Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Embestidas y estremecimientos no es una película de Bergman, como sugería nuestro editor Jesús Bengoechea en Twitter. Tampoco es un largo —o corto— metraje de esos que goza José María Caneda cuando no ve al Madrid, y sin embargo sí es pornográfico, se mire por donde se mire, por delante y por detrás. Nos referimos a la cena, con posterior comunicado oficial del Barça, de las últimas cinco personas que sobornaron —cohecho, lo llama el juez instructor— a Enríquez Negreira mientras era vicepresidente del CTA. Estas cinco personas son también los últimos cinco presidentes del FC Barcelona, pero es una mera coincidencia, no vayamos a pensar mal. Los mentideros culés le dedican un hueco más o menos grande, como todo en la vida, a la noticia en sus portadas.

Sport apenas le asigna un microespacio en el faldón: «Cena de presidentes por la unidad del Barça» y lo ilustra con una imagen de Reyna echándole el aliento en el cogote a Laporta.

Mundo Deportivo coloca la noticia por encima de Fermín y la acompaña incluso de fotografías exclusivas. Dice que la cena fue para cerrar filas respecto a los ataques al club azulgrana.

Decíamos en los preliminares de este portanálisis que el asunto es pornográfico y no nos referíamos a que los cinco pagadores de Negreira degustasen sushi sobre el cuerpo desnudo de un efebo o manceba, sino porque fue un acto soez cargado además de hipocresía. ¿Unificar posturas? ¿No se pagaba por informes? ¿No era todo legal? ¿Si todo es limpio y sin mácula, qué postura hay que unificar si verdad no hay más que una?

El comunicado, que es todo paja y no sobresale por su redacción, es igual de pornográfico. Califica el encuentro de «distendido», no podía ser de otra manera, el cual tenía «como objetivo consolidar y afianzar la posición —¿Missionary Position quizá?— unificada de los barcelonistas ante las embestidas y estremecimientos que sacuden —confiamos que las sacudidas fuesen menos de tres— la vida del Club».

Prosigue afirmando que «en el encuentro se analizó —deducimos por tanto que no se ocuparon solo de las embestidas frontales sino también de las provenientes por la retaguardia— la actualidad barcelonista y se consensuaron posiciones —estos temas siempre han de ser consentidos—, que en síntesis se convirtió en una postura de apoyo —informan de la posición adoptada durante el acto— a los intereses del Club, especialmente en asuntos relacionados con las acometidas que el FC Barcelona ha sufrido incesantemente a lo largo de su historia y muy especialmente en la actualidad».

¿Las acometidas son análogas a las embestidas o producen menos estremecimientos? ¿Se refieren acaso a las acometidas del teléfono, del gas o de cualquier otro suministro? ¿Si se trata de las acometidas del agua podemos deducir que las embestidas se produjeron en la ducha?

En el mundo X, anteriormente conocido como Twitter, no falto quien con censurable mala fe dejó caer que tal vez la famosa cena tuviese lugar en algún local de la cadena de restauración La Mafia se sienta a la mesa, hecho que desde La Galerna estamos en disposición de desmentir.

Joan Gaspart afirmó después de la cena, de las embestidas, de los estremecimientos y no sabemos si de las sacudidas, que «Los del Madrid no nos matarán porque no podrán». No, Gaspart, lo único que pedimos los del Madrid —y no a los Reyes Magos— es que el Barça y los responsables paguen por los delitos que hayan cometido. Por todos. Y si eso implica la cárcel, tocará asumir las consecuencias y, en este caso sí, cuidarse de las embestidas y los estremecimientos.

Gaspar, junto al mencionado Caneda y otros presidentes de los ochenta y noventa, creó escuela y dejó un legado de cómo no comportarse y qué no decir. Miquel Camps, portavoz de la junta directiva del Barça, sin embargo decidió proseguir el camino de Gaspart y tuiteó que a Vinícius le critican por ser «un payaso» y que se merece «una colleja».

Unas declaraciones acordes a la seriedad de la junta de la cual es portavoz. A pesar de la gravedad de las mismas, no han sido merecedoras de comunicado ni disculpa alguna por parte del club, lo que implica que no están en desacuerdo.

Para lo que sí ha servido el repugnante tuit es para que Florentino no acuda al palco el próximo sábado y no se siente junto al imputado Laporta. Aunque tal vez no se deba al tuit de Miquel Camps, quizá el presidente ya lo tuviera decidido, quizá ha sido la gota que ha colmado el vaso, a lo mejor se debe a lo que todos imaginamos o a alguna razón conocida solo por unos pocos. Sea como fuere, es una decisión que aplaude el madridismo.

Os dejamos por aquí las portadas de los periódicos de la capital, que demuestran el madridismo sociológico que impregna nuestra sociedad. Solo hablan del Madrid, como podéis observar.

Pasad un buen día.

A lo largo de la Historia hay fenómenos inexplicables suficientes como para llenar programas enteros de Cuarto Milenio. ¿Quién mató a John F. Kennedy? ¿Llegó el hombre a la luna el 20 de julio de 1969 a bordo del Apolo 11? ¿Qué hubiera pasado si fuerzas del Eje hubiesen derrotado a los aliados en la Segunda Guerra Mundial? Es tal la cantidad de fenómenos inexplicables que existen hasta fenómenos paranormales que han nutrido series como El hombre en el castillo,  Expediente X, Fringe o The Twilight Zone, que los espectadores ansiosos han respondido siguiendo estas ficciones como auténticos adictos. Pues bien, ahora tenemos el raro privilegio de atestiguar fenómenos inexplicables en nuestro amado fútbol.

Lo acontecido el pasado sábado en el Ramón Sánchez Pizjuán durante la disputa del Sevilla FC y el Real Madrid obedece al género del thriller. Al descanso el Madrid debía haber ido ganando por 0-2 fácilmente, pero el arbitraje del célebre colegiado De Burgos Bengoetxea en el césped y de Alejandro Muñiz Ruiz desde el VAR decidieron poner suspense al asunto y mantener en vilo a los espectadores hasta el final del partido. No contentos con la anulación de dos goles clarísimos, como fueron los de Valverde y Bellingham, además se gustaron en la suerte torera de no señalar un más que posible penalti sobre Vinícius Jr. Todos los madridistas nos quedamos con cara de tontos y con la sensación desde el 5' —minuto en el que se produjo el gol de Valverde posteriormente anulado por un fuera de juego de centímetros de Jude Bellingham por la gracia de la línea mágica del VAR— de que este partido estaba en entredicho.

Otro arbitraje decepcionante

El segundo gol anulado ya es directamente un dislate: se aborta la contra limpia desde el despeje de Rüdiger en defensa que termina con Bellingham anotando tras un pase de tacón de Rodrygo porque, según el colegiado, la acción estaba invalidada al haber chocado Rüdiger con Ocampos golpeándole con la rodilla. En un principio De Burgos Bengoetxea había dado continuidad a la jugada e incluso llegó a pedirle a Ocampos que se levantase. No obstante, después decidió abortar la contra y el gol del Madrid para interesarse por la salud del jugador argentino del Sevilla. ¿Alguien entiende algo? Yo desde luego que no. Pues este es el proceloso mundo deportivo en el que habitamos y que nos recuerda que el Caso Negreira sigue de cuerpo presente.

De vuelta al campeonato nacional uno siente que se pierde el glamour y la magia de las noches europeas. Sospecho que el próximo sábado también sucederá algo inexplicable en el Estadio Olímpico Lluís Companys

El Real Madrid mantiene el liderato, pero tras el empate en Nervión queda empatado a puntos con el Girona y únicamente saca uno al Fútbol Club Barcelona. Escueta es la ventaja para afrontar el primer clásico liguero de la temporada en Montjuic. Sin embargo, el Madrid llega en perfecto estado para el envite en el Estadio Olímpico Lluís Companys. En Sevilla pudimos recuperar a nuestra defensa de gala. La vuelta de David Alaba a la zaga es vital porque aporta seguridad en la línea defensiva. Noté al austriaco rápido y ágil. Y además, Ferland Mendy disputó un partido serio. Para mí, un Mendy sólido es un dique inexpugnable.

Mendy

Y cuando aún nos lamíamos las heridas del sábado tocaba partido de Copa de Europa. Ante el Braga el Madrid conseguía su tercera victoria en el torneo continental y prácticamente encarrilaba su clasificación para octavos como líderes del grupo. Salvo catástrofe, virtualmente seremos primeros de grupo. Hemos conseguido dos victorias a domicilio frente a los dos conjuntos más difíciles, no en vano el Braga es actualmente el cuarto equipo de la liga portuguesa y el S. S. C. Nápoles es el vigente campeón de Italia.  Con apenas cuatro cambios, el Madrid conseguía un 1-2 en un encuentro disputado donde primó el fútbol ofensivo del Braga y los contraataques del Madrid protagonizados por un Vinicius desatado que recordó al de sus mejores días. Fruto de sus cabalgadas llegaron los dos goles del equipo. El primer tanto nació de un pase largo de Nacho que Vinicius supo convertir en asistencia a un Rodrygo que remató con todo y consiguió su primer gol en meses.  El segundo vino de un contragolpe algo tormentoso que cazó Vinicius y esperó a asistir a Bellingham, quien golpeó de forma preciosista desde la frontal. Djaló consiguió el único tanto de la escuadra portuguesa con un golpeo portentoso en el que poco pudo hacer Kepa. Hubo hasta un tercer gol anulado a Vinicius en uno de esos fueras de juegos modernos que una extraña IA se empeña en señalar por ir nuestro crack brasileño peinado con demasiado vuelo hacia arriba.

De vuelta al campeonato nacional uno siente que se pierde el glamour y la magia de las noches europeas. Sospecho que el próximo sábado también sucederá algo inexplicable en el Estadio Olímpico Lluís Companys. Tal vez alguna psicofonía atrapada en las inmediaciones de Montjuic desde los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al parecer suena Jesús Gil Manzano y que Dios reparta suerte. Estaremos expectantes por si baja de alguna nave del misterio.

 

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En estos días de cortinas de humo, conviene detenerse en aquellos momentos que recuerdan al madridismo el porqué de su idiosincrasia, la razón de su altura. Uno de ellos se produjo hace 70 años, en octubre de 1953, cuando el Madrid dio la primera señal de la época gloriosa que se avecinaba endosando un 5-0 a los blaugranas.

Desde un año antes, Bernabéu necesitaba dar un golpe en la mesa, rebelarse ante el dominio del Barcelona de Kubala, y un amistoso ante el Millonarios colombiano le provocó una obsesión: traer a su rubio delantero. Es importante reseñar que, en ese momento, Di Stéfano todavía no había alcanzado el nivel diferencial que lograría en España. Por tanto, su fichaje no dejaba de ser una apuesta.

Debut Di Stéfano Real Madrid

Tras una puja con el Barcelona digna de una novela (ahí dejo la idea), el Madrid terminó rubricando el pase de Di Stéfano el 22 de septiembre de 1953, día en el que el presidente del Barcelona, Enrique Martí, presentó su dimisión. Como lo leen. Por entonces no era necesario que te cazaran comprando voluntades arbitrales, bastaba con una gestión negligente en un fichaje. Por la que pagarían el coste más alto, eso sí.

No fue el único que llegaría ese año para iniciar una revolución victoriosa. Procedente del Santander y con sólo 20 años, Paco Gento aterrizó para convertirse en una de las mayores leyendas del fútbol mundial. Segunda apuesta de la temporada, segundo pleno al quince. Di Stéfano y Gento convivieron 11 temporadas en las que lograron 8 Ligas y 5 Copas de Europa.

Hace 70 años, en octubre de 1953, el Madrid dio la primera señal de la época gloriosa que se avecinaba endosando un 5-0 a los blaugranas

Pero vayamos al partido que nos ocupa, el Real Madrid-Barcelona de la Liga 53/54. Los azulgranas llegaban muy fuerte a Chamartín, líderes con cuatro victorias y dos empates. Su entrenador, Daucick, no tuvo reparos en presumir: “Nuestra delantera, con Kubala en forma, es temible”. Por su parte, el Madrid había perdido en Sevilla en la jornada anterior (2-1), así que tenía que ganar si no quería verse distanciado del primer puesto. A priori, el choque se presentaba igualado. Nada hacía sospechar que aquella tarde permanecería en el imaginario blanco para siempre.

El 25 de octubre de 1953 saltaron a Chamartín, por parte madridista, Pazos; Navarro, Oliva, Lesmes; Muñoz, Zárraga; Joseíto, Olsen, Molowny, Di Stéfano y Atienza. En el Barcelona jugaron Velasco; Segarra, Biosca, Gracia; Flotats, Bosch; Basora, Vila, Kubala, Moreno y Machón. Eran tiempos en los que el fútbol todavía no había dado el paso de espectáculo a industria y la táctica se supeditaba al talento. Lo académico se definía por la lucha de poder a poder en un 3-2-5 que hoy estallaría la pizarra de la mayoría de los técnicos.

Sólo 10 minutos tardó Di Stéfano en recordar a los blaugranas la gravedad del error cometido por dejar pasar su barco. Olsen, con un doblete, y Molowny, al borde del descanso, produjeron tal vendaval que el Barcelona fue incapaz de alzar en algún momento la voz. Don Alfredo cerraría el encuentro con su segundo tanto ya en el último minuto. Por si quedaba alguna duda.

Real Madrid 5 - Barcelona, 0 (Marca)

“Media hora de inspiración bastó al Real Madrid”, tituló ABC, que destacó “el prodigioso juego de Olsen, Molowny y Di Stéfano”. “Fue un despliegue permanente de todos cuantos resortes puede tener en su mano un gran equipo cuando sale a luchar contra un enemigo poderoso y de peligro”, resaltó Marca.

El Madrid ya había conseguido otras goleadas frente al Barcelona desde los comienzos del fútbol patrio: a destacar, el escandaloso 11-1 conseguido en la Copa de 1943, el 8-2 de la Liga de 1935 o el 6-1 de la campaña 48/49. Pero la manita de 1953 fue particularmente especial y simbólica. Con ella se inició la primavera blanca, la primera época dorada de Ligas y Copas de Europa. El dominio del Madrid de Di Stéfano. Además, el Bernabéu no vería otro 5-0 al Barcelona hasta el año 1994, en la celebrada Liga de Jorge Valdano.

La verdad y lo relevante, que es lo que prevalece cuando se disipa la niebla, es que aquel 5-0 y ese equipo contribuyeron a forjar no un madridismo sociológico, sino un madridismo antológico del que todavía hoy disfrutamos

Esa temporada, la 53/54, Madrid ganó la competición liguera 21 años después. Sí, desde los tiempos de la II República, en la 32/33, los blancos no celebraban ese título. El Barcelona, que era el vigente campeón del doblete, quedó segundo, a cuatro puntos, y el Valencia, tercero.

Desde la vuelta del fútbol tras la guerra, el Barça había logrado cuatro Ligas, el Atlético otras cuatro (dos como Atlético Aviación), el Valencia, tres, y una el Sevilla y el Athletic de Bilbao respectivamente. Así que, o bien Franco tuvo un madridismo tardío (14 años se postergó la celebración de una Liga en Chamartín desde la victoria del dictador), o quizás es que esa leyenda negra no es más que otra chufla antimadridista. No lo descarten. La verdad y lo relevante, que es lo que prevalece cuando se disipa la niebla, es que aquel 5-0 y ese equipo contribuyeron a forjar no un madridismo sociológico, sino un madridismo antológico del que todavía hoy disfrutamos.

 

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Buenos días, amigos. Dejadnos que comencemos este portanálisis (nobleza obliga) felicitando al FC Barcelona, aka Negreira FC, por el logro de la Champions League, conseguida ayer (suponemos) sin casi hacer ruido, que es como manda hacer las cosas el proverbial seny catalán. Han sido más discretos ganando la Champions que comprando al estamento arbitral, cosa que hicieron con innecesario traqueteo de facturas.

Ahora acaban de ganar la gran competición continental y algunos ni nos habíamos enterado. De hecho, pensábamos que la final era en Wembley allá por mayo o junio. Pero no. Sport (¿qué haríamos sin Sport?) nos informa hoy en portada de que el equipo dirigido por Xavi-No-Nos-Gusta-Que-Se-Condicione-A-Los-Árbitros-Excepto-Pagándoles-Hernández ha logrado el máximo entorchado europeo después de ocho años consecutivos de ridículo internacional.

Nos enteramos, sí, de que el Barça ha ganado la Champions, y de que lo ha hecho, además, con un gran protagonismo de la Masía.

Ahí lo tenéis, amics. “La Champions de la Masía”. Lo de la Masía lo sabíamos, pero lo de la Champions no. Qué calladito se lo tenían. Es lo que tiene la humildat, suponemos. Sin embargo, si Sport nos informa de que el FC Barcelona ha ganado la Champions, y de que lo ha hecho además valiéndose de su prolífica cantera, pues será verdad. ¿Cuándo ha dicho Sport algo que no sea precisa y rigurosamente cierto?

Doce jugadores jóvenes, directamente procedentes de la Masía, han sido los artífices del logro. ¿Doce?, os preguntaréis. Bueno, el Barça siempre ha jugado con doce. Todos ellos están ya en el Olimpo del fútbol, previo transbordo en Poble Nou.

Nos avergüenza admitir que a algunos de los doce no los conocíamos. Por nuestra culpa, por nuestra gran culpa, por nuestra grandísima culpa. No conocer a un componente de la cantera del Barça es como no saber poner tildes o la coma del vocativo, y sin embargo hay algunos campeones de Europa de esta lista que nos habían pasado desapercibidos hasta la fecha. Lo más parecido a Astralaga de lo que teníamos noticia hasta la fecha era un hueso del pie, y Pau Cobarsí nos suena a personaje de una novela de Vázquez Montalbán, ya sabéis, el creador de la idea del Barça como “ejército desarmado de Cataluña”. Hombre, desarmado, desarmado… Un buen arsenal de billetes, entregados a la persona adecuada en el momento adecuado, puede mover montañas.

Pero no es nuestra intención quitar mérito alguno a esta “Champions de la Masía”. Será para siempre recordada así. La Catorce del Madrid será recordada siempre como la de las remontadas, y la Sexta de los culés pasará a los anales de la historia como la de la Masía. Se nos pasó la imagen de Héctor Fort alzando ayer la Orejona. Tenemos que estar más atentos, definitivamente.

Seguimos con la siempre fascinante prensa cataculé. Mundo Deportivo habla de no sabemos qué “test de dureza”, sin que por el momento podamos confirmar que se trate de una prueba que lleve a cabo el urólogo. En el faldón inferior aparece Willy Hernangómez, baloncestista de indisimulada filiación madridista hasta hace poco y hoy ligado contractualmente al FC Barcelona. Habla bien Willy del Real Madrid (“es especial”) pero mejor aún del Barça (“es único”). Cuantísima razón, Willy. Único de toda unicidad. Ninguna otra entidad deportiva del planeta ha pagado durante (mínimo) dos décadas a la cúpula arbitral de su deporte y ha salido indemne del asunto.

Por supuesto, nos queda el Madrid, que no ha ganado todavía la Champions, como hizo el Barça ayer merced a la Masía, pero dio un paso en la dirección adecuada derrotando al Braga en Portugal. Podéis leer la crónica de Jesús Bengoechea. El partido no fue muy convincente, pero una palabra de Eduardo Camavinga bastará para sanarnos. Bellingham volvió a marcar y se fue con un pinchazo que no le impedirá estar en Montjuic. Rodrygo retornó a la senda del gol. Todo buenas noticias. Lástima que la Champions de este año ya esté adjudicada a la Masía. Esperemos que la victoria de ayer nos la convaliden de cara a la edición 24/25 de la competición continental, que ya es lo más cercano en el tiempo a lo que podemos aspirar.

Por lo demás, también tenemos que contaros que un directivo culé, que seguramente se aburría viendo el partido del Madrid por la ausencia de canteranos de la Masía, puso un tuit en el que llamaba “payaso” a Vinicius y afirmaba que merecía “una colleja”, aclarando de entrada que no se trataba de “racisme” por aquello de excusatio non petita, acusatio manifesta. A este señor (hemos olvidado el nombre, pero lleva un gorro como el del guitarrista de Amaral) no le gustaron las bicicletas de Vinicius en la banda. Las bicicletas son para el verano, como lo eran las Champions ante de que la Masía empezara a ganarlas en octubre.

Poco podemos responder al amigo del gorrito, que al parecer está acreditado por la Real Federación Catalana de Collejas para dictaminar quién las merece y quién no. Acaso sea vicepresidente del Comité Técnico Arbitral de Collejas. De momento, en nómina del Barça ya parece estar, un poco como Negreira, si bien no creemos que cobre tanto como él.

El de las collejas es especial, pero Negreira es único.

Pasad un buen día.

-Kepa: APROBADO. Seguro en general, nada pudo hacer en el gol luso.

-Carvajal: APROBADO. En su línea positiva de la temporada.

-Fran García: APROBADO. Brilló sobre todo en ataque, pero se sigue despistando más de la cuenta en defensa.

-Rüdiger: NOTABLE. Impone su ley. Hoy también.

-Nacho: APROBADO. Solvente acompañante del alemán.

-Camavinga: SOBRESALIENTE. El equipo fue él. Sostuvo los andamios en defensa, robó en el centro, la circuló con sabiduría, se gustó, se adentró, nos gustó.

-Modric: NOTABLE. Le queremos tanto.

-Valverde: APROBADO. Partido denodado, a despecho de la falta de brillo.

-Bellingham: NOTABLE. Volvió a marcar y se vació. Ojalá la lesión no sea nada.

-Vinícius: APROBADO. Alternó algunas malas decisiones con un bullicio continuo, incluyendo una gran asistencia y un golazo que quizá debió subir al marcador.

-Rodrygo: APROBADO. Al contrario que otros días, hoy jugó mal pero marcó.

-Tchouaméni: APROBADO. Echó una mano.

-Mendy, Lucas Vázquez: Sin calificar.

-Ancelotti: APROBADO. Demasiado conservador, pero si le sale bien no cabe mucho criticismo.

 

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El Madrid se adjudicó su tercera victoria en su grupo de Champions, un pleno que no vino engalanado por el juego más vistoso y sí por unos nervios innecesarios. Además, inquieta la lesión de Bellingham de cara a Montjuic.

Ancelotti optó por la vuelta de Fran García al lateral izquierdo y el descanso de Tchouaméni, con lo que Camavinga retornaba al medio centro, una de sus posiciones favoritas. A lo de jugar atrás por el flanco siniestro (para él, nunca mejor dicho) le ha cogido manía, como explícitamente declaró durante el parón de selecciones, esa emboscada de micrófonos traicioneros. El partido le dio la razón, en tanto en cuanto brilló en el centro del campo como pocas veces, marcándose un encuentro descomunal.

El partido comenzó soso, con un Madrid tratando de sacar partido de pases largos a Vinicius o Bellingham (un recurso del que abusa últimamente) y un Sporting de Braga más inclinado a la posesión. Para dejar mal al cronista, Nacho sacó desde atrás el periscopio para otear el desmarque de Vini, que se frenó magistralmente para luego regatear y poner el pase de la muerte para que Rodrygo marcase, con ayuda de un rebote, despejando fantasmas. El brasileño, en contra de lo que empezaba a opinar el vinagrismo, estaba jugando bien, pero le faltaba coronarse en la finalización. Hoy, en cambio, marcó, pero no estuvo inspirado.

Rodrygo en Braga

El Madrid no estaba fino en defensa, hasta el punto en que Bellingham tuvo que emplearse para despejar en área propia el remate franco de un córner. Lo mismo tuvo que hacer Rüdiger en el punto de penalti al muy poco rato. No daba impresión de total solvencia el equipo de Ancelotti, pese a llevar delantera en el marcador. Sin embargo, en cualquier jugada podía sentenciar. Vinicius tiró con peligro tras gran pase de Bellingham, pero la jugada estaba anulada por posición incorrecta. Demasiado caía el Madrid en fuera de juego, en parte por escasez de astucia, en parte por el buen achique de la defensa portuguesa. Vinicius se mostraba amenazante pero algo obcecado en la elección de opciones, amén de egoísta en alguna jugada específica.

La habilidad de la línea defensiva lusa para dejar en offside a sus oponentes fue solventada por Carvajal en la única jugada donde el fuera de juego no existe: el saque de banda. En uno de ellos habilitó al propio Vinicius, que casi da un susto. Un fuerte abrazo para D. Benito Floro.

Victoria sufrida, trámite superado, y ahora a ser asaltados por el negreirato en Montjuic

El Madrid se iba soltando, con Modric impartiendo magisterio técnico y Rüdiger arruinando toda esperanza ofensiva de los de Arthur Jorge con la ayuda del omnipresente Camavinga. En ese sentido, el descanso vino mal.

Pero Vinicius seguía revoltoso en los inicios del segundo tiempo, en una banda izquierda donde le secundaba bien Fran García. El español puso un buen centro que Bellingham paró con el pecho y remató con furia, obligando a Matheus a realizar la mejor parada de la noche, aunque no mucho antes de la hora de partido hubo de emplearse a fondo ante Camavinga. Carvajal, por su parte, prolongó la inopinada racha cabeceadora de Nervión mandándola de cabeza fuera por poco.

En un contragolpe, Vinicius gestionó de maravilla un pase demasiado largo de Rodrygo y esperó a la llegada de Bellingham para que el inglés parase en la frontal y la mandara a la red con una clase infinita, casi con displicencia.

Bellingham en Braga

El partido parecía sentenciado, pero una excelente jugada colectiva del Sporting acabó en un remate inapelable de Djaló, que marcaba así en la que era prácticamente su primera ocasión diáfana. Volvían las cosas al terreno de lo incierto, pese a la manifiesta superioridad de los madridistas. Hasta tal punto era así que Kepa tuvo que intervenir a remate de Ricardo Horta. En cuestión de segundos, el Madrid volvía a perder la solidez, para desesperación de un Ancelotti muy expresivo en la banda. Más conservador que nunca, Carletto sentó en el banquillo a Rodrygo y puso sobre el césped a Tchouaméni. Lo apostaba todo al bloque bajo y el contragolpe. Pobre y arriesgada apuesta. Reflejando su miedo, dio entrada a Mendy en sustitución de Fran García.

Los lusos presionaban muy arriba, y el Madrid se ha acostumbrado a no ponerse nervioso ante situaciones así. No la pierde en situaciones comprometidas, pero tampoco aprovecha los espacios que deja el pressing rival.

Quedaban diez minutos y preocupaba el modo de recular de un Madrid cada vez más obstinado en aguantar atrás y buscar el contragolpe. En una de esas contras, un pase prodigioso de Camavinga (quién sí no) devino gran control, regate y remate de Vinicius a gol, pero el árbitro lo anuló cuando según la televisión parecía habilitado. Para acrecentar la angustia del corto marcador y la rácana apuesta, Bellingham se retiró tocado, y el estupendo juego de desmarques del Braga desembocó en una ocasión clara de Abel Ruiz. No cesaban los nervios, por cuanto Vinicius desaprovechó lastimosamente un balón que debió combinar con Lucas Vázquez en boca de gol.

Victoria sufrida, trámite superado, y ahora a ser asaltados por el negreirato en Montjuic.

 

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Arbitró el inglés Michael Oliver. En el VAR estuvo su compatriota Stuart Adwell.

Partido típico de la máxima competición europea de un colegiado de la Premier. Permitió contactos, disputas y dejó jugar mucho. No amonestó por minucias ni acciones normales en el fútbol.

En los compases iniciales, jugadores de ambos equipos reclamaron penalti. Primero Horta en un balón dividido con Nacho y en la siguiente jugada Bellingham al caer ante Saatçi. No parecieron nada ninguna de las dos acciones. Luego, en el 34' se anuló un gol a Rodrygo tras fuera de juego previo muy claro de Vinicius.

La segunda parte también la dominó Oliver. Sacó dos amarillas pero fueron justas. Una a Camavinga por zancadilla a Horta en el 71' y otra a Nacho por golpear a Niakité en un salto en el 92'. Además, se volvió a anular un gol a los blancos. Vinicius arrancó junto a Saatçi pero según el fuera de juego semiautomático tenía media cabeza adelantada. Por último, Horta reclamó penalti de Mendy por mano en el 89' y lo cierto es que el francés tocó el cuero con el pecho.

Oliver, BIEN.

 

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En esta hora difícil de la historia del arbitraje, no puedo dejar pasar la oportunidad de felicitar a los colegiados que oficiaron la ceremonia del fútbol el pasado fin de semana en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, por su exquisito sentido de la justicia, su reconocido y probado conocimiento del Reglamento, su valiente exhibición de imparcialidad, su envidiable estado de forma, y su ardor en la toma de decisiones conflictivas con el público en contra. De haber podido contar con hombres de su talla, con esta colección de guerreros del pito, España sería todavía Imperio, la Reconquista habría durado un par de semanas, y habríamos bailado un aurresku sobre la superficie lunar doscientos años antes de que Neil Armstrong reposara su primer pinrel en nuestro satélite, o incluso antes de que su primo lejano besara la primera trompeta.

Pocos árbitros de Primera División han exhibido tamaña colección de superpoderes en tan corto espacio de tiempo, dejando a Supermán, a Batman, a Spider-Man, y hasta al Inspector Gadget en el más sonado de los ridículos.

La más asombrosa de estas habilidades sobrenaturales la descubrimos en los primeros compases del baile, con el gol anulado a Valverde, en el que los colegiados sacaron a pasear una suerte de visión ultrasónica, un haz ocular de realidad paralela, una bola de cristal para la anticipación de los hechos, y una mira telescópica que ya la quisiera para sí el conde Lequio. El talento de De Burgos (aquí Bengoetxea solo hay uno y se escribe en cristiano) para señalar fuera de fuego es una dimensión del reglamento, un verdadero ejercicio de posarbitraje, consistente en invalidar la jugada, sea o no órsay, como diría un académico, que en la cabeza del colegiado lo es, pero no en el momento en el que se produjo, sino mucho antes de comenzar el encuentro, incluso antes de ser árbitro, es más, probablemente cuando Moisés bajó con las tablas de la ley, tras él descendió a trompicones De Burgos con el brazo extendido y pitando como un descosido, buscando con la mirada a Bellingham.

Bellingham en Sevilla

Y creímos, qué tontos, que el show había terminado. Que el tedio nos invadiría. Que ya no disfrutaríamos más de los sonados atributos embrujados del colegiado. Pero no. Lo mejor aún estaba por llegar. Ese momento en el que pudimos ver a la estrella del arbitraje mundial mostrar, cual folclórica despechada, todo lo que lleva dentro. Y es, naturalmente, el “sigan, sigan” que disipó las dudas de sevillistas y madridistas ante la circunstancia de que Ocampos estuviera tendido en el suelo, si bien es justo matizar que tampoco tenía ninguna extremidad seccionada y desprendida del resto de su cuerpo, ni nada parecido. Pero De Burgos sabe que el fútbol es fiesta, diversión, y juerga padre. Y así, su ley de la ventaja particular, su “sigan, sigan” era solo una broma. Divertidísima, por otra parte. Ocurre que el humor inteligente de este colegiado es tan elaborado que ninguno de los futbolistas ni del resto de los árbitros la entendió, y que siguieron jugando hasta que la ocasión de la contra del Madrid empezó a hacerse evidente, momento en el que el colegiado, con todo su papo, con esa hombría que se exige para ser un auténtico Primera División, comenzó a pitar más que el último tren a Gun Hill, que había dudas entre los periodistas de si estaba anulando otro gol al Real Madrid o espantando palomas, para contribuir al inmenso circo familiar que es la liga española, el Arca de Noe del balompié mundial.

El talento de De Burgos para señalar fuera de fuego es un verdadero ejercicio de posarbitraje, consistente en invalidar la jugada, pero no en el momento en el que se produjo, sino mucho antes de comenzar el encuentro, incluso antes de ser árbitro, es más, probablemente cuando Moisés bajó con las tablas de la ley, tras él descendió a trompicones De Burgos con el brazo extendido y pitando como un descosido, buscando con la mirada a Bellingham

De Burgos pero de Bilbao aún tuvo ocasión de redondear su gesta, su exhibición arbitral, faro balompédico para el fútbol mundial, adquiriendo el don inmediato de la ceguera, que como gremlin bajo la lluvia, le poseyó de nuevo el delirio atávico del “sigan, sigan” mientras Vinicius mordía el césped dentro del área, invitado amablemente por Navas a disfrutar de las mullidas bondades del verde del Pizjuán. Pero como el mayor superpoder del colegiado del pasado sábado es la contribución a la juerga sin cuartel, pan y circo y lo demás, nuestro hombre aún tuvo ocasión de decirle al 7 madridista en el parón que había cometido un error, sin especificar cuál, en lo que se ha interpretado como un acertijo arbitral para contribuir a la diversión de los blancos, que pudieron pasarse el descanso entero jugando a resolver el jeroglífico propuesto por De Burgos, tan cachondo como siempre.

Confieso que me conmueve pensar que un día podremos contarles a nuestros nietos madridistas que tuvimos ocasión de ser testigos en Sevilla del arbitraje más preciso, firme, justo, inspirador, elegante, innovador, futurista, y pornográfico que jamás pudimos imaginar. El nacimiento del posarbitraje. Con el corazón en la mano, notando aún sus latidos, mis felicitaciones a la Liga y a los empitados protagonistas de la gesta. Solo me apena que mi querido Mourinho no haya podido disfrutar en el banquillo de este festival de innovación arbitral y espectáculo para toda la familia. Le habría fascinado.

 

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Esta semana, el cuestionario que ha preparado fcQuiz no podía versar sino sobre el arbitraje.

Ahí van las ocho preguntas.

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La portada del diario Sport de hoy muestra al técnico del Barcelona con una guitarra colgada al mismo modo que un mozo de cuerda o estibador portuario llevaría un bulto de formas incómodas. El titular, un dechado de imaginación: «Xavi marca el ritmo». Como guitarrista desde hace más de 30 años, considero perentorio realizar un análisis pormenorizado de cuanto ocurre en esa cabecera, que no es poco.

Un sabio me dijo una vez que las guitarras no hay que probarlas en un amplificador, sino ante un espejo, pues en el rock hay un mucho de visual. Xavi también lo sabe, y por ello adopta su libre interpretación de postura de Guitar Hero. Piernas abiertas, guitarra con la correa larga para que quede a la altura de los dídimos… impecable.

Portada Sport

El instrumento en cuestión es una réplica barata de la Gibson Les Paul, modelo lanzado en 1952 conforme a las especificaciones del guitarrista así llamado, si bien su nombre real era Lester Polfus. La Les Paul ha sido la herramienta de trabajo de infinitos monstruos, denominación bajo la que incluimos a Jimmy Page de Led Zeppelin, Eric Clapton, Jeff Beck, Keith Richards, Gary Moore, Billy Gibbons, Kirk Hammett y James Hetfield de Metallica, Zakk Wylde, Neil Young, Duane Allman… es decir, es un trozo de madera con cuerdas que muy bien podríamos catalogar como mítico.

El último gran samurai de la Les Paul es Slash, guitarrista de Guns n’ Roses, que la emplea casi en exclusiva en sus discos y conciertos. De él copia Xavi la pose, si bien la enriquece con una ligera inclinación que pudiera indicar cierta afección de colon irritable. Este molestísimo mal también explicaría el habitual gesto adusto, guitarra en ristre o no, del inefable exjugador culé. No podemos, no obstante, descartar que se trate de un guiño al tradicional caganer navideño.

Xavi copia la pose de Slash, si bien la enriquece con una ligera inclinación que pudiera indicar cierta afección de colon irritable. No podemos, no obstante, descartar que se trate de un guiño al tradicional caganer navideño

Xavi ha sabido también adaptarse a las tendencias musicales más oscuras y modernas, pues no mira desafiante a una audiencia multitudinaria y entregada, sino que abraza la moda shoegazer, que se traduciría como “contemplazapatos”, propia de una música más intimista y oscura, atmosférica y a la vez ruidista, espacial e inmersiva cuyos máximos exponentes son My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain, Ride o los mismísimos Cocteau Twins.

El cóctel visual denota un sublime sentido del espectáculo, comparable al entregado por mitos como Kiss, Pink Floyd, los Rolling Stones o U2. Xavi lo sabe y lo explota, de manera que su concepto del show business nos lleva a no considerar descabellado que, ampliando el plano, lo viéramos como guitarrista en un concierto de Tijeritas.

Tijeritas y Xavi, en concierto

Trascendamos a la parte más técnica del asunto. La mano izquierda de Xavi, la “siniestra” la llamaría un pedante, parece estar articulando un armónico en el quinto traste en las dos primeras cuerdas. Los armónicos obtenidos en esa posición suelen sonar dos octavas por encima de la nota que da la cuerda al aire, lo que nos lleva a enfatizar que Hernández, más que punteos abrasadores, que sin duda podría hacer, busca crear atmósferas con su música. El personalísimo uso que hace del resto de cuerdas al aire muy bien podría indicar que gusta del empleo de acordes menores semidisminuidos, un sofisticado recurso para la consecución de peculiares tapices sonoros.

En cuanto a la mano derecha, Xavi no da puntada sin hilo, e intenta dar un punto de compromiso y reivindicación a su interpretación. Cómo si no se podría interpretar la posición en la que agarra la púa. Los teóricos popes nos dicen que el agarre adecuado se hace con los dedos índice y pulgar, con la muñeca recta. Reconocidísimos virtuosos tienen su propio método y técnica de mano derecha. Eddie Van Halen, George Lynch y Marty Friedman, este último más cercano casi a la ortopedia, cogen el plectro de una manera poco académica que no les ha impedido llegar al Olimpo de los guitarristas. Hernández empuña la púa con tres dedos, que posiciona de la misma manera que si estuviera empujando un trozo de embutido para cortarlo en lonchas finas, y, queridos amigos, ¿qué hay más catalán que la butifarra?

Hernández empuña la púa con tres dedos, que posiciona de la misma manera que si estuviera empujando un trozo de embutido para cortarlo en lonchas finas, y, queridos amigos, ¿qué hay más catalán que la butifarra?

Lamentablemente, la imagen no nos aporta información adicional acerca del resto de equipo que emplea. Sobre los pedales de efectos no me atrevería a pronunciarme, pero apostaría a que el amplificador que usa es de la marca Marçal.

Esperemos que en Sport regalen mañana un CD, cassette o microsurco de la sesión en la que Xavi mostró sólo una ínfima parte de su talento, si bien podemos adelantar que si es la guitarra la que marca el ritmo, como dice la portada, liberando así de tal labor a la batería o al bajo, los resultados pueden ser, como poco, curiosos.

 

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