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Zidane, sufrimiento y victoria

Zidane, sufrimiento y victoria

Escrito por: Antonio Valderrama24 febrero, 2021
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Las manzanas de oro

 

Esta semana vuelve la Copa de Europa, que es como decir que regresa la primavera. El Madrid viaja a Italia, a Bérgamo, una plácida ciudad de la Lombardía, a enfrentarse por primera vez en su historia con la Atalanta, un cometa fulgurante del calcio renacido. El Atalanta viste como el Inter y tiene uno de los escudos más bellos del fútbol europeo, la cabeza, melena al viento, de la heroína homónima, protegida de la diosa Artemisa, Diana para los romanos, que corría que se las pelaba por los bosques, retando a todo aquel que quisiera casarse con ella. Ahora es uno de los equipos de moda, por la novedad de haberse metido en el coto privado de caza de los clásicos italianos con un fútbol alegre, entusiasta, rápido y desenfrenado. El año pasado, por ejemplo, estuvieron a un avemaría de echar fuera al PSG en la final a 8 de Lisboa. Atalanta fue la hija de un rey griego, quien, frustrado por esperar un varón a toda costa, la repudió, echándola al monte. Artemisa se apiadó de ella y le mandó un oso que la protegiera. Juró mantenerse casta y célibe toda la vida, y como mataba sin compasión a todo aquel pretendiente que perdiera una carrera contra ella, el joven Hipómenes le pidió consejo a Afrodita. La diosa del amor le aconsejó que dejara caer, nada más echar a correr, tres manzanas de oro. Con este ardid, Hipómenes despistó a la implacable Atalanta y logró vencerla, consiguiendo además su mano y, como se decía antes, su virtud. Por eso cuando en los 70 a los italianos les dio por rediseñar los escudos de sus equipos de fútbol, los del Atalanta dibujaron a una joven esbelta en plena carrera. Pero ocultaron las manzanas.

Escudo Atalanta

Al Atalanta se le conoce popularmente como La Diosa, aunque la que le da nombre no lo era. Odian al Brescia, donde jugó Guardiola, y también, según Enric González, se hacen llamar «los reyes de las provincias». En esta actitud quizá haya algo que lo emparente con el Sevilla, para que el hincha medio se haga una idea. Quizá en su altiva modestia influya, además de la ilustre heráldica, compartir vecindario con los tres equipos más potentes de Italia, los que más han ganado, los mejores de siempre, Juve, Inter y Milan. El Atalanta tiene un récord curioso: es el equipo que más temporadas ha jugado en la primera división italiana, la Serie A, sin ganarla. En Historias del Calcio, González afirma que en Bérgamo todo el mundo, o casi todo, es del Milan. En Milán conocen a los bergamascos como «motorini» por ser fama que la inundaban cada fin de semana montados en sus vespas, dada la proximidad geográfica y la aburrida condición de capital provinciana de Bérgamo.

El Atalanta tiene un récord curioso: es el equipo que más temporadas ha jugado en la primera división italiana, la Serie A, sin ganarla

El Atalanta se dio a conocer al mundo aplastando al Valencia en la última eliminatoria «normal» de la Copa de Europa, el año pasado, justo antes de que el mundo colapsara. Aquella eliminatoria pasó a los anales como «la bomba biológica» por la influencia que tuvo en la propagación del coronavirus en España, dado que la Lombardía era el epicentro europeo del momento. Su forma de atacar, en estampida, recuerda un poco a una bomba, o a un racimo de bombas lanzado como fuego de mortero sobre las defensas contrarias. Los resultados que cosechan, goleadas estruendosas, evocan al fútbol de ayer, tienen algo de esa desinhibición callejera, del da igual cuántos goles nos marquen si nosotros metemos uno más. Lo que son las cosas, toda la vida confundiendo al Atalanta con cualquiera de esos otros equipos italianos hijos de la leyenda del catenaccio y ahora resulta que es una suerte de combinado achampanado, como llamaban en la prensa a principios del siglo al fútbol que se suponía hacía el Arsenal de Wenger y todos esos equipos que nunca ganaron nada. Eso es hermoso y en teoría bueno para el Madrid, porque si algo no tiene el equipo de Zidane, es gol, y los peores toros que le toca lidiar son siempre los que no embisten. Si el Atalanta embiste, ya hay mucho ganado.

El Atalanta se dio a conocer al mundo aplastando al Valencia en la última eliminatoria «normal» de la Copa de Europa, el año pasado, justo antes de que el mundo colapsara

La historia mítica de Hipómenes y sus manzanas es la enésima prueba que nos ofrece la sabiduría antigua de que más vale maña que fuerza. En Los Siete Samuráis, película imitada por Hollywood luego hasta la saciedad, los buenos, que son pocos pero muy valientes, optan por dejar entrar hasta la cocina a los malos, que son muchos, pero cobardes. Abrirse para poder atacar estimulando el supuesto punto fuerte del adversario, que así se confía, es táctica bien conocida desde antiguo. El Atalanta llega al partido de Copa de Europa pleno de vigor. Acaba de crujir al Nápoles en el último partido del Scudetto. Va el cuarto, pero sólo el líder, el Inter, ha metido más goles (53, once más que el Madrid en Liga, con un partido menos). Sin embargo, ha encajado 31 goles, siete más que el Inter, a quien el Madrid logró hacer cinco en dos partidos. También es verdad que, entonces, el Madrid contaba con Benzema, Hazard, Rodrigo y Sergio Ramos, y a Bérgamo, mañana, no viaja ninguno de ellos. Si se trata de hacer salir al ratón de su madriguera, nada mejor que ofrecerle la golosa debilidad aparente de un equipo cogido con alfileres, sin banquillo y sin planes B.

Real Madrid Atalanta

Puede que estemos ante el Madrid más parco en recursos de los últimos treinta años. Pero esta realidad sanitaria tan dura choca con el reciente milagro, aún pequeño pero creciente, de la pizarra de Zidane. En España se ha hablado de «la pizarra» de cualquiera, hasta del Lobo Carrasco, pero de Zidane, que ha ganado más que nadie, en menos tiempo, se continúa pensando que es una especie de tonto del pueblo que no sabe entrenar. Su último abracadabra está resultando de una emotividad muy italiana, al más puro estilo lippiesco, sin duda un homenaje genuino a la leyenda de los banquillos que más le ha influido en su concepción del juego. Si el año pasado puso a golear a Ramos y a Casemiro para suplir la falta de punch, ahora, para colmo, no tiene ni a Benzema, con lo que el plan de supervivencia consiste en erizar las púas en torno a Courtois y en ponerle velas al mejor centro del campo del mundo, tomando cada partido al modo cholista, es decir, final a final, golpe a golpe, pulgada a pulgada, como en un discurso de Al Pacino.

Puede que estemos ante el Madrid más parco en recursos de los últimos treinta años. Pero esta realidad sanitaria tan dura choca con el reciente milagro, aún pequeño pero creciente, de la pizarra de Zidane

Yo creo que en la carestía de recursos es donde se ve al mejor Zidane. Es entonces cuando se transmuta en Odiseo, que de todos los héroes griegos no era ni el más guapo, ni el más fuerte, ni el más chulo, pero sí el más listo. De sus declaraciones ante la prensa antes de los grandes partidos que jalonaron el «threepeat», no se me olvida que no paraba de mencionar, una y otra vez, un único verbo: sufrir. Saber sufrir ha sido siempre la esencia del pensamiento agonista de Zidane, quien ahora, sin jerarcas ni estrellas como Hazard de quien colgarse esperando ese plus de creatividad y desequilibrio que se les presupone a las figuras, puede apiñar a sus jugadores en torno a esa idea tan italiana. Esto por supuesto choca de frente con la idea preponderante ahora entre el nuevo aficionado al fútbol, generalmente muy joven, o muy leído, de que lo más importante no es ganar, sino «jugar bien», lo que ahora se dice «proponer» o «construir». Sudar tinta china y amarrar la victoria (lo único importante según los clásicos) a toda costa no da espectáculo, que es de lo que ahora se trata (para eso, se entiende, quieren destruir la Copa de Europa y pergeñar la Superliga). Pero la Eurocopa de 2008, epifanía del fútbol español de selecciones, y el Mundial de 2010, apoteosis de todo un espíritu del tiempo patrio, se ganaron así, con un cerocerismo que, en ese caso, partía del hecho de disponer de recursos en abundancia. El fútbol es tan grande que sólo en este juego se explican este tipo de paradojas. Con Hugo Duro, Arribas, Chust, Mendy llegando a boca de gol como el mejor Steven Gerrard y Lucas Vázquez de Señor Lobo del carril derecho, el Madrid de Zidane afronta con un curioso optimismo una eliminatoria que en otras circunstancias estará provocando castañeos de dientes en medio mundo. Porque de un tipo que es capaz de encontrarle gol a un equipo que es un desierto, hasta de debajo de las piedras, nunca se ha visto, por más que pase el tiempo, el último truco.

 

Fotografías Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

Un comentario en: Zidane, sufrimiento y victoria

  1. El peor texto del señor Valderrama en bastante tiempo. Cuenta mucho mejor lo mismo de ayer, pero poca cintura de La Galerna para publicar 2 artículos con el mismo contenido. La forma nada que ver, claro. Este señor escribe muchísimo mejor, pero el texto no termina de fluir, tiene algo de tosquedad impropio del señor Valderrama.
    En cuanto que a Zidane no se le reconocen los méritos, nada nuevo bajo el sol, lamentablemente.
    Hala Madrid.

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