Buenos días, galernautas. San Juan ya se chamuscó en la hoguera y cabalgamos entre tórridos sofocos y variopintos sudores a un nuevo verano en el asfalto. Los hacedores de primeras planas del mejor periodismo deportivo del mundo, periodismo deportivo dixit, lo saben.
Dice Marca muy estupendo que este es un “Domingo de Oro” cuando a nosotros no nos parece un domingo de pipiripingo, sino uno de asadero de pollos.
Es lo que tiene el estupendismo, al que tanto le gusta apuntarse a Marca en épocas de vacas flacas, calor extremo o sequía balompédica. Que es estupendo. No importa no haber dedicado a lo largo de la temporada ni medio breve a, yo qué sé, el baloncesto femenino; porque el estupendismo todo lo aguanta; máxime si resulta que Mamámbape, “La Mari” para los amigos, no ha desayunado esta mañana —con diamantes— y algún emir de Qatar.
Que las chicas del basket apunten a medalla, como acostumbran, es lo de menos. Tal es la magia del estupendismo; con un poco de suerte te sale una cosa patriotera que hasta Mikel Arteta en la azotea se piensa esto de volver a España, no sin realizar unas cuantas genuflexiones ante Sant Pep de Santpedor y verbalizar the essentials de la escopeta de feria gunner. Del estupendismo al loserismo.
Y sin salir de portada.
No abandonamos la senda del estupendismo para llegar a la primera plana del otro diario de la meseta que, como ven, con estos calores, tampoco tiene muchas ganas de esto de buscar noticias que al final es de lo que se trata.
¿Para qué? Si pueden deleitarnos con una portada en chanclas. Fíjense en el scoop del día. Vale que el Séptimo Día descansó, pero lo de ustedes no es otra cosa que gandulería. Rodry y Vini tendrán que meter más goles dicen los muchachos de Freddy mientras se postulan para un nuevo Pullitzer y/o La Medalla Internacional para Descubrimientos Sobresalientes en Matemáticas.
Suponemos, quizás que al responsable de esta primera página le ha dado como al bueno de Carlitos Alcaraz abajo a la izquierda.
Le ha cogido aíre a la hierba, aunque en su caso no debe ser la de Queens sino sativa.
La estupenda psicoactividad se la dejamos no obstante a nuestros amics de por allí arriba a la derecha, tan lúcidos como lisérgicos ellos. “Fichajes Top” saluda el diario de Godó, grande de España, top fraudulencia suponemos, en tanto que pocas veces se ha visto a un tiburón desdentado mendigar así por el mercado buscando plancton. En portada pueden apreciar dos futbolistas. Los venden bien. Los dos capitanes de la última final de la Shempions dicen. Ambos suman más años que los viejos gruñones de los teleñecos. Uno tiene nombre de combatiente del Grupo Wagner. Y el otro, ay el otro, el fichajazo blaugrana, resulta que ayer apareció en redes sociales luciendo la camiseta del Manchester City de Sant Pep, el benefactor culé. Les coló a Ferrán y a Kaiser García. Si evita la marcha de Gündogan en el 93:48 habrá comprado ya todos los boletos para que le erijan una estatua en La Montaña Mágica.
No sólo le pega, sino que jugarán allí este año mientras una constructora turca que nunca ha construido un estadio les levanta uno en Barcelona. Parece una de Berlanga, pero no lo es.
No obstante, reservamos lo mejor para el final en nuestra gira del estupendismo para concluir con “El Jefe” de todos ellos, tal y como reza el siempre ecuánime y bien ponderado diario Sport. Ahí lo tienen, al nuevo discípulo de Padremany, la pareja de oro, la dupla perfecta de los despachos; un departamento que se completa con un maestro comisionista como Deco, como Superagente Mendes o el propio Joker Laporta, como el Pequeño Nicolás, vaya.
De la friolera de los 58 kilos que costó ese crack llamado Raphina nuestro amigo Deco se llevó el 10 por ciento. Aprendió de los mejores.
Vale la pena detenerse en este extracto de El Confidencial: En 2019, los medios lusos publicaron las finanzas que D20 Sports —la agencia de representación de Deco— envió a la Comisión del Mercado de Valores, en las que la agencia registrada en Dublín, como tantas otras para pagar menos impuestos, mostró unos ingresos de tan 'solo' 300.000 euros. Curioso, pues ese mismo verano solo el Sporting Club de Portugal se gastó 7,5 millones en pagar comisiones a D20 Sports y Gestifute. Es decir, las respectivas agencias de Deco y Mendes, y la tarifa más alta, 2,5 millones, se la llevó la empresa del exjugador del Barça en el traspaso de Rafinha al Rennes por 21 millones.
Efectivamente. Menudo jefe está hecho Deco.
Estupendamente.
Viveiro (Lugo)
Hospital psiquiátrico Santa Lucía.
Unidad de Mbapismo.
17 de julio de 2031.
—Rogelio, que no te lo tenga que repetir, ¡bájate de la silla!
—Mmmmmbappé ¡EL 26 SE PRESENmmmmm! No viene viene ¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!, gloooooor, doscientos CARABIRUBÍ ¡COMO ESTOS! Mip mip bapé bapé bapé… ¡Bonus!
—Doctor, haga algo, por favor, yo ya no puedo más, mire, mire cómo está, tonto, se ha vuelto tonto perdido. Y así todo el día, y toda la noche, dígame lo que me tenga que decir, no me mienta, ¿usted cree que mi marido se va a curar?
El doctor Sugrañes Consuegra carraspeó, cogió el folio con anotaciones que tenía delante, se recolocó sus gafas de culo de vaso y, después de mirar de reojo el generoso escote de doña Carmiña, se levantó de la mesa.
—No sabría decirle, señora —dijo sin poder quitar la vista de aquella cascada entre montañas—, estos procesos son muy complicados de predecir, tenga usted en cuenta que los estudios de la psiquiatría sobre el Mbapismo son incipientes, hace poco más de un lustro que fue diagnosticado el primer caso. Su mari…
—Rogelio, súbete los pantalones, por el amor de Dios, me estás avergonzando.
—Baaaa pé pé pé pépépépépé EXCLUSIVAAAAAAAA ¡CERRADO! pépépépépé samba da Bahía samba da Bahía fichado LAMAAAAAAARI ¡BOOOOOOMBA!
—No dé más rodeos, doctor, ya ve cómo está, dígame la verdad. No sabe usted lo duro que es vivir con un hombre así. Los cuatro primeros años lo sobrellevé mal que bien, que si lo fichan, que si no lo fichan, que si ya está fichado… Luego la deriva se volvió insoportable: sus desvaríos, los periódicos, las tertulias, aquellas madrugadas sin quitar la vista del ordenador, las exclusivas que nunca se cumplían… No está bien que yo lo diga, doctor, pero se le secó el poco cerebro que tenía, que mi marido trabajador como el que más, se lo juro por mis hijos, pero listo, lo que se dice listo, nunca ha sido. Si no es por la fábrica de mi padre ahí seguiría, dando tumbos, en aquella oficina de mala muerte, cobrando lo justo para invitarme al cine, a pasear por la Alameda y a cuatro churros con chocolate los domingos. Si ya me lo decía mi padre: “¿Estás segura, cariño mío, estás segura de que te quieres casar con Rogelio? Y yo, enamorada perdida, que sí, papa, que sí, que me quiere mucho. Y no me he arrepentido, pero mírele ahora, doctor, mire en lo que se ha convertido. 15 años llevo viviendo este vía crucis. Estoy por pedir el divor… ¡ROGELIO, GUARRO! ¡GUÁRDATE ESO!
—Le entiendo perfectamente, señora, sé el calvario que está pasando —dijo Sugrañes cogiendo la mano de doña Carmina, besándola y apretándola delicadamente entre las suyas—. Piense que aquí estará cuidado y atendido, es un hospital pionero, con los mejores especialistas mundiales en Mbapismo. Su Rogelio, tarde o temprano, se curará, tenga usted paciencia. Deje que nosotros nos encarguemos de todo, piense en usted, salga, diviértase, recupere su vida, cuente conmigo para lo que necesite, sea lo que sea.
El Hospital psiquiátrico Santa Lucía se erigía en un lugar privilegiado, cerca del mirador de San Roque, con vistas a la Costa da Mariña occidental y rodeado de pinos y eucaliptos cuyo aroma se esparcía por las dependencias del centro. Era un edificio nuevo, de planta rectangular, levantado con ladrillo caravista y grandes cristaleras desde las que se apreciaba el bosque y un colorido jardín lleno de macetas, parterres y pérgolas. Doña Carmiña Docampo dejó caer sus brazos, se arrellanó contra el respaldo del sillón y aspiró lentamente el olor mentolado y dulce de los eucaliptos. Rogelio estaba a su lado, desnudo, había esparcido su ropa por el despacho, se había sentado y mascullaba algo ininteligible. Miró a Rogelio, miró a Sugrañes, buscó complicidad a su desamparo e hizo la pregunta conociendo de antemano la respuesta.
—¿Y está usted seguro de que lo mejor es internarlo?
—Naturalmente, va a ser muy feliz. Él estará cuidado, disfrutará de un ambiente alejado del deporte, de las redes sociales, de la prensa, de todo aquello tan contraproducente para su recuperación, y usted recuperará su vida, su vitalidad, sus costumbres ya olvidadas. Si me permite decirlo, señora Docampo, es usted todavía una mujer joven, lozana, de muy buen ver, con toda la vida por delante, con su pazo, sus tierras, su pequeña empresa de conservas…
—Calle, calle, Doctor Sugrañes, mire que es usted zalamero, si ya soy una vieja…
—¿Una vieja? ¿Usted una vieja? Una reina, eso es lo que es, una reina.
—MBAPÉPÉPÉ, al lío, faltanflecos HOY, PÉPÉPÉPÉPÉ, ¡FICHADO! ¡OFICIAL! Desmiéntemelo. Una hora menos.
Hospital Psiquiátrico Santa Lucía.
22 de diciembre 2035
Rogelio, cariño, qué quieres que te diga, yo te veo igual. Un poco más delgado, eso sí, pero de lo tuyo… Ya, ya lo sé, siempre he sido muy impaciente, el doctor Sugrañes me ha dicho que tenga calma, que te trate con cariño, pero hijo, es que te veo ahí, en la cama, con los ojos tan abiertos, mirando al techo y sin decir ni mu, y me vengo abajo. ¿Tú estás bien, Roge? ¿Te encuentras mejor? Mira que ya han pasado cuatro años de tratamiento y ahí sigues, con esos ojos como platos, que sí, que lo tuyo es lo tuyo, pero piensa en mí, que aquí estoy, semana tras semana, hablando sola. Ya me gustaría a mí verte en mi lugar, con las jaquecas que sufro y ocupándome de todo, del pazo, la fábrica, los obreros… Y no es que me queje, que peor están las otras, con media docena de criaturas, como Rosa, tu secretaria, ¿te acuerdas de Rosa? Claro, cómo no te vas a acordar, si se te iban los ojos detrás de sus andares, que ya te avisé yo, ¿te lo dije o no te lo dije?, “una golfa, Rogelio, una golfa”. Y tú, “tranquila, no desconfíes, es muy buena en lo suyo”. ¿En lo suyo? A ver si te crees que me chupo el dedo. Y el tiempo me ha dado la razón. Ahí la ves ahora, amancebada con don Ramiro, sí, el de la dinojunta del Madrid, el que veraneaba en Foz y se separó de su mujer. ¡Si le saca 40 años, por el amor de Dios! También te lo digo, hubiese preferido que te liases con ella a verte ahí, mustio, en la cama, que pareces una lechuga, con esa cara de pena que se me mete por dentro y no me la quito hasta que llego a casa y me ducho. Tú siempre pensando en ti mismo, en tu Madrid, en la tortuga esa que nos ha arruinado la vida.
“Deja el fútbol, Rogelio, deja el fútbol”. ¡¿Cuántas veces te lo dije?! Y tú nada, atontao, que siempre has sido un atontao. “El fichaje está a punto”. ¿A punto de qué? ¿de caramelo? “Ya llega, ya llega, este año sí, que lo dice un insider nuevo”. Un insider, por Dios, Rogelio, que yo no sabía ni lo que era un insider, bastante tenía con el Marca y El Chiringuito. Y me aprendí los nombres de todos por amor, por amor, sí, que yo quería hablar contigo de tú a tú y sacarte de la cabeza todos esos pájaros: el infiltrado blanco, Gallardón, el berberecho y uno muy sentido, ¿cómo se llamaba?, sí, hombre, el que hacía vídeos con un correcaminos y llevaba una gafas de culo de vaso… ¿O ese era el otro? Bueno, da igual, ¿es que no te dabas cuenta de que te sorbían el seso y ya ni me mirabas? “Vámonos a tomar un vermut, deja el ordenador”, y tú venga a darle al F5, que tenías el dedo morado, “espera, espera un poco que ya solo falta Fabrizio”. No digo yo que haya que salir todos los días a alternar, pero, Roge, unas bravas con una cervecita, algo, no sé, un capricho, una cena romántica. Me abandonaste, me dejaste por una tortuga. Y yo tengo mis necesidades, Rogelio. Soy una mujer, aunque a ti nunca te importó. Aquí sigo, a dos velas por el Mbappé ese de mierda, que ya me gustaría a mí verte con otra, que yo seré lo que sea, pero a señora no me gana nadie. Hasta el doctor Sugrañes me tira los tejos, “está usted muy buena, doña Carmiña, que requetebuena está”. Y yo haciéndome la loca, dándole una larga cambiada como si fuera un torero, que me mira el escote que se le salen los ojos de las cuencas. Y no digo yo que no esté de muy buen ver el doctor, con ese pelo canoso, que parece el Richard Gere de hace veinte años, pero ni caso, ni caso, te lo juro por nuestros niños, Rogelio. Bueno, te tengo que dejar, amor mío, que tengo que ir haciendo las compras de Navidad. Te vamos a echar de menos, corazón.
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La transición del Madrid de los Jerarcas al Madrid de los Jóvenes Talentos se está realizando de manera paulatina. Comenzó en 2018 con la marcha de Cristiano y a junio de 2023 aún no ha concluido. Modric y Kroos siguen sustentando el tronco del madridismo mientras florecen Valverdes o Camavingas en las yemas de las ramas del árbol blanco.
El reemplazo de jugadores siempre implica un baile de dorsales. Hay cambios naturales, como el que supuso que el 4 de Ramos, después de varios lustros, se mudase a la espalda de Alaba, y mudanzas que nos dejan sin habla, como la que dio con el 7 de Cristiano en el lomo de Mariano.
Por suerte, esta rareza pareció subsanarse cuando aterrizó Hazard, que arrebató el 7 al de Premiá de Mar. Pero, entre que al belga le partieron el tobillo y él tampoco se partió el lomo —al igual que no se lo había partido su antecesor en eso de portar el 7—, este número histórico para el Real Madrid siguió unos años más guardado en el tercer cajón de la cocina.
La transición del Madrid de los Jerarcas al Madrid de los Jóvenes Talentos se está realizando de manera paulatina. Comenzó en 2018 con la marcha de Cristiano y a junio de 2023 aún no ha concluido
El 12 es un número que tiene querencia al carisma, por eso se aupó sin perder la sonrisa de la espalda de Marcelo a la de Camavinga.
Cuando Bale se fue de visita al Tottenham, su 11 lo tomó Asensio, lo que significó que el 20 quedase vacante y Vini se lo apropiase sin dudarlo. Con el 20 a la espalda recordamos los mejores momentos de Marco, cuando el mallorquín aún infundía esperanza, porque la felicidad no es más que la ilusión de que algo positivo está por venir. La felicidad, además de efímera, no se puede tocar, porque siempre se instala en un momento distinto al presente, bien en el futuro de un pasado mejor, bien en el pasado de un futuro esperanzador.
Con el dorsal 20, Vinícius ya ha ganado una Champions y se ha enfrentado sin miedo al monstruo del acoso, la violencia, la persecución, el racismo y la maldad. Ahora se han ido los dos últimos sietes, Mariano y Hazard, y Vini, que honró y mejoró el 20 de Asensio, trinca el 7. Muy mal se tienen que dar las cosas para que no lo porte con la dignidad que merece.
El 20 ha sido la elección de Fran García, por lo que no supondrá ningún cambio radical para la cifra, que seguirá desempeñándose por la banda izquierda, aunque desde más atrás.
Asensio se fue sin brindar toda la felicidad prometida y dejó colgado el 11 de la percha del vestuario. Rodrygo pasaba por aquí, como Aute, no vio ningún teléfono cerca y no lo pudo resistir. El brasileño cambia el 21, ese que Míchel lucía con la selección en Mundiales y Eurocopas, por el 11.
El 21 vacante se lo ha enfundado Brahim, quien, al igual que su anterior portador, Rodrygo, está tocado por la varita del regate y la técnica.
Este año, el jerarca que se ha marchado es Benzema, y después de una eternidad el 9 queda huérfano. El 9 del Madrid sí tiene quien le escriba, pero no quien lo lleve a la línea de gol.
Después de una eternidad el 9 queda huérfano. El 9 del Madrid sí tiene quien le escriba, pero no quien lo lleve a la línea de gol
Ha llegado Joselu, pero como bien él mismo dice, no para hacer el trabajo de Benzema. Joselu ha elegido el 14, un número que evoca recuerdos gratos, cálidos y a la vez duros, reminiscencias de una asistencia de Guti, de una viga maestra construida por Casemiro o de la mezcla de ambas cosas aderezadas con la clase innata de Xavi Alonso.
Quien ha llegado con todo el alboroto que merece es Bellingham, el 14 le habría quedado de perlas, pero el inglés es ambicioso y echao palante, la prueba está en que se ha pedido el 5, y el 5 estará asociado para siempre con Zidane en el imaginario colectivo madridista.
Pero el 5 tenía dueño, todos recordamos a Vallejo caminando entre jugadores abatidos del City después de haber clasificado al Madrid para una final de Champions como camina Liam Neeson entre cadáveres de terroristas después de haber salvado la vida de su hija. Mas el bueno de Jesús no ha puesto inconveniente en cederle su dorsal a Jude. Vallejo, por cierto, se ha casado hoy, ojalá —y a pesar de ello— sea feliz como merece.
Toda esta ecuación nos lleva a tres posibles soluciones:
La primera es que todo quede como está, que la campaña que comience se desarrolle con la anomalía histórica de un Real Madrid sin 9, tan raro como un verano sin final. Quizá a la espera el año próximo de un 9 de campanillas.
La segunda es que llegue ese 9 de campanillas. Es importante que sea “de campanillas”, porque si no no sería galáctico. Sería como un marco comparable —ya porte el 11 o el 20— o un estadio sin aledaños. Y todos tenemos en la cabeza a ese 9 que me ahorraré mentar por pereza.
La tercera, y confieso que mi preferida, es que el 9 se lo apropie Jesús Vallejo, que lo defienda con la misma decisión que protegió al equipo aquella noche contra el City, que el espíritu de leyendas que antes lo portaron —como Di Stéfano, Santillana o Hugo Sánchez— doten al zaragozano de maña y de fuerza para ser el delantero centro del Real Madrid.
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Buenos días, amigos.
Podría pensarse que el año en el que sale a la luz que has comprado el estamento arbitral, vía vicepresidente, no es el mejor para sacar pecho de nada. Podría pensarse que el año en el que te han eliminado —por segunda vez— dos veces en Europa no es el mejor para presumir. Podría pensarse que el año en el que la deuda desorbitada y asfixiante te obliga a hipotecar presente y futuro para subsistir y evitar que tu estadio termine de desmoronarse no es el mejor año para pavonearse.
Pero el Barça es mès que un club, ya sabéis, y hacen del delito virtud.
“¡Histórico! Sextete inédito”. Sex-tete, diríamos nosotros, porque la jactancia demostrada es pornográfica.
Lo del Barça es una locura, mientras una vieja y un viejo van pa Albacete, van pa Albacete, a mitad del camino gana un sex-tete, gana un sex-tete.
Mundo Deportivo adorna el sex-tete con una corona de laureles dorada —como la que portaba Pijus Magníficus— para festejar los alirones de los seis equipos profesionales del club. ¿Y cuáles son los seis equipos profesionales del FC Barcelona?
1.- Equipo de compras: el departamento encargado de adquirir los bienes y servicios necesarios para la entidad. Es el más destacado del club, sin duda alguna. Su plan orientado a largo plazo —probablemente iniciado a finales de los años noventa del siglo pasado— con el proveedor, es decir, con el Comité Técnico de Árbitros, es el más fructífero y laureado de la historia del deporte español. La relación comercial entre las famiglias Negreira y culé se estudiará no solo en HarVARd, sino en todas las grandes universidades del orbe.
Una lástima que el desgaste de tantos años haya pasado factura y haya puesto fin a esta simbiosis idílica, que si bien ha socavado la integridad y la credibilidad del fútbol español, ha supuesto un buen puñado de trofeos nacionales para el Barça, que es lo que a Mundo Deportivo y demás aficionados blaugranas realmente les importa.
Afortunadamente para ellos, todo sigue igual, y aunque los Negreira ya no estén, siguen los mismos —o sus sucesores— que manipularon la competición durante décadas y hay sospechas fundadas de que siguen haciéndolo.
¿A quién le importa la verdad si puedes comprarla?
2.- Equipo económico: merecedor de todos los elogios, ha situado al Barça cómo líder de la deuda. Salvo Grecia en 2008, nadie ha debido tanto dinero nunca como el club presidido por Laporta. No en vano, Bartomeu ya dijo aquello de: “En HarVARd se sorprenden de que compartamos nuestro conocimiento”. No es para menos, Barto.
El equipo económico ha conseguido logros como fichar sin dinero y sin cumplir la normativa pertinente, o firmar un contrato para reconstruir un estadio que costará más que el Nuevo Bernabéu.
3.- Equipo de mobbing: o acoso laboral, que se define como el conjunto de acciones continuadas de violencia psicológica injustificada (menosprecios, aislamiento, difusión de rumores). Es uno de los departamentos del club que mejor funcionan —con la cooperación necesaria de los medios afines—, quizá por la práctica que tienen. Funciona en coordinación con otros equipos del club. El departamento económico ficha sin dinero a un jugador, mediante argucias se le consigue inscribir en la liga. Al poco tiempo, por diversos motivos entre los que se encuentran que el futbolista quiere cobrar, se le hace mobbing para “invitarlo” a marcharse del club. Son unos fenómenos. Los mejores del mundo en este aspecto.
4.- Equipo antiplagas: toda sede de una gran entidad necesita un equipo antiplagas que esté a la altura de los retos que se presenten, y el del FC Barcelona cumple sin peros. Los profesionales que lo integran han conseguido que las epidemias de ratas, palomas y otros seres indeseados que asolan el Camp Nou no lo hayan convertido en escombros. Algunos se quejaban de la abundancia de estos bichitos en el estadio culé, pero sin la intervención del equipo antiplagas, hace años que el coliseo ya habría dejado de estar en pie.
Decíamos antes que no se le puede poner un pero al equipo antiplagas del Barça, pero no es cierto, sí hay un pero, aún no han sido capaces de acabar con los racistas, pese a ser grabados y difundidas sus nítidas imágenes por todo el mundo.
5.- Equipo de trasplantes: conseguir órganos al margen de la Ley de Trasplantes no es una hazaña que esté al alcance de muchos, y han demostrado una vez más estar a la vanguardia.
6.- Equipo de propaganda: pero todos estos logros no serían nada sin un equipo propagandístico que sitúa a Goebbels como un simple aficionado. El Barça ha conseguido vender su relato a los incautos intelectuales y antimadridistas, que a menudo son los mismos, y, después de todos los hechos expuestos, les ha convencido de su superioridad moral. No olvidemos que tras ser salvado de la desaparición por Franco en más de una ocasión, tras adularlo hasta el alipori, consiguieron hacer creer a buena parte de España que el equipo del régimen era el Madrid. A colación de esto último, podéis leer aquí el soberbio testimonio de Miguel Espinosa, hijo del ministro de Hacienda Juan José Espinosa San Martín, presente en el consejo de Ministros celebrado el 13 de agosto de 1965 en el cual el Generalísimo evitó la desaparición del Barça.
Una vez repasados los seis equipos profesionales del Barça que han propiciado el sex-tete, echamos un ojo a la prensa madrileña.
Marca sigue a vueltas con el asunto Mbappé, dice que… puff, qué pereza.
As opta por mirar la bola de cristal —ya sabéis que son expertos en ouijas y esas cosas— y vaticinar que Ancelotti cambiará su 4-3-3 por un 4-3-1-2. Lo saben ellos porque son los mejores. Probablemente ni Ancelotti sepa lo que vaya a hacer, pero As sí lo conoce.
Nos despedimos recordándoos que hoy es sábado sabadete, camisa nueva y sex-tete.
Pasad un buen día.
Cuarenta años atrás, un 24 de junio de 1983, el Real Madrid cerró la contratación de Juan Lozano, procedente del Anderlecht. El fichaje, además, desbancaba en aquel momento al de Cunningham y se convertía en el más caro de toda la historia del club blanco.
Juan Lozano, natural de Coria del Río (Sevilla), emigró de pequeño a Bélgica junto a sus padres y allí comenzó su idilio con el fútbol. Con apenas 11 años entró en la cantera del K. Beerschot y ocho años después, con 19, debutó profesionalmente con el equipo amberino con el que levantó la Copa belga en 1979.
Las seis primeras temporadas de su carrera transcurrieron allí hasta que en 1980 se marchó a jugar a Estados Unidos. Durante unos meses militó en los Washington Diplomats, que también contaban con Johan Cruyff y Wim Jansen. Tras su experiencia en Norteamérica regresó a Europa y quiso volver a su país de origen: España. El Barça se interesó por él, pero Helenio Herrera, técnico culé, quiso verle antes en acción y estuvo un par de semanas a prueba entrenando. Finalmente, Lozano no convenció y cogió las maletas de nuevo con destino Bélgica. Fichó por el Anderlecht con el que se haría un nombre importante en el fútbol europeo.
Con los malviblancos levantó la Copa de la UEFA en 1983 después de una magnífica campaña en el plano individual anotando cinco goles en la competición. Además, uno de ellos resultó muy importante por lograrlo en la vuelta de la final ante el Benfica en el estadio da Luz. El retorno a España siempre estuvo en su pensamiento y varios clubes buscaron su fichaje. El Atlético de Madrid le hizo saber de su interés y en 1982 fue Pasieguito, directivo del Valencia, el que viajó a Bélgica para intentar su fichaje, pero el Anderlecht se negó y pidió cifras exorbitantes.
Un 24 de junio de 1983, el Real Madrid cerró la contratación de Juan Lozano, procedente del Anderlecht, y se convertía en el fichaje más caro de toda la historia del club blanco hasta ese momento
Aquel año también surgieron los primeros rumores sobre el interés del Real Madrid, pero fue en 1983 cuando comenzaron las ofertas y las negociaciones. Lozano mantenía la nacionalidad española, pese a que primero en 1981 y luego en 1982, de cara al Mundial, buscó el pasaporte belga en un asunto que fue de Estado. El seleccionador de los Diablos Rojos, Guy Thys, quería contar con él de cara al Mundial de España como futuro sucesor de Van Moer. El debate llegó hasta el Senado que votó para ver si se le concedía la nacionalidad belga. En un resultado ajustado salió vencedor el no, mientras que en el primer intento en 1981, la Comisión senatorial rechazó la opción al sospechar que se trataba de una estrategia por parte de Lozano para saltarse el servicio militar obligatorio español. Un año más tarde, en 1983, volvió a existir otro intento de nacionalización, pero Lozano acabó cortándolo afirmando que “no quería ser obstáculo para nadie”. El andaluz tampoco jugaría nunca con España y en alguna declaración admitió sentirse molesto con el seleccionador Miguel Muñoz y con la Federación española porque “se ha olvidado de mí. Parece que les molestaba venir a hablar conmigo”.
El Real Madrid buscaba dar un golpe en materia de fichajes a comienzos del verano de 1983. Lozano gustaba por su perfil, madurez y por ser una de las sensaciones en Europa aquel curso. Ya llevaba varios años considerado como uno de los mejores jugadores belgas. El coriano era un centrocampista técnico, fino, inteligente y de gran clase. Un armador del ataque, magnífico lanzador de sus compañeros, con buen toque de balón, excelente pasador y dotado de un sentido innato del juego.
Lozano era un centrocampista técnico, fino, inteligente y de gran clase. Un armador del ataque, magnífico lanzador de sus compañeros, con buen toque de balón, excelente pasador y dotado de un sentido innato del juego
En el mes de febrero de 1983, ‘MARCA’ publicó que el equipo blanco tenía resuelto el aspecto económico y un tesorero blanco viajaría a Bruselas para cerrar la operación. Todo ello a partir de una conversación entre el presidente Luis de Carlos y el ex cónsul de España en Bruselas Joaquín Martínez Correcher. Pero pasaron las semanas y los meses sin novedad hasta que llegó junio. El día 16, en ‘MARCA’, entrevistaron al jugador que confirmó el interés del Real Madrid y el Barça admitiendo, además, su ilusión por jugar en España la siguiente temporada. La cifra que ponía el Anderlecht para dar el ok a su salida era de 225 millones de pesetas, según el técnico del equipo Paul van Himst. “Eso es una barbaridad”, comentaba Lozano que se encontraba descansando en Marbella.
El paso final lo dio el cuadro madridista que el día 21 se reunió con el jugador en Madrid a través de los directivos Luis Martínez Laforgue y Carlos Crespo. Mientras, el hermano de Lozano, Curro, viajó a Bruselas para reunirse con el Anderlecht. Tres días después y tras recibir el visto bueno del presidente Roger van Stock y el manager, Verschueren, se trasladaron a la capital de Bélgica para negociar el traspaso Martínez Laforgue y Luis Butragueño, vicepresidente económico. La reunión, que se alargó durante más de cuatro horas, tuvo momentos de tira y afloja entre ambas partes. El Anderlecht se descolgó solicitando primero 300 millones y luego 275. Por su parte, el conjunto merengue no pasaba en un principio de 150, ni más tarde de 180. Al final, la fumata blanca se produjo con un acuerdo por 200 millones, que superaba la cantidad pagada por el Real Madrid por Cunningham cuatro años antes. El jugador, según información de la prensa, firmaba por tres temporadas a razón de 26 millones de pesetas cada una, sueldos y primas aparte.
La presentación se produjo el día 28 de junio por todo lo alto, ya que era el fichaje estrella de los blancos para la temporada 1983-1984. Lozano firmó el contrato en una sala de trofeos iluminada con profusión y rodeado de cientos de copas. Luego se tomó las preceptivas fotos en el césped del Santiago Bernabéu y habló para la prensa. Declaró que “desde pequeñito soñaba con jugar en el Real”, que esperaba “no defraudar” o que “el Barcelona solo me trae malos recuerdos”. Algunos quisieron compararle con Maradona, que militaba en el conjunto culé, y Lozano se desmarcó admitiendo que el argentino “es el número uno del mundo”. Además, respecto a su nacionalidad se sintió algo molesto de se le tachara de oriundo porque“yo soy español”, explicó.
El paso del centrocampista por el equipo blanco se tornó en decepcionante las dos campañas que vistió como merengue. Las lesiones y actos de indisciplina marcaron su desempeño en el Real Madrid. Comenzó bien en la pretemporada y luego en las siete primeras jornadas ligueras anotó cuatro tantos. Pero todo se torció en el derbi liguero contra el Atleti el 30 de octubre de 1983. Una dura entrada de Rubio a la media hora le produjo una fractura del peroné de la pierna izquierda que lo alejó de los terrenos de juego durante más de tres meses.
Volvió en febrero de 1984 ante la UD Salamanca en El Helmántico, con tan mala suerte que recibió otro golpe en la misma zona que le provocó una segunda fractura del peroné. Adiós a la temporada. Empezó la siguiente de 1984-1985 con ánimos renovados, pero su presencia en el equipo fue disminuyendo. La ‘Quinta del Buitre’ asomaba y una juerga en un hotel de Milán tras la ida de un Inter-Real Madrid de la Copa de la UEFA fue su epílogo. Lozano subió a su habitación a dos señoritas y avisó a varios compañeros. El técnico Amancio los descubrió y días después el andaluz fue expedientado y apartado del equipo. No jugó ni la final de la Copa de la UEFA contra el Videoton ni la de Copa de la Liga frente al Atleti, que ocasionaron los dos títulos blancos aquella temporada. En dos cursos acumuló un bagaje de 35 encuentros oficiales y seis dianas.
El Real Madrid lo incluyó en su lista de bajas y negoció con el Anderlecht su vuelta al fútbol belga en el periodo estival de 1985. De nuevo tuvo grandes prestaciones en el equipo malviblanco y sus últimas dos temporadas en activo las disputó en el Eendracht Aalst y el K. Berchem Sport.
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Capítulos anteriores de la serie Fichajes de verano:
1. Robinho
2. Didí
4. Anelka
5. Owen
6.Breitner
7. Illgner
8. Goyvaerts
Po-lí-ti-ca.
Como tantas otras cosas cuando uno es un niño, esa palabra esdrújula de cuatro sílabas era entonces un arcano para mí. Recuerdo perfectamente la primera vez que la oí. Fue el caluroso verano de 1.965. Mis padres habían alquilado un chalet a las afueras de Madrid, en Villaviciosa de Odón, y dos jóvenes reporteras de la revista "Ama" vinieron en un seiscientos a entrevistar a mi madre, la esposa del flamante ministro de Hacienda.
Apenas una semana antes, el 7 de julio, festividad de San Fermín, Franco había remodelado su Gobierno.
En mitad de la distendida charla, mientras tomaban un piscolabis en el jardín a la sombra de un pino, junto al reluciente Citroën Tiburón familiar a bordo del cual, Rafael, un chófer enjuto y fumador, nos llevaría los cuatro años siguientes al colegio, una de las periodistas preguntó a mi madre:
—¿Te gusta la política, Amalia?
Sin titubear, a la vez que tejía unos patucos con sus largas agujas de punto para el bebé que estaba esperando, mi madre contestó con un lacónico:
—No.
—Pero si es la ciencia encaminada al logro del bien común... —insistió, bolígrafo en ristre, la periodista.
—Si solo fuera eso...
Lógicamente, mi madre no se refería a la política "stricto sensu", sino a su lado oscuro, a todas esas pulsiones que subyacen tras la cosa pública: la codicia, el arribismo, las traiciones, las intrigas, las conspiraciones...
Aunque era madrileña como mi padre —ambos habían sido vecinos en la calle Lagasca, junto al Parque del Retiro—, todavía sentía nostalgia de los trece años que residieron en Barcelona, donde se establecieron, recién casados, el frío invierno del 44 en un piso de alquiler en la calle Infanta Carlota, nada más aprobar mi padre las oposiciones de Inspector del Timbre.
—Los mejores años de nuestra vida... —suspiraba mi madre evocando el título de la mítica película de William Wyler mientras hojeaba, con un brillo de melancolía en la mirada, los álbumes de fotos en blanco y negro de esa época: los aperitivos en la terraza del Sandor; la noria del Tibidabo, desde cuya cazoleta divisaban en lontananza el mar azul; el colegio Nelly, al que asistieron mis hermanos mayores; las palomas revoloteando en la plaza de Cataluña; la brisa salitre de las playas del Mediterráneo alborotándole el pelo... todos esos instantes formaban parte de su acervo sentimental y también, cómo no, la lacrimógena cena de despedida que les ofrecieron su legión de amigos en Can Culleretes.
Sí, porque su vida dio un giro inesperado cuando en la crisis de gobierno de febrero del 57, el nuevo ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio, tras jurar el cargo le propuso a mi padre ser el jefe de su gabinete, lo que significó su vuelta a la capital y el salto política.
Dos años más tarde, en octubre del 59, fue nombrado director general del Tesoro, y el 7 de julio de 1.965, ministro de Hacienda, sucediendo al propio Navarro Rubio, el artífice, junto a Alberto Ullastres, del Plan de Estabilización que supuso un punto de inflexión en el franquismo, oxigenando la economía española hasta ese momento asfixiada por la autarquía.
Pero volvamos al verano del 65.
Por aquel entonces no existían las discotecas en España y al caer la tarde, mis hermanas mayores se divertían con su pandilla haciendo guateques bajo la pérgola del jardín, junto a un barreño de sangría.
Los sesenta fueron la década de la explosión del pop español y en el tocadiscos de vinilo se sucedían los "singles" de Los Brincos, Los Bravos, Los Mustang, Los Sírex o el Dúo Dinámico.
Entre las "lentas", la más solicitada era una balada italiana: "Il Mondo", de Jimmy Fontana.
Aunque Conchita Velasco echó el resto desgañitándose con su "Chica ye-yé", la canción del verano fue sin duda alguna "La Yenka", un baile "naif" que popularizaron dos rubicundos hermanos holandeses, cuyo estribillo iba acompasado de saltitos a uno y otro lado.
La fatalidad, sin embargo, se cebó con el espigado Johnny que hubo de conformarse con alcanzar la gloria póstuma, ya que falleció esa Semana Santa, sólo tres meses antes de que la pegadiza canción arrasara en las listas de éxitos, como consecuencia de las secuelas del aparatoso accidente de tráfico que sufrió con su hermano Charley en el tramo de la nacional 340 que une Reus y Salou.
Yo mientras tanto vivía feliz en mi mundo imaginario jugando a las chapas que se deslizaban raudas y veloces a base de papirotazos por los circuitos que trazaba arrastrando las manos sobre la tierra del jardín, con curvas serpenteantes y rectas interminables, hasta acabar con las rodillas desolladas.
Mi ídolo de entonces era José Pérez Francés, el apuesto corredor del equipo Ferrys —"el Rodofo Valentino de la ruta", le llamaban— que el 2 de julio protagonizó una gesta en el Tour de Francia al fugarse del pelotón en solitario más de doscientos kilómetros, durante la etapa comprendida entre la localidad occitana de Ax-les-Thermes y la ciudad condal, sacando de sus casas a miles de barceloneses que lo jalearon en las calles, dándole palmaditas en la espalda o echándole cubos de agua para paliar el sofocante calor hasta que, exhausto, alzó los brazos al cruzar la meta de Montjuich.
Entretanto, la política, esa palabra entonces indescifrable para mí, asociada al mundo de los adultos, transitaba por otros derroteros.
Franco, como era habitual, tras festejar el 18 de julio en el Palacio de La Granja —donde por vez primera asistieron mis padres—, inició sus vacaciones estivales en el Pazo de Meirás, aprovechando esos días de descanso para jugar al golf, ir a los toros, navegar en el Azor o entregarse a la pesca fluvial.
El viernes 13 de agosto hubo Consejo de Ministros y a primera hora de esa soleada mañana, los titulares de cada departamento partieron en sus coches oficiales, precedidos por un enjambre de motoristas, desde el Hotel Finisterre, donde estaban hospedados, hasta el Pazo.
En medio de un denso silencio, apenas roto por el gorjeo de las aves y rodeada de una frondosa arboleda, se alzaba sobre una ladera la Torre de la Quimera, sancta santorum de la Condesa de Pardo Bazán, su antigua propietaria, y desde donde la eximia escritora naturalista gallega, retirada del mundanal ruido, alumbró, entre otras obras, "Los Pazos de Ulloa".
Tras aparcar junto a la escalinata, los ministros descendieron de sus vehículos y a continuación posaron para la prensa, bronceados y risueños, flanqueando a Franco.
Después de departir unos instantes en el vestíbulo, el ayudante solemnemente les anunció:
—Su Excelencia ha pasado a la sala de Consejos.
Y acto seguido se dirigieron hasta el comedor donde se celebraban las reuniones.
El Generalísimo les aguardó en pie, junto a la puerta, y fue estrechando ceremoniosamente la mano de todos y cada uno de sus dieciocho ministros, entre los cuales había seis oficiales del Ejército: el Vicepresidente del Gobierno, Agustín Muñoz Grandes, que comandó la División Azul en el frente ruso —el mismo que se entrevistó con Hitler en su cuartel general de Rastenburg, "la guarida del lobo", y fue condecorado por el Fürher con una de las más altas distinciones de la Alemania nazi: la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble—; el almirante Pedro Nieto Antúnez, "Pedrolo", íntimo amigo de Franco, ferrolense como el Caudillo, y su compañero favorito de pesca en el Azor; el ministro de la Gobernación, el teniente general Camilo Alonso Vega, otro de los hombres de máxima confianza del Generalísimo; el ministro del Ejército, el general Camilo Menéndez Tolosa; el ministro del Aire, teniente general Lacalle Larraga; y el ministro de la Presidencia, el almirante Luis Carrero Blanco, que dos años después, tras la renuncia de Muñoz Grandes, se convertiría en la mano derecha de Franco hasta que fue asesinado por la ETA el 20 de diciembre de 1.973.
Todos ellos habían participado en la Guerra Civil y fueron condecorados por su valor en la contienda.
También cumplimentaron a Franco, los ministros que estaban al frente de las carteras económicas, los tecnócratas, que dieron una pátina de modernidad al Régimen: el ministro de lndustria, el ingeniero Gregorio López Bravo; el Comisario del Plan de Desarrollo y ministro sin cartera, el catedrático de Derecho Administrativo barcelonés, Laureano López Rodó —en todos los gobiernos de Franco hubo al menos un catalán, de quienes el Generalísimo tuvo siempre un magnífico concepto por su diligencia y laboriosidad—; el ministro de Comercio, el abogado del estado, Faustino García-Moncó; y el ministro de Hacienda, Juan José Espinosa San Martín, padre del autor de estas líneas.
Los cuatro miembros del Opus Dei.
Encabezando el sector azul del gabinete, el ministro secretario general del Movimiento, el egabrense José Solís Ruiz, "la sonrisa del Régimen"; y el ministro de Información y Turismo, que ejercía de portavoz del gobierno, Manuel Fraga Iribarne, fundador junto a otros ex ministros de Franco de Alianza Popular, embrión del actual Partido Popular.
Para completar la lista: Silva Muñoz (Obras Públicas); Castiella, (Asuntos Exteriores); Oriol (Justicia); Romeo Gorría (Trabajo); Díaz-Ambrona (Agricultura); Martínez Sánchez-Arjona (Vivienda); y el profesor Lora Tamayo (Educación y Ciencia).
Una vez ocuparon sus asientos, los ministros extrajeron papeles e informes de sus gruesas carteras negras. Sobre la mesa había blocs con el membrete del Consejo de Ministros, además de jarras de agua, vasos y cuencos con bombones y caramelos para aplacar la ansiedad de los fumadores.
Aun así, Muñoz Grandes tenía el privilegio de ausentarse de vez en cuando a fumar un cigarrillo dejando la puerta entreabierta para escuchar las deliberaciones desde la sala anexa.
Ante el Jefe del Estado había un viejo despertador metálico —Franco no usaba reloj—, un timbre manual y una bandeja de lápices con las puntas afiladas, con los que los ministros tomaban notas y en ocasiones se distraían haciendo garabatos. Carrero dibujaba minuciosamente árboles y mi padre conservó alguno de ellos dedicados por el almirante.
De las paredes colgaban platos, trofeos de caza y bodegones pintados por el Caudillo para solazarse en sus ratos de ocio.
Franco siempre comenzaba los Consejos de Ministros con una breve disertación acerca de los temas de actualidad de la semana y luego permanecía en silencio.
Entre los asuntos a tratar en el orden del día aquel viernes 13 de agosto, figuraba el crítico momento que atravesaba el club de fútbol Barcelona, que se hallaba al borde de la bancarrota.
Pero... ¿cómo era posible que una institución de la solera del Barça hubiera llegado a semejante situación?
Todo empezó con las elecciones a la presidencia del club que se celebraron en 1.953. El candidato Miró Sans basó su campaña en el proyecto de levantar un nuevo campo para construir el nuevo Barcelona. Los éxitos del "Barça de las cinco copas", con su legendaria delantera formada por Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón, que inmortalizó Serrat en su hermosa canción "Temps era Temps", tenía la "culpa" de que el campo de Las Corts se hubiese quedado pequeño.
Por si fuera poco, la reciente construcción de Chamartín, en 1947, bajo el mandato de su nuevo presidente, el audaz y brioso Santiago Bernabéu, había puesto los dientes largos al club azulgrana.
—¡Por el mejor estadio del mundo! —fue el eslogan escogido en la campaña electoral por Miró Sans, un joven empresario falangista conocido por su facundia.
Enfrente, el veterano Amat Casajoana, septuagenario, más prudente y sensato, era partidario de limitarse a ampliar el aforo reformando el campo.
De alguna manera, ambos encarnaban esa dualidad tan propia de la idiosincrasia catalana: el seny y la rauxa.
Por un estrecho margen de votos —apenas trescientas papeletas— venció Miró Sans que se puso de inmediato manos a la obra, encomendando la tarea de levantar el nuevo estadio a su primo —y vecino en la calle Amigó— el reputado arquitecto Francesc Mitjans Miró.
Mitjans —que no era aficionado al fútbol— viajó por las principales ciudades de Europa y Suramérica, visitando sus estadios más emblemáticos a la vez que remitía a su primo postales con observaciones anexas escritas a mano.
Londres, París, Roma, Berlín, Zurich, Lisboa, Viena... ninguno de los campos que veía le satisfacía plenamente hasta que se quedó boquiabierto cuando apareció ante sus ojos el majestuoso Maracaná.
En las gradas del bello estadio de Río de Janeiro, todavía resonaba el eco de los lamentos de los aficionados cariocas que presenciaron desolados e incrédulos como en el minuto 79 de la final de la Copa del Mundo del 50, el delantero charrúa Alcides Ghiggia batió por bajo a su arquero Moacir Barbosa, arrebatándoles en su propio feudo el preciado trofeo. El célebre "Maracanazo", que provocaría una oleada de suicidios entre la Torcida.
Sin embargo, a Mitjans no le convenció el diseño circular del monumental estadio brasileño porque dificultaba la visibilidad de algunos espectadores.
Por eso, sugirió a su primo que comprara los terrenos adyacentes para ensanchar así el futuro estadio que tenía en la mente. Necesitaba más espacio.
—El campo tiene que respirar —advirtió Mitjans.
Lo que encarecía considerablemente la operación, que empezó a adquirir tintes cuasifaraónicos.
Aun así, el impetuoso presidente, poseído por sus delirios de grandeza, estaba dispuesto a liarse la manta a la cabeza y pidió a los socios que hicieran un sacrificio anticipando varias cuotas.
—¡Todo por el Barça! —clamó cegado por la pasión Miró Sans.
En 1954 colocó la primera piedra. Originariamente la idea era llamarlo Joan Gamper, en honor del suizo que fundó el Barcelona con un grupo de amigos en 1.899. O, sencillamente, estadio del Fútbol Club Barcelona. Sin embargo, cuando la gente pasaba por delante del esqueleto del campo, que poco a poco iba tomando cuerpo, empezó a referirse al futuro estadio como el "campo nuevo" —en relación al antiguo de Las Corts, inaugurado en 1.922—, y fue así cómo el habla popular de los barceloneses, antes de que concluyeran las obras, lo acabó bautizando: el Camp Nou.
Sin embargo, problemas derivados del subsuelo, demora en la construcción, encarecimiento de los materiales dispararon el presupuesto inicial.
Tras no pocas vicisitudes, el 24 de septiembre de 1.957, festividad de la Virgen de la Mercè, patrona de Barcelona, se inauguró el estadio con la asistencia, entre otras ilustres personalidades, del ministro secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz, en representación del Jefe del Estado, y el alcalde de la ciudad, José María de Porcioles, que apenas llevaba unos meses al frente del consistorio.
La idea era llamarlo Joan Gamper O, sencillamente, estadio del Fútbol Club Barcelona. Sin embargo, cuando la gente pasaba por delante del esqueleto del campo empezó a referirse al futuro estadio como el "campo nuevo" (Camp nou)
El cuero, entretanto, seguía rodando.
Fueron los años de gloria de su eterno rival, el Real Madrid, que liderado por Alfredo Di Stefano, el mejor jugador del momento, arrasaba en Europa. Y los nervios empezaron a aflorar en Can Barça.
Las desavenencias del entrenador, el vehemente Helenio Herrera, con el secretario técnico del club, José Samitier, y su rutilante estrella, Laszlo Kubala, unido al mal ambiente que reinaba en la Casa, llevaron a Miró Sans a dimitir en el año 60, unos meses después de que los merengues conquistaran la quinta Copa de Europa consecutiva frente al Eintracht de Fránkfurt en la memorable final de Glasgow.
Se abrió entonces un periodo de interinidad en el cual el club azulgrana pasó a manos de una gestora que convocó nuevos comicios en los cuales únicamente podían participar los socios compromisarios.
Se impuso por un puñado de votos el adinerado empresario textil Enric Llaudet, de "Hilaturas Llaudet", falangista de la primera hora, como su antecesor, Miró Sans.
Pero el flamante presidente no pudo entrar con peor pie. Sólo una semana después de la fatídica final de la Copa de Europa disputada en el estadio Wankdorf de Berna el 31 de mayo de 1961 —la primera que jugaba el Barcelona en su historia—, en la cual el infortunio persiguió como un maleficio a los delanteros húngaros del Barça —Kubala, Kocsis y Czibor— que estrellaron tres balones en los palos cuadrados de la meta del Benfica, entrenado por el turco Bela Guttmann, quien un año más tarde —y ya con Eusebio en sus filas— ajusticiaría también al Real Madrid en la final europea.
El barcelonismo se quedó en estado de shock. Y emprendió su particular travesía del desierto. A las dificultades económicas, se sumó la sequía de títulos.
Llaudet no tuvo más remedio que desmantelar la sección de baloncesto.
La situación era cada vez más angustiosa.
Ahogado por las deudas, que ascendían a más de doscientos treinta millones de pesetas, el club lo fio todo a la venta del antiguo terreno de Las Corts —declarado zona verde— como edificable. Lo contrario supondría una debacle.
Tocaba "jugar" en los despachos...
Cuando las reuniones de Enric Llaudet con Porcioles parecían llegar a buen puerto toparon de nuevo con la oposición de diversas entidades.
Ahogado por las deudas, que ascendían a más de 230 millones de pesetas, el Barça lo fio todo a la venta del antiguo terreno de Las Corts —declarado zona verde— como edificable. Lo contrario supondría una debacle
Aunque el alcalde realizó esfuerzos ímprobos por echar una mano al club —tan es así que le hicieron socio de honor—, el conflicto definitivamente se había enquistado...
Compartir el Camp Nou con sus vecinos "pericos" —como hacen el Inter y el Milán en el Giuseppe Meazza—, fue la propuesta del entonces directivo del Español y presidente de Matesa, el empresario de moda, Juan Vilá Reyes, pero el Barcelona se negó en redondo.
Cuando todo parecía definitivamente perdido, entró en escena un personaje que acabaría resultando clave: Juan Gich Bech de Careda, un periodista culto y refinado, crítico de arte, colaborador de TeleExpress y La Vanguardia, que además formaba parte del sanedrín culé.
Gich —hijo de un médico rural asesinado por el bando republicano en la Guerra Civil—, se valió de su amistad con Torcuato Fernández Miranda, entonces director de Promoción Social, para que el asunto llegase a la mesa del Consejo de Ministros que debía celebrarse el 13 de agosto en el Pazo de Meirás.
Lo que demandaba encarecidamente el Barça era la recalificación del solar de Las Corts: su tabla de salvación.
Aquella tórrida jornada, mientras los españoles combatían la canícula remojándose en las playas del litoral peninsular, al presidente del Barcelona no le llegaba la camisa al cuello. Lo que estaba en juego era nada menos que la supervivencia del club. Su ser o no ser.
Al mismo tiempo, en los transistores de toda España, como si de un guiño del destino se tratara, sonaba incesantemente la canción que acababan de lanzar al mercado Los Beatles: "Help!"
I need somebody
Help!
Not just anybody
Help!
Necesito a alguien
¡Socorro!
No cualquier persona
¡Socorro!
Imploraba la letra compuesta por John Lennon, uno de los integrantes del "cuarteto de melenudos" —como los definió el NO-DO—, que justo ese verano actuaron en España.
Ciertamente, sólo Franco —y su gobierno— podían salvar al Barça de la ruina.
Y lo hicieron...
A última hora de la tarde, compareció ante la prensa el titular de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, comunicando las resoluciones adoptadas por el Consejo de Ministros, entre las cuales figuraba la aprobación del decreto ley que daba luz verde a la reconversión de Las Corts.
No sé si esa calurosa noche de verano se desató una tormenta, como sucedió cuando Alejandro Magno cortó con su espada el nudo gordiano, pero de lo que estoy seguro es de que al enterarse de la buena nueva, no hubo un ser más dichoso sobre la faz de la tierra que Enric Llaudet. Al fin podría dormir tranquilo. El Barça se había salvado.
Deus ex machina es una locución latina cuyo significado es "el dios baja de la máquina" y tiene su origen en el teatro griego y romano cuando desde fuera del escenario una grúa introducía a un actor que encarnaba una deidad para resolver una situación desesperada.
Fueron Esquilo y Sófocles los primeros en emplear este recurso. Y después, Eurípides, que en "Medea" libra a su heroína de la muerte enviándole un carro de fuego a través de Helios.
Así pues, como en el teatro clásico, el Generalísimo "descendió de la máquina" para socorrer al Barça cuando estaba a punto de precipitarse al abismo.
Ciertamente, sólo Franco —y su gobierno— podían salvar al Barça de la ruina. Y lo hicieron
Aquel viernes 13 de agosto, al declinar el día, Franco se despidió sobre la escalinata del Pazo de sus ministros, mientras las Sanglas de los motoristas que formaban parte de la comitiva emitían sus suaves rugidos.
Al día siguiente, tras pernoctar en el Hotel Finisterre, los titulares de cada departamento partieron a sus respectivos lugares de veraneo, con la excepción del almirante Nieto Atunez y el teniente general Alonso Vega, que permanecieron una semana en el Pazo, acompañando al Jefe del Estado.
Esos días, Franco y sus dos íntimos amigos, además de salir a navegar, presenciaron a través de la pequeña pantalla la eliminatoria de Copa Davis que enfrentó a España y Estados Unidos en el Real Club de Tenis Barcelona —"la pista talismán", como diría el inolvidable Juan José Castillo—, donde en el punto decisivo de dobles, Manolo Santana y "Lis" Arilla derrotaron a la pareja estadounidense en un vibrante y agónico partido.
Al cabo de un año, el verano del 66, el Barcelona hizo realidad su anhelado sueño: vender el solar de Las Corts como zona edificable. El factótum de la inmobiliaria Hábitat, José María Figueras, fue quien compró el terreno por doscientos veintiocho millones de pesetas, con lo cual el club azulgrana saldó la deuda que le ahogaba.
Poco después, se procedió a la demolición del vetusto estadio de Las Corts, por donde las ratas campaban a sus anchas, y sobre el mismo solar en el que otrora hicieron las delicias de la afición culé, Biosca, Gonzalvo lll o Ramallets, la constructora levantó inmuebles con pisos de tres y cuatro dormitorios a pagar en doce años.
Torcuato Fernández Miranda, el enlace de Gich con el gobierno, fue nombrado socio de honor del club azulgrana.
El 1 de julio de 1968, José María de Porcioles, impuso la Medalla de Oro de la ciudad de Barcelona a mi padre, como recoge en su portada "La Vanguardia".
—El hombre que está hoy al frente del departamento de Hacienda —proclamó el alcalde en el histórico Salón de Ciento— ha dedicado siempre, ya en su etapa en la delegación de Hacienda de Barcelona y posteriormente en el ministerio, una atención singular hacia los problemas de la ciudad condal para los que ha mostrado siempre comprensión y un trato preferencial.
En su discurso de agradecimiento, mi padre, entre otras cosas, afirmó:
—Entiendo que esta condecoración se le concede a un viejo barcelonés más que a un ministro de Hacienda. Un cúmulo de recuerdos viene hoy a mi memoria... En esta ciudad han nacido siete de mis once hijos y aquí he forjado las mejores amistades de mi vida. Porque Cataluña es un pueblo que rinde culto a la amistad...
A continuación, en la cena de gala con la que fue agasajado en el Palacio Albéniz, tuvo unas palabras de recuerdo para Ricard Permanyer, su maestro en lengua catalana y autor del poemario "Més enllà dels sentits", galardonado con el Premio Ciudad de Barcelona.
Decía Jean Cocteau que "la historia está hecha de verdades que tarde o temprano llegarán a ser mentiras y la mitología de mentiras que con el paso del tiempo se convierten en verdades".
Acusar al Real Madrid de ser el equipo del Régimen, como ha hecho recientemente Laporta, para desviar el foco del caso Negreira, estableciendo una dicotomía Franco-Barça, de manera que el Real Madrid representaría el franquismo y el Barcelona a un club sometido por la dictadura; o sostener, como en su día escribió Vázquez Montalbán en un célebre artículo, que "el Barça es el ejército desarmado de Cataluña", pretendiendo dotarlo así de una armazón ideológica, no es más que una manipulación burda y grosera de la Historia.
¿Dónde se ha visto que los oficiales de un ejército condecoren al general del bando enemigo?
En la final de la Copa del Generalísimo, disputada el año 51 en Chamartín, donde se enfrentaron el Barcelona y la Real Sociedad, tras la conquista del trofeo por el conjunto culé, el entonces mandamás azulgrana, Agustín Montal Galobart, embargado por la emoción, en un arrebato se quitó de la solapa la insignia de oro y brillantes del club y se la puso a un atónito Franco.
Su vástago, Agustín Montal Costa, que también fue presidente del Barça años después, no quiso ser menos que su progenitor y condecoró al Jefe del Estado por partida doble, primero el 27 de mayo de 1971, como agradecimiento por la ayuda prestada por el gobierno a fondo perdido de 43 millones de pesetas para las obras del Palau Blaugrana y, posteriormente, el 27 de febrero de 1974, con ocasión de las bodas de platino del club.
En ambas ocasiones, en El Pardo, y entre lisonjas, florilegios y ditirambos al Caudillo que hoy causan alipori.
Tal vez por eso, para expiar su sentimiento de culpa, el Barcelona hace unos años, bajo el mandato de Josep Maria Bartomeu, decidió retirar al Generalísimo los honores con los que fue untuosamente distinguido en vida, como si de repente les urgiera guardar el haz de flechas que algunos de sus mandatarios lucieron en el pecho de su camisa azul mahón en el carcaj de la Historia.
"Fue adorado en vida con tanta vileza como ultrajado a su muerte", dijo Tácito de Vitelio.
¿Dónde se ha visto que los oficiales de un ejército condecoren al general del bando enemigo?
Más allá de la nostalgia de lo inexistente, de la prevaricación intelectual y de la "falacia ad populum", propalada machaconamente como un mantra, y amplificada por los medios afines, hay algo todavía más obsceno —si cabe— que la tergiversación de la Historia: la ingratitud.
El escepticismo que mi madre mostró sobre la política a esas dos jóvenes reporteras de la revista "Ama" cuando fueron a entrevistarla el verano del 65 a Villaviciosa de Odón, tenía algo de premonitorio.
Ese gobierno, enfrentado por la sucesión de Franco, cuatro años más tarde saltó por los aires.
Con el paso del tiempo —y ahora que ya sé de qué se trata—, he llegado a la misma conclusión que mi madre —como en tantas otras cosas— acerca de la política: a mí tampoco gusta.
Y todavía menos cuando se pretende confundir aviesamente con el deporte.
Ha llovido mucho desde ese largo y cálido verano, en el que yo me pasaba tardes enteras jugando a las chapas —de Pepsi, de Mirinda, de Cinzano...—, con las rodillas hincadas en la tierra del jardín, mientras fantaseaba con emular algún día la épica escapada protagonizada por Pérez Francés en el Tour de Francia.
El mundo, entretanto, ha seguido —y seguirá— girando, como en la balada de Jimmy Fontana, como esos "singles" que al caer la tarde daban vueltas y vueltas en el tocadiscos de vinilo de los guateques de mis hermanas...
Fotografías: Miguel Espinosa García de Oteyza y Getty Images.
José María Zárraga, Chendo, Sanchis y José Antonio Camacho son los jugadores del Real Madrid que a lo largo de su historia han recibido el sello de One Club Man, es decir, han estado durante toda su carrera deportiva en el Club. A esa lista, algunos también añaden a Santiago Bernabéu, Félix Quesada y Juan Monjardín, que vistieron la camiseta blanca en los albores del siglo XX, en un tiempo en el que los datos resultan más borrosos: Monjardín estuvo en el Madrid desde 1918 a 1929, cuando aún no se había empezado a disputar el campeonato de Liga, Bernabéu desde 1914 a 1927 y Quesada desde el 21 al 36. La prehistoria del fútbol.
A todos ellos, se les puede unir Nacho Fernández, que está empeñado en cerrar una carrera absolutamente legendaria en el club de toda su vida. Nacho entró por primera vez en un vestuario del Real Madrid en el año 2001 y 22 años y 23 títulos después, sigue siendo parte activa de la historia del mejor club del Mundo.
Nacho entró por primera vez en un vestuario del Real Madrid en el año 2001 y 22 años y 23 títulos después, sigue siendo parte activa de la historia del mejor club del Mundo
La de Nacho es una historia de resistencia, de resiliencia para estudiar en las academias de fútbol. Hombre de club por excelencia, siempre disciplinado, siempre respetuoso con la entidad, con rivales y compañeros, siempre dispuesto cuando el entrenador le ha necesitado y siempre eficaz cuando ha tenido la oportunidad de jugar.
En los tiempos en los que la figura del One Club Man está en peligro de extinción por el poder del dinero de los mercados emergentes, por la potencia de fuego de los clubes estado; por la fuerza de ligas como la Premier, Nacho es un referente de una forma de entender el fútbol diferente, en la que el amor a un escudo está por encima, incluso, del olvido injusto al que muchos técnicos le han propinado por no llegar de lejanos mercados. Apellidarse Fernández no vende en el mercantilizado fútbol actual.
En la historia del fútbol ha habido muchos One Club Man. Los más conocidos de las últimas décadas, sin duda alguna, Carles Puyol o Francesco Totti. Jugaron toda su vida en FC Barcelona y AS Roma. Hubo otros legendarios como Le Tisier, mito del Southampton o Bob Pasley, en el Liverpool de la posguerra Mundial.
En el fútbol vasco, la figura del jugador que ha jugado toda la vida en el club ha sido habitual hasta hace nada: ahí están los ejemplos de Iribar, Julen Guerrero, Arconada, Zamora, Satrústregui, Gurpegui, Larrazabal, Urrutia o Ablanedo, Castro y Joaquín en el gran Sporting de Gijón de los años setenta y primeros ochenta. Son muchos los ejemplos de una especie que, sin embargo, ha entrado a toda velocidad en el rango de peligro de extinción.
Nacho se merece terminar su carrera en el Real Madrid, como también se merece jugar mucho más de lo que lo hace habitualmente. Un hombre de club, un jugador fiable, un futbolista comprometido y, además, zaguero que puede jugar en todas las posiciones de la línea defensiva. Es un futbolista de época, por mucho que no se le valore. De momento, Nacho Fernández cuenta con el respaldo de la afición y no olvidemos que el fútbol, pese a los jeques, sigue siendo de los aficionados.
Getty Images.
Buenos días, amigos. ¿Habéis dormido bien o tal vez algún estímulo nocturno os ha perturbado? No, no nos referimos a ningún estímulo de índole carnal, en cuyo caso el insomnio es un efecto secundario asumible con agrado, ya sabéis: sarna con gusto, no pica; y carne con gusto, qué rica. No, hablamos del estímulo tuitero que impactó anoche en nuestro cerebro vía nervio óptico:
https://twitter.com/psgcommunity_/status/1671987310802477062?s=20
Según esta cuenta, ya que Mbappé y el PSG han terminado como Pimpinela —o como los Amaya—, gritándose uno a otro “¡Vete!”, entonces —siempre según PSG COMMUNITY— Kylian se incorporaría al Madrid este mismo verano, casualmente el primero sin Mariano, a cambio de un montante económico de 250 millones de euros, de los cuales 50 serían de bonus.
Las reacciones fueron variopintas: credulidad, incredulidad, alcoholismo repentino, conversiones apócrifas, embarazo psicológico y cualquiera que podáis imaginar. Dicen que incluso hubo quien embarcó rumbo a África para evangelizar ñus y convencerlos de que se peinaran de una vez por todas con la raya a un lado, que la raya en medio solo le queda bien a Luka Modric.
Los grupos de WhatsApp se llenaron de mensajes: que si es mucho dinero por un año, que si no lo es, que si claro, para el estadio nuevo, que si el 9 al final no era para Vallejo y sí para Mbappé, que si la fuente no es fiable, que si sí es fiable porque adelantó lo de Luis Enrique, que si esta noticia me ha fastidiado un artículo táctico que estaba preparando, etc.
Este humilde —solo a veces— portanalista está hasta aquello que participa en los estímulos de índole carnal de los que hablábamos al comienzo, y hasta que no haya, si lo hubiere, comunicado oficial no se piensa ilusionar o desilusionar más. Incluso ni así, hasta que Mbappé no sea breado a patadas por la cohorte de Maffeos y Raíllos de la liga, hasta que Mbappé no sea insultado también por las aficiones rivales como a Vini, hasta que Mbappé haya jugado fatal porque solo haya marcado tres goles en un partido pero sin proponer, hasta que Mbappé no haya logrado 19 títulos y 500 noches, no me creeré que es futbolista del Real Madrid.
Porque Mbappé es un ser contradictorio por naturaleza. Del mismo modo que el FC Barcelona es una institución corrupta genéticamente, está en su ADN. Y esta contradicción mbappeana se refleja hoy en las portadas madrileñas, que vienen intercambiadas.
As habla de un sudoku y quien, al menos sin ponerse las gafas, parece traer un sudoku en su frontispicio es Marca, que habla de ilusión, pero la foto de Mbappé viene en As.
Precisamente As se marca una contradicción mbappeana de grado tres en su primera plana de hoy. El miércoles dijo que el Madrid daba por cerrado el mercado de fichajes y solo dos días después le parece fuerte decir lo contrario, así que no lo hace, escribe lo mismo (arriba a la derecha): “El Madrid da por cerrado el mercado de fichajes (…)”, PERO afirma que el jugador ve con buenos ojos salir, que el PSG desea venderlo, que el dorsal 9 del Madrid sigue libre, que si la abuela fuma.
As quiere decir que Mbappé puede venir al Madrid porque no desea quedarse atrás si sucede, pero mantiene que el club blanco da por cerrado el mercado. Las dos cosas a la vez. Es algo absurdo, como si alguien pagase millones de euros al estamento arbitral pero defendiese que era para conseguir un trato imparcial y también que a quien pagaba no tenía potestad para influir de ninguna manera en los árbitros y a la vez dijese que era por unos informes y al mismo tiempo que se estaba estafando a sí mismo, porque ese dinero luego le retornaba.
La portada de As es contradictoria del mismo modo que un jugador se haya pasado la vida declarando amor eterno a un club, haga gala de ello hasta en comics y después lo rechace innumerables veces durante más de un lustro.
También dice As que en 2024 llegaría gratis (Mbappé, no As). Incluso aunque llegase ese año, ningún ser humano cerebralmente autónomo desconoce que no sería gratis, sino que habría que desembolsar una cantidad enorme de dinero en concepto de prima de fichaje, prima donna, prima de Monchi y primavera.
La portada de Marca también es contradictoria, titula “Una liga que nos hará soñar”, y el hecho de asociar la liga a un concepto positivo es incoherente. La liga, como mucho, nos hará dormir, pero nunca soñar, al menos mientras siga por los actuales derroteros. La liga española es una película VHS en un mundo de plataformas de streaming.
Y como este portanálisis versa cobre contradicciones, no pueden faltar las portadas de Mundo Deportivo y Sport, que son una contradicción per se.
No obstante, aprovechamos que Sport lo menciona, para celebrar la renovación de Nacho con el Real Madrid. Es una buena noticia tanto para él, primer capitán del Real Madrid, como para el equipo, que podrá seguir contando con un futbolista bueno, polivalente y madridista. Hay pocos como él.
Pasad un buen día.
El fútbol genera noticias todo el año. Una vez finalizada la temporada, arranca el mercado de fichajes. En el mundo del fútbol, la época estival es una especie de estado mental para el aficionado. Los medios aprovechan para perpetrar portadas con cotilleos más que con certezas. Cuando acumulas años viendo fútbol sabes que corres el riesgo de llegar a marearte con tantos futuribles fichajes que, normalmente, nunca llegan a materializarse. De hecho, la sección del portanálisis está que arde en estas fechas tan entrañables. Por ella desfilan agentes estrafalarios, padres que desmienten a los representantes de sus hijos o auténticos iluminados que saben a ciencia cierta qué movimiento de dominó propiciará que el próximo crack mundial recale en tal o cual club.
En estas lides, nuestro club también es distinto. Es cierto que el Real Madrid jamás baja la intensidad ni se duerme en los laureles. Rastrear el mercado, sopesar posibles incorporaciones o necesarias ventas es trabajo de la secretaría técnica. Pero en este ejercicio prima el sentido común. Aunque el Real Madrid vive en un continuo principio de acción y reacción, el club permanece ajeno al frenesí del mercado. Y es de agradecer pues traslada al aficionado que existe un plan trazado y que este no se modifica en función de modas, intoxicaciones periodísticas o decisiones caprichosas.
El mercado de fichaje tiene bastante de competitivo. Todos los equipos hacen lo que pueden en función a sus presupuestos: el contexto socioeconómico condiciona más de lo que podemos llegar a sospechar. La Liga atraviesa un momento económico muy delicado. No hay dinero. En los últimos años, el nivel general de la competición nacional se ha debilitado: por mucho que Tebas se esfuerce en contradecir la realidad, no podemos competir con la Premier League. Ya hasta la Serie A nos toma la delantera pues, de un tiempo a esta parte, el fútbol italiano está dando un paso al frente. Y en estas nos hallamos bailando con la más fea.
El madridismo ha celebrado con algarabía la llegada de Jude Bellingham pero quiere más porque el madridista es de naturaleza voraz. El madridismo ansioso exige fichajes de relumbrón. A veces, ese madridista inquieto debiera recordar que la plantilla se ha reforzado también con Fran García y Brahim Díaz. En mi opinión, ambos fichajes son muy interesantes porque aportan juventud y talento al equipo. Conviene no olvidar que, de vez en cuando, las plantillas necesitan cada tanto sus relevos por posiciones. El estancamiento en el vestuario no es bueno y salidas como las de Asensio o Hazard resultan lógicas. Más allá de la indudable calidad de estos dos futbolistas de categoría, el periplo de ambos ya finalizó.
El madridismo ha celebrado con algarabía la llegada de Jude Bellingham pero quiere más porque el madridista es de naturaleza voraz. El madridismo ansioso exige fichajes de relumbrón
El refuerzo en la delantera es el gran interrogante. Para cubrir ese vacío vuelve Joselu al Madrid. El canterano retorna al club tras una notable temporada en el Espanyol. Joselu llega para ocupar el único puesto de delantero centro puro. Encontrar un delantero centro a la antigua usanza es más difícil que hallar rosas en el mar. La posición de delantero centro es una posición en permanente peligro de extinción en el fútbol moderno desde Guardiola y sus imitadores. Así pues, la misión de Joselu no es moco de pavo.
Florentino Pérez ha acuñado una frase que siempre repite en cada presentación: «En el Real Madrid la exigencia es máxima». La ha repetido tantas veces que, lejos de resultar manida, ya todos los madridistas nos la sabemos de memoria. En muchas ocasiones, en estos actos multitudinarios, Florentino parece que pretende dirigirse más al pueblo madridista que a la prensa. Y es de agradecer. Es loable que el presidente aproveche estos momentos de relevancia mediática para acercarse a todos los madridistas. Florentino Pérez habla cuando es necesario. Pero cuando habla, se expresa claramente. Pues eso, para Joselu la exigencia será máxima. Pero, a buen seguro, el delantero de 33 años se ganará el afecto de la grada de Chamartín. Pasión y respeto por nuestro escudo no le faltarán.
Getty Images.
Buenos días, amigos.
Suena el teléfono en una vivienda unifamiliar de Pedralbes:
—¿Señor Puig i Soler?
—¿De parte de quién?
—De Matilde García, directora de su banco.
—¡Don Josep, que se ponga al teléfono, la señora García, del banco!
—Josep Puig i Soler al aparato, dígame.
—Soy la señora García, la directora del banco, le llamo para informarle de que vamos a ejecutar la hipoteca de su vivienda por impago y para citarle mañana a las 10:00 en la oficina y proceder con los trámites pertinentes.
—Señora García, ya lo siento, pero me va a ser imposible acudir, porque justo a esa hora he quedado en el concesionario Mercedes para recoger el nuevo Clase E híbrido enchufable de 367 CV que me he comprado. Después tampoco puedo ir, tengo agendada una reunión con el adjunto al concejal de urbanismo, voy a comprar unos terrenos rústicos y quiero hacerle unos regalos para asegurarme la imparcialidad a la hora de la recalificación. Por último, iré al Ayuntamiento a solicitar unas ayudas públicas porque no llego a fin de mes. Ruego que me disculpe. Si le parece, quedamos otro día. O mejor, acérquese usted por el club de golf, donde paso las tardes, y allí charlamos, seguro que podemos arreglarlo de manera que todos salgamos ganando.
Este diálogo surrealista es probable que sea una constante en el día a día de los acreedores que se ponen en contacto con el FC Barcelona para reclamarle el cobro de las deudas pendientes. Imaginamos la cara que se les queda cuando ven portadas como las de hoy de Sport y Mundo Deportivo.
Gündogan deja al City, campeón de la Champions y dopado financieramente con dinero infinito, para fichar por el Barça, eliminado cuatro veces de Europa en dos años y en la ruina económica (y moral).
¿Cómo va a pagar el Barça los nuevos compromisos contraídos? Y qué más da, el Barça es impune a cualquier sanción. Ya da pereza recordar la lista de delitos, presuntos delitos e irregularidades cometidas por el club sin las pertinentes sanciones y/o condenas.
Se ha instaurado como normal que el presunto delincuente adquiera privilegios que quien respeta la ley no posee.
Si Gündogan ha fichado por el Barça es porque sabe que tampoco habrá sanción de la UEFA y podrá participar en la próxima edición de la Champions.
Suponemos que la manera de proceder con el jugador será la habitual: se firma un contrato según el cual el primer año se abonan 175 pesetas y dos Sugus de piña para asegurar su inscripción en la liga, el segundo año, 20 millones de euros y el tercero (opcional), 45. Tras la primera temporada, se le hace mobbing desde el club y los medios afines para que se vaya y Gündogan las oscuras golondrinas.
Mientras tanto, el Madrid sigue adelante con la complicada tarea de liderar el fútbol sin el respaldo económico de una rica teocracia sin especial afinidad por los derechos humanos y sin incurrir en la miseria moral de no respetar las normativas y no decirle la verdad ni al médico.
Para ello se está terminando de construir el nuevo Bernabéu, lo que supondrá una fuente de ingresos lícita que le permitirá acercarse un poco a la ventaja económica que supone el dinero —o indecencia— ilimitado de otros.
Marca lo lleva a su portada y destaca que con la oferta de ocio que ofrecerá se prevé que la facturación aumente de 175 a 400 millones.
Otra de las tácticas empleadas por el Madrid es fichar talento joven a precio razonable (Vinícius, Rodrygo, Valverde, etc) y mantener —sin tirar la casa por la ventana— en el club a los jugadores que se ganan su continuidad en el campo, como destaca As.
Ayer se hizo oficial la renovación de Kroos por un año más. Es una magnífica noticia tanto para Toni como para el Real Madrid. Será el décimo año del alemán en las filas blancas, pero, a pesar de ello, el arquitecto merengue a buen seguro que seguirá firmando los planos del juego del Real Madrid con su batuta de Richard Strauss, aunque con la dosificación que el paso del tiempo exige.
En el podcast de su hermano Felix, este le da la enhorabuena por la prolongación del contrato, a lo que Kroos responde que a quien se debe felicitar es al Madrid. Una muestra más de la inteligencia que demuestra no solo con el balón en los pies, pues el humor suele ser indicio de amueblamiento cerebral.
Toni repite que la relación con el club es excelente desde el comienzo y el Madrid no le presionó en ningún momento para forzarle a tomar la decisión sobre su renovación. Ha continuado porque se siente bien de salud, aún con algo que aportar al equipo y mantiene el hambre de títulos de los inicios.
Kroos es un ejemplo dentro y fuera de los terrenos de juego, el director de orquesta del mejor Madrid de la historia junto al de Di Stéfano. No en vano es nuestro primer Premio Forja de la Gloria de Fútbol.
Parece que los premios de La Galerna no sentaron mal a los galardonados en activo de las secciones de fútbol y baloncesto, Kroos acaba de renovar y Llull anotó la canasta que nos dio la última Euroliga.
Pasad un buen día.