Solo han pasado dos meses desde que Unai Emery dejase el Villarreal con destino el Aston Villa. Llegó para sustituirlo Quique Setién y el submarino amarillo tiene una cara bastante distinta a la época del técnico vasco. El inicio de Setién no fue el esperado y acumularon varias derrotas en Liga y en Europa, aunque lo cierto es que se están recuperando y los dos últimos encuentros ligueros los saldaron con victoria. Las bajas para los amarillos son Lo Celso que sigue en recuperación y Rulli que se marcha al Ajax traspasado. Por tanto, Setién continuará con su clásico 1-4-3-3 aunque guarda alguna duda en su alineación. En portería estará Reina, que desde ya es el dueño del puesto. En defensa son fijos Foyth, Albiol y Pau Torres, pugnando por el lateral izquierdo Alberto Moreno y Pedraza, con más opciones para el primero. En la media, Capoue y Parejo son imprescindibles, y con la recuperación de Coquelin, podría salir el francés y quedarse fuera Baena. Arriba, por las bandas Chukwueza y Yeremi Pino, y en punta Gerard Moreno.
Al técnico cántabro le gusta presionar intenso y con el bloque alto, pero a su Villarreal le quedan varios escalones para hacerlo con precisión y eficacia. Eso supone una labor importante y de desgaste en todos los jugadores, sobre todo si no logran los réditos esperados y tienen que replegar con muchos metros en su espalda que recorrer. El equipo se hace muy largo y en días como el Valencia se les vio sufrir mucho en este apartado. Es la fórmula que debe utilizar el Real Madrid, una salida limpia y clara de balón para que se creen espacios por detrás de los medios del Villarreal y entre la defensa. Así el cuadro amarillo se haga largo y pueden surgir grietas en su sistema defensivo.
Dos jugadores son los elementales para que la salida de balón del cuadro amarillo cuaje, sea eficiente y segura: Pau Torres y Parejo. En el caso del centrocampista madrileño es el que se coloca a una primera altura y baja a recibir para desde ahí organizar el juego. Mientras que Capoue, un hombre más físico y de contención, se suele inhibir en estas estrategias y Setién lo está empezando a colocar mucho más arriba. El primer hombre delegado para sacar el cuero con limpieza y claridad desde atrás es Pau Torres. Su zurda es magnífica y su calidad en el pase de las mejores del Campeonato de Liga. Es el encargado de conectar con el mediocampo para que se inicie la fase de transición de la defensa al ataque de los amarillos. Pau también puede realizar desplazamientos en largo aunque el Villarreal no dispondrá de un jugador de gran poderío para bajar el esférico, descargar o pelear con los centrales. Por tanto, esos balones suelen ser más cambios de orientación o envíos a los jugadores de banda. Una vez el cuero en el mediocampo, Parejo intenta marcar el tempo y el ritmo de juego que más conviene a los de Emery con gran calidad y eficacia en el pase por parte del futbolista de Coslada. Si el Real Madrid quiere cortocircuitar esta salida y robar arriba deberá presionar a Pau y sobre todo a su compañero de zaga Albiol, que tiene más dificultades con el balón en los pies para combinar con sus medios.
La solidez, fuerza y consistencia atrás del Villareal de Emery es historia con la llegada de Setién. Los castellonenses son un conjunto más débil, menos compacto y han ganado en vulnerabilidad. Los jugadores son prácticamente los mismos pero no tienen la confianza que poseían con el vasco y se les ve menos concentrados y efectivos a la hora de defender. Una de las claves es que ya no están tan juntos ni cerrados. La distancia entre líneas es mayor y se forman agujeros por donde penetrar para hacer daño. En las transiciones y los repliegues el equipo se parte claramente en dos con un gran hueco entre la defensa y el centro del campo. En el último partido contra el Valencia, los che pudieron correr y campar a sus anchas si robaban arriba y salían con velocidad al contragolpe. En esa fase del juego se podía ver un 3 vs. 3 o 3 vs. 4 con una zaga amarilla desordenada y anárquica. El Villarreal sale a gol encajado por duelo y contra un equipo con pegada estas debilidades pueden ser su tumba. Los medios son intensos en la recuperación, con Capoue a la cabeza, mientras que el perfil derecho de la defensa es más contundente y expeditivo que el izquierdo, su lado más débil.
Mucho potencial dispone en la plantilla Setién pero les está costando ver puerta en consonancia a la calidad de sus hombres. Si tienen el día, pueden hacer daño a cualquier equipo del mundo. Gerard Moreno ha vuelto pero todavía no está al nivel de la lesión y las alas tienen mucho desborde y desequilibrio, aunque les falta concreción ante el gol pese a que el nigeriano Chukwueze está mejorando en esa labor. En asociación es un equipo interesante con jugadores de buen pie como Parejo, Baena o Trigueros, que en ataque posicional o lanzando la contra son precisos en sus envíos. Luego el contraataque villarrealense es de lo más peligroso por ser rápido, directo y con pocos toques. Además, es un plantel con un juego aéreo magnífico y futbolistas que dominan estas lides como Pau Torres, Albiol, Capoue o Foyth.
Setién en su librillo tiene como punto número uno la posesión y el dominio del juego con balón. Buscan llevar el ritmo del choque, acumular mucho balón en su poder para no sufrir y tener la idea de asociarse, combinar y rodearse en torno al cuero. Todo gira en torno a eso. El problema es cuando son muy planos, poco profundos y suman posesión del balón sin hacer daño. Con Emery eran más versátiles, intensos y móviles y eso con Setién se ha ido perdiendo. Alguno de sus últimos goles, como el primero ante el Valencia, llegaron más en una jugada al espacio y directa con pocos toques que en una acción en ataque posiciones y sobando el balón de un lado a otro con mucho pase horizontal. En el ranking liguero, el Villarreal aparece en el top3 en apartados como el regate gracias a la presencia de los Chukwueze, Pino o Morales y Danjuma entrando desde el banquillo. Y también en la sección de pases buenos en campo propio y en porcentaje de pases buenos con casi un 85%.
Gerard Moreno trata de recuperar el nivel de hace años después de bastantes lesiones musculares que le han impedido tener ritmo y continuidad. Las cifras goleadoras no asustan pero si tiene el día es el jugador más peligroso del submarino amarillo. El de Santa Perpètua de Mogoda es un delantero con una zurda magnífica, gran calidad técnica, habilidad y sobre todo muy inteligente, astuto y pícaro en todos sus movimientos. Fuera del área se maneja con soltura a la hora de combinar, apoyar y filtrar pases. Desde luego, es el hombre a vigilar cuando venga a recibir a la espalda de Tchouaméni, si cae a banda derecha principalmente y cuando se aproxime a la zona de remate.
Getty Images.
“To croon”: Hablar o cantar con voz suave, especialmente sobre amor.
Un buen crooner nunca se pone nervioso y no le tiembla la voz ante los espectadores más exigentes. Te embelesa con su potente pero sosegada voz, vibrante y templada. Si se equivoca, sonríe y te enamora. No necesita presentación, la expectación le calma. Su seguridad te hipnotiza, su tono adormece a las bestias.
Siempre gana.
ES un estilo de canto popularizado por Bing Crosby y llevado al más allá por Frank Sinatra. Tony Bennett, Tom Jones, Michael Bublé e incluso nuestro Julio Iglesias son algunos de los máximos exponentes de esa religión más multitudinaria que el cristianismo. Cantantes superdotados que han superado cualquier record de la industria con sus baladas románticas, sus whiskies y sus sensuales guiños.
Para acudir a un espectáculo de un crooner debes vestir tus mejores trajes; pieles, sedas, joyas y perfumes. Pajarita, siempre pajarita. Y no hay mejor manera que entrar al show como lo hace Henry Hill en “Uno de los nuestros”: sin esperar cola, a través de la cocina, saludando a todos, regalando algún cachete en la mejilla y pagando las mejores propinas. Y, a poder ser, que te pongan una mesa extra en primera fila ya que te van a dedicar una canción.
Italianos, americanos, españoles, franceses… pero el único crooner alemán que conozco no es cantante, es jugador de fútbol. Heredero de Redondo, Zidane y Pirlo. Elegantes, pausados, enemigos de la taquicardia, obsesos del gesto. Prestidigitadores del ritmo. Pero este crooner alemán es un cantante evolucionado, ya que se ha adaptado a los ritmos acelerados de las siguientes generaciones. Ha liderado apisonadoras de la presión y capitaneado tanto estilos rígidos como endiablados. Pero nunca ha desafinado.
Con todos ustedes: Toni Kroos.
Como buen crooner Toni pisa fuerte, pisa estable. No tropieza, no se perturba. Saluda lo justo y sonríe si el receptor está preparado para recibir su sonrisa. La balada comienza en el momento del pitido, no antes. Nada de parafernalia ni estridencias. El ritmo fluye a través de él y si hay que elevar el tono es porque la noche lo pide. Los esfuerzos se miden, el sudor se seca con un pañuelo blanco. Si el saxo desentona, lo mira fijamente un segundo y todo vuelve a fluir. Los crooners son fiables, precisos. Si lanzan un beso es porque están seguros de que llegará a su destino. Si señala, estate atento, porque algo va a pasar. Eso lo sabía Vinicius contra el Liverpool; el alemán fijó la mirada, señaló y todo acabó en el primer gol importante en la Champions del brasileño. Todo orquestado. Y encima el blanco le sienta como a un dandy con su mejor esmoquin en las grandes veladas. Tiene percha.
El fútbol moderno está dejando obsoletos a estos cantantes finos. Son una especie en peligro de extinción. Ahora se lleva el hard-rock en los campos. Ritmos potentes, dinámicos, menos eficientes en el pase pero que ganan por avasallamiento. Levantan pasiones con sus sonidos atronadores. Cantantes lanzándose al público, rompiendo las guitarras; públicos enfervorecidos gritan y mueven la cabeza. Mucho sudor y poca entonación. Tras la última Eurocopa los alemanes le dijeron a la cara a Kroos que ya no servía para el fútbol moderno y este respondió ganando una Liga y su quinta Champions. Sin despeinarse.
Si hay un distintivo especial para estos cantantes es que mejoran con los años. Las arrugas les sientan bien, los whiskies y el tabaco acumulados aumentan el atractivo de su voz. Y es que el alemán este año sigue aterrorizando a las estadísticas con sus porcentajes de pases, fluye entre los oponentes musculados, enseña a los más jóvenes.
Pero, ¿por qué te quieres retirar, Toni?
La única respuesta que encuentro es que no quiere ser un crooner al uso ya que muchos de ellos acaban arrastrándose en Las Vegas, entre on the rocks y chicas fáciles, sin asumir que hasta a los caballeros más imperturbables les llega la hora del deceso. Toni quiere irse en la cúspide, con el Music Hall a sus pies; quiere que le recuerden en lo más alto. No le va eso de Arabia.
Dentro de mi ansiedad anticipatoria al vacío que dejará, hoy me he levantado optimista porque no hay mayor Music Hall que el Nuevo Bernabéu. Un lugar donde su voz resonará mejor que nunca. Anfiteatros repletos para recibir su último tarareo, su mejor entonación. Todavía queda un baile y la orquesta está más afinada que nunca. Habrá filas de personas esperando para comprarse su último disco. Y creo que eso Toni lo sabe y le hace sonreír. Empiezo a creer que le queda un año más.
Tócala otra vez, Toni.
Girona y Rayo Vallecano disputaron su primer partido de La Liga después del parón por el Mundial. Un duelo disputado, con ocasiones y que, como el choque espectacular que fue, finalizó además con cuatro goles, dos para cada equipo. Desde una óptica madridista, también fue la oportunidad de ver en acción a Miguel Gutiérrez y Fran García, laterales izquierdos jóvenes y canteranos del Real Madrid. En las últimas semanas, ambos han sonado como posibles opciones para el lateral izquierdo del club merengue. El partido entre Girona y Rayo Vallecano fue una oportunidad de ver a ambos en acción, en su primer duelo desde que son profesionales.
Tanto Miguel (69 toques) como Fran (52) tuvieron una alta participación con balón, con el jugador del Rayo Vallecano más acertado en el pase (86,% por 78%). Ambos además hicieron gala de su vocación ofensiva y generaron peligro en la portería rival: cinco acciones que acabaron en tiro para Fran y cuatro para Miguel, según FBRef.com.
Sin embargo, y quizá contrariamente a lo que cabría pensar, el jugador del Girona F.C. sobresalió en el aspecto defensivo. No sólo recuperó más balones (siete) que Fran García (cuatro), sino que además ningún jugador del Rayo Vallecano superó sus cifras en este apartado. Además, también fue exigido en el juego aéreo y respondió de manera eficaz. Fue el jugador del partido que más duelos disputó en el aire (cuatro) y no perdió ninguno de ellos (100%). Parece claro que está evolucionando en ese apartado.
Son números que reflejan una mejoría en el futbolista de veintiún años, que en su estreno como profesional en LaLiga Santander, se ha ganado la confianza de Míchel, siendo titular en 14 partidos. Claramente está destacando en su estreno como profesional en Primera División, habiendo sido titular ya en catorce partidos. En cuanto a Fran García (Madrid, 23 años), es su segunda temporada en primera División.
El Real Madrid no les pierde de vista. Ambos son canteranos del club blanco y candidatos a regresar la temporada que viene. Cada uno tiene sus virtudes y no es difícil decantarse en la tesitura de elegir. Sirva este análisis de carácter estadístico sobre su primer choque frente a frente para iluminar la difícil disyuntiva.
Getty Images
Buenos días, amigos. Esta noche vienen los Reyes Magos, y lamentamos no tener perspectivas demasiado lisonjeras para mucha gente. Mucho nos tememos que las toneladas de carbón que Sus Santas Majestades portan ya sobre sus camellos son este año más onerosas que nunca. Han sido vistos en la frontera pirenaica con los camellos deslomados ante el peso de tanta sustancia fósil.
Ayer salieron a la luz imágenes del episodio completo de Zorrilla, con los insultos racistas a Vinicius, y la secuencia de los hechos es como para abochornar a medio planeta (de hecho, medio planeta anda abochornado con ello). Vemos en las imágenes cómo proliferan en las gradas de Pucela los cánticos simiescos, y cómo en el momento en que Vini se dirige a Munuera Montero para hacérselo notar este reacciona mandándole “a jugar” con notoria falta de respeto y haciendo caso omiso al oprobio que llegaba de la muchedumbre.
Lo de Munuera es un patrón. Da la sensación de que los colegiados han sido instruidos en la consideración de Vinicius como un niñato provocador que sólo pretende enmarañar los partidos, en lugar de tomar en serio sus reivindicaciones en un asunto tan serio como es el del racismo. Hasta tal punto se emplea Munuera con desdén y displicencia hacia el brasileño que, cuando este abandona el campo, le obliga irracionalmente a dar toda una vuelta por la banda, enfrentándose a los racistas del fondo de Zorrilla. Vini se retira indicándole que mire lo que va a pasar (no llamándole loco como insensatamente se ha publicado), y su profecía se cumple, porque Munuera le arroja de este modo bajo las iras xenófobas de parte del respetable (?). En ese momento marca Benzema y Vinicius canta el gol mirando a la grada. Es una reacción tal vez evitable, pero pretender equipararla a la cólera racista de los indeseables, o tratar de justificar una cosa con la otra, convierte instantáneamente en racista a quien lo haga.
Carbón para Munuera y para los árbitros. En última instancia, carbón para el jefe de los mismos en la RFEF, aka Rubi.
Carbón también para Tebas, que se permitió abroncar por Twitter a Vinicius por señalar en redes sociales su innegable responsabilidad (la de Tebas) en el asunto. De este modo protege (?) el presidente de la LFP a una de las máximas indiscutibles estrellas de su competición.
Carbón en cantidades industriales para los medios de comunicación españoles, entre ellos los diarios cuyas portadas comentamos aquí todos los días, por haber demostrado fehacientemente que para ellos hay dos varas de medir el racismo: tolerancia cero para cualquier manifestación del mismo excepto si el receptor de los ataques es Vinicius, en cuyo caso lo que al parecer procede es culpabilizar a la víctima. Duele en el alma comprobar cómo el asunto Vinicius no ha merecido ni la centésima parte de atención de (por ejemplo) Marca que la que merecieron otros sucesos de esta siniestra índole.
Carbón para todos, amigos. Os dejamos con las portadas del día que, con la sola excepción de As (Hey Jude), versan hoy primordialmente sobre el susto morrocotudo que sufrió ayer el Barça en su enfrentamiento copero con el Intercity de Tercera División.
Pasad un buen día.
Existen dos Navidades: la de los niños y la de los demás.
En la infancia todo es más emocionante e intenso, el tiempo queda suspendido en días que son tan eternos como nosotros mismos y vivimos en el asombro constante de la novedad y el descubrimiento. En sus fronteras la muerte no es más que una curiosidad mitológica y tiene cabida la magia: reyes de oriente que, a lomos de camellos supersónicos, se personan en el salón de tu casa para dejar múltiples dádivas; un señor de edad provecta, barbudo y entrado en carnes que se cuela por las chimeneas de todo el globo terráqueo para cumplir la misma misión altruista; incluso existe un siniestro ratón fetichista que te recompensa con nocturnidad y alevosía por los dientes que dejas debajo de tu almohada. Todo ello forma parte de tu realidad y tiene sentido hasta que se rompe el hechizo de la inocencia. Entonces nuestro mundo se reduce dramáticamente, el tiempo se acelera exponencialmente, empezamos a ser conscientes de nuestra mortalidad y lo que es peor: con el transcurrir de los años vamos perdiendo progresivamente la capacidad de sorprendernos. En el mejor de los casos, durante la Navidad nos invade un sutil sentimiento de melancolía por la inocencia y el pasado que no volverán; en el peor, somos aplastados por el insoportable peso de la ausencia de los que ya no están. Sólo nos queda conformarnos con ese sucedáneo vital que es vivirla a través de los ojos de los niños que amamos (hijos, nietos, sobrinos, etc.). Queen lo expresó inmejorablemente en aquel conmovedor canto de cisne de Freddie Mercury: You can't turn back the clock, you can't turn back the tide / Ain't that a shame? / I'd like to go back one time on a roller coaster ride / When life was just a game / No use sitting and thinkin' on what you did / When you can lay back and enjoy it through your kids.
Por eso jamás olvidaré la Noche de Reyes de 2003 en la que volví a creer en la magia.
En mi primer artículo en La Galerna afirmé que me resulta muy difícil escribir sobre aquello y aquellos que amo. Y en estos precisos momentos me estoy dando cuenta de que no hay personaje público sobre el que me cueste más escribir que Zinedine Zidane (la conclusión lógica es evidente, ¿no?). Como madridista hay varios futbolistas por los que he sentido debilidad: Laudrup, Roberto Carlos, Ronaldo Nazario, Özil, Marcelo, Modric, Casemiro… sin embargo, ídolos sólo he tenido uno (pese a mi melomanía y cinefilia, nunca he sido dado a la idolatría). En mi corazón Zidane está por encima de todos, nadie se le puede comparar. Sumando su contribución como jugador y entrenador, en mi opinión (amorosamente sesgada), es la figura más importante de la historia del Real Madrid junto con Di Stéfano, Santiago Bernabéu y Florentino Pérez. No es ya sólo que sea una leyenda del club que amo, es que adoro todo en él: su elegancia suprema, su forma de ser y de estar, su naturalidad, su falta absoluta de esnobismo e impostura, su calva, su cara, su temperamento, su forma de expresarse, su estrella y su sonrisa infinita. Personas que quiero y que ya no están me contaron historias de La Saeta, Gento y Puskas; yo tengo claro que en mi vejez (si llego) le contaré a mis nietos (si los tengo) que yo vi a Zidane desarmarlos a todos con su elegancia tanto fuera como dentro del campo. Mi madre, apasionada detractora del fútbol, decía que era muy hermoso ver a Zidane correr con el balón, como un cisne ejecutando una hipnótica danza en un lago verde. En la historia del fútbol, quizás, algunos jugaron mejor (no muchos). Nadie jugó más bonito.
En la historia del fútbol, quizás, algunos jugaron mejor (no muchos). Nadie jugó más bonito
Aunque me tienta, no estimo pertinente hacer ahora un alegato en favor del Zidane entrenador. Como decía Enrique Bunbury en una canción nunca se convence del todo a nadie de nada. Pero sí quiero hacer constar una de las grandes contradicciones lógicas de muchos aficionados y periodistas deportivos. Uno de los tópicos más delirantes que existen sobre su labor en los banquillos es que no sabe de táctica. La RAE, en su cuarta acepción, define táctica como “método o sistema para ejecutar o conseguir algo”. Sólo en un mundo prejuicioso y analítico hasta el ridículo como el fútbol se puede llegar a afirmar que la persona que más ha ganado, que ha ganado lo que no ha ganado nadie, no tiene ni idea de métodos o sistemas para ganar.
En las Navidades de 2003 yo era un atribulado adolescente de 19 años (19 años después, en cierto sentido, sigo siéndolo) que pasaba por una dolorosa ruptura sentimental y que, por diferentes circunstancias personales, se sentía enfadado y perdido; la magia ya había quedado atrás hace mucho, había sido reemplazada por el veneno del desencanto. Mis ilusiones habían sido enterradas bajo absurdas pulsiones rebeldes. Había perdido la capacidad de experimentar alegría y las fechas navideñas eran gasolina para el fuego de mi descontento. No obstante, sin esperarlo, aquel gélido 5 de enero recuperé la sonrisa.
No es necesario que realice una extensa crónica del partido ni una descripción pormenorizada de las mejores jugadas de aquel inolvidable Real Madrid-Valencia. Independientemente del resultado (4-1 a nuestro favor) y de los goles de bellísima factura, lo que se ha impreso en mi memoria sentimental es la incredulidad alucinógena y el éxtasis producido por la contemplación de la belleza en grado sumo. Recuerdo con claridad que gran parte del encuentro lo viví de pie, emborrachándome de felicidad con cada gesto técnico del francés. El Bernabéu se convirtió en el teatro de lo imposible y Zidane nos sumió a todos en un sueño del que ni siquiera combativos futbolistas como Albelda, Baraja o Ayala pudieron despertar. Durante aquella hora y media mi angustia adolescente se disipó y me reencontré con la magia y, por tanto, con mi inocencia. Me reencontré, en definitiva, con mi Navidad de la infancia.
Por eso jamás olvidaré la Noche de Reyes de 2003 en la que, por primera y última vez en mi vida, volví a ser niño.
Dicen que una vez un periodista le preguntó a John Ford qué era el cine y el legendario director respondió: “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”.
¿Habéis visto sonreír a Zidane? Pues eso es el Real Madrid.
Getty Images.
Ganó el Madrid con un gol genial de Rodrygo que, por un momento, pareció ser el único al que el césped hizo cierto caso. El resto de jugadores no tuvieron tanta suerte, incapaces de encadenar cuatro pases potables.
Me gusta la Copa porque obliga al “grande" a jugar con el culo apretado, con perdón, noventa minutos. Sin embargo, el césped de ayer no era propio de un torneo nacional. No sé si es la lluvia, el hielo o es que he aprendido a hablar del césped desde que Xavi es entrenador del Barca, pero estropeó el partido. ¿Aquiescencia de la Federación? Pues ni idea, bastante tiene Rubiales con sus propios marrones.
Y enmarronado se pasó el partido el Madrid salvo, como decía antes, en la jugada de Rodrygo, y es que no es fácil ni proponer qué partido, ni siquiera con quién, en circunstancias así. ¿Eliges la finura de Rodrygo, sobre todo, pero también de Hazard y Asensio, o sacas a Valverde, Tchouameni y Camavinga a que se peguen con ellos?
Al final, Ancelotti saca siempre a sus “sospechosos habituales”, y no jugó Mariano porque le dolería algo raro. A nuestro delantero suplente le pasa como al joven Borges cuando escribió: “Me duele una mujer todo el cuerpo”. A este parece que le duele jugar al fútbol, que ya no sé que es peor. Y siento ser tan reduccionista, pero Carletto no planteó el partido pensando en el Cacereño ni tres minutos. Y creo que no está de más decirlo porque tuvo algo que bordeó lo negligente.
Os canto cómo se hizo.
Lunin porque no juega. Que me parece bien, un marrón, pero bien. Además, si no es ahora es nunca.
Luego, Lucas Vázquez con mucho sentido para pegarse en el barro. Eso sí, si el partido es el que te van a plantear, quizá no sea el mejor día para Odriozola y sí para Vallejo. Al final, uno lesionado y el otro entonado. De Libro. En el centro de la defensa, diplomacia: del Rudiger-Álaba en Liga al Militao-Nacho en Copa. Por cierto, no me gusta ese TOC de Carletto de no modificar la pareja de defensas centrales. ¿Vallejo de lateral izquierdo?
Centro del campo. Ceballos estuvo voluntarioso y tenía que jugar porque Carletto le tiene estima, pero obviamente no pintaba nada en este tipo de partido. Valverde podía reventarlos hoy en la salida de balón, con los dos Reyes Espartanos (Tchouameni y Camavinga). Y, si tiene que rotar el fin de semana, que rote.
La delantera no podía ser más espantosa para el partido que se supone deberían haber averiguado que les iban a proponer. Asensio estuvo a ver si enganchaba un tiro en un campo donde cuadrar uno era el doble de difícil, y luego está lo de Hazard, conocido en las facultades de filosofía como “El ser y la nada”. Fichamos “El ruido y la furia” de la Premier y nos vino esto. Gana 14 millones de euros netos y siento pena por él, jamás nadie aportó menos a cambio de tanto. Álvaro Rodríguez, que no me interesa como futbolista, parecía más cerca de meter gol en 20 minutos que Hazard en 4 años.
Por cierto, este giro en la confección de plantillas tan físicas ¿nos hará ganar más veces la Copa? Realmente me da bastante igual la Copa, pero dejo ahí la pregunta.
Buenos días, amigos. Las portadas de la jornada se dividen entre la acidez contra el Real Madrid por no haber hecho patinaje artístico sobre un patatal y la crónica de la presentación de Cristiano Ronaldo con un equipo saudí. Que Cristiano (¿el segundo jugador más importante en la historia del Real Madrid tras Di Stéfano?) apure sus días deportivos cubriéndose de oro negro en una dictadura teocrática inspira una suerte de sorpresa desencantada. Que el Madrid ganara con lo justo en un campo impracticable, gracias a una genialidad de Rodrygo, que muchas veces parece la reencarnación de Romario, nos parece hasta bien.
Particularmente crítico con el juego del Madrid se muestra As. “Rodrygo… y gracias”, titula bajo la captura de un beso de Ancelotti al brasileño. Nos parece una buena forma de plasmar la gratitud debida a quien se inventó un regate y un remate sublimes, máxime cuando ambos valieron una clasificación, pero si por “… y gracias” cabe entender que el Madrid no ofreció nada más entonces cabe preguntar a As qué esperaban sobre esa superficie. Era un campo sobre el que resultaba imposible dar dos pases seguidos porque el balón se paraba en el barro o en el enésimo hoyo. El Madrid, con jugadores muy técnicos, afrontó la contrariedad con seriedad aunque sin ningún alarde, por la sencilla razón de que era imposible que los hubiera. El partido tuvo solo una ocasión digna de tal nombre. Fue del Madrid y fue gol.
A partir de ahí, hablar de un Madrid “lastrado por su desgana” nos parece gratuito, como lo es afirmar que “el Cacereño mereció mejor suerte”. ¿Qué mejor suerte? Mejor suerte habría sido pasar de ronda. ¿Se pretende indicar que el Cacereño debió en justicia eliminar a los de Chamartín? El Cacereño, que dio todas las patadas que quiso y que no por ello deja de merecer nuestro respeto, hizo un esfuerzo ímprobo. Bien hecho, chicos, y a otra cosa.
Marca es hoy menos ceñudo con el Madrid, y prefiere con buen criterio poner el acento en la perfecta maniobra de Rodrygo, única flor en un terreno baldío. Hubo en efecto “dedicatoria a Pelé” tras el gran tanto, como era de ley y de un modo que nos emocionó. Marca se hace eco además de las palabras de Ancelotti al término del choque en Cáceres: “Para mí esto no es fútbol, es otro deporte”, en alusión a lo imposible del terreno de juego. El Madrid lo jugó (ese otro deporte) como buenamente pudo, y logró su objetivo. Cabe argüir que Ancelotti debió haber planteado un once más físico de entrada, conocedor como sin duda fue a priori del estado del terreno de juego. Es opinable. Al menos el partido se cerró sin lesiones, lo que ya es mucho (lo de Odriozola no parece gran cosa).
Por otro lado, en una mosca prácticamente imperceptible da cuenta Marca del apoyo de Ronaldo Nazário, presidente del Valladolid, a Vinicius tras los insultos racistas sufridos por Vini en Zorrilla. Lo que querríamos es que Marca apoyase a Vini de igual modo, dándole no ya a la lucha contra el racismo, sino a la lucha contra el racismo específico que sufre Vini, el espacio y la rotundidad que merece.
Mundo Deportivo nos informa de que Xavi “quiere gol”. Hasta los talibanes de la posesión alientan el anhelo inconfesado de que al término de la misma, de la posesión, el balón acabe en el fondo de la red. El gol es una ordinariez para los dogmáticos del tiki-taka (el propio Hernández ha hablado del marcador como “ese gran impostor” en más de una ocasión), pero al final las costuras del resultadismo se le transparentan al más pintado.
De todos modos, no debería Xavi preocuparse mucho con tener gol, ya se ocupa la justicia ordinaria de que no le falte.
Aunque Xavi quisiera más, claro. En rueda de prensa no solo no agradeció al Tribunal Central Contencioso que interviniera en su favor, sino que le recriminó que no le informen con más tiempo. Es un rostro granítico, una jeta imbatible la del querido Jardiner, a quien por cierto le habría dado un síncope si hubiera tenido que jugar en el patatal de Cáceres.
Concluimos con Sport, que es quizá, curiosamente, el diario que decida hoy más tiempo a la chocante presentación de Cristiano Ronaldo, allá en tierras desérticas, como nuevo futbolista del Al Nassr. Da rabia (rabia saudí) verle acabar sus días en un fútbol sin horizontes deportivos y sin más aliciente que el dinero, sobre todo cuando él mismo afirmó -y le creíamos, porque su ejemplar carrera invitaba a ello- que no era el vil metal lo que condicionaba su existencia. También dio rabia verlo entrenar en Valdebebas, en esa especie de indirecta tragicómica, agridulce, por estar de vuelta. Dice Cris en la portada de Sport que no es el final de su carrera. Nos gustaría pensar que es así, y que el año próximo podemos verle jugar (esta vez sí) sus últimos años en otro club europeo de cierta talla.
Con sus increíbles luces e inevitables sombras, queremos mucho a Cristiano.
Pasad un buen día.
Arbitró Guillermo Cuadra Fernández del Comité balear.
Si estamos a tiempo de pedir un deseo a los Reyes Magos, sería que Cuadra Fernández desde ya se dedicase exclusivamente a sus labores de profesor de inglés y educación física. Es un trencilla insufrible, irritante y espantoso. De los peores de Primera y el nivel ya es bajo, bajo.
En su libreto figura destacada la norma de hombre al suelo es falta. Así cualquier día va a batir un récord señalando setenta faltas cuando tres cuartas partes son totalmente evitables de pitar.
También en su librillo establece que la primera amarilla es para el Real Madrid. Hoy fue Tchouaméni en el 26'. Que en el minuto 18' Luis Aguado estuviera a punto de mandar a la caseta a Nacho no le pareció estimable de tarjeta al madrileño.
Fue en la segunda parte cuando desenfundó con constancia. Tarde, como siempre. Solo Manchón había visto tarjeta en los locales en el 27' y en el segundo acto se unieron sus compañeros Iván Fernández por una entrada a Ceballos en el 65', Telles tras llegar tarde en un balón dividido con Camavinga en el 73', Bermu por agarrar a Valverde en el 77' y Pedro por un balonazo a Camavinga en el 88'. El medio francés también la vio, por cierto, al devolverle el pelotazo. Luis Aguado se fue de rositas de nuevo por un sujetar a Camavinga cuando se escapaba en el 64'.
En el 13' se anuló un gol a Lucas por fuera de juego de Asensio que sí parecía. Sin embargo, en el 53' se decretó un orsay de Rodrygo bastante dudoso porque Gomis podía habilitar al brasileño.
Cuadra Fernández, INSOPORTABLE y DESESPERANTE.
Lunin (7)
Serio, sólido, seguro. Demasiado exigido.
Odriozola (4)
Inactivo, flojo, superado, lesionado.
Nacho (7)
Como siempre.
Militao (7)
Por encima del partido, pero sin alardes.
Lucas Vázquez (6)
Correcto.
Tchouameni (2)
Intrascendente, aparentemente, sin interés.
Camavinga (6)
Sin brillo, pero muy voluntarioso.
Ceballos (6)
Ídem.
Asensio (5)
Lo intentó.
Hazard (1)
Desaparecido en combate.
Rodrygo (8)
Un golazo que vale unos octavos de Copa en una ronda siempre envenenada.
Rüdiger (6)
Experto. No le tembló el pulso.
Valverde (6)
Aportó la energía que faltaba.
Vallejo (5)
Enérgico pero atropellado.
Álvaro Rodríguez (-)
Un peligro por alto. Poco tiempo.
Sergio Arribas (-)
Poco tiempo para la perla del Castilla.
Ancelotti (5)
Conservador. Pocas oportunidades a los jóvenes del Castilla.
Unos 296 kilómetros separan Madrid de Cáceres, tierra de conquistadores. Hasta allí llegó placido Carletto en autobús disfrutando del paisaje ibérico. No obstante, mayor fue el periplo del equipo anfitrión aterrizado desde el Nepal apenas dos días antes. Al parecer el Club Polideportivo Cacereño derrotó en Katmandú a la selección nepalí, la Roja de por allí, pero sin futbolistas shaolin, en un encuentro amistoso que tenía por objetivo promocionar un centro budista en Cáceres que lucirá un Siddhārtha Gautama “Buda” de 47 metros.
Son las cosas locas de la Copa. Como Juan Carlos Rivero.
Tras un emotivo minuto de silencio en memoria de O Rei, que ni es Borbón ni es mesías, comenzamos el partido en el Príncipe Felipe recordando que la última vez que el Madrid alzó una Copa del Rey —la del Expreso de Cardiff y los isquiotibiales de Bartra— el monarca, por apenas unos meses, aún era su padre, Juan Carlos. De Borbón y Dos Sicilias, no Rivero, que como decíamos también andaba allí flotando en el ambiente.
Sobre un terreno de juego con tantas calvas como el frontispicio de este cronista se activó el cepo mortal que constituyen las tempranas rondas de la Copa de Su Majestad a lo largo y ancho de la piel de toro. El Cacereño, todo pundonor, pronto acorraló a un once de meritorios de Ancelotti, pero, ojo, con dos finalista del Mundial (Camavinga y Tchouaméni) y una delantera digna del ímprobo torneo catarí (Asensio, Hazard y Goes). Incluso debutó esta temporada Odriozola, otrora Puñal de la Concha, aunque en el lateral zurdo.
No se apreció sobre el verde por otra parte mayor entusiasmo. Ocho largos minutos que parecieron una hora y media tardó el Madrid en sobrepasar el centro del campo. Valientes, agresivos y esforzados, los extremeños se vaciaron en anular toda línea de creación merengue. Por momentos asistimos al advenimiento del Zorongollo Mecánico.
Súbitamente, el corajudo Cacereño se tornó leñero. El Madrid aceptó el envite y Cuadra Fernández convirtió un encuentro tosco pero noble en una suerte de coitus interruptus permanente, falta va, falta viene
Un fuera de juego de Asesino señalado por la linieresa malogró el clásico gol de Lucas por los recónditos rincones de los campos de España. Poco después, Ceballos disparó con brío pero sin mordiente sobre el arco Cacereño. Poco más. Na. Un testarazo de Militao en un saque de esquina a las manos del portero, si acaso.
Por el contrario, Lunin, sobrio, sí tuvo que emplearse un par de veces para atajar la amenaza cacereña. Súbitamente, el corajudo Cacereño se tornó leñero. El Madrid de la mano de Camavinga aceptó el envite y Cuadra Fernández, el del pito, convirtió un encuentro tosco pero noble en una suerte de coitus interruptus permanente, falta va, falta viene.
Así llegamos sin goles al descanso y con el vértigo del abismo de la Copa acechando en el horizonte más inmediato. Ancelotti movió fichas, pero poco. Rüdiger sustituyó a Militao y Valverde a un deslucido Tchouaméni en busca de mayor energía en la medular, esa que comenzaba a agotársele al Cacereño. Los jóvenes del Castilla en el banquillo, dadas las circunstancias, despertaban más ilusión en el hincha, aunque pocos minutos después sí pudimos ver a Kaiser Vallejo, que entraba en sustitución de Odriozola, al parecer y lamentablemente aquejado de un pinchazo en el bíceps femoral.
El Madrid, aún gris, sostuvo mejor a los locales en los primeros compases de la reanudación. Hasta Rodrygo se quedo mano a mano con el portero, pero había fuera de juego.
Otro offside tardío dejó en nada una fenomenal intervención de Lunin tras varias cabriolas del más fino extremo extremeño, Iván Fernández. Respondió Asensio con un latigazo duro pero centrado sin problemas para Moreno. Conocedor de su superioridad, proponía el Madrid un intercambio de golpes, pero el Cacereño no picaba y ya se adivinan los problemas. Lunin, exigido, ya lucía demasiado barro en su zamarra.
Ansiedad, angustia, batacazo, que rima con Alcorconazo.
Son los fantasmas propios de una Copa, siempre sufriente, siempre sufrida, mortal a veces.
Hazard, por cierto, seguía en el campo. Otra cosa ya era verlo hacer algo. Un poco como todos, pero él especialmente. También se debió acordar Carletto, que por fin dio una oportunidad a un castillista. El charrúa Álvaro “El Toro” Rodríguez entraba en lugar de un alicaído Edén, como decíamos en líneas precedentes.
Cuando aciago comenzaba a pintar el panorama, que hasta Rüdiger lucía sus macabras y enloquecidas muecas faciales, un destello de la magia paulista de Rodrygo, al filo de los 70 minutos, iluminó la noche de Cáceres. Goes arrancó por la banda de Vinicius y en un preciso, fugaz y letal eslalon se coló entre dos defensas locales para después clavar el balón en la escuadra con un disparo enroscado. 0-1 y alivio.
Supo controlar sin mayores sobresaltos el resto del encuentro el Madrid que, demasiado tarde quizás, se permitió incluso el lujo de dar algunos minutos al gran diamante del Castilla, Sergio Arribas, más que acostumbrado a jugar en estos campos de España.
No pudo lucirse. No hizo falta.
El golazo de Goes vale unos octavos de la Copa.