Buenos días, amigos. El Madrid perdió por 3 a 1 ante la Juve en Orlando y para muchos aquí hay tomate, aunque nos encontremos en pretemporada, periodo probaturas y experimentos por antonomasia, como aquel munícipe. Es tan cierto que el equipo tuvo momentos de buen juego como que demostró carencias defensivas y de gol preocupantes. Muchos no comprenden la insistencia de Ancelotti en colocar de inicio a Kroos como único pivote —con presencia simultánea de Modric en el once— en lugar de utilizar a Camavinga o Tchouaméni. De hecho, el gran pase de gol del alemán a Vinícius fue desde la posición de interior. Después rectificó Carlo.
Vinícius merece tratamiento aparte porque sus prestaciones son de jugador más desequilibrante del mundo. Le da igual 4-3-3, rombo, cuadrado o trapecio, se columpia en todas las defensas y ha alcanzado un grado de definición que ríanse ustedes del 8K.
Toda la información del último amistoso del Real Madrid antes del comienzo de liga el 12 de agosto está aquí, en la crónica de Genaro Desailly.
Cambiamos de tercio y echamos un ojo a las portadas del día. Estamos en agosto y muchos profesionales disfrutan de unas merecidas vacaciones. Se nota, basta con mirar la portada de Marca, en cuya redacción probablemente se produjo en la tarde-noche de ayer un diálogo similar al siguiente:
—El diseñador gráfico está de vacaciones.
—Haz la portada con un emoji del WhatsApp y una frase hecha, nadie va a notar la diferencia de calidad respecto a un día normal.
«El desenlace sobre su futuro se antoja que puede ir para largo». A nosotros se NOS antoja que el uso de Marca del verbo antojarse no es correcto.
El PSG pretende que el final de la estancia de la Tortuga sea una tortura, pero Mbappé no tiene prisa y una vez llenado el caparazón de millones ha dejado clara su hartura del PSG y —dicen que— su intención de vestir de blanco, aunque más que la fábula de la liebre y la tortuga esto parece el cuento de Pedro y el lobo. Si al final viene lo mismo ni nos lo creemos ya.
Más que una tortuga es una tortura.
Marca es el diario de todas las aficiones (menos de la del Madrid) y de todas las causas, ya sean nobles o innobles (también menos las relacionadas con el Madrid, no se vaya a enfadar el antimadridismo). Por ese motivo, si en lugar de retirarse Gianluigi Buffon hubiese colgado las botas (o el bate o la trompa) el cuarto capitán de la selección de elefantes con dislexia de la India, Marca le habría dedicado su portada íntegra a tan ilustre paquidermo. No se nos vayan a molestar los paquidermos ni los disléxicos, todos sabemos que estos últimos son persianas igual que nosotros, se trata de un mero recurso para resaltar la incongruencia intrínseca que caracteriza al diario madrileño.
Urbano Cairo no es un urbanita egipcio, sino el dueño de Marca y a la sazón presidente del Torino, por lo que no faltará algún malpensado que relacione este hecho con que al bueno de Gianluigi, uno de los mejores porteros de la historia del fútbol y leyenda de la Juve, se le relegue a un recuadrín en la zona murciana de la portada el día que anuncia su retirada.
Marca dedica el mismo espacio a Buffon que a las palancas del Barça, al que se le ha caído una de 60 millones de euros y se le complican las inscripciones. A quién no se le ha caído la palanca alguna noche de manera inoportuna. Ahora hay pastillas para eso, recomendamos a Laporta que consulte al Dr. Roures de nuevo.
Dejamos el Marca en el estante y asimos el As, especialmente ilusionante hoy para los madridistas (?).
«Dembélé descoloca a Xavi» es el titular. Vaya por Dios, si no es el césped es el Arsenal que juega compitiendo y si no es Dembélé, que le ha dado por elegir su futuro en lugar de hacer lo que le dice Xavi. A quién se le ocurre.
«La decisión del francés trastoca la planificación». Que el PSG fiche a Dembélé trastoca la planificación del Barça. Que el Barça arrebate a Braithwaite al Leganés en el mercado de invierno o a Rivaldo al Depor al límite del cierre de fichajes no trastocó la planificación de ninguno de ambos clubes.
«El extremo quería seguir, “pero en un ambiente sano”». Ambiente sano y Barça son tan compatibles como el sol y la noche.
Pasamos de As a la prensa catalana y no apreciamos diferencia alguna en cuanto a temática y enfoque.
«Lo hemos cuidado pero se quería marchar» leemos en Sport y «Ousmane me ha decepcionado», en Mundo Deportivo. A ver, Xavi, os pasasteis meses haciendo mobbing al chaval para que se fuese y, a poder ser, dejase de cobrar parte de lo que le correspondía por contrato. Pero eso no representa ningún problema laboral ni moral para ti, claro, qué demonios va a representar, si la dictadura catarí te parece maravillosa y para ti funciona mejor que España aquel estado teocrático en el que los derechos humanos son poco menos que un engorro que se obvia porque estorban. Pero cuando Dembélé decide aceptar una oferta de otro club, decepciona. Son previsibles y mezquinos hasta la saciedad.
Pasad un buen día.
El Real Madrid exhibió un gran juego, dinámico y combinativo, caracterizado además por una inédita presión alta bien ejecutada, para intentar remontar los dos goles tempraneros de la Juve. Esta vez no pudo. Acusó demasiado sus despistes en la salida de balón, que pagó caros en el marcador, y su falta de puntería en los últimos metros. Cuidado con esto, porque no sería el primer equipo que enamora pero se trunca a punta de falta de gol o facilidad para concederlos. Mata más la confianza perder jugando bien que lo contrario.
El partido se puso cuesta arriba nada más principiar, cuando un tacón innecesario de Modric derivó en una pérdida de balón, un remate de McKinney al palo y Kean remachando a la red. El Madrid, no obstante, no se descompuso. Pudieron marcar Vinicius en un astuto remate y Rüdiger en un cabezazo franco. El brasileño no hizo acuse de recibo ni del infortunio del gol inicial ni de la polémica sobre su nueva posición a resultas del famoso rombo. Se le veía suelto y revoltoso, entrando primordialmente por la izquierda, su banda natural, a pesar de que se estaba ensayando, de nuevo, el 4-4-2 con Bellingham en la cúspide del diamante.
Todo el peligro venía de parte de Vini, a veces por su flanco predilecto, a veces viniéndose al centro para abrir sitio a Fran García. No obstante, la Juve volvería a golpear al filo de los 20 minutos al culminar Weah un contragolpe muy bien diseñado y ejecutado por Chiesa. El castigo resultaba excesivo, máxime cuando a renglón seguido falló Joselu un gol cantado tras un pase filtrado por Bellingham, que parecía querer animarse animarse oliendo la llamada de la épica remontadora. De hecho, minutos después el británico buscó hueco en la frontal para descerrajar un disparo que obligó a Szczesny a una gran intervención. Los de Ancelotti jugaban con dinamismo, al igual que en otros partidos de la pretemporada, pero, del mismo modo que en estos, purgaba por errores groseros en la salida del balón.
Al borde del minuto 40, al fin, se equilibraron fútbol y lógica cuando Kroos y Vini tejieron uno de esos contragolpes fulgurantes que ejecutan de memoria. Vini recogió el pase magistral del alemán y dejó sentado a Szczesny con un amago antes de picar el balón. Exhibición de clase y frialdad de quien estaba siendo el mejor del partido.
Se temía que el descanso arruinaría los mejores momentos del Madrid, y el lamento que lo anunció fue más profundo aún cuando Rüdiger obligó a un espectacular Szczesny a volver a repeler un tiro lejano. Al término de los primeros 45 minutos, el portero polaco ya rivalizaba con Vini como hombre más destacado.
Pudo haber penalti a Vinicius (¿a quién sí no?) a la vuelta del descanso, pero de poca preparación real para la liga de Tebas y Roures servirían estos ensayos si los arbitrajes no fueran tendenciosos. A Fran García el tiro cruzado se le fue fuera. Insistía el Madrid, tan enchufado como al final del primer tiempo. Bellingham chutó por encima del larguero tras otra gran maniobra personal. A Gatti le perdonaron la expulsión tras derribar estrepitosamente a alguien en la frontal. ¿A quién? A Vini, hombre, a quién si no.
Se sucedían las ocasiones para los de Ancelotti, fruto en parte de una eficaz presión alta, lo que constituye una gran noticia. Joselu rozó con la bota un pase de Modric para que el balón, a su vez, rozase el poste. Cambió más de medio equipo Ancelotti para mantener la presión en la última media hora, y un recién ingresado Valverde probó la solidez del larguero en un tiro desde su casa. Se estrelló en la cruceta pero, con arreglo al neopanenkismo, no cuenta como ocasión de gol. La Juve ni la olía y la volvió a tener Bellingham. Allegri introdujo entonces su millón y medio de cambios, a efectos de enfriar un poco el dominio abrumador de su oponente.
Le salió bien. Narcotizó al Madrid y, de hecho, obligó a intervenir a Courtois en un disparo lejano que fue como un grito de alivio juventino. El alivio se tradujo en firme resistencia al asedio y, en última instancia, en el gol de Vlahovic aprovechando los espacios de un Madrid volcado.
Un 2 de agosto del año 2000 se concretó el fichaje de Claude Makelele por el Real Madrid. El centrocampista francés acabó llegando como uno de los recambios de Fernando Redondo en el cuadro blanco, pero el interés por su incorporación tuvo lugar antes de conocerse la marcha del argentino.
En el Celta se convirtió en uno de los mejores jugadores de la Liga española en su posición y llamó la atención de otros clubes españoles y europeos. Anteriormente había militado en el OM una temporada y en el Nantes (en muchas ocasiones jugando por la banda derecha) que conquistó la Ligue 1 en 1995 y participó un año después en la Champions League.
Makelele era un verdadero pulmón en la medular. Un mediocentro defensivo magistral en la recuperación del balón, inteligente, muy resistente, trabajador y de juego pulcro con la pelota en los pies. Con una gran fortaleza física, su presencia era una garantía en tareas de equilibrio y contención. Su papel en el Real Madrid acabó siendo el de escolta de Zidane y guardia pretoriana en el centro del campo para los ‘Galácticos’ a los que descargaba de mucha parte del esfuerzo defensivo.
La primera noticia del interés del conjunto merengue en el francés surgió en el mes de abril. El diario AS publicó que tanto el Real Madrid como el Celta habían estudiado un intercambio de jugadores: Sergio y Makelele aterrizarían en la casa blanca y Guti y Bizzarri en el equipo celeste.
Makelele era un verdadero pulmón en la medular. Un mediocentro defensivo magistral en la recuperación del balón, inteligente, muy resistente, trabajador y de juego pulcro con la pelota en los pies. Con una gran fortaleza física, su presencia era una garantía en tareas de equilibrio y contención
Uno de los grandes valedores del fichaje de Makelele era el secretario técnico blanco Pirri, aunque también contaba con el visto bueno del entrenador, Vicente del Bosque. Consideraban que era el recambio futuro de Redondo y el que podía ir dando minutos de descanso de calidad al argentino. La edad del francés, 27 años, se consideraba ideal porque estaba en el momento de madurez de su carrera. La cláusula en el Celta ascendía a 5.000 millones de pesetas pero el conjunto madridista sabía de boca del presidente celtiña, Horacio Gómez, que podría aceptar su traspaso por una cantidad bastante inferior.
En el mes de mayo el fichaje dio una vuelta de tuerca más cuando el jugador anunció su marcha del Celta. “El de Barcelona puede haber sido mi último partido con la camiseta del Celta. Hay varios equipos españoles, italianos e ingleses interesados en mí. Además, mi intención es la de mejorar deportivamente”, declaró Makelele según recogió el diario MARCA.
La primera oferta madridista se acercaba a los 1.500 millones y la cesión de algún futbolista, según apuntaron los dos periódicos deportivos madrileños el 30 de mayo. Lorenzo Sanz se reunió en el Santiago Bernabéu con los dos representantes del jugador, Marc Roger y Carpeggiani, para negociar el salario del francés y establecer la estrategia a seguir. La operación iba viento en popa y parecía que se cerraría pronto. Incluso AS sacó una portada con el titular ‘Makelele a un paso del Madrid’. Pero la cifra seguía siendo baja para los intereses celtiñas, que pedían más de 3.000 kilos.
El jugador lo tenía claro. El 31 de mayo el diario AS informó de unas declaraciones del francés que afirmaba: “Quiero jugar en el Madrid”. Explicaba que desea “aprovechar la posibilidad en un grande”. Sin embargo, a principios de junio toda la operación se enfrió por las exigencias del equipo gallego, que no bajaba de los 3.000 millones por el traspaso del futbolista. Además, entró en escena y con fuerza otro conjunto muy interesado en su fichaje, el Valencia. Por su parte, el Real Madrid buscó otras alternativas y pensó en nombres como Flavio Conceiçao que acabaría firmando por los blancos en cualquier caso, y también el portugués Costinha.
A mediados del mes de julio la oferta valencianista superaba en cuantía a la madridista y se acercaba a los 2.500 millones. El presidente del Celta, Horacio Gómez, negociaba con el equipo che pero seguía inflexible en su petición de 3.000. Por su parte, Makelele estaba realizando la pretemporada con los celestes pero poco centrado, triste y aislado hablando por el teléfono móvil. Finalmente acabó por declararse en rebeldía, no entrenarse y ‘fugarse’ de Vigo, por lo que la entidad gallega le abrió un expediente y lo sancionó. El día 28 de julio, el jugador aseguró que había recibido amenazas de muerte y que salía a la calle y le insultaban. La situación era bastante complicada.
La sorprendente venta de Fernando Redondo del Real Madrid al AC Milan aclaró el panorama y el Real Madrid volvió a la carga por su fichaje en los últimos días del mes de julio. El Valencia seguía en la carrera y Cúper lo veía compatible con Deschamps pero el deseo de Makelele era vestir la zamarra blanca. Las posturas entre blancos y celestes se habían acercado y el día 30 de julio MARCA afirmaba que el traspaso se cerraría en 48 horas. Una llamada de Florentino Pérez, que acababa de llegar a la presidencia blanca, a su homólogo Horacio Gómez desencalló la operación. Finalmente solo habría dinero y ningún jugador incluido pese al interés gallego en los últimos días por Canabal y Karanka.
El día 2 de agosto llegó la fumata blanca. A la vez, los merengues también cerraron a Flavio Conceiçao para que ambos jugadores fueran los recambios de Fernando Redondo. Makelele aterrizó en Madrid para el reconocimiento médico con el traspaso entre los clubes cerrado en unos 2.500 millones de pesetas. El francés respiraba tranquilo tras unas semanas complicadas y “contento porque voy a jugar al lado de grandes jugadores”.
Un día después llegó la presentación conjunta con Flavio Conceiçao en el Santiago Bernabéu y ambos acompañados por Alfredo di Stéfano, presidente honorífico, que sustituyó a Florentino Pérez. Makelele firmó un contrato de seis temporadas y no se quiso comparar con Redondo “que es un gran jugador” pero “soy distinto a él”. Su principal objetivo en la nueva etapa blanca era “ganar títulos, que es lo que le falta a mi carrera, y aspirar a incorporarme a la selección”. También mostró sus ganas de jugar con Figo: “Es impresionante; uno de los mejores del mundo”. Por último, mostró autocrítica por su salida del Celta explicando que “ambas partes nos hemos equivocado” y añadió que “no soy un pesetero”.
Makelele completó tres grandes temporadas en la casa blanca siendo un jugador vital y titularísimo en los esquemas de Vicente del Bosque. Un sostén en el esquema defensivo de los merengues, que cumplió siempre con gran eficacia y cuya participación resultó básica para los éxitos aquellos años. En total ganó dos Ligas, una Copa de Europa, dos Supercopas de España y una Copa Intercontinental. En el plano individual jugó 145 partidos oficiales entre todas las competiciones y marcó 2 goles. En el verano de 2003 tras unas semanas muy convulsas abandonó el Real Madrid camino del Chelsea, que pagó 20 millones por su fichaje. El francés pidió una mejora sustancial de su contrato pero no llegó a un acuerdo con la gerencia y el director deportivo, Jorge Valdano. El cuadro blanco y sus compañeros lo echarían realmente de menos a partir de entonces.
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Buenos días, amigos. Como las versiones escritas de la prensa tienen todavía hora de cierre, nada de lo interesante aparece en las portadas de hoy, dado que la muy sustanciosa rueda de prensa de Ancelotti en Orlando tuvo lugar ayer pasadas las 11 de la noche, hora española. Con esto no queremos decir que cuando Ancelotti no da una rueda de prensa a las 11 de la noche las portadas sí traigan en cambio cosas interesantes.
Carlo compareció ante la prensa y atendió a preguntas de toda índole, desde la transición generacional en la plantilla a Linda Caicedo, y satisfizo la curiosidad de reporteros de todos los medios habidos y por haber, desde televisiones locales de Orlando a Los Dueños del Balón de Colombia. Lo más mollar vino cuando le preguntaron por el sistema de juego que el equipo está ensayando ahora, es decir, el célebre rombo o diamante, diamond lo llaman los políglotas y/o pedantes. No ha habido diamante más mentado desde que Marilyn convirtió a otra de estas piedras preciosas en su mejor amigo, Paul Simon encontró algunos otros en la suela del zapato de su amada o James Bond los declaró eternos.
El Madrid no formaba sobre el campo con el dibujo de un diamante desde que lo entrenaba Valdano, que ponía a Redondo en la parte inferior de su rombo y a Laudrup en el vértice superior. Ese Madrid jugó muy bien, pero ha caído tanta lluvia desde entonces que el esquema produce cierta zozobra. Las voces más discordantes han apuntado que las mejores virtudes de Vinicius se pierden en ese contexto, presentando al brasileño como una víctima de la perfidia carlettiana, propulsora de un esquema malévolo diseñado para constreñir las virtudes de Vini.
Resulta que no es así. Deberíamos pensar más ante de criticar a Ancelotti, o a cualquier entrenador, o al menos liberarnos de apriorismos antes de hacerlo, porque según desveló el técnico anoche el primer interesado en jugar en esa posición es el propio Vini.
O sea, que el rombo te puede gustar mucho, poco o nada, faltaría más, pero no supone ningún sacrificio de las virtudes de nuestra estrella, o no al menos desde la óptica de la propia estrella.
Esta noche, ante la Juve, en el último partido de pretemporada, habrá ocasión de volver a probar el rombo. Ya ha anunciado nuestro entrenador que así lo hará, que seguirá por esa senda. Sin embargo, el propio Carlo ha agregado que esto son solo pruebas, que no es dogmático y que sí los contras de esta nueva idea superan a los pros volveremos al 4-3-3 o a aquello donde estén cómodos los propios futbolistas.
As, precisamente, abre con el anuncio del partido de esta noche, y nos depara una portada más bien sosaina en la que vemos al propio Vini entrenando duro junto a Militão. Benditos sean ambos, y quieran Dios y Clos Gómez que la temporada que principio les sea propicia, tanto a ellos como al resto de compañeros.
Marca trae novedades sobre el caso Mbappé, pero no sobre si va a venir o no (ya os decimos nosotros que seguramente casi seguro que sí o no), sino sobre la amenaza de denuncia del PSG al Madrid por haber firmado presuntamente un compromiso fuera del período legal para hacerlo. Si la UEFA sanciona al Madrid por esto, sin pruebas además, después de haber tenido Ceferin encima de su mesa pruebas concluyentes de la iniquidad negreiril del Barça y haber mirado para otro lado, habrá que concluir que hemos minusvalorado el alcance de la mafia ueferina.
La prensa cataculé se muestra noqueada tras la noticia de la casi segura marcha de Dembélé al propio PSG, y reclama fichajes. También lo hace Xavi con un gesto adusto que le hace parecerse terriblemente al Padre Apeles. Maliciamos que lo que les preocupa no es tanto la marcha del francés como el efecto dominó que esto puede tener para el traspaso de otro francés fuera del PSG y dentro (ay) del eterno rival. Los diamantes son eternos, pero no tanto como el pavor culé al enemigo de blanco, aunque le gane en verano.
Pasad un buen día.
Hoy, que empieza agosto, el Madrid no tiene un 9 en su plantilla, un hecho insólito que no ocurría desde que aún existía el imperio austrohúngaro, Joselito y Belmonte eran novilleros y Danzig todavía era una ciudad alemana. Pero recordaba hace unos días Alberto Cosín aquí, en La Galerna, que hace justo diecisiete años, unas semanas después de que Zidane jugase su último partido como futbolista profesional, se presentó en el Bernabéu el que fuera el último delantero centro premoderno de la historia del Real Madrid. Parecía Don Draper aterrizando en el aeropuerto de Los Ángeles: traje color camel, corbata azul, camisa blanca, pelo oscuro ligeramente despeinado y la determinación, en la mirada, de agujerear todas las porterías del mundo. Era Ruud Van Nistelrooy y, aunque nosotros no lo supiéramos todavía, acababa de empezar la mejor Liga de nuestras vidas.
A su lado, dándole la camiseta en la que no había un 9, sino el 17, estaba Ramón Calderón, pero hay cosas que es mejor olvidar. En el Madrid, muy rara vez algo es normal. Es como tiene que ser, y no hay vuelta de hoja. Yo había cumplido dieciocho años un poco antes, me tocaba empezar en la universidad al final de aquel verano, pero en mi vida, para qué negarlo, tampoco las cosas han sido muy normales. Todos mis amigos se iban a ir cuando llegara ese otoño, cada uno a un sitio, cada uno a hacer algo distinto. Yo, como dice Ángel del Riego de Bernabéu, necesitaba algo que fuera “una manera de combatir el desconsuelo de la vida, de no morirse de pena por el camino”, agarrarme a algo como sea. Ese algo fue Van Nistelrooy, Van The Man, un samurái de Kurosawa en una aldea llena de bandoleros.
Aquel verano me condenaba a seguir colgado de un par de asignaturas del eterno bachillerato y sobre todo, a no ver nunca más a Zidane vestido de blanco. El paso de España por el Mundial había sido, como dijo una vez Valdano del Liverpool de Benítez, una mierda pinchada en un palo y puesta al sol a secar. Me había tragado todos los partidos, había hecho a mi padre comprar un TDT, pero el histrionismo de Andrés Montes arrojó por la ventana la sobria austeridad de José Ángel De la Casa: los chascarrillos incongruentes y el tono desenfadado de Míchel, el contraste perfecto del laconismo de De la Casa, fueron reemplazados por los gritos, el tono de las madrugadas de la NBA, la multiplicidad de los “micrófonos a pie de campo”, el de las motos agitando a las masas sobre un escenario cuando jugaba la Selección, en fin, la decadencia y la muerte de la infancia feliz. Por si fuera poco las mujeres no me hacían demasiado caso, Florentino hacía meses que se había marchado y verdaderamente empezaba a asumir que no iba a volver, la presidencia del Madrid se rifaba en una tómbola, el Barcelona era el campeón de Europa y yo me quería morir. Era un tiempo oscuro en el que se derrumbaban todas las certezas. Zapatero celebraba los títulos con Laporta, en el césped, y en los bares yo escuchaba una sentencia lúgubre: el Madrid jamás ganará nada con un gobierno socialista, y los socialistas, por aquellas fechas, parecía que iban a estar mucho tiempo en el gobierno. El Madrid, como la quintaesencia de una forma concreta no ya de ser español, sino de ser en el mundo, parecía proscrita, vista para sentencia: una antigualla, una cosa absurda del pasado que estaba condenada a la desaparición. Ya no estaba el gran hombre en la última planta de palacio, con la luz encendida mientras la nación madridista dormía. No había nadie previendo el futuro, el gran salto adelante hacia el mañana que era el florentinismo, se había parado de golpe, en seco. Mirábamos asustados hacia las luces que aparecían de pronto por la carretera, como los conejos. El futuro era un coche que nos estaba pasando por encima.
Yo, como dice Ángel del Riego de Bernabéu, necesitaba algo que fuera “una manera de combatir el desconsuelo de la vida, de no morirse de pena por el camino”, agarrarme a algo como sea. Ese algo fue Van Nistelrooy, Van The Man, un samurái de Kurosawa en una aldea llena de bandoleros
Entonces, Van Nistelrooy se puso a meter goles. Yo creo que metió goles hasta en el trayecto en avión que lo trajo desde Manchester a Madrid. Además, tenía una forma de celebrarlos que te hacía creer que, con cada gol, estabas entre los que daban un golpe de Estado libertario. Chutaba a puerta como disparando ráfagas con un kalashnikov, remataba de cabeza dinamitando puentes del enemigo. Era una cosa extraordinaria, por él y no por Kaká, Robben y Cesc, yo, que no me perdí un día de la estrambótica campaña electoral entre Calderón, Baldasano, Villar Mir, Lorenzo Sanz y Juan Palacios, quería que ganara Calderón.
Como cuando se moría un emperador romano, cinco comandantes de los pretorianos se jugaban a los dados una corona que a ninguno pertenecía, arrojando montañas de oro a la tropa y al pueblo, por ver quién se ganaba su favor. Calderón, quien los hechos posteriores demostraron que era el que menos vergüenza tenía de todos, era el que más y mejores monedas tiraba al populacho: Mijatovic, Capello, Cannavaro, Kaká, Fábregas, Robben, Van Nistelrooy, Diarra, hasta Vlade Divac para el baloncesto, lo que hiciera falta, si llega a decir que tenía en el bote a Michael Jordan, también me lo hubiera creído. Estaba en un momento de mi vida en el que necesitaba creer. Necesitábamos creer.
Llegaba con 30 años del United, un poco como si fuera un desecho de tienta. Era aquel tiempo extraño, previo a la revolución total que sucedió al lanzamiento desde el espacio de las bombas atómicas Cristiano y Messi, en el que los jugadores de 30 años tenían fama de viejos. Van Nistelrooy llegó al Madrid como de segunda mano. Pronto se encargó de desmentirlo
Creímos en Van Nistelrooy, que desde el principio saltó a jugar consciente de esa necesidad de milagros que se apoderaba de su nueva afición. Yo creo que se alimentaba de ella para llenar el cargador de su fusil. Llegaba con 30 años del United, un poco como si fuera un desecho de tienta. Era aquel tiempo extraño, previo a la revolución total que sucedió al lanzamiento desde el espacio de las bombas atómicas Cristiano y Messi, en el que los jugadores de 30 años tenían fama de viejos. Van Nistelrooy llegó al Madrid como de segunda mano. Pronto se encargó de desmentirlo. Lo cuenta Cosín en su semblanza, seguía siendo una máquina de meter goles, contó 24 con el Manchester en su último año, 21 sólo en la Premier. Ahora esa cifra es casi una miseria, pero Raúl, por ejemplo, había sido pichichi de la Liga con 21 goles, unos años antes. Van Nistelrooy llegaba a un desguace galáctico: Ronaldo era una sombra, Capello prometió hacerle correr y él se reía, por lo bajini, como si supiera que aquellas no eran más que las agonías de la muerte. Que correr, iba a correr Rita. Raúl sí que corría. Se había comprado en Decathlon una cámara hiperbárica en la que dormía, según su prensa de cámara, solo por las noches. Raúl corría tanto como Forrest Gump, pero, tras la apendicitis y la lesión de rodilla, era como el Cid muerto montado a caballo a las puertas de Valencia.
En Old Trafford, a Van Nistelrooy le había pasado un poco lo que aquí a los madridistas. Abramovich había irrumpido en Inglaterra cabalgando un elefante de oro. Su Chelsea se había traído a lo mejor que había en Europa en aquel momento, empezando por Mourinho, y las viejas glorias -el United de Ferguson, el Arsenal de Wenger, el Liverpool de Houllier, luego de Benítez- reaccionaban como podían al tsunami azul que se lo llevaba todo por delante. En un United de entreguerras, después de Beckham y antes de que Cristiano cogiese de verdad galones, Van Nistelrooy surfeó la ola con su estilo primigenio, realmente clásico, de juego: alto, poderoso y altivo, se movía como cuentan los corresponsables antiguos del ABC que se movía Inglaterra en los conflictos mundiales. Empezaba muy lento, siendo yunque. Recibía hostias como panes de los centrales, que aunque le ganaran el sitio en un primer momento, eran incapaces de derribarlo del todo. Cubría la pelota como un pelotón de legionarios romanos en formación tortuga, y a partir de ahí, era martillo, martillo. Su cuerpo, en apariencia demasiado grande y poco apto para la velocidad, adquiría una ligereza de ninja. En un parpadeo se había hecho con la jugada y estaba disparando a portería, sin que los marcadores supieran qué había pasado. Jugaba con una brújula en el cogote que siempre marcaba al norte, por eso no le hacía falta mirar hacia donde estuviera el portero. Era capaz de armar las dos piernas, poca cosa a simple vista, como el que amartilla un revólver. Fuera del área parecía un torero al otro lado del Telón de Acero. Dentro, era una pantera.
Van The Man era mi “nick” en Messenger, con eso lo digo todo. Aún hoy hay algún amigo de aquellos años que me lo recuerda. Fue un héroe popular en sentido estricto. España se despeñaba por el precipicio de la gran crisis, que en realidad fue un ajuste monstruoso que nos dejó a todos más pobres y menos libres
Seguí su fichaje con angustia. Van Nistelrooy era un chute de energía, un jirón de la vieja Europa del fútbol, del mundo del fútbol de toda la vida. Era un tipo sencillo que destrozaba porterías y enardecía a la grada con el puño en alto. Celebraba los goles como si le prendiera fuego a los estadios, llevaba ese eco atronador del fútbol inglés dentro de sus botas y se lo trajo aquí para despertar algo antiguo, una rabia, que llevaba apagada en el Bernabéu desde hacía demasiado tiempo. Como era un tiempo en el que escuchaba el fútbol en la radio todavía, alguien, creo que Alejandro Romero, lo bautizó como el Rey Pescador. Van The Man era mi “nick” en Messenger, con eso lo digo todo. Aún hoy hay algún amigo de aquellos años que me lo recuerda. Fue un héroe popular en sentido estricto. España se despeñaba por el precipicio de la gran crisis, que en realidad fue un ajuste monstruoso que nos dejó a todos más pobres y menos libres. Ni siquiera, por ventura, nos quedaba al Madrid. Calderón ganó las elecciones pero luego supimos que, en realidad, había habido trampas, y como si presintiera que la policía judicial acabaría, un par de años después, registrando el Bernabéu en busca de sacas de votos pestilentes, Divac se fue a la semana de haber venido, imagino que con la cuenta corriente algo más ancha. Mijatovic cumplió en parte su palabra: llegaron veteranos experimentados, Emerson, Diarra y el flamante campeón del mundo y Balón de Oro, Cannavaro, que en la Juve nos parecía Mastroianni en La Noche y, aquí, Alfredo Landa en Amor a a la española. Pero sí que vino Van Nistelrooy, y su presencia en aquel paisaje en ruinas hizo carne la frase con la que Capello, una década después, se había presentado en Madrid unas semanas antes: recuperar el orgullo de la camiseta blanca. Recuerdo que durante ese año mis fines de semana consistieron en beber vodka con limón hasta doblarme de rodillas, los sábados por la noche, y atravesar las resacas a bordo de un cohete espacial llamado Van Nistelrooy. Como sería la cosa que dijeron que nunca había marcado desde fuera del área y le marcó uno a Osasuna desde la plaza en la que tiran el Chupinazo el día de San Fermín.
Resulta increíble que su debut oficial con el Madrid fuese un 0-0 en el Bernabéu frente al Atlético. Pero así es la vida, una broma imposible de predecir. Van Nistelrooy conectó desde el principio con algo muy íntimo y profundo que recorre la tribuna del estadio: jugaba con el cuchillo entre los dientes, como si cada pelota suelta en un pico del área fuera la diferencia entre sobrevivir o estar muerto. Metió 25 goles y se lesionó en el partido decisivo, en la primera final de verdad que jugó el Madrid en cinco años, el último partido de la Liga 2006-2007, con el Mallorca. Aquello, por supuesto, también formaba parte del plan diabólico con el que una inteligencia superior se entretiene mientras nosotros agonizamos y cuyo nombre terrenal es el de Real Madrid. Pero Van Nistelrooy, aquel año, ya había metido todos los goles que había tenido que meter, entre ellos uno de los más bellos y poéticos de la historia del club, la sinfonía al primer toque contra el Valencia, en el que fuera, probablemente, el primer partido de la serie de alocadas peripecias que terminaron con la remontada de todos los tiempos.
Van Nistelrooy amó cada minuto de los que jugó como futbolista del Madrid. Le metió goles a todos: al Barcelona, al Atlético, a la Juve, a la Lazio y a la Roma, al Betis y al Sevilla, al Bilbao, al Valencia, fue nuestro cañón de Navarone, y aunque sus últimas temporadas de blanco ya éramos la flota española en Santiago de Cuba, en el 98, estoy convencido de que habría podido hundir a un acorazado yankee mientras se iba de cabeza al fondo del mar. Al año siguiente de La Trigésima, la única Liga que tiene nombre y hornacina en la catedral madridista, llegué por fin a Sevilla, a la universidad. Lo primero que hice fue ir al Corte Inglés y comprarme su camiseta.
una noche desaparecerá el mundo y Van Nistelrooy rematará de cabeza, al segundo palo, el último cascote de chatarra espacial que quede por ahí flotando
La conservo como oro en paño, aunque se le hayan caído todas las letras. Con ella puesta vi la final de Milán: ante la circunstancia de poder comerme 20 horas en autobús desde la Lombardía con una derrota en los huesos, me la puse como si fuera el manto de una Virgen. No me falló, ¿cómo me va a fallar Van Nistelrooy? Con la última, la de París, lo mismo, aunque no me moví de mi casa. Con ella puesta, celebré la 14 bailando sevillanas. Siempre es lo mismo, una armadura, un fetiche. Su 17 lo heredó Arbeloa y en cierto modo siguió siendo un número de la gente, un número especial. Cuando en 2010 Mourinho pidió, en Navidad, un delantero centro de repuesto, su nombre volvió a sonar y estoy seguro de que habría venido al Madrid andando, desde Hamburgo. Todos nuestros recuerdos habrían hecho el camino, con él. Su último gol fue al Xerez, ya el año de los galácticos, tras tirarse un año entero con la rodilla colgando. Aquella lesión fue el final de muchas cosas, fue romperse él y quebrarse la voluntad de resistencia del último Madrid ganaligas de entreguerras. Creo que habría podido meter goles desde el hospital, pero una noche desaparecerá el mundo y Van Nistelrooy rematará de cabeza, al segundo palo, el último cascote de chatarra espacial que quede por ahí flotando.
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Está construyendo su Florentineza un equipo tan joven y tan pimpante que uno celebra la llegada de Joselu y sus treinta y tantos, como celebra que se queden los treinta y pico de Kross y los treinta y ocho de Modric, que suena como un western de Tarantino. A mí no me preocupa la juventud del equipo: lo que hace es dolerme. Poblar la plantilla de tanto talento que apenas ha superado la pubertad es una manera muy fea de señalar, qué quieren que les diga. De llamarnos viejos, o sea. Es un lugar común y una cursilada que el fútbol es el territorio de la infancia, pero también es verdad, y a ver cómo demonios vuelve uno a la niñez viendo defender el escudo a un puñado de chavales que podrían ser sus hijos, cuando no sus nietos, y que deberían estar no ya en el instituto, sino haciendo pellas en los billares, como Dios y las buenas costumbres mandan. Vamos, que es repasar la insultante juventud de la plantilla y le caen a uno los años encima a cholón, sin medida ni conocimiento, y ya no puede evitar ese runrún de preocupación paternal sobre si Bellingham se portará bien y será obediente; si Valverde no estará pasando por una pequeña crisis matrimonial, y por qué no hablas tú con él, Mirenchu, que a ti siempre te ha escuchado; si Tchouaméni será feliz jugando con la regularidad de un intermitente; si deberíamos hacer algo para conocer a los amigos de Vinícius, no vayan a ser una mala influencia en esa edad tan difícil por la que está pasando; si no se nos torcerá Arda Güler, que tanto promete, cuando empiecen a lloverle los millones en la cuenta corriente; o si no tendríamos que mandar a Camavinga a estudiar a Stanford, con lo listo y formal que nos ha salido. Pues eso: un sinvivir de padres de adolescentes que no deja espacio para disfrutar del fútbol, que es a lo que habíamos venido.
O sea que tenemos la dinojunta por un lado y el kinderequipo por el otro, un Madrid de contrastes. Confieso que no sigo mucho al Castilla, lo que constituye uno de los muchos pecados de mi madridismo cojitranco, pero habida cuenta de la edad media de los fichajes del primer equipo, me malicio que si has cumplido los quince años y todavía estás en el filial, ya puedes hacerte a la idea de que se te ha pasado el arroz y que tu mediocre futuro pasa por el Coliseo Alfonso Pérez, que es lo más parecido al purgatorio que ha inventado el ser humano. Yo creo que lo que tendríamos que hacer con el Castilla es repoblarlo de jugadores que pasen con holgura de los treinta años, con el alma manchada de barro, que puedan aspirar a convertirse en un Joselu y dotar de un poco de veteranía y colmillo al primer equipo cuando les toque descansar a los veteranos de guardia. Podríamos incluso reciclar al mismísimo Raúl, que apuesto que todavía corre más que esos jovencitos a quienes mandaría a su casa en pretemporada por no esforzarse en el trote cochinero de los entrenamientos caniculares. Un Castilla reloaded, un Castilla 2.0 adaptado a los tiempos de insultante juventud que corren hoy en día, en los que hay que fichar a las estrellas cuando aún usan chupete como único expediente susceptible de ganarle la mano a los jeques medievales. Un Castilla hecho de veteranos en edad de jubilación, ansiosos por debutar en el primer equipo, mientras meten la pierna y el codo en esos campos dejados de la mano de Dios de la Segunda B, o como demonios se llame ahora, y despliegan un inacabable abanico de triquiñuelas de perro viejo en cada partido. Es decir, haciendo méritos para que en algún momento su dominio de la gramática parda les aúpe al Bernabéu a fin de compensar la bisoñez insolente y brillante del primer equipo.
O sea que tenemos la dinojunta por un lado y el kinderequipo por el otro, un Madrid de contrastes. habida cuenta de la edad media de los fichajes del primer equipo, me malicio que si has cumplido los quince años y todavía estás en el filial, ya puedes hacerte a la idea de que se te ha pasado el arroz y que tu mediocre futuro pasa por el Coliseo Alfonso Pérez
Así que, como primera providencia, humildemente sugiero a su Florentineza que echemos a todos esos niñatos que conforman hoy en día el Castilla, que se han mostrado incapaces de subir a Segunda aun a pesar de tener ya pelos en las piernas, circunstancia que les inhabilita por sí sola para acceder al primer equipo por la vía tradicional del meritoriaje. Es un sinsentido y constituye un despilfarro de los recursos del club mantener un Castilla de futbolistas demasiado noveles para competir con éxito en Segunda B pero demasiado viejos para debutar en el Bernabéu; si bien se mira, tal proceder bien podría fundamentar una demanda de responsabilidad social contra su Florentineza por faltar al deber de diligencia del ordenado comerciante. Una vez completada la ingrata pero necesaria tarea higiénica de mandar a nuestros niños castillenses al Getafe y al Mirandés, que es su destino natural y donde iban a acabar de todas maneras, busquemos un Juni Calafat especializado en equipos acostumbrados a arrastrase por Primera y Segunda, de esos equipos susceptibles de ser entrenados alguna vez por Paco Jémez, para entendernos, y démosle carta blanca para fichar e a los jugadores más viejos, más perros, más revirados y, a ser posible, más feos. Montemos un Castilla reumático y renqueante, barbudo y tatuado, con más piojos que acné, poco amigo de la ducha pero ducho en el sucio arte de la guerra. Eso, y no otra cosa, es lo que el Real Madrid necesita porque eso, y no otra cosa, es el futuro. El primer equipo lo agradecerá, como lo agradeceremos los aficionados pudiendo identificarnos de nuevo con nuestros jugadores sin que nos asalten preocupaciones paternales por su incierto porvenir.
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Buenos días, amigos. Hay dos nombres del día, si bien, al estar sus destinos de algún modo unidos, es casi un solo nombre-fusión: Dembappé.
Dembélé y Mbappé. Dos hombres y un destino. Ousmane y Kylian. Ousmylian. Kylmane.
Sí, acepto la pastilla, gracias. Este portanalista lleva demasiados portanálisis veraniegos a sus espaldas. El otro portanalista principal está de vacaciones. Se empieza a notar, ¿no? Ya le falta poco. Que disfrute lo que le queda. Mi turno de asueto comienza el jueves, y mi propósito es vacacionar concienzudamente en cierto paraje playero no lejano al lugar de nacimiento de Fernando Hierro.
-Y a nosotros ¿qué nos importa esto? Sea profesional. Cumpla usted con su cometido como portanalista y analice, denos algo a cambio de nuestro dinero (??).
Puedo escucharos, queridos galernautas, protestando por haberme entretenido en confesiones estrictamente personales cuando estáis ansiosos por ver las portadas de la jornada. (Nota respetuosa: si realmente lo estáis, es posible que seáis vosotros quienes más necesitan la pastilla).
Marca informa de la inminente partida de Dembélé en dirección PSG, lo que según el diario dirigido por Gallardo supone otro empujón para la salida de Mbappé. Es imposible sustraerse a la tentación de ensayar unos ripios con tanta aguda acabada en -e.
Parte ufano Dembélé
con un maletón gigante
y dirección PSG.
Nos cuentan Gallardo y cía
que eso coloca a Mbappé
muy cerca del Bernabéu
y jugando para usté.
La conexión parece clara. Clave Dembappé. El que el jeque fiche a otro atacante, con un perfil similar al de su compatriota, parece abonar la tesis de que Kylian puede estar próximo a volar a Valdebebas. A nosotros lo que nos gusta de la portada de Marca es la foto. Dembélé siempre nos ha producido una extraña forma de ternura. Nos recuerda a algún personaje de Ice Age, y desde que supimos que se quedaba dormido en los aeropuertos y Jordi Alba tenía que buscarle por la terminal para evitar que el avión despegara sin él, le tenemos una consideración que comparte con muy pocos de sus compañeros de vestuario. Ese aire de empane permanente excita nuestro instinto maternal, y si es verdad que se marcha le vamos a echar de menos.
Por otro lado, ¿qué demonios lleva el bueno de Osumane en ese pedazo de maletón? Camina con aire muy decidido, como si se hubiera divorciado en secreto y llevara a su nueva prometida en la maleta, dispuesto a casarse con ella en el avión, en ceremonia conducida por el comandante. Ousmane es raro cual bigote en pierna, amigos, y no sobran en nuestras vidas locos lindos como él, excéntricos de mirada despistada y aire tímido que te sorprenden una y otra vez con cosas delirantes, niños grandes con toda la pinta de bañarse durante horas haciéndole olitas a un patito de goma. A veces, muy de cuando en cuando, como el sábado, nos marca un gol, y en nuestro fuero interno pensamos: si alguien tenia que hacerlo, nos alegramos de que haya sido él.
Sport da por perdido a Ousmane, como refleja el taxativo título de la portada de hoy. Nos parece de excelente educación que le digan adiós. Es lo que corresponde hacer con quien se marcha según todas las reglas de urbanidad, si bien hay otras reglas, que el portadista de Sport parece desconocer, según las cuales si te despides por escrito debes usar la coma del vocativo.
Pensándolo bien, es muy posible que otra de las razones por las que Dembélé nos cae bien es porque ha sido un pésimo negocio para el Barça. Costó 150 millones. Hay quien todavía reprocha al Madrid, por ejemplo, el precio de Bale, que costó 2/3 de esa cantidad y ganó entre otras 5 Champions, siendo muy importante en varias de ellas. Parece que Dembélé se marcha del Barça, y el balance no puede ser más catastrófico: se ha pasado lesionado gran parte de los 6 años en que ha estado en nómina, ha marcado unos escasísimos 39 goles y tras costar esa millonada se va ahora por 25 millones, ya que parece ser que por contrato el 50% de lo que perciba el Barça se lo queda el representante del futbolista.
Si Florentino Pérez protagoniza una gestión tan nefasta, tiene que exiliarse a Sumatra en el primer avión rumbo a Paraguay (para ponérselo más difícil).
Mundo Deportivo también da por casi cerrada la incorporación de Dembélé al club parisino, pero la operación aún tiene aristas que, en la línea de excentricidad del protagonista, son más rarunas que un ataque de honestidad en Medina Cantalejo. El PSG podría pagar la cláusula y ya, pero parece ser que Osumane ha consultado con su osito de peluche y ha decidido que el Barça se beneficie un poco más de la operación, lo que tiene a las partes hablando. Como enfaden a Alkhelaifi, la negociación se puede ir al traste y Laporta puede acabar con un ojo morado (es decir, como siempre) si nuestro hombre del Golfo (del Pérsico, no de Laporta) saca a relucir su vena de vestuarios del Bernabéu.
As, por su parte, pasa de todo esto. La postura editorial del diario es que Mbappé no va a venir. Veremos cómo les sale la apuesta, pero el resultado, de momento, es que no se meten en profundidad ni en lo de Ousmane ni en lo de Kylian, ni qué decir de lo de Kylmane.
A cambio, traen una entrevista exclusiva con el Cholo Simeone, cuya existencia casi habíamos olvidado entre tantas campañas grises y veranos brumosos. Y ahí tenemos al Cholo, amenazando con una subida de adrenalina.
Pero, Cholo: ¿más?
Yo de vosotros, queridos lectores, me encerraba en casa en los próximos días, máxime si vivís en los aledaños del Wanda, y solo permitiría que el guardaespaldas sacara a pasear al dóberman si ambos van armados hasta los dientes. Hay amenazas que no deben caer en saco roto.
Pasad un buen día.
Servidor tiene manitas de ginecólogo. Pequeñas, juguetonas. Cariñosas. Capaces de entrar, moverse y resolver en espacios reducidos. Me lo dijo un profesor hace unos muchos años. “Tú tienes que ser ginecólogo, esas manitas…”. Sí. Mis manos son Amancio en manos. Cito al gallego pues cuando aquel consejo era el rey de la cosa reducida.
No le hice caso al maestro, quizá me equivoqué. El caso es que con mis manitas me fui ayer al campo de fútbol más próximo, el del Mercadal CF, agarré una escalera y con mis manitas medí el travesaño. Me sobró mano derecha. No probé con la izquierda, pero imagino que el resultado habría sido el mismo.
Es un ‘peazo’ madera a lo largo. A lo ancho, poca cosa. Bajé y me retiré unos metros. Ves la portería así, de frente, y concluyes: hay que tener mucho arte para darle una vez a cualquier palo. El Madrid lo hizo cinco veces. Los yanquis acabaron encantados. Buscan show en el deporte y los blancos no le fallaron. Se explica que casi todos sean madridistas.
Leí y escuché que le faltó puntería. Disiento: darle a eso cinco veces, cinco, los pistoleros del Oeste. La portería es enorme y la pelota, como mis manitas, pequeña. Y más allá de la portería está el resto del mundo. Lo normal ‘quicír’ es mandarla al carajo o entre palos. Puede, claro, que si se da esa opción el portero bloque o despeje el lanzamiento. Pero darle a la madera y cinco veces está sólo al alcance de los elegidos. El guardavallas Ter Stegen se rió de lo lindo cuando el zapatazo de Tchouaméni dio en el larguero, en su cabeza y se fue a córner. ¡Qué arte!
El Madrid no me desagradó en ataque. No marcó, pero llegó 28.000 veces. Si hubiera defendido parecido, la cosa habría acabado 0-0. Creo que el reto de Ancelotti y cía está atrás más que arriba. En lo que requiere atención, sacrificio, concentración
Cosa parecida se la vimos al Barça en la final de la sexta Copa de Europa. Tras atracar al Madrid por dos veces, en el Bernabéu y en el Camp Nou, los arbitrajes de Ellis y Leafe, abuelos de Obrevo y Aytekin, se plantaron en Basilea ante el Benfica pre Eusebio. Palmaron 3-2 el gran Kubala y compañía y le dieron tres veces a los palos que eran cuadrados. Un despelote fue. Tanto que la UEFA ordenó que en adelante fueran redondos. Entraban los 60. Con palo cuadrado el Madrid ganó cinco y con los de ahora, nueve. Un detallito.
El Madrid, por cierto, no me desagradó en ataque. No marcó, pero llegó 28.000 veces. Si hubiera defendido parecido, la cosa habría acabado 0-0. Creo que el reto de Ancelotti y cía está atrás más que arriba. En lo que requiere atención, sacrificio, concentración.
Y viene de lejos, no es de este verano. La asignatura del arte la tiene aprobada. Le queda pendiente la del fajarse, también el aseo en la salida una vez recuperada la bola. Marcar no sólo con la mirada. La cosa defensiva que empieza en el ataque.
Se lo cuento el 31-J, fecha en la que MBappé debe cobrar una parte de su prima de fidelidad al PSG. Lo que firmaron, vaya. ¡Pesetero! Hombre, si Arabia le iba a dar 700 kilos y los rechazó -también las tres o cuatro ofertas de renovación del todavía su club- estamos ante un pesetero sui generis. Un fijo discontinuo del peseterismo.
Lo del amor por el dinero me excita. ¿Es más pesetero un futbolista que pide lo firmado o uno de los directivos y similares que sacaron más de siete millones del Barça en la cosa Negreira? Sí, nos cuentan que ni un euro acabó en el bolsillo de un árbitro. Vale. Bien. ¿Y la pasta? ¿’Ande’ la llevó el Team Negreira? Eso es amor a la peseta químicamente puro. Y menos bonito.
Kylian pues fichará -imagino- por el Madrid en agosto. Uno de los hombres clave está preparando la maleta, ojo. No puedo decir más. Agosto. Es su mes. Su momento. Me encantaría que se hiciera oficial en el descanso del partido en San Mamés, primero de la Liga.
EL PSG quiere a Dembelé y me parece bien. Y lógico: Laporta dijo que el llamado Ousman es mejor que el futuro 9 del Madrid. Y Laporta, en materia de fútbol y señoras, es un crack indiscutible.
Hola a todos. La resaca del cada día peor llamado clásico nos obligó ayer, en esta sección donde repasamos las portadas y otros dislates de la prensa patria (incluyendo, con su permiso, la catalana), a aparcar por el momento un abracadabrante artículo firmado por Lluís Mascaró en Sport. Ha llegado el día de mostraros el funcionamiento de una mente calenturienta y/o (no son excluyentes) los mecanismos internos de una jeta tamaño XL.
-¿Es estrictamente necesario?- os preguntaréis apesadumbrados.
Pues sí que lo es, amigos, y alguien tiene que ocuparse de estas cosas, pues de lo contrario terminarán por hacer colar la especie no ya de que el Barça fue la simple víctima de un chantaje de Negreira (¡eso ya lo están diciendo!), sino de que fue Florentino, patrocinado por Franco, quien se hizo con los servicios del dirigente de los trencillas para hacerle declarar ante Hacienda que llevaba 17 años a sueldo de los culés para garantizarles arbitrajes "neutrales", así como que el auténtico socio de Rubiales para lo de la Supercopa arábiga no fue Piqué sino Modric, entre otras muchas cosas.
Bajo el ya despelotante título "La mentira del caso Negreira", Mascaró empieza fuerte.
El ‘caso Negreira’ se ha diluido tanto que hasta la UEFA ha decidido aparcar cualquier tipo de sanción. La campaña de acoso y derribo contra el club blaugrana, amplificada hasta extremos paranoicos por la caverna mediática, no ha conseguido a lo largo de todos estos meses ninguno de sus objetivos. No sirvió para desestabilizar al equipo, porque acabó ganando la Liga con extraordinaria solvencia. No sirvió para hacer tambalear el Espai Barça, porque los inversores extranjeros dieron su apoyo inequívoco a Laporta. No sirvió para manchar la imagen internacional del club, porque todos los grandes futbolistas (Gündogan es el mejor ejemplo) quieren venir al Barça. Y no ha servido, tampoco, para expulsar al conjunto blaugrana de Europa, porque los investigadores de Ceferin han sido incapaces de encontrar alguna prueba de las supuestas irregularidades. En definitiva, mucho ruido y pocas nueces. Lo cual demuestra lo que siempre defendió el presidente: los enemigos del Barça, que son muchos y muy poderosos, intentaron destruir el club aprovechando su delicada situación financiera. Vertiendo grandes mentiras y manipulando. Pero no lo han conseguido.
Sería interesante saber a qué llama Mascaró "diluirse". Si por tal cosa se entiende el irse de rositas después de delinquir deportivamente durante un mínimo de 17 años, entonces lo de Negreira se ha en efecto diluido, ya que el club catalán no ha sufrido sanción alguna, ni deportiva ni penal, por lo que a todas luces es un crimen mayúsculo contra la limpieza del deporte.
Agrega el bueno de Lluís que la "campaña" se ha "amplificado hasta extremos paranoicos", cuando francamente no se nos ocurre de qué modo se podría amplificar todavía más la enormidad de lo que ya se sabe, es decir, que el Barça pagó durante 17 años (mínimo) el vicepresidente del colectivo arbitral y que este reconoció (repetimos) que había cobrado más de 7 millones de euros para garantizar a su cliente "neutralidad". En lo que acierta plenamente Mascaró es en que el conocimiento de este escándalo no ha hecho ningún daño al Barça (si acaso de imagen, aunque lo niegue el autor), pero nadie ha sancionado a la entidad catalana, ni la justicia deportiva española por efecto de la callada labor del exdirectivo culé Albert Soler (que desde su puesto en el CSD dejó caducar ladinamente el delito desde el prisma deportivo), ni una UEFA que ha decidido esperar a que haya sentencia por la vía ordinaria antes de sancionar a quienes según el propio Ceferin son autores de (le citamos) "el caso de corrupción más serio que nos hemos encontrado".
De momento. Porque la vía judicial, incomprensiblemente, sigue abierta aunque ya haya quedado demostrado, por activa y por pasiva, que el Barça no sobornó a ningún árbitro ni se benefició de ningún trato de favor. Otra cosa es que tener a sueldo al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros pueda considerarse éticamente reprobable... Estéticamente no es defendible. Y en eso sí que el Barça, cuando todo el proceso quede cerrado y se demuestre que no incurrió en delito alguno, debería hacer autocrítica y pedir perdón. Porque no solo hay que ser honesto, sino también parecerlo.
¿Qué os parece, amigos? ¿Delirio extremo? ¿Sinvergonzonería al por mayor? ¿Tal vez mitad y mitad? ¿60% de delirio y 40% de sinvergonzonería, o invertimos los porcentajes? Como dice nuestro colaborador Alberto Cubero, lo peor de esta gente no es que aflojen esfínteres en el interior de la piscina de todos, sino que lo hacen desde lo alto del trampolín, partidos de risa y sosteniendo un altavoz que desparrama reggaetón desde la cumbre.
Dice Lluís que la vía judicial sigue "incomprensiblemente" abierta. Nosotros, no, Llúís, y nuestros hijos tampoco, pero ya verás cómo se van a quedar nuestros nietos cuando vean que el Barça es "incomprensiblemente" condenado por los descendientes de los actuales jueces. Intenta nuevamente Mascaró hacer valer la idea de que "el Barça no sobornó a ningún árbitro" cuando sabe perfectamente que nadie sostiene que ese sea el delito. El delito no fue (aunque a lo mejor también) quedar en una gasolinera con verbigracia Hernández Hernández y entregarle un sobre cerrado, sino comprarse el conjunto del sistema precisamente para evitar trámites tan individuales y engorrosos. El Barça sobornó a quien estaba en lo alto de la cadena de mando de los colegiados para que (solo o en compañía de otros, DEP D. Victoriano) usara su poder en beneficio del cliente. Esa es la acusación, como bien sabes, Lluís, y no la que pretendes hacer pasar por tal.
"Otra cosa es que tener a sueldo al vicepresidente del CTA pueda considerarse éticamente reprobable. Estéticamente no es defendible". Al principio parece Mascaró apuntar a la ética, pero enseguida recula y se centra en la estética, que es otra cosa eufemística muy en boga entre los negreirólogos. Parece ser que sobornar a la cúpula del estamento arbitral durante dos décadas estuvo mal desde un punto de vista estrictamente estético, como si vas ligeramente desaliñado en una cena de gala y te disculpas por el detalle. Pero esto está feo desde un punto de vista distinto, Mascaró. Esto está feo desde el punto de vista de un ladrón que te roba la cartera, o sea, no está feo sino que es feo: no es que parezca mal sino que está mal, bien lo sabes, Lluís. Y no pensamos darte las gracias porque sugieras que el Barça pedirá perdón por esta disculpable falta de higiene que le atribuyas "cuando se demuestre que no incurrió en delito alguno", primero porque lo que se demostrará algún día a los ojos de nuestros nietos será justo lo contrario, o sea, que el Barça cometió un delito de corrupción continuada, y segundo porque no necesitamos tus pírricas concesiones a la galería. "Tendremos altura de miras y pediremos perdón por esta menudencia", pareces decir, "pero será cuando queramos y a pesar de que en realidad no tendríamos por qué porque es una cosa meramente estética". Hay peticiones de perdón, estimado Mascaró, que muy bien pueden seguir la ruta por donde nunca sale el sol.
Por lo demás, es llamativo que la razón que das para esa hipotética petición de perdón sea que "no solo hay que ser honesto sino también parecerlo". No te preocupes por eso. En el caso del Barça la disyuntiva se resuelve sola, por cuanto dicho club ni es honesto ni lo parece.
Os dejamos con las portadas del día.
Es como estar tirando solo. Se impone parafrasear a Sergio Dalma ante los curiosos comentarios a los que ha dado lugar el último (cada vez peor llamado) clásico veraniego, que tiene al sector más histérico del madridismo de las redes sociales dudando entre defenestrar a Ancelotti, volver a hacer memes sobre Vinicius o declarar finalizada sin éxito la campaña 23/24. O todo ello.
El Madrid palmó contra el Barça, 3-0 además, y yo entiendo que eso genere siempre abatimiento e irritación. Yo soy el primer irritado. Duele mucho perder contra quien se ha ido de rositas después de comprarse la competición durante no sabemos cuántas décadas, pero un mínimo de dos. Hay que encontrar alivio ante el hecho de que fuera un partido amistoso, no por el hecho en sí de que lo fuese, sino porque es el único tipo de partido, el amistoso, que al Barça se le debería permitir jugar después de haber (repetimos) adulterado la competición pagando a la cúpula del estamento arbitral durante al menos 17 años. Dolería más haber perdido un partido oficial, no solo por serlo, sino por la conciencia de que el Barça no debería disputar partidos oficiales después de haberse reído de todos los demás a lo largo de lustros y lustros.
Y también hay que encontrar alivio (dado que en la pretemporada es más importante la puesta a punto y los ajustes que los resultados) ante el hecho de que el Madrid jugara bien pese a perder. Pero cuidado, porque primero está quien no quiere encontrar ningún tipo de alivio en medio de su frustración, y luego está quien no considera que el Madrid jugara bien. Es más, considera que jugó muy mal. Cuando esgrimes a este último el argumento de los 6 postes que pegó el Madrid como prueba de que muy mal no pudieron jugar, niegan el hecho de que dichos postes prueben nada, aunque sean 6 (lo nunca visto: 4 largueros y 2 postes), dado que la mayoría de ellos “no se corresponden con auténticas ocasiones de gol” (cito más o menos textualmente).
El panenkismo ha hecho más daño de lo que yo pensaba. Cuando les preguntas de qué modo es posible que un balón al palo -que es lo más cerca del gol que se puede estar sin marcar gol- no cuente como ocasión, aluden al concepto de gol esperado (GE) como definición, supongo, de lo que consideran una ocasión de gol como Dios y las pizarras mandan. Con arreglo a esta lógica, el trallazo al larguero de Tchouaméni no es una ocasión de gol porque nadie esperaba que metiese gol desde allí, aunque de hecho estuviese cerquísima de hacerlo. En el caso del larguero postrero de Vinicius, supongo que no cuenta como ocasión de gol porque estaba demasiado escorado, por lo que en términos de GE la jugada está tan en pelotas como el chutazo del francés.
Tirar de lejos no es tirar, amigos, y parece que tirar con poco ángulo tampoco, aunque estés a puntísimo de meterla. En lugar de incrementarse el mérito de la acción, la distancia o escoramiento la disminuyen. Si resulta que la metes será gol, vale, pero no como resultado de que hayas creado una ocasión de gol, sino que el gol habrá brotado de la nada, por así decirlo. Por tanto, el Madrid jugó muy mal porque no creó ocasiones pese a estrellar el balón en la madera 6 veces, que es una cosa paranormal quizá, pero en ningún caso un testimonio de juego decente.
El panenkismo ha hecho más daño de lo que yo pensaba. Cuando les preguntas de qué modo es posible que un balón al palo -que es lo más cerca del gol que se puede estar sin marcar gol- no cuente como ocasión, aluden al concepto de gol esperado (GE) como definición, supongo, de lo que consideran una ocasión de gol como Dios y las pizarras mandan
Cuando estás empeñado en sufrir, cualquier cosa te sirve para ello, y nada en absoluto te proporciona el mínimo confort. Comprendo que el madridismo es inconsolable en la derrota, pero de ahí a negar el pan y la sal a un equipo que nos hizo vibrar en amplias fases del partido hay un abismo. Vibró la madera, y con ella nosotros. No vamos a ir a Cibeles a celebrar los 6 palos, ignominia que ya nos atribuyen los memes, pero si no podemos ni ponderar el mérito de determinadas jugadas para aplacar nuestra desazón, después de un partido de pretemporada, porque el libro gordo de Aitor Lagunas y Marcos Ruiz dice que eso no fueron ocasiones de gol comme il faut, lo mejor es que apaguemos la luz y dejemos de bailar. Será como estar llorando solos.
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