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La verdad sobre Franco y el Real Madrid y el Barça

La verdad sobre Franco y el Real Madrid y el Barça

Escrito por: Jorge Garcia Vela7 octubre, 2019
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A Franco, ese extremo derecha que tantos éxitos le dio al Real Madrid, se le podía reconocer de dos formas: por su bigotico y su traje de militar, cuando estaba de faena, y por las dos insignias de oro y brillantes del F. C. Barcelona que decoraban su ropa cuando iba de paisano.

Si veías a alguien con esas dos insignias podías decir sin temor a la duda: ¡Mira, ahí va Paco!

Ya es hora de que el madridismo reconozca las afrentas sufridas por nuestros amigos culés durante el franquismo, esos beneficios que nuestro equipo recibió en detrimento de los azulgranas. Una reivindicación que realizan cada pocos meses desde hace 70 años, una constancia en la queja (que viene desde su nacimiento), sólo digna de la paciencia china, capaz de realizar esa muralla que ningún español hubiera extendido más allá de un tabique.

Francisco Franco Bahamonde, ese madridista de pro, no tardó, impaciente él, en ponerse manos a la obra para beneficiar al club de sus amores y orgullo de nuestra patria. 14 añitos de nada. Ha de notar el lector madridista la urgencia casi enfermiza, la impaciencia nerviosa de Franco por rellenar las vitrinas de su adorado estadio de Chamartín. Apresuradamente, a los 14 años de iniciarse el Régimen, nos regaló la primera Liga. Él solito, demostrando la incompetencia de esos jugadores que no lo lograban por más que él insistiera…

Quejámonos los madridistas, una tendencia de herencia culé a extirpar, porque a diferencia de aquellos siempre es en sentido autodestructivo, de que llevamos una Liga en 7 años, pero con la proverbial ayuda del Generalísimo nos pasamos más de 14 gloriosas temporadas de patriotismo sentido y orgulloso sin olerla. La época más larga sin que el Real Madrid conquistara una Liga. Sí, amigos, ¡14 años de gobierno franquista sin ganar la Liga! (1933/1939-1953). Justo en la época más dura del régimen, en la que se estaban sentando las bases.

No hubo manera de ganar, incluso en la temporada 44/45 nos quedamos a un punto, pero tuvimos la mala suerte de que en el momento decisivo el general Franco estaba inaugurando un pantano… Lo único que tengo que reprochar a los culés y todos estos equipos antimadridistas, es que sabiendo que éramos el equipo del régimen ellos no reconocieran ni reconozcan nuestra generosidad, ¡porque es evidente que nos merecíamos tal reconocimiento!

No queda ahí el altruismo y la hidalguía madridista con sus rivales. En ese tiempo, el ultrajado Barcelona conquistó cinco títulos, el sometidísimo Athletic Aviación conquistó cuatro (2 con esa denominación y otros dos con la de Atlético de Madrid), y el vilipendiando Athletic de Bilbao ganó otro. Además, Athletic de Bilbao y Barcelona fueron los clubes que más Copas del Generalísimo lograron, 9 cada uno. La afrenta infame es evidente, pero ahí estuvimos nosotros demostrando nuestra bonhomía y dadivosidad.

Copa Generalísimo (Foto Blog Im-Pulso)                                                                                                                        Foto: Blog Im-Pulso

Y no se crean que no ganábamos porque Franco no hiciera de todo, no ganábamos porque los madridistas somos así, generosos y altruistas, y aún con el apoyo del Generalísimo decidimos no ganar. Sin un mal gesto, ni una queja.

Nosotros, que seguramente también éramos el equipo de la República, al menos ganamos dos titulillos antes de la llegada de Franco…

Di Stéfano, Kubala, el Pacto de Lima y otras aventuras.

¿Y qué ocurrió en 1953 para que empezáramos a ganar todo? No deben achacar ni por un momento, estimados lectores, que la causa del éxito fuera que don Santiago Bernabéu lograra hacer el mejor equipo del mundo: Marquitos, Rial, Miguel Muñoz, Gento, Di Stéfano, Zárraga, Atienza… Kopa, Mateos, Joseíto… Santamaría, Didi, Puskas… La culpa de esta transformación la tuvo Franco. ¡Menudas carreras por esa banda derecha!

En la pequeña lista de jugadores habrán observado que he incluido el nombre de Di Stéfano, la leyenda madridista más incontestable. En su rocambolesco fichaje el mundo culé vio la posibilidad de rezongar con la idea de la manipulación franquista, la ufana y maquiavélica mano del Generalísimo más descarado. Y para ello crearon una historia de mentiras, medias verdades y mitologías.

Buena nota tomaron en Barcelona cuando Bernabéu se fijó en Di Stéfano y dijo que ese jugador debía estar en Chamartín.

Di Stéfano no jugó en el Barcelona porque se negaron a pagar 27 mil pesetas a Millonarios. No hablaré de la tacañería catalana por tópico, pero ahí queda eso.

- Una huelga en la liga argentina mermó la relación de Di Stéfano con River Plate, su equipo, ya que se pasó 2 años sin jugar (de 1947 a 1949), por lo que finalmente terminó marchándose a Colombia. La liga colombiana estaba escindida y con múltiples problemas federativos y burocráticos, se creó una Asociación colombiana paralela a la Federación del país que empezó a fichar jugadores sudamericanos. Uno de ellos fue Di Stéfano, que recaló en Millonarios. En un principio la FIFA no reconoció a los equipos de esta nueva asociación, pero finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo en el conocido “Pacto de Lima”. Un jaleo, vamos.

En este pacto, la FIFA reconocía la propiedad de los jugadores que habían fichado hasta el 15 de octubre de 1954, ampliable al 31 de diciembre. Una vez cumplido el plazo los jugadores volverían a sus equipos de origen. Es decir, Di Stéfano pasó a ser propiedad de Millonarios hasta el 31 de diciembre, momento en el que volvería a River Plate.

En 1952, Di Stéfano se declara en rebeldía y decide no volver a Colombia (a Millonarios), planteándose dejar el fútbol incluso. Esta situación, con denuncias de por medio, impedía cualquier operación con el jugador.

En ese momento interviene el Barcelona. Samitier inicia negociaciones con River Plate, aunque en esos momentos no tenía los derechos del jugador. Llegan a un acuerdo: 4 millones por el jugador a partir del 1 de enero de 1955. Todo sin contar con Millonarios, dueño del jugador en ese momento. El presidente Enrique Martí en persona gestionó el cabo suelto de Millonarios, entrevistándose con el presidente del equipo colombiano, Alfonso Seniors, que pidió 27 mil pesetas para ceder sus derechos sobre el jugador, algo a lo que el dirigente catalán se negó. Nos salió pelín agarrado por culpa de Franco, claramente. Nótese que el espíritu de Franco lo va sobrevolado todo.

El Real Madrid entra en acción. Saporta es enviado a Bogotá con las 27 mil pesetas para la cesión de los derechos de Di Stéfano, operación que se ejecutó sin problemas. El siguiente paso era ir a Buenos Aires y convencer a River Plate, pero el equipo argentino ya había recibido la mitad del pago por parte del Barcelona (2 millones de pesetas), con lo que no se pudo llevar a cabo la operación, aunque sí logró Saporta la neutralidad de River. Di Stéfano se sintió utilizado por el club azulgrana, que estaba dispuesto a dejarle un año sin jugar si hacía falta. Saporta se reunió con Di Stéfano e incluso adelantó un pago por sus servicios, lo que estimuló al jugador. Así el Real Madrid tenía los derechos del jugador hasta el 31 de diciembre de 1954, mientras que el Barcelona había pagado la mitad por los derechos del jugador a partir de esa fecha. Esa era la situación. La FIFA dejó claro que los derechos federativos correspondían a Millonarios hasta el 31 de diciembre de 1954 y que el Real Madrid era el único que había llegado a un acuerdo, por lo que exigió a la Federación española que ambos clubes llegaran a un pacto.

La histeria azulgrana se puso en funcionamiento. Ofrecieron a la Juventus sus derechos sobre Di Stéfano; pidieron la anulación del trato a River de malos modos, a lo que los argentinos se negaron; el jugador estaba indignado con esa actitud…

La FIFA nombró mediador a Armando Muñoz Calero, que fue el ideólogo de una salomónica decisión. Di Stéfano jugaría en el Madri