Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. El Barça jugará la final de Champions contra sí mismo. No es lo común, reconozcámoslo. Una semifinal la disputaron Atleti y Arsenal; la otra, PSG y Bayern. Sin embargo, el FC Barcelona se enfrentará al Barça el 30 de mayo en Budapest. El fútbol ha cambiado mucho y lo que antes resultaba lisérgico ahora es moneda corriente.

No, no estamos locos, nos limitamos a hacernos eco de lo anunciado en la portada de Mundo Deportivo.

«Final azulgrana» es el titular del diario de Godó, ¡grande de España! —y, visto lo visto, de Francia, Inglaterra y Alemania—. El frontispicio no deja lugar a dudas.

Damos credibilidad a la noticia, a pesar de proceder de la prensa cataculé, porque no es la primera vez que el FC Barcelona gana competiciones en las que, legalmente, no tendría que haber participado.

Desde que se hizo público que pagó al estamento arbitral durante décadas, ha recolectado títulos como la Liga, la Copa o la Supercopa de España. Trofeos que no se pueden ganar —o al menos es muy complicado— si hubiese jugado en la categoría correspondiente tras abonar millones de euros al número dos de los trencillas.

Cabe recordar que venció esos torneos con jugadores inscritos sin respetar las normas, con calzador y cautelarmente eternos. Todo en el Barça parece una paradoja, pero no lo es. Por más que asome el surrealismo obsceno, cualquier tropelía que se nos ocurra, la han hecho, la están perpetrando o la van a realizar.

Sport opta por el mismo señor, Luis Enrique, para ilustrar su cubierta. Lucho ya pertenecía al FC Barcelona desde sus tiempos del Sporting. Entonces parecía vestir camiseta rojiblanca y jugar los partidos de casa en El Molinón, pero no, realmente estaba disputando ya finales de Champions con el Barça.

Mikel Arteta defendió unos cuarenta partidos la camiseta del Barça B, hecho que lo coloca apenas un peldaño por debajo de Cruyff, Ramallets y Kubala para el imaginario culé.

Luis Enrique y Arteta, Arteta y Luis Enrique recombinaron su ADN —de manera retroactiva— desde el primer día que pisaron La Masía o se humedecieron con una gota de agua de Canaletas o vieron un concierto de Shakira en el Camp Nou.

Es maravilloso. El Sectariato mediático ha conseguido que el club cliente de Negreira gane la máxima competición europea sin necesidad de comparecer en la final, por poderes. Genéticos, para más señas. Dejen paso al campeón.

Decimos que ha logrado que gane la Champions porque, dados los precedentes anteriormente señalados, es obvio. Si se tratase del Atleti, otro gallo cantaría. Aun jugando contra sí mismo, encontraría la manera más cruel de perder, y el Cholo acabaría a la gresca con Simeone. Otro éxito para el club y su afición.

En la Azotea de As leemos que «El Atlético se queja a la UEFA dos veces». El año pasado, firmó un glorioso doble toque. Ha perdido dos finales de Champions contra el Real Madrid. El Frente Atlético ha asesinado a dos personas. La relación del Atleti con el dos es llamativa.

Os dejamos por aquí la portada de Marca con una aclaración: este portanalista no es hoy del Rayo, no lo ha sido nunca, ni lo será.

El Barça, pues, se encuentra apenas a unas semanas de levantar otra Orejona. Otra Orejona de esas que alzan todos los años desde hace una década. En el enésimo ejercicio de apropiación cultural, cualquier equipo que cuente en sus filas con alguien relacionado de cualquier manera con el club es el propio club.

La final de Champions no la jugará el PSG contra el Arsenal, sino el Barça contra el FC Barcelona. Entendemos que uno de los dos vestirá su segunda equipación, aunque, como es él mismo, en realidad da igual si anota en una portería u otra. Tampoco importa el número de futbolistas que haya sobre el campo de cada equipo. Ya jugaron con once después de ser expulsado Busquets. Las matemáticas, como la realidad, son meros inconvenientes que no hacen sino emponzoñar el relato del club elegido.

Si no estamos equivocados, la UEFA aún no ha designado equipo arbitral para el choque. Proponemos que lo dirija Ovrebo desde el campo, asistido en las bandas por Joan Gaspart y Albert Soler. En el VAR, Aytekin y González Fuertes con actitud de malote. De cuarto árbitro, De Burgos Bengoechea, pero llorando. De segurata, el mejor: Alberola Rojas. El título sería adecuado que lo entregasen al alimón Negreira y Şenes Erzik. Debería hacerse cargo de las imágenes Mediapro. Para proveer de suministros la celebración, el más indicado es Laporta, a estas alturas no vamos a venir con conflictos de intereses que valgan. Por último, como garante de que todo se desarrolle por los cauces legales, ¿quién mejor que Tebas?

Pasad un buen día.

No hace falta tener redes sociales para enterarse de lo que ha rodeado en los últimos días a Kylian Mbappé, seguramente el jugador más mediático del Real Madrid, algo que tampoco ayuda. Las imágenes de su llegada a Madrid apenas doce minutos antes de que comenzara el partido frente al RCD Espanyol, encuentro en el que el Real Madrid se jugaba el pasillito en el Camp Nou, acapararon más atención que el propio encuentro. Y es lógico, porque cuando el foco apunta a una figura de ese calibre, cualquier gesto se amplifica hasta el extremo.

Para quien haya estado algo desconectado, conviene poner el contexto sobre la mesa. El delantero francés arrastra una lesión que le ha mantenido apartado de los entrenamientos desde la semana pasada y, como consecuencia directa, fuera de la convocatoria del partido del pasado domingo. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Es el tipo de situación que se repite constantemente en el fútbol profesional.

El problema, o más bien la polémica, surge cuando comienzan a aparecer imágenes de un viaje a Italia durante ese mismo fin de semana. En realidad, el viaje en sí mismo no debería ser motivo de escándalo. Resulta incluso ingenuo pensar que un futbolista de élite, con tres días libres por delante, vaya a quedarse encerrado en casa. Para ellos, desplazarse en avión es tan cotidiano como para cualquier otra persona coger el coche.

El conflicto no está en el destino, sino en el momento y en la manera en que todo ha salido a la luz. Porque si algo caracteriza a este tipo de estrellas es su capacidad —o, mejor dicho, los recursos de los que disponen— para controlar su exposición pública. No es casualidad que muchos jugadores consigan pasar prácticamente desapercibidos en su vida privada. Tienen herramientas, contactos y entornos preparados para que su intimidad apenas trascienda. Por eso sorprende especialmente que, en este caso, el viaje haya sido documentado casi al milímetro: desde su llegada a Cagliari hasta su regreso a Madrid en la previa inmediata del partido de su equipo.

La polémica no está en el destino de Mbappé, sino en el momento y en la manera en que todo ha salido a la luz

Una sobreexposición difícil de entender tratándose de alguien acostumbrado a convivir con la presión mediática desde hace años. A partir de ahí, como era de esperar, el ruido ha sido ensordecedor. Han surgido todo tipo de teorías, desde quienes interpretan el gesto como un mensaje de superioridad hacia el club hasta los que cuestionan incluso la veracidad de su lesión.

Personalmente, lo que me resulta más llamativo no es tanto el viaje como la falta de discreción. No por una cuestión de respeto hacia el aficionado —aunque también—, sino por una simple lógica de autoprotección. El mismo día en que el equipo se jugaba un partido importante, con todo lo que implica vestir esa camiseta, las imágenes de su escapada ocupaban todos los titulares.

Es inevitable que eso genere incomodidad en un entorno tan exigente como el madridista. Aunque conviene no engañarse: el grado de conexión emocional entre muchos futbolistas actuales y la afición dista bastante del que existía en otras épocas. Es una realidad incómoda, pero cada vez más evidente. El futbolista hace tiempo que solo piensa él, y ya mucho más abajo, otra vez en él.

Más interesante resulta detenerse en la reacción del entorno interno, especialmente la del entrenador, Álvaro Arbeloa. Hasta ahora, había mantenido un discurso marcadamente protector con sus jugadores, en ocasiones incluso en exceso. Sin embargo, en sus últimas intervenciones públicas ha dejado entrever cierto desgaste. Sus respuestas, más cortantes de lo habitual, y su tendencia a esquivar el tema del francés, sugieren que la situación no le resulta cómoda. Al mismo tiempo, ha aprovechado para reforzar la figura de Vinícius Júnior como líder del vestuario, un movimiento que no parece casual.

el grado de conexión emocional entre muchos futbolistas actuales y la afición dista bastante del que existía en otras épocas

Por cierto, un Vinícius que es el jugador más querido dentro del vestuario, como muestran todos sus compañeros siempre que pueden en las redes, que es el único jugador que no se ha lesionado ni una sola vez en toda la temporada, y que ya es casi el máximo goleador de todo el 2026 del fútbol europeo, solo superado por Harry Kane. Lo digo porque es malísimo, ojalá cambiarlo por Haaland, lleva una mala vida fuera del terreno de juego y todas esas memeces que os tragáis de vuestro youtuber favorito.

Este episodio ha reabierto una comparación recurrente, casi inevitable: la de Mbappé con Cristiano Ronaldo. Y aquí conviene hacer un ejercicio de honestidad. La mentalidad competitiva del portugués ha sido una anomalía histórica. Su obsesión por mejorar, por acortar plazos de recuperación y por exprimir cada minuto de su carrera marcó un estándar prácticamente inalcanzable. Pretender que cualquier jugador actual replique ese nivel de exigencia es, sencillamente, poco realista.

Cristiano Ronaldo siu

Eso no significa que no se pueda exigir compromiso, ni mucho menos. Pero sí implica entender que la situación ha cambiado. Las dinámicas dentro de los clubes, la gestión de los tiempos de descanso y la propia relación entre futbolistas y entidades son distintas, por desgracia. Hoy en día, situaciones como la de este fin de semana no se producen al margen del club. Si Mbappé ha viajado, es porque ha contado con el visto bueno de la entidad, y ahí es donde quizás convenga ampliar el foco. Porque más allá de señalar al jugador, también es pertinente preguntarse qué papel juega el club en todo esto.

La gestión de los permisos, la autoridad interna y los límites que se establecen son factores determinantes para el funcionamiento de un club de élite. Cuando poco a poco se relajan ciertas normas o se cede en determinados aspectos, se abre la puerta a escenarios como este. No es una cuestión de dramatizar, pero sí de entender que las decisiones tienen consecuencias.

En definitiva, lo ocurrido no deja de ser un reflejo de cómo funciona hoy el fútbol de élite: exposición, interpretaciones constantes y una delgada línea entre lo profesional y lo personal. Cada uno sacará sus conclusiones, probablemente todas con parte de razón y de exageración. Lo que parece claro es que, mientras no se redefinan ciertos equilibrios dentro del club, episodios como este seguirán apareciendo. Y, como siempre, el debate continuará mucho después de que el balón deje de rodar. Mbappé se ha equivocado, o se ha querido equivocar, pero no nos hagamos trampas al solitario, si todo esto ha ocurrido es porque el club se lo ha permitido. Punto final.

 

Getty Images

Quedan apenas 3 semanas para cerrar una calamitosa temporada de nuestro primer equipo de fútbol.

En enero voló primero la Supercopa de España en Arabia, que le costó el puesto a Xabi Alonso.

Unos días después, Arbeloa inauguró su mandato con una derrota sonrojante en Albacete. La Copa del Rey se iba también por el sumidero.

Tras el parón de selecciones de finales de marzo, empezó el “mensis horribilis” de abril, con derrota en Mallorca y sendos tropiezos ante Girona y Betis. 7 puntos que se sumaron a los 4 de desventaja que ya llevábamos (entre otras cosas por una derrota en casa ante el Getafe de Bordalás): 11 puntos eran ya completamente insalvables contra el equipo que tuvo en su nómina durante décadas al vicepresidente del CTA.

En abril, tras un mes de marzo que había traído la esperanza y el buen hacer de la eliminación en octavos de final del City de Guardiola (5-1 en el global), vimos cómo los nuestros compitieron, por una vez, a la manera de nuestro ADN, contra un Bayern de Múnich superior, y cayeron apenas faltando 5 minutos para que se llegase a la prórroga de los cuartos de final de la Copa de Europa.

Ahora mismo, haciendo balance de esta temporada decepcionante y lamentable, me siento más o menos como se podían sentir los seguidores del club que pagó a Negreira en los años 60 y 70: se conformaban con ganar una vez al año al Real Madrid. O como se sienten año tras otro los seguidores colchoneros, gozando con los males acaecidos a su exitoso rival y vecino de la misma ciudad.

Y es que —es triste reconocerlo— los madridistas tan solo hemos recibido alegrías este año gracias a las actuaciones —a veces sobresalientes, otras veces patéticas— del Atlético de Madrid.

No seamos como nuestros rivales. No nos conformemos con ganar al Barça este año o al Atleti jugando 10 contra 11 en los últimos minutos

En febrero, un 4-0 propinado en el Metropolitano a las huestes de Flick, que supuso un mazazo irrecuperable para su equipo, que quedó apartado de la final de la Copa del Rey. En abril, un 0-2 en el Camp Nou en Champions, que tampoco lograron levantar los azulgranas en el partido de vuelta en Madrid. A esto podemos añadir, en el mismo mes, la derrota por penaltis en La Cartuja ante la Real Sociedad, cuando todo el mundo pensaba que los de Simeone volverían a levantar un título tras muchos años de sequía.

El último capítulo —insisto, triste consuelo para los merengues que no puede hacer borrar una temporada para olvidar— lo firmaron anoche los rojiblancos al caer, tras un pésimo partido de fútbol, en la vuelta de las semifinales europeas ante un aburrido Arsenal.

Los madridistas estamos acostumbrados —quizás demasiado mal acostumbrados— a gozar con nuestros propios triunfos, sobre todo en los escenarios de toda Europa. Tan solo hace 2 años estábamos a punto de levantar la decimoquinta conquista del bien más preciado, no lo olvidemos. Pero aún no hemos podido superar los traumas que supusieron, por ejemplo, las salidas de Toni Kroos y, posteriormente, de Luka Modric.

Por eso llevamos 2 años en blanco en Europa —de la mugrienta liga local casi es mejor ni hablar—. Y es por ello por lo que nos hemos tenido que consolar con eliminaciones como la del Barcelona ante el Inter, el año pasado, o como la de anoche del Atleti en el Emirates Stadium.

No sigamos por ese camino, por favor. No seamos como nuestros rivales. No nos conformemos con ganar al Barça este año (en el principio del fin de Xabi Alonso como primer entrenador) o al Atleti jugando 10 contra 11 en los últimos minutos.

El Atleti nos ha conseguido poner una sonrisa en estas últimas semanas. No dejan de ser las migajas tras un banquete opíparo. Somos el —puto— Real Madrid, no admitamos de ningún modo ser como nuestros vecinos.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. El Atleti siempre pierde muy bien. Además, no falla en su cita con la derrota cuando realmente es importante vencer. Están enamorados de la belleza moral del fracaso. Y como suele ocurrir con los enamorados, no son capaces de apreciar la realidad como es, porque a menudo la ética y el Atlético de Madrid no se llevan bien: apropiaciones indebidas, cobijo a neonazis, etc.

Del mismo modo que es meritorio el porcentaje de éxito del Real Madrid en las finales de Champions —ha ganado las últimas nueve que ha disputado— es encomiable la regularidad y el oportunismo mostrados por los colchoneros en su cita con el varapalo. Muestran una precisión de aúpa.

El Atleti es el club que convierte la sátira en realidad. O al menos en una opción muy probable.

pic.twitter.com/NbkQgpWpsF

— MarcaScroll (@MarcaScroll) May 5, 2026

¿Por qué sucede? La respuesta no es muy complicada. Entre otros, destacan dos motivos: el paraguas mediático y la nula exigencia de afición y directiva.

Tienen una excelente relación —por el motivo que sea— con el entorno mediático, que no les exige resultados acordes al poderío económico y profundidad de plantilla del club. Para la prensa, la derrota atlética nunca es un fracaso. Siempre tienen buenas palabras y justificaciones. Un día es el árbitro, otro el reglamento, otro el paso del tiempo… e, indefectiblemente, lo caprichoso del destino, la crueldad de una historia que, según su parecer, les debe más copas de las que es capaz de trasegar Ernesto de Hannover en una barra libre.

«Cruel e injusto» dice As. «Un Atlético superior en la segunda parte se queda sin final por un gol de Saka», que es algo así como quejarse de que un atleta ha perdido la carrera de 200 metros lisos porque otro ha corrido más que él.

Cuando del Atleti se trata, la prensa no es tibia, se moja, pero siempre para eximirle de cualquier responsabilidad en la derrota: «El alemán Siebert no señaló un penalti a Griezmann al imaginar una falta previa de Pubill».

No hace falta recordar lo que sucede cuando el derrotado con una decisión incomprensible del árbitro es el Madrid: la expulsión de Camavinga es injusta, pero el Madrid no puede quejarse si no ha aprovechado sus ocasiones o no ha jugado como los ángeles.

El asunto de las oportunidades viene pintiparado para destacar las palabras de Koke ayer, quien vino a decir que la pelota no quiso entrar. Cuanto menos se dispare a puerta, menos posibilidades hay de marcar gol. Incluso, si no se tira, a veces no se mete ni uno.

En la no señalización del penalti a Griezmann por falta previa, el Atleti encontró su zona de confort, su colchón de desgracia —casi siempre inventada—. Para ellos es suficiente una acción dudosa en toda una competición para asirse a ella y soltar el lastre de la responsabilidad. El Madrid debe luchar todos los partidos contra varias decisiones no ya dudosas, sino dirigidas contra él.

Marca y Mundo Deportivo titulan, respectivamente, «La historia debe esperar» y «Game over». Aunque, más que game over, habría sido más adecuado un pantallazo azul de Windows y un mensaje de que el sistema no se ha cerrado correctamente.

No se cerró correctamente en Lisboa, no se cerró correctamente en Milán y ahora tampoco en Londres. Vivir siempre a las puertas no supone que la historia deba esperar, más bien asigna el papel de felpudo.

Sport también transmite la idea de que el Atleti perdió bien, pues ilustra la portada con un Simeone alzando los puños mientras los jugadores aplauden.

Su afición tampoco les va a exigir nada. Esta temporada vencieron contundentemente al Madrid una vez, con eso es suficiente. Y la directiva, menos aún. Se quedaron el club por la jeta y han vendido una porción por una millonada gracias, en parte, al cable consistorial. Ellos se forran mientras convencen a los hinchas de lo bonito que es perder.

El Atleti pierde tan bien, que fracasa hasta cuando gana: este año ha eliminado al Barcelona en dos competiciones que después no ha vencido. Para un club antimadridista, el peor castigo.

Tengo serias dudas de que sea conveniente que un club como el Real Madrid —y mucho menos sus servicios médicos— permita a jugadores lesionados, en momentos tan delicados de la temporada como el actual, viajar y exponerse públicamente de la manera en la que lo ha hecho Kylian Mbappé. Sinceramente, tengo muchas reservas con eso.

Y precisamente ahí comienza el verdadero problema.

Porque, más allá de permisos internos, planes de recuperación o comunicados posteriores, hay algo que nunca debería perderse de vista cuando uno representa al Real Madrid: la responsabilidad sobre la propia imagen y la obligación de interpretar el contexto que rodea al equipo.

Hay momentos en los que el problema no es lo que ocurre, sino la manera en la que ocurre. Y, sobre todo, la imagen que se transmite mientras ocurre.

Con Kylian Mbappé sucede precisamente eso.

Nadie discute el derecho de un futbolista a descansar o a despejarse, pero en los momentos adecuados para ello; no en situaciones críticas como la que atraviesa actualmente el Real Madrid. Ese es el verdadero matiz de toda esta cuestión. El problema aparece cuando uno pertenece al Real Madrid y olvida, aunque solo sea por un instante, que en este club la responsabilidad no termina cuando el árbitro señala el final del partido.

Ser jugador del Real Madrid exige entender muchas más cosas aparte del fútbol. Exige interpretar el momento del equipo, medir los tiempos y saber que cada gesto tiene repercusión. Aquí no basta únicamente con jugar bien. Aquí también hay que saber estar.

Y eso, históricamente, siempre lo entendieron los más grandes.

En el Madrid no basta únicamente con jugar bien. también hay que saber estar

Lo entendió el Madrid de Alfredo di Stéfano, Puskás y Gento. Lo entendió el Madrid Yeyé. Lo entendieron los García y, más tarde, aquella inolvidable Quinta del Buitre que convirtió el compromiso y el sacrificio en una forma de representar al club. Todos ellos podían ganar o perder, podían atravesar mejores o peores etapas, pero jamás perdían de vista algo fundamental: el escudo estaba por encima de cualquier protagonismo individual.

Más cerca en el tiempo ocurrió exactamente lo mismo con futbolistas como Toni Kroos, Luka Modric, Karim Benzema, Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo. Especialmente Cristiano, seguramente el ejemplo más extremo de profesionalidad, disciplina y obsesión competitiva que se recuerda en el fútbol moderno. Gustará más o menos su personalidad, pero entendió como pocos lo que significa exponerse lo justo cuando uno viste la camiseta del Real Madrid.

Incluso durante la etapa galáctica, donde convivían egos enormes y perfiles muy mediáticos, existía cierta conciencia del entorno. Había futbolistas más dispersos que otros, evidentemente, pero rara vez se permitían determinadas exposiciones públicas en mitad de una temporada complicada o durante una lesión. Porque dentro del club siempre existió la sensación de que ciertas imágenes terminan perjudicando más de lo que ayudan.

Por eso cuesta entender lo ocurrido con Mbappé.

Y no, el problema no es únicamente el viaje a Italia. El problema son las cámaras esperando allí. Las fotografías. Las grabaciones. La sensación de espectáculo innecesario alrededor de un jugador lesionado mientras el equipo atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada.

Es inevitable hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué necesidad había de todo eso?

el problema no es únicamente el viaje a Italia. sino La sensación de espectáculo innecesario alrededor de un jugador lesionado mientras el equipo atraviesa uno de los momentos más delicados de la temporada

Porque estas cosas no ocurren por casualidad. Alguien avisa. Alguien sabe dónde se va a estar. Alguien facilita que las imágenes aparezcan. Y cuando uno juega en el Real Madrid, debe tener la inteligencia suficiente para comprender que ciertas exposiciones solo generan ruido, malestar y debate alrededor del club.

Aquí nunca se toleraron determinadas dinámicas que sí terminaron normalizándose en otros equipos. El caso de Ronaldinho o Neymar en el Fútbol Club Barcelona es evidente. Dos talentos descomunales; dos futbolistas históricos; pero también dos figuras cuya exposición pública terminó, en determinados momentos, alimentando una imagen poco compatible con la exigencia permanente de la élite.

Eso, en el Real Madrid, nunca se ha perdonado del todo.

Y, sinceramente, el comunicado posterior del entorno de Mbappé todavía empeora más la situación.

Porque, cuando hace falta emitir notas a agencias de noticias para justificar comportamientos, algo ya se ha gestionado mal desde el principio. Y porque intentar escudarse públicamente en que existía autorización del club y supervisión médica no hace otra cosa que introducir al propio Real Madrid y a sus servicios médicos en una polémica completamente innecesaria.

Francamente, si todo estaba tan controlado y tan bien planteado, quizá lo más inteligente habría sido evitar directamente la exposición.

El Real Madrid no necesita comunicados para explicar la conducta de sus estrellas. Nunca los necesitó. La mejor manera de proteger una imagen siempre ha sido la discreción, el sentido común y el respeto por el contexto competitivo del equipo. Ahora bien, dicho todo esto, conviene no perder la perspectiva.

Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del mundo. Tiene talento de sobra para convertirse en una leyenda del Real Madrid. por eso se le debe exigir más

Kylian Mbappé sigue siendo uno de los mejores futbolistas del mundo. Un jugador extraordinario, diferencial, capaz de decidir temporadas enteras y de marcar una época en el fútbol europeo. Tiene talento de sobra para convertirse en una leyenda del Real Madrid.

Pero precisamente por eso se le debe exigir más.

Porque el Real Madrid no es únicamente un club ganador. Es una institución con una cultura deportiva muy concreta, construida durante décadas alrededor de valores como el sacrificio, la responsabilidad, la sobriedad y el compromiso colectivo.

Y en el Real Madrid, aunque algunos todavía no lo entiendan, la imagen también juega partidos.

 

Getty Images

Una conspiración es un misterio que parece a punto de resolverse. Por eso resulta excitante. Es un secreto en la lengua, un cacharro perdido tras un mueble que acariciamos con los dedos. Es el camino a la taberna, como escribió Cormac McCarthy en Meridiano de sangre.

Nos encantan las conspiraciones porque, como la literatura, nos evaden de una realidad desalentadora y aplastante. Hasta tal punto que muchas personas no pueden escapar de las garras del misterio, del secreto a punto de ser revelado, y se pierden en sus laberínticos argumentos: tan aparentemente limpios y pulcros que han de ser verdad.

Supe hace poco que muchas personas creen que las aves no existen. Serían, en realidad, máquinas con cámaras que los gobiernos usan para vigilarnos. Quienes no hemos visto nunca un pájaro por dentro podríamos dudar de la lógica científica, de la experimentación con animales, de nuestros propios sesgos. ¿Por qué no? Si tengo que pasarme ocho horas en una oficina frente a una fuente inagotable de luz azul, ¿por qué no tengo derecho a evadirme creyendo las extravagancias que a mí me den la gana?

Rendirse a la conspiranoia no es más que otro signo de rebeldía anticapitalista.

No hace falta irse muy lejos para encontrar una de estas conspiraciones. La noticia de la semana es que Kylian Mbappé se ha ido a Italia a pasar unos días libres con su pareja, una importante y reconocida actriz. El jugador está lesionado y las vacaciones son sagradas hasta para los multimillonarios. ¿Quién no pagaría, en su lugar, un avión privado que le llevase a disfrutar del sur de Cerdeña?

La respuesta podría estar clara. Sin embargo, un madridismo aburrido es un madridismo peligroso.

Sin un buen bocado en plata que echarse a la boca, las vacaciones de Mbappé están siendo el divertimento principal en estos días sin ambición. Lo son para todos, pero en particular para los monetizadores del odio que andan azuzando las redes sociales contra el francés, al que acusan de las teorías más variopintas, como la de contratar sus propios fotógrafos para inmortalizar estas vacaciones y, con las imágenes, echar un pulso al club (?).

Sin un buen bocado en plata que echarse a la boca, las vacaciones de Mbappé están siendo el divertimento principal en estos días sin ambición

Circula, de hecho, una imagen del futbolista con la palabra OUT sobreimpresionada que anda acaparando retweets y megustas, lo cual servirá para que unos pocos inversionistas del check azul puedan comer doble ración de postre durante el mes de mayo. Unos buenos céntimos extra a cambio de pedir la extradición del actual Bota de Oro a cualquier lugar en el que pueda ejercer su supuesto autoritarismo castrense.

Pero no te confundas: no pretendo aquí defender a Mbappé. Nada más lejos. Las imágenes del jugador son horrorosas: un doloroso grano que se acumula en el acné de este Real Madrid, que no encuentra solución cutánea a un brote no tan repentino. Es difícil conjugar una escapada de aire hedonista con el liderazgo y la inteligencia que se le presuponen a una estrella de su calado y, sobre todo, de su coste.

Sin embargo, centrarse en Mbappé es mirar el dedo que señala. Nos entretiene con su grácil movimiento pero apunta más allá, a los lugares a los que quizá no estamos queriendo mirar, aquellos donde se permitió que los jugadores se fueran de vacaciones mientras sus compañeros disputaban partidos oficiales, o en los que se dejó que un futbolista ejecutara de forma pública a su entrenador, o donde no se planificó la plantilla y el proyecto de manera adecuada.

Para los que no somos conspiranoicos, esta vorágine antimbappé resulta interesada, artificial, impostura magra. Un burdo intento de protagonizar la conversación con saltos argumentales dignos de tertuliano televisivo. Otro dedo engordado que es mero entretenimiento y que señala la única luna a la que hay que mirar: en la que equipos que no son el Real Madrid juegan y ganan competiciones que debería estar jugando y ganando el Real Madrid.

 

Getty Images

No soy sospechoso de no haber denunciado el caso Negreira —en mi caso, además, literalmente— y lo que opino de competir en el sistema podrido español.

Así que hoy quiero plantearme qué podemos hacer para la próxima temporada. La planificación debería haber comenzado ya en la T4 de Concha Espina. No digo que no lo haya hecho, porque no lo sé. Simplemente espero que estén trabajando a destajo para que se acabe este desastre.

He defendido a Mbappé siempre por una razón: que le ficharon para hacer goles y lleva 85 en 100 partidos. Durante todo el año he detestado el enfrentamiento entre dos partes del madridismo, los llamados Team Mbappé contra los llamados Team Vinícius. Hoy voy a centrarme en todo lo malo de ambos, y del resto también.

Kylian debe entender el esfuerzo que ha supuesto para el club, y sobre todo para el propio Florentino, para que juegue aquí después del jueguecito que se trajo en 2022 con su renovación con el PSG. Es cierto que no tenía por qué fichar por el Madrid, y no tenía ninguna deuda, pero creo que nadie se chupa el dedo y hasta el más bondadoso sabe que se aprovechó de aquello para hacer creer que firmaría por nuestro club para finalmente renovar con los parisinos a un precio de oro. No sé si hubo presiones de Al-Thani o no, pero a ojos de todos jugó a dos bandas y fue algo feo.

Jamás hago caso del sensacionalismo que se mueve en torno a nuestras figuras, y en torno al genio de Bondy hay muchísima literatura. Siempre me he alejado y la he despreciado. Me fío de lo que veo. No obstante, después de todo lo dicho sobre él, empiezo a pensar que fue un error ficharle, a pesar del pedazo de jugador de fútbol que sigo pensando que es, porque parece que todo lo que contaban sobre su entorno es cierto, ¡y mira que me resisto a estas cosas!

Lo de la rodilla fue lo primero que me mosqueó, y tengo muy claro que fue su entorno el que lo movió. Nadie sabe a ciencia cierta lo que pasó, hay fuentes muy cercanas al club que afirman distintas cosas, pero fue su entorno el que destapó lo de la rodilla equivocada con las pruebas de control por el equipo médico. Es inverosímil, y creo que hace un flaco favor al equipo.

empiezo a pensar que fue un error fichar a Mbappé, a pesar del pedazo de jugador de fútbol que es, porque parece que todo lo que contaban sobre su entorno es cierto

Lo que ha hecho ahora, lo hemos visto todos. Siempre ha tenido gran celo de su vida privada, no dejando que se venda mucho de ella. Haber visto esta semana sus vacaciones retransmitidas a modo de cenas y paseos con su pareja, que también es famosa, me parece que ha sido algo hecho con toda la intención de que se vea. Por supuesto que no veo problema en que vaya de cena con quien quiera estando de baja médica, lo que no me parece bien es que sea en otro país y retransmitido a conciencia. La guinda la ha puesto aterrizando en Barajas en su jet privado escasos minutos antes de que sus compañeros empezaran un partido de Liga en Cornellá, y con las cámaras del Chiringuito grabando. No es serio.

Lo único que sé es que lo que está haciendo no es de recibo, y si es porque está enfadado con los compañeros, como dicen algunos, que lo hable en el vestuario. La ropa sucia se lava en casa. Lo que está claro es que esta actitud es desafiante y de niño consentido. Y no os digo donde estaría el francés si el presidente fuera un tal Santiago Bernabéu, que no se casó ni con Di Stéfano.

De Vinícius ya lo he dicho todo: soy un enamorado de su juego cuando está on fire, y mereció en 2024 el Balón de Oro, pero el Real Madrid está por encima de todo, y los jugadores nunca pueden ser más importantes que nuestro amado club. Cuando la lio en el clásico, independientemente de si Xabi tenía razón o no en sacarle del campo, debió ser castigado y el club apoyar a su entrenador. Aquello no se solucionó de la forma adecuada. Al menos en el partido en Cornellá este domingo no se borró y dio su mejor versión.

Creo que Bernabéu también lo hubiera solucionado del mismo modo que pienso que haría con Mbappé.

Es muy difícil para el Real Madrid poder deshacerse de uno de ambos, pero sigo convencido de que no es posible tenerlos a los dos, y lo único que puedo decir es que ahora es fácil afirmar que fue un error fichar a Mbappé teniendo a Vinícius. Muchos pensamos que serían compatibles, incluso gente que sabe mucho de fútbol, y la realidad es que no ha sido así. El club dudo que se deshaga de ninguno, y ahí tenemos un buen marrón.

Muchos pensamos que Vini y Mbappé serían compatibles, incluso gente que sabe mucho de fútbol, y la realidad es que no ha sido así

Carreras, que ha costado 50 millones, debería plantearse por qué el club no está contento con algunas actitudes suyas y por qué le han pasado por la derecha Mendy y Fran García, y no reírse cuando el entrenador decide sacar a Fran García ante la lesión de Mendy. Está claro que, con lo que ha costado, no puedes venderlo, hay que tratar de sacarle partido y creo que se puede, pero su actitud está fallando.

También se ha visto alguna vez a Asencio con una actitud equivocada en el banquillo que no me ha gustado. De Camavinga y Ceballos no hace falta decir nada, y es posible que todos necesiten un repasito, salvo Courtois, Lunin, Rüdiger, Militao, Tchouaméni, Brahim, Thiago y Gonzalo. El resto, incluidos Jude, Valverde y Carvajal, si deciden renovarle, necesitan una charlita muy seria, aunque reconozco que estos tres son los menos preocupantes, porque se dejan todo en el campo siempre.

Mendy es un caso aparte, es capaz de competir una eliminatoria de Champions como si llevara a tope toda la temporada, cumpliendo como un jabato, y lesionarse cada tres partidos jugados. Es desesperante.

Nunca sabré si la frase que se atribuye a Xabi de que no sabía que había venido a cuidar de una guardería la dijo o no, pero tengo algo clarísimo: si no lo dijo, debería haberlo hecho.

La directiva tampoco me ha gustado como se ha comportado, empezando por Florentino Pérez, que para mí es el máximo responsable de la mejor época de gloria del club y le tengo máxima admiración pero que, ahora mismo, creo que no lo está haciendo de la mejor forma y debería reaccionar. Opino que con Xabi Alonso no se tuvo el trato adecuado. No digo que el tolosarra no hiciera cosas de forma incorrecta y que no se equivocara, pero la directiva no puede apostar por un entrenador y luego dejarlo solo ante los leones. Si apuestas por un proyecto, debe ser de verdad, y a los jugadores les tienes que hacer ver que manda él, y no ellos, y creo que la directiva lo hizo mal.

Tengo un mosqueo considerable con los jugadores del equipo, creo que hay que meterlos en vereda, y quiero que sea cuanto antes

Tengo un mosqueo considerable con los jugadores del equipo, creo que hay que meterlos en vereda, y quiero que sea cuanto antes. Son inadmisibles ciertas actitudes. Que la directiva lo entienda, y deje de consentirles como si fueran niños.

También deben, de una vez por todas, resolver el problema del departamento médico. No es de recibo el nivel de lesiones por temporada comparado con los rivales a nuestra altura en toda Europa. Eso es bastante preocupante y deben solucionarlo ya.

Teniendo en cuenta estas cosas, la pregunta es: ¿cómo arreglamos esto entonces? Pues, honestamente, si la directiva respeta al entrenador y lo apoya, la mejor forma de afrontarlo, creo, es trayendo a José Mourinho.

El Benfica en siete puntos

Hace falta un tipo con carácter, que conozca el club, que haga lo que debe en todo momento y sea capaz de decirle al presidente la verdad a la cara, que no se arrugue, y creo que el único capaz de esto, a día de hoy, es el de Setúbal. Y si hay que sentar a alguien una temporadita para que recapacite, se llame Mbappé, Vinícius, o quien sea, que se haga y se les explique quién manda en el club.

Mourinho es el mejor, porque viene después de una carrera larga y no tiene nada que perder. Les tiene que hacer ver a los jugadores que no les va a consentir ni una, que él ya está de vuelta de todo, que hay que trabajar duro, porque llevan dos años de auténtica vergüenza. Y que no va a consentirles que tiren por la borda su prestigio ni el del Real Madrid. Y, si es posible, que el discurso inicial lo dé con Florentino al lado para afianzar las posiciones del club.

¿cómo arreglamos esto entonces? Si la directiva respeta al entrenador y lo apoya, la mejor forma de afrontarlo es trayendo a José Mourinho

Ya sé que la prensa irá a degüello a por él, de hecho, ya están trabajando en ello a día de hoy, y que mucho madridista no estaba convencido en su primera época con sus formas. Yo nunca fui devoto suyo, aunque tampoco un furibundo detractor. Pero… ¿ahora? Lo tengo claro: es la mejor opción y reconozco que no entiendo que haya dudas en parte de la directiva. No veo otra solución posible.

Dicho esto, no me mojaré sobre qué jugadores deben quedarse o irse, porque si viene el portugués a solucionar esto lo veré correcto y lo apoyaré. Espero y deseo que el club lo traiga y que se ponga manos a la obra enseguida.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. Ya es martes, queda menos para que acabe la semana. Es mayo, queda menos para que termine la temporada. En definitiva, es el Madrid, queda menos para que vuelva a ganar. Aunque, si bien se trata de una máxima universal aplicable a tiempos de alegrías magras, la senda del triunfo no se recupera porque sí, sino que requiere de toma de decisiones acertadas y de esfuerzo. Como mínimo. La crítica a todo lo podrido de nuestro fútbol no debe ser incompatible con exigir al club que se ponga las pilas.

Mientras esto ocurre, el resto sigue igual. Todo es previsible hasta la exasperación. El leitmotiv es que el Madrid, todo mal. Siempre. En épocas de crisis, de bonanza y de cualquier otra serie de televisión. Pero como hasta un reloj parado acierta la hora dos veces al día, si se anuncia el apocalipsis blanco cada semana, alguna vez coincide con malas etapas vikingas.

Al asomarse a los medios —y al propio fútbol español— no se observa la realidad de la calle, sino una ficción. Todos los actores implicados —casualmente menos el principal perjudicado— nos venden una competición magnífica, emocionante, espectacular. Pero no es necesario ni siquiera limpiarse las gafas para ver los desconchones de los decorados de cartón piedra y la goma de las caretas de los disfraces. O directamente leer la verdad:

Debajo del «Más que un clásico» podemos ver que «El partido será uno de los más seguidos de la historia y la retransmisión televisiva, una “superproducción audiovisual”, según LaLiga». Falta un «patrocinado por la propia la propia liga», pero se entiende.

La expresión «superproducción audiovisual» pretende sonar moderna, sólida, pero es una confesión en toda regla. Hemos perdido la cuenta de cuántos años lleva el campeonato nacional siendo una superproducción, es decir, una maldita película. Además, con el paso de los años, cada vez más telefilm de sobremesa de Antena 3, con sus anuncios y todo.

Director, productor, realizador, guionista, secundarios, maquilladores, etc. tienen la trama donde querían: SU protagonista recibe la visita de EL protagonista con el objetivo de montarle una encerrona que culmine con el alzamiento de un nuevo trofeo de corchopán. Todo ello recogido con drones, grafismos, cámaras de cine, realidad aumentada, planos imposibles y demás parafernalia tecnológica de primer nivel. Esa misma que no es capaz de filmar ni una gota de sangre cuando a Mbappé le parten la ceja. Esa misma que muestra una imagen tomada desde el satélite Meteosat cuando se produce un penalti claro a favor de los blancos.

Tiene su gracia que la liga quiera que sea una superproducción y no una retransmisión. Retransmitir es mostrar lo que ocurre y producir es construir. Seguir construyendo un relato comenzado años ha.

Sport celebra el asunto porque el guion le favorece. El ecosistema mediático lleva tiempo preparando el decorado y lo vende a precios desorbitados como experiencia «premium», ese palabro detector de vendehúmos. Pero la realidad es la que es, basta echar un vistazo a la fotografía que ilustra la portada: un tifo alopécico que ocupa tres cuartas partes de un estadio a medio recauchutar. Representa fielmente al fútbol español.

Si Sport espolea la posible entrega en bandeja de otra liga ominosa al equipo del régimen, con el Madrid de testigo, Mundo Deportivo cumple su función de castigar al enemigo: busca dónde puede hacer más daño y clava ahí su puya hasta el corvejón. La gastroenteritis del vestuario blanco es el objetivo perfecto.

Cuando un equipo pierde, sucede lo mismo que en un hogar cuando no hay dinero: surgen tensiones. Y la solución es la misma: resolver el problema, porque, si no, nada mejorará. Y además se da ventaja al adversario.

Aunque, en el caso del Madrid, cuando gana también está mal, ya lo hemos comentado al comienzo. Como muestra, el graznido del obsoleto Lama contra Vinícius tras su gran actuación contra el Espanyol:

✍️🤔 Manolo Lama: "Meterle dos goles al Espanyol está muy bien, pero cuando hay que meter los goles es en los partidos de verdad" https://t.co/fQnkv5pdv2

— Tiempo de Juego (@tjcope) May 4, 2026

Hace tiempo que mentir no tiene consecuencias, porque el receptor del mensaje está tan aborregado que carece no ya de espíritu crítico, sino de la más mínima memoria o capacidad intelectual funcional. Vinícius, además de anotar en las dos finales de Champions ganadas, se encuentra, pese a su juventud, en los puestos altos de todas las estadísticas importantes de la Copa de Europa. Datos no opinables.

En la prensa madrileña, también del régimen, reparten el peso de manera diferente y el Atleti es el protagonista.

Marca se muestra más moderado: «Destino Budapest». El diario prisaico asume serios riesgos: «Camino a la gloria». Nada es descartable, pero dados los antecedentes…

Nos despedimos de vosotros con la esperanza de que gocéis de un espléndido día y con el deseo de que el domingo, cuando Tebas ponga en marcha la función, claqueta en mano, y grite: «Liga EA Sports, temporada 2025-26, escena 35, toma 1: el alirón», el Madrid no respete el guion. Queremos un Madrid guerrero y rebelde que arruine el rodaje del telefilm. No queremos ser, otra vez, meros figurantes contra el Barça.

Después de la semana de pasión de Mbappé, la gran actuación de Vinícius cargó de munición a casi todo el espectro del vinagrismo ilustrado. Los que piensan que ambos arietes nunca cuajarán juntos asentían con cada gol del brasileño en la idea de que sólo brilla y se libera sin el nueve sobre el campo. Y qué decir de los que consideran que Kylian nunca debió pisar Chamartín. Para ellos, cada victoria sin él es un metro más de trinchera. Menos suerte tuvieron, eso sí, los que afilaban garras contra Vini por sus gestos y la amarilla del primer tiempo. Los tres puntos de autor en Cornellá les obligaron a volver a casa sin la presa.

Respecto a la escapada transalpina del francés, tenemos claras varias cosas mientras otra sólo la sospechamos. Resulta evidente que el momento elegido por el jugador para dejarse ver en otro país y con otros planes más allá de su club quizá no fuera el más adecuado. Igualmente cristalino es que lo de cumplir con la vida ociosa no lo ha inventado Mbappé. En otra época había fijos del vestuario en la Feria de Sevilla. Y ahí lo dejamos. Lo que ha cambiado es la exposición: hoy, quien tiene un móvil, tiene un arma. Pero sigamos. Más allá del ruido tuitero y dicharachero, la temporada no se tira en un barco de Cagliari. Los males del club, parafraseando a Aznar —si todavía no es delito—, “no están en desiertos remotos ni en montañas lejanas”, sino en un lugar mucho más a mano y visible que empieza por un despacho, prosigue en una planificación y termina por un espejo, el que deberían utilizar los jugadores para ver la realidad. Respecto a la intuición sobre la escapada, no es difícil concluir que algunas de las críticas más aceradas nacen de una lógica pizca de envidia. No les culpo. Y hasta aquí puedo escribir.

No hace falta una aguja para hilar estas enseñanzas con el circo de variedades que parece el Real Madrid.

Pero volvamos al balón. En ‘Esparta’, el historiador Andrew Bayliss revisa el verdadero protagonismo de la legendaria polis guerrera y apunta la verdadera razón de su declive: “los espartanos dejaron de ser temibles”. Así de simple. Así de rotundo. Sus triunfos, explica, se cobraron un precio muy alto: la pérdida de población y, sobre todo, de soldados de élite. Y si a esto le sumamos la soberbia de considerar a los pueblos conquistados como inferiores, el destino no podía ser muy amable.

No hace falta una aguja para hilar estas enseñanzas con el circo de variedades que parece el Real Madrid. Sin ambición ni orgullo, hoy ningún equipo es temido y cualquiera te mira de frente y te destruye, como se ha visto este año. Con los mejores hombres del pasado reciente retirados o en otros equipos, los actuales han caído en la vanidad, principal causa de las grietas en un vestuario. Repasen la lista de amigos de Alonso y Arbeloa y sabrán de qué les hablo.

La victoria contra el Espanyol sólo es el primer paso para emular las Termópilas y caer con gloria. El segundo será en el Camp Nou. No regalen ni un centímetro y al menos no serán borrados de la Historia.

 

Getty Images

El otro día Hermel, que hasta un reloj averiado da la hora bien dos veces al día, dijo algo interesante a colación del 5-4 con el que terminó el primer partido de semifinales de la Copa de Europa entre el PSG y el Bayern. Dijo que había sido un encuentro paradigmático de la cultura tiktokera en la que vivimos, la propia de nuestro tiempo: «intensidad constante, velocidad constante, sin pausa, sin tiempo para pensar». Y es verdad.

Es decir, que la «intensidad» es un artefacto retórico que, en el fútbol moderno, sirve para disfrazar muchas cosas. Es un recurso muy conveniente. La «intensidad» suele aludir a las patadas y al juego sucio, lo que antes se decía cancherismo. Intensidad también es correr mucho, de un lado para otro y todo el tiempo. Pero, verdaderamente, ¿es eso fútbol? Correr está muy bien, pero con sentido. Decía Pirelli en su anuncio famoso que la potencia, sin control, no tiene sentido. ¿Y la intensidad? ¿Es un fin en sí mismo?

Hermel añadió que el fútbol se compone de portero, defensa, mediocampo y ataque. Que, como símbolo de la época absurda en la que vivimos, donde se rinde culto desmedido al ruido y a la apariencia, un 5-4 en la ida de la eliminatoria-umbral del partido más grande del año resulta, de todo punto, ridículo. Pues evidencia que sólo existe, en efecto, ataque, pero un ataque infantil y callejero, más propio del fútbol amateur que de la alta, ¡altísima!, competición.

Resulta obvio que, como ya no cuentan doble los goles fuera de casa, importa menos recibir. Eso ha abierto, digamos, el panorama general de las eliminatorias: antes, las idas solían ser más feas, eso es cierto, pues se jugaban con el culo apretado, sobre todo si eran en casa. Pero… reconozcámoslo: era un fútbol mucho más serio, más adulto. ¿Cuál es la característica fundamental de la adultez? Diría que la conciencia sobre uno mismo y las cosas. Este fútbol de ahora, tan juvenil que se diría pueril, adolescente, ligero, frívolo, se parece mucho más al circo que a cualquier otra cosa y, pensando sobre ello, he reflexionado sobre los últimos grandes equipos del Madrid que dominaron en Europa.

la «intensidad» es un artefacto retórico que, en el fútbol moderno, sirve para disfrazar muchas cosas

En términos de tradición madridista, ser campeón de Europa está muy relacionado con el control. Es decir, con la seriedad. No tanto el control del balón como del tempo, del compás del partido. Cuando el Madrid ha tiranizado la Copa de Europa lo ha hecho siendo un equipo eminentemente centrocampista. Empezando por la Séptima: Redondo-Karembeu-Seedorf parecen, con los ojos de hoy, un antecedente directo de la CMK.

Los datos hablan por sí solos: un gol recibido en cuartos y ninguno en semifinales ni tampoco en la final, jugadas ambas contra campeón y subcampeón de Europa el año anterior.

La Octava es el ejemplo clásico de mediocampismo: en torno a Redondo, dos interiores con vocación de aventureros, Raúl y McManaman, como alas desplegadas a los costados del argentino, que tenía, por detrás, una línea de cinco exuberante, líbero incluido. El Madrid recibió 4 goles en los 4 partidos eliminatorios y ninguno en la final.

En la Novena estaban la dupla Makelele-Zidane como yunque y martillo. Pero es que Solari, de interior, por la izquierda, doblando un carril zurdo asombroso, de una capacidad ofensiva única gracias a la presencia de Roberto Carlos, y la caída de Raúl por ese lado, configuraban un 4-4-2 más o menos canónico que servía para que el equipo asegurase la posesión. No era aquel Madrid el más fuerte de todos en términos defensivos, pero.

el fútbol se ha puerilizado. El tiktokerismo que «prioriza» los highlights por encima del fondo y la forma —es decir, el instante «viralizable» y «monetizable» sobre la esencia del juego— ha llegado a lo que ocurre sobre el mismo terreno de juego

Es manifiesto que el fútbol se ha puerilizado en todo. El tiktokerismo que «prioriza» los highlights por encima del fondo y la forma —es decir, el instante «viralizable» y «monetizable» sobre la esencia del juego— ha llegado a lo que ocurre sobre el mismo terreno de juego. De modo que se da un supuesto espectáculo «legendario» entre dos equipos que se marcan 9 goles contando, como contaban PSG y Bayern, con excelentes centrocampistas como Vitinha, Fabián o Kimmich.

Todo es hipérbole, trazo grueso y vulgaridad. Los futbolistas, sobre todo las estrellas, juegan a menudo pensando en la celebración y no en los goles, con la cabeza puesta en las stories de Instagram.

Del mismo modo que la democracia no es sólo votar, el fútbol no consiste sólo en meter goles. No recibirlos o recibirlos en una medida residual da una idea muy poderosa de todo un trabajo hecho antes, de una concepción misma del juego. Entendiéndose como un todo orgánico, el equipo con vocación de campeón fluye dominando casi todo lo que pasa, incluso cuando sufre. Saber parar es saber sufrir. Dominar la pausa, o forzarla, es lo que, en términos taurinos, llaman temple. El fútbol de hoy no tiene temple, pero los mejores ejemplos de esto que se me vienen a la cabeza son precisamente dos partidos en los que el Madrid de Zidane, tricampeón de Europa de manera consecutiva, estuvo contra las cuerdas y recibió bastantes goles: la vuelta contra el Atlético de Madrid, en las semifinales del 17, y la vuelta contra la Juventus del año siguiente, cuando los italianos remontaron el 0-3 de la ida.

En los momentos más peliagudos de ambas eliminatorias surgieron hombres de tamaño colosal como Luka Modric, Casemiro, Toni Kroos o Isco para detener la hemorragia apropiándose del balón. El «defenderse con el balón» puede que suene a culerío en la mente colmena del madridismo pero resulta ser la clave de casi todas las Copas de Europa del Madrid. Desde luego que tiene peor prensa que el supuesto «rock´n’roll» del que, por otra parte, nunca supimos, en realidad, nada. Pero el sino de los tiempos no va con la tradición de este club, al menos con su mejor tradición competitiva, y la inevitable refundación ha de pasar por volver la vista a los tiempos en que, como dice la canción de Loquillo, fuimos los mejores.

 

Getty Images

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram