Las mejores firmas madridistas del planeta

Con ocasión del título 35º de Liga ganado por el Real Madrid, os ofrecemos las impresiones de varios de nuestros colaboradores.

 

Pepe Kollins

35 ligas certifican que el campeonato liguero no es algo ajeno al Real Madrid, por más que, en ocasiones, así lo parezca. El club blanco está tan vinculado con la Copa de Europa que entre el madridismo ha calado la idea de que no hay más competición que la orejona. Y aunque, sin duda, la gran competición continental ha sido el factor que ha dotado de identidad y sentido al Real Madrid, no por ello la Liga ha dejado de ser una parte fundamental de su historia.

Para el Real Madrid, la Copa de Europa es el amor de su vida. Ese romance que saca lo peor y lo mejor de sí mismo. Esa circunstancia irracional en la que no paras de pensar a todas horas y que ves en todas partes. Un tobogán de emociones que te sume en la incertidumbre del flechazo y que es acorde al riesgo de quien vive obsesionado por un objetivo.

La Liga, en cambio, es el cariño tranquilo y cotidiano de lo familiar. Una relación estable que te proporciona seguridad, pero que requiere, para pervivir, de un compromiso y cuidado sostenido, así como de una planificación equilibrada. Ganar la Liga es la mejor garantía de que te irá bien en un futuro cercano, pero también de una gran calidad de vida presente. Una alegría que se disfruta sin grandes sobresaltos, pequeños placeres cotidianos como el aperitivo del mediodía, el beso de buenas noches, o el recibimiento de tu mascota al llegar a casa.

Ganar la Liga es la mejor garantía de que te irá bien en un futuro cercano, pero también de una gran calidad de vida presente

Esta cercanía, no obstante, nos sume, con frecuencia, en riñas menores de carácter local que, en oposición, acrecientan el glamur de la pasión lejana de Europa. Pero flaco favor se haría el madridismo si desdeña el título que más veces ha ganado y que tantas veces le ha arropado en ausencia de su amada. Quizás nunca experimentemos el mismo éxtasis de la Champions con la Liga, pero difícilmente sobreviviríamos sin la calidez de su día a día y sin el nivel competitivo al que nos eleva su desempeño.

Esta Liga, conquistada a falta de cuatro semanas, ha de valorarse con justicia. Pudiera parecer un mero trámite, pero, en realidad, es un formidable indicador de lo que es ahora el equipo y, sobre todo, de lo que está por venir. Aquí, en casa… y más allá. Celébrenlo.

 

Jesús Alcaide (Real Madrid Televisión)

No puede ser verdad. Es imposible. Me han dado la pastilla roja de Matrix todos esos que me reiteran algo imposible, que el Real Madrid es campeón de Liga cuatro jornadas antes del final del torneo. No sólo eso. Intentan convencerme de que en breve jugaremos la vuelta de la semifinal de la Champions en el Bernabéu con la misión de remontar un único gol ante el modesto Manchester City y todo ello después de haber eliminado al Paris Saint-Germain y al Chelsea. Venga ya.

Yo soy un fiel seguidor del fútbol y del Real Madrid. Y bien que lo siento porque esta afición mía es un tormento. Siempre estoy pendiente de los sabios juicios de la prensa deportiva española, esas cadenas de radio y televisión, esos periódicos que señalan con buen criterio que este club navega sin rumbo fijo, sin modelo deportivo, sin saber a qué juega, con un técnico caduco al que pronto se le caerá físicamente el equipo. No olvido a los sabios tuiteros que intentan ayudar al bueno de Ancelotti indicando a un tipo que ha ganado las cinco grandes ligas que no debe poner a Fulanito en el centro del campo y recalcando que siempre la pifia con los cambios. Qué sabrá Carletto —por cierto a dos partidos de ganar su cuarta Champions como entrenador, sexta en total— al lado de estos eruditos que intentan ayudar al club para que salga de la decadencia.

Carlo Ancelotti sonrisa

Ahí están esos buenos consejeros que no paran de cuestionar la gestión de Florentino Pérez. Si, ya sé que esta liga es su título número 50, el 28 en fútbol. Van 22 en baloncesto. También admito que la Ciudad Real Madrid no está mal y que no tiene mala pinta ese nuevo Bernabéu que se está remozando para adaptarlo al siglo XXI. Pero aquí no hay modelo. Pero si no hay ni director deportivo, dónde vamos a parar. Al fin y al cabo, como decían en La vida de Brian, ¿qué nos han dado los romanos? ¿Qué nos ha dado Florentino Pérez?

Me dicen que no nos engañemos, que el Madrid de la próxima temporada seguirá sin modelo de juego ni deportivo, sin gol ni defensa. Otro año a sufrir

Como bien argumentaban estos sabios de micro, cámara y pluma, Karim no tiene gol, Vini es un inexperto, Modric va envejeciendo, Courtois solo es un tipo alto y el tándem Alaba-Militao tampoco es para tanto. Un equipo del montón. Lástima que no tengamos a Gavi, Nico, Riki, Rocky, Richi, Titi y Tuti. Si ni siquiera somos capaces de pasar una eliminatoria de Europa League. No es posible que sigamos sin saber cómo se juega los jueves. Intolerable.

Bueno, veo a gente yendo a Cibeles a celebrar. Pero si hasta los jugadores se han subido al autobús camino del homenaje a la diosa. Ingenuos. Con lo bien que se está escuchando a los sabios. Me dicen que no nos engañemos, que el Madrid de la próxima temporada seguirá sin modelo de juego ni deportivo, sin gol ni defensa. Otro año a sufrir.

 

Manuel Matamoros (madridista auténtico)

La vida pudo educarme perfectamente mal.

Mi padre era socio del Madrid, y yo su primogénito. Salté del nido materno a la selva de la relación social amparado en esa creencia. En los párvulos de los Corazonistas de Chamartín, antes de cumplir los cinco años, coincidí con un tipo bajito: José Antonio, a la moda de los tiempos. Como una sombra fraterna, desde aquellos días la amistad nos ha seguido toda la vida. Los dos amábamos el fútbol. Me daba doscientas vueltas en el manejo del balón, siempre pegado al pie, le recuerdo, dando toques mientras caminaba, en debate infinito con las tapias de las cocheras de los trolebuses, del colegio a casa y de casa al colegio. Así cada día. Martín Otín, para los compañeros, conforme a los usos de los curas, Angelita, su madre —una mujer única de forma distinta a la que cada uno somos únicos—, le decía Petón. Y así los amigos, y así hoy también sus enemigos, entre ellos, muchos de vosotros.

En los diez años siguientes, de párvulos a preuniversitarios, mientras nos hacíamos jóvenes en aquel Madrid, ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas) del verso de Dámaso Alonso, seguíamos compartiendo el fútbol y, a veces, mi carnet de socio del Madrid, o sea que lo colaba en Chamartín, y Petón celebró como un loco una liga con su Atleti. Yo celebré con mi Madrid una copa de Europa. Y nueve ligas. Como un loco.

La vida, hay que reconocerlo, pudo haberme educado perfectamente mal. Porque para ver, hay que saber mirar. Dice Petón, como un halago, que tengo una forma muy atlética de ser madridista. Celebro cada liga como si fuera la anterior. Y la anterior de todas: la primera. Por eso me parece lógico que, tras robarnos a pito armado el anterior, que pareció peligrosamente preparado, Petón no quiera hacernos el puto pasillo protocolario por este campeonato que hemos ganado en buena lid, y por paliza. Ojalá. Mejor así. Quiere quitarle importancia, que es ser atlético de una forma muy de madridista mal educado por la vida.

celebro como un niño la Liga 35: porque me muero de ganas por celebrar la 36

¡He visto a tantos quitar importancia a un campeonato! No dársela es despreciar el sacrificio que forjó cada copa de una vitrina. Hay que mirar más allá del metal brillante. Saber ver la ambición y la generosidad, la fe y la determinación, el abnegación singular y el compromiso colectivo, la solidaridad de que está hecha una copa. Ese museo del que tanto nos gusta presumir no es más que energía moral transformada en una alquimia de la que este club sabe más que todos los demás juntos.

La vida, sabiendo mirar, me educó perfectamente bien. Y siendo así que hemos ganado más de uno de cada tres campeonatos disputados a lo largo de casi un siglo, celebro como aquel niño la Liga 35: porque me muero de ganas por celebrar la 36. Que sólo vivimos aquella hazaña legendaria de mi infancia, ganar nueve de las diez ligas de una década, porque cada equipo alzó al cielo de Chamartín la liga que había conquistado con más orgullo que había alzado la anterior.

 

Andrés Torres (periodista en Par Producciones y colaborador de La Galerna)

Se viene la 35. La trigésimo quinta Liga. Se dice pronto. Como ocurre en Europa, nadie ha ganado tantas. Así que celebrémosla como se merece. Por todo lo alto. A lo grande. No permitamos que ningún cenizo waterparty nos intente chafar la fiesta. Conviene precisarlo porque los que ya pintamos canas —o no, en tanto que el helipuerto empieza a extenderse en la cocorota— sabemos lo que cuesta ganar las cosas. 32 años, por ejemplo.

El merengue experto sabrá al instante a que me refiero, el madridismo millenial avinagrado quizás no tanto. Son aquellos que creen que alzar tres Orejonas consecutivas es como ser tiktoker de prestigio. Son los mismos que minusvaloran unas Ligas que creen debemos ganar por decreto, cuando resulta que las normas y los retorcimientos intestinos y esdrújulos de las mismas corresponden a otros.

Una Liga en la España del Villarato ayer, hoy de Rubi, Geri y Tebi vale un Potosí, amigos galernautas.

Una Liga en la España del Villarato ayer, hoy de Rubi, Geri y Tebi vale un Potosí, amigos galernautas

Con milenials y sin milenials.

Enhorabuena por la 35 Real Madrid.

Felicidades, madridistas.

¡Celebrémoslo como se merece!

Celebración Liga 35

 

Juan Carlos Guerrero (Escritor, autor de "Fondo blanco" y colaborador de La Galerna)

Hoy habrá un buen puñado de niños celebrando la primera Liga que ven ganar al Real Madrid. Pensarán, con razón, que su equipo es el mejor, pero además creerán que es un conjunto que cae bien a todo el mundo, porque, por primera vez en mucho tiempo, el Madrid dispone de un grupo de jugadores y un entrenador a los que es imposible odiar aunque no seas aficionado blanco. Ancelotti se comporta como el abuelo del madridismo, no tanto por la edad, sino por la actitud. Los padres suelen perder los nervios a menudo, pero los abuelos siempre te sacan una sonrisa, aunque no te convenzan del todo sus acciones. El Madrid tiene al frente del banquillo a un tipo entrañable, una persona con la que irte de cañas sabiendo que vas a pasar un buen rato, y que, si tiene que contar batallitas, te puede decir que es el primer entrenador en ganar las cinco principales Ligas europeas.

Nadie puede odiar a este Madrid

Solo se puede sentir admiración hacia el grupo de jugadores que acaban de conseguir la 35ª Liga. Por esos veteranos que emocionan a los aficionados de otros equipos, porque no hay ser humano futbolero en este planeta que no quisiera tener en su club (y en su casa) a Modric y Benzema. Por ese portero gigante que ha actuado de socorrista en momentos clave y nunca ha sacado pecho por ello, respondiendo como Rafa Latorre a Alsina: “Es mi trabajo”. Por esos centrales que durante 90 minutos tienen que contradecir su naturaleza y mostrarse sobrios y sencillos. Por ese Vinicius, al que intentan provocar en algunas plazas puntillosas, pero cómo afectar a alguien que ha sufrido mofas de su propia afición y las ha olvidado, como todo, con una extrema sonrisa. Es un Madrid repleto de pequeñas historias de superación que se repuso del 0-4 en el Clásico calmando sus dudas en Vigo y ganando la Liga en Sevilla. Otros, que acabarán del segundo para abajo, se quedarán con la foto de su presidente celebrando un espejismo inútil, pero el partido de la Liga fue en el Sánchez Pizjuán, con el Madrid remontando un 2-0 y otorgando a la Liga aroma de eliminatoria de Champions. Había margen incluso perdiendo, pero el Madrid necesitaba una victoria así para sentirse en su hábitat. Y para que el resto del mundo volviera a sentir que el Madrid nunca se rinde, sin que esta vez les quede el consuelo del odio. Un equipo lleno de jugadores sacrificados y talentosos, con promesas simpáticas y leyendas humildes. Nadie puede odiar a este Madrid.

 

Francisco Javier Sánchez Palomares

Un año más, o menos, según se mire, y otra liga más; en este caso, se mire como se mire. Todos los títulos merecen ser celebrados, solo el inmenso trabajo de cada uno los empleados del club que los hacen posible ya obliga a ello, pero es inevitable que unos sepan mejor que otros. Y esta liga, la Liga número 35, sabe muy bien. Sabe a paradones de Courtois, sabe a boda central de Militao y Alaba, sabe a Modric maduro, sabe a gambeta de Vini, sabe a magia de Benzema, sabe a Marcelo, no por su protagonismo en la consecución de la misma, sino porque es muy probable que acabe de ganar su penúltimo título con el Madrid. Es una manera muy justa de comenzar a irse, alzando un trofeo más sobre su pelo rizado. Nadie, tenga o no el pelo rizado, ha ganado tantos títulos con el Madrid. Merece reconocimiento.

Por supuesto también sabe a Gento, que se nos fue enero y es quien más sabe de esto; ha ganado más ligas que nadie. Doce. Esta va por ti, Paco.

Muchos aficionados de otros equipos (y muchos madridistas) se preguntan cómo hemos llegado hasta hoy. Cuenta Andrés Amorós que un banderillero de Juan Belmonte, tras la Guerra Civil, fue promovido a Gobernador Civil. Al preguntarle al torero —que era tartamudo—, cómo había podido ascender de ese modo su banderillero, Belmonte respondió: “De… de… degenerando”. Algo parecido sucede con el Real Madrid, que cada vez juega peor, cada vez tiene peor entrenador, cada vez planifica menos y cada vez gana más.

Levantémonos de la silla (sea o no la de Alaba) y vayamos a celebrarlo.

 

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El Madrid ha ganado la Liga treinta y tal. Sí: otra obra maestra de Franco, la flor, los árbitros, el VAR. Mañana habrá una fiesta íntima de todos los implicados y el VAR ha anunciando que acudirá vestido de lagarterana.

Habrá representación de los rivales, que también ayudaron en la discutible conquista blanca. Aparecerán con espantasuegras y pompones. No estuvieron a la altura, no. Por eso se escuchan voces con que esta Liga, además, la ha ganado el Madrid por incomparecencia de los adversarios. Del Atleti, último campeón y reforzado, se esperaba lo mejor. Miau. Y del Sevilla, muy reforzado también. Marramiau. Esos y todos.

El Barça… Bueno, eso fue lo más doloroso. Llegaron tarde proclamó Daniel Alves. Una pena. Es probable que de haberse anulado lo jugado y arrancar el campeonato en enero, con su imperial llegada, el Barça hubiese sido campeón y el Madrid peleado la permanencia. Nunca lo sabremos.

El Madrid, campeón y jugando mal. Otra guinda al pavo. Franco, la flor, los árbitros, el VAR, los rivales, los que estaban y el que llegó tarde…

El Madrid, campeón y jugando mal. Otra guinda al pavo. Franco, la flor, los árbitros, el VAR, los rivales, los que estaban y el que llegó tarde… ¡Jugó mal grita la Cátedra! Es lo que tiene la cosa. Calculo, por lo que leo y escucho, que bien, o ya ni eso, decentemente, el Madrid ha jugado unos 664 minutos y no todos seguidos, repartidos en distintas apariciones. Quince minutos un día, veinte otro, y así.

Lamentablemente ganas la Liga y no te la quitan porque no has jugado bien. Es muy tremendo que al Madrid le den tres puntos por victoria y a los que sí juegan bien, ninguno si pierden. Sólo por salir e iluminarnos deberían darles dos en el caso improbable de que palmaran. Con lo bien que juegan, digo. O los tres. Incluso cuatro. En fin, que así no se puede.

Alaba y Benzema riéndose

Pero lo peor de ver al Madrid campeón una y otra vez es lo que influye en la salud mental de mucha gente. El otro día hablaba con unos amigos, había de todo más un forense, un psiquiatra y un psicólogo. Los tres coincidieron en que el Madrid es decisivo en su carrera profesional. “Atendemos a mucha gente después de cada partido del Madrid”, dijo el psiquiatra. “Hubo un rato, a finales de octubre y hasta Navidad, que mi consulta parecía el metro a las ocho de la mañana”, confesó el psicólogo. Gente mascullando, ¡el Madrid, el Madrid! Por lo visto, tiene mal remedio.

¿Qué pasaba entonces? Pues que Carletto y cía ya habían tomado el Camp Nou y ganaron a Elche (1-2), Rayo (2-1), Granada (1-4), Sevilla (2-1), la Real (0-2),  Atleti (2-0) y empataron a cero con el Cádiz. 19 puntos de 21. El agujero fue y lo salpimentaron amarrando la cabecera de su grupo en la Champions tumbando al Inter en el Bernabéu (2-0), ajustando cuentas con el simpático Sheriff y esas cosas.

Es muy tremendo que al Madrid le den tres puntos por victoria y a los que sí juegan bien, ninguno si pierden

Mi amigo el forense, tipo parco en palabras, remató: “Subió el número de autopsias por entonces, gente que palmaba de modo extraño y era menester investigar”.

Tan triste episodio se repitió más tarde, entre febrero y abril, corregido y aumentado cuando el Madrid no sólo siguió disparándose en la Liga pese a su mal fútbol, no olviden esto, sino que se  cepilló a PSG&Chelsea y arrancó un 4-3 al City en su estadio.

¿Un sinvivir? Los tres, el forense y tal, lo ven así: “La Liga es una alteración semanal inevitable y luego llega la Copa de Europa y el conejil sufrimiento se multiplica”. Por tres. Primero es el sorteo: lo viven mal pues esperan el peor rival posible para el Madrid. Aquella tarde, cuando la primera bola fue la del Benfica, ya hubo desmayos. Después llega el primer partido: Messi no nos fallará. 1-0. Se ponen en lo peor: es corto. Por fin llega la vuelta y para qué contarles… La cosa se repite con el Chelsea, sin tiempo para que el valium, el electroshock y esas cosas den resultado.

Celebración Chelsea

Y sepan que el show con los ingleses fue clínicamente mucho peor, según los expertos. “El 1-3 de la ida les relajó. Otra vez será. Pero llegó la vuelta, el 0-3, el 2-3 final… ¡Consulta a reventar!” Los días después de que el Barça ganara en Chamartín también fueron movidos. “Doctor, doctor. ¿A que para finales de abril seremos líderes? El Madrid perderá casi todo y nosotros ganaremos todo”. Era la consulta desesperada, buscando el sí tranquilizador del profesional.

Pasó el tiempo y bueno, excuso decirles. Pasó lo que pasó y el Eintracht. Y el Madrid superando Vigo, Nervión y Pamplona. Por entonces, en Barcelona no encontraba usted cita para el médico hasta noviembre de 2035. Ginecólogos inclusive.

Otra gente, blanda y con escasa capacidad intelectual y de análisis, sostiene que el Madrid ha sido el mejor, que los puntos no mienten. Que ha sido líder permanente. Que tiene al Pichichi, ese Benzema que nunca tuvo gol hasta ahora, fíjense la suerte del Madrid: un tío sin gol que de pronto se hincha.

Pasó lo que pasó y el Eintracht. Y el Madrid superando Vigo, Nervión y Pamplona. Por entonces, en Barcelona no encontraba usted cita para el médico hasta noviembre de 2035. Ginecólogos inclusive

Y está Courtois que huele a Zamora. Y Modric, un tío que no la toca mal, y también Vinicius que no es Pedri ni siquiera Joao Félix, pero cumple el tío. Y están otros. Pero hay un dato indiscutible: el Madrid no será tan bueno, tan legítimo campeón, cuando anda buscando refuerzos, entre ellos Mbappé.

¿Un campeón injusto pues? También lo he leído por ahí. Es el gran resumen y opinión muy respetable, por supuesto. No sé, yo iría al juzgado de guardia. Y al Defensor del Pueblo.

—Oiga, caballero (o caballera) vengo a denunciar una injusticia: el Madrid es un injusto campeón de Liga.

Además, un día le pitaron tres penaltis a favor y poco después, dos. Poco acostumbrado a ejecutar ese lance, de cinco falló tres. Ese dato, cinco penaltis y casi seguidos a favor del Madrid confirma que esta ha sido una Liga extraña. Normal ha tenido sólo una cosa: la ha ganado el Madrid. Como casi siempre.

 

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Arbitró José Luis Munuera Montero del Comité andaluz. En el VAR estuvo Hernández Hernández.

Encuentro bastante tranquilo en la primera mitad, con pocas interrupciones y parones. Las primeras faltas fueron locales con un par de entradas de Casemiro y Ceballos a De Tomás y Melendo respectivamente. La más clara, sin embargo, fue una obstrucción de Cabrera sobre Asensio en el pico del área grande que se dejó sin señalizar en el 30'. La única amarilla tuvo como destinatario Mariano al golpear con el antebrazo a Cabrera en un salto en el 42'. Justa.

El segundo acto se inició con otra amarilla para los blancos, en este caso a Casemiro por una dura entrada a Raúl de Tomás en el 46'. Diez minutos más tarde, algunos visitantes reclamaron penalti sobre Aleix Vidal pero el catalán salta y al caer de forma fortuita choca con el pie de Casemiro. La última jugada reseñable fue el gol anulado a Isco en el 73'. Rodrygo en fuera de juego influye en la visión de Diego López y por eso llamó Hernández Hernández al jienense para que lo viese en el monitor. La decisión fue la adecuada.

Munuera Montero, BIEN.

 

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Courtois: 6. Resolvió bien su trabajo.

Lucas: 5. Hizo un partido regular, pero sin errores importantes.

Vallejo: 6. Mejor de lo esperado dado sus pocos minutos en la temporada.

Casemiro: 6. Buenos 60 minutos para rodarse.

Marcelo: 6. Jugador con más títulos de la historia del Madrid.

Camavinga: 9. Es un espectáculo. Su final de temporada invita a soñar con un jugador grande.

Modric: 6,5. Calidad a raudales. Jugó de mediapunta durante la hora que estuvo en el campo.

Ceballos: 9. Exhibición de talento y esfuerzo.

Asensio: 7. Metió un gran gol.

Rodrygo: 9. Dos golazos para un jugador que acaba la temporada en plena explosión.

Mariano: 6,5. Gozó de ocasiones y fue importante en el segundo gol.

Kroos: 5,5. Sin demasiado tiempo relevante.

Isco: 7. Estuvo bien en las veces que intervino.

Benzema: 7. Gol y asistencia aunque se anulara el gol.

Gila: sin tiempo relevante.

Vinicius: 6. Se va con otra asistencia.

Ancelotti: 7. Planteamiento y cambios lógicos.

 

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Pese a que la ocasión pudiera invitar a alinear a los mejores, Ancelotti, con buen criterio, eligió un equipo mixto entre titulares y suplentes poniendo un ojo en la final del miércoles ante el Manchester City. Lo más delicado era elegir la pareja de centrales teniendo en cuenta las bajas de Militao, Alaba y Nacho. El técnico italiano optó por Vallejo y Casemiro, que salía de una lesión.

El comienzo de partido dejó dos ocasiones muy claras para Mariano. En la primera necesitó demasiado tiempo para armar el tiro tras el pase de Camavinga. En la segunda su cabezazo se marchó al palo cuando el público del Bernabéu ya cantaba el gol. Antes de esta segunda ocasión, el Espanyol había disfrutado de un par de tímidas llegadas. En el minuto 21 un maravilloso centro de Modric puso de nuevo a Mariano frente al gol, pero su remate de cabeza se marchó desviado por poco.

El Madrid buscaba el gol y el Espanyol lo intentaba también por su parte, aunque sin volcarse. Camavinga y Ceballos iban imponiendo su dominio en el centro del campo y Modric ponía la guinda diferencial. En el 32’ una buena combinación por la izquierda desembocó en Rodrygo. El brasileño estuvo magnífico generándose el espacio para chutar con la derecha y sellar el 1-0.

Rodrygo gol

Casi sin solución de continuidad, Mariano robó un balón en el 42 y Rodrygo con enorme maestría engañó a Diego López y le batió por el primer palo. El brasileño está acabando de manera espectacular la temporada y desde la izquierda exhibe más capacidad de llegar al gol. Muy poco después Rodrygo trató de regalar dos asistencias, primero a Asensio y por último un Marcelo, que disparó desviado con la derecha. Así se llegó al descanso.

De vuelta en la segunda parte, Mariano, en un desvío, le dio un susto a Courtois. Por suerte el balón se marchó por encima del larguero. En el minuto 55, tras un acercamiento del Espanyol, llegó el 3-0 de Asensio con la derecha. La conducción y asistencia de Camavinga definen a un jugador con una proyección que asusta. La definición de Asensio fue magnífica.

En el 59’ Modric, Mariano y Casemiro dejaron su sitio a Kroos, Isco y Benzema. Camavinga pasó al puesto de central. Ceballos estaba dando una exhibición de calidad y sacrificio. Tras su enésima jugada meritoria, el balón le llegó a Isco que filtró un gran balón a Lucas. Su disparo se fue desviado por poco. En el minuto siguiente Benzema le devolvió un balón a Isco para que pudiese marcar su gol. El VAR avisó al árbitro ya que Rodrygo, en posición de fuera de juego, molestó a Diego López. A continuación entraron Gila y Vinicius por Camavinga y Rodrygo.

En el minuto 80, la mejor sociedad de la Liga hizo su aparición: asistencia de Vinicius y gol de Benzema. Ellos han marcado las diferencias en una Liga muy merecida. Así terminó un partido y un campeonato en el que nadie podrá discutir la justicia del título.

 

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Aunque parezca mentira, el Real Madrid femenino cerrará en mayo su segunda temporada oficial. El año de la consolidación, marcado por un verano de fichajes ilusionantes, por la clasificación europea y por el resbalón en el inicio de liga, se ha consumido en un abrir y cerrar de ojos. ¿Acaso hay mejor forma de confirmar que el equipo está ya sumido por completo en la dinámica irrefrenable de la máxima exigencia propia del deporte profesional?

Por primera vez, las futbolistas blancas han tenido que lidiar con la sensación de asfixia que acompaña a la disputa de tres competiciones; y, en paralelo, cada aficionado debe haber sentido el vértigo de saber que en ningún momento puede levantarse el pie del acelerador. Ni siquiera todavía. Con el mes de abril ya en el retrovisor y las piernas entumecidas, aún quedan metros en la recta de meta: la clasificación para la Champions se decidirá en las últimas tres jornadas ligueras y el título de Copa de la Reina se resolverá entre los cuatro equipos que siguen en pie.

Bajo cualquier otro escudo, el equipo de Alberto Toril afrontaría las próximas cuatro semanas sin presión, sabedor de que su plantilla ha vuelto a superar las expectativas en un año crítico tras el rotundo éxito del curso anterior. Sin embargo, el Madrid sólo entiende su existencia como el saltador de altura que sube palmo a palmo su listón. Y en esa tesitura, la estabilización del Real Madrid femenino entre los tres mejores equipos de España es ya obligación y no opción.

Una de las grandes noticias que deja la temporada del equipo femenino: las señas de identidad propias del Madrid comienzan a brotar

En ese contexto ha de encuadrarse el agónico mes de abril firmado por las blancas. El clásico petardazo —tan intrínseco al Real— cayendo con rotundidad ante el Sporting de Huelva cuando menos se espera, las victorias por la mínima frente a Alavés y Rayo y, finalmente, la remontada de genio contra el Levante en los cuartos de Copa. En lo bueno y en lo malo, es una hoja de ruta familiar para cualquier madridista… y quizás esa sea una de las grandes noticias que deja la temporada del equipo femenino: las señas de identidad propias del Madrid comienzan a brotar.

Así, en los treinta y un días de mayo lo que aguarda es puerta grande o enfermería. En la final a cuatro de la Copa de la Reina el cartel reúne a Sporting, Granadilla Tenerife y FC Barcelona. Será la última competición viva del año, y todo quedará determinado por el lugar que el sorteo asigne en el cuadro a las blaugranas. Si el Real aterriza en el torneo con el billete europeo en el bolsillo, la Copa sabrá a postre de celebración que bien puede ser probado sin casi nada que perder. Antes de afrontar ese escenario, eso sí, queda un mundo: el que comprende las jornadas 28, 29 y 30 de Primera Iberdrola.

El Real Madrid femenino

Con nueve puntos por repartir, Atlético de Madrid, Granadilla Tenerife y Real Madrid mantienen un triple empate a 53 en el que sólo un equipo accederá al tercer escalón de la tabla. Si buscamos un titular con el que resolver el entuerto, basta el siguiente: el empate favorece al Atlético por diferencia de goles, pero el calendario sonríe al Madrid. El principal hueso para las blancas será recibir al Madrid CFF (11º) en casa antes de viajar a Valencia (12º) y cerrar la competición en Valdebebas frente al Villarreal (14º). Por su parte, el Granadilla jugará en casa ante Alavés (10º) y Real Sociedad (2º) para terminar en el feudo del Levante (6º). Finalmente, el Atleti tendrá que defender su posición de privilegio provisional viajando también a Buñol para jugar contra el Levante antes de recibir al Eibar (15º). El colofón será un posible último partido a vida o muerte en casa del imbatido Barcelona (1º).

Con toda probabilidad, será necesario esperar al pitido final de la última jornada agrupada de liga pasa conocer si el Real Madrid repetirá su hazaña europea por segundo año consecutivo. Las madridistas tendrán que seguir remando hasta entonces, aunque a estas alturas ellas mismas son conscientes de algo capital: el «Hasta el final, vamos Real» no les es ajeno.

 

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Buenos días, amigos galernautas. Fueron Horizontes Lejanos, pero tal día como hoy el tam tam está cerca. Son tambores de alirón.

Esta tarde en horario infantil —para que Jota Jordi y David Bernabéu puedan disfrutar de la fiesta antes del cuento y el chupete— el Real Madrid recibe al Español en el Bernabéu a un punto del campeonato. Quién nos lo iba a decir.

La cábala culé había hecho sus números diabólicos, trazado su pentagrama infernal y proferido sus satánicas profecías. Tanto es así que el 17 de abril con 2-0 a favor del Sevilla de la plañidera de Lopetegui en el Pizjuán se hacían cuentas aquí y allá para situar al Barcelona a seis puntos del Real para un dramático esprint final por la Liga. La Xavineta volaba, sembraba el terror desarbolaba rivales y trencillas.

La Xavineta iba como un tiro.

Como un Rayo (Vallecano) concretamente.

Resulta por tanto alucinante que tal día como hoy estemos en disposición de sobreponernos a dos rictus mortis consecutivos en el Viejo Continente, un par de emboscadas ligueras en plazas donde nos sentimos tan queridos como son Pamplona y Sevilla, y al atropello de la Xavineta desenfrenada para cantar el alirón con nuestra afición en nuestra casa.

Portada Marca

Nos gusta el toque naval de la primera plana de Marca en tanto que nos recuerda que el Madrid no viaja en Xavineta por la comarcal 3 dirección Cornellá. No. El Madrid de los vikingos viaja en drakkar asolando las costas de la vieja Europa. Por si no lo sabían, que seguro que sí porque los galernautas son lectores avezados, el término “vikingo” para aludir al merengón procede de un artículo publicado en The Times en la década de los 60 en el que se comparaba al Madrid pentacampéon de Europa con los tiernos vikingos que “arrasaban todo a su paso”.

Sea por tierra, mar o aíre se viene la 35 y motivos para celebrarla por todo lo alto tenemos todos. Para empezar, como apunta el propio Marca, porque no se celebra un alirón en Bernabéu desde 2007 con el centurión Capello en el banquillo blanco. Para continuar porque una catarsis festiva colectiva, antesala de la busiana del miércoles, es terapia ideal para cargar nuestras baterías de la épica necesaria para recibir a los Pep´s Men como se merecen. Y para rematar porque estamos hartos de pandemias y de ser los únicos parguelas que nos quedamos en casa el día que Zizou nos regaló la Liga del Coronavirus. Dicho sea de paso, en el alirón del año pasado de nuestros adorados vecinos, por el contrario, a Savic le faltó chupar una barandilla de Wuhan.

Portada As

Aunque ver por ahí a la Diosa Cibeles lo arregla todo, la portada de As nos gusta algo menos. Su referencia a los suplentes nos chirría. Son las plantillas, madridista en este caso, las que ganan los campeonatos. Será la Liga de Bale también, otro habitual inquilino del banquillo, del que está todo el mundo tristemente tan aburrido que hasta los muchachos de As no han aprovechado la ocasión para hacer carnaza con el Expreso de Cardiff que, todo hay que decirlo, hasta descarrilado corre más que la Xavineta.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Cuando llega por tanto la hora de portanalizar la prensa deportiva de allí arriba a la derecha nos encontramos con un revival del entrañable “¿Dónde está Wally?” que por cierto parecía un colchonero perdido en un museo.

En Sport y en el diario de Godó, grande de España, Wally es el alirón blanco y no hay quien lo encuentre sin las gafas de cerca, en el caso de Mundo Deportivo, o la lupa de Sherlock Holmes, en el caso del periódico que capitanea Mascaró.  La 35 se viene en todo caso.

Elemental.

Mención aparte merece la renovación de Ronald Araujo ayer por el Barcelona, vendida por el club y saludada unánimemente por los medios de comunicación, como el jugador número 179 procedente de la Masía que se afianza en el primer equipo.

¿Es realmente Ronald Araujo futbolista de la Masía? Podría serlo.

Concretamente de la Masía de Boston River de Montevideo que es de donde los ficharon.

Así son las “lágrimas de culé” que cacarea emotivo cual tatuaje de JJ la portada de Sport.

Lágrimas, sí, pero de risa.

Y esperemos que de alegría desbordada esta tarde primaveral de alirón en Madrid en el lado bueno del Manzanares.

Discúlpennos que es que aún no sabemos muy bien aún donde queda el Wanda Panda.

¡Hala Madrid!

Buenos días. El Real Madrid está a un paso de proclamarse campeón de Liga. Le basta un empate ante el Espanyol, mañana a las 16:15, para cantar el alirón. Si no hubiera suerte, hay otras cuatro bolas de partido. La sensación es de escasa urgencia, en el convencimiento de que si no fuese mañana sería en el Wanda, lo que (no nos engañemos) tiene también su encanto.

Existe un consenso respecto a la obligatoriedad de rotar, en el afán de minimizar riesgos de cara al trascendente partido de vuelta ante el City del próximo miércoles. Cómo lo estamos pasando, amigos. ¿Quién lo habría previsto? Ni los más optimistas del lugar -que en este caso es el cosmos todo porque el Madrid contagia de rock'n'roll todo el universo- podían haber previsto un final de temporada tan homérico. Con la Supercopa en un bolsillo (abulta poco pero cuenta), con la Liga casi en el otro, las miras están puestas en esa Champions que con este plantilla se antojaba inalcanzable para muchos a comienzos de temporada.

Sin embargo, la sensación es que esta Liga, a apenas horas de su muy probable conclusión, no importa a casi nadie. O no se le da mérito o no sabemos qué pasa. Parte de culpa puede estar en el propio madridismo sociológico, que parece tan concienciado en la idea de eliminar al City, tan obstinado en la XIV, que parece pasar por alto la heroicidad de vencer al rubialato, al tebaslato y a infortunios con nombre propio (Hazard) para conquistar el segundo campeonato de la regularidad de los tres que se han disputado tras el estallido de la pandemia -el de en medio también se habría ganado de no haber sido, precisamente, por el rubialato-tebaslato-roureslato-. Un campeonato marcado por un dominio del Madrid que no se veía desde la Quinta del Buitre, con 15 puntos de ventaja sobre el segundo a falta de 5 partidos y habiendo liderado la tabla en 32 de las 33 jornadas disputadas hasta el momento.

Las portadas del día también pasan del tema, y no podemos negar que no entendemos por qué. Parece una Liga fantasma. Una cosa es que el campeonato local palidezca al lado de la Orejona (somos los primeros en reconocer que una Champions vale por cuatro o cinco Ligas) y otra que a treinta y tantas horas del partido que puede hacer al Madrid campeón nacional nadie preste atención a esto. Juegue Modric o juegue Ceballos, juegue Militao o juegue Mario Gila, es el Real Madrid quien antes de que caiga la noche de mañana sábado puede rubricar la más brillante de sus ligas nacionales desde tiempo inmemorial. Modric puede renovar (nos alegramos muchísimo, por supuesto), Rüdiger parece que viene (excelente fichaje), el Camp Nou empezará su reforma cuatro o cinco siglos después de la del Bernabéu (y con dudas de viabilidad financiera) y Koeman ha puesto a parir a Laporta. Muy bien.

Pero y del inminente (si Dios quiere) campeón, ¿qué decimos?

Pasad un buen día.

Qué cosas tan raras tiene el fútbol. Nunca antes había salido tan entusiasmado de un partido habiéndolo perdido. No olvidemos que esta fue la temporada en que no vino Mbappé, que fue el cien por cien de la esperanza merengue en la planificación del curso deportivo. Sin grandes refuerzos y con una plantilla que aún cojea, nadie podía imaginar hace unos meses que llegaríamos a mayo de 2022 con la gloria tan cerca de los dedos. Pase lo que pase en las próximas semanas, el Real Madrid de esta temporada ha sido más el Real Madrid que nunca. Orgullo, valor, honor y talento.

No se ha conseguido por el acierto de un solo jugador, por más que haya varios a un nivel excepcional, sino por el efecto de la magia conjunta de vestir esta camiseta, que estira el arte y ensancha el ansia de victoria de todos los miembros de la plantilla. Casi todo lo grande que hemos alcanzado este año lo hemos logrado después de recibir golpes que habrían tumbado a cualquier otro equipo del mundo.

Karim Benzema City

Habrá quien diga que los rivales nos han puesto fácil la Liga, y no puedo estar más en desacuerdo. Las crisis de los equipos nunca responden a una única causa, y nunca esa causa está exclusivamente en su interior. La crisis del Barcelona también la provoca ver a un Madrid capaz de reinventarse, de resucitar mil veces por partido, de encontrar soluciones a los infinitos obstáculos con los que ha tropezado durante el trayecto. Es la actitud, la lucha, y no solo la victoria, lo que desalienta a los rivales.

La Champions está siendo un buen ejemplo, tras habernos quitado de en medio a gran parte de nuestros principales competidores con una mezcla de esfuerzo, talento y fe en el equipo. Y no es algo genérico: que tiene nombre y apellidos, que ha sido Benzemá, que ha sido Modric, que han sido los capitanes del equipo los primeros que pusieron toda la carne en el asador en partidos que parecían diseñados para la derrota. Y eso ha arrastrado incluso a jugadores más inexpertos, o de calidad discutible para jugar en el Real Madrid, a ofrecer algo más que su mejor versión. Un futbolista no puede comprar el talento, pero sí puede ensanchar hasta el infinito el esfuerzo, el ansia de victoria, el amor al escudo, y la pasión por cumplir con fidelidad los planes que el entrador ha preparado.

el espectacular momento de inspiración de Benzema, de Vini Jr. y de Modric es más que suficiente para derrotar a cualquiera. Pero aún así, como amantes del Real Madrid, como amantes del fútbol, debemos estar ya hoy satisfechos y agradecidos por el espectáculo que los nuestros están brindándonos este año.

En este punto, con sus aciertos y errores, hay que felicitar a Carletto por todo lo que ha logrado sacar de una plantilla que a comienzos de temporada era un mar de dudas. Nadie crea que estoy festejando haber llegado a semifinales como si fuera ese nuestro objetivo, lo que me mueve a este aplauso sincero al equipo es la actitud, que se puso de manifiesto como nunca el pasado martes contra el City, donde los nuestros actuaron como boxeadores enloquecidos de talento, golpeando siempre en los momentos en que estaban más noqueados y regalándonos también la felicidad de ver a Pep desesperarse en la banda que, dicho sea de paso, siempre es un orgullo y una satisfacción.

Por lo demás, no me agrada tener que confiarlo todo otra vez al efecto esotérico del Santiago Bernabéu. Pero la realidad es que el empuje de todos, la comunión de todas las gargantas del madridismo, será necesario para doblegar a un buen City que, por otra parte, defiende horriblemente mal, casi tan mal como nosotros el martes; la diferencia es que el Real Madrid ha demostrado en la temporada varias veces que puede hacerlo mucho mejor atrás.

Podemos pasar a la final. Podemos culminar la larga gesta de esta temporada por todo lo alto. Es más, debemos hacerlo. Y tenemos las herramientas para conseguirlo, porque el espectacular momento de inspiración de Benzemá, de Vini Jr. y de Modric es más que suficiente para derrotar a cualquiera. Pero aún así, como amantes del Real Madrid, como amantes del fútbol, debemos estar ya hoy satisfechos y agradecidos por el espectáculo que los nuestros están brindándonos este año. El martes pasado, más allá de la derrota, el Real Madrid resumió en tres zarpazos de genialidad lo que significa vestir la camiseta del mejor club del mundo.

Carlo Ancelotti tiene que seguir en el Real Madrid la temporada que viene. Salvo que la Sociedad Española de Cardiología aconseje lo contrario, el italiano se ha ganado a pulso el derecho de sentarse en el banquillo del nuevo Santiago Bernabéu. Hay razones de peso para que así sea, más allá de la crítica extendida de forma viral de que con Ancelotti siempre juegan los mismos. Se auguraba que esa dinámica iba a provocar un desplome del equipo en el tramo final de la temporada. Nada de eso ha sucedido. Todo lo contrario.

El Madrid ganó la Supercopa de España en enero y ya por entonces, en medio de los fríos del invierno, los ‘entendidos’ avisaron de la primavera trágica que se intuía ya en el horizonte. Tres meses después, el Madrid va a ganar la Liga con autoridad incontestable. Está por ver aún la cosecha final de puntos de ventaja, pero es indudable que Atlético de Madrid, actual campeón y FC Barcelona, hace tiempo que ven a los de Ancelotti en la distancia. Mucha distancia. Ganar la Liga es un éxito. Sobre ese extremo albergo pocas dudas.

Ancelotti duda

Cuando empieza una temporada, la leyenda del Madrid obliga al club a ganar la Liga y competir hasta el final en la Copa de Europa, donde el club construyó la fama que le hace ser la entidad deportiva, posiblemente, más admirada del mundo. Competir bien, pelear por los títulos en juego es el mínimo exigible, pero a diferencia de otros clubes, en el Madrid, esa realidad, por sí sola no vale. En el Madrid hay que competir….y ganar.

Y eso es precisamente lo que ha hecho este año Carlo Ancelotti. El Madrid va a ganar la Liga, va a sumar su entorchado número 35 y la va a ganar con una autoridad enorme, pasando por encima de sus rivales. Pero es que, además, ha levantado la Supercopa, que es evidente que es un torneo menor, pero en la que, si participas, tienes la obligación de ganar. En todo caso, es una guinda al año.

con Ancelotti siempre juegan los mismos. Se auguraba que esa dinámica iba a provocar un desplome del equipo en el tramo final de la temporada. Nada de eso ha sucedido. Todo lo contrario.

Además, en la Copa de Europa, donde los focos del planeta fútbol se centran en el Real Madrid, el Madrid está firmando una temporada excepcional: está a las puertas de la final tras haber eliminado al Paris Saint Germain y el Chelsea, vigente campeón de Europa, además de eliminar en la fase de grupos al Inter de Milán, un viejo conocido con el que se han compartido mil duelos a lo largo de la historia.

Pero, si todo eso fuera poco, el equipo de Don Carlo ha logrado el más difícil todavía: recuperar el espíritu ochentero del Miedo Escénico protagonizando unas remontadas memorables ante rivales sobre el papel con mejores planteles y mucha más capacidad financiera, como eran el PSG y el Chelsea. Y está por ver lo que sucede con el Manchester City, otro Club-Estado.

Hacer una temporada así no es fruto de la casualidad. Ancelotti ha movido las piezas que tenía a su disposición con maestría. Muchos hablarán del borrón, gran borrón, del 0-4 del FC Barcelona pero, cuando un equipo hace una temporada como la que está haciendo esta plantilla, eso es totalmente secundario.

Por cierto, todo lo ha conseguido sin alzar la voz, sin apenas fichajes, recuperando jugadores que querían ser recuperados y con un ambiente de jóvenes con ambición y veteranos comprometidos que se transmite a la afición. De ahí la comunión, y la vuelta del Miedo Escénico y los títulos.

Si, cuando un equipo no funciona, la culpa es del entrenador, cuando sucede todo lo contrario la ‘culpa’ también es del entrenador. Por todo ello, Carlo Ancelotti se merece seguir la temporada que viene. Se ha ganado a pulso ser el técnico en estos nuevos y emocionantes tiempos que se avecinan para la entidad.

Dinojunta, DinoCarlo, Dinogol

 

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