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Hasta siempre, Olivia de Havilland

Hasta siempre, Olivia de Havilland

Escrito por: Athos Dumas27 julio, 2020
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La última gran dama del Hollywood dorado

Nos dejó anoche la gran dama del Hollywood de los años dorados, la superviviente del cine de los grandes estudios de los años 30, 40 y 50. Su papel más recordado es todo un canto al madridismo más resistente a los ataques de los rivales. Un “Capellismo” absoluto significa su papel de Melania Hamilton en “Lo que el viento se llevó”, desposada con el apuesto Ashley Wilkes, en la que resiste durante 3 largas horas de película y un periodo de varios años los embates ofensivos de Escarlata O’Hara (eterna Vivien Leigh) por arrebatarle a su amado Ashley. Digno empeño -y logro - de una defensa férrea y numantina liderada por la formidable pareja de centrales Hierro-Alkorta y con la portería bien defendida por el cancerbero teutón Bodo Illgner. Y eso que Escarlata atacaba con más peligro que el mismísimo Ronaldo Nazario en su mejor momento de forma, cual manada de elefantes en estampida.

Olivia demostró claramente sus tendencias merengues cuando compartió nada menos que 7 veces la cabecera del reparto con Errol Flynn en sus distintas facetas de espadachín, aventurero y pirata. Le dio buena réplica a su Robin de los Bosques como Marian, al General Custer como su abnegada esposa, al Capitán Blood como Arabella Bishop o como Elsa Campbell en la gloriosa “La carga de la brigada ligera”, muchas de ellas filmadas bajo la sabia mano del autor de “Casablanca” - guiño claro al madridismo - , Michael Curtiz. Enfrentarse a un animal del celuloide como Errol Flynn, un héroe madridista como pocos, un Puskas cinematográfico, no resultaba sencillo, y la gran dama De Havilland lo hacía con la sencillez con la que Emilio Butragueño se quitaba de en medio defensas del Cádiz bailando sobre el alambre de la línea de fondo del Bernabéu.

Olivia de Havilland con Errol Flynn

Pero no crean que Olivia tan solo hacía papeles de mujer sumisa y complaciente de siglos pasados. Logró dos estatuillas del Oscar de Hollywood en roles de mucho carácter, en especial en “La heredera” de William Wyler, en la que se come literalmente a su pareja Montgomery Clift, como hacía Mourinho en las ruedas de prensa con los reporteros que pretendían hacerle sombra, o en la semi desconocida en España “Vida intima de Julia Norris” (titulo original “To each his own”), en un drama plañidero cuyo único interés es precisamente el trabajo inmejorable de Dame Olivia.

Eterna competidora de su propia hermana - la también oscarizada Joan Fontaine -, Olivia supo retirarse poco a poco y dignamente de la profesión - como un Pirri o un Amancio -, sin mendigar papeles alimenticios ni arrastrar su prestigio. Su último gran papel fue en la obra maestra de Robert Aldrich, “Canción de cuna para un cadáver”, en un duelo majestuoso frente a su rival de la productora Warner Bros., Bette Davis, en un reparto de muchos quilates dónde participaron también Joseph Cotten o Agnes Moorehead, glorias de las primeras películas de otro genio madridista como Orson Welles.

Olivia de Havilland y Bette Davis

Descanse en Paz a sus 104 años Dame Olivia de Havilland, a quien hace pocos meses se vio fotografiada montando felizmente en bicicleta, dando un recital, una vez más, de un carácter jovial y positivo, en lo que ha sido un adiós definitivo a las estrellas de los grandes estudios que, tras la marcha de Kirk Douglas y de Olivia de Havilland, ya solo permanecen entre nosotros en nuestros recuerdos y en las copias de sus DVD.

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