Y es que así le salió de su alma neo-madridista a la amiga polaca con la que comentaba el partido de Vigo. Me pareció -a mí, que lo único que se me viene a la cabeza cuando me represento la palabra “Bellingham” es un monóculo- un gran, por más que fortuito, avance sobre los ya algo sobados “Hey, Jude” o, en la misma línea beatliana, “All you need is Jude”. Y es por ello que quería yo compartirlo con la comunidad galernauta en este día de verano.
En cualquier caso, sirva bien el ejemplo de Jude Bellingham y esa combinación suya de nombre y apellido de resonancias áulicas para pararnos a pensar, siquiera un minutito, en la importancia de la onomástica en el mundo del fútbol. Y qué mejor para ello que cruzarnos momentáneamente de acera y comparar el uso que el Real Madrid y el madridismo hacen del apellido para referirse a sus héroes, con el abuso que del diminutivo o el apócope perpetra la culerada. ¿Pues cómo no hablar sino de abuso cuando se recorta un “Gaviria”, patronímico sin duda muy españolamente bello, para dejarlo en el infantil y archicursi “Gavi”? ¿O qué decir de los infames “Busquets>Busi”, “Gerard>Geri”, Ronaldinho>Roni o “Neymar>Ney”, por citar solo algunos? ¿Alguien se imagina unos “Belli”, "Thibi", "Tchouami" o “Benzi”? Sólo de teclearlos ya me han entrado retortijones similares a los de Jan una mañana cualquiera después de una noche cualquiera, como para tener que articularlos y provocarme un herpes.
Excepción a la regla anterior, seamos justos, sería la de “Vini”, si bien se suele reservar esta versión bisílaba a los coros extáticos del Bernabéu en tardesnoches de Champions y a oraciones copulativas -con perdón- en contexto amical del tipo “Bua, tú, Vini es la…”, siendo el atributo -de nuevo, perdón- la hembra del pollo o, en ocasiones, la oblea consagrada.
En ese sentido, es de trascendencia en estos tiempos líquidos y desnortados, de argumento irracional y facilón, donde el yo sepulta inmisericorde al tú, al él, al nosotros, al vosotros, al ellos, y, más que a ningún otro, al usted/ustedes, resulta capital, digo, mantener como ancla en la tormenta el uso del apellido o, en su defecto, el nombre completo, no ya para dirigirnos a, pues la inmensa mayoría de nosotros jamás tendremos esa oportunidad, sino para pensar en o fantasear con nuestros ídolos de blanco. Tampoco es que los nuestros no hayan sucumbido alguna vez a la peor de las tentaciones (¿cómo olvidar aquel atroz “presi” de Sergio Ramos?), pero lo cierto es que, por alguna razón quiero pensar que consciente, el madridismo parece cultivar una mayor reverencia a esta hermosa y necesaria tradición que otras aficiones rivales, y con ello, el madridista respeta y, sobre todo, se respeta.
Cuando el Manchester City ganó la última Champions League me asaltó una duda. ¿Se conformarían los de Pep y su jeque con la obtención del ansiado título, o seguirían apostando por reventar los mercados para instaurar una hegemonía que perdurase en el tiempo a la manera de otros clubes históricos europeos?
La respuesta a mi duda ha llegado a lo largo de este verano y, la verdad, no la había visto venir. Parece que ganar la Copa de Europa les ha resultado más difícil de lo que pensaban. Quizá han visto que carece de sentido continuar invirtiendo en un club (o varios) que para ganar tiene que jugar contra otros y, por tanto, corre el riesgo de no ganar. Es decir, ¿por qué poner a competir al City o al PSG, aunque sean dopados de presupuesto, si pueden hacer que todas las estrellas que hoy conforman el fútbol mundial jueguen en los equipos de su propia liga?
Insisto, no lo vi venir. Quizá ellos tampoco cuando ficharon a Cristiano Ronaldo. Parecía un destino exótico más en el que “CR7” pasaría un par de años mientras le cubrían de oro y los jeques disfrutaban de sus goles. Sin embargo, el ver a tantos niños llevando la camiseta de Al- Nassr, tanto en Oriente como en Occidente, quizá les hizo darse de cuenta de que tenían en sus manos una gran oportunidad. ¿Por qué no montar su propia liga con todas las estrellas, cuyas camisetas están deseando llevar todos los niños del mundo entero? Es la manera perfecta de lograr lo que siempre han buscado; blanquear, gracias al fútbol, unos regímenes políticos absolutistas e intolerantes con aquello que no se ajusta a sus arcaicos principios. Si un niño lleva la camiseta de los equipos de la liga árabe (de Arabia Saudí o de donde sea) terminará por identificar a ese país como un aliado. Un lugar cercano y amigable en el que los futbolistas dan espectáculo todas las semanas y en el que, por tanto, sería agradable vivir.
Ya no hablamos de clubes estado. Hablamos de ligas estado. No es de extrañar que a gente coherente del fútbol, como lo es Toni Kroos, le avergüence ver como ya no son sólo los jugadores en el ocaso de su carrera los que se van a Arabia. También han puesto el punto de mira en los jóvenes valores que son, nada menos, que el futuro de las competiciones europeas tal y como las conocíamos hasta ahora. Jamás pensé que lo diría, pero a día de hoy me hace más ilusión ver a niños con la camiseta de Messi y su Inter de Miami que las amarillas y azules del gran Cristiano con el Al-Nassr.
¿Por qué no montar su propia liga con todas las estrellas, cuyas camisetas están deseando llevar todos los niños del mundo entero? Es la manera perfecta de lograr lo que siempre han buscado; blanquear, gracias al fútbol, unos regímenes políticos absolutistas e intolerantes con aquello que no se ajusta a sus arcaicos principios
Las perspectivas son desoladoras, si bien, hay un atisbo de esperanza. Y, cómo no, ese rayo de luz se llama Real Madrid. La realidad es que esta nueva liga árabe ofrece mucho dinero. Porque solo pueden ofrecer eso, dinero. Nada más que dinero. Sin embargo, hay casos de jugadores que buscan algo más. Buscan hacer historia, buscan cumplir un sueño. Buscan, en definitiva (además de, lícitamente, ganar mucho dinero), alcanzar la felicidad jugando al fútbol. Quizá suene utópico, pero los ejemplos recientes de jóvenes figuras como Bellingham, Arda Güler, Rodrygo o el propio Modric, que son capaces de renunciar a mejores ofertas por formar parte del Club de sus amores, hacen pensar que aún es posible competir contra los nuevos modelos de clubes sustentados por gobiernos cuestionables.
Además, y esto es importante, este hecho convierte al Real Madrid en el club más rico en lo que a lo intangible se refiere. Nadie pude ofrecer más historia, presente y futuro. Nadie puede competir con el Real Madrid a la hora de seducir jugadores que no sólo buscan dinero. Esto es un gran poder que conlleva una gran responsabilidad, como si de un superhéroe se tratara. Y le obliga a emprender una cruzada nada fácil pero que representa a muchos equipos.
Será una lucha larga y por momentos frustrante, pero si alguien puede ganarla es el Real Madrid. Me alegro de que dependa de ellos.
Buenos días, queridos amigos, amigas, gente de bien.
Qué pena, qué bochorno, qué lamentable, qué vergüenza todo. El mayor éxito del fútbol femenino español en su historia, las proezas de nuestros atletas en Budapest, la tercera victoria consecutiva fuera de casa del Real Madrid, el inicio de la defensa del título mundial de baloncesto de los hombres de Scariolo, el arranque de una Vuelta a España plagada de figuras, todas esas grandes noticias del deporte (también la inscripción de Marcos Alonso en el Barça sin que haya entrado un euro del fondo chipriota de Narnia)… todo queda a un lado opacado por la figura casposa y torrentiana de Luis Rubiales, más conocido en ciertos lares por Rubi.
Nos incomoda la jeta del Rubi en portada, no vamos a mentir. Jeta en la acepción cuarta de la RAE, cara humana. Que nadie interprete que lo hacemos en la primera, “por tener los labios muy abultados”, ni mucho menos en la segunda, “hocico del cerdo”, o que cada uno lo interprete como quiera, que es a lo que se dedica la mayoría en estos tiempos actuales de la inmediatez y las redes sociales.
Nos incomoda el Rubi en portada porque lleva años mostrando una jeta (acepción quinta de la RAE, desfachatez) indigna del cargo que ostenta. Por el comportamiento “torrentiano” de ahora y por lo que lleva años haciendo desde su cargo, como acordar comisiones con Geri o los chanchullos que lo han llevado ante la justicia ordinaria. O precisamente por lo que no ha hecho, como mirar hacia otro lado en el caso Barça-Negreira o con Medina Cantalejos, uno de sus más fieles palmeros en el esperpento de ayer. La RAE propone en su acepción octava “caradura”, y nos parece adecuado el ejemplo ofrecido: “eres un jeta”. Y ayer había congregado más de uno y de dos al que aplicar dicha acepción.
La performance cutre propia de otra época que se dio ayer en Las Rozas desplaza a un lugar menor de la portada la victoria de los nuestros en Vigo. “Bellingham es un ciclón”, como bien indica el titular. Conviene olvidar por un rato el lodazal en que se han convertido desde hace décadas las instituciones deportivas españolas y recrearse con la fenomenal crónica de Andrés Torres, quien sin embargo no pudo omitir la referencia subliminal al Rubi: 0-1, El que no dimite es Bellingham.
Rubi vs. Jude. Jeta vs. clase.
Fue un partido complicado para el Real Madrid en Balaídos, con el debut de Kepa bajo palos, la lesión de Vinícius Jr. y un Celta correoso que complicó bastante el encuentro. Como debe ser. Aquí nos gusta hablar de fútbol, del afán de superación del deporte, y no de todos esos personajes que por desgracia pueblan nuestro balompié. Podéis encontrar la valoración de los nuestros en las Notas de Andrés, en las que destaca ese centro del campo poderoso formado por Camavinga y Tchouameni.
Pues sí, “Bochorno mundial”, ilustrado por la imagen de un paseíllo que provoca sonrojo. Qué jeta tan sonriente muestra el Rubi mientras es aplaudido por tantos a los que con jeta y prebendas regó de favores. Y de nuevo vemos en la parte superior lo que nos interesa: “Bellingham puede con todo”. Y por desgracia no ha sido capaz de imponerse a Rubi en cuanto a peso en las primeras planas del día. Démosle un tres o cuatro jornadas más y media docena de goles y actuaciones imperiales para que, efectivamente, pueda con todo.
Se ha intentado buscar polémica con el gol anulado al Celta (bien anulado, por cierto), y el Marca, tan madridista ellos, sigue a lo suyo:
Otra vez con lo de agarrar y no sujetar, como en el penalti de hace un par de años sobre Marcelo en Getafe. Asa, pero no prende. Coge, pero no atrapa. Lo toma, pero no lo pilla del todo. Otro Negreira boy en los medios, váyanse a esparragar. Podéis chequear la valoración de Alberto Cosín sobre la actuación de Díaz de Mera y Jaime Latre, siempre más moderado que los hooligans del As y el Marca.
Ni siquiera la prensa cataculé menciona la polémica que algunos intentarán montar ahora con esta jugada, repetimos, bien arbitrada, y se centra de nuevo en el beso, Rubi y su fulminante cese, que se producirá en unos días.
No queremos opinar mucho más. Llevamos años clamando contra la figura de Rubi y ahora por fin parece que va a salir de la escena. Nos alegramos. A ver si ahora podemos hablar de deporte de nuevo, de la gente de bien, del Real Madrid. Puede que Rubiales no dimita, pero le van a dimitir y, en cualquier caso, nosotros dimitimos de Rubiales.
Que paséis un buen día.
Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos del Comité castellano-manchego. En el VAR estuvo Jaime Latre.
Empezó el partido con polémica al marcar Larsen un tanto para los locales en el 2', pero tras un agarrón previo sobre Kepa. Jaime Latre llamó a su colega y Díaz de Mera fue al VAR para comprobar como el noruego efectivamente sujeta la camiseta del portero durante varios segundos. Ocho minutos después hubo una caída de Rodrygo en el área que no fue suficiente para señalar la pena máxima porque el contacto de Núñez con el brasileño es ligero. La primera mitad concluyó con un gol anulado a Joselu en el 42' que se hallaba en fuera de juego por varios metros.
En la segunda parte también hubo tela que cortar sobre todo con el penalti a favor del Real Madrid en el 67'. Iván Villar roza el balón y luego barre claramente a Rodrygo. Penalti bastante claro porque de una vez por todas hay que dejar cristalino que tocar el balón no invalida una falta. Acertado Díaz de Mera. En esa acción sacó amarilla a Aspas por protestar y en los últimos minutos volvió a desenfundar en varias ocasiones. Al Real Madrid en tres oportunidades. Una a Kroos por pisar a Aspas, otra a Rüdiger por falta similar al gallego y una última a Nacho por parar un avance de Tapia. Mientras que para el Celta fue al peruano Tapia tras zancadilla a Carvajal. El colegiado de Daimiel se dejó dos en el tintero: la primera a Carvajal por una patada tardía del lateral a Beltrán y la segunda a Núñez por juego peligroso ante Joselu.
Diaz de Mera, BIEN. En líneas generales estuvo bastante correcto.
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Arrizabalaga (6)
Seguro. Protestó con autoridad la falta que recibió en el gol tempranero anulado al Celta. Poco trabajo.
Fran García (5)
Sin problemas en defensa. Sin presencia en ataque.
Alaba (7)
Oficio atrás, criterio y limpieza en la salida de balón.
Rüdiger (7)
Ni se complica ni falta que le hace. Por el momento no nos acordamos de Militao.
Carvajal (6)
Algo más entonado que el otro lateral, pero sin alardes.
Tchouaméni (7,5)
Está en forma. Imponente como ancla.
Camavinga (7,5)
It´s here, it´s there, it´s fucking everywhere.
Valverde (6)
Generoso en el esfuerzo pero sin posibilidad de desplegar su zancada.
Bellingham (7)
Era su partido más gris como madridista… hasta que apareció para marcar el gol de la victoria.
Vinicius Jr. (-)
Dio 10 minutos frenéticos… y tristemente se rompió. Fuerza, Vini. Que no sea nada.
Rodrygo (5)
Recordó al Vini obtuso de antaño. Gafe desde de los 11 metros.
Joselu (6)
Inoperante, desasistido y aislado hasta que cazó un balón aéreo para brindarnos un de sus especialidades en el gol de Jude.
Kroos (6)
No desentonó, pero tampoco mejoró la circulación de balón del equipo.
Modric (6)
Algún destello de figura mundial, pero eso, destello.
Nacho (-)
Ancelotti (4)
Cambios raros. Joselu se parece a Vini como un huevo a una castaña. Sustituyó a Tchouaméni y Camavinga, a juicio de este cronista los mejores del partido.
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Más allá de que los días que tú juegas son todo lo que soy, el bochorno mañanero de Rubi y los palmeros de sus secuaces al menos nos ahorró la irrupción estival de un clásico de estas latitudes, el acalde de uralita, Abel Caballero. Allí, en las tierras de Dino Seto, nos recibía el Celta de Vigo —la ciudad no Mortensen— en el año de su centenario, efeméride que aplaude el movimiento galernauta pero que tristemente, por el momento, nos ha dejado como noticia la venta de la gran promesa celeste, Gabri Veiga, al Al-Pargata saudí de turno. Ya lo dijo Kroos: embarrasing; aunque no tanto como el salidorro pelón que tenemos al mando de la selección.
Eso sí que es embarrasing.
Tras tanto sobresalto matutino cabría esperar que lo de terra galega comenzara con susto. Apenas dos minutos llevaba Arrizabalaga bajo el larguero merengue cuando un disparo desde la frontal tras un saque de esquina fue desviado por el tallo nórdico Larsen para anotar el primero del Celta. VAR mediante, el árbitro comprobó que el propio Larsen, una suerte de Haaland de Lácteos Larsa, había exprimido la elasticidad de la camiseta de Kepa como si de Red Richards en el neoyorquino Edificio Baxter se tratara. Protestó el de Ondarroa y el gol fue anulado justamente por falta al arquero.
Sensación rara en el madridismo. No estamos acostumbrados por mucho que el comentarista Brad Pitt De Lucas pataleara con meridiana claridad en antena.
Poco después Goes quiso completar la fiesta arbitral con un infame piscinazo con el que no picó el trencilla. Rodrygo pudo ver la amarilla. Mientras tanto, en unos primeros diez minutos frenéticos, Vinicius desarboló a su par —y a quien pasara por allí— con maestría. Incluso lideró un contraataque con caño de dos metros incluido —nuevo en su repertorio— que malogró su compatriota brasileiro. Eso no fue lo malo. Ahí se rompió Vini. Podríamos pensar que entre chicle y chicle Carletto apostaría por el momento de Brahim, pero se inclinó por Joselu.
Como un huevo a una castaña.
El frenesí inicial dio paso un periodo de tanteo que poco a poco el Madrid fue convirtiendo en tormento celeste, volcando el campo merced al eléctrico dinamismo de sus centrocampistas, coronados por endiablados caracoleos de Goes. Enfrente, Rafa The Man, el hombre que susurraba a los exteriores balcánicos, diseñó una medular de hormigón. Cementos Benítez. Sin grandes ocasiones blancas al descanso.
Bellingham: cuatro goles en sus tres primeros partidos oficiales a ritmo cristianesco para hacer el 0-1 victorioso en Balaídos
Los locales sí asustaron con una aproximación de Bamba, convertido en Black Mamba, cuyo recorte en el área hizo a Carvajal tomar la A-6 dirección Sanxenxo. Para sumar nueve de nueve en la Liga de Tebas y Rubi el Madrid necesitaba algo más a su regreso de los vestuarios. Fiel a su estilo, y sin cambios de Ancelotti en la reanudación, la vida siguió igual.
El Madrid combinaba, velozmente incluso, movía y zarandeaba al Celta de lado a lado, pero sin mordiente alguna. Ni chicha ni limoná que diría un castizo. Mientras Joselu clamaba por recibir al menos un melón en condiciones, entre Tchou y Cama, imponentes, se bastaban para abortar cualquier conato de ofensiva de los gallegos. En el caso de Aureliano, incluso, brindando alguna delicatessen en forma de rabona a no man´s land, pero rabona, al fin y al cabo.
Y en esta tesitura pastosa propiciada por la inoperancia de un desasistido Joselu, la pasividad en el banquillo y Cementos Benítez, expertos en hormigones, Carletto apostó por un guiño —glorioso— al pasado: Luka y Toni calentando en banda. Un minuto antes, Valverde, incomprensible, remató fuera con todo a favor estorbado por Bellingham. Visto lo visto, más extraño resultó no obstante la sustitución de Tchouaméni y Camavinga por los viejos pretorianos del madridismo. Jugada maestra o ataque de entrenador… sólo lo dictaminará el tiempo.
Como penalti dictaminó el colegiado sobre Goes que fue atropellado por el portero del Celta, Villar en un mano a mano a los 65 minutos. Lo verdaderamente insólito fue escuchar de nuevo a talibán Quique De Lucas discutir catódicamente una de las penas máximas más claras de los últimos tiempos ligueros. Rodrygo, que suele fallar desde los once metros como bien se recuerda en la Canarinha, volvió a hacerlo. Buena mano de Villar para perpetuar el 0-0.
La pifia de Goes, que telegrafió el lanzamiento, insufló nuevos bríos al Celta que, a empujones, se zafó por instantes del dominio blanco llegando incluso a acogotar al Madrid en alguna jugada embarullada afortunadamente sin consecuencias.
Nacho por Fran García, para dar cabida a Alaba en el lateral izquierdo, la penúltima cartas de la timba de Carletto. No llegó a hacer falta. A falta de diez minutos Aerolíneas Joselu —esto sí— peinó con maestría un saque de esquina para que remachara implacable el nuevo pichichi blanco; un tal Jude Bellingham. Cuatro goles en sus tres primeros partidos oficiales a ritmo cristianesco para hacer el 0-1 victorioso en Balaídos.
Ni meigas, coruxas, ni sapos ni bruxas… El Madrid seguirá líder tras su paso por terra galega.
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No hace tanto tiempo, ni siquiera hay que peinar canas para recordarlo, las ligas americanas competían en situación casi de igualdad con las europeas. Las inmensas canteras de jugadores fundamentalmente sudamericanos alimentaban sus ligas, vistosas y competitivas. Solo aquellos futbolistas que destacaban mucho saltaban el charco para jugar en las ligas europeas. Quizá recuerden, como muestra vale un botón, que en el palmarés de ganadores de la Copa Mundial de Clubes de la UEFA (anteriormente Copa Intercontinental) alternaban clubes europeos y americanos, sin que hubiese un predominio avasallador por parte de ninguno de los continentes.
Todo cambió en el siglo XXI. Las frecuentes y sucesivas crisis económicas de los países latinoamericanos, las inmensas inversiones (derechos audiovisuales y patrocinios) en las ligas europeas, la sentencia Bosman (que normalizó, aún más, la movilidad de los jugadores anteriormente extranjeros) y la globalización audiovisual del fútbol (que llevó cualquier partido a cualquier rincón del mundo) potenciaron el fútbol europeo a unos niveles nunca vistos anteriormente. Y claro, la capacidad económica eleva las oportunidades: los clubes habituales de la Champions pudieron atraer, ya sin ninguna dificultad, los mejores jugadores del mundo, a edades cada vez más tempranas. La calidad atrae el dinero y el dinero retiene la calidad.
Como conclusión, los países americanos seguían siendo capaces de generar grandes jugadores pero al mismo tiempo sus ligas se debilitaban, porque estos acudían al llamado del dinero y del prestigio europeo. Revisen, si les apetece, la evolución de la Copa Mundial de Clubes en los últimos años en que han campeonado casi invariablemente Clubes europeos.
La calidad atrae el dinero y el dinero retiene la calidad
El dominio del fútbol europeo parecía tan incuestionable como imperecedero. Quizá, quizá, la única voz de alarma se elevó con la propuesta de la SuperLiga (de la que el máximo promotor es/ era Florentino Pérez, Presidente de ACS). Pues bien, de imprevisto, nos damos cuenta de que la SuperLiga ya está aquí. Pero no se va a jugar en los campos europeos, sino en los árabes. Y hay mucha gente que todavía no se ha dado cuenta de que es una iniciativa que tiene muchos visos de hacerse realidad.
Hay muchos argumentos que me hacen pensar así:
Hay quien dice que la iniciativa de SuperLiga árabe será como las anteriores: la norteamericana de los años 80 o la china de los años 2000. Tuvieron un efecto tan efervescente como poco exitoso. Les garantizo que no será así. El fondo que maneja la iniciativa árabe de potenciar su Liga cuenta con 620.000 millones de dólares. Sí, han leído bien, 620.000 millones de dólares.
El fondo que maneja la iniciativa árabe de potenciar su Liga cuenta con 620.000 millones de dólares. Sí, han leído bien, 620.000 millones de dólares
¿Qué podemos hacer en Europa para defender nuestro fútbol (si es que queremos)? Primero y más fundamental: aislar al máximo la iniciativa. Para ello, considero clave no permitir la entrada de los clubes árabes en la UEFA Champions League. Serán un caballo de Troya. Aunque no soy optimista: parte de los recursos del fondo anteriormente mencionado se utilizarán en el soborno de los que son fácilmente sobornables (no hace falta recordar cómo Qatar consiguió su Mundial, ¿no?). De hecho, ya estábamos presenciando como los clubes estado (muchos de ellos financiados en la península arábiga) se hacían con los mejores jugadores, con clubes irrelevantes que hacían campeones después de unos pocos años y de una enorme inversión. Ante la inacción de casi todo el mundo.
Segundo, aguantar. Esperar que la iniciativa árabe empiece a mostrar la fragilidad de sus costuras. El dinero es muy importante, pero no lo es todo. Los más mayores tenemos nuestros equipos tatuados en la parte más profunda de nuestros seres. Los más jóvenes no tanto, vean el seguimiento de la Kings League. La carrera de las emociones sigue siendo de largo recorrido.
Por último, renovar. Recuerdo un Presidente de la RFEF (no el macarra y sobón que se niega a dimitir, uno anterior) que decía que no había que tocar las normas del fútbol porque había nacido perfecto. En fin… El fútbol mola, pero está anticuado. En riesgo. De igual manera que las series han matado al cine y a las series las está matando TikTok. Hay que plantearse ideas renovadoras, frescas, imaginativas que devuelvan al fútbol europeo a su lugar. Ahora que estamos a tiempo. Y a pesar de no haber previsto la acometida árabe.
Hay que plantearse ideas renovadoras, frescas, imaginativas que devuelvan al fútbol europeo a su lugar. Ahora que estamos a tiempo. Y a pesar de no haber previsto la acometida árabe
¿Y todo ello para qué? Para que dentro de unos años no contemplemos, como hacen nuestros hermanos latinoamericanos, los partidos de unas competiciones que no son las nuestras con nostalgia y envidia.
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Buenos días, amigos. Nunca unas portadas fueron tan desatinadas. Rubiales no dimite. Os iremos contando.
Me refugio en este tipo de anécdotas porque tengo la sensación de que el nuevo fútbol me atropella; que son las intrahistorias del deporte las únicas que mantienen viva la llama de nuestra común pasión, que reduzco mi eterno romance al chisme, al detalle inocente. Digamos que para mí tan importante como la actuación en el campo es la literatura que rodee los hechos, la mitología que sea capaz de desprender tal jugador, o aquel equipo, o este partido. Y que si no hay narrativas, del tipo que sean, me interesa más bien poco lo que la televisión me cuente. Lo cierto es que a mí, que desde que tengo uso de razón le profeso a la pelota un amor digno, creo yo, de mejores causas, me sobra mucho de este fútbol de hoy.
Lo sé, lo sé. Es sólo culpa mía. Perezco en el humanísimo vicio del futbolero de mitificar con amor adolescente los recuerdos balompédicos de la infancia y juventud, y caer en la desgracia de hacer de menos todo lo actual, tendencia vital que se acentúa en lo referente al deporte rey.
El Madrid siempre ha sido una anomalía casi hasta anacrónica, luchando a contracorriente contra las más efímeras tendencias y los nuevos designios importados de quién sabe dónde
Porque es ahora, que estoy a un otoño de entrar en la treintena, ahora que ya he vivido los dos o tres mundiales que vertebran para siempre los recuerdos de toda una vida y donde tiene lugar el nacimiento de los héroes que jamás me abandonarán, es ahora cuando empiezo a comprender, aunque sea de refilón, el poema de Biedma de ahora que de casi todo hace veinte años. Y como yo muchos de los míos. Porque ya no podemos, porque puede que hasta ya no sepamos. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo que jamás podremos desprendernos, como sabe Sacheri. Porque el tiempo, en lugar de detenerse para siempre en el momento exacto, decidió cometer la estupidez de seguir corriendo sin preguntarnos. Porque soy capaz de decir de carrerilla y sin error todos los partidos, resultados y goleadores de Alemania 2006 o de Sudáfrica 2010, pero no me preguntes por el Mundial de hace menos de un año, del cual sólo recuerdo a Messi cogiendo carrerilla desde los once metros. En fin, las entretelas de la memoria son así. Mejor no indagar en ellas.
Claro que no hay un momento concreto en el que la desafección toma cuerpo y forma, de la noche a la mañana, como tampoco hay un día exacto en el que te quedas calvo, sino que es el desgaste de lo cotidiano, la rutina del día a día la que orada con tesón y parsimonia aquello una vez conocido como pasión.
Sí creo, en cambio, que hay un punto de inflexión, que no es otro que la llegada al fútbol del VAR. Todo lo posterior son recuerdos borrosos, desagradables, que empañan el cristal de las gafas con las que nos asomamos cada domingo al estadio. Hablo de los descuentos eternos, los cinco cambios, los Fabrizios Romanos convertidos en las superestrellas de hoy, las medias del FIFA y los highlights de YouTube como única vara de medir el talento de un jugador, el escándalo Negreira y el todavía mayor escándalo de sus nulas consecuencias, y todo ello coronado por el epítome del bochorno futbolero, a saber, el Mundial de Catar y el expolio en directo y en prime time de la Liga Árabe.
Hay un punto de inflexión, que no es otro que la llegada al fútbol del VAR. Todo lo posterior son recuerdos borrosos, desagradables, que empañan el cristal de las gafas con las que nos asomamos cada domingo al estadio
Bien es cierto que por el camino el fútbol me regaló la más fascinante de todas las historias que se recuerden, y que por esa primavera europea de las remontadas bien mereció la pena seguir anclado en semejante muelle putrefacto y en descomposición. En fin, el Madrid siempre ha sido una anomalía casi hasta anacrónica, luchando a contracorriente contra las más efímeras tendencias y los nuevos designios importados de quién sabe dónde.
Pero volvamos al fango. Porque es en medio de ese lodazal, en medio de noticias sobre un señor que ha decidido que son más importantes sus santos cojones que la gran hazaña del fútbol español y en medio de lamentos por el exilio voluntario de la joven promesa de LaLiga a la nueva Meca del balón, es justo ahí, en ese pozo de mierda, donde un jugador, un estrellón de verdad, se rebela ante tanta indignidad y nos devuelve la poquita fe que estábamos a punto de perder los que todavía llamamos Copa de Europa a la Champions League.
Y el tío, que lo ha ganado todo, que lo es todo, coge y se pronuncia. Y dice lo que todos pensamos sobre el nuevo rico de la partida de póker, con la salvedad de que este no es como nosotros, sino un futbolista de élite, y para más inri, con una edad que nos permite adivinar un retiro relativamente próximo, por lo que no le convendría cerrarse puertas a orillas del Golfo Pérsico.
En medio de este lodazal, un estrellón se alza y nos devuelve la poquita fe que estábamos a punto de perder los que todavía llamamos Copa de Europa a la Champions League
Pero a él eso parece importarle más bien poco, como ya demostró en su día renunciando a disputar la pasada Copa del Mundo y hablando sin tapujos de la indecencia de la FIFA llevando su más preciado patrimonio a Catar, para añadir que él no pensaba participar en tal atropello. Porque él, como nosotros, ama el fútbol. Es uno de los nuestros. Conoce los códigos, los entresijos, las vísceras. Los límites, los matices grises y lo rotundamente prohibido. El bien y el mal. Y nosotros, que somos como él, que le vemos siempre repeinadito y con sus botas blancas, le tenemos como el último refugio de la dignidad, y nos aliviamos al comprobar que todavía quedan catedrales, estatuas, faros de Alejandría a los que aferrarnos en mitad de la tormenta.
Lo único que le pido al fútbol de hoy, porque al de mañana no podré, es que Kroos nunca sea el que estorbe.
Tercera jornada de Liga y el Real Madrid visita Balaídos. El Celta con el nuevo proyecto de Rafa Benítez no acaba de arrancar y suma un punto en dos jornadas. Ese empate lo logró in extremis la pasada semana en Anoeta con un gol en el 94’. En el debut liguero en su estadio cayó frente a CA Osasuna. Los gallegos han vivido unas últimas horas impactantes por la marcha de Gabri Veiga, uno de sus mejores jugadores, a Arabia Saudí. Se espera algún refuerzo antes del cierre del mercado pero ya no llegará a tiempo para jugar ante el Real Madrid. El resto de fichajes este verano han sido el sueco Starfelt, el franco-marfileño Bamba, el lateral ex de Osasuna Manu Sánchez y el canterano de La Fábrica Dotor. Por el contrario, además de a Veiga, han perdido a Denis Súarez, Hugo Mallo, Javi Galán, Solari, Óscar Rodríguez o Rubén Blanco entre otros. El gran cambio respecto al pasado año es la llegada de un ilustre de los banquillos y exmadridista también: Rafa Benítez. El técnico siempre ha sido un habitual del 1-4-4-2 pero hay informaciones esta semana en las que no se descarta que dispusiera un sistema con tres centrales para enfrentarse al equipo de Ancelotti. Si hacemos caso a esa opción un once probable sería el formado por: Iván Villar en el arco, tres centrales con Starfelt, Nuñez y Aidoo, Mingueza carrilero por la derecha, Manu Sánchez por la izquierda, un doble pivote formado por Beltrán y Sotelo y arriba una línea de dos con Bamba y Aspas dejando solo en punta a Strand Larsen.
Rafa Benítez a diferencia de su antecesores en el cargo celtiña no apuesta tanto por la presión muy alta y el marcaje al hombre en la salida de balón del cuero rival. En algún momento concreto del choque pueden realizar un pressing más intenso pero lo que se espera es un equipo replegado en un bloque medio-bajo. A partir de ciertas zonas o pasando el mediocampo y tres cuartos, es cuando la agresividad comenzará en las filas gallegas para la búsqueda del robo. Por tanto, se espera un equipo junto, compacto y que intentará no partirse, hacerse largo ni verse obligado a correr hacia atrás.
La plantilla gallega se ha debilitado en esta función y no cuenta con jugadores de gran pie y visión como antaño para sacar el balón, ya fuese en largo o con desplazamientos laterales en corto. También jugadores como Javi Galán por banda le daban mucho aire y limpieza para salir con el cuero por el costado. La primera conexión será la de los centrales con sus hombres del mediocampo, con especial atención a Fran Beltrán que es la brújula y el faro del equipo celtiña con la pelota. La segunda opción es el juego directo con la incorporación de Larsen, un delantero corpulento y fuerte que disputa la con los centrales y tiene capacidad para bajar el cuero y a partir de ahí que el equipo se estire y avance líneas.
Bastantes dudas ha dejado en las dos primeras jornadas el Celta en el apartado defensivo, algo que Benítez siempre ha manejado con maestría en sus equipos y lo ha priorizado para formar un cuadro eficaz, sólido y fuerte. En el centro de la defensa continúan Aidoo y Núñez que ahora comparten zaga con Starfelt, al que falta por calibrar si da el nivel para la Liga española tras llegar desde Escocia. Queda por tanto para que se afiancen como una zaga compacta y eficiente siendo imprescindible que se vea la mejor versión de Núñez y a un Aidoo que recuerde al de hace dos temporadas. En las bandas también hubo cambios con la salida del capitán y experimentado Mallo en la derecha y Galán, un puñal ofensivo, en la izquierda. Benítez está colocando a Mingueza en el lateral y está demostrando lagunas. Ante la Real, ya sufrió mucho con Barrenetxea. Manu Sánchez cierra algo mejor su parcela y en Pamplona dejó buen sabor de boca en cursos pasados. Por arriba, los tres centrales más Mingueza sí tienen fiabilidad y centímetros para mostrarse solventes. El Celta como le ocurrió la temporada pasada ante los merengues sufrirá mucho si no se muestra ordenado, sacrificado, solidario y muy junto atrás.
El Celta ha ido perdiendo talento ofensivo en las últimas temporadas con Brais, Denis Suárez y también esta semana con Veiga. Han llegado nuevos futbolistas aunque ninguno terminó por consolidarse. Larsen está contando con más oportunidades que en la campaña 2022-2023 y a él se le ha añadido arriba el potente Bamba. Los dos acompañados por Aspas, el jugador por el que un curso más girará el aspecto defensivo de los celestes. La baja por lesión de Carlos Pérez también es un hándicap para Benítez puesto que el zurdo garantizaba rapidez, habilidad y disparo. Aspas será el encargado de lanzar y poner balones al espacio a Larsen y Bamba que son veloces y fuertes en carrera. En zona de tres cuartos ‘El príncipe de las bateas’ se moverá entre líneas para combinar, filtrar balones y también llegar a las inmediaciones del área buscando el chut a portería. La banda izquierda con Manu Sánchez tendrá más carácter y profundidad en ataque ya que en la derecha Mingueza es un futbolista más defensivo. Sin Veiga, hay otro canterano jugando ahora como Sotelo que ha exhibido buena llegada al área y un notable disparo desde la frontal. Por último, cabe destacar el poderío en las jugadas a balón parado por arriba con jugadores que van bien de cabeza como los tres centrales, Mingueza y el delantero danés Larsen.
El librillo de Rafa Benítez es mundialmente conocido tras más de dos décadas entrenando a alto nivel. Equipos duros, fuertes físicamente, compactos en defensa, eficaces, competitivos y difíciles de superar. Así construye sus planteles haciendo de ellos cuadros muy serios, regulares y fiables. Sin embargo, acaba de llegar al Celta y le queda muchísimo trabajo por delante. Desde la defensa edificará los cimientos y a partir de ahí seguirá por el resto de líneas. La energía, la intensidad y la agresividad en los duelos nunca faltarán. Ante los equipos grandes se cerrará en defensa, achicará espacios y montará un equipo muy junto para tapar todas las vías de acceso posibles. Para el ataque, primarán las transiciones rápidas, de pocos toques, verticales y vertiginosas con futbolistas potentes a campo abierto. Todo ello con Iago Aspas como el termómetro del equipo y el faro ofensivo pese a que sigue cumpliendo años y ya está en 36.
El jugador franquicia del Celta una temporada más. El mejor jugador de la historia de un club que acaba de cumplir su centenario esta semana. El sistema celtiña que prepara Benítez necesita a un Aspas a buen nivel para que el resto de piezas en el ataque funcionen. Se seguirá moviendo con libertad, bajando a recibir, cayendo a banda o filtrándose a la espalda de los medios para recibir, girar, crear juego, buscar pases, paredes o el disparo con su precisa zurda. Su nivel marcará al Celta que si no dispone de un Aspas fluido, eficiente e inspirado puede verse con muchos problemas para mantener la categoría al igual que le ocurrió la temporada pasada.
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