Santiago Bernabéu, durante la presidencia del Real Madrid, tuvo algunos momentos delicados. Por ejemplo, en 1958, se llegó a plantear su marcha porque sentía y observaba que el Real Madrid no caía igual de bien en el extranjero que en el fútbol español, y eso le apenaba. O en la temporada siguiente, cuando se mostró muy descontento con sus estrellas y el espectáculo faltante en el fútbol en una misiva enviada a su amigo y antiguo presidente Antonio Santos Peralba. También al comienzo de su etapa como mandatario blanco le llegó a confesar a su esposa doña María que sería cosa como mucho de un año y luego dejaría el cargo. Pero una de las situaciones que más dolió a Bernabéu ocurrió en la primavera de 1976.
El conjunto blanco estaba a punto de convertirse en campeón de Liga, pero unos días antes tuvo dos tropiezos en las otras competiciones. El primero, la eliminación en la Copa de Europa en semifinales a manos del Bayern. El segundo, un gran descalabro en la Copa del Rey frente al Tenerife, de Segunda división, en octavos de final. En la vuelta de este choque, se escuchó el cántico (no de una mayoría, pero se dejó oír) de “Bernabéu, dimite; el socio no te admite”. Algo que dolió e indignó mucho al mandatario, como se comprobó en unas declaraciones a la prensa horas después. Además, en la ida del partido contra los muniqueses en el estadio madridista se produjo el famoso incidente del ‘Loco del Bernabéu’, que agredió al árbitro austriaco Linemayr, y una invasión de campo en la que también recibieron golpes algunos jugadores bávaros como Gerd Müller. La prensa alemana estalló y pidió severas sanciones de la UEFA para el Real Madrid.
La eliminatoria contra el Tenerife se torció en la ida en la isla el 9 de marzo de 1976 al caer por 2-0. La victoria por la mínima en casa el 4 de mayo no fue suficiente para los blancos, que quedaron eliminados. Las críticas de antiguos jugadores, del opositor Diéguez a Bernabéu y de parte de la prensa fue enorme. El presidente, según publicó AS, se escudó en que “el equipo está cansadísimo” y reconoció “que se metieron conmigo, ya lo sé. ¿Qué voy a hacer?”. Mientras que MARCA, detalló que “Bernabéu más apagado que nunca” dijo que “se jugó mal y la gente protestó con razón”. No fue el único que recibió las iras del público, puesto que hubo cánticos a favor de Luis Molowny y gritos en contra del entrenador yugoslavo del cuadro vikingo: ¡Fuera Miljanic!
En la vuelta de la eliminatoria de Copa frente al Tenerife, se escuchó el cántico (no de una mayoría, pero se dejó oír) de “Bernabéu, dimite; el socio no te admite”. Algo que dolió e indignó mucho al mandatario
El lema de “Bernabéu dimite; el socio no te admite” lo tomaron los aficionados madridistas de los del FC Barcelona, ya que en términos similares se mostraron tiempo antes en contra del mandatario culé Agustí Montal. Al día siguiente, Bernabéu realizó una entrevista para el diario Arriba que se publicó el 6 de mayo. La respuesta del presidente al cántico era contundente: “Si sobro me voy”. Añadió que “yo pensaba que lo estaba haciendo bien, pero si los socios están a disgusto no tienen nada más que decirlo”. Respecto a si lo consideraba equitativo opinó que “no, si ellos lo creen justo, pues adelante, que lo digan, como yo no he hecho nada por el Real Madrid…”.
Unos días después los madridistas cantarían el alirón liguero contra el Granada en Los Cármenes y el presidente lo deseaba para no llegar al último partido en casa con el título en juego ante el Atlético de Madrid: “Me gustaría que se sacase un punto en Granada y que llegásemos al Bernabéu con el título en el bolsillo”. En ese último encuentro liguero las cosas volvieron a su cauce en el coliseo blanco que vio, además, como se apoyaba mayoritariamente a Bernabéu cuando se mostró una pancarta que decía “Don Santiago, no dimita, el socio le necesita”.
La última noticia al respecto de aquel cántico se leyó en las páginas de PUEBLO el mismo día que salió la entrevista de Bernabéu. En una pieza firmada por Martín Semprún, se explicó lo acontecido tras el partido cuando unos manifestantes siguieron con los gritos fuera del estadio en contra del presidente. El cronista del periódico afirmó que “estaban pagados”. Al término del encuentro, un grupo de aficionados se concentraron en la puerta 0, por la que solían entrar y salir los ocupantes del palco presidencial. Ante la mirada de socios y simpatizantes que abandonaban el estadio, empezaron a gritar al unísono durante unos quince minutos ¡Fuera Miljanic!, ¡Dimisión, dimisión!, de nuevo ¡Bernabéu, dimite; los socios no te admiten!, ¡Fuera la directiva!, ¡Bernabéu está gaga; basta ya! y ¡Miljanic, escucha; Molowny está en la lucha!
Martín Semprún, del periódico Pueblo, afirmó que los gritos contra Bernabéu “estaban pagados”, pero no consiguió dar con quién estaba detrás de esa protesta organizada
Los ánimos de los manifestantes se avivaron y empezaron a aporrear una puerta metálica con el consiguiente gran ruido. Fue ahí cuando intervino la policía, que realizó una carga y obligó al grupo de personas a retroceder. El resto de socios al unísono y con aplausos entonaron ¡Bernabéu, Bernabéu, Bernabéu! El presidente y el gerente Antonio Calderón salieron del campo con sus coches, no sin que antes intentaran alcanzarlos los manifestantes, lo que supuso otra carga de la policía.
Fue en ese momento cuando el periodista Semprún habló con un muchacho de los que protestaba contra Bernabéu y que le espetó: “¡Hay que ver, el golpe que me han dado por cuarenta duros!”. El periodista quedó con él al día siguiente a las 9 de la mañana porque el chico prometió contarle todo, pero no apareció. Semprún calculó que al hipotético organizador de ese grupo de aficionados le costó todo “unas seis mil pesetas”. Sin embargo, no consiguió dar con quién o quiénes estaban detrás de aquella protesta organizada.
Fotografías: archivo Alberto Cosín
Todo millennial aficionado al Real Madrid de baloncesto está inequívocamente hecho de otra pasta. No es mi intención polemizar, pero los que fuimos arrojados a este mundo a finales de los ochenta o principios de los noventa crecimos en el erial que fue la sección en el intervalo entre la muerte de Mariano Jaquotot y la llegada de Pablo Laso, apenas aliviada por tres o cuatro oasis puntuales, desoladoramente fugaces.
Durante esa Larga Marcha, durante esa diáspora particular —el lector perdonará mi tendencia a la hipérbole, pero aquellos años fueron como el amor: quien lo probó, lo sabe—, no solo hubimos de acostumbrarnos a racionar los triunfos; nuestro rol subalterno a menudo solía manifestarse de manera explícita en la cancha en forma de la acción más dolorosa que puede sufrir un jugador: el tapón.
La llegada de Pablo Laso al banquillo del Madrid —y la de los fichajes con los que lo obsequiaron— supuso un cambio de paradigma en el baloncesto español
Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, sino de una silueta azulgrana, enorme, peluda y dueña de la pintura, que se afanaba en empequeñecer al Madrid a base de violentos manotazos. La figura de aquel jayán, protagonista de tantas pesadillas infantiles, fue reproducida también durante mi adolescencia —Pau Gasol, Gregor Fucka, Denis Marconato, Fran Vázquez, Boniface N’Dong...—, perpetuando el amedrentamiento. No en vano las réplicas de un seísmo, aunque cuantitativamente sean más suaves, conservan su capacidad dañina.
La llegada de Pablo Laso al banquillo del Madrid —y la de los fichajes con los que lo obsequiaron— supuso un cambio de paradigma en el baloncesto español. No solo porque invirtió la tendencia Madrid-Barça después de la —casi— doble década ominosa, sino porque cambió totalmente el enfoque de las prioridades. Un politólogo pedante de esos que ahora abarrotan las tertulias de televisión utilizaría la expresión “patear el tablero”. De repente, la sombra del pívot gigantesco que nos martirizaba y acomplejaba dejó de tener tanta importancia: pasamos de la ridícula búsqueda especular de un anti-Dueñas que tantas veces nos había llevado al esperpento —Van Rijn, Erik Meek, Lauderdale, Papadopoulos...— a centrar la mirada en los jugadores pequeños.
El sistema de Laso, dinámico, estético y atrevido, se basaba en una defensa agresiva más hija de la velocidad, de la anticipación y de la inteligencia que de la fuerza y el exceso de centímetros. Un enjambre de avispas que picaba, interceptaba líneas de pase y salía como un rayo al contraataque. Y otorgando una relevancia superior al lanzamiento exterior, hasta el punto de que la mandarina se convirtió en la caricatura simpática de la identidad del nuevo Madrid. Run & gun, que dicen los enteraos.
En este contexto, el papel de los pívots madridistas se transformó por completo. Súbitamente, los dos metros pelaos de Felipe Reyes dejaron de suponer un problema y podíamos aprovechar el resto de sus virtudes. Se probaban esquemas audaces, casi inauditos, como colocar a un Slaughter en punta de lanza para presionar al base rival. La agilidad y la movilidad primaban sobre la altura incluso en el puesto de cinco: de ahí el éxito descomunal de un pívot con capacidad de desplazamiento rápido como Gustavo Ayón.
¿Acaso se podía evitar que semejante intimidador condicionase los sistemas defensivos del equipo? En realidad, Tavares pasó poco a poco a convertirse en el auténtico sistema defensivo del Madrid
Si hay un gesto que resume el Zeitgeist del primer lasismo es la venta de Tomic, interior de corte clásico, al Barça. Ahí lo tenéis, no lo queremos. Dolido, el croata declaró algo así como que se marchaba a la ciudad condal “para ganar títulos”, y en ocho años se llevó a la boca el exiguo botín de una liga y tres copas del Rey —para más inri conseguidas, por cierto, en el último segundo y con polémica arbitral.
En definitiva, la apuesta de Laso no pudo obtener mejores réditos. Hasta tal punto que sus detractores, escasos de argumentos para atacarlo, recurrieron a una acusación de excesivo amaneramiento. “No juega con pívots altos porque no sabría cómo hacerlo”, fue la sempiterna muletilla a la que se aferraban los que no podían ni ver al técnico vitoriano y algo tenían que decir. Sin embargo, ni siquiera esa coartada les duró mucho: en el otoño de 2017 aterrizaba en el club Walter Tavares, tras un paso decepcionante por la NBA. El gigante de Cabo Verde, reclutado para el baloncesto a la tardía edad de diecisiete años, no había terminado de adaptarse a la norma de los tres segundos defensivos imperante en la competición americana, y regresaba a Europa como forma de encauzar una por entonces errática carrera. Los agoreros se frotaron las manos: “a ver qué hace Laso con éste”. La cuenta del final de su primera temporada refutó los pronósticos pesimistas: el Madrid fue campeón de liga y de Europa.
Con el paso del tiempo, los jugadores exteriores sobre los que se había cimentado el lasismo —Rudy, Llull, Chacho, Carroll...— fueron perdiendo fuelle y adquirieron un cometido más secundario: no menos importante, aunque sí más especializado. Un perfume que no había que despilfarrar con treinta minutos por partido, sino dosificar para estar frescos en los instantes cruciales de la temporada. Paralelamente, el peso de Tavares en la plantilla fue creciendo de manera natural. ¿Acaso se podía evitar que semejante intimidador condicionase los sistemas defensivos del equipo? En realidad, Tavares pasó poco a poco a convertirse en el auténtico sistema defensivo del Madrid. Cada vez que un rival se atreve a internarse en la pintura blanca se encuentra con una torre que suele hacerlo desistir.
La virtud de Edy va mucho más allá de afirmarse como el máximo taponador de la historia de la Euroliga; se trata de algo difícilmente medible con las estadísticas: ¿cuántos tiros habrá desviado su mera presencia? ¿Cuántos planteamientos de los adversarios habrá modificado sobre la marcha? Los entrenadores lo temen y prácticamente todos intentan sacarlo de la zona de una u otra manera, hasta modificando sus plantillas al inicio de cada año en función de ese determinante factor. El propio Real Madrid ha llegado a acomodarse a esta situación: la diferencia cuando está en el parqué y cuando se sienta en el banquillo resulta palmaria.
¿Cuántos tiros habrá desviado su mera presencia? ¿Cuántos planteamientos de los adversarios habrá modificado sobre la marcha?
En el último momento de crisis de la sección, debiendo afrontar la imprevista marcha de Laso en la víspera de la final de la liga 2021-22 contra un Barcelona colosal, artificialmente inflado, el —por entonces interino— Chus se aferró al flotador para salvarse y salvarnos: sota, caballo y rey, Deck al poste y balones a Tavares. Ganamos el título, claro. Igual que la Final Four del año siguiente, en la que fue galardonado como MVP. El de Maio se ha erigido como nuestro guardián entre el centeno, una especie de Holden Caulfield menos melancólico y narcisista que midiese 2,20 m.
Hay quien dice que la reciente renovación hasta 2029, para un jugador de treinta y dos, constituye un riesgo. No les falta algo de razón: la contingencia del viejazo siempre se halla presente. Pero un mercado tan volátil como el del baloncesto europeo obliga a asumir la posibilidad de la desgracia si se quiere blindar un núcleo que garantice estabilidad. Por mi parte, el niño que fui no puede evitar sonreír al comprobar que el gigante demoledor en esta ocasión está de mi bando, protegiendo las cuatro esquinitas de mi pintura que en tantas ocasiones fueron territorio hostil. Que nos dure muchos años.
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Se cuentan con los dedos de una mano los jugadores que a lo largo de la historia han supuesto una revolución absoluta allá donde llegaron. Este pívot americano de padre holandés y madre alemana fue uno de ellos, ya que dotó al Real Madrid, y por ende al baloncesto español, del toque de altura, fuerza y clase de las que carecía. Cuando Pedro Ferrándiz viajó a Nueva York en el verano de 1962 con el objetivo de presenciar de cerca las evoluciones de futuribles para el equipo, no sabía que estaba a punto de cambiar la historia, con mayúsculas.
Clifford Luyk dotó al Real Madrid, y por ende al baloncesto español, del toque de altura, fuerza y clase de las que carecía
Cuenta la leyenda que Ferrándiz se convenció presenciando como espectador un partido de pretemporada entre los Knicks de Nueva York y los Boston Celtics. Luyk había sido elegido en el draft de aquel año por la franquicia de la Gran Manzana, y no desentonó en absoluto compitiendo contra Bill Russell y Bob Cousy, auténticas vacas sagradas en Boston y la NBA. Pedro habló con Ned Irish, el factótum de los Knicks, para que se lo prestara un año. Accedió. Pero el año se fue ampliando poco a poco, hasta que Clifford decidió que ya no regresaría; se encontraba más a gusto en España que en la que había sido su casa hasta ese momento.
Así fue como el Real Madrid de repente poseía un arma con la que ir a la guerra de kilos, centímetros y movilidad contra los poderosos jugadores de la Unión Soviética y el bloque del Este. Con la base de los Emiliano, Sainz, Sevillano y compañía, el club blanco se alzaba con su primera Copa de Europa en 1964, y un año después con la segunda (esta vez con la presencia de los soviéticos, ausentes en la anterior, en plena preparación de los Juegos Olímpicos de Tokio). Las ediciones de 1967 y 1968 no hicieron otra cosa que refrendar la hegemonía de los blancos en Europa.
Don Clifford Luyk fue, es y será un mito del Real Madrid, un contribuidor principal a sus glorias deportivas
El hecho decisivo que precipitó la integración de Luyk en nuestro país fue la prohibición de extranjeros en la liga a partir de 1965. Ferrándiz amenazó con nacionalizar a sus dos americanos, Burgess y el propio Luyk. Lo que desconocía era que éste último ya tenía en mente dar el paso. Además, conoció a la modelo y Miss Europa Paquita Torres poco después, lo que convirtió también al jugador en un objetivo de la entonces floreciente prensa del corazón. Su boda (a la que calificaron de semisecreta) en junio de 1970 lo catapultó hacia la fama más global.
Luyk no paró de ganar y engrosar su leyenda a medida que pasaron las temporadas. Posee un palmarés que pocos pueden exhibir: 14 Ligas, 10 Copas y 6 Copas de Europa. Tan solo Dino Meneghin puede presumir de más trofeos europeos. Además, con la selección española logró una meritoria medalla de plata en el Eurobasket de 1973, disputado en Barcelona, en una época de dominio total de yugoslavos y soviéticos. Una vez retirado, siguió ligado al club, primero como asistente de Lolo Sainz, y después como entrenador principal, logrando liga y copa, aunque quedándose a las puertas del máximo galardón internacional.
Don Clifford Luyk fue, es y será un mito del Real Madrid, un contribuidor principal a sus glorias deportivas. Pertenece a ese selecto grupo de elegidos, junto con Wayne Brabender, Juan Corbalán, Felipe Reyes, Sergio Llull, y algunos más, sin los que no se entiende su historia. Como reza el tópico: puede que haya jugadores mejores, pero nunca más importantes.
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El antimadidismo sociológico (término estúpidamente acuñado por Jan Laporta) sólo se cura viajando, al igual que la ignorancia.
Y de viajes le quiero hablar, querido lector.
Mi primer vuelo transoceánico fue en el ya lejano 1989: septiembre, Rio de Janeiro. Nuestro Real Madrid venía de ganar su cuarta liga consecutiva, sufriendo una sola derrota en todo el campeonato. Además conquistó un doblete, al vencer también en la final de la copa del Rey.
El día que aterrizamos, un 3 de septiembre, ocurrió el famoso bengalazo en el Brasil- Chile en Maracaná, camino del mundial de Italia 90. Les recuerdo que el arquero chileno Robert Rojas simuló haber sido herido por una bengala que sí, temerariamente lanzaron cerca de él pero que de hecho no le había alcanzado. El partido se suspendió en el minuto 67 por la retirada de Chile del terreno de juego. Tras varias reuniones la FIFA dio finalmente a Brasil ganador del partido por 2-0. Rojas al final cantó, cual malo de una película. Las heridas se las había provocado él mismo con una cuchilla de afeitar que llevaba en uno de sus guantes.
Pero a lo que vamos: días después, y paseando por Ipanema queriendo encontrar a la garota que describió Vinícius de Morais (vaya con el nombre de pila), y a la que puso magistralmente música Antonio Carlos Jobim, observé que había cientos de pandillas de chavales jugando al fútbol-playa. Puede que hubiese mas de cien porterías a lo largo de toda la playa. Mis amigos y yo nos juntamos con la muchachada, y solicitamos si podíamos “jogar” con ellos. Ante la respuesta positiva, lo primero que nos preguntó el más gambetero fue; “¿De onde sou?”. Al responder que de Madrid, Madrid, la cara de aquellos chavales se iluminó y todos jubilosamente comenzaron a gritar: Real Madrid, Michel, Butragueño. Como para decirles a los chicos que éramos del Atleti(que no es el caso). Esta devoción por el Real Madrid, y sobre todo por Emilio Butragueño, nos acompañó aquella semana desde el pao de Azucar al Corcovado, pasando por las playas de Leblón, Copacabana, Botafogo, Tijuca, etc. Aquel ya lejano 1989 comencé a ser consciente de la magnitud y grandeza del Real Madrid fuera de España.
Un año exacto después, un compromiso familiar en forma de boda me llevó a Frankfurt. Aquel verano habíamos ganado la quinta liga consecutiva, la del récord de goles con 107, 38 de ellos de Hugo Sánchez. Yo, con mi camiseta del Real Madrid, buscaba encontrar en Frankfurt el mejor hot dog del mundo, y ocurrió algo asombroso. Cuando entré en aquella cervecería alemana y le pedí al camarero “Ein bier, bitte”, aquel orondo y rojizo personaje me respondió exactamente lo mismo que un año antes aquellos chavales cariocas que jugaban al fútbol descalzos en Ipanema: Real Madrid, Michel, Butragueño. Me enorgullecí de tal modo que tuve que compartir con aquel simpático barman 4 o 5 bier más. Desde ese día, soy del Eintracht de Frankfurt en la Bundesliga .
Nueve años después, en 1999, la vida me llevó a la Riviera Maya mejicana. Llevar la camiseta del Real Madrid puesta era prácticamente un pasaporte o un salvoconducto, pese a que el FC Negreira acababa de ganar su segunda liga consecutiva. Ese verano la UEFA hizo desaparecer la Recopa y la unió a la Europa League, y España tenía por vez primera cuatro equipos en Champions League, craso error de la UEFA, ya que al año siguiente conquistamos en París la Octava Copa de Europa, habiendo quedado segundos en la liga.
Al caso: Pasearte por Cancún, Valladolid, Mérida, Playa del Carmen, etc. con la camiseta del Real Madrid de Hugo Sáchez era el centro de atención de cualquier mejicano medio con el que me cruzaba. Me preguntaban, me la pedían, querían saber… y eso que Hugo había dejado el Real Madrid varios años antes.
Nos idolatran, querido lector, nos idolatran, y por eso y por muchas cosas más el antimadridismo sociológico solo existe en España. Al igual que la ignorancia, solo se cura viajando.
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Esa apuesta, como cualquier apuesta, era una bola caprichosa que saltaba como una peonza sin control sobre una rueda nacarada. Un "todo al blanco" que atrapó la atención de un mundo del fútbol que contenía la respiración. Aquel Madrid de los Galácticos cegaba como el reflejo de una plancha de aluminio bajo un sol impenitente. Muchos años después llegaron los dólares sucios de petróleo y ese escenario, ese acopio de cromos para soñar se vulgarizó.
Pero estamos en un Madrid que estrena el nuevo siglo, en el que un empresario sin vértigo desafía al miedo y la salud buscando un golpe de efecto audaz. La crisis económica aprieta y araña el cuello como una soga de esparto sin marcha atrás. Una huida hacia adelante, la única opción factible, separa al club, como una ruleta rusa, de la gloria o del pozo negro de la historia y aún es pronto para saberlo. Florentino tiene el maletín nuclear y no teme pulsar el botón: Luís Figo (2000), Zinedine Zidane (2001), Ronaldo (2002) y David Beckham (2003) visten de blanco ante el asombro y la duda del mundo. Sin tomar aliento, el madridismo ve cómo sus fantasías toman cuerpo. Solo resta lo más difícil, gestionar el éxito.
¿Qué ocurriría si uniéramos todos nuestros sueños imposibles, todas las fantasías tan lejos del alcance de nuestra mano, en un maravilloso instante? El reto, como la ensoñación de un coleccionista que contempla frente a sí su propio Caravaggio mientras apura una copa de Yamazaki, era un territorio hasta ese momento inexplorado.
Pero todo sueño tiene su sala de máquinas, una planta motriz saturada de compresores y llaves, porque la grasa del Lamborghini también mancha. Ese Real Madrid Galáctico, inacabado, de una estética erótica, tan erótica y plástica como la Victoria de Samotracia, necesitaba declarar su amor al fútbol también destruyendo, como la anarquía que precede al silencio.
Que el fútbol hoy no se entienda sin el mediocentro defensivo se lo debemos en gran medida a Makélélé
Entonces apareció él, Claude Makélélé, el perfecto escudero, el fontanero de ese Madrid impoluto. Un zaireño con pasaporte francés que llegó al Real Madrid como el "stopper" que aportase el equilibrio defensivo que no se esperaba de las estrellas. Era la venda antes de la herida que permitiera a los Traveling Wilburys del fútbol brillar bajo los focos. Puntual en el corte y los apoyos, su juego de pies y fortaleza física, no exenta de técnica, aportaron el contrapeso perfecto. Porque una banda solo suena bien si tiene un buen baterista, Claude se desenvolvía perfectamente entre los pliegues del tapiz de billar cuyas carambolas proponían otros.
Obturar y percutir y volver a obturar, con cualquiera de sus piernas. Claude creo escuela y su propio reino desarrollando la figura del mediocentro defensivo, un rol nuevo para un nuevo fútbol. Su influencia en el juego moderno es, en consecuencia, innegable, creando una nueva necesidad. Que el fútbol hoy no se entienda sin el mediocentro defensivo se lo debemos en gran medida a Claude.
La de Claude y el Real Madrid fue una historia breve no obstante. Solo supimos cuánto lo necesitábamos cuando ya no lo tuvimos, momento en el que buscamos otro amor en barras de bar equivocadas. Porque tras su marcha fueron muchos los intentos de encontrarle un sustituto que nos hiciera olvidarle (Gravesen, Borja, Lass Diarra, Pablo García...) hasta descubrir con dolor que hay piezas que no tienen repuesto. Asumimos entonces que había sido un Arcano Mayor de esa baraja de estrellas. Tan solo con la llegada de Casemiro, muchos años después, respiramos aliviados.
Solo supimos cuánto lo necesitábamos cuando ya no lo tuvimos, momento en el que buscamos otro amor en barras de bar equivocadas
Cuando veo a Kanté devorar kilómetros como una amante melancólica pienso en Claude, sabedor de que nadie lo hacía como él, de que con Claude hubo días de leche y miel en los que no cundía el pánico tras pérdida. Porque Claude era el galáctico con mono de faena que nos hizo suspirar, la viga madre que sostenía aquel maravilloso parque de atracciones de arquitectura tan efímera como preciosista que era el Madrid Galáctico.
Pero un día, como el heraldo de un tiempo nuevo, llegó Abramovich con un proyecto tan etéreo como el gas que lo sostuvo y lo vistió de azul. Cuando el Madrid no pagaba con gloria, Claude se nos fue de entre los dedos iniciando un luto tan riguroso como duradero. Adiós carnaval.
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Buenos días, amigos. España jugó ayer un gran partido de fútbol, además ante un rival de enjundia como fue Alemania, anfitriones del torneo, lo cual acrecienta los méritos de la selección. El desempeño del combinado nacional fue soberbio en su conjunto, con ciertos jugadores que brillaron aún más. Dani Olmo jugó mucho y bien, marcó y dio una asistencia. Carvajal sigue en un estado forma estratosférico y no dudó en sacrificarse para evitar un prometedor contragolpe de Musiala. Y, por supuesto, Merino, cuyo gol en el 119 mete de cabeza a España en las semifinales de la Eurocopa. Memorable encuentro.
Es llamativa la tradición de testarazos decisivos contra los germanos. En la Eurocopa del 84 fue Maceda quien se lanzó de cabeza contra el balón para alojarlo en la portería y pasaportar a España a las semifinales. En el Mundial de Sudáfrica Puyol voló sobre la Luftwaffe y anotó el tanto que permitía a la selección jugar su primera final en una Copa del Mundo. Y ayer fue Merino el protagonista de una acción que además de capital fue maravillosamente plástica. El centro de Olmo fue óptimo, y la acción del salto y el remate de Mikel, de una belleza berniniana. Puro corazón.
Además, el gol llegó en el 119 de la prórroga, lo que dota a la gesta de un componente épico al que los madridistas, afortunadamente, estamos acostumbrados. De este modo, los aficionados de otras zonas de España pudieron sentir qué es ganar a lo Real Madrid y sentir un éxtasis final.
Pero no todo fue bonito. Pedri se lesionó en un lance con Kroos. El alemán trató de arrebatar el esférico al español, de hecho tocó el balón y lo despejó. Pero en el choque Pedri se lastimó la rodilla. Por desgracia sufre un esguince y está pendiente de pruebas para valorar el grado y estimar la duración de su baja. Deseamos una pronta y satisfactoria recuperación al jugador del Barça. Se trató de una acción desafortunada. No fue una entrada malintencionada, cualquier persona sin propósitos aviesos que haya visto al menos un partido de fútbol en su vida puede dar fe de ello.
Pero siempre que hay un futbolista relacionado con el Madrid de por medio sucede lo que ocurrió ayer. Una turba de antimadridistas salieron en tropel a acusar a Kroos de carnicero y otras tantas miserias que no hacen sino calificar a quien las escupe.
Desde ministros que escriben su nombre en Twitter con faltas de ortografía hasta profesionales del trauma quedaron retratados con sus publicaciones.
El fútbol es el deporte con la mayor desproporción entre la calidad física y técnica de los jugadores y la de los árbitros. Que un jugador salga lesionado del campo tras una entrada criminal y que el que la hace siga jugando sin ningún tipo de penalización es inconcebible.
— Oscar Puente (@oscar_puente_) July 5, 2024
La lesión de Pedri, obra de Toni Kroos, ha sido la acción más determinante de toda la Eurocopa hasta este viernes de cuartos. El episodio define la mediocridad del torneo y la condición arraigada de Kroos: qué fácil es ser un caballero bajo el paraguas de los poderes fácticos.
— Diego Torres Romano (@diegotorresro) July 5, 2024
Estos y otros tuits definen la mediocridad de quien los redacta y la condición arraigada de estos: qué fácil es ser un privilegiado bajo el paraguas de los poderes fácticos.
Tampoco cuesta nada ser educado cuando una leyenda como Toni Kroos juega su último partido. Sirva como ejemplo la publicación de la BBC.
Toni Kroos has played his last game for club and country 🫡
What a career ❤#Euro2024 #ESPGER pic.twitter.com/VfHL0i3NN5
— BBC Sport (@BBCSport) July 5, 2024
Pero en España ya sabemos la inquina hacia todo lo blanco que prolifera en los medios. La televisión pública se destapó con este rótulo de pésimo gusto.
Como tuiteó nuestro editor Jesús Bengoechea, «La clase se tiene o no. TVE no la tiene». España no ha jubilado a Toni Kroos. Nadie ha jubilado a Toni Kroos. Toni Kroos se ha jubilado solo, sin ayuda de nadie. Es más. lo ha hecho cuando todo el mundo le pedía que siguiera. Toni Kroos se jubila porque le sale de sus santísimas botas, y sin la ayuda de nadie. No parecía muy complicado no meter la pata tras una gran victoria como la de la selección, pero nuestra televisión superó las expectativas de mediocridad.
Episodios como este, el apoyo masivo de antimadridistas reflejado en las reacciones ante una acción como la de Kroos y Pedri, o la corrupción reinante durante décadas en la RFEF, orquestada en beneficio del FC Barcelona y en perjuicio del Real Madrid, llevan a que haya madridistas que tengan dificultades para apoyar a la selección. Y es una pena, porque además de ser el equipo nacional está jugando estupendamente y es claro favorito a ganar la Eurocopa.
En la semifinal espera Francia, que perpetró un nuevo partido tétrico frente a Portugal. Les Bleus se clasificaron en los penaltis, los galos marcaron todos y Joao Félix marró el suyo. Informa de ello Mundo Deportivo en un recuadro rosita. El diario de Godó aprovecha las fiestas de San Fermín para titular «Merinazo»
Cristiano y Pepe, dos jugadorazos históricos, disputaron su último encuentro defendiendo a los lusos en una Eurocopa. Honor para ellos. Y para don Toni Kroos. Ahora sí que ha concluido su absolutamente excepcional carrera. Solo nos resta darle las gracias una vez más. A pesar de la pena que provoca su retirada, hemos de estar felices por haber podido disfrutar de su fútbol y su magisterio dentro y fuera del campo. Gracias, Toni.
Pasad un buen día.
Jessica Fletcher no está retirada ni mucho menos fallecida. Sigue residiendo en su pueblecito de Cabot Cove (Maine, USA) y dedicada a sus pasiones: escribir novelas de misterio, resolver crímenes y el Real Madrid. Ahora, en exclusiva para La Galerna, la señora Fletcher se sirve de toda su sagacidad para responder a aquellas cuestiones sobre el Madrid, el fútbol y la vida en general que usted nunca se atrevió a preguntar.
Estima señora Fletcher: ¿cree que algún día se descubrirá toda la verdad sobre el Caso Barça-Negreira? Me interesa mucho su opinión como experta criminóloga y detective de dilatada experiencia.
Fdo: Frosty Dekellogg.
Querido Frosty: ¡Y tan dilatada! 12 temporadas, no te digo más. Y cuatro telefilmes. Aunque si he de serte sincera, mi experiencia de poco serviría en el caso Negreira porque yo estoy acostumbrada a crímenes complejos y sin solución aparente. Precisamente esta mañana he resuelto un asesinato muy complicado camino del Mercadona (sí, en Cabot Cove también tenemos Mercadona. Y un consulado de la Generalitat de Catalunya, aunque no sé por qué). El dueño de la tienda de cebos de pesca ha aparecido estrangulado dentro de una jaula para langostas. Pude resolverlo enseguida gracias a que uno de los sospechosos dijo que a la hora del crimen estaba viendo un partido de la Eurocopa, y cuando le pregunté el resultado me lo dijo sin dudar, incluyendo número de faltas y estadísticas de posesión. Ahí supe que mentía, porque si hubiera visto de verdad cualquier encuentro de la Eurocopa se habría sumido en un sueño cataléptico antes del segundo tiempo y no habría sido capaz de despertarse hasta 72 horas después. En definitiva, querido Frosty, ese misterio sí fue un reto. En cuanto a lo de Negreira, he visto más suspense en una partida del Cluedo. Quiero decir: que conocemos al culpable, conocemos el móvil, conocemos las víctimas, el arma del crimen… Aquí en Cabot Cove nos reiríamos de un crimen como ese y se encargaría mi amigo el sheriff Mosley, a quien quiero mucho, pero no es precisamente el lápiz más afilado del estuche, no sé si me explico. Claro que aquí en el bello Estado de Maine no hay Liga, ni RFEF, ni CSD; así que al buen sheriff lo dejarían investigar tranquilo y los responsables terminarían seguro en el calabozo, aunque no sé si nos iban a caber todos porque nuestra comisaría es más pequeñita que la sala de juntas del Comité Técnico de Árbitros.
Querida señora Fletcher: ¿Qué cree que hará Ancelotti cuando Mbappé juegue en Madrid? ¿Repetirá su esquema 4-3-3, adoptará un sistema 4-3-1-2? ¿Optará por un dibujo de dos delanteros con un 10 ofensivo? ¿O bien preferirá un 4-3-1-1-1 con falso 9 de carrilero en pivote de tres puntas?
Fdo: Pam Enkita.
Querida Pam: creo que te has equivocado de consultorio, ni yo soy Segurola ni esto es la revista Panenka. Sin embargo, como no quería dejar tu pregunta sin respuesta he probado a marcar en el teléfono los números que me indicas, pero me salta el Buzón de Oyentes de Cuarto Milenio, así que me temo que no sé qué decirte, lo siento.
Querida señora Fletcher: Si Jude Bellingham fuese una lechuga, ¿qué variedad cree que sería?
Fdo: Madridista Vegano.
Querido Madridista Vegano: muchas gracias, me alegra ver que hay un lector que ha captado perfectamente el espíritu de este consultorio. Tu pregunta me plantea muchas respuestas en realidad. Por descarte, sabemos que Bellingham definitivamente no es una lechuga iceberg, que es la variedad más insulsa de todas las lechugas, aunque, por algún motivo, nunca falta nadie que tarde o temprano la acabe comprando. Yo creo que Morata sería claramente el iceberg de las lechugas. Luego tenemos los cogollos de Tudela, variedad muy española, que es tierna, prieta y de hojas fuertes y gruesas; algo así como Dani Carvajal. La lechuga Batavia es parda, de sabor explosivo, breve e intenso pero que se pocha con rapidez, como un canterano del Barça. La lechuga Batavia es el Pedri de las lechugas; y además marida muy bien con cualquier vino. En cuanto a Bellingham, no me cabe duda de que si se reencarnase en lechuga sería una Trocadero, de oscuro color verde esmeralda muy vistoso, hojas tiernas y dulces, que realza cualquier combinación y cuya mejor época de consumo es en primavera, justo cuando el Madrid se pone a ganar títulos.
Querida Jessica: me apasiona “Se ha escrito un crimen” y la veo todos los veranos. He observado que siempre que vas a alguna parte alguien la diña de forma horrible y otros acaban en el trullo. ¿No te interesaría darte una vueltecita por Valdebebas un día de estos?
Fdo: Culé Resentido.
Querido Culé Resentido: en primer lugar, yo no tengo la culpa de que los criminales sean tan tontos como para esperar a que yo esté presente para cometer sus asesinatos; que después de 264 capítulos ya deberían saber cómo se las gasta una. Es decir, lamento decirte que no hay relación causa efecto. Por otra parte, comprendo tu sufrimiento. Está siendo una época muy dura para el antimadridismo, mi consejo es que te olvides del fútbol y te aficiones a la petanca, el balontiro, las damas chinas o cualquiera de las otras competiciones similares en las que las secciones del Barça han obtenido importantes éxitos en los últimos tiempos.
Querida señora Fletcher: como usted sabrá, en el Athletic de Bilbao tenemos un club de lectura y este verano nos han mandado leer su gran éxito de ventas “El cadáver bailó al amanecer”. Me lo he traído a la concentración de la Eurocopa y me tiene enganchadísimo, gracias a su lectura puedo olvidar los amagos de infarto cerebral que me dan cada vez que Manu Carreño me pregunta que cuándo voy a fichar por el Barça. ¿De dónde saca usted el tiempo para escribir esas novelas tan estupendas y a la vez resolver tantos asesinatos?
Fdo: Nico Williams.
Querido Nico: muchas gracias por tus palabras. Confieso que no es fácil y, al principio, no era capaz de compaginar ambas actividades. Entonces la farmacéutica de Cabot Cove, que es prima de Jack Grealish, me recomendó un complejo vitamínico que les da Guardiola a los del City en pretemporada y, querido, es mano de santo. Una pastilla cada mañana en el desayuno y puedo resolver quince crímenes, escribir dos novelas y cambiar la funda del nórdico antes de la hora de la siesta. Y, salvo que de vez en cuando me hablan los enanos del jardín, me siento mejor que nunca. He pensado que podrías pedirle a Rodri la receta, ya que estáis juntos en la selección y él también juega en el City, pero al comentarlo con la farmacéutica me ha dicho que casi mejor que pruebes con el ginseng, que eso no da positivo. No estoy segura de a qué se refiere, pero ha puesto una cara muy sospechosa y me huelo un misterio aquí. Tal vez debería investigarlo.
Hasta aquí el consultorio madridista de la Señora Fletcher de esta semana. Queridos lectores: no dejen de enviar sus preguntas, dudas y comentarios merengues. Pueden hacerlo aquí mismo, en los comentarios al artículo. La detective novelista más famosa de Cabot Cove estará encantada de responderles. Este verano “Just ask Jessica.”
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Los recuerdos de la niñez no tienen por qué ser fieles a la realidad. No tengo ningún interés en saber si verdaderamente Milan Jankovic fue o no un fenómeno. Prefiero guardar la excelente sensación que me produjo su paso por el Real Madrid. No quiero borrar esa imagen de Terminator delicado que transmitía el serbio cuando manejaba la batuta del equipo blanco con gusto exquisito.
Su aspecto llevaba a engaño, tras una pose un tanto frankenstiniana se ocultaba un talento descomunal pleno de creatividad racional. Como bien lo describió Alberto Cosín, Milan Jankovic fue un cerebro para la Quinta del Buitre.
El estado yugoslavo que vio nacer como futbolista a Jankovic era muy suyo para ciertas cosas y no ofrecía facilidades a sus deportistas para ejercer su oficio en el extranjero hasta que no tenían cierta edad. El rendimiento de Milan en el Estrella Roja sirvió para que clubes importantes de Europa se fijasen en él, entre ellos el Madrid.
Este interés se acrecentó después de la eliminatoria de Copa de Europa que ambos clubes disputaron la campaña 1986-87. El Madrid llegaba tras haber eliminado a la Juventus en octavos aquella noche mítica de un Paco Buyo que se mostró sublime en la tanda de penaltis. En cuartos, los vikingos cayeron 4-2 Belgrado (gol de Jankovic incluido), pero remontaron en el Bernabéu merced a un tanto —sublime— de Butragueño y otro de Sanchís.
Tras la baja por enfermedad de Valdano, Mendoza se presentó en el Bernabéu con un casi desconocido Milan Jankovic
La temporada siguiente, Valdano causó baja por enfermedad, Beenhakker le pidió a Mendoza el fichaje de Jankovic y don Ramón se presentó con él en Concha Espina tras abonar 52 millones de pesetas en concepto de traspaso. Era abril, el Madrid había caído en Alemania frente al Bayern 4-1 en Copa de Europa y tenía por delante el play-off que inventaron aquella liga.
Para muchos aficionados era un desconocido. O casi. El técnico holandés ya avisó: «Es un jugador con muchas ideas y no va a tardar en adaptarse al fútbol español». Hugo Sánchez fue contundente: «Bastan diez minutos para ver que tiene nivel Real Madrid». Y Sanchís declararía tiempo después: «Jankovic no era rápido, ¡ni siquiera ligerito!, pero su cabeza era capaz de imaginar un fútbol veloz y sus pies capaces de llevarlo a cabo».
Milan llegó chamartinizado, a tenor de sus declaraciones antes del primer encuentro en el que fue convocado. El rival era el Barcelona y el yugoslavo afirmó que tenía ganas de debutar frente al segundo mejor equipo de España. Aunque su estreno se pospuso al choque contra el Sporting de Gijón que los blancos ganaron gracias a un tanto del nuevo fichaje.
Jankovic era un futbolista más posicional que dinámico cuya inclusión en el engranaje del centro del campo madridista aportó un equilibrio instantáneo desde el principio. Lubricaba el juego con pases y apoyos precisos, tanto en corto como en largo, que facilitaban enormemente el funcionamiento del Real Madrid. Además, exhibía un buen golpeo a puerta desde lejos. Era un futbolista conciso que no se complicaba en exceso, pero a la vez imaginativo. El serbio armonizó la música que interpretaba la Quinta del Buitre.
Jankovic fue fundamental en el final de aquella liga que terminó en las vitrinas vikingas, en pocos partidos se ganó a la afición gracias a un juego eficaz y sin artificios, pero sin renunciar a la espectacularidad cuando era posible.
Jankovic armonizó la música que interpretaba la Quinta del Buitre
La siguiente temporada no comenzó bien, Milan se rompió el menisco en pretemporada y se forzó la máquina con su recuperación, que llegó antes de lo que habría sido prudente. Aun así, Jankovic comenzó de maravilla, marcando goles y manejando el juego del Madrid desde su posición de director de orquesta.
Pero la poca paciencia con la que se manejó su lesión tuvo consecuencias. Milan se arrepintió de ello y según avanzaba la temporada alternaba grandes partidos con actuaciones menos brillantes a causa de las molestias en su rodilla. Su desempeño no estaba siendo tan regular y el serbio temía que ello acabara provocando su adiós del Madrid.
A pesar de que Milan Jankovic tenía nombre de goma de borrar, dejó un recuerdo indeleble
Los blancos volvieron a arrasar en liga. En Europa se había remontado frente al verdugo del año anterior, el Bayern, con golazo de Jankovic. Mendoza declaró que renovaría al yugoslavo. Aquella campaña se cayó de nuevo en Copa de Europa. Esta vez de manera cruenta frente al PSV en semifinales. Mientras tanto, el presidente barruntaba el fichaje de Schuster, que andaba a la gresca con Núñez.
Finalmente Mendoza se decantó por el rubio alemán, la renovación del serbio no llegó a firmarse, y los temores de Jankovic se hicieron realidad. El excelente mediocentro no continuó y la pareja de extranjeros para la siguiente temporada la formaron Hugo Sánchez y Bernd Schuster.
A pesar de que Milan Jankovic tenía nombre de goma de borrar, dejó un recuerdo indeleble.
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Entregas anteriores del serial:
Buenos días, amigos. Hoy juega España el esperadísimo partido de cuartos de final de la Eurocopa ante la anfitriona, Alemania, y como era de esperar toda la prensa dedica sus portadas, al alimón, a la previa del gran encuentro de hoy.
Como veis, As opta por Carvajal, Morata y Rodri(go) como imagen de la selección, a la que sitúa, no sin razón, ante un "desafío histórico". Dice además que España busca tres cosas:
A- Las semifinales. Noble ambición.
B- Ganar por primera vez a la anfitriona de un gran torneo. Ahí hay una maldición, y el que salte o no por los aires va a depender de hacer el mejor uso del talento que indudablemente abunda entre los hombres de Luis de la Fuente.
C- "Despedir" a Kroos. Nos da la sensación de que el verbo despedir ha sido cuidadosamente elegido, y nos parece bien ese cuidado. Hemos asistido en los últimos días a manifestaciones cochambrosas de patrioterismo mediático irrespetuoso, el la línea de aquella tristemente célebre portada de Marca.
Aquello fue vergonzoso, y en los últimos días hemos visto en distintos medios tentativas de aproximarse a un ridículo indecoroso en esta misma línea pero en referencia a Kroos. Es de una paletismo y una indelicadeza incalificables. (Por cierto, en aquella ocasión fue Zidane quien finalmente jubiló a España).
Marca, por su parte, prefiere la imagen del dúo de moda, Nico Williams y Lamine Yamal, para ilustrar esta previa. Es normal, pues están siendo la sensación del campeonato hasta el momento, junto con Güler y los goles decisivos de Bellingham. Ya en Marca encontramos la primera alusión (habrá otras en otras portadas) al "Piedra, papel o tijera" al que tanto jugamos en nuestra niñez. Parece ser que Nico y Lamine, en la amistad que les une, suelen dirimir sus pequeñas y joviales disputas personales con ese mecanismo. Ya sabéis: sacáis la manos a la vez, cada uno con un gesto improvisado. La piedra se carga la tijera, pero es envuelta por el papel, que a su vez es cortado por la tijera. Nos llegan rumores de que es el mismo sistema que utilizan Medina Cantalejo y Clos Gómez para decidir cuál de los dos se mete personalmente en el VAR para asegurarse de que las cosas se hacen adecuadamente.
Nos alegra saber que un juego tan sencillo y entrañable sigue vigente entre las nuevas generaciones. Mundo Deportivo abunda en el mismo, con una explicación más exhaustiva que la de Marca y dándole más preponderancia.
No sabemos si hacían falta tantos detalles para explicar el juego favorito de Nico y Yamal, con iconografía alusiva incluida (las manos adoptando las tres posturas), pero a lo mejor la cosa contiene aquí una clave secreta que hay que relacionar con las declaraciones de Lamine que aparecen arriba: "Yo jamás jugaría en el Real Madrid".
Nos parece que ahora empezamos a entenderlo. A Lamine Yamal le han ordenado que vaya a los periódicos (papel) a decir que nunca ficharía por el aborrecido enemigo, so pena de conocer el rigor de la piedra o (peor aún) de la tijera, teniendo como tiene un chaval de 16 años sus mejores años por delante.
Con Nico está pasando una cosa parecida. Con una presión brutal de los medios, están tratando de hacerle ver que si no firma un contrato (papel) con el Barça, le cortarán el pelo al cero (tijera) o le lapidarán en los propios medios (piedra) acusándole de haber puesto imposible el fichaje por tener (¿a quién se le ocurre?) cláusula de rescisión en su contrato con el Athletic.
La portada de Mundo Deportivo de hoy es, pues, un mensaje en clave, una amenaza soterrada, o dos, mejor dicho.
Sport anuncia el partido con un horterísima "¡A liarla!", típico de su proverbial falta de clase, y contiene una entrevista con Víctor Font, candidato a la presidencia culé. Parece ser que se está articulando una oposición seria a Laporta en el seno del barcelonismo, y no podemos sino lamentarlo. Nosotros querríamos que el bueno de Jan siguiera en su puesto por los siglos de los siglos.
De Víctor Font no sabemos mucho, pero no tenemos duda de que puede lograr la meta que anuncia en el titular de la entrevista: "El mejor Barça de la historia puede volver". Desde luego que puede. Negreira ya no está, pero hay otros en su lugar que pueden hacer las mismas funciones. De hecho, son de la cuerda de Negreira, fueron sus discípulos, siguen al frente del cotarro y odian al Madrid por ser el único club que hace frente a la corrupción arbitral. Por tanto, se conformarán con poco dinero para hacer su labor, y eso viene bien cuando apenas hay pasta en las arcas. Así que mucho ánimo.
Pasad un buen día y disfrutad del partido.
Un control de balón. Una mirada que otea el horizonte escrutando el óptimo futuro próximo. Un gesto imperturbable mientras arma su pierna derecha y carga el peso de su cuerpo en la contraria. Un balón que sobrevuela el terreno de juego trazando una diagonal perfecta hasta llegar sin inmutarse al pie de un compañero, que se pregunta cómo tan solo un par de segundos antes el esférico estaba en su área y ahora está a escasos metros de la portería contraria. Cuando uno menciona a un madridista el nombre de Xabi Alonso, resulta difícil que no le evoque cualquiera de los excepcionales pases largos que dio durante su etapa blanca en el equipo de Mourinho.
Escoger al mediocentro favorito de la historia del Real Madrid es una tarea ardua por exceso y variedad de posibilidades, incluso para alguien que apenas alberga tres décadas en su documental nacional de identidad. Redondo, Makélélé, Casemiro, Kroos, Modric… Muy diferentes todos ellos, se han hecho un nombre en diferentes etapas del club y del fútbol adaptando su juego a lo que el Real Madrid requería en cada momento. Sin embargo, Xabi Alonso siempre fue una debilidad personal, y doy gracias al Ser Superior del fútbol por habernos concedido el privilegio de disfrutar de su maestría en el Santiago Bernabéu. De hecho, tras el dinero desembolsado por Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y varios secundarios como Arbeloa, Granero o Albiol, la llegada del centrocampista vasco se antojaba casi improbable, pero afortunadamente no imposible para el mejor presidente de la historia del Real Madrid.
Cuando uno menciona a un madridista el nombre de Xabi Alonso, resulta difícil que no le evoque cualquiera de los excepcionales pases largos que dio durante su etapa blanca en el equipo de Mourinho
Es cierto que Xabi Alonso no puede mirar a la cara a otros muchos mediocentros a nivel de palmarés (ay, su dichosa salida), pero su llegada al club de Concha Espina no pudo venir en mejor momento ni tener mejor encaje. Su entendimiento con el fútbol de José Mourinho dio lugar a ese posicionamiento ya icónico de Xabi entre los centrales para ocuparse de, en primer lugar, una salida de balón que el club blanco hacía años que no veía tan pulcra, y, en segundo, esos emblemáticos y precisos desplazamientos largos que encontraban con facilidad a tan voraces atacantes blancos como eran Cristiano Ronaldo y Di María.
Tras su exitosa etapa en la ciudad de los Beatles, de dónde llegó con una Champions (gol en la final incluido) bajo el brazo, Xabi volvió a importar su fútbol a tierras nacionales para ponerlo a disposición del modelo de Rock ’n’ Roll que le ofrecía Mourinho, que sabedor de su única debilidad (la falta de velocidad) le puso a un todocampista al lado como Khedira para que hiciera el trabajo oscuro mientras Alonso dirigía el juego y recuperaba balones más por inteligencia posicional que por físico.
El tolosarra fue pieza clave en el equipo que, en mi humilde opinión, mejor ha jugado al fútbol desde que tengo uso de razón y que más ha llegado a conectarme con el club hasta que ha llegado la generación de la que disfrutamos actualmente. No sólo por el fútbol desplegado, sino por la fiereza con la que se defendió al Real Madrid en todos los contextos.
Xabi Alonso fue pieza clave en el equipo que, en mi opinión, mejor ha jugado al fútbol y que más me ha conectado con el club hasta que ha llegado la generación de la que disfrutamos actualmente
Xabi, un tipo tan inteligente dentro del campo como fuera de él, fue quizás la máxima representación de lo que debe ser un jugador del Real Madrid, pues sin dejar de lado su inherente elegancia, fue capaz de defender al club en la época más bélica que experimentó el Madrid sin que eso hiciera mella en el papel que desempeñó tanto en el club vikingo como en la selección. Un caballero que nunca dejó de atreverse a expresar su sentir sin que tal cosa le hiciera perder las formas, y aunque le costara alguna que otra mala cara en el vestuario. Seguramente Xabi sería capaz de acordarse de los familiares más cercanos de cualquiera y formularlo de una manera que nadie pudiera encontrar malsonante.
La trayectoria de Xabi habla de su sapiencia por sí sola, pues estuvo en los clubes más grandes de España (Real Madrid), Inglaterra (Liverpool) y Alemania (Bayern), y dejó un recuerdo imborrable en todos ellos. Y si no estuvo en el de Italia (Milan), fue sencillamente porque habría resultado intolerablemente insultante que llegara un extranjero con tamaña elegancia que dispusiera de un traje mejor que los propios italianos. Es tal el porte del tolosarra que perfectamente habría podido disputar algún partido en traje sin que eso hubiera mermado su fútbol y, de hecho, resulta una injuria contra el mismísimo deporte balompédico que no le permitieran seguir en el campo de aquella guisa tras su mítica y trajeada carrera para celebrar el gol de Bale en Lisboa.
Igual que injuria contra el fútbol fue que saliera en 2014 de manera tan abrupta y nos impidiera contemplar el espectáculo que habría sido un centro del campo compuesto por Xabi, Kroos y Modric. Seguramente hoy estaríamos hablando de 5 de 5 en lugar de 4 y Xabi tendría el palmarés (en Champions) que un jugador como él se merece. Quizás aquello habría sido demasiado. O quizás aún no sea demasiado tarde. Tal vez a la figura de Xabi dentro del madridismo aún le falte algo que decir desde el banquillo y pueda cubrir esa deuda ficticia que acaba de inventarse con descaro este tramposo colaborador, cegado sin duda por la deslumbrante figura que supuso para él su centrocampista favorito.
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