Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El dedo de Mourinho

El dedo de Mourinho

Escrito por: Miguel Ángel Uriondo28 abril, 2026
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

"El dedo de Mourinho enseña el camino".

 

La frase se me quedó clavada durante la etapa del entrenador portugués al frente del Real Madrid. No porque fuese cierta, sino precisamente porque condensaba todo lo que me inquietaba de aquel tipo.

Conviene empezar por una obviedad que no siempre conviene a los partidarios de las obviedades. José Mourinho fue de joven un gran entrenador. Su palmarés no necesita maquillaje. Pero al Real Madrid vino a ganar la Champions y no la olimos. Ganó una Copa del Rey, una Liga mítica arrebatada a uno de los mejores Barcelonas de todos los tiempos, y una Supercopa de España. La Champions la ganaron otros después de él.

Ancelotti

A mí me emociona todavía la expresión "caballero del honor". Caballero del honor puede ser Vinícius luchando contra la lacra del racismo y desafiando a quienes le insultan. Caballero del honor puede ser Toni Kroos diciendo "ganaremos más tarde", una frase que parecía escrita por alguien que sabía que la grandeza no siempre consiste en tener razón en el minuto noventa. Caballero del honor pueden ser muchas cosas, pero Mourinho no es nada de eso.

Siempre hay quien admira al pendenciero. Siempre hay quien admira al que busca pelea. Siempre hay quien cree que ganar justifica cualquier cosa, quizá porque para ellos ganar significa algo muy distinto de lo que significa para mí.

"Nos vamos a cansar de ganar", dijo Donald Trump. Y ahí sigue la frase, flotando como una advertencia. No porque haya traído grandes victorias a nadie, sino porque el Agente Naranja entendió algo elemental del ruido contemporáneo: a muchos les basta con que alguien pronuncie la palabra "ganar" con suficiente desprecio hacia los demás. No necesitan resultados. Necesitan un jefe de guerra.

Eso explica también la nostalgia mourinhista. Tras una mala temporada, siempre aparece el deseo de un sargento de hierro. Alguien que ponga firmes a esta panda de vagos. Alguien que reparta castigos. Alguien que diga lo que muchos quisieran decir desde la grada y desde el sofá. La tentación existe. Sería absurdo negarlo. Es muy fácil sentirse atraído por esa narrativa cuando el equipo ha jugado mal, cuando los jóvenes parecen blandos, cuando el Bernabéu se impacienta y cuando las tertulias convierten cada pérdida de balón en una prueba de decadencia moral.

Pero el Real Madrid no es el Getafe de Bordalás. Con todo el respeto para el Getafe y para Bordalás, a quien considero mucho mejor persona. El Real Madrid no puede reducirse a la épica del barro. El Real Madrid no debería necesitar odiarse a sí mismo para competir.

Si Mourinho vuelve al Real Madrid, los verdaderos ganadores serán otros. Los periodistas, los opinadores, los tertulianos, los que viven de estar a favor o en contra. Cada rueda de prensa será una excavadora. Se hablará de su declive. De su edad. De su capacidad, o incapacidad, para conectar con una generación de futbolistas que no tiene nada que ver con la que entrenó en el Manchester United, y mucho menos con la que dirigió en el Bernabéu hace más de una década. Se hablará de las guerras internas antes incluso de que existan.

Tras una mala temporada, siempre aparece el deseo de un sargento de hierro. Es muy fácil sentirse atraído por esa narrativa cuando el equipo ha jugado mal, cuando los jóvenes parecen blandos, cuando el Bernabéu se impacienta y cuando las tertulias convierten cada pérdida de balón en una prueba de decadencia moral

Y el club volverá a ser rehén de una pregunta equivocada. No qué necesita el Real Madrid. Sino qué necesita Mourinho.

Cuando su Benfica se cruzó con el Real Madrid en la Champions, escribí en esta misma Galerna un artículo que muy poca gente entendió. Quizá porque sugería, con demasiada sutileza o con demasiada mala leche, que había algo inquietantemente reconocible en lo ocurrido con Vinícius y Gianluca Prestianni, quien fuera sancionado por la UEFA con seis partidos, tres de ellos suspendidos. La UEFA no dio por probado el insulto racista que se denunció inicialmente, pero sí una conducta discriminatoria.

No tengo pruebas, ni pretendo tenerlas, de que Mourinho estuviera detrás de aquello. No hace falta imputarle lo que no se puede probar. Lo inquietante es otra cosa. Es que uno pueda imaginárselo perfectamente. Lo inquietante es que el clima moral del mourinhismo haga imaginable que un jugador joven, un chaval con más fútbol que cabeza, pueda ser empujado a creer que la mejor manera de sacar a Vinícius del partido es ensuciarlo. Lo inquietante no es el acto en sí. Es el ecosistema en el que el acto parece tácticamente concebible.

Pedir que vuelva Mourinho es pedir que vuelva eso. Que vuelva el ataque permanente a los periodistas, a los árbitros, a los rivales, a los propios jugadores y, si hace falta, al mobiliario.

Que vuelva una idea del Real Madrid como estado de excepción.

Los lectores de La Galerna no tienen por qué saber que me gano la vida combatiendo profesionalmente contra el mal, contra un monopolio de autobuses que ha convertido a España en el país más caro de Europa para beneficiar a unos pocos jetas. Y si disfruto de mi trabajo es porque en la vida me gusta estar del lado de los buenos. Me cuesta mucho ver una película de James Bond y apoyar a Ernst Stavro Blofeld frente a 007. Me cuesta aplaudir al señor que acaricia gatos mientras prepara trampas mortales con tiburones. Soy así de simple.

Habrá quien diga que, si nos trae la Champions, se le perdonará todo. Perdónenme, pero se lo perdonarán otros. Yo no. Pertenezco a una vieja generación, ya no del Real Madrid, ya no del fútbol, sino de la vida, para la que ganar no es lo único que importa

También me gusta ver a Jack Reacher venciendo a zambombazos, como un moderno Bud Spencer, a todos los villanos que se topa por el camino. Incluso acepto, por educación sentimental, que los y las protagonistas acaben encamados con los macizos de su gusto. Qué menos que un final feliz. Pero ahí empieza y termina toda la violencia que acepto en mi vida.

Admiro, es verdad, las historias de antihéroes. Pero me costaría muchísimo disfrutar de Heisenberg entrenando a mi equipo. El Real Madrid, caballero del honor, no puede estar bajo el pulgar de un hombre pequeño.

El Benfica en siete puntos

Habrá quien diga que, si nos trae la Champions, se le perdonará todo. Perdónenme, pero se lo perdonarán otros. Yo no. Pertenezco a una vieja generación, ya no del Real Madrid, ya no del fútbol, sino de la vida, para la que ganar no es lo único que importa. Me gusta ver buen juego en mi equipo. Me gustaría ver autoridad. Me gusta ver hambre. Pero no me gustaría verlo a costa de sentirme cómplice del mal.

Mourinho es la solución perfecta para cierto tipo de madridista. El mismo que cree que puede coger a un montón de chavales, muchos todavía con el córtex prefrontal por desarrollar, y humillarles de forma implacable. Quizá a algunos les falte actitud. Quizá necesiten un entrenador que les lleve por el lado luminoso de la fuerza. El problema vendrá cuando acusen a un joven de la cantera de hacer algo inaceptable en el campo.

No me hablen de vestuarios unidos o desunidos sin recordar lo que fue el vestuario en tiempos de Mourinho. Aquello fue una novela de espías. Eran tiempos de topos y de ratas. De bandos. De sospechas. De filtraciones. El puente de los espías, pero con chándal. Mourinho no unió al Madrid. Unió a una parte del Madrid contra otra parte del Madrid. Unió a una parte de la grada contra otra parte de la grada. Unió a una parte de los jugadores contra otra parte de los jugadores. Lo recuerdo con repulsión.

El objetivo real lo consiguieron otros. Lo consiguió Del Bosque. Lo consiguió Zidane. Lo consiguió Ancelotti. Lo consiguieron, insisto, entrenadores mejores para el Real Madrid. No necesariamente mejores en abstracto. Mejores personas. Mejores para una institución que no debería ganar a costa de perder la compostura.

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte VIII

Quizá lo único que se pueda reconocer de Mourinho, incluso desde la distancia crítica, es que algunas preguntas incómodas que hizo sobre el fútbol español no han envejecido tan mal como me parecía. Si entonces se preguntaba qué estaba pasando en una Liga que después resultó ser la Liga de Negreira, quizá no todo era paranoia. Quizá había, entre tanto ruido, alguna intuición verdadera. Pero Negreira está fuera de juego y tener razón una vez no absuelve de haber envenenado el aire muchas otras. Negreira no le impidió ganar una Champions.

Si no hubiéramos vivido el partido de Benfica. Si no hubiera llegado yo a imaginar lo que imaginé. Si creyese que Mourinho sigue siendo alguien capaz de cualquier cosa para prorrogar una leyenda que en realidad nunca fue tan grande como su propaganda, quizá podría aceptar su regreso como una posibilidad. Quizá. Solo quizá. Pero después de aquello recordé perfectamente contra quién estábamos jugando. Y, sobre todo, de quién estamos hablando cuando, a día de hoy, parece la opción más probable.

Mourinho: tres razones para que vuelva

Me he pensado mucho si escribir estas líneas. Exponerse al mourinhismo sigue siendo exponerse a una forma menor pero persistente de violencia verbal. Pueden insultarme. Pueden convertirme en un enemigo. Me llamarán blando, me dirán que no entiendo el fútbol, que prefiero la colonia al colmillo. Mourinho probablemente sería capaz de convertir a un grupo de antihéroes como Maffeo en unos Doce del patíbulo con botas. Pero eso no es lo que quiero para el Real Madrid.

Y del mismo modo que me reservo el derecho a no ver un Mundial organizado en un país que quiso ser una ciudad resplandeciente en la colina y ahora parece decidido a explotar algunas de nuestras peores pesadillas, tengo claro que, durante el tiempo que dure Mourinho como entrenador del Real Madrid, aparcaré mi afición. Nadie echará de menos un par de ojos o un par de líneas. Pero no voy a volver a pasar por aquello. Soy demasiado mayor y ahora tengo hijos. No puedo decirles que soy de un Madrid de Mourinho. Si gana cientos de títulos, espero que los disfrutéis. Yo dedicaré mucho menos tiempo al fútbol y más a escribir, leer o a cualquiera de las muchas cosas que disfruto de la vida.

El fútbol, como la vida, está llena de contradicciones. No todo lo que me gusta de la vida lo representa el Madrid. Pero a veces lo ha representado y me ha hecho feliz.

Si finalmente vuelve al Madrid, podéis seguir, tan contentos, el dedo de Mourinho. Pero yo recuerdo dónde apunta. Y antes que acabar ahí prefiero dirigirme hacia la puerta de salida. Ya sea sólo por unos meses o por unos años, se lo puede meter donde le quepa.

 

Getty Images

Miguel Ángel Uriondo es un experiodista y comunicador que vive en Madrid, se crio en Móstoles y sueña con jubilarse en Avilés. Se gana las lentejas como director de Comunicación y Asuntos Públicos. Es friki, madridista, padre de familia, y ha escrito 'Cómo evitar que tus hijos estudien periodismo' y 'La Píldora Serrahima'.

La Galerna trabaja por la higiene del foro de comentarios, pero no se hace responsable de los mismos

6 comentarios en: El dedo de Mourinho

  1. A mi no me representaria jamas alguien que mete el dedo en el ojo a un colega,a la postre,resumen absoluto de su comportamiento a lo largo de su carrera como DT,un pesimo deportista,en la victoria y en la derrota.

  2. Supeditar tu madridismo a que llegue un entrenador (o jugador o presidente) que no te gusta dice muy poco de tu madridismo. Que pelees para que no venga Mourinho o que agites esa militancia me parece sano, ser crítico sí, pero dentro. Aparcar al Real Madrid? Que otros celebren los títulos mientras esperas que llegue otro? No lo entiendo. A mí me ha gustado más Mourinho en restrospectiva que cuando fue entrenador. Me incomodó mucho lo de Vilanova, el banquillazo a Casillas… tardé mucho en entender el papelito con los 13 errores arbitrales. Pero, amigo, tenía razón.

  3. La etapa de Mourinho fue mucho mejor de lo que parece. En una situación muy complicada, con FCB casi perfecto que encima jugaba con red, compitió y terminó ganando. Le tengo mucho cariño aunque su forma de dirigir creó un ambiente insoportable. No obstante, es el pasado. No creo que traiga nada bueno.

  4. Yo apuesto por Deschamps. Tiene ambición. Conoce a parte de la plantilla y tiene liderazgo. No soy fan de su fútbol pero creo que ahora mismo eso es secundario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tweets La Galerna

Un hombre llamado Pájaro.

#portanálisis

👉🏻👉🏻👉🏻https://www.lagalerna.com/un-hombre-llamado-pajaro/ https://x.com/lagalerna_/status/2038216359264563526/photo/1

A nosotros lo de las selecciones nacionales no nos puede gustar más. Nos pirra ese rollo. Pero no de ahora, de siempre

👉🏻👉🏻👉🏻 https://www.lagalerna.com/imagine-theres-no-countries-2/ https://x.com/lagalerna_/status/2037849315335713071/photo/1

2

Cargar más
homelistpencilcommentstwitterangle-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram