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Mourinho no es la solución

Mourinho no es la solución

Escrito por: William Pogue11 mayo, 2026
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Sentí alivio cuando Hernández Hernández pitó el final del partido. No caímos goleados. Por una vez en la vida el Barcelona levantó el pie. Nos ganó a medio gas. Se acabó la temporada y se acabó la ilusión de ver un rayo de esperanza, una señal. Todo lo que constatamos fue la consumación de la terrorífica temporada 2026 del Real Madrid. Un segundo año con una plantilla que sobre el papel debería haber dominado el fútbol europeo, y que hemos visto arrastrarse frente a rivales del último tercio de la tabla en la liga.

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De la misma forma que el antónimo natural del amor es la indiferencia, no el odio, el equipo insiste con contumacia en no querernos, en arrojarnos a un camino de apatía, de desconexión, de abandono, que es lo más peligroso para el club si continúa silente frente a la tormenta mediática que se cierne sobre la plantilla, el estadio, los estatutos, los ejecutivos y el presidente. El silencio esta vez no tranquiliza ni se percibe como señal de fortaleza, sino de debilidad. Porque no anticipa ni presagia un plan. Preocupa. Y si por toda estrategia estamos pensando en un Mourinho crepuscular, en el ocaso de su carrera, y tal vez con una energía ya atenuada por los años... El panorama es devastador. Llevamos meses transitando por el camino de la irrelevancia. Si el fútbol es un estado de ánimo, puede que ni siquiera hayamos tocado fondo aún, porque el ánimo está en mínimos.

Pero empecemos por el principio. Ancelotti no fue capaz de resolver problemas mucho más sencillos que los de hoy a la vuelta del verano dorado de 2024, como conformar a Rodrygo para que diera unas prestaciones decentes en la derecha. No fue capaz de conseguir la regularidad de un Vini desnortado por la puñalada criminal de Ceferin en el balón de oro. Tampoco consiguió que sintiéramos que Mbappé participaba en el equipo. Güler era demasiado joven para tomar el cetro. Modric le pareció demasiado viejo. Las lesiones castigaron a la plantilla. Empezamos a ver apatía y desconexiones en los partidos. Nada comparado con lo que hemos visto este año. Pero ahí estaban las señales. Nos acostumbramos a esperar a los rivales atrás y la cosa medio funcionó contra algunos. Perdimos o empatamos todos los partidos contra oponentes de enjundia. El Barcelona nos goleó en los tres choques directos y el Atlético pudo hacerlo. Nos reímos de la rabieta por el doble toque de Julián, pero en liga sólo obtuvimos dos míseros empates ante un equipo colchonero que jugó mejor que nosotros. En cuartos, un Arsenal terrenal nos goleó sin misericordia solamente poniendo intensidad.

el equipo insiste con contumacia en no querernos, en arrojarnos a un camino de apatía, de desconexión, de abandono, que es lo más peligroso para el club si continúa silente frente a la tormenta mediática que se cierne sobre la plantilla

Y el club le apostó a Alonso. Pero sólo a medias. Le embarcamos a la fuerza en el Mundial de Clubes, con mal resultado pero con algunas buenas noticias en el juego. Empezamos la liga ganando, probando alternativas como siempre pasa cuando cambia el entrenador. Al equipo se le notaba falta de físico por la insuficiente pretemporada con la que Tebas nos castigó. Llegamos al Metropolitano demasiado confiados y salimos con un 5-2 inesperado hasta por los rojiblancos. Volvimos a ganar en la liga y en Europa y nos plantamos frente al Barcelona en el Bernabéu haciendo un buen partido, en el que pudimos sentenciar, y nos acabamos complicando la vida. Estábamos llegando a noviembre. Líderes, a 5 puntos del máximo rival.

Madridistas vs. “jugadoristas”

En el minuto 72 del partido se produjo el punto de inflexión de la temporada. Vini fue sustituido, se retiró muy mosqueado "siempre yo..." Dicen que se le pudo escuchar en días posteriores "si sigue Alonso, no renuevo" y todo cambió de repente. La cosa no quedó en el malestar por una sustitución. Parte del vestuario empezó a polarizarse contra Alonso, sus vídeos, sus instrucciones precisas a los futbolistas, el control milimétrico de las posiciones en el campo. La exigencia de presión arriba. El club se inhibió. No hubo respaldo a Alonso ni sanción a Vini. Ahí se empezó a fraguar lo que tenemos hoy. Alonso se fue alejando de la plantilla y perdiendo el control. Vimos signos de autogestión de los jugadores. Tres empates consecutivos en liga: Rayo, Elche y Girona. El colofón fue la Supercopa, en enero. Otra derrota frente al Barcelona y una imagen de impotencia inolvidable.

Una llamada de Florentino a Vini habría sido suficiente para calmar las aguas, aunque ya sabemos de la marmórea personalidad del brasileño, para lo bueno y para lo malo. No me explico por qué Alonso no le dejó en el banquillo en el siguiente partido para que pensara mejor en lo inconveniente de sus rabietas. También el entrenador tuvo su parte de culpa. Para vestir un cargo difícil se necesita el valor para tomar decisiones difíciles. Debió entender que la situación era delicada, y que estaba poniendo en peligro el patrimonio del club en medio de una renovación importante. O alguien se lo explicó así. Mal el club. Mal Alonso. Contra la indisciplina, autoridad. Sin paños calientes. Y si te quieres ir, ahí está la puerta (Bernabéu dixit).

Nunca sabremos la intrahistoria. Vini estaba obsesionado por su renovación y vio en Alonso un obstáculo para conseguirla. Le obligaba a trabajar para Mbappé. Públicamente nunca se quejó, y hasta reconoció querer hacer pichichi al francés. Pero la procesión siempre fue por dentro. En ese tiempo Valverde y tal vez Bellingham se alinearon con Vini frente a Alonso. Los franceses se unieron en el otro bando. Vestuario roto.

Mourinho no es la solución. Sigue teniendo gasolina en las venas. Pero tal vez ya no es de 98 octanos, sino de 95 sin plomo, o diesel

Los bofetones entre Valverde y Tchouameni denotan que la guerra no ha hecho más que empezar. No es una anécdota ni un roce por dejar abierto el champú. Un vestuario fracturado, indominable, lleno de egos infantiles, escasamente profesional. Un triste e inmerecido colofón a la era de Arbeloa. Para muchos ahí dentro el Real Madrid es sólo un logotipo y quien les ingresa sus fichas en el banco. No hay sentimiento ni pasión, y el orgullo sólo es individual. El grupo está roto, cada cual a su aire. Están las caras... qué me dicen de la cara de Carreras en el banquillo durante los últimos dos partidos, o de la de Mbappé saliendo en su coche el día de la gresca. Hace mucho que no veo caras desencajadas por el esfuerzo, por llegar al último balón en el último minuto. Veo funcionarios millonarios que "hacen su trabajo". Y veo caras que me bastan para tener mi opinión intrascendente como seguidor con trienios del Real Madrid. Sí, pondría a la venta jugadores sólo por lo que me dicen sus caras. Bernabéu reivindicaba la importancia del carácter y la honestidad por encima del talento técnico. Para él, la expresión de un futbolista en los momentos de presión revelaba si realmente tenía la casta necesaria para vestir la camiseta blanca. ¿Han visto esas caras?

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Mourinho no es la solución. Sigue teniendo gasolina en las venas. Pero tal vez ya no es de 98 octanos, sino de 95 sin plomo, o diesel. En cuanto le ponga encima de la mesa al presidente que quiere fuera a seis titulares, ya sabemos la respuesta. Hará lo que pueda. En enero de 2027, tal vez antes, le echaremos, porque él no se callará ante el desprecio de un niñato y es capaz de llegar a una rueda de prensa con una nota que nunca querríamos leer, revelando quién ha engordado, quién no descansa lo suficiente o quién es incapaz de seguir el ritmo en un entrenamiento. O eso, o será él quien le dará un bofetón a alguno para regocijo del antimadridismo, que nos estará esperando con la sonrisa de la hiena. Puede que hasta algún jugador se despiste y se dé cuenta demasiado tarde de que Mourinho hablaba en serio sobre que quien filtrase interioridades del vestuario sería hombre muerto. No habrá topos. O no vivirán para contarlo.

La era de los galácticos se desplomó con estrépito. La de los Zidanes y Pavones se extinguió por sus mediocres resultados. Le pondrán un nombre a esta, que parece que entra en fase terminal. Es el fracaso de la estrategia de inversión en proyectos adolescentes de futbolista. Eso es lo que fichamos, eso es lo que tenemos. Hemos construido una plantilla de jóvenes talentos, cierto, pero les hemos abandonado a su suerte, sin referentes. ¿En quién se va a fijar Güler ahora? ¿En quién Mastantuono, Endrick...? ¿En Mbappé? ¿Ése es el ejemplo? Acabáramos... Un equipo sin líderes que a las primeras de cambio le ha achicharrado la carrera a dos entrenadores de la casa. Lo que hemos hecho con Alonso y con Arbeloa no tiene perdón de Dios.

Lo que más me apetece ahora, una vez arruinada la temporada, es ajustar cuentas. Miren, veo con desesperación cómo el madridismo se divide y milita en las trincheras de Valverde, Tchouameni, Mbappé o Vinicius. Yo echaría a los cuatro. A cada uno por una cosa. El odio entre Valverde y Tchouameni sigue ahí, latente. No se soportan. Un adulto no se enzarza otro por una tontería. Se enzarza con él para hacerle daño, porque crees que es un mierda y no lo puedes soportar. No tiene arreglo. Mbappé puso un reel con "Hala Madrid", y 2-0 en el marcador, fotografiando la tele de su confortabilísima casa. Pudo irse lesionado a pasar unos días románticos con su pareja, pero no pudo volar con sus compañeros para pasar juntos el mal trago de Barcelona... No quiero un futbolista así en mi club.

Mbappé

Mbappé tuvo que venir porque nuestro presidente le dio su palabra. Pero desde que vi el vídeo de Luis Enrique exigiéndole compromiso y mostrándole la ética del líder de un colectivo, no me ha llegado la camisa al cuerpo. Mbappé ha sido uno de los errores más graves del presidente, junto con el anuncio de la Superliga y el apoyo explícito al Barcelona en la junta de compromisarios, mientras el juez instruía el caso más grave de corrupción en el deporte de la historia. Son muchos errores y muy graves en muy poco tiempo. El madridismo se resquebraja. Un error más y dormiremos años noqueados en la lona.

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte VIII

Tenemos el mejor estadio del mundo, por fin arreglaremos lo del ruido, lo del parking y lo del sky bar. Tenemos cogida por los mismísimos a la UEFA. Tenemos planes de generación de ingresos inagotables para el parque tecnológico de Valdebebas. Pero tenemos una guerra abierta con la organización corrupta del fútbol español que nos está haciendo un daño difícil de cuantificar. Ayer en la COPE comparaban los títulos de liga de los últimos 20 años de Barcelona y Real Madrid con impúdica desvergüenza, ignorando el caso de corrupción más grave de la historia del deporte, y acabaron censurando a Siro López por preguntar si Negreira no tendría algo que ver en que pasáramos de un palmarés de 25/10 ligas a 36/29, coincidiendo la "remontada" de títulos con el período de los pagos al vicepresidente de los árbitros. Estamos rodeados de enemigos y nuestros futbolistas siguen pensando que son el ombligo del mundo, que pueden ensuciar el nombre del club con peleas barriobajeras y sin darlo todo en cada partido. Llevamos todo el año desviando la atención de la corrupción y de la sanción de la UEFA hacia los problemas deportivos del equipo. Y ahora esto…

Todos los días hablamos del futuro y de la modernidad, de la experiencia inmersiva para los partidos de las futuras gafas de Apple, pero el presidente sigue eligiendo y despidiendo personalmente entrenadores, como don Santiago hace cincuenta años. No tenemos una dirección deportiva formal ni tampoco unos servicios médicos y de recuperación que mantengan sana la plantilla una temporada completa. No es posible competir contra los grandes de Europa en estas circunstancias.

Estoy seguro de que todo esto preocupa a Florentino, pero creo que ha llegado el momento de dar un giro al guión. Empezar de cero. Sin urgencias por los títulos. Un verdadero proyecto de reconstrucción. Profesionalizar el club. Profesionalizar a los jugadores, participar en la formación de los más jóvenes, para que puedan entender dónde están y qué representan. Deportivamente estamos en ruinas. Por eso es necesaria una demolición controlada de lo que queda y cimientos nuevos para un club nuevo. Y Mourinho podría ayudar, claro, es un hombre de fútbol con las ideas claras, pero solo Mourinho no es la solución. Cuando se fue nos dijo casi lo mismo que Zidane unos años después. Nada ha cambiado.

 

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4 comentarios en: Mourinho no es la solución

  1. Creo que es un artículo brillante. Un análisis perfecto, tal vez un poco pesimista, de la situación. . Hay una falta de liderazgo que hay que suplir con ventas y fichajes. No hay otra. El Madrid debe encontrar un nuevo proyecto con otro nombre y no hablo del entrenador. Ahora mismo vendería a cualquiera para traer a Haaland o Oliseh por ejemplo.

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