Ocurra lo que ocurra, esta temporada será recordada por dos inolvidables sucesos: la primera temporada de Jude Bellingham, futura leyenda del club blanco, y la temporada sin el dorsal 9. Ganemos o perdamos, lloremos o sonriamos, será imposible librarse de esa última acepción. Me imagino con 93 años contándole a mis bisnietos aquella temporada en los años veinte en la que nadie tenía un nueve a la espalda y batimos todos los récords. Siempre he sido un optimista. Mi nonagenario yo del futuro lo seguirá siendo, eso seguro.
“Negligencia”, “dejación de funciones”, “conservadurismo” y “mala praxis”, son algunas de las palabras lanzadas hacia los que toman decisiones. “Obsesión por Mbappé” ha sido uno de los temas más divulgados en las redes sociales. No secundo esos calificativos pero sí utilizaría la palabra “improbable” o quizás “anómalo” ya que son las que mejor describen lo que ha ocurrido este verano. Que en la plantilla del Real Madrid no haya habido una asignación de la camiseta con el número 9 a ningún jugador era improbable y, ahora mismo, una anomalía, ya que es la primera vez en la historia del club que no se asigna dicho dorsal. El resto de las palabras usada no me parecen muy apropiadas, si acaso “conservadurismo” puede ser la más acertada pero no se debe tomar como algo peyorativo, sobre todo en época post-Bartomeu, presidente que ha conseguido que la palabra “conservadurismo” sea uno de los tributos más preciados en el fútbol español.
La única temporada de los últimos 30 años que se me viene a la cabeza en la que hubiese una situación parecida, sin un delantero centro puro, es en la 2000/2001, año I de Luis Figo, en la que Morientes era el nueve pero se lesionó, y se jugó gran parte de la temporada con Raúl y Guti de delanteros. Se ganó una Liga y se llegó a semifinales de Champions. En la actualidad, podríamos decir que Bellingham estaría posicionándose como ese Gutiérrez que acabó con más de una decena de goles, aunque no se parezcan en nada, desde la melena rubia hasta los muebles en la cabeza.
Pero, ¿qué es lo que ha llevado al club a tomar esta decisión? ¿han perdido la cabeza?¿se han acomodado tras ganar tantas Copas de Europa? Sin juzgar si la estrategia ha sido correcta o no, voy a intentar meterme en la cabeza de los responsables. Eso sí, sin mencionar la “causa Mbappé”, porque sí, porque me aburre el tema. Esta claro que ha influido en todas las decisiones, pero voy a intentar superar ese nivel de discusión.
La Directiva decidió hace cuatro o cinco años restringir mucho el casting de jugadores válidos para el Real Madrid. Y en el puesto de delantero centro, vital para cualquier proyecto, no quieren dar un paso en falso. El jugador que venga tiene que ofrecer un claro valor añadido al club, deportivo y económico, a poder ser a largo plazo. A Kane se le descartó por precio y edad; a Kolo Muani o Havertz, por ejemplo, por precio y falta de certidumbre. Solo hay dos jugadores que cumplen dicho perfil, pero ya se ha hablado demasiado de ellos.
Con Hazard se ha aprendido que no debes fichar a una gran figura de edad media, aunque no se haya lesionado nunca, si ese jugador no es un obseso del entrenamiento y la recuperación. Con Mariano, a no dar un contratazo a un chaval que sólo ha brillado un año, por muy canterano que sea. Y con Jovic, que los inadaptados no se adaptan.
Hay muchos items que JAS y Juni deben rellenar ya que, ante la economía actual, uno o dos fallos caros seguidos te pueden dejar en el dique seco durante cinco años.
El Real Madrid tiene una economía saneada, pero el Mundo, Europa, España y el fútbol no. El negocio del fútbol en España presenta una enorme contracción impulsada por unos gestores lamentables. Una Europa en precrisis junto con la amenaza de los clubes-estado y Arabia Saudí obligan a dar pasos sólidos y sin florituras. No es época de bonanza y gastarse 100 millones en un jugador sin plenas garantías es negligente. Estamos ante un mercado hiperinflacionado donde un jugador que ha marcado 10 goles en la liga italiana cuesta 80 millones y, si no le pagas lo suficiente, se va a Arabia.
El Nuevo Bernabéu permitirá dar un paso hacia delante pero, aún así, el tablero ha cambiado, la estrategia se ha modificado y se seguirá modificando para poder luchar contra los países golfos del Golfo.
En esta revista se apostó por un Bellingham más goleador y con una posición más adelantada. Como sabemos que Ancelotti lee La Galerna cada mañana, captó el mensaje. 5 goles y 1 asistencia gracias a La Galerna. Fuera de bromas, Jude tiene gol y se mueve en el área cual Raúl González. El movimiento del último gol frente al Getafe sólo lo hicieron Joselu y él. Para eso se nace, el diente no te sale con veinte años. Esto en el club se intuía y se fue confirmando en el verano, lo que les ha ido reafirmando en el conservadurismo.
Por otro lado, los brasileños han sido señalados indirectamente y deben dar un paso al frente. La confianza es plena en ellos. Vinicius se tiene que adaptar a jugar menos pegado a la cal para hacer más daño en el área y Rodrygo debe ganar contundencia y elevar sus guarismos en Liga. El vacío de Benzema tiene que ser ocupado con un granito de cada uno de estos tres jugadores que deben marcar el porvenir del club los próximos diez años.
En la cúpula se cree que se tiene una plantilla excepcional y mejor que la del año pasado, algo que fue truncado por las lesiones graves de Courtois y Militao. Se ha limpiado a los jugadores que no sumaban y se han añadido futbolistas más profesionales y que aportan mayor valor. Pero lo más relevante para la mejora de la plantilla son los pasos adelante que tienen que dar cada uno de los jugadores jóvenes. Tchouaméni lo está dando, Valverde tiene que recuperarse de sus últimos meses, Camavinga va a seguir evolucionando, Joselu, Brahim y Güler sumarán más que Mariano, Hazard y, puede que, Asensio.
A veces las plantillas no evolucionan por los fichajes, evolucionan por estar repleta de jugadores jóvenes que serán mejores cada año. Puro Darwinismo.
Cuando has elevado al cielo 5 copas de Europa en 10 años la palabra urgencia se mira con soslayo y jocosidad. Aunque en el mundo madridista urge hasta el color de los banderines del córner, la palabra “tranquilo” procedente de la cúpula no se ha repetido en vano. Se busca siempre la excelencia, pero la excelencia no suele ser muy amiga de la urgencia.
Dudo que los responsables de estas decisiones desconozcan el nivel de riesgo que están tomando al no sustituir kilo por kilo a Karim Benzema. El riesgo es claro pero no se puede tildar de negligencia. Vinicius, Bellingham y Rodrygo no tienen ningún problema en mirarle a la cara a cualquier delantera del mundo. Estos tres jugadores están dentro del TOP 15 mundial. El riesgo asienta en que ninguno de ellos ha llegado a la cifra de 30 goles por temporada, pero estoy seguro que en el seno del club se espera que uno o dos de ellos se acerquen a dicha cifra.
“Anomalía”, “arriesgado”, “conservadurismo” son palabras que puedo aceptar pero siempre que se acepte previamente “cinco Copas de Europa en diez años”. Confianza plena en esta Directiva. La suerte está echada.
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Era siempre por estas fechas. Recién arrancada la Liga, a media tarde, mi abuelo extendía periódicos sobre la mesa del comedor: clasificaciones, noticias deportivas, y datos históricos. Yo me sentaba a su lado con mis guías de la temporada, mis cromos, los álbumes con todos los equipos. Era el ritual de la Quiniela. Y la discusión habitual. “¿Por qué antes de empezar a hacer la Quiniela ya has vuelto a poner que gana el Madrid y pierde el Barcelona?”, me preguntaba sonriente, “hay que hacerla con la cabeza, no con el corazón”. Y por supuesto, asentía, pero en esto no le hacía ni caso. Siempre ha habido dos casillas fijas en mi Quiniela: palma el Barça y gana el Madrid.
En la tarde templada del domingo, la radio cantaba los goles, yo los apuntaba en la copia de una quiniela, y se los iba a contando a mi abuelo, que leía en el salón: “Necesitamos gol del Albacete, empate del Valencia, y tres goles del Osasuna”. Si el gol era del Real Madrid, la Quiniela daba igual, gritaba por el pasillo anunciando al vecindario coruñés tan feliz circunstancia, y mi abuelo no me juzgaba por ello, porque compartía la alegría.
Al llegar el lunes, la recaudación y el premio para los de once. Sin once, el premio era bueno, pero cuando lo sacábamos, no llegaba ni para comprar unas golosinas en el quiosco. Pero obviamente, no era el dinero, era la pasión por el fútbol, la emoción de jugar. Que no faltábamos a la cita con los programas deportivos, ni los del domingo noche, ni los del lunes, ni al resumen de los goles, ni a las tertulias de la radio; y luego a quemar los campos de fútbol en el recreo, intentando emular todas las virguerías que habíamos visto la noche anterior en televisión.
Allá por el 93, cuando falleció mi abuelo y me quedé sin compañía para ver los partidos del Real Madrid, el ritual futbolero se fue replicando con mi padre: desde la Quiniela compartida hasta las escapadas al bar, ya existía Canal Plus, a ver los partidos del Madrid, Coca-Cola y pincho de tortilla.
Hay algo que nos conecta al niño que fuimos, que vivía a dos ocupaciones: entre el colegio y el Real Madrid, entre el aroma a los libros recién forrados y el nuevo póster de Emilio Butragueño en la habitación
El inicio de temporada traía también una emoción especial: ver a los nuevos fichajes. Sus primeros minutos podían ser motivo de entusiasmo o decepción, y rara vez levantaban más tarde las cosas después de un comienzo pobre. Hoy sabemos hasta la marca favorita de macarrones de la tía abuela de cada nuevo jugador, pero entonces teníamos que ceñirnos a un par de comentarios en la radio y alguna columna aventurera en la prensa sobre lo que se podía esperar de él; en otras palabras: la única manera de salir de dudas era verlo de blanco y en acción.
En aquellos lejanos días en que se nos hacía pesado abandonar la rutina estival y volver a los madrugones, al trayecto tedioso del bus escolar, y a las clases, obligaciones, horarios, y tareas, el comienzo de la temporada de fútbol resultaba una ilusión, un aliciente, una compensación a todo lo que representaba la vuelta al cole. Y el Real Madrid, con muchos de los jugadores mejor pagados de la Liga, además, encerraba una pequeña lección: esos chicos que lo tienen todo también vuelven al cole, se esfuerzan, y se les nota que, por más que les entusiasme su trabajo, disfrutaron de lo lindo durante el verano y dudo que quisieran regresar tan pronto. De algún modo la vuelta al cole nos igualaba a los niños y a nuestros ídolos de blanco, en el hastío de la rutina y en la ilusión por el nuevo curso.
Es cierto que hoy el regreso del fútbol es más tempranero, que se mezcla el fin de temporada y la pretemporada, y los encuentros oficiales y no oficiales se confunden, es cierto que ya casi nunca hago la Quiniela, que a través de las redes lo sabemos todo de los futbolistas incluso cuando están de vacaciones, y que raras veces escucho ahora los partidos en la emoción de la radio, pudiendo verlos en directo o en televisión. Pero hay algo que se me aparece y aún me pone la piel de gallina en estas noches de septiembre, en estos días de vuelta al cole, algo que nos conecta al niño que fuimos, que vivía a dos ocupaciones: entre el colegio y el Real Madrid, entre el aroma a los libros recién forrados y el nuevo póster de Emilio Butragueño en mi habitación.
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Buenos días, amigos. Hoy es martes y doce, tradicional día de mal fario para quienes detestan las matemáticas y puntualmente para quienes disfrutamos con el fútbol del Real Madrid en un entorno limpio libre de podredumbre. «Corrupción no, gracias» podría ser el eslogan. Podéis decir que no es muy ingenioso. Cierto, pero es válido.
«Corrupción no, gracias» es también la directriz de los cuatro Jinetes del Apocalipsis y por ende de toda la prensa deportiva española y de parte de la generalista. Pero hay un pequeñísimo problema, un quebranto sin importancia: la interpretación del eslogan. La prensa no lo entiende como una soflama en contra de la corrupción, sino como una orden de vaya usted a saber quién (aunque no es muy difícil saberlo). Es decir, los medios deportivos se rigen por la norma que indica que hablar de corrupción no, gracias.
¿Qué queda del fútbol español si lo despojamos de corruptelas y del Real Madrid porque la competición de clubes está interrumpida? La nada. Y la nada es lo que entienden por puro fútbol los compañeros de pádel de Al-Khelaïfi, representante deportivo en la Tierra de Catar, uno de los estados totalitarios sin apego por los derechos humanos que se están comprando occidente mediante la utilización de equipos europeos de fútbol a modo de caballo de Troya ante la inacción de quienes tienen responsabilidades, que prefieren poner la mano y recoger lo que les cae. Ya vendrán los lamentos, pero los problemas con el bolsillo lleno son menos problemas.
España-Chipre a las 20:45 en La 1. Puro fútbol, según Marca. Esto sí es fútbol for the fans, y no un Real Madrid-Bayern, o un Liverpool-Milan, ¿a quién puede interesarle un choque europeo del más alto nivel pudiendo disfrutar un martes crepuscular de un España-Chipre? Es que algunos no tenemos criterio.
Y además podemos admirar al enésimo niño prodigio. El de esta campaña es Lamine Yamal, lo conoceréis por haber jugado bien en la élite un puñado de partidos contables con los dedos de una mano. ¿Qué más méritos se necesitan? Ninguno. Perdón, hay una condición: ser del Barça.
El sistema funciona así: un jugador del FC Barcelona —el club que propició la corrupción sistémica arbitral concluida por el juez Aguirre, para los despistados que no lo ubiquen— debuta de manera precoz en el primero equipo, realiza dos o tres buenas actuaciones, las portadas se refieren a él como el nuevo Messi, el nuevo Ronaldinho, etc. Se da la casualidad de que esos jugadores suelen estar representados bien por agentes cercanos al club, bien próximos al seleccionador de turno. El niño prodigio debuta, juega unos buenos encuentros y como consecuencia aumenta su caché y su valor de mercado, de lo que se benefician jugador, representante y club de cara a una futura venta. Pasado un tiempo, el nuevo Messi-Balón de Oro-Superstar acaba llenando su casa de cojines con sus iniciales y jugando en la MLS o emigrando a clubes potentísimos como el Brighton. Pero mientras tanto los implicados han obtenido el beneficio buscado.
Muchos dirán, pero es que el Barça, gracias a La Masía, se nutre de canteranos, a diferencia del Madrid, y eso tiene su reflejo en la selección. Hay dos tipos de canteranos, los canteranos bengala, que prenden rápido, debutan de manera fulgurante y al cabo de un breve lapso de tiempo se apagan; y los canteranos antorcha, que de entrada lucen menos, pero poco a poco su llama se hace más grande y alumbran, y a menudo deslumbran, durante años en sus clubes. Decidnos algún canterano, aparte de Sergi Roberto, que haya perdurado hasta la madurez (con protagonismo) en la actual plantilla del Barça.
La prensa cataculé no viene muy diferente a Marca (¡oh, sorpresa!). Sport titula «¡No pares Lamine!». ¿Falta la coma del vocativo o se encuentra opacada por el cogote del niño prodigio? La experiencia nos hace inclinarnos por la primera opción.
Se da otra de estas curiosidades propias de los culés. Sport dice que ahora el Barça quiere blindar a Frenkie de Jong. ¿Recordáis cuando utilizaban estos mismos tentáculos mediáticos para hacerle mobbing y que se fuera?
En las alturas del diario que cobija a Iván San Antonio, otro personaje de catadura moral similar al perseguidor de familiares de árbitros, Rubiales, insiste en que «el beso a Jenni fue como el que le puedo dar a mis hijas». A uno se le revuelven las tripas, más aún si tiene hijas. Pero en este caso se cumple una vez más la directriz periodística de «corrupción no, gracias»: el beso lo tratamos, pero las corruptelas acumuladas durante años, no.
Corrupción no, gracias, hay que dejarlos crecer (a los corruptos), como cantaba aquel anuncio de los pezqueñines. Y algunos de esos corruptos han crecido tanto que no caben en la pecera.
¿Que el juez Aguirre concluye corrupción sistémica arbitral para favorecer al Barça por primera vez en la historia del deporte en España? Lo ignoramos en las portadas.
¿Que el presidente de la RFEF negocia comisiones personales de enjundia económica con el capitán en activo de un club que participa en las competiciones objeto de negociación? Pasamos de puntillas y, por supuesto, no clamamos por su dimisión debido al flagrante conflicto de intereses.
¿Que Rubiales, siempre supuestamente, desvía fondos federativos para organizar orgías, viajes de placer y pagar inmuebles? No es importante, no merece atención informativa, donde esté un Georgia-España con algún canteranos random del Barça que se quite todo lo demás.
¿Que entregan a un tribunal federal de EEUU datos de supuestos pagos del mundial de Catar a Tebas, Villar y Sánchez Arminio? Nada, de eso no se habla, no vayamos a reducir ingresos por publicidad, que la información es importante, pero las lentejas más.
As hoy va por libre y habla del casting del Madrid por el 3. Fran García tiene un problema de bisoñez, Mendy de ausencia involuntaria y del resto de jugadores no específicos que podrían desempeñar esa función, aunque nos duela en el alma, porque es como preparar calimocho con Pago de Carraovejas, quizá el que mejor hace de 3 es Camavinga. Aunque no falta quien lo propone como nuevo presidente de la RFEF. Seguro que lo haría mejor que los últimos en el cargo.
Pasad un buen día.
El Gatopardo, la novela que escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa y que publicó la Feltrinelli en 1958, es quizá más conocida por el concepto de filosofía política a que dio lugar (el gatopardismo) que por su extraordinaria dimensión literaria y artística. Así son las cosas, qué le vamos a hacer. La expresión está ya tan asentada en la lengua que hablan los españoles (o que hablaban) que, a pesar de no haber sido recogida aún por el Diccionario de la Real Academia, sí está, por ejemplo, en la FUNDEU: “término con el que se alude al principio expuesto a menudo como cambiar todo para que nada cambie”. Me acordé de esto el otro día cuando vi la alineación con la que el Madrid empezó su partido contra el Getafe.
En el equipo titular que Ancelotti dispuso sobre la capa verde que recubre el fabuloso hipogeo del Nuevo Santiago Bernabéu sólo había tres futbolistas que también partieron de inicio en la final de la Copa de Europa jugada en París en mayo del año pasado, es decir, solamente quince meses antes. Están, por supuesto, las obvias salvedades de Courtois y Militao, lesionados de larga duración y que sin duda habrían formado parte del equipo si hubieran estado en condiciones, y de Vinicius, temporalmente fuera de servicio. No obstante la cuenta sigue resultando asombrosa, pues el equipo que se coronó contra el Liverpool hace, por así decirlo, dos telediarios, ha renovado más de la mitad de sus efectivos titulares en un tiempo récord y sin que, como suele pasar casi siempre, haya mediado ninguna catástrofe deportiva. Todas las líneas contemplan cambios sustanciales: el lateral izquierdo, la media al completo y lo nuclear del ataque son completamente nuevos. ¿No es excepcional?
El centro del campo más dominador del fútbol europeo contemporáneo, es decir, Casemiro, Modric y Kroos, ya no existe. Se dice pronto. Era, grosso modo, lo que quedaba del increíble mecano de naturaleza histórica del Madrid de los Jerarcas, que empezó con Mourinho, maduró con Ancelotti y culminó con Zidane. Sin Ramos y sin Cristiano Ronaldo, sin el alfa y sin la omega, quedaban Benzema y los triunviros, que no es moco de pavo: quedaba el mecanismo de tracción de un equipo legendario. Con eso solo ya está dicho todo: la sala de máquinas del tirano de la Copa de Europa en la última década se ha renovado en un abrir y cerrar de ojos. La FUNDEU, que también habla de lampedusismo, debería ampliar la definición integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador. O sea, de inmovilista, según la acrisolada prensa deportiva patria, tan estúpida, por lo general, como miope.
La FUNDEU debería ampliar la definición de gatopardismo integrándola con ancelottismo, porque toda esta reforma estructural del edificio balompédico del Madrid la ha realizado un tipo con fama, inmerecida, de conservador
Mendy, los tres emperadores del centro del campo, más Benzema, no son cualquier cosa. En particular, la ausencia de los cuatro últimos implica una reformulación absoluta de la idea de juego, tal es el peso de estos futbolistas en el movimiento global del equipo. Su presencia en el terreno de juego conduce a todo el equipo en un sentido u otro. Son figuras determinantes. Sus apogeos, declives y regularidad han establecido pautas. Movieron al 4-3-3, las ausencias de unos u otros llevaron al 4-3-2-1, a sistemas más audaces o de mayor contención. Su liderazgo va mucho más allá de lo deportivo, es una cuestión espiritual, una jefatura. Que no estén remueve los cimientos. Es como cambiarle la identidad al grupo, resetearle el cerebro, obligarlo a hablar en otro idioma. Como no hay otro Benzema, ni otro Kroos, ni otro Modric ni tampoco, verbigracia, otro Carlos Henrique Casemiro, la reinvención ha tenido que pasar por fichajes de “perfiles” parecidos, complementarios y sobre todo, modernísimos, que respondan también al estado de cosas del mercado internacional, plagado de petrotiburones con los que no se puede competir, y de la liga nacional, competición en evidente degeneración. Camavinga, Tchouaméni, Valverde y Bellingham constituyen los ejemplos perfectos de la lamarckiana adaptación al medio del entrenador más experimentado del fútbol de élite actual: chicos muy jóvenes y llenos de talentos cuya principal virtud es la polivalencia. Como la versatilidad es buena pero peligrosa, pues siempre acecha la ambigüedad y, en último término, la terrible indefinición, el scouting del club, origen y rector de este proceso iniciado en la dirección deportiva desde hace algunos años, pone en manos de un viejo zorro con un palmarés inigualable la fase final de la formación de las futuras estrellas.
Esto es algo revelador. Desde siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo, esas nociones vaporosas con las que la prensa enemiga del club ha pretendido siempre ensuciar los éxitos del Real, sobre todo desde que está Florentino. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador. Un sentido de las cosas, una lógica empresarial que en fútbol suele denominarse “cultura de club” y que, decían, el Madrid nunca tenía: el Madrid ganaba a dentelladas absurdas de un Leviatán fatal, acaparador de títulos sin entrañas, devorador de las ilusiones de los pueblos. Sin embargo este es un proceso no azaroso ni aleatorio, sino guiado, orientado por una idea clara de qué tipo de equipo de fútbol quiere tener el Madrid en el corto, medio y largo plazo. El proceso es evidente que funciona: que en quince meses el Madrid ha reemplazado a la mitad de su equipo titular es un facto, como lo es que por el camino ha cambiado su manera de jugar, ha recuperado el rombo, añoranza vintage de un fútbol hoy obsoleto, ha cambiado de estrella y además ha seguido ganando.
Siempre nos han contado que el Madrid no tiene proyecto ni estilo. Sin embargo, es incuestionable que hay un proceso que va desde Florentino y su mano ejecutora de fichajes, JAS, hasta el entrenador
La renovación de un grupo eminentemente ganador es siempre una mar embravecida, una cuestión delicada que a menudo acaba en tragedia. Los grandes difícilmente tienen recambio, es algo natural, la vida misma. El Madrid galáctico, el Barcelona de Messi, la primera SuperFrancia mestiza, la España del “Tikitaka”, son algunos ejemplos de extraordinarios equipos ganadores a los que siguió el abismo. Lo ideal es renovarse cuando uno está en la cresta de la ola, pero las cosas casi nunca se acercan a lo ideal. El Madrid lo intentó cuando Zidane se fue de improviso tras el threepeat pero entonces todo descarriló. Este tipo de procesos siempre están expuestos a riesgos no calculados y a inopinadas tormentas. Con todo, a pesar de los errores, la dirección parece clara. Hoy a Casemiro lo sustituye el pivote de la selección subcampeona del mundo y a Modric y Kroos, dos de los centrocampistas con más proyección del fútbol mundial. De Benzema se ha puesto a hacer un chaval inglés que con 19 años se mueve como si fuera Di Stéfano y parece llevar lo madridista tan en la sangre que, se diría, encarna la esencia de todos los carismas que han ejercido el liderazgo moral del club en 120 años.
Ancelotti, mientras tanto, articula, en este inicio de temporada, una suerte de capellismo champán que ha puesto líder al equipo, con sólo dos goles encajados a pesar del baile de defensas y porteros y no muchos más a favor, sino los justos. Sin Benzema el Madrid necesitaba otro punto de apoyo para mover el mundo y Carletto lo está encontrando pues esa es la razón de que, desterrado de la primera línea de la élite mundial, alguien pensara en él cuando Zidane, en mayo de 2021, decidió volver a irse. En un panorama desolador, mientras que el fútbol pierde a chorros el simbolismo inherente a su naturaleza y sin que se diera cuenta ninguno de nuestros listos, tan atentos a las majaderías de nuestro tiempo, el Madrid tardoflorentinista lleva un lustro implementando una singular kulturkampf con la que está resignificándose a sí mismo con el objeto elemental, único, de que todo siga, claro, como siempre. Con él por encima de todos los demás.
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El cuarto día del quinto mes del año rozaba su fin. Haberlo aguardado con el fervoroso anhelo de una novia que en el altar accede a formar una eterna comunión con su amado me había abocado a la extenuación. Desde mi asiento aún era posible apreciar los últimos estertores de la claridad vespertina. Desvié por un momento mi vista del verde y la fijé, con gesto grave, en el cartel de Feygon que corona el número 144 de la Castellana. Recuerdo mi cabeza repetir para sí una y otra vez: "No muramos en la orilla", como si de una jaculatoria para espantar un mal se tratase. Lo cierto es que el temor se empezaba a apoderar de un cuerpo que, durante varias jornadas, había sido una secreción hormonal constante presidida por la adrenalina. Tal respuesta bioquímica me había inhibido el apetito, incluso el sueño y, con todo, me sentía un ente pletórico. Lo que generaba esa paradoja a nivel físico no era otra cosa que la ilusión de disponer de una nueva ocasión para aupar a un fiel y admirable compañero de vida hacia otra cita con la gloria. Y es que mi buen amigo, el Real Madrid, no podía dejar sin culminar su trepidante labor de conquista de aquella edición de la Copa de Europa. De ser así, la acción de la historia, que, fulminante, no atiende a méritos para determinar qué trasciende y qué no, acabaría, más pronto que tarde, erosionando la hazaña, hasta hacerla caer en los dominios del olvido colectivo. Sería como si La Niña, La Pinta y la Santamaría hubieran naufragado una vez divisada tierra firme.
La cuenta atrás de los últimos diez minutos del tiempo reglamentario con el marcador inmóvil en el 0-1 presagiaba un final propio de Chazelle en La La Land que, pese a haber sido de mi agrado en su día, cuando acudí al cine a ver el largometraje, no quería de ningún modo que quedara transpuesto en esta historia. El realismo, que quede para las películas, mientras que el idealismo, con sus finales felices, para la realidad. Así pues, el intento de digerir la idea de que un villano como el Manchester City cada segundo tuviese más probabilidades de impedir la reunión del Madrid con “la niña de sus ojos” me generaba un profundo rechazo. Sin embargo, por muy inconcebible que me hubiese resultado hasta poco antes, parecía que la ingente belleza epopéyica de la que había participado como espectadora en cada embestida iba a ser en vano, así que, en un acto de debilidad supina, me resigné a convencerme de tal aberración.
Mientras contemplaba el campo desde el tercer anfiteatro como encaramada a un abismo, en mi pecho, al igual que hacía una década en aquella semifinal contra el Bayern de Múnich, se batían la incredulidad, la amargura, así como la gratitud hacia esos once burladores del destino fatal de la derrota que tanto me habían hecho disfrutar. Pero, de pronto, creí decrecer unos centímetros y tener unas facciones más redondeadas. La equipación que llevaba puesta parecía, asimismo, algo distinta y más pequeña. El Bernabéu ya no era el Bernabéu, sino el Estádio da Luz retransmitido por la televisión del salón de su casa, y ahí, sentado a mi derecha, estaba él, ese que tuvo que esperar hasta la senectud para poder vivir su madridismo plenamente por no haber tenido hasta entonces allegado con quien compartir la pasión por un escudo. Su presencia me imponía y enternecía a partes iguales. Había pasado mucho tiempo. Entonces, desolada como aquella niña que, a escasos instantes del pitido final, veía cómo se escapaba su sueño de celebrar por primera vez el laurel de mayor prestigio junto a ese hombre que tan feliz le había hecho desde que tenía uso de razón, repetí una pregunta del pasado en busca de certezas: "—Abuelo, ¿tú todavía crees?"; y él, con su serenidad característica, replicó su sempiterna respuesta: "—Hija mía, el Madrid es lo más grande". Acto seguido, un vuelco del destino en forma gol desató la euforia.
Pensaba seguir fundida en el abrazo más intenso que jamás había dado —el que provocó aquel cabezazo de Ramos bajo el cielo lisboeta— cuando volví en mí. Tanto la estructura ósea de mi abuelo, como su terso rostro y cabello liso y cano se habían desvanecido repentinamente del cuerpo que todavía asía con fuerza. Instintivamente, clavé una mirada cargada de tintes de extrañeza y decepción en los ojos de aquel septuagenario desconocido y, a la vez, cómplice de tal júbilo, que resultó ser el ocupante de la localidad inmediatamente de debajo. La aparté al instante, en cuanto noté que se empañaba. No diré que desconociera el motivo de mi discreto llanto, ni que fuera sólo una forma de desahogar en aquel momento el compendio de emociones que había acumulado. En su lugar, seré sincera y admitiré que la lágrima que serpenteó por mi mejilla después del 1-1 de Rodrygo Goes en el minuto 90 de aquel partido se debía a un amor del ámbito terrenal desaparecido, pero que, a través del legado del Real Madrid, me acompañará eternamente.
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Estaba siendo un finde raro. No había jugado el Madrid y me faltaba la deliciosa ración de cosas mal hechas que sea sábado, domingo, incluso viernes hace este peculiar club. La última resultó especialmente enternecedora: Bellingham mete muchos goles, mal asunto. Lo escuché tras el partido con el Getafe.
Resulta intolerable para algunos que un futbolista que no es 9 decida los últimos partidos del equipo con remates en posición de 9 a lo Hugo Sánchez, Suker, Morientes, Ronaldo, Van Nistelrooy, esas gentes. Mal hecho.
Vamos, que si el goleador llega a ser un defensa situado en tal posición, Carvajal, por ejemplo, piden la anulación de sus dianas con carácter retroactivo. Lo correcto en Bellingham sería marcar desde el centro del campo, incluso más atrás si pensamos que lleva el 5. ¿Que fue de Zidane? Ya. Y de Goyo Benito que en gloria está. Pero ojo: si marcara desde 30, 50 metros, habría fallado el portero…
Otra cosa magnífica fue escuchar que el Bernabéu, cerrado, recuerda un pabellón lo mismo: cerrado. Pelo más grande, eso también. Otro error del Madrid: puede cerrar el estadio, pero cuando eso pasa, que lo cierra, no está abierto. Una estafa.
La última cosa mal hecha del Madrid resultó especialmente enternecedora: Bellingham mete muchos goles, mal asunto. Lo escuché tras el partido con el Getafe
En estas fue y dimitió Rubiales. Luego les comento. Antes apareció Van Gaal manifestando que el triunfo de Argentina en el Mundial fue ‘premeditado’ pues Messi debía ser campeón. Teoría que expuso antes Ibrahimovic, otro culé casualmente. Quizá influye en ellos que el expelirrojo Infantino, presidente de la FIFA, manifestara avant torneo que era una injusticia a reparar que el astro argentino no hubiera ganado la Copa del Mundo.
No sé. Me cuesta creer que pasen cosas raras en el fútbol y más a alto nivel. Diecisiete años pagando al número 2 de los árbitros no es nada, nos cuentan. Por poner un ejemplo, digo. Ibra, Van Gaal… Ya lo dijo el torero: hay gente p’a to.
Y en ese ambiente, en domingo por la noche, desde Inglaterra y ante un periodista local muy curioso, nos dimitió Rubiales. Porque sí, nos ha dimitido a todos. Ya nos contarán por qué y a cambio de qué. El asunto estaba cantado y se trataba de saber cuándo tiraría el hombre la toalla. Es como la 15 del Madrid: acabará cayendo. Y como Rubiales, más pronto que tarde.
El asunto me sugiere una pregunta sobre todas: ¿seremos capaces de dar con un ser normal y sentarlo en la presidencia de la Federación, existe el personaje?
Admitiría un extranjero, por supuesto. Incluso para el cargo de seleccionador, masculino y femenino. Este caso, el femenino, es el de mejor arreglo: se trata de poner a quien prefieran las jugadoras, será la mejor manera de evitar líos. Habrá otros, pero no este. Como si piden a Scariolo. Total, sin con un piernas ganamos el Mundial, con un bendecido, cinco seguidos.
Una federación no deja de ser una empresa de servicios, una cosa normalita que han convertido en un gigante que no existe. Empezando por el salario del presidente y elementos cercanos. Parece más complicado dirigir la RFEF que Inditex, Mercadona, la misma ACS. Se necesita un talento, una dedicación y un arrojo tan especiales que, en realidad, no hay dinero que lo pague. Y el fútbol lo genera, otra broma.
Desde Inglaterra y ante un periodista local muy curioso, nos dimitió Rubiales. Porque sí, nos ha dimitido a todos. Ya nos contarán por qué y a cambio de qué. El asunto estaba cantado y se trataba de saber cuándo tiraría el hombre la toalla. Es como la 15 del Madrid: acabará cayendo
También para las territoriales. Máquinas de regalar nóminas a gentes sin las cuatro letras en muchos de los casos. No hace tanto tiempo los presidentes de nuestro fútbol lo eran ‘gratis et amore’. Gente de cierto o gran prestigio en este deporte que dedicaba alguna de sus tardes a pasarse por la federación de su zona y organizar la cosa con cuatro empleados. Lo mismo pasaba en los demás deportes.
¿Existe eso, un paisano capaz de normalizar esta parte de nuestro fútbol? He citado ACS, Inditex, Mercadona. Florentino, don Amancio o Juan Roig dirigirían la cosa los miércoles. En el caso del primero si el Madrid no tiene partido de Champions. Un señor preparado en cosas de gestión dirige una federación con la gorra.
Ya les conté que esto me pareció un sainete desde el primer día. Y sigo. La última de Rubiales la contó su tío. El dimitido presidente maniobró hasta conseguir que Busquets no fuera sancionado y pudiera jugar un clásico. Ese partido. Contra el Madrid, fíjense. Rajó el hoy cerebro del Inter de Miami al estilo de lo que pocos días antes hizo el valencianista Gayá y le cascaron cuatro partidos. Rajó Busquets ¡de los árbitros! No se puede tener más arte.
De lo demás, Arabia y otras fruslerías les supongo enterados. De su silencio y maniobras para tapar lo de Negreira, por supuesto. Me pareció que Villar era imbatible: me equivoqué. Este lo ha superado. En domingo dimitió. Lo que les vengo diciendo. Su final empieza cuando le da un beso a una jugadora. No sabe en el mundo que vive. Ni en el día.
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Buenos días, amigos. Rubiales ha anunciado que se va, pero eso no significa que se haya resuelto ningún problema. Ha quedado apañada una cuestión superficial de higiene, si se quiere ver así, pero por dentro la inmundicia sigue.
“Se acabó”, reza la portada de As. Ojalá. Nada se acabó. Se puso fin, si acaso, al alipori nacional de un sujeto que no sabe comportarse sin hacer alarde público de su machismo y pésima educación, arruinando además un momento de máxima celebración nacional.
Pero el detritus sigue reinando en el subsuelo, fundamentalmente a través de la presencia de los epígonos corruptos de Negreira en el Comité Técnico de Árbitros, que Rubiales tuvo la oportunidad de fumigar durante su mandato, optando mejor por ponerse de perfil e incluso defender públicamente la honorabilidad de los miembros del CTA. Esta inacción, este proceder con la escoba para ocultar la basura bajo la alfombra, es un pecado de omisión ignominiosa que debió haberle costado el puesto mucho antes de que lo hiciera el machirulismo rancio del personaje. Pero aquí no pasó nada. Recordemos que Miquel Iceta, Ministro de Cultura Y DEPORTE, alegó no estar siguiendo “de cerca” el asunto Negreira, pese a tratarse del mayor escándalo en la historia del que aún es el deporte rey en nuestro país a despecho de su depauperado estado (el del deporte, no el del país, aunque no faltará quien extienda el concepto). La prisa que tuvo el ministro por activar todos los resortes necesarios para acorralar a Rubiales, justamente utilizados ahora, pudo ponerla en juego mucho antes.
Además de la vergonzosa falta de respuesta al BarçaGate, Rubiales protagonizó legendarios episodios de torpeza y/o corrupción a lo largo de su desatinado desempeño. Se cargó a Lopetegui en un arrebato que le costó a España el ridículo en el Mundial de Rusia, y enfangó el fútbol estableciendo un partnership con Piqué para organizar la Supercopa en Arabia, en un conflicto de intereses de manual.
Marca nos informa de la dimisión del sujeto retratando su inconsistencia (la del sujeto, no la de la dimisión, aunque a saber), poniéndola en contraste con sus promesas de aguantar en el cargo. Será una de las pocas veces en que habrá que celebrar que un cargo haya sido infiel a la palabra dada.
Y sí, hay que celebrar, pero sin perder un segundo más sin proceder a fumigar el CTA, y sin que la deposición (con perdón) del presidente de la RFEF deba en ningún caso interpretarse como un aval para su enemigo acérrimo, Javier Tebas, cuya presencia al frente de la Liga supone una desgracia para el balompié patrio de dimensiones (nos atrevemos a decir) superiores a la de Rubiales. Hay un principio filosófico aquí, tanto más vigente cuanto que se refiere al fútbol español: aplaudir el adiós de un sinvergüenza no apareja necesariamente dar la razón a su enconado rival. Tebas contribuye a la ruina de nuestro deporte favorito en mayor medida que Rubiales, habiendo como ha infectado las finanzas de los clubes, ya de por sí en la cuerda floja, con la usura ilegal de CVC, y habiéndose como se ha puesto en las manos de su socio Jaume Roures, proveedor del VAR, creador del relato futbolístico patrio y avalista/socio del FC Barcelona, en un conflicto de intereses tan grave como cualquiera de los que adornaban al de Motril.
Rubiales se va: buena noticia.
Tebas y Roures siguen: pésima noticia.
Los rotativos cataculés destacan igualmente la partida del dirigente del piquito. Sport destaca que el anuncio de la misma tuviera lugar en un medio inglés, concretamente ante el periodista Piers Morgan. La entrevista fue tan dantesca como cualquier otra aparición pública de Rubiales, con el agravante de añadir a su habitual mal uso del castellano el atropello a la lengua de Shakespeare. Se echó de menos la frase “I am from Motril”.
En otro orden de cosas, Sport anuncia ufano las presuntas rentas que deparará al Barça el nuevo Camp Nou, precisamente cuando diversas fuentes subrayan las dudas que los inversores en la obra están experimentando a raíz del recrudecimiento del asunto Negreira.
En fin, amigos. Que nuestra alegría por el fin del rubialato no obstruya la necesidad de avanzar en la purga. A ello tal vez ayude lo publicado hoy por El Debate. La Guardia Civil investiga el enriquecimiento súbito, sumamente intrigante, de varios colegiados en activo durante el negreirato, entre los que se cuentan popes del daño arbitral al Madrid como Hernández Hernández, Sánchez Martínez y el mismísimo jefe actual del VAR, el nefando Clos Gómez. Estas mismas informaciones de El Debate habían sido inicialmente despachadas por el resto de medios, en el sentido de que la investigación ni las contemplaba. El Debate tenía razón.
Aclaramos que no hace falta que se demuestre ese enriquecimiento ilegítimo para que el asunto Negreira sea juzgado con severidad. Una cosa es el envilecimiento sistémico del arbitraje a través de los pagos del Barça a Negreira, ya acreditado con las facturas correspondientes y el testimonio del sujeto ante la Hacienda Pública, y otra que, además, para abundar en la corrupción reinante, ese envilecimiento se complementara con el aumento de los activos de algunos colegiados en concreto. Una cosa no es necesaria para probar la otra.
Pasad un buen día.
https://twitter.com/eldebate_com/status/1701120896704856104?s=20
Buenos días, queridos lectores. No sabemos si ustedes coinciden con Scorsese en estar algo hastiados del cine de superhéroes, no tanto por ser de superhéroes, sino más bien por parecerse poco al cine, o aun peor, por invitar a la confusión -por vía del exceso de estrenos, de digitalización y de promoción- de reducir el cine a un fenómeno de constantes fuegos artificiales como el que ofrece, como ejemplo paradigmático, la gallina de los huevos de oro que podríamos resumir como el universo Marvel.
No es objeto de este portanálisis abundar en este asunto, pero de héroes va la cosa hoy en nuestras portadas, que tal vez, como pasa con el cine según el maestro Scorsese, hayan dejado de ofrecer lo que solía llamarse periodismo para vender no sabemos bien qué parecido también a los fuegos de artificio, sin duda espectaculares hasta que el cuello y los oídos empiezan a doler de tanto mirar hacia arriba y de tanto estruendo sin mayor sentido que el estruendo mismo.
Cuatro son los héroes del día y cuatro son las portadas, como cuatro era precisamente los Cuatro Fantásticos, uno de ellos de piedra, más o menos como podría tener la cara -si no de cemento armado- el héroe que nos presenta Marca en entrevista exclusiva. Su nombre mundano es simplemente Javier Tebas, trasunto acaso de Clark Kent, quien hacía el papelón de no enterarse de nada cuando en realidad el Superman que habitaba en él iba por delante del resto en conocimiento y habilidad.
Está Clark Tebas (o Javier Kent) en una cosa llamada Thinking Football Summit, y perdonen ustedes que nos cueste ubicarle en algo que tenga que ver con el thinking, aunque más nos cueste verle en algo que tenga que ver con la renovación del fútbol español y con la toma de decisiones incómodas cuando más bien parece el insospechado héroe bien apoltronado en las decisiones más cómodas del mundo, esas que Lampedusa supo resumir con aquello de que todo cambie para que nada cambie, y mucho menos la situación de privilegio del héroe en cuestión.
"El caso Negreira -dice el superhombre- se podía haber evitado", pero resulta que no se evitó, que se llevó a cabo, que se perpetró, al parecer con el beneplácito de no pocos a priori y con la mirada para otro lado de muchos más a posteriori. Será ese el poder de este héroe: ese tan viejo de "ande yo caliente, ríase la gente", o ese otro de soltar por la boca en la portada de hoy todo aquello que los propios actos niegan.
Rivaliza el héroe reseñado con el que ofrece la portada de Sport en sus bajos, si bien ya apunta maneras el delantero brasileño que ocupa casi toda la primera plana: Vitor Roque para los humanos, killer sub-20 para los avezados culés, tan propensos ellos a la creación de héroes de barro, de proyectos de héroes y hasta de héroes más estrellados que estelares.
Sin embargo, pese a que el tamaño de la información (?) no esté equilibrado, vayamos a la gema casi oculta que, sobre fondo rojo, ofrece Sport por vía de Enric Masip, antaño notable jugador de balonmano y ahora no solo miembro de la Secretaría Técnica del Barcelona, sino sobre todo figura audaz capaz de ver lo que los hombres y mujeres normales no vemos, como es prescriptivo en todo relato de superhéroes. Dice Masip, acaso hechicero o sacerdote o mago o brujo, que "en Estados Unidos Joan Laporta sería un héroe", y no sabemos si quiere esconder esa frase estelar una crítica a la putrefacción moral de los Estados Unidos o si es justo todo lo contrario y quiere decir lo que dice. Caso de tratarse de esta segunda posibilidad, entendemos que la embajada estadounidense habrá llamado a consultas a su equipo diplomático para elevar algún tipo de queja y así evitar que semejante declaración pueda desprestigiar la imagen del país.
Es cierto, Enric, que Estados Unidos es el país del Watergate, pero esa lectura es tan parcial como parece serlo la normativa que (no) se aplica al Barcelona de las palancas, las ventas y reventas de activos, los avales y la madre superiora. Además, por si esto fuera poco argumento, no sabemos cómo se tomará el bueno de Jan eso de atribuirle heroicidad tan lejos de sus fronteras, aunque solo sea porque el més que un club pide a gritos servir sobre todo de iglesia local, no vaya a ser que tengamos que vender la sacristía para inscribir al citado Vitor Roque.
El último héroe del día ya fue convenientemente reseñado en el portanálisis de ayer, así que bien poco podremos añadir hoy. No se nos puede escapar, sin embargo, el hecho de que As lo compare ya con Messi y que Mundo Deportivo diga que Neymar -otro héroe caído- supera a Pelé. Ya lo ven: fuegos artificiales y estruendo, barraca de feria, dolor de cabeza, de oídos y de cuello, esta vez provocados por el hermanamiento entre la meseta y ese país pequeñito de arriba a la derecha por obra y gracia de Lamine Yamal, el héroe en ciernes de la actual parroquia culé, que se sigue pareciendo mucho a la no actual parroquia culé, toda ella encantada de saberse heroica, de venderse heroica, de alquilarse heroica, de apalancarse heroica... Nos lo quitan de las manos, señora.
El Madrid F.C. conquistó su primera Liga en la temporada 1931-1932. Tras el parón, los jugadores volvieron a los entrenamientos con normalidad y con un nuevo técnico al frente, el inglés Robert Firth. En materia de fichajes, el club se movió en los despachos firmando a Pedro Regueiro, Valle, Ordóñez y Gómez, entre otros.
El equipo blanco realizó una gira por Canarias que duró un mes entre julio y agosto y luego descansó veinte días antes de iniciar la pretemporada del curso 1932-1933. El cuadro merengue tenía varios duelos concertados, entre ellos dos contra el Betis en las fiestas de Ayamonte (Huelva) los días 9 y 11 de septiembre.
Todo se desarrollaba con tranquilidad en el día a día madridista hasta que saltó la noticia en los periódicos nacionales y madrileños los días 8 y 9 de septiembre. "Quincoces y Ciriaco se niegan a firmar por el Madrid F.C." o "Ciriaco y Quincoces no quieren firmar la ficha", fueron algunos de los titulares.
La noticia era sorprendente y causó gran revuelo e inquietud en la afición. Los dos jugadores que al fichar en 1931 lo hicieron por cuatro campañas, tenían tres temporadas más de contrato y eran las fichas correspondientes a esa campaña y que se depositaban en la Federación Castellana de Fútbol las que no querían firmar.
La razón esgrimida por la célebre pareja de defensas es que reclamaban una prima especial de 5.000 leandras (pesetas) por estampar su rúbrica. La posición de los dos jugadores vascos venía de un tiempo atrás, cuando el Madrid firmó una mejora a Gaspar Rubio. Y es que en el pensamiento de Ciriaco y Quincoces sus méritos deportivos habían sido superiores a los de ‘El rey del astrágalo’. La postura del club es que no querían tratar nada que no fuesen las condiciones corrientes. “Firmen ustedes y cuando hayan firmado, ya veremos”, recogió el diario La Voz que comentaron miembros de la directiva a los jugadores.
La gerencia blanca tenía pensado, antes de todo este embrollo, conceder un premio en metálico a Ciriaco y Quincoces por su excelente labor la temporada previa, que fue clave para lograr el título de Liga. Sin embargo, ese premio se acababa de esfumar porque entregarlo en ese momento sería acceder al chantaje, según algunos directivos. Además, sería sentar un precedente volviendo a los peores tiempos del amateurismo marrón (profesionalismo encubierto) y se correría el peligro de que, tras ellos dos, siguieran los demás jugadores con el mismo espíritu pedigüeño.
El Madrid F.C. envió una carta a la Federación Castellana de Fútbol confirmando que los dos jugadores se negaban a firmar las fichas, declarándoles en rebeldía y avisando de que ejercería el uso de sus derechos federativos y de retención sobre los backs. El diario El Sol publicó que la situación entre futbolistas y club estaba “enconada” y que los defensas “no andaban muy propicios a la transigencia”. Ambos no estuvieron en la lista de Mr. Firth para viajar a Ayamonte y se perdieron los dos encuentros con el Betis en los que se improvisó una zaga con Quesada, Bonet y Gómez, estos dos últimos medios de posición natural. El artículo de El Sol finalizaba diciendo que “todavía se confía en una gestión oportuna que zanje todas las diferencias”.
Así fue y unos días después El Heraldo de Madrid explicaba que Ciriaco y Quincoces capitulaban sin condiciones. La Federación Castellana llamó a los dos jugadores la noche del día 9 para que se pasaran por sus instalaciones. Allí el dúo defensivo firmó sin dificultad alguna en presencia del secretario federativo, el señor Luis Álvarez. Durante la tarde habían arreglado sus diferencias con el club blanco sin recibir nada de la prima requerida y depusieron la actitud en la que se hallaban.
La gran dupla defensiva se reincorporó a la disciplina del equipo con celeridad y ya disputaron en el once inicial el siguiente encuentro de la pretemporada contra el Hércules en la inauguración del estadio de El Bardín, en Alicante.
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Ha empezado la Copa del Mundo de rugby, que se celebra, como la de fútbol, cada cuatro años. Esta vez se va a celebrar en Francia, y la inauguración tuvo lugar en el Stade de France de Saint-Denis, de recuerdos a la vez gloriosos y amargos para miles de madridistas que sufrieron -sufrimos- la pésima organización de la final de la Liga de Campeones de 2022.
Este acontecimiento, pese a que en España no levanta demasiada expectación (el rugby en España ha sido siempre amateur y ha estado muy acotado al jugarse a nivel universitario, en colegios mayores y poco más), es uno de los más seguidos a nivel planetario, solo quizás tras el Mundial de fútbol, la final de la Copa de Europa, los Juegos Olímpicos y algún evento puntual, como la final de la SuperBowl, las rondas decisivas de la NBA, Wimbledon, las etapas de montaña del Tour de Francia y algún Gran Premio de F1, como el de Mónaco.
Y es que el rugby mueve pasiones y auténticas masas de aficionados, sobre todo en Gran Bretaña e Irlanda (recordemos que es el único deporte en el que la República de Irlanda y la de Irlanda del Norte juegan bajo una sola bandera, un único escudo y un mismo himno), las antiguas colonias del Imperio Británico (Australia, Nueva Zelanda, países de Oceanía, como Tonga, Fiyi o Samoa, Sudáfrica, Namibia), más algunos países de Europa Occidental, encabezados por Francia e Italia y algunos países sudamericanos, en especial, Argentina.
Prácticamente, las 20 naciones que participan en la Copa del Mundo son siempre las mismas, con alguna incorporación, como este año Portugal, que se ganó su clasificación en una última fase de repesca europea. España, que solo participó en el Mundial de 1999, fue descalificada de forma bochornosa por una serie de alineaciones indebidas que denunció su rival, Rumanía, que finalmente obtuvo su billete para Francia. Y es que la Federación Española de Rugby es un pozo de desorganización y de malas prácticas que no tienen apenas nada que envidiar a su homóloga de fútbol.
El ámbito de países poderosos en rugby, como se ve, es muy limitado, apenas una treintena en todo el globo, pero la audiencia televisiva es millonaria, las entradas están agotadas desde hace meses y el índice de fidelidad a los colores es elevadísimo. No es ningún secreto, por ejemplo, lo que supone para Gales o para Irlanda poder derrotar a la selección de Inglaterra. Escocia, por ejemplo, tiene como lema el siguiente: “Ganar a Francia es un honor, pero ganar a Inglaterra es un deber”.
Para quien les escribe, amante absoluto del fútbol (bueno, exactamente sería más correcto decir amante absoluto del Real Madrid), el deporte que estéticamente más le gusta es el rugby, quizás por haberlo practicado de muy niño en el Liceo Francés de Madrid (que tiene un precioso estadio de rugby, no así de fútbol).
Es un tópico decir que es un deporte noble, pero lo cierto es que es la pura realidad. Por supuesto que también juegan “ovejas negras” con malas intenciones, pero son infinitamente menos numerosas que en el balompié. Fingir, hacer teatro, las diversas tretas para perder tiempo, todo ello está muy mal visto por los propios compañeros de equipo, por los rivales y, por supuesto, por los árbitros. Hay que destacar, por cierto, el absoluto respeto que hay en este deporte hacia la figura arbitral, que gana su autoridad desde antes incluso del pitido inicial de cada partido. Es impensable ver escenas clásicas en el fútbol en las que los miembros de un equipo rodean al colegiado cuando se ven perjudicados por una de sus decisiones.
Por no hablar de la transparencia que se vive en el rugby en todas y cada una de las decisiones arbitrales. El árbitro no tiene ningún reparo en explicar exactamente a los jugadores lo que ha pitado en cada jugada y, en las grandes competiciones como la Copa del Mundo o el 6 Naciones, lo explica detalladamente por medio de un micrófono a todo el público asistente y a los telespectadores, apoyándose en unas imágenes de vídeo transparentes y públicas - sin ocultaciones o manipulaciones, tipo Óscar Lago - que se muestran por los vídeo-marcadores.
Es conocido el dicho “el fútbol es un deporte de caballeros que se juega por villanos, mientras que el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”
Exactamente lo contrario que pasa en España en el fútbol, con conversaciones entre árbitro de campo y sala VOR siempre censuradas o simplemente ocultas, que obviamente dan para pensar muy mal. Ya se sabe que en otros países ya se escuchan públicamente estas conversaciones: con el CTA de Medina Cantalejo y su acólito Clos Gómez, el oscurantismo más deplorable es el rey de la desinformación y de la manipulación.
Es conocido el dicho “el fútbol es un deporte de caballeros que se juega por villanos, mientras que el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”. Y tiene mucho de verdad. En las “melés” se cometen faltas de todo tipo, incluyendo mordiscos, puñetazos, arañazos o cabezazos capaces de derribar a un buey. Pero pocas veces se fingen faltas, menos todavía lesiones, y la mala fe procura ser desterrada por la autoridad arbitral. Nunca se permitiría, por ejemplo, aquella lamentable imagen de Busquets haciéndose el agredido por Motta en semifinales de Champions contra el Inter de Mourinho (que le costó jugar al Inter una hora en inferioridad numérica), o una fechoría como el falso penalti (el célebre penalba) a Jordi Alba en un Barça-Éibar, que le pudo costar una liga al Madrid en 2017. Dichas acciones se hubieran revisado, rectificado y muy posiblemente habría caído una sanción ejemplar para los teatreros de turno.
El rugby es un deporte que desde hace unos pocos años se juega a reloj parado, no tan estricto como el baloncesto, con lo que los 40 minutos se convierten, entre lesiones o discusiones arbitrales, en 50 minutos de duración por cada tiempo. Son inconcebibles las pérdidas de tiempo que tanto daño hacen al fútbol, ya que en dichos hipotéticos casos se pararía el reloj, así de sencillo.
Es bueno recordar que el Real Madrid llegó a tener, entre sus secciones deportivas, una de rugby, que tuvo bastante éxito en los años 20 y 30 del siglo pasado, con consecución de algunos campeonatos (una Copa de España en 1934, por ejemplo), hasta que desapareció en 1948. Hubo un intento de resucitar el rugby madridista en 2007, con un acuerdo de colaboración con un gran equipo de la época, el CRC Pozuelo, aunque al final se desestimó proseguir dicha aventura, ya que, como hemos dicho, el rugby no es rentable en España ni tiene suficiente mercado.
Hay tres claros favoritos en este Mundial: el anfitrión, Francia, varias veces subcampeón del mundo que aún no ha tocado la gloria, Sudáfrica (3 mundiales: 1995, 2007 y 2019) e Irlanda, reciente ganador del último 6 Naciones. Hay que añadir a este terceto siempre a Nueva Zelanda, aunque en los últimos tests premundialistas han demostrado una inusitada fragilidad defensiva. Dos selecciones habitualmente muy potentes, Australia (1991 y 1999) e Inglaterra (único equipo del hemisferio norte ganador de un Mundial, en 2003), están en horas bajas, aunque habrá que tener un ojo en su trayectoria mundialista. El equipo outsider puede ser Escocia, que juega un excelente juego ofensivo, y seguro que Argentina (los célebres Pumas), Tonga y Japón serán naciones duras de roer.
No pudo empezar mejor, con un estadio abarrotado cantando a capella la Marsellesa, frente a toda una tricampeona del mundo (1987, 2011 y 2015), los All Blacks de Nueva Zelanda, que nos regalaron una impresionante haka maorí para tratar de amedrentar al XV del Gallo.
El partido no defraudó, con emoción a raudales y mucha igualdad. Francia, con muchos nervios, quizás por la pompa de la inauguración, estaba siendo dominada por los Kiwis hasta bien entrada la segunda mitad y no empezó a jugar a la mano, la tradicional especialidad del rugby champagne galo. El dominio francés fue evidente durante la última media hora, y de un 9-13 desfavorable (con dos ensayos de los All Blacks por medio de su fabuloso ala izquierdo Telea), se pasó a un 27-13 final, con 2 ensayos locales y una extraordinaria actuación del zaguero Thomas Ramos, que pateó magníficamente 5 golpes de castigo y transformó un ensayo, marcando un total de 17 de los 27 puntos de su selección.
Si tienen ocasión, disfruten de algún partido de esta Copa del Mundo. Podrán apreciar un deporte de enormes valores, noble, solidario y de entrega total, arbitrado con luz y taquígrafos (¿Se imaginan a ustedes a Hernández Hernández explicando sus erróneas decisiones? Quizás se lo pensaría dos veces y acertaría más a menudo, sobre todo pitando al Real Madrid), duro muy a menudo, pero sin malas intenciones casi siempre.
Y después de un partido, ya saben, a disfrutar de otro clásico del rugby: el tercer tiempo. Camaradería y deportividad, sin malos gestos.
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