Se ha sabido que la mujer de Cucurella, flamante de momento solo verbal fichaje del Real Madrid, es madridista. La noticia me ha producido alegría, además de por hallar otra mujer madridista, hay muchas, muchísimas mocitas por todo el mundo, porque la señora de Cucurella, Claudia Rodríguez, es la inventora del acelerador de partículas de, vamos a decir Cucu.

El “acelerador de partículas de Cucu” suena del estilo del condensador de fluzo, un aparato casi mitológico que forma parte de la mayoría de nosotros desde nuestra infancia. Si bien el condensador sirve para poner en marcha el Delorean, el acelerador sirve para poner en marcha a Cucurella, quizá indirectamente amenazado por su madridista esposa con repercusiones familiares si no cumple. En el campo.
Siempre es bueno que la mujer de un jugador sea madridista. Incluso cabe decir que no importa que el mismo futbolista no lo sea. Porque, en cualquier caso, el madridismo conyugal es homologable al personal, siempre impregna, chamartiniza en pequeñas gotas que van empapando al más reacio.
A estas alturas, bajas todavía en el tema cucurellense, Claudia Rodríguez ya debe de haber puesto en marcha el acelerador de partículas de Cucu, de hecho, es comprobable al haber publicado una foto de niña con una camiseta del Madrid y la publicidad de Teka, palabras e imágenes mayores de las intenciones de tan bienvenida señora que ya deja constancia pública de su filiación en mensaje absolutamente directo para su cucurello.
Siempre es bueno que la mujer de un jugador sea madridista. Incluso cabe decir que no importa que el mismo futbolista no lo sea
Si el condensador de fluzo se alimentaba, al principio, con plutonio, el acelerador de partículas de Cucu se va a alimentar a buen seguro con indirectas muy directas. A veces públicas y a veces privadas, pero gracias a la fotografía de Claudia sabemos que la alimentación existirá. No le va a faltar madera, como no le falta pelo, a la locomotora de Cucurella. Plutonio del bueno para el lateral izquierdo y para que el Madrid regrese al futuro.
Getty Images












De verbal nada, oficial.