Las mejores firmas madridistas del planeta

The Beatles es la banda más popular de todos los tiempos. Toda agrupación necesita de motores creativos que la sostengan y los fabulosos chicos de Liverpool tenían a la dupla de oro. Paul McCartney junto con John Lennon conformaron la pareja artística más creativa y lucrativa de la industria de la música pop. Su asociación compositiva es tan poderosa que difícilmente se puede superar con canciones como Michelle, A Day in the Life o Eleanor Rigby. En definitiva, el catálogo de temas del dúo Lennon/McCartney es de suficientes quilates como para distanciarse por mucho del siguiente. Con una década les bastó para cimentar el mayor legado musical dentro del género canción. Palabras mayores. Solo el Real Madrid sirve como ejemplo homologable a su grandeza, pues únicamente el Real Madrid habita en los corazones de los verdaderos amantes del fútbol. ¿Acaso otra institución deportiva lleva tantas décadas instalado en la excelencia?

Solo el Real Madrid sirve como ejemplo homologable a la grandeza de The Beatles, pues únicamente el Real Madrid habita en los corazones de los verdaderos amantes del fútbol

El pasado 2 de noviembre se publicó el sencillo Now and then, a la postre la última canción de The Beatles. La conmoción del público fue total, pues era la primera canción original de la banda desde el periodo de 1995-1996, en el que publicaron Free as a Bird y Real Love para su recopilatorio The Beatles Anthology. La historia se remonta a un encuentro entre Yoko Ono y Paul McCartney en el cual la viuda de Lennon le facilitó a McCartney una cinta de cassette con tres canciones de John en modo demo o grabación casera. En 1995, los tres supervivientes de la banda trataron en vano de grabarla, pero un incómodo pitido devaluaba la empresa.

Now and then

Casi treinta años más tarde pudieron salvar este problema y grabarla. Peter Jackson tenía la solución. El director neozelandés había desarrollado, gracias a la Inteligencia Artificial, un software llamado MAL, capaz, entre otras cosas, de limpiar la grabación maltrecha y conseguir un audio notable con la voz de Lennon. Y para redondear su colaboración, el director de la saga de El señor de los anillos se encargó del vídeo musical. A estas alturas, el éxito del sencillo es total y Now and then se ha situado como número uno en todos los frentes: en las plataformas digitales como iTunes o Spotify y, especialmente, ha arrasado en el formato físico con vinilos de 7” y CD singles.

The Beatles representa en la música lo que el Real Madrid es para el fútbol: hondura, belleza e inmortalidad

Hablar de The Beatles es hablar del siglo XX, de lo mejor de la cultura que nos legó el pasado siglo. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr construyeron el mayor repertorio de música popular a través de canciones y discos que forman parte de la memoria sentimental de la Humanidad. Si algo se acerca a la excelencia es la música que The Beatles confeccionaron a lo largo de la década de los sesenta. Ese decenio pertenece a los Fab Four. Sin embargo, sus huellas son tan profundas que inundan toda la discografía posterior a su existencia. Miles de solistas y bandas se han nutrido de su legado musical.

Karim Harrison: Something in the way he moves

The Beatles representa en la música lo que el Real Madrid es para el fútbol: hondura, belleza e inmortalidad. La beatlemanía que inundó al público ávido de un grupo joven que hablase a la juventud en su lenguaje y de forma hermosa es similar a la fiebre futbolera que el Real Madrid transmitió desde la llegada de Alfredo Di Stéfano a la entidad de Concha Espina en 1953.

Santiago Bernabéu es el gran hombre detrás de las figuras, el cerebro en la sombra que construyó todo con el talento del mayor arquitecto que ha conocido el mundo del fútbol y han de ver las generaciones venideras. Por su parte, Brian Epstein fue el representante capaz de moldear a los chicos para guiarlos a través de la temible industria de la música. Contó con un socio modélico para lo estrictamente musical: George Martin, quien ejerció de productor, arreglista e ingeniero de sonido. Tanto es así que es apodado como El Quinto Beatle. Digamos que los chicos de Liverpool necesitaron dos padres como nosotros tenemos a don Santiago Bernabéu y a Florentino Pérez como faros de Alejandría.

Brian Epstein junto a John Lennon y Ringo Starr

Algo que también une al Real Madrid y The Beatles es el color blanco. El logo del grupo británico es limpio y conciso: el nombre de la banda en letras negras sobre un fondo blanco. El calígrafo Eddie Stokes es el responsable del hallazgo que desde 1963 se podía ver en la batería de Ringo Starr. Según la psicología, el blanco transmite pureza y perfección. En marketing se usa para lanzamientos garantistas donde el minimalismo imprime carácter. Además, The Beatles y Real Madrid están unidos por el amor a la vanguardia. El Real Madrid, faro de las libertades, fue uno de los propulsores y creadores de la Copa de Europa y ahora lo es de la Superliga. Este amor por la innovación lo emparenta con la banda más innovadora de todos los tiempos, pues The Beatles lo inventaron todo, hasta la separación.

El amor por la innovación emparenta al Madrid con la banda más innovadora de todos los tiempos, pues The Beatles lo inventaron todo, hasta la separación

En definitiva, Real Madrid y The Beatles van de la mano porque todas las instituciones brillantes de este mundo han de seguir una línea de consanguinidad de la belleza. Y, además, esta temporada recurrimos a los británicos para nuestra banda sonora favorita, que es el estribillo de Hey Jude cada vez que Bellingham anota un gol. ¿Acaso existe un verso de canción que represente mejor el espíritu madridista que el segundo de esta canción? El Madrid se sintetiza en “Take a sad song and make it better”. Así pues, ¡Hala Madrid y larga vida al legado de The Beatles! ¡Feliz Año Nuevo!

Lennon Bellingham

 

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Apuntes sobre la sentencia del TJUE y una futura Superliga

 

 

 

12 clubes fundadores de la Superliga

 

 

 

Gil Marín y Nasser Al-Khelaïfi

 

 

 

 Miguel Muñoz frente al Manchester United en 1957

 

 

 

Steaua Bucarest

 

 

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Buenos días, galernautas. Nos encantan los títulos en forma de pregunta. Confesémoslo: no hay día en que no intentemos que el título del portanálisis sea una pregunta. No siempre lo conseguimos. Hoy sí.

Algunos de los mejores títulos de la literatura, el cine y la música tienen forma interrogativa. “¿Qué fue de Baby Jane?”, “Are you lonesome tonight?”, “Pero ¿hubo alguna vez 11.000 virgenes?”.

Nos gustan especialmente las preguntas/título que contienen la palabra “quién”. “¿Quién teme a Virginia Wolf?”, “¿Por quién doblan las campanas?”, “Who’s gonna ride your wild horses?”. Por eso nos ha hecho una enorme ilusión poder otorgar al portanálisis de hoy el título que lo adorna.

Portada Mundo Deportivo

Hoy este título en forma de pregunta no solamente procedía, sino que era poco menos que de cajón. Ante esta afirmación de Mundo Deportivo (“Vitor Roque entusiasma”), la pregunta cae por su propio peso, no bien se posan los ojos sobre ella. En realidad son dos preguntas. La primera es: pero ¿de verdad entusiasma Vitor Roque? Y la segunda, ya más conciliadora, con ganas de otorgar al interlocutor el derecho a defenderse con pruebas es: ¿a quién?

¿A quién entusiasma Vitor Roque, entrañables amigos de Mundo Deportivo? Nos contáis que un 89,3% de la muestra (de la muestra de la encuesta MD a socios del Barça, se entiende) “da su OK” a avanzar la llegada del brasileño. Habría que estudiar esa muestra, tanto cuantitativa como cualitativamente. Sin embargo, aun en el supuesto de que fuese enormemente representativa, “dar el OK” no es lo mismo que entusiasmarse.

El aficionado del Barça ve una institución a la deriva, descubierta en su corrupción y sin gran calidad en su plantilla, y eso le hace abogar por la novedad, quién sabe si casi a la desesperada. Si ya le ves los achaques a Lewandowski, y sabes además de las ganas de Laporta por facturarle a Arabia con pavor por los emolumentos —crecientes año a año— del polaco, abrazas como nueva incorporación a la punta de ataque la del mismísimo Falete, siempre y cuando venga con Els Segadors bien aprendido.

¿No será, amigos de Mundo Deportivo, que el “entusiasmo” que decís haber detectado en la masa culé no es otra cosa que el entusiasmo que pretendéis provocar en ella, preocupados como estáis por el escasísimo entusiasmo que de hecho provoca la llegada del chaval? No tenemos nada contra el chico, que seguramente es un buen jugador que tiene un futuro en esto del balompié, pero la sensación joven del fútbol brasileño es Endrick, a quien de forma pública admitisteis pretender y que finalmente tomó el avión rumbo a Valdebebas. A veces la vida es dura, y cuando esa dureza no tiene remedio la reacción más aconsejable es la resignación, que en general tiene poco que ver con el entusiasmo, como los segundos platos tienen poco que ver con los planes A.

Portada Sport

Sport también trae un mensaje de Vitor Roque, allá arriba, en el frontispicio: “Culés, nos vemos pronto en Barcelona”. La coma del vocativo está bien puesta y nosotros con eso ya nos conformamos. No se dirá que no estamos dispuestos a hacer concesiones en pos de la causa. He aquí la promesa: no criticaremos el fondo de ningún mensaje cuya coma del vocativo esté en su sitio. Ya veis con qué poquito nos conformamos.

De todos modos, la foto central de la portada de Sport es para otro fichaje que se da por hecho: Chadi Riad, central zurdo que repescaría por 7 millones (¿qué son 7 milloncejos para una economía hiperrecontrasaneada como la del Barça?) y que ha tenido una “irrupción” “descomunal”.

Si has tenido una “irrupción descomunal” (descomunal, nada menos), es de presumir que generas a tu vez no poco “entusiasmo”, como le pasa a Vitor Roque, pero en este caso no se nos comunica, por lo que sea, qué porcentaje de socios “da su OK” a la repesca de Riad, con lo cual no podemos calibrar el grado exacto de entusiasmo que produce. Lo suponemos altísimo, no obstante, que para eso estamos en Navidad y los sentimientos están a flor de piel, en este caso el entusiasmo, que lo es como la tristeza o el sentimiento catalanista que sin duda adorna tanto a Riad como a Vitor.

Portada Marca Portada AsY poco más que contaros, amigos. Marca pondera los estratosféricos registros anotadores de Doncic en la NBA, lo cual nos parece perfecto y además la portada es muy bonita.

As entrevista a Griezmann, que anda a vueltas con su renovación. Anunciará si renueva o no en un reality-show acojonante, emitido en streaming y presentado por Ibai, en el que Enrique Cerezo en traje de lentejuelas deshojará la margarita ad hoc. Saldrá lo que tenga que salir, pero sin duda el veredicto de la margarita producirá entusiasmo también, caiga del lado que caiga la solución final.

Pasad entusiásticamente estos últimos días del año, galernautas.

Durante años, el Atlético y Sra. Rushmore han ganado todas las Champions de la publicidad frente al Real Madrid. Es hora de un cambio.

No quiero escamotear méritos tampoco. Últimamente, los blancos hemos mejorado a la hora de exponer datos y triunfos. Hacemos las cosas bastante mejor que en épocas pasadas. Hoy dejamos claro a todo el que quiera escucharnos que no nacimos como el equipo del régimen, sino que Franco, además de un dictador canijo y con voz de pito, era un poco chaquetero. También le metemos la épica precisa a la sucesión mítica de triunfos que han adornado el siglo XXI. Una odisea del espacio blanco. Sin ir más lejos, el Libro Azul, un pack de bienvenida redactado a comienzos de siglo por Antonio Pacheco, y que recibían todos los nuevos fichajes del club, fue una iniciativa de Florentino y Jorge Valdano que se convirtió en uno de los pilares de la identidad blanca en este siglo.

Pero si tengo que pensar en anuncios publicitarios realmente míticos del Atleti, está claro que nos ganan por goleada. Desde el Mono Montoya saliendo de la alcantarilla hasta el mítico “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”. Doña Rushmore pasó de señorita a señora a golpe de anuncio histórico. “Me mata, me da la vida”. “Un añito en el infierno”. Todos buenos.

Hoy dejamos claro a todo el que quiera escucharnos que no nacimos como el equipo del régimen, sino que Franco, además de un dictador canijo y con voz de pito, era un poco chaquetero

De anuncio en anuncio, el Atlético forjó una leyenda de equipo normal, equipo de la gente. El mismo club que fue robado a sus socios por la familia Gil y por Cerezo —no lo digo yo, lo dijo la Audiencia Nacional hace casi 30 años— lleva todo lo que llevamos de siglo utilizando la magia de la publicidad para erigirse en un icono del pueblo, mientras el Madrid se “limitaba” a empezar una era gloriosa de títulos y a engordar las vitrinas del club.

Para colmo, el último anuncio atlético no sólo es impecable, sino que lo es desde el respeto a don Alfredo Di Stéfano. La trama es sencilla. Un taxista del Atlético, que desde la bonhomía ayuda a un anciano sin memoria a llegar a su hogar, le sigue la corriente, esconde los colores de su club y utiliza el fútbol para establecer una conexión, la que sea, con alguien que se está quedando sin puentes. ¿Tiene que reconocer que Di Stéfano fue el mejor? Pues lo hace. El fútbol no es lo más importante. Las personas lo son.

Taxi anuncio Atleti

Un señor anuncio. Incluso un anuncio señor. El Atlético no sabrá expulsar de sus gradas a los animales que cuelgan efigies de Vinicius de los puentes y son los jueces quienes tienen que prohibirles la entrada en el campo, pero sabe hacer publicidad. ¿Otro equipo que maneja la emocionalidad con solvencia? El Liverpool. Si no se te caen un par de lágrimas con el maravilloso gesto que tuvo Jurgen Klopp con Dáire, el niño de 12 años con el síndrome de Crommelin, no tienes corazón. “Nunca caminarás solo”, en este contexto, es maravilloso y poético.

Lo que no deja de hacerme pensar en por qué el Real Madrid no puede lanzar un anuncio mítico de vez en cuando. Y tengo muy clara la línea argumental que convendría seguir. El mensaje subyacente.

 

Caballero del honor

 

Recuerdo mucho los últimos días de mi hermano, que falleció hace ya algo más de un año, sin llegar a cumplir los 43 y con un hijo a medio hacer. Poco antes de morir, Carlos pudo ir a ver al equipo de su corazón a un palco del Bernabeu, y todavía recuerdo su sonrisa.

Él sabía que iba a morir. Aunque le dolía muchísimo dejar solo a su pequeño Diego, era plenamente consciente de que, como en el sketch del loro de Monty Python, iba a dejar de ser, a dejar de existir, a irse con su creador, a estirar la pata, a ser un difunto, a irse al otro barrio, a echar el telón, a pasar a mejor vida. Iba a ser un exhermano. Un expadre. Un exPapá Noel.

Pero Carlos era madridista. Y sabía que la música no se acaba hasta que no canta la gorda. Hasta el final, repartió una sonrisa y un abrazo a todo el que lo necesitaba. Y vaya si lo necesitábamos. Ocultó el dolor y la pena todo lo que pudo a pesar de que, en las últimas semanas, el glioblastoma le dejó casi sin poder expresarse, sin voz ni para quejarse de lo malos que eran mis chistes. Supe que de verdad se acercaba el final cuando empecé a ganarle al Fifa, y lamento mucho que fuese antes de que EA Sports pusiese un nombre más digno a sus juegos y sacase de la ecuación a Manolo Lama, para regocijo mío y del hijo de Rajoy. Y sin embargo, Carlos no soltó el mando mientras tuvo fuerzas para sujetarlo.

Mandos FIFA Play

Sentir los colores del Real Madrid no quiere decir que vayas a ganar siempre. Ni mucho menos. Nos embargarán casas, quebraremos empresas, nos despedirán, perderemos gente amada. Y al final, nuestra última certeza es que todos pasaremos a ser exloros. Se nos llevará una muerte. Puede ser el Dios monoteísta a tu elección, la Muerte que habla en mayúsculas, la que juega al ajedrez en blanco y negro o la que lleva una máscara roja en pleno carnaval. Puede ser la Muerte que da de comer a las palomas con su hermano Morfeo; la Muerte a la que Thanos tira los trastos; la Muerte del Paraíso Perdido de Milton, o el Santo de los Asesinos.

Todos nosotros somos un minuto de silencio esperando a suceder. Pero lo que nos enseña el madridismo no es el camino de la victoria. Es el de cómo afrontar la vida sin bajar los brazos.

Cuando veías a mi hermano, con sus mejillas sonrosadas y su barba pelirroja, era imposible no pensar en él como en Papá Noel o como en un vikingo bonachón. Un Thor. Un Balder, como poco. Y el cáncer no fue su gran batalla. Lo fue la vida. Una vida plagada de dificultades, desde la dislexia hasta el bullying. Su gran guerra, la que ganó hasta el final, consistió en seguir siendo él mismo todo lo que pudo, más allá de lo razonable. Mucho más de lo que yo habría logrado. Logró ser extraordinario pese a que nadie daba un duro por él.

Todos nosotros somos un minuto de silencio esperando a suceder. Pero lo que nos enseña el madridismo no es el camino de la victoria. Es el de cómo afrontar la vida sin bajar los brazos

Para él la vida no consistió en ganar, y mucho menos en jugar bien. Consistió en llegar sin bajar los brazos hasta el último momento. Y todos sabemos que los vikingos honorables no van al cielo, van al Valhalla. Un lugar en el que seguir luchando una y otra vez.

El Madrid, como mi hermano, vive obligado a batallar como Sísifo para reverdecer una gloria que es tan eterna como volátil. “Gánatelo en el campo”, le dicen rivales menores. Como si no hubiesen perdido, una y otra vez, ante los blancos. Como si algunos no envidiaran su éxito o su tesón infinito.

No digo que los anuncios que ruede el Madrid tengan que ser sobre mi hermano, ni mucho menos. Pero me sirve para explicar cuál debe ser nuestra línea argumental. Nuestra ansia por plantar cara siempre hasta el último momento. Caballeros del honor. Cumplidores de los propios deberes respeto del prójimo y de nosotros mismos. Una y otra vez. Cuando todo parece perdido, cuando otros habrían bajado los brazos. Aunque la derrota sea una posibilidad como otra cualquiera.

El Madrid, al igual que el amor de un abuelo, es eterno

El Madrid puede perder siempre, como podemos perder nosotros. Pero todo irá bien si seguimos luchando como Kipling. Forzando nuestro corazón, nuestros nervios y tendones, a cumplir con nuestros objetivos mucho después de que estén agotados, y así resistir cuando ya no nos queda nada salvo nuestra Voluntad, que les dice: "¡Resistid!".

Si perdemos después de haberlo dado todo, habremos hecho suficiente. Nuestro anuncio es la historia del atleta catalán Alex Roca. Un tipo extraordinario que, después de completar cinco triatlones, un aquatlón, cinco medios maratones, la Titan Desert y la Pilgrim Race en 2018, se convirtió en la primera persona con una discapacidad física del 76% en terminar una maratón. Pero es también la de cada madridista que afrontará la cuesta de enero, la de cada madridista que sufre racismo y homofobia, la de cada madridista que vive en un campo de refugiados, pasa hambre o vive con miedo al impacto de una bomba.

Cuanto todo parece perdido, cuando las circunstancias conspiran en nuestra contra, cuando no parece que haya ninguna solución, el Madrid nos recuerda la importancia de no bajar los brazos. De marcar goles en el minuto 66 o en el 93. De seguir adelante pese a todo.

Hasta el final.

Ése es nuestro anuncio.

En el último cuestionario del año, hacemos un repaso del 2023 de la mano de fcQuiz.

¿Eres capaz de responder correctamente a estas ocho preguntas sobre los últimos doce meses del Real Madrid?

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En la primera mitad del siglo XX fue habitual ver al equipo blanco disputar partidos el día de Navidad. La mayoría fueron amistosos, como en los años 1915 ante el Sporting Clube portugués, 1924 contra el Real Unión, 1949 frente al Racing de Avellaneda o en 1925 con el Athletic Club de rival en el Torneo de Campeones (un ensayo para la Liga que estaba a punto de nacer). Pero también jugó dos encuentros oficiales del Campeonato Nacional de Liga y uno de la Copa de Europa. En la competición doméstica tuvieron lugar en 1930 y 1932 y en el torneo continental uno muy célebre en 1955.

En la primera mitad del siglo XX fue habitual ver al equipo blanco disputar partidos el día de Navidad

En la tercera edición de la historia de la Liga, el equipo madridista contó con los fichajes de Ricardo Zamora, Bonet, Leoncito, Eugenio o Gurruchaga, que daban un salto de nivel a la plantilla. La competición se inició el día 7 de diciembre y para la tercera jornada se programó el Real Madrid contra el Europa en Chamartín el 28 de diciembre. Sin embargo, los blancos para ese día tenían concertado un duelo, un amistoso en su estadio frente a los húngaros del Budapest III Kerr, que por entonces lideraban la clasificación de su Liga. Por eso pidió que se adelantase el choque contra los catalanes para el día de Navidad. El CD Europa se resignó y aceptó el cambio, por lo que el equipo tuvo que renunciar a pasar la Nochebuena en sus casas.

Madrid FC-CD Europa

El partido se celebró a las 3 de la tarde, se pusieron precios populares (2,50 pesetas) y asistieron entre 4.000 y 6.000 espectadores, según ABC, con un lleno mayoritario en la zona de socios, pero media entrada en el resto de localidades. La crónica del partido, publicada en el diario Ahora, habla de un conjunto catalán muy gris y apagado que apenas puso en aprietos a los madridistas. El cuadro merengue, dirigido por el magiar Lippo Hertzka, venció por 3-1 y encauzaba así su inicio liguero después de haber perdido rotundamente frente al Arenas (4-1) cuatro días antes.

Gurruchaga contra Florenza. Madrid-Europa. Madrid-Europa.

El Real Madrid, que salió en casa con camiseta morada y pantalón blanco, fue muy superior el marcador no demostró la diferencia real entre ambos conjuntos. Los goleadores locales fueron Gurruchaga, tras un tiro formidable, de nuevo el delantero vizcaíno al desviar un disparo de Lazcano y el tercero, el mejor de la tarde, de Lazcano al empalmar de manera brillante un centro de Urretavizcaya. El gol del Europa lo logró de penalti Alcázar a dos minutos de finalizar el encuentro. El once madridista que salió aquella tarde lo formaron Vidal, Torregrosa, Quesada; Bonet, Esparza, Peña; Lazcano, Eugenio, Gurruchaga, Leoncito y Urretavizcaya.

Madrid-Europa. Gol Lazcano frente al Europa.

Dos años después se repitió la historia para otro partido de Liga con el Valencia como adversario. El club blanco, denominado entonces Madrid FC en medio de la Segunda República española, defendía el título liguero conseguido el año anterior. Hertzka ya no era el técnico, sino que se había firmado al inglés Robert Firth. La Liga no comenzó de la mejor manera al caer en la primera jornada contra el RCD Español, pero el cuadro blanco se recuperó de inmediato y ganó los siguientes tres partidos. En la jornada 5 se midió a los che en Chamartín el día de Navidad.

Madrid FC-Valencia FC

Al igual que ante el CD Europa, el partido se programó para las 3 de la tarde en un campo madrileño al que asistió mucho público, según describió en su crónica El Debate. El Valencia, que el domingo 18 había jugado en El Sardinero contra el Racing, viajó a Madrid desde Santander en lugar de a la ciudad del Turia y realizó una concentración en El Escorial. Allí durante toda la semana estuvo entrenando y preparando el choque ante los blancos. Había expectación por el encuentro porque el equipo valencianista había logrado resultados positivos en el pasado como en los choques de Copa de 1928 (2-2) y 1930 (0-2). Sin embargo, el conjunto merengue, que tenía la baja sensible de Ciriaco en la zaga, pasó por encima de los che y consiguió una espectacular y rutilante victoria por 6-0.

Madrid FC-Valencia FC Eugenio contra el Valencia FC

En la crónica de AS se afirmó que el Valencia “había comido turrón con exceso, sus jugadores no podían moverse y fueron batidos con facilidad”. El mismo medio destacó el juego de Valle, mientras que en La Correspondencia de Valencia loaron la actuación de Ricardo Zamora. El Madrid FC vistió con su segundo uniforme y por cortesía dejó jugar al Valencia con su primera equipación blanca. Los autores de los goles fueron Luis Regueiro, con un tiro cruzado; Hilario, al empalmar un centro de Luis Olaso; Olivares, tras un disparo fuerte y colocado; Eugenio, con otro chut potente; Hilario, rematando un pase de Olaso y Olivares, al aprovechar un envío del interior canario. El XI de los madridistas lo integraron Zamora; Quesada, Quincoces; Pedro Regueiro, Valle, Gurruchaga; Eugenio, Luis Regueiro, Olivares, Hilario y Olaso.

Gol de Regueiro contra el Valencia FC

El partido más famoso jugado por los blancos un día de Navidad fue en el año 1955. En la I edición de la Copa de Europa de clubes, en la ida de los cuartos de final quedaron emparejados con el Partizan de Belgrado. El choque se colocó a las 3:45 horas de la tarde. El cuadro de José Villalonga llegaba tras eliminar al Servette y los yugoslavos, por su parte, al Sporting Clube portugués. Un equipo, el Partizan, con mucho nombre y una nómina de fantásticos jugadores internacionales como Zebec, Bobek, Belin y Milutinovic. La expedición llegó a la estación del Norte el día 23 y fue recibida por la directiva del Madrid, que encabezaba su presidente Santiago Bernabéu. Luego se dirigieron al hotel y también realizarían un entrenamiento previo en la sede del coliseo blanco.

Cartel Real Madrid-Partizan

En la previa de los madridistas la noticia estaba en si Lesmes, con gripe, estaría recuperado para el encuentro. No había un once decidido y pocos imaginaban entonces que la gran estrella del encuentro sería el joven Castaño. Un joven extremo diestro originario de Alcazarquivir (Protectora español de Marruecos), muy veloz, habilidoso y con visión, que venía supliendo con eficacia en los últimos partidos ligueros a Molowny. El estadio Santiago Bernabéu presentó un aspecto sensacional con casi 120.000 espectadores en las gradas pese al horario, el día festivo y el aumento del precio de las entradas en un “instante crucial” para el club, como admitió el presidente blanco. Además, la recaudación fue magnífica y se estimó en unos 45 millones de francos (casi 5 millones de pesetas), según estimaciones de L’ Equipe.

Espectadores Real Madrid- PartizanReal Madrid vs. Partizan, 1955Saludo capitanes Real Madrid-Partizan

El diario MARCA calificó en su portada como memorable la victoria del equipo blanco y detalló que en el segundo tiempo rondó la exhibición.

Marca Real Madrid 4 -Partizan 0

Las claves para el extraordinario triunfo merengue por 4-0 fueron la velocidad, la profundidad del juego y un superior fondo físico que resultó diferencial en la segunda parte. Castaño firmó un doblete, marcando los dos primeros goles de la tarde. Su primer tanto fue con la diestra en difícil postura y aprovechando una prolongación de cabeza de Olsen a centro de Gento. Mientras que el segundo llegó tras aprovechar un fallo del lateral Colic, internarse en el área y batir de formidable disparo al meta Stojanovic. Los otros dos goleadores fueron Gento y Alfredo di Stéfano. El cántabro consiguió el 2-0 después de una serie de rechaces procedentes de un córner y colar el cuero por bajo en el marco yugoslavo. El de ‘La Saeta Rubia’ tuvo como asistente a Castaño, que envío el cuero al 9 blanco y este, tras quiebro a un defensa, chutó a ras de césped el esférico sin que pudiese hacer nada Stojanovic para repelerlo. El once merengue que asombró a todos fue el formado por Alonso; Becerril, Marquitos, Lesmes; Muñoz, Zárraga; Castaño, Olsen, Di Stéfano, Rial y Gento.

Madrid-Partizan Gol de Castaño frente al Partizan

Los yugoslavos quedaron resignados con la derrota y afirmaron que pudo ser más amplia. Elogiaron al público como “el mejor que conocemos”, al Madrid como “uno de los equipos más grandes del mundo” y a Di Stéfano como “un jugador asombroso”. La impresión general es que era improbable que “podamos eliminar al Madrid en Belgrado”. Sin embargo, el partido de vuelta está dentro de las grandes gestas madridistas en la Copa de Europa, porque el Partizan se quedó cerca de culminar la remontada en un terreno de juego nevado y totalmente helado. Los pupilos de Villalonga también ensalzaron a sus rivales pese a la goleada en el Santiago Bernabéu. Gustó mucho el juego del Partizan y, por ejemplo, Miguel Muñoz, los describió como el “mejor equipo que he visto en muchos años”. Di Stéfano, por su parte, los comparó por estilo de juego con los equipos argentinos y a Rial le pareció “muy buena la delantera” y el “delantero centro” (Milutinovic).

Gento y Villalonga. Real Madrid-Partizan

 

Fotografías: archivo Alberto Cosín

En los últimos días de agosto del año que estamos a punto de despedir, quién sabe si alguno de los lectores de esta pieza llena de admiración y reconocimiento no condujo su coche en los alrededores de Ávila, en cuyo caso bien pudo ver, en los márgenes de la carretera, un corredor de fondo solitario en medio del árido paisaje castellanoleonés.

José. Fuerza y honor. José. Fuerza y honor.

Si así fue, tal vez le llamó la atención la presencia de tres ciclistas que llevaban a cabo tareas de avituallamiento para el corredor. Aun así, es posible que no imaginara que lo que el corredor estaba a punto de completar, a su llegada a Ávila, era una maratón completa. Una maratón iniciada en El Espinar (Segovia), con la capital abulense como destino, que nuestro protagonista, José María López Casado, corrió en solitario en tributo a su hermano Javier, fallecido exactamente un año antes.

“Correr una maratón es durísimo”, apunta José María, “especialmente toda la preparación que conduce a ella. Si dura es cualquier maratón, imagina cómo cuesta correrla en solitario, sin la presencia de otros corredores que siempre contribuyen a llevarte en volandas, como con anterioridad había experimentado en varias maratones y medias maratones oficiales. Sin embargo, en todo momento tuve la sensación de que mi hermano Javi me acompañaba”.

Una maratón iniciada en El Espinar (Segovia), con la capital abulense como destino, que nuestro protagonista, José María López Casado, corrió en solitario en tributo a su hermano Javier, fallecido exactamente un año antes

La idea surgió precisamente en una conversación con sus amigos los ciclistas, que solían pedalear esa misma ruta. “De repente intuimos que la distancia entre El Espinar y Ávila bien podía coincidir con la distancia reglamentaria de la maratón. Lo comprobamos en Google, y constatamos que desde mi casa espinariega a cierta farmacia que está a la entrada de la ciudad es exactamente de 42 kilómetros y 195 metros. Era una señal: estaba escrito que tenía que hacerlo, y que lo haría en homenaje a Javier. Cuando completé dicha distancia, estaba tan agotado como orgulloso”.

Entre las muchas cosas que unían a José y Javier, estaba su amor por el Real Madrid.

“Javi vivía en Miami, y me llamaba puntualmente con cada gran victoria blanca. Recuerdo especialmente su euforia con el gol de Sergio Ramos en Lisboa. No te digo nada con las remontadas de la Catorce: se volvió tan loco de alegría como cualquier madridista imagina. Era un fan acérrimo de Benzema, de quien decía que representaba como nadie los valores del Real Madrid, es decir, el respeto, la clase y la deportividad. Ambos solíamos hablar, años atrás, de Laudrup, porque era un futbolistas que nos fascinaba a ambos. Cuando estaba en Madrid, si nuestras obligaciones nos lo permitían, acudíamos juntos al Bernabéu”.

José y Javi en el Bernabéu

José María es diseñador gráfico, y para su maratón en solitario alumbró la idea de un logo que recogiera el lema de su hermano. Gladiator era su película favorita, y le encantaba la famosa leyenda “Fuerza y honor”. José diseñó el logo y corrió con él en el pecho. No dudamos que a Javier le habría encantado.

José, Fuerza y Honor

Javier era el presidente de la Fundación Soltra, por lo que José María decidió pronto utilizar el logo para algo más que la maratón. Diseñó prendas que están a disposición del público a través de La Tostadora, en concreto en este enlace.

Camisetas Fuerza y Honor

Todos los beneficios obtenidos por la venta de productos Fuerza y Honor irán destinados a Soltra.

La idea ha empezado a calar entre el público, e incluso leyendas de la sección de baloncesto del Real Madrid, como Joe Llorente y Chechu Biriukov, ya lucen el logo con alegría. El proceso de reclutamiento forzudo y honorable prosigue. Cada día somos más.

Son unas buenas fechas para unirse.

Joe Llorente, José, Jesús Bengoechea y Biriukov. Fuerza y Honor

Es Navidad y es el último partido de un año raro. Florentino ha creado la Superliga y sólo se han unido el Nápoles, el Milan, los portugueses y un puñado más de viejas glorias, juguetes rotos por la ley Bosman que llevan décadas chapoteando en la orilla incorrecta de la Historia. Así que no hay Copa de Europa y Tebas, por joder, hace jugar al Madrid el día de Navidad. El ambiente en el campo es extraño y él pensó, nada más entrar: menos mal que vengo poco. Un amigo le había dejado el abono y, por un cúmulo de circunstancias, ese año le tocó pasar la Navidad en Madrid. Eso que me llevo, se dijo. Contempló absorto la cubierta retráctil y aquel monstruo de acero con el que el presidente Pérez asombraba al mundo transportó su mente hasta el antiguo Egipto de los faraones. Sí, en efecto, concluyó: también el Faraón Pérez quiere su propia autopista hacia la vida eterna.

Alguna cosa buena tenía que tener no unirse a la gran fuga humana que huye de Madrid en cuanto les dan vacaciones a los niños en los colegios. Se imaginó por un segundo atrapado en un atasco en la carretera de Extremadura, en medio de un millón de personas que escapan de la ciudad como si la estuviera atacando Putin, y le recorrió por la espalda un escalofrío. Se dio la vuelta y entró en el skybar. Hacía mucho frío, un frío siberiano, ¡el frío que hace en Madrid! Pero allí se estaba bien, el ambiente era cálido y la música, no muy alta, apagaba el sordo rumor del campo, que no llegaba hasta allí, como si las paredes de cristal del garito aislaran profilácticamente a la beautiful people que allí menudeaba de la turbamulta de bocadillo envuelto en papel de plata que había afuera.

Skybar

El skybar era algo de verdad impresionante. Así tienen que ser, se dijo, los burdeles de lujo de San Petersburgo. Techos dorados, estética bling-bling, satinados y reflejos, espejos y lámparas exóticas, un remedo del bar de Al Pacino en Carlito’s way: el ambiente ideal para que se sientan como en casa los nuevos amos del fútbol, los sheiks árabes podridos de dinero y los magnates del Este, las grandes fortunas del entorno del poder en Rusia y en China. Es lo que hay ahora, es la gente que manda y que se ha quedado con el invento que le servía a la vieja y extinta clase media europea para proyectarse a sí misma más allá del horizonte de oficina y ocho horas anclado a un escritorio.

Se arrimó a una barra de metal satinado y le pidió al bartender (porque en sitios así ya no hay camareros, siquiera pensarlo es una vulgaridad) un Rives con Coca-Cola. Nada más pedirlo sintió vergüenza: de lejos van a oler que soy un tieso. Al darle el primer sorbo miró por fin al rectángulo verde donde, allá lejos en lo remoto, brillando como un tizón dentro de una chimenea, se iba a jugar el Real Madrid-Cádiz correspondiente a la decimoctava jornada del campeonato nacional de Liga. El once titular era propio de una economía en régimen de autarquía, de un país en postguerra. Joselu, que había renovado, en punta de un ataque compuesto además por Bellingham y por Mayoral, que fue repescado del Getafe en verano. Atrás, Lucas Vázquez seguía siendo el lateral derecho y Fran García, con Nacho, completaban una defensa que parecía venir directa de la OJE.

Mayoral

El equipo, fiable, había resultado campeón unos meses antes, pero la liga española estaba desacreditada y devaluada y el Madrid, apestado internacionalmente, sobrevivía en el lazareto de la Gold Star, adonde ninguna superestrella quería apuntarse por miedo a las represalias de la FIFA. Incluso se empezaba a hablar de ofertas mareantes de la Premier a Bellingham, el madridismo se encogía y empezaba a mirar con recelo a palacio, donde el sultán seguía haciendo caso omiso a las señales de peligro.

En el estadio llevaba habiendo runrún desde varios partidos atrás. Él pensó que, aunque era una impopular opinión, como en el sofá de su casa y por la tele no se veía un partido en ninguna parte. Ir al estadio estaba sobrevalorado y más con aquellos horarios de mierda. Se alegró por dentro de disfrutar del skybar y no tener que pasarse encima dos horas gritando obligado y quedándose pajarito en la tribuna. De alguna manera aquello le hizo sentirse de nuevo como en la adolescencia, cuando ver al Madrid consistía en acercarse en la moto con su hermano al bar del pueblo y pasarse el rato sobando una Coca-Cola. Miró a un lado y al otro con desconfianza, ¿le echarían al decubrir que pensaba pasarse dos horas allí viendo el partido con el mismo Rives-Cola?

Comenzó el partido y el Cádiz marcó pronto. El Bernabéu, que no estaba lleno, comenzó ya a silbar sin ningún tapujo. Se removió incómodo y echó un vistazo a su alrededor. El skybar estaba lleno de hombres jóvenes con aspecto de ir mucho al gimnasio y de tener mucho dinero. Las únicas mujeres eran todas unas muñecas hinchables con más caucho en el cuerpo que sangre corriendo por las venas. Los copazos corrían de aquí para allá y nadie prestaba la menor atención al partido. Él pensó que las ganas que había acumulado durante años, desde que vio el render con las imágenes de lo que sería el skybar del Bernabéu, se evaporaban deprimentemente ante sus ojos.

Skybar

Seguramente habría un crepúsculo sobre Madrid color negroni pero desde allí no se veía nada. La parte que supuestamente iba a dar al cielo de la ciudad era un tabique ciego recubierto de brillantina. Aquello le pareció una sala de tortura psicodélica más propia de una cheka anarquista en el Madrid del Terror Rojo. Entonces, por el clamor tímido del estadio, se dio cuenta de que había empatado el Madrid.

—¡Joder, menos mal, por fin alguien que aprovecha el saque de banda, que no hay fuera de juego!

En la puerta del skybar un hombre, flaco y enérgico, de pelo blanco y gafas, agitaba las manos mirando hacia el rectángulo de juego. Por su aspecto, no pintaba nada en aquella parte del estadio, aunque bien pensando, él tampoco pegaba en el skybar ni con cola. El hombre iba tocado con un sombrero fedora y alrededor del cuello le protegía del frío una bufanda de cuadros, clásica y atemporal. Más que celebrar el gol del Madrid, parecía enfadado y gritaba denuestos con furia.

—¡Qué hijos de puta son los de negro!

—Llevan una buena temporada jodiéndonos a base de bien.

—Desde Tenerife, que fue culpa sobre todo del Canal Plus.

—A mí esto me parece una mariconada, el fútbol me gusta verlo en la grada, donde está mi abono, pero tenía que venir hoy aquí por un coñazo de compromiso.

skybar

Al Madrid acababan de anularle un gol a todas luces legal y la acción había sacado al público de la catalepsia con la que hasta entonces había asistido al espectáculo. Por llamarlo de alguna manera. El Madrid transitaba sin pena ni gloria por la liga, el equipo iba cuarto y el juego no enganchaba, era denso y gris como un bloque de hormigón. Carletto se había ido a entrenar a Brasil con la liga y la copa en el bolsillo, pero el broche no pudo ser de oro puesto que, en lo que terminó por ser su última Copa de Europa, el City de Guardiola descarriló de nuevo al Madrid en semifinales.

La gente, que al principio había apoyado con entusiasmo la revolución quijotesca de Florentino, fue poco a poco enfriándose conforme los meses fueron pasando y la Superliga, sin los ingleses ni el Bayern, arrancó con partidos tan vibrantes como unos Madrid-Dinamo de Kiev o Rosenberg-Madrid. La UEFA mantenía el envite y la Champions acaparaba sponsors y cuota de pantalla. La masa, ya se sabe, que es voluble, daba síntomas de rebelarse a medida que su competición favorita se jugaba sin el Madrid de por medio. Todo el estado de ánimo del madridismo era, en fin, depresivo. Mbappé, por supuesto, tampoco había fichado ese año y el peligro ahora era que, lejos del resplandor europeo, el Madrid dejara de ser atractivo incluso para los Joselus de la vida.

—Tebas es un cabrón, pero lo que no sabe es que el Madrid ya jugó una vez antes el día de Navidad.

Miró a aquel hombre con renovado interés. Parecía conocer el paño y tenía pinta de ser un madridista viejo, de esos que desayunaban porras y churros con los hermanos Padrós en San Ginés antes de que se convirtiera en una gilipollez para turistas.

—Sí, hombre. El día de Navidad de 1955. Les metimos 4 al Partizán de Belgrado en la ida de los cuartos de final de la primera Copa de Europa. Este Tebas se cree que nosotros nacimos ayer, ¿sabes?

4-0 Navidad 1955. Real Madrid-Partizan.

En aquel momento, un tremendo carrerón de Fran García por la izquierda levantó al público de sus asientos. La Grada, un fondo blanco tiza tras la portería de Courtois, empezaba a enganchar por fin al resto del campo, que entraba en calor a medida que el Cádiz retrocedía como un cangrejo y el Madrid, como toda la vida, sin jugar bien ni nada por el estilo, iba empujándolo contra su portería, poco a poco, con la marcha de un palio sevillano en Semana Santa.

—Efectivamente, el día de Navidad de 1955 jugamos aquí contra los yugoslavos a las 3 de la tarde puesto que no había todavía iluminación eléctrica en el estadio y había que aprovechar las horas de sol que quedaban por la tarde. Mi padre me contó que vino al campo masticando los pestiños de la comida. ¡Lo que no hayamos hecho los madridistas!

—La vuelta, en Belgrado, nos la pusieron en medio de una nevada antológica. Casi nos remontan. Yo nací un mes después, me lo contó mi padre, que fue de los que suscribieron las obligaciones que emitió Bernabéu diez años antes para reconstruir el estadio. Los yugoslavos casi nos remontan pero al final no nos remontaron porque somos el puto Real Madrid y acabamos ganando la primera puta Copa de Europa, aunque a Franco no le hiciera gracia que la jugáramos. ¡Bien que quiso luego aprovecharse!

En ese momento, Joselu remató de cabeza un buen centro de Lucas Vázquez y puso el 2-1 en el marcador. El estadio saltó un instante en un gozo comunitario compartido por ochenta mil personas a la vez que a él le recordó, lejanamente, a las noches en las que, el Madrid, en Europa, multiplicaba los panes y los peces y convertía el agua en vino. Fue sólo un segundo pero, de pronto, aquel lugar, el skybar, y la gente que allí alternaba y todo el estadio con su acero y su hormigón le parecieron un organismo vivo, una criatura viviente que respiraba y cuyo aire le resultaba, a pesar de todo, muy familiar.

—Nosotros inventamos el fútbol. Lo abrimos y lo cerramos y ahora lo vamos a abrir otra vez aunque para eso tengamos que vender las catorce copas de Europa como si fueran chatarra. Lo vamos a hacer porque lo hemos hecho ya y lo vamos a hacer otra vez, cueste lo que cueste.

Se bebió un trago largo del Rives-Cola y le pareció ver la Luna brillar a través de la pared del skybar. Llegó a la conclusión de que el fútbol, en realidad, era lo de menos. Cerró los ojos y vio un inmenso Galeón de Manila rasgando la tela verde de croupier del rectángulo de juego del estadio y atravesando el Bernabéu como si fuera una ola gigantesca del Pacifico. Llevaba las velas blancas, blanquísimas como la ropa tendida al sol. Pensó en su abuelo y, para sus adentros, le dijo: Feliz Navidad. Abrazó al hombre flaco del sombrero y se pidió otra copa.

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. Esperamos que hayáis pasado una magnífica Nochebuena y una feliz Navidad rodeados de vuestros seres queridos, a quienes no pocas veces apreciamos a pesar de sus cosas, como ese cuñado del Barça que toma más copas de las que debería porque ha sobornado al barman del restaurante, o el primo del Atleti que no ha conseguido disfrutar aún de una buena copa en Europa a pesar de no dejar de visitar los mejores locales del continente gracias a su ejercicio de adulación constante al jefe, aunque por detrás maniobre para derrocar a ese mismo jefe y no pueda ocultar su nostalgia por otro jefe, en este caso del Estado, fallecido hace casi cincuenta años pero siempre presente en su grupo de animación favorito.

Los compañeros de la prensa también suelen celebrar la Navidad, que a menudo coincide con días de escasa enjundia informativa, por lo que aprovechan para sacar del congelador portadas cocinadas días antes, darles un golpecito de microondas y enviarlas al quiosco.

Portada As

La primera plana de As tiene el mismo interés para el aficionado del Madrid que observar cómo se elimina, por medios manuales, el gotelé de los paramentos verticales de una vivienda de San Cristóbal de los Ángeles un martes con luna en cuarto menguante. Álvaro Martín y María Pérez, campeones mundiales de marcha, posan frente a un póster de París mientras señalan la torre Eiffel a lo Laudrup. Viene a cuento porque, por lo visto, el año que viene se celebran otros juegos olímpicos en esa ciudad. A nosotros la verdad es que por París lo que nos viene a la cabeza son Champions del Madrid, pero cada uno lleva la marcha que quiere y puede.

Portada Marca

Marca hoy no saca a pasear ni a Urbano Cairo ni a Agreste Tebas, sino que dedica su frontispicio a José Bordalás, ilustre entrenador del Getafe, quien patea una pelota de Nivea en el Cerro de los Ángeles de dicha localidad madrileña. No vemos inconveniente alguno en esta práctica deportiva, mas no compartimos alguna de las frases que el diario urbanita destaca del técnico alicantino: «Somos una Liga donde se pitan todas las faltas, penaltis increíbles, no hay ritmo». No, querido Pepe, se pitan todas las faltas según quién juegue. Te invitamos a que revises cualquier partido del Real Madrid y te fijes en el gazpacho de patadas y empujones recibidos por Bellingham, Vinícius o Rodrygo, por ejemplo, y hagas un recuento de faltas reales/faltas señaladas. En lo que sí estamos de acuerdo es en lo de los penaltis increíbles, quién no recuerda aquel Penalba o el desmayo de Xavi Hernández, verbigracia.

Las portadas de la prensa catalana son las mismas que las de ayer, como probablemente la comida de muchos hogares españoles, que aprovecharán los restos del atracón de Nochebuena/Navidad para volver a llenar los estómagos. Ellos, además, también gozan hoy de la festividad de San Esteban, por lo que no es un día propicio para perseguir a familiares de árbitros o inventarse fichajes.

Portada Sport

«Plan Xavi para 2024», titula Sport. «Plan para hoy, hambre para mañana», pensamos nosotros. Dice el diario culé que Xavi tiene una nueva «receta» para que el Barça despegue este próximo año y se puedan conseguir los objetivos. ¿Cuáles son estos objetivos, adulterar la competición mediante el soborno de sus jueces, o tal vez a través del incumplimiento de la normativa económica, o quizá incurriendo en flagrantes conflictos de intereses? Objetivos a la carta. Laporta se encargará de probar y dar el visto bueno a todas la recetas de Xavi hasta que coloque a otro cocinero de quien pueda extraer más platos.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo opta este 26 de diciembre por ilustrar su primera plana con una fotografía de Xavi acompañado por el equipo de Bricomanía con las pelotas en la mano, excepto el aizkolari de la izquierda, que blande un hacha. Probablemente, después del reportaje fotográfico, construyeran una cabaña en el monte adornada con parterres de petunias y alegrías.

Con alegría precisamente nos despedimos y os deseamos que paséis un magnífico día.

Os presentamos el cuento ganador de nuestro IV Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. 

Enhorabuena, Jon. 

 

 

Para Lucía, mi hija vikinga

 

Es la Navidad del año 2064 y la Semana Grande de las Peñas. Mientras el Bernabéu se ha convertido en un coloso de referencia mundial del deporte, y tras la creación en 2050 del Campus Universitario y Deportivo Real Madrid a las afueras de una capital que no deja de crecer, la Ciudad Real Madrid-Florentino Pérez es una impresionante urbe de hoteles, espectáculos, luces y entretenimiento, donde cada cuatro años se celebra la Semana Grande de las Peñas. Un Babel de pabellones erigidos por madridistas procedentes de todos los lugares, razas y credos del mundo van a mostrar con gastronomía y espectáculos su atractivo, a fin de aumentar el prestigio de sus peñas.

En la vieja Peña Di Stéfano reina el ambiente navideño, y un joven español llamado Carlos, conoce entre tanto aficionado a un chico brasileño que se llama Joao.  Un joven que vino a Europa a trabajar, creció profesionalmente, se casó hace poco y espera un hijo. Es feliz con su vida en España, pero aún conserva en las favelas una casita que perteneció a su familia.

Pasan las navidades y con ella La Semana Grande; pasan los meses mientras surge una amistad entre ambos jóvenes. Comparten largas conversaciones en las que Joao le va contando a Carlos cómo es la vida en aquellas ciudades atestadas: "Al otro lado del océano, junto a las grandes y lujosas ciudades de Brasil, aún existen favelas y pobreza..."

La imaginación de Carlos se ha excitado y quiere ir a conocer aquellos exóticos lugares. Su nuevo amigo brasileño le ofrece la vivienda que conserva allá en las favelas; él acepta, se toma un año sabático, y únicamente con lo básico como equipaje decide irse a vivir un tiempo en aquel lugar, no sin antes tomar buena nota de los consejos y condiciones que le impone su amigo Joao. "No lleves artículos de lujo, muéstrate humilde, busca cualquier trabajo por la zona y vive exclusivamente del dinero que ganes..."

Ha transcurrido el tiempo, y los meses en Brasil no pasaron en vano para Carlos. Encontró trabajo allí mismo, en las favelas, en un taller mecánico de motos (el abuelo de Carlos tuvo uno de esos talleres en un pueblo de Castilla, y todo lo que sabía se lo enseñó a su nieto). Aunque los ingresos sean pequeños, Carlos dispone de vivienda y lo suficiente para cubrir el resto de sus necesidades. Un par de veces a la semana hablan Joao y Carlos y, mientras el español le cuenta cómo transcurre su vida, Joao ríe.

Un día, a principios de diciembre, llega al taller de motos un hombre que dice llamarse Paixao, y al que todos tratan con afecto y respeto. Por el color de su piel se diría que es de ascendencia africana; tendrá entre 60 ó 65 años, nariz chata y ancha, una sonrisa simpática, contagiosa, y una enorme boca poblada de dientes grandes y blancos. Se dice que llegó hace años a las favelas y nadie sabe si tiene familia. Únicamente saben que es otro pobre más, y que lleva una motoreta tan vieja como él, pero más deteriorada.

Paixao entra en el taller y con su franca sonrisa pide que le arreglen la avería, pero el vehículo está muy acabado y le responden que el costo de repararlo será mayor que el precio de comprar una nueva. Carlos le pide al jefe que le permita, en sus ratos libres, trabajar en el taller y ocuparse él mismo de ir arreglando la moto del viejo. Carlos ha demostrado ser buena gente, trabajador de confianza, y su jefe acepta. Y es así como Carlos se pone a trabajar cada día al terminar su jornada, y sigue trabajando el fin de semana, que es cuando acude Paixao para ayudarle. Esto va tejiendo una amistad entre el español y el viejo, y cuando la moto está acabada, casi el día de Navidad, Paixao le pregunta con quién cenará esa noche. Carlos responde que está sólo y Paixao añade: "Como yo. No se hable más: lo celebraremos juntos en mi casa", y Carlos acepta.

El día de Navidad llega, y es extraño; hace calor, los turistas llenan las playas y la transpiración humedece la ropa, aun siendo fresca y ligera. Carlos se viste de blanco para la cena de Navidad en casa del viejo, que transcurre agradable: hablan de sus vidas y hablan de fútbol; hablan del Real Madrid... ¡Paixao sabe todo sobre el Real Madrid...! Conoce jugadores del presente y del pasado, conoce las gestas, los sufridos triunfos a fuerza de remontadas, y la excelencia personal que se requiere para formar parte de esa élite deportiva mundial.

¿Qué fue de este u otro jugador?, le pregunta Carlos a Paixao. ¿Qué fue de Vinicius Jr, quien también provenía de las favelas? Los ojos se le empañan al viejo y responde: "Estuvo muy bien aconsejado e invirtió bien su fortuna. Según se dice, con los beneficios que genera su capital va creando escuelas en todas las favelas de Brasil para educar a los niños en los valores del Real Madrid. De los rumores no sé cuánto pueda haber de cierto, pero en Brasil todos saben que esas escuelas, desde hace décadas, se han convertido en fábricas de hombres capacitados e íntegros".

-¡Que extraordinario!- responde Carlos-. Vaya tipo estupendo... Y además de ser una gran persona, también debe de ser un hombre muy rico...

-¡Lo es!- responde Paixao,- pero se dice que a él le interesa otro tipo de riqueza: la satisfacción de ayudar a los suyos.

-¿Y dónde vive ese tipo tan genial, Paixao?

El viejo responde:

-Según cuentan quiso volver a donde comenzó de niño, pero una vez acabó su carrera deportiva pasó tantos años fuera de los focos mediáticos, que al regresar nadie le reconoció. Y desapareció sin que sepan de él...

Los minutos van pasando rápidamente. Carlos quiere ir al baño, Paixao le indica la puerta pero Carlos se equivoca, y al entrar en otra habitación se encuentra con trofeos, medallas, copas, fotos colgadas de las paredes... Toda una vida de éxitos. Y es entonces cuando, al mirar las fotos, Carlos reconoce a un joven José Paixao de Oliveira, también llamado Vinicius Junior, que en pie, apoyado en el marco de la puerta, le mira sonriente con un gorrito de Papá Noel sobre su cabeza. Un gorrito cuya borla, blanca, deslumbra tanto como los dientes de su sonrisa o el blanco y noble corazón del viejo Vini.

 

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