Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Sabemos que el Madrid siempre paga los platos rotos, y el escenario ideal para ello es La Cerámica, que entendemos que tendrá una vajilla acorde a su nombre. Ya sabéis, lo contamos ayer en nuestro Portanálisis, los platos se rompieron en el Elche-Cádiz —los tiró al suelo Iglesias Villanueva (del Pardillo, en este caso, añadimos)— y los paga el Madrid a quien encasquetan el arbitraje de Gil Manzano, aka Hill Apple Tree, árbitro que ya ha demostrado su “madridismo” señalando tres penaltis inexistentes en contra del Madrid en Mestalla o anulando tres goles al conjunto blanco frente al Elche, entre otras actuaciones estelares.

Portada Marca

Marca marida texto e imagen, Courtois bebe de una botella de agua y el diario madrileño titula “Menudo trago”, en alusión a la dificultad del choque frente al Villarreal, tanto por el momento de forma blanco como por las bajas y no convocados: Carvajal, Alaba, Tchouaméni, Modric y Lucas Vázquez.

No queremos ser malpensados, pero alguien podría interpretar esta portada como un palo a Ancelotti por haber elegido para el partido de hoy a Courtois en detrimento de Lunin, portero que venía jugando la Copa.

Ya sabéis, además de pagar los platos rotos siempre, el Madrid, tanto el club como los profesionales que lo conforman, lo hacen todo mal también siempre. Si elige a Courtois, mal, porque tendría que haber jugado Lunin. Si Carlo hubiera decidido alinear a Lunin, le habrían acusado de decidir adrede no contar con el mejor portero del mundo frente a un rival tan potente, que sumado a las bajas que arrastra el equipo habría significado menospreciar la Copa y poco más o menos tirarla. Y tirarla tirarla, que sepamos, solo la tiró Sergio Ramos, pero después de ganarla.

Confiamos en que nadie va a tirar la Copa ni vamos a terminar cantando aquello de Mozo / Sírvame la copa rota / Quiero sangrar gota a gota/ El veneno de su amor. Porque puestos a pasar el trago, como dice Marca, ¿por qué no puede ser un trago agradable, con un sorbito de champán, por ejemplo? Una victoria del Madrid sería un buen regalo para nuestro editor, Jesús Bengoechea, que hoy está de cumpleaños y a quien aprovechamos para felicitar con muchas comas del vocativo para que no nos despida.

Mejor dar brincos por la victoria y brindar por el nuevo amor que sufrir una copa rota y tener que fregar todos los platos —rotos o no— tras la derrota. Fregar no es divertido, ya sea en Villarreal, en Villa Arriba o en Villa Abajo, se cuente o no con el milagro antigrasa.

Portada As

La portada de As es para Vinicius Tobias. Las bajas blancas pueden hacerlo titular esta noche. O no. Sea como fuere, apunta maneras, tiene buen toque, profundidad, desborde y, como no puede ser de otra manera debido a su edad, aún mucho que aprender. Gran potencial.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Los diarios catalanes nos confirman la ansiada noticia: Memphis jugará en el Malakito de Memphis. Depay se encontraba atrapado por el blus de Memphis sin poder salir del Barça, pero afortunadamente para él podrá disfrutar jugando al fútbol de nuevo como solo se disfruta en un equipo del Cholo Simeone, sobre todo si se es delantero.

El Barça tendrá que enfrentarse al todopoderoso colista de la 1ª Federación, el Ceuta, con el agravante de que el viaje hasta la ciudad autónoma es horroroso. Tanto es así, que el Barcelona ha hecho llegar a los ceutís —imaginamos que a través de paloma mensajera, porque si el viaje es complejo, las comunicaciones entendemos que también— un listado de catering, que conocemos gracias a los compañeros de Mundo Deportivo, con peticiones como las que siguen:

Como veis, el choque dificilísimo frente al Ceuta requiere de medias culinarias excepcionales, lo cual contrasta con el apacible viaje a Villarreal del Madrid. Enfrentamiento mucho más cómodo, dónde va a parar. El Barça ha pedido comer penne, pero el Madrid tiene a “Salpiquinho” Vinícius.

Pasad un buen día.

Dicen que quien quiere hacer algo busca un motivo, y que quien quiere no hacerlo busca una excusa. A menudo, las frases del refranero popular son empleadas como comodín barato por parte del apurado articulista que busca cumplir con su obligación literaria mediante una faena de aliño; sin embargo, es posible que, por una vez y sin que sirva de precedente, el acudir a ellas esté verdaderamente justificado para la descripción de la situación actual.

Veamos: nuestro equipo se halla en un momento complicado de la temporada, en el que a los problemas futbolísticos ya intuidos antes del Mundial – hay varias piezas del engranaje que no están funcionando; acaso el propio esquema esté lejos de resultar una solución- hay que sumarle un estado físico deficiente. Esta realidad ha conllevado el encadenamiento de una sucesión de encuentros sacados adelante de manera muy sufrida, y ha culminado finalmente en un par de rapapolvos, incluyendo la entrega de un campeonato al máximo rival. Además, en el horizonte aparece una terrible próxima salida liguera a San Mamés, donde no debiera estar permitido dejarse más puntos, y justo antes y después de dicha cita crucial surge un molesto moscardón de atractivo a priori escaso: la Copa del Rey. Así las cosas, antes de encarar el fatigoso compromiso de Villarreal parece inevitable detenerse un momento a reflexionar sobre si lo que se desea encontrar es un motivo o una excusa.

El Real, a tres puntos del líder. Formidable

Si uno intenta adoptar el punto de vista de la plantilla y el entrenador, se pueden entender las dudas acerca de la actitud con la que conviene tomarse este inoportuno desafío. El calendario es largo, las fuerzas exiguas, el adversario enérgico y el premio parvo. Por otro lado, desde el prisma del aficionado, aunque su naturaleza egoísta pueda hacer pensar lo contrario, la tentación de dejarse llevar se halla también presente. No en vano hay un sector de hinchas merengues, hiperestimulados y criados entre algodones, para los que solo existen las grandes citas y cualquier otro bocado supone  poco menos que un aperitivo insulso, y hasta casi impertinente. Siguiendo este camino y estirando este argumento uno puede incluso permitirse una lectura poética que adorne el desdén y que convierta la anomalía en motivo de orgullo.

cada vez resulta menos remota la posibilidad de que el Madrid acabe atesorando en las vitrinas más Copas de Europa que Copas del Rey. Una declaración muda y contundente: mi reino no es de este mundo

Me explicaré mejor. Les invito a observar el palmarés de las últimas décadas, y podrán apreciar que cada vez resulta menos remota la posibilidad de que el Madrid acabe atesorando en las vitrinas más Copas de Europa que Copas del Rey. Léanlo despacio y piensen con calma en lo que significa. Reconocerán que semejante exceso, de darse finalmente, constituiría una demostración extraordinaria de la apabullante categoría de los blancos. Se trataría de una distinción no verbalizada, imponente en sí misma; una especia de altivez sutil, si se me permite el oxímoron. Una declaración muda y contundente: mi reino no es de este mundo. Tan lírica que un Sabina cualquiera querría ponerle melodía al estribillo. Diecinueve Copas y quinientas Champions. Ahí queda eso.

Llegados a este punto, habrá quien se haya convencido tanto que hasta vea con buenos ojos una nueva derrota en el estadio de la Cerámica. Después de todo, desde Madame de Staël para algunos sigue vigente aquello de “tout comprendre c’est tout pardonner” –“comprenderlo todo es perdonarlo todo”-. No obstante, confieso mi incapacidad para disculpar, siquiera mínimamente, un fracaso más o menos deliberado por medio de artificios retóricos. No hay ética sin estética, cierto, pero tampoco al revés. Mi forma de entender el madridismo convierte cada partido en una cuestión única, a vida o muerte, incluso aquellos más inoportunamente colocados en el perpetuo disparate del calendario. Afortunadamente para mí, y quizá por desgracia para los jugadores, me temo que coincide con la visión del club. Con la pasada y con la actual. Eso y no otra cosa es el Madrid: el peso de la historia combinado con el peso de la histeria. Puede parecer más exagerado que vitalizador, pero creo de veras que consiste en la actitud adecuada para este brete concreto, y en general para enfrentar la vida. Al fin y al cabo, nada garantiza que tirar voluntariamente una competición te asegure el éxito en las otras; y en demasiadas ocasiones, mientras uno traza meticulosos planes en los que trata de considerar la mejor elección, es la vida la que termina eligiendo por uno. No hace falta ser un metafísico o un neurocientífico para concluir que muchas personas creen ingenuamente poder elegir lo que nunca dependió de ellos. De modo que mejor apretar los dientes y afrontar con entereza el desagradable destino, y retrasar así todo lo posible el momento de explicarnos a nosotros mismos los motivos o las excusas.

Buenos días, amigos. “We gotta move these refrigerators, we gotta move these color TVs”, cantaba Mark Knopfler con la ayuda de Sting en aquel clásico ochentero. Nosotros hoy andamos también en negocios de neveras, por ejemplo aquella a la cual ha sido enviado Iglesias Villanueva, el colegiado del Elche-Cádiz que concedió un gol en manifiesto fuera de juego. Estaba destinado a ser el colegiado del Villarreal-Real Madrid en el que nos jugamos la vida mañana, pero a consecuencia de su gazapo ha sido sustituido por (tatachán) Gil Manzano.

Nos encanta que aquellos árbitros que cometen errores de bulto (el de Elche lo fue) cumplan sanciones administrativas por sus cagadas, aunque los criterios según los cuales se procede a sancionar (a unos trencillas sí y a otros) continúan siendo para nosotros un arcano indescifrable. Pero bueno, si las designaciones arbitrales se caracterizan precisamente por su opacidad, no vemos por qué los criterios para los castigos habrían de ser más transparentes.

Por ejemplo, Iglesias Villanueva a la nevera por lo de Elche. Bien. Sin embargo, Soto Grado sigue con su carrera en todo lo alto a pese del penalti que le pita a Alaba en La Cerámica hace pocos días, penalti que cómo será de dantesco que hasta el CTA ha admitido públicamente que no debería haberse señalado. Ajá, como dice nuestra querida Lucía Corregel. Castigo para el que perjudica al Cádiz, pero se va de rositas el que atraca deportivamente al Madrid, y lo hace de modo que el propio colectivo arbitral admite como aberrante. Debe de ser discriminación positiva con el más débil o algo así.

Estas cosas, amigos, son así desde que Clos Gómez dio validez a un gol con la mano de Messi, que casi le cuesta una Liga al Real Madrid, y fue premiado con la Final de Copa. O desde que Hdez Hdez pitó aquel inenarrable penalba del Barça ante el Elche que le habría costado también  la Liga al Madrid de no haber ganado en Málaga, y desde entonces arbitra todos los encuentros importantes. Son solo dos de múltiples ejemplos. Demasiados.

Si los criterios del colectivo arbitral para castigar a sus afiliados son misteriosos, no os contamos nada de los que tiene la prensa para destacar unos errores arbitrales y minimizar otros. Ved hoy lo de Marca, sin ir más lejos.

Ya lo veis. Portada completa para el affair ilicitano, poniendo el grito en el cielo por el desaguisado llevado a cabo por el equipo de jueces del choque. Muy bien, pero si comparas la preponderancia que se le da a esto con el nulo alcance que ha tenido la noticia de que el propio CTA admita que el gol del triunfo del Villarreal al Real Madrid no debería haber acontecido, dado que ese penalti jamás se debió señalar, te quedas de piedra. Por no hablar (hay muchos más ejemplos) de la sucesión de catastróficas desdichas arbitrales que le costaron la Liga a los de Zidane en su último año como entrenador blanco. Jamás vimos una portada así, y mira que hubo ocasiones para ello.

A lo mejor lo que tiene que pasar es que el Madrid haga como el Cádiz, que en una sobrada de siete u ocho pueblos pide la repetición del partido desde el minuto 81. Igual la entidad de Concha Espina tiene que solicitar la repetición del choque desde el minuto de la mal sancionada mano de Alaba para que alguien empiece a respetar al campeón de Liga y de Europa.

Por lo demás, queridos galernautas, ya sabéis que los de Ancelotti se juegan mañana la vida copera (otra vez) en La Cerámica, como innecesariamente nos cuenta As mientras la prensa cataculé está a sus cosas.

Pasad un buen día.

El Madrid de los últimos partidos es un equipo melancólico. No está desacertado, no sé si está en crisis, no fallan uno o dos, no ha tenido mala o buena suerte, no transmite impotencia o desconcierto. Es tristeza. Es un equipo de luto, de cuerpo presente, que parece haber perdido la camaradería entre futbolistas, esa que tan buenos resultados ofreció el pasado año. Da la impresión de que nuestros chicos salen al campo a disputar cada encuentro solo porque no queda más remedio. Si fuera una canción, tras el Mundial, nuestro Madrid habría pasado de la vitalidad de Quiero tener tu presencia a la tristura de La calle del olvido. Es como ese hombre de aspecto melancólico del que dijo Wodehouse que “tenía el aspecto de alguien que ha buscado la fuga en la tubería de gas de la vida con una vela encendida”.

Con todo, la lectura del análisis de Jesús Bengoechea me ha dado esperanzas. Justo es admitir que estaba deseando dejarme convencer. Es posible que transitemos el valle físico de un año de una exigencia descomunal. Sin embargo, una de las peores sensaciones de la final de la Supercopa fue contemplar el banquillo y asumir que no había allí nada que pudiera refrescar la caraja monumental de los que estaban en el campo. La peligrosa irregularidad de la mayoría de nuestros suplentes hace que sean una solución… o no. Y ayer tocó que no.

El Madrid no está desacertado, no sé si está en crisis, no fallan uno o dos, no ha tenido mala o buena suerte, no transmite impotencia o desconcierto. Es tristeza

En la brillante temporada pasada, los dos ejes del equipo, sobre los que se construyó ese Madrid inolvidable de leyenda, fueron Benzema y Modric. Un liderazgo compartido, apuntalado por los veteranos, y asimilado por los jóvenes. Y, sin embargo, por razones diferentes, tras el Mundial, ni uno ni otro está logrando recuperar ni una minúscula parte de la chispa. La cara de Modric ayer en el banquillo, tras ser sustituido, explica más que todas las líneas que podamos escribir. Cuando Luka está feliz, todos estamos felices; ese es un buen resumen del madridismo de las últimas temporadas.

Modric feliz

En el partido contra el Barcelona vimos una de las peores versiones del equipo de esta etapa de Ancelotti. Quizá la peor. Vi el partido rodeado de aficionados al Barcelona que creían haber ganado la Champions y habría preferido que me atravesaran con alfileres las uñas de los pies. Pero vale. Cualquiera puede tener un mal día. ¿Cuándo se ha visto al Real Madrid fallar hasta los pases más sencillos? De acuerdo, un día de hecatombe. Lo que nunca ha formado parte del madridismo es la incomparecencia, la acedía, la impotencia coral. Nuestros hombres caminaban por el campo, deambulaban, ni siquiera protestaban las acciones polémicas, y las reacciones a los goles fueron tan tímidas que se disolvieron antes incluso de pisar el área rival.

Acalorada discusión anoche con un culé. “El Barcelona ha hecho fútbol galáctico”, me dice, “os hemos aniquilado”. Mi respuesta, una rima muy ocurrente con aniquilado, no puede transcribirse en horario infantil. “Hay que ver cómo os molesta que gane el mejor”, comenta entre dientes. A ver. Ahí empezó el griterío, porque hasta un equipo formado por once banderines de córner habría sido mejor que el Madrid de ayer. El Barcelona no hizo ningún partido galáctico y si el Madrid hubiera lanzado alguna vez a la maldita portería en los primeros cien minutos, tal vez ahora estaríamos hablando de victoria por penaltis. El Madrid no llegó a salir del vestuario.

Lo mejor del Real Madrid es que, pese a no haber realizado refuerzos importantes en el mercado, conocemos de sobra la calidad de estos jugadores. Basta que entren algunos goles para que la música vuelva a sonar

En todos los partidos posteriores al mundial el Madrid ha mostrado la misma cara. Una mezcla de cansancio y desmotivación, en donde lo físico que argumenta Jesús se suma a un decaimiento psicológico, que era hasta ahora el punto más fuerte de este Madrid. Asoma el horizonte un calendario aterrador, cuya primera parada es el Villarreal, y nos queda confiar en que suponga el final del bache. Lo mejor del Real Madrid es que, pese a no haber realizado refuerzos importantes en el mercado, conocemos de sobra la calidad de estos jugadores. Basta que entren algunos goles para que la música vuelva a sonar. Pero eso lo único que hace es añadir más presión al encuentro de octavos de la Copa del Rey, que en circunstancias normales sería un asunto menor. Necesitamos la victoria porque es el primer partido después del desastre, y porque una eliminación absurda hundiría más aún la moral de un equipo al que el mundial ha partido por la mitad.

Después de apostar el año pasado por la recuperación de Jovic y vaticinar que 2022-2023 sería la temporada en que Hazard volvería a ser una estrella, me abstengo de hacer nuevos pronósticos por prescripción médica. Pero percibo en el ambiente una melodía sutil, tal vez las trompetas de gloria madridista, en el horizonte de esta semana. Y ya he dicho más de lo que debía.

 

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El Madrid, en enero, parece siempre una balada triste de desencanto, pero este Madrid en este enero parece la coda de una canción que habla de hastío e indiferencia. De un amor finiquitado, como dice Ángel del Riego en su crónica en El Confidencial: una civilización en decadencia. En enero, el mes de abril y la idea de la primavera aún quedan lejísimos. El verano es sólo un sueño que apenas podemos retener al despertarnos. La naturaleza está muerta, los árboles no tienen hojas, todo nos desazona con el perfume de lo imposible y todo parece muy difícil. El beneficio de esforzarse se aparece ante los ojos como algo difuso, más aún cuando se viene de hollar la cima del mundo: todo éxito incomparable lleva dentro de sí la certeza de su irrepetibilidad, lo que causa tristeza. Se empieza a entender por qué Casemiro abandonó el jardín del edén en busca de nuevas aventuras, pues es una gran llanura para que la cabalguen los hombres de acción, y el Madrid empieza 2023 habiendo ya revelado todos los misterios.

Todo éxito incomparable lleva dentro de sí la certeza de su irrepetibilidad, lo que causa tristeza. Se empieza a entender por qué Casemiro abandonó el jardín del edén en busca de nuevas aventuras

Para el Barcelona de Xavi, equipo de Europa League que sin embargo lidera el campeonato nacional de liga porque tiene más hambre, la sensación antes del partido era que la final de la Supercopa de España era algo semejante a lo que fue la final de la Copa del Rey del año 2011 para aquel Madrid de Mourinho. Esa sensación se confirmó dramáticamente al final de los noventa minutos en Riad, unos noventa minutos que agrandaron la impresión que da este Madrid de equipo cansado y sin alegría. La alegría la dan la ilusión por ganar y las ganas. El Barcelona es un equipo menor hecho con retales y descartes, un cúmulo de naderías y de promesas infladas por la opinión pública que sin embargo quería arañar la cara del macho alfa como fuera. Tenía sangre en la mirada. Una victoria sobre el Madrid era una forma de legitimarse, de darse seguridad y de creérselo. No en vano, llevaban tres años sin probar un título. Por el camino han perdido a Messi y han descendido un escalón en la cadena trófica de la élite europea.

Pero incluso el Arsenal, en estos tiempos, puede ganar la Premier. ¡Con Ødegaard de capitán!

Carvajal Courtois derrota

Nada es inmutable excepto Dios, dice San Agustín. Y el Madrid, con Ancelotti en el banquillo, tiende, otra vez tras un primer año fabuloso, a confiar en la inmutabilidad de su poder. Como institución, la prioridad absoluta es terminar el estadio, que es el eje capital del futuro del Madrid como organización de éxito. A ello se destinan todos los esfuerzos y esa certidumbre, la de que no hay nada más importante para los que mandan, recorre todos los niveles operativos del club, de arriba abajo. Ese mensaje se conjuga al tiempo con una plantilla agotada que lo ha conseguido todo y en la que una parte no despreciable de sus miembros también sabe que no cuenta para nada: jugadores como Odriozola, Vallejo, Mariano o Eden Hazard son los extras de una superproducción, gente que vive a mesa y mantel por hacer bulto cuando la cámara enfoca el banquillo de Carletto. La consecuencia de este cóctel es un campeón que mantiene el empaque deslumbrante pero que muestra una pereza negligente a entrar en combate, quizá porque ya conoce cuál es el final de todos los combates. Un campeón vulnerable, un campeón que no hace mucho por protegerse y cuyos golpes no tienen ya la ferocidad ni la violencia de antes, seguramente porque eso sólo es posible sacarlo de dentro cuando dentro se guardan facturas que cobrar y cuentas pendientes de las que hacen sangrar las heridas.

El Madrid es un campeón que mantiene el empaque deslumbrante pero que muestra una pereza negligente a entrar en combate, quizá porque ya conoce cuál es el final de todos los combates

La cuestión va más allá de una racha de baja forma física o de las malas decisiones del entrenador. Ancelotti no está muy brillante últimamente, pero discutir su talla o su capacidad es cosa de idiotas. Es el mismo Ancelotti que manejó los problemas con maestría la pasada temporada, el mismo que exprimió una plantilla casi tan corta como la de este año y el que encontró soluciones y ventajas frente a rivales más poderosos, más ricos y con recursos superiores a los suyos. Es estúpido achacarle todos los problemas al entrenador o al lateral derecho porque en realidad todo tiene que ver con un estado de ánimo colectivo que, visto desde fuera, se ha apoderado, como decía antes, del Madrid.

Ancelotti Supercopa Barcelona

Al Madrid es como si le sobrara esta temporada, en realidad todo el año 2023. Después de ganar la 14 en París, el club, desde el presidente al utillero, está en otras cosas: en inaugurar el estadio, en la Superliga, en atisbar el futuro entrecerrando muy fuerte los ojos. Es como si todo se hubiera sumido en un estado de latencia, en una somnolencia, pero la espera del futuro puede ser una cosa muy peligrosa porque además, por el camino, el letargo del emperador alimenta a los tiburones que ansían devorar su cuerpo. En vez de consolidar la supremacía nacional, con el Atlético en fuera de juego y, en general, con el fútbol español de regreso al bipartidismo; en vez de hundir en el morrillo del gran rival la estocada de la depresión moral, el Madrid sigue con su vieja tradición de caballerosa magnanimidad y reanima a un muerto viviente. Estas ensoñaciones acaban siempre, no obstante, en revolución. En los soportales de la conversación pública ya se escuchan retumbar los cascos de los caballos que montan los esbirros mediáticos de toda la vida, además de un puñado de los nuevos: el florentinismo lo soporta todo, menos el escándalo. Lo dice la historia.

Quizá esta sea la catarsis necesaria de todos los años, la purificación, como el 0-4 del mes de marzo, antes de todas las remontadas

El spleen lo acaba impregnando todo. Los viejos vaqueros como Benzema o Modric o Kroos parecen sarmientos resecos, una cepa extenuada. El Mundial, como era de esperar, ha secado el venero del talento. Tampoco se libran los jóvenes. El empeño de los viejos jerarcas la pasada temporada no fue de este mundo, pues abordaron empresas que sólo corresponden a los héroes antiguos. Ahora se arrastran como trastos pesados por un césped que ya no reconoce sus pisadas de gigante. Sin embargo los nuevos también deambulan descarriados y sin dirección, perdidos en tinieblas interiores que no tienen sentido y que enfangan la proyección de sus carreras: Vinicius parece la vaquilla que sueltan en la plaza de Pamplona justo al terminar cada encierro en San Fermín, Rodrigo se amustia poniendo cara de Asensio, Tchouaméni está en una de esas bajas en balnearios del Mar Negro a las que la URSS mandaba a algunos proletarios afortunados y Camavinga chapotea en medio de las aguas agitadas del gran desconcierto.

Rodrygo Supercopa Barcelona

Los dirigentes están en el futuro y los jugadores, saciados, probablemente sigan en el pasado. Es natural. También lo es que el fútbol es lo que decía Borges en el cuento de La señora mayor: un presente que no tiene ni ayer ni mañana, un presente continuo, dilatado y eterno. La segunda quincena se presenta criminal para el Madrid, según el calendario: Vietnam copero en el campo más difícil de España desde hace un lustro para el Real, Mundialito en el coño de la Bernarda y rivales vascos y hoscos por entre medias, hasta llegar a Liverpool, donde Europa le pondrá el termómetro en la boca al emperador. Quizá esta sea la catarsis necesaria de todos los años, la purificación, como el 0-4 del mes de marzo, antes de todas las remontadas. Quizá, en verdad, al fútbol, que ya debió terminarse el 28 de mayo de 2014, después de la final de Lisboa, hubo que ponerle el rótulo de Fin tras la última Copa de Europa, epítome de todo lo que es y ha sido el Madrid en el mundo. Pero la vida tiene la tonta inercia de continuar a pesar de todo y en el club, repiten hoy los voceros, no quieren repetir el año de 2015. Por suerte, al menos este año Xavi no puede ser campeón de Europa.

 

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Buenos días. El drama ha pasado, pero la tensión no. El jueves se juega el Real Madrid, a un partido y en un campo tan complicado como La Cerámica, su pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey. El madridismo sigue mosqueado con la dolorosa derrota ante el Barça en la Supercopa. Lógico. Perder en el Madrid es y tiene que ser grave, perder una final aberrante y hacerlo ante el equipo de Xavi no os queremos ni contar. Máxime si además la derrota se produce en el contexto de un baño de fútbol por parte de los apóstoles del tiki taka ante un Madrid absolutamente impotente o indolente, no sabemos cuál de las dos cosas y no sabemos cuál es más preocupante.

No obstante, ya Jesús Bengoechea recomendaba calma en estas mismas páginas. La prensa está incurriendo en un histerismo solo un punto inferior al de las redes sociales blancas, el llamado Twitter Madrid. En ese proceloso universo, se pide a esta hora la cabeza de Carletto y se recuerda con acritud que el Madrid fue superado el año pasado por PSG, Chelsea y City en algunas fases de las eliminatorias… sin que el hecho de que finalmente los blancos se impusieran a todos esos petroclubes importe al parecer lo más mínimo. Es una neurosis totalizadora que pretende quitar brillo a la Liga + Champions del año pasado porque ahora se ha perdido la Supercopa de España.

La Galerna ni está ni va a estar ahí. No nos busquen en los argumentos del antimadridismo, a los que muchos madridistas parecen adscribirse ahora de manera incomprensible.

Portada Marca

Marca viene con la típica foto de Ancelotti dirigiendo una sesión, con sus jugadores en corro, sobre la base de un titular algo críptico. “Curados de espanto”. A Ancelotti le diríamos hoy muchas cosas, por ejemplo esta: Carlo, atrévase. Haga cosas. Busque variantes que maximicen el rendimiento del equipo pese al valle físico. Sea creativo. Asuma riesgos. Por ejemplo, mire al Castilla, que no en vano es uno de los mejores de los últimos años y la sensación de su categoría. Si andamos tan justos de fuerzas, y si el calendario se presenta tan estremecedor como lo hace, quizá quepa dar entrada paulatina y puntual a chicos del filial en el once. Están rodados en medio de una temporada que para ellos está siendo normal, y pueden aportar.

Portada As

As nos manda al rincón de pensar. El primero que tiene que ir al rincón de pensar nos parece As, que ayer se descolgaba con una portada de un barcelonismo que dejaba en pañales a Sport y Mundo Deportivo. Ellos sabrán dónde está su audiencia. Que lo piensen en el rincón.

Y que piense Carletto. El hecho de que tengamos que tragarnos contractualmente a varios jugadores absolutamente inhábiles a día de hoy no implica necesariamente que deban ocupar las plazas de banquillo que en buena lid merecen mucho más chavales que están rindiendo y están físicamente enteros y plenos de hambre. Piense en ellos, Carlo. Mire a Arribas, Marín, Peter, Iker Bravo. Pueden dar mucho en este momento. Deles una oportunidad. Atrévase, Carlo. Hace no tanto tiempo Pedri y Gavi eran Arribas y Dotor.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo nos da leccioncitas. Parece que el gran partido (lo fue) de Gavi en la Supercopa “acalla las dudas de su elección como Golden Boy”. Acojonante, amics. Partidazo con efectos retroactivos. El que ahora juegue bien significa que siempre jugó bien. Por decreto. Por dogma, como actúa esta gente, que extiende sus dictámenes a futuro y pasado para tener razón desde el principio de los tiempos y hasta el final de los mismos, como si no fuera posible que Gavi jugara muy bien anteayer y al mismo tiempo que su elección como Golden Boy hace unos meses fuera un tongazo de proporciones épicas.

Portada Sport

Sport, instalado como su gemelo/competidor en la hipérbole más surrealista, afirma que Gavi, jugador que poco a poco se va afianzando pero que tiene muchísimo camino por recorrer, “se coronó en la Supercopa como uno de los mejores interiores del mundo”.

Amigos de Sport, nadie se corona en una Supercopa de España, y menos a nivel internacional. Para llenar palabras tan enfáticas, Gavi debe hacer lo del domingo en un escenario de alto voltaje europeo. A día de hoy, ni siquiera juega ese tipo de partidos.

Son fechas duras y van a ser duras, como mínimo, hasta pasado mañana. Allí puede cambiar la tendencia. Esperemos que lo haga.

Pasad un buen día.

Se nos acaba de ir la que, en 1955, protagonizó la película “La mujer más bella del mundo”, la gran Gina Lollobrigida, conocida en todo el mundo, en su momento, como “la Lollo”.

Gina pasó a ser famosa en 1947, con apenas 19 años, al acabar tercera en una enorme competición por ser Miss Italia aquel año, en la que la ganadora fue nada menos que Lucía Bosé y entre las participantes estuvo Silvana Mangano. Una competición galáctica por la belleza femenina.

Quien les escribe se enamoró perdidamente de Gina al verla en el cine, en uno de aquellos programas dobles de cines de barrio (quizás fuese en el cine Carlton de la calle Ayala, ya desaparecido), protagonizando junto con otro de los más guapos de la historia, el francés Gérard Philipe (portada por cierto de la última novela de Javier Marías, Tomás Nevinson), una película de aventuras llamada Fanfan la Tulipe, de 1952.

Fanfan La tulipe

Gina era bellísima, y una estimable actriz (sobre todo en comedias y en cine de aventuras), pero nunca fue reconocida como una inmensa actriz, como sí por ejemplo lo fue su contemporánea Sophia Loren.

Podríamos decir que fue como en el fútbol un David Beckham o un James Rodríguez, más reconocidos como estrellas mediáticas (además de ser francamente atractivos ambos) que como figuras del balompié (reconociendo que sir David tiene mucho mejor palmarés que el colombiano Rodríguez).

Podríamos decir que Gina Lollobrigida fue como en el fútbol un David Beckham o un James Rodríguez, más reconocidos como estrellas mediáticas que como figuras del balompié

Gina Lollobrigida dio, como la Loren o como Claudia Cardinale, el salto a Hollywood y tuve el privilegio de trabajar bajo las órdenes de primeros espadas en la dirección de películas, como John Huston (La burla del diablo, 1953), Robert Siodmak (El gran juego, 1954), Carol Reed (Trapecio, 1956, en un recordado triángulo amoroso con Burt Lancaster y Tony Curtis) y King Vidor (Salomón y la Reina de Saba, 1959, en la que otro guapo oficial, Tyrone Power, falleció durante el rodaje en Madrid y fue sustituido por Yul Brynner), además de varios de los grandes reggisti italianos como Luigi Comencini, Mario Monicelli o Mauro Bolognini.

Gina Lollobrigida fotógrafa

En el final de su carrera como artista (luego ejerció muchos años como gran fotógrafa y periodista, llegando a entrevistar por ejemplo a Fidel Castro), estuvo en famosas producciones televisivas como Las aventuras de Pinocho (Luigi Comencini, 1972), haciendo de una bella hada azul, a sus 45 años, y 5 capítulos de Falcon Crest, como la intrigante Francesca Gioberti.

En definitiva, una diva del cine, cuya presencia, pese a la calidad de alguna de las producciones que protagonizó, merecía, como dicen en la Guía Michelin de algunos restaurantes, el desplazarse para contemplar su presencia, que solía eclipsar a todos sus partenaires en el celuloide.

Como estrella que fue, no dejaremos de mencionar que ganó 4 premios David de Donatello, equivalentes a los César franceses o a los Goya españoles, por varias de sus interpretaciones, con lo que añadía talento a su incomparable belleza.

 

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En el Senado Romano, hace más de 23 siglos, era ya redundante decir la frase “Delenda est Carthago” (Hay que destruir Cartago), la fuerza enemiga por antonomasia, el enemigo a batir, la pesadilla de las legiones romanas. Se atribuye a Catón el Viejo un dicho todavía más completo: “Cetero censeo Carthaginem ese delendam” (Además, opino que Cartago debe ser destruida). Se dice que algunos de sus colegas senadores ya se tomaban las repetitivas arengas de Catón como algo tedioso y cansino.

En la España actual, tras una época de predominio madridista en todos los aspectos del fútbol, los Catones de turno parece que estaban algo abotargados, intimidados, escondidos detrás de sus pupitres de periodistas. Hasta ayer, domingo 15 de enero de 2023.

En El Confidencial, por ejemplo, se puede leer hoy un titular llamativo: “El Real Madrid ya es oficialmente una civilización en ruinas: agotado e indiferente.” Pues ya lo saben. No hay ya necesidad de destruir al Real Madrid: ya se trata de una civilización en ruinas. Un equipo que, si no me falla la memoria, es el vigente campeón de Europa, de La Liga y de la Supercopa de Europa (de todo ello hace apenas unos meses) y que, por ejemplo, puede proclamarse campeón del Mundial de Clubes en apenas 3 semanas y media.

El Confidencial Madrid civilización ruinas

Los heraldos del antimadridismo más profundo se han vuelto a dejar ver tras meses y años ocultos en las profundidades de sus hediondas cavernas y ya son felices. De nuevo. Tuvieron un amago de serlo cuando la selección de Luis Enrique, hace un par de meses, goleó 7-0 a Costa Rica y se autoproclamó favorita para conquistar el Mundial de Catar con ocho barcelonistas en sus filas. Salió mal el invento.

Los heraldos del antimadridismo más profundo se han vuelto a dejar ver tras meses y años ocultos en las profundidades de sus hediondas cavernas y ya son felices

Pero ahora ha salido bien. Además —hay que decirlo—, con un enorme partido de los dos niños bonitos del Catonismo (Catetismo, también), Gavi y Pedri, que clavaron varias puyas por las autopistas que les dejó libres y sin peaje el Real Madrid por ambas bandas. Los tres goles del Barcelona, si se los hacen al equipo donde yo vivo, el Marbella de 3ª RFEF, serían hasta normales: lo de ayer de Carvajal, Rüdiger, Mendy y compañía no tiene explicación racional posible. Ni perdón. Hay una carrera de Alejandro Balde en la que en 30 metros casi le saca 20 a Dani Carvajal.

Carvajal Busquets Supercopa

La alegría de hoy en media España, la media España envidiosa y que detesta a la única institución deportiva nacional digna de admiración y respeto a nivel mundial, es desmedida: nunca un Blue Monday post navideño, de frío y de spleen absoluto, fue más feliz para muchos. Ya se habla hasta de cambio de ciclo, cuando el equipo que nos ha ganado (y ganado bien, con merecimiento y siendo mejor en todos los aspectos), recordémoslo, es el que ha vuelto a caer por segundo año consecutivo en el purgatorio de la Europa League, la segunda división europea, la que fueron incapaces de ganar el año pasado, cayendo bochornosamente en casa ante el Eintracht de Francfort.

Quien les escribe no va buscar explicaciones, excusas ni justificaciones por lo sucedido anoche. Ni paños calientes. Fue un desastre blanco en toda regla, sin paliativos. Para jugar de esa forma, mejor hubiese sido fallar dos o tres penaltis contra el Valencia en semifinales y haber regresado a Madrid el jueves pasado, y a pensar en próximos lances. Y duele más porque ha sido contra el Barcelona.

Fue un desastre blanco en toda regla, sin paliativos. Pero no es un drama. Esta película ya la hemos visto demasiadas veces, y pese al dolor que supone recibir banderillas de fuego como estas, la película suele acabar bien

Pero no es un drama. Esta película ya la hemos visto demasiadas veces, y pese al dolor que supone recibir banderillas de fuego como estas, la película suele acabar bien. Recordemos el daño que nos hizo el 0-4 del año pasado, que finalmente quedó como una simple anécdota, como una victoria pírrica e inservible para nuestro rival.

El problema es volver a azuzar a tantos y tantos antis (periodistas, pero no solo), darles argumentos, rellenarles titulares, columnas y tertulias, para que, tranquilamente, se dediquen a pronosticar extremaunciones madridistas y jubilaciones anticipadas (de Ancelotti, de Modric, de Benzema, de todos nosotros). Darles carnaza en abundancia, en definitiva. Eso es lo grave.

Nos estaba esperando demasiada gente con las estacas preparadas. Y les hemos dado argumentos de sobra para sacarlas a pasear.

Por lo pronto, a levantarse del suelo, a quitarse el polvo que nos han hecho morder, y a afrontar los cuatro meses largos que nos quedan, entre otros duelos, por ejemplo, uno precioso contra el Liverpool en octavos de final de UCL. Ni la Liga, ni la Copa del Rey, ni el Mundial de Clubes, ni la Copa de Europa, que se sepa, están aún perdidas.

 

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Debe hablar Pintus

 

Pues sí. Voy a ser breve. No les voy a marear con la final. Con el mareo del partido, goloso, tienen ustedes bastante. Sí quiero decir que el madridismo vive en estado de alarma y sería bueno hablarle. Hay veces que se declara el estado de felicidad, esas cosas de Valdano, las más en el Madrid, y otras domina la alarma. Ahora.

Debe hablar Pintus, responsable de la cosa física y otras yerbas, y que el pueblo despeje dudas: ¿esto lo hace el Madrid a propósito? No, no digo palmar en Villarreal, ayer, ganar por los pelos en Valladolid. Digo la manera, el cómo está el equipo. Creo que ahora mismo no le gana a nadie con un mínimo. Es alarmante.

Ancelotti y Carvajal

No saber si el de 37 años es Modric o Camavinga. La incapacidad de ganar una carrera. Lo imposible de controlar la pelota y dar tres pases seguidos. Esa sensación de inferioridad esté delante Gerard Moreno o Lewandowski, De Jong o Parejo. Esas piernas y cabezas que no pueden. ¿Obedece a un plan diseñado por el cuerpo técnico?¿Están tranquilos? Los técnicos, digo.

Debe hablar Pintus, responsable de la cosa física y otras yerbas, y que el pueblo despeje dudas: ¿esto lo hace el Madrid a propósito?

El Madrid que arrasó a lo mejor de Europa hace solo unos meses ha desaparecido. ¿Adrede? ¿Estamos ante un plan, ciertamente diabólico, pensando de febrero en adelante? ¿Esto es la 15 y lo demás farfolla, cosa de mucha apariencia y poca entidad?

Debe hablar Pintus y contar qué es esto. Qué le pasa al Madrid. Saber a qué atenernos. Luego, lo de ganar o perder se verá. No se va a ganar siempre, claro. Ni perder así. Conocer por qué el Madrid no compite es ya urgente. Tengan ustedes un feliz lunes.

 

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Enero siempre es un mes resbaladizo. Una vuelta de vacaciones en frío, cuando los cuerpos se encogen tras un reposo que a algunos reconforta y a otros se atraganta.  Máxime en una temporada cargada de calzadores, imprescindibles para encajar encuentros de cuajo tanto como torneos fuera de sitio —en una satrapía— y fuera de lugar: la llamada Supercopa ha engendrado un campeón que ni lo fue de la Liga ni lo fue de la Copa. Pero ya saben ustedes que la coherencia deportiva, también la ética, ceden al impulso económico, tan necesario para vaya usted a saber qué.

De mis tiempos de deportista en activo conservo la buena costumbre de repasar los partidos en diferido. O sea, de forma reposada, con el mando en la mano para volver las jugadas al momento que se engendraron y errores y aciertos a toda su dimensión. Con frecuencia, las emociones nos engañan, conducen a nuestro cerebro a fangos, a laberintos en los que se ofusca la razón.

Queda claro en una visión de lunes, que la activación culé tuvo más peso que la blanca. Unos intentaron dominar el partido desde el primer lance; los otros, con la expectativa de que noventa minutos son muy largos. Una actitud errónea, pues no está demostrado que lo sean fuera del Bernabéu.

Valverde Busquets Supercopa

Así, los que más ajustaron su nivel de activación salieron ganando los envites iniciales que asentaron su plan de partido. El Barça quiso —y consiguió— que al Madrid se le atragantara la salida del balón desde su portería obturando la fluencia del juego restante madridista.

Los azulgranas, además, mantuvieron sus líneas bien apretadas, y sólo se dispersaron puntualmente para cubrir alguna urgencia. Al contrario, la línea defensiva madridista nunca se juntó con la medular, dejando un espacio propicio para la movilidad de los rivales, una de sus virtudes. Tampoco Modric y Kroos presionaron a los que atacaban, que sólo encontraron oposición de Camavinga en esta zona del campo.

La activación culé tuvo más peso que la blanca. Unos intentaron dominar el partido desde el primer lance; los otros, con la expectativa de que noventa minutos son muy largos. Una actitud errónea, pues no está demostrado que lo sean fuera del Bernabéu

Ni siquiera el Madrid guardó el orden preciso en su ofensiva, de forma que el Barcelona se fue imponiendo por ambición emocional, control de los terrenos y paciencia en la ejecución. Los blancos perdieron buenas ocasiones de prosperar por precipitación conectada con errores, y sin la calma necesaria nunca llegaron a controlar el encuentro. Tampoco es que el rival sacara gran provecho de su superioridad con el manejo del balón, aunque quedaba claro que incomodaba el ritmo propio, el que apreciamos los madridistas.

En realidad, los dos primeros goles se originaron en fallos que condujeron al desbarajuste. Más nítido el segundo, que, al menos en el primer caso se puede atribuir mérito a la presión rival. En todo caso, quedó patente que el equipo de Ancelotti tiene problemas para construir su ataque desde atrás y una tendencia al desorden que lo coloca en situaciones de compleja solución.

Quizás lo más reprochable de esta final fue la escasa motivación percibida en los jugadores. Es obvio que el rival estaba más hambriento y que la necesidad suele generar ímpetu. Tanto como que el escudo madridista exige el máximo respeto, sinónimo de esfuerzo, en cada ocasión. No importa quién lo represente, si un novato o un pentacampeón de Europa, el escudo siempre pesa lo mismo.

 

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