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Mbappé, teléfono, mi casa

Mbappé, teléfono, mi casa

Escrito por: Mario De Las Heras27 julio, 2020
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No sé ustedes, pero yo el otro día vi la entrada de Perrin a Mbappé y desde entonces voy por ahí cojeando. A ese tal Perrin deberían detenerlo o algo. Yo estuve a punto de llamar a la Guardia Civil, pero me contuve. El caso es que la gente me ve andar  mal por la calle y me preguntan, y yo les digo que ha sido Perrin y que hay que ver, que no deberían dejar jugar a individuos como él.

Me quejo igual que en la sala de espera de la consulta del médico. Me paro en la calle y cuento con detalle mis padecimientos a cualquier desconocido. Les digo lo malo que es Perrin y lo mucho que me duele mi tobillo mbappeizado. Y algunos me miran como si estuviera loco, pero me da igual. Mi madridismo ha asimilado a Mbappé de tal modo que ya lo siento como mío. Como si fuera yo mismo.

Yo soy Mbappé en mi vida diaria. Mbappé y yo somos como E.T. y Eliot, y cuando él se lesiona yo me lesiono, igual que cuando él se emborracha yo me emborracho y me pongo a liberar ranas de sus frascos. Yo sintiéndome Mbappé he llegado a enamorarme también de Erika Eleniak, Shauni, que luego fue la primera y la mejor de todas las vigilantes de la playa.

No me he atrevido a besar a Erika por la calle, remedando el beso de John Wayne y Maureen O’Hara en el El hombre tranquilo, pero deseos no me han faltado, como tampoco de ponerme a correr con señorial zancada en busca de cualquier portería imaginaria.

Todo esto les cuento yo a mis infortunados encuentros, infortunados salvo cuando me topo con un madridista y me confiesa que a él también le duele Mbappé, y que también ha llegado a liberar ranas y a enamorarse de Shauni. Mbappé juega en el PSG, pero el madridista ya lo siente como suyo, tan suyo como uno mismo hasta el punto de padecer sus sufrimientos, aunque no así de poder disfrutar de su dicha, privilegio exclusivo del titular de la identidad e inconveniente forzoso del aficionado.

Ayer por la noche salí con unos amigos, y todos los que son madridistas cojeaban igual que yo. “Perrin, ¿no?”, les dije. Y todos asintieron afligidos. Luego hablamos y sentimos que teníamos que hacer algo. Liberarle como a las ranas o algo parecido. O ayudarle a llegar a su casa, el Real Madrid. El madridismo tiene que moverse para traerlo aquí antes de que sea tarde.

Estamos convencidos de que Kylian se despierta por las noches sobresaltado y diciendo: “Mbappé, teléfono, mi casa”, hasta que su padre llega y lo tranquiliza, “aún no Kyli, aún no…”, lo que alimenta el sueño del madridista, ese donde un día lo subimos cubierto con una sábana blanca a la cesta de nuestra bici y él nos lleva volando al Bernabéu más allá de padres y representantes y montantes, dejando para siempre nuestra silueta recortada sobre la luna.

 

Fotografías Getty Images.