Buenos días. En boca de Clint Eastwood conocimos un aforismo inmortal: “Cuando matas a un hombre le quitas todo lo que tiene, pero también todo lo que pudo tener”.
Al Barça -que no es un hombre sino una institución, pero a quien tantos y tantos aforismos y dichos se pueden aplicar igualmente- no lo ha matado nadie. Se ha matado solito a lo largo de las décadas a punta de envilecerse. Ahora solo conocemos que ha dejado de existir, pero su autoextinción se ha labrado año tras año, mes a mes y día a día, como se labra la aniquilación del alma que se vende al diablo y, lo que es peor, que se cree groseramente intocable en su impunidad. Pero la impunidad se acaba, como cualquier otra cosa en este mundo. Afortunadamente.
Esta muerte del Barça podrá o no ser certificada por un tribunal, pero sociólogicamente, mediáticamente incluso, está más que certificada. Es una defunción de facto. Decía ayer Tebas que deportivamente no puede sancionársele porque la ley del deporte (la nueva y la antigua) establece que el fraude masivo y monstruoso que representan los más de 7 millones abonados por la entidad catalana al vicepresidente de los árbitros Enríquez Negreira ha prescrito. Es una ley denigrante que debería abochornar a sus perpetradores, pero en el fondo da igual. Esta ley puede impedir que al Barça le desprovean de títulos nacionales o que sea administrativamente descendido a Segunda Division. Pero tal cosa no haría sino sellar, compulsar lo que no hace falta compulsar: el Barça es ya un apestado en el contexto del fútbol mundial, un Ben Johnson, un Lance Armstrong del balompié. Este estigma, deportivo y sociológico, es ya eterno, y no tiene marcha atrás diga lo que diga la ley.
Sí. Cuando un hombre, o una institución, muere, pierde todo lo que es y lo que pudo ser. El Barça ha perdido esas dos cosas pero también y, sobre todo, todo lo que fue, al menos desde 2001 y en el contexto del fútbol español. Las 10 Ligas y 7 Copas ganadas en ese periodo por la fraudulenta entidad barcelonesa no valen absolutamente nada, por la sencilla razón de que fueron arbitradas por gente bajo el mando de Negreira (y del presidente Arminio, claro, y de Villar al fondo). Según Tebas, nadie podrá decretar, por la prescripción, que esos títulos son retirados oficialmente, pero da igual. Poseen la misma validez real que la validez humana de Enríquez Negreira, es decir, absolutamente ninguna, y todo el planeta es ya consciente de ello.
La gran mentira (valors, humildat, ADN Barça) ha quedado desmontada a ojos del mundo y sin posibilidad de marcha atrás. No es preciso ya que ningún tribunal lo acredite. Cuidado porque la justicia ordinaria, por la vía de lo penal, puede decretar por ejemplo el cese de actividad. No sería pues un descenso a Segunda sino algo peor: la muerte, la inexistencia, al menos temporal (¿podría reflotarse el Barça desde un punto de partida de desaparición?, ¿podría alguien obrar un Big Bang? Preguntas así son ahora mismo pertinentes).
El asunto es tan brutal que hoy tenemos que trascender la prensa deportiva para fijarnos en El Mundo, que nos transmite las últimas y gravísimas revelaciones.
Marca y As siguen la estela de putrefacción marcada por medios de su mismo grupo editorial, El Mundo y la SER principal y respectivamente.
Cada extremo que sale a la luz es más vomitivo que el anterior, y los que llevamos años llamando la atención sobre estadísticas aberrantes sentimos tanta repulsión que no tenemos ni tiempo de experimentar el alivio de quien ve cómo los acontecimientos le dan la razón.
Enríquez Negreira amenazó POR BUROFAX al Barça con revelar la verdad de lo que estaba pasando, y El Mundo nos pone el documento en bandeja. Todo es tan grotesco que la carcajada bufa se topa con la arcada en la garganta, y esta queda bloqueada. La cosa no para aquí y nuevas cosas van saliendo a la luz.
Repugnancia extrema, amigos. El Barça, lo dictamine o no una entidad del rango que sea, ha dejado de merecer el menor atisbo de respeto. Vaya nuestro abrazo a esos culés cabales (que sin duda, y lo decimos sin ironía alguna, se cuentan por miles y miles) que estarán ahora mismo desolados, aunque ellos no son los primeros timados. Los primeros timados son las millones y millones de personas que durante 17 años siguieron con toda ingenuidad las competiciones nacionales con el pensamiento naïf según el cual los títulos no estaban otorgados o semiotorgados de antemano, entre ellos y muy especialmente nosotros, los madridistas.
Caiga sobre ti vergüenza eterna, Tufo Club Barcelona.
Entre esos culés cabales no están de ninguna manera los hacedores de los panfletos Sport y Mundo Deportivo, ni tampoco sus lectores. Siguen sin ofrecer información de nada de esto. Literalmente, actúan como si nada estuviera pasando, por kafkiano que resulte. El Barça ha muerto, pero ellos mantienen el cadáver sentado en la mecedora, como Norman Bates con su madre.
Y apesta.
Pasad un buen día.
Queridos galernautas:
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que dejar tirado a un jugador en un aeropuerto en mitad de una pandemia mundial que ha paralizado el tráfico aéreo está más que justificado, ya que ese jugador había estado negociando con un equipo rival.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que el hecho de que un jugador de la Liga negocie con el presidente de la RFEF la celebración de la Supercopa de España en un país del golfo asiático, y que la presencia del club al que pertenece dicho jugador aumente de manera significativa las ganancias de ambos individuos (jugador y presidente de la RFEF) no supone de ninguna manera un conflicto de intereses, y que cualquier suspicacia levantada se debe únicamente a la ceguera que invoca el madridismo de los blancos.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las conversaciones filtradas entre Sandro Rosell y gente de su directiva en las que se afirma que se le compró un órgano vital a un jugador de la plantilla de manera ilegal para nada demuestra que este hecho tuviera lugar en ningún momento.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las palabras de Godall afirmando que las relaciones e influencias de Laporta en determinados círculos sociales que incluían el estamento arbitral favorecieron los resultados deportivos del equipo son generadas por el rencor de Godall hacia la junta directiva posterior a la de Laporta y que, por tanto, no hay veracidad alguna en las mismas.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las anomalías estadísticas del saldo arbitral (esas mismas que ilustran que desde la victoria de Villar en 2004 gracias a Laporta el equipo azulgrana es favorecido de manera sistemática y sonrojante en comparación al resto de sus rivales en calidad de penaltis a favor y en contra y expulsiones a favor y en contra) son debidas exclusivamente al imparable estilo de juego cruyffista, que impone la dominancia y enorme superioridad del Barça en el verde sobre sus adversarios.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las palabras del candidato a la presidencia del FC Barcelona, Lluís Bassat, en las que afirmaba que una persona muy importante del club le espetó que no podía aspirar a la presidencia del Barça sin ni siquiera saber cómo comprar a un árbitro, son meramente fruto de la impotencia y la frustración producida por haber perdido aquellas elecciones.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que no hubo nada sospechoso en las “ligas de Tenerife” y que las protestas madridistas por aquellos arbitrajes no fueron sino los habituales lloros de los blancos ante los resultados adversos.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las palabras de Villar a Sandro Rosell en las que el expresidente de la RFEF exclamaba “¿Qué más quieres que te dé, Sandro?” y la posterior y chulesca respuesta de Villar cuando le preguntaron por aquellas palabras (que sorprendentemente o no tan sorprendentemente han tenido poquísimo recorrido por la prensa española), es decir, “¿y qué si lo dije?”, no demuestran para nada que existiera un mínimo de complicidad entre la Federación Española de Fútbol y el FC Barcelona.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las escuchas del Caso Soule, en las que uno de los hombres fuerte de Villar afirmaba que si los árbitros no actuaban y votaban como se les ordenaba desde la federación los quitaban, no son suficientes para poner en duda la honestidad del Comité Arbitral (ni la de la Federación Española de Fútbol, ya puestos).
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que las palabras de Sánchez Arminio en las que proclamaba que el Real Madrid no caía bien en el estamento arbitral no eran más que una cortina de humo para disimular el madridismo que se respira en realidad dentro del mismo.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que el hecho de que el FC Barcelona haya ganado 16 ligas en los últimos 33 años, en contraposición a las 10 que había obtenido en los 60 años anteriores, no tiene que ver sino con la llegada del Cruyffismo, el Guardiolismo, la Massía y el “Messías” y para nada con estadísticas arbitrales impostadas por esos frikis madridistas de twitter.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que pagarle medio millón de euros anuales al vicepresidente del Comité Arbitral de España durante varios años (desde 2003, según Bartomeu) es una práctica habitual, que probablemente lleven a cabo todos los clubes nacionales y que para nada tiene influencia en el desempeño arbitral durante los partidos.
Yo podría decirle a mi hijo de seis años que el record de 78 jornadas sin un penalti en contra del Barcelona, sus 59 jornadas sin ver una sola tarjeta roja, su récord de 19 penaltis a favor en una temporada, sus 3 penaltis a favor en 12 minutos, son estadísticas que no tienen por qué tener ninguna relación con el mencionado pago al vicepresidente del CTA.
Yo podría decirle todo esto a mi hijo de seis años. Y mi hijo, como tiene únicamente seis años y la inocencia propia de su edad, se lo creería. Asentiría y no dudaría de mis palabras ni por un segundo.
Bien, ha llegado el momento de que les revele la terrible verdad de todos estos asuntos, mis queridos galernautas: no tengo ningún hijo de seis años. No pueden ustedes ser tan inocentes y creerse cuanto se les dice. Destápense la venda de la inocencia de una vez, despierten e inspírense en las palabras de los agentes Mulder y Scully: la verdad está ahí fuera y, en este caso, aunque en ocasiones cada asunto que rodea al FC Barcelona parezca más surrealista e inverosímil que cualquier episodio de Expediente X, está a la vista de cualquiera que se atreva a buscarla y aceptarla. Vayan y búsquenla. Buenos días.
Bueno, sí pero no. O sí, pero ya veremos. La Ley del Deporte no es el Código Penal. Quícir: si el fiscal manda la cosa al juez y este ve lo que malintencionados como yo imaginamos, puede acabar sentenciando cualquier cosa… incluso pérdida de categoría. De momento ven si hubo delito fiscal y corrupción entre particulares. Ven o no delitos. Tardaremos en salir de dudas.
Que desde el lado deportivo la cosa no tendría recorrido lo sabía incluso mi nieta, 3 añitos. Es más: si se empeñan igual les damos las Champions de entre 2016 y 2018. ¡Casualmente ganadas las tres por el Madrid! Esto puede acabar con el Madrid 11 y el Barça, 8.
¿La Fiscalía? Las hay muy raras. Una vio rivalidad en llamarle mono a un ciudadano negro. Y archivó. Veremos esta. Archivada está la cosa por la Ley del Deporte donde se lee que los asuntos graves, y este lo parece, viven tres años y luego, prescriben. Prodigioso: te puedes tirar veinte años pagando al número 2 de los árbitros y en tres nada ha existido. La cosa queda para siempre. Pero si usted tiene la suerte, o se afana, de que en tres años no salte el conejo, está libre.
Que ande por el CSD, o sea por la Ley, un ex directivo azulgrana es otra casualidad, nos contó Bengoechea. El señor Soler mandaba en aquel Barça. Quizá sabía algo de lo de Enríquez. O no… Con él en el Consejo, mira tú, la Ley cambió. Otra casualidad, común denominador en este asunto. Por poner un ejemplo: setenta y pico partidos sin un penalti en contra del Barça en aquellos tiempos. Casualidad.
Queda lo que queda: el olor a mierda. Miren: Hacienda conoce los pagos Barça-Enríquez desde 2001. El 347 obliga a comunicar todas las facturas superiores a 3.000 euros. Al Barça, pues, le investigan desde ese año. Hacienda se decide a entrar, un estadio más que conocer, en 2015, los últimos seis años. No puede hacerlo en los anteriores. Investiga delito fiscal, ve indicios de corrupción entre particulares y le pasa toda la documentación a la Fiscalía que tiene una ventaja: el delito de corrupción no prescribe a los seis años, como el fiscal, por lo que puede investigar más tiempo.
Y lo mollar para mí: si Enríquez reconoce que le pagaron para que los árbitros fueran neutrales, está diciendo que no lo son… salvo que pagues. ¡Y claro que niega haber cobrado para ayudar al Barça! Estaría imputándose a sí mismo. Los pagos terminaron en cuanto dejó de ser vicepresidente de la cosa arbitral. La última casualidad. Pues hala, seguiremos esperando.
Hay buenas y divertidas películas sobre estafadores, embaucadores y fulleros de todo pelaje.
Joseph Leo Mankiewicz, director de “Eva al desnudo” o de “La huella”, entre otras muchas obras maestras, hizo en 1970 una graciosa farsa sobre este tipo de granujas, un western crepuscular con Kirk Douglas y Henry Fonda al frente del reparto, y que en España se estrenó como “El día de los tramposos”.
En España, concretamente en los alrededores de la calle Arístides Maíllol, el día de los tramposos es, literalmente, cualquier día del año. La diferencia es que el film de Mankiewicz, además de tener dosis de humor, es tan solo una ficción, mientras que en el barrio de Les Corts todo lo que pasa es, por desgracia, muy real.
La publicación de la noticia con los pagos millonarios recibidos por la empresa del que fuera Vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros desde 1994 hasta 2018 (24 años nada menos), José María Enríquez Negreira (bajo la presidencia eterna del siniestro Victoriano Sánchez Arminio), por parte del FC Barcelona, significa que el club de los “valors” ha añadido una muesca más en la interminable lista de fechorías que se perpetran desde esa casa. Y deja las estafas y delitos de Kirk Douglas, Warren Oates y Burgess Meredith a la altura del betún, en comparación con la absoluta desfachatez al pagar, por unos supuestos informes arbitrales, unas cantidades enormes de dinero directamente a la empresa de Enríquez Negreira, que ya de árbitro era una de las más feroces “bestias negras” del Real Madrid en materias arbitrales.
Mejor película que el western mencionado resulta ser la que dirigió Pedro Lazaga en 1959, con el título “Los tramposos”, en la que los míticos Tony Leblanc y Antonio Ozores encarnaban a dos raterillos madrileños que acababan frecuentemente con sus huesos en la cárcel de Carabanchel, y ello pese a los esfuerzos de sus prometidas, ambas con vidas plenamente honradas y trabajadoras, interpretadas por Conchita Velasco y Laura Valenzuela. La cinta de Lazaga es francamente divertida, las actuaciones de los actores son soberbias, y en ella se muestra al público numerosos timos que se perpetraban en aquella España, como el del tocomocho o el de la estampita (soberbia escena en que el pobre timado es el gran Venancio Muro).
Con todo y con eso, Leblanc y Ozores son unos tristes aprendices de delincuentes, unos patéticos principiantes, sobre todo si comparamos sus ingenuos delitos con la enormidad de fechorías que se cometen en las oficinas del club que quiere ser el mejor del mundo y que no lo ha sido, no lo es y no lo será nunca. Entre otras cosas, por abominables hechos como este tan reciente, protagonizado por uno de los “arcángeles” del funesto tiempo del Villarato.
Si hay algún productor o director de cine de los de postín que un buen día tiene la intención de plasmar la relación de tropelías que se han gestado en el Camp Nou, que se prepare ya que tendrá suficiente material, no ya para hacer un largometraje de tres horas, si no que necesitará una de esas series de docenas de capítulos y de varias temporadas.
Pero, en cualquier caso, dicha serie documental nunca tendrá el humor y la pureza sarcástica del cine de Leblanc o de Douglas. Será más bien algo triste, lamentable y muy reprobable, ya que narrará las dos primeras décadas del siglo XXI como un maloliente cenagal de corruptelas en el fútbol español, bien jaleadas y ovacionadas por la mayoría de la prensa patria, que se regodeaba con un supuesto modelo ideal de fútbol, el del FC Barcelona, sin jamás querer entrar a investigar todas las señales que, con mucha frecuencia, parecían mostrar que aquello era tan solo un lindo decorado que tapaba un vertedero de dimensiones bíblicas.
Que los diarios de hoy en papel de Sport y Mundo Deportivo no salgan con el Barçagate en portada y ni siquiera haya mención alguna, es la perfecta representación de lo que lleva ocurriendo en Barcelona desde hace años. Yo pensaba que esta vez no tendrían más remedio que reconocer los hechos. Sin embargo, reconozco que el blanqueamiento con que la mayoría de periodistas del régimen está tratando el asunto, me ha sorprendido. Iluso de mí, no creía yo que esta vez fueran a hablar de “Plaza y el Real Madrid”, que iban a afirmar que “a lo mejor el Barca ha tirado el dinero y ha pagado para nada”, que “Enríquez Negreira no tenía ninguna influencia en las designaciones arbitrales”, que “es indignante que la gente ponga en tela de juicio la honradez arbitral, que una cosa es lo que Negreira le prometió al Barcelona y otra cosa es lo que pudiera hacer”, que “el Madrid también tenía a Mejía Dávila” o que “500.000€ al año no es tanto para unos informes si tenemos en cuenta todo lo que se mueve en el Fútbol”.
Presidente imputado tras presidente imputado, engaño contable tras engaño contable, periodista comprado tras periodista comprado, palanca tras palanca. El tratamiento de los medios catalanes de todos y cada uno de los escándalos es más propio de Goebbels que de un medio de comunicación medianamente serio. ¿Os imagináis esto en Madrid y un medio madridista como “La Galerna” callado ante tan graves hechos? No sólo la respuesta es “no”; seguramente se hubiera impulsado y alentado una investigación profunda.
Además, también es destacable la tibieza con la que muchos medios nacionales han tratado estos escándalos. Parece que es difícil escapar al poder del magnate de la comunicación, propietario de Media Pro y de facto “socio capitalista” del Barca, Jaume Roures.
Por otro lado, es sorprendente la nula crítica por parte de los socios y aficionados del club a toda la acumulación de escándalos. Cuesta imaginarse que una masa social como la del Real Madrid o la de cualquier equipo, practicara el silencio administrativo ante hechos tan graves y numerosos. Y la pregunta que inmediatamente me hago es… ¿Por qué ellos actúan de forma diferente a como lo haríamos nosotros? ¿Por qué se callan? ¿Por qué creen que no denunciar estos escándalos es bueno para su club? ¿Por qué? (léase con acento portugués).
En mi opinión, la rivalidad histórica entre Barcelona y Madrid, que antes era principalmente futbolística, se ha ido intensificando y politizando poco a poco desde el independentismo catalán, que la ha convertido en un icono de sus ansias separatistas. Esto ha ido calando en toda la masa social, no sólo en los independentistas, aunque sea de forma involuntaria e inconsciente. Todo vale con ganar al Madrid. Ese creerse por encima de la justicia, ese “todo vale”, se han trasladado al club de fútbol. No es casualidad que casi todos los presidentes (no incluimos al absuelto Rosell) hayan sido imputados judicialmente por motivos diversos. Las evidentes y continuas manipulaciones en los estados contables de la entidad, con el único objetivo de intentar salvar el presente, aunque ello suponga poner al club en riesgo en el futuro, es un claro ejemplo. ¿Qué club serio incrementa la masa salarial en 200 millones de €, cuando debe hacer justo lo contrario? Esta es la razón por la que han decidido no vender a jugadores bien cotizados como Pedri, Gavi, Balde o Araujo, lo que les daría cierto alivio financiero, al menos temporal. Cualquier otro club serio sí lo haría. Y la masa social culé ha permanecido callada.
Obviamente los medios ejercen una influencia en la opinión pública. Sin embargo, debido a los condicionantes sociales y políticos comentados, dudo mucho que esta anestesia general de la afición ante situaciones tan graves se diera en otros clubes, incluso con una prensa actuando de la misma manera goebbeliana.
Al final, medios, socios y aficionados son completamente responsables de lo que está pasando y de las consecuencias. Serán culpables de la conversión del club en sociedad anónima. La pregunta no es si esto sucederá sino cuándo. No están libres de ninguna culpa y su silencio les convierte en co-partícipes. No sólo eso, mucho me temo que cuando los socios no tengan más remedio que ceder la propiedad del club a un estado como Arabia o Catar, brindarán con cava porque por fin tendrán el dinero para competir con el equipo de la capital.
Buenos días. ¿Por dónde empezar? A estas horas el lector medio de La Galerna ya sabe perfectamente que la Fiscalía de Barcelona, a instancias de Hacienda, investiga el caso de corrupción más grave en la historia del fútbol español, y que dicho caso está protagonizado por el Fútbol Club Barcelona.
Las dimensiones del escándalo fueron creciendo a lo largo del día de ayer. De los tres pagos por un total de 1,5 millones de euros a Enríquez Negreira, Vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, entre 2016 y 2018, se pasó a la revelación de un fraude todavía mas sostenido en el tiempo. Los pagos realizados por el Tufo Club Barcelona (disculpadnos el juego de palabras, pero hoy casi cualquier chanza indignada nos parece admisible) a la empresa DASNIL 95 SL, propiedad de Enríquez, habrían comenzado en 2003 y superado un monto total de 7 millones de euros.
La pregunta es tremebunda pero absolutamente pertinente: ¿exactamente de cuántas Ligas y Copas Nacionales debería ser inmediatamente desposeído el Barça con estas evidencias? En Italia ¿cuánto tiempo tardaría la entidad catalana, tras estas revelaciones, en ser enviada a Segunda División como le pasó a la Juve a consecuencia del Moggigate?
Marca se acoge, de momento, a la versión más moderada de los datos, pero ya sabemos que se queda corto. No son 1,4 millones. Los pagos pudieron empezar entre 2001 y 2003, según las últimas estimaciones, y curiosamente cesaron en 2018, es decir, cuando el Vicepresidente cesó también sus funciones en el colectivo.
“Esto no debería quedar impune”, titula Marca en su editorial. No nos parecen términos lo suficientemente enérgicos. “No debería” suena a consejo, y aquí deberíamos utilizar los términos insobornables de la exigencia. Si el Barcelona no paga, las competiciones con presencia de árbitros de la RFEF no tendrá ninguna validez moral de cara al futuro. Hablamos del futuro porque el pasado ya no tiene remedio. Hay dos décadas de triunfos nacionales de la institución culé (Ligas y Copas del Rey) bajo muy seria sospecha de fraude. Si el Barça no se compró esos títulos, hizo algo extraordinariamente parecido a ello. La conclusión es durísima pero de todo punto inexorable.
Enríquez se lucró a costa del FC Barcelona en la era más dorada de los blaugranas, y ya solo falta saber si untó a su vez a sus subordinados para aupar el Barça, o si se limitó a darles órdenes para que cumplieran a carta cabal con su cliente. Saldrán más cosas, se nos dice. Hay quien arguye que faltan pruebas. Faltan documentos que acrediten presuntos pagos de Enríquez a los colegiados, pero las pruebas ya existen en forma de imágenes chocantes (con innumerables decisiones arbitrales incomprensibles, o ahora demasiado comprensibles) y estadísticas aberrantes. Un solo penalti en contra en 78 partidos. Dramático giro favorable del saldo de tarjetas y expulsiones. Jugadores grotescamente agresivos como Luis Suárez saliéndose con la suya una y otra vez sin ser expulsados. Clásicos manchados por decisiones aberrantes de tipos como Hernández Hernández o De Burgos. El propio árbitro canario tratando de meter al Barça en la pomada de la Liga, en la última jornada de la 16/17, indicando el penalti más grosero de la historia del fútbol con Alba golpeando el suelo frente al Éibar. Suárez zancadilleando a Varane con todo el descaro para anotarle al Madrid. El propio Suárez dejando la rodilla en la cara de Cuéllar para marcar a placer. Son decenas y decenas de imágenes bochornosas que vienen a la mente ahora con el aura, clarificadora y terrible, de lo explicado.
As le enseña tarjeta roja al Barça. Es lo mínimo. Roja es expulsión. Esta gente no merece compartir (ninguna) competición con el Real Madrid. No merece compartir competición con nadie honesto. Que purgue sus culpas y vuelva saneada (no ya económicamente, que también, sino éticamente) para que volvamos a hablarnos. Que las purgue en la division del fútbol español (o catalán si lo prefiere) que le corresponda y sea desprovista de todos los títulos que proceda quitarle oficialmente (a la Juve le quitaron dos) antes de que podamos tratarnos con normalidad y respeto. Dejemos trabajar a la justicia, pero háganoslo con la certeza dolorosa (sí, dolorosa, también para los culés cabales, que los hay y son muchos) de que el Barça no es un adversario honorable.
Estamos demasiado tristes y asqueados como para sacar pecho por llevar lustros (sí: lustros) llamando la atención sobre anomalías estupefacientes partido tras partido. No nos alegra lo más mínimo que los acontecimientos nos hayan dado la razón. Sí que nos alegramos por tipos como Juanpa Frutos y Maketo Lari -y otros que nuestro conocimiento nos impida recordar ahora-, abnegados y modestos tuiteros que han andado tras la pista mucho antes de que lo hiciera la Hacienda Pública, que a su vez dio la alarma a la Fiscalía. Ellos fueron los primeros en poner el grito en el cielo. En cuanto a los medios, muchos de los cuales hoy se fingen en estado de shock, solo Real Madrid TV, La Galerna y otros muy respetables medios madridistas se hicieron eco de las pesquisas de Juanpa, Maketo y otros. La onda expansiva del sonrojo es de muy largo alcance.
Claro que, para sonrojo, lo que se viene a continuación.
Procurad no reíros.
Procurad no llorar.
Sí, amigos. Podéis asomaros a la más minúscula de las ventanas de Sport o de Mundo Deportivo en busca de algún rastro del asunto. Fracasaréis. Esto no son dos portadas de dos periódicos. Son dos insultos a cinco columnas. Insultos a la decencia y a la inteligencia de sus lectores, caladero donde ya queda claro que estos dos panfletos no aspiran a encontrar ni uno solo de esos culés cabales de los que hablábamos antes.
No son dos portadas. Son dos monumentos execrables a la ruindad y al ridículo, a la arcada y la sumisión. Son dos paradigmas de la rendición de la propia inteligencia y la propia integridad.
Qué asco, amigos. Qué profundísimo asco.
Pasad, si podéis, un buen día.
Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea del Comité vasco. En el VAR estuvo el italiano David Medié Jiménez.
Ver para creer pero buen arbitraje del vasco en el Bernabéu. Señaló dos penas máximas para los blancos, una de ellas de las llamadas penaltito. En el último minuto se pidió otra por mano de Cheikh, pero el cuero le da en el costado y si acaso le rozó ligeramente en la mano no siendo punible.
En el 29', Benzema cabeceó y el cuero le dio a Roco que saltó con el brazo abierto y extendido. En el 46', un toque liviano de Diego a Rodrygo derribó al brasileño cuando iba a encarar a Badía.
En el apartado disciplinario Roco vio la amarilla por la mano y en la segunda parte se unieron Gumbau por agarrar a Camavinga en el 52', Diego por entrada sin opción de jugar el balón frente a Rodrygo en el 72' y Mariano por golpear con el brazo a Carmona en una disputa aérea en el 83'. En los últimos minutos pudieron verla también Ponce y Carmona por dos patadas a destiempo fruto de la desesperación por el resultado.
De Burgos Bengoetxea, BIEN. Sin problemas.
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Lunin (6)
Sin trabajo.
Carvajal (6)
Sin problemas.
Militao (7)
Gran pareja con Nacho.
Nacho (7)
Gran pareja con Militao.
Alaba (7)
Oficio bávaro en el lateral.
Camavinga (7)
Rimbombante, alegre en su regreso a la medular.
Ceballos (7,5)
Vigoroso, incisivo, profundo, inspirado.
Valverde (7)
Oxígeno y despliegue.
Asensio (7,5)
Golazo, peligro y cierta constancia.
Benzema (7)
Participativo. Infalible desde los once metros. Supera a Raúl.
Rodrygo (7,5)
Magia. Parecía más suelto sin la sombra de Vini. Le faltó un golito.
Odriozola (6)
Pudo hasta marcar.
Tchouaméni (6)
Sólido.
Modric (7)
Golazo.
Mariano (5)
Soltó un leñazo nada más llegar. Amarilla. Na´más.
Arribas (6)
Activo. La tuvo.
Ancelotti (6)
Tranquilo. Predecible.
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Resultó toda una ironía que el día que se destapaba el pastel en la Ciudad Condal nos tocara al silbato el primo del editor de La Galerna. De Burgos Bengoetxea hace temible a cualquier rival. También al Elche. Le elchen lo que le elchen y disculpen por el chiste, amigos galernautas. Curiosamente dos penales acabó pitando el muchacho, aunque en sentido inverso a lo que estamos acostumbrados y los que otros presuntamente acostumbraban vía facturas.
Sin embargo, el Madrid, por fin, encontró en la Liga un partido plácido. Tuvo mucho que ver su timorato adversario, encogido, con la soga del descenso firmemente arrimada al cuello. Ocho minutos tardó Asensio, el sustituto sobre el verde de Vinicius —sancionado, ya saben— en, precisamente, hacer de Vini. Marco recibió en tres cuartos, caracoleó con presteza y se coló con soltura en el área entre dos defensores ilicitanos, para, tranquilo, batir con la zurda seco y raso a Edgar Badía. Un gol de bandera, como los que acostumbra Asensio Willemsen. Si Robert Redford susurraba a los caballos, Asensio lo hace a los golazos. Parece mentira que el balear proceda del mismo club que luce hoy como estrellas a dos estrafalarios patibularios.
El Madrid percutía con regularidad al ritmo de un Ceballos inspirado, feliz en su regreso a la titularidad. Los merengues iban acumulando ocasiones esporádicas. Militao, incorporando el misil tierra-aire a sus ya exuberantes registros, disparó desde su Sertãozinho natal para rozar la escuadra de Badía, asustado, con ese aire de Thibaut Courtois adolescente mojigato. Benzema, en plancha de cabeza, y Fede, con un latigazo desde la frontal, pudieron ampliar la ventaja. El pobre Elche ni estaba, ni se le esperaba.
A los 30 minutos, el central Roco palmeó cantosamente con la mano un centro al que rondaba Benzema maligno. Bengoetxea no tuvo más remedio que pitar penalti. Karim por la escuadra hacía el segundo. Y haría el tercero del Real al filo del descanso, también desde los once metros, después de un penaltito sobre la bota de Rodrygo.
3-0 al descanso y partido resuelto. Hacía tiempo que no estábamos tan tranquilos en la Liga de Tebas a la hora de cambiar el agua al canario
Comenzó festivo el segundo tiempo con Rodrygo abriendo en la banda el tarro de las esencias. Pisaditas, caños y paredes de alto standing con Karim. Se auguraba sufrimiento para el Elche, máxime cuando a los cinco minutos de la reanudación un fantástico pase largo de Ceballos —otro más— dejó a Goes en posición franca en la esquina del área. Quebró y disparó. La sacó bien Badía con las manos. Después lo haría con los pies, también ante Rodrygo. Incluso un resbalón ilicitano favoreció a Benzema para nueva atajada del portero del Elche.
Hubo incluso momentos de los Harlem Globetrotters , con pase de Goes a la remanguillé y mirando al tendido que, sorprendentemente, Karim envió fuera. También Camavinga, de regreso a la medular, se animaba desde lejos. Alaba mostraba oficio bávaro en el lateral izquierdo. Un centro del austriaco acabó con una tijereta de Asensio a la que respondió con muchos apuros un angustiado Badía. Sin noticias del Elche el partido mutaba a pachanga por momentos. Tampoco había nuevas de Carlo, tan reacio a mover a veces el banco aun con el marcador tan abultado. Noche tranquila para el Zorro de Reggiolo. Tanto que, finalmente, a los 67 minutos se animó con un triple cambio. Se retiro Ceballos y entró Modric, ambos ovacionados.
También entraba el cuasi inédito Odriozola, otrora Puñal de la Concha, por Carvajal, así como Tchouaméni en lugar de Valverde. Hasta Mariano hacía acto de presencia en el cuarto de hora final para descanso de Benzema.
Es decir, todo sentenciado desde el primer periodo, el segundo acto resultó en un extramente placentero epílogo. La rúbrica a tanta fantasía —con rabonas de Militao y todo— hoy en el Bernabéu la puso, eso sí, el hechicero balcánico. Se puso nervioso Modric dentro del área para hacer el cuarto de la noche en la escuadra del Elche. Hasta entraba el prometedor Arribas mientras Asensio recibía unos merecidos aplausos. Todo bonito.
Vienen días muy difíciles y hay que llenar las alforjas.
Que nadie dude que el Madrid va a pelear esta liga. Y sin facturas.
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La bomba ha explotado y, aunque no agarre por sorpresa lo que la onda expansiva esparce por doquier, sí sorprende un poco la propia explosión. Yo les tenía, por ejemplo, lo suficientemente inteligentes como para no tratar de desgravarse los gastos de este tipo de chanchullos, que es la vía a través de la cual se les ha caído el chiringuito (no pun intended).
Pero no. Se ha revelado que el Barça pagó casi un millón y medio de euros a la empresa DASNIL, propiedad de Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, a lo largo de tres temporadas, de 2015 a 2018, por “asesoría verbal” sobre la cuestión arbitral. En 2016 la empresa de Enríquez factura al Barça medio millón de euros; en 2017 vuelve a facturar medio millón al club catalán; en 2018 algo menos de esa cantidad. En ese año cesa la relación contractual con la entidad culé y la empresa del colegiado deja de facturar medio millón para facturar siete mil euros. Sí, ríanse, pero ríanse todavía más al saber que la gerencia de la institución trató que los gastos fueran imputables como tales de cara a la Hacienda pública.
Todo se explica. En esos años el Barça ganó dos Ligas y las tres Copas del Rey en juego. Enríquez Negreira fue vicepresidente de la institución desde 1994 hasta 2018, que es casualmente cuando cesó su relación profesional con el Barça. Habrá que desposeer al Barça de todos los trofeos durante el tiempo en que están constatados los pagos, pero el resto de años de Enríquez ejerciendo la vicepresidencia quedan también en entredicho… empezando por las Ligas de Tenerife. Al fin y al cabo, Bartomeu ha indicado que estos “informes” se encargaron desde 2003.
En esos tres años de relación pecuniaria entre Enríquez y el Barça, al club barcelonés le pitan solo un penalti (intrascendente) a lo largo de dos años, disparándose el número de expulsiones de rivales del Barça. Son años corruptos en la historia del Barça. Son competiciones corrompidas que habría que quitarles ya para dárselas al segundo de la Liga o al finalista de Copa, lo que corresponda. No hay marcha atrás. En Italia, mientras el Barça trata a duras penas de explicar esta descomunal montaña de mierda, ya le habrían mandado a Segunda, como pasó con la Juventus en el Moggigate. Muchos se rieron en Italia con el Moggigate, pero el tiempo les dio la razón. En España muchos fueron motejados de conspiranoicos por atreverse a sugerir en redes sociales (en medios prácticamente nadie se atrevió) que esas ligas tan increíblemente sospechosas apestaban. Resulta que esos conspiranoicos tenían toda la y ahora tienen pleno derecho a sentirse reivindicados. Ya hay en twitter madridistas no-conspiranoicos presentando sus excusas a los otros.
De esa época nefanda es la famosa entrevista a Bassat en la que cuenta que alguien muy importante del Barça (repito: muy importante) le sugirió que tal vez no estuviera capacitado para presidir el Barça por no contar con el aplomo o la pericia suficientes “para comprar árbitros”. Los que llevamos años poniendo el grito en el cielo no solo por esa entrevista, sino por el hecho de que nadie le haya dado nunca la menor importancia, también nos sentimos ahora oficialmente reconocidos.
Las alarmas eran deslumbrantes y de todos los colores. Solo había que querer verlas.
Ahora pasará lo que tenga que pasar a nivel mediático e institucional (¿a nivel penal también?). A nivel sociológico, ya nada será lo mismo nunca. Los seguidores cabales del Barça, que por supuesto existen, y que en comprensible afán bufandero nunca quisieron ver las señales, también han sido traicionados y humillados. No tanto como quienes compitieron contra el Barça por esos torneos nacionales, con el Real Madrid a la cabeza.
En 2017, la Liga la gana el Madrid. Pero queda para el recuerdo el inenarrable penalba señalado por Hdez Hdez, el árbitro del régimen, para meter en la pomada al Barça en la última jornada ante el Éibar, prevaricación manifiesta que, en combinación con otro penalti inventado sobre Neymar, y de no ser por la victoria del Madrid en Málaga, habría dado con otra Liga más del Barça. Habría sido el tres de tres.
Esto es lo que hay. No hay vuelta atrás. Al Barça le salvará lo que le salve (o no): la situación política de los pactos, la alianza Tebas-Roures (la Federación ha hablado poniéndose a disposición de la justicia pero Tebas no ha abierto el pico) o el rosario de la aurora. Pero ha quedado como una verdad irrebatible en la historia del deporte en España, haya o no haya Moggigate, que el Barça compró (o hizo algo muy parecido a comprar) no menos de dos Ligas y tres Copas de las que luce en su palmarés.
El que no quiere verlo que no lo vea.
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