Cuando Florentino Pérez anunció oficialmente la convocatoria de elecciones, reconozco que me costó encontrarle sentido. En primer lugar, porque estaba convencido de que nadie iba a presentarse como alternativa. Y, en segundo lugar, porque una vez se confirmó que sí habría candidatura rival, pensé que todo este proceso acabaría sirviendo principalmente para retrasar determinados anuncios importantes relacionados con el futuro deportivo del club.
Sin embargo, pocas veces he estado tan equivocado. Con el paso de los días, esta campaña se ha convertido en un auténtico regalo de Florentino Pérez a los socios. Y lo ha sido porque, más allá de los resultados que arrojen las urnas, ha permitido a muchos de nosotros comprobar de primera mano qué tipo de proyecto espera al otro lado cuando termine la etapa del actual presidente.
Durante estas semanas se han sucedido situaciones que, individualmente, podrían parecer simples anécdotas, pero que en conjunto terminan dibujando una imagen preocupante. Hemos visto al Castilla jugándose un ascenso mientras el candidato alternativo aparecía en otros escenarios alejados de una cita tan importante para una de las estructuras fundamentales del club. Supongo que Enrique Riquelme sabe que el Castilla también es Real Madrid.
También hemos asistido a episodios de retrasos, cambios de planes y compromisos incumplidos con periodistas a los que previamente se les habían prometido horarios y entrevistas. Son detalles menores, sí, pero también son señales. Y cuando esas señales empiezan a acumularse, el vaso termina llenándose.
on el paso de los días, esta campaña se ha convertido en un auténtico regalo de Florentino Pérez a los socios
A ello se han sumado encuentros y comidas con Miguel Ángel Gil Marín, una figura que difícilmente representa aquello que el madridismo suele considerar cercano a sus intereses. Resulta llamativo que alguien que aspira a dirigir el Real Madrid busque referencias o apoyos precisamente en entornos tradicionalmente enfrentados a la casa blanca. Cada uno es libre de reunirse con quien considere oportuno, pero también es lógico que el socio extraiga conclusiones.
Hasta ese momento, todos estos episodios podían interpretarse como errores de comunicación o de estrategia. Lo verdaderamente importante debía llegar después: el proyecto deportivo. Y aquí debo reconocer algo. Siempre he defendido que al Real Madrid le falta una figura que sirva de puente entre la dirección del club y el vestuario. Podemos llamarlo director deportivo, coordinador deportivo o de cualquier otra manera, pero considero que existe un espacio que merece ser reforzado dentro de la estructura de gestión deportiva de la entidad. Por eso, cuando Enrique Riquelme comenzó a hablar de rodearse de profesionales con experiencia y de evitar experimentos, despertó mi interés. Especialmente porque, en varias ocasiones, había insistido en que el Real Madrid no podía permitirse confiar determinadas responsabilidades a personas sin el bagaje suficiente. Era, probablemente, uno de los aspectos de su programa que más curiosidad me generaba. Hasta que llegó el momento de poner nombres sobre la mesa.
La elección de Raúl González para desempeñar ese papel me pareció una contradicción difícil de explicar. Nadie discute su condición de leyenda absoluta del club. Como futbolista forma parte de la historia más brillante del Real Madrid. Pero una cosa es su trayectoria sobre el césped y otra muy distinta su experiencia en una función ejecutiva de ese tipo. Si tu principal argumento es la necesidad de incorporar perfiles contrastados, resulta complicado justificar que la persona elegida para un puesto tan relevante carezca precisamente de experiencia en esa labor concreta.
un candidato que aspira a presidir el Real Madrid no puede permitirse anunciar un fichaje como el de Haaland sin tener perfectamente controladas sus consecuencias
Aun así, decidí esperar antes de sacar conclusiones definitivas. Al fin y al cabo, aquel mismo anuncio venía acompañado de una promesa mucho más llamativa: en apenas 24 horas se revelarían dos fichajes galácticos que, según aseguró el candidato, estaban completamente cerrados. El escenario elegido fue El Hormiguero, posiblemente el escaparate televisivo con mayor audiencia del país. Desde un punto de vista comunicativo, la elección tenía toda la lógica del mundo. La expectación era enorme y la oportunidad para dar un golpe sobre la mesa parecía inmejorable. Los nombres anunciados fueron Rodri Hernández y Erling Haaland.
Nadie con un mínimo de sentido común va a cuestionar la calidad futbolística de dos jugadores de semejante nivel, el problema no está ahí. El problema aparece cuando, apenas unas horas después, el entorno de Haaland y el propio Manchester City reaccionan públicamente para desmentir la información e incluso dejan caer la posibilidad de estudiar acciones legales por considerar falsas determinadas afirmaciones realizadas durante la campaña.
🔴El Manchester City desmiente a Riquelme: no hay cláusula que permita fichar a Haaland y el club inglés valora medidas legales por el uso de la imagen del jugador durante la campaña. https://t.co/736r5LNDUf
— La Galerna (@lagalerna_) June 4, 2026
Sinceramente, me da igual quién tenga razón en esa disputa. No sé quién dice la verdad y quién no. Lo que sí sé es que un candidato que aspira a presidir el Real Madrid no puede permitirse lanzar un mensaje de semejante magnitud sin tener perfectamente controladas sus consecuencias. Si anuncias operaciones de ese calibre, debes estar preparado para sostenerlas al día siguiente. Porque si no puedes hacerlo, el daño a tu credibilidad es inevitable.
Respecto a Rodri, la situación resulta igualmente llamativa por otro motivo. Durante toda la campaña se ha acusado a Florentino Pérez de vivir demasiado pendiente de los éxitos pasados y de apoyarse constantemente en su legado. Sin embargo, precisamente eso es lo que ocurre cuando se presenta a Rodri como la gran estrella de un nuevo proyecto. El Rodri que dominaba el centro del campo europeo antes de su grave lesión sí podía encajar en esa definición. El actual, al menos de momento, está muy lejos de haber recuperado ese nivel. No es una cuestión de gustos ni de opiniones. Basta con observar su rendimiento desde el regreso a la competición. Su participación ha disminuido, su impacto físico es menor y sus registros en múltiples facetas del juego se encuentran por debajo de los que le llevaron a ser considerado uno de los mejores centrocampistas del mundo.
Además, conviene recordar que quien vota en estas elecciones no es el aficionado que confecciona alineaciones ideales desde el sofá ni el que colecciona nombres para una plantilla imaginaria. Quien vota es el socio. Y el socio suele valorar muchas más cosas que el simple atractivo mediático de un futbolista. Por eso resulta arriesgado presentar como gran bandera electoral a un jugador que genera división entre parte del madridismo y cuyo estado físico actual plantea interrogantes razonables. Puede ser una apuesta válida desde el punto de vista deportivo, pero difícilmente parece el golpe definitivo capaz de cambiar una elección.
A pocos días de la votación, solo Florentino Pérez y Enrique Riquelme saben realmente qué cartas guardan todavía bajo la manga. Sin embargo, la fotografía actual de la campaña parece bastante clara. En un lado aparece Florentino Pérez con una trayectoria respaldada por decenas de títulos, estabilidad institucional, fortaleza económica y una larga lista de promesas deportivas que ya han sido cumplidas. En el otro, una candidatura rodeada de polémicas, contradicciones y anuncios que, lejos de reforzar su credibilidad, han generado más preguntas que respuestas.
Al final, cada socio decidirá libremente qué modelo considera mejor para el futuro del Real Madrid. Pero si algo ha demostrado esta campaña es que, lejos de complicar la decisión, ha servido para que muchos tengan más claro que nunca cuál es su voto. En ese sentido, quizá el mayor favor que ha recibido Florentino Pérez durante estas elecciones no ha venido de sus partidarios, sino de sus propios adversarios.
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Quien se reúne con........patéticos ya lo ha dicho todo.
Quién ayuda económicamente al rival la drón y co rrup to no sé lo que dice la verdad