La campaña ha comenzado bien para los madridistas, los de Ancelotti encabezan la clasificación de la liga y la selección española femenina se ha proclamado campeona del mundo con futbolistas del Real Madrid interpretando papeles protagonistas.
¿Eres capaz de responder correctamente a las 8 preguntas que han preparado esta semana los amigos de fcQuiz?
¡Compruébalo!
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El Madrid masculino llevaba varios años con un solo nueve en la primera plantilla que fuera futbolista profesional al uso, Benzema (y tampoco era un nueve canónico), y cuando el galo faltaba y no había otro jugador que pudiese desempeñar su función era necesario recurrir a Mariano. Verano tras verano, no faltaban voces que reclamaban el fichaje de al menos otro delantero centro. No ya Haaland, sueño húmedo para esa posición y contratación harto complicada, sino al menos algún recambio para cuando Karim tuviese que pasar por el taller.
El Madrid sin embargo prefirió otra estrategia que, no podemos negarlo, tampoco le ha salido nada mal en cuanto a títulos y prestigio, a pesar de tener a medio Twitter rogando a Florentino que se gaste la pasta. Algunos incluso a gritos.
En estas andábamos cuando llegamos a los albores del presente verano, Benzema dijo que muchas gracias, que muy madridista y mucho madridista, pero que en Arabia lo sepultaban en millones y que hasta luego. La verdad es que el muchacho se había ganado con creces decidir qué hacer llegado ese punto de su carrera. Pero al Madrid le pillaba a contrapié, ya se había hecho a la idea de contar un último año con Karim en el equipo a la espera de lanzarse a pescar piezas de enjundia.
El Madrid se quedaba sin nueve, tanto futbolística como numéricamente. Poco después, el club fichaba a Joselu, que es un nueve pero no es el nueve, ni futbolística ni numéricamente: no venía para suplir a Benzema y se le asignaba el catorce.
Así, a 23 de agosto de 2023, la primera plantilla del Real Madrid Club de Fútbol, sección masculina, se encuentra sin nueve.
Hablemos ahora del Madrid femenino. En su aún breve trayectoria, se ha encaramado a la zona alta de la Liga F, es un habitual de la Liga de Campeones y se codea de tú a tú con el resto de equipos grandes, aunque a los madridistas todo lo que no sea ser las mejores se nos hace poco, pero tiempo al tiempo. Incluso a punto estuvo de lograr su primer trofeo el año pasado, pero perdió la final de la Copa de la Reina debido a una concatenación de errores técnicos y tácticos. La perdió con Esther en el banquillo y la delantera dejó de pertenecer a la disciplina blanca poco después.
Ayer conocíamos que Nahikari García también abandonaba el Real Madrid, con lo que a 23 de agosto de 2023, la primera plantilla del Real Madrid Club de Fútbol, sección femenina, se encuentra sin nueve.
Más vale tomárselo con filosofía porque la situación da para que a uno se le hinchen los nueves, se siente en el sofá del cuarto de estar junto al revistero del que asoman el Teleprograma y la revista de autodefinidos, descuelgue el teléfono de góndola y se pase los días llamando a la T4 hasta que el club fiche al menos un par de nueves, uno para cada equipo.
A 23 de agosto de 2023, las primeras plantillas del Real Madrid Club de Fútbol, secciones masculina y femenina, se encuentran sin nueve
La situación es insólita por desacostumbrada, si bien es cierto que una semani de mercato en el Bernabéu es molto longa, como diría nuestro querido Juanito, y el Madrid es capaz de contratar a ese chaval de cuyo nombre no quiero acordarme o sacarse de la manga en el último suspiro del plazo un Camavinga que meta goles por castigo.
Pero también existe la posibilidad de quedarnos como estamos, compuestos y sin nueve.
Florentino, no permita un Madrid sin nueve. Sabemos que al que compra el paraguas cuando llueve, valiendo seis le cobran nueve, mas no desvele al personal ni subleve al hincha por la ausencia de nueve. Los millones necesarios desencueve, para fichar rematadores de relieve, que ver con estos ojos duele ambas delanteras si nadie más viene. Llueva o truene, por favor, fiche nueves.
Me va a perdonar usted, pero lo del Madrid es un desnueve.
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El beso de Rubiales, ay, el beso de Rubiales. Así en los morros. A la Hermoso, que, una vez campeona del mundo, debió de parecerle al calvo Rubiales ya no hermosa sino ebúrnea y pura, una diosa. El primer beso a las campeonas tenía que dárselo él, tenía que ser Rubiales quien desvirgase ese campeonato del mundo recién estrenado. Una mano en cada mejilla, un gesto rápido, un visto y no visto, un aquí te pillo, aquí te mato, y los labios de la Hermoso hollados para siempre por los morros de Rubiales. El picotazo súbito, preciso y sumarísimo de una serpiente. Un beso de taquígrafo, un dejar constancia en acta para la posteridad sin perder el tiempo en adornos superfluos. Poniendo al mundo de testigo de su hazaña. Rubiales, de Motril al mundo. Toma, Moreno, que decía el muñeco Rockefeller.
Hemos sabido ahora que hubo más Rubiales antes del beso. Cuando marcó Olga Carmona, se llevó la mano a la entrepierna (Rubiales, no Carmona). O sea, otro "toma, Moreno" de Rubiales a lo Rockefeller, una bendición urbi et orbi genital y pendenciera propia de los modales y el saber estar del personaje. Hemos de celebrar que Rubiales no se dejara intimidar por la presencia a su vera de la Reina de España, y mantuviera una actitud tan presidencial, tan de su presidencia, como llevarse la mano a los dídimos. La misma mano con la que —suponemos— estrecharía la de la Reina poco después.
O acaso simplemente quería obsequiar a doña Leticia con una imitación del famoso paso de baile de Michael Jackson, probablemente mientras se repetía a sí mismo aquello de "just beat it, beat it/ no one wants to be defeated/ showin´ how funky and strong is your fight/ it doesn´t matter who is wrong or right/ just beat it/ just beat it/ just beat it", que ya sabemos que Rubiales es un luchador y que su hermana le partió las piernas cuando era un bebé y tal y tal. Pero en tal caso habremos de convenir que es el peor imitador de Michael Jackson de la historia.
Hemos de celebrar que Rubiales no se dejara intimidar por la presencia a su vera de la Reina de España, y mantuviera una actitud tan presidencial, tan de su presidencia, como llevarse la mano a los dídimos. La misma mano con la que —suponemos— estrecharía la de la Reina poco después
Ha subido después un vídeo Rubiales adonde quiera que se suban los vídeos, en el que se disculpa, o así, por el beso, ese beso que te robé y que no era mío. Y tengo que confesar que el vídeo me gusta todavía más que el beso. Yo no sé si lo grabó antes o después de irse con los colegas a fumar unos petas y hacerse unas gasolineras con la choni reventando los shorts y el subwoofer reventando los tímpanos, pero esa pinta de cani poligonero con la que se nos hace carne el presidente de la RFEF es de anuncio de Master Card. Asegura varias veces el Rubiales de arrabal (¡pavo real, pavo real, viva la aliteración!), que ellos no le habían dado al asunto "la más mínima importancia".
A estas alturas, no vamos a esperar de Rubiales un somero conocimiento de la gramática, ni por tanto a afearle ese horrible "más mínimo", pero me pregunto quiénes son "ellos". ¿Tal vez Rubial I y Rubial II, más conocidos conjuntamente como Rubiales? ¿Acaso sus más directos colaboradores, quienes, reunidos de urgencia en un gabinete de crisis, determinaron que la cosa no tenía mayor importancia? ¿O quizás todos los trabajadores de la RFEF respondieron una encuesta interna y urgente como un solo hombre y mujer (esto de un solo hombre y mujer no queda muy bien, pero diré en mi descargo que están pendientes las enseñanzas de alguna Irene Montero sobre la correcta traducción al lenguaje inclusivo de la expresión "como un solo hombre", mientras tanto, hago lo que puedo) con un atronador "pelillos a la mar"?
Celebramos que sólo le haya llevado cinco años darse cuenta de que llevarse la mano a los huevos en el palco presidencial de una final de la Copa del Mundo, y plantarle un beso en los morros a una jugadora de la federación que preside en la ceremonia de la entrega de medallas, son actos que, si bien carecen de la menor (perdón, de la más mínima) importancia, pueden dar lugar a equívocos y malas interpretaciones
Ahora bien, aun siendo esta duda tan mortificante, es de justicia reconocer que la desazón se ve sustancialmente aquietada por la humildad del calvo Rubiales. Afirma Rubiales, sin que le tiemble un solo pelo al hacerlo, que ha aprendido la lección, y que tal vez no sea procedente para todo un presidente de la RFEF dejarse llevar por ciertas expansiones, sobre todo en actos públicos. Enhorabuena, Rubiales. Celebramos como merece que sólo le haya llevado cinco años largos (los que lleva de presidente) darse cuenta de que llevarse la mano a los huevos en actitud de "aquí los tenéis para quien los quiera" en el palco presidencial de una final de la Copa del Mundo, y plantarle un beso en los morros a una jugadora de la federación que preside en la ceremonia de la entrega de medallas, son actos que, si bien carecen de la menor (perdón, de la más mínima) importancia, pueden dar lugar a equívocos y malas interpretaciones. E, incluso, al descrédito de eso que ahora llaman la marca España, que hay mucho mal pensado y envidioso por ahí y uno es de Motril.
Ya sólo falta que dentro de otros cinco años nos explique sus morreos (estos, sí, puramente metafóricos, que sepamos) con Piqué. Me permito sugerirle a nuestro eximio y calvo presidente Rubiales que esa larga reflexión quinquenal la haga desde fuera de la RFEF. Más que nada, para que el opresivo peso de la púrpura no nuble su agudísimo entendimiento, sólo comparable en su finura a la firmeza de su moral.
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Buenos días, amigos. Todo hace indicar que Luis Rubiales —personaje que hasta el español menos interesado en el fútbol ha conocido de sobra en los últimos tres días— enfila sus últimas ¿semanas? ¿horas? al frente de la Real Federación Española de Fútbol.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le puso ayer la cruz públicamente, y otra cosa a lo mejor no, pero efectivo a la hora de hacer realidad sus deseos personales el jefe del ejecutivo es un rato. Un maquiavélico lo suele tener bastante fácil para cargarse a un gañán, y si el gañán en cuestión sublima su condición de tal forzando un beso en la boca de una jugadora de fútbol en plena celebración del logro de un Mundial, previo masajeo de las propias gónadas en presencia de la Reina y la adolescente Princesa de España desde el palco de autoridades, al hábil se lo ponen a huevo (o cigoto, como decíamos en el colegio) para poner en la frontera al que es menos sofisticado que un bocata de pelos.
“Las disculpas no son suficientes”, soltó literalmente el presidente del Gobierno (en funciones pero menos) en relación al inefable Rubi, y lo hizo poco rato después de estrechar la mano del interfecto con la máxima frialdad en la recepción oficial a la campeonísima (del mundo, nada menos) Selección Española femenina. Besos a ellas —en principio consentidos, a diferencia del
que Rubi descerrajó a Jenni Hermoso— y gélido apretón de manos a él. El lenguaje corporal a veces dice más que Scatman John en aquellas soberbias peroratas discotequeras de los noventa.
Pero no sólo indicó Sánchez que las torpes farfulladas de Rubiales desde su escala en Doha no servían como excusa ante semejante impresentabilidad burda y machista. Añadió, como también refleja la portada de As, que el todavía mandatario de la RFEF debe “continuar dando pasos para aclarar lo que hemos visto”. Hay formas claras de exigir una dimisión y hay también formas retorcidas de hacerlo, pero ninguna es tan fiel como esta a ambos calificativos. Dar “pasos para aclarar lo que hemos visto”. Nos parece un circunloquio tan cínico como demoledor, un hallazgo verbal digno de inaugurar categoría propia en la historia universal de las sentencias (nunca mejor dicho) políticas.
Felicitamos por este hallazgo dialéctico al presidente del Gobierno en funciones permanentes, si cabe la paradoja, pero por el mismo precio le censuramos también varios pecados de omisión que consisten en no haber empujado a Rubiales hacia la dimisión antes, abundando como abundaban los motivos para ello.
Si Sánchez se permite arrastrar públicamente a Rubi hacia la dimisión es porque tiene armas para ello. Le bastaría con ordenar al CSD que ejecutara sobre el motrileño una inhabilitación. La despreciable conducta machista del sujeto es razón de sobra para solicitar dicha inhabilitación, pero ¿acaso no lo era la completa inacción en el contexto de la patente corrupción del estamento arbitral que depende de Rubiales? ¿Acaso no lo era el conflicto de intereses en que obviamente incurría el desahogado al aliarse con el capitán de un equipo en liza en la Liga para organizar una competición que dependía (depende) de la clasificación final de dicha Liga?
Sólo hay una mala noticia en el hecho de que el gobierno quiera cargarse a Rubiales por machista: que pudo hacerlo antes por otras causas quizá más graves, y no le dio la gana. El Gobierno pudo hacer algo por frenar la corrupción rampante del fútbol español, pero se abstuvo. Sólo ahora, cuando un asqueroso incidente de uno de sus protagonistas toca una materia que juzgan lo suficientemente sensible desde el punto de vista social, deciden intervenir, confirmando así que pueden hacerlo y que, por tanto, podrían haberlo hecho con anterioridad. Razones no les faltaron.
Procede ahora sacar a colación al no menos inefable ministro Iceta, que ha tardado cero coma en poner el grito en el cielo por el abuso machirulo de Rubi (justificadísimamente) pero declaró “no seguir de cerca” el asuntillo de la compra de la competición liguera, durante dos décadas, por parte de uno de los clubes contendientes. Recordemos que Iceta es ministro de cultura Y DEPORTES.
A Marca (y a nosotros mismos con arreglo a lo ya escrito) le vamos a matizar algo. No es que Sánchez se sume “a las críticas por el beso inapropiado a Jenni”. No fue sólo el beso, sino que toda su actuación fue vergonzosa. Hubo más besos y tocamientos impropios con otras jugadoras y, sobre todo, estuvo el dantesco empujón pélvico, huevada en ristre, desde el palco y junto a miembros de la Familia Real. No consentimos a ese cefalópodo allí. No aceptamos Rubiales como animal de compañía.
Y este es el fútbol español, amigos. Nos hacen mucha gracia todos los que están flipándolo con Rubiales porque acaban de tener acceso al personaje por primera vez, ajenas como son muchas personas a los turbios tejemanejes del balompié patrio. Puf. Ya veréis cuando conozcan a Tebas, Roures, Laporta e Iturralde González.
Os dejamos con la cosa cataculé.
Pasad un buen día.
Se le pueden echar varias cosas en cara a Jorge Vilda, aunque coincidirán conmigo en que dos días después de ganar el primer Mundial femenino para España quizá no sea el momento más adecuado para ello; pero desde luego no se le puede decir que no sea un hombre atrevido. Ha tomado decisiones complicadas a lo largo del Mundial, algunas peor recibidas que otras, pero igual de intrépidas. Desde cambiar a la portera titular después de la sonrojante derrota ante Japón hasta sentar a la dos veces balón de oro, Alexia Putellas, con todo lo que eso conllevaba a pesar del mal gesto que tuvo la jugadora con el banquillo al ser sustituida en el partido anterior. Pero la decisión más importante que tomó el seleccionador español tuvo lugar desde el inicio del torneo celebrado en Oceanía al confiar ciegamente en una jugadora que a la postre acabaría siendo la futbolista más importante del combinado español. Y no es otra que nuestra Teresa Abelleira. Porque me van a permitir ustedes que elija este preciso momento en el que media España está enzarzada en una polémica por un beso y un gestos lamentables del presidente de la RFEF en lugar de celebrando el primer Mundial de nuestras chicas para ensalzar la figura de la que, en mi opinión, ha sido la verdadera MVP del torneo.
Media España está enzarzada en una polémica por un beso y un gestos lamentables del presidente de la RFEF en lugar de celebrando el primer Mundial de nuestras chicas y ensalzar la figura de la que, en mi opinión, ha sido la verdadera MVP del torneo: Tere Abelleira
No era fácil confiar la posición de mediocentro a una jugadora que no estaba del todo asentada en la titularidad de su equipo, pero Jorge vio en ella a la pieza ideal para acompañar a Aitana y Alexia o Jennifer Hermoso (una de las dos) y la jugadora de Pontevedra ha respondido de la mejor manera posible, adueñándose de la posición y demostrando que le sobra talento e inteligencia para ser la pieza central de un mediocampo de tres. Desde el primer partido, la madridista se asentó de maravilla en el esquema de juego de España y en ese rol que le pedía Vilda. Con balón, ha sido una jugadora tremendamente sobria, mostrando una madurez y un temple más propio de una futbolista que está al final de su carrera que de una está apenas en su juventud. Jugando fácil, que no simple. O más bien, haciendo parecer simple lo complicado. Tocando al primer toque siempre que podía, cambiando el juego de orientación cuando este lo requería y permaneciendo continuamente alerta a una posible pérdida de sus compañeras. Mostrándose cercana en los apoyos, ofreciendo siempre una solución cuando la jugada se enquistaba para cambiar el juego al otro lado.
Pero la verdadera exhibición de Teresa ha sido sin balón, en una faceta del juego en la que ha demostrado una inteligencia y un entendimiento de este deporte muy por encima de la media. La pontevedresa ha hecho un torneo que debería ser mostrado en las escuelas de los jóvenes que quieran saber de qué va esto del fútbol. Porque más allá de que el físico acompañe a la jugadora madridista y le haya permitido llegar a todas partes en una suerte del Casemiro más barredor que hayamos conocido, lo que verdaderamente le ha hecho destacar es ser capaz de anticiparse a cada pretensión de los ataques rivales, y para ello hay que conocer muy bien este deporte.
Hay dos aspectos muy interesantes que pueden servir como indicativo de que un jugador de corte defensivo realmente comprende el juego: uno es su capacidad de anticipación e interceptación, que también denota su concentración en el juego. El otro es el posicionamiento en el campo en transición defensiva. Abelleira ha demostrado en este mundial que anda sobrada de ambos, pues he perdido la cuenta de la cantidad de recuperaciones de balón que ha llevado a cabo gracias a estas dos cualidades.
Hay dos aspectos que sirven como indicativo de que un jugador de corte defensivo comprende el juego: uno es su capacidad de anticipación e interceptación. El otro es el posicionamiento en el campo en transición defensiva. Abelleira ha demostrado en este mundial que anda sobrada de ambos
Especialmente destacado ha sido su papel en los últimos tres partidos ante Holanda, Suecia e Inglaterra, en los que Tere ha tenido que multiplicarse, por momentos incluso exponenciarse, para llegar a todas las ayudas en los momentos en los que había que achicar aguas. Cada vez que una lateral estaba siendo encarada, ahí aparecía Tere en la ayuda; cada vez que una compañera era superada en el medio campo, ahí acudía la gallega para recuperar rápidamente el balón; cuando una compañera no terminaba de robar el balón, surgía Teresa de la nada para terminar de rebañarlo. Una auténtica pesadilla para sus rivales que veían como sus ataques acababan infructuosos al chocar infinitas veces contra el muro gallego.
Es de justicia poética que, pese a no ser una jugadora de grandes estadísticas (marcó un gol y dio una asistencia en todo el torneo), haya aparecido en la foto de los dos goles que ya son historia del fútbol español. En el primero, sacando el córner para Olga en la frontal del área, desde donde el zurdazo de la sevillana evitaría la ya casi presumible prórroga y nos metería en la final de Sídney. Y en el segundo con la recuperación de balón y un perfecto cambio de orientación hacia Mariona, que sólo tuvo que esperar a la llegada por la izquierda de Olga para asistirla.
Y es también de justicia poética que Sofascore, un medio basado en las estadísticas, haya proclamado a Tere como la mejor futbolista del torneo, al ser la jugadora con mejor nota media de todo el Mundial. Pero lo que verdaderamente asusta es el mapa de calor que agregaron en dicho medio, en el cuál se ve la inmensa cantidad de campo que ha abarcado la jugadora gallega en este torneo, muy parecido, por cierto, al de Bellingham que expuse hace poco cuando hablaba de los centrocampistas del Madrid. No se prodiga tanto en ataque como el británico, pero lo cierto es que es una jugadora que también posee esa misma tendencia del de Birmingham de aparecer en cualquier parte del campo.
En clave Real Madrid, es de suponer que este torneo va a ser un antes y un después en la carrera de Tere, pues es el típico mundial que hace que los ojeadores se den de tortas por una jugadora como ella. Esperemos que su sobresaliente actuación en Nueva Zelanda y Australia signifique un punto de inflexión y la veamos convertirse en una de las dueñas indiscutibles del centro del campo madridista como ha hecho en la selección absoluta.
Habrá podido haber otras jugadoras más vistosas o mediáticas en esta selección, como Aitana, por su excelsa calidad técnica; Salma, por su exuberancia física; u Olga, por ese coraje y esos dos goles que ya son los más importantes del fútbol femenino español; pero si en este mundial ha habido una jugadora que ha destacado por encima del resto, ha sido la que ha sostenido a España en los momentos más duros, manteniendo el poso y la calma con balón e impidiendo que se sufriera en exceso sin él contra las selecciones más duras de la competición, realizando ese trabajo oscuro y muchas veces poco valorado en el fútbol, pero a través del cual ha rayado el mayor nivel de excelencia futbolística que se ha visto en este mundial. Honor a Teresa Abelleira. The real MVP.
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El sábado, en Almería, a Lunin le metieron un gol nada más empezar, cuando todavía se estaba ajustando el velcro de los guantes. Encima, el goleador fue Arribas, una circunstancia en absoluto sorprendente para ningún madridista pues todos sabíamos que ineludiblemente estaba por cumplirse la antigua profecía de que al Madrid siempre le marcan los canteranos, cedidos y recién traspasados. Los peores presagios cruzaron la mente de los aficionados, cuentos de terror tan viejos como el mismo fútbol que hablan de catastróficas visitas a domicilio del Real en campos de España oscuros y tenebrosos como una pintura negra de Goya, detrás de las cuales se amontonan Ligas y Copas perdidas como los cadáveres donados a la ciencia en las facultades de medicina. Ya está Lunin otra vez, este chico no para ni los taxis. Sin embargo, desde ese momento y a partir del gol del empate, Lunin empezó a despejar los balones que chutaban como morteros desde la alcazaba de Almería, abajo, picadas y buscando la cepa del poste, los peores disparos de todos, como si fueran granadas de mano rusas arrojadas sobre una trinchera de Odesa. Al cabo, el portero ucraniano completó su mejor partido desde que está en el Madrid, bien es verdad que tampoco ha jugado muchos, además justo cuando el club acababa de anunciar el fichaje de Kepa.
Lunin es un tipo que lleva seis años de becario en el Madrid. Ni siquiera en la Copa del año pasado tuvo la menor relevancia: también la jugó Courtois, que es el mejor del mundo, y que hasta lo del ligamento cruzado de su rodilla tenía que jugarlo todo porque ofrecía tanta seguridad y era una certeza tal de protección que quitarlo era como tener una casa en el Raval y dejar abierta la puerta por las noches. No era concebible, creaba desasosiego. Antes le tocó vivir a la sombra del portero de las tres Copas de Europa seguidas, Keylor, y anduvo cedido con poca fortuna por Valladolid y Oviedo, buscando su destino en el fútbol duro y proletario en el que, a caballo de la Primera y la Segunda División, muy lejos del gran foco de la superélite, se cuecen las promesas del Madrid y del Barcelona o acaban meciendo sus carreras en un prolongado desvanecimiento los descartes de los grandes que, igual que los toreros sin suerte, nunca acaban de ser lo suficientemente buenos para estar en el lado bueno de la Historia.
Este verano en los mentideros se decía que a Ancelotti no le gustaba nada, que el club quería largarlo, que no tenía brazos, que estaba fichado David Soria, un veterano de garantías y por lo demás, barato. En fin, que era otro juguete roto tirado por los dioses caprichosos en el umbral del edén, cuya entrada, como a todos los abortos de la gloria que hubo antes que él, se le vedaba, hasta que una tarde de agosto Courtois se rompió la rodilla y el panorama cambió del todo. En Almería, aún más que en Bilbao a pesar de recibir un gol, Lunin ofreció una sensación de seguridad tan redonda como no lo había hecho antes. Atravesó la niebla de las dudas con dos estiradas a lo Zamora en la final del 36 en las que el aficionado pudo ver por fin el guardameta de tremenda envergadura que se anunciaba hace seis años, cuando el Madrid lo trajo sin ruido de un país en guerra. Luego blocó bien por alto y dominó córners y balones en diagonal sobre su negociado, fluyó con el balón en los pies y actuó con la serenidad propia de los titulares del Madrid, un poco de eso que Bellingham, después, con los periodistas, reconoció que le ha impactado mucho al verlo desde dentro en su llegada al vestuario del Madrid: la mirada de las mil yardas, al final de la cual hay un infierno en el que arden sus rivales.
En Almería, aún más que en Bilbao a pesar de recibir un gol, Lunin ofreció una sensación de seguridad tan redonda como no lo había hecho antes
En Almería Lunin brilló por fin pero también se pudo ver algo curioso, una nota de las que pasan inadvertidas pero que el ojo sagaz detecta como esclarecedoras del comportamiento de un grupo humano. Como en el partido anterior en San Mamés, sus diez compañeros sobre el campo se esforzaron particularmente en el afán de protegerlo. Conscientes de que tras la lesión de Courtois, el chico alto, callado y defenestrado pasaba a ocupar el primer plano, y atentos también al hecho de que el Madrid trabajaba con las ventanas abiertas en la búsqueda de un reemplazo, todo el equipo, empezando por los delanteros, redobló las coberturas, corrió un poco más, tiró con más ojos los fueras de juego y, en general, se empeñó en defender mejor. Durante la pretemporada, el Madrid de Ancelotti ha sido muy criticado por la facilidad con la que los rivales les han metido gol. Con la lesión de Militao, la zaga también se pone en el centro de la diana. Tras cada acción solventada con eficacia por Lunin, todos corrían a aplaudirle, a mostrarle cariño y respeto, como aquella vez que Arbeloa se encaró con la grada del Bernabéu para pedirle su apoyo a Benzema, en vez de sus pitos. Este tipo de cosas hablan del equipo que tiene Carletto entre manos, que puede jugar mejor o peor, pero que tiene una alta conciencia de sí mismo, un maravilloso y saludable esprit de corps.
Me recordó al todos para uno y uno para todos de los mosqueteros de Dumas. Un espíritu colectivo así es la base de cualquier triunfo y el Madrid lo tiene. El equipo ha cambiado su pieza fundamental, el 9 que hacía girar al equipo y cuadraba todos sus movimientos desde la salida del balón de los centrales como si fuera un gran relojero universal, por un chico de 19 años recién llegado de la Bundesliga que empieza como cinco para acabar, casi siempre, rematando los ataques como un box to box, en el sitio de los delanteros centro clásicos. Un cambio así, tan drástico, puede llegar a descabalarlo todo si el resto de las piezas no están engrasadas con esmero. En fútbol, muchas veces, las cosas funcionan apoyadas en el sistema, pero cuando un día el sistema se gripa llega el caos. Es entonces cuando surgen las personalidades fuertes y el sentido comunitario del equipo, aquello tan espartano del escudo protegiendo el lado vulnerable del que está conmigo, pues otro protege con el suyo, el mío. La camaradería. Benzema puede estar satisfecho al contemplar desde Arabia que su testigo de jerarca está en buenas manos. Carvajal es ahora el capitán y en estos dos partidos se le nota como más autoritario y patriarcal, como si en el brazalete llevará un peso real que le recordara, como a los padres la existencia de sus hijos, que tiene siempre algo puesto en el fuego. Esa camaradería es un resorte que desde dentro ha protegido de inmediato a Lunin en el momento en el que Lunin, que hasta ahora parecía un personaje portuario contradictorio y atormentado de Conrad, ha sido puesto en la línea de fuego.
El Madrid sigue hablando así un lenguaje universal y prístino muy alejado de todo lo que a su alrededor regurgita la España de nuestro tiempo, como la zafiedad grotesca de Rubiales o la sinvergonzonería de muchos periodistas empeñados en robarle el mérito del triunfo en el Mundial femenino a unas jugadoras en beneficio de doce señoras que públicamente, hace un año, proclamaron un ridículo ultimátum a la federación para preservar sus privilegios dentro del grupo
El Madrid sigue hablando así un lenguaje universal y prístino que no necesita traductores, un idioma muy alejado de todo lo que a su alrededor regurgita la España de nuestro tiempo, como la zafiedad grotesca de Rubiales o la sinvergonzonería de muchos periodistas empeñados en robarle el mérito del triunfo en el Mundial femenino a unas jugadoras en beneficio de doce señoras que públicamente, hace un año, proclamaron un ridículo ultimátum a la federación para preservar sus privilegios dentro del grupo. Un grupo que, a la luz de los hechos, no las han necesitado para nada. Ahora que el fútbol, gracias al éxito del femenino, ha dejado de ser un espectáculo de orangutanes para convertirse en un ejemplo nacional, nuestra intelligentsia de pacotilla debería anotar el hecho de que un grupo de chavales, egocéntricos y caprichosos multimillonarios según el cliché, demuestre un compañerismo emocionante en la defensa del miembro más débil y expuesto, revelando que el bien común puede estar por encima de todo, en tanto es imposible si alguien se queda por el camino.
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Buenos días, amigos. Anoche, las ganadoras, los ganadores y los ganadoros del Mundial femenino de fútbol festejaron el título por las calles de Madrid con todo merecimiento. Miles de personas acompañaron al equipo nacional en la celebración.
Cada protagonista festeja como le sale, con más o menos efusividad según su grado de timidez o estado de ánimo; Alexia Putellas prefirió no corresponder a las masas que coreaban su nombre y Olga Carmona, pese al reciente fallecimiento de su padre, entendió que sí debía devolver parte del inmenso cariño recibido en un discurso breve, pero conmovedor.
https://twitter.com/lagalerna_/status/1693753936522482144?s=20
Las portadas, todas, al igual que ayer y con todo merecimiento —un mundial no se gana todas las semanas— dedican la mayor parte de ellas mismas a esta fiesta de España por el Mundial de fútbol ganado.
También todas las primeras planas patrias destacan, poquito, que “Rubiales pide perdón” o “Rubiales se disculpa”. Mirad, diarios, no, Rubiales ni pidió perdón ni se disculpó. Según el homínido al frente de la RFEF, “en un momento de máxima efusividad, sin ninguna mala intención, sin ninguna mala fe, ocurrió lo que ocurrió, de manera muy espontánea, sin mala fe por ninguna de las dos partes. A partir de ahí, aquí no se entendía. Lo veíamos algo natural, normal, y para nada con ninguna mala fe. Pero fuera parece que se ha formado un revuelo. Desde luego, si hay gente que se ha sentido por esto dañada, tengo que disculparme, no queda otra". Cuando uno dice que se disculpa si alguien se ha sentido ofendido no está pidiendo perdón, está trasladando la responsabilidad de la ofensa al otro.
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El tiempo avanza sin esperar a nadie. Es una obviedad, pero cada día vemos ejemplos de personas que se siguen comportando acorde a los estándares sociales vigentes en el momento en el cual nacieron. La sociedad evoluciona a pesar de que parte de sus integrantes no se adapten.
Quienes no entienden qué tiene de malo que Rubiales le plante un beso en los morros a Jenni Hermoso en la entrega de medallas de una copa del Mundo porque total, es una tontería, una chorrada provocada por la efusividad del momento, padecen el mismo retraso evolutivo que los que no ven racismo en que a un futbolista le griten “negro de mierda, muérete” o “maricón” porque total, siempre se ha hecho así, la gente lo hace sin mala intención real y quien no lo entienda es que no sabe lo que es el fútbol, porque es que parece que ahora no se puede hacer nada y todo está mal.
No, no se trata de que ahora no se pueda hacer nada, lo que ocurre es que la sociedad ha evolucionado y esos comportamientos son inadecuados, impropios, algunos de ellos hasta delictivos. Pero hay individuos que aún no se han dado cuenta de ello y por tanto no ven nada malo en su manera de comportarse. Lo explicaba a la perfección ayer Jabois.
Lo que sucede en estos tiempo de polarización absoluta, es que a menudo es “necesario” explicar que el hecho de censurar el comportamiento de Rubiales no implica abrazar ideologías sectarias que aprovechan estas situaciones para arrimar el ascua a su sardina, igual de putrefacta, pero atacada por otro tipo de bacterias.
Rubiales está aturdido, dentro de lo aturdido que puede estar un espécimen de sus características intelectuales, porque aún no es consciente de haber hecho nada malo. No solo el beso en la boca, sino cómo perseguía a cada jugadora con su perenne sonrisa canalla, se abalanzaba sobre ellas hasta taparlas por completo con todo su cuerpo y las besaba destilando una marea repugnante de babas rancias.
Para él eso no tiene nada de malo, y tampoco entiende que una trabajadora en una posición inferior se vea sobrepasada y no responda ante ese comportamiento inadecuado como desearía un padre que observa cómo un tipo caduco se cierne sobre su hija. Suele suceder que quienes no ven inadmisibles estos hechos son los que disfrutan de una posición de privilegio que quieren mantener, por eso no son propensos a ningún avance.
Rubiales tampoco entiende que esté mal celebrar en el palco de autoridades el triunfo agarrándose las gónadas y culeando como si estuviese cubriendo a una hembra de su especie delante de menores, además.
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Rubiales sigue sin saber por qué llamar idiotas en una entrevista a quienes se lo recriminan está mal. Igual que el resto de homínidos que le rieron la gracia en antena cuando lo dijo. Lo mismo sucede con Manolo Lama, compañero de grado evolutivo del presidente de la Federación.
Por eso, Rubiales se ve obligado a grabar un vídeo para disculparse en el que no se disculpa de nada porque no sabe por qué tiene que disculparse.
Rubiales es Bruce Willis en el Sexto sentido, no sabe que está muerto pese a llevar muerto mucho tiempo. Lo que sucede es que quienes deciden son zombis, por lo que tampoco les parece tan mal.
Rubiales es un vehículo que sigue circulando en sentido contrario por la calle en la que se crio de niño a pesar de que el sentido de la circulación se cambió hace 30 años.
Para ellos, la culpa es de los demás, que son todos unos tiquismiquis. De la misma manera que para Pipi Estrada no hay racismo porque en España pueden andar tranquilamente los negros por la calle, para esta gente es una tontería que un superior bese en la boca a una subordinada en un acto oficial.
Rubiales es un chiste de Arévalo en un congreso de neurocirugía.
¿Con qué razones vamos a decirles a todos lo que ven España como un reducto racista y machista que se están equivocando, que realmente no somos así, cuando las imágenes que exportamos son las de Mestalla atacando con impunidad a Vinícius y las de Rubiales agarrándose las pelotas en el palco delante de la reina y la princesa menor de edad y besando en los morros a una futbolista? Nosotros estamos convencidos de que no somos así, que somos mucho mejores, pero es innegable que hay todavía individuos así, y muchos de ellos en cargos relevantes.
Por todo lo expuesto, la respuesta a la pregunta que da título a este portanálisis: “¿Ha dimitido ya Rubiales?” es no.
Y tampoco podemos esperar que nadie lo fuerce a dimitir. Tenemos un ministro de Deportes y un presidente del Gobierno a los que se la trae al pairo que el Barcelona comprase el estamento arbitral durante lustros. También les da igual todos los escándalos de corrupción protagonizados por Rubiales, desde sus negocios turbios con Geri, hasta enchufar a sus parejas, pasando por viajes a Nueva York por placer con dinero de la RFEF. Todo supuestamente y con mucho respeto, el mismo que demuestra él en cada acto.
A pesar de todo y salvo debacle evolutiva, acabará mermando la cabaña de individuos tipo Rubiales, por el simple devenir del tiempo. En realidad acabaremos desapareciendo todos, pero hoy no ocurrirá, de modo que disfrutad del día.
Tras el histórico triunfo de la Selección Española Femenina de Fútbol en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda han sido muchos los protagonistas que, con mayor o menor mérito, consciente o inconscientemente, se han apoderado del foco. En el lado positivo y sin ambages, merecen felicitación las fantásticas jugadoras del FC Barcelona —algunas insultadas por parte de su propia afición por el pecado capital de acudir a la llamada del equipo nacional— que han brillado junto al resto de compañeras. Mucho se habló de la teórica guerra interna entre madridistas y culés, y poco parece que vaya a hablarse de la fantástica simbiosis entre unas y otras donde importa: sobre el césped.
En la carpeta Mejor periodismo deportivo del mundo quedan para los anales las opiniones vertidas por muchos —y muchas— durante diez meses en las que se infravaloraba y despreciaba el talento de un buen número de jugadoras que hoy son campeonas del mundo. Se las calificó, sin matices, de traidoras, de aprovechadas y, sin más, de no tener nivel. Todo dicho con el mayor de los respetos. Por último, el premio a lo incalificable sólo puede recaer en la persona de Luis Rubiales. En la noche de encumbramiento de la federación que preside, y pudiendo limitarse a disfrutar con discreción de la cantidad de focos puestos sobre su equipo, optó por regalar en bandeja al mundo la imagen caricaturesca de España con la que muchos disfrutan. Los elogios al fantástico fútbol desplegado por la Selección hasta la final —quizás el mejor desplegado nunca a nivel internacional por un equipo nacional femenino— tendrán ahora mucho menos espacio y cobertura.
Atendiendo a la lógica que domina nuestro panorama mediático, hasta aquí debería llegar este texto. Nombrados los buenos, nombrados los malos; punto y final. Sin embargo, y únicamente movido por la obligación de no disgustar ni al editor de La Galerna ni a los lectores, no queda más remedio que hacer un esfuerzo ímprobo y tirar de relleno para completar un número decente de párrafos. Ahí van otros nombres propios, a duras penas relevantes:
Teresa Abelleira Dueñas. Aunque el premio a mejor jugadora del torneo ha sido otorgado a la blaugrana Aitana Bonmatí —es muy buena— la futbolista que mejor Mundial ha jugado, y más ha ayudado a su equipo, responde al nombre de Teresa Abelleira Dueñas. Escribir una frase así sólo podía ocurrir llegados al año 2023. Creer a quien escribe es lo de menos; quédense con lo visto por sus propios ojos, o con lo que cuentan las estadísticas (aquí y aquí). La pontevedresa tenía la tarea de no chirriar desde la posición vacante de mediocentro, pero desde el primer día se convirtió en la pieza clave que dio equilibrio al sistema de Jorge Vilda. Fajándose sin balón para robar balones y ganar duelos y dando criterio a la construcción de jugadas del equipo que mejor ha bordado el fútbol. También firmó un gol que no está mal del todo.
Oihane Hernández Zurbano. Lateral de prestaciones modernas (defiende y ataca, ocupa todo el carril) con los rasgos del defensa atemporal: segura, insistente, fiable, sobria. Ha rendido siempre que han sido requeridos sus servicios, ha solucionado quebraderos de cabeza en la línea trasera y no ha dado ni un ruido. Demasiado aburrida para el fútbol actual, pensarán algunos.
Rocío Gálvez Luna y Claudia Zornoza Sánchez. Central y centrocampista respectivamente, ninguna ha disfrutado de muchos minutos durante el Mundial. Rindieron a grandísimo nivel durante todo el año con su club y se partieron la cara por la Selección jugando partidos clave en invierno cuando ponerse la camiseta del combinado nacional era deporte de riesgo. Ambas sufrieron lesiones en el tramo final de la temporada, pero se sacrificaron para estar a disposición del cuerpo técnico cuando se las requiriese, que fue casi nunca. Obligadas a quedarse en el banquillo más tiempo del quizás merecido, han tenido la insolencia de responder con buenas caras, sonrisas y compañerismo.
En la carpeta Mejor periodismo deportivo del mundo quedan para los anales las opiniones vertidas por muchos —y muchas— durante diez meses en las que se infravaloraba y despreciaba el talento de un buen número de jugadoras que hoy son campeonas del mundo. Se las calificó, sin matices, de traidoras, de aprovechadas y, sin más, de no tener nivel
Ivana Andrés Sanz. Irregular en defensa hasta hace unos meses, terminó la temporada convertida en central de garantías. Ridiculizada sin misericordia por cada uno sus desaciertos, estaba llamada a ser el meme de sorna de muchos tuiteros. Y tuiteras. Aseguraban que la España de Ivana Andrés se iba a ir a casa eliminada en la fase de grupos, pero, inexplicablemente, cuando Gianni Infantino fue a entregar la Copa del Mundo a la capitana del equipo ganador se encontró allí a la futbolista valenciana. Que Iker Jiménez nos haga un croquis. Ni corta ni perezosa, y con toda la desfachatez del mundo, se atrevió a aceptar el galardón y a levantar al cielo el trofeo.
Athenea del Castillo Beivide. Llamada a aportar electricidad en ataque tras ser una de las pocas notas positivas de la Euro de Inglaterra, la cántabra rozó la lesión en uno de los primeros partidos y desde entonces dejó de entrar en la rotación del equipo. Hay quienes hacen mofa a cuenta de que su corta edad, unida a su expresividad, la convierten en demasiado cristalina. Sus fotos a lágrima viva son recurrentes en las redes sociales, pues los corazones negros siempre serán indisociables de algunas naturalezas humanas, pero lo cierto es que su impacto futbolístico y mediático de cara al futuro apunta a ser imparable. El club que fichó a esta joya en ciernes del fútbol español debe estar preocupado: si termina de explotar, será un problema tener que lidiar con un talento así en el vestuario.
María Isabel Rodríguez Rivero, Misa. Algún lector de La Galerna todavía no convencido del todo con esto del fútbol femenino —prometo seguir intentándolo—, pero activo en Twitter, probablemente sepa aun así de quién hablamos. La apodan Misa y la legión de muy fieles detractorAs que ha amasado a sus 24 años convierte su nombre en tendencia cada pocas semanas. Le da igual: no tiene miedo a partirse la cara por su equipo o por su selección. La titularidad con España le llegó bastante más tarde de lo debido, esperó su turno en silencio y respondió bajo el arco durante el último año cuando Vilda comprobó que sus otras dos guardametas preferían no ser convocadas. Defendió el escudo de la Selección a costa de ser acosada, difamada e insultada cada día del año, llueve, truene o nieve. El seleccionador premió el compromiso de la actual mejor portera del país dándole un banquillazo inmerecido, injusto y vil cuando la canaria iba por fin a saborear la fase de eliminatorias del Mundial. Tras el shock inicial, acabó el campeonato sonriente y abrazada a la joven compañera que le había arrebatado el puesto. Es una fantástica guardameta, tiene la suerte de ser una aficionada desde niña del club para el que juega. En pocas palabras: todo mal, un desastre.
Olga Carmona García. Hace un año y medio se presentó en un Camp Nou abarrotado hasta la bandera que por primera vez iba a poder disfrutar gritando lindezas a la otra mitad del género humano. La sevillana acudió a lanzar un penalti bajo a la pitada de 90.000 almas puras y mandó el cuero a la red sin parpadear. Algo se barruntaba. Durante el campeonato mundial pareció perder la confianza del míster, pero volvió a la titularidad en semifinales cuando Oihane recibió dos tarjetas amarillas. Se puso las espinilleras y el resto es historia del deporte español. Además de excelente futbolista de banda, juega con el corazón en la boca, hecho que le permite destacar en la lid del fútbol cuando la gran mayoría de los mortales tendería a achantarse. Casa a la perfección con los valores del club que le paga, de camiseta blanca y escudo redondeado, y tal es la sincronía con su empresa que esperó hasta el final para marcar el golazo con el que meter a España en la final. Inmortal desde el domingo y hasta el fin de los tiempos, más aún tras conocerse las trágicas circunstancias que aguardaban al término el partido, podemos concluir diciendo que no ha tenido mal Mundial. Sin caer en exageraciones. Como remate, la FIFA se hizo un lío y en el avión de vuelta a casa tuvieron que hacerle hueco al trofeo de jugadora más valiosa de la final. Un fastidio, vaya.
Si el editor lo considera relevante, puede proceder a incluir en el texto el dato trivial de que estas ocho no-protagonistas son, casualidades del destino, jugadoras del Real Madrid Club de Fútbol. Por temor a herir sensibilidades, el autor no ha tenido ni el atrevimiento ni el arrojo necesarios para hacerlo. Todas y cada una de ellas cargan con esa pesada cruz, así que bastante con mencionarlas.
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Luis Rubiales no es sólo un hombre. Tampoco se le puede reducir a simple presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Luis Rubiales es una manera de vivir, una forma de ir por la vida, sin complejos, a cara descubierta, orgulloso de que todo el mundo le vea, que va a los toros a enseñarse, y de paso presumir de su nueva conquista veinte años menor que él, porque él es así, incorregible y golfo, y a estas alturas ya no va a cambiar, hay que quererlo tal y como es.
Rubiales ha patentado un modo de andar, como el de la canción, y saluda diciendo crack, o fenómeno, o máquina o artista, pero realmente se lo está llamando a sí mismo, porque él es el puto amo y lo sabe, y tú también lo sabes, y si tienes dudas te lo recuerda cada poco, y te suelta que vaya suerte tienes de haberme conocido, maricón, y tú te ríes, claro, cómo no te vas a reír con semejante tipazo. Porque es él y no otro el que regala en cada cena y cada sobremesa el comentario más ingenioso y más picante, con su gin-tonic en copa de balón, que hay que ver lo bien que le sienta al tío, y todos le ríen las gracias, y todos piensan qué cabrón, se atreve con todo y con todos este Rubiales, y pone los puntos sobre las íes cuando toca. Y ojo, que por las buenas es un cielo, pero cuidado no le calientes, que el tío es un amor pero no gilipollas y que a nadie se le ocurra toserle, que este no se anda con tutías. Y piénsatelo dos veces antes de pasarte con él, que no se va a echar para atrás, que te va a venir con que si tú no sabes quién soy yo, tú no sabes con quién estás hablando, que yo si quiero hago dos llamadas y tú no vuelves a trabajar en España, mindundi, así que deja de tocar los cojones.
Rubiales ha patentado un modo de andar, como el de la canción, y saluda diciendo crack, o fenómeno, o máquina o artista, pero realmente se lo está llamando a sí mismo, porque él es el puto amo y lo sabe, y tú también lo sabes, y si tienes dudas te lo recuerda cada poco, y te suelta que vaya suerte tienes de haberme conocido
Pero no te asustes, que él es bueno, es un hombre de ley. Que presume de unos valores y una integridad ética de la que a menudo adolece, pero que no duda en exigir a los demás. Porque él es intransigente, como lo son los machos de verdad, los que parten el bacalao. Y si te exige pleitesía pues bien exigida estará, digo yo, que por algo ha llegado dónde ha llegado. Y así le pasa, que el hombre tiene multitud de enemigos, que es algo muy propio de los poderosos. Y te lo cuenta y te convence, porque España es un país donde la envidia nos corroe, segundones como somos. Dios, qué asco de país cainita que no soporta a los que triunfan. Mira Amancio Ortega. Y aquí están todos contra él, porque o eres su amigo o su enemigo, y ya verás tú si te conviene llevarte mal con él.
Ahora que lo pienso llevarse mal con Rubiales tiene su mérito. Porque la vida Rubiales consiste en eso, en ser amigo de todo el mundo, en adaptarse a cualquier terreno y posición, ya sea en el campo o fuera de él. Pero mírale, si es que es el rey en la feria del caballo de Jerez y también el más pintado echando unos bailoteos con los Vetusta o los Izal en el Sonorama, porque este hombre es un todoterreno y sabe pasárselo bien en cualquier sitio y a cualquier hora, y además le gusta todo tipo de música y escucha de todo un poco. Y él, como como Jep Gambardella, tiene el poder de hacer fracasar las fiestas, porque realmente él es la fiesta. Aunque donde verdaderamente encuentra su razón de ser y gobernar es en la calle Ganivet, tomando unas cañas con lo más granado de la jet set granaína y con sus colegas de toda la vida, faltaría más, porque ya sabes lo que dice, que yo a los míos los llevo dentro, que son la familia que uno elige y que yo por ellos mato.
Qué grande Rubiales, qué vida la suya. Si hasta parece haber salido de una canción de Sabina. O de dos o de tres. Porque lo que pasa en las noches madrileñas se queda en el reservado de OPIUM. Y hasta ahí puede leer. Y no le hagas hablar más. Que el día que hable tiembla España. Normal que todo el mundo quiera ser su amigo. O amiga, porque no sé si lo sabes, pero tiene mogollón de amigas que son para él como sus hermanas, dice, aunque lo mismo le come los morros a una, porque Rubiales es muy canalla cuando toca serlo, no todo va a ser corrección y saber estar, coño, y las feminazis estas de ahora que se dejen de tanta hostia, que es que ya no se puede hacer nada, ni echar un piropo ni nada, no me jodas, que ahora todo es machismo.
El día que hable tiembla España. Normal que todo el mundo quiera ser su amigo. O amiga, tiene mogollón de amigas que son para él como sus hermanas, dice, aunque lo mismo le come los morros a una, porque Rubiales es muy canalla cuando toca serlo, no todo va a ser corrección y saber estar, coño, y las feminazis estas de ahora que se dejen de tanta hostia, que es que ya no se puede hacer nada, no me jodas, que ahora todo es machismo
Porque la vida Rubiales es así, una vidorra, que vida solo hay una, que aquí el que no corre vuela y que el mundo es para los espabilaos, como él, un tío que se cuela el primero en la fila, que perdona pero no olvida, que paga al electricista en negro, porque lo de pedir facturas es para pringados y mediocres, y que si hay que aparcar en minusválidos pues se aparca, que hay veces en las que a la vida hay que echarle jeta, y si hay que montar el numerito luego a los putos camareros se les monta, hombre ya, que es que parece que hay que callarse si son unos putos inútiles, hostia, que yo si hago mal mi trabajo me lo dicen, ¿no?, pues con ellos igual.
La vida Rubiales. La vida peor.
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Van estas líneas para el señor Carmona, que en gloria está, el papá de Olga. Olga de España y del Madrid. A ella y a toda la familia, un abrazo enorme.
Miren ustedes, hay cosas que pasan por algo. España iba a ganar 1-0, gol de Olga. Cuando marcó pensamos: ¡anda, como en la semifinal! No sabíamos más. En plan Roberto y Marcelo, sale de estampida, acompaña y remata con ese aroma único de los últimos grandes treses del Bernabéu, Olguita.
España iba a ganar con un gol, o catorce, de Olga por dos razones. La más impactante y desconocida, por su padre. Olga debía pasar a la historia, lo que se dice per saecula saeculorum, como la autora del gol que dio a España su primer mundial femenino. Ella. La justicia deportiva. No la de con lo de Negreira, la buena.
España iba a ganar con un gol, o catorce, de Olga por dos razones: por su padre y porque juega en el Madrid
Lo que había pasado en su casa sin duda influyó en que la formidable meta Earps parara a Jenni Hermoso el penalti de la tranquilidad. Fue un momento tan tremendo como inevitable. Desde arriba habían decidido que ganaba España con gol de Olga. Y no se hablaba más.
También influyó que juega en el Madrid. Eso no fue impactante ni sorprendente sino natural. Cuando de ganar cosas serias se trata, el Madrid es el gran aliado, se arremanga y aparece. ¡Dejadme solo! Como explicó Athos Dumas hubo que esperar al Madrid para que España ganara el campeonato. Eso también influyó en que no hubiera más goles. Ganaba España con gol madridista. De Olga. El trofeo lo alzó Ivana, tampoco fue casualidad.
Fue una finalaza con el corazón a mil. Servidor, desde la clasificación para la final. Me daba mala espina Sídney. Allí, Juegos de 2000, vi palmar a España la final olímpica con el Camerún de Lauren, Geremi, Etoo y compañía. Por penaltis. 2-0 nos adelantamos, a dos nos empataron y nos pasaportaron después. Dieciséis años tenía Kameni, el portero que acabó en el Espanyol y sigue jugado en Andorra. Siempre se dijo que era hijo de N´Kono…
Esas cosas me desequilibran. Y busco soluciones. Me animaba que el primer éxito fue en Suráfrica, país raro en lo futbolístico y Australia es parecido en eso. El día que campeonemos en Brasil, Alemania, Argentina, Italia, será la pera.
Como lo de Mbappé se va a resolver pronto, ya apareció la nueva cuerda donde agarrarse para intentar marear: Bellingham perjudica a Vinicius. Se apunta ya desde esos laboratorios permanentes de gentes que viven investigando sin desmayo cómo se meten con el Madrid
El Madrid también estuvo en Almería y como lo de Mbappé se va a resolver pronto, veremos cómo, ya apareció la nueva cuerda donde agarrarse para intentar marear: Bellingham perjudica a Vinicius. Se apunta ya desde esos laboratorios permanentes de gentes que viven investigando sin desmayo cómo se meten con el Madrid.
No es nuevo. Benzema sufrió porque estaba Ronaldo. No, no es un asunto nuevo, pero sí contemporáneo. No recuerdo que se dijera que Di Stéfano perjudicaba a Puskas, Pirri a Amancio y tal. Bellingham cuentan que es muy bueno —ya le encontrarán una pega, que esto sólo empezó— pero le quita protagonismo a Vinicius.
Es cómico, pero tiene mérito. El Madrid ha fichado a un fenómeno que molesta a otro fenómeno. Nos lleva a lo de antes: el Madrid es un generador de situaciones únicas. Como pasó ayer. Quedo a la espera del partido del viernes en Vigo y ver cómo Jude sigue perjudicando a Vinicius, luego al equipo. No sé… Igual Ancelotti sabe cómo solucionarlo. Lo que más se me ocurre es mandar uno al banquillo.
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