En 1982 el rock español cambió para siempre. Las noches del 5 y 6 de marzo, el cantante Miguel Ríos grababa un disco en directo para la posteridad. Hablo del Rock and Ríos, palabras mayores para los amantes del rock en español. Grabado en el antiguo Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, el Rock and Ríos supuso un hito en la historia de la música popular de nuestro país. Fue tal el fenómeno de masas que Miguel Ríos habría de emprender la mayor gira jamás antes conocida a lo largo y ancho de la piel de toro. Para el aficionado más curioso, recomiendo el libro de José Miguel Valle sobre aquel evento, que edita EFE EME y cuyo título es Rock & Ríos, lo hicieron porque no sabían que era imposible. Merece la pena sumergirse en libros bien documentados porque consiguen que disfrutemos el doble de discos que ya hemos escuchado, pero que al volver a ellos parece que fuera la primera vez que los oímos. Ni que decir tiene que Miguel Ríos es un reconocido madridista. Veamos los paralelismos entre Ríos y su Real Madrid.
En 1982 España vivía un tiempo dulce. Nuestro país dejaba atrás la dictadura y se afianzaba la democracia. A pesar de algunos episodios escabrosos, 23-F incluido, España vivía a todo color. En 1982, el PSOE arrasaba en las elecciones y, al fin, se oficializaba el ingreso de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Ese mismo verano de 1982, nuestro país acogió por primera vez en su historia la Copa Mundial de la FIFA que se disputó entre los días 13 de junio y 11 de julio. Por todos es sabido que Italia se proclamó campeona en el Santiago Bernabéu frente a Alemania Federal. Era la España alegre, la España de Naranjito. Era la España que disfrutaba de un tiempo nuevo y que se ponía bonita para la próxima década, los gloriosos años noventa. Aún vendría la orgía de 1992 con Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla de 1992.
Esa preocupación por lo social de Miguel Ríos también está presente en el Real Madrid desde el minuto uno de nuestra historia como entidad deportiva. El alma del club es la Fundación Real Madrid
En 1982 estaba Luis de Carlos como presidente del Real Madrid. El presidente tuvo la valentía de presidir el club tras el fallecimiento de Santiago Bernabéu. Hay que tener mucho amor a una institución y mucho sentido de la responsabilidad para dar un paso adelante en un momento así. El vacío que dejó en los corazones del madridismo la muerte del gran presidente dura hasta hoy. No puedo ni imaginar qué supuso entonces la desaparición del hombre más importante en la historia del club. Tal vez por eso, por salvaguardar los intangibles del Madrid, Luis de Carlos quiso poner en valor la importancia del señorío y de la limpieza en el proceder del equipo de la capital. Era aquel Madrid un Madrid de entreguerras. La situación socioeconómica no ayudaba pero, aun así, se lograron 2 Ligas, 2 Copas del Rey y 1 Copa de la UEFA. A pesar de los pesares, tanto en fútbol como en baloncesto el Madrid siempre dio la cara y encaró los años ochenta con un nuevo brío en forma de Quinta del Buitre.
Miguel Ríos siempre fue un adelantado a su tiempo. Su preocupación genuina por la ecología, la paz mundial o el amor libre le hizo destacar en una España donde aún estos temas no estaban sobre la mesa. Al mismo tiempo, como buen andaluz, tenía un sentido de lo local bastante plural y universal. El granadino siempre se consideró un hombre de su tiempo y, por lo tanto, un hijo del Mayo de 1968. A su vez, la influencia de la cultura anglosajona era total y evidente. De chaval, el joven Miguel contactó rápidamente con un recién nacido Elvis Presley y absorbió por entero esa fiebre por esa música tan revolucionaria y liberadora. Ese sentimiento por el ser humano, esa preocupación por lo social también está presente en el Real Madrid desde el minuto uno de nuestra historia como entidad deportiva.
El alma del club es también la Fundación Real Madrid. Florentino Pérez asegura en todas las entrevistas que cuando deje de ser presidente le gustaría dedicarse en cuerpo y alma a la Fundación Real Madrid. Más allá de los programas sociodeportivos, el Real Madrid busca favorecer el desarrollo educativo e integral de los más desfavorecidos. Ese espíritu solidario lo tuvo siempre Miguel Ríos y he de suponer que conforma su línea de actuación fuera de los escenarios. Como todo pionero de la causa ecologista, Ríos sintoniza con el zeitgeist de la generación boomer. Porque, en definitiva, ser del Madrid es desear algo más que ganar los domingos. Ser madridista es estar del lado del Bien. Y pasarlo en grande viendo a nuestro amado club acumular títulos.
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Cuando Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta viajaron hasta París en la primavera del año 1955 para concretar los detalles de la Copa de Campeones Europeos que habría de comenzar al otoño siguiente, el torneo estaba pensado para dieciséis equipos, los mejores de las mejores ligas en aquel momento. Hoy, la Champions League la juegan treinta y seis, veinte más, organizados en un formato absurdo que por eso mismo gusta mucho a las nuevas generaciones. Lo normal es que la forma de las cosas varíe con el tiempo, eso es ley de vida, pero no que lo haga su naturaleza. Y desde luego que esta Copa de Europa superligada en la que se van a jugar doscientos veinticinco partidos en tramos horarios distintos, contemplándose incluso los jueves, es un intento muy logrado por parte de la UEFA de conducir su competición estrella hacia la irrelevancia.
Será que me hago mayor y, por lo tanto, pollavieja. E incluso ese término ¡ya no lo usa nadie! Los chavales de ahora lo desconocen por completo, así que el mismo hecho de calificar a alguien de pollavieja es un acto constitutivo de pollaviejismo. O tempora, o mores. Como el fútbol se ha vuelto insoportable, de puro aburrido, la solución de sus próceres es: ¡multiplicar los partidos! La influencia directa de la Superliga anunciada por Florentino en el cambio de formato de la Champions League es evidente. Se habla con insistencia de septiembre de 2025 como el horizonte final de la nueva competición, pero teniendo razón el presidente Pérez en el diagnóstico (el fútbol como entertainment ha entrado en una fase terminal) a lo mejor lo que pasa es que sencillamente es algo agotado.
Esta Copa de Europa superligada en la que se van a jugar 225 partidos en tramos horarios distintos, contemplándose incluso los jueves, es un intento muy logrado por parte de la UEFA de conducir su competición estrella hacia la irrelevancia
Acabar con el binomio Real Madrid-Copa de Europa es un sacrilegio, pero esta Copa de Europa que se ha empezado a jugar ahora, ¿qué es? Parece un híbrido monstruoso entre la Europa League y la Conference League y hay que hacer más cábalas para entender quién clasifica y quién no que antaño para comprender quién ganaba los Apertura y Clausura argentinos y quién descendía allí a Segunda. En lugar de simplificar las cosas, se opta por hacerlas más complejas, idea fatal casi siempre según lo demuestra la Historia.
El hombre, a medida que envejece, se hace muy refractario a los cambios. Eso también es ley de vida y me doy cuenta de que me pasa. Sin embargo, objetivamente la nueva Champions rompe el esquema mental del aficionado, habituado por la costumbre de años a asociar martes y miércoles por la tarde-noche a la mejor competición imaginada nunca por nadie en el deporte profesional. Por no mencionar la carga adicional de partidos que supone para las piernas de los futbolistas, un tema este recurrente en los últimos años del que algunos entrenadores y jugadores están hablando y quejándose por las consecuencias físicas sobre sus cuerpos. Las roturas musculares y las lesiones de larga duración en rodillas y tobillos son hoy el pan de cada día de los grandes equipos europeos. Que se vea como normal no debe hacernos olvidar el dislate total que supone por ejemplo que el Madrid el año pasado sufriera la baja de tres de sus titulares por chasquidos de los ligamentos entre agosto y diciembre, o que este año ya vaya por uno (¡y qué uno, Carvajal!).
Como el fútbol se ha vuelto insoportable, de puro aburrido, la solución de sus próceres es: ¡multiplicar los partidos!
Por lo que sea el patriciado futbolero internacional ha optado por el aceleracionismo. Por lo que sea y por el dinero, vamos. Más partidos, más patrocinios, más retransmisiones…aunque la rueda, no obstante, está dando ya síntomas de agotamiento. El pirateo masivo es uno de ellos y cualquiera, echando un vistazo a su alrededor, lo puede comprobar. Pero ¿y el interés? Ahora hay todas las semanas un porrón de “partidazos”, que era lo que proponía la Superliga cuando se presentó. ¿Está significando esto un aumento de la calidad?
El juego de los grandes equipos es, cada vez más, indistinguible. Precisamente lo que está ocurriendo es que más allá de la igualdad colectiva entre sistemas y preparaciones físicas, la transgresión del talento individual está volviendo a marcar la diferencia, como en los albores del foot-ball. Y como cada vez hay menos talento individual puro, el que hay destaca sobremanera. Dígase Vinícius, la joya genuina del Madrid y del fútbol mundial en este preciso momento del proceso evolutivo de este juego.
Si lo que se pretende es adaptar, en lo posible, el fútbol a las nuevas formas de entretenimiento de la generación TikTok, la cosa está francamente jodida. El umbral de atención ahora, y ya no sólo me refiero a los adolescentes o veinteañeros (TikTok ha barrido con todo de un modo visiblemente intergeneracional), está más o menos en el minuto y medio. Incluso “contenidos” que duren más de eso ya no son viables en la era del scroll infinito. En cierto modo se puede decir que esta nueva Champions League multipartidos con formato líquido, “suizo” según lo llaman, es la adaptación orgánica del fútbol a esta necesidad continua de estímulos que es la característica fundamental de nuestro tiempo.
Quizá la Copa de Europa lo que debía era permanecer como símbolo o, mejor dicho, reliquia del pasado que la alumbró. Que era manifiestamente mejor que este presente ambiguo, incierto y exhausto
Es la época de la hipercomunicación, hay reclamos en todas partes, a cada momento. El fútbol en sí como representación dinámica de un drama que remite a la guerra y que evoca el ciclo heroico clásico está pasando inevitablemente de moda. Como las identificaciones tradicionales se diluyen, ya da un poco lo mismo ver un Madrid-Milan que un Borussia-PSG, porque al fin y al cabo son “partidazos” donde juegan “superjugadores”, aunque sean un poco todos calcamonías repetidas. Hasta han cambiado el himno, que era majestuoso, único. La capacidad de la UEFA de estropearlo todo es asombrosa, de Nobel.
Quizá la Copa de Europa lo que debía era permanecer como símbolo o, mejor dicho, reliquia del pasado que la alumbró. Que era manifiestamente mejor que este presente ambiguo, incierto y exhausto. En el momento histórico de “los contenidos” sería mejor continuar ofreciendo el drama tradicional e incluso reducir el formato a los dieciséis equipos originales, y nada más. Pero todo esto por supuesto es una estupidez porque los tiros van en la dirección opuesta. Acabaremos, pronto, con una final de la Copa de Europa en Dubai, Shanghai o Nueva York. Y entonces, ¿qué sentido tendrá seguir viéndola?
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Fichar o no fichar, esa es la cuestión. No, no vamos a hablar del desesperado y angustiado Hamlet, sino del Real Madrid, que, ni está desesperado ni, de momento, angustiado. Aunque sí exigido. Eso siempre.
El Real Madrid se encuentra en una de esas encrucijadas que, como diría Sócrates, desafían tanto al corazón como a la razón. El Leviatán del fútbol se halla en una situación que sugiere decisiones calculadas, pero en su esencia late un club que siempre, al menos en los últimos lustros, ha funcionado como una familia, donde la lealtad y la camaradería han sido el faro en medio de las tormentas. Ahora, con su retaguardia herida y su plantilla al límite, la pregunta que flota en el aire es clara: ¿es hora de buscar refuerzos en el mercado de invierno?
Desde el inicio de la temporada, algo parecía desentonar en la defensa del Real Madrid. La estructura titular parecía sólida, pero decían los conocedores de lo táctico y lo técnico que la torre estaba algo descompensada. El Madrid, a diferencia de otros gigantes europeos, partía con solo dos centrales puros: Antonio Rüdiger y Éder Militão, dos baluartes que, si bien son capaces de sostener cualquier embate, no podían cargar con todo el peso sin descanso. A lo largo de la temporada, la exigencia es brutal y cualquier grieta, por pequeña que sea, puede terminar por desmoronar la fortaleza.
Lo que era evidente desde el principio es que la falta de un tercer central dejaba al equipo en una especie de equilibrio precario, como un equilibrista que camina sobre una cuerda floja, sabiendo que un paso en falso podría precipitar una caída. David Alaba habría sido ese tercer apoyo, pero el austriaco se había lastimado el año anterior, y su regreso, esperado para noviembre (ahora enero), se encontraba bajo la sombra de la incertidumbre. Nadie sabe cuánto tiempo necesitará para volver ni si lo hará al nivel que le exigirá la presión. Y en el Madrid, ese factor es crucial. La espera, mientras tanto, deja un hueco que empieza a pesar más de lo que se anticipaba.
Claramente, Tchouaméni era otra alternativa. Pese a que Ancelotti siempre habla maravillas de él, la opción de bajarle al central ha estado siempre presente. Casi diría que era una opción tentadora: juega y deja hueco en el centro para otro de los muchos (demasiados) titulares indiscutibles en el club. Digo que son demasiados porque, numéricamente, sólo pueden entrar once, que no se malinterprete.
Si la torre ya se tambaleaba, la lesión de Dani Carvajal abrió una brecha en el ala derecha que parecía una mala broma del destino. El guerrero incansable que durante años había dominado esa banda, no solo desde el punto de vista defensivo, sino como pieza clave en las transiciones ofensivas, caía para toda la temporada. La lesión de Carvajal dejó al Madrid no solo sin un lateral derecho de jerarquía, sino también sin uno de los jugadores que mejor comprendía lo que significa ser parte del Real Madrid. Carvajal ha sido siempre un pilar del equipo en los momentos más complicados, y su ausencia pesa más allá de lo que un simple nombre en la alineación pueda sugerir.
Es cierto que el club aún cuenta con Lucas Vázquez, un hombre que ha sido el suplente confiable, el comodín en la baraja de Ancelotti. Vázquez, sin ser un lateral natural, ha cumplido siempre con dignidad, aportando su experiencia y versatilidad. Pero en noches grandes, ante rivales poderosos, no es lo mismo enfrentarse a Grealish con Vázquez en la retaguardia que con Carvajal. Es aquí donde la grieta se hace más profunda y las dudas sobre si reforzar la defensa empiezan a calar en la mente del aficionado y del club.
Por otro lado, los laterales izquierdos, Ferland Mendy y Fran García, que en teoría podrían dar algo de respiro al ala derecha, no son una solución. Mendy, aunque es un defensa sólido, no tiene la flexibilidad de cambiar de banda, mientras que Fran García es aún joven y carece de la experiencia suficiente para enfrentarse a los gigantes del fútbol europeo en una posición que no es la suya. De nuevo, la opción Tchouaméni para el centro de la defensa y el trasvase de Militão al lateral, asoma como último recurso. En resumen, el Madrid se encuentra atado de manos, con pocas opciones reales y muchos riesgos latentes.
El Real Madrid no es solo un club de fútbol. A lo largo de su historia, y más en los últimos años, ha funcionado como una familia, una entidad que se sostiene no solo en el talento de sus estrellas, sino en los lazos que unen al vestuario. Las grandes gestas que han forjado su leyenda no se explican únicamente por las habilidades individuales de sus jugadores, sino por ese espíritu de unidad que siempre aparece en los momentos más oscuros. Es un equipo que, ante la adversidad, se crece. Es una familia donde los penaltis decisivos de una tanda en la Copa de Europa no los tiran “las estrellas”, sino Vázquez, Nacho y Rüdiger. La llegada de nuevos jugadores, sobre todo a mitad de temporada, puede poner en peligro esa dinámica.
Un fichaje en enero es un elemento extraño, un intruso que entra en una estructura ya consolidada, por más endeble que sea en algunos aspectos. Al igual que en una familia, la irrupción de un extraño en el vestuario puede alterar el delicado equilibrio que sostiene la unidad del grupo. Los jugadores, especialmente aquellos que han trabajado durante meses para ocupar un puesto, podrían ver la llegada de un refuerzo como una amenaza. El vestuario del Madrid, que ha sabido construir su fortaleza en la confianza mutua, se enfrenta a este dilema.
Aun así, no fichar podría ser un riesgo mayor. Como una cuerda que se tensa demasiado, la defensa del Real Madrid está al límite. Las lesiones siempre son imprevisibles, y con un calendario cargado de partidos, cualquier golpe puede ser la diferencia entre luchar por los títulos o caer en una temporada para el olvido. Rüdiger y Militão son dos de los mejores centrales del mundo, pero no son invulnerables. Si alguno de ellos se lesiona o baja su rendimiento, el equipo podría enfrentarse a una crisis en momentos críticos de la temporada.
Además, está la cuestión de la fatiga. A lo largo de una temporada, los jugadores no solo tienen que enfrentarse a la exigencia física de los partidos, sino también al desgaste mental. Un equipo corto de efectivos corre el riesgo de ver cómo el rendimiento de sus jugadores clave disminuye justo en los momentos en los que más se necesita.
Sin embargo, el mercado de fichajes de invierno nunca es una garantía. Fichar en enero es como apostar en una partida de cartas, donde las probabilidades no siempre están a favor. Los mejores jugadores rara vez están disponibles en esta ventana de transferencias. Los clubes no quieren deshacerse de sus piezas clave en medio de la temporada, y las alternativas suelen ser jugadores que no están en su mejor forma o que buscan minutos tras haber sido relegados al banquillo en sus equipos actuales.
El Madrid se enfrentaría a la difícil tarea de encontrar a alguien que encaje, no solo en términos de calidad, sino también en cuanto a la filosofía y la dinámica del equipo. Un mal fichaje podría ser peor que no fichar, y cualquier refuerzo debería ser alguien capaz de aportar de inmediato, sin necesidad de largos períodos de adaptación.
El Madrid siempre trabaja a largo plazo. Por eso, es previsible que, de cara al verano, ya estén encaminadas varias operaciones que fortalezcan las posiciones defensivas en la plantilla. Es un factor adicional a tener en cuenta que esas operaciones, meditadas y pasadas por el tamiz de la reflexión profunda, no queden perjudicadas o incluso canceladas por otras que pueden ser fruto de la urgencia o la improvisación desesperada.
Esto, en el Real Madrid, pesa más que en otros clubes, con las ventajas e inconvenientes que tiene no salirse, prácticamente, nunca de la planificación estructural.
El Real Madrid, siempre dispuesto a luchar hasta el final por cada título, se encuentra en una disyuntiva. Reforzar la defensa en enero podría garantizar mayor seguridad en la segunda mitad de la temporada, quizás elevaría el suelo de la temporada, pero también podría traer consigo riesgos que afecten la unidad del equipo, la estabilidad del vestuario y la planificación a medio plazo.
El club se enfrenta a una decisión que no puede tomarse a la ligera. Fichar a un defensa polivalente que pueda adaptarse tanto al centro de la defensa como al lateral derecho sería la solución más lógica, siempre que se encuentre el perfil adecuado. Pero en un mercado invernal impredecible, el éxito de esa búsqueda está lejos de estar asegurado.
Lo que está claro es que el Real Madrid, con su ADN de grandeza, sabrá encontrar la manera de sobreponerse a las adversidades, como tantas veces ha hecho en el pasado. La historia dirá si el club decide apostar por el fichaje de un nuevo soldado para su defensa, o si confía en la resiliencia de su “familia” para afrontar los desafíos que están por venir.
Cada cual puede sacar la conclusión que le parezca, pero, me temo, sin embargo, que el acierto o desacierto en la decisión se juzgará en términos de Copa de Europa, algo injusto e insólito incluso para el Real Madrid.
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Buenos días. Hoy vamos a comenzar nuestro habitual repaso de las portadas por el diario AS.
Leemos que Tebas y otros amigos demandan a la FIFA ante la Comisión Europea por «abuso de posición dominante». ¿Os suena, verdad? Hace un tiempo, un grupo de equipos, encabezados por el Madrid, se rebeló ante la UEFA por «abuso de posición dominante» y la cosa fue tan obvia que hasta Europa les dio la razón. Lo de la Superliga, ¿recordáis, verdad?
Apostamos a que también recordáis quién fue el primero en salir a decir que aquello de que denunciar el monopolio de la UEFA era malísimo para el fútbol. Ese mismo, el señor enfadado del centro de la primera plana de As, Javier Tebas Medrano, presidente de la LFP, que ahora ha decidido seguir la misma senda.
Una vez más, Florentino se adelantó varios años a la situación y los demás, incluidos sus enemigos, se ponen a rueda del maillot amarillo. ¿Cuál es el problema que suele acarrear la seriedad y la eficiencia en el trabajo? Que solivianta a quienes no pueden presumir de lo mismo y despierta en ellos un regomello que aprovecha cualquier excusa para regoldar.
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Algo huele a podrido en el 'Florentinato'
❌La historia demuestra que nada dura para siempre, que incluso el imperio romano terminó cayendo
✍️@ErnestFolch https://t.co/mYes7t2D2B
— Diario SPORT (@sport) October 14, 2024
Titula Ernest Folch en Sport «Algo huele a podrido en el “Florentinato”». Ay, The Importance of Being Earnest, querido Ernest. Todo eso que tienes dentro, la vesania, la frustración, el desengaño, el resentimiento, la desazón, la envidia te nublan el raciocinio y te alejan de la verdad. Pero en La Galerna somos magnánimos y te vamos a reparar de manera desinteresada el titular: «Todo huele a podrido en el negreirato». Es más earnest, ¿verdad, Ernest?
La lectura del artículo es poco recomendable siempre, pero más por la mañana, cuando el estómago aún no está asentado. En resumen, Ernest acusa al Madrid de Florentino de todo aquello que es el Barcelona de Laporta (y predecesores).
Comienza por todo lo alto, asegurando que se ha resquebrajado un supuesto pacto tácito que existía consistente en no sacar a la luz nada que pudiera incomodar a «Su Majestad Florentino». ¿En qué mundo vives, Ernest Folch? La vida no es aquello que sucede mientras haces planes para otras cosas, como cantaba Lennon, sino una sucesión de días y noches durante las cuales el antimadridismo se afana en buscar y publicar disparates con la intención de denigrar al Madrid y a su presidente. Basta darse una vuelta por cualquier medio de comunicación.
El detonante de esta flatulencia escrita por Folch es el asunto del ruido del Bernabéu, que en lugar de tratarse como un tema en el que el Club está trabajando con denuedo para solucionar, se utiliza como una enmienda a la totalidad del estadio en particular y del Madrid en general. Muchos están aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid para intentar echar literalmente al Madrid de su estadio por motivos ajenos a cualquier normativa o justificación racional. Lo más epatante es cuando el autor del artículo tilda la cosa de «grave problema de salud pública».
Ernest, como no podía ser de otra manera, sigue defendiendo que el Madrid lleva operando dos décadas sin licencia de actividad, a pesar de las pruebas que demuestran lo contrario. Su justificación es que tanto Ayuntamiento como Comunidad le cubren las espadas al Club. Claro, Ernest, por ese motivo el consistorio ha frito a multas a los promotores de los conciertos del Bernabéu mientras, por ejemplo, en el Metropolitano no han olido ni una, pese a que allí no se cumple la normativa de ruido. Por no hablar de que las instituciones no ven problema alguno en que campen a sus anchas neonazis por ese estadio, por el anterior, y alrededores. ¿Los asesinatos (dos) se pueden considerar un «grave problema de salud pública»? Personal para los finados parece que sí.
La parte más psicodélica de la deyección de Folch es la siguiente: «En cualquier otro club, por ejemplo el Barça, las impresentables chapuzas del Bernabéu habrían provocado ya un tsunami mediático descontrolado e ingobernable y una probable moción de censura». ¿Por dónde empezamos, queridos lectores?
¿Hablamos de comprar la cúpula arbitral durante décadas? ¿Hablamos de ganar ligas gracias a la inscripción de jugadores de manera irregular con la anuencia del regulador? ¿Hablamos de volver a contratar a un ser con decenas de denuncias por abusos a menores que quedaron en nada porque los delitos sexuales prescribieron, según el Juzgado de Instrucción nº 12 de Barcelona? ¿Hablamos de permitir que las empresas que llevan a cabo las obras del Camp Nou tengan trabajadores en condiciones de semiesclavitud? ¿Hablamos de las décadas de inyecciones de dinero público de TV3 al club? ¿Hablamos de comprar un órgano? ¿Hablamos de las dos condenas por el caso Neymar? ¿Hablamos de Şenes Erzik, UNICEF, la UEFA y el único periodo de gloria europea del Barça? ¿Hablamos de los rescates efectuados por dictadores? ¿Hablamos de palancas y ventas ficticias? ¿Hablamos de imputaciones por corrupción continuada? ¿Hablamos del conflicto de intereses que supone que un avalista del club esté al cargo de la realización de los partidos y del suministro de imágenes al VAR? ¿Hablamos de a qué se dedican los socios de Laporta? ¿Hablamos de dónde provienen los ingresos del presidente? ¿Hablamos del silencio y la complicidad de los medios?
¿Dónde está el tsunami mediático descontrolado e ingobernable y la probable moción de censura a Laporta, Ernest? ¿Queda algún culé decente con agallas para denunciar públicamente todo esto?
En Sport y Mundo Deportivo no vemos nada, obvio.
Marca habla de los cuartos, pero sabemos que nos darán las uvas, y más, y ni tú, Ernest, ni nadie del Barça hablará de todo esto.
Pasad un buen día.
La contratación de Joan Armet ‘Kinké’ en el verano de 1941 como nuevo entrenador madridista fue inesperada y sorprendente para algunos aficionados. Su currículum como técnico no había sido excesivamente brillante y llegaba del Murcia, que acababa de descender a Segunda división en la temporada recién finalizada. El catalán, que había tenido contactos previamente con el Barça, aterrizaba en la capital para tratar de dar un impulso al conjunto blanco en unos años de posguerra complicados para la entidad.
Nacido en Tarrasa el 30 de junio de 1895, había sido un jugador primoroso en los años 10 y 20, primero en el Universitary SC y el RCD Español, y luego, sobre todo, en el Sevilla. Está considerado como el inventor y gran exponente de la escuela sevillana, que se caracterizaba por un fútbol científico, imaginativo, filigranero, de pase corto, preciso y al pie.
Su primera experiencia en los banquillos fue en el Valencia y, más tarde, dirigió al Betis en Segunda división. Antes de la guerra tuvo una experiencia en el Cádiz y después del conflicto bélico tomó las riendas del Murcia. Los pimentoneros eran un equipo recién ascendido y Kinké no logró el objetivo de mantenerse en Primera al caer en la promoción contra el Deportivo de la Coruña.
La contratación de Joan Armet ‘Kinké’ en el verano de 1941 como nuevo entrenador madridista fue inesperada y sorprendente para algunos aficionados
Por todo ello causó asombro que fuese el elegido por la parte técnica del club presidido por Antonio Santos Peralba para sustituir en el banquillo madridista a una institución como Paco Bru. El club, consciente de que el equipo estaba entonando ‘el canto del cisne’, decidió acometer una profunda renovación de la plantilla y para el nuevo curso 1941-42 tramitó las incorporaciones de más de medio equipo: Marzá, Arzanegui, Belmar, Botella, Pacheco, Tellado, Huete, fichado del Murcia en un caso polémico en la época, y Clemente, Moleiro y Rovira como refuerzos para la Copa.
La opinión dentro de la entidad merengue es que Kinké iba a lograr dar un impulso en el juego y transformarlo en “elegante, rápido y vistoso como siempre tuvo en su etapa de jugador sevillista y que tan magníficamente puede plegarse a lo que pudiéramos llamar solera del Madrid”, según publicaba el diario Arriba avanzado el mes de agosto. El entrenador promete “profesionalidad y esfuerzo” y rápidamente se pone a construir un equipo. Los primeros pasos son ilusionantes, apuntalando la defensa, dinamizando la media y reactivando una delantera a la que le faltaba velocidad y chispa. El cuadro blanco, pese a la veteranía de hombres importantes como Quincoces y Leoncito, tiene un nuevo brío.
Kinké tiene que tomar decisiones pronto, como el cambio en la portería de Pacheco por Marzá, dado que el nivel del antiguo portero del Atlético de Madrid no es el esperado. En la defensa, Arzanegui coge el puesto de Olivares y, en la media, con la lesión de Souto todavía presente del curso anterior, es Huete quien se hace con la manija. En la delantera, los nuevos Belmar y Botella van directos al once. Así, una formación habitual de aquel equipo en la campaña 1941-42 es la integrada por Marzá; Mardones, Arzanegui; Lecue, Ipiña, Huete; Alsúa, Alonso, Alday, Belmar y Botella. Ese frente ofensivo se hace famoso en poco tiempo porque es uno de los que recibe un sobrenombre. Míticas eran las delanteras de los años 30 de la ‘Eléctrica’ del Oviedo, la ‘Stuka’ del Sevilla o la ‘Maravillas’ del Athletic Club. En este caso a la delantera blanca se la conoce como ‘A y B’ por la letra inicial de los apellidos de los atacantes.
El inicio liguero es irregular, pese a los triunfos en Atocha frente a la Real Sociedad y en Chamartín contra el FC Barcelona. Las derrotas en San Mamés, Riazor y en casa contra el Sevilla pesan. Sin embargo, Kinké empieza a sacar lo que tienen dentro jugadores como Ipiña y Alday, que mejoran sus prestaciones. El equipo tiene tramos de buen fútbol y, como se pudo leer en La Hoja del Lunes tras derrotar al Barça en Les Corts por 0-2, el Real Madrid estaba repleto de “moral” y sobre el terreno de juego “dio la sensación de tecnicismo y serenidad, dominó y sorteó al contrario como le vino en gana. Kinké inculcó a sus discípulos aquella escuela inconfundible y que ayer dio una nueva exhibición frente numerosísimo público que llenaba el feudo barcelonista”.
La segunda vuelta de la Liga merengue fue notable, adelantó a su rival capitalino, el Atlético Aviación, y llegó a soñar con pelear la Liga al Valencia, pero nunca pudo bajar de los tres puntos de diferencia y los che cantaron el alirón. En la Copa, pese a las incorporaciones antes mencionadas, el cuadro blanco solo superó las eliminatorias contra la Ferroviaria y el Castellón. En cuartos, el Athletic Club de Urquizu, en una serie de tres encuentros con desempate incluido, apeó a los madridistas.
El subcampeonato liguero y el buen sabor de boca del juego desplegado al final de la competición doméstica animaron a la directiva para continuar con Kinké en el cargo de cara la siguiente campaña. El catalán dio un par de entrevistas al final del curso, una en la radio y otra en Semanario MARCA. En Radio España comparó su época de jugador y la que estaba viviendo en ese instante afirmando que “antes brillaba más la clase individual, ahora se juega con más espíritu de conjunto. Es necesario que el jugador sepa desmarcarse y aprovechar la velocidad del balón, que siempre es mayor que la del hombre más rápido. Censuro el vicio del retener la pelota y el abuso del regate”. Elogió el porvenir de un defensa merengue como Arzanegui y lanzó una loa al “jugador latino, que posee espíritu para resolver con facilidad las más difíciles situaciones”. Mientras que para referirse al mayor defecto del jugador español expuso que “este era el deseo de buscar siempre el lucimiento personal en perjuicio del conjunto”.
En el diario deportivo habló más del presente y reconoció estar “encantado en el Madrid”, al que dedicó su admiración y dijo engurruñendo los ojos: “Un Club señor”. De la faceta como técnico explicó que “yo creo que hay un poco de fábula en esto. El entrenador tiene como principal misión la preparación del equipo, su puesta en forma, la difícil tarea de ser en enlace entre la Directiva y ellos, y mantenerlos en franca y leal camaradería unos con otros. Pero hay defectos que ningún entrenador puede anular, como hay zonas que escapan a su cuidado, baches pudiéramos llamarles entre el estado en que le deja al jugador tras el último entrenamiento, y el estado en que el jugador acude al partido. Y aún hay otra cosa; en la alegría, el entrenador es uno más; en la tristeza, la parte del entrenador parece crecer, crecer hasta acapararlo todo”.
De cara a la temporada 1942-43 el Real Madrid firmó en verano a los porteros Galagarraga y Sepúlveda. Más tarde, con la temporada iniciada, entre otros a Maciá, Cuca y Querejeta; de cara a la Copa llegaron Pruden y Corona. Dejaron el club Quincoces, retirado; Lecue, que se marchó al Valencia; Leoncito, al Valladolid; Rovira, al RCD Español o Arbiza, a la Real Sociedad. Kinké argumentó en MARCA que “sinceramente, todos hemos creído que con lo que tenemos es suficiente para la temporada que va a comenzar dentro de un mes. Al Madrid, en realidad, no le interesa adquirir nuevos jugadores. Lo interesante para nuestro Club es que funcione bien el mismo conjunto que tenía el año pasado y que ya hizo un buen papel entonces. Con los 20 hombres disponibles, el Madrid marchará bien esta temporada, no lo dude usted. Y si no, al tiempo…”.
El debut liguero fue contra el Barça y el cuadro de Kinké realizó un magnífico encuentro ganándolo con suficiencia por 3-0. A este triunfo le siguieron dos victorias más antes de entrar en una profunda crisis. El equipo se vino abajo completamente y Kinké fue incapaz de enderezar el rumbo. Seis derrotas, dos empates y un triunfo en los siguientes nueve partidos fue el horrible bagaje merengue. Solo se ganó al Oviedo en casa y tras ese choque de la jornada 9 Kinké presentó la dimisión. Sin embargo, como contó después el secretario técnico Pablo Hernández Coronado, estábamos “encantados con él; por eso ni caso le hicimos”. Pero el técnico continuó en sus trece y volvió a tirar la toalla un mes después.
Esta vez sí tras aceptar la junta directiva madridista su marcha dejó de ser el entrenador antes de concluir el año. Su buen hacer en la campaña previa quedaba atrás, y aunque su fichaje por los blancos dio una energía renovada y más pujanza al equipo, no consiguió ningún título en su estancia en la capital.
Más tarde, su carrera discurrió por el banquillo del Sabadell, con el que logró subir desde la categoría de plata a Primera división.
Fotografías: archivo Alberto Cosín
Capítulos anteriores:
1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth
Buenos días. Haz examen de conciencia, estimado lector. ¿Has protegido hoy a Lamine Yamal?
Sí, ya sabemos que aún es temprano, pero hay que empezar el día con el pie derecho, es decir, haciendo lo que es correcto. El hombre (o la mujer) que no se levanta consumido por la necesidad de proteger de todo mal a Lamine Yamal demuestra tener principios muy endebles, y así no se puede ir por la vida. Parafraseando a De Quincey, podríamos decir que se empieza con el asesinato, se continúa con el desfalco e, inevitablemente, se desemboca descuidando las necesarias atenciones al delantero azulgrana para protegerlo de toda herida o desafuero.
La prensa deportiva de la jornada sí que comienza el día haciendo sus deberes, es decir, cuidando a Lamine. No se vaya a decir luego, precisamente dos días después de la celebración del Día de la Hispanidad, que no tenemos una prensa debidamente celosa del bienestar de la gran estrella de nuestra selección. El 75% de las portadas en esta gris mañana de octubre reclaman, entre coléricas y consternadas, que no se le peguen más patadas al joven delantero, y si no llegamos al 100% es solo porque Marca organizó un sarao en Málaga y prefiere hoy recurrir a la contorsionista y bella disciplina de la autofelación. Mal Marca aquí. ¿Acaso no saben que Lamine Yamal constituye un estandarte nacional de jerarquía superior a la Patrulla Aspa? (Por cierto, ¿qué demonios pinta un grupo acrobático del Ejército del Aire en un evento privado de Unidad Editorial?).
No es el día para estas cosas, Marca. Es el día para proteger a Lamine Yamal de todo infortunio, tribulación o tropiezo. Aprende de la absoluta totalidad del resto de periódicos deportivos, que están en cambio a lo que hay que estar.
Qué lástima que Marca rompa unanimidad tan rotunda. A Lamine hay que protegerle, hombre. De momento, para empezar con tan sacrosanta misión, el chico ha sido desconvocado de la selección. No en vano cojeaba visiblemente tras la tarascada recibida en el partido ante… ante quien fuera, hemos perdido la cuenta de las Nations contra las que jugamos en esta League. Cojeaba por la mañana. Por la tarde se le veía mucho más entero, pero ¿quiénes somos nosotros para dudar?
A Lamine hay que protegerlo, amics. A Vinícius no, claro. Vinícius es brasileño y se rebela ante los insultos racistas, con lo cual lo que corresponde, en lugar de brindarle esa protección, es ponerlo “en el foco” y acusarlo de provocar. Si fuera español y jugara en el Barça, otro gallo cantaría. Todos los jugadores talentosos merecen la misma protección, pero algunos jugadores talentosos merecen un poco más de la misma protección que otros, pues no en vano constituyen la efigie en la moneda del sistema (por una cara; por la otra aparece el Monte Rushmore de Negreira, Tebas, Arminio y Villar). El mismo sistema que ayer se ocupó de que tropezara el nuevo proyecto del Real Madrid merced al penalti más estrambótico de la historia del fútbol de cualquiera de los dos géneros. Leédselo a Fernando Alcalá-Zamora en esta crónica, y flipad (si es que os queda espacio para el flipe, a nosotros no).
Pasad un buen día.
Este tiempo de selecciones es apasionante. Y corto: al pueblo le falta chicha, el vacío es grande. Son sólo dos partidos por país y se hace largo. Opino que UEFA, FIFA y lo que queda del Pacto de Varsovia deberían ver cómo añadir un tercero.
Referido a España: sábado y martes, Dinamarca y Serbia, y el viernes pues no sé, igual otra vez Dinamarca. Y la Liga, entre domingo —los equipos con menos futbolistas internacionales—, lunes y martes. Liga y Champions es lo que pasa entre parón y parón por los partidos internacionales.
Sí, está lo de las lesiones. Negreira. Koldo. Los tíos que se despistan en el Congreso… Acompañan, pero nada entretiene más que algo del Madrid. El primero en animarse fue Lula, presidente de Brasil, cuya última aportación futbolística fue “si el tipo que le pega a una mujer es del Corinthians como yo, todo bien”.
El otro día salió con que la selección brasileña no debía convocar a Vinícius, Endrick y Rodrygo, “pues no tenemos ningún crack en el extranjero”. Y que lo suyo es contar sólo con futbolistas locales, pues “los que están fuera no son mejores que los que están aquí”.
Reveló que lo habló con el mandamás de la Confederación Brasileña y le participó su genialidad. “No hay aquí un Garrincha ni Romario”, le descubrió. Ya. El caso es que si lo hubiera jugarían en Europa.
¿Si se refirió solo a los tres madridistas? Pues si atenemos a como se tituló la cosa por aquí, sí. “Lula, contra Vinícius, Endrick y Rodrygo”. Como Raphinha, Magalhaes, los porteros Alisson y Ederson y tal no son paraguayos y juegan en Europa puede que también se refiriera a ellos. Pero claro, ¿va usted a titular con Vinícius o con Magalhaes? Es de primero de Periodismo… El Madrid.
Este tiempo de selecciones es apasionante. Y corto: al pueblo le falta chicha, el vacío es grande. Son sólo dos partidos por país y se hace largo. Opino que UEFA, FIFA y lo que queda del Pacto de Varsovia deberían ver cómo añadir un tercero
Luego vino lo de Kylian. ¡Escándalo mundial, Francia en armas: pillan a Mbappé cenando en Estocolmo! La noche que Francia jugó y ganó a Israel, concretamente. ¿Estocolmo? Ya: se fue allí a ver a unos amigos aprovechando que Carletto dio cinco días de permiso a su tropa, a ver si se airea: ve una pelota y se vuelve tarumba la tropa. Esa es la cosa, no el viaje. Equipos parando cinco días en octubre: tela.
Hombre, más cerca y tranquilo habría sido alquilar una casa rural en Soria, la Laguna Negra estaría bien. Y que lo amigos se vinieran para acá y montarles un tour, puesto que son todos franceses. Paseíto, torreznos, migas, unas chuletillas de cordero… Unas trufas por supuesto. Pan con mantequilla, desde luego.
Y podrían hacer algo que servidor probó y es la pera: cada plato en un restaurante distinto. Lo mío, y amigotes, fue en Tolosa: alubias, pescado, carne y postre en cuatro comedores diferentes. Favorece la buena digestión, además.
El asunto había arrancado con el cabreo francés porque el seleccionador Deschamps había acertado por fin en algo y liberado al jugador de esta ventana de selecciones con la loable intención de que no se tirara por la ídem, lo cual podría ser irreversible.
En avión privado el desplazamiento debe andar por las cuatro horas; en vuelo regular, más o menos lo mismo. Con ambos asuntos nos entretuvimos unos días lo cual fue muy de agradecer. Confío que en Francia estén más tranquilos.
También estuvo lo de la licencia del Bernabéu. Ya saben: que el Madrid juega sus partidos y apaña su estadio sin licencia. Me extrañó. El club pudo hacerse el loco, pero… ¿No pagar algo municipal, aquí? ¿Veinte años?
No hace mucho superé el horario contratado para mi coche en la zona azul, centro de Barcelona. Al mes escaso se presentó un tío en casa amenazando con encadenarse a una ventana si no pagaba.
Pues eso, era imposible que el Madrid llevara tanto tiempo sin ser licenciado, como Vidriera, por la jeta. Al día siguiente, Ayuntamiento y club comunicaron que eso no era verdad: mal hecho. Debieron esperar al menos una semana para manifestarse, tiempo en el que se hubieran pedido latigazos públicos para Florentino, Chendo, Ancelotti jr, y el presentador jefe de RealmadridTV.
No cuajó, lo de la licencia, digo. Algo habrá que inventar. Que Pintus tiene caspa o cosa parecida
Salieron enseguida y fue una lástima. Esas cosas deben dejar que reposen. Y más cuando hay poco fútbol. Lo de que no había licencia fue cosa del loco del Bernabéu, digo, del señor del ruido del Bernabéu; el loco fue cuando aquella noche con el Bayern, un hincha que quiso tomarse la justicia por su mano, Mal hecho también.
No cuajó, lo de la licencia, digo. Algo habrá que inventar. Que Pintus tiene caspa o cosa parecida. Ah. Un abrazo a Morata, muy aplaudido en Murcia tras explicar que se fue de España porque era incapaz de aguantar lo que vivía. Que la vida le sonría. Me acordé de Vinícius, fíjense...
Getty Images.
El Real Madrid femenino dejó escapar dos puntos al empatar (1-1) en el derbi de la sexta jornada de la Liga F ante el Atlético de Madrid. Un gran gol colectivo culminado por Caroline Weir mantuvo por delante durante todo el partido a las blancas, confirmando su superioridad, pero la incompetencia arbitral permitió a Vilde Bøe Risa devolver la igualdad desde el punto de penalti al equipo colchonero.
La única actitud lógica a mantener en una competición deportiva en la que un factor determinante del juego tiene la capacidad de alterar el resultado de forma aleatoria es la de distanciarte ampliamente en el marcador para no sufrir las consecuencias de la ruleta rusa. En el derbi madrileño disputado en el Alfredo di Stéfano, el Real Madrid salió a jugar con la lección aprendida y acosó de forma continua la portería del Atlético de Madrid. Optó por rotar Alberto Toril, dando más importancia a los choques de Liga de Campeones que flanqueaban el partido liguero, y en el 
La superioridad madridista fue rubricada cuando apenas corría el minuto siete. Por banda izquierda, una combinación entre Linda Caicedo y Caroline Weir iniciada en el centro del campo maduró hasta llegar al área, siempre enlazándose buenos movimientos, y allí Signe Bruun pivotó y asistió de tacón a la escocesa, que disparó duro con su zurda para hacer inservible el intento de parada de Lola Gallardo. El 1-0 abrió la puerta a una larga fase en la que el Madrid obligó a su rival a vivir replegado en torno al área, sin apenas posibilidades de respirar, y donde las blancas recuperaban la posesión una y otra vez muy lejos de Misa Rodríguez.
La incompetencia arbitral permitió al Atleti devolver la igualdad desde el punto de penalti
En el otro extremo del campo, el Atleti cedió sus escasas balas a la clarividencia de una Rash Ajibade insistente pero casi siempre bien defendida colectivamente por la zaga madridista. Si fallaba la marca de Olga Carmona, allí acudía expeditiva Maëlle Lakrar, que firmó un partidazo sustentado en sus fantásticas coberturas. La francesa, que además suma con el balón en los pies, dio una exhibición de valentía y acierto en cada tackle al suelo que hizo. La primera acción de verdadero peligro llegaría rebasada la media hora en un disparo fuera, mientras que la segunda, ya en el alargue previo al descanso, quedó anulada al recibir Misa una falta leve al buscar un balón aéreo que acabó en la red.
El protagonismo bajo palos, en cualquier caso, estaba en el área rojiblanca y la segunda parte vendría a exacerbar la tendencia. Aunque en uno de los costados no tuvo su día Naomie Feller, en el otro lo compensó Linda Caicedo con sus continuas aceleraciones. A la jovencísima atacante le sigue faltando, como es natural, el temple definitivo para doblar su ratio de goles por acción, pero la actitud de la colombiana fue encomiable. Los disparos que realizó, aunque centrados, encontraron a una muy inspirada Lola Gallardo, que se vio obligada a sostener a las suyas en el tramo final de partido. Por momentos pudo faltarle veneno e instinto asesino al Real de cara a gol, pero la guardameta sevillana acabaría la noche firmando la que probablemente sea la mejor actuación de su carrera.
En el contexto amplio de la competición quizás sea necesario que los errores arbitrales de bulto tengan consecuencias directas a fin de que los clubes alcen la voz y se planten ante tal despropósito
Las intentonas del Madrid, pues, se vieron contrarrestadas por la portera colchonera y, en esas, la distancia mínima en el marcador penalizó con gravedad al equipo de Toril a menos de un cuarto de hora del final. El Atleti iba desfondándose poco a poco y sus opciones de rascar un punto se alejaban a cada minuto, pero bastó un despeje limpio de Teresa Abelleira dentro del área local para que el partido diese un vuelco. Al tiempo que la centrocampista gallega mandaba el balón lejos del peligro, Gaby García cayó al suelo simulando un golpe: una triquiñuela clásica y fácil de apreciar. Sin embargo, la colegiada Paola Cebollada López señaló el punto de penalti para volver a confirmar la absoluta aleatoriedad de un campeonato a merced del indecente e injustificable nivel de su arbitraje.
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— DAZN Women's Football (@DAZNWFootball) October 13, 2024
Vilde Bøe Risa supo engañar a Misa Rodríguez desde los once metros para poner el 1-1 y, a pesar de quedar tiempo para recuperar la ventaja, la sensación de infortunio fue total. El Real Madrid lo intentó en tromba y tanto Alba Redondo como Caicedo estuvieron a punto de cantar gol, pero fue imposible superar a Lola Gallardo. Aunque el 2-1 habría devuelto la felicidad y la satisfacción de los tres puntos conseguidos a las madridistas, en el contexto amplio de la competición quizás sea necesario que los errores arbitrales de bulto tengan consecuencias directas a fin de que los clubes alcen la voz y se planten ante tal despropósito. Hasta entonces, las futbolistas del Real deberán seguir saltando al césped con la idea de jugar siempre con una ventaja mínima de dos goles. Lo contrario, en esta Liga F, es comprar números para la desgracia.
Fotografías: realmadrid.com
Desde hace aproximadamente un año, aparecen salpicados en la prensa numerosos artículos vinculados a la presunta obsesión que los varones tienen con el Imperio romano. Como consecuencia de un vídeo viral en las redes sociales, muchas mujeres parecieron haberse percatado de la tendencia recurrente a la reflexión sobre Roma que gobierna las mentes de un nada desdeñable sector de sus compañeros vitales, en esos momentos vacíos proclives a la procrastinación. A partir de la constatación de esta circunstancia, la cascada de interpretaciones ha resultado imparable: que si el anhelo de épica demuestra la crisis de la masculinidad frágil, que si las obras de ingeniería y los aperos militares conectan con cierto pragmatismo supuestamente inherente a los hombres, que si las series y la producción cultural han sesgado nuestra imaginación hacia algunos temas cuya extravagancia los convierte en más estimulantes…
Como aquí no se corta nadie a la hora de opinar, uno no va a ser menos. En mi caso, y sin menoscabo del resto de exégesis, considero que la simpática anécdota también nos recuerda que la autoridad y el pasado constituyen un poderoso aglutinante cuando existen situaciones de inestabilidad personal. Sea para criticarlos o para evocarlos positivamente, siempre ofrecen puntos de referencia, asideros a los que aferrarse en contextos variantes. De ahí que un sector del madridismo, turbado ante las decepcionantes fluctuaciones actuales en el arranque del quinto Real Madrid de Ancelotti, haya empezado a mirar con buenos ojos la posibilidad del retorno de alguna figura imperativa que meta en vereda a unos cuantos.
Tengo algún amigo que, tras la tercera copa, incluso se atreve a bromear con el nombre de José Mourinho, y no solo por la nostalgia de su juventud perdida. Las castrenses formas del portugués, casi antitéticas en comparación con la irónica bonhomía de Carletto, reconfortan esa tendencia humana anclada en cierto amor a la jerarquía y destilada verbalmente en la famosa frase de Spengler, según la cual a la civilización, cada cierto tiempo, solo la salva un pelotón de soldados dispuestos a morir por ella. Por enlazar con el principio: el historiador Edward J. Watts explicó hace años, en su República mortal, que muchos senadores solían sentir la tentación, en horas bajas, de echarse en brazos de un Lucio Cornelio Sila de turno que ventilase autocomplacencias. Los lectores de esta página conocen a otro historiador, en esta ocasión del madridismo, llamado Pepe Kollins, quien posee una teoría sobre el ciclo kármico blanco perfectamente identificable con lo referido.
Los últimos Madrides ganadores, generados alrededor de perfiles como los de Zidane o el mismo Ancelotti, se resumían en avalanchas un tanto desordenadas de jugadores talentosos, vinculados en torno a su superioridad técnica más que a través de algoritmos espartanos. La teoría del caos es difícilmente regulable con escuadra y cartabón, pero directamente imposible con el látigo
Sin embargo, y más allá de que el aún estimable prestigio de Mourinho no merezca comparaciones con un déspota romano, en mi opinión el Madrid se equivocaría si recurriera al mero impulso disciplinario. El motivo reside en el propio pasado de la entidad. Un equipo sometido a tantas fuerzas centrífugas y centrípetas resulta imposible de catalizar de manera exitosa por medio del puño de hierro, más allá de períodos excepcionales y cortísimos. Los últimos Madrides ganadores, generados alrededor de perfiles como los de Zidane o el mismo Ancelotti, se resumían en avalanchas un tanto desordenadas de jugadores talentosos, vinculados en torno a su superioridad técnica más que a través de algoritmos espartanos. La teoría del caos es difícilmente regulable con escuadra y cartabón, pero directamente imposible con el látigo.
Los atajos que ofrecen soluciones virilmente simplonas a problemas de naturaleza más heterogénea y compleja suponen un error. De modo que Florentino, quien suele recurrir a la historia blanca para poseer una mínima guía en la incertidumbre de lo cotidiano, bien hará en gastar su denuedo —que es lo mismo que decir su dinero— en renovar la calidad de los ingredientes diversos antes que en procurarse un capataz de simplismos atávicos. Dicho de otra manera: olvidarse de los fantasmas del pasado, tan vigentes en estas fechas cercanas a Halloween y al Día de los Difuntos, y de fantasías imperiales que de poco sirven a la hora de sostener un imperio real, como los que acostumbra a levantar.
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El Madrid está viviendo su, quizá, periodo exitoso más largo y próspero en todos los ámbitos del Club, que incluye, obvio, la faceta más importante: la deportiva. Cada título, sobre todo cada Champions, es una punzada en el alma del antimadridismo.
El enfado que producen los continuos triunfos blancos se ha visto agravado por un hecho incontrovertible: quien hacía trampas no era el Madrid, como siempre han sostenido los antis, sino el Barça, entidad enarbolada por ellos como adalid y ejemplo de conducta moral y deportiva.
Cuando a alguien se le derrumba aquello en lo que había creído siempre, la primera reacción es la negación. No pocos han quedado atrapados ahí y no han sido capaces de asumirlo aún. Quienes lo han aceptado, se han enojado. Mucho. Principalmente con ellos mismos, por haberse tragado una falacia durante tantos años. Pero su orgullo no les permite reconocerlo públicamente, de modo que proyectan esa ira contra su enemigo: el Madrid.
La consecuencia es el afán de venganza y, como el Real es tan grande, su némesis también lo es, y tiene en funcionamiento constante una ingente maquinaria que busca al microscopio cualquier asunto, por ínfimo que sea, para atacar al club de Concha Espina, sin que la veracidad de la acusación sea requisito indispensable para su utilización. Sucede continuamente y estos días pasados sirven como ejemplo perfecto.
El antimadridismo tiene en funcionamiento constante una ingente maquinaria que busca al microscopio cualquier asunto, por ínfimo que sea, para atacar al club de Concha Espina, sin que la veracidad de la acusación sea requisito indispensable para su utilización
Primero fue que al Madrid de baloncesto le iban a desposeer de dos títulos merced a un turbio asunto con el pasaporte de Slaughter. El conato de escándalo duró menos que una tormenta de verano en Mercurio, donde ni hay verano ni hay agua. El Madrid, de momento, no expide pasaportes. Habría sido un hito de la ignominia que al Madrid le hubiesen quitado un par de trofeos por haber sido la víctima en el tema Slaughter (recordemos que la orden de detención fue contra el jugador y no contra nadie del Club) y al Barça no solo no le hayan desposeído de ningún título, sino que rápidamente se encargaron en hacer público —vía Tebas— que comprar la cúpula arbitral durante años está feo, pero que ha prescrito —lo prescribieron— y no va a tener consecuencia deportiva alguna.
Después asistimos al bochornoso espectáculo de la licencia del Bernabéu. He aquí los titulares de tres medios de comunicación:
El País: «El Real Madrid opera con una licencia caducada tanto para los conciertos como para el fútbol».
Relevo: «El Madrid ha funcionado durante 23 años con una licencia caducada».
El Confidencial: «Nueva denuncia: el Bernabéu celebró los conciertos con una licencia caducada de hace 23 años».
Estos medios se tomaron la licencia de dar por sentado que el Bernabéu no contaba con la ídem. Todos los titulares comunicaron como un hecho que el Real Madrid carecía de ella. Ninguno de ellos tuvo la precaución de confirmar la veracidad o anteponer en el titular un «Según la Asociación Vecinal de Perjudicados por el Bernabéu». Sería interesante conocer en qué parte del Libro de estilo de El País se recomienda actuar de este modo.
Lo primera reacción de los madridistas con los que hablé fue de extrañeza: «qué raro que esto sea así, tengo muchas dudas de que sea posible, aunque los titulares son tajantes. Si se confirmara, tendrían que depurarse responsabilidades».
El grandioso escándalo volvió a quedarse en nada. Tanto el ayuntamiento como el Club desmintieron ese mismo día que el Madrid estuviese operando sin licencia de funcionamiento.
¿Alguna disculpa o rectificación? Pueden esperar sentados. Nadie se preocupó de contrastar la noticia con todas las partes. Después del jarro de agua fría para el antimadridismo, cabe destacar la reacción de Relevo.
Una vez confirmado el bulo de que el Bernabéu no tenía licencia, Relevo tuvo el cuadradismo gonadal de publicar que «El Ayuntamiento desmiente a los vecinos y afirma que el Bernabéu cuenta con licencia de funcionamiento». Es decir, afirmaron que a quien desmintió el ayuntamiento fue a los vecinos, no a ellos, que en su titular dieron por buena la mentira. Sublime acto de trilerismo informativo.
Lo grave es que para estos medios la verdad no importa, hay, al menos, dos aspectos que les merecen mayor consideración: la difusión de su mensaje y los clics, las visitas. ¿Qué importancia tiene que no sea cierto que el Bernabéu no tuviese licencia de funcionamiento en vigor si la noticia ya ha sido compartida en todo el mundo y millones de personas se han quedado con esa idea en la cabeza?
El relato lo es todo, y más en los tiempos que corren donde la opinión pública se moldea a base de flashes teledirigidos sin contraste ni explicación alguna porque además casi nadie se tomaría la molestia de leerla.
El antimadridismo lo sabe y actúa en consecuencia. Los hechos son evidentes: no dejan de publicarse bulos que afectan al Madrid mientras se silencian o se minimizan las noticias negativas que afectan al FC Barcelona. Por este motivo, en la sociedad de hoy es tan importante un Negreira en los medios como en el CTA. Es imprescindible disponer de personas en puestos clave, contar con su favor, a cambio de lo que corresponda en cada caso, para imponer su relato.
El relato lo es todo. Por este motivo, en la sociedad de hoy es tan importante un Negreira en los medios como en el CTA
Cualquier ser humano adulto provisto de un teléfono con conexión a internet puede averiguar en poco tiempo si el Bernabéu dispone o no de licencia. Los medios, y quienes están detrás, lo saben, y aun así publican algo que horas después se demuestra falso. Como se ha dicho antes, da igual, el objetivo está cumplido, el mensaje ya ha calado. Sin embargo, asuntos como el narrado por Jaume Llopis, exdirectivo del Barça que afirmó que uno de los inversores del Espai Barça es un narcotraficante chipriota, ha pasado sin pena ni gloria desde marzo de este año. No sabemos si es cierto o falso, aunque provenga de una fuente interna, porque ni siquiera se han molestado en investigarlo. Como no es contra el Madrid, no vende.
Tres cuartas partes de lo mismo sucedió cuando Bassat, excandidato a la presidencia del Barça, afirmó en una entrevista en Marca que una persona importante del club le soltó que no podía ser presidente porque no sabía comprar a un árbitro. Como ya suponen, quien le estaba realizando la entrevista, en lugar de ahondar en tamaño filón, prosiguió preguntándole por asuntos con el mismo interés que la vida marital del rape en ausencia de Netflix.
Tampoco tuvieron repercusión mediática aquellas declaraciones de Alfons Godall, vicepresidente del FC Barcelona, donde sostuvo que «La buena relación de Laporta con los comités de árbitros ayudó (…). Tenemos que estar al lado de las entidades en las que se ejerce el poder y no darles la espalda. Recuerdo que en su día Laporta lo tuvo clarísimo. ¿A qué presidente apoya Florentino? A Gerardo González. Entonces al Barça le conviene apoyar a Villar y tener una buena relación con la federación, donde se cuecen los comités de árbitros, la competición y la Liga de fútbol (…). Creo que Laporta cultivó mucho, y muy a fondo, las buenas relaciones con estas instituciones y eso nos ayudó».
¿Por qué ocurre esto? Porque el antimadridismo mueve mucho dinero e interesa más publicar cualquier cosa, aunque sea falsa, contra el Madrid que cualquier noticia, aunque fuere verdad, que afecte al Barça. Lo del Negreira de los medios.
El antimadridismo mueve mucho dinero e interesa más publicar cualquier cosa, aunque sea falsa, contra el Madrid que cualquier noticia, aunque fuere verdad, que afecte al Barça
Se acusa siempre a Florentino de mover los hilos, pero a poco que uno observe la realidad es complicado sostener ese mantra. El CTA lo integran los mismos, y sus descendientes, que lo conformaban mientras Negreira era vicepresidente y cobraba millones de euros del Barça; la LFP la preside Tebas, enemigo acérrimo de Florentino; la UEFA la dirige Ceferin, lo mismo aplica; Soler fue actuando ora en el Barça, ora en el CSD para, entre otras cosas, allanar la prescripción de los pagos a Negreira; el anterior presidente de la RFEF hacía negocios con el capitán en activo del club azulgrana incurriendo en un conflicto de intereses solo menor que el mayor de todos: que el realizador de los encuentros y proveedor de imágenes de la sala VOR sea avalista del FC Barcelona. En cualquier país civilizado esto último llevaría tiempo judicializado.
Este clima abona una sensación de impunidad en el antimadridismo en general y en el barcelonismo en particular que puede ser el pecado por el cual se cuele un ápice de Karma.
El ejemplo lo tenemos en Freixa, que no ha tenido empacho en confesar en diferentes escenarios el delito —ya demostrado, hay facturas— cometido por el Barça al abonar dinero a uno de los jefes de los árbitros. El Madrid ha estado ágil y le ha pedido al juez que le eche un ojo.
Disculpen el chiste pésimo, pero quién sabe si en próximas Navidades no brindaremos con una copa de Freixanet.
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