El FC Barcelona derrotó contundentemente (5-0) al Real Madrid femenino en el primer duelo directo entre ambos rivales en Liga F. Los goles de Aitana Bonmatí, Caroline Graham Hansen, Mariona Caldentey, Claudia Pina y Vicky López volvieron a mostrar con claridad el océano de distancia que los sigue separando.
La mañana del domingo en el estadio olímpico de Barcelona dio inicio con un espejismo futbolístico: el Real Madrid femenino tuvo el balón, ganó disputas individuales, incomodó al FC Barcelona e intentó convencer a las locales de que iban en serio, cara a cara, a disputar los tres puntos en juego. Sobre el césped, el nivel de convencimiento propio y la capacidad para transmitirlo al rival es determinante, pues las ideas terminan calando como lluvia fina. Y a falta de superioridad objetiva con el balón en los pies, la única bala de este Real es ganar la batalla mental.
El equipo de Alberto Toril dio la sensación de tener memorizado el mapa del tesoro durante quince minutos largos. El Barça parecía dubitativo, la afición que acude a estas citas deseosa de paladear la humillación fruto del desnivel murmuraba levemente y sólo quedaba esperar a que la cuerda se rompiese. El primer disparo peligroso de las blaugranas dictó sentencia en el minuto 17. Un cambio de sentido del juego y la calidad de Caroline Graham Hansen por la banda derecha permitió a Aitana Bonmatí encontrarse por primera vez con el cuero dentro del área. La nueva Balón de Oro ajustó su mirilla de precisión y firmó el 1-0 disparando raso, cerca del palo largo de Misa Rodríguez.
En ese instante cayó el telón, las futbolistas del Real Madrid descubrieron desmoralizadas que seguían rodeadas por cientos de dunas arenosas, un desierto sin fin, y el partido quedó visto para sentencia. El Barcelona iba agigantándose como un castillo hinchable… y el aire que entraba venía todo de la silueta de un Madrid en caída libre. Bonmatí y Hansen dispararon al palo, Salma Paralluelo penalizó la espalda de la línea defensiva gracias a la inteligencia entre líneas de Mariona Caldentey y sólo los reflejos felinos de una genial Misa permitieron mantener la distancia mínima en el marcador.
a partir del 1-0 cayó el telón. las futbolistas del Real Madrid descubrieron desmoralizadas que seguían rodeadas por cientos de dunas arenosas, un desierto sin fin, y el partido quedó visto para sentencia
El optimista pensará que llegar con 1-0 al descanso habría dado un hilo de esperanza al aficionado blanco, pero enfrente alguien rechistaría que, más bien, ello no conduciría sino a prolongar una agonía irresoluble. En cualquier caso, cuando el pitido de la árbitra retumbó ya no que quedaban vivos ni debates teóricos: el equipo azulgrana puso el tres a cero en un visto y no visto. Primero fue la noruega Hansen, de vuelta al nivel que la convirtió en una de las mejores atacantes del mundo, al conseguir aprovechar en boca de gol un trallazo lejano de Salma. Inmediatamente después, en un córner, la zaga madridista fue incapaz de despejar el peligro del área en dos ocasiones consecutivas, por lo que don fútbol penalizó ese pecado juvenil regalando el balón a Mariona Caldentey. La ‘9’ pudo pensar y alzar la vista, por lo que su disparo entró por la escuadra.
Aunque quedaba medio partido por delante, el único interrogante por resolver fue conocer cómo de abultado sería esta vez el resultado final. La remota posibilidad de recortar distancias no existió; mientras Cata Coll pudo irse a la ducha sin ensuciar los guantes, Misa siguió apagando incendios hasta el último suspiro. Un catastrófico minuto de desconexión en el tiempo de descuento, que puso en bandeja a Claudia Pina y Vicky López sumarse a la lista de goleadoras, no cambió nada sobre el verde, pero sí evidenció que en los despachos de la dirección deportiva en Valdebebas hay que empezar a decidir de qué forma quiere responderse a la pregunta: ¿qué queremos que sea el Real Madrid femenino?
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En el Óblast de Járkov habitan, o habitaban, 20.000 ciudadanos que ahora sobreviven en medio de una guerra que sigue existiendo aunque los medios hayan decidido alejarla, silenciarla. Una ciudad ucraniana que vio nacer a uno de los mayores talentos europeos de los últimos años, cuyo talento solo es igualado por la oscuridad que rodea su situación deportiva.
Fichado por el Real Madrid en 2018 y nombrado el mejor portero del Mundial sub-20 de 2019, Andriy Lunin estaba predestinado a dominar Europa bajo esa planta de 191 centímetros y ese semblante gélido. Bien por arriba, seguro por abajo y buenas condiciones con los pies. Lo único que le faltaba era desarrollo muscular, adaptación y suerte. Pero de la noche a la mañana pasó de Yashin a Sísifo en el momento en el que en ese 2018 se fichó al mejor portero del mundo, un belga insuperable. Ser suplente de Courtois es como ser pivot rookie suplente del mejor Shaquille O´Neil. Es prácticamente imposible robarle la titularidad, inabordable.
Sucesivas cesiones a Leganés, Valladolid y Oviedo empezaron a hacer tambalear esa figura al no quedar demostrado que fuese un jugador capaz de asentarse como titular en un club de Primera División. La más dolorosa fue la de Valladolid, la cual hubo que abortar para llevarlo al Oviedo, el único lugar donde disfruto de continuidad. El madridismo culpó al entrenador de turno de cada región para encontrar argumentos de peso, pero la realidad era que Lunin comenzaba a espolvorear red flags alarmantes. Después sobrevinieron la pandemia y la guerra de Ucrania, por lo que cualquier análisis del jugador a partir de estas fechas corren peligro de hospedar un sesgo significativo: Courtois, la guerra alrededor de su familia y una personalidad introvertida y tímida producen un cóctel que muy pocos pueden superar.
Si intentamos acercarnos a la objetiva realidad, esta no es otra que la de múltiples cuerpos técnicos que nunca han confiado en el jugador para darle el peso de la titularidad.. Han debido de atisbar algún tipo de defecto que no le ha permitido tirar la puerta abajo. 12 partidos desde 2020 deben de tener una causa justificada. Aun así, el momento más doloroso para el jugador ha llegado con la terrible lesión de Courtois, cinco años trabajando para ese momento y la Dirección deportiva no ha confiado en él al cien por cien. El Madrid cuenta con uno de los mejores entrenadores de porteros del Mundo, Lluis Llopis, el responsable del “milagro Keylor Navas”, y en el que la Dirección tiene total confianza. El informe de Llopis reportó que se necesitaba un portero de nivel para asegurar el puesto. Un nuevo mensaje afilado para el ucraniano.
El cariño que nos genera Lunin, y las ganas que tenemos de que consiga hacerse con la titularidad, han contribuido a un trato injusto, manifestado en las redes sociales, hacia el brillante fichaje de Kepa. Una cesión de un año de un portero menor de 30 años y asentado en la élite, en pleno agosto, días después de la lesión de Courtois, es un movimiento sobresaliente de JAS y compañía
Creo que el tema no se puede tomar a la ligera ya que habrá cientos de factores y su complejidad no es abarcable con un simple artículo, pero me arriesgo a lanzar una teoría. Creo que Lunin no ha demostrado al equipo técnico esa ambición que el Real Madrid requiere a sus jugadores. El equipo blanco, y más en los últimos años, busca jugadores “enfermos” que entrenen como si fuese lo último que vayan a hacer en sus vidas, la élite de la élite, jugadores que no duden y que no escatimen ni un centímetro en cada segundo. Jugadores que luchen por ser los mejores del Mundo. Esto no quiere decir que Lunin no sea un gran profesional, ha demostrado que lo es, pero la titularidad del Real Madrid se mide segundo a segundo en cada entrenamiento y debes ganártelo ahí; parece ser que para Llopis no se lo ha ganado. Por otro lado, su situación contractual en la que acaba contrato en 2024, obligaba a la Dirección a buscar un jugador de nivel alto ya que, si Lunin no renueva y Courtois no vuelve a su mejor nivel, la portería corre peligro. Ambos factores, el jugador y su contrato, son las causas más relevantes del fichaje de Kepa.
El hate a Kepa
Disculpen mis intentos de anglicismos modernos pero estoy en plena crisis e intento fusionarme en la “burbuja Tik Tok”, ya que últimamente me siento como un señor cubatero en la barra del bar intentando fusionarse con el ambiente veinteañero pese a que el único pase de baile que conoce es rascar la barriga a modo de guitarra.
Kepa ha hecho méritos para ser y seguir siendo titular. Lo que no quiere decir que estos méritos de Kepa no puedan esconder la posible injusticia que se comete sobre Lunin. El ucraniano estuvo sobresaliente en los primeros partidos de la temporada y lo ha vuelto a corroborar tras la lesión del vasco. Quizás su mentalidad no le lleve a ser el mejor portero del mundo, pero sus tablas sobre el césped demuestran que, hoy en día, podría ser titular
Volvemos al tema. El cariño que nos genera Lunin y las ganas que tenemos de que consiga hacerse con la titularidad han contribuido a un trato injusto, manifestado en las redes sociales, hacia el brillante fichaje de Kepa. Una cesión de un año de un portero menor de 30 años y asentado en la élite, en pleno agosto, días después de la lesión de Courtois, es un movimiento sobresaliente de JAS y compañía. Jugador con altibajos, sobre todo a su llegada a la tóxica Premier League, pero de calidad más que demostrada y mentalidad afín al método Llopis. El de Ondárroa ha demostrado tener la cabeza muy bien amueblada, rasgo que ha quedado demostrado desde el primer minuto que pisó el césped de la Ciudad Deportiva y desde que agarró el primer micrófono.
Aun así, sus defectos están siendo jaleados por gran parte del madridismo, cuya lupa quiere abrasar al sol cualquier movimiento en falso del vasco. Sus dificultades en los balones aéreos son llamativas, su capacidad de salto es limitante, pero todo eso ha sido contrarrestado por su grandes reflejos, personalidad y seguridad con las manos. Kepa ha hecho méritos para ser y seguir siendo titular. Lo que no quiere decir que estos méritos de Kepa no pueden esconder la posible injusticia que se comete sobre Lunin. El ucraniano estuvo sobresaliente en los primeros partidos de la temporada y lo ha vuelto a corroborar tras la lesión del vasco. Quizás su mentalidad no le lleve a ser el mejor portero del mundo, pero sus tablas sobre el césped demuestran que, hoy en día, podría ser titular.
Se está convirtiendo en un conflicto lo que es un gran lujo para el equipo de Concha Espina, no lo veo como un hándicap como lo quieren ver otros. Se ha conseguido poder contar con dos buenos porteros tras la lesión del mejor del mundo y, además, en caso de que Courtois no vuelva a ser el mismo de siempre y Lunin decida marcharse, se habrá puesto a prueba a Kepa durante un año y tendremos la oportunidad de ficharlo, si los informes son favorables. El Madrid tiene riesgo de encontrarse en un abismo si no recupera uno de los tres jugadores para la causa, y eso es lo que debe preocupar al madridista, no si Lunin o Kepa deben ser los titulares. Esta situación, en Noviembre de 2023, es una bendición.
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Buenos días, amigos. Por decir algo. Hemos tardado muchos años, pero ya lo hemos pillado. Cuando John Lennon cantaba aquello de “Imagine there’s no countries”, se refería a los parones de selecciones.
“Imagine there’s no countries”. El beatle más idealista no expresaba mediante esa sugerente frase su deseo utópico de un mundo sin naciones y por tanto sin guerras, no, o al menos no era ese el punto central de su anhelo, conmovedoramente ingenuo. Expresaba su anhelo de un mundo sin naciones y en consecuencia sin ninguna necesidad de que los clubes cedan a sus jugadores a cambio de nada para que jueguen un Francia-Gibraltar, con Francia ya clasificada para el mundial, que es lo que le ha costado al Madrid perder a Camavinga durante dos meses (mínimo, luego ya se verá cuánto es de verdad).
Insistimos: con Francia ya clasificada para el mundial (o para la eurocopa, o para lo que sea, nos da igual), Camavinga se tuvo que ir convocado para jugar contra Gibraltar.
Lo repetimos: contra Gibraltar. Todo nuestro respeto para los llanitos. Se trata de un país, o lo que sea, a cuyo seleccionador nacional de fútbol no se le paga por hacer una convocatoria con los mejores jugadores a su disposición, sino por encontrar en la roca once tíos que jueguen al fútbol, bien, mal, o regular, con especial tendencia a lo de en medio. Contra esos once voluntariosos llanitos marchó a jugar Eduardo, y en un entrenamiento Dembélé (¡Dembélé!) tuvo el único acceso de pundonor de toda su carrera, acceso que invirtió en cargarse a su compañero de profesión, en un servicio póstumo al Barça (¿cabría decir en su único servicio reseñable al Barça seis años y nosecuantísimos millones después?).
Os preguntaréis por el resultado del partido, y aquí estamos nosotros para decíroslo.
Francia, 14; Gigraltar, 0.
No nos lo hemos inventado, eh. Lo podéis comprobar por ahí. 14-0.
El Madrid, amigos, ha perdido a Camavinga porque Francia tenía imperiosamente que jugar un partido que acabó 14-0. Se va Deschamps al primer colegio que le pille de paso en Occitania, selecciona a once chavales de entre 13 y 17 años, se los lleva a jugar contra Gibraltar y gana Francia 4-1. Pero no. Les hacía falta Camavinga.
Imagine there’s no countries.
It isn’t hard to do.
Nothing to kill or die for.
And no France-Gibraltar too.
Se le fue un poco la métrica en el último verso al de Liverpool, pero conceptualmente estuvo tan atinado como siempre. Lennon ya menciona a Gibraltar, de manera premonitoria, en su maravillosa The Ballad of John and Yoko. “You can get married in Gibraltar, near Spain”. Ojalá lo peor que le hubiera pasado a Camavinga en estos días de descanso con su club es que se ha casado.
Christ, you know it ain’t easy.
You know how hard it can be.
The way things are going,
we’re gonna lose Lunin to a Ukraine-Vatican City.
Se le volvió a ir por peteneras la métrica al bueno de John, pero una vez más con toda la razón, que es lo que importa.
Claro que, peor aún que lo de Camavinga, es lo de Vinicius, a quien el Madrid ha perdido para los restos allende los mares, en Colombia, en un partido acerca de cuya finalidad tampoco tenemos la menor idea, ni ganas de saberlo.
¿Dos meses? ¿Dos meses y medio? Algo así va a ser. ¿Llegará Vini a la primera eliminatoria de Champions?
Os traemos la portada de As porque al diario prisaico parece importarle algo, aunque sea un poco, este descalzaperros intolerable que priva al Madrid de sus activos durante meses en nombre de trasnochadas ideas patrioteras. ¿A la salud de qué concepto arcaicamente nacionalista tienen que jugar al fútbol, en 2023, Francia contra Gibraltar, Brazil contra Colombia, Ucrania contra el Vaticano o Malawi contra las Islas Feroe? No nos respondáis con el número de Cabaret según el cual “Money makes the world go round”, por favor, ya lo conocemos.
Decimos que a As parece importarle un poco porque, si nos atenemos a su portada, a Marca este tema le resbala. Es más, celebra no sé qué movidas de la posibilidad de que España quede primera en su grupo.
“A poner la guinda”. ¿La guinda a qué exactamente, Marca? ¿Es sarcasmo? Preguntas aleatoriamente a cinco mil españoles en todas las provincias quiénes son los de la foto y te los identifica Maldini con un poco de suerte. Más aún: preguntas aleatoriamente en la redacción de Marca quiénes son los de la foto y corres suerte parecida.
¿A qué viene este tono festivo, Marca? Abajo, eso sí, muchas gracias, en el tradicional recuadrito de lo intrascendente, se nos da a conocer que un tal Vinícius Jr., un jugador random que a casi nadie en el mundo le importa, tiene que quedarse sin jugar por su club durante un mínimo de dos meses y medio porque sí, por los morenísimos dídimos del muy corrupto Infantino.
Estamos hasta el rabo, amigos. Tal vez se nos entenderá si lo expresamos en términos técnicos como los que acabamos de utilizar. España (el país, no la selección) arde, y el oasis de solaz y entretenimiento que debería ser el fútbol, que tantas veces nos ha aliviado de nuestras penas, se ha convertido ahora en un sistema de compra arbitral que se prolonga durante décadas sin que nadie haga justicia, una FIFA que se defeca en los grandes clubes arruinando sus mayores inversiones a mayor gloria de un Francia-Gibraltar y personajes como Tebas o Clos Gómez campando por sus respetos.
You know how hard it can be.
Os dejamos con la prensa cataculé antes de que nos dé una úlcera.
Pasad un buen día.
Mi padre usa un andador. Uno parecido a los que utilizan los niños cuando comienzan, titubeantes, a caminar. Lo hace con el mismo fin: no caerse. Se aferra al andador con sus curtidas manos y mueve los pies al ritmo de las Muñecas de Famosa, el anuncio navideño de mi niñez. Casi nueve décadas después de nacer hemos llegado juntos al mismo sitio: al portal de Belén, a mi infancia y a sus primeros pasos.
Hace unos meses se cayó y se rompió la pelvis. Se nos hizo muy duro, como encajar cuatro goles en una semifinal o enterarte de que la Liga que has disputado era una pantomima. Ya nada ha sido igual. Su corazón, cansado y achacoso, bombea con dificultad, como si a esa muñeca se le acabasen las pilas o como si un juguete de hojalata agotase la cuerda.
—¿No te apetece que bajemos a la calle? Hace un día precioso. Tienes que caminar, nos lo recomendó el cardiólogo.
—No, estoy a gusto aquí. Vete tú, estoy bien, no te preocupes.
Apenas se mueve de casa, y cuando lo hace, cuando baja a la calle para dar cien pasos y sentarse en un banco cercano, lo hace por compromiso, por no aguantarme una y otra vez y por silenciar la voz de una conciencia, la suya, que ya no está para muchos trotes. Hay días que estamos juntos en el banco y él mira al suelo, absorto, sin hablar. A veces me levanto, me separo unos pasos y lloro quedamente. Luego vuelvo y hablamos un rato del Madrid. Creo que le da vida.
Antes, cuando la melancolía nos atrapaba, lo metía en el coche y me lo llevaba de viaje a lugares donde sus recuerdos y mi madre estaban más vivos que nunca. Él renacía a su lado y yo renacía con ellos. Ahora el cansancio le ata al hogar con una cuerda invisible, larga, de ventrículo a ventrículo. Yo le entiendo, es su vida. Ese cuarto de siglo que me lleva encierra preguntas que yo intuyo y él prefiere no plantearse.
Muchos días, cuando abro la puerta y grito su nombre, me lo encuentro en el sofá, amodorrado, con la tele encendida y Pedrito, nuestro canario, cantando a su lado.
Hay días que estamos juntos en el banco y él mira al suelo, absorto, sin hablar. A veces me levanto, me separo unos pasos y lloro quedamente. Luego vuelvo y hablamos un rato del Madrid
Hace una semana, cuando el Real Madrid jugó contra el Valencia, se durmió y no se enteró de nada.
—¿Cómo ha quedado? —me preguntó por teléfono, preocupado por haber descuidado la cita.
Le dije la verdad, que había ganado 5-1, pero si hubiese perdido le habría mentido. Le voy a mentir siempre. El Real Madrid va a ganar todos y cada uno de los partidos de su vida. Vinicius será Balón de Oro diez veces, Camavinga dominará los partidos como Pirri y el Bernabéu será más bello que el Partenón.
Mi padre cumplirá 100 años y el Real Madrid tendrá 27 Champions.
Te voy a dar toda la vida del mundo. Nada temas.
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Buenos días, queridos amigos.
Hoy nos apetece poco asomarnos a la prensa deportiva del día. Muy poco en realidad. Lo habitual es que no nos apetezca nada revisar las insulsas y/o fantasiosas portadas de la prensa cataculé, pero en días como hoy nos apetece menos aún, si es que tal cosa es posible, acercarnos a las de la prensa madrileña, que se ceban con morbo rayano en el sadismo en las múltiples lesiones que deja el infame (y enésimo) parón de selecciones a la plantilla del Real Madrid.
A la lesión de ligamento externo de la rodilla de Camavinga por la torpeza de Dembélé sucede ahora la lesión muscular de Vinícius. Es insoportable. Las audiencias de los campeonatos nacionales de fútbol de clubes están bajando y a los dirigentes de este deporte no se les ocurre nada mejor que cortar la competición, suspender temporalmente la Champions y ofrecer a los aficionados una colección de atractivísimos partidos con selecciones del calado de Chipre, Georgia, Gibraltar o Kosovo. Los clubes pagan los salarios de los futbolistas, nada desdeñables por otro lado, y la UEFA, la FIFA, la CONMEBOL o el Comebolos de turno se forran con los derechos generados por unos activos a los que ni siquiera pagan. El negocio es redondo para ellos, penoso para los espectadores y nefasto para los clubes. Este último parón nos devuelve a Camavinga roto por más de dos meses, a Vinícius por un tiempo sin determinar y al resto castigados físicamente. Los clubes terminarán plantándose antes o después.
Dejando al margen la exaltación del dolor en la que parece recrearse el diario As, los asuntos propiamente deportivos del día resultan tan sosos como un sándwich de jamón york envasado, una ración de brócoli congelado, un Moldavia-Albania o un Kazajistán-San Marino (que los hubo ayer). Así que hoy nuestras miradas se tornarán a ese medio que “tanto quiere” a nuestro presidente, D. Florentino Pérez, El Confidencial. Un medio que debe de recibir información de un modo tan “confidencial” que a veces no le da tiempo a contrastarla y comete errores de bulto. Tan de bulto como si de la prensa deportiva se tratara. Tan de bulto como varias de las afirmaciones vertidas por el respetado y respetable periodista Rubén Amón ayer en su artículo El nuevo Bernabéu es un disparate.
Entre varios miembros de la redacción de La Galerna existe un aprecio no disimulado por Amón, por sus colaboraciones en el programa de Carlos Alsina o por su labor al frente de La Cultureta. Aprecio que desaparece cuando habla de fútbol, faceta en la que la bufanda atlética y cholista con la que teclea provoca que olvide la obligada imparcialidad de todo periodista que se precie. Que se precie y que no desprecie la profesión, como sus colegas de los diarios aquí portanalizados. Así que hoy vamos a tomar prestada su idea matutina de las “Siete preguntas, siete… y una media” del programa de Alsina para opinar sin hacerlo acerca de su artículo:
La primera, ¿cuál es la fuente utilizada para afirmar de esa manera tan vehemente que el nombre de la ciudad deportiva fue propuesto por el propio Florentino Pérez, “en un ejercicio de autoestima y de culto a la personalidad”?
La segunda, ¿acaso no se ha informado de que fue una propuesta del socio número 6 del Real Madrid, el hijo del caballero presidente D. Luis de Carlos, quien contaba con el apoyo del diez por ciento de los socios representantes, un apoyo necesario para presentarla en la Asamblea según los estatutos?
(Cogemos aire).
¿Cuenta Vd. con una información más precisa que la de este ilustrísimo madridista de 92 años por una propuesta que, además, en su modestia, quedó claro que no satisfizo al presidente, o piensa usted desacreditarlo en público insinuando que Florentino estaba detrás del lanzamiento de la idea?
¿Qué es más “desquiciado”, por usar sus propias palabras: el impacto del Bernabéu en la ciudad, el impacto de la ciudad que se construyó alrededor del estadio en los cincuenta y sesenta, o el manifiesto cabreo enajenado con el que ud. aporreaba el teclado?
La quinta, entonces… ¿en qué quedamos, una lata de sardinas, la pista de aterrizaje de una nave espacial, una nevera por detrás, ¡el mausoleo de Florentino!… o va a quedarse en lo del disparate, como el sectario (y cada día más limitado por el odio) José María García pronunció hace pocos meses?
La sexta: si el ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y la Unión Europea aprobaron o sentenciaron la legalidad de la operación que dio lugar a las Cuatro Torres en los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, ¿dispone de alguna información adicional o “confidencial” como su medio para calificarla de “operación inmobiliaria de inquietantes dimensiones políticas y urbanísticas”, o se trata nuevamente de un simple escape de hedor a butano?
Séptima y última, ¿es la osadía la que le lleva a cuestionar con cifras infladas el presupuesto de las obras del Bernabéu, sin incluir otras partidas adicionales en dicho importe (parkings, hipogeo, amortización de ICO), o es que sus conocimientos financieros le permiten interpelar directamente al presidente de una de las mayores constructoras y gestoras de infraestructuras del mundo?
Y la media, ¿qué peso ha tenido su obsesión colchonero-antimadridista en el abandono de la precisión y objetividad mínimas durante la redacción de…?
Y ya puesto, podríamos pedirle a El Confidencial o al mismo Rubén Amón un exhaustivo informe de la operación Calderón, las permutas de terreno o los fondos públicos empleados en los accesos y las obras, pero sería como demandar una crítica al juego de los del Cholo Simeone. Un imposible.
Os dejamos con las portadas de la prensa catalana, que sigue a lo suyo: destacar el paraíso multicolor en el que viven. Los jóvenes son futuros Balones de Oro, los turcos construirán el estadio en dos ratos y habrá un Ministerio específico de Deportes designado directamente por Puigdemont.
Suerte a Carlitos Alcaraz en su enfrentamiento de hoy contra Novak Djokovic. Pasad un buen día.
Parón de selecciones. Yuju. Y con lesiones de Camavinga y Vinicius además. Durante los próximos días podremos seguir disfrutando de un España-Gatolandia o cualquier otro partido absurdo con los que la FIFA tiene a bien soporizarnos cuando empieza a ver que nos divertimos demasiado con el Real Madrid.
Este parón ha coincidido además con un debate de investidura, y eso ya sí que no, oigan: las putadas de una en una, que escoger entre el España-Kosovo del Norte y la oratoria cochambrosa de nuestros políticos es como escoger entre lamer un cenicero y masticar la grasa de una freidora de la Torrada.
En estas circunstancias, y como no está mi equipo para entretenerme, suelo prestar más atención a las declaraciones que emiten los protagonistas del mundo fútbol, que suelen ser bastante curiosas. Así, por ejemplo, me entero de que Álvaro Morata ha manifestado que “no pienso en el Balón de Oro”. Cosa lógica en la medida en que yo tampoco pienso en el Grammy Latino al Mejor Álbum de Bachata. Aunque, paradójicamente, también sorpresiva pues eso significa que el Balón de Oro es en lo único que no ha soñado Morata desde que era niño, cuando anhelaba con todo su ser jugar en el Real Madrid, en el Chelsea, en la Juve, en el Atleti, en el equipo de hockey sobre hierba de Antananaribo y en no sé cuántos combinados más, que irán variando según Morata firme sus contratos, que desde aquí le deseamos que sean muchos y muy lucrativos.
Otro que ha abierto la boca estos días es Enrique Cerezo. Asegura don Enrique que ahora la Superliga es una cosa chachi piruli, que él era de la Superliga desde “shequitito”, que, como Morata, soñaba de niño con jugar la Superliga y que si tuvo que salirse de ella fue para evitar las sanciones de la UEFA. O sea, que todo aquello de que el fútbol es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que nos contó Cerezo para justificar su espantada era un embuste. ¿O el embuste es que lo hizo para evitar multas? En palabras que el gran Charles Laughton dirigió a Marlene Dietrich en aquella memorable escena de “Testigo de Cargo”: “La pregunta es si mintió entonces, miente ahora o si es usted una mentirosa habitual y ¡CRÓNICA!”. Lo de Cerezo es más bien lo que podríamos denominar como “mentira de nivel Sede Parlamentaria”, que es cuando alguien te suelta una trola sin que le importe si te la crees o no porque, básicamente, tu opinión se la suda.
El camino que empieza en Morata y continúa en Cerezo nos lleva por una viscosa pendiente hasta don Gerard Piqué Bernabéu y su última perla dialéctica. Piqué colgó las botas hace tiempo y, desde entonces, lo más notable que ha hecho ha sido convertirse en el calambur de un tema de Shakira; bastante malo, por cierto. Claro que en lo que a futbolistas retirados y calambures se refiere nadie puede superar a Paco Salillas, ex del Zaragoza, el Celta y el Levante. Cuando Salillas dejó el fútbol montó un negocio de reparto de cubitos de hielo y una escuela de Pádel. El Heraldo de Aragón alabó su espíritu emprendedor en un artículo encabezado por este maravilloso titular: UN DELANTERO FRÍO COMO EL HIELO QUE MIRA SIEMPRE PÁDEL-ANTE. Aprende de los profesionales, Shakira.
Volviendo a Piqué Bernabéu, últimamente ha dicho que la 14 Champions del Madrid fue “un milagro” que “no recordará nadie”. No estoy seguro de que Piqué conozca el significado del término “milagro”, que es, según la RAE, “un suceso o cosa rara y extraordinaria”. Que el Madrid gane, en general, y que gane finales de Copas de Europa, en particular, no es cosa rara ni sobrenatural. Es lo contrario a un milagro.
en exclusiva para todos los lectores de La Galerna, estoy a punto de revelar que la 14 Copa de Europa del Real Madrid es otra gran mentira histórica. Una fantástica “mitopoeia” futbolística, como la honradez del CTA. Tengo pruebas que lo demuestran
Milagro es lo que ocurrió a un sacristán romano que perdió una pierna y, tras rezar a los santos médicos Cosme y Damián, estos escucharon su plegaria y le trasplantaron mientras dormía la pierna de un esclavo recién fallecido. El esclavo era etíope, por lo que el sacristán se levantó una mañana con un muslo de cada color. Pienso que algo similar debió ocurrir con Jude Bellingham, al que quizá unos santos creativos le cosieron durante el sueño la pierna izquierda de Maradona, la derecha de Zidane y, de propina, la cabeza de Toni Kroos; esta vez, eso sí, dándole a todo el conjunto una homogeneidad cromática más bien oscura, para disgusto de la redacción de “Superdeporte”.
Lo de Bellingham, estimado Pique, eso sí que es extraordinario y fuera de lo común. En cambio que el Madrid gane trofeos está dentro de la más absoluta cotidianeidad. De milagro nada.
No obstante, y para tranquilizar a Gerard Piqué Bernabéu, que sospecho que aún no ha superado el trago, estoy en condiciones de asegurar que la Catorce nunca tuvo lugar. No existió. Fue un mito.
En 1835 un tipo llamado Jean Baptiste Pérès publicó un opúsculo llamado “De cómo Napoleón nunca existió” en el que demostraba que el emperador corso era una invención. Partiendo de la base de que el nombre “Napoleón” es fonéticamente similar a “Apollion”, apelativo griego del dios del sol, el texto analizaba cada detalle de la vida de Bonaparte en un sentido metafórico hasta concluir que no era más que la personificación de antiguos cultos solares. Una ficción. Un mito.
Pues bien, en exclusiva para todos los lectores de La Galerna, estoy a punto de revelar que la 14 Copa de Europa del Real Madrid es otra gran mentira histórica. Una fantástica “mitopoeia” futbolística, como la honradez del CTA. Tengo pruebas que lo demuestran.
Lo de Bellingham, estimado Pique, eso sí que es extraordinario y fuera de lo común. En cambio que el Madrid gane trofeos está dentro de la más absoluta cotidianeidad. De milagro nada
La 14 es una mera alegoría de los cultos ibéricos al dios Hércules. Hércules era hijo de Zeus, dios del rayo y el trueno. El Real Madrid es hijo espiritual de don Santiago Bernabéu, Santiago era un apóstol a quien según la Biblia (Mc 3: 13-17) Cristo llamaba “hijo del trueno”. El Real Madrid es, por tanto, una metáfora que simboliza a Hércules; y su trayectoria durante la supuesta 14 Copa de Europa un relato en clave alegórica de sus famosos “trabajos” o “pruebas”.
De modo que, al igual que Hércules limpió los establos de Augías desviando los ríos Alfeo y Peneo, el Real Madrid “limpió” la competición eliminando al PSG, equipo “ensuciado” por el dinero del petróleo. Alfeo y Peneo no son sino Tony Kroos y Luka Modric abriendo prístinos canales en la banda del campo (el establo) que sirvieron para eliminar toda la mugre acumulada. Nótese además que Augías y Al-Khelaiffi comienzan por la misma letra, y que el nombre Augías y Nasser tienen el mismo significado: “brillante”.
Hércules también venció y desolló al león de Nemea, y no es casualidad que otro de los adversarios derrotados por el Madrid en la ficticia 14 fuera el Chelsea, que luce un león en su escudo y cuyos jugadores son, precisamente, denominados “lions”.
En otra de sus misiones, una de las más difíciles, Hércules se enfrentó a los pájaros carnívoros del Estínfalo. Cuando sus flechas se mostraron inútiles contra estas aves diabólicas, la diosa Atenea le entregó un cascabel mágico de bronce. Al subirse Hércules a una colina y hacerlo sonar, los pájaros huyeron aterrados.
El Manchester City, equipo voraz y de garras depredadoras gracias a sus trampas económicas, representa, sin duda, a las aves del Estínfalo, motivo que queda aún más evidente dado que su entrenador tiene unos rasgos parejos a los del gavilán pollero. Así como Hércules no pudo acabar con los pájaros con sus flechas, y a punto estuvo de fracasar en la misión, el Madrid estuvo muy cerca de perder la semifinal contra el City. La victoria se logró gracias a dos chicharros de Rodrygo Goes que forzaron la prórroga. Todo mentira. Rodrygo nació en Brasil, país donde se encuentra la localidad de Cascavel, y el apellido Goes deriva del germánico “Gotes” que significa “colinas rocosas”. El supuesto Rodrygo Goes es, por lo tanto, un mero símbolo del cascabel mágico que Hércules hizo sonar sobre la colina del Estínfalo, poniendo en fuga a las aves, que son los aterrados jugadores del City.
En la final, que nunca tuvo lugar en realidad, el Madrid se enfrentó al Liverpool, vigente campeón en aquel entonces y, por lo tanto, poseedor de La Orejona. Este partido no es sino la metáfora del rescate de Teseo de los infiernos por parte de Hércules. Teseo y Trofeo (el que ganó el Madrid en ese encuentro y que estaba “cautivo” en las vitrinas del Liverpool) son palabras fonéticamente parecidas, y los jugadores del Liverpool visten de rojo, igual que los diablillos que habitan el averno.
Podríamos poner más ejemplos, pero creo que la idea ya queda clara. De modo que ni milagro, ni suceso extraordinario ni nada de nada: un mito, una mera invención. Pura patraña.
La Catorce no ha existido nunca. A ver si de una vez nos damos por enterados.
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Hay que ver lo mucho que Fede Valverde, sin aparecer demasiado en la pantalla del televisor, jugó en la tremenda victoria de la Selección Uruguaya por 2-0, ayer, por la noche, en la misma Bombonera en la que tantas veces ese madridista de alma llamado Diego Armando Maradona desparramó su fútbol.
El lector pensará que quien escribe está forzando la comparación, y pensará bien. Es apenas una excusa para situar al lector en el lugar de los hechos, porque lo que hizo ayer Fede no fue rimbombante ni tan siquiera llamativo. Sin embargo, en su lectura de los espacios y las presiones, en su permanente enlace under the radar con la zaga celeste y en el último arreón físico cuando el partido lo exigía en los tramos finales, Valverde añadió otra dimensión a su dominante set de habilidades. Un set cada vez más decisivo en este Uruguay al que Marcelo Bielsa soltó y revolucionó, cumpliendo así el anhelo de una afición que siente desde hace años que esta generación de jugadores puede hacer partidos estupendos como el de anoche y ganarlos con autoridad. La Celeste de Bielsa tiene en Fede Valverde a su innegable líder futbolístico, uno que solidifica el mandato de una selección que ahora sí parece rendir a la altura de su enorme potencial.
La Celeste de Marcelo Bielsa tiene en Fede Valverde a su innegable líder futbolístico, uno que solidifica el mandato de una selección que ahora sí parece rendir a la altura de su enorme potencial
Ante una Argentina en clave Negreira —el arbitraje del colombiano Wilmer Roldán entra de lleno en el concepto de obsceno y cosecha años 90, incluso superando arbitrajes cataríes—, Uruguay no se salió de su postura y ambición a pesar de verse arrinconado todo el partido por inexplicables cobros de falta sucesivos, algunos de ellos incluso otorgados al rival pese a que se saldaron con graves lesiones de futbolistas uruguayos. Pasado el minuto 10 (ay), los campeones del mundo actuales decidieron que ante la atípica falta de control del partido era necesario ensuciar y ‘picar’. Esta vez, querido lector, no fuimos nosotros, por mucha fama que suelen hacernos. Por ahí anduvo, cómo no, un tal Lionel Messi casi desaparecido ayer en una telaraña de la que Valverde fue arte y parte. Anoche, el Balón de Oro quedó reducido a un tiro libre de esos que nunca le faltan que fue al larguero y una serie de tanganas de esas que tanto le interesan a él y a Rodrigo De Paul, su Kevin Costner personal, que ayer además sacó del partido con lágrimas de dolor al extremo Maxi Araujo. Ayer, Messi tomó del cuello a un futbolista de Uruguay y se fajó con otros dos, aunque terminó exigiendo ‘respeto por los mayores’ a los uruguayos con la derrota consumada y ante los micrófonos. Por aquello de los valors; ustedes entenderán.
Pero quería decir que la bronca de Messi y su Smithers blondo fueron ciertamente esperables: con su amigo e instigador Luis Suárez esperando para ingresar al campo (cosa que no sucedió), Uruguay estuvo lejos de ser ese equipo que pone la alfombra roja, los abrazos y las selfies al rosarino al final del partido, lo cual es un escenario infrecuente y poco explorado para el ‘10’. Pero basado en un mediocampo con muchísimo juego y personalidad en el que a Valverde y al finísimo Manuel Ugarte los acompaña Nico De la Cruz, Uruguay desconoció los laureles de la ‘Scaloneta’ tanto como hace un mes lo hizo con la verdeamarela de nuestros Vinicius, Rodrygo y Casemiro (y Neymar, vaya). Y si bien Messi declaraba hace poco menos de un mes que en esta Argentina se sentía como en el Barça de Guardiola, lo cierto es que anoche en realidad los campeones mundiales jugaron maniatados por una presión asfixiante, con intensidad mourinhista, de un equipo uruguayo que solo pareció crecer a medida que transcurría el partido al pulso de la zancada y el cambio de ritmo de Fede. Cada vez que Argentina perdió la pelota, Uruguay se lo hizo pagar con triangulaciones y vías directas hacia el arco de Dibu Martínez, bastante más recatado esta noche que aquella en la que fue uno de esos mayores que saben respetar y todo aquello.
Y en los detalles de eso, siempre estuvo Valverde. Capitán de Uruguay en el primer tiempo, el ‘15’ del Madrid se movió con soltura tonikroosesca por toda la sala de máquinas de la Celeste, decidiendo siempre bien en las entregas al pie o hacia zonas de baja densidad de jugadores rivales. En el tándem con Ugarte —otro enorme centrocampista, a menos que el PSG de Luis Enrique lo trunque— Valverde redujo por completo a Enzo Fernández y Alexis MacAllister, aquellas mentadas Ferraris que también anoche quedaron reducidas a una versión muy deslucida. Ya no es solo el despliegue físico o la finalización lo que llaman la atención de Fede: progresivamente, su lectura de los momentos de los partidos va in crescendo y se le adivina una madurez puramente madridista.
El ‘15’ del Madrid se movió con soltura tonikroosesca por toda la sala de máquinas de la Celeste, decidiendo siempre bien en las entregas al pie o hacia zonas de baja densidad de jugadores rivales.
Pero Valverde no hizo goles, ni grandes quites, ni remató al arco siquiera. Las luces quedaron para Ronald Araújo —el único jugador del Barcelona actual que sería titular hoy en el Madrid— y para Darwin Núñez, ya establecido como el nuevo centrodelantero de un Uruguay que ilusiona a sus hinchas mayores pero por sobre todo a sus niños con actuaciones a las que ellos ya se van acostumbrando, para sorpresa e incredulidad de los mayores que soportamos largos períodos de racanería y un dogma existencial llevado al campo de juego que parecía imponer que a nuestros rivales máximos no les podíamos plantar cara.
Uruguay no solo derrotó con claridad meridiana a la campeona del mundo: derrotó a una selección que no perdía como local desde hace siete años y llevaba 25 partidos por eliminatorias sin perder. Y en medio de todo eso, volando y liderando, nada menos que un tal Fede Valverde. Habrá más.
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Buenos días. El lector habitual se habrá preguntado alguna vez cuándo se escribe el portanálisis. Lo común es que el portanalista (o al menos este portanalista, porque hay otros y ya se sabe lo que pasa con nada maestrillo) espere a que salgan las portadas, más allá de la medianoche del día anterior, para empezar a pergeñar las primeras líneas conforme a las primeras ideas, a continuación se vaya a la cama y lo concluya a primera hora de la mañana.
Pues bien. Es más allá de la una de la madrugada y las portadas de mañana ya se han quedado completamente desfasadas. Vinicius se acaba de lesionar en el Brasil-Colombia y las portadas ya se están imprimiendo sin mencionar este nuevo destrozo de la FIFA al Madrid, tras la lesión de Camavinga con Francia.
Nos ciscamos en prácticamente todo, procurando no hacerlo muy alto para no despertar a los niños, y nos vamos a (intentar) dormir en el entendido de que a las siete u ocho de la mañana habrá más información sobre el alcance de la lesión de Vini.
(Pausa de cinco horas y pico).
Nos levantamos con la inocencia que trae el olvido propiciado por el sueño. Sin embargo, con el primer pis del día, sentimos un estremecimiento al recordar. Acudimos raudos a internet.
Son las siete y media de la mañana y leemos en twitter que Vini ha sido entrevistado al final del partido. “Parece que es la misma lesión que la otra vez”, afirma, mesándose con dolor el muslo izquierdo. La vida es una mierda de categoría sólo ligeramente inferior a un parón de selecciones, o hasta igual. La vida ES un parón de selecciones y queremos suicidarnos pegándonos un tiro en la rodilla, como Jack Lemmon en El Apartamento.
Las portadas cada día importan menos, pero hoy importan menos que menos. Nacen ya obsoletas. Informan, en pequeñito, de la lesión de Camavinga, o sea, van con una lesión de retraso. Nos atrevemos a afirmar que no se ha publicado nada más fútil e irrelevante, desde que Gutenberg inventó la imprenta, que estas primeras planas.
España ganó y Lamine Yamal es cuatro veces Maradona. Nos da igual.
La sección femenina del Barça pide VAR para el fútbol femenino, muy preocupada… por un empate de la sección femenina del Madrid. No nos importa lo más mínimo.
“Sobrados… ¡y primeros!” es el titular que aspira a excitarnos con esa exclamación extemporánea. Nos la refanfinfla.
Las portadas del día, sí, van con una lesión de retraso. No tenemos ni fuerzas para rezar para que mañana no vayan con otra lesión de retraso. Nos ciscamos de nuevo en todo lo ciscable y, poseídos por un cinismo tan totalizador que se queda a un paso de ser amable, volvemos a la cama.
Buenos días.
El fútbol es un deporte de una intensidad terrible en el que de una semana a otra las sensaciones pueden dar un vuelco total. Hay semanas anodinamente light y otras apasionadamente clarificadoras. La semana pasada sirvió para que el equipo demostrara que hay vida después de Jude Bellingham y que para nada tiene la pólvora mojada. A tenor de los últimos encuentros, era importante encadenar dos partidos cómodos como frente al Sporting de Braga en Champions y al Valencia Club de Fútbol en liga. La baja del centrocampista británico sirvió para introducir a Brahim Díaz. El joven malagueño hasta ahora ha disfrutado de pocos minutos y, a juzgar por la valoración de los aficionados y del propio Carlo Ancelotti, merecía más presencia. Brahim ocupó el espacio natural de Bellingham en el dibujo del técnico italiano. Frente al equipo portugués el andaluz consiguió un buen gol que abrió el marcador y completó un partidazo donde estuvo presente en todo momento sin olvidar las labores defensivas. El despliegue físico fue tal que frente al Valencia CF notó la falta de continuidad y ritmo competitivo pero igual disputó un partido notable.
La pareja del momento en el Real Madrid vuelven a ser los cracks brasileños. Ante la baja de Jude Bellingham, el equipo necesitaba que tanto Vinicius como Rodrygo dieran un paso hacia delante. Ambos estuvieron muy activos durante toda la primera parte del partido en Champions, pero fue en la segunda en la que directamente se salieron del tablero. Y en pleno estado de efervescencia disputaron la cita liguera con el Valencia. Tras un golazo de Dani Carvajal, el Madrid remó a favor de corriente desde el minuto 3. Tal vez estemos ante una de las mejores versiones de nuestro lateral derecho. El canterano está disputando una temporada sobresaliente y es junto a Bellingham el mejor del equipo. Si bien la primera parte fue disputada, solo parecía crear peligro real el Madrid. Justo antes del descanso, Vinicius puso el dos a cero con un genuino remate de pecho y a la vuelta del descanso, consiguió el tercero en una jugada eléctrica marca de la casa con un disparo ajustado. El cuarto lo consiguió Rodrygo tras una cantada del fenomenal meta ché Mamardashvili. Y fue el propio Rodrygo quien cerró la manita tras una maniobra propia del crack que es. Hugo Duro conseguiría el gol de la honra en el minuto 88’.
La semana pasada sirvió para que el equipo demostrara que hay vida después de Jude Bellingham y que para nada tiene la pólvora mojada
El partido dejó un fabuloso sabor de boca. La vuelta de nuestros cracks brasileños siempre es buena cosa. Además, la dinámica del equipo es bastante positiva. Es verdad que el empate en casa frente al Rayo Vallecano nos cogió a todos con el pie cambiado, pero la respuesta de los jugadores ha sido sobresaliente. Tendremos que esperar dos semanas para volver a la competición frente al Cádiz Club de Fútbol en el Estadio Nuevo Mirandilla, antiguo Carranza, el domingo 26 de noviembre. El miércoles 29 podríamos conseguir la primera plaza del grupo de Champions de forma matemática si logramos vencer a un debilitado S. S. C. Napoli, que acaba de cesar al entrenador francés Rudi García tras caer derrotados en casa frente al Empoli. Habrá que pescar en río revuelto.
Sé que la gran mayoría de los lectores de La Galerna están sumidos desde el lunes en una apatía total por culpa del tercer maldito parón de selecciones. Y desde ayer por la tarde enfadados a causa de la lesión de Camavinga durante el entrenamiento vespertino con Francia. Es una atrocidad tener que soportar un sinsentido como este a cambio de jugosísimos partidos como los que disputará la Selección de fútbol de España contra las poderosísimas potencias de Chipre y Georgia. El páramo. Al menos nos queda el consuelo de que Inglaterra ha liberado de sus compromisos a Bellingham para que pueda recuperarse de su luxación en el hombro. Y además, podemos soñar con la tripleta de ataque de Brasil que será la nuestra en breve. Endrick comenzará a echar los dientes con sus futuros compañeros Vinicius y Rodrygo y esperamos que mezclen tan bien como el café con la leche. A pesar de la indignación y la rabia con el KO de Camavinga, el futuro nos espera y es alentador.
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Buenos días, aunque hoy se trata de un formalismo, de una convención social porque de buenos no tienen nada, nos subimos por las paredes del enfado que tenemos, al igual que todo el madridismo. El maldito, execrable, condenado, perverso, aberrante parón de selecciones se ha cargado a Camavinga vía Dembélé, quien, aun sin quererlo, no tenemos duda de ello, ha lesionado al madridista durante un entrenamiento de la selección francesa, desgraciadamente para regocijo de algún miserable, que haberlos haylos.
En un primer momento pareció un simple golpe, pero una segunda exploración apuntó a que no solo se trataba de una contusión, sino que había lesión, tal vez tenga afectado el ligamento lateral externo de la rodilla derecha y puede estar varias semanas de baja, algunos aventuran que en torno a seis.
El hecho de que los servicios médicos de la escuadra gala decidieran que Camavinga abandonase la concentración con rumbo a Madrid aumenta el pesimismo sobre el resultado de la resonancia a la que será sometido hoy el francés.
Tercer parón de selecciones en dos meses, un sinsentido se mire por donde se mire. La voracidad económica de los estamentos futbolísticos organizadores de partidos internacionales no conoce límites. UEFA, FIFA, las distintas federaciones anteponen la avaricia, su ánimo incesante de lucro, a la salud de los futbolistas. No les preocupan en absoluto las lesiones y percances que puedan sufrir los profesionales con motivo de la saturación de partidos que suponen estos encuentros irrelevantes.
El provecho de unos pocos por encima del interés general. La tónica general de los tiempos que corren, no solo en el ámbito deportivo.
Los partidos de selecciones son un anacronismo carente de sentido hoy en día, al igual que el telégrafo, la sanación mediante sangrías o los freak shows. Cada vez quedan menos nostálgicos con apetito escrotal que gocen más con una victoria de Georgia frente a Suecia o con un gol de Morata frente a Chipre que con un partido de Madrid, Bayern o Liverpool, por ejemplo.
El fútbol es como intentar ver una buena película en Antena 3 esquivando anuncios. Queremos ver la Champions, pero la mayor parte del tiempo asistimos a una liga putrefacta jugada entre parones recurrentes de selecciones, entre putos parones de selecciones, diríamos en el caso de que no estuviese feo emplear tan grueso término.
Reconocemos que esta mañana nos posee la ira, no puede catalogarse de otro modo el enfado mayúsculo que tenemos. Camavinga, para más inri, uno de nuestros mejores y más queridos jugadores. La lesión ocurre además con Tchouaméni de baja, con Bellingham renqueante, con Ceballos y Güler KO, además de los afectados por lesiones de larga duración.
El enojo aumenta al ver la portada de Marca, la primera que asimos esta mañana.
¿Ser primeros para evitar sustos? ¿En serio? Pero si el susto supremo es el percance de Camavinga y no aparece ni en un minirrecuadro, y el lance ocurrió ayer por la tarde, con tiempo antes de cerrar la edición. Si en lugar de que hubieran lesionado a Camavinga en un maldito parón de selecciones Gil Marín hubiese alzado la voz durante una comida con periodistas palmeros por un saque de banda que él considerara injusto a favor del Madrid, le habrían dedicado la portada entera, adornada con guirnaldas. Y acto seguido habrían quedado con Nasser Al-Khelaïfi y Ceferin para jugar al pádel y ejercitar la genuflexión.
As tiene la decencia periodística de informar del suceso, «Camavinga se rompe. Se lesiona con Francia en una rodilla y puede ser baja seis semanas».
La prensa cataculé no trata el asunto. No esperábamos que lo hiciera, la verdad, sería como albergar la esperanza de que Hacienda atendiese una reclamación razonada o que un Gobierno velara por el interés general de sus ciudadanos en lugar de por el personal de sus miembros y miembras.
Nos despedimos con la esperanza de que la lesión de Camavinga sea lo más leve posible y su recuperación breve y satisfactoria.
Pasad un buen día. Si podéis.