Arbitró Alejandro Hernández Hernández del Comité canario. En el VAR estuvo Ricardo de Burgos Bengoetxea.
El canario siguió de cerca el juego e intentó dar ritmo dentro de lo que dejó el Mallorca con sus numerosas faltas. Y falló de forma considerable en no amonestar, al menos, por reiteración a Maffeo y Dani Rodríguez.
Las dos únicas amarillas fueron para el Real Madrid en la primera parte: Vini por un leve pisotón a Maffeo en el 44' y Ceballos con el tiempo terminado por protestar al colegiado.
En la segunda parte desenfundó más tarjetas. Tarde. Costa en el 60' por derribar a Rodrygo en el 60', Amath por patada a Vini en el 71', Ruiz de Galarreta en el 79 por agarrón a Modric, Maffeo por golpe a Vinicius en el 86' en el Mallorca y Raillo por obstrucción a Rüdiger en el 91'. Valverde en el 63' por entrada a Kang, Modric por zancadilla a Costa en el 80' y Mariano en el 89' por empujón a Antonio Sánchez en el Real Madrid.
En el 60' decretó un justo penalti por derribo de Rajkovic a Vinicius en el área pequeña.
Hernández Hernández, MAL.
Lunin (5)
Sin trabajo. Encajó un churro.
Carvajal (4)
Orgullo, pero poco más.
Nacho (4)
Superado esta sobremesa.
Rüdiger (6)
Se fue entonando hasta ser el líder de la defensa… y del ataque.
Camavinga (6)
De lo mejor del Madrid.
Tchouaméni (6)
Buen partido para volver de una lesión. Sentido táctico.
Ceballos (5)
Más apagado.
Valverde (4)
No está en forma. Torpón.
Asensio (3)
Desaparecido hasta fallar el penalti.
Vinicius (6)
Contra todos. Muy solo.
Rodrygo (4)
Desdibujado.
Modric (4)
Perdió la chispa en Catar.
Kroos (6)
Aportó criterio.
Mariano (2)
Tuvo dos y las mandó a Ibiza.
Ancelotti (4)
Debe mentalizar al equipo para salir a campos de equipos de Segunda con el cuchillo entre los dientes.
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Mala hora para jugar al fútbol. Ya tuvo que arquear la ceja al respecto Carletto el otro día. Las dos de la tarde no están pensadas para darle patadas al balón, es la hora del pintxo en Euskadi, la caña en la capital, la sidrina en Asturies o el vermú en Reus, tanto da, pero no para acudir al matadero de Son Moix donde abundan individuos patibularios con guadaña y plácet arbitral siempre y cuando el rival sea el Real Madrid.
No habían pasado ni 72 horas desde su último encuentro en el Bernabéu y los merengues viajaban hasta Mallorca sin que esto fuera en absoluto maravilloso, como decía la canción de Los Mismos, un grupo pop setentero antes de La Movida. La movida, precisamente, fue sobre el verde. Incluso antes, dado que Courtois tuvo que ceder su lugar bajo los palos a Andrey Lunin después de sufrir un pinchazo.
Pudimos escuchar presumiblemente a Carvajal musitar en un entrenamiento blanco en Valdebebas que quizás habría que decirle un par de cosas a Raíllo, el leñero capitán bermellón, partenaire del tatuado Maffeo, marcador de Vinicius, ambos grandes gourmets de la alcachofa cuando se trata de escupir veneno encima al diamante carioca. Tres minutos tardaron en mantener tan grata conversación cuyo punto final, cómo no, fue un desagradable empujón en el pecho de Dani propinado por el futbolista mallorquín, ante la atenta mirada de un nuevamente superado Hernández Al Cuadrado, agazapado, paciente, esperando el momento oportuno de tocarnos el pito cuando más duele.
Enfrente un Mallorca hiperactivo, al 200%, pendenciero, protestón, a juego con los tatuajes carcelarios de su pareja de futbolistas picapedreros más famosa de la Liga. Seis faltas en diez minutos así lo atestiguan. Para mayor desgracia, un centro ponzoñoso antes del cuarto de hora rebotó en la cabeza de Nacho con una parábola imposible para Lunin.
1-0 para el Mallorca mientras los comentaristas se deshacían en loas para el tallo Muriqi que aparentemente había peinado a gol con su moño kosovar ante Nacho. 25 minutos tardaron en darse cuenta de que el gol era en propia puerta. Periodismo.
El Madrid, atolondrado, encajó mal el golpe ante un rival sobremotivado, mientras Maffeo y Raíllo seguían haciendo de las suyas, innovando incluso. El pobre Vini, famoso por su espectacular juego aéreo en los córners, tuvo que padecerlos en pareja, con una maniobra tan innovadora como insultante: Raíllo empuja a Maffeo para que éste cayera encima de Vinicius. Tan rocambolesco como lamentable.
En cualquier caso, el Madrid no carburaba en absoluto. Tanto es así que la mejor ocasión merengue en el primer tiempo fue un balonazo de Fede en los nísperos de Camavinga a los 23 minutos. Al otro lado, la leña continuaba de tal manera que al siempre ponderado Carletto se le atragantaban los chicles ante tamaña ensaimada de patadas.
Hernández Al Cuadrado, no obstante, y como decíamos en línea precedentes, aguardaba su oportunidad para en el 44´ amonestar a Vinicius por presuntamente pisar -como quien pisa un alelí- la bota de un Maffeo postulado a los Goya. Ceballos se llevó otra por mostrar su indignación al trencilla zanahorio camino de los vestuarios. 1-0 y mala pinta, muy mala pinta
Tanto como la fea entrada de Muriqui a los cinco minutos de la reanudación sobre la espinilla de Nacho; sin tarjeta, por supuesto. Visto lo visto volver de Mallorca con un buen botín comenzaba a percibirse como una hazaña digna de Drake, el pirata, ante toda la flota española. Ante la desconexión ofensiva del Madrid, sostenido, algo, por un Tchouaméni mal flanqueado por Valverde y Ceballos esta sobremesa en la isla, el balón parado parecía la mejor opción de los blancos para rascar al menos un empate; aunque cada saque de esquina fuera una Royal Rumble lamentable, en la que incluso el ejemplar Raíllo intentó mofarse de Vini haciendo que éste besara el escudo bermellón de su camiseta.
Precisamente pudo empatar el Madrid a balón parado a falta de media hora para el final; pero a estas horas siempre nos mira un tuerto. Un balón largo de Rüdiger, mecido por los fuertes vientos insulares, hizo un extraño y llegó sorprendentemente a Vinicius, arrollado por el meta Rajkovic. Lo pitó Hernández Al Cuadrado para así compensar las 35 tarjetas que había ahorrado al Mallorca y quiso lanzarlo Asensio, mala vibra. El portero enmendó su regalo con una fenomenal estirada.
Ahora ya sí, con el gafe confirmado, pintaban bastos en la isla. Vini contra todos, aunque dejara de tanto en cuanto a algún defensor arrastrándose por el suelo, no era suficiente. Tan dramática estaba la cosa que Carlo llamó a filas a Mariano, pero también a Modric, Kroos y Alaba; fuera Valverde, Tchouaméni, Asensio y Ceballos; todos gris.
Nada cambió no obstante en Son Moix, leña, tarascadas, teatro, simulación, todo lo ejemplar que puede ser el fútbol para los niños por los que parece tan preocupado el capitán del Mallorca. Las tarjetas para el Madrid, claro. Un partido vergonzante donde nos dejamos media Liga. Cuando nuestro rival pase por la isla, ya lo saben ustedes amigos galernautas, se sustituirá el napalm y el alambre espino por té con pastas. Esperamos que este partido a las dos de la tarde lo hayan disfrutado en Shanghai y sus alrededores.
Poca audiencia a una Liga adulterada se prevé a partir de ahora, sea en Cuenca o en la China popular. Enhorabuena a los premiados.
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“Nuestro mundo que es el fútbol, que algunas veces me da un poco… me da un poco de asco vivir en este mundo y ganarme la vida en este mundo, pero es nuestro mundo.” Son las palabras que utilizó el entrenador portugués José Mourinho para definir mi actual repulsión hacia el mundo del fútbol y gran parte de todo cuanto le rodea.
Vinicius está en el foco. Así lo aseveraba la semana pasada el principal periódico deportivo de este país. Es un provocador, prepotente y arrogante. Finge y exagera las faltas. Baila cuando marca y se burla de los rivales. El delantero brasileño ha pasado de meme recurrente a criminal de guerra en tan sólo una temporada. ¿Su verdadero crimen? Sus 20 goles y otras tantas asistencias y su capacidad de ser decisivo en los éxitos de la temporada pasada del Real Madrid, marcando además el gol más importante de la misma. Porque no llamemos a engaño: Vinicius no ha sido un provocador para el resto del mundo hasta que no ha empezado a ser un goleador consistente. Sus bailes y sus regates no molestaban cuando los que no simpatizan con nuestro club se reían de él por no meterle ni al arco iris. Se le llamaba Ficticius con sorna y hasta los propios rivales desde el banquillo se burlaban de su calidad.
La situación de Vinicius es compleja y no debe ser juzgada con la precipitación que nos corre a todos por las venas cuando estamos viendo un partido del deporte que amamos. Hace falta ser consciente de la imposibilidad de separar la pasión del fútbol. De lo contrario, este deporte no despertaría tanta afición y expectación como lo hace. No puede entenderse el deporte sin ese fuego, en ocasiones incluso lava, que recorre y enciende nuestro organismo cuando nos sentamos en el estadio o frente a la televisión a animar a nuestro equipo y que nos vuelve a muchos seres casi carentes del noble arte del raciocinio. Nos apresuramos (y me incluyo) a sacar conclusiones sobre demasiados aspectos del fútbol y eso hace que casi todas las veces podamos caer en el prejuicio en el sentido más estricto y literal de la palabra y perdamos coherencia. Y coherencia es justo lo que necesitamos cuando tiene lugar un caso como el que se está viviendo actualmente en el fútbol español.
Vinicius ha pasado de meme a criminal de guerra en tan sólo una temporada. ¿Su verdadero crimen? Sus 20 goles y otras tantas asistencias y su capacidad de ser decisivo en los éxitos de la temporada pasada del Real Madrid
Lo primero que hay que decir sobre Vinicius es que tiene apenas 22 años. No es más que un chaval. Un chaval que a su edad ya ha logrado más de lo que logrará la mayoría de los jugadores en toda su carrera, que ya tiene su vida resuelta y es una estrella mundial e ídolo en su país, pero un chaval, al fin y al cabo. Y para un chaval de 22 años, vivir lo que ha vivido Vinicius desde que llegó a Madrid no ha debido de ser para nada sencillo de asimilar y gestionar. Se le achaca a un chaval de 22 años que se tira con frecuencia, que habla demasiado con los rivales y protesta mucho a los colegiados, lo cual le descentra. Dejando de un lado que esto pueda ser cierto o no, centrarnos en la reacción del brasileño es un error que nos aleja de la génesis de esta situación, porque precisamente aquí está el quid de la cuestión: Vinicius reacciona, no acciona. Reacciona. Para que Vinicius reaccione, tiene que haber algo que genere la respuesta del brasileño. Una palanca, si les gusta ese término. El madridismo se ha cansado de poner como ejemplos competiciones como el mundial o la Champions League, en las que Vinicius ha pasado desapercibido en cuanto a polémica se refiere. No ha habido palancas en estos torneos. No ha sido hasta que ha regresado a las competiciones españolas que se ha vuelto a ver en el foco de la misma. El problema nunca ha sido Vinicius, sino el odio o la animadversión generados en torno a su figura.
Las reacciones de Vinicius son producto de su frustración, esa que nace de la impotencia que le produce ver como de cada patada, entrada o empujón que recibe apenas un tercio son compensadas no ya con la tarjeta sino con la falta. Vinicius es, pese a esto, el jugador que más faltas recibe de las cinco grandes ligas. Y hasta el partido ante el Valencia, aún no había provocado ni una sola tarjeta roja de sus rivales en esta temporada. Antes de esta semana, había provocado sólo 8 tarjetas amarillas tras 62 faltas señaladas. Podrían parecer muchas si no fuera porque, por poner un ejemplo, Morata, con la mitad de faltas señaladas, había generado 11 tarjetas amarillas. Quedarse únicamente con los números, aunque significativo de por sí, sería injusto, pues no creo errar al afirmar que todo el madridismo tiene guardadas en su memoria entradas como las de Araujo o Maffeo, agresiones como la de Raíllo o empujones como el de Isi, por poner unos rápidos ejemplos, que acabaron sin sanción alguna (o escasa para la acción que fue) e incluso con los jueces de campo corriendo tras el brasileño para echarle la bronca vaya usted a saber por qué motivo.
Vinicius reacciona, no acciona. Reacciona. Para que Vinicius reaccione, tiene que haber algo que genere la respuesta del brasileño. Una palanca, si les gusta ese término
A Vinicius, repito: un chaval de 22 años, ante semejantes y sucesivas injusticias, se le pide que, en caliente tras estas acciones, sea un jugador totalmente aséptico. Que reciba patadas, insultos racistas y hasta agresiones y permanezca impasible, impertérrito, imperturbable. Tan mudo e indolente como un saco de boxeo, que es exactamente en lo que quieren convertir al joven brasileño. El resto de rivales (a los que ni siquiera me sale culpar totalmente de esta situación) tienen licencia para manifestar su frustración por no poder parar al brasileño a través de patadas y entradas que rozan o traspasan el límite de la amonestación (o expulsión), pero al parecer el brasileño no posee, a juicio de este mundo, el mismo beneplácito para quejarse cuando estas acciones no son sancionadas de manera justa. Este mundo del fútbol actual (y nacional), tan pasional que incluso celebra las patadas que sufre el jugador del Real Madrid, también le demanda al muchacho que, en un momento de juego en el que se encuentra con las pulsaciones a casi doscientas por minuto, sea capaz de mantener la compostura, darle la mano a su agresor, disculparse por haber cometido la terrible osadía de driblarle y hasta agradecerle que aún conserve las dos piernas y la capacidad de caminar, aunque sea cojeando.
Permítanme la licencia de confesarles que no existe jugador en el mundo capaz de aguantar lo que está teniendo que soportar Vinicius Jr. desde que le dio por explotar futbolísticamente. Su propio compañero y compatriota, Rodrygo Goes, ese al que muchas veces se utiliza como arma arrojadiza contra Vinicius al ejemplificar el prototipo de jugador educado, noble, y, sobre todo, tímido y cohibido que desearía el antimadridismo que poblara nuestra plantilla, sufrió en sus propias carnes lo que vive Vinicius semana tras semana cuando jugó en el Real Madrid Castilla un partido ante el Sanse. El arma arrojadiza resulta ser un boomerang que podría ser utilizado por el madridismo en su favor, pues la actitud de Rodrygo aquel día se tornó en aquella que tanto se le achaca a Vinicius cuando su compañero y amigo, harto de tanta patada como se llevó aquel día, al ver que el arbitraje fue tan parcial como suele serlo cada vez que juega el Castilla, acabó por liberar su frustración primero con un golazo maradoniano y posteriormente con una celebración efusiva frente al portero que, por supuesto, le costó la expulsión (y no jugar el Clásico con la primera plantilla a la semana siguiente; casualidades de la vida, amigos galernautas). Como podréis imaginar, en la prensa no se habló del trato arbitral que sufrió el ex del Santos, sino de su “actitud de niñato”. Afortunadamente para Rodrygo, en la primera plantilla los focos los acapara su compatriota ex de Flamengo y este episodio ha acabado por ser olvidado y el brasileño conserva su estatus angelical, pero este ejemplo demuestra que incluso el jugador más tranquilo puede acabar desquiciado ante las situaciones que (sólo) se viven en el fútbol español.
El fútbol actual demanda a Vinicius que sea capaz de mantener la compostura, darle la mano a su agresor, disculparse por haber cometido la terrible osadía de driblarle y hasta agradecerle que aún conserve las dos piernas y la capacidad de caminar, aunque sea cojeando
Y con esto llegamos al verdadero origen del meollo. Los focos que están puestos sobre Vinicius deberían escindirse para apuntar a dos lugares diferentes que, cada uno en su justa media, están siendo los verdaderos responsables de generar esa ira nacional contra el delantero brasileño. El primero de ellos es el arbitraje. El nivel arbitral actual es bajísimo, pero más allá de que los madridistas podamos o no sentirnos perjudicados por lo que consideremos injusticias arbitrales, en estas circunstancias, hay dos aspectos en los que se me antoja imprescindible incidir especialmente: la (no) sanción de las agresiones y la actitud de los colegiados hacia Vini. Lo primero me parece tan de cajón que me produce verdadera vergüenza tener que ponerlo por escrito. Es absolutamente incomprensible que, a día de hoy, con el VAR instalado en la competición nacional desde hace un lustro, se sigan perdonando tarjetas rojas con la ligereza con la que se da este hecho, que debería ser esporádico. Que no lo aprecie el árbitro a pie de campo puede ser un hecho meramente circunstancial o comprensible (o lo sería si no se diera con la frecuencia que se da cuando es un jugador del Real Madrid el agredido). Que se haya vuelto costumbre que desde la sala VOR no se corrijan errores tan groseros como una agresión intencionada o una entrada susceptible de desembocar en una lesión de gravedad es sencillamente vergonzoso. No hay paliativo que valga. El segundo aspecto del arbitraje que está ayudando a generar una imagen de villano en Vinicius es esa actitud generalizada por parte del colectivo arbitral basada en perseguir al jugador (suena a broma de mal gusto o exageración, pero es que literalmente se le persigue) para darle una charla que los espectadores no podemos oír, pero cuyo lenguaje gestual deja a las claras que está lleno de reproches desproporcionadamente enfervorizados hacia el jugador que acaba de recibir una patada o agresión. Centrar en ese momento las miradas en Vinicius sólo consigue ahondar en el runrún que ya existe en el ambiente y agrandarlo más aun si cabe. No sé si los colegiados son conscientes de la olla de agua hirviendo que están volcando sobre, y perdonen que me repita, un chaval de 22 años (sobre todo cuando se juega fuera del Bernabéu), pero a mí desde luego me remordería la conciencia cuando llegara a casa y pensara en ello.
El segundo protagonista de esta función que tiene como objetivo convertir a Vinicius en el malvado ogro comeniños del relato es, como muchos de ustedes ya habrán obviado, la prensa. Esa prensa que, cuando Vinicius reciba una patada salvaje, no condena la misma sino que Vinicius se levante pidiendo la tarjeta. Esa prensa que, cuando Vini recibe una agresión, reprocha antes al brasileño por encararse con el rival que al que le ha propiciado el golpe. Esa prensa que tras un partido en el que han cosido a patadas al brasileño, se dedica a darle un altavoz y convertir entre risas en un portaestandarte de la inocencia al agresor que viene de trabajarle los tobillos al delantero del Real Madrid. Esa prensa que no tiene reparo alguno en colocar a un chaval de 22 años en mitad de una portada para ponerlo, aún más si cabe, en el ojo del huracán cuando con otros casos de racismo sí que había dignificado lo poco que quedaba de su profesión dando valor en la portada. Esa prensa de la que, aunque ya no espero nada bueno, pues con el paso de los años ha acabado por extirpar la poca presunción inocencia hacia ella que me pudiera quedar; a su vez tampoco deja de encontrar nuevas maneras de sorprenderme. Podría resultar difícil concebir tanta malicia, tanta mala idea, tanta hipocresía y tanta mezquindad si no fuera porque tenemos la posibilidad de leer la prensa patria cada día. Una prensa que ha sido la principal responsable de crear odio donde sólo había un jugador de fútbol y que no ha tenido reparo en azuzar contra él a una banda de individuos (me niego a llamarles personas) carentes de moral que acabaron protagonizando uno de los episodios más lamentables del panorama futbolístico nacional con esa amenaza a Vinicius y ese muñeco colgado de un puente; pero que sí tuvo la hipocresía y poca decencia de escandalizarse (sin responsabilizarse, por supuesto) cuando sucedió lo inevitable. No por habitual es menos lamentable que la prensa sea incapaz de preguntarse a sí misma si no sería conveniente, aunque sólo fuera por el bienestar de un chaval de 22 años, apartarse por un momento de los colores que cada uno vista en su alma y tratar de calmar unas aguas que cada vez andan más revueltas tras una semana y media en la que hemos contemplado el episodio del muñeco y la salvaje patada de Paulista.
Cuando Vinicius recibe una patada salvaje, la prensa no condena la misma sino que Vinicius se levante pidiendo la tarjeta
Si considero al colectivo arbitral y la prensa como los principales responsables de la campaña de odio contra Vinicius no es sólo porque sean los principales motores de la misma, sino porque también son los que podrían hacer más por detenerla. Vinicius y sus rivales no van a dejar de actuar como actúan si la prensa y los árbitros no cambian primero su manera de proceder. Y dado que tampoco podemos esperar una metamorfosis de ninguno de estos colectivos, sólo nos resta esperar y contemplar mientras se suceden los acontecimientos hasta que el caso Vinicius explote por los aires a nivel mundial (espero equivocarme) tras sucesivos episodios como los que estamos empezando a ver y que están mostrando al mundo lo que es en realidad el fútbol español.
No esperen encontrar soluciones o respuestas en este texto, pues ni las poseo ni creo que existan siquiera. Sólo hallarán preguntas, incomprensión y dudas. Porque seré más parecido a Mourinho de lo que creía, pero el caso es que este mundo del fútbol español es uno que aspiro a no poder alcanzar a comprender jamás. No quiero comprender, y disculpen que me remonte un tanto al pasado, los motivos que pueden llevar a una persona a escribir artículos que traten de poner a la opinión pública en una predisposición de ridiculizar a jugadores menores de edad (o con la mayoría recién cumplida) que apenas si acaban de debutar en el fútbol profesional europeo. No concibo plantearme como tarea laboral acudir al colegio o partido de fútbol de los hijos de no uno sino dos entrenadores de fútbol a buscar a saber qué foto o imagen únicamente porque entrenaran a un determinado club de fútbol. Tampoco entiendo, cambiando de tercio, cómo el jugador que más faltas recibe de toda Europa ha visto las mismas amarillas que uno de los que más faltas realiza. Ni me entra en la cabeza que el jugador más vistoso y emocionante de ver de toda la liga española, el que debería ser el abanderado de la misma, no sólo no reciba cierta protección arbitral sino que lo único que percibe de este colectivo es su reproche y cierto desprecio despectivo.
No se trata de que Vinicius sea un santo. Tampoco de que convertirlo en un mártir. Se trata de que siga teniendo 22 años y de que pueda seguir deleitándonos a los que, cada vez menos, podemos disfrutar de su maravillosa e imaginativa forma de jugar y entender el fútbol.
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Buenos días. En lo relativo al llamado “caso Vinicius”, los medios de comunicación españoles, prensa escrita incluida, han caído en una espiral de ignominia, en un bucle viciado del que ya va a ser muy difícil que puedan salir, y solo pueden culparse a ellos mismos.
Han descubierto y constatado que convertir a la víctima en villano genera réditos en términos de audiencia y pinchazos, y ya no saben privarse de ello. Ni saben ni quieren, por otra parte. Insistimos: no vamos a quitarles ni un ápice de responsabilidad. Se han metido allí ellos solitos, y no se atisba salida al bucle del oprobio, aquel que, no lo quiera Dios, puede acabar en algo serio.
“Un rival complicado, un horario raro… y el reencuentro de Vinicius con Maffeo y Raíllo”. Ay, si esos puntos suspensivos hablaran… Esos puntos suspensivos acumulan libros y libros de deontología profesional arrojados a la basura. Late en ellos una duda. Parecen querer esquivar la tentación, pero la pausa que frisa con la dignidad desemboca en lo indigno, y así se vuelve finalmente sobre el tema, como el eterno retorno de Nietzsche y con Dios (o la ética) tan muerto como en la obra del filósofo alemán.
No solo Marca (pero también Marca) ha alimentado un monstruo que ya lo fagocita todo. Han puesto a Vini “en el foco”, como si mereciera el calvario de patadas que sufre, en un tratamiento mediático de la violencia sobre el terreno de juego inaudito y miserable.
Maffeo y Raíllo (y en otras latitudes sujetos como Alejo y otros nombres de malos de opereta bufa) no han necesitado la ayuda de nadie para constituirse en auténticos camorristas deportivos. Bueno, corregimos: han precisado de la patente de corso arbitral que disfrutan, y la prensa del ramo les ha convertido en celebrities a través de entrevistas masajísticas donde se ríe la gracia a estos paradigmas de la ruindad. Así que esto no es ningún “reencuentro” de Vinicius con estos dos tipos. Para “reencontrarte” con alguien tienes que estar a su altura. Vinicius es una estrella mundial del balompié. Los otros son notas a pie de página, en la historia del fútbol, goikoetxeas en la lectura maradoniana de este deporte (que nos perdone Andoni). Son parásitos de la gloria del brasileño, sanguijuelas que cuelgan groseramente en el historial de un futbolista descomunal, y a los que ojalá no haya que reservar un hueco como el de Goiko. No será porque no les den vía libre para ello en todas partes.
No contentos con amenazar barriobajeramente, Maffeo y Raíllo (sobre todo este último, que parece estar a punto de tener sección propia antiVini en algunos medios radiofónicos) demandan sus cinco minutos de fama warholiana como los más horteras concursantes de Gran Hermano o la isla de los pseudofamosos, y los medios nacionales les impulsan sin moral ni estética, o sea, exactamente como en esos programas que conforman el lodazal que consagran las parrillas de contenidos de cualquier televisión, las escaletas de cualquier programa de radio, las portadas de cualquier rotativo. En el show de Truman de estos dos cafres solo nos falta saber si hay edredoning, si bien por ahora ya podemos disfrutar con sus mejores momentos de zafiedad, dentro y fuera de la cancha.
Bueno, pues parece que es posible. Parece que, sí uno quiere, puede salir del bucle de la fealdad y optar por lo edificante: la sonrisa recién amanecida de Asensio; el rostro radiante y mañanero de Rodrygo, rezumante acaso de after-shave; y finalmente el gesto confiado y casi ingenuo de Vinicius, el niño cuya categoría no podrán horadar los malajes más retorcidos.
Un micrófono indiscreto captó ayer, en el entrenamiento del Madrid, unas palabras al viento (o a un redactor de RMTV) de Dani Carvajal en las que amenazaba con decir “un par de cositas” a Raíllo. Déjalo, Dani. Apreciamos muchísimo la buena intención, pero vamos a pasar pagina, pasémosla antes incluso de jugar en Mallorca hoy a las dos. Nos conformamos con que tú y todos los demás defendáis a Vinicius sobre el césped, que no permitáis que vuelva a ser masacrado. Nos conformamos con que le arropéis, con que saltéis como un resorte ante el primer acceso de violencia. Nos conformamos, en definitiva, con un grado de defensa de vuestro compañero que esté en consonancia con la enorme relevancia que su juego tiene en el del equipo. Es el que lo intenta siempre sobre la superficie de esos campos minados que el enemigo diseña tras la escena. Dadlo todo por él con reciprocidad. Con proporcionalidad.
La prensa cataculé viene con sus cositas, y con ellas os dejamos.
Pasad un buen sábado.
Hala Madrid.
Buenos días, amigos, galernautas y bienvenidos a este sábado, sabadete, tontorrón, inane e inocuo, propio de este febrero honesto pero brutal, de acuerdo con la desternillante conexión en Saint Louis con el periodista Kevin Killeen que se ha viralizado en Twitter. “Febrero te quita las ganas de vivir, pero es honesto”, dice el veterano reportero, justo igual que las tristes portadas deportivas sabatinas “como si hubiera una verdad terrible oculta entre sus páginas”.
El señor Killeen recuerda unas añejas palabras de su padre que solía decir que, si logras pasar febrero, vivirás otro año. Tal que así sucede con las primeras planas balompédicas de la jornada. Muere otro día. Si consigues deglutirlas verás al domingo amanecer.
Claro, que para tener una oportunidad ante la sombra de un febrero que empina hasta el desnivel más barbárico —aún más si cabe— todas las cuestas de enero de Papás Noeles, Reyes Mágicos y Olentzeros, el lector galernauta sólo tendrá una oportunidad en la prensa deportiva de la meseta, donde nuestro protagonista es Ceballos, el utrerano de moda sobre el verde del Bernabéu y nueva musa del piperío (y del no piperío) más patrio. Dice Marca que el Real Madrid quiere quedarse con Ceballos y dice As que Ceballos quiere quedarse en el Real Madrid. Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, lo cierto es que Dani apunta a ser un rayo de sol en este lúgubre febrero que adivinaba el señor Killeen.
Lo cierto es que, durante su turbulenta etapa en la Casa Blanca, Ceballos ha demostrado una resistente resiliencia propia, no sólo de Manuales de Resistencia monclovitas, sino inequívoca y genuinamente madridista. Sin un mal gesto, sin aspavientos, apretando los dientes y esperando una oportunidad que, finalmente, llegó y Dani está aprovechando entre las alabanzas de Carletto y el amor del Bernabéu. Corre por Castellana un Ceballos galopando, corre por el Berni, el madridismo lo está guiando. Sea como fuere, más allá de un mañana sin Kroos o Modric; o un futuro con Jude Bellingham, lo cierto es que Ceballos merece el respeto y reconocimiento del madridismo, y, cómo no, valorar su futuro como futbolista.
Al final, hace mucho pelete lejos de Concha Espina. Que le pregunte a Mesut. O al Fideo. O al Pipa. O a Cristiano de Arabia. A juzgar por la bravura exhibida en los últimos tiempos, no exenta de fútbol y calidad, por aquí diríamos, lo tenemos muy hablado en el pueblo, que Dani quiere quedarse y el madridismo que se quede. Se percibe cierta ilusión con esto.
La ilusió sin embargo en Can Barça orbita por el contrario en otros sistemas solares atestados de cascotes galácticos y asteroides desnortados. Por allí la alegría actual del soçi pasa por renovar a personajes tan ilusionantes como al Busi, que se mueve ya menos que una mesa camilla, y un Sergi Roberto que está a una tarde de comenzar a bordar cojines sonrosados con sus iniciales como hacía el gran Riqui Puig en su casoplón antes de partir la pana con Geri por los garitos de Barcelona. Sergi, Busi, Riqui, Geri. Sólo falta el president en el exilio, Puchi.
O Fati, al que según Sport vienen a buscar desde Manchester en una información que tiene visos de triple a tablero de Stephen Curry a una mano, de espaldas, sin mirar, y lanzando a canasta en Ohio desde una cancha de Esplugues de Llobregat. Ya lo dice Mascaró Wittgenstein agazapado en la azotea de su portada: Ansu no está en venta, pero podría estarlo.
Si La Galerna es madridismo y sintaxis, lo del Sport sería culerío y metafísica.
Así lucen esta mañana las primeras portadas de fin de semana de este infausto febrero. Como habrán comprobado si sacan su lupa detectivesca de lector de portanálisis galernautas, por algún lado se puede leer la nimia sanción de apenas dos partidos a Gabriel Paulista por el salvaje, alevoso y criminal patadón que propinó a Vinicius Junior.
Sale barato intentar astillar tibias y peronés.
Seguro que dos estetas del balón bermellón como Raíllo y Maffeo han tomado buena nota y hecho sus cálculos. Luego podrán rajar en Radio Ensaimada y explicar a su parroquia qué rompieron la rótula de Vini porque les dijo que eran muy feos que iban a jugar el año que viene contra el Andorra.
Esperemos equivocarnos, como ha reconocido el propio Paulista, que asimismo se ha disculpado con Vini. Eso le honra.
Que tengáis buen día amigos galernautas.
Nos vamos a Mallorca (como Pérez) a jugar la jornada 20 del campeonato justo antes de viajar a Marruecos a intentar conseguir nuestro octavo (sí, octavo) entorchado mundial de clubes. El partido viene calentito. Nuestro Vinicius se encontrará de nuevo con sus amigos del alma Maffeo y Raíllo, que están esperándole con los brazos abiertos y los tacos afilados. Bueno, después de lo de Gabriel Paulista el jueves en Chamartín, esperemos que la sangre no llegue al río y que los árbitros, por fin, se den cuenta de que no se puede seguir con esta cacería infame que está sufriendo el brasileño. El Real Madrid está en franca recuperación después del calvario de enero y pisa con paso firme en los partidos. Sólo hay que pedir que las lesiones nos respeten. Ahora, como siempre, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
El de mañana será el septuagésimo partido oficial entre ambos conjuntos. El balance de los 69 (con perdón) partidos anteriores es: 42 partidos ganados, 12 empatados y 15 perdidos, con 144 goles a favor y 67 en contra.
Sólo Morata (no hay peor cuña que la de la misma madera) ha sido capaz de perforar la portería blanca en los últimos 4 partidos disputados. En los últimos 3 encuentros de liga, el Real Madrid no recibió ningún gol. Que siga la racha.
La racha contra el Mallorca es bastante propicia, puesto que el Real Madrid ha ganado 9 de los últimos 10 partidos disputados, habiendo obtenido el triunfo en los 4 últimos. De hecho, si se gana se conseguirá igualar la mayor racha de victorias contra el ensaimado equipo balear, que data del período entre el 23 de enero de 2011 al 19 de octubre de 2019.
Seguro que es casualidad. Seguro que no hay mano negra en el comité que designa a los árbitros. Seguro que no se quiere favorecer a ningún equipo periférico. Seguro que no hay mala intención. Pero otra vez nos ha tocado en suerte el ínclito canario Hernández Hernández que, precisamente, madridista de cuna no parece ser. Para rematar la faena, en el VAR nos colocan a De Burgos Bengoechea (ya, que no es tu primo, Jesús…), que el otro día en Sevilla inventó la teoría del saque de falta escorado, teoría mediante la cual el Barcelona puede sacar las faltas desde donde les salga de los gemelos del sur, mientras que a los demás equipos (y si van de blanco más) se les corta un contraataque o un saque sorpresa si se desvían 15 milímetros del punto exacto destinado para el lanzamiento. Que Dios nos coja confesados.
1.- El Real Club Deportivo Mallorca jugó por primera vez en primera división en la temporada 1960/61. Actualmente es el 18º en la clasificación histórica del campeonato, con 1245 puntos.
2.- La actual es la 31ª temporada del Mallorca en primera división.
3.- El último ascenso del Mallorca a primera división ha sido esta temporada.
4.- El Mallorca finalizó la temporada pasada en el puesto 16º de la Liga, con 39 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 2 victorias y 3 derrotas.
6.- El Mallorca, en sus últimos 5 partidos como local en liga, ha ganado 2, ha empatado 1 y ha perdido 2.
7.- En las últimas 5 temporadas en primera división, Hemed, Chori Castro, Nsue, Alfaro, Lago Junior, Kan-In Lee, Muriqi (1) son los goleadores del Mallorca al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Mallorca que hayan jugado en el Real Madrid y le hayan marcado gol en partido oficial: Eto’o (4), Pepillo (2) y Borja Valero (1).
9.- Javier Aguirre se ha enfrentado como entrenador en 24 ocasiones al Real Madrid (8 con Osasuna, 6 con el Español, 5 con el Atlético de Madrid, 3 con el Zaragoza, 1 con el Leganés y 1 con el Mallorca), con un balance de 3 victorias, 7 empates y 14 derrotas ante los blancos.
10.- Los goleadores del Mallorca esta temporada en liga son: Muriqi (9), Abdón Prats (4), Lee-Kang-In, Ángel y Dani Rodríguez (2), Raíllo, Maffeo, Amath, Grenier, Kadewere (1).
11.- Actualmente, el Mallorca es 10º en la clasificación de la Liga con 25 puntos.
9 victorias y 1 derrota, 32 goles a favor (3,2 goles por partido) y 7 en contra.
Goleadores: Benzema (7) Higuaín (5) Cristiano Ronaldo (4) Marco Asensio, Vinicius (3) Callejón, Ozil (2) Sergio Ramos, Modric, Fede Valverde, Rodrygo, Rudiger (1).
Asistentes: Higuaín (5) Ozil (4) Benzema, Marcelo (3) Cristiano Ronaldo (2) Pepe, Modric, Vinicius, Alaba, Rodrygo, Kroos (1).
Tarjetas: Modric, Odriozola, Sergio Ramos, Fede Valverde, Mendy (2) Xabi Alonso, Granero, Lass, Coentrao, Hazard, Nacho, Camavinga, Lucas Vázquez, Vinicius, Ancelotti, Alaba (1).
Expulsados: Odriozola.
Primer tiempo: 1 goles; Segundo tiempo: 22 goles.
Gol más tempranero: Benzema (minuto 3).
Gol postrero: Rudiger (minuto 93).
El Real Madrid ha remontado 3 veces para ganar el partido y no le han remontado.
Mayores goleadas: a) 28 de octubre de 2012, Ono Stadium, 0-5, goles de Higuaín (2) Cristiano Ronaldo (2) Callejón; b) 22 de septiembre de 2021, Santiago Bernabéu, 6-1, goles de Marco Asensio (3) Benzema (2) Isco.
Un gol de penalti marcado y ninguno recibido.
1 hat-trick (Marco Asensio).
7 dobletes o más (Cristiano Ronaldo, Higuaín -2- Ozil, Marco Asensio, Benzema -2-).
Partidos con más goles (7): a) 16 de marzo de 2013, R. Madrid-Mallorca, 5-2, goles de Higuaín (2) Cristiano Ronaldo, Modric, Benzema; b) 22 de septiembre de 2021, Santiago Bernabéu, 6-1, goles de Marco Asensio (3) Benzema (2) Isco.
El Real Madrid ha marcado en 9 de los 10 últimos partidos jugados frente al Mallorca en liga.
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Así titulaba el diario Baleares en 1977, en referencia a la época, década de los 40, en la que el Mallorca fue un caladero de jugadores para el Real Madrid. Y es que un total de cuatro futbolistas abandonaron el conjunto bermellón en apenas cinco años para vestir los colores blancos.
El primero fue el extremo izquierdo Pablo Vidal, en julio de 1944. La prensa mallorquina anunció su fichaje por el Real Madrid tras un desembolso merengue de 80.000 pesetas y firmando el jugador un contrato de tres años, cobrando 24.000 pesetas por campaña. Vidal se declaró madridista en MARCA y afirmó que “me atraía grandemente el club de mis simpatías, soñaba con jugar algún día en el Madrid y lo he conseguido, creo que en mi mejor momento”. Mientras, su padre, en el diario Baleares, expresó su pesar porque su hijo abandonara la isla: “mi deseo hubiera sido que Pablo se quedara aquí en Mallorca con nosotros”.
El verano siguiente de 1945, el secretario técnico, José García Echániz, viajó a Palma para la boda de Vidal y, aprovechando la circunstancia, se vio con los directivos del Mallorca, con los que tenía unas excelentes relaciones, especialmente con su asesor técnico, Antonio López Herranz, que había jugado en el equipo blanco antes de la Guerra Civil y la primera temporada de la posguerra. La reunión giró en torno a varios nombres, y en este caso se habló de un intercambio de futbolistas. El cuadro blanco había firmado al defensa Tamayo, del Oviedo, que interesaba a los bermellones y se produjo un trueque con el medio ala mallorquín José Simonet, que pasó a engrosar la plantilla madridista. El mediocampista estaba seguro de sus posibilidades y comentó “que por falta de entusiasmo no fracasaría”.
Pepe ECHÁNIZ MANTENÍA UNAS MAGNÍFICAS RELACIONES CON LA DIRECTIVA MALLORQUINISTA Y ESO POSIBILITÓ TANTOS TRASPASOS
En el mes de noviembre de 1946, el cuadro merengue acumuló las bajas por lesión de sus dos guardametas, José Bañón y José Marín. El equipo necesitaba un portero con urgencia y en un principio probó a Palma, arquero suplente del Córdoba, y a Medina, el guardameta titular del Chamberí, sin que ninguno convenciese. Fue entonces cuando se fijó en Francisco Sureda, cancerbero del Mallorca hasta hacía mes y medio cuando fue al Cieza. En una operación relámpago, el portero viajó a la capital, realizó una prueba rápida que satisfizo a los técnicos del equipo blanco y firmó su ficha como nuevo jugador. Sureda admitió ya como madridista “su entusiasmo y un deseo enorme de triunfar”.
El último en incorporarse a las filas blancas fue el interior José Montalvo, un refuerzo para la Copa del Generalísimo, que se celebraba tras la competición liguera. A mediados de abril de 1948 saltó la noticia del acuerdo entre el Mallorca y el Real Madrid por un traspaso de 50.000 pesetas. Montalvo firmó por cinco años y percibió 450.000 pesetas, según informó el diario Baleares. José García Echániz declaró que “nos llevamos a Montalvo, porque debíamos proceder rápidamente a la adquisición de jugadores para la Copa, dada la gran cantidad de lesionados que tiene el Real Madrid. Montalvo era la pieza codiciada, por cuanto ha sido uno de los que más ha destacado en la II División”.
En la temporada 1946-1947, el curso en el que se revalidó el trofeo de la Copa del Generalísimo, coincidieron tres mallorquines en plantilla: Vidal, Simonet y Sureda.
De todos aquellos jugadores procedentes del Mallorca el que dejó más huella en el Real Madrid fue Pablo Vidal. Extremo izquierda veloz, con un perfecto sentido de la jugada y poseedor de un disparo potente y colocado, estuvo un total de cinco campañas como merengue y fue titular en cuatro de ellas. Su papel más determinante fue en la final de Copa de 1947 contra el RCD Español en Riazor. El partido se fue a la prórroga y en la segunda parte de la misma apareció el puntero para marcar el primer gol y dar la asistencia del segundo a Pruden. Vidal fue vital en el triunfo copero y MARCA así lo destacó: “Domingo a domingo, el balear ha ido afirmando su clase”. Su diana, según la crónica de Ramón Melcón, fue “conseguida de forma espectacular, al rematar un servicio del extremo Alsúa”.
Simonet llegó con la vitola de medio hábil y de juego científico, pero no le entró por el ojo al cuerpo técnico formado por Quincoces y Baltasar Albéniz. Su bagaje como madridista se resume en dos temporadas, pero ningún partido oficial. Solo apareció en diez amistosos y en marzo de 1947 se fue cedido unos meses al Albacete, retornando al equipo blanco para la Copa, pero no entrando en ninguna convocatoria del torneo del KO. En verano finalmente se marchó al Atlético Baleares.
El portero Sureda, que destacaba por su agilidad, buena colocación y valentía tuvo una trayectoria muy corta. Se le fichó por la plaga de lesionados en el marco y su única presencia en un once madridista fue en un partido liguero contra el Sevilla. El equipo blanco se quedó pronto con diez jugadores por lesión de Querejeta, y Sureda acabó encajando cinco tantos. Cuando Bañón retornó de su lesión, el cancerbero mallorquín dejó el puesto y en el verano de 1947 firmó por el Albacete.
EN EL EQUIPO CAMPEÓN DE COPA EN 1947 FIGURABA PONT, QUE ERA MALLORQUÍN, PERO NO PROCEDÍA DEL CUADRO BERMELLÓN
Curiosamente, aquel curso 1946-1947, el Real Madrid campeón copero también contaba con otro mallorquín en su plantel, Guillermo Pont. Un medio o defensa de gran eficacia y combatividad, que, sin embargo, no procedía del Mallorca sino que aterrizó en la casa blanca en 1945 desde el Atlético Baleares.
Por último, José Montalvo acumuló cinco años y medio como madridista. El interior, de juego inteligente y preciosista, vivió distintos roles en su trayectoria. Tuvo campañas magníficas, como en 1948-1949 de la mano de Mr. Keeping, en la que logró nueve goles en Liga, o en el curso 1950-1951, siendo un habitual para el técnico inglés, más tarde para Albéniz y por último para el charrúa Scarone. Contó menos en temporadas posteriores, como en 1949-1950 y 1952-1953, perdiendo el puesto en beneficio de Molowny y Joseíto respectivamente. En diciembre de 1953 hizo las maletas para enrolarse en el Real Jaén.
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Ni siquiera el gol anulado más vergonzoso pudo con el estado de forma que tiene el Madrid ahora mismo. Sigue siendo una pena aquel empate contra la Real que ha puesto la liga más complicada. Para nada imposible, por cierto.
Sigo siendo positivo porque tengo la sensación de que, salvo Vinicius que no rota, el equipo llegará en su pico de forma a final de año. Si revisas las lesiones en el once titular, se puede comprobar que para el Liverpool la cosa va a llegar bien. Por supuesto, siempre que lo de Militao y Benzema sean molestias o microrroturas. Visto lo visto en lo que llevamos de temporada, me temo que el Madrid tiene cuatro pilares difíciles de sustituir: Courtois-Militao-Tchou-Benzema.
Pero hoy me centraré en ese Vinicius, con espíritu de emprendedor americano, al que el fracaso da igual. En la primera parte no dio una y, sin embargo, siempre recuerda que le pagan por crear peligro. Si hiciéramos una estadística, podríamos sacar como conclusión que a Vinicius le pagan por equivocarse, porque se equivoca diez veces por cada una que acierta. ¿Qué pasa cada vez que acierta? Sencillo: asistencia o gol.
Gabriel Paulista le pegó porque debió de parecerle horrible que un jugador tan desacertado le estuviera destrozando. Pero a este Sísifo del siglo XXI no le afecta que la piedra caiga, no le amarga que el regate no le salga, ni que sus botas, en la primera parte, no fueran las correctas. Se las cambió y como indicó Camus el siglo pasado, siguió ascendiendo la colina, como si los medios no fueran el problema porque todo se centraría en el fin: acercar a su equipo a ganar.
Los dioses no le dieron el talento que le dieron a Neymar o a Messi, ni siquiera el talento de Pedri o de Kroos, pero Vinicius se levanta cada día queriendo ser mejor; y eso en el país del 50% de paro juvenil, en el país de “que el Estado nos saque de la crisis”, en el país de “queremos dinero público para hacer cine”, en este país…Vinicius es un proscrito.
Vinicius es un referente para los que nos levantamos pronto a trabajar y nos acostamos tarde, para los que pagamos las facturas con el sudor de nuestra frente, para los que hemos necesitado el ingenio, desde temprana edad, para llegar a hacerlo.
Vinicius, un trabajador honrado y un orgullo de mi club.
Gattuso fue el gran ausente de la revancha de la semifinal de aquella infame Supercopa de Arabia Saudí. El inconfundible Real Madrid de Ancelotti y el Valencia de Voro, el más reconocible Valencia de los últimos tiempos, se enfrentaron en una improvisada jornada liguera intersemanal. Gennaro no quiso revancha contra su antiguo maestro Carletto, pidiendo dimisión el último día del mercado invernal; una situación difícil la del banquillo che, donde parece imposible que se asiente entrenador alguno.
El encuentro en el Bernabéu estuvo atascado en la primera parte, con un equipo blanco en el que Dani Ceballos fue la mejor pieza y Camavinga la peor, porque no termina de atesorar oficio suficiente para jugar de lateral. El franco-angoleño, por ser zurdo y bueno, será un parche frecuente y necesario tras la inoportuna lesión de Mendy, pero ojalá vuelva pronto al lugar donde explotan sus cualidades mayúsculas: el centro del campo.
El susto de la noche lo dio el comandante de la zaga Éder Militão, sustituido con molestias en la ingle, por un Carvajal que parece recuperado y llega para sumar en defensa los próximos partidos. Al filo del descanso, el VAR intervino para anular un plácido gol, tras remate de córner del siempre portentoso Rüdiger. Antes, Benzema había apartado con la mano un desfalleciente jugador che, que gritó al notar el contacto y desconcertó a sus compañeros con el chillido.
El grito del futbolista y el desconcierto general de la zaga valencianista propiciaron el cabezazo, sin saltar apenas, del siempre pintoresco Rüdiger, que celebró el gol a sabiendas de que se lo podrían quitar. "Vete al suelo y el VAR verá algo" es la consigna general, revelada por Thibaut en el micrófono a pie de campo. Tras pitar el final de los primeros cuarenta y cinco minutos, el estadio abucheó al colegiado Alberola Rojas por haber anulado el tanto a expensas del videoarbitraje.
El que abrió la lata al principio de la segunda mitad fue Asensio, en quizá uno de sus últimos golazos con el Madrid. Había estado algo desacertado hasta entonces el mallorquín, pero aprovechó y de qué manera la titularidad del partido intersemanal, con un obús desde la esquina del área que el notable portero georgiano solo pudo acompañar con la mirada. Acto seguido marcó el segundo Vinicius, tras un pase en profundidad del mismo asistente: monsieur Karim, otro imprescindible que se retiró tocado, pero que no sea nada. Se quedó como capitán Nacho, al que no le sienta el brazalete nada mal.
El Valencia de Voro acabó desalmado, con un jugador menos a veinte minutos del final tras una fea acción de Gabriel, que le propinó una violenta patada a su doblemente compatriota Vinicius (ambos tienen la doble nacionalidad hispano-brasileña). El punta carioca, en vez de irse al suelo como de habitual -desgraciadamente, es la consigna general-, esta vez desbordó carácter y evitó caerse para, aupado por el público, levantarse a recriminarle. A Paulista el árbitro le mostró la roja directa y se marchó increpado en portugués por sus también paisanos Rodrygo y Militão, que siempre están para, como dice Courtois, proteger un poco a Vini.
Tercer partido consecutivo con la portería a cero y concluir la primera vuelta con 45 puntos, al acecho de un Barcelona que tarde o temprano pinchará. El Real Madrid de Carlo Ancelotti, con la vieja guardia entonando su mejor versión, tiene algunas bajas sensibles pero ninguna de larga duración, y jugadores alcanzando su mejor nivel, como Rodrygo y Ceballos, al que por fin el Bernabéu ha coreado unánimemente. También se le cantó el “A segunda” al Valencia, rival histórico que haría bien en escuchar el aviso. Porque, a la larga, si sigue en esta línea…