Las mejores firmas madridistas del planeta

Alcanzado el ecuador del torneo, lo que antes se venía llamando el “campeonato de invierno” (cada vez quedan menos términos así, del fútbol antiguo, que ya sólo vamos recordando los, ay, que vamos para pollaviejas), queda más o menos claro ya que el título de Liga, este año, estará entre el Madrid y el Girona. La eclosión del Girona, hasta esta temporada un equipito, está agitando el devaluado producto tebano, un año ya cociéndose en el jugo del caso FC Barcelona-Negreira. Los poetas de la corte loan el inopinado ascenso de la cenicienta gerundense y lo comparan con el Leicester que ganó la Premier en 2016 o con la Real Sociedad de Raynald Denoueix que quedó segunda a un punto del Madrid en el año 2003.

Lo cierto es que, a simple vista, la historia contiene todos los ingredientes necesarios para la fábula moral: equipo pequeño y sin historia que jugando como los ángeles se planta en el umbral de la gloria, etc. El perfecto cuento de hadas que, naturalmente, halla en el Madrid al Goliath ideal contra el que levantar un David más bonito que un San Luis. Una bicoca narrativa para todos los aedos que, en este país en demolición, permanecen siempre ávidos de material para apuntar contra el Madrid, último de los pilares sobre los que se sostiene la gran casa común de España.

Kroos Girona

Pero, el Girona, ¿quién es? ¿Qué es, en realidad, el Girona? Bueno, yo lo voy a decir: una mentira.

Ítem más: el Girona es el primer caballo de Troya del dinero del petróleo árabe en España, una sucursal del holding empresarial que controla desde Abu Dhabi el Manchester City. O sea, una de las manifestaciones del Mal absoluto, uno de los brazos del Leviatán que está corrompiendo el viejo refugio de las clases trabajadoras europeas y no sólo está también reduciéndolo a pasatiempo de sheiks con dinero infinito, sino además transformándolo en otro tipo de negocio, en una turbia e inquietante prognosis del futuro que nos espera a todos en Occidente.

Pero, el Girona, ¿quién es? ¿Qué es, en realidad, el Girona? Bueno, yo lo voy a decir: una mentira

Contando la presente, el Girona, fundado en 1930 por un nacionalista de izquierdas vinculado al origen de Esquerra Republicana, ha jugado sólo cuatro veces en Primera División. La mayor parte de su irrelevante historia como club de fútbol la ha pasado en Tercera. Establecido sobre las bases de la extinta Unión Deportiva Gerona, club que no superó el paso al profesionalismo, el nuevo equipo nace bajo el nombre, en español, de Gerona Football-Club, que no cambia al catalán hasta 1980.

Toma los colores del Athletic de Bilbao, por entonces el club más poderoso del fútbol español y responde, en realidad, a un esfuerzo colectivo patrocinado por el ayuntamiento de la ciudad, que coordina a businessmen locales para que Gerona no se quede sin equipo de fútbol. Pensemos, por un instante, en la creación del Madrid, fruto del esfuerzo independiente de un puñado de jóvenes modernos y soñadores. ¡Todo está ahí desde el principio!

Gerona en 1930

Hay que pensar que España está llena de calles Gerona porque un día, hace doscientos años (en realidad, parece que hace doscientos millones de años luz), en otro país que pertenecía a otro mundo, sin duda, Gerona fue blasón de hispanidad y orgullo patriótico por su heroica resistencia a Napoleón. Hoy es una de las capitales del independentismo catalán y por supuesto su club de fútbol tiene que ser “el segundo equipo de Cataluña” en palabras de Roures, el Gran Postor.

A base de dinero y voluntad política todo es posible, bien lo sabe Dios, y el Girona FC es un magnífico ejemplo de ello. El Real Club Deportivo Español, al que ni siquiera adaptar su nombre, catalanizarlo, abjurar de la eñe, le ha valido para ser considerado allá otra cosa que un submarino del enemigo, o sea de la siniestra Espanya, está viviendo en sus carnes la experiencia del reemplazo. Los videoarbitrajes que sufrió al final de la pasada campaña, dirigidos por Puigdemont desde el salón de su chateaux en Waterloo, son la prueba de que lo que en Cataluña se llama “hacer país” es una acción colectiva y premeditada que lo alcanza todo. Hoy el Girona es colíder de Primera y el Español mama en Segunda, y esto no ha hecho sino comenzar.

El Girona es el primer caballo de Troya del dinero del petróleo árabe en España, una sucursal del holding empresarial que controla desde Abu Dhabi el Manchester City. O sea, una de las manifestaciones del Mal absoluto, uno de los brazos del Leviatán que está corrompiendo el viejo refugio de las clases trabajadoras europeas

Hasta 2009, sin embargo, el Girona fue de sus socios. Convertido en sociedad anónima deportiva, en 2015 estaba en concurso de acreedores, de donde sale gracias a TSVE Futbol, un grupo francés dirigido por exdirectivos de Canal Plus. Los franceses se compraron casi el 90% de su accionariado y pusieron de CEO a Ignacio Mas-Bagà, un tipo cuya bio, según Palco23, es la siguiente: “graduado en Empresariales por el Instituto Químico de Sarriá (IQS Barcelona), el joven ejecutivo trabajó seis años en Media Sports Marketing, una de las filiales de Mediapro desde de la que participó en la asesoría y organización de giras internacionales de grandes clubes europeos, así como en acciones comerciales vinculadas a la Fórmula-1. En 2014 fichó por La Liga para asumir la dirección de eventos deportivos de la LFP World Challenge, programa para la internacionalización del fútbol español”.

En esta venta, que salvó al club, ya intervino Pere Guardiola, el Hermanísimo. Resulta que el otro Guardiola, que también quiso ser futbolista, creció como tiburón de los despachos junto a Sandro Rosell en Nike. Allí, en doce años, trabajó en la gestión de los patrocinios de casi todas las grandes figuras de la edad de oro del fútbol español, estudió un master de Marketing y Administración y Dirección de Empresas en ESADE y gestionó los contratos de la marca con Ronaldinho y Ronaldo, por ejemplo.

Pep y Pere Guardiola

En 2009 dejó Nike y fundó con, ¡tachán!, Mediapro, la empresa de consultoría deportiva (representación, hablando en plata) Media Base Sports, con la que llevó a Luis Suárez al Barcelona. Le tuvo que ir bien porque en 2016 le soltó a Roures 50 millones para quedarse con la mayoría de las acciones de la empresa. Ya llevaba un año de asesor deportivo “externo” del Girona. En 2017 el Hermanísimo dio el salto y compró el 48% del paquete accionarial del club: el otro 48% se lo quedó el City Football Group.

El City Football Group es un consorcio cuya propiedad mayoritaria corresponde al Abu Dhabi United Group for Development and Investment, o sea, el fondo de inversión privado de Mansour bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, el emir de Abu Dhabi. Lo preside Ferran Soriano, el vicepresidente económico del Barcelona en los años de oro de Laporta y actual director ejecutivo (o CEO) del Manchester City y pieza clave de la trama catalana que, desde Manchester, está pervirtiendo la Premier.

El Girona es el escalón más valioso de una cadena que termina en la Premier; un filial de lujo para el gran dominador del campeonato inglés en la última década y vigente campeón de Europa, pues no es lo mismo foguearse en el Castilla que luchando por la Liga contra el Madrid

El City Group tiene clubes en la MLS, en la liga uruguaya, en Australia, Japón, China, la India, Francia, Bélgica, Brasil e Italia. Desde 2020 el Girona es, también, pionero en el concepto de multipropiedad, al menos en España: Pere Guardiola vendió el 35% de sus acciones a Marcelo Claure, un boliviano, magnate de la telefonía en América, que fundó el Inter de Miami y se lo vendió a Beckham en 2021 para comprarse el Club Bolívar, en su país, y afiliarlo al City Group. En todos estos años, el chico de Roures, Ignacio Mas, ha seguido siendo el CEO.

Aunque el Girona cuenta con uno de los presupuestos más bajos de la Liga (60 millones), su rol en el entramado global del City Group no sólo es el de cabeza de playa en uno de los campeonatos más importantes del mundo, sino además el de pieza esencial en su red de scouting: una base de datos que cuenta, según Goal, con medio millón de futbolistas dentro de un “sistema” en el que los jugadores, que ya no firman ni con un club ni con un agente, sino con un holding, van “ascendiendo” de categoría en función de su valía, con el Manchester City de Guardiola como paraíso final con el que soñar.

Manchester City campeón del mundo

De este modo, el Girona es el escalón más valioso de una cadena que termina en la Premier; un filial de lujo para el gran dominador del campeonato inglés en la última década y vigente campeón de Europa, pues no es lo mismo foguearse en el Castilla que luchando por la Liga contra el Madrid. El City Group le está haciendo una ciudad deportiva al Girona por valor de 25 millones, además de reformar Montilivi con vistas a jugar la Champions el año que viene. Todo esto gracias a la visión de Soriano y del Hermanísimo, al que en un perfil que le hacen en Relevo tildan poco menos que de genio de la lámpara. La verdad es que tiene la pinta, aunque todos sabemos que algunos catalanes son muy listos, la tasa de linces allí es mucho más alta que en cualquier otro lugar de la península ibérica.

Aunque el presupuesto no es de los más altos, esta ingeniosa y “global” (es importante recalcar mucho este adjetivo, una de las keywords del mundo moderno) política de gestión de clubes en todo el mundo ha dado lugar a que el Girona, hoy, tenga, según Transfermarkt, una plantilla valorada en casi 224 millones de euros, la sexta de España tras los cuatro equipos que participan en la edición en curso de la Copa de Europa y el Bilbao. El Girona ascendió en el año II de la pandemia y esto es importante subrayarlo: su afiliación al City Group le permitió absorber 19 millones de euros de pérdidas, una cifra que a cualquier otro club de su entidad, historia y tradición, habría mandado al basurero del fútbol profesional. ¿Acaso no es esto una forma de adulterar la competición?

Su afiliación al City Group le permitió absorber 19 millones de euros de pérdidas, una cifra que a cualquier otro club de su entidad, historia y tradición, habría mandado al basurero del fútbol profesional. ¿Acaso no es esto una forma de adulterar la competición?

Es gracioso porque en El Periódico, en noviembre, se escribía esto: “Si hay algo que levanta sarpullidos en el Girona FC es cuando se asegura que es un filial del Manchester City, o que parte con ventaja por formar parte del City Football Group. Como si el equipo de Michel estuviera plagado de futbolistas enviados de la ciudad inglesa (en realidad, solo hay dos cedidos, Yan Couto y Savinho); como si pudiera fichar indiscriminadamente gracias a un dinero regalado desde Abu Dhabi (el coste del once inicial oscila de los 15 a los 20 millones); como si no estuviera sujeto a las estrictas reglas del límite salarial de LaLiga”.

Las mismas estrictas reglas que permitieron al Barcelona de Xavi ganar la Liga del año pasado inscribiendo jugadores pagados con dinero del Monopoly avalado por la venta ficticia de activos inventados. En fin, lo del Girona es un milagro que se sustenta en base a “sinergias de todo tipo” según dice el Hermanísimo, para las cuales “la marca City es un imán”. Nos ha jodido. Lo bueno, lo realmente atractivo de algunos catalanes, es su extraordinaria capacidad para tomar a los demás por gilipollas con un arte y una gracia que ya quisieran para sí los argentinos. Son los mejores: merecen su Champions particular, como diría el Pep.

Míchel y Xavi

Dice Mas-Bragá que el Girona tiene que “destacarse como una plataforma de generación de talento”, que esa es, digamos, su misión dentro del entramado internacional del City Group. O lo que es lo mismo, para que nos entendemos todos, sobre todo los que no somos tan listos: servir para que el Manchester City siga saltándose todo tipo de reglas del fair play financiero, de una manera menos obscena que de costumbre, formando futuras estrellas en una Liga hipercompetitiva sin asumir el coste directo de una ficha en su propio primer equipo. Por ejemplo.

El Girona es “la joya de un imperio global” y es la nueva punta de lanza de la AntiEspaña en su guerra de exterminio, eterna, incansable, contra el Real Madrid, al fin y al cabo lo último tangible que queda del hecho fenomenológico español en el siglo XXI. Un imperio contra otro, aunque uno sea de plástico y al otro lo llamen directamente luciferinol. Como el Girona es todo lo que está mal de un fútbol que no tiene pinta de que pare de ir a peor, el Madrid tiene la incontestable misión de ganar esta Liga. Para que no la ganen ellos. Para que el Mal tarde un poco más en campeonar.

La misión del Girona es Servir para que el Manchester City siga saltándose todo tipo de reglas del fair play financiero, de una manera menos obscena que de costumbre, formando futuras estrellas en una Liga hipercompetitiva sin asumir el coste directo de una ficha en su propio primer equipo

Hay dos cosas de un artículo de Javier Izquierdo en 2Playbook, de finales de año, que son esclarecedoras. Y estremecedoras. Copio entero el parrafazo: “La otra clave del impulso del CFG en Girona está en la financiación y la generación de recursos. En plena pandemia, los accionistas acordaron inyectar hasta 20 millones de euros en el club para paliar los estragos económicos causados por la Covid-19. Esta operación, en Segunda División, no es sencilla de encontrar. Lo más cercano y similar se podría encontrar en el Real Zaragoza tras la llegada de Jorge Mas. Casualmente, la persona que le compró a Claure el Inter Miami de la MLS. De un plumazo la tesorería del club respiró y pudo continuar con su objetivo —conseguido— de ascender, asumiendo 19 millones de euros de pérdidas sólo entre 2020 y 2022. Ahora, en Primera División y con una plantilla competitiva, el objetivo es sumar por comercial y “ser relevantes en nuestro territorio”.

Con el coliderato de LaLiga como mejor escaparate, ha firmado en esta primera parte del curso dos grandes patrocinios: Hylo, para la manga, y Marlex para la trasera de la camiseta. Además, ha renovado con el patronato de turismo de la Diputación de Girona y con Estrella Damm. Ahora bien, ¿ayuda comercialmente estar en el City Football Group? Pues también. El patrocinio técnico (Puma) forma parte del macroacuerdo de 700 millones por una década firmado por el holding para la amplia mayoría de sus equipos, con el Manchester City en cabeza. Además del know-how del grupo, en la parcela de patrocinios: funcionamos como una agencia. Es un servicio bidireccional en estos aspectos, reconocía el CEO del Girona en la entrevista. Una gama de ofertas mucho mayor para las marcas que si el club navegara solo en su travesía”.

Las inversiones de la familia real de Abu Dhabi, directas o a través de testaferros vinculados al City Football Group, van desde CEPSA (socio mayoritario) a cortijos inmensos valorados en 55 millones de euros, donde cazaban el rey Juan Carlos o el antiguo presidente del Banco Santander. Las relaciones con el poder político español son inmejorables, como no podía imaginarse de otra manera: acuerdos por doquier con el actual gobierno y colocaciones de lujo para Froilán en petroleras de los Emiratos. Desde luego que, como nos mostró Berlanga en La escopeta nacional, algunos catalanes, aunque aficionados a votar en referéndums de chichinabo, siempre saben moverse estupendamente en las alturas de quien mande en España. Pase lo que pase ellos siempre ganan. Contra todo eso, por la pureza, como un antiguo caballero de las novelas que leía El Quijote, ha de luchar el Madrid, que es en esencia la última y verdadera cruzada de los justos.

 

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Mbappé, llama a Causeur que es paisano

 

Después de una siesta, el roscón, unos regalitos magos y besos a los niños los que los tienen, los tíos se fueron a Vitoria y metieron casi 100 puntos, 99 por ser exactos. Es una cosa de locos. Una vez se cayó Yabusele, puso la cabeza en el parqué y temí que se quedara dormido. Se levantó.

Fue lo último que nos dejó el Madrid desde la última vez que nos juntamos aquí, cuando les deseé un feliz año I del calendario Negreiriano. Los Otros le ganaron al Mallorca con gol de Antonio Jude Rüdiger y a la Arandina con la presentación de Arda Güler. Las féminas remontaron en el alargue y antes vivimos otra de esas noches que justifican que el club siga compitiendo: el tremendísimo partido con el Anadolu Efes, antes Pilsen, casi siempre una mosca cojonera. Los dos últimos campeones de Europa. Cuando la batalla por fin acabó, guasap de mi amigo más culé, un tipo entregado.

—Es para cagarse. (Perdón).

—Respuesta mía: Te mando papel.

El tío tiene muchos tiros pegaos. Es curioso, se pone nervioso sólo a partir de mayo si su equipo tiene opciones. Hasta entonces navega. A lo del papel contestó:

—Es Reyes, no recordaba que había partido. Puse la tele y me encuentro con esto. Palmaban de siete o nueve y faltaban dos minutos. No se puede luchar.

—Respuesta: Pero hemos frenado a la ultraderecha.

—No me hubiera importado una quinta prórroga.

—Respuesta: ¿Por si se derrengaban tres o cuatro?

—No, bobo. Para seguir disfrutando. Hubieran ganado igual.

Además de todo eso, en Inglaterra salieron con que a Mbappé no le llena la oferta del Madrid.

También, anoche, el Barça acabó pidiendo la hora en Barbastro. Felicidades por la clasificación. Y a los barbastrinos por su desempeño.

Leía lo de Kylian, luego hablamos, y se me apareció otro francés: Fabien Causeur. Acostumbra a aparecérseme. Si yo fuera Mbappé le llamaría, una charla con él, paisano, antes de tomar la decisión que le llevará a seguir en el PSG, fichar por el Madrid, hacerlo por otro club o meterse en un convento. Le iría bien hablar con un tío de pies a cabeza y con la ventaja del idioma materno.

Si yo fuera Mbappé, llamaría a Causeur, una charla con él, paisano, antes de tomar la decisión que le llevará a seguir en el PSG, fichar por el Madrid, hacerlo por otro club o meterse en un convento

El Madrid ha acaparado titulares. La renovación de Ancelotti acabando el año. A Güler le ha bastado con debutar para que el pueblo viera que no nos engañan desde Valdebebas cuando hablan de él como cosa seria. Lo es. El sabio Carletto: “Juega muy bien pues tiene mucha calidad, debe seguir trabajando en lo físico”. Pues eso.

Musa, recordman Llull, Tavares, Hezonja, Campazzo, Brahim, Camavinga, el tapa-niños Bellingham, Rodry&Vini… Son otros que coleccionan elogios y es natural pues son excelentísimos jugadores. A mí también se me van los ojos con Causeur, de Brest, Francia, 36 años. Puro Real Madrid.

Se trata de ese jugador fundamental en cualquier equipo de cualquier deporte. La historia del club está llena de estos personajes imprescindibles. Es bueno-buenísimo. Está donde está y tiene la carrera que tiene. Siempre dispuesto a cumplir y decidir con una sonrisa. El partido 16 de la Liga o una Euroliga. Su media es siempre, siempre, de notable alto para arriba. Su comportamiento, matrícula de honor. No es sencillo, ¿eh?

Causeur

¿Hay que anotar? Anota. ¿Defender? Defiende. ¿Rebotear? Pues eso. Una bendición. Uno para colgar su camiseta el día que deje el club. Un ejemplo para todos también en inteligencia y sensatez: desde el primer día que se puso de blanco supo que la suerte le había elegido llevándole al Madrid. De donde se irá con mil títulos, millones de emociones y la cabeza altísima por los siglos de los siglos. ‘Uno di noi’ dicen por ahí.

Que no hay destino igual lo sabe este Causeur que es el Madrid juegue un minuto, 40, o los que sean menester si la cosa se pone como aquella larga noche de delicia turca. Una maravilla de tío. Sí, sí. Me pongo el partido, le localizo y concluyo: ahí está el Madrid.

Y ahí está también el Madrid armándose de paciencia con lo de Mbappé. Como era de esperar, unos dicen que no viene y otros que está fichado. Me apunto a la teoría de que no ha habido movimiento del club. Luego me extraña que desde Inglaterra se diga que no le llena la oferta madridista.

Causeur, Un ejemplo para todos también en inteligencia y sensatez: desde el primer día que se puso de blanco supo que la suerte le había elegido llevándole al Madrid. De donde se irá con mil títulos, millones de emociones y la cabeza altísima por los siglos de los siglos. ‘Uno di noi’ dicen por ahí

Fíjense que lo anormal de unos años acá es dar con una persona o asunto normal. Y que el Madrid espere tranquilo que el jugador se decida es lo más normal del mundo. Por la experiencia vivida y porque aquí el que cumple contrato y decide qué hace con su vida es él.

¿Qué Mbappé interesa al Madrid? Pues como todo gran futbolista. El último, Endrick por cierto. ¿Qué debería hacer ahora? ¿Llamarle y ofrecerle qué se yo, cinco años, estos dineros? Eso lo sabe. O se lo imagina. En el caso de Alfonsito Davies, vale. Es nuevo en esto. Hermoso, pensamos en ti. El jugador se lo piensa y decide. También le rondan varios equipos, en cabeza los de la Premier naturalmente. Y su Bayern. El Madrid, a lo suyo: ya nos contaréis.

En lo de Kylian me creo que no hay prisas por ninguna parte. Será él quien agarre el teléfono. Y si marca el 34 y luego el 91 le atenderán. Y si no… Pues mucha suerte. Las cartas están tiradas. Hay grandes clubes por ahí, algunos incluso tramposos, y el Madrid. La diferencia. No hay misterio. Usted sabrá.

Y sí: yo de él, llamaría a Causeur. No para que le convenza de que su sitio es el Bernabéu. Para hablar y que le cuente lo que es eso, sus cosas. Hacerlo con este tipo de gente siempre ayuda.

 

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Buenos días, amigos, y bienvenidos a la cuesta de enero. Claro que algunos, como el FC Barcelona, llevan ya encajando una larga racha de sufrimiento. El padecimiento data del 19 de septiembre del año pasado, que es la última vez que el Barça ganó por más de un gol.

—Pero oiga, ¿ganar por un gol no es ganar también? ¿Por qué ganar por un solo gol debe ser un padecimiento?

Porque eso mismo han dicho ellos. Esa es la respuesta.

Fue el propio Xavi Hernández el que,  henchido del supremacismo catalán que le desborda, dijo en rueda de prensa aquello de que “los catalanes no estamos contentos si ganamos por un gol”. Por eso damos por hecho que todos ellos están pasando un viacrucis desde septiembre, muy en especial Xavi, que es quien ha determinado que no hay más aceptación del triunfo que la que pasa por un marcador superior al 1-0, el 2-1…

Portada Mundo Deportivo

… o el 2-3, que es lo que cosechó ayer el equipo blaugrana en su visita al Barbastro, modestísimo club de amigos que puso un nudo en la garganta culé. Como veis, tanto Sport como Mundo Deportivo son de la escuela de Xavi: ganaron, pero al haberlo hecho por un solo gol (y jugando de absoluta pena) no se consideran ni mucho menos satisfechos. Mundo Deportivo es explicito en la expresión de su disgusto. “Otro susto”, titula, y con razón, pues hace más de cuatro meses que su escuadra no gana un partido con alguna holgura.

Nos gusta especialmente el eufemismo usado para definir a este Barça. “Un Barça DE NUEVO DESCONCERTANTE pasa a Octavos de la Copa eliminando al Barbastro”.

“De nuevo desconcertante”. ¿No es una manera fascinantemente oblicua de remarcar su hastaelhuevismo con la extrema mediocridad de este FC Barcelona? Vamos a poner aquí lo que los medios culés quieren decir realmente a Xavi. La Galerna funciona mejor para estas cosas que Google Translate.

—Estamos hasta los mismísimos, Xavi. Incluso nosotros, tu prensa más apesebrada y dócil, lo tiene difícil para tragarte. El equipo no juega una mierda y encima eres un entrenador que cae gordo allá donde va. Ayer volviste a quejarte, en este caso por que no haya VAR en los partidos de Copa, y tus continuos lloros vuelven a hartarnos hasta a nosotros.

No sólo eso, amics. Ayer mismo nuestro protagonista casi llega a las manos, valors en ristre, con los humildes jugadores oscenses. Cae mal allá donde va. Insulta a los árbitros (recordemos el atento “Me cago en tu puta madre” de hace unos días) y la lía parda por doquier. A nadie puede extrañarle, por cuanto no sólo él, sino su club en general, no puede sino caer como el orto. Suerte tiene, en realidad y si uno lo piensa, de que no le reciban en esos estadios de Dios con el vestuario visitante empapelado con el careto de Negreira replicado hasta el infinito.

Portada Sport

“Clasificados y nada más”, dice el titular de Sport, lo que es suficientemente elocuente en cuanto al grado de hartazgo. Cuidadín, amigos de Sport, que luego Xavi os afea públicamente que no apoyéis más al equipo, o sea, que no le deis el cheque en blanco para seguir “construyendo” su Barça con prometedores noveles que enfilan la cuarentena.

Juanma Castaño

Es un primor este Xavi. Aunque ni Sport ni Mundo Deportivo te lo cuenten, insistimos en que ayer casi se sacude con jugadores del Barbastro, los cuales fueron reprendidos con severidad por tipos como Juanma Castaño y Gerard por no tratar con respeto al “mejor jugador de la historia de España”, como si el haber sido un gran jugador diera patente de corso para comportarse como un perfecto cretino. Por otro lado, lo de “mejor jugador de la historia de España” merece sería discusión. Gran parte de su palmarés se amasó durante el negreirato-villarato (que es como el marxismo-leninismo pero sacando la pasta del banco en un saco), y además el mejor jugador de la historia de España es Paco Gento, qué coño. El propio Barça, en toda su historia, no tiene el palmarés de Copas de Europa de La Galerna (la auténtica) del Cantábrico. Lucha por igualarle, y no lo tiene fácil.

En fin. Os dejamos con la prensa madrileña porque queréis verla. Hoy toca que vamos a fichar a Haaland. Mañana Dios dirá.

Un abrazo a todos.

Portada As Portada Marca

Lamento llevarle la contraria al "Gordo" Osvaldo Soriano: el penalty más largo del mundo no se tiró en un estadio perdido del Valle de Río Negro en 1.958 —como nos cuenta el genial escritor de Mar del Plata e hincha del San Lorenzo de Almagro en su célebre relato—, lo pitó Guruceta en el Camp Nou una noche estrellada de primavera de 1.970.

Naturalmente, no lo digo por el tiempo que tardó en ejecutarse la pena máxima, me refiero a sus consecuencias.

Y es que "el penalty de Guruceta" —como es conocido en el imaginario popular— fue un tornado que sacudió los cimientos del fútbol español y se coló hasta la mesa del Consejo de Ministros de Franco y el Gobierno de "Los Lópeces" por originar un conflicto de orden público, acarreando para el árbitro una sanción tan surrealista como abracadabrante: seis meses de empleo y sueldo por equivocarse.

¿Hay quien dé más? Para que luego digan que el Generalísimo tenía ojeriza al Barça...

Ni siquiera opacó aquel monumental escándalo el Mundial de México 70, disputado por esas fechas, donde la "verdeamarela" se adjudicó en propiedad el Trofeo Jules Rimet al ganarlo por tercera vez y Pelé, rodeado de una constelación de estrellas —Gerson, Tostao, Jair, Clodoaldo...—, frotó la lámpara maravillosa dejándonos en la retina imágenes de una plasticidad asombrosa, sólo al alcance de un genio, como su espectacular finta al guardameta uruguayo Ladislao Mazurkievicz; la vaselina desde la mitad de la cancha que a punto estuvo de sorprender al arquero checo Ivo Viktor; o la parada felina de Gordon Banks a su remate picado de cabeza en el estadio Jalisco de Guadalajara, acaso la mejor de la historia.

Los "casi goles" de O Rei que valieron su peso en oro, levantaron al público mejicano de sus asientos y dieron la vuelta al mundo entero.

Pele Brasil 1970

Sin desmerecer las diez dianas de "Torpedo" Müller —el máximo anotador del Torneo—; el virtuosismo del peruano Teófilo Cubillas —la revelación del campeonato—; o la elegancia y la casta del "Káiser" Beckenbauer jugando con el brazo en cabestrillo —tras dislocarse el hombro al chocar con Facchetti— la prorroga de la semifinal que disputaron Alemania e Italia en "el mejor partido del siglo XX", como reza la placa conmemorativa que cuelga de la pared del estadio Azteca.

Esa épica prórroga —una oda al fútbol— fue un festival de goles y yo la vi siendo un colegial con la nariz pegada a la tele y sin pestañear, como cuando aparecía en la pequeña pantalla Barbara Feldon, la adorable agente 99 que cada episodio se las ingeniaba para enmendar las meteduras de pata del inefable Maxwell Smart, el Superagente 86, con quien se comunicaba a través del zapatáfono, precursor del actual celular.

En el mundo entonces, dividido en dos bloques, se respiraba una calma tensa. Eran los años de la Guerra Fría y esa desopilante serie ideada por Mel Brooks, con risas enlatadas, parodiaba las películas de espías.

EEEUU y la URSS no sólo competían por la hegemonía del planeta, luchaban también por la conquista del espacio. Fue precisamente esa primavera cuando el astronauta Jack Swigert, tras observar una luz de advertencia en el panel de control del Apolo Xlll, pronunció la frase que heló la sangre a los habitantes de la tierra: "Houston, tenemos un problema".

Y vaya sí lo tenían...

"el penalty de Guruceta" fue un tornado que sacudió los cimientos del fútbol español y se coló hasta la mesa del Consejo de Ministros de Franco y el Gobierno de "Los Lópeces" por originar un conflicto de orden público, acarreando para el árbitro una sanción tan surrealista como abracadabrante: seis meses de empleo y sueldo por equivocarse

Aunque "peccata minuta" al lado del lío de padre y muy señor mío —el "rebombori", diría un catalán—, que se armó con el celebérrimo "penalty de Guruceta" que dejó con las gargantas secas a los aficionados del Barça de tanto protestar y sin tinta en las venas a los periodistas de la ciudad condal.

Pero vayamos al grano.

O si me permiten la cita erudita: "Quitemos la corteza y entremos al cogollo", como proclamó Gonzalo de Berceo en "Los milagros de nuestra Señora", durante el apogeo del Mester de Clerecía.

Todo empezó cuando el bombo emparejó al Real Madrid con el Barcelona en el sorteo de cuartos de final de la Copa del Generalísimo en una temporada gris para ambos clubes.

Lejos de los puestos de cabeza en la Liga, que ganó el Atlético de Madrid de Marcel Domingo, y apeados de Europa a las primeras de cambio, los dos grandes del fútbol español se lo jugaban todo a una carta: la Copa.

Su último asidero para salvar una mala campaña.

El partido de ida se disputó en el Bernabéu, el sábado 30 de mayo —víspera de la jornada inaugural del Mundial a cuya cita faltó España—, y los merengues doblegaron a los culés por dos a cero, con tantos de Grosso y Amancio.

Las espadas, por tanto, estaban en alto.

No hacía falta ser un adivino para vaticinar que el encuentro de vuelta que se jugó justo una semana después, la noche del 6 de junio, con una temperatura casi veraniega, en un Camp Nou lleno hasta la bandera, iba a ser un duelo a cara de perro.

Aunque lo que nadie sospechaba es que el protagonista del partido iba a ser un colegiado guipuzcoano que esa temporada debutó en la división de honor con apenas veintiocho años: Emilio Carlos Guruceta Muro.

Acaso el empacho de fútbol provocado por el Mundial de México fue la razón por la que TVE, cuyo director era entonces un joven llamado Adolfo Suárez, no retransmitió ninguno de los dos partidos de la eliminatoria de Copa.

Adolfo Suárez, director general de RTVE

Así que la inmensa mayoría de los españoles, la noche del 6 de junio de 1.970, se hallaban plácidamente arrellanados en el sofá de sus hogares viendo en la pequeña pantalla "Galas del Sábado" —el programa de variedades presentado por Joaquín Prat y Laura Valenzuela—, ajenos a lo que se estaba cociendo en el Camp Nou que, en ese momento, era un volcán a punto de entrar en erupción.

Sólo los muy futboleros siguieron las vicisitudes del choque por la radio. Pelu, mi anciana tata merengue y yo, entre ellos, que lo escuchamos hechos un flan en su transistor "Vanguard", a través de los micrófonos de Radio España, en la voz del inolvidable Andrés de Sendra.

Lo dijo Roberto Fontanarrosa: "Los partidos por la radio han sido la música de fondo de mi infancia".

La primera parte del encuentro transcurrió sin pena ni gloria pero al filo del descanso Rexach enganchó un zapatazo desde fuera del área que tras golpear en los dos palos se alojó en las redes del espigado guardameta blanco Junquera.

El gol dio alas al Barcelona que en la segunda mitad saltó al campo con bríos renovados. En el minuto 14, cuando los azulgranas asediaban la portería merengue y la eliminatoria estaba en el alambre, se produjo la polémica jugada.

Un contragolpe veloz del Madrid —José Luis Peinado combinó con Ortuño y este con Amancio, que lanzó un pase en profundidad—, permitió a Velázquez enfilar en solitario la portería contraria hasta que se interpuso en su camino Rifé, zancadilleándolo en la media luna del área.

Velázquez

El centrocampista blanco rodó aparatosamente por el césped. A Guruceta le pilló lejos la jugada y ante el estupor de la grada, sin titubear, pitó penalty. Fue la espoleta que desencadenó la tormenta.

Los jugadores del Barça se llevaron las manos a la cabeza y tras arremolinarse en torno al colegiado protestaron airadamente,  amenazándole incluso con abandonar el campo si no rectificaba.

Sólo Vic Buckinham, el flemático míster británico que esa temporada se sentaba en el banquillo azulgrana, mantuvo el tipo y, apelando a su profesionalidad, les hizo recapacitar cuando se hallaban ya en la bocana del túnel de vestuarios.

Al mismo tiempo, el graderío puso el grito en el cielo, en la tribuna comenzaron a flamear los pañuelos y los aficionados, fuera de sí, arrojaron al campo cuanto tenían a mano: botes, latas, mecheros... y una lluvia de almohadillas rojas cubrió casi por completo el rectángulo de juego.

En plena ceremonia de la confusión, hubo un conato de tangana, Grosso cayó al suelo y el técnico del Madrid, Miguel Muñoz, recibió el impacto de un objeto en la cabeza que le provocó una brecha, teniendo que ser atendido en la enfermería.

Al fin, tras nueve minutos, cuando los operarios recogieron los objetos que poblaban el campo, convertido en un vertedero, se reanudó el encuentro desde el punto fatídico, y "el Brujo" Amancio, que esa temporada estaba bendecido —había compartido el "Pichichi" con Gárate y Luis Aragonés—, abstrayéndose del ensordecedor griterío, con nervios de acero transformó la pena máxima.

El estadio enmudeció un instante y luego arreciaron de nuevo las protestas.

—¡No tienes vergüenza! —le espetó Eladio, el capitán azulgrana, a Guruceta mientras aplaudía en su rostro sarcásticamente—. ¡Eres un madridista!

E ipso facto vio la cartulina roja.

El partido, por decir algo, siguió jugándose a trancas y barrancas, en medio de un escenario apocalíptico, entre cohetes, petardos y bengalas, con hogueras en las gradas, pero el luminoso ya no se movió.

A falta de cinco minutos para que se cumpliera el tiempo reglamentario, se produjo una invasión multitudinaria del campo.

Guruceta, sobrepasado por los acontecimientos, dio por finalizado el partido y abandonó el campo protegido por los escudos de la policía nacional, entre abucheos, denuestos y silbidos.

Guruceta protegido por la policía

El Madrid tardó casi cuatro horas en llegar al hotel de Casteldefells donde se hospedaba la expedición blanca.

Y el árbitro vasco tuvo que salir del estadio vestido de guardia civil, con un tricornio calado hasta las cejas, porque la muchedumbre enardecida le aguardaba en los aledaños del estadio.

El gerente del Real Madrid, Antonio Calderón, echó más gasolina al fuego:

—Estas son cosas que pasan en los pueblos... —manifestó a la prensa.

Ni que decir tiene que a la mañana siguiente, el club azulgrana montó en cólera.

Su presidente, Agustín Montal, acusó a Guruceta de negligencia culpable, recusó al colegiado a perpetuidad y pidió que se repitiera el partido desde el minuto 14 del segundo tiempo.

El Comité de Competición, pese a los gravísimos incidentes, no clausuró el campo, si bien impuso una multa de 90.000 pesetas al Barcelona.

El árbitro se llevó la peor parte. En principio, fue sancionado con tres meses de empleo y sueldo, pero el presidente del Comité de Competición, Felipe Ruiz de Velasco, recibió un telefonazo de la Secretaría General del Movimiento, de la que dependía la Delegación Nacional de Deportes, exigiendo que se le duplicara el castigo.

El presidente del Comité de Árbitros, José Plaza, se solidarizó con el colegiado y, demostrando que se vestía por los pies, dimitió de su cargo.

Dimisión de Plaza

Lógicamente, la prensa se hizo eco del escándalo.

—¡Y Guruceta armó la tremolina! —fue la portada de Marca.

Portada Marca Guruceta

Los periódicos catalanes, como no podía ser de otro modo, echaban humo.

Sin embargo, uno de ellos, el Diario de Barcelona, dio una vuelta de tuerca y sorprendió a sus lectores con una crónica firmada por un tal Antonio Bigatá, calificando "el penalty de Guruceta" como una afrenta al pueblo de Cataluña, al tiempo que lo comparaba con la invasión de las tropas borbónicas de Felipe V, comandadas por el duque de Berwick, el once de septiembre de 1714.

Cuando el periódico cayó en manos de Jordi Pujol, que entonces se hallaba al frente de Banca Catalana —la entidad fundada por su padre, Florenci, en 1.959—, no dio crédito a lo que había leído.

Sus ojos echaban chiribitas. Era la primera vez que la crónica de un partido de fútbol traspasaba el ámbito puramente deportivo y se adentraba en el terreno de la política.  Afanado en "fer pais", Pujol era por aquellas fechas un activista inasequible al desaliento.

Años atrás ya había participado en la exitosa campaña para destituir al director de La Vanguardia, Luis de Galinsoga, a quien se le atribuyó la frase: "Los catalanes son una mierda"; en Los Sucesos del Palau de la Música —que le costaron su ingreso en prisión—; y en el Festival de Eurovisión instando a Serrat a cantar el "La La La" en catalán.

Con "el penalty de Guruceta" al joven banquero se le encendió la bombilla: había encontrado otra oportunidad pintiparada para montar el pollo. Y nunca mejor dicho...

Telefoneó al director del Diario de Barcelona, José Tarín Iglesias, y le pidió hablar con el intrépido redactor de deportes al que, tras felicitar efusivamente, invitó a  almorzar a Piolindo, uno de esos locales que entonces estaban de moda en Barcelona donde los clientes se acercaban al aparador con una bandeja y escogían entre muslo o pechuga.

El periodista en cuestión resultó ser Antonio Franco, un joven tímido que iniciaba su singladura en la profesión y firmaba las crónicas con el seudónimo de Antonio Bigatá, tomando "prestado" el apellido de su mujer.

Con el tiempo, tras su paso por las revistas satíricas El Papus y Barrabás, Antonio Franco estuvo al frente de la edición catalana de El País y, posteriormente, fue director de El Periódico de Cataluña, durante casi dos décadas.

Y allí, en el Piolindo, además de hacer proselitismo político, Pujol, con su consabida frugalidad, mientras deshuesaba una ala de pollo, entre sorbo y sorbo de agua del grifo —su bebida favorita—, le dijo al joven plumilla que estaba recabando información —ya antes se había entrevistado sobre el particular con otros periodistas afines a la causa como Alex J. Botines, Xavier Roig, etc...— acerca de lo que llamó el "Caso Guruceta", para entregarle un dosier al presidente del club azulgrana, Agustín Montal.

Se estaba incubando el huevo de la serpiente...

Con "el penalty de Guruceta" al joven banquero Jordi Pujol se le encendió la bombilla: había encontrado otra oportunidad pintiparada para montar el pollo

Entre los intelectuales de izquierdas, durante el franquismo, estaba muy extendida la idea de que el fútbol —lo mismo que la religión para el autor de El Manifiesto Comunista— era "el opio del pueblo", porque lo adormecía.

Formaba parte —según ellos— del "panem et circenses" de Juvenal, o sea, estómagos llenos y espectáculo, que el poder emplea para distraer a la plebe y crear así una sociedad acrítica, gregaria y adocenada.

Sin embargo, Manuel Vázquez Montalbán le dio la vuelta al calcetín. Para el creador de Pepe Carvalho, la política y el fútbol no sólo no estaban reñidos: iban de la mano.

Manuel Vázquez Montalbán presenció "in situ" el escándalo Guruceta, en compañía de su mujer, Ana Sallés, y de sus amigos —y camaradas del PSUC—, Josep Termes y Borja de Riquer, referentes de la izquierda catalanista y tenidos hoy por reputados historiadores.

Justo una semana después, el sábado 13 de junio de 1.970, Manuel Vázquez Montalbán, el rapsoda del Barça y una de las figuras que más ha contribuido a "intelectualizarlo", publicó un artículo en la revista Triunfo titulado "Noche de amor y guerra en el Camp Nou", donde establece un símil entre las almohadillas —rojas— lanzadas por el público a la hierba del Camp Nou esa noche primaveral y las amapolas.

Dice Manuel Vázquez Montalbán: "Siguen brotando las amapolas sobre el césped. El campo ya es del pueblo, cinco, seis, diez mil personas pasean banderas del Barça, avanzan hacia el palco presidencial...".

Y, más adelante, como si le hubiera traicionado el subconsciente, añade la frase definitiva: "El espectáculo supera el mejor partido que ustedes hayan visto en su vida". Sic erat scriptum.

Las almohadillas, por tanto, parecen florecer entre la hierba esa noche primaveral, como si el Camp Nou fuera un vivero y algo estuviera germinando...

Camp Nou cubierto de almohadillas tras la señalización del penalti de Guruceta

De la lectura del artículo, escrito con un tono entre lúdico y festivo,  paradójicamente se desprende una suerte de satisfacción íntima, como si los aficionados del Barça "la noche de autos" se hubieran reencontrado con sus viejos demonios familiares y el penalty/atraco perpetrado por Guruceta corroborase una sospecha atávica y ancestral, esa tara con la que vienen al mundo no pocos catalanes:

—¡España nos roba!

Lo que podríamos llamar el genoma Barça.

—¿Lo ves? —le diría probablemente esa noche un abuelo a su nieto o un padre a su hijo—. Siempre ha sido así...

Con lo que justificaban otras derrotas habidas y por haber, ponían bajo sospecha el brillante palmarés de su némesis, el Real Madrid, y a la vez tenían la coartada perfecta para confeccionar un relato a su medida, pro domo sua, entre el fatalismo y la paranoia, entre el victimismo y la manía persecutoria: el ADN culé.

Sin pretenderlo —o tal vez sí—, Manuel Vázquez Montalbán desnuda la idiosincrasia del Barcelona y, al mismo tiempo, nos anuncia una nueva era del club catalán indisolublemente unido a la política: la simbiosis política-Barça.

Por consiguiente, "el penalty de Guruceta" aglutinaba todos los componentes de un "cóctel Molotov": el escenario, el Camp Nou; la bestia negra, el Real Madrid; la competición, la Copa del Generalísimo; y el craso error del árbitro, el chivo expiatorio.

Sólo faltaba estampar el artefacto explosivo contra los muros del Comité Nacional de Árbitros, de la Federación Española de Fútbol, de la "Casa Blanca" y hasta del propio Régimen.

Y así fue... El asunto, como veremos, acabó convirtiéndose en una cuestión de Estado...

Es como si los aficionados del Barça "la noche de autos" se hubieran reencontrado con sus viejos demonios familiares y el penalty/atraco perpetrado por Guruceta corroborase una sospecha atávica y ancestral, esa tara con la que vienen al mundo no pocos catalanes: ¡España nos roba!

Durante el largo y cálido verano, el penalty siguió coleando, igual que en el inquietante cuento de Augusto Monterroso: cuando me despertaba, el dinosaurio/Guruceta seguía ahí...

Estaba en boca de todo el mundo: en la playa, en las piscinas, en las cervecerías, en los souvenirs, en las heladerías, en los colmados, en todas partes se oía hablar del "penalty de Guruceta".

Y también, cómo no, en las emisoras de radio, entre el "Achilipú" de Dolores Vargas y "Un rayo de sol", de Los Diablos...

Una tarde del mes de agosto en Salou sorprendí a Pelu —mi nonagenaria niñera y voraz lectora— a la hora de la merienda, mascullando no sé qué cosas, con un periódico extendido sobre la mesa de la cocina.

Se trataba del diario vespertino TeleExpress,  dirigido entonces por Manuel Ibáñez Escofet, donde se reproducía,  fotograma a fotograma, la secuencia completa del "penalty de Guruceta", para acreditar que la falta cometida por Rifé a Velázquez fue fuera de la línea de cal.

Penalti de Guruceta

—¿Qué te pasa, Pelu?— le pregunté al verla tan enojada.

—¡Estoy hasta el moño del dichoso penalty! —me contestó refunfuñando y, tras mojarse la yema de su dedo afilado con la punta de la lengua, pasó bruscamente la página.

La maquinaria de agit-prop se había puesto en marcha...

Probablemente, como en la bella metáfora de la película de Bergman, "El huevo de la serpiente" —ambientada en el Berlín de los años veinte, durante la República de Weimar, donde se intuía el auge del totalitarismo nazi—, Franco y su Gobierno, vislumbraron a través de la membrana translúcida del cascarón del reptil, la gestación de la diminuta e insignificante culebrilla alertándoles del inminente peligro que se avecinaba.

De lo contrario, no se entiende que a principios del mes de septiembre, antes de concluir las vacaciones estivales en San Sebastián, el Generalísimo, en el Consejo de Ministros celebrado en el Palacio de Ayete, acordara defenestrar al Delegado Nacional de Deportes, Juan Antonio Samaranch, por haber mostrado su disconformidad con la kafkiana sanción impuesta a Guruceta.

Así pues, la figura que popularizó el eslogan "Contamos Contigo" para incentivar la práctica del deporte en nuestro país y, años más tarde, siendo presidente del COI, jugaría un papel crucial para la celebración de las Olimpiadas de Barcelona 92 —el "Señor de los Anillos"—, fue reemplazado —¡agárrense los machos!— por el gerente del Barça, Juan Gich Bech de Careda, un hombre muy próximo al entonces ministro secretario general del Movimiento, Torcuato Fernández Miranda.

El Gobierno de Franco y "Los Lópeces" —así llamado coloquialmente porque formaban parte del gabinete López Bravo, López Rodó y López de Letona—, sin duda, avizoró el peligro y quiso apagar el fuego antes de que el incendio se propagara, antes de que el "monstruo" —por seguir con la sutil metáfora de la película de Ingmar Bergman—, se volviera incontrolable...

Los cambios no terminaron ahí.

Poco después, el presidente de la Federación Española de Fútbol, José Luis Costa Cenzano, fue sustituido por su homónimo, José Luis Pérez-Payá.

Y a fin de "congraciarse" con Cataluña, ese mismo año, el Barça fue regado con más cuarenta millones de pesetas de dinero público para sufragar las obras del Palau Blaugrana y la pista de hielo.

¿Era ese el precio que Franco y "Los Lópeces" pagaron por el penalty de marras?

No hay más preguntas, Señoría.

Franco defenestró al Delegado Nacional de Deportes, Juan Antonio Samaranch, por haber mostrado su disconformidad con la kafkiana sanción impuesta a Guruceta. El presidente de la Federación Española de Fútbol, José Luis Costa Cenzano, fue sustituido por su homónimo, José Luis Pérez-Payá. Y a fin de "congraciarse" con Cataluña, ese mismo año, el Barça fue regado con más cuarenta millones de pesetas de dinero público para sufragar las obras del Palau Blaugrana y la pista de hielo

A Santiago Bernabéu, el "affaire" Guruceta le sacó de sus casillas.

Sólo dos años antes, el 11 de julio de 1.968, había visto con sus propios ojos en Chamartín cómo el colegiado mallorquín Antonio Rigo— considerado el árbitro de cámara del Barça— le escamoteó dos penaltys flagrantes al Madrid en la final de la Copa del Generalísimo, con Franco en el palco —"la final de las botellas"—, y no tuvo más consecuencias que prohibir a partir de entonces la venta de vidrio en los estadios.

Con razón, el bueno de Bernabéu —que no tenía pelos en la lengua— dijo en su día que cuando alguien acusaba al Real Madrid de ser el equipo del Régimen, le entraban ganas de cagarse en su padre...

Tras la chapuza de los oriundos —numerosos  futbolistas suramericanos alegando que sus progenitores eran españoles falsificaron el pasaporte para jugar en nuestro país—, la Federación Española, finalmente, dio luz verde a la contratación de futbolistas extranjeros— dos por club—, una aspiración del Barcelona desde que gozaba de salud financiera gracias a la recalificación de Las Corts, decretada por el Gobierno de Franco en el Consejo de Ministros celebrado en el Pazo de Meirás el 13 de agosto de 1.965 y la posterior venta del solar, un año después, a la inmobiliaria Hábitat.

Johan Cruyff, objeto de deseo del Barça, recomendado encarecidamente por Vic Buckinham, que lo hizo debutar con apenas dieciocho años, cuando el míster inglés entrenaba al Ajax, por fin, el verano de 1973 recaló en el club azulgrana, el 13 de agosto, para ser exacto, la misma fecha, justo ocho años después de que Franco y su Gobierno salvaran al Barcelona de la quiebra, como si se tratase de un guiño del calendario.

El Generalísimo y el Barça. Deus ex machina

Aunque las negociaciones para hacerse con los servicios del "Flaco" fueron llevadas a cabo con sagacidad por el nuevo gerente del Barça, Armand Caraben, y contó con la inestimable ayuda de su mujer, Marjolijin Van den Meer, neerlandesa como el matrimonio Cruyff, sin el concurso de Jordi Pujol —otra vez el pope del nacionalismo extendiendo sus largos tentáculos—, la operación no hubiese prosperado.

Según cuenta en sus Memorias el que fuera Molt Honorable President de la Generalitat, la primera vez que oyó hablar —"maravillas"— del astro holandés fue a principios de los años setenta durante un viaje en coche a Lérida, acompañado por Raimon Carrasco —hijo de Manuel Carrasco i Formiguera y presidente interino del club azulgrana entre Montal y Núñez—, y Antoni Forellad, un empresario de Sabadell, consejero del Banco Industrial de Cataluña, aunque ambos arguyeron que era muy caro.

—¡Fichadlo! —les insistió Pujol sin dudarlo.

La operación fue financiada por Banca Catalana.

El pago se realizó con divisas y costó tres millones de florines, alrededor de sesenta y cinco millones de pesetas. El fichaje de Cruyff fue el más caro de la historia del fútbol español hasta ese momento. Pujol tenía la certeza de que el Barcelona estaba llamado a ser el caballo de Troya del soberanismo. Era parte de su hoja de ruta...

Del mismo modo que un disparo en las montañas nevadas puede provocar un alud o el aleteo de una mariposa desatar un huracán —lo que se ha dado en llamar el efecto mariposa o la teoría del caos—, sin el penalty de Guruceta, Gich no hubiera relevado a Samaranch al frente de la Delegación Nacional de Deportes ni el Barcelona hubiera recibido una inyección de más de cuarenta millones de pesetas para las obras del Palau blaugrana y la pista de hielo y,  probablemente, Johan Cruyff tampoco se hubiera enfundado la camiseta blaugrana.

El Barcelona, por tanto, no pudo sacar más tajada del clamoroso error del colegiado guipuzcoano.

Sin el penalty de Guruceta, Gich no hubiera relevado a Samaranch al frente de la Delegación Nacional de Deportes ni el Barcelona hubiera recibido una inyección de más de cuarenta millones de pesetas para las obras del Palau blaugrana y la pista de hielo y,  probablemente, Johan Cruyff tampoco se hubiera enfundado la camiseta blaugrana

Diez años antes del "penalty de Guruceta", el 19 de mayo de 1.960, tuvieron lugar Los Hechos del Palau de la Música, considerados históricamente el acto fundacional del nacionalismo catalán tras la Guerra Civil.

Por aquel entonces, un grupo de jóvenes de la organización Cristians Catalans, con motivo de la celebración del centenario del nacimiento del poeta Joan Maragall, figura clave de la Renaixença, boicoteó el acto, al que asistieron Franco y cuatro ministros de su Gobierno, entonando "el Cant de la Senyera", himno del Orfeón catalán,  expresamente prohibido por el gobernador civil, Felipe Acedo Colunga, al tiempo que lanzaban  octavillas desde el gallinero con el título "Us presentem al general Franco", redactadas por Jordi Pujol y mecanografiadas por su esposa, Marta Ferrusola, donde ponían al interfecto y su Régimen como "chupa de dómine".

Agentes de la brigada político social, vestidos de paisano y distribuidos por las butacas del Palau, practicaron numerosas detenciones en el palco y la platea, y tirando del hilo de la madeja llegaron hasta el autor del panfleto.

Jordi Pujol

Jordi Pujol fue sometido a un consejo de guerra por incitación a la rebelión y condenado a siete años de cárcel de los que, finalmente, cumplió dos y ocho meses, en la prisión de Torrero (Zaragoza), al solicitar el indulto y beneficiarse de la reducción de penas gracias a la conmemoración de los "XXV años de paz" del Régimen.

Según Jordi Pujol, que dos décadas después ocupó la silla curul del Palau de la Generalitat, esa fue "la primera victoria del catalanismo político contra Franco".

Pues bien, de igual forma podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que "el penalty de Guruceta" fue la piedra miliar del "barcelonismo político" o, si se quiere, de la politización del club azulgrana.

Que nadie se confunda, "el Barça es más que un club", la célebre frase pronunciada por Narcís de Carreras el 17 de enero de 1.968, en la toma de posesión como presidente del club azulgrana, convertida en lema del barcelonismo, no tiene connotación política alguna.

Se trata de una frase tan vacua como inocua que debido a su polisemia ha sido aviesamente descontextualizada para otorgarle un sesgo ideológico del que originariamente carecía.

Narcís de Carreras fue un prohombre del Régimen:

Condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil por Franco; procurador en Cortes por Gerona por el tercio familiar, el 1 de octubre de 1.960, "día del Caudillo", obsequió al Jefe del Estado con un artículo en La Vanguardia, untuoso y lambiscón, titulado "La política o la ilusión del bien común", en el que, entre otras perlas cultivadas, afirma: "El Generalísimo barrió todo lo que se oponía al resurgimiento de la patria".

A otro perro con ese hueso...

Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que "el penalty de Guruceta" fue la piedra miliar del "barcelonismo político" o, si se quiere, de la politización del club azulgrana

Pero la serpiente rompió la membrana del cascarón, se deslizó sinuosamente sobre la hierba e inoculó el veneno de la política al club azulgrana.

Las esteladas ondeando en las gradas del Camp Nou; los gritos a favor de la independencia en el minuto 17; los mosaicos con leyendas como "Catalonia is not Spain" que han convertido al Barça en el espolón de proa del "procés" y a su estadio en el escaparate del secesionismo, no son sino la cristalización de los delirios identitarios de Jordi Pujol, "el Rey Midas de la política".

El "Gordo" Osvaldo Soriano, autor de "El penalty más largo del mundo" —el hermoso relato al que aludíamos al comienzo de estas líneas, del que Hernán Casciari hizo un "cover" no menos delicioso—, definió el fútbol como "una guerra sin muertos". Aunque también es verdad que veces se cometen asesinatos civiles. Ese fue el caso de Emilio Carlos Guruceta Muro.

Cabeza de turco de una campaña de linchamiento sin precedentes orquestada desde Barcelona que cruzó todas las líneas rojas hasta el extremo de que en los campos de España llegó a corearse su nombre a modo de insulto.

—¡Gu-ru-ce-ta! ¡Gu-ru-ce-ta! —clamaba la afición local cuando se sentía agraviada por la decisión del árbitro de turno.

Una costumbre que arrancó en el Camp Nou y fue extendiéndose como una mancha de aceite por el resto de la geografía española. Estigmatizado por aquel error de bulto, objeto de mofa y befa, Guruceta se convirtió en el muñeco del pim pam pum, el "blanco de las iras" del aparato mediático culé. Y nunca mejor dicho, porque el verdadero destinatario de esa campaña de acoso y derribo era el Real Madrid y lo que para ellos representa.

Probablemente, el mejor árbitro español de todos los tiempos —hasta el mejor escribano echa un borrón— y, sin duda, nuestro primer colegiado moderno, Guruceta se anticipó a su tiempo. Enérgico y dialogante a la vez, el árbitro guipuzcoano era un deportista más sobre el terreno de juego. Alto, con porte atlético y una larga zancada, rompió el molde de los trencillas fondones que correteaban antaño con la lengua fuera por los campos de España.

Guruceta en un Nottingham Forest Anderletch de 1984

Emilio Carlos Guruceta Muro se mató en accidente de tráfico el 25 de febrero de 1.987 cuando se dirigía a Pamplona, al volante de un BMW, en compañía de Eduardo Vidal y Antonio Coves, sus jueces de línea, para arbitrar el partido de Copa del Rey que enfrentaba al Osasuna y el Real Madrid. Otra vez la Copa y de nuevo el Real Madrid se cruzaban en su camino, como si tuviera que cumplir los designios de su destino.

Guruceta fue a morir cuando más le sonreía la vida. Casado, con dos hijos de cinco y un año, se había establecido en Elche, donde montó una fábrica de calzado y prendas deportivas, "Guruceta Sports".

Apasionado de la velocidad —años atrás había sufrido otro accidente de automóvil en Mansilla de las Mulas—, tal vez huía de sí mismo, de aquella noche funesta que le persiguió como una sombra toda su carrera deportiva. "Los fantasmas son invisibles porque habitan en nuestro interior",dijo Marguerite Yourcenar.

Aquel miércoles, antes del partido, se había citado a almorzar con unos amigos en Las Pocholas. Llovía a mares, pero él presumía de saber conducir bajo el aguacero.

—Soy vasco y estoy  acostumbrado —les dijo a sus compañeros de viaje, instantes antes del accidente, mientras pisaba el acelerador y los goterones de agua repiqueteaban en el parabrisas.

Sin embargo, a la altura del kilómetro 150 de la autopista A-2, entre Barcelona y Zaragoza, en el término municipal de Fraga (Huesca), Guruceta perdió el control de su BMW debido al agua acumulada en un charco; el coche giró varias veces sobre su eje, golpeó el guardarraíl y se empotró contra la parte trasera de un camión de mantenimiento Ebro estacionado en el arcén, un vehículo sin caja cuya estructura actuó como una cuchilla segando su vida y la de Eduardo Vidal, mientras Antonio Coves logró salir a duras penas por la ventanilla del coche y pidió auxilio a un automóvil que circulaba por la carretera.

El partido estuvo a punto de ser suspendido. García de Loza se negó a vestirse de negro. Finalmente, fue José Donato Pes Pérez quien se desplazó desde Zaragoza a Pamplona para arbitrarlo.

La luctuosa noticia se anunció antes de comenzar el partido por la megafonía de El Sadar y cuando se guardaba un minuto de silencio por su eterno descanso, fue interrumpido por el clamor del público navarro.

—¡Gu-ru-ce-ta! ¡Gu-ru-ce-ta!...

Su apellido, inequívocamente vasco, que tantas veces había sido gritado en los campos de fútbol de España para denigrar la actuación de un colegiado, era ahora homenajeado póstumamente, como si de un acto de justicia poética se tratara.

Al día siguiente de su muerte, el diario Marca instituyó el Trofeo Guruceta para premiar al mejor colegiado de la temporada.

Guruceta Marca

Acaso para lavar la mala conciencia colectiva.

Pero el eco de aquel escándalo aún resuena en la bóveda la Historia...

 

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Soy consciente, al escribir estas líneas, de que la paliza mediática y futbolística que me puede caer encima será de aúpa, pero no puedo evitarlo. Señoras y señores, no quiero ver a Mbappé vestido de blanco. Hala, ya lo he dicho.

El Madrid es distinto, único e intransferible, y paga en gloria. Lo acabamos de ver con los chicos de Hezonja y estamos acostumbrados a sentirlo y gozarlo, para pasmo y desesperación de nuestros adversarios; cuando el mundo entero afila los cuchillos para destazarnos, héroes hechos de otra pasta se levantan y pintan la cara a jardineros, eruditos y vicetiples mediáticas con los colores del oprobio. Así somos, y así seremos mientras el Madrid sea el Madrid, pero no se llega a adoptar dimensiones de leyenda sin jugadores que respiren, beban y coman madridismo desde la cuna; los mercenarios y oportunistas terminan por no encajar cuando llega la hora de la épica; ningún Jenofonte luchó sólo por oro, sino, como dijo Valdano, por gloria.

Quédate en París, Kylian Mbappé. No eres digno del Real Madrid

Mbappé no es ni será nunca, por tanto, digno del Madrid. Dos veces nos ha ilusionado, dos ocasiones ha gozado para llegar al Olimpo, al Valhalla inolvidable de quienes todo lo dan para todo recibirlo, y las ha desperdiciado miserablemente. Ha preferido el oro, el de los que no dudan en comprarse competiciones, federativos y árbitros a golpe de petrodólar, en lugar de pintar sus glorias en el tapete verde del Bernabéu, donde se tejen las noches inmortales.

Mbappé Real Madrid 2022

Soy consciente de que el fútbol del siglo XXI no es, ni por asomo, esa noble competición entre caballeros que se dan la mano tras el pitido final, y de que la masa de dinero que mueve el balompié —y con más razón el Madrid— hace prácticamente imposible volver a esos días, por no hablar de mi absoluta ignorancia de lo que se cuece en los despachos, a los que mi condición de simple aficionado no permite llegar. Igual mientras escribo esto está ya todo hablado a espaldas del maremágnum diario; igual dentro de dos días este texto queda obsoleto y le vemos en Valdebebas, pero no puedo evitar este desahogo íntimo y público a la vez —qué paradoja, ¿verdad?— y decir bien alto que no quiero a Mbappé en el Madrid.

No, amigos, no está a la altura. Prefiere el dinero a la gloria, los millones al fútbol, los despachos de los jeques a la cancha; quien así piensa y siente merece reposar entre millones, ahíto de riqueza como un Tío Gilito parisién, antes que lucir la camiseta blanca y ese escudo redondito que tanto pavor inspira en el contrario.

Quédate en París, Kylian Mbappé. No eres digno de mi club.

 

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Buenos días, amigos. Trabajo hecho, deber cumplido. El Madrid, como a estas alturas ya sabréis, salvo que os hayáis quedado atrapados en un bucle de roscón de Reyes, venció anoche a la Arandina por un gol a tres, tantos de Joselu, Brahim, Rodrygo y Nacho. Podéis leer aquí la crónica y las notas de Genaro Desailly, así como la crónica arbitral, en la cual Alberto Cosín juzga el desempeño de García Verdura, con independencia de que seáis o no veganos.

El Madrid solventó el primer escollo copero con profesionalidad, tarea más complicada de lo que parece cuando uno ve que hay que enfrentarse a un equipo de 2ª RFEF, ejemplos no faltan de descalabros sonados. A menudo las faenas aparentemente más sencillas se le atragantan a uno y se lleva más de un susto. No es extraño que un ingeniero de la NASA se encuentre más cómodo diseñando el sistema de comunicaciones de una nave que partirá un jueves rumbo a Marte que ordenando el armario rinconera de la cocina de modo que se aproveche al máximo el espacio y las especias más utilizadas queden a mano.

El partido, además de la victoria y la consiguiente clasificación, dejó varias buenas noticias. La primera y más llamativa es Arda Güler. Por más que estuviésemos avisados de que se trata de un jugador excepcional, ayer nos embaucó. Se deslizó sobre el irregular terreno de juego como si patinase sobre hielo, como si llevase toda la vida jugando en el Real Madrid, con esa confianza en sí mismo que solo destilan los grandes. Este chico promete, como titula Marca.

Portada Marca

Fue su primer partido con la camiseta blanca y se atrevió a apropiarse —como si de la familia Gil y Cerezo con el Atleti se tratase— de una falta al borde del área que para colmo parecía más propicia para el perfil de un diestro. Güler porfió con Ceballos hasta que lo convenció para que le dejase lanzar el golpe franco. Y lo clavó. Lo clavó tanto que se estrelló en la mismísima cruceta. Con la izquierda, por fuera.

También gozó de una buena ocasión frente al guardameta rival, que efectuó una buena parada al disparo, esta vez con la derecha, de Arda. Además de habilidoso, ambidiestro, y buen pasador, como demostró sirviendo un balón a Brahim que solo el maltrecho estado del césped —hola, Xavi— impidió que se materializase en una gran oportunidad.

Portada As

Precisamente Brahim fue otro de los destacados y demostró que quiere la Copa, como resalta el diario As. En apenas un instante provocó dos goles. Primero le hicieron penalti, de cuyo lanzamiento se encargó Joselu y esta vez sí entró. No lo lanzó nada mal el catorce blanco, que, como buen goleador, poco a poco sigue marcando tantos, con independencia de su mayor o menor participación. Y cuando aún estaba alojándose en la red el gol de Joselu, Brahim firmaba el cero a dos. Tranquilidad y eliminatoria resuelta.

Además, jugaron futbolistas de la cantera como Vinícius Tobias, Álvaro Rodríguez, Mario Martín —dejó buenas sensaciones—, Nico Paz o Carrillo, quien realizó un gran partido en el centro de la defensa y después, sin transición ni nada, acabó en la derecha.

Mención especial merece Camavinga, quien reaparecía tras su lesión como si nunca se hubiera ido. Este futbolista es un espectáculo. Le da igual el rival, el estado del terreno de juego, la competición o cualquier otra característica del encuentro, siempre está, siempre lo hace bien, siempre nos hace soltar un ¡oh! tras algún detalle de calidad.

Tanto a Camavinga como a Güler los sustituyó Ancelotti a la hora de partido para evitar riesgos, ya que ambos acaban de recuperarse de sendas lesiones.

Podéis pensar que no hay muchos peros que poner, pues os equivocáis.

📻⚪️ "Hay que tomar una decisión con él: necesita minutos y los necesita fuera del Real Madrid porque aquí no los va a tener"

👀👉 "Necesita mejorar en el físico y hacerse al nivel competitivo de una Liga como la española"

💭🇹🇷 La reflexión de Julio Pulido sobre Arda Güler pic.twitter.com/BChB5QUER4

— Carrusel Deportivo (@carrusel) January 6, 2024


Güler es ya un problema, hay que tomar una decisión, en el Madrid no va a tener minutos, ha de irse, necesita mejorar el físico, hacerse al nivel competitivo de la Liga. Es una verdadera lástima que el Madrid haga oídos sordos a tanto sabio, si les hiciera caso, probablemente ahora estaría luchando por conseguir su décima Champions League.

Pasamos a la prensa cataculé. Comenzamos por Mundo Deportivo.

Portada Mundo Deportivo

El diario de Godó, grande de España, ilustra su portada con lo que parece ser un jugador creado con genética e inteligencia artificial, tomando como base a Messi y añadiéndole ADN brasileño: Messinho. Sin duda será la enésima estrella que fichará el Barça este mes. Con ese nombre nada se le pondrá por delante. Si Messi ha sido capaz de recibir un mundial y dos Balones de Oro de regalo cuando ya era prácticamente un exfutbolista, imaginad alguien llamado Messinho. Imparable. 24 Balones de Oro y 14 mundiales, todos ellos disputados en Catar en el intervalo de 3 años.

Portada Sport

Sport dice que Xavi quiere esta Copa, pero no, esta Copa la está saboreando Arda Güler.

Pasad un buen día.

Arbitró Víctor García Verdura del comité catalán.
Poco riguroso y tajante con las continuas faltas locales en los primeros 45'. La Arandina lo hizo bien porque casi siempre era un jugador distinto, pero alguna tarjeta debió sacar para cortar tantas interrupciones. En el 33' se pitó fuera en un centro de Brahim cuya repetición dejó bastantes dudas. No estaba fuera totalmente en aquel Japón - España del Mundial y aquí el balón estaba más cerca de la línea de fondo. El cuero, por cierto, le había llegado a Joselu en disposición de rematar.
En la segunda mitad la acción más decisiva fue el penalti de Zazo sobre Brahim en el 52'. El jugador local protestó, pero la zancadilla fue clara. Las quejas de su compañero Pesca le valieron una amarilla. Otro que la mereció y por dos veces fue Haji, que realizó entradas bruscas y a destiempo en apenas 10 minutos a Vini Tobias y Nico. Garcia Verdura estuvo mal no señalando falta en ninguna de las dos acciones. Apuntar también otras dos cartulinas a jugadores de la Arandina: Cabral en el 76' y Jorge en el 82'.
García Verdura, DISCRETO. Debe mejorar en el apartado disciplinario y estar menos contemplativo.

Kepa: SIN CALIFICAR. Lo más divertido del debate Kepa/Lunin es que casi nunca hay ocasión de juzgar a ninguno de los dos, porque los rivales no le llegan al Madrid.

Tobías: APROBADO. Se perfiló bien en ataque. Sin problemas en defensa.

Fran García: APROBADO. Su partido no aportará mucho, ni en un sentido ni en otro, a su asentamiento en la posición.

Nacho: APROBADO. Marcado últimamente por extrañas jugadas desgraciadas, este última afortunadamente intrascendente.

Carrillo: NOTABLE. Impecable el central del filial en su debut. Rápido y limpio al corte.

Camavinga: NOTABLE. Llamativa exhibición de cualidades en un césped casi impracticable, hasta que fue sustituido.

Ceballos: APROBADO. Ni bien ni mal ni todo lo contrario.

Nico Paz: APROBADO. Buenos detalles, sin demasiada consistencia.

Güler: NOTABLE. El mejor hasta que fue cambiado. Ilusionantes minutos.

Joselu: APROBADO. Gol de penalti, y casi literalmente nada más.

Brahim: NOTABLE. Penalti forzado, gol y asistencia. Sigue en su línea de excelencia.

Rodrygo: APROBADO. Buen gol en los minutos que tuvo.

Valverde: NOTABLE. Metió buenos balones en profundidad.

Mario, Àlvaro: SIN CALIFICAR

Ancelotti: APROBADO. Noche fría, pero plácida.

Getty Images

El Madrid se ha clasificado para Octavos de Copa después de dejar atrás a la Arandina en un encuentro marcado por el buen debut de Arda Güler.

Dispuso Ancelotti un once apetecible a la vista por abundancia de novedades, con oportunidades para poco habituales como el canterano Carrillo, la joven esperanza blanca Nico Paz, el centrocampista de culto Ceballos y el debutante -aunque ya lleve un tiempo por aquí- Arda Güler. Eran alicientes tan notorios como el acertado formato del KO a un solo partido a estas alturas de la competición.

El césped daba para pocas alegrías y redefinía los propios conceptos de jugar bien o mal. Quizá sea sano pasar por partidos así para no olvidar que el practicado sobre esa superficie es fútbol también, y tan digno como el disputado sobre alfombras. Las primeras sensaciones parecían indicar una buena disponibilidad de los de Ancelotti para adaptarse a las circunstancias, con el reaparecido Camavinga mandando en el centro y el aparecido Arda Güler desenvolviéndose con sabiduría. El propio Güler controló magistralmente en la frontal y obligó a la defensa a despejar a córner. Fue un comienzo prometedor del turco.

Poco a poco se fueron uniendo a la fiesta Brahim y Nico Paz, con el Madrid tocando con paciencia y hasta adornándose con gestos técnicos impropios de los hoyos del campo. Güler obligó al portero a lucirse con un tiro con la derecha, su pierna mala, después de combinar muy bien con Vinícius Tobías al borde del cuarto de hora. A renglón seguido, el joven turco estrelló en la cruceta un tiro de falta canónico.

El gran incentivo del partido continuaba dando señales del superclase mundial que será en el futuro si sigue esta evolución. Le soltó a Brahim un pase en profundidad deslumbrante que sólo el mal estado del campo impidió al malagueño estrenar el marcador. En el centro imponía su ley Camavinga; unos metros por delante, Güler invitaba a soñar, si bien el paso de los minutos y el persistente cero a cero invitaba en cambio a la inquietud blanca. El síndrome Toledo-Alcorcón-Alcoyano-Irún, que como tantas enfermedades graves tiene nombre (muy) compuesto, comenzaba a apoderarse del gélido ambiente. Los omnipresentes Güler y Camavinga fabricaron una jugada por la derecha, y el cabezazo de Nico Paz estuvo a punto de aplacar la zozobra al borde del descanso.

El fútbol se ha convertido en una cosa muy rara. Llevábamos cincuenta minutos de partido, el Madrid empataba a cero con la Arandina y no se podía decir que estuviera jugando mal. El enésimo pase sobresaliente de Camavinga, en este caso a Brahim, posibilitó una buena ocasión blanca, pero estuvo egoísta el hispano-marroquí y prefirió disparar en lugar de centrar a un Joselu desasistido y casi inédito.

No obstante, el malagueño lo arregló a continuación forzando un penalti riguroso, de los que no suelen pitar al Madrid, que convirtió Joselu, y sin acabar la frase remató a la red un minuto después recogiendo el rechace de un defensa tras una gran jugada del propio Brahim.

De repente ganaba el Madrid 2-0, y el síndrome de apellido compuesto se alejaba en lontananza.

Fue el momento que Ancelotti aprovechó para introducir cambios que a buen seguro estaban coordinados. Camavinga y Güler, los mejores hasta el momento, pero renqueantes todavía tras sus lesiones, fueron al banquillo en beneficio de Valverde y Rodrygo, respectivamente. Continuó el Madrid dominando como corresponde a un partido así, con la Arandina tratando de ejecutar tímidos contragolpes que siempre solventó estupendamente Carrillo. Gustó mucho también el central.

Puestos a dar entrada a novedades, pudimos ver también a Gonzalo y Álvaro, que nada más entrar remató por encima del larguero un centro del propio Carrillo. En un contragolpe claro, Joselu erró un gol cantado y pateó el césped para exteriorizar culpabilidades. Mejor eso que cuando pide perdón.

El encuentro se deslizó hacia su final sin más contratiempo que los baches del césped, y aún hubo tiempo para un gol por equipo. Nacho marcó en propia meta y los chicos del modesto equipo castellano lo celebraron como si hubieran marcado al mejor equipo del mundo, o sea, exactamente lo que acababa de pasar. El mejor equipo del mundo que les desea también la mejor suerte del mundo en la más gélida noche de los Reyes de Copas.

Getty Images

Hola, amigos. Los Reyes Magos han dejado en la redacción de La Galerna tantísimo carbón que hemos acabado con las caras hollinadas y, al salir por la puerta, el portero del inmueble ha confundido a Alberto Cosín con Rüdiger y le ha pedido un selfie. El carbón no era para nosotros, claro, que bastante buenos hemos sido, sino para muchos de aquellos sobre los que solemos hablar en esta bendita publicación y no menos bendita sección.

Si se hubieran portado un poco mejor al final de año, tal vez habrían aplacado la dureza de la cosecha de carbón. No sería la primera vez en que un niño que ha sido pérfido durante once meses lo arregla todo con un diciembre y primeros días de enero decente, pues es en esa época del año donde el pájaro chivato está más atento. Lejos de eso, los receptores de las mayores cantidades de dicha sustancia fósil han sido especialmente traviesos en estos últimos días, y en situaciones así, claro, los Reyes no tienen piedad y hasta ejemplarizan.

Un saco de carbón entero ha ido a parar a Iturralde. Un auténtico carbonazo (leed bien). ¿Y qué ha hecho esta vez?, os preguntaréis exasperados. En realidad es lo que hizo hace tiempo y que ha sido revelado por Cristóbal Soria, un simple bufón a quienes los Reyes no se molestan ni en traer carbón. La confesión de Soria tuvo lugar en algún tipo de ponencia auspiciada por el periodista Felipe del Campo. Soria confesó que celebró con Iturralde -por entonces árbitro en activo- el 2-6 que encajó el Madrid de Juande Ramos ante el Barça, entre las carcajadas de Del Campo.

La distribuían de carbón en la redacción de La Galerna va como sigue: saco de 50 kg para Felipe del Campo por demostrar ser un periodista muy deficiente al reír la gracia de una manifiesta corruptela con agravante de sarcasmo; saco de 500 kg de carbón para Iturralde por la enésima prueba de un negreirismo que en su caso es vocacional; como ha sido dicho, para Soria no hay carbón, pues su condición de comediante absurdo le desautoriza, por no ser genuino, para recibir siquiera una micra de carbón. De hecho, lamentamos que tenga que aparecer hoy en La Galerna, distinción que tampoco merece.

El otro gran saco de carbón de la mañana de Reyes llegó a nombre de Mundo Deportivo, o más específicamente de su community manager de twitter, X o como se llame ahora. Sabréis que el Real Madrid venció al Efes en un partido absolutamente histórico (130-126) después de ¡¡cuatro!! prórrogas, algo sin precedentes en la historia de la Euroliga. Lo borraron en cuanto se dieron cuenta de su propia ridiculez y mezquindad, pero ved lo que el CM de Mundo Deportivo destacaba al respecto.

Por cierto, sobre el inolvidable partido del Madrid podéis leer el canto de gesta que nos ha traído a La Galerna Joe Llorente. Eso sí que es un regalo de Reyes. Hoy es el cumpleaños de Joe. Felicitadle por tierra, mar y aire. Le queremos mucho.

Por increíble que parezca, tamaña gesta no aparece más que de refilón en las portadas del día, que os dejamos por aquí. Ya sabéis que esta noche juegan los de Ancelotti ante la Arandina en partido de Copa. La ilusión del equipo castellanoleonés es el argumento central de las portadas de Marca y As. Nos alegramos mucho de que les haga ilusión, lo que por supuesto no implica que a nosotros no nos haga ilusión eliminarlos. Parece que debutará Güler. El partido es a vida o muerte en un campo que no estará en condiciones. Esperamos pasar y no lesionarnos. Os lo contaremos todo aquí, por supuesto.

Que el resto del día de Reyes sea fructífero.

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