Las mejores firmas madridistas del planeta

Karim Benzema cumplió 35 años el pasado 19 de diciembre y se autorregaló su despedida como jugador de la selección nacional francesa.

Una decisión, sin duda, más que meditada y cuyo anuncio no fue casual, ya que se produjo, a través de sus redes sociales, apenas veinte horas después de la derrota de su selección en el infame mundial de Qatar.

Acaso se olía (o tenía convicción) Benzema que Didier Deschamps iba a seguir como seleccionador galo, tapando una vez más la posible llegada al puesto de Zinedine Zidane; acaso puede que también su nivel de hartura o hartazgo sobre su figura en torno al equipo del gallo ya habría sobrepasado cualquier límite aceptable para él.

Extraño caso el de Karim con su selección, sobre todo comparándolo con su impecable trayectoria en el Real Madrid, donde ha disputado 617 partidos, anotando 329 goles y regalando 160 asistencias, con cero polémicas en trece temporadas y media (apenas seis tarjetas amarillas, una cada dos temporadas, y sin haber sido expulsado jamás, tampoco en el Olympique de Lyon ni en su selección nacional).

Precisamente, nada más producirse el parón de la Liga por el mundial de Qatar, Benzema se dio un baño de masas en el estadio Parc OIympique Lyonnais (o Groupama Stadium), de Lyon, totalmente abarrotado, ofreciendo al público del club de sus inicios (y de su población de origen) su reciente Ballon d’Or conquistado por goleada unas semanas antes.

Se da la enorme paradoja que hay entre la adoración que le profesan en Lyon y en muchos rincones de Francia, siendo el ídolo de cientos de miles de jóvenes de origen magrebí o del resto del continente africano, y su siempre polémica presencia en la selección de Francia, empezando por su no inclusión por parte de Raymond Domenech en la lista definitiva que fue en 2010 a Sudáfrica, supuestamente por su mediocre rendimiento en su primera temporada como jugador del Real Madrid (intervino en treinta y tres partidos, anotando nueve goles y seis asistencias), y eso a pesar de haber debutado en la absoluta en 2007, a sus diecinueve años, y tras haber preferido jugar con Francia antes que con la selección argelina, origen de sus padres.

La historia de Karim como “bleu” nunca fue demasiado exitosa. Sus pasos por las Eurocopas de 2008 y 2012 (en esta última, ya a las órdenes de Laurent Blanc) fueron sin pena ni gloria, y en 2014, recién proclamado campeón de Europa con el Madrid, Deschamps lo incorporó a la lista de los veintitrés elegidos para el Mundial de Brasil como una de las figuras estelares de su selección. Allí fue sin duda uno de los mejores, con tres goles marcados en cinco partidos, que llevaron a Francia hasta los cuartos de final, en donde la Alemania liderada por Toni Kroos dio buena cuenta de los galos.

Ya por entonces era el delantero centro indiscutible del cuadro merengue, tras haber superado, siempre sin rechistar y sin un solo reproche ni una sola mueca, la competencia con el Pipa Higuaín (con algún episodio célebre como el de la comparación que hizo Mourinho de Karim con un gato, apodo en su origen despectivo, pero que ya hoy en día está plenamente aceptado y adoptado por el propio Benzema), y con temporadas más que notables, con cincuenta partidos y unos veinticinco goles de promedio (con un máximo de treinta y dos tantos en la inolvidable temporada de los récords, la 2011-2012), además de haberse convertido en un impagable socio de Cristiano Ronaldo, que ya se hinchaba a marcar goles gracias en buena parte al trabajo y a la magia de Karim.

Cristiano Ronaldo Benzema Real Madrid Liverpool

Hasta el mes de diciembre de 2015, todo sonreía para Benzema en su selección, ya que con veintiocho años ya había jugado en ochenta y una ocasiones en ella, con veintisiete goles aportados más dieciocho asistencias, cifras algo inferiores a las que accedía vestido de blanco, pero bastante notables, jugando en punta muchas veces junto a Griezmann y a Giroud. El 11 de dicho mes, Benzema fue oficialmente apartado de la selección por el llamado “affaire Valbuena”, hasta que el juez decidiera su resolución.

A partir de ese momento, hubo una auténtica cacería mediática por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”.

Debieron de ser aquellos unos momentos muy duros para el francés, que, no obstante, y de forma inmediata, recibió por parte del Real Madrid (a base de comunicados oficiales y en las redes sociales), un apoyo incondicional. Benzema, al menos de puertas afuera, jamás se quejó ni se lamentó por aquellos feroces ataques desde el mismo centro del establishment de la República Francesa.

Se centró más que nunca en su equipo y, con la ayuda inestimable de Zinedine Zidane entre otros, pudo jugar y entrenar única y exclusivamente para el club que le pagaba: fueron los años inolvidables de las tres Champions logradas consecutivamente. Lo cierto es que bajó algo su producción en forma de goles y asistencias (en particular, en su año valle 2017-2018, donde fue muy criticado al aportar tan solo doce goles y once asistencias, si bien, por ejemplo, fue decisivo en los dos partidos de semifinales ante el Bayern o abriendo el marcador en Kiev ante el Liverpool, en el partido que supuso traer la Decimotercera), con respecto a temporadas anteriores. Todavía, durante ese trienio glorioso, y en particular en la 2016-2017, Benzema tuvo que aguantar muchas tardes en el Bernabéu de silbidos, de murmullos y run-run, con cientos de piperos reclamando la titularidad de Álvaro Morata (uno de los líderes de aquella famosa “segunda unidad” de Zidane) en lugar del galo. Como siempre, Benzema contestó con su silencio, con su trabajo y jamás se le vio una sola mala cara ni un gesto de tristeza ni de desdén.

hubo una auténtica cacería  por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”

El tren de la selección había partido de la estación, y Karim se perdió, mientras tanto, la Eurocopa de 2016, disputada en Francia (en la que los anfitriones perdieron la final ante la Portugal de Cristiano), y, sobre todo, el Mundial de Rusia 2018, en el que sin duda Didier Deschamps pudo sacar pecho al ganar la Copa del Mundo, con una selección de titanes físicos (Pogba, Kanté, Matuidi) y con Griezmann y Mbappé como matadores. Deschamps y muchos medios franceses presumieron de no haber tenido que volver a llamar a Benzema, por aquel entonces ya cuádruple campeón de Europa de clubes (más que ningún francés, tan solo empatado con Varane), y titular indiscutible en las 4 ocasiones. Es más, sacaron pecho por haber logrado su segunda estrella mundial con Olivier Giroud de titular, un ariete que no marcó ni un solo gol en tierras rusas.

Llegó el final terrible de la primavera de 2018 para el madridismo, con los adioses dolorosos de Cristiano, en primer lugar, y de Zidane, unos días más tarde. Todo el mundo pensaba que llegaba por fin el momento de que Gareth Bale tomase el liderato del grupo, habiendo estado a la sombra (con grandes cifras y, sobre todo, actuaciones memorables en partidos decisivos) de CR7 durante cinco años. Todos sabemos que no fue así. Y, aunque la temporada 2018-2019 fue quizás la peor que recuerdan los madridistas en décadas, fue Karim Benzema el que dio un paso al frente, y acabó con cifras de sus mejores momentos, logrando treinta goles en cincuenta y tres partidos, que contribuyeron enormemente a que el descarrilamiento del equipo no fuese de aúpa, y al menos se pudo garantizar la tercera plaza en la competición liguera, tras sendas debacles en Copa del Rey ante el Barcelona y, sobre todo, ante el Ajax en Copa de Europa.

Desde entonces, el fútbol y el liderato en el campo han sido los dominios de Benzema, cuya contribución en “la liga de la pandemia” fue decisiva, hasta la increíble temporada 2021-2022, con la enormidad de haber anotado cuarenta goles en cuarenta y seis partidos, aderezados con sus quince valiosas asistencias. El Balón de Oro más merecido en años se lo entregaron en octubre, hace un par de meses.

Pero antes, en mayo de 2021, había obtenido el perdón de las autoridades futbolísticas francesas. Seguramente, Le Graët y Deschamps, pese a que Benzema fue reconocido culpable de complicidad en el caso Valbuena, pensaron que las cifras de Benzema en el Madrid, su talento inconmensurable y su capacidad de liderazgo iban a ser muy necesarios para afrontar la Eurocopa de 2021 (ya que en 2020 no se pudo disputar por el COVID). Convocatoria pues, cinco años y medio después, cuando la mayoría de los madridistas habíamos podido disfrutar en exclusiva (y con los descansos correspondientes en los malditos “parones de selecciones”) del fútbol de Karim, que vivía una segunda juventud a sus treinta y tres años largos, lejos de los deterioros físicos de futbolistas contemporáneos, que acumulaban temporadas de sesenta partidos por su participación también con sus selecciones.

Pareció entonces que Benzema volvía a conseguir el cariño de casi todos los franceses (una buena parte de ellos siempre le dio la espalda, por motivos políticos, sociológicos, raciales o, simplemente, por no tararear “La Marsellesa” al principio de los partidos) por su actuación en la Eurocopa 2021, en la que fue con diferencia el mejor de los suyos (con sendos dobletes ante Portugal y ante Suiza), pero cuya actuación no fue suficiente, ya que Francia cayó por penaltis ante los helvéticos, en octavos de final. Meses después, volvió a ser la figura indiscutible durante la Nations League, en la que por fin consiguió un título de selecciones, con goles decisivos ante Bélgica en semifinal y ante España en la final.

Benzema y Mbappé con Francia

Fueron meses en los que diarios como L’Equipe empezaron a sacar pecho por él, reconociendo su inmensa calidad y relamiéndose de cara al mundial de Qatar 2022. En varias encuestas de entonces, su presencia en l’Equipe de France se votaba con una enorme aceptación mayoritaria. Además, se percibía una enorme complicidad y cariño entre Benzema y Mbappé, posiblemente los dos2 mejores jugadores del mundo a finales de 2021.

No se sabe cómo empezó a romperse de nuevo el idilio entre Benzema y su selección nacional. Puede que hubiese un ataque de celos por parte de Mbappé cuando el Real Madrid pasó por encima del PSG en el estadio Santiago Bernabéu en el mes de marzo de 2022, lo que supuso el punto final de los parisinos en su camino hacia la Copa de Europa, que jamás han conseguido. Mbappé hizo de todo, y todo bien, en la eliminatoria ante el Madrid, tanto en el Parque de los Príncipes como en el Bernabéu y, sin embargo (como en la reciente final de la Copa del Mundo en Qatar, ante Argentina), quedó fuera de la competición.

También puede que se rompiese algo entre la pareja Karim-Kylian una semana antes de la final de la Champions, el 21 de mayo, cuando Mbappé anunció su renovación por el PSG, traicionando al Real Madrid, faltando a su palabra con Florentino Pérez. Puede que Benzema se sintiese dolido incluso en mayor medida que la mayoría del madridismo, por la particular relación de amistad que había entre ambos jugadores.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse

También se dice que, cuando se incorporó Karim a su selección, tras conquistar la Decimocuarta en Saint Denis, Deschamps pidió al resto de seleccionados un aplauso para el lionés y – según se ve claramente en un vídeo redifundido recientemente – el capitán Hugo Lloris y el colchonero Antoine Griezmann, ambos pesos pesados del vestuario bleu, pusieron “caritas”, mostrando poco respeto y aún menos ganas de felicitar al quíntuple ganador de la Champions.

Más cosas sucedieron después del verano. Pese a que Benzema iba a ser teóricamente indiscutible titular en Qatar, se dice – y conociendo al personajillo mediocre de Deschamps, es más que probable – que el seleccionador francés se molestó (o se rebotó, o se rebrincó) porque Benzema no se acordó de él a la hora de recibir el Balón de Oro en París, en el mes de octubre. Es creíble, dada la catadura moral del elemento en cuestión. Todos sabemos que el Balón de Oro fue conquistado en un 99% por los méritos adquiridos vistiendo la elástica merengue.

Karim padeció varias lesiones durante los meses de septiembre y de octubre, sufriendo incluso críticas de bastantes madridistas (que sin duda no recordaban el absoluto e innegable compromiso con su club en todas las ocasiones durante más de trece años, y su dedo meñique derecho semi destrozado da buena fe de ello) porque pensaban que se estaba reservando única y exclusivamente para lo de Qatar.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse.

Tan solo faltaba encontrar una pequeña excusa, un ligero motivo para “limpiar” a Benzema de la concentración. Y el día llegó: unas molestias de Karim, una microrrotura, un diagnóstico quién sabe si precipitado por parte del médico francés, Frank Le Gall. Muy grave desde luego no debía de ser ya que, como se ha visto posteriormente, nuestro ariete al cabo de pocos días entrenaba con cierta normalidad, e incluso jugó un amistoso contra el Leganés, mientras su selección aún no había jugado los cuartos de final ante Inglaterra.

Las respuestas agrias, ácidas y con su particular punto de “mala uva” francesa (recuerden que este autor es medio francés, y sabe de lo que habla) de Deschamps, antes y después de la semifinal ante Marruecos, y antes de la final contra Argentina, no dejaban lugar a ninguna duda: mostrando cero cariño, cero empatía, cero ganas de volver al asunto, y con ninguna intención de dar explicaciones. Frialdad absoluta, glacial, que recordaba, como una gota de agua se parece a otra, a sus discursos de finales de 2015, cuando Deschamps, apoyado por el capo de la FFF, Le Graët, decidieron enviar al destierro absoluto a Karim Benzema, tal y como hizo el faraón Seti I con Moisés en la película de Cecil B. de Mille.

La grandeur francesa quiso maquillar estos sucesivos desplantes y estas faltas absolutas de educación: Macron lo quiso llevar en su avión presidencial para presenciar la final, junto a glorias del pasado o jugadores descartados por estar lesionados, como Pogba y Kanté. La FFF hizo gestiones al respecto para convencer a nuestro Balón de Oro. La prensa española publicó que el Real Madrid, como no podía ser de otra forma, le daba permiso a su capitán para volar a Doha.

Florentino Benzema

Pero ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé.

Y entonces Benzema dijo que no. Que ya bastaba este juego. Y le dijo que no al propio Emmanuel Macron, sí, a aquel mismo que en el mes de mayo pasado estuvo llamando sin parar a Mbappé para que se quedara en el PSG, para que rompiera su palabra, para que destrozase su propio sueño de niño, y todo, supuestamente por “el bien de Francia”. Macron que, como tantos elementos ligados al gobierno francés, tiene encima de él la sombra de la sospecha por favores concedidos y aceptados del régimen qatarí. Al mismísimo presidente de su país. Le dijo que no, que “no estoy interesado”, como expresó en su Twitter de forma indirecta, pocas horas antes de la final. Que con su pan se lo comieran, en definitiva. Tan solo Tchouaméni y Camavinga, fieles a su capitán y a su club, y Marcus Thuram, tuvieron palabras agradables para Benzema.

ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé

Y, apenas veinte horas después de la debacle francesa, personalizada en un técnico absurdo y ególatra que, incapaz de aceptar críticas, limpió también de su equipo a Benjamin Pavard, el mejor lateral derecho francés con diferencia (aún se está partiendo de la risa el Fideo Di María cuando recuerda el “marcaje” que le hizo Koundé en la final) y que no trajo a un sustituto para Lucas Hernández, lesionado a los diez minutos del primer partido ante Australia (pudiendo haber llamado a Ferland Mendy, por ejemplo, una muralla casi infranqueable en defensa). Se vio que a su hermano Theo los argentinos le hicieron traje tras traje, y no se atrevió a sustituir a Benzema por otro jugador, cuando tenía un absoluto déficit de centrocampistas, como se vio en la final. Apenas veinte horas después, decíamos, del Waterloo de su selección (ayudado, no lo olvidemos, por un sibilino arbitraje del polaco Marciniak, que se comió entre otras cosas un contraataque francés de 3 contra 1 en una decisión impregnada de prevaricación), Karim Benzema dejó de lado su pastel con treinta y cinco velas y envió, vía redes sociales, su particular respuesta a todo ese desbarajuste, a todo ese descalzaperros, quilombo o lupanar: au revoir, les bleus, mi camino con vosotros, bueno o malo, ya está hecho. Hasta aquí hemos llegado. Y allí os quedáis.

Ya se colmó el vaso y rebosó por todas partes. Sin duda, la leve esperanza que tenía de que fuese Zinedine Zidane el próximo seleccionador se diluyó. Y ya no estaba dispuesto a seguir aguantando los caprichos y los desplantes de Deschamps. Se centrará los últimos años de su carrera allá donde le quieren y donde se siento querido, valorado y apreciado. Gran noticia, en definitiva, para el Real Madrid, que dejará de temblar cada vez que aparezca en el horizonte un parón de selecciones. Enorme, Benzema, una vez más. Dignidad, capitanía y talento descomunal. Un Balón de Oro en todos los sentidos. Y lejos de la toxicidad de Deschamps. No se puede pedir más.

 

 

 

 

Empezaré fuerte. Para mí Messi es el mejor jugador de la historia, pero no ahora tras haber ganado un mundial, sino aproximadamente desde que tiene veintiún años. Sigo fuerte: para mí, solo hay otro jugador que haya dominado al resto de jugadores de esa manera, y son los tres primeros años, al primer nivel, de Ronaldo Nazario, es decir, el primero del Barca y los dos primeros en el Inter. Ahí sí vi a Messi, es decir, ahí sí vi a un tío coger la pelota y tener altas probabilidades de meter gol, que es de lo se trata.

Messi era un jugador tan bueno que incluso hacía que valiera el tiki-taka para ganar ligas. Podría ser un sencillo epitafio de su carrera: "Hizo bueno el tiki-taka".

¿Messi al Camp de nou?

El resto es segundo nivel, y esto solo encumbra más a Cristiano y al Real Madrid. Si ambos han sido capaces de encadenar Champions en la era Messi, eso no hace sino acrecentar su inmenso mérito.

Cristiano es un tío al que la biología no le había dado lo que le ha dado a Messi por mucho que se empeñen muchos en intentarnos engañar. Messi juega muy bien al fútbol pero sin ese físico PERFECTO para este deporte quizá hubiera sido Iniesta, Dybala o Griezzman. Messi es el jugador con más arrancada que hemos visto, con capacidad para cambiar de velocidad y de dirección sin que apenas su cuerpo se resienta. 120 minutos al máximo nivel, que puede dar ahora, fue la final del otro día. Nada más y nada menos.

El Madrid es eso, un club eterno que ha sido capaz de superar a sus cuatro adversarios más temibles en los últimos años: Cruyff, Guardiola, Messi y el relato

Que Cristiano haya aguntado la carrera a Messi en goles, por ejemplo, es una cosa que no se puede explicar cuando ves lo que ha tenido Messi alrededor para lograrlo. Pero Cristiano se empeñó en ser eterno y levantarse cada día con la idea preclara de robarle el fuego a los dioses. Lográndolo casi cada día.

A la comparación entre ambos, añadiré que Messi juega más bonito (puede que haya gente que esto le dé igual y es respetable), ha dado más pases, tiene un Mundial, más Ligas y Copas. De Ronaldo diré que se ha probado en las 3tresligas de referencia mundial y que tiene más Champions, que es el torneo más importante de clubes.

Y en cuanto al Real Madrid, pues qué decir del Real Madrid si hemos soportado a Messi y le hemos ganado. El Madrid es eso, un club eterno que ha sido capaz de superar a sus cuatro adversarios más temibles en los últimos años: Cruyff, Guardiola, Messi y el relato.

El Madrid gana con Karanka-Helguera-Iván Campo de centrales, con todo el respeto, el Madrid gana quedando quinto en Liga, el Madrid gana el año que no pudo venir Mbappé, el Madrid gana cuando Messi está en su prime, el Madrid gana aunque Mbappé le meta cinco goles (3 legales), etc, etc, etc.

Si no nos superó Messi, ¿quién nos va a superar?

¿Messi o Florentino? Este es el debate.

 

 

Terminó el Mundial y, mientras llega el esperado retorno del Real Madrid, continuaremos con el juego de la identificación entre los equipos y las películas. En esta ocasión hablaremos del que muchos consideran el género por excelencia. Nos referimos, obviamente, al wéstern, categoría cinematográfica que aúna toda una variedad de elementos: la exploración del territorio, la construcción de la comunidad, el individualismo, la épica, el mito de la frontera... Hay quien dice, de hecho, que cualquier cinta que trate de estos temas ya puede considerarse un wéstern, sin necesidad de que se halle ambientada en el Oeste estadounidense o siquiera cumplir con la iconografía característica. Sin embargo, en La Galerna hemos intentado remitirnos a ejemplos canónicos. Ahí van.

 

ATLÉTICO DE MADRID – BAILANDO CON LOBOS

“Qué extraña es la vida, intento suicidarme y me convierto en un héroe inmortal”

La historia de un teniente del ejército del Norte durante la Guerra de Secesión que empatiza tanto con los indios hasta llegar a pasarse a su bando permite una identificación prácticamente súbita con el Atleti. La tribu que aparece en el film es descrita como moralmente justa y buena, siguiendo el arquetipo roussoniano del buen salvaje; de tan puros y benévolos casi ni hubiera encajado Indi, la mascota colchonera. Dunbar descubre junto a ellos un nuevo sentido vital, alejado del egoísmo, del deseo de conquista y del patriotismo, valores encarnados en los soldados que pasarán de compañeros a enemigos y a los que solo les falta que algún entusiasta guionista rojiblanco les borde el escudo del Madrid en una versión remasterizada. Si uno pega el oído al altavoz, acaso descubra que Kevin Costner está a punto de murmurar el tópico conocido cuando es torturado: “No lo pueden entender”.

Mi escena predilecta, sin embargo, se produce en los primeros momentos de la película. Se trata de la catártica cabalgada a pecho descubierto de Dunbar frente a los confederados, brazos abiertos en espera del consolador abrazo de la muerte. Que una tentativa de suicidio acabe culminando en una motivación guerrera para sus compañeros y en una victoria insospechada es una genialidad que subraya el impredecible componente azaroso de la realidad. Alguien dirá que el episodio se podría haber equiparado más bien a uno de esos arrebatos conmovedores que finalizan en remontada, tan propios del Bernabéu, y tendrá razón. Aunque estaremos de acuerdo en que el hecho de que el premio a una heroicidad consista en un retiro a un fuerte desierto y perdido en la frontera constituye un rasgo perfecto de puro atleticismo.

 

BARCELONA – DJANGO DESENCADENADO

“-¿Te gusta ser cazarrecompensas?

-¿Matar blancos y que te paguen? ¿Y a quién no?”

Un director talentoso, un reparto plagado de estrellas -Leonardo DiCaprio, Jamie Foxx, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson...-, una fotografía cuidada, una sucesión de escenas de acción que impiden que el ritmo de la narración baje demasiado en ningún momento... Sobre el papel tenía todos los ingredientes para convertirse en una de mis favoritas, pero el maniqueísmo impostado de casi todos los personajes destruye cualquier posibilidad de encanto auténtico. Un poco lo que sucede con el relato que trata de exportar el Barça: los buenos son buenísimos y los malos malísimos, así que celebremos con fuegos artificiales cada paliza. Es cierto que el cine de Tarantino siempre ha tenido un regusto comiquero, si bien en esta ocasión no ha sido utilizado para jugar con la escala de grises, sino para establecer compartimentos decepcionantemente estancos.

El culé al que no le convenza este argumento quizá tenga la tentación de hacer chistes alegóricos con esos esclavistas, torpes embriones humorísticos del siniestro KKK, que al fin y al cabo van de blanco. Le aconsejo que lo deje correr, porque podríamos hablar largo y tendido de las teorías frenológicas sobre los cráneos de los negros con que nos obsequia Monsieur Calvin Candie, que guardan ciertas similitudes con determinados discursos deterministas acerca del ADN, la Masía, el estilo como destino y otras zarandajas que tanta buena acogida obtienen en algunas tribunas de prensa. Tengamos la fiesta en paz, disfruten los fans azulgranas con la película y en el Camp Nou, bien está, pero no me obliguen a volver a verla o a celebrar los goles.

 

REAL MADRID – EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE

“Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en un hecho, se imprime la leyenda”

 

Creo que fue Peter Bogdanovich quien dijo esta cinta marcaba el fin del wéstern. Su carácter crepuscular no solo no le impide, a mi juicio, erigirse como la mejor de todo el género, sino que dicha condición incluso facilita el alcance de ese estatus. El paralelismo de algunos de sus personajes con varias de las distintas tribus que componen la afición blanca permite multitud de interpretaciones. Véanse algunos ejemplos. James Stewart es el abogado Ransom Stoddard, símbolo del hombre moderno, sensato, templado, culto y demócrata que llega desde la ciudad del Este al pueblo para traer la civilización. Creyente firme en la ley y el orden, representa a esa parte idealista del madridismo convencida de que la victoria y la corrección son valores tan complementarios como inseparables. Resulta conmovedor su denodado esfuerzo alfabetizador con los habitantes de Shinbone. Por otro lado, John Wayne aparece como Tom Doniphon, alguien escasamente refinado que, desde su buen corazón y su nobleza, está acostumbrado a enfrentarse a los problemas de otra manera, menos preocupada por las formas: criarse en un ambiente brutal forja temperamentos diferentes, más propios de Sergio Ramos que de Butragueño.

Y es que la vida en la comunidad se halla muy lejos de ser idílica. Lee Marvin interpreta a Liberty Valance, un forajido sin escrúpulos que hostiga con su banda a parte de la población. Valance disfruta humillando a Stoddard, al que considera una presa sencilla, como aquel Barça que no tenía remilgos en golpear indiscriminadamente en cada Clásico a un Madrid más débil, encontrando un placer indisimulado en hacerlo. Doniphon quiere intervenir en alguna ocasión, pero el propio Stoddard lo rechaza, convencido de poder resolver las cosas de forma pacífica. Hasta que llega el duelo con revólver, cuyo final no desvelaré para que los que no lo conozcan puedan acudir prestos a ver la obra de arte de John Ford. Solo diré que habrá algún antiguo mourinhista que sonreirá complacido, sabedor de que el señorío está muy bien, aunque al final, para hacer una tortilla, inevitablemente hay que romper algún huevo.

Buenos días, amigos. Argentina ha ganado el mundial, no sabemos si os habréis enterado. La cobertura mediática de la victoria y de las celebraciones ha sido tan profusa, tan en tiempo real, que nos preguntamos cómo habría sido de haber ganado España, porque es difícil una mayor implicación de la prensa en un triunfo de una selección.

Sí, puede haber sido excesiva la atención de los medios españoles, pero al menos todas las imágenes que nos han llegado han sido del más exquisito gusto. El Dibu, que es el portero argentino del guante de oro y el pene de guante, hizo gestos obscenos al recoger su premio individual, revelando una clase que ni el Medusa el día de su salida del penal de San Quintín. El Kun Agüero se ha metido con Camavinga, que pasaba por allí, haciéndole “una joda” tan sofisticada y madura como la del perro Mistetas. Por último, el Dibu ha vuelto a aparecer, en el autobús del equipo, en medio de la vorágine bonaerense, portando un muñeco con la cara de Mbappé. Cualquier bebé de la edad que a Mbappé se le supone en esa chanza he recibido en su vida más lecciones de saber estar que el Dibu, y se le ha desarrollado más el cerebro. Messi, compañero de equipo de Mbappé, le reía la gracia a su lado.

Esta es la letra pequeña, amigos, pero el plano largo no resulta mucho más favorecedor.

Los chicos de Marca parecen encantados con el recibimiento de los porteños a los campeones, y casi se lanzan con el lunfardo titulando. “¡Qué locura, muchachos!”, sueltan, haciendo caso omiso de que la locura fue literal, y que el desatino colectivo provocó incidentes de extrema gravedad de los que las redes sociales han dejado testimonios claros y en muchos casos estremecedores: vandalismo con el mobiliario urbano, asaltos de escaparates, palizas generalizadas y tiroteos (sí, tiroteos). Dos fanáticos de los hombres de Scaloni se lanzaron desde un puente hacia el autobús abierto, con la intención de aterrizar entre los jugadores y ante las risas de estos. Uno de ellos lo logró; no sabemos si ha sobrevivido el otro.

Desde La Galerna repudiamos no sólo la demencia absoluta de estas celebraciones, sino la dulcificación de las mismas por parte de los medios. Rechazamos no ya el blanqueamiento de estos espantos (ver Marca, que los ignora), sino sobre todo la continua idealización de todo lo que los precede y causa, el entendimiento del fútbol como pasión literalmente sin límites en virtud de su procedencia geográfica, que suponemos se considera más “auténtica” o “pintoresca” y por tanto homologable.

Nos van a perdonar, pero nos quedamos con el fútbol sociológicamente aburrido que se estila en Europa.

Mundo Deportivo, al menos, tiene el detalle de hacer constar el asunto como una dualidad: delirio y caos. Hace hincapié en la gravedad de los incidentes, que es lo que haría cualquiera que estuviera interesado en que no se repitan.

Lo demás, amigos, son vueltas de tuerca a la vuelta del Barça y repasos a la (excelente) gala de As.

Pasad un buen día.

 

 

 

A continuación van una serie de pensamientos deslavazados sobre el modo en que el recién concluido mundial puede influir en todo lo que va a acontecer en el postmundial.

Mbappé vuelve a estar a tiro

De los dos juguetes del emir (Messi y Mbappé) ha sido Messi quien se ha llevado el título, y no sin razones (declaraciones del propio emir, arbitrajes tendenciosos en cada eliminatoria) para pensar que había un favoritismo entre los dos, y que se han usado todos los resortes para hacer valer dicho favoritisme. Los aparatosos gestos con que Kylian se sacudía los arrumacos de consuelo de Macron al término de los penaltis indican que eso es justo lo que Mbappé piensa. Se siente traicionado y se arrepiente de haber hecho caso de las vacuas promesas del emir y del propio Macron. Le prometieron que sería la estrella del PSG y del Mundial, que los que mandan cancelarían la preponderancia del argentino en ambas instancias, y ahora se encuentra con el escenario opuesto. Si el Madrid quiere a Mbappé (repito: SI LO QUIERE), el escenario vuelve a ser favorable. De hecho, ya se rumorea que habrá una próxima renovación de Lionel por el PSG, lo que incrementará sin duda la ira y la frustración del francés.

Ay, Kylian… Eso el Madrid lo gana

 

Village Green Preservation Society

Benzema deja la selección francesa tras ser humillado por Deschamps. Lo mandaron para casa por una lesión que no le habría impedido jugar los últimos partidos del campeonato. Es respetable que el técnico se sintiera más cómodo con un bloque sin Karim, pero entonces ¿por qué se le llama de vuelta cuando lo más fácil era ya proseguir con el boicot institucional que lo dejó marcado tanto tiempo? No hay individuo más inepto e impresentable que Deschamps en el fútbol de élite internacional, y quien no tenga suficiente con lo que ha hecho con Benzema para sacar tal conclusión que vea cómo revivió Francia en la final con la entrada de Camavinga y en qué ostracismo lo tuvo sumido su seleccionador. Ambos se sentirán aliviados al perder de vista a semejante papanatas, reconfortados con la vuelta a casa, y eso beneficiará su rendimiento, en particular el del delantero. Tras ser vilipendiados y expulsados de Estados Unidos en su primera gira americana, los Kinks se concentraron en la devoción por su Inglaterra natal como tema para el siguiente y extraordinario disco. Karim es francés, pero el Madrid es su Village Green Preservation Society.

 

La hora de Tchouaméni

Otro maltratado en el mundial, aunque en este caso por las redes sociales, ha sido Tchouaméni, que se ha visto obligado a bloquear los comentarios de sus cuentas de Twitter e Instagram por el torrente de insultos racistas recibidos a cuenta del fallo de su penalti en la tanda de la final. Mucho hijo de perra xenófobo sigue por ahí campando por sus respetos. Habrá que ver el peso que está situación pudiera tener en su confianza a la hora de su vuelta al Madrid, y lo mismo cabría decirse de Rodrygo, otro joven que también falló una pena máxima decisiva con su equipo nacional. Lo de Aurelien resultó especialmente lesivo, por cuanto supuso coronar con una pifia un mundial por lo demás extraordinario que le sitúa por derecho propio como el mejor centrocampista defensivo del planeta en la actualidad. Lo normal es que ni el fallo ni los insultos mermen su autoestima, pero solo el tiempo lo dirá.

Tchouaméni Francia Inglaterra

 

Pedri y Gavi no son Xavi e Iniesta

La vuelta a los terrenos de juego del Barça estará marcada por la alegría por el éxito de Messi tanto como por el chasco de recordar que en realidad Messi ya no juega en el Barça. Quienes sí que juegan de blaugrana son una serie de futbolistas jóvenes de indudable calidad que sin embargo se vuelven de Catar con la tarea de asumir que esa calidad no es en realidad ilimitada, como la prensa les había hecho creer de forma artificial. Salvo que tengan una madurez impropia de su edad -y hay muchos detalles que hacen pensar que no la tienen-, se enfrentan a un proceso de readaptación a la realidad que les será difícil, y que puede repercutir en el rendimiento de su equipo. No sabemos si es peor para el Barça que Pedri y Gavi no sean en realidad Xavi e Iniesta o que ahora les toque asumir que no lo son. Son jugadores de Europa League y de octavos de final (y gracias) de un mundial.

Pedri Cola Cao

 

Saldo benigno

El mundial ha sido más benévolo para el Madrid lo que inicialmente cabía temer. No ha habido lesionados, ni siquiera leves. La cortedad de miras de tipos como Teté o el mencionado Deschamps ha devuelto a Benzema sin la menor carga de minutos y a Rodrygo y Camavinga muy poco desgastados. La pronta eliminación de Uruguay debería devolver un Valverde relativamente fresco. Lo de Courtois y Hazard no importa demasiado porque uno es portero (escaso desgaste físico por tanto) y el otro apenas cuenta. Carvajal no se ha lesionado. El único que puede mover a un amago de preocupación es Modric, pero su avanzada edad y los muchos minutos acumulados en las piernas no deberían inquietarnos demasiado. El croata, al fin y al cabo y como Sinatra, es young at heart.

En 1470, el pintor belga Hugo van der Goes, pintó el cuadro ‘La adoración de los Reyes’, también llamado ‘Retablo de Monforte’. Se cree que hacia 1558 fue adquirido en un viaje a Flandes por el cardenal Rodrigo de Castro, fundador del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua en Monforte de Lemos. De Castro falleció en 1600 y dejó en herencia al colegio creado por él esta obra con la condición de que no se vendiera nunca. Por entonces, los jesuitas regentaban el colegio y mantuvieron mucho tiempo guardado el cuadro sin que se supiese el valor que entrañaba.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando la obra llamó la atención de los expertos que desconocían la autoría. En un principio se pensó que era una obra perdida de Rubens, pero en 1909 se atribuyó al pintor flamenco tras la opinión de varios expertos nacionales e internacionales. Un año después salió a subasta por 1.262.800 pesetas (una fortuna en la época) con el objetivo por parte de la orden escolapia y la Casa de Alba (heredera del Condado de Lemos) de destinar ese dinero a finalizar las obras del colegio. La noticia supuso un ultraje para los vecinos de Monforte y llegó con fuerza al resto del país, llegando a ser debatido en las Cortes por el primer ministro Canalejas o los ministros Burell y Figueroa (conde de Romanones).

Colegio Nuestra Señora de la Antigua, Monforte de Lemos, 1913

Colegio Nuestra Señora de la Antigua de Monforte de Lemos, 1913

La indignación y el alboroto por la venta duraron casi tres años y en 1913 la Asociación de Pintores y Escultores puso en marcha una suscripción pública para recaudar fondos, comprar el cuadro e impedir que se marchara al Museo Nacional de Berlín que había firmado un compromiso de compra. Algunos donantes fueron los pintores Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla, el escultor Mariano Benlliure, el filólogo Ramón Menéndez Pidal o la escritora Emilia Pardo Bazán. El fútbol también se sumó a la causa y en Madrid se organizó un partido benéfico.

La indignación y el alboroto por la venta del cuadro duraron casi tres años y en 1913 la Asociación de Pintores y Escultores puso en marcha una suscripción pública para recaudar fondos, comprar el cuadro e impedir que se marchara al Museo Nacional de Berlín

En el periódico ‘La Correspondencia de España’ del día 10 de abril de 1913 se pudo leer una breve nota en la que se decía que “en el domicilio de la Sociedad Gimnástica Española se reunieron los señores Ruete, López, Bourbón y Kindelán, en representación de los clubs Athletic madrileño, Español de Madrid, Madrid FC y Gimnástica”. El motivo de la reunión era para tratar de jugar un partido “cuyos ingresos se dediquen a engrosar la suscripción iniciada para adquirir el cuadro ‘La adoración de los Reyes, de Van der Goes”. El partido será “el día 20, en el campo del Athletic, y en el lucharán el Madrid y el Español, contra el Athletic y la Gimnástica”.

El campo del Tiro del Pichón de El Retiro, fue el elegido por ser el de mayor capacidad por entonces en la capital. Además, quedaron suprimidas las entradas de favor a los jugadores que igualmente tuvieron que pagar por comprarlas. Los precios fluctuaron entre los 0,75 céntimos por una entrada general, 1 peseta por delantera de general y 1,50 pesetas por la localidad en preferencia. Según la crónica de Mundo Deportivo “el público no acudió como otras veces a presenciar el partido, siendo la entrada regular”.

Campo de tiro El Pichón de El Retiro

Campo de tiro del Pichón

El Madrid FC y el Español de Madrid combinaron a sus jugadores y salieron con un uniforme gris. La alineación fue la siguiente: Somoza; Marcelo Bernabéu, Álvarez; Eulogio Aranguren, Machimbarrena, Fortunate; Armando Giralt, Saura, Neira, Vicente Álvarez-Buylla; Rodríguez. Por el otro lado, Athletic y Gimnástica formaron coalición y su uniforme era totalmente azul. Su once lo integraron Clavet; Roca, Pérez; Quintana, Kindelán, Mandiola; Aspe, Belaunde, Caruncho, Espinosa; Arango. El árbitro de la contienda fue el Sr. Aranguren (Sotero).

El partido estuvo muy igualado pero a partir del minuto 20 el dominio del Athletic-Gimnástica desembocó en un gol de Aspe. El Madrid-Español reaccionó y tuvo varias oportunidades, pero se topó con un gran Clavet en el marco del equipo azul. En la segunda mitad, Armando Giralt disparó al poste y ahí se terminaron las opciones del conjunto gris de igualar el choque que finalizó 1-0. Por la mañana, jugaron también los segundos equipos del Madrid FC y la Gimnástica, venciendo los blancos por 5-3.

Madrid FC, 1913

En la crónica de ABC se nombró como los mejores del conjunto azul a “Clavet, que paró con vista y serenidad, y Pérez, sobre todo en la segunda parte, que defendió muy bien; los medios Kindelán y Quintana, muy trabajadores y la línea de delanteros, que fue lo mejor, y en la que se distinguió Caruncho, siguiéndole Aspe y Belaunde”. Mientras que en el cuadro gris destacaron “Somoza, que paró bien pero algo nervioso, Álvarez en la primera parte, y Bernabéu en la segunda, defendieron lo indecible; los medios Eulogio Aranguren, que fue lo mejor del equipo, y que en la segunda parte estuvo colosal. En el ataque, Saura pasó y avanzó muy bien. Giralt tuvo muy poco juego; pero el poco que tuvo lo hizo muy bueno”.

Athletic Madrileño y Gimnástica, 1913

Athletic Madrileño y Gimnástica, 1913

La recaudación total del partido fue de 586,62 pesetas. El dinero fue a parar a la Comisión encargada de recaudar todos los fondos que tiempo después informó que solo reunieron 76.000 pesetas en todo el país. La escasa repercusión de la campaña motivó la crítica de Azorín: “Toda España puesta en conmoción, atronada a gritos, ¿no puede dar más que estas pesetas, en un asunto de honor nacional, como se ha dicho?”.

El 18 de diciembre de 1913 y de noche, un carro de bueyes llevó el cuadro embalado en una gran caja de madera a la estación de ferrocarril de Monforte. El día 20 embarcó en el tren Cap Vilano que tenía como destino Hamburgo. Finalmente el cuadro fue vendido a Alemania por 1.200.000 pesetas que se gastaron en buena parte en las obras ulteriores del colegio que culminaron en 1919. En la actualidad, en un mercado tan difícil de calcular como el del arte, la cifra aproximada de su valor se estima en más de 50 millones de euros. La obra de arte sobrevivió al bombardeo de Berlín durante la II Guerra Mundial y se encuentra en la Gemäldegalerie de la capital germana.

Buenos días. Benzema vuelve a casa, de manera definitiva, por Navidad, como El Almendro. Porque la casa deportiva real de Karim es el Real Madrid, donde se le quiere y se le valora como merece, a diferencia de la selección francesa, que siempre fue esa visita que se realiza con buen ánimo pero incomoda al anfitrión. Bien sea por inquina propia o por órdenes superiores, Deschamps se ha empeñado durante los últimos años en zarandear a Karim cada vez que trepaba ilusionado como un niño al árbol del combinado nacional. Hasta que el aguante y la edad han empujado a que el Balón de Oro anunciara ayer que deja Les Bleus, como informan Marca y As en sendos recuadritos informativos. Podríamos decir que es otra consecuencia de ser Deschamps, valiéndonos del título del artículo de Fantantonio que hemos publicado hoy.

Portada Marca Portada As

Ambos diarios se ven obligados a portadas de aliño ante el páramo de ilusión real de la actualidad deportiva, especialmente futbolística. Marca aprovecha el hueco para dar visibilidad a su gala del deporte femenino. Enhorabuena a las premiadas. Y As, junto a la publicidad, anuncia que hoy es su gala, por lo que mañana tendremos una portada maravillosa rebosante de interés para los madridistas (?). Y, con cuatro datos, o menos, de Messi y Mbappé y una foto, As arma un frontispicio que dura en la memoria apenas unos segundos.

El mismo tiempo de capacidad de vigencia memorística que debe de poseer quien haya escrito la frase: “Messi y Mbappé hacen historia en la mejor final del Mundial que se recuerda”. Por decir una a bote pronto, se nos ocurre la final de México 70, aquella de la exhibición coral de Brasil e individual de Pelé, entre otros compañeros. Argentina y Francia nos regalaron 80 minutos de sopor antes de que Mbappé despertase de la siesta y prolongase la final, que a partir de ese momento sí tuvo interés, sobre todo para quien le interesase una final de un mundial de estas características.

Más allá de los méritos deportivos de Argentina, el mundial desprendió un tufo (otro más) desde su inicio que indicaba que el torneo se cocinaba a favor de la albiceleste a mayor gloria de Messi. Del mismo modo que se celebraron las Copas Américas que hicieron falta, tocase o no, hasta que Leo la ganó. Así se las ponían a Fernando VII. El Madrid mientras tanto se dedicó a ganar Champions superando a los equipos de los jeques y estados absolutistas que adoran a Messi y dominan la economía energética y futbolística.

Pero la hipérbole onanística no termina con la afirmación de As de que fue la mejor final que se recuerda, sino que apenas comienza. Mundo Deportivo va otro paso más allá.

Portada Mundo Deportivo

“Su antológica exhibición en Qatar le consagra como nº 1 del planeta fútbol sin discusión”. Se refieren por supuesto a Cuccittini, de nombre Lionel Andrés y de primer apellido Messi. “Antológica exhibición”, dicen. Que Messi ha hecho un buen mundial es innegable, pero no todo lo bueno alcanza la excelencia, y durante el torneo el argentino no ha realizado ninguna “antológica exhibición”.

Señores de Mundo Deportivo, ya que afirman que Messi se consagra como nº 1 del planeta fútbol, si ustedes gestionasen un gran club europeo y su objetivo fuese ganar la Champions, ¿sería Messi el fichaje sobre el que erigirían el equipo?

La pregunta es retórica, porque nadie, a excepción de los fanáticos, elegiría a Messi para liderar hoy un proyecto deportivo serio de máxima exigencia.

Vivimos una infantilización del fútbol como nunca había sucedido, y no solo porque Infantino rija los designios del deporte rey. La ampulosidad, la exageración, la grandilocuencia ante cualquier suceso futbolístico es bochornosa. Los panenkitas levantan iglesias en honor a entrenadores pizarra tras vencer 2-0 a un recién ascendido gracias a una variante táctica única en la historia. Los partidos y torneos son asolados por la proliferación de galardones individuales que desnaturalizan la esencia colectiva del fútbol. Las opiniones se generan con high lights sacados de contexto con independencia de su utilidad real. Se crean deidades con la facilidad con que se cuaja una tortilla francesa.

Portada Sport

Sport sigue esta senda e incluye entre los grandes títulos futbolísticos los Juegos Olímpicos. Todos sabemos el peso específico que tienen los Juegos Olímpicos en el fútbol. Mientras tanto y asomándose por una rendija en la parte superior del diario, Lluís Mascaró dice que Messi tiene que volver al Barça como sea. Es enternecedor cómo las víctimas de la ruina económica piden a su verdugo que vuelva, aunque sea por Navidad, para darles la puntilla.

Pasad un buen día.

Se acabó el mundial de Catar con el final feliz que esperaban todos los tontos del planeta. Messi levantó la copa, por fin: la tercera copa del mundo de la historia del fútbol argentino. Era el final de cuento de hadas que deseaban los organizadores, por supuesto. En realidad, daba un poco lo mismo, con que cualquiera de sus tres juguetitos del Peseyé levantase el viejo trofeo Jules Rimet la inversión monstruosa, sideral, abrumadora, de los cataríes, habría valido la pena. En efecto, ha valido la pena. Messi se coronó rey del mundo en el centro de esa pirámide absurda que han erigido en el desierto, sobre los cadáveres de miles de esclavos infelices. En realidad, sobre el cadáver putrefacto de Europa. Si alguna vez esa palabra fue concepto, es decir, fue algo, no ya en tanto aspiración de entidad supranacional o confederación nacional coaligada en pos de unos principios rectores de tipo moral compartidos por cientos de millones de ciudadanos; si alguna vez Europa fue algo como noción ética, como idea, como fin, en tanto “civilización”, hace tiempo que ese algo se murió y su cadáver momificado ha sido paseado y manoseado sin pudor a lo largo del último mes en las calles de la megalópolis petrolífera del Golfo Pérsico.

Messi Infantino Catar Emir

Los nuevos faraones tienen el dinero y con el dinero, el poder. Pero no hay en absoluto un sentido religioso o sublime en el trasfondo de sus abyectos despliegues. Sólo hay banalidad, el nihilismo de la opulencia, que es exactamente la lección que Europa y por extensión, Occidente, han enseñado al mundo exterior (a todos esos que nos observaban atónitos y codiciosos desde el perímetro de nuestro mundo) en los últimos treinta años. Los faraones querían su final de cuento para el mundial que los blanquea definitivamente ante el “mundo civilizado”. Querían que lo ganara Neymar o Messi o en su defecto, Mbappé, pero que lo ganara Messi tenía, naturalmente, un color especial. Messi ha sido el dibujo animado favorito de Occidente en los últimos quince años. Tenía que ser Argentina, que es un entrañable decorado consagrado al delirio colectivo, y tenía que ser Messi. Messi, el becerro de oro de nuestra época, le dio a todos lo que todos estaban esperando. Tenía que ser, además, en una conflagración con Mbappé, la otra gran propiedad de los sheiks, el delfín sagrado del país, Francia, cuya prostitución le abrió las puertas del antiguo mundo libre a los jeques del petróleo. Todo estaba escrito en el libro negro de las almas bellas.

Se acabó el Mundial de Catar con el final feliz que esperaban todos los tontos del planeta

Frente a la Historia estaba de pie un hombrecillo pequeño apellidado Deschamps. Didier Deschamps es, de toda aquella pléyade estupenda que llevó al fútbol francés a dominar el panorama mundial al final del siglo XX, el menos carismático. El menos atractivo, el más funcionarial, incluso en las pintas, de todos aquellos futbolistas. Deschamps, jugando, era un oficinista del centro del campo, un esforzado fajador como se decía antes, cuyo trabajo consistía, igual en la Juve que en la selección, en administrar el tráfico del centro del campo y en tenerle limpia la moqueta a Zidane. Quizá esa conciencia humillante del subalterno, del gregario plegado siempre a la voluntad inaccesible y aérea del artista, del genio inalcanzable al que su mediocridad le condena a servir por toda la eternidad se le cosió por dentro a Deschamps y ahí esté el origen de su frialdad con Benzema. A la postre, esa extraña relación le ha costado la tercera estrella en Catar.

Deschamps Benzema

Las consecuencias de ser Deschamps han inundado el mundo de un torrente glandular argentino. Argentina fue, a finales del siglo XIX y casi toda la mitad del XX, una pequeña Francia, una sociedad que quería y casi lograba emular la maravillosa elegancia de lo que antaño significaba ser francés. Hoy estamos al final de todos los caminos y sabemos ya que toda esa francesidad era en gran medida propaganda. El triunfo argentino nos ha deparado imágenes muy alejadas de cualquier clase de elegancia, aunque si hubiera ganado Francia la cosa no habría sido, ciertamente, mucho mejor. Casi diría que peor: estoy recordando las imágenes del equipo francés celebrando su victoria en Moscú, hace cuatro años, y me se me está revolviendo el estómago. La verdad es que toda suerte de “francesidad” elegante, en Argentina, sólo está ya en tipos de la estirpe de Valdano, como Solari, por ejemplo, o el mismo Scaloni, de sobrenatural porte estoico y sosegado en una nación bipolar que vive todo el tiempo, cuando hay un mundial, entre el éxtasis y el harakiri.

Quizá esa conciencia del subalterno, del genio inalcanzable al que su mediocridad le condena a servir por toda la eternidad se le cosió por dentro a Deschamps y ahí esté el origen de su frialdad con Benzema. A la postre, esa extraña relación le ha costado la tercera estrella en Catar

La primera de esas imágenes, en el mismo podio, la del portero, el “Dibu”, por otra parte excelente guardameta de participación capital en el triunfo final de su equipo, cogiendo con las dos manos un trofeo al mejor no sé qué (la FIFA ha convertido las entregas de medallas y trofeos en una pasarela infumable a mayor gloria de partners y sponsors) y haciendo gestos obscenos con él. Las consecuencias de ser Deschamps han inundado de fealdad la conversación pública del mundo aunque por suerte vivimos en la era de la comida rápida informativa y los “contenidos” se pasan de moda a una velocidad meteórica, de modo que una mosca, cuya vida suele durar alrededor de un mes, puede vivir dos terceras guerras mundiales, tres finales del mundo y varios acontecimientos brutales e históricos. Las exaltación argentina del melodrama y de la zafiedad durarán poco y la semana que viene volverá el fútbol de clubes.

Hinchas argentinos mundial Catar

No obstante, Argentina todavía parece un país de verdad, más allá de todo eso. Me refiero a que por lo menos son pobres pero se quieren a ellos mismos, no han alcanzado todavía, por suerte para ellos, el grado de esquizofrenia autodestructiva europea que posee a los españoles o a los franceses, sociedades supuestamente más ricas que la argentina, en realidad cada vez más meras caricaturas autoparódicas. Deschamps partía en noviembre al frente de la mejor selección del mundo. Cerca, pero no mucho, estaba Brasil. La diferencia entre ellas era que la francesa era la campeona, tenía el aura y el poso del ganador. Además, Francia contaba con Benzema, el mejor futbolista del mundo, y con Mbappé, el jugador más determinante, más influyente. Persistía la sombra de la Eurocopa del verano pasado, en la que Deschamps no fue capaz de hacer funcionar un ataque con Griezmann, Mbappé y Benzema.

Francia quiso ganar sin pasión, con el gesto adusto y petit-bourgeoise de su entrenador, ahorrando, como si les costara, como si ganar el mundial no lo fuera todo en sí mismo

Aquella Francia sucumbió por la aparente incompatibilidad entre el talento infinito de Benzema y el juego colectivo ya fraguado de la campeona del mundo, cosa curiosa tratándose de fenómenos y superclases. La cuestión es que el talento nunca puede ser el sospechoso. Cuando a alguien le ponen entre las manos un caudal abundante de opciones, es decir, de talento, tiene la obligación de combinarlo adecuadamente. Las opciones son libertad y la libertad predispone a la imaginación, que es el arma esencial de los jugadores buenos de verdad, de los que ganan campeonatos como los mundiales. A la vista de este mundial y de la anterior Eurocopa, el éxito de la Francia de Deschamps en Rusia 2018 parece que tiene más que ver con el aprovechamiento del poder atómico de Mbappé en base a la última fórmula de éxito de la selección francesa, la de Doménech en 2006, que con la habilidad del entrenador. Prescindir de Benzema por no saber utilizarlo para elevar el potencial de una selección físicamente incomparable y enriquecer sus fórmulas de ataque, en un plantel con capacidad para desarrollar un fútbol “total” en torneos de mecha corta, degrada a Deschamps a la condición de un Tite. Francia quiso ganar sin pasión, con el gesto adusto y petit-bourgeoise de su entrenador, ahorrando, como si les costara, como si ganar el mundial no lo fuera todo en sí mismo: un equipo abúlico, caprichoso, lo contrario de cualquier tipo de grandeur, un equipo a imagen y semejanza de su líder, Mbappé, proyecto abortado de gigante sobre el que nosotros mismos proyectamos nuestra vieja y obsoleta idea de majestad; otro que con rencor femenino empujó a Benzema fuera del grupo. Los argentinos, como dice Ángel del Riego, jugaban con el latido del apocalipsis en la sien, con la pistola cargada. Esa fue la gran diferencia.

Deschamps final mundial

Las consecuencias de ser Deschamps han privado al mundo de disfrutar de un Benzema azidanado en el aquelarre catarí. El último baile internacional del futbolista más extraordinario, en el sentido de fuera de lo común, de portento, de prodigio, no ha sucedido porque entre otras cosas Deschamps tiene un alma con horizonte de provinciano: seguro que de haber vivido en la mitad del XIX habría sido de los parisinos que consideraban una mierda la Torre Eiffel. En lugar de ese último baile coránico de Benzema, Messi ha podido ganar una copa hecha a su medida. Sus buenos dineros le han costado a los cataríes, que estaban eufóricos la noche del domingo. Todo ha salido a satisfacción plena del cliente, aunque tengo la certeza de que el cliente somos nosotros y los cataríes, los amos. En lugar de recoger la copa enfundado en una camiseta vintage con el 10 de Maradona a la espalda, Messi se elevó sobre el cielo sucio del Golfo Pérsico ataviado con una túnica de camellero, símbolo ejemplar de la sumisión completa de un mundo en donde ya no hay ni identidad ni significado, sino sólo presente, presente continuo, presente lineal y destellos cegadores de la nada más absoluta.

 

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Por la presente queda convocado el III Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad de La Galerna con arreglo a las siguientes BASES:

1. Los cuentos participantes tendrán por doble temática la Navidad y el Real Madrid y/o el madridismo, no necesariamente en este orden.

2. La extensión de los cuentos será de un mínimo de 500 palabras y un máximo de 1.500.

3. El plazo de entrega se abre el 12 de diciembre de 2022 y se cierra el 23 de diciembre del mismo año.

4. Los relatos participantes se enviarán al correo madridaxis@gmail.com, indicándose en el apartado Asunto las palabras Certamen de Cuentos.

5. La dotación del premio es una camiseta del Real Madrid firmada por una leyenda del club. Asimismo, el cuento ganador se publicará en lagalerna.com en la tarde del 24 de diciembre.

6. La Galerna se reserva el derecho de publicar con anterioridad a dicho momento, y con posterioridad al cierre del plazo de presentación, cualesquiera otras obras presentadas que considere del interés de sus lectores.

7. El premio podrá declararse desierto.

8. Cada participante podrá presentar un solo cuento al Certamen.

 

III Contest of Real Madrid Christmas tales

 

The III La Galerna Contest of Real Madrid Christmas Tales is hereby convened in accordance with the following RULES:

1. The participating stories will have Christmas and Real Madrid and/or Madridismo as a double theme, not necessarily in this order.

2. The length of the stories will be a minimum of 500 words and a maximum of 1,500.

3. The delivery period opens on December 12, 2021 and closes on December 23 of the same year.

4. The participating stories will be sent to the email madridaxis@gmail.com, indicating in the subject section the words ‘Short Story Contest’.

5. The prize endowment is a Real Madrid shirt signed by one club legend. Likewise, the winning story will be published on www.lagalerna.com on the afternoon of December 24.

6. La Galerna reserves the right to publish prior to that time, and after the deadline for submission, any other works presented considered to be of interest to its readers.

7. The award may be declared void.

8. Each participant may submit only one story to the contest.

Entrevista publicada el 6 de noviembre de 2021 y reflotada el 19 de diciembre de 2022 con motivo del cumpleaños de Arvydas Sabonis.

 

Nunca un jugador joven sorprendió tanto al mundo entero. Por encima de su inmensa estatura, su grandeza como jugador la determinaban su movilidad, su coordinación, su visión de juego y su carisma. Verle en acción era contemplar lo increíble. Arvydas Sabonis jugó de pívot como pudo jugar de base, de tirador o de lo que hubiera querido: su habilidad era proverbial, el don natural y exclusivo de los elegidos, de los que originan ámbitos desconocidos. Aun con sólo una pierna sana, fue capaz de cambiar el baloncesto.

Su mente es privilegiada, lacónica, cortante o afectuosa, siempre penetrante. Una conversación con Sabonis es una experiencia iniciática. Penetrar en un mundo mítico, en un tótem que surgió del comunismo y recayó en los Estados Unidos de América. La suya es una personalidad forjada a partir de privaciones, triunfos, lesiones invalidantes - para cualquiera menos para él – que le presentaron la crudeza de la vida con presteza.

Su voz suena imponente, como su figura, profunda, poderosa, siempre certera y firme. Su seguridad apabulla, aunque no tiene la certeza absoluta. De forma constante se asoman las bromas, la sorna, la contundencia. Y las sentencias, aforismos para enmarcar. No admite el mínimo halago, ni las comparaciones, quizás para no menospreciar a nadie; tal vez como recurso para mantener la cabeza como los pies, anclados a la tierra, a la existencia imprevisible.

Por eso, en la conversación fluyó la hilaridad y brotaron las sonrisas, tanto como siguieron los silencios asombrados, el asentimiento reflexivo. Rendidos a la naturalidad e inteligencia de Arvydas Sabonis, os presentamos el diálogo lo mejor que somos capaces, vibrante, colmado de vida y de historia. Que nos perdone el protagonista, tan grande que no quiere dar crédito a su mito.

Sabonis

 

Muchas gracias por recibirnos. Sé que para ti es una ligera molestia.

No me gustan mucho las entrevistas. Pero siendo tú, Chechu, quien me lo pide…

Lo aprecio mucho, de verdad. Lo más importante, dado que hacía diez años que no nos veíamos: ¿qué tal la familia?

Todos bien. Los hijos son tus grandes proyectos en la vida, y los cuatro proyectos marchan bien. El segundo y tercero de los varones ya están casados, y parece que al primero lo vamos a colocar el año próximo. El segundo, Tautvydas, nos va a hacer abuelos.

¡Hombre! ¡Enhorabuena!

Gracias. Por fin. Lleva cinco años casado. Vive en España, se casó con una chica de aquí. Tautvydas habla en perfecto andaluz, igual que la pequeña, Ausrine. A Domantas, como sabéis, lo tenemos triunfando en la NBA, en Indiana Pacers. Casado también, con una chica americana.

Qué bien. Y entonces ahora casáis al mayor también, que es el único que os faltaba.

Eso es. Zygimantas.

¿Os gusta la chica?

Lo importante es que le guste a él. Pero vamos, sí, a esa edad todas son buenas (contesta con mirada cómplice y sonrisa beatífica). Nos va a quedar soltera, de momento, solo Ausrine, que tiene 24 años, aunque también tiene novio. Baloncestista, por cierto.

Todo queda en casa. Mantienes este precioso piso en España, a pesar de que llevas mucho tiempo viviendo en Lituania, donde hasta hace poco has sido presidente de la Federación de Baloncesto.

Claro. Me encanta España. Me encanta Andalucía. Mira. (Señala con una manaza gigante y semiabierta, el horizonte marítimo desde la terraza). Me escriben por whatsapp mis amigos de Lituania, con un frío que imagínate, y me preguntan dónde estoy o qué hago. Por toda respuesta, les mando una foto mía en bermudas con una copa de vino. (Miradas y risas de complicidad) ¿Cómo no me va a gustar esto? Además, aquí la gente vive muy bien. Todo es muy tranquilo. (Sabas gesticula con frecuencia, expresivo cuando le gusta el asunto o encuentra una respuesta adecuada. Tajante cuando lanza una de muchas sentencias reflexionadas).

Sabonis Sabonis Sabonis

¿Con qué frecuencia vienes a España?

Llevaba cuatro años sin venir.

¿De verdad?

Sí. Entre mis obligaciones en la Federación y el Covid, se me puso imposible. Ahora parece que se supera lo del Covid y me he jubilado. Así que me voy a resarcir y vendré mucho más. Pasaré aquí temporadas mucho más largas. Mi familia también ama España. Mi mujer y mi hija, en particular, están enamoradas de este lugar.

¿Te has jubilado con 57 años?

Bueno, es que como presidente de la Federación de Baloncesto solo puedes cumplir un máximo de dos mandatos.

Pero tú eres una institución en Lituania. No te dejarán jubilarte tan joven. Te querrán nombrar algo. Ministro o qué sé yo.

¿Ministro? (Piensa un segundo. Vuelve a extender el brazo, señalando con la mano el paisaje mediterráneo): Tú dime qué prefieres, ministro o aquí. Tengo 57 y ole ole. A todo hombre le llega el momento de vivir para uno mismo.

Te van a insistir…

Es muy fácil. No coges teléfono y punto (sic). ¿Por qué hago entrevista? Porque cojo teléfono. No quieres hacer algo, no cojas teléfono. Tan sencillo como eso.

¿Y si viene el Real Madrid a ofrecerte un cargo?

(Breve pausa, de nuevo). Lo que quiero es ir al pabellón a ver jugar al Madrid. Todo desde fuera. Me ha llegado el momento de disfrutar.

Hablando del Madrid, ¿qué recuerdas de aquella etapa?

Esos tres años en Madrid fueron los más felices de toda nuestra vida en el extranjero. Puedes preguntarle a Ingrida cuando la veas después. En el club éramos una familia. Por ahí pasaron diferentes entrenadores, no importó, dio igual: el sentimiento de familia permanecía.

¿Qué recuerdas de tu llegada? ¿Te costó adaptarte?

No demasiado, ten en cuenta que llevaba tres años en Valladolid, jugando en el Fórum, y eso me había permitido aprender español. Yo estaba feliz, muy feliz. Entonces la única meta para un jugador profesional europeo era jugar en el Real Madrid. Ahora está el sueño de la NBA, pero por entonces era prácticamente imposible. (Vuelve a mirar el paisaje): Es como aspirar a ver África desde aquí. (Pausa). Bueno, la verdad es que los días sin nubes se puede ver África (Risas).

Sabonis

Pero entonces casi nadie contemplaba ese sueño transoceánico. Entonces el gran sueño era blanco.

Así es. El Madrid era la gran institución del baloncesto europeo. ¿Quién me iba a decir que acabaría jugando allí? Es más: ¿quién me iba a decir que acabaría abandonando Lituania? Era algo utópico, por la cuestión política. No podíamos siquiera salir del país, como no fuera con nuestros equipos. Podía haber huido, pero no es mi estilo (Sentencia nuestro protagonista con certeza absoluta. Su voz suena rotunda, consistente, con la misma talla que el emisor).

Esos tres años en Madrid fueron los más felices de toda nuestra vida en el extranjero. En el club éramos una familia.

Al final pudiste salir rumbo a España, y el Fórum Filatélico de Valladolid fue la escala hacia el Madrid.

El Fórum hizo una gran apuesta conmigo, porque me había roto dos veces el tendón de Aquiles.

Claro, es que nunca está de más recordar que tu carrera ha sido lo que ha sido a pesar de que has estado muy lastrado por las lesiones durante la mayor parte de ella.

Cuando me ficharon yo creo que estaban muertos de miedo. No les cabía palillo (Junta dos dedazos, índice y pulgar, para indicar la minúscula dimensión de un palillo. Omite elegantemente, nos parece, por dónde no habría cabido nunca dicho palillo). ¿Y si este se lesiona? Pero Gonzalo Gonzalo arriesgó y puso el dinero. Estuve muy bien en Valladolid, me cuidaron estupendamente y no recaí.

Sabonis Sabonis Sabonis

¿Cuáles fueron las principales diferencias que encontraste entre el baloncesto español y el lituano?

(Piensa largamente). Aquí pagaban y allí no. (Risas). Por lo demás es igual. Hay que meter canastas.

Jugaste tres años en el Fórum. Mucha gente se pregunta si no pudiste haber llegado al Madrid antes.

Siempre he firmado contratos de tres años, y los he cumplido. También firmé tres en el Madrid y los cumplí. Y luego tres en Portland y lo mismo, renovando después.

Ya, pero ¿no te preguntabas “¿y estos cuándo van a venir a por mí?”?

No. (Pausa). Lo que sí hacía, cuando jugábamos contra el Madrid, era emplearme de manera especialmente intensa (Y nos mira con la cara de un niño que hace una travesura de la que saldrá victorioso).

(Interviene Joe): Eso lo puedo atestiguar yo, que jugué contra ti estando tú en el Fórum. Siempre nos lo hiciste pasar mal. El caso es que tanto los madridistas como los culés nos preguntábamos si no te íbamos a fichar. Por esas fechas, un día, me encontré con Epi, y tuvimos el siguiente diálogo: “Oye, ¿cómo es que no ficháis a Sabonis?” “Porque somos gilipollas. Y vosotros, ¿por qué no lo ficháis?” Le respondí lo mismo: “Porque somos gilipollas”.

El Barça tenía a Audie Norris. Estaban contentos.

No sé yo, seguro que también suspiraban por ti. El caso es que acabas en el Madrid. Mucha más exigencia que en Valladolid, claro.

Mucha más, pero si hay algo que no me era ajeno es la exigencia. En Lituania nos educaban en la creencia de que quedar segundo es una catástrofe absoluta, un cataclismo. Me inculcaron ese espíritu competitivo desde la niñez. De manera que no me chocó lo más mínimo encontrarme con eso en el Madrid. Me adapté inmediatamente.

Y con enorme éxito. En tres años, una Copa del Rey, dos Ligas ACB y lo más importante: la Euroliga.

Yo sé que para vosotros, los madridistas, era el torneo más importante.

Era una obsesión, como lo es la Champions para el madrididista futbolero.

Claro, y además llevabais catorce años sin traerla a las vitrinas. Pero eso de priorizar unos títulos sobre otros es cosa del deporte del siglo XXI. Nosotros estábamos programados para ir a por todos los títulos con la misma ilusión, para ganar siempre el siguiente partido, fuera de la competición que fuera. (Joe asiente, como si encontrara un aliado en Sabonis para sostener un argumento propio: si ya lo digo yo…)

De acuerdo, pero deja que los madridistas nos regodeemos aún en aquel triunfo porque fue extraordinario. Existe un cierto consenso en que el Madrid no tenía ese año su mejor equipo, y en que eso te da un protagonismo incontestable en aquel logro.

Bah. Teníamos a Joe (Arlauckas), así que estábamos bien. Sí puede ser que el año anterior, que no la ganamos, tuviéramos un equipo algo más fuerte. Todavía me duele aquella semifinal contra el Limoges. 52-62. Defendimos bien pero nos costó un mundo meter puntos, ¡el resultado lo dice todo!

(Habla Joe): Eso me recuerda a uno de esos días en los que nos ganaste con el Fórum. Yo estaba abatido, te me acercaste y me dijiste: “Tranquilo. Hay días en que no entran y no entran. No se puede hacer nada”.

Pues contra el Limoges fue así. Pero al año siguiente, en Zaragoza, fue mágico. El ambiente, lleno de madridistas… Todo ayudó.

Se dice que te podrías haber ido antes a la NBA pero dejaste a Portland tres años esperando porque querías ganar la Euroliga. ¿Es cierto?

Sí.

¿Significa eso que, de haber perdido la Final de Zaragoza, habrías retrasado un año más tu incorporación a Portland?

No. (Risas). Era un tren que tal vez no iba a volver a pasar. No podía, después de tres años, volver a dejarlo ir. Ya tenía 30 años. Si renuevo, ¿quién iba a fichar en la NBA a un tío de 33? Además, el Madrid estaba con problemas financieros importantes y tenía que cuidar de mi familia.

Bueno, no vale la pena pensar en qué habría pasado si no ganamos esa Euroliga, porque el hecho es que la ganamos.

Sí. Y yo sé que para vosotros los madridistas era algo esencial. Así que todo salió bien. Os devolví al sitio que os correspondía y me fui. Todo bien.

(Vuelve a hablar Joe):  Recuerdo muy bien cuando ganasteis el Oro en Seúl (88). La delegación española aún andaba por allí y Chechu y yo nos presentamos en vuestra fiesta, en la villa olímpica, a llevaros caviar (Chechu asiente). Para cuando llegamos, ya os habíais bebido el vodka bueno y solo quedaba un vodka coreano horrible. Yo decía que no quería beber más, pero tú dabas unos golpes en la mesa que hacían saltar todos los vasos de los chupitos, y ordenabas que bebiéramos todos. Cualquiera se negaba. Fue la única melopea de mi vida.

(Largo silencio): No me acuerdo. (Risas desaforadas).

yo sé que para vosotros, los madridistas, la euroliga era algo esencial. Así que todo salió bien. Os devolví al sitio que os correspondía y me fui.

Ese oro de Seúl para la URSS tiene que ser un recuerdo maravilloso, ¿no? Porque además recordemos que oficialmente estabas lesionado. Quién iba a decir que acabarías jugando la Final, tras eliminar nada menos que a USA (82-76), y ganándola.

Yo había pedido a Gomelski que me dejara ir pero como turista. “Oye, déjame que vaya aunque solo sea para ver cómo es por dentro una olimpiada”. Ten en cuenta que en el 80 (Moscú) aún éramos muy jóvenes (mira a Chechu, que asiente), y los mayores solo nos usaban como sparrings prácticamente.

Sabonis

(Habla Chechu): ¿Recuerdas aquella primera gira que hicimos juntos por Estados Unidos, como juniors, en el 82?

Cómo me voy a olvidar. Era como viajar al cosmos. No parábamos de comer hamburguesas. La hostia. El caso es que en la del 80 éramos muy jóvenes; en el 84 (Los Angeles), la URSS no acudió por la cuestión política y la guerra fría; y en el 88 yo quería estar, aunque oficialmente estaba lesionado, porque el 92 quedaba muy lejos y nunca se sabe. Podía ser mi última oportunidad de ver una olimpiada desde dentro. Me dejaron acompañarlos.

Te habían operado en tu país, ¿no?

Sí, y lo habían hecho bien. El problema en la URSS no eran las operaciones sino las rehabilitaciones, en ese campo habían avanzado poco. Pero yo venía de estar tres meses en USA rehabilitándome, porque Portland ya me había drafteado.

¿Y?

Pues que llego allí como mero acompañante, y me pongo a ayudarles en el entrenamiento. Por entonces, para ejercitar las manos, Gomelski entrenaba a los pívots pasándolos el balón a patadas, como si fuera fútbol. Y me pongo ahí, y exclama Gomelski, alborozado: “¡Pero tú estás de puta madre!” Y el resto es historia. Batimos a Estados Unidos en la semi y a Yugoslavia en la Final.

Fuiste fundamental en ese hito. Como en tantos otros.

Bah. Era alto y nada más. Por entonces la altura era aún más importante. Cogía algún rebote y ya.

¿Es tu momento favorito en una trayectoria deportiva tremenda?

No. Me quedo con Barcelona 92 porque fue la primera vez que participé con Lituania, ya que acabábamos de conseguir la independencia y ser reconocidos. Ese bronce supo a oro. Nadie se esperaba que un país tan joven pudiera llegar tan lejos. Era un éxito inconcebible. Bueno, es que el simple sueño de jugar con mi país, no con la URSS, era una cosa impensable pocos años antes. Fue una cosa única jugar con mi bandera y conseguir metal. Tengo un gran recuerdo del Preolímpico en Badajoz, también.

Estamos hablando de grandes momentos, pero tú lo has tenido que pasar muy mal. Tu rodilla. La doble rotura del tendón de Aquiles. ¿Las lesiones han sido lo peor?

Sí.

¿Llegaste a pensar que no podrías seguir? ¿Que tendrías que dejarlo? Eran lesiones muy graves.

Jamás lo pensé. Pensaba: “joder, otra vez se va a retrasar todo”. Pero nunca que era el fin. Eso ni lo contemplé. Siempre tuve claro que podría con las lesiones. Nunca se me ocurrió arrojar la toalla (Contesta con determinación absoluta).

Aparte de las lesiones, ¿qué otros momentos nefastos destacarías?

Derrotas hubo muchas y dolieron muchísimo. Pero supongo que es especialmente amarga una que coseché con Zalgiris al final mi carrera. Había vuelto de Portland para acabar mi carrera allí, porque es mi casa. Jugábamos contra Maccabi por una plaza en la Final Four del 2004. Teníamos el partido ganado pero, a falta de un segundo, ellos sacan bajo su aro, la meten en largo y anotan el triple para forzar la prórroga, en la cual nos fulminan.

¿Esa derrota precipitó tu retirada definitiva?

Sí. Tenía casi 40 años y me jodió enormemente. Vi que era el final. Me quedé sin ánimos. Había soñado mucho con ganar la Euroliga con el Zalgiris.

Estuviste cerca de ganarla muchos años antes, en aquella Final contra la Cibona (94-82) en el 86, cuando te expulsaron por dar un puñetazo a Nakic.

Algunas veces en mi carrera perdí los nervios, y esta fue una de ellas. Los balcánicos eran unos grandes provocadores (entonces, ya no). Era su estilo. Eran partidos muy calientes. Como pívot estabas mucho más expuesto a ese juego sucio, porque por tu posición no avanzas botando el balón, sino que estás ahí esperando, en la pugna, en el forcejeo. Era complicado mantener la calma. Los yugoslavos sabían cómo sacarte de tus casillas. Su escuela consistía en parte en eso.

Jamás pensé que las lesiones me harían retirarme. Pensé: “joder, otra vez se va a retrasar todo”. Pero nunca que era el fin. Eso ni lo contemplé. Siempre tuve claro que podría con las lesiones. Nunca se me ocurrió arrojar la toalla

¿Qué grandes diferencias ves entre el baloncesto actual y el que se jugaba en tu época?

Antes seguías sobre la pista mientras estuvieras bien. Si no había percances y estabas a buen nivel, no te cambiaban. Ahora la rotación es permanente durante el partido, y te vas al banquillo aunque te estés forrando a meter puntos. Hablan de dosificar y yo de verdad que no lo entiendo muy bien. ¿Para qué llevas veinte años entrenando? ¿Para cansarte ahora jugando veinte minutos?

¿Ves jugar al Madrid actual?

Algunas veces.

¿Qué opinas de Pablo Laso?

¿Cuánto tiempo lleva?

Diez años.

Pues ya está. No hace falta decir más. Al principio le discutían, y luego ha impuesto su filosofía. Cuando pierde critican, pero claro, filosofía no vale para nada si los jugadores no acompañan. Si tienes un gran carro pero los caballos no tiran… Tienen que caballos querer (sic).

Tú como caballo siempre tiraste. ¿Quién fue tu entrenador favorito?

Me llevé bien con todos. Siempre fui respetuoso con ellos, siempre les dejé hacer su trabajo. Fui un jugador disciplinado.

Pero ¿no tienes ningún predilecto?

No quiero quedar mal con los otros. No diré nombres.

¿Qué opinas de Pablo Laso?

¿Cuánto tiempo lleva?

Diez años.

Pues ya está

¿Cuál era el secreto de la estupenda escuela de baloncesto lituana? ¿Buenos entrenadores? ¿Tradición?

Sobre todo, la tradición. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Lituania ya había ganado dos de los tres campeonatos europeos que se celebraron. El primer europeo que ganamos fue en Letonia, que era el anfitrión por haber ganado el anterior, el primero que se celebró, en Suiza. Teníamos buenos jugadores, con el refuerzo incluso de dos que habían jugado en USA, Pranas Lubinas (aka Frank John Lubin) y Mykolas Ruzgys.

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¿Está ahora la selección lituana atravesando un bache, tras sus extraordinarias actuaciones a comienzos de este siglo?

Fuimos bronce en Sydney 2000 y ganamos el Eurobasket en 2003, y a partir de ahí empieza en efecto un pequeño bache, que yo relaciono sobre todo con la llegada de otros grandes equipos, como la propia España, a su mejor momento.

Ahora que hablas de España, ¿es posible que Gasol y tu hayáis sido los dos jugadores europeos más dominantes de los últimos 35 años?

(Duda, visiblemente molesto por tener que responder a halagos que confiesa odiar): Bueno, Gasol ya sabemos lo que ha sido. Qué hablar de Gasol. Pero las comparaciones no me gustan.

¿Lo tendrías siempre en tu equipo? ¿A qué jugador, actual o reciente, escogerías siempre?

Mira, el año próximo se celebrará el centenario del baloncesto de mi país. En 1922 se jugó el primer partido, que curiosamente fue femenino, después seguirían los hombres. Pues bien, con motivo de esta celebración, en la Federación hemos intentado organizar una encuesta para escoger los 100 mejores jugadores lituanos de la historia. Enseguida nos encontramos con el problema de que la gente solo ha visto jugar a los más recientes, y así no se puede hacer un ranking que sea justo. Con las comparaciones y los rankings siempre sucede eso. Hay otras preguntas…

Y del Madrid de Laso, que dices que ves jugar con alguna frecuencia, ¿serías capaz de decir dos o tres nombres de jugadores que te encanten?

(Vuelve a rezongar). Es que no soy muy bueno recordando nombres y apellidos. (Descojone general ante la evidente trola escapista).

¿Sigues al Madrid de fútbol?

Pues también a veces. Aprovechando que volvía a España después de cuatro años, quedé con un amigo para ver el Clásico. Como en los viejos tiempos. Me pareció un buen partido, sobre todo en el primer tiempo, en el que pasaron muchísimas cosas. Lo que fue malo era la hora del partido. Si comes, no puedes ver bien el fútbol.

Sabas, ¿sabes lo que más sorprende de ti?

No.

Que eres un tío normal.

Ole. Buena vista tienes.

Se nota que provienes de una familia muy estructurada.

Es verdad. Mi padre, muy tranquilito. Mi madre está con cojones. (Risas).

Bravo. Fírmanos la camiseta, por favor.

Voy. ¿Esta de quién es, de (…)? (Pitido censor, risas prepaperitivo).

Y, tal y como estuvimos, seguimos charlando sin cesar durante la comida. De la vida, del baloncesto, de los amigos. De las cosas que se hablan cuando uno está a gusto y tranquilo. Nosotros lo estuvimos, además de sentirnos muy honrados por el recibimiento. Gracias, Sabas, hasta siempre.  

 

Entrevista: Chechu Biriukov, Joe llorente Gento, Jesús Vega, Jesús Bengoechea

 

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