.
Sobran más palabras sobre su nivel futbolístico, aunque si alguno quiere tirar de hemeroteca, puede repasar quiénes han sido sus parejas de baile, desde Ribèry en sus inicios allá por 2014, hasta Darwin Núñez en París 2.022; todos muescas en el revolver de Dani.
Carvajal pertenece a la especie reducida de campeones por concepto, más allá de su habilidad en la tarea
Pero además, combina su enorme talento con su plena predisposición al servicio del Club. Siempre de la cara, siempre pelea, y si tiene que ser en el centro de defensa, su rendimiento también es óptimo, como está demostrando en los últimos partidos.
Nuestro Club está acompañado de aficionados con gargantas afiladas que contaron al unísono el fin de Dani unos años atrás; sin embargo, algunos sabían (sabíamos)que su ADN era imprescriptible, y siempre estaba listo para salir a batallar, acompañado de su inatacable calidad técnica y lectura de su posición en el campo.
Es sin duda el mejor lateral derecho de la historia del Madrid, (Valdano dixit, a lo que se suma este humilde escribiente) y eso no es cosa menor. Porque en el fútbol, como es la vida, están los jugadores malos, regulares y buenos.
Pero luego están, además, los ganadores; y Dani, junto a nuestro escudo redondito, pertenece a esa clase; a los que les sangra el ojo cuando se visten de blanco y sólo saben ganar por el Madrid. Pertenece a la especie reducida de campeones por concepto, más allá de su habilidad en la tarea.
Respetemos y valoremos, ahora en activo, su enorme nivel, y no caigamos en la tentación de quiénes ignoran su historia y potencial por el mero hecho de ser jugador blanco.
Para evidencia, recordemos al seleccionador Luis Enrique Martínez, que en el encuentro clave España-Marruecos de octavos de final del Mundial 2022 (¡después de la final de París!), no eligió a Dani como lateral derecho del combinado nacional. El resultado, de la selección y de Luis Enrique, lo sabemos todos. Perdedores por su bilis antimadridista.
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El Real Madrid se halla en camino a la Decimoquinta. Primera parada: Alemania, rival: RB Leipzig.
¿Eres capaz de acertar las ocho cuestiones que ha preparado fcQuiz sobre la travesía blanca en Champions?
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El Real Madrid se enfrenta a su debut en la fase de eliminatorias de Champions, frente al Leipzig, con la ausencia de una de sus grandes estrellas. Jude Bellingham se perderá ese choque por un esguince que le mantendrá en el dique seco, como decían los antiguos, no sólo para ese encuentro, sino también para los compromisos ligueros ante Rayo Vallecano, Sevilla y Valencia. Se le espera de vuelta (crucemos los dedos, como también se decía antes) para el retorno ante los alemanes, a vida o muerte, en el Santiago Bernabéu.
Parece una temeridad dar lecciones a Ancelotti sobre cómo sobrevivir a las bajas, especialmente después de su magistral lección de aprovechamiento de recursos, haciendo de la necesidad virtud, tras la inconcebible mala estrella de sus centrales. Recordemos que se enfrentó al Girona con la baja de todos y cada uno de sus componentes del eje de la defensa más la de sus homólogos del Castilla. Más que una lección, y para entretener el sinvivir, tratemos de especular con las distintas opciones que tendría Carlo para suplir la baja de su buque insignia.
Ya ha reemplazado a Bellingham en anteriores ocasiones, y de manera totalmente satisfactoria. Si no fuera porque el inglés tiene a todo el mundo con la boca abierta, se diría que Brahim es la gran revelación de la temporada blanca. No tiene la visión de juego de Jude, pero es eléctrico, imparable en el uno contra uno, audaz, y solidario en lo defensivo como el que más. Tiene un ratio envidiable de goles marcados por minutos jugados. Quiere conquistar el mundo, y si le dicen que el mundo empieza en Leipzig no se va a poner a mirar el mapa para discutirlo. Es una gran opción pero ¿es la mejor opción?
Es la alternativa salvaje. El atractivo de lo nuevo, la seducción de una promesa. No es menos cierto que lo salvaje, lo nuevo y las promesas han seguido hasta la fecha un recorrido paralelo al de Ancelotti, o sea, que en el mejor de los casos se tocarán en el infinito. Aunque todo partido de Champions del Madrid desemboca por definición en el infinito, el infinito no es hoy martes. Carlo aplica a Güler la doctrina del conservadurismo de ceja enhiesta. El escepticismo está en la ceja; en el brazo alrededor del hombro, la confianza.
Pones a Joselu de delantero a la vieja usanza, lo acompañas con Vinícius y sitúas por detrás de ambos, en el vértice alto del rombo, a Rodrygo Goes. En ausencia del máximo goleador del equipo, tiras simultáneamente de los tres goleadores siguientes. Tiene sentido, y además añades centímetros de altura en jugadas de estrategia, en área propia y ajena. Tiene sentido, pero ¿es lo que más sentido tiene?
Se vio contra el Getafe que el Modric de hoy puede todavía ser el Modric de siempre. ¿Quién no querría alinear al Modric de siempre, máxime en la competición que siempre queremos ganar? La presencia de Modric hoy es lo que quiero que pase (sin que me escandalizaran para nada el resto de opciones indicadas caso de optar Carlo por ellas), y además es la que creo que va a pasar. La Champions es historia, y la historia no se entiende sin Luka Modric.
De modo que ahí va el plan que he ideado. Afortunadamente, no estoy al frente del cuerpo técnico del Madrid, pero aquí estamos para elucubrar. Modric en Champions, y un partido para cada uno de los otros tres en los tres choques de liga que nos quedan sin Jude. Brahim en Vallecas, Güler frente al Sevilla (arropado por el Bernabéu) y Joselu en Mestalla.
Felizmente, es muy posible que el insigne Carletto no haga caso alguno de mis sugerencias, lo que nos llevará irremisiblemente a ganar los cuatro desafíos sin Jude.
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Buenos días, amigos. Sí, es noche de Champions otra vez. El Real Madrid tiene una cita con la gloria, porque es esa época del año. La Champions es la Navidad del fútbol, ese tiempo que todo el mundo espera afanosamente, sin descuidar los quehaceres rutinarios (que aquí se llaman liga) pero con la vista puesta en la competición fetiche, la que da la medida exacta de la grandeza sin posibilidad de error, dado que la grandeza es ella. La temporada del Madrid comienza en marzo/abril, como dijo Kroos ayer en una rueda de prensa memorable antes del partido frente al Leipzig.
Lo de la "fiabilidad alemana" es el tópico de los tópicos, amigos de Marca. Pero ¿qué le vamos a hacer si los tópicos tienen la mala costumbre de ser ciertos?, responderéis, y no os faltará razón. Los tópicos sobre los alemanes, quizá por la cuadriculación (otro tópico) son quizá especialmente indiscutibles. Una aerolínea low-cost mostraba en un cartel los bajísimos precios de su trayecto Madrid-Berlín, y para despejar dudas añadían: "No estamos de broma, somos alemanes".
Los que también son alemanes —aunque As traiga en su portada al español Dani Olmo, una de sus estrellas— son los del Leipzig, y cuidado porque sus no-bromas se traducen en goles de sus dos peligrosos delanteros. Dice Olmo que jugar contra el Madrid les motiva, pero es casi una verdad de Pero Grullo. Todos los equipos se motivan como nunca al jugar contra el Madrid, pero el Madrid se motiva especialmente cuando juega SU competición, NUESTRA competición.
Para enfrentarse a esos dos peligrosos delanteros (Sesko y Openda), el Madrid alineará a Tchouaméni —extraordinario como central últimamente— y recupera a Nacho, que no está haciendo la temporada de su vida pero a buen seguro recuperará hoy las mejores sensaciones de SU competición, que es la nuestra. Carvajal, fogoso y ejemplar, recuperará la banda derecha, con el inexpugnable Mendy por la izquierda (el Madrid siempre gana cuando juega él, analícenlo sus detractores, asombrosamente numerosos, y tome nota quien debe tomar la decisión de renovar su contrato).
En el centro del campo, ante la conocida ausencia de Bellingham, podemos dar por hechas las presencias del propio Kroos y de los pulmones Camavinga y Valverde. Arriba, la exuberancia implacable de Vinícius y el estilete de Rodrygo, pero ¿quién será el undécimo hombre? La tradición indica que Modric; la coherencia con el estado de forma señala a Brahim; la ley suprema del gol y la conveniencia de añadir centímetros de altura apuntan a Joselu. Esta duda se plantea no sólo para este encuentro, sino también para los tres compromisos ligueros que hay en el horizonte antes de la presumible vuelta ante el propio Leipzig, que es cuando se espera que Jude se reincorpore al equipo. Sobre estas dudas escribiremos hoy en La Galerna.
La prensa cataculé, como veis, arranca el día con la alegría que se gasta últimamente. No podemos decir que se nos rompa el corazón viéndoles así de atacados. Que sí, que después de ocho años analizando sus portadas día tras día se les acaba tomando cariño, pero tampoco tanto como para anular el LOL, como se diría en la jerga tuitera.
Laughing out loud no es precisamente lo que a tenor de sus caras parecen estar haciendo Xavi y Laporta en este preciso momento. Ayer, en esta misma sección, os estuvimos contando cómo el dirigente culé, en un ataque de ira apelotante, arremetió contra una bandeja de catering después de empatar con el Granada. Ya se canta una coplilla en los alrededores de Montjuic.
Si estar a salvo os importa,
humanos y canapés,
jamás empatéis a tres
en presencia de Laporta.
Se rumorea que, si a Xavi se la lía el Nápoles, el acceso de cólera de Laporta será de otra índole, más templado en las formas quizá, pero más taxativo en la toma de decisiones. Sí pierde contra el Nápoles, Laporta optará mejor por comerse los canapés, con la bandeja en el regazo, en completa soledad, sentado en los escalones que conducen a los vestuarios. Cuando salga Xavi, Laporta se pondrá en pie, le ofrecerá al de Terrasa la última tartaleta de rabo de toro y le comunicará su cese, pausadamente, de manera extrañamente átona. Después ya sí, cuando esté sólo, el bueno de Jan se arañará la cara como una groupie de los Beatles en un concierto del Tavern, aunque por razones totalmente dispares. La marcha de su equipo es tan lamentable que Jan ve peligrar la opción de que, cuando llegue el jeque, le nombre CEO, que es ahora mismo toda su aspiración vital.
Pobre Jan. Le deseamos lo mejor.
Pasad un buen día.
Como el partido del sábado contra la sucursal catalana del City Group fue vendido por la prensa como una suerte de final por la Liga, el Girona descubrió la verdad del viejo aserto aquel que dice que el Madrid no juega las finales, sino que las gana. Ancelotti trató el partido como si fuera la Copa de Europa y su equipo, el de más temple del mundo, respondió como suele en las noches memorables, esas en las que la salvación del mundo recae sobre las piernas y la cabeza de unos tipos vestidos de blanco. Aplastó al Girona como si fuera un mosquito.
Hay que tener en cuenta que, hasta hoy, al segundo clasificado del Campeonato Nacional de Liga sólo le ha ganado el Madrid, dos veces. Atlético y Barcelona han sucumbido ante ellos con sendas goleadas. Lo que habla de que el nivel de la Liga de Tebas está en mínimos históricos, pero también confirma que cuando el Madrid se pone serio, tiembla el Misterio.
El Madrid es un cuerpo que anticipa la llegada de la primavera, que es el estado moral, físico y espiritual de todo el pueblo madridista. Los cuatro golazos al Girona fueron las golondrinas precursoras de La violetera: el equipo, a pesar de las mil bajas, llega a tiempo, entonado, a la Copa de Europa. Fue un “ya estamos aquí”, “aquí está el Madrid” que completó el “así, así, así gana el Madrid” que cantó jubilosa la gente, choteándose del victimismo mostrado por la prensa catalana la semana anterior.
Al Girona sólo le ha ganado el Madrid, dos veces. Atlético y Barcelona han sucumbido ante ellos con sendas goleadas. Lo que habla de que el nivel de la Liga de Tebas está en mínimos históricos, pero también confirma que cuando el Madrid se pone serio, tiembla el Misterio
Poniéndonos trágicos, o apocalípticos, cabe la posibilidad de que ésta sea la última Copa de Europa que juegue el Madrid, si finalmente el órdago de la Superliga sigue adelante y no se llega a un acuerdo con la mafia reguladora de la UEFA. Así que el Madrid, que ya ha ganado orejonas de todos los colores, y hasta sin portero, afronta una especie de reto terminal, único: una cruzada de redención, rescatar el trofeo más hermoso jamás creado por los hombres del siniestro petrodinero de Abu Dhabi que tan oreadamente maneja Guardiola en Manchester.
El ritornello primaveral del Madrid empieza siempre, como el de Vivaldi, con un allegro vivaz, animoso. Es un partido de Liga de febrero en el que uno se da cuenta de repente de que se ha terminado el invierno. La impresión es visible, evidente. La marca un golazo, o dos. Un chut desde fuera del área, un pepinazo por la escuadra que levanta al público del Bernabéu y que propicia esa conexión eléctrica del equipo con la grada. Son las golondrinas, que van piando, que van piando. Es algo que sabe intuitivamente el Madrid pero, sobre todo, también el rival. He ahí el efecto desmoralizador, intangible pero empírico. Es como si algo se pusiera en marcha y el mundo entero supiera que no tiene vuelta atrás.
Suele coincidir también con un clic táctico en el equipo. ¡El clic no estaba en la Xavineta, sino en el Madrid! Ancelotti, sin centrales, ha tenido que inventarse un eje atrás que sostenga al equipo. Y si en 2014 encontró en Di María un todocampista fabuloso para propulsar a la BBC desde el salón de Xabi Alonso, ahora ha despejado la incógnita defensiva con Tchouaméni y Carvajal. Una pareja extraña e inopinada que, de repente, parece la guardia pretoriana del César, la combinación ideal de autoritarismo e imprevisibilidad que necesita siempre el Madrid para sobrevivir a las grandes catástrofes que, en las eliminatorias Champions, lo ponen varias veces al borde de la muerte.
La homeostasis ancelottiana es fascinante: no hay ningún vacío, todo se expande hasta adoptar las formas que el colectivo precisa, el sistema no es una estructura rígida sino todo lo contrario, un organismo flexible que se adapta a lo que haga falta con tal de estar en disposición de ganar
El rival sonríe. Considera que un lateral derecho descontextualizado y un mediocentro defensivo con fama de pechofrío no son defensas centrales de garantías para todo un Real Madrid. Uno es muy bajito. El otro, ¿qué es el otro? Nadie lo sabe todavía. Entonces emerge lo inefable. Tchouaméni se transforma en un centinela nubio. Carvajal, que lleva el brazalete de capitán marcado a fuego en el brazo, se transustancia en Sergio Ramos. Y de pronto el Madrid es inexpugnable. Nadie comprende cómo ha sucedido. Pero tampoco nadie puede meterle goles. Y aunque se los meta, el Madrid se guarda para sí la última palabra, aunque tenga que decirla a punta de navaja.
A la consagración simbolista de la primavera del Madrid se van apuntando esos personajes secundarios de la novela-río del Real imprescindibles en los grandes desenlaces. Lucas Vázquez, Brahim, Lunin. Hablemos de Lunin. Lleva media vida de extra en el Madrid y cuando se lesiona Courtois, el club le ficha a un descarte con cartel de estrella. Vuelve al banquillo pero es ucraniano: esa gente está hecha de otra pasta, siglos de persecución y masacres sin cuento corren por sus venas. Se repone y en el momento clave de la temporada, agarra por fin la titularidad. Y empieza a parar. El chico tímido y dubitativo hace paradas felinas, da una gran sensación de seguridad en la portería.
Vinicius, que ve el mundo como lo imaginan los niños, desconoce la existencia de los límites y se entiende por fin con Bellingham: las sinergias Viningham pueden cambiar la historia próxima del Madrid y del fútbol europeo en una magnitud parecida a como lo transformaron Modric y Kroos en cuanto se asociaron.
Todas las grandes temporadas del Madrid son un crescendo. Las piezas van encajando solas, es como si Ancelotti pidiera lesiones a propósito para que el destino, de esta manera, le ayudara a resolver las encrucijadas, esos puntos en los que se cruzan las necesidades estrictamente deportivas del equipo, las cuestiones de estatus y jerarquía dentro de la caseta, las preferencias de la dirección deportiva del club y de la zona noble y el delicado panorama de los egos. El crepúsculo de Modric alumbra la solidez de Camavinga, ya no más heredero, sino funcionario con plaza fija en el once titular. Como Kroos sigue siendo el geómetra del mundo y se niega abdicar, la magia negra chamánica vacía de centrales el equipo para que Tchouaméni, ochenta millones de inversión institucional en talento generacional, explote su potencial en las regiones boreales del equipo. Si hay que encajar a Bellingham en el esquema para que el Universo gire en torno a él, Valverde se retrasa y así mete menos goles, pero su radio de acción se multiplica exponencialmente, como el de los grandes depredadores de las praderas africanas.
El Real Madrid de Carlo Ancelotti sigue siendo lo más interesante del fútbol en el mundo, mucho más que todos esos supuestos equipos de autor por los que babean los periodistas modernos y panenkitas. Observarlo es auscultar la vida
La homeostasis ancelottiana es fascinante: no hay ningún vacío, todo se expande hasta adoptar las formas que el colectivo precisa, el sistema no es una estructura rígida sino todo lo contrario, un organismo flexible que se adapta a lo que haga falta con tal de estar en disposición de ganar. El Real Madrid de Carlo Ancelotti sigue siendo lo más interesante del fútbol en el mundo, mucho más que todos esos supuestos equipos de autor por los que babean los periodistas modernos y panenkitas. Observarlo es auscultar la vida. Y la vida florece otra vez, precisamente en Alemania, antigua cuna de todos los miedos y obsesiones de generaciones de madridistas, hoy lugar mucho más propicio al goce madridista que Son Moix o Mestalla.
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