El pasado miércoles 9 de noviembre, el seleccionador Didier Deschamps dio a conocer la lista de convocados de Francia para el Mundial. Entre los 25 convocados no se encontraba Ferland Mendy, el único extranjero madridista (Kroos está retirado de la mannschaft; Alaba y Lunin no se clasificaron) con opciones de ir que no estará en Qatar.
Hubo gente que se sorprendió de su ausencia pero, aunque tenía alguna opción de ir, se ha impuesto la lógica porque no es un habitual bleu.
Deschamps lleva en el cargo desde 2012 y fue el técnico que hizo debutar al lateral izquierdo en la selección. Mendy todavía era jugador del Olympique de Lyon cuando en un amistoso frente a Uruguay en 2018 se puso por primera vez la elástica del equipo nacional. Desde entonces, solo en ocho encuentros más (un amistoso, dos de fase de clasificación para la Euro’20 y seis de la Nations League) ha jugado Mendy con Francia. Ocho en justo cuatro años. Parece claro que Mendy no es de la guardia pretoriana de Deschamps en defensa y es que hay otros cuatro laterales izquierdos que son más del gusto del seleccionador galo: Lucas Hernández, Theo Hernández, Lucas Digne y Benjamin Mendy.
El otro Mendy, Benjamin, hace tiempo que dejó de ir por razones obvias debido a las acusaciones de violación que le apartaron del fútbol. Los hermanos Hernández, son los dos futbolistas que pueden ocupar esa demarcación que estarán en el Mundial y Digne era hasta hace unos meses el segundo lateral para Deschamps que lo convocó para la Eurocopa 2020 y antes para otras citas de importancia.
Hubo gente que se sorprendió de su ausencia pero, aunque tenía alguna opción de ir, se ha impuesto la lógica porque no es un habitual bleu
En lo que se refiere al aspecto futbolístico intentaremos buscar explicación a las razones que llevan a Deschamps a elegir a otros jugadores en esa posición antes que a Ferland Mendy.
Lucas Hernández fue el lateral izquierdo titular en el Mundial 2018 que ganó Francia. Con el paso de las temporadas se instaló tanto en el Bayern como en la selección en la posición de central. Sin embargo, en una reciente entrevista Deschamps declaró que iba a volver a ser lateral y sería el titular en el Mundial de Qatar. Con Lucas, el técnico se garantiza a un jugador más defensivo que ofensivo, que cierra bien su banda, es fuerte en el uno contra y uno y un valladar en el juego aéreo. Por tanto, en ese aspecto cubre varios apartados en los que Mendy es un titán.
Theo Hernández es un recién llegado a la selección francesa con la que debutó en septiembre de 2021. Su incorporación a los bleu se basó principalmente en que Deschamps cambió el sistema de juego y comenzó a poner una defensa con tres centrales y dos carrileros largos. En esa idea, Theo encajaba como un guante al no tener tantas obligaciones defensivas y permitirse subir al ataque con frecuencia con toda la banda para él. Ahora que ha confirmado que volverá a jugar con cuatro atrás, el pequeño de los Hernández partirá como suplente pero será una baza desde el banquillo si se requiere un lateral más ofensivo o si en algún momento concreto Deschamps vuelve a jugar con carrileros.
Por tanto, la labor que desempeña Mendy considera Deschamps que con Lucas está más que cubierta. Y el lateral izquierdo madridista no tiene entre sus aptitudes más potentes el juego ofensivo como le ocurre a Theo. Si al final un seleccionador busca dos perfiles para sus laterales, uno más de fortaleza y firmeza en defensa y otro con más poderío en ataque, ahí pueden estar los motivos de que Mendy vaya a ver el Mundial por televisión.
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Hace unos lustros, que un futbolista fuese o no a su selección era un refrendo casi necesario para asentar su estatus en el Madrid, no digamos ya si era español, que antes de la Ley Bosman eran la mayoría. A los madridistas nos hacía ilusión, a algunos incluso les llenaba de orgullo y satisfacción cual monarca en Nochebuena. Incluso su presencia o no en el equipo nacional era tema de enconado debate: que si Buyo está mejor que Zubizarreta, que juega con garrota y solo se deja caer hacia los lados, que si por qué narices Míchel no va a la selección, etc.
En cambio, ahora sucede lo contrario, al menos para una parte de los aficionados, entre los que me encuentro. Si un madridista titular no es convocado, muchos respiramos con alivio. En la actualidad, que un jugador del Madrid acuda con su combinado nacional es una faena. El número de partidos internacionales ha aumentado en la misma medida que ha decrecido la categoría y el interés de los mismos. Antes se jugaban un puñado de encuentros clasificatorios y la fase final de eurocopas y mundiales, más algún amistoso suelto de preparación. Ahora bajas a comprar y te encuentras un Bélgica-Luxemburgo en la sección de frescos del Carrefour.
Si un madridista titular no es convocado con su selección, muchos aficionados respiramos con alivio
La ausencia de Mendy en el Mundial ha generado controversia. Deschamps no ha convocado al lateral izquierdo madridista y hay quien no comprende la decisión del seleccionador francés. Con toda seguridad, al primero que le habría gustado ir es al propio Ferland. La alegría que produce la presencia en un mundial para un jugador es el único aspecto positivo que aprecio. Afortunadamente, su no presencia disminuye la probabilidad de que se lesione, de que lo lesionen o de que sufra algún problema de esos que se pueden padecer cuando uno viaja a un país donde no se respetan los derechos humanos, como es el caso de Catar.
Tampoco voy a analizar las causas que han motivado a Deschamps a dejarlo fuera del mundial, precisamente porque es Deschamps, un tipo que no convocó (afortunadamente) a Benzema durante años —más allá de que hubiese otro tipo de motivaciones— deja bien claro que sus decisiones no pueden juzgarse desde la lógica, y desde otros puntos de vista no me veo capaz de analizarlas.
Hay, sin embargo, situaciones en las cuales sí es positivo que convoquen a un madridista, por ejemplo cuando no es un titular indiscutible pero juega con asiduidad, ya que no está saturado de partidos y disputar encuentros con la selección puede ayudarle a coger ritmo de competición. También para los casos de futbolistas que participan en los partidos lo mismo que la foto de la primera comunión de la prima Angelita que está en la mesa de la tele (que está en la mesa de la tele la foto, no la prima Angelita, que ya tiene 48 años, pesa 75 kilos y desencolaría el mueble).
Este es el caso de Hazard, que no sabemos si hizo o no la primera comunión o tiene una prima Angelita, pero sí sabemos que no juega con el Madrid aunque esté en él. Y no juega porque no se encuentra en la forma necesaria para participar. De modo que actuar con su selección tiene la doble ventaja de que lo mete de lleno en la dinámica de los partidos y, con suerte, destaca y algún club quiere ficharlo.
Ahora muchos madridistas no necesitamos que nuestros jugadores titulares acudan a la selección para valorarlos o quererlos más. Por eso la presencia o no de Mendy con Francia no debe influir para su renovación con el Madrid, porque a dos años y medio del final de su contrato parece que se ha abierto ese melón.
Si fuese necesario renovarlo ahora, entiendo que sería una buena decisión hacerlo. Insisto, si hubiese necesidad, que a más de dos años de extinguirse la relación contractual no parece que la haya, pero vaya a usted a saber si me he perdido algo.
Si fuese necesario renovar a Mendy ahora, entiendo que sería una buena decisión hacerlo
Mendy no es el futbolista más estético que ha pisado la banda izquierda madridista, pero sí una maldita roca ígnea contra la que nadie quiere chocar. Las cualidades defensivas de Mendy —recordemos que es defensa— están fuera de toda duda. Es más, los que ven en el fútbol una tabla Excel dicen que cuando Mendy es de la partida el Madrid pierde menos. Dato nada despreciable si tenemos en cuenta de que lo que verdaderamente distingue al Madrid del resto es que gana más que nadie.
Sus detractores se escudan en lo tosco de su juego de ataque, en las accesos de inconsciencia que en ocasiones lo poseen cuando saca el balón controlado y lo llevan a asumir unos riesgos que han llenado las consultas de los cardiólogos de medio mundo. Sin embargo, creo que esos aspectos pulibles de sus juego no merman la valía de este futbolista.
Me erijo, sin autoridad alguna pero sí con entusiasmo, en representante de los defensores de Ferland y digo: queremos a Mendy y queremos que Mendy siga jugando en el Real Madrid mucho tiempo.
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Buenos días, amigos. Tras sobrevivir a un martes tedioso, comenzamos un miércoles que en lo relativo al madridismo se prevé tan ilusionante como depilarse las partes blandas con lava en un entorno hostil. Pero el principal cometido, aunque hay más, de esta sección es analizar las portadas de los cuatro principales diarios deportivos patrios. Vamos a ello.
Comenzamos por As. Vemos a Pablo Iglesias en la portada y desistimos al instante de seguir portanalizando. Optamos por el cometido número 33 del Portanálisis: proveer de recetas de repostería al lector de La Galerna.
Antes de entrar en harina, o en lácteos, es necesario preparar la base sobre la cual verteremos nuestro preparado cuando esté listo. Para ello necesitamos galletas María, azúcar a discreción y mantequilla. No me utilicen margarina ni porquerías por el estilo. Si tienen algún problema con los ingredientes, mejor que no hagan el postre.
Lo primero que hay que hacer es machacar las galletas con saña, como si se tratasen de Luis Suárez, de Alejo, de Fali o de cualquier otro ser vivo de este pelaje. La manera de hacerlo es indiferente, se pueden golpear con los puños, meter en una bolsa y pasarles un rodillo por encima, como por ejemplo hizo el Madrid al Bayern de Pep en Alemania o, y esta opción es la que recomendamos, añadir en un vaso de batidora las galletas troceadas, el azúcar y la mantequilla y batirlo como si no hubiera mañana. El resultado es un polvo terroso compacto como tierra húmeda al día siguiente de una tormenta, pero a la vez ha de desmoronarse como si fuese el mismísimo Camp Nou.
Esta mezcla de galletas, azúcar y mantequilla la extendemos en el fondo de un recipiente plano y no muy profundo (el clásico recipiente Pyrex de horno es idóneo) hasta formar una capa de aproximadamente un dedo humano de grosor.
Vamos con el meollo, que no Maíllo —que no es más que una fusión de Maffeo y Raíllo—, de la cuestión.
En un bol grande vertemos la leche, la nata, depositamos la Philadelphia, el azúcar y espolvoreamos la cuajada. Introducimos la batidora y batimos. Batimos mucho, pero con cuidado de que no salga desperdigadas gotas blancas por toda la cocina, no vaya a venir luego la prima de Monchi y nos regañe.
Cuando la mezcla es homogénea y sin grumos, la trasvasamos a una olla de capacidad suficiente para contenerla y la ponemos a fuego lento durante veinte minutos.
Ahora viene la parte tediosa de la receta, porque durante esos veinte minutos no hay que dejar de remover. Hay que trabajar para obtener el resultado apetecido, como hace el Madrid, sobre todo en eliminatorias Champions.
Durante el meneíto, hay que estar pendiente de que no se formen burbujas de magma volcánico en la gruesa mezcla, porque al explotar pueden saltarnos y quemarnos. Si aparecen, es necesario bajar aún más el fuego.
Tras los veinte minutos de calor, vertemos con cuidado el mejunje sobre la cama de galletas, azúcar y mantequilla. Dejamos reposar hasta que se atempere e introducimos, al menos una noche, en el frigorífico.
Al día siguiente la mezcla habrá cuajado y podremos cortarla en porciones que nos aportarán ricas calorías suficientes para escalar el Everest sin oxígeno y con una mano atada a la espada, no nos vayan a señalar penalti ahí arriba y la liamos.
Pasad buen día.
En estos tiempos de incertidumbre energética y de satanización del motor de combustión interna, hacerse con un coche nuevo cabalga entre la temeridad y el masoquismo, pero qué se le va a hacer. Consciente como soy de los precios de los combustibles, he optado por un vehículo de construcción estadounidense que no requiere de la combustión de hidrocarburos, sino que, merced a un dispositivo casi mágico, obtiene su energía de un dispositivo denominado de manera críptica condensador de fluzo. Lo has adivinado, querido lector. Tengo un DeLorean.
Haciéndole el rodaje, aún frustrado por no poder poner una cinta de Bordón 4 por haber sido el radiocasete sacrificado para albergar una pléyade de complejos sistemas, me percato de que el vehículo va como la seda. Sobrevira un poquito, eso sí, pero ¿qué tracción trasera no lo hace? Al tratarse de un vehículo norteamericano, el velocímetro está en millas, lo que me obliga a hacer un poco de cálculo mental, pero nada grave. Al zurrarle un poquito en la bajada de la cuesta de las Perdices en la A6, ocurrió algo curioso en extremo: en cuanto alcancé las 88 millas por hora, es decir, me puse a 140, algo cambió. Como por ensalmo, me vi transportado a una época diferente. Viajé en el tiempo. Era Madrid, sí, pero estaba distinto. Un vistazo a un diario As que vi tirado me informó de que se estaba elevando a los altares a Cañizares y que Hierro había marcado un golazo de cabeza importantísimo con la selección española en un enfrentamiento contra Dinamarca. Clemente de seleccionador, oigan. En el rotativo no hallé referencia alguna a croquetas ni vituperios contra Florentino Pérez. Un rápido vistazo a la contraportada me mostró la foto de una chica extraordinariamente bien proporcionada que lucía una vestimenta tan exigua como inútil.
Algo debió de cambiar en mi tránsito por el espacio tiempo, pues en esta época soy persona con una fama y prestigio tan injustificados como inmerecidos, pero me hallo invitado a un programa de variedades para sentarme en un sofá con titanes como Mel Gibson a mi diestra y Sabrina Salerno a mi siniestra, mientras la inefable Raffaella Carrá ejerce de manera magistral como anfitriona
Algo debió de cambiar en mi tránsito por el espacio tiempo, pues en esta época soy persona con una fama y prestigio tan injustificados como inmerecidos, pero me hallo invitado a un programa de variedades para sentarme en un sofá con titanes como Mel Gibson a mi diestra y Sabrina Salerno a mi siniestra, mientras la inefable Raffaella Carrá ejerce de manera magistral como anfitriona. Al parecer, mi celebridad se debía a que se me consideraba un excéntrico que había profetizado que, para el año 2000, el Real Madrid tendría 8 Copas de Europa, y que en 2022 el número sería de 14, amén de otros vaticinios de limitado interés, desde el suicido de Kurt Cobain en 1994, el cambio de gobierno en España de 1996 o que Metallica se cortarían el pelo en el mismo año.
Pulula por ahí un tipo bajito argentino que responde al nombre de Tony Kamo y que es presuntamente hipnotizador, habilidad que quiso probar conmigo. No es que me entusiasmara que me tocara la frente y me dijera aquello de “1, 2, 3 duerme”. El caso es que me traspuse, un sueño reparador y, ay, breve. Demasiado. Desperté como lo hago siempre, de mala leche y con ganas de ir al baño y de rascarme. En un corte publicitario satisfice mis necesidades fisiológicas y volví al plató, nada nuevo que no ocurra todas las mañanas, así que no vi nada extraordinario en cuanto a los poderes del hipnotista.
Empezamos a jugar a una cosa llamada el “Si fuera”. Se revelaba un personaje o cosa a uno de los invitados de los sofás sin que los otros lo vieran y debía responder a preguntas de éstos que, necesariamente, deberían llevar tal formulación. Casualmente, me tocó responder a preguntas sobre el Real Madrid y el Barcelona, por lo que comenzó el interrogatorio.
Sabrina Salerno abrió fuego. Con esa musicalidad italiana en su habla, preguntó “¿Si fuera un niño o chico? La respuesta era fácil. “Si fueran unos niños o chicos”, le corregí.
“Uno de ellos sería aplicado, buen estudiante y con un tesón y fe a prueba de bombas. Eso le ha hecho granjearse la inquina y envidias de sus compañeros de colegio, gente mediocre, y también de algunos profesores que se niegan a reconocer la excelencia porque son conscientes de que es mucho más inteligente y válido que ellos. Sin duda está llamado a hacer grandes cosas en la vida. Fuera del ámbito académico, es un chico que cae muy bien con muchísimos amigos, admirado y respetado por los que cuentan con su compañía. Cierto es que hay veces que se descentra y se deja llevar, con rachas en algunos casos muy mejorables, pero es humano, así que esos despistes son perdonables, pues se compensan con mucho con todo lo bueno que hace.
El otro, por el contrario, es un niñato malcriado que se enfrenta a la autoridad con unas formas inadmisibles. Odia al chico antes referido y esa hostilidad, así como su perenne ostentación de la misma, albergan, de manera indudable, un gran complejo. No es tonto, pero sabe que no podrá ser como él, y eso termina devorándolo por dentro. Eso sí, siempre tiene una justificación victimista para cuanto no hace bien, y lo malo es que sus padres y profesores consienten y aceptan esas excusas“.
Mel Gibson creyó dar con la respuesta y farfulló con acento australiano
Lamenté responder negativamente al hombre que había encarnado a Riggs en Arma Letal o a Mad Max y que iba a dar vida a William Wallace, por lo que le animé a que me preguntara su “si fuera”.
Uno de ellos sería aplicado, buen estudiante y con un tesón y fe a prueba de bombas. El otro, por el contrario, es un niñato malcriado que se enfrenta a la autoridad con unas formas inadmisibles
“¿Si fueran un tipo de música?” me inquirió.
Esto iba para largo. Tomé aliento y comencé a responder a don Mel.
“El primero que he dicho sería el resultado de mezclar a los Beatles con el Rat Pack, les añades a Led Zeppelin, Pink Floyd, los Rolling Stones, The Who, los Kinks, Queen, Guns n’ Roses, Sparks, la genialidad de Beethoven y Mozart, el sentido de la melodía de Puccini y Tchaikovsky y la capacidad de enardecer de Wagner y Iron Maiden. Esa mixtura da como resultado algo inmortal, glorioso y frenético capaz de ser a la vez épica, lírica y dramática, es algo atemporal y eterno.
El otro sería más bien la obra de uno de esos grupos que son buenos, muy buenos, pero que se creen más de lo que son. Son U2, Coldplay o Springsteen olvidando que son artistas que hacen un rock and roll cojonudo y de repente se arrogan una misión, adoptando una impostada trascendencia que resulta tan ridícula que acaba siendo risible. Tiene un punto de cansautor, de esos que tocan mal la guitarra y que ponen letras pretenciosas a sus composiciones, de manera que quieren tener mensaje y no llegan siquiera a tener recado. Por si fuera poco, están rodeados de palmeros que les dicen que son lo más grande, y ellos, criaturas, se lo creen. También tiene una componente de moda en cuanto a lo perecedero. Es un producto musical que puede tener muchísimo éxito comercial, incluso más que su competencia, pero que no puede compararse con ella en términos de pervivencia. Es, para que nos entendamos, como el reggaetón”.
“¿Reggae…qué?”, preguntó Raffaella con la confusión reflejada en su rostro.
Quise decirle que es lo que suena en 2022 en las discotecas, pero no podía explicarle a la diva, a la mujer que nos regaló “Hay que venir al sur” o “En el amor todo es empezar”, que la cosa había degenerado tanto, que sus magnas obras habían sido desplazadas por un subproducto de semejante calaña. Sólo podía explicarlo de una manera, mediante el método empírico. Te dejo aquí, querido lector, lo que revelé a Raffaella que sería el Barcelona que conozco si fuera un tipo de música.
Vídeo: Nanook The Eskimo
Buenos días. La sociedad, y el fútbol como parte de ella, se han corrompido hasta tal extremo que nos encontramos en mitad de noviembre a cinco días de que comience un mundial vergonzoso por la ausencia de respeto a los derechos humanos que lo rodea y aquí no pasa nada, oiga. Nadie de quienes realmente podrían haber revertido la situación se ha posicionado públicamente con valentía, el dinero es el mejor anestésico de la moral.
Las portadas, sobre las que hablaremos más adelante, no tratan este aspecto, tampoco lo esperábamos, requiere mucha menos valentía dar el mismo espacio a los ganadores del Balón de Oro masculino y femenino que posicionarse contra unos organizadores homófobos responsables de miles de muertes, que esos sí tienen poder y nadie quiere perder lo suyo.
Tampoco hablan las primeras planas de algo que sí les afecta a ellos como medios de comunicación: Luis Enrique se hace streamer. Streamecedor.
Como reflexionaba ayer Jesús Bengoechea en Twitter, más allá de la opinión que tenga cada cual de Luis Enrique, la decisión de ponerse frente a una cámara y comunicarse directamente con los aficionados puede suponer un punto de inflexión en el periodismo deportivo, Jesús entiende que incluso podría ser un punto final, tendremos que ver si se confirma en el futuro, pero parece que es el camino.
Ya no solo el medio es el mensaje. El protagonista es el medio (y el mensaje), con lo que el intermediario pasa a mejor vida. Luis Enrique va a comunicarse durante este mundial directamente con aquellos que estén interesado por lo que ocurra en él sin necesidad de pasar por filtros como el de Fernando Burgos, por ejemplo, lo cual significará probablemente un aumento de la nitidez y la ausencia de interferencias.
Kroos ya hace algo similar en el podcast de su hermano, no necesita a la prensa para poner en conocimiento del mundo sus pensamientos, opiniones e inquietudes. Solo se pone delante de un micrófono tradicional cuando sus compromisos laborales se lo exigen.
Al igual que Kroos, Luis Enrique sabe que ya no necesita un medio masivo para propagar sus mensajes porque el medio es él. Además, los medios tradicionales van a seguir haciéndose eco de lo que diga Luis Enrique, por lo que el impacto de salir en ellos está garantizado.
Los tiempos avanzan aunque los protagonistas de los mismos no lo hagan, del mismo modo que internet sepultó a la mayoría de las agencias de viajes, salvo las que evolucionaron y ofrecieron un valor añadido, el paso delante de los protagonistas del deporte puede enterrar a los medios que no se adapten y brinden al consumidor un producto diferencial.
El hecho de que Luis Enrique se haga streamer, le brinda una oportunidad pintiparada para denunciar las tropelías del mundial de Catar. Lástima que no vaya a ser así porque, según él, es entrenador, no político. Se ve que entiende que defender los derechos humanos es un asunto político y no un principio fundamental de todos y cada uno de nosotros.
Sin embargo, Luis Enrique no ha tenido tantos problemas con los temas políticos otras veces. Mirad:
Bueno, tampoco vamos a pedirle coherencia, según sus propias palabras, es solo un entrenador.
Y ahora, como comentábamos antes, hablamos brevemente sobre las portadas del día.
En Marca aparece Rodrygo a los mandos de una aeronave provista de alas, cuya sustentación y avance son consecuencia de la acción de uno o varios motores, o sea, un avión. En la entrevista que le realiza Juan Castro, Goes desea que muchos madridistas vayan con Brasil por ellos (él, Vini y Militao). Es bastante probable que eso suceda. Hay mucho aficionado que no comulga ni con la forma ni con el fondo de esta selección ni de quien está al mando de ella ni de quien elige a quien está al mando de ella.
As ha escogido a mismo protagonista que Marca, Rodrygo hace doblete, pese a que, como nos contó ayer Tomás Guasch en La Galerna, hay que dice que Rodrygo pega, que Rodrygo es poco más que un pendenciero. Sí, sí, leed aquí.
Mundo Deportivo opta por otorgar su portada a un señor mayor que llegó a ser un futbolista diferencial, de los mejores de la historia, que afirma que van a pelear por el mundial. Él lo hará andando.
Y dejamos para el final el frontispicio del diario Sport. Dos señores mayores y un puñado de chicos jóvenes bajo el grito de ¡a por todas! Más parece la exclamación de un grupo de adolescentes hormonados de 1984 antes de salir un sábado por la noche a ligar que un puñado de futbolistas, exfutbolistas y familiares del seleccionador.
Pasad un buen día.
Como nos han robado el fútbol para llevárselo a un enorme cementerio y jugar allí, sobre miles de cadáveres, un mundial aberrante, yo me he propuesto, en lo que dure el hurto, recordar los mundiales que he vivido. Los mundiales del verano, los mundiales que se jugaban antes: buenos y malos, aburrido, notables y mediocres, los que seguí con mucha pasión y los que no me importaron casi nada. En suma, mis mundiales, los mejores mundiales de la historia del mundo, porque fueron los míos.
De la primera Copa del Mundo que guardo recuerdos, recuerdos de verdad y no vagas referencias entre la imagen y el sueño, es de la de 1994: el decimoquinto Mundial de fútbol de selecciones nacionales, disputado en los Estados Unidos de América entre los meses de junio y julio de hace veintiocho años. A la mitad de ese Mundial yo cumplí seis años. Mi padre sacó al patio la tele de la cocina: eran los veranos de la sequía, que empezó más o menos cuando nació mi hermano, un año largo antes. Luego han venido más sequías pero para mí aquella siempre será diferente, el modelo de todas las sequías, porque oía hablar de ella a mis mayores con un tono dramático un poco desasosegante que yo no entendía. Con aquella sequía llegaron a mi casa, para quedarse, además de mi hermano, las botellas de agua mineral, en paquetes de seis, que siguen reponiéndose más o menos cada tres o cuatro días, y un enorme bombo de plástico gris. Mis padres lo pusieron en la azotea para que cada vez que nos cortaran el agua corriente pudiéramos, por lo menos, lavarnos, beber y cocinar.
Como nos han robado el fútbol para llevárselo a un enorme cementerio y jugar allí, sobre miles de cadáveres, un mundial aberrante, yo me he propuesto, en lo que dure el hurto, recordar los mundiales que he vivido
Como digo, durante ese Mundial de Estados Unidos yo cumplí seis años y mis referencias futbolísticas todavía eran vagas, incipientes. Era del Madrid porque mi padre nos decía que teníamos que serlo, pero el Madrid apenas era nada todavía, unos hombres de blanco con tendencia a hacerme llorar en confusas noches europeas. Sin embargo el color blanco ya era la nota predominante, el elemento identificativo, lo que se me quedó en la habitación interior de mi cabeza. Unos hombres de blanco luchando por abrirse paso en la jungla de mi aturullada percepción del mundo. Por supuesto, la idea de España o de selección nacional no tenía todavía ningún sentido para mí: mi padre me ponía a ver los partidos de España y para mí era como seguir viendo al Madrid. Puede que mi recuerdo más intenso relacionado con la selección datara de un año antes, más o menos, del partido que España, con diez jugadores, le ganó en Sevilla a Dinamarca, la campeona de Europa. En aquel partido Hierro marcó el gol de la victoria y debutó un portero que era del Madrid, Cañizares. Para mí, todo aquello pertenecía a un mismo todo, en mi mente era indisociable una cosa de la otra.
Aquel Mundial fue el de los horarios extravagantes. Las veladas se alargaban hasta la noche, que en la provincia de Cádiz, a esas alturas del año, no llega hasta casi las once. En mi patio se montaba un chisgarabís de cuidado: a través de la reja de la ventana que de la cocina daba hasta él, mi padre alteraba los nervios de mi madre moviendo un cableado absurdo, quitando y poniendo cosas hasta que por fin el enorme armatoste negro y abultado de la tele, un tubérculo catódico, quedaba más o menos bien sobre una silla, en perpendicular con la gran puerta falsa, la puerta por donde entraban en casa motos, bicicletas y hasta coches. Una puerta que mi padre dejaba abierta y por la que, cada vez que había un partido, se asomaban los niños de la calle, todos mayores que yo, arremolinándose en lo más parecido que he vivido a las historias que me contaban mis mayores de cuando ellos eran pequeños y el barrio se juntaba en la única casa con televisión para ver las películas de Jon Vaine. En aquel patio yo oía a mi padre vejar a un tal Clemente sin saber muy bien por qué. Del verde yanqui que salía por la tele, un verde oscuro y surcado a rayas extrañas que sólo existe allí, en los campos de football adaptados al soccer me vienen flashes: un tipo de azul intenso marcando un golazo y corriendo desaforado hacia la cámara, gritando, al que mi padre también vejaba y del que oí hablar mucho todo el tiempo, bajo el nombre de Maradona, y un negro calvo que iba de verde y del que se decía que era muy viejo, Roger Milla, y el amarillo dorado de los brasileños.
Olí la muerte por primera vez en el Italia-España del codazo a Luis Enrique
Con seis años difícilmente se puede tener una idea cierta del mundo más allá del estrecho círculo que forman tu padre, tu madre y tus hermanos. Incluso tus abuelos y tus tíos son caras recurrentes con las que a duras penas se establecen afinidades. El amor suele llegar después, con el conocimiento. Al principio, además del verbo, sólo existe la necesidad: de amparo, de nutrición y de seguridad. Ni el Madrid ni España tenían sentido por sí mismo para mí. Eran ideas inseparables de la nebulosa con la que intentaba agarrarme a las cosas, subirme al vehículo de la realidad, que circulaba a mi alrededor a toda pastilla. Lo que sí empezó a cobrar un sentido aún difuso pero ya tangible, reconocible, fue la muerte. La olí por primera vez en el Italia-España del codazo a Luis Enrique.
Como digo, de la selección española me llamó poderosamente la atención que jugara de blanco. Por eso, el día del Italia-España, yo iba apasionadamente con España. Apasionada e infantilmente, con esa irracionalidad fanática e ingenua del niño. Los españoles eran los nuestros, que además iban de blanco, como el Madrid, que para mí empezaban a ser los míos. En mi corazón, aquella tarde en Boston jugaba el Madrid. Y el Madrid perdió.
No perdió de cualquier manera. Perdió y lo hizo atrapado para siempre en dos situaciones que en mi alma impresionable dejaron una huella definitiva: el codazo a Luis Enrique y el fallo de Julio Salinas. En cierto modo, ambas acciones son dos categorías distintas de injusticia, dos versiones del destino fatal. Luis Enrique jugaba todavía en el Madrid y para mí era una cara que conocía, una cara que identificaba como propia. La había visto más veces, como la de Fernando Hierro. Sabía a qué atenerme con ella. De repente, en medio del partido, tras una pausa, en la tele salió esa misma cara llena de sangre, un borbotón que le manchaba la camiseta blanca. Vi a Luis Enrique agitarse enloquecido ante la cara imperturbable del árbitro, señalándose la nariz, de la que manaba un líquido oscuro, como el que sale de los muslos de los toreros cuando los empitonan en el ruedo. Creo que es la única vez que he visto a mi padre dolerse por Luis Enrique, reclamar justicia para él. Con seis años, la evidencia de lo incorrecto, del mal, era para mí tan clara, estaba tan a la vista de todo el mundo (¡un hombre con la nariz rota, rota por culpa de la alevosía de un contrario!), que el hecho de que el árbitro se negara a castigar al infractor me perturbó muchísimo. El mal campaba a sus anchas por la faz de la Tierra y los encargados de administrar la ley, de ejecutarla y de proteger, con ello, la pureza de la lid, la justicia, eran cómplices de esa impunidad.
Los españoles eran los nuestros, que además iban de blanco, como el Madrid, que para mí empezaban a ser los míos. En mi corazón, aquella tarde en Boston jugaba el Madrid. Y el Madrid perdió
Un poco después, un tipo con coleta al que odié largo tiempo desde entonces, Roberto Baggio, marcaba el 2 a 1 para Italia. Zubizarreta (otro santo de la devoción en la sacristía del odio de mi padre) tenía que haberle hecho penalty, eso se comentaba en el patio de mi casa, todos se mostraban de acuerdo con gravedad y pesadumbre, era la ley de Dios para mí, en definitiva. De inmediato, Julio Salinas, que era una espiga alta doblada por el peso del viento y de la Historia, se encontró, sin que nadie supiera cómo, totalmente solo delante del portero italiano. A partir de ahí aprendí también qué significaba picarla: todo el mundo, en mi patio, estuvo igualmente de acuerdo en que Julio Salinas tuvo que haberla picado por encima del portero, pero en su lugar golpeó el balón con flojedad, cobardemente, sin brío, sin ganas. Más adelante, de mayor, también he visto a futbolistas mucho mejores y más importantes que Julio Salinas golpear el balón de esa manera, con miedo, en la hora de la verdad, del mismo modo que me he visto a mí mismo, en circunstancias de la vida equiparables a ese momento supremo de empatar un partido al final del tiempo reglamentario en unos cuartos de final de la Copa del Mundo, pegarle a la pelota como aquella tarde le pegó Julio Salinas. De lo que deduzco que el miedo a la muerte es una impresión profunda y perdurable que aparece de pronto en la vida de los hombres, casi siempre muy al principio. Llega sin que nos demos cuenta, como una corriente de aire cargada de otoño en mitad de una tarde de agosto, algo que nos deja fríos por dentro, a solas con la lóbrega infinitud del caos de la vida. Aquella tarde España, para mí el Madrid, perdió 2-1 y yo descubrí el fatalismo al que nos aboca la fría indiferencia de los hombres y el inexorable poder del azar, que lo mismo da que quita.
Unas semanas después, en el mismo patio, me quedé hasta el final viendo la primera final de la Copa del Mundo de mi vida. El Italia-Brasil fue un partido extraño, de una violencia subterránea, agónica, que también quedó indeleble en mi retina. El tipo de la coleta padeció lo mismo que Julio Salinas la tarde anterior en Boston. Fue a tirar el último penalty y los gemelos se le encogieron de miedo. La mandó a las nubles y los brasileños, que yo escuchaba por todas partes que eran los mejores de la historia, como el Madrid, ganaron por fin un Mundial después de tanto tiempo. Yo no lo sabía pero aquella Copa del Mundo de Romario y de Bebeto sería para ellos lo que un poco después, para mí, la Séptima Copa de Europa del Madrid. Nunca más regresaron las tardes de fútbol a mi patio, pero tampoco se me fue de dentro la sensación de soledad a la que estamos abocados por nuestra propia existencia. Ya nunca más la luz de la cocina protegió del todo en mitad de la noche.
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Sí, pega. Luego se lo cuento. Sí, sí: Rodrygo. Es la última. Rodrygo pega. ¿Consecuencia de un calendario interruptus? Puede. La verdad es que sí se hace raro empezar una semana sin comentar cuántas veces provocó Vinicius al prójimo y esas cosas que nos hacen compañía. Una de ellas, si el Madrid dejó o no su puerta a cero. Otra es que a Benzema apenas le hemos visto y el pueblo no ha rugido. Que prioriza el Mundial, que Carletto dice que no, que lo peor en su caso va a ser presentarse sin ritmo alto de juego y que si no apareció fue porque no ha estado bien… Oigan: Benzema que haga lo que le dice su sóleo, bíceps, tríceps, esternocleidomastoideo. Siempre sospeché que el cuerpo humano tiene exceso de músculos. Ya volverá. Como el Madrid, que estar, lo que se dice estar, del todo no ha estado. Tampoco el equipo de baloncesto. Curiosa coincidencia. Estarán cuando toque. Tranquilos. Otra cosa es que le dejen estar, pero eso ya lo sabemos.
Y eso: Rodrygo pega. Y hemos vivido las primeras eliminatorias de la Copa y sin VAR. ‘Quícir’ sin líneas, con abrazos en cuanto entra la pelota, sin imágenes que aparecen o no: ¡qué excitante! Fútbol a pelo. Lo cual confirma que, además, el VAR es un preservativo roto, luego peligroso y nada aconsejable.
El VAR es un preservativo roto, luego peligroso y nada aconsejable
Nos cuentan que tantos partidos y muchos en campos rudimentarios imposibilitan la presencia del Gran Ojo Que Todo Lo Ve. Claro. Si se escapan imágenes en el Bernabéu, donde los días de partido hay más cámaras que en Alcalá-Meco, no vean lo que podría pasar en, pongamos, campo del Diocesano Cacereño y que en Zaragoza me perdonen. Pura razón de espacio. No hay VAR y todo fue muy normalito, empezando por las caras de árbitros y asistentes que aparecieron más relajadas, liberados del grito en el pinganillo: ¡espera que parece que hay media uña adelantada, le ha dado en el meñique izquierdo, el portero se ha movido un milímetro y cuarto! Por cierto, que al compás de todo esto pregunté a uno de los responsables de las obras en el Bernabéu y fue peor.
—Oiga, ¿del nuevo estadio se seguirán escapando imágenes? Una cosa tan moderna…
—En el sector del campo donde ataque el Madrid, me temo que sí.
—Jo.
En plena lucha por convencer al mundo de que Vinicius es un indeseable, la última nos traslada a que Rodry es un pendenciero, no sabría decirles si más o menos que su paisano: dejémoslo en parecido. Una X. Rodrygo pega es la última. ¿Ven como el Madrid sigue entreteniendo incluso sin jugar?
Muchas emociones congeladas hasta el domingo, día que Qatar y Ecuador jugarán el primer partido del Mundial. Sensacional. Lo habían puesto el lunes 21 a las once de la mañana y finalmente será el domingo 20 a la cinco, la hora de la verdad taurina. Al tío más antifútbol del mundo no se le ocurre inaugurar así el gran torneo de selecciones. Qatar-Ecuador. Invitan a tomárselo todo a coña desde el pitido inicial. Yo me he hecho con un traje qatarí, masculino, ya me verán. Y busco un espantasuegras en Amazon. ¿España? Bien. Estoy preparado para todo: irnos a casa a la primera y jugar la final. Ya iremos hablando. Me aburre hablar de la lista, imagino que a ustedes más. Iremos hablando, ya digo.
Ahora voy con Rodrygo. Tras lo de Fali, y lo de Baillu y otros, dicen que corre por ahí un video de acciones casi delictivas del delantero madridista, por todos conocido como un tipo peligroso dentro y fuera del campo imagino que también. No he tenido ocasión de verlas, luego si tienen ustedes noticia les agradecería que me las pasaran. No vale la violencia de su cabezazo al City y lances parecidos, que nos conocemos. Gracias.
En plena lucha por convencer al mundo de que Vinicius es un indeseable, la última nos traslada a que Rodry es un pendenciero, no sabría decirles si más o menos que su paisano: dejémoslo en parecido. Una X. Rodrygo pega es la última. ¿Ven como el Madrid sigue entreteniendo incluso sin jugar? También está algo que me descubrió Israel G. Montejo en La Galerna y sigo descollonado: Vinicius ha visto más tarjetas que Gavi en lo que va de temporada, 13 de agosto-10 de noviembre. Vini, 3 - Gavi, 2. Un histórico triunfo por la mínima que tiene su explicación: una vez les conté que al Madrid le habían pitado dos penaltis a favor en el Camp Nou en 28 años. Fue cuando hace un par lo señalaron y trasformó Ramos, y la explicación que me dio en impagable noche radiofónica un señor del llamado estamento arbitral fue… casualidades de la vida. ¡Jaaaaja!
Rodrygo pega. dicen que corre por ahí un video de acciones suyas casi delictivas. No he tenido ocasión de verlas, luego si tienen ustedes noticia les agradecería que me las pasaran. No vale la violencia de su cabezazo al City y lances parecidos, que nos conocemos
3-2. Vinicius, 3 amarillas y 44 faltas recibidas y Gavi, 2 y 34 cometidas. Otra casualidad, sin duda. Relájense. Céntrense en el Mundial que la cosa empieza apasionante, como les he contado, e irá ‘in crescendo’. Ríanse, hagan como yo. El otro día me encuestó un colega argentino. Una de las preguntas era quién oteo será el jugador del campeonato. Le dije que Valverde. Dudé si le encabritaría más decirle que el Pájaro o Vinicius, un uruguayo o un brasileño. Opté por Fede. Parece que lo publicará.
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El comportamiento del Real Madrid de baloncesto en las dos últimas semanas induce a la tranquilidad. A pesar del traspiés de Zaragoza, las convincentes victorias en Milán y frente al Efes revelan la mejoría de un grupo que suscitó alguna controversia por su comienzo irregular. Más conjuntado, arropadas sus líneas con la fiabilidad del pasado y la mejora de las novedades, este remozado Madrid invita a mirar al futuro con optimismo.
Los equipos que cambian entrenador y jugadores sufren un periodo de adaptación variables. El verbo sufrir se adapta muy bien a esta situación y al Real Madrid, que siempre es mirado con lupa y así se mira a sí mismo. Me dirán que Chus Mateo ya terminó la temporada como director en el banquillo y tan cierto es como que estoy escribiendo estas líneas. Ocurre que el curso pasado tomó la brújula de un equipo encarado al norte, al que probablemente retocó el rumbo con ligereza.
Sin embargo, cuando uno se convierte en el principal responsable desde el inicio, tiene que dejar su impronta, lo que implica el cambio de posiciones tácticas, incluso de principios ideológicos.
Esto último era lo que se antojaba más difuso al observador, cubierto el juego del equipo por una dispersión que ocultaba el propósito del juego. No era fácil distinguir los referentes ni la finalidad de lo que se hacía, ni siquiera la voluntad del entrenador. El equipo se movía por el impulso del talento individual, más que por el planteamiento de una finalidad concreta.
Más conjuntado, arropadas sus líneas con la fiabilidad del pasado y la mejora de las novedades, este remozado Madrid invita a mirar al futuro con optimismo
Por eso, lo más destacable de los partidos reseñados fue observar a un equipo centrado en sus preferencias, ordenado en los momentos complejos. Así, Sergio Rodríguez desobstruyó un juego atascado en Milán, generando con su ingenio oportunidades para sus compañeros. Con él en pista, el Madrid jugó algunos de los mejores momentos de la temporada y enderezó su rumbo para ganar en una de las canchas más complicadas de Europa.
También Poirier recordó sus mejores partidos como madridista frente al Efes, con 13 puntos y 5 rebotes en 16 minutos. Quien apenas tiene altibajos es Deck, imperturbable en su rostro y rendimiento, uno de los pilares de su equipo, como Tavares, impresionante en su dominio de los tableros, al que sólo le sobra algún gesto de protesta a destiempo.
El equipo ha mejorado su defensa, con toda probabilidad por la vuelta de Hanga, hombre clave en el extraordinario final de temporada pasada. Se observa la confianza de Mateo en este núcleo decisivo, por esa inclinación humana a preferir lo conocido. El entrenador ha decidido que los nuevos tienen que ganarse los minutos con su acierto y, de momento y salvo Musa, reparte entre ellos sus minutos con cautela. Aun así, van mostrando su utilidad, y Hezonja se muestra más centrado en su papel de forma progresiva.
En definitiva, el equipo ha mejorado con la vuelta de los lesionados, aunque esta circunstancia ponga a Mateo en la difícil tesitura de distribuir minutos entre muchos jugadores de gran calidad. Sobre todo, porque de la exactitud de la calibración dependerá el éxito del grupo.
Fotografías: @RMBaloncesto
Buenos días. El domingo pasado a las 21:25 solo algunas personas de su familia conocían a Iván Alejo, de presunta profesión futbolista. Antes de las 21:31, en cambio, la cosa cambió sustancialmente, cuando medio planeta fútbol y parte del extranjero se preguntó quién demonios sería aquel tren de mercancías descarrilado, de inenarrable estilo capilar, que en el segundo 45 del Real Madrid-Cádiz, en una jugada intrascendente, arrollaba a Vinicius con una violencia inusitada, haciéndose acreedor a una cartulina como mínimo amarilla que el colegiado Soto Grado ventiló con un “sigan, sigan”.
—Pero ¿quién es ese cafre?
Que la gente se pregunte quién es alguien es el primer escalón de cara a que empiece a conocérsele. En ese sentido solo cabe felicitar a Iván Alejo, quien a medida que transcurría el partido iba haciéndose más y más familiar para el espectador a cuenta de obleas del más variado pelaje, la mayoría sobre Vinicius. No llegó a la vesania agresora de su compañero Falete, que casi le revienta un tímpano de un puñetazo a Rodrygo, pero anduvo ahí ahí.
A Falete, al fin y al cabo, tampoco le conocía nadie hasta el susodicho puñetazo, hasta el punto en que puede que la frágil memoria del portanalista le juegue una mala pasada y en realidad no se llame así. El hecho es que su fama, la de Falete, creció y creció también a medida que ascendía el minutaje del encuentro. Y no digamos cuando esté concluyó y el sujeto tuvo sus cinco minutos de gloria warholiana contando en la radio sus soplamocos.
Ya ha vuelto a la normalidad y el Real Unión de Irún se los acaba de cepillar a ambos, a Alejo y a Falete, de la Copa de su Majestad el Rey. Alejo y Falete son los nuevos Maffeo y Raíllo, malos con saña y sin brillo, de quienes nos habló en este artículo Jesús Bengoechea tras aquel previo acoso y derribo contra Vinicius desde las filas del Mallorca. Ni a Falete ni a Alejo me digas que me asemejo.
Proliferan los Raíllos y los Alejos. Los árbitros les consienten (es más, regañan mucho a Vinicius por no obsequiarles con flores cada vez que le fostian) y los medios les ríen la gracia, dotándoles de una especie de popularidad cortoplacista de chichinabo. Decíamos que la de Alejo creció a medida que descerrajó sus remoquetes contra Vini. Pero terminó de consolidarse en el postpartido. Mientras su inseparable Falete recibía su correspondiente sesión de baño y masaje en la Cope (que sin duda Maffeo y Raíllo escucharían desde Mallorca como quien escucha una radionovela erótica), Alejo se despachaba con este trino.
—Seño, seño, Vini me ha dicho cosas feas.
—Pero ¿tú le has hecho algo?
—Nada. Solo le he reventado ambas espinillas por delante y por detrás, le he sacudido con partes del cuerpo con las que no sabía que se podían dar hostias y le he dejado temblando la caja torácica hasta el jueves santo.
—Y, si le haces todo eso, ¿no te parece normal que en algún momento se revire, sobre todo si el árbitro no le protege?
—¿Cómo dice, seño?
—Digo que, si tu propósito es dar hasta en el carnet de identidad desde el minuto uno, ¿no te parece que debes estar abierto a la posibilidad de recibir alguna palabra más alta que otra, todo ello en el supuesto de que sea verdad que Vinicius te dijo alguna cosa fea?
Alejo no contesta a la seño. Alejo no parece muy espabilado. La gente le conoce mejor desde que puso ese tuit, pero la gente es muy suya y quiere saber más. Es por eso que la gente se ha metido en twitter, esa hemeroteca implacable, y ha encontrado a lo largo de los años una serie de exabruptos antimadridistas del sujeto que revelan una catadura moral discutibilísima. La más sangrante de todas procede del 2013, cuando Alejo era un chaval. Hay gente, no obstante, que no necesita cumplir años para envilecerse, sino que viene vil de serie. De nacimiento, digamos.
¿Os parece que sin duda exageramos? ¿Os parece que deberíamos ceñirnos a la línea irónica empleada hasta el momento, en lugar de subir el voltaje de las palabras?
Ya nos diréis si se puede.
Era el 30 de abril de 2013 y el Real Madrid acababa de morir en la orilla tras nadar ante el Borussia Dortmund. Acababa de quedarse fuera de la Final de la Champions de ese año a pesar de poner en juego toda su épica. Durante la semana se había apelado al espíritu de Juanito para lograr la remontada tras haber caído 4-1 en Alemania.
Quizá no tengamos derecho a haceros vomitar el desayuno por culpa de lo que Alejo tuvo a bien (?) comentar en twitter sobre la eliminación madridista… y sobre el propio Juanito.
Este es el nivel, amigos, de Alejo el tipejo. Así, con este respeto a los muertos (por muertos de legendarias carreras cuyo brillo jamás podrá soñar con igualar la carrera de mierda de Alejo), se desempeña el que luego pide respeto por parte de rivales a los que forra a guantazos y patadas.
Valiente pedazo de mierda nos has salido, Alejo. No sabemos si nos explicamos suficientemente bien.
Cuando la gente le recriminó su tuit, ved con qué sincero arrepentimiento se expresó (?) el muy cerdo, o como se diga.
Y este es Alejo, estimados amigos. Una oración por la salvación de su alma pútrida, por favor. No va a estar fácil: su espíritu es aún más grotesco que su peinado.
Por lo demás, hoy también tenemos portadas, aunque a nadie interesen.
Pasad un buen día.
Endrick es un futbolista brasileño que cumplió 16 años en julio y no puede jugar en Europa hasta que tenga 18 años, hasta la temporada 2024-25. El jugador es un objetivo del Real Madrid que figuraba en la lista de Juni Calafat desde que jugaba en las categorías inferiores del Palmeiras, club donde ya milita en el primer equipo y se ha proclamado campeón dejando su impronta, porque Endrick es un jugador muy especial, con una fuerza, una calidad y un golpeo excepcionales para un chico de 16 años.
El Real Madrid, después de una deliberación y de observar que otros clubes empezaban a preguntar por este futbolista, ya ha tomado la decisión de acometer la operación. Según ESPN y Fabrizio Romano, los equipos mejor colocados para pujar por Endrick son el PSG y el Chelsea. Precisamente cuando se filtró el interés del PSG se reactivó el del Madrid. ESPN Brasil informa que el PSG realizó una oferta de 45 millones al Palmeiras que fue rechazada, pero que planea subirla hasta los 60 millones de euros, que es la cláusula que firmó Endrick en la renovación de este verano con el Palmeiras, y debería ser el precio tope del jugador. Es extraño este movimiento a largo plazo del PSG, que suele ser un equipo actúa más a corto.
El Real Madrid, después de una deliberación y de observar que otros clubes empezaban a preguntar por Endrick, ya ha tomado la decisión de acometer la operación
El Chelsea también apuesta fuerte por el brasileño, incluso se comenta que Thiago Silva está tratando de convencerlo. Si solo pudiese elegir entre jugar en la Ligue 1 o en la Premier, Endrick preferiría esta última opción, algo completamente lógico.
Según ESPN, Madrid y Barça se encuentran detrás de la escena a la espera de movimientos. Pero de acuerdo con mi información, el Madrid no se encuentra a la espera, sino que está negociando con el Palmeiras. Además, al parecer el Madrid lo está haciendo con una sensación de calma, como si estuviera convencido de que la operación está en sus manos.
Me comentan que el Madrid sabe perfectamente que la operación puede acabar en torno a los 60 millones, aunque va a intentar rebajarla todo lo posible. Lo que se estarían negociando son las condiciones de pago, etc. Lo más importante, según está información, es que el entendimiento del Real Madrid con Endrick sería total. Es decir, el jugador estaría encantado de jugar en el Madrid si este se pone de acuerdo con el Palmeiras.
Por lo tanto, estos movimientos tanto del PSG como del Chelsea no preocupan en exceso al Madrid en cuanto a la voluntad del jugador, pero sí pueden obligarle a acelerar la operación porque el Palmeiras se encuentra en una situación complicada y querrá cerrar un acuerdo económicamente lo más ventajoso posible cuanto antes.
Endrick estaría encantado de jugar en el Madrid si este se pone de acuerdo con el Palmeiras
El Madrid se habría puesto ya de acuerdo con Endrick en las condiciones de su contrato y la fecha de incorporación. Otro aspecto que habría terminado de convencer al brasileño es que ni Haaland ni Mbappé han firmado con el Madrid este verano. No es lo mismo para el futuro de Endrick incorporarse a un equipo con Vinícius, Rodrygo, Mbappé y Haaland, más Benzema, que solo con los brasileños y el francés ya en proceso de retirada. Esto condiciona mucho.
Cuando un jugador traza los objetivos de su carrera ha que tener en cuenta muchos aspectos: qué necesidad de él tiene el equipo que le va a fichar, por lo tanto, qué hueco hay para él, dónde va a entrenar, dónde va a desarrollar su vida, si la ciudad y el país le gustan, cuál es la trayectoria del club que le va a contratar con los jugadores jóvenes, y algo muy importante; qué plan hay con él si las cosas van bien (lo ideal) y si no salen como se esperan.
En este sentido, Endrick ve cómo ha tratado el Madrid a Rodrygo y a Vinícius y cómo han evolucionado estos. También observa el caso de Reinier, que no ha funcionado como se esperaba, pero aún así el jugador ha podido elegir destino según ha querido y se le ha respetado su voluntad, a la vez que sigue manteniendo la esperanza y la posibilidad de jugar algún día en el Madrid, por lo que no puede reprocharle nada al club blanco.
Es probable que el Mundial acelere las negociaciones, el hecho de no tener el Madrid el foco en la competición le permite dirigir las energías a estos objetivos. Incluso no sería extraño que en cualquier momento se anunciase el acuerdo, aunque no hay que olvidar que la competencia existe y es dura.
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